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El paciente inglés, de Michael Ondaatje

El paciente inglés

El paciente inglésUna vez oí a una mujer africana decir que no se podía describir África, que África solo se entiende si se ha vivido allí. Hace años ya de aquel momento y, sin embargo, esas palabras se me han quedado grabadas y las recuerdo con frecuencia. Por ejemplo, me han venido a la memoria al leer El paciente inglés, de Michael Ondaatje, y no solo porque hable de lo que supone atravesar el desierto de Libia, algo inimaginable para nuestras cabezas acostumbradas a vidas sencillas, sino porque además transmite el peso de la guerra, un hecho también inconcebible para los que siempre hemos vivido en paz.

Un paciente quemado que no recuerda quién es y una enfermera de veinte años llamada Hana conviven en un hospital de campaña de Florencia, abandonado meses atrás. Sin electricidad, noticias del exterior ni seguridad —aunque es 1945 y la guerra ha pasado de largo, el terreno aún está plagado de minas—, parece que les basta su mutua compañía, un pequeño huerto y una biblioteca bien surtida para seguir adelante y recomponerse del trance vivido. Hasta allí llega Caravaggio, un ladrón amigo del padre de Hana, y Kip, un zapador indio que se dedica a desactivar las bombas fallidas. Y, en torno a estos personajes y sus vivencias, Michael Ondaatje crea un pequeño universo donde el tiempo se detiene.

El paciente inglés relata la estrecha y peculiar unión de esos cuatro desconocidos. La única defensa de la que disponen para enfrentarse a la vida que les ha tocado vivir es buscar la verdad de los otros, puesto que no son capaces de encontrar la de sí mismos: ya no saben quiénes son ni de dónde vienen; se han convertido en otras personas, muy a su pesar, y han dejado de reconocerse en la tierra que los vio nacer. Todos necesitan cuidar a ese enigmático paciente inglés, quizá porque ese hombre de rostro quemado, sin nombre ni pasado, es un reflejo de cómo se sienten en ese momento.

La lectura de esta obra es lenta y, por momentos, enrevesada, tanto por la alternancia del presente y pasado de los personajes como por el constante cambio de primera a tercera persona en la narración. Y para mí, más que ser una historia o un cruce de varias, ha sido una sensación permanente de vacío y búsqueda, como la de los propios personajes, que rememoran lo que un día amaron y perdieron, lo que un día fueron y ya no volverán a ser. Y pese a ello, al acabar la lectura de El paciente inglés, ha renacido en mí la esperanza en la humanidad, en el amor, en el perdón.

Quizá este sentimiento final tan positivo solo sea porque no es lo mismo leer sobre la guerra que vivirla, tal y como dejó entrever aquella mujer africana de la que os hablé al comienzo. O quizá sea gracias a la maestría de un escritor como Ondaatje, que se sirve de uno de los peores episodios de la Historia para que redescubramos la verdadera esencia de los seres humanos, esa que aflora solo cuando todo lo demás se ha destruido.

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El azul entre el cielo y el agua, de Susan Abulhawa

El azul entre el cielo y el agua

El azul entre el cielo y el aguaNo había leído nunca un libro escrito por un autor palestino, así que haberme estrenado con Susan Abulhawa creo que ha sido el mejor de los aciertos. Pero no crean que este libro lo elegí yo, ¡qué va!, muchos de los libros que leo tienen que ver con sugerencias de amigos, lectores que luego me dejan comentarios, o, como en este caso, una estupenda sugerencia de una periodista española, aunque es en Gaza donde reside y donde desarrolla su trabajo informativo.

De esta periodista ya se la presenté a todos ustedes, aunque solo fue de nombre al hablarles de Lo que queda de nuestras vidas, de la escritora israelí, Zeruya Shalev, miembro del grupo de mujeres judías y palestinas que trabajan unidas por la paz, una organización que nació a raíz de la guerra de 2014 en Gaza para restaurar la esperanza y trabajar hacia una existencia pacífica para las generaciones futuras. Esto les contaba y es por ello que recordaba a la periodista Cincovillesa (Comarca de Zaragoza), Isabel Pérez.

Ella me lo recomendó, y creo que después de haberlo leído con atención y con todo el cariño, puedo decirles que me ha parecido una maravilla, en 352 páginas ha sido capaz la autora de contarme la vida y la historia de toda una familia Palestina, ya saben, una de esas sagas familiares que tanto nos gustan, pero con toques muy especiales, tanto en la sensibilidad de la narración como en la propia historia que cuenta.

Y es que El azul entre el cielo y el agua, es algo más que una novela que nos cuenta una historia con personajes a los que iremos conociendo y queriendo, es algo más que todo ese ramal de mujeres a las que nos acercaremos a través de su quehacer diario, vistas desde dentro y desde fuera; leer este libro, de verdad que ha sido algo más. He sido espectadora de sus vidas, pero además la autora me ha hecho sentirme unida a estas mujeres, me ha hechos reír con ellas y también llorar…, y sufrir, y gozar.

La novela se inicia con un árbol genealógico muy corto, solo para situarnos al principio, porque los nombres pueden sernos algo complicados, pero enseguida conoceremos a los miembros de una de las familias que debieron abandonar Bait Daras, una localidad situada a unos 35 kilómetros de Gaza, de una gran importancia en la historia Palestina y que en la actualidad es zona ocupada por Israel. En uno de sus barrios residía la familia Baraka, compuesta por Um Mamduh, una mujer muy especial, a la que no se le conoce esposo y que todos toman por loca, y sus tres hijos, Nazmiyeh, Mamduh y Mariam.

“En Bait Daras había cinco grandes clanes familiares, y cada uno tenía su propio barrio. Las familias Barud, Maqademed y Abu al Shamaleh eran las de mayor prestigio. Entre las tres poseían la mayoría de las granjas, frutales, colmenas pastos del lugar. Nazmiyeh, Mamduh y Mariam pertenecían a la familia Baraka, pero aquel no era un apellido del que uno pudiera presumir…”

Nazmiyeh, ¡qué impresionante capacidad de amar a los demás! Una mujer que no creo que olvide, se ha quedado en mi mente y en mi corazón, porque de ella he aprendido a mirar a las mujeres palestinas con otros ojos. Las conversaciones entre las matriarcas no tienen desperdicio, sobre todo si ella está de por medio.

Mamduh, fue el único hijo varón, trabaja para un apicultor y se casará con la hija de este, Yasmin.

Finalmente Mariam, como todas las mujeres de la familia la conoceremos ya como una niña, pero una niña peculiar, especial, siempre presente, siempre, hasta la última palabra del libro, ahí estará… Porque uno siempre está mientras es amado y recordado.

Aquí en El azul entre el cielo y el agua, la historia palestina está muy novelada y además, la autora, añade una parte que, si estuviésemos hablando de literatura hispanoamericana diríamos que se podría incluir dentro del realismo mágico, pero en esta mujer hay un algo especial que, junto a esa parte poética que desprende la literatura árabe en general, encontramos un equilibrio perfecto en su narrativa, tan perfecto como la mezcla de las pequeñas introducciones al inicio de cada capítulo con lo contado por el narrador, hasta llegar el momento en que ambos se confunden …

Jaled, el narrador y personaje que inicia los capítulos es como lo que debería ser la conciencia de todos aquellos que miramos y no vemos. Él que sin ver, todo lo ve.

En 1948 las Fuerzas de Defensa de Israel atacan brutalmente Bait Daras, lo que obliga a las familias huir a Gaza. Y a viajar ya para siempre hacía atrás con los recuerdos, hacía adelante con la historia y con la vida de cada uno de los personajes. Sesenta años de vida en Gaza, la vida en una cárcel frente al mar, la historia de fondo y la vida por delante, las vidas de los palestinos de Gaza. Una vida a la que se ha acercado Susan Abulhawa, que nació en 1967, hija de padres palestinos, que por esas cosas del destino terminó, al parecer en un orfanato americano… Además de escritora y otras muchísimas cosas que pueden tranquilamente mirar en la red, es una activista fundadora de la ONG Playgriunds for Palestine, que se dedica a construir zonas de juegos para los niños palestinos en los territorios ocupados y en los campos de refugiados.

Dice la autora que escribió este libro por amor, una vez que uno conoce la vida de esta mujer, quizá comprende mejor que la novela debe llevar mucho de ella misma, y creo que será por eso que llega tan adentro, solo quienes cuentan en primera persona y de una forma tan sensible y sincera son capaces de rozar el alma de los lectores con sus palabras, solo esos, y la autora lo consigue. Hay amor y hay humor, porque para vivir hay que tener más amor y humor que rencor… Y aquí aparece una vez más ese equilibrio del libro del que les hablaba.

Una lectura que la traducción de Puerto Barruetabeñanos hace fácil y ágil, una lectura para todos, para aprender y sentir, porque a pesar de que nada se esconde del duro drama que ha vivido y que vive Palestina, hay calidez y dulzura en la historia.

Solo una cosita antes de terminar… Para una española que sale en la historia, como diría mi amiga Conchita, “telita con la señora”. Casi hubiese preferido que no saliese ni un español en el libro, salvo que se hablase de buenas gentes que han ido a Gaza a ver, a amar, a reír y a convivir para contarnos luego todo lo que allí pasa, como hace mi paisana Isabel Pérez.

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La última bruja, de Mayte Navales

la ultima bruja

la ultima brujaNo sé qué tienen los libros de brujas (no digo los cuentos, aunque también) para llamarme tanto la atención y, si me parece que son buenos, querer leerlos. Me encantó el Ars mágica de Nerea Riesco, Los archivos de Salem de Robin Cook y la saga de las brujas de la Rice. He leído algunos más, pero andan por ahí, perdidos en alguna cuneta de mi memoria. Puede que sea la fascinación por los tiempos en los que la Inquisición o los lugareños de Salem, creían en ellas y las ejecutaban tratándose de mujeres del todo inocentes (al menos en lo que a brujería se refiere), y toda la sarta de tratados (como el famoso Malleus Maleficarum al que aún no he hincado el diente) llenos de características de lo más curiosas para identificarlas y enumerar sus deleznables acciones.

O puede que sea que me guste pensar que realmente existieron (y existen) pero, como en cualquier peli de terror, te sientes a salvo en la distancia, en la seguridad de tu casita, con un libro o tele interpuesto. Que en el fondo, aparte de envidias y malos rollos, las gentes de aquellas épocas se olieron algo y el miedo les empujó a quemar a esas mujeres que comían niños, bailaban desnudas (¡oh, qué desvergonzadas!) y adoraban a Satanás…

Da igual el motivo. Hay que cosas que te gustan y punto. ¿Para qué buscar explicaciones?

La última bruja me ha hecho disfrutar tanto como los libros mencionados en el primer párrafo. Coincido con la contraportada cuando afirma que Mayte Navales es heredera directa de Gaiman, King, Rice y Rothfuss, (pero no con Eduardo Noriega al decir que si te gusta Juego de Tronos te gustará este libro… ¿WTF? No encuentro similitud con la serie por ningún sitio) y añado que también me ha devuelto aromas del Follet de Los pilares de la tierra e incluso algo del cuento de Hansel y Gretel, un detalle que, como guiño, me ha parecido genial. Tiene esos elementos mágico-oníricos que tanto gusta a esos autores. Pero además, estamos ante una historia muy poco vista y la (¿involuntaria?) pretensión de hacernos creer que las brujas han existido como tal siempre, desde tiempos remotos, hasta la actualidad. Y lo que es más, consigue que te lo creas, porque la historia está bien construida y los personajes, a pesar de lo increíbles que son, tienen alma en las palabras de Mayte Navales, tienen profundidad y evolucionan considerablemente a lo largo de todo el relato.

No es fácil describir la trama. Básicamente es la crónica de dos brujas milenarias (una nacida en la Edad Media y la otra mucho mucho antes) y de cómo estas, cual el programa de televisión El último superviviente,  juegan a vivir sus muchas vidas y sobrevivir haciendo todo lo necesario para ello.

En La última bruja vamos a encontrar fantasía, drama y también terror. Son brujas de verdad. De las que cambian su aspecto viejuno por el de preciosas mujeres para seducir a hombres de aura azul, de las que lanzan hechizos y vuelan, pero también de las que tienen sus sentimientos y su razón de ser, de las que sufren, curan y son perseguidas. Y de las que obtienen gran parte de su poder de los nombres. Por eso siempre los ocultan, se los inventan o se apropian de los nombres fuertes de la naturaleza y preguntan los nuestros.

–¿Y qué nombre debo usar?

–Cualquiera de los que he usado contigo. Yo te oiré.

–¿Algo más?

–No permanezcas demasiado tiempo en el mismo sitio. No te fíes de nadie. Que nadie te conozca–fue el último consejo que le dio.

Este es un libro que merecidamente pasará a reunirse con los libros ya mencionados. Los que recordaré siempre con cariño porque me entretuvieron, robaron horas al sueño, agrandaron mi particular universo de ficción y consiguieron que pensara en sus personajes días después de acabar su lectura.

Mayte Navales, finalista del Premio Minotauro con esta novela, se ha hecho un nombre en el género. Y ya sabemos el poder que tienen los nombres…

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La guardia, de Joydeep Roy-Bhattacharya

La guardia

CLa guardiaomo pasa con algunas películas —de diversa calidad—, este es uno de esos libros que no espera a que te metas en situación para atacar. Una joven, tullida de ambas piernas, se arrastra con la ayuda de un carro hacia una base militar estadounidense. Los militares de ese país han asesinado a toda su familia y tienen en su posesión el cadáver de su hermano. La joven les reclama que se lo devuelvan para poder enterrarlo de acuerdo a su fe, lo cual éstos rechazan. El motivo que dan es que lo quieren exhibir públicamente, al considerar que se trata de un conocido líder talibán, lo cual la muchacha niega. Así da comienzo La guardia, una novela que nos mete de lleno en la guerra de Afganistán y sus tristemente famosos daños colaterales.

Al ritmo vertiginoso de la narración le acompañan los diálogos cortos y directos, un toma y daca que contribuye a que la lectura sea rápida y amena. Se trata además de una obra coral, ya que cada capítulo está narrado desde el punto de vista de uno de los protagonistas; el primero de ellos es contado desde el punto de vista de la mujer y a partir de entonces serán los propios soldados americanos, cada uno desde su rango y sus convicciones morales, quienes nos harán partícipes de sus opiniones en torno al conflicto en general y al peliagudo asunto de la mujer afgana en particular. Esta pluralidad de narradores me resultó algo caótica durante varios tramos de la novela, ya que el número de miembros del ejército que se nos presenta es elevado y resulta difícil crear una imagen consistente de muchos de ellos.

Lo que mejor construye el autor, en mi opinión, es el ambiente de la base militar. La psicosis colectiva en torno a cuándo se producirá el siguiente ataque, la falsa bravuconería de aquellos que no quieren mostrar al resto de sus compañeros sus puntos débiles, las conversaciones sobre lo cotidiano y rutinario de sus vidas en su país para tratar de recordar cómo es el mundo fuera de esas cuatro paredes… Roy-Bhattacharya desidealiza mucho la imagen del soldado norteamericano que habitualmente se nos vende en la industria cinematográfica y que lo identifica con un patriota convencido que busca liberar al resto del mundo de sus males. Los soldados de este autor indio son personas normales y corrientes, cuya principal motivación es la de conseguir pagar sus facturas a final de mes y conservar su relación con su pareja a tan larga distancia. Los remordimientos por lo que han causado durante su tiempo en Afganistán, las dudas acerca de su legitimidad para imponer sus propios criterios, la tristeza por los compañeros caídos en combate… son aspectos que ayudan a dar verosimilitud al relato, dado que resulta muy difícil de creer que un grupo de jóvenes con dos dedos de frente, por muy grande que pueda ser su compromiso con la paz, no sean capaces de ver lo que les piden que hagan en su nombre.

En líneas generales, La guardia me ha resultado una lectura interesante y amena, ya que deja de lado la habitual crítica exterior al imperialismo norteamericano para poner el foco en la autocrítica, en el cuestionamiento al que sus propios combatientes seguramente se ven forzados cuando presencian cómo los daños colaterales piensan, sienten y sufren como ellos mismos.

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La mano que te da de comer, de A.J. Rich

la mano que te da de comer

la mano que te da de comerLa mano que te da de comer, nos dice la contraportada, analiza nuestras emociones y debilidades más íntimas, y lanza una cuestión inquietante: ¿conocemos realmente a las personas con quienes compartimos nuestra vida?…

Esto me sirvió para seleccionar entre mis lecturas esta que hoy les presento. También, y para ser honesta, tengo que decirles que si hubiese seguido leyendo esa misma contraportada, cosa que como todos saben casi nunca hago, no creo que hoy estuviese aquí hablándoles de esta historia que, desde luego a ustedes les resultará adictiva e impactante, pero para mí, y tras haber sufrido un terrible accidente en el que se vio implicado un perro, ha sido un terrible sufrimiento y una auténtica pesadilla.

Pero no se dejen llevar por mis fobias particulares, tampoco yo lo haré, La mano que da de comer, está bien escrita, es concisa, pues en menos de trescientas páginas han sido capaces las autoras de cumplir con su objetivo, cosa que naturalmente yo he agradecido, pero para muchos lectores esta será su historia, esa historia que harán que a partir de este momento miren de distinta forma tanto a las personas que les rodean como a los animales que tanto ellos como los demás tiene como mascotas.

Es curiosa esta novela que más allá de la horripilante historia que narra, describe una sociedad que me llama la atención; una sociedad que hace unos años podría resultar rara, hoy no tanto, quizás es ya un reflejo de lo que está pasando en este loco mundo.

Verán, casi todos los que aparecen en la novela viven solos con la exclusiva compañía de sus mascotas. Sin padres, sin hijos…, ni tan siquiera conviven con sus parejas. Me ha resultado extraño, y les hablo de esto y no de mucho más sobre la trama porque comprenderán que en un libro de este tipo cualquier pista podría desanimarles a su lectura. Estos son solo datos colaterales, ya saben, como los daños.

Puedo contarles que la protagonista es una joven llamada Morgan que estudia una especie de Master sobre Victimología. Ella como casi todos, como ya les he dicho, vive con TRES perros en un pequeño apartamento: Un Gran Pirineo y dos Pitbulls. Ella tiene una estupenda historia de amor con un tipo que ha conocido por internet, de ahí que antes les hablase de que refleja bastante bien la sociedad actual. Ya saben, gente que mantiene más relaciones virtuales que reales.

Yo tengo una conocida que ha viajado miles de kilómetros para ir a por los tres perros que tiene en casa, son todos perros adoptados, nadie puede reprocharle nada a eso, es cierto, pero, todos son perros de raza y muy bonitos, supongo que los que habrían en las perreras más cercanas a su casa no le terminaban de encajar o combinar con su “estilo” personal.

Hay un par de cosas sobre este libro que no puedo dejar de contarles, en primer lugar que A. J. Rich es el seudónimo que han utilizado el tándem de escritoras, y autoras de este Picotrhiller, Amy Hempel, una escritora neoyorquina muy reconocida y Jill Ciment, también escritora y que en la actualidad es profesora en la Universidad de Florida. He de decirles que no se nota en ningún momento que sean personas distintas quienes han realizado la narración. Pero verán hay algo más que es interesante conocer, estas dos autoras son amigas y a su vez eran amigas de la también escritora Katherine Sussell Rich (ahora ya ven de donde sale el nombre elegido A.J. Rich) pero hay más, ¡claro que hay más!

Katherine descubrió algo alarmante sobre el hombre del que se había enamorado, algo realmente parecido a lo que le pasa a nuestra protagonista. Pero ella tuvo la suerte que no tienen muchas mujeres y rompió de inmediato esa relación. Intentó escribir sobre ello pero nunca logró pasar del capítulo primero. Un tema que habló con sus dos amigas, de la misma manera que compartió con ellas el cáncer de mama que le diagnosticaron ya con 24 años y del que finalmente falleció con 56, un asunto del que nos habla en su libro de memorias titulado The red devil.

En el libro todo es coherente, todo encaja, y tras conocer la relación de las tres mujeres, estas tres autoras en definitiva de la novela, encaja todavía más, pues la propia protagonista hace una alusión a su amiga Kathy, a la que echa de menos para poder compartir con ella sus problemas, pues había fallecido de cáncer de mama.

No sabía que me depararía esta lectura, pero en cualquier caso es una novela moderna, con problemas modernos y una forma de vida que me parece cada vez más tristemente común.

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Mi nombre era Eileen, de Ottessa Moshfegh

Mi nombre era Eileen

Mi nombre era EileenLa infancia marca el resto de nuestra existencia. Eso es indiscutible. Luego cada uno recompondrá lo vivido, mezclándolo con su forma de ser (la que viene de serie) y con lo que se nos irá presentando e irá capeando el temporal, como buenamente pueda. Si los cimientos son sólidos, cómodos y positivos, todo será más llevadero; tendremos armas y artes para sobrevivir sin sufrir demasiado. Si la infancia fue un desastre, normalmente, quedan secuelas y algunas no hay terapia que las arregle. En mi nombre era Eileen se muestran infancias destrozadas, aniquiladas. Como consecuencia tenemos adultos con muchos problemas. Es que yo creo que no se salva ni el apuntador. Sigo preguntándome cómo Ottessa Moshfegh ha podido escribir esto sin que tengas ganas de llorar.

Estamos en 1964, en un pueblo X de Nueva Inglaterra, durante la semana antes de Navidad. Eileen tiene 24 años, vive con su padre alcohólico en su casa de siempre, sucia y descuidada. Nunca estuvo radiante, ni preciosa, pero desde que murió su madre hacía unos tres años, la mugre y la basura acumulada formaban parte del mobiliario. Tiene una hermana que ya no vive en casa, de la que habla con algo parecido al cariño, pero con la que no mantiene prácticamente relación. Eileen nos cuenta esta semana desde el hoy, siendo una mujer mayor. Esa semana es especial porque fue la que cambió su vida, o sea, que nos da una perspectiva bastante razonada y elaborada de lo que ocurrió, porque lo ha reflexionado durante muchos años.

La vida de Eileen en aquel tiempo es triste, oscura y solitaria.  Trabaja en la oficina de un reformatorio o cárcel de menores, que tampoco ayuda a que su vida sea una fiesta. Nadie parece hacerle caso o tomarla en cuenta. Parece casi invisible. No tiene amigas ni vida social. Ella misma fomenta esa invisibilidad, ya que prefiere pasar inadvertida. No quiere crecer o, más bien, desarrollarse, es prácticamente anoréxica; no quiere tener formas de mujer, le da pánico. No se alimenta: come cosas extrañas que le apetecen, sin orden ni concierto, solo para sobrevivir. También bebe. Su mundo hiede a vómito y a tubo de escape. Utiliza la ropa de su madre, que le queda grande, y eso le gusta. Su autoestima está en números rojos, aunque ha aprendido a poner una máscara mortuoria aceptable para pasar por alguien normal. Su sueño es escapar de X-ville.

Su vida da un giro cuando aparece Rebecca a trabajar en el reformatorio como educadora. Rebecca encarna todo lo que Eileen piensa que tiene que ser una mujer feliz: guapa, elegante, alegre, inteligente, independiente, culta y de familia bien. Eileen se queda prendada, no solo por Rebecca en sí misma, sino porque le hace caso. Eileen siente que por fin tiene a alguien que la quiere, una amiga y encima es maravillosa.

Y hasta aquí puedo leer. La novela tiene unos giros y toma unos derroteros que mejor no os cuento. Es brillante, de verdad, la forma de contar la historia es asombrosa. Hay que tener mucho talento para escribir algo así y conseguir que los lectores quieran seguir leyendo hasta el final. Vas superando lo incómodo, que es mucho, y necesitas saber más, acabar el libro. Es radical, bastante macabra en ocasiones. Sorprendente. Está escrito casi en forma de diario, en primera persona, con pocos diálogos. Es descriptiva y reflexiva. Yo no he podido cogerle cariño a la protagonista, no he llegado a sentir empatía por ella, solo en algunos pequeños momentos. Aunque Eileen sea el resultado de una familia difícil y unas circunstancias duras, no se la puede ver como una víctima del todo. Es ingenua, pero también es bastante insensible. Es ignorante muchas veces porque no quiere saber, vive mejor sin profundizar en algunos asuntos.

Mi nombre era Eileen tiene que ser una novela negra porque no tiene otro remedio. Es uno de esos libros que se te quedan grabados en la cabeza. De esos que se mete contigo, que te da un par de tortas y se va; “toma, ahí tienes, ahora tú te lo administras”. Estableces una relación íntima con Eileen, pero íntima de intimidad de cuarto de baño, de caca y pis. Tanto, que incomoda en muchas ocasiones. Me he sorprendido a mí misma con cara de asco, porque en algunos momentos es escatológica. Hasta ese punto llega, sí. Pero aún así, no podéis dejar de leerla.

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La casa de los espíritus, de Isabel Allende

La casa de los espíritus

La casa de los espíritusDe tantas razones existentes para invitarte a la lectura, ¿por cuál sueles dejarte seducir? A veces nuestro propio instinto nos hace coger un libro al azar en la librería; otras veces necesitamos que sea la televisión o el cine el que nos indique qué es lo que está de moda o qué libro no deberíamos dejar escapar; un amigo puede ser aún más mejor amigo si su recomendación nos invita a pasar unas tardes de lectura de lo más gratificantes. Todas son válidas y, en el caso de los libros, ninguna deberíamos pasar por alto. Una vez leídas las primeras páginas, o primeros capítulos si fuera necesario, ya nos daremos cuenta de si ha sido o no una buena inversión. Pero, ¿tiempo perdido? Eso nunca. Leer desde la ignorancia a un autor o un género concreto, aunque sean cosas que no nos agraden, no es tiempo perdido. Y cuando la elección de nuestro libro ha sido la correcta, ha sido ese libro que nos ha abierto otra perspectiva y consigue que deseemos penetrar aún más en ese nuevo universo que se nos ofrece, entonces no tendremos más que agradecer enormemente la labor de aquel o aquella que nos abrió ese mágico portal.

La casa de los espíritus, de Isabel Allende fue un auténtico bombazo en su año de publicación allá por 1982. Supuso para su autora un estreno que entró por la puerta grande en la literatura escrita en español. LITERATURA con mayúscula. Eso me parece a mí.

La historia narra los acontecimientos que viven paso a paso la saga familiar de los Trueba desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Toda vivencia quedó nítidamente escrita en unos cuadernos por la madre de familia. Tanto su marido, Esteban Trueba, su hija Clara así como la nieta, Alba, relatarán cada uno de los sucesos que el destino extravagante y trágico les puso en su camino. Romances: ¡cómo narra esta escritora los romances en las distintas generaciones! Impecable. Guerras: ¡qué soberbia y sangre fría para mostrar el horror de las revueltas militares! Violencia: el carácter rudo y cruel de Esteban Trueba a la par que la empatía que se siente hacia él en sus últimos años de vejez es la prueba de la calidad literaria de Isabel Allende a la hora de desarrollar personajes. La vida dura en el campo y el retrato costumbrista de una sociedad mermada por la pobreza y el abandono, los poderes paranormales y apariciones fantasmales, todo, absolutamente todo descrito de una forma magistral con un estilo impecable que muestra una visión oscura de la sociedad de Chile de aquellos años de revueltas políticas en una trama generacional muy bien enlazada.

La casa de los espíritus, siendo una gran novela, yo no caí prendado a ella aun conociendo su existencia; aun paseando por las librerías y verla siempre en los escaparates de los autores más vendidos y reconocidos de nuestra lengua; aun cuando alguna amiga me había comentado tímidamente algo sobre la historia. ¿Quieres saber cuáles fueron los elementos que me hicieron coger este libro y devorarlo cada noche? La película y una inquietante impresión que tenía mi hermano sobre el argumento: es como si fuera una de las historias de no terror de Stephen King.

Dos recomendaciones de lo más dispares y que puede choque mucho con el parecer de algunos de los que hayan leído la novela de Allende. Por un lado surgirá esa confrontación famosa entre si es mejor la peli o el libro. Pues qué quieres que te diga, una película con semejante reparto, música y dirección no se queda en absoluto coja. Además, salvo licencias y variaciones propias del cine, creo que capta con total fidelidad y respeto la trama de la novela. Al igual que muchas veces el cine rompe el ritmo narrativo o el drama que el escritor ha conseguido plasmar en su libro, en este caso no sucede así. A veces puede conseguir mejorar ciertos elementos que funcionan mejor en cine que en la novela. A mí, por ejemplo, me gusta más la idea que tratan en la película de repartir el drama, en lugar de en tres generaciones, Clara, Blanca y Alba (madre, hija y nieta respectivamente), tan solo en dos, siendo la madre y la hija quienes sostienen todo el peso dramático de los sucesos históricos. En la novela, en este aspecto, deja al personaje de Blanca en algo menos relevante para la historia.

Y por otro lado queda el elemento paranormal. Aquello que me gusta considerar la parte más «kingniesca». Y es cierto. Elementos muy comunes de las obras de Stephen King como los poderes de telequinesia y telepatía de Clara se muestran aquí en todo su esplendor. Es más, diría que King estaría dispuesto a vender varias de sus obras por las descripciones tan escalofriantes y detalladas que consigue Isabel Allende. La escena en la que el patrón, Esteban Trueba, llega a la habitación donde su madre yace en su lecho de muerte es de lo más terrorífica y sentida. Y lo de la cabeza… bueno, eso te dejo que lo encuentres en el libro si es que he conseguido motivarte a leerlo.

La editorial DeBolsillo vuelve a traer a los principales escaparates y estantes de las librerías esta belleza. Ha creado una nueva edición que estrena portada un tanto psicodélica y en versión para uso escolar con material educativo para su comprensión y estudio. Muy necesario tratándose de una novela que sitúa a la lengua española en un lugar privilegiado dentro de la literatura universal.

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La bruja escarlata, de James Robinson

Bruja Escarlata

Bruja EscarlataConfieso que lo único que sabía de la Bruja Escarlata era lo que había visto de ella en la peli Vengadores: La era de Ultron, en donde Elizabeth Olsen (hermana de las gemelas Olsen, las de Padres forzosos), interpretaba su papel.

Tampoco sabía, lógicamente, que era hija del mismísimo Magneto ni que Stan Lee la creó porque su hija se lo pidió cuando a los 14 años esta padecía problemas de depresión y automutilación.

Pero, sobre todo, debo confesar que no tenía la más mínima intención de leer este comic hasta enterarme por el titular del periódico local de que mi ciudad era uno de los escenarios en los que transcurriría la acción. Y pensé también que poner a una bruja ahí donde hace poco más de 400 años tuvo lugar el proceso inquisitorial contra la brujería más grave y que más ha trascendido (el auto de fe de Logroño contra las brujas de Zugarramurdi), no dejaba de ser un guiño y un acierto. Fue ahí cuando mi interés creció y cuando busqué más información. Y mira por dónde, ¡todo el mundo hablaba maravillas de este La Bruja Escarlata: La senda de las brujas! Así que habría que comprobar si estaba justificado.

Para empezar, las portadas de David Aja son arte en estado puro. Esto sí que lo sabía, pues ya había visto varias de ellas figurar en los rankings de “mejores portadas de 2016” y no me extraña ya que, con solo tres colores (rojo, blanco y negro) consigue auténticas florituras minimalistas.

El dibujo corre a cargo de cinco artistas, (Del Rey, Dillon, Rudy, Visions y Pulido). Cada uno se encarga de un “tomito” y cada uno tiene su estilo propio, bien reconocible, variado y excelente, que, si bien en conjunto forman un todo incoherente en lo tocante al grafismo, episodio a episodio funcionan y uno se acostumbra con rapidez al cambio de autores. Personalmente destaco sobre todo el del español Pulido y el color de su capítulo.

Vamos con el fondo. Lo primero a destacar es que esto no es un Doctor Extraño en femenino ni un cómic de superhéroes al uso. No vamos a tener un previo en el que se nos cuente el origen del personaje, ni su pasado remoto o reciente ni sus parentescos. No. Vamos a entrar directamente en la acción con una Wanda Maximoff que quiere dejar atrás su pasado como Vengadora, –aunque todo aquel que la conoce la conoce precisamente por la pertenencia a dicho grupo– y su campo de acción va a ser el folclore, la mitología y la magia.

Wanda “percibe” que algo va mal y no es magia, sino brujería. Puede levitar, teletransportarse… “a menudo llaman a mis hechizos magia caótica… pero en realidad están muy alejados del caos: su poder e intensidad están relacionados con la energía de la tierra y  la femineidad”…”se denomina brujería”.

Para intentar arreglar esa cosa que va mal, que no sabe qué es pero lo siente, viajará por todo el mundo (Irlanda, Grecia, España,…) allá donde note que debe estar, acompañada por el fantasma de Ágatha, su mentora, a la que ella misma mató (y no se nos explica cómo ni por qué, aunque parece ser que fue un accidente).

Hay quien ha comparado La Bruja Escarlata: La senda de las brujas con Hellblazer, pero yo no diría tanto. (John Constantine es y será, en mi opinión, el mago/hechicero más mejor de los cómics, sí, por encima del Doctor Extraño). Es más algo tipo Expediente-X. Wanda irá “resolviendo los misterios” de la semana como si se tratara del “monstruo de la semana” y no será hasta el final cuando descubra que todo está relacionado con…

En este tomo de la Colección 100% Marvel tenemos una buena historia brujeril-detectivesca, porque en el fondo, lo que Wanda quiere es descubrir qué o quién está tras ese desorden, ese, desequilibrio en la fuerza, y para eso irá tirando del hilo que solo ella ve y del que nosotros tenemos que fiarnos. Aunque a la vez también es una historia de redención. La hechicera carga con una culpa de la que no puede deshacerse pero quiere avanzar, dejar atrás el pasado, y hacer el bien.

No voy a entrar a hablar de lo que se entiende por bruja pues, en el prólogo ya se ocupan de ello (la partera medieval, mendiga, libertina, curandera, esposa desobediente,… todas aquellas mujeres que en la Edad Media se salían de la norma e incitaban a otras a salirse también) ni de que si Wanda es feminista y representa a las mujeres… No me voy a meter en esos jardines. Este es un cómic para pasar un buen rato sin tener que preocuparnos de mayores análisis.

Para acabar quiero añadir que creo que podría decirse que este cómic es lo que en el cine viene a ser un sleeper. Algo que parece poca cosa pero que gracias al boca a boca y sin una campaña de promoción brutal consigue gran éxito de taquilla e incluso algún Oscar. Un tapado a la espera de que todos lo descubramos. Y eso es lo que me gustaría conseguir: que lo descubráis.

He disfrutado muchísimo de su lectura, tanto a nivel gráfico como argumental. No importa que no se conozca el personaje. Este puede ser un buen tomo inicial para empezar a conocerlo.

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Qué sientes cuando no sientes nada, de Víctor Panicello

Que sientes cuando no sientes nada

Que sientes cuando no sientes nadaSiempre he tenido la sensación de que, para muchas personas, es demasiado fácil juzgar algo o a alguien sin conocerlo realmente. Sin saber lo que es ponerse en la piel de la otra persona, con sus circunstancias, sus miedos y sus luchas internas. Nunca he llegado a comprender por qué nos solemos quedar con las apariencias, con los aspectos superficiales de algo, sin mirar más allá.

Algo parecido a esto es lo que ocurre con los trastornos alimentarios. Las enfermedades como la bulimia, la anorexia o la obesidad esconden problemas mucho más graves que el simple hecho de no querer engordar porque en nuestra sociedad parece que se premia la delgadez. Me da mucha rabia que se desconozcan todos los problemas que conllevan estas enfermedades para aquellos que la han sufrido o que, como yo, las han vivido de cerca. Por eso creo que este libro es tan necesario.

Qué sientes cuando no sientes nada es una novela que nace del trabajo del autor con un grupo de jóvenes que han padecido estos trastornos y que habla de la soledad, la inseguridad, el miedo y la rabia que les llevó en el pasado a encontrarse con estas enfermedades. Lo más interesante de esta lectura (que ya de por sí es interesante) ha sido conocer todo lo que estos problemas hacen sentir a las personas que lo sufren o que lo han sufrido de primera mano, desde la experiencia que le ha dado al autor hablar con este grupo de personas. Sobre todo porque no es fácil describir este tipo de emociones cuando no las has experimentado, cuando es solo algo de lo que has oído hablar.

Además, otra razón por la que este libro se ha hecho un hueco en mi corazón han sido sus personajes principales. En este sentido, se ve que el libro no solo trata de los trastornos alimentarios, sino que también narra los problemas que todos experimentamos en la adolescencia: quiénes somos, quiénes queremos ser, de quiénes queremos rodearnos y cómo afrontar el cambio físico y psicológico que supone estar a un paso de convertirnos en personas adultas. Víctor Panicello ha conseguido transmitir todo esto a la perfección desde el principio, poniéndose en la piel de cada uno de estos personajes y tratando de sacar lo mejor de ellos.

De esta forma, además de relatar una historia tan profunda como llena de sentimientos, incorpora entre cada uno de los capítulos una receta en la cual no solo aprenderemos a cocinar sencillos y apetecibles platos, sino que también descubriremos todo lo que ha experimentado la protagonista en cada una de las fases de la anorexia nerviosa que padece. Las ansias de alcanzar el perfeccionismo, la inseguridad, el miedo, la culpabilidad y la ansiedad nos hacen (y no solo a la protagonista) sentirnos tan vacíos por dentro que nos olvidamos de intentar alcanzar nuestra propia felicidad y tratar de ser nosotros mismos. Una gran lección que, para mí, no ha pasado desapercibida a lo largo de esta lectura.

Creo que este es uno de los libros que todo el mundo debería leer en este 2017, sobre todo porque ya ha ido a mi lista de libros imprescindibles. Es muy difícil que un libro consiga emocionarte hasta llorar, empatizar con los personajes, entretenerte y hacerte aprender y abrir tu mente. Por eso este ha sido tan especial para mí. Es una de las pocas lecturas 100% reales que he leído en estos últimos años y siento que es muy necesario que en la sociedad actual se entiendan más estos problemas que afectan a tantos adolescentes, además de a gente adulta. Es de vital importancia que los padres, además de los profesores y educadores, intenten evitar estos problemas desde la base. Y siento que este libro es una magnífica manera de concienciar a todos ellos.

Gracias, Víctor Panicello, editorial Comanegra y la Fundación ABB para la prevención de la anorexia, la bulimia y la obesidad por hacer de Qué sientes cuando no sientes una herramienta imprescindible para conectar con la gente de todas las edades y todas las culturas que han sufrido tanto como los personajes de esta novela.

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Gorda, de Moyoco Anno

Gorda

GordaTengo que empezar esta reseña contando una anécdota porque si no reviento. Los que estéis hartos de mis asuntos podéis pasar al siguiente párrafo. Ya os he dicho que no sé mucho sobre el tema cómic y manga, pero que con el tiempo me va gustando cada vez más. Resulta que el día que recibí el libro, estaba en casa con mi amiga Marina. Cuando abrí el paquete y tuve el libro entre mis manos me quedé un poco loca. “¡Está al revés!” Mi amiga, muy lista ella, me miró con cara rara y me dijo: “es un manga, pava, se leen al revés.” Menos mal que estaba con ella en ese momento y me explicó cómo tenía que leerlo, porque, ¿os imagináis la reseña que hubiera hecho yo si no lo supiera? Quién sabe, a lo mejor si hubiese leído este libro de la otra forma me habría salido un mensaje satánico o un anuncio divino de Raticulín. Y ahora sí, después de esta introducción, que me deja en muy mal lugar, paso a comentar el libro.

Gorda es el título de este manga de Moyoco Anno y, por supuesto, la contundencia del título fue lo que me llamó la atención. Gorda es una palabra sonora, nada de eufemismos ni leches, una palabra directa que en principio te deja muy clarito de qué puede tratar el libro. Claro que si bien yo pensé que este manga iba a ser gracioso y banal estaba muy equivocada. La sensación que te deja el libro después de acabarlo es bastante agridulce, pero paso a contaros la historia primero.

Noko es una chica joven que trabaja en una empresa. Últimamente ha cogido unos kilos, pero es algo que no parece preocuparle demasiado. Mientras pueda comer, todo va bien y esa armadura de grasa que rodea su cuerpo no es algo que le traiga de cabeza. Pero parece ser que al resto del mundo sí le molesta. Noko empezará a escuchar los comentarios que sus compañeras de trabajo hacen a sus espaldas. El detonante será cuando se entere de que su novio, con el que lleva ocho años, se la está pegando con la tía más buena y más gilipollas de su oficina, una chica insoportable que se dedica a hacerle la vida imposible a Noko. Es entonces cuando comienzan las inseguridades. Quizá sí que esté gorda. Quizá lo que necesite es adelgazar y ser tan guay y tan guapa como las otras chicas. Quizá así su novio no le pondría los cuernos.

Lo que viene después es un auténtico calvario que incluye clínicas de adelgazamiento, dietas, peleas con el novio y con la penca malvada, atracones de comida, vomitonas y demás torturas que van haciendo mella en Noko.

Yo pensaba que Gorda iba a ser una historia más amable, algo más divertida. Aunque el manga tenga sus toques de sarcasmo, ha resultado ser una historia mucho más dura de lo que creía. Una bofetada en la cara que me ha hecho reflexionar bastante. Y es que este es un asunto bastante peliagudo que no hay que tomarse a broma. Un papel que la sociedad se empeña en atribuirle a la mujer: a las mujeres perfectas y delgadas todo les va bien y sus vidas son maravillosas. No nos damos cuenta de todo el dolor que arrastra ese papel que la sociedad nos impone. Amigos, no seamos tan imbéciles, por favor. No nos hagamos más daño. Libros como éste son necesarios para hacernos ver lo superficiales que podemos llegar a ser. Vamos a empezar a querernos tal y como somos, seguro que todo va mucho mejor.

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Sangre en el ojo, de Lina Meruane

Sangre en el ojo

Sangre en el ojoHay algo profundamente atrayente en Sangre en el ojo, de Lina Meruane. Quizá sea la hondura que tiene para lo simple que parece; quizá la sensación de cercanía y a la vez de asombro literario, quizá la novedad de un Santiago de Chile tan poco novelado para mí; el caso es que este texto es uno de esos que se atraviesan en un suspiro y se terminan con cierta pena porque uno comprende que no les cabe segunda parte.

Recorre Sangre en el ojo un esqueleto tan inadvertido como resistente. Un orden dentro del desorden que supone la trama, claro. Lina, Lucina, hija y pareja, centro absoluto del relato, se queda de repente ciega, o casi, durante una fiesta. Nada sobrenatural, sino una consecuencia de la insistencia de sus venas por llenar sus ojos de sangre, algo que ya había advertido su oculista (un maravillosamente bien trazado doctor Lekz), que también le da cierta esperanza de recuperar la vista en un futuro cercano. A su alrededor, un novio reciente, Ignacio, es el único punto de referencia en una ciudad monstruosa como Nueva York, en la que por lo demás Lina solamente tiene un puñado de amigos fugaces y una beca que se menciona casi únicamente para hacer referencia al seguro. Para colmo, una mudanza, preparada desde hacía semanas y, por tanto, inevitable, termina de descolocar lo poco que antes había tenido un lugar fijo.

Una ciega, o casi, en la capital del mundo. Por fortuna Meruane no cae en la tentación de describirnos con todo detalle sus vicisitudes por NY como invidente. La novela retrata su entorno, cierto, pero lo hace más como el recuerdo de lo que vio que como lo que puede palpar y sentir en ese momento. Además abandona pronto la metrópolis y pone rumbo a Santiago de Chile, para pasar un angustioso mes de espera entre diagnósticos con sus padres, familia y el propio Ignacio. Y en Santiago se descubre la verdadera naturaleza del relato, que no es otra que trazar un mapa de las relaciones de Lina (y, en general, de las relaciones). Un entramado complejo de sumisiones, rencores, atrasos y faltas, una interesante visión de cómo las dependencias sentimentales, tanto las elegidas como las impuestas, condicionan nuestra vida.

Sangre en el ojo es una novela en apariencia simple, autoficcional, engranada en torno a un suceso que da la impresión de que le podría pasar a cualquiera y que, inicialmente, parece que podría escribir cualquiera. No plantea grandes complejidades técnicas y sin embargo en ese sentido me parece perfecta, justa en el detalle, sin ser aburrida y tampoco sin resultar banal. Un ejemplo de cómo se puede conseguir la calidad muy lejos del barroquismo. Quizá, como ya se apunta, la autoficción comienza a cansar un poco y les puede resultar cargante a quienes busquen libros menos pegados a la realidad y, por qué no decirlo, menos personalistas. Pero no sería justo achacar nada de ello a Lina Meruane, por supuesto.

En la faja de mi edición, antes de hacerla pedacitos como hago siempre, decía que este es uno de los cien mejores libros de los últimos 25 años según Babelia. Una verdad a medias, que no deja de ser una mentira, porque aquella lista se refería solamente a los libros escritos originalmente en español. No obstante, estoy dispuesto a perdonárselo esta vez. Sangre en el ojo merece tener esa segunda vida en las listas, en las conversaciones, en las traducciones.

Pero sobre todo merece ser leído antes de que nos quedemos, todos, ciegos.

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Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios, de VV.AA.

microcuentos

microcuentosYa hice en su momento (Todos estaban vivos) una encarnizada defensa del microrrelato. Del arte que exige la capacidad de concretar en pocas, poquísimas palabras, una historia que tenga desarrollo, nudo y desenlace (o al menos dos de ellos) y que en muchos casos parece llevarte por un camino cuando en realidad te está dirigiendo justo al contrario, porque es el lector el que va llenando las lagunas que el texto no deja claro de manera intencionada. Y eso es algo que me encanta y que, aunque lo parezca, no es nada fácil. Una palabra mal empleada o colocada al principio o al final de una frase puede cambiar por completo el sentido del microrrelato. Es una labor de orfebrería. El detalle y la precisión son algo vital para un microrrelatista. Siempre está puliendo y dando brillo a las piezas, asegurándose de querer decir lo que quiere decir y de hacerse entender (o malentender).

¿Había vida en la microliteratura antes de Monterroso (de quien erróneamente se cree que es el autor del microrrelato más breve de la literatura universal)? Por supuesto, pero ahora mismo hay mucha más, posiblemente por los tiempos que nos tocan y las tecnologías con las que vivimos/disfrutamos/sufrimos.

Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios es, precisamente, fruto de una de esas tecnologías modernas, Twitter, y de una cuenta, @microcuentos, que expone, una vez al día, lo mejor de este género literario.

Son cien textos con el límite de los 140 caracteres, escritos tanto por profesionales como por entusiastas de lo micro de todo el mundo, que van desde la anécdota hasta el aforismo pasando por el chiste, la parábola, el terror y las frases lapidarias.

–¿Me olvidarás?

–Todos los días.

Lo bueno, lo buenísimo, es que pueden leerse en cualquier orden, en cualquier momento, a sorbitos y, sobre todo, sin prisas, aunque nos tiente pasar de uno a otro sin freno. Parece una contradicción, pero estas pequeñas obritas, deben paladearse y, como si de una cata de vinos se tratara, sacar no ya el gusto, sino el retrogusto. Leer, pararte a pensar qué has leído, volver a leerlo y entonces ya, una vez entendido el posible doble sentido, pasar al siguiente.

Además, los textos tienen unas ilustraciones preciosas, salidas de la mano de Elizabeth Builes, que completan el significado del relato hiperbreve al que acompañan.

La ignorancia del pueblo hizo que la bruja fuese lanzada a la higuera. No le pasó nada.

Como indica el subtítulo, Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios está dividida en tres partes: historias de amor, nanorrelatos de melancolía y tristeza y, la última de ellas, en claro homenaje a Monterroso, es campo abonado para el terreno de los cuentos y las fantasías pero, en las tres partes nuestra imaginación lectora tendrá trabajo que hacer, creedme. Es esencial en cualquier buen microrrelato, es parte de su ser y, aquí, obviamente, se cumple.

Por otra parte, el libro en sí es precioso; una joyita en tapa dura, cuidadosamente editado y muy atractivo a vista y tacto, y su interior está repleto de cuentos que pueden leerse una y otra vez cada cierto tiempo, con la frecuencia que queramos, porque cada vez será como enfrentarse de cero a ellos.

En serio, si eres de los que te gusta leer microrrelatos o escribirlos, de entre todos los libros que puedas tener del tema, este no puede faltar en tu biblioteca. Y si eres de los que tiene prejuicios contra este género, dale una oportunidad.

Es, como diría Tarantino sobre un buen café, una jodida delicia. Y Tarantino no tiene mal gusto, ¿no?

No lo dudéis. Hacéos con él.

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