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Las cosas del querer, de Flavita Banana

Las cosas del querer

Las cosas del quererÚltimamente parece que me estoy especializando en ilustradoras. Hace poco os hablé sobre Monstruo Espagueti o La volátil y ahora le toca el turno a Flavita Banana. Lo cierto es que esta generación de ilustradoras me parece de lo más interesante y, en cierto modo, necesaria. ¿Por qué? Pues porque no se trata tan solo de chicas jóvenes que ilustran sin más. Si algo tienen en común todas ellas es el mensaje que lanzan a través de sus ilustraciones. Es un mensaje sumamente positivo, un mensaje feminista. Y cuando digo feminista quiero decir que es un mensaje de amor a la mujer, de quererse a una misma, de valorarse, respetarse y cuidarse. Eso es el feminismo y ese es el mensaje que ha de calar en nuestra sociedad y muy importante es que cale también en nuestras jóvenes. Todas estas ilustradoras hacen una labor muy necesaria para nuestra sociedad, así que, como comprenderéis, tienen todo mi respeto y admiración.

Flavita Banana va con Las cosas del querer un paso más allá si cabe. Esta ilustradora asturiana, de nombre Flavia Álvarez, nacida en 1987 tiene un sello propio que es muy fácil de reconocer. Sus ilustraciones, de trazos fuertes, no son solo realmente originales, sino que además, a través de dibujos aparentemente sencillos, consigue siempre crear un contenido narrativo muy importante. A mí eso me parece realmente difícil, qué queréis que os diga. Conseguir, a través de unas simples líneas, hacernos sonreír, reflexionar y al mismo tiempo  mandarnos un mensaje de ese calado no es tarea fácil, pero a Flavita Banana se le da fenomenal. No es de extrañar que tenga tantos seguidores en las redes sociales y que trabaje con medios importantes como el suplemento de moda de El País (seguro que habéis visto alguna de sus famosas viñetas).

Las cosas del querer es su última publicación.

“¿Quién dijo que querer es fácil?, ¿y si el amor eterno fuera cosa de pocos días?, ¿queremos saber la verdad o ser felices?, ¿por qué no reírnos incluso del mal de amores? Y finalmente… ¿no será que el amor bien entendido empieza por una misma?”.

Todas estas preguntas aparecen en la contraportada del libro y a todas ellas trata de responder Flavita Banana en el interior del libro. No son preguntas fáciles, como veis, pero de todas ellas me quedo con la última, porque es la pregunta clave para poder responder a todas las demás y es la que la autora tiene más clara: por supuesto que el amor empieza por una misma, si no, no puede haber amor.

Así que, partiendo de la base de que primero hay que quererse a una misma, las ilustraciones de Flavita Banana nos muestran situaciones y reflexiones tan importantes como una ilustración en la que aparece una chica desnuda, con sus imperfecciones y bellezas diciendo “que mi cuerpo sea siempre un mapa de lo vivido, no de lo deseado”. Me parece preciosa. O aquella en la que una chica aparece hablando con un hombre y tras dos viñetas huye diciendo “estoy harta de que confundan amabilidad y ligue”. Es difícil explicaros sus viñetas, por eso os recomiendo muy mucho que leáis este libro. Os puedo asegurar que vais a sentiros identificados con muchas de las situaciones que aparecen en él.

Flavita Banana dota a sus ilustraciones de sentimientos, de humor y sobre todo de verdad. Una verdad que todos compartimos. Una verdad que a veces se nos escapa. Pero, sobre todo, una verdad que es más necesaria que ninguna otra. Empecemos por querernos más, mujeres. Las cosas del querer es un buen manual para sentirse bien con una misma. Gracias, Flavita, haces mucho bien.

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Un libro para ellas, de Bridget Christie

Un libro para ellas

Un libro para ellasLa definición de FEMINISMO, según la RAE:

“1.- Ideología que define que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo.”

Imagino que ante esto nadie tendrá ninguna objeción, sin embargo aun hay muy pocos hombres que se definan a sí mismos como feministas, e incluso hay demasiadas mujeres que dicen eso de yo soy feminista PERO…

¿Qué pero se le puede poner a esa definición?

Ninguno.

Aunque Un libro para ellas, es de una autora inglesa, no teman, está traducido y se entiende bastante bien, de hecho está tan bien traducido que hasta podrían leerlo algunos hombres (de los que no se consideran feministas) y también serían capaces de pasar un buen rato. Y es que como ya sabrán, y si no yo se lo cuento, Bridget Christie es una humorista muy conocida en Gran Bretaña, de hecho ella nos cuenta en el libro lo difícil que ha sido esa evolución de ser una monologuista más, a ser conocida e incluso reconocida por su propio nombre.

Verán al parecer todo empezó con un pedo, si, tal cual, hay quienes se convierten en feministas por una charla-coloquio de Caitlin Moran (Como se hace una chica), otros escuchando la poesía de Begoña Abad o de Ana Pérez Cañamares…, pues bien, la vida de nuestra autora cambió porque en una librería la zona dedicada a la literatura feminista sucedía algo peculiar, digamos que era el área de mayor expresión fétido activa del librero… En fin, pero esta es una historia que podrán leer con todo lujo de detalles en el libro.

Que nos podemos reír mientras hablamos de feminismo, está claro, que las feministas podemos ser mujeres divertidas, es indiscutible, que las hay que son altas, bajas, anchas, estrechas, modernas, históricas, lesbianas, heterosexuales, bisexuales, trisexuales, con flequillo, incluso sin flequillo, y no solo mujeres morenas, también las rubias y pelirrojas pueden ser feministas; es cierto, las feministas podemos ser divertidas pero como también dice la autora, estamos generando unas terribles problemas sociales, a saber:

“El feminismo es el único responsable de la recesión, el calentamiento global, el terrorismo, las pandemias, las cancelaciones de vuelo, las erupciones volcánicas, la puntualidad de los trenes y la normativa de salud y seguridad excesivamente restrictivas.Ya nadie puede tomar bebidas calientes en el trabajo por culpa del feminismo, ni subirse a una escalera de mano en las bibliotecas. Ya no hay quien se coma una langosta sin gafas de soldador por culpa de las feministas. Por su culpa, nadie puede abrir una puerta si quiera. Ahora hay que arrojarse a través de las ventanas de doble vidrio para entrar y salir de los edificios. Todas las puertas han sido tapiadas por culpa de las feministas. Es como impuestos del siglo 17 que grababa las construcciones en función del número de ventanas que tenían, pero aplicado a las puertas… “

Pues sí, esto es muy divertido para las feministas, pero, no crean, cuando les hablaba antes de ponerles este fragmento del libro de que el feminismo podría generar graves problemas en el orden mundial, de eso no tengo ninguna duda ¿Se imaginan que ya ninguna mujer quisiera hacer de cuidadora, o todos esos oficios auxiliares que parecen destinados a ellas salvo que fuera o fuese a título oneroso? ¿Se imaginas que quisieran cobrar exactamente lo mismo por el mismo trabajo que sus compañeros varones?, o ¡¿Incluso cobrar algo?!

Se puede crear conciencia desde el humor, y si alguien tiene humor en este mundo somos las mujeres feministas, de hecho yo también soy bastante simpática, y hace muy poquito leí un libro estupendo de una mujer palestina que también tenía una buena dosis de humor, que yo creo que eso es lo más; incluso confieso que tengo amigas que también son bastante divertidas. Ahora que pienso sobre ello, creo que es posible que alguna sea incluso más divertida que yo, que en ocasiones me gusta ponerme como trascendental, puro postureo, ¡claro!

¿Cómo en un libro de humor se puede hablar de mutilación genital femenina, de la brecha salarial, del físico como seña de identidad de la mujer, de lo sexualizada que está la sociedad, o incluso hablar del test de Bechdel? Y eso que ya les advierto que una vez que uno investiga sobre este test ya nunca deja de pensar en él mientras está viendo una película…

Yo sé, como la autora, muy poco sobre feminismo, también creo que el feminismo es algo intuitivo o de sentido común, pero de ella me ha gustado mucho su mirar el mundo con un humor provocador e inteligente, unas veces irónico y otras veces tan ácido que se le revuelven a una las neuronas (si lo que se le revuelven al lector son las tripas, es posible que tenga un problema como el del librero del que hablábamos al principio).

Quizá a muchos no nos suenen algunos nombres de mujeres feministas (o no) inglesas (o no) famosas (o no) de las que habla, bueno, pues para eso está internet, pero otros personajes sí que nos sonarán, y nos situarán en las posturas políticas de cada cual, porque claro, también los políticos (personas del mundo político en general) deberían dejar claras sus posiciones… Y algunos las dejan, ya verán.

En definitiva, solo les puedo decir sobre este libro que el que quiera pasar un buen rato y salir un poquito más concienciado sobre el porqué hay que ser y apoyar al movimiento feminista, esta puede ser una forma interesante.

¿Es Un libro para mujeres? Puede ser, claro, pero también podría ser un regalo para el día del padre y tampoco pasaría nada…

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La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

la biblioteca de los libros rechazados

la biblioteca de los libros rechazadosImaginad una biblioteca que acepta todos los libros que han rechazado las editoriales, un lugar donde los autores fracasados los abandonan, cansados ya de tantos desengaños. Pues esa biblioteca existe en Vancouver (Washington) y fue creada por el escritor Richard Brautigan. Ese refugio en el que los libros esperan a que algún lector les dé una oportunidad y el autor de esa idea tan inusual han inspirado a David Foenkinos para escribir La biblioteca de los libros rechazados.

Me sentí irresistiblemente atraída por este libro en cuanto lo vi. La palabra «biblioteca» atrajo la atención de mi parte lectora y «libros rechazados» la de mi parte de escritora inédita. Que su autor fuera Foenkinos me pareció una garantía de acierto, puesto que guardo un recuerdo agradable de La delicadeza, el único libro suyo que había leído hasta el momento. Todo ello me llevó a abrir su nueva novela con altas expectativas y estas se han visto más que cumplidas.

En esta comedia satírica Foenkinos nos envuelve en literatura, para bien y para mal. Las continuas referencias a otros libros o autores me dieron ganas de descubrirlos o releerlos, según el caso, y los dardos al mundo editorial me hicieron chocarme de nuevo con la realidad de hoy en día, en la que la forma prima sobre el fondo. La clave del éxito no está en la historia o la calidad del texto, sino en la campaña de marketing que haya detrás. Y como bien demuestra David Foenkinos en esta historia, de eso tienen culpa los editores, los lectores, los medios de comunicación e, incluso, los propios escritores.

Una joven editora en busca de nuevos talentos. Un escritor recién publicado que creía su sueño cumplido, pero que se ha dado cuenta de que nadie quiere comprar su libro. Un crítico literario endiosado que se ha quedado en paro. Un pizzero de pueblo convertido en escritor superventas tras su muerte. Y su viuda y su hija, que ven como sus vidas se trastocan de la noche a la mañana por esa faceta desconocida de su ser querido. Todos estos personajes componen el puzle de La biblioteca de los libros rechazados, que habla con sencillez y belleza del amor: tanto del que se da entre personas, como del que se siente por los libros. Y del silencio. El silencio juega un papel importante, siempre presente en los diálogos y tanto o más expresivo que las palabras. Con solo tres puntos, Foenkinos me ha hecho reír y pensar. ¿Tal vez sean una metáfora del rechazo, del anonimato, del libro cerrado? No sé, pero nunca había visto sacar tanto jugo a este recurso.

¿Qué parte de mí se ha enamorado más de este libro? La de escritora, sin duda. Es más, recomendaría este libro a cualquier escritor frustrado, ya sea por seguir inédito o por haber comprobado que el cuento no era tan bonito como se lo había imaginado. A mí me ha sido imposible no verme reflejada en las pequeñas reflexiones del narrador, en las ilusiones y decepciones de los protagonistas. La biblioteca de los libros rechazados es una de esas novelas que he leído con una sonrisa permanente, deseando que no se acabara, porque me sentía comprendida, arropada, como en casa.

¿Llevaría yo mi libro a este rincón de homenaje (y olvido)? Creo que no, pero quizá solo sea porque aún no he recibido los rechazos editoriales necesarios para merecer tal honor (o desgracia). Preferiría que acabara en mi propia estantería, entre mis libros adorados, y ofrecerlo a quien lo quisiera leer. Porque soy de la romántica opinión de que un libro, mientras sea leído (y disfrutado), nunca podrá considerarse un fracaso.

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¿Qué pasaría si…?, de Randall Munroe

qué pasaría si

qué pasaría siDice el refrán que la curiosidad mató al gato. Tal vez la causa de la muerte del pobre felino fue una simple caja de cartón. Una que, para sorpresa de éste, halló cuando menos esperaba. Y ya se sabe, las cajas son el huevo Kinder de los gatos: desean llegar hasta su interior a toda costa, para luego, una vez dentro, descubrir que tampoco era para tanto; y así una y otra vez. Conjeturemos dejando de lado la lógica; abracemos la hilaridad de lo absurdo. Pongamos que ese gato, antes de actuar, se hiciera la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si me meto dentro de esa maravillosa estructura que tiene pinta de ser muy confortable por dentro? Sí, quizá esa fue la pregunta. Parecida debió ser la que se plantearon esos tres homínidos en Sudáfrica hace 700.000 años  al descubrir un incendio en el bosque provocado por un rayo: ¿Qué pasaría si utilizáramos esa luz que está devorando los árboles para cocinar lo que cazamos? Pues que absorberíamos mejor las propiedades de la carne, contestaría el segundo. Yo tenía en mente dejar de beberme el café frío por las mañanas, añadiría un tercero. Bien visto. ¿Qué pasaría si te cuelgo bocabajo de la Gran Muralla? Es con seguridad la pregunta que motivó a algún ingeniero chino de la antigüedad para inventar el papel higiénico y salvaguardar su propia vida del carácter avinagrado de su emperador. Tras limpiarse el culo con aquel sedoso papel, que además dejaba perfumado su real trasero, tal vez acabara con su irritación; y con su mal humor también. Lo que es un hecho es que el afán de saber, siempre ha empezado con una pregunta. Y en algunos casos ha terminado con la materialización de inventos o descubrimientos que han cambiado el curso de la historia. El libro que hoy nos ocupa no cambiará la historia (creo) ni hará que aparezcan nuevos inventos revolucionarios (quién sabe). El libro del que hablaré hoy simplemente responde a las más enfermizas inquietudes de algunas personas con demasiado tiempo libre. Y todas esas desconcertantes inquietudes empiezan con la misma pregunta, que a su vez da nombre al libro: ¿Qué pasaría si…?

¿Qué pasaría si…? de Randall Munroe es un libro de divulgación científica. Cuando se piensa en libros de este género más de uno se siente como aquel gato escaldado que del agua fría huía (estoy bastante fino hoy con los refranes con gatos de protagonista). Malas experiencias con libros muy enrevesados y jerga compleja pueden conseguir que te pierdas esos en los que el autor se ha dejado la piel para captar la atención del lector y hacer de su viaje por la ciencia un paseo ameno. Qué digo ameno, ¡divertido! Una breve historia de casi todo o La cuchara menguante son dos grandes ejemplos. Pero lo que diferencia ¿Qué pasaría sí…? de cualquier otro libro de divulgación científica es su tono humorístico, que la mayoría de veces ya viene dado por la pregunta inicial.

¿Qué pasaría si golpeases una pelota de béisbol lanzada al 90 por 100 de la velocidad de la luz? ¿Cuánta energía puede generar Yoda con la fuerza? ¿A qué velocidad puedes pasar conduciendo sobre un badén y sobrevivir? Esto quizá sea un poco escabroso, pero… si el ADN de alguien despareciera de repente, ¿cuánto duraría esa persona? Estas son solo cuatro preguntas, de las más de cincuenta que recoge el libro. Preguntas que en algunos casos ya fueron realizadas en la web del autor. Y es que este libro es el resultado del éxito cosechado por la web xkcd, en la que Randall Munroe, que fue físico de la NASA, se entretiene en contestar la mayoría de paranoias absurdas que le envían sus seguidores. A pesar de ser un libro con toques de humor, el autor se lo toma con bastante seriedad a la hora de elaborar una respuesta. Así pues, y tras hacer caso omiso a algunas leyes de la naturaleza que son inviolables, planteándonos escenarios imposibles que casan más con la ciencia ficción que con la realidad, el autor intentará sacar algo en claro haciendo uso de sus conocimientos científicos. En algunos casos incluso se servirá de la ayuda prestada por otros expertos como genetistas, especialistas en virus o radiación, o incluso profesionales del mundo armamentístico.

Albert Einstein dijo una vez que “no entiendes realmente algo hasta que eres capaz de explicárselo a tu abuela”. En ¿Qué pasaría si…? el lector es la abuela. Randall Munroe se vale de un lenguaje sencillo, obviando en muchos casos jerga científica y buscando símiles más comprensibles para hacer llegar el mensaje al público más neófito. Es casi como si un amigo graciosete te explicará una anécdota mientras bebéis cervezas hasta coger una buena cogorza. Si bien es cierto que hay fórmulas matemáticas, ecuaciones y algunas aclaraciones a pie de página que le dan ese punto atractivo para aquellos que, sin ser eminentes figuras de la ciencia, ya se mueven como pez en el agua por estos lares. Pero Randall Munroe no cree que sea suficiente que la respuesta aparezca en lenguaje escrito, así que añade monigotes a diestro y siniestro. En el mejor de los casos éstos sirven de apoyo o ejemplo de sus hipótesis; en otros dan un toque de humor que te harán sonreír. Para mi gusto, con la mitad de los chistes gráficos (pues en algunos casos lastran el ritmo) el libro sería aún mucho más fluido de lo que es.

En resumen, ¿Qué pasaría si…? es un libro de divulgación científica único en su especie. Mezcla con acierto humor y ciencia, desarrollando hipótesis rocambolescas mediante razonamientos coherentes; todo fruto de lo absurdo y la curiosidad. Esa misma curiosidad que mató al gato. Aunque nuestro gato del principio, tras meterse dentro de la caja, descubrió que formaba parte de un complejo experimento: El gato de Schrödinger. Conque, por esta vez, la muerte del gato tenía más que ver con nuestra curiosidad que con la suya.

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¡Estás fatal!, de Monstruo Espagueti

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¡Estás fatal!Definida como “una treintañera aparentemente naif pero con muy mala leche”, esta licenciada en Publicidad llamada Anastasia Bengoechea, se esconde detrás de su alter ego Monstruo Espagueti. Seguro que habéis oído hablar de ella, o al menos de Monstruo Espagueti. Es una de estas chicas cuyos dibujos se han convertido en todo un fenómeno en Internet. Fijo que os habéis topado con algunas de sus ilustraciones por los mares de Internet y es que Monstruo Espagueti cuenta con más de 60.000 seguidores en Instagram y 35.000 en Facebook. Casi nada.

Monstruo Espagueti comenzó con un Tumblr donde escribía sobre sus dudas existenciales mientras vivía en Londres. Siguiendo el consejo de un amigo, decidió ilustrar sus reflexiones y así fue como llegó el éxito. Hoy en día, participa de manera habitual en Tentaciones de El País y Vein Magazine. También es una de las responsables de Chicas Internet un proyecto que promueve el arte femenino más underground. Un culo inquieto, esta monstruo.

Yo la conocía principalmente por Internet. Había visto sus ilustraciones en varios sitios y su nombre, tan original, me llamaba mucho la atención. Ni siquiera sabía al principio quién se escondía detrás de ese alter ego tan freak. Pero, además de lo singular de su nombre, sus dibujos me hacían reír. Monstruo Espagueti tiene un humor muy ácido y desprende sinceridad por los cuatro costados. ¡Estás fatal! reúne en sus páginas una selección de sus famosas viñetas y lo cierto es que ha resultado ser un libro muy divertido. El punto fuerte de Monstruo Espagueti es que, a través de sus dibujos tan sinceros logra hacernos cómplices de sus dudas, gilipolleces e inseguridades. Porque, queridos, tengo que admitir que  me he sentido bastante identificada con muchas de sus viñetas y reflexiones. A todos nos ocurren las mismas desgracias y situaciones en nuestro día a día, pero esta chica sabe bien como plasmarlas en sus dibujos. E identificarse con alguien/algo a través del humor es una de las mejores terapias posibles, ¿no os lo parece?

Venga, que levante la mano quien se sienta identificado con esta carta a nuestro yo del futuro cuando teníamos catorce años:

“Hola, soy tu yo del futuro. Métete en una cueva y no salgas NUNCA. PD.: Y deja de comerte una caja de donettes diaria. Saludos”.

De haberlo sabido la mayoría de nosotros nos hubiésemos quedado una temporada más en esa cueva. Eso sí, lo de los donettes es discutible.

Entre las secciones del libro encontramos apartados con ilustraciones tan diversos como Cosas que buscas en un novio, Tu nevera, Los ruidos que más odias, Cosas que te dijeron que te quedarían bien, Cosas que dices en una fiesta, Los libros que podrías escribir o Cosas por las que das las gracias. Todas ellas, obviamente, envueltas en ese halo de frikismo absoluto, desgracia, ironía y un humor muy fino que nos atrapa.

El apartado final se titula Poesías y, ejem ejem, aquí Monstruo Espagueti saca a relucir su vena más poética deleitándonos con unos versos y unos poemas tan sugerentes, a la atura de Garcilaso, como:

“Esta cita ha sido fuego,

una pasión muy caliente.

Pero no se va de casa,

¡Y no puedo cagar con gente!”.

Me emociono, ¿vosotros también?

¡Estás fatal! es un libro para pasar un rato divertido. Un libro que se puede leer de un tirón o volver a él de vez en cuando. La risa está garantizada, porque, admítelo, tú también eres un puto desastre y también estás fatal. No pasa nada, las penas con humor son menos.

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Gorda, de Moyoco Anno

Gorda

GordaTengo que empezar esta reseña contando una anécdota porque si no reviento. Los que estéis hartos de mis asuntos podéis pasar al siguiente párrafo. Ya os he dicho que no sé mucho sobre el tema cómic y manga, pero que con el tiempo me va gustando cada vez más. Resulta que el día que recibí el libro, estaba en casa con mi amiga Marina. Cuando abrí el paquete y tuve el libro entre mis manos me quedé un poco loca. “¡Está al revés!” Mi amiga, muy lista ella, me miró con cara rara y me dijo: “es un manga, pava, se leen al revés.” Menos mal que estaba con ella en ese momento y me explicó cómo tenía que leerlo, porque, ¿os imagináis la reseña que hubiera hecho yo si no lo supiera? Quién sabe, a lo mejor si hubiese leído este libro de la otra forma me habría salido un mensaje satánico o un anuncio divino de Raticulín. Y ahora sí, después de esta introducción, que me deja en muy mal lugar, paso a comentar el libro.

Gorda es el título de este manga de Moyoco Anno y, por supuesto, la contundencia del título fue lo que me llamó la atención. Gorda es una palabra sonora, nada de eufemismos ni leches, una palabra directa que en principio te deja muy clarito de qué puede tratar el libro. Claro que si bien yo pensé que este manga iba a ser gracioso y banal estaba muy equivocada. La sensación que te deja el libro después de acabarlo es bastante agridulce, pero paso a contaros la historia primero.

Noko es una chica joven que trabaja en una empresa. Últimamente ha cogido unos kilos, pero es algo que no parece preocuparle demasiado. Mientras pueda comer, todo va bien y esa armadura de grasa que rodea su cuerpo no es algo que le traiga de cabeza. Pero parece ser que al resto del mundo sí le molesta. Noko empezará a escuchar los comentarios que sus compañeras de trabajo hacen a sus espaldas. El detonante será cuando se entere de que su novio, con el que lleva ocho años, se la está pegando con la tía más buena y más gilipollas de su oficina, una chica insoportable que se dedica a hacerle la vida imposible a Noko. Es entonces cuando comienzan las inseguridades. Quizá sí que esté gorda. Quizá lo que necesite es adelgazar y ser tan guay y tan guapa como las otras chicas. Quizá así su novio no le pondría los cuernos.

Lo que viene después es un auténtico calvario que incluye clínicas de adelgazamiento, dietas, peleas con el novio y con la penca malvada, atracones de comida, vomitonas y demás torturas que van haciendo mella en Noko.

Yo pensaba que Gorda iba a ser una historia más amable, algo más divertida. Aunque el manga tenga sus toques de sarcasmo, ha resultado ser una historia mucho más dura de lo que creía. Una bofetada en la cara que me ha hecho reflexionar bastante. Y es que este es un asunto bastante peliagudo que no hay que tomarse a broma. Un papel que la sociedad se empeña en atribuirle a la mujer: a las mujeres perfectas y delgadas todo les va bien y sus vidas son maravillosas. No nos damos cuenta de todo el dolor que arrastra ese papel que la sociedad nos impone. Amigos, no seamos tan imbéciles, por favor. No nos hagamos más daño. Libros como éste son necesarios para hacernos ver lo superficiales que podemos llegar a ser. Vamos a empezar a querernos tal y como somos, seguro que todo va mucho mejor.

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El verano de Raymie Nightingale, de Kate DiCamillo

El verano de Raymie Nightingale

El verano de Raymie Nightingale¿Recordáis algún verano de vuestra infancia con especial cariño?  La verdad es que yo guardo muy buen recuerdo de casi todos ellos. La infancia es una etapa maravillosa en la que todos los niños deberían ser felices. Pero no voy a ahondar mucho en este tema, porque conociendo el mundo en el que vivimos, me pongo de muy mal humor.

Como nosotros éramos familia numerosa, los viajes a la playa en verano eran una pequeña odisea. Mi madre siempre se ponía nerviosa, mi padre se mareaba, el coche se llenaba de maletas para quince días (o tres meses) y en la parte trasera dos adolescentes y dos niños nos acomodábamos como podíamos durante cuatro horas de viaje. Ah, qué tiempos aquellos, ¿verdad? Recuerdo con cariño aquellos viajes en familia, aquellas playas de Cádiz, Málaga y Huelva, a mis primos. Recuerdo que varios veranos llegamos a juntarnos en aquellos bloques de apartamentos más de treinta niños. Eso sí que era una pandilla de verano. Lo pasábamos tan bien juntos que el último día, el de la despedida, aquello se convertía en un drama de llantos y promesas de cartas. Cómo me gusta pertenecer a las últimas generaciones que no tenían móviles y todavía se escribían cartas.

De esto mismo trata El verano de Raymie Nightingale, de una niña, una promesa e insólitas amistades de verano. Cuando Raymie descubre que su padre se ha largado de casa con una asistente de dentista se le ocurre el plan perfecto para hacer que vuelva a casa con ella y su madre. Se presentará al concurso Pequeña Miss Florida 1975, lo ganará y cuando el padre vea las fotografías de su hija en el periódico volverá a casa. Un plan aparentemente sencillo que llevará a la pequeña Raymie a vivir un montón de inolvidables aventuras.

Pero, para poder ganar el concurso, Raymie acude a las clases de bastón de la campeona Ida Nee. Así podrá deslumbrar a todos con su habilidad con el bastón. En las clases conoce a Beverly, una niña fuerte y segura de sí misma dispuesta a sabotear el concurso. También conoce a la dulce Louisiana , quien quiere ganar el concurso para conseguir el dinero y poder vivir bien con su abu sin tener que ir al hospicio. Tres niñas que no tienen demasiado en común más que el vínculo que les une, a su manera, al concurso Pequeña Miss Florida.

De algún modo las niñas se necesitan. Ya sea para ayudar a Raymie a recuperar el libro que olvidó en la residencia de mayores cuando trataba de realizar una buena acción, para ayudar a Louisiana a rescatar a su querido gato Archie del Refugio de animales o para hacer descubrir a Beverly ese lado más dulce que parece que olvidó cuando su padre se fue. A pesar de las diferencias todas tienen algo en común, todas tienen un secreto y muchos motivos para ser felices.

La exitosa Kate DiCamillo ha escrito una preciosa novela de amistad llena de valores. El verano de Raymie Nightingale nos habla de lazos invisibles que forjan amistades de verano, nos habla de diferencias que unen, del respeto y el amor por encima de todo. Una novela que encantará a los lectores más jóvenes y que yo, cada vez más fan de la literatura juvenil, he disfrutado como una niña.

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¿Ha llegado ya la “Bisagra”? y otros disparates farmacéuticos, de Guillermo Navarro

¿Ha llegado ya la "bisagra"?

¿Ha llegado ya la "bisagra"?Este es un libro para reír. Me diréis ¿nada más? Y yo os digo: ¡nada menos! Os aseguro que reírse no es poca cosa. Es algo muy importante en nuestras vidas. Hay estudios que garantizan, prueban y demuestran que reír es buenísimo para la salud, tanto mental como física. A no ser que tengas algo que solo te duele cuando te ríes, que entonces es mejor dejarlo para otro momento. También hay que procurar no reírse de los demás, a no ser que nos acompañen en la broma y tampoco es buena la risa maléfica, sobre todo para el que la sufre. Por lo demás, rían, rían, que mejora muchas cosas: la respiración, el cutis, aunque salen algunas arruguillas más, son chulas, porque son de risa. Aumenta las endorfinas por lo que mejora nuestro estado de ánimo, atenúa dolores y evita la depresión. Nos hace tener más amigos, caer mejor a la gente, que nos tengan más cariño si tenemos cara de risa, que si tenemos cara de palo seco o de pena. Y así podría estar un buen rato, explicando las bondades de la risa, que soy una experta con certificado y todo. Además, lo he probado: he dado cursos de risoterapia y no veas lo que mejora la gente. Tuve una señora que vino una par de veces y me dijo que no volvía, que se lo pasaba bien, pero que ella estaba diagnosticada de depresión y no iba a reírse tomando antidepresivos y tranquilizantes, que no le parecía bien, que a ver que le explicaba ella al doctor y a sus hijas, si dejaba de tener cara de pena todo el rato y se enteraban de que dos veces por semana se iba a reír como una loca con otras diez locas. Necesitaba seguir enferma. Esa ya es una elección de cada uno, claro.

En fin, pues eso, que Guillermo Navarro se ha propuesto que pasemos un buen rato en ¿ha llegado ya la “Bisagra”? y otros disparates farmacéuticos. Aunque no consiga arrancar risas, desde luego sonrisas fijo. Cada uno tiene un sentido del humor diferente y llegar a la risa de todo el mundo por el mismo camino, no se puede, pero os garantizo que vais a pasar un buen rato.  Este es un humor blanco, no como el de enfermera saturada, pero se nutre también de anécdotas, del día a día de la profesión, en este caso de farmacéutico. A veces me ha recordado a la señorita puri aunque yo me reí más con ella. Me sentí más identificada con Puri, que con Guillermo, pero aún así, es muy gracioso. Se lee en un periquete y es divertido leerlo con alguien, en alto, para poder compartir los chascarrillos.

Guillermo Navarro es farmacéutico, ahora ya está jubilado. Tuvo una farmacia en una ciudad cercana a Madrid. Tiene un montón de anécdotas de su trabajo durante más de treinta años. Supongo que cualquiera que trabaja detrás de un mostrador o cara al público, se sentirá representado. Entre él mismo y la gente que trabajaron con él, fueron recopilando estas pequeñas cosas graciosas que pasan en algo tan cotidiano como una farmacia. Bueno, alguna cosa no era tan graciosa en sí misma, como cuando cuenta un atraco de los que sufrió, pero es divertido cómo sale del apuro, visto en la distancia. Para acordarse, anotaban en una libreta las cosas que les pasaban, e incluso las notas que les enviaban sus clientes, son graciosísimas. Están recopiladas, algunas de ellas, al final del libro.

Está dividido en 23 capítulos cortos, cada uno dedicado a un tipo de cliente, o a casos que se les daba habitualmente, conversaciones en la farmacia, guardias, atracos, etc. Muchos de ellos los acaba en forma de prospecto, con las indicaciones pertinentes.  Algunas parecen increíbles, pero son ciertas, como la vergüenza que pasan algunos para pedir cosas relacionadas con “el sexo y áreas colindantes”, como dice él; entiéndase: condones o pomada para las almorranas, por ejemplo. ¡Las vueltas que da el señor Venancio! En algunos casos me he sentido yo retratada, pero como cliente, sobre todo el capítulo dedicado a la memoria de farmacéutico; nos creemos que ellos se tienen que acordar de todo lo que nosotros tomamos: “dame esas pastillas que tomo yo, las de la caja blanca y azul, que empieza por t, no me acuerdo de más, ya tú sabes…” yo creo que eso lo he dicho yo en la farmacia de mi pueblo, y lo hace aquí casi todo el mundo. Menos mal que tengo una farmacéutica lista y que tiene una paciencia infinita. Le tengo que regalar el libro, para que se ría un rato. 😀

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Tonto de remate, de Richard Russo

Tonto de remate

Tonto de remateNo sé cómo me las apaño, pero aquí estoy, hablando sobre un libro que es la continuación de otro que ni siquiera he leído. Ya me vale, ¿verdad? Lo cierto es que estas cosas me ponen bastante nerviosa. Ya os he comentado alguna vez que soy desordenada, pero que con el tema papeles y libros es cuando más organizada soy, así que no creáis que me emociona leer la segunda parte de un libro sin haber leído el primero. Pero, ¿sabéis por qué lo he hecho? Porque me han asegurado que Tonto de remate, la continuación de Ni un pelo de tonto puede leerse independientemente del primero. Así que respiré aliviada y me propuse disfrutar del libro.

Obviamente, el título llama mucho la atención, y entre eso y las críticas que leí sobre él que hablaban sobre un libro tremendamente divertido, revoltoso y repleto de una esperanza humana irrefrenable mis ganas de leerlo aumentaron.

Como os he dicho, Tonto de remate es la continuación de Ni un pelo de tonto, novela publicada en 1993. Richard Russo, el autor, es un escritor norteamericano con varios libros publicados y un premio Pullitzer bajo el brazo que recibió en 2002 por su novela Empire Falls.

En esta ocasión, el autor vuelve a traer a sus personajes a North Bath, un pueblo ficticio en el norte de Nueva York. Donald Sullivan, o simplemente Sully, es nuestro protagonista. En la taberna White Horse (que también fuera escenario de la primera parte), se fragua la vida del pueblo y de sus personajes. Un pueblo donde la vida transcurre de manera monótona y previsible y donde, a simple vista, no ocurre nada. Pero como sabéis, lectores, la tranquilidad y la monotonía siempre esconden algo y esa calma aparente agita la vida de sus vecinos. En esta ocasión, Sully es un hombre rico, pero una dolencia cardiaca diagnosticada le augura un corto porvenir: apenas dos años más de vida. Junto a Sully, encontramos a otro protagonista indiscutible. Se trata de Douglas Raymer, jefe de policía de North Bath. La tarea de Raymer en esta entrega está bastante clara: averiguar a qué garaje pertenece el mando a distancia que encontró tras la accidental muerte de su esposa. Para ello no durará en ir probando en todos los garajes que encuentre hasta descubrir la identidad del que fuera amante de su esposa. Un trabajo personal bastante inquietante, la verdad.

El resto de personajes, bien elaborados, incluye a Ruth, una mujer casada con la que Sully mantiene un romance; el insistente Rub Squeers, empeñado en convertirse en el mejor amigo de Sully o Gus Moynihan, alcalde del pueblo. Lo cierto es que es inevitable coger cariño a todos los personajes que desfilan por las líneas de esta novela. Richard Russo tiene el don de dotar con alma a los personajes que crea y eso es algo que el lector capta enseguida.

Por cierto, me he enterado de que existe una adaptación cinematográfica de Ni un pelo de tonto dirigida por Robert Benton y con Paul Newman en el papel de Sully. Habiéndome gustado tanto Tonto de remate y gustándome tanto como me gusta el señor Paul Newman me planteo hacer trampa y ver esta película antes de leer la primera parte. No sé, ya os contaré (o tendréis noticias en forma de reseña, tal vez).

Richard Russo me parece un muy buen escritor. Sabe bien cómo hacer y qué hacer con sus personajes. Sabe plasmar la otra cara de Estados Unidos, ese lado amable, popular y único de los pueblos. Una novela repleta de humor y sentimientos tan contradictorios como los personajes que Russo crea. Sin duda un gran descubrimiento la prosa de Russo y su magnífica imaginación.

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Amor y Amistad, de Jane Austen

amor y amistad

amor y amistad¿Alguna vez os habéis preguntado con qué escritor o escritora os iríais a tomar una cerveza? No tengáis en cuenta si sigue vivo o hace años —siglos— que murió, dejad volar vuestra imaginación.

¿Ya lo sabéis?

Puede que hayáis optado por un autor que sepa de todo y que seguramente os dé mucho tema de conversación. Quizá, a vuestro escritor favorito, para decirle cuánto lo admiráis. O tal vez a ese que os cae muy bien por lo que deja traslucir de su personalidad en los libros que escribe o escribió, al que incluso os hubiera gustado conocer en la juventud y ser amigos de farra. Yo no me había hecho esa pregunta hasta ahora, pero tras leer Amor y Amistad pienso que me hubiera gustado conocer a Jane Austen y, en concreto, a la Jane Austen adolescente.

Jane Austen me conquistó con su célebre obra Orgullo y prejuicio, sobre todo por el grandísimo matrimonio de los Bennet —lo que me pude reír con ese adorable padre y esa insoportable madre—, me supo a poco en La abadía de Northanger y Persuasión, y en Amor y Amistad, que recoge tres cuadernos escritos durante su adolescencia, ha vuelto a sorprenderme. Si algo me gusta de esta autora, por encima de las historias que cuenta, es cómo las cuenta, con ese derroche de sentido del humor y de crítica inteligente a la forma de vida y costumbres de su época (por eso, pese a las pequeñas decepciones, siempre vuelvo a ella). Y en Amor y amistad, estos elementos que tanto disfruto están multiplicados por cien. En este conjunto de relatos y esbozos de novelas escritos entre 1791 y 1793, la jovencísima Jane Austen dio rienda suelta a su ingenio y su desenfado. Diálogos ocurrentes y sátira social sin filtro destinados a los lectores de su entorno; hermanos, primos, amigos o sobrinos, a los que una chica de quince años les dedicaba sus textos sin saber que algún día, varios siglos después, serían leídos por millones de personas. Jane Austen en estado puro, demostrando que el talento es algo innato, pero también que hace falta mucho trabajo para encarrilarlo. Porque algunos de estos escritos tienen tramas forzadas, inconexas o inacabadas, pero ya destilan la impronta de la autora: esa elegancia para hablarnos de lo absurdo del comportamiento humano, esa retranca con la que se ríe de sus personajes.

Qué suerte haber tenido una pariente así en la estirada época victoriana. Lo que debieron de disfrutar sus conocidos con sus pequeñas historias y con sus comentarios cotidianos. O quizá les sacaba los colores y no le hacían ni caso, quién sabe. Incluso hoy, en el siglo XXI, dejaría sin palabras a más de uno con sus irreverentes observaciones. Y es que Austen es mucha Austen, se ponga en la época que se ponga y con los años que sean. Por eso, a mí me hubiera encantado conocerla y tomarme algo con ella. Si leéis Amor y Amistad puede que penséis lo mismo. Tal vez, si somos muchos, nos dé para pagar el viaje en el tiempo: de nosotros hacia el pasado o de ella hacia el presente. Un té con pastas a las cinco o una caña en cualquier bar, da lo mismo. Si es en compañía de la joven Jane Austen, el buen rato está asegurado.

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Harley Quinn 3. Entre besos, tiros y puñales, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

harley quinn 3

harley quinn 3Parece que han pasado siglos desde que apareció Harley Quinn 2. Apagón, cuando en realidad solo han pasado meses. Meses, sí, pero meses que se han hecho eternos esperando este tercer tomo. Eso habla bastante bien de esta colección, ¿no? A decir verdad, es de las pocas colecciones fijas que tengo y no solo porque el personaje enganche, sino porque sus guionistas, el matrimonio formado por Amanda Conner y Jimmy Palmiotti, que no son sus padres pero parecen haberla parido, le han dado un enfoque nuevo reconduciéndola de villana a antiheroína sin perder (o es más, ganando) en frescura y gamberrismo. Parecen empeñados en que olvidemos que una vez fue una secundaria pegada al Joker y empecinados en demostrarnos tomo tras tomo el enorme potencial que Harley y su particular universo demencial tiene que ofrecer.

Y lo hacen muy bien. Yo daría al matrimonio la custodia compartida con Paul Dini pues han podido dar a nuestra payasa una profundidad, unas motivaciones y unas tramas en las que encaja perfectamente sin necesidad de hacer que parezca forzada. Harley tiene su sitio en esta colección. Se siente cómoda en ella, campa a sus anchas y se ha ganado por derecho propio el ser un icono del cómic con mayúsculas.

En Harley Quinn 3: Entre besos, tiros y puñales, no tenemos, como en los dos tomos anteriores una historia única sino más bien un, chiste fácil al canto, bat-iburrillo de ellas. Algunos especiales y la continuación de la trama son lo que nos encontraremos.

Las escenas alucinógenas del grupo de la primera historieta (y el dibujo preciosista) son lo mejor. Ese cameo de la cosa del pantano con Hiedra, el reencuentro con Vomitachica… Hilarante.

El especial de Navidad, Juguete peligroso, no está mal, aunque la moralina, en mi opinión, sobra. Y Aparta ese alegre zumbido de mi oído me ha gustado mucho porque me ha recordado a ese libro de Jill Thompson en el que los eternos de The Sandman eran dibujados como niños (aunque aquí Harley también tiene algo de Tim Burton).

Pero si tengo que destacar una historia, es sin duda Me pones murciélaga. Ya solo con el título me descojono. El dibujo más “normalizado” –salvo las partes oníricas–, el humor de Harley, la aparición de Batman, la impagable, ¡¡impagable!! escena de Harley como Robin y el batmóvil sucio (muuuuuy sucio) en la batcueva… De las mejores y más brillantes historias de esta chiflada, sin duda.

El último tramo del cómic nos cuenta como, agobiada como está por sus obligaciones (doctora, casera, jugadora de hockey sobre patines y bienhechora buscando refugio para miles de animales –no sé cómo ninguna protectora no ha usado todavía el personaje como logo o reclamo para alguna campaña porque si Hiedra Venenosa es una firme defensora de las plantas, Harley no se queda atrás con los animales–), decide hacer un casting para contratar a doce mujeres para que la ayuden en sus tareas. Un casting que será bastante particular, como no podía ser de otra forma.

El dibujo también le va como un guante, y eso que hay varios dibujantes y varios estilos, (incluso en una misma historia), pero el cambio en el grafismo no molesta a pesar de ser notorio y la historia no se resiente en absoluto.

Harley Quinn 3: Entre besos, tiros y puñales se conforma como un grandísimo cómic de entretenimiento, sin mayor pretensión que la de divertir y hacernos pasar un rato agradable incluso burlándose de los propios personajes de DC, como es el caso en esta ocasión, del propio Batman.

No es un cómic con el que te partas el culo porque tampoco es lo que busca, pero sí que en muchos, muchísimos momentos, sonreirás e incluso soltarás alguna carcajada ante las salidas de la paliducha.

Y, por último, quiero subrayar que el nivel sigue igual. Que no baja el tono, que no cae en ningún momento en el humor zafio, que sigue siendo un humor no sé si inteligente, pero sí gracioso, y que no cansa para nada.

¿Qué más tengo que hacer para que quien no haya leído esta jodida delicia de saga empiece de una vez?

¡Harley, Harley, Harley!

Imprescindible.

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La ligereza de la grava, de Ricardo Roces

La ligereza de la grava

La ligereza de la gravaComo hago cada vez que me dispongo a reseñar, agarro el libro en cuestión y lo coloco a mi lado y frente al ordenador; lo necesito allí, acompañándome en esa ardua y hermosa tarea de contarle a los lectores de Libros y literatura de qué va el libro, de intentar resumirlo en pocas líneas, de transmitirle a los internautas qué sensaciones particulares me dejó su lectura y por qué deberían, según mi visión fanática, salir corriendo a la librería a comprarlo. Un libro ya no es solo un libro tras leerlo y cuando lo vemos, muchos días después, al pasar, instalado en la biblioteca personal para su dulce reposo, el sólo hecho de observarlo ya nos dice algo: al instante nos envía un mensaje que resume lo que sentimos por él, lo que nos dejó. Pasas caminando y ojeas tu biblioteca y ves Cien años de soledad y enseguida lo asocias con una angustia linda y predestinada. Miras un poco más y el desasosiego se hace presente si observas el lomo de algún libro de Pessoa. La sangre y la lucha cotidiana de Roma empapa tu mente si aparece el nombre de Santiago Posteguillo.

Estoy seguro que cada vez que me encuentre con La ligereza de la grava, de Ricardo Roces, una carcajada saldrá de mi boca. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con un libro y como las risotadas son contagiosas, con toda la alegría del mundo no puedo menos que recomendarles la lectura de este hermoso libro.

Ricardo Roces, el autor, nació y vive en Barcelona y como él mismo anuncia en la contratapa del libro, lleva toda la vida escribiendo y a los cincuenta años ha decidido publicar su primera novela “para demostrar al mundo que aún puede convertirse en un escritor fracasado” En su sola presentación el autor deja ver por dónde van sus ideas, su estilo, su humor, su manera de ver el mundo.

La ligereza de la grava cuenta la historia de Anselmo Querat, un multimillonario (que a mí me hizo acordar a Amancio Ortega) que, cansado de su vida, decide quitarse la vida; instantes previos a lanzarse por un puente, es sorprendido por Edurne, una “insoportable mujer que cambiará todo” y que dará comienzo a una serie de idas y vueltas que, a lo largo de 465 páginas que no se hacen largas, hará las delicias de los lectores, ya que cuando dos mundos tan diferentes como el del multimillonario y esta obesa mujer que trabaja en una casa de comida rápida se encuentran, no puede menos que generarse un caos digno de contarse. A veces necesitamos de la persona menos imaginada, esa que aparece y, a su manera, nos revuelve la vida. Y ojo, querido lector, que no estamos hablando de la típica historia en la que dos polos opuestos se atraen, se casan y viven felices para siempre… no, no, todo lo contrario; son tantas y tan variadas las aventuras que nuestra querida Edurne le hará pasar a Anselmo y a la gama de personajes que pululan por el libro que la diversión y la sorpresa tras cada página están aseguradas.

Edurne López, figura central de la novela, quedará en mi memoria por mucho tiempo, porque es, sin lugar a dudas, el personaje mejor creado de La ligereza de la grava; grosera, hortera, sucia, de un nivel intelectual más que básico, fanática de la sangría y la pizza y con un vocabulario que pone como prioridad los insultos y el doble sentido sexual, me hizo pasar varias tardes de diversión, que no es poco; además, particularmente, me recordaba mucho a una ex jefa que tuve, ya que yo, como Edurne, también trabajé durante tres años en una casa de comida rápida y leyendo el libro, no podía menos que imaginar a Edurne con el rostro de una de mis antiguas managers.

A medida que el libro avanza, se pone al mismo tiempo más excéntrico pero al mismo tiempo más filosófico; por un lado, el autor se permite mezclar varios elementos de ficción pura, haciendo aparecer en escena a tres personajes relacionados con la muerte que nos llevarán a observar fenómenos nunca vistos (todos desde el punto de vista de la humorada) pero que sin embargo permitirán que el narrador comparta ciertas teorías y pensamientos acerca de la muerte y todo lo que significa para los humanos. Estamos, para mí, ante la mejor parte del libro. Leí por ahí alguna vez que a veces, cuando no nos animamos a hablar sobre ciertos temas, utilizamos el humor para enmascarar ciertos miedos, y La ligereza de la grava puede ser un buen ejemplo de eso.

Cabe destacar, como otro punto importante, la construcción de los diálogos, que se leen fluidos y que dotan de personalidad propia tanto a los personajes principales como a los secundarios. A veces es un punto que no se destaca mucho, pero que sin embargo es difícil de lograr.

A lo largo de 67 capítulos, disfrutaremos y nos sorprenderemos con la ironía, el sarcasmo, la originalidad y las sorpresas intelectuales que nos depara esta novela, al mismo tiempo que nos preguntaremos sobre cómo estamos viviendo nuestra vida, cuál es el objetivo de vivirla y cómo, quizá, deberíamos reconducirla, antes de tirarnos del puente. O antes de que aparezca Edurne.