
Aún me duele en lo más profundo de mi alma, como unas manos con afiladas garras que desde mi interior intentan abrirse paso a través de mi pecho, cada vez que pienso en lo que pasó en aquella mudanza. Un malentendido hizo que todos mis tebeos de Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Zipi y Zape y Superlópez, que había atesorado a lo largo de mi infancia, acabaran en el contenedor de la basura. Todos esos grandes momentos repletos de aventuras, risas y la más pura y sana distracción… todos mis amigos de celulosa y tinta acabaron perdidos; pero no olvidados.
De todos los mencionados fue Superlópez, parido por Juan López Fernández (más conocido como Jan) y amamantado en incontables ocasiones por el guionista Franciso Peréz Navarro (el cual acostumbra a firmar como Efepé) el que me arrancó las carcajadas más vibrantes y el que me condujo a las situaciones más disparatadas a través de historias organizadas y narradas de una forma que tenían más de cómic de humor franco belga que de español. Y sí, claro que sí, también tenían su puntito épico, como todo buen cómic de superhéroes americano, a pesar incluso de ese traje dos tallas más grande que el protagonista vestía y el mostacho tupido que no era sino el rasgo distintivo de todo buen macho ibérico; rasgos inequívocos de una excelente parodia del Superman de Jerry Siegel y Joe Schuster.
Las aventuras de Superlópez, en el que se contaban los divertidísimos orígenes de éste, El Supergrupo, en el que se narraba la fundación de un grupo de superhéroes que nada tenía que envidiar a los de las editoriales Marvel o DC, y ¡Todos contra uno, uno contra todos!, tercer álbum de la serie repleto de batallitas a porrillo del Supergrupo, son los tres cómics, muy complicados de conseguir (¿para cuándo reedición?) y que deberíais tener sí o sí si sois fans del héroe que cuando viste camisa y pantalones se hace llamar Juan López Fernández, pero que en su extinto planeta se le conocía como Jo-Con-Él.
En Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, Jan y Efepé vuelven a las andadas, una vez más, y para deleite de los fans, para traernos la última aventura del conjunto de héroes que recuperaron en 2013 con Otra vez el Supergrupo. En esta ocasión los superhéroes deberán recuperar su Superbase y expulsar a un extraterrestre que se les ha colado como ocupa argumentando que es el verdadero dueño del lugar. Si bien es cierto, ellos tampoco pueden demostrar que les pertenezca, ya que su anterior residente fue el villano llamado Chinito Mandarín y este no les dejó ningún documento para demostrarlo. ¡Qué desconsiderado! A esto hay que añadirle que la iglesia católica, ayudándose de estrategias poco honrosas, también pugna por hacerse con la propiedad, de la cual no piensan pagar ni un puto euro del IBI. ¡Toma ya! El embrollo está servido.
Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, al igual que la mayoría de las aventuras del héroe patrio (sin contar los primeros álbumes), ya sea en solitario o acompañado, goza siempre de al menos dos lecturas. Una es la del cachondeo puro: chistes inofensivos y aptos para todos los públicos, burradas varias y gamberradas en cada viñeta, además de toneladas de mamporros al final. La otra, más profunda, es cuando descubres el tema de actualidad o social que los autores están tratando, así pues no es de extrañar que en muchas de sus historietas los verdaderos enemigos vistan traje y corbata, ocupen un escaño en el gobierno, trabajen en un banco o repartan mamporros, porra en mano, entre la gente más humilde.
Esta vez son las religiones y sus guerras absurdas por conseguir almas de desdichados inocentones o territorios ya ocupados, mientras enarbolan la bandera de “mi religión es la única y verdadera”, el tema sobre el que versa toda la narración. La lenta burocracia, que en ocasiones solo se pone en movimiento tras una ostensible “donación”, también recibe su parte. Así pues, con fina ironía y haciendo malabarismos para contar lo que han venido a contar pero sin ofender (o al menos no demasiado), los autores no solo retratan la realidad del radicalismo religioso (sobretodo el islámico pues es el que últimamente es más visible) sino también la polémica, que tan de actualidad está en España, sobre la iglesia católica, sus abusos de poder, sus posesiones y su exención a la hora de pagar impuestos.
Superlópez: El Supergrupo contra el Papa cósmico, publicado por Ediciones B, resulta una lectura amena, a pesar de ese inicio engorroso al cual le cuesta arrancar y que resulta un preludio demasiado largo para un álbum de cuarenta y ocho páginas. Con todo, una vez la historia se pone en marcha y mete primera, es Superlópez en estado puro: con esos enfrentamientos absurdos y descacharrantes entre los integrantes del Supergrupo, las críticas necesarias, y colmadas de humor incisivo, hacia los sectores más corruptos y podridos de la sociedad, y con una nueva e irrepetible aventura que resulta una grata lectura.

¿Sabes con qué extraño mejunje se frotaba la gente los dientes antes de que se popularizasen los cepillos? ¿Cómo las chapas de las botellas inspiraron a Gillette para inventar la maquinilla de afeitar? ¿Te imaginas de qué forma se utilizaron las cometas para matar a personas? ¿Por qué los nazis prohibieron los clips? Y la más difícil de todas: ¿cómo se llama ese puñetero muelle de colores que baja las escaleras solo?
¿Te sientes una mierder?, ¿Pasas las horas balanceándote en una mecedora mientras cantas muy bajito “quién me va a curar el corazón partío”?, ¿miras cada dos por tres el teléfono en busca de algún indicio de que sigue vivo?, ¿no quieres salir de tu trinchera en el sofá ni dejar de ver Bridget Jones? Entonces lo más probable es que estés sufriendo mal de amores. Puede que te hayan dejado o puede que hayas decidido poner fin a una relación igualmente mierder en la que llevabas años atrapada. Todos hemos estado alguna vez ahí y sabemos que está muy bien eso de regocijarse en el dolor propio. Muy natural, muy humano. Pero, ¡ya está bien!, ¿no te parece? Déjalo ya, no puedes ir por la vida con las pintas del cantante de The Cure, no puedes ponerte en modo marmota ni esconderle forever and ever. ¿Es duro? Ya sé, pero te traigo la solución: No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor es tu medicina, hazme caso.

Yo soy de sonrisa fácil y de risa difícil. Así me describieron una vez, y la frase me pareció tan atinada que aún la recuerdo. Por eso me llaman la atención los libros de humor, porque busco ese que consiga hacerme reír a carcajadas. Y como Hasta arriba, de W. E. Bowman, se anuncia como «un clásico del humor y del alpinismo» y como «El libro más divertido que he leído en mi vida», según 
Me llaman la atención las novelas en las que un personaje rememora su 
Leemos en la contraportada de este libro: “El mundo se divide en dos: los amantes de los gatos… y el resto”. Yo, claramente, pertenezco al primer bando. No os voy a dar más la brasa sobre cuánto me gustan estos pequeños felinos y mi devoción por ellos. A las reseñas os remito: 


El humor ya no es lo que era. Ahora existen ciertos límites. Fronteras, custodiadas por seres que nacieron ofendidos, que no se pueden traspasar. Y si lo haces debe ser en petit comité; en la intimidad de lugares clandestinos. Como ese grupo de whatsapp que todos tenemos, en el que el libre albedrío campa a sus anchas y en el cual, normalmente, salen a colación temas que de hacerse públicos te convertirían en el enemigo público número uno del estado (si no contamos al Gran Wyoming) por haber ido demasiado lejos, y que posiblemente, y más importante, harían sonrojar a tu pobre abuela.
Durante los años 90 siempre andaba enfrascado leyendo con fervor a la Patrulla X. Tipos muy serios con 
Me gusta mucho la portada de este libro. Esa cremallera desde el ombligo me parece muy sugerente. Leí además que Erica Jong tuvo mucho éxito con otra novela del mismo estilo, escrita hace bastantes años (1973), Miedo a volar, que es un clásico del 
Un humorista no suele ser gracioso todo el día, ni siquiera en su trabajo, aunque este consista precisamente en serlo. Hacer reír a todo el mundo es misión imposible, porque el humor es subjetivo, fruto de una determinada forma de ver la vida, de una cultura, de una época.