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Tenemos que hablar, de Tute

Tenemos que hablar

Tenemos que hablarDice el famoso Quino, el “padre” de la tira cómica Mafalda, en la faja de este libro que «Tute es para mí el mejor dibujante de humor gráfico surgido en los últimos años». Con una afirmación de ese tipo y viniendo de quien viene es normal aceptar que el libro de por sí llame la atención. Tenemos que hablar es la narración desde la ironía del proceso amoroso a lo largo de la vida.

Empezando por la infancia, Tute nos muestra la compleja realidad del amor en pareja en todos sus dibujos. Un niño que comprende que su vida ya a los 5 años es un tango, otro que aparece montado a los hombros de su amigo para ser igual de alto que la niña de unos años más que le gusta o una niña preguntando a su madre si «el bichito del amor deja roncha»; ejemplos todos vistos desde el ángulo de la inmediatez infantil y una inocencia que empieza a desdibujarse de las pequeñas y jóvenes mentes. La niñez pasa y llega la adolescencia y aquí nos topamos ya con la realidad del amor convencional. Tute abandona la chispa de los primeros días para pasar a la realización del aburrimiento y la monotonía que ofrece un amor calmado. Las parejas con Tute nunca se entienden aunque algunas se acepten, pero esta aceptación siempre vendrá surgida de la resignación. Llegamos a la edad adulta y seguimos con ese reflejo de aquello que ya se ha aceptado como tal aunque se sepa desagradable. El amor en Tenemos que hablar no es algo que guste pero sí algo que pasa, y como pasa se acepta. El amor pasa, te toca y tú tienes que darle la mano, acompañarle y seguir. Con risas siempre mejor. Acabamos en la vejez, donde las parejas de antes siguen juntas y la convivencia es ya una extensión más de la rutina diaria. Ojos a medio cerrar, gestualidad cansada y expresiones agotadas son los complementos de unos personajes ya entrados en años.

Tenemos que hablar empieza con amor: dos niños imaginándose una vida juntos. El libro acaba, sorprendentemente, con amor: dos ancianos queriéndose como el primer día. El amor es una cuesta, como indica la portada. Y el interior de este libro es la muestra de las etapas que contiene tal ascenso. Subir o no es cosa de cada uno, aunque todos alguna vez seamos golpeados por el amor. Pero en esta subida, como en tantas otras que hay en la vida, cada uno puede escoger la forma de caminar: con quejas, lloros, gritos o reprimendas; con risas, sonrisas, alegría y carcajadas. Yo prefiero escoger la segunda, y qué mejor opción para reírse que hacerlo con – y por – un libro.

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Lola Vendetta. Más vale Lola que mal acompañada, de Raquel Riba Rossy

Lola Vendetta

Lola VendettaUna mujer de pie con una katana ensangrentada en una mano y un rotulador rojo en la otra. Sonríe. ¿Puede haber mejor portada que esta? Ya os lo digo yo. No. Claro que no. Es la imagen con la que Raquel Riba Rossy nos presenta a su personaje estrella: Lola Vendetta.

Para los que la conozcáis, Lola es una mujer joven, mordaz, impulsiva y con un gran sentido de la justicia que lucha contra lo que no le gusta de maneras a veces poco ortodoxas. Por ejemplo con una katana. Su creadora cuenta que el personaje nació para canalizar sus frustraciones diarias contra las pequeñas descortesías, encontronazos y choques que tenemos con gente que no respeta nuestro estilo de vida (o directamente con gilipollas, a  ver, que quería decirlo fino pero quizás no se entendía). Cuando tuvo unas cuantas viñetas, Riba Rossy decidió colgarlas en las redes y vio que tenían buena aceptación. Eso la animó a darle más profundidad al personaje de Lola Vendetta hasta el punto en el que está ahora: con más de 100.000 seguidores en las redes se ha convertido en la voz que grita lo que muchas mujeres normalmente nos callamos.

Y, como era de esperar (y muchos de sus seguidores deseaban), Raquel Riba Rossy ha ordenado parte de las viñetas para crear un libro que ahora publica Lumen. La historia se estructura de manera cronológica en un año separado por las cuatro estaciones (del año, pero también interiores) que vive el personaje de Lola. Empieza con el Otoñus W.T.Fus, en el que algo empieza a oler a podrido en la relación de Lola con su novio. La vemos caer en un invierno helado y levantarse y brillar a lo largo de la primavera y el verano. Al mismo tiempo, y viñeta tras viñeta, Riba Rossy se carga el mito del amor romántico, los tabús sobre el cuerpo femenino y nos da dos o tres lecciones magistrales de autoestima.

Todos tenemos algo de Lola Vendetta y leerla es liberador. Y, por supuesto, empodera. Verla tender la mano a una mujer a la que están agrediendo o enseñarle el dedo al machismo ayuda, como hizo al principio con su autora, a descargar la frustración que nos produce no poder evitar todas y cada una de estas situaciones. Lola también plasma con precisión milimétrica los detalles más escabrosos que inventan nuestras mentes (ay, esas viñetas de pesadilla en la que se ve absorbida por una vida familiar que no desea) y dota de una belleza liberadora a elementos como la regla o la masturbación que todavía siguen siendo tabú.

Si en los últimos años os habéis enganchado a Moderna de Pueblo, La Volátil o Caniculadas, corred a hacerle un hueco en la estantería a Lola Vendetta. Son más de ciento cincuenta páginas en negro, blanco y rojo que se leen en un momento pero a las que se vuelve a menudo, para recomendar a amigas, para disfrutar detalles que te habías perdido, para buscar unas risas o descargar un poco de mala leche.

Lola Vendetta es sangrienta, divertida, feminista y tiene las cosas muy claras. Recuerdo que el día de la presentación en Barcelona pasé por delante de la librería en la que la hacían y no pude quedarme. Pero me dio tiempo de ver a Raquel Riba Rossy con una gran sonrisa en los labios (rojos) y rodeada de gente en la entrada. Desde aquí le pedimos que siga dibujando a Lola, y todo lo que se le ocurra.

Laura Gomara @lauraromea

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Laura & Dino, de Alberto Montt

Laura & Dino

Laura & DinoA las redes sociales se les podrá acusar de muchas cosas, pero no cabe duda de que son el escaparate para todo ese ingenio y arte, anónimo o no lo suficientemente conocido, del que no llegaríamos a disfrutar si no fuera por ellas. Yo he de agradecer a una de esas redes sociales el haber descubierto Dosis diarias de Alberto Montt, donde el ilustrador chileno cuelga sus viñetas, la mayoría de ellas protagonizadas por Laura y Dino. Cuando las leí por primera vez, me resultó llamativo que el padre de Laura, una niña de unos siete años, fuera un dinosaurio, pero, como se decía en la escena final de la famosa película de Billy Wilder, nadie es perfecto. Aunque tampoco es tan extraño, ¿no? ¿Qué padre no se ha sentido del Jurásico al hablar con sus hijos? Tras unas pocas viñetas, que Dino fuera un dinosaurio solo supuso una razón más para que estos dos entrañables personajes me cautivaran, porque no faltan los chistes sobre dinosaurios, y a mí me hacen mucha gracia, para qué lo voy a negar.

A través de sus conversaciones cotidianas, este padre y esta hija reflexionan sobre la vida de hoy en día y sobre ellos mismos, sacan sus particulares moralejas a los cuentos populares y se enfrentan, cada uno a su modo, a los pequeños retos de las relaciones paternofiliales. Las viñetas de Laura & Dino destilan humor en cada línea, a veces cargado de ironía y otras, de ternura. Los pensamientos de Dino son esa visión pesimista o descreída de la adultez, pero que es vencida irremediablemente por la ingenuidad infantil de Laura, que no pocas veces es sabiduría en estado puro.

Es difícil no sentirse identificado con estos dibujos que transmiten tanta verdad. Da igual si se es padre o si se es uno más de los que se escaquean del gimnasio, sienten que su trabajo les roba mucha vida o son adictos a las nuevas tecnologías y a la pizza, todos se verán representados. Es evidente que esas escenas nacen de las propias vivencias de su autor y que Dino y Laura son los álter ego de Alberto Montt y su hija, lo que los hace más adorables todavía. «Voy a dibujar esto, aunque sé que no quedará, ni de lejos, tan lindo como fue», dice Dino en una de las viñetas, y es imposible que al lector no se le escape una sonrisa de complicidad, al ser partícipe de esas pequeñas anécdotas familiares que se convierten en momentos únicos. Y es que Laura & Dino es el homenaje de un padre a su hija, esa personita que le enseña tantas cosas cada día, y es un gustazo disfrutar de la preciosa relación que existe entre ellos.

Si a esa red social que os comentaba al principio le agradezco el haberme descubierto a esta pareja tan singular, no me queda menos que agradecer también a Reservoir Books que haya recopilado sus viñetas en un libro para que pueda tener a Laura & Dino en mi casa. Ahora solo tendré que acercarme a mi estantería para tener mi dosis diaria de Alberto Montt, una inyección de humor y de ternura que siempre me saca una sonrisa.

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El desván, de Saki

el desván

el desvánCon El desván, de Saki, me he llevado una doble sorpresa. Por un lado, conocer a una nueva editorial, Yacaré Libros, que encabeza su catálogo con una frase de Honoré de Balzac que es toda una declaración de intenciones: «Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano». Y eso es lo que ofrece Yacaré Libros: belleza literaria, gracias a su cuidada selección de títulos, belleza visual, gracias a las ilustraciones que los acompañan, y belleza de diseño en la edición. En el envío del libro me adjuntaron varias postales de las ilustraciones de sus otras obras disponibles, y yo, que adoro el mundo del dibujo, quedé encantada por ese detalle inesperado.

La otra sorpresa que me he llevado con El desván, tan grata o más que la anterior, ha sido comprobar que un libro dirigido a lectores mayores de nueve años conserva la rica prosa con la que lo escribió su autor. Hace un tiempo, leí un artículo escrito por una mujer que criticaba que muchos de los libros infantiles que ella había tenido de pequeña ahora se los había comprado a sus hijos y había visto que en las nuevas ediciones habían simplificado el vocabulario, como si los niños de hoy en día no fueran capaces de entender lo que otros niños igual que ellos habían entendido veinte años atrás. Desde que me topé con ese artículo, he leído bastantes libros infantiles y es cierto que suelen tener un lenguaje especialmente sencillo. ¿Acaso tenemos miedo a que un niño tire el libro por la ventana porque no entienda una palabra o, peor aún, que se le ocurra abrir un diccionario? Allanándoles el camino los desarmamos, pues nos olvidamos de que cuantas más palabras conozcan, más facilidad tendrán para expresarse y, por tanto, para enfrentarse al mundo. Me indigna cuando se les trata como tontos y me encanta cuando se les trata como iguales, capaces de entender lo mismo que los adultos e incluso de disfrutar de los dobles sentidos que hay en historias como El desván, que precisamente incide en lo peligroso que es subestimar a los niños.

En este relato corto de Saki se cuenta cómo un niño, Nicholas, castigado por su estricta tía, se escabulle hasta el desván, ese rincón de la casa que los adultos ocultan a sus curiosos ojos infantiles. Las ilustraciones de Eduardo Ortiz encajan a la perfección con la permanente ironía del texto, en el que se pone en evidencia la hipocresía de los adultos, batiéndola en duelo con la inocencia de los niños, que siempre saben mucho más de lo que aparentan.

Como bien señala la contraportada, este libro es recomendable para lectores entre nueve y noventa y nueve años. No en vano, Saki es considerado uno de los grandes maestros del relato corto. El desván será del gusto de todos aquellos que son o fueron niños y que conocen lo bien que se siente uno al salirse con la suya cuando las imposiciones de los demás no tienen sentido y la gran aventura que es entrar por primera vez en esos lugares llenos de misterios inexplorados.

El desván ha sido una doble y agradable sorpresa, como decía, que sin duda me hará repetir con Yacaré Libros y con Saki, para seguir disfrutando de ediciones cuidadas hasta el mínimo detalle y de relatos atemporales.

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Els 10 llibres que no esperaves regalar aquest Sant Jordi

Com encendre un drac apagat

Estem cansats de regalar sempre els mateixos llibres per Sant Jordi i, per aquesta raó, volem fer-te 10 recomanacions que no esperaves per regalar el dia del llibre i la rosa. Deu llibres punyents, tendres, divertits, actuals o intensos. Deu llibres per a deu lectors diferents. Estem segurs que més d’un serà el regal de Sant Jordi perfecte!

 

Com encendre un drac apagat

Com encendre un drac apagat, de Didier Lévy i Fred Benaglia. Editat per Libros del Zorro Rojo.

Comencem pels més petits de la casa. La nostra primera recomanació és un àlbum infantil il·lustrat. Recordeu Salvatge, aquell impressionant àlbum d’Emily Hughes que va guanyar el premi Llibreter fa un parell d’anys? Doncs a Libros del Zorro Rojo continuem fent la seva feina igual de bé i tenen un fotimer d’àlbums visualment impecables, tendres i plens d’humor per celebrar el dia del llibre. Com que és Sant Jordi, hem escollit Com encendre un drac apagat, la història d’un drac que, com qualsevol de nosaltres, té un mal dia (ha perdut la flama) i de com del seu millor amic inventarà tot de plans cada vegada més enginyosos per ajudar-lo. Si teniu criatures al voltant, és l’àlbum perfecte per regalar aquest Sant Jordi.

Els imaginaris

Els imaginaris, de A.F. Harrold ilustrat per Emily Gravett. Editat per Blackie Books.

I per a nens i nenes una mica més grans? Si ja els has regalat tots els llibres de Roald Dahl i de Neil Gaiman i estàs fins a les pestanyes de rellegir Matilda i trobar-los amb botons als ulls, aquest és el seu llibre. Els imaginaris explica l’amistat de l’Amanda i el Rutger, dos amics inseparables, perfectes, excepte per un petit detall: el Rutger no existeix. És imaginari. Però això no és un problema! Ells són feliços vivint mil aventures gràcies a la inesgotable imaginació de l’Amanda fins que apareix l’esgarrifós (i estendard del mal gust) senyor Bunting que, diuen, vol segrestar el Rutger per menjar-se’l… No us puc explicar més. Només dir-vos que l’estil del Harrold i les il·lustracions de l’Emily Gravett són espatarrants.

Temps de ratesTemps de rates, de Marc Moreno. Editat per La Magrana / RBA.

Si ets amant de la novel·la negra, no pots perdre’t la novel·la guanyadora del Premi Crims de tinta 2017, uns dels premis més importants del gènere en català. En aquest novel·la de ritme fulgurant coneixem l’Eloi, un noi de La Verneda que es troba de cop i volta amb 8 quilets de no res de cocaïna sota al llit. Al principi té por, però l’avorriment i la manca d’oportunitats el fan atrevit i comença a moure el material entre els amics. Podeu imaginar les conseqüències d’això. D’un dia per l’altre, l’Eloi es converteix en el noi més popular del barri, però també el més perseguit. Novel·la negra-negra, intensa, km 0 i que es llegeix d’una tirada. Has de llegir al Marc Moreno.

Tocar el dos no és tan senzillTocar el dos no és tan senzill, de Màrius Moneo. Editat per Alrevés / Crims.cat

Què? Només es mata a Suècia, i quan passa a prop de casa, a Barcelona? Els segells de novel·la negra en català ens estan demostrant que no, que a Catalunya es mata molt bé i no només a la Ciutat Comtal. Tocar el dos no és tan senzill passa ràpid, en poc més d’un mes, on s’acumula violència de molts tipus. Passa a cavall entre Girona, Tordera, Castellflorit o Manresa, a carreteres nacionals, a pisos que semblen rateres o xalets al mig del no res, a comissaries, a bars. La novel·la de Màrius Moneo és àgil i sorprenent. Hi barreja amb bon criteri la crítica social, l’enigma, el suspens, tot amanit amb capítols curts i intensos i uns diàlegs excel·lents. Què més podem demanar?

Montserrat RoigMontserrat Roig. La memòria viva, d’ Aina Torres. Editat per Sembra Llibres.

L’any passat es complien 25 anys de la mort prematura, als quaranta cinc anys, de la Montserrat Roig i, per aquesta raó, el 2016 es va instaurar com a “any Roig”. Com a colofó de la sèrie d’actes commemoratius que es van fer, Sembra Llibres porta aquest assaig: Montserrat Roig. La memòria viva. Un llibre reivindicatiu, feminista, que vol recuperar un dels noms més importants de la generació dels setanta. Montserrat Roig és una de les escriptores en llengua catalana més estimades. Regaleu L’hora violeta, El temps de les cireres i regaleu també aquest assaig on l’Aina Torres recorre, a través de les paraules de Roig, de persones properes, d’escriptors i escriptores influïts per ella, la seva vida i el seu llegat.

Enviada especialEnviada especial, de Jean Echenoz. Editat per Raig verd / Rayo verde editorial.

Jean Echenoz, que ens va visitar fa unes setmanes al Kosmopolis, és un escriptor polifacètic i una de les veus més interessants del panorama francès actual. L’editorial Raig Verd ens porta la seva última novel·la, un thriller d’espies a l’estil de Eric Ambler o Graham Greene que no perd ni durant una pàgina el regust impertinent de la bona literatura. Enviada especial ens explica la història de la Constance, una dona segrestada que acaba seduint els seus segrestadors i desestabilitzant Corea del Nord. Tal i com estava previst, és clar. Perquè, si no, això no seria una novel·la d’espies! Un llibre que analitza el present amb un estil fresc i irònic, senzill i boig, i també on trobareu girs i sorpreses més enllà del gènere.

Anatomia de les distancies curteAnatomia de les distàncies curtes, de Marta Orriols. Editat per Edicions del periscopi.

Al pròleg d’aquest deliciós llibre de la Marta Orriols, Jenn Díaz diu que l’autora: “ha decidit no amagar-nos res, res de tot això, d’aquestes coses que són la vida i que sacsegen les vides d’aquests personatges”. I té tota la raó. Anatomia de les distàncies curtes és un llibre de relats propers, mínims, que moltes vegades recorden l’elegància de Salter i la mirada innocent de Rodoreda. Els relats d’Orriols parlen de les relacions humanes, la quotidianitat, allò que passa a dins de casa i del què no parlem perquè no sembla important, però que és el més important de tot perquè són les nostres vides. Anatomia de les distàncies curtes és un d’aquests llibres que no vols que s’acabi, que es fa molt curt. I per això des d’aquí demanem a la Marta Orriols que ens regali aviat més de la seva prosa!

El foratEl forat, de Jordi Amor. Editat per L’altra editorial.

Tens un amic que porta barba i va en bicicleta a tot arreu? L’encertaràs segur amb el premi Documenta 2017. La novel·la de Jordi Amor és un desori sublim amb un estil tan personal com eficient. La veu torrencial del narrador explica la història d’un jove barceloní amb poques perspectives de futur, que es deixa arrossegar cap al buit (el forat) de la seva pròpia vida. Però, tot i la història que explica, no és una novel·la implacable o cruenta, sinó que relata la desesperança amb traces d’humor i el text és ple de colors vius, de retalls d’història viva de la ciutat, de les contradiccions de la Barcelona d’ara. A més, el virtuosisme tècnic del novell Jordi Amor fa la lectura encara més interessant. Ja voldríem molts de nosaltres escriure una primera novel·la com aquesta!

FaristhaFarishta, de Marc Pastor. Editat per Amsterdam.

Farishta és una de las apostes de Sant Jordi i no ens estranya gens ni mica! El retorn del Marc Pastor, autor de La mala dona o L’any de la plaga, no podia ser més espectacular. La novel·la explica la història de la Farishta, una adolescent adoptada per una família russa que als divuit anys troba la feina perfecta a la Polinèsia francesa. Viu al paradís, troba l’amor… Però, evidentment, no tot és el que sembla, i no puc explicar més sense esgarrar-vos la trama. Només dir-vos que Marc Pastor és d’aquells autors que t’agafen de la mà i et porten al seu món. Farishta enganxa des de la primera pàgina, combina ciència-ficció de la bona amb aventures i el ritme d’un thriller. Hores d’entreteniment amb un pòsit profund garantides! Llegiu, llegiu!

Les defensesLes defenses, de Gabi Martínez. Editat per Catedral.

La nova novel·la de Gabi Martínez està basada en una història real. Precisament un dia de Sant Jordi va signar un llibre a un desconegut que li va dir: “tinc una història que vull que escriguis, si en fan una pel·lícula, el protagonista podria ser el George Clooney”. Després va dir-li que era neuròleg i que al 2006 es va tornar boig, literalment, durant una temporada. A partir d’aquesta trobada, l’amistat entre l’escriptor i el metge creix i anys després acaba convertint-se en una novel·la de quasi 500 pàgines. Un llibre que parla dels extrems on ens poden portar les aparentment idíl·liques relacions familiars i laborals, del brutal nivell d’estrès de la societat actual, que ens pot fer emmalaltir, i del dur camí de la recuperació. Un llibre que també fa un recorregut vital per la Barcelona de la Transició, dels Jocs olímpics i de la crisi. Molt recomanable.

 

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Cáscara de nuez, de Ian McEwan

Cáscara de nuez

Cáscara de nuezLo había leído en la sinopsis que encontré en Internet y en la contraportada del libro, pero aun así no estaba preparado para ello y me costó un rato acostumbrarme a la lectura. No en vano, abordar una novela en la que es un feto el que te habla desde el vientre de su madre y te narra todo aquello que percibe del mundo exterior no es algo que se haga todos los días. Un feto que es consciente del plan que han ideado la mujer que lo va a dar a luz y el hermano de su progenitor para asesinar a éste y quedarse con una cara mansión en herencia. Este es el argumento y el original enfoque que propone Cáscara de nuez, la última novela de Ian McEwan.

McEwan se desmarca como un narrador excepcional, de esos que son capaces de introducirte en sus tramas, por enrevesadas que éstas sean a priori. Del estilo del escritor inglés, además de su notable capacidad para contar los acontecimientos de forma amena y adictiva, destacaría las metáforas que desgrana a lo largo de la novela, ya que son sumamente visuales y originales. De hecho, todo el texto destaca por su vocabulario cuidado y preciso, con mucha fijación en los matices, uno de los aspectos que más valoro en una novela —siempre que se use con moderación, claro está—. Así, el feto saborea lo que su madre come y se emborracha cuando ella se pasa con las copas de vino, al tiempo que va concibiendo el futuro que le espera en el mundo exterior en función de cómo avanzan los acontecimientos.

Y el humor. Toda la obra está impregnada de un humor nada blanco, ya que McEwan aprovecha la sinceridad de su nonato narrador para describir con dureza todo aquello que no le gusta del mundo en general y de lo que le rodea en particular. Así, la forma en la que describe a Claude, el hermano de su padre y amante de su madre, es más propia de un tertuliano del sábado noche que de lo que todavía no es un ni un ser vivo —un saludo a Rouco—. No tiene problema alguno para juzgar a sus seres cercanos, caricaturizándolos y censurando su forma de comportarse continuamente. Esta sinceridad llega a momentos tan explícitos y divertidos como cuando teme que Claude atraviese a su madre mientras practican sexo y le «siembre sus pensamientos con su esencia».

Cáscara de nuez es una novela lenta en su desarrollo que, sin embargo, consigue mantener la tensión en todo momento, gracias al buen hacer del escritor con la medición de los tiempos. Así, con una trama aparentemente sencilla —aunque realmente bien ejecutada—, McEwan consigue conquistar con su enfoque original y con su fabulosa capacidad para jugar con las palabras. Por ello, aunque no llevemos mucho de 2017, puedo decir con tranquilidad que es de lo mejor que he leído en estos últimos meses. Pero es que además, arriesgando un poco más en esta segunda valoración, tengo pocas dudas de que para finales de año esta novela seguirá estando entre mis lecturas favoritas.

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Arte a la carta, de Benjamin Chaud

Arte a la carta

Arte a la cartaAntes de nada, deberíamos preguntarnos algo: ¿qué es el arte? A partir de aquí, seguro que muchos – yo el primero – ya estaríamos totalmente perdidos. Sí, no sabría definir qué es el arte ni tampoco defender por qué hay cosas de lo que se denomina arte que me gustan y otras que no. Me gusta comer y ya que como quiero comer bien, ¿es la gastronomía un arte? Puede que así lo sea y en este caso, por suerte, no tengo que aparecer yo defendiendo algo que no sé defender porque ya están los dibujos de Benjamin Chaud para hacerlo en este Arte a la carta que trae como novedad Libros del Zorro Rojo. 

El ilustrador francés, que podemos ver normalmente en ilustraciones de libros infantiles, se destapa ahora ofreciendo a los amantes de la literatura ilustrada treinta y dos visiones de los más grandes artistas de los últimos tiempos, todos con un denominador común: el plato, la mesa, la comida. Chaud coge el estilo característico de cada uno de los artistas representados y lo lleva a su terreno. Los sienta a una mesa y les da un giro irónico con el que consigue mezclar el arte de estos con la vida cotidiana de todo comensal. Vemos ese arte en forma de hilo tan característico de Louise Bourgeois transformado en una inmensa araña que la artista francesa se encuentra en la sopa, o a Van Gogh contemplando atónito cómo un cocinero japonés convierte su oreja en ‘nigiri’, o a Andy Warhol ante el descubrimiento de que la sopa de tomate es aburrida.

Treinta y dos ilustraciones que sacan el rasgo diferenciador de cada uno de los artistas a los que representan para explotarlo de la forma más gastronómica posible. Cargados todos de humor y color, los dibujos de Benjamin Chaud son un soplo de aire fresco ante lo cargado que está el aire alrededor de figuras tan consagradas como las representadas. Todo en esta vida es risible, nada pesa tanto como pueda parecer. Coger a Dalí y hundirle el reloj en una ‘fondue’ de queso, darle a comer a Frida Kahlo su propio corazón o vacilar a la Venus de Milo con un McMenú para llevar son algunos de los ejemplos de ello.

Sentados a una mesa el tiempo discurre leve e incluso a veces da la sensación de que desaparezca, y con él desaparecen las trabas, las barreras que nos imponemos, los filtros, las máscaras, nosotros. Déjate desaparecer, olvídate de que eres o no eres importante, huye de ti mismo lo más lejos que puedas. ¿No te pasa esto cuando te sumerges en un buen libro? Hazlo con Arte a la carta, es lo que él busca y quiere.

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Fuga en la Modelo, de Miguel Gallardo y Juanito Mediavilla

Fuga en la Modelo

Fuga en la ModeloLos que ya tenemos una edad recordamos muy bien, y con inveterada nostalgia, la época dorada de los quinquis. Comprendía ésta los últimos años de la década de los 70, en la que tantas cosas cambiaron, y principios de los 80, cuando por primera vez nos pusimos a hacer cola para comprar el pasaje a la modernidad. Eran los años de la sirla y el caballo, cuando los relojes se llamaban peluco, la basca apoquinaba para pillar cien duros de costo, el primo de nuestro colega era un lejía que se bajaba al moro cada mes para subir cargado de mandanga, y nuestra vida cultural se reflejaba en fanzines.

Hoy parece increíble, pero hubo una época en que nombres como el Vaquilla o el Torete (¿qué tendrán los bóvidos?) eran tan populares como los de los futbolistas, quienes, por su parte, no eran los finos estilistas de hoy en día, sino muleros que gastaban recio bigote. Gracias a aquellos quinquis legendarios, que en el fondo no eran más que unos pobres mangutas de medio pelo, tuvimos el privilegio de vivir en directo, con la emoción de una final de la champions, atracos, secuestros y motines, entre otras infames gestas de aquellos mataos que, por buscarle un tanto de heroicidad al asunto, digamos que se rebelaban contra un destino que los hacinaba en megabloques del extrarradio.

Servidor, naturalmente, siempre fue muy modosito. Nunca aprendí a liar un mai, prefería la horchata a la birra, no me llevaba el loro a la playa, y mi Simca 1200 jamás rebasó el límite de velocidad. Pero en aquella sucia, decadente y añorada Barcelona, en la que había más chorizos que hoy turistas, y más diversión en  el Drugstore o en Zeleste que hoy en todo el barrio de Gracia y el Borne juntos, era imposible, incluso para un tierno y apocado mozalbete, escapar por completo de la perniciosa influencia de los quinquis del barrio. Y parte de esa influencia tan nociva venía, naturalmente, de Makoki y de cómics como Fuga en la Modelo, que marcó un verdadero hito en las lecturas porreras y que, al igual que haría pocos años más tarde el inolvidable Ivà, recogió, reivindicó y hasta dignificó el lenguaje callejero, una jerga ingeniosa y vulgar que toda una generación (excepto los putos pijos) adoptaron con entusiasmo.

Makoki siempre me dio algo de yuyu (fijaos si era tierno, yo). Esa jeta de mala hostia, esas dos kas tan amenazantes, esos cables que le salen de la cabeza, esos colegas tan colgaos que siempre lo acompañaban, esas calles entonces solitarias, mugrientas y algo sórdidas (¡ay, Barcelona quinqui, cuánto te añoro! Si hubieras visto en qué te ibas a convertir, habrías acabado tú también en el frenopático) que conducían a la mítica Librería Makoki, en la plaza del Pi, y claro está, esas viñetas caóticas, atiborradas de detalles, ese trazo descarado, heredero castizo de Robert Crumb, ese humor bestia tan cercano al de la serie británica The Young Ones, y sobre todo, esas historias de camellos, yonquis, picoletos y maderos me hacían sentir vivo, joven, rebelde y muy, pero que muy decadente.

Fuga en la Modelo es un clásico del cómic underground hispano, que durante un tiempo fue, junto con la música (eran los años de Kortatu y La Polla Records, entre otros), la única vía de escape para la rabia y las ganas de juerga de una generación que andaba perdida entre la nueva libertad y el statu quo de siempre. No debe buscar en sus páginas el lector sutilezas argumentales ni profundos retratos psicológicos. Lo que se va a encontrar es una historia demencial, salvaje, delirante, violenta, guarra y muy divertida. Una obra que refleja, como pocas, un pedazo de nuestra historia que alguien se dio demasiada prisa en esconder bajo la alfombra.

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En busca de los discos perdidos, de Eric Spitznagel

en busca de los discos perdidos

en busca de los discos perdidos¿Recuerdas el primer disco o cedé que te regalaron? ¿O el primero que te compraste con tu propio dinero, (sí, el dinero de la paga también cuenta como propio)? ¿Qué canción sonaba cuando conociste a la primera chica a la que morreaste o cual es esa que aunque no entiendes la letra (ni falta que te hace) te eriza la piel y te obliga a cambiar de humor, te explota por dentro y te llena de energía? ¿O aquella que cada vez que escuchas te recuerda a cuando ibas los domingos al campo a comer con la familia? ¿O la primera canción que significó algo para ti, esa de la que estás convencido de que se escribió para ti y solo para ti? Seguro a que has respondido que sí a más de una pregunta.

La música es algo tan importante. Pero tan tan importante, que muchas veces no nos damos cuenta… Está siempre ahí. Toda la vida. Yo la necesito casi a diario. Aunque a veces solo sea como música de fondo, como acompañamiento mientras trabajo o escribo esto mismo (con la bso de La La Land, por cierto), y no le preste toda la atención necesaria. Nos acompaña en lo bueno y en lo malo, cada uno tiene sus gustos y su música para momentos de celebración, de tristeza, de fiesta… Cada uno se hace incluso sus cedés a la carta para oír en su casa, con sus amigos, en un viaje en coche…, y, en tiempos, había quien grababa cintas de casete a la chica que le molaba y con la que quería cambiar fluidos.

En busca de los discos perdidos es eso. Una carta de amor a la música y en concreto a lo que ella conlleva. A todo lo que vives, asocias y viene aparejado con ella. Pero es algo que va un paso más allá. Algo más excesivo. Imagina que por el motivo que sea necesitas pasta y al llegar la era del cedé, te deshaces de todos tus vinilos. Total, ¿para qué los quieres? Ocupan sitio y el cedé se oye mejor y necesita menos espacio. Y luego está el tocadiscos… otro tanto de lo mismo. Además, puedes conseguir la música por otros medios…

Pero llega un día en el que te haces mayor y te asalta la crisis de los cuarenta. Hay a quien le da por dejar a su mujer por otra más joven, otros se compran una Harley y una chupa de cuero y tú necesitas recuperar tus discos. Y no hablo de recuperar la música en formato vinilo, sino de recuperar exactamente aquellos discos que fueron tuyos, con sus rayadas, portadas desgastadas y con pintadas o números de teléfono. Los discos que fueron tuyos y no otros. Esos discos que pondrías en el tocadiscos y que has escuchado tantas veces que sabrías exactamente cuando viene el salto, el rayón. Porque escuchar la canción sin ese salto, no es lo mismo, no es una experiencia completa. Es como si esa canción no fuera ESA canción.

Esto es lo que nos va a contar Eric Spitznagel, quien, como un nuevo Don Quijote embarcado en una locura particularmente friqui visitará las escasas tiendas de discos que quedan, ferias de vinilos, pujará por eBay, se reencontrará con su primera novia veinticinco años después y hará casi todo lo necesario para recuperar no ya solo su música, sino su vida, pues si para un vampiro la sangre es la vida, para Eric la música es la vida en su extensión más amplia.

Todo el libro está plagado de reflexiones y recuerdos de infancia, juventud y adolescencia en los que la música fue un ingrediente primordial, que hace que comprender a Eric no sea ningún problema y que justifiquemos todo lo que siente y hace. ¿O a ti no te gustaría recuperar, por ejemplo, aquel muñeco de Ulises 31, o el de Dartacán, o la colección de cromos de coches? Y de hacerlo, te gustaría que fueran tus muñecos o tus cromos, no los de otra persona. Esto es igual, con el añadido de que la música se graba en el cerebro junto con las sensaciones, vivencias y emociones que sucedieron mientras sonaba.

“Conozco la manera correcta de sujetar un disco. Con la mano ahuecada, lo sostienes por los márgenes o por la galleta. En realidad, cuanto menos lo toques, mejor. Todo ese aceite que impregna tus manos es como ácido para el vinilo”.

Por otra parte, el lenguaje que usa es tan coloquial, tan cercano, que es como si estuvieras hablando con tus colegas sobre cualquier grupo de música, sentado en la hierba de un parque con un par de birras, o en la casa de cualquiera de ellos escuchando vuestra música. Lo único malo del libro es que la mayoría de los grupos de los que me habla me sean tan desconocidos, pero eso no deja de ser algo bueno también. Son grupos a descubrir. Vieja música que para mí va a ser nueva.

 “Le concedes a la música nueva el beneficio de la duda, porque sabes que es posible que algo no te haga tilín hasta la cuarta, la quinceava* o incluso hasta la quincuagésimo segunda escucha. Tienes que permitir que la música conviva contigo durante un tiempo. Tienes que escucharla cuando no la estás realmente escuchando. Tiene que pillarte por sorpresa  mientras estás haciendo cualquier otra cosa, hasta que finalmente empieza a confía en ti. Porque la música está viva, y desconfía de ti tanto como tú de ella.”

En busca de los discos perdidos es un ejercicio de nostalgia de alguien que no quiere desprenderse de su pasado, que quiere recuperarlo y sabe que los recuerdos son tanto más indelebles cuanto más están inscritos en el mundo físico. Un libro cargado emocional y musicalmente.

Un libro con el que todos a los que les guste la música se sentirán identificados en algún momento.

*así viene escrito, aunque lo correcto sería decimoquinta.

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Todos tenemos un lado (oscuro) rosa, de Lili y Herrejón

Todos tenemos un lado (oscuro) rosa

Todos tenemos un lado (oscuro) rosaSiempre intento ser sincera cuando hago una reseña. Trato de decir las cosas tal y como las pienso y hoy no iba a ser diferente. Así que, seré honesta: cuando pedí Todos tenemos un lado (oscuro) rosa no tenía ni idea de quién eran Lili y Herrejón, ni siquiera de qué iba el libro. Por lo que no sabía que estas dos chicas son youtubers desde hace un tiempo, ni que habían decidido plasmar sus anécdotas en papel.

Yo no suelo frecuentar mucho Youtube, aunque hay algún canal que otro por el que tengo predilección y no me pierdo ningún vídeo. El primer canal que descubrí y que me apasionó fue el de Sebas G. Mouret, un chico que se dedicaba a hacer reseñas de libros en sus vídeos y con el que comparto un amor profundo hacia Laura Gallego y J.K. Rowling. Después vino el canal de Tiempo entre papeles, que contiene tutoriales sobre tips de estudio, material de oficina, oposiciones… resume a la perfección lo que es mi día a día, así que me encanta tener a mano los consejos de Cris para mis momentos de estrés estudiantil. Y tengo que admitir que hace poco me aficioné muchísimo a otro canal, que lo lleva una chica que se llama Ter. Vale, aquí haré un inciso: Ter es súper polémica. Sus vídeos buscan estar en boca de todos y lo que más me gusta de este canal es leer después los comentarios de la gente, donde la pregunta que más se hace es “¿esta chica habla en serio?”. Y es que osa decir que hay videoclips que son mejores que El Padrino o contar la Ilíada sustituyendo a los protagonistas por celebrities. Y como a mí siempre me ha gustado un poco la polémica y la gente que habla sin tapujos, espero ansiosamente cada semana un nuevo vídeo de Ter.

Pero a Lili y a Herrejón no las conocía, así que cuando me llegó el libro tuve que ponerme al día con sus vídeos. Descubrí que son dos chicas de mi edad que, unidas por su pasión por Internet y hacer reír a la gente, decidieron irse a vivir juntas y abrir un canal de Youtube. En el canal se dedican a hacer tags que la gente les pide, explicar tutoriales varios y, básicamente, hacer el tonto. Pero es que ellas son así, naturales, divertidas, extrovertidas y abiertas. Además son dos polos completamente opuestos: Lili es una dulce chica rubia que ama las comedias románticas y todo lo que tenga que ver con purpurina y unicornios; en cambio Herrejón, viste siempre de negro, le gusta el cine gore y ama a Metallica sobre todas las cosas. Yo he intentado descubrir a cuál de las dos me parezco más, pero creo que soy una mezcla entre unicornios y rock. Cada uno es como es.

Todos tenemos un lado (oscuro) rosa habla de cómo es compartir piso. Las dificultades que uno se puede encontrar y todas las ventajas que supone. Yo he compartido piso dos veces. Y la primera fue una de las mejores experiencias de mi vida. Yo tenía dieciocho años y me mudé de nuevo a Madrid; allí empecé a vivir con Dani y Nacho, que ya alcanzaban la treintena. Dani era como una madre para nosotros, muy ordenado y que hacía unas lasañas los domingos que curaban cualquier mal. Nacho era un alma libre, escritor y bohemio, me dejaba atontada cuando me leía algo de lo que había escrito. Y ahí estaba yo: empezando la universidad, conociendo un mundo que se abría ante mí y disfrutando de los dieciocho años como si supiera que no iban a durar. Lo que os decía, una de las mejores experiencias de mi vida.

Y este libro también habla de la amistad. De la relación tan especial que existe entre mejores amigas. Esa relación que hace que, solo con miraros, sepáis lo que está pensando la otra. Mi mejor amiga se llama Lucía y la conocí en primero de parbulitos. Con cinco años nos enamoramos del mismo chico y, tras una breve crisis existencial en la que ella sintió que se iba a quedar sola para siempre, nos convertimos en inseparables. Hasta hoy. Con ella mantengo esas conversaciones de: “tía tía. Dime tía. Qué fuerte lo que me ha pasado, tía. Ya ves, tía, súper fuerte”. Solo con esa mezcla de palabras, la otra ya sabe lo que va a oír. Una conexión especial. Una de las cosas más importantes de este mundo. Y, aunque ahora vivamos a cuatrocientos kilómetros y nos veamos solo una vez al año, es uno de los pilares fundamentales de mi vida.

Lili y Herrejón plasman a la perfección lo que es la amistad y la diversión. Hablan sin filtros, siendo como son en su día a día. Demostrando que cada uno tiene gustos diferentes y que eso no es motivo para juzgar. ¿Te apasiona ser youtuber? ¡adelante, ábrete un canal! ¿qué importa lo que diga la gente? Al fin y al cabo, vida, solo hay una.

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Face, de Rosario Villajos

Face

FaceImagina que una mañana despiertas convertido en un monstruoso insecto, como Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis. Bueno, no es necesario que seamos tan extremistas, solo imagínate que no tienes rostro, que de repente el óvalo de tu cara es liso: sin ojos que cerrar, sin boca con la que sonreír, sin nariz que arrugar. Nada de nada. Únicamente unas orejas a los lados y una buena mata de pelo encima. Vaya, eso también suena horroroso, ¿verdad? Pero puede que no sea para tanto si te acostumbras a vivir con ello, como hace la protagonista de Face, la primera novela gráfica de Rosario Villajos.

No sé si yo habría pensado en La metamorfosis al leer esta historia si la autora no hubiera elegido una de sus citas para la primera página. Pese a las diferencias de tono (desasosegante y claustrofóbico en la obra de Kafka, irónico y tierno en la de Villajos) y de época (la burocrática y alienante sociedad del siglo XX en una y la frívola e interdependiente sociedad del siglo XXI en la otra), en ambas historias se reflexiona sobre las mismas cuestiones: la necesidad de adaptación social, la búsqueda de la propia identidad y los sentimientos de soledad e incomprensión. Además, las dos tienen un fuerte componente autobiográfico. Así que sí: aunque a simple vista no lo parezca, La metamorfosis y Face tienen muchísimo en común.

Habrá quien se eche las manos a la cabeza por el hecho de que yo compare esta novela gráfica, que se lee de un tirón, con uno de los clásicos más elogiados del siglo XX. Para muchos, las novelas gráficas no pasan de ser simples entretenimientos y la literatura, la de verdad, no necesita de dibujitos. No negaré que Face es una lectura sencilla y divertida y que resulta muy fácil identificarse con las inseguridades de esta mujer sin rostro. Pero si fuera mero entretenimiento, no se hubiera quedado rondando por mi mente varios días después de haber acabado su lectura. Igual que Franz Kafka se sirvió de una metamorfosis surrealista para plasmar la conflictiva relación con su padre y con la sociedad en la que le había tocado vivir, Rosario Villajos utiliza una mujer sin rostro para hablar de su huida de sí misma y de lo fútil de las relaciones personales en este mundo donde todos acabamos adoptando una apariencia minuciosamente estandarizada. Esa es una de las muchas interpretaciones que yo veo en ese rostro en blanco, en por qué desapareció y en cómo se va transformando y, aun así, sé que se me escapan muchas lecturas más. Y es que cada lector explicará ese vacío con su propia visión de la sociedad actual.

No hace falta que hayáis leído La metamorfosis, de Franz Kafka o Face, de Rosario Villajos, para que coincidáis conmigo en que sufrir la conversión de cualquiera de sus dos protagonistas sería una auténtica pesadilla, y no os haré elegir cuál de las dos situaciones sería peor. Porque, si los leéis, os daréis cuenta de que para la gran mayoría de nosotros ya son una terrible realidad.

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D4VE, de Ryan Ferrier y Valentín Ramón

D4VE

D4VE“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos…” Así empieza la descarnada y brillante reflexión que Mark Renton, uno de los protagonistas de Trainspotting, comparte con el espectador (o lector) para defender la postura que ha tomado ante la sociedad y para manifestar que no va a seguir el camino establecido.

D4VE hubiera aprobado su elección.

Algo similar le ocurría al narrador en El club de la lucha. Harto de una vida de programada insustancialidad, y de un sueño americano que no es más que un placebo insuficiente para sobrevivir a la rutina, se lo montaba en plan antisistema consigo mismo.

D4VE hubiera aplaudido su modo de vida.

Pajas mentales, estados de ansiedad, la crisis de los 40, fe en chorradas y dudas existenciales son algo inherente al ser humano. El hastío de vivir una vida de comodidades adulteradas o ese insidioso pensamiento que te susurra al oído que jamás serás alguien importante. ¿Te suena? Sí, seguro que te suena. Forma parte de nosotros. Está en nuestro ADN. Es algo característico de los humanos. Solo de los humanos. ¿Seguro? Ven, anda, que te voy a presentar a D4VE.

D4VE es una novela gráfica escrita por Ryan Ferrier, dibujada por Valentín Ramón y editada en nuestro país por Sapristi, que despunta ya como editorial que se esfuerza en traernos cómics raros y fascinantes. D4VE también es el nombre del principal protagonista. Un robot que trabaja en una oficina. Un robot que viste camisa blanca y corbata negra, y que se pierde en ensoñaciones de tiempos mejores en el pequeño cubículo donde forma parte de un estructurado engranaje llamado sociedad. ¡Anda mira, como tú! Antaño había sido un robo-soldado y había combatido para conquistar la Tierra. “Podéis llamarlo levantamiento hasta hartaros. Pero fue una señora y muy canónica patada en el culo de los hombres”. Luego, por diversión, eliminarían a cualquier raza alienígena que se cruzara en su camino. ¿Genocidio a nivel galáctico? Sí, un poco sí. Con el tiempo se quedaron sin cosas a las que matar, sin nada contra lo que luchar, en definitiva, sin un objetivo en la vida. Así que se convirtieron en unos haraganes de culo metálico y de sangre aceitosa que se dedicaron simplemente a existir. Es por ello que D4VE tiene una hipoteca, un trabajo odioso, un jefe que es un cabronazo, una mujer con la que tiene sus rifirrafes, una cuñada plasta que lo odia y un hijo adolescente que pasa de él y que prefiere ocupar su tiempo libre con los videojuegos, las drogas o meneándose con fruición el perno mientras mira revistas de robo-pilinguis. ¡Ah, sí, D4VE también sufre de insomnio! Vive una vida tan soporífera como ordinaria. Vamos, lo normal. Así que cuando unos extraterrestres, con naves de formas similares a los testículos de un octogenario, invaden la Tierra, D4VE ve una oportunidad para retomar su vida; aquella que perdió en una existencia de aburrimiento.

D4VE no deja de ser una oda, muy burra y ácida (a nivel sulfúrico), a favor de perseguir los sueños; a favor de escoger el camino tortuoso que nos hará felices y en contra de ése más cómodo que solo nos convertirá en seres tristes, oxidados y frustrados. Lo que Ryan Ferrier explica en D4VE no es nada nuevo, pero sí original por la forma en que lo hace. Y es que, cuando uno imagina a los robots conquistando a la raza humana, piensa en inteligencias superiores, como Skynet, que tras aniquilarnos tomarán mejores decisiones que nosotros. No en unos seres metálicos que, con el tiempo, se volverán unos memos agilipollados tan psicológicamente inestables como nosotros. “Pero lo que tiene el haber sido programado por humanos es que acabas adoptando sus…Tics”. Lo que puedo asegurar es que, a diferencia del pobre D4VE y la vida que tiene al inicio del cómic, el lector no va a aburrirse con esta sátira de humor cafre y desvergonzado que resulta ser el reflejo de nuestra propia sociedad. Los chistes (tanto buenos como malos) infestan casi cada bocadillo del cómic. Así como todo ese lenguaje informático. “Por el amor de Jobs”. De igual forma lo hacen todos esos tacos que se van soltando a lo largo de la historia y que dejan patente que una palabra malsonante, en ocasiones, es una excelente, y breve, declaración de intenciones; tan contundente como una buena patada en todas las partes colganderas.

El dibujo de Valentín Ramón es difícil de definir. Transita entre el arte conceptual para un videojuego, la vistosidad de Moebius en los paisajes (aunque con menos detallismo) y la brutalidad de Geof Darrow en Hard Boiled. El caso es que, además de único, el arte de Valentín Ramón es un acompañante perfecto para todo ese humor bestia que inunda la obra. Perfecto también para mostrar a un D4VE, de gestos muy humanos, en situaciones tan dispares como cuando se sincera con su familia e intenta arreglar las cosas, o como cuando se pone en plan Michael Douglas en Un día de furia y deja perdidas las viñetas de sangre verde y casquería alienígena.

D4VE, al final, resulta ser un cachondeo padre con grandes dosis de acción; una llamativa mezcla entre las buddy movies, las películas taquilleras de robots e invasiones alienígenas y el disco de un rapero negro que en la portada muestra la dicromática advertencia de Parental Advisory: Explicit Content. Pero tras la fachada de soberbio disparate también hay un mensaje, poco sutil y políticamente incorrecto, de libertad y de hacer lo que te haga feliz a pesar del qué dirán. “Esto es lo que soy. Todo vuelve a mí. La sensación de ser feliz”.

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