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La bruja escarlata, de James Robinson

Bruja Escarlata

Bruja EscarlataConfieso que lo único que sabía de la Bruja Escarlata era lo que había visto de ella en la peli Vengadores: La era de Ultron, en donde Elizabeth Olsen (hermana de las gemelas Olsen, las de Padres forzosos), interpretaba su papel.

Tampoco sabía, lógicamente, que era hija del mismísimo Magneto ni que Stan Lee la creó porque su hija se lo pidió cuando a los 14 años esta padecía problemas de depresión y automutilación.

Pero, sobre todo, debo confesar que no tenía la más mínima intención de leer este comic hasta enterarme por el titular del periódico local de que mi ciudad era uno de los escenarios en los que transcurriría la acción. Y pensé también que poner a una bruja ahí donde hace poco más de 400 años tuvo lugar el proceso inquisitorial contra la brujería más grave y que más ha trascendido (el auto de fe de Logroño contra las brujas de Zugarramurdi), no dejaba de ser un guiño y un acierto. Fue ahí cuando mi interés creció y cuando busqué más información. Y mira por dónde, ¡todo el mundo hablaba maravillas de este La Bruja Escarlata: La senda de las brujas! Así que habría que comprobar si estaba justificado.

Para empezar, las portadas de David Aja son arte en estado puro. Esto sí que lo sabía, pues ya había visto varias de ellas figurar en los rankings de “mejores portadas de 2016” y no me extraña ya que, con solo tres colores (rojo, blanco y negro) consigue auténticas florituras minimalistas.

El dibujo corre a cargo de cinco artistas, (Del Rey, Dillon, Rudy, Visions y Pulido). Cada uno se encarga de un “tomito” y cada uno tiene su estilo propio, bien reconocible, variado y excelente, que, si bien en conjunto forman un todo incoherente en lo tocante al grafismo, episodio a episodio funcionan y uno se acostumbra con rapidez al cambio de autores. Personalmente destaco sobre todo el del español Pulido y el color de su capítulo.

Vamos con el fondo. Lo primero a destacar es que esto no es un Doctor Extraño en femenino ni un cómic de superhéroes al uso. No vamos a tener un previo en el que se nos cuente el origen del personaje, ni su pasado remoto o reciente ni sus parentescos. No. Vamos a entrar directamente en la acción con una Wanda Maximoff que quiere dejar atrás su pasado como Vengadora, –aunque todo aquel que la conoce la conoce precisamente por la pertenencia a dicho grupo– y su campo de acción va a ser el folclore, la mitología y la magia.

Wanda “percibe” que algo va mal y no es magia, sino brujería. Puede levitar, teletransportarse… “a menudo llaman a mis hechizos magia caótica… pero en realidad están muy alejados del caos: su poder e intensidad están relacionados con la energía de la tierra y  la femineidad”…”se denomina brujería”.

Para intentar arreglar esa cosa que va mal, que no sabe qué es pero lo siente, viajará por todo el mundo (Irlanda, Grecia, España,…) allá donde note que debe estar, acompañada por el fantasma de Ágatha, su mentora, a la que ella misma mató (y no se nos explica cómo ni por qué, aunque parece ser que fue un accidente).

Hay quien ha comparado La Bruja Escarlata: La senda de las brujas con Hellblazer, pero yo no diría tanto. (John Constantine es y será, en mi opinión, el mago/hechicero más mejor de los cómics, sí, por encima del Doctor Extraño). Es más algo tipo Expediente-X. Wanda irá “resolviendo los misterios” de la semana como si se tratara del “monstruo de la semana” y no será hasta el final cuando descubra que todo está relacionado con…

En este tomo de la Colección 100% Marvel tenemos una buena historia brujeril-detectivesca, porque en el fondo, lo que Wanda quiere es descubrir qué o quién está tras ese desorden, ese, desequilibrio en la fuerza, y para eso irá tirando del hilo que solo ella ve y del que nosotros tenemos que fiarnos. Aunque a la vez también es una historia de redención. La hechicera carga con una culpa de la que no puede deshacerse pero quiere avanzar, dejar atrás el pasado, y hacer el bien.

No voy a entrar a hablar de lo que se entiende por bruja pues, en el prólogo ya se ocupan de ello (la partera medieval, mendiga, libertina, curandera, esposa desobediente,… todas aquellas mujeres que en la Edad Media se salían de la norma e incitaban a otras a salirse también) ni de que si Wanda es feminista y representa a las mujeres… No me voy a meter en esos jardines. Este es un cómic para pasar un buen rato sin tener que preocuparnos de mayores análisis.

Para acabar quiero añadir que creo que podría decirse que este cómic es lo que en el cine viene a ser un sleeper. Algo que parece poca cosa pero que gracias al boca a boca y sin una campaña de promoción brutal consigue gran éxito de taquilla e incluso algún Oscar. Un tapado a la espera de que todos lo descubramos. Y eso es lo que me gustaría conseguir: que lo descubráis.

He disfrutado muchísimo de su lectura, tanto a nivel gráfico como argumental. No importa que no se conozca el personaje. Este puede ser un buen tomo inicial para empezar a conocerlo.

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El caso de Charles Dexter Ward, de Lovecraft y Culbard

El caso de Charles Dexter Ward

El caso de Charles Dexter Ward«Se lo volveré a repetir: no evoque nada que no pueda dominar». Si este imperativo lo ubicas en el primer tercio del siglo XX, en una granja de Providence donde un joven con inquietudes por las ciencias oscuras y la nigromancia se dedica a realizar conjuros que escapan a toda comprensión humana, el relato no puede pertenecer a otro que a H. P. Lovecraft. Y de él es este siniestro caso de desaparición dentro de un cuarto cerrado; el clásico enigma policíaco que tanto gustaba a escritores como Gaston Leroux, Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe.

El caso de Charles Dexter Ward cuenta la historia de un suceso oscuro que se remonta a un pasado muy lejano y que ahora ha despertado. En un manicomio de Providence, Rhode Island, un peligroso paciente internado desaparece de su celda misteriosamente. El último hombre en haber tratado con el paciente es el Dr. Marinus Bickwell y ahora tiene la obligación de contar la verdad que rodeaba a este siniestro hombre. Lo que duda es que el mundo esté preparado para aceptar los hechos de cuanto consiguió investigar acerca del desaparecido Charles Dexter Ward tal y como sucedieron.

Es este uno de los relatos escalofriantes de Lovecraft que se desarrollan con paciencia, desgranando poco a poco el entramado que incluye varios personajes en los que él mismo se veía reflejado en sus lacónicas y existenciales vidas, y a lo largo de diversas generaciones para enredar el asunto. Los elementos que caracterizan los relatos de Lovecraft se manifiestan en la narración a través de conjuros de indescifrables lenguas extraídos de los oscuros libros del Necronomicón para invocar de una larga letanía bestias desterradas. La influencia de Poe en el desarrollo policíaco y la ambientación también están presentes. Todo envuelto en una atmósfera tétrica, en un frío páramo donde los pocos vecinos cercanos escuchan alaridos de ultratumba y extrañas luces procedentes de una de las granjas. Dentro del género de intriga, el relato va dejando pistas a lo largo de sus páginas que hacen que intuyas por dónde pueden ir los tiros. La misión de los médicos del manicomio es descubrir la extraña desaparición de Charles Dexter y será su médico personal quien narre los terribles episodios que investigó sobre él. Hechos que se remontan a sus primeras sesiones en casa de Charles donde le reveló un cruento descubrimiento que afectaba al linaje de su familia; las misteriosas noches que su paciente se aislaba y asustaba a sus padres por extraños rituales que preparaba en soledad; la revelación que padeció en primera persona de eso que tanto aterraba a su paciente.

Como ya me ocurriera con Reanimator, otro gran relato de Lovecraft (sí, este hombre tiene más historias aparte de ese pulpito tan «salao» que es Cthulhu), El caso de Charles Dexter Ward lo he descubierto gracias a esta adaptación en cómic que ha editado Norma. El dibujante Culbard adapta este clásico del terror en cómic con un dibujo que a mí me recuerda mucho a las tiras de periódico. Nada criticable, por supuesto. Creo que ha sido una elección como dibujante excepcional. No es un gran arte estético o excesivamente expresivo pero sí muy efectivo que, a mi parecer, hace más fluida la historia con viñetas muy narrativas que en ningún momento despistan y te sacan del argumento, y con una estructura básica de cómic de 3×3. Un argumento que tiene sus enredos temporales y trucos clásicos de novela de intrigas en la que se intenta mantener el suspense hasta el desenlace final.

He leído bastantes relatos de Lovecraft. El intruso o El grabado en la casa son de mis favoritos por su destreza descriptiva y ambientación que, con el léxico de este escritor, casi puedes sentir palpitar la historia según acaricias las páginas. Es un detalle sensorial que solo puedes descubrir en su apogeo leyendo sus relatos originales. Las adaptaciones, por norma general, te alejan de esos elementos sensoriales por cuestiones de espacio y fluidez narrativa. Para eso emplean los dibujos como útil para el desarrollo. Me he encontrado el caso en este cómic de dar con un leal adaptador de cuentos. Cada viñeta, cada texto que la acompaña y cuando solo el dibujo narra el relato, han conseguido poseerme de tal modo que me sentía dentro de ella, dentro de esa granja donde se sucedían las siniestras evocaciones. Una formidable opción para leer y acercarse al vasto universo lovecraftniano.

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El suplente, de Marcelo Birmajer

El suplente

El suplenteCreo que tendría como doce o trece años cuando llegué un día extasiado a casa a contarle a mi madre lo genial que era el nuevo profesor que iba a tener ese curso. Solo había estado unas horas con él, pero me había parecido completamente distinto a lo que había visto por las aulas hasta el momento: divertido, simpático, que se interesaba por nuestra opinión sobre temas que hasta entonces parecían ser exclusivos de los adultos y que incluso tocaba la guitarra en un grupo de rock. Ni en mis mejores sueños. Mi madre, siempre tan astuta, me dijo que se alegraba mucho pero que tuviese cuidado, que normalmente los profesores que mejor pinta tienen al principio suelen ser los peores. Y meses después no podía sino darle la razón; mi ídolo se había convertido en un sufrimiento al que había que reírle todas las gracias, que ridiculizaba a los alumnos cuando le discutían sus soflamas y que era quisquilloso y estricto en sus exámenes. Es lo que tienen las primeras impresiones, que rara vez suelen ser correctas.

El profesor de León Zenok, protagonista de El suplente, es bastante peor que aquel mío, siendo sinceros. O al menos eso intuye el chaval desde un principio, desde el momento en que a éste se le encarga impartir matemáticas en su colegio hasta final de curso por el suicidio del profesor titular. Raúl Merista, el nuevo maestro, se mete pronto en el bolsillo a todos sus pupilos con su forma de impartir las clases: entretenida, reflexiva, asequible…si bien poco o nada tiene que ver con la asignatura de la que es responsable. Esto hace que León comience a investigar por su cuenta qué es lo que ocurre realmente detrás de esta situación. A sus quince años vive solo, dado que su madre abandonó el hogar familiar cuando él era niño y su padre ha ido a probar suerte como actor en España. Es la década de los años 70 en Argentina, marcada por la cruel dictadura de Rafael Videla, en la que los asesinatos y las desapariciones de los insurrectos están a la orden del día.

Lo cierto es que ya sólo por el contexto en el que se sitúa la trama me sentí atraído por esta novela, pero creo que incluso con independencia de su localización me hubiese parecido una historia entretenida y muy bien contada; si bien en un principio me costó adaptarme a su ritmo narrativo, caracterizado por las frases cortas y por la aparición de numerosas tramas secundarias, con el paso de las páginas Birmajer sabe hilar todas ellas de manera impecable. Es precisamente su ritmo lo que permite que en una novela tan corta como esta podamos pasar por muy distintas situaciones, algunas más trilladas que otras, pero, en todo caso, lo suficientemente bien elaboradas para que el lector siga los acontecimientos con atención. Una de las que más me ha gustado, por lo original de la misma, es aquella en la que León trata de conquistar a la chica que le gusta a partir de sus relatos y, tras ser amenazado por otro de sus pretendientes, comienza a escribir una obra para éste, pero haciéndola excesivamente pomposa para ridiculizarle.

Pese a que está catalogada como una obra de terror yo no le pondría esta etiqueta a El suplente. Quizás en un público más joven pueda causar esa sensación, pero en lo que a mí respecta me ha resultado una novela de suspense muy bien resuelta, que sabe mezclarse a la perfección con la época de violencia y represión en la que se sitúa para contarnos, con un humor muy característico, la historia de un adolescente obligado a hacerse mayor muy pronto y a enfrentarse a sus fantasmas.

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Cada monstruo con su tema, de Javier Chavanel

cada monstruo con su tema

cada monstruo con su temaMe alegro mucho de haber apostado por esta lectura. Una lectura de un autor desconocido, que se gana la vida como ayudante de realización de El secreto de Puente Viejo, pero que, además, ha escrito y dirigido varios cortos seleccionados y premiados en festivales nacionales e internacionales (cosa que no sabía cuando el libro llegó a mis manos y que tiene muchísimo mérito).

Siempre hay miedo a fallar la apuesta, pero también hay siempre algo que te hace arriesgarte e inclinar la balanza, y en esta ocasión ese algo fue que Cada monstruo con su tema era un libro de relatos de terror. Si fueran relatos cómicos la balanza hubiera caído a plomo del otro lado. Es mucho más difícil hacer reír que meter miedo (y ojo, que esto último tampoco es que sea fácil…)

Las primeras páginas del primer relato, Afán de superación, ya anticipaban que estaba ante un muy buen escritor. Esos diálogos frescos, vivos, rápidos y graciosos entre una mosca que se ha enamorado de una humana y el padre de la mosca son dignos de Faemino y Cansado por lo menos. Hilarantes y con un desparpajo brutal. No puedes ni quieres dejar de leer la historia, muy cronenberguiana, y por eso mismo, más asquerosita que terrorífica, pero muy bien contada, como si estuvieras viendo una peli en lugar de leyendo un relato.

El siguiente relato no pierde ni chispa ni frescura en su narración. Una empresa convierte la vida de la gente normal en un cómic. El terror no lo sientes, ni crees que vaya a aparecer. No imaginas cómo puede algo así aterrar. Pero lo hace. Al final lo hace. Genial y original como el primero. Y van dos de dos.

El tercer relato me recordó mucho a Con la muerte en los talones debido a la confusión de identidad que sufre el personaje de Cary Grant con un tal George Kaplan (el nombre se me quedó de tanto ver esa gran peli). Más bien me recordó a una mezcla de la peli de Hitchcock con Reservoir Dogs. Y poco se puede esperar del desenlace con un inicio como el que tiene. Me quito el sombrero. Es como, volviendo a Hitchcock, cuando en Psicosis la prota muere al inicio en la ducha, dejando asombrado al público. El giro viene al principio… Poco más diré, salvo que el nivel sigue sin decrecer.

No voy a pararme a analizar los once relatos que conforman el libro, pero si quiero destacar, además de los ya mencionados, Los bromistas y Papá; ambos son terror puro, del que acojona de verdad. Uno por ser terror muy factible y cotidiano y el otro por ese final tan terrorífico y abierto a la vez.

Todos, absolutamente todos los relatos están muy inspirados tanto argumental como narrativamente. Se leen de un tirón, con angustia y en algunos casos con una sonrisa. Sí, copón, no os quedéis así, es muy posible que eso suceda porque a mí me ha pasado. Doy fe. Javier Chavanel escribe muy suelto y ágil, sabe cómo hacerlo y no le da miedo demostrarlo con un lenguaje normal, sin emperifollamientos innecesarios que ralenticen y entorpezcan la lectura.

Para ser un primer libro la sensación que deja es muy positiva. Nos da terrores que no tienen nada que ver con zombis, vampiros o criaturas lovecraftianas sino con el propio interior del ser humano porque, como dice la contraportada, “Los monstruos o los villanos, por muy malos u horribles que sean, nunca saben que lo son. En sus historias son, sencillamente, los buenos…” Y es la pura verdad.

Cada monstruo con su tema es un divertimento muy recomendable y, si bien es cierto que al igual que la comedia esto del terror es muy subjetivo, también es cierto que se pasa mal. Y eso es lo que pretendía al leer este libro.

Misión cumplida.

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Alcatraz 2. Los huesos del escriba, de Brandon Sanderson

Alcatraz 2. Los huesos del escriba

Alcatraz 2. Los huesos del escribaSi hago memoria de las primeras novelas juveniles que me mandaban leer en el colegio, se me pasan por la cabeza títulos como Manolito Gafotas, de Elvira Lindo, la serie Pesadillas, de R. L. Stine o El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón. Todas ellas me parecieron fascinantes y consiguieron su propósito conmigo; me engancharon y de qué modo a la lectura. Aventuras, fantasía, misterios… un mundo se me abría en cuanto llegaba del colegio y cogía uno de esos libros. Mucho tengo que agradecer a los profesores por su elección. No digo que no estuviera mal una versión acorde con aquella edad del Lazarillo o El Quijote, pero las aventuras de autores contemporáneos conseguían llegarme más.

¿Qué libros mandan ahora en los colegios de primaria y secundaria? Pues la verdad, no lo sé, pero bien valdría que eligieran, de entre los listados de lecturas obligatorias, la colección Alcatraz, de Brandon Sanderson. Y de esa colección, uno muy entretenido es este Alcatraz 2. Los huesos del escriba.

Sanderson, además de ser el incansable escritor de fantasía adulta, también dedica parte de su tiempo (para este señor los días deben durar unas tres horas más) en escribir aventuras de corte juvenil. Y su personaje protagonista, Alcatraz, tiene todos los elementos para conquistar a los lectores: chaval de trece años, un tanto rarito, con cierta tendencia a destrozar cosas y meterse en líos cuanto más variopintos, mejor. Pero como un personaje solo sabe a poco en una aventura, mejor meterle secundarios de lo más molones. Y ahí están su amiga Bastille, que con la ayuda de su madre tendrán el propósito de vigilar y proteger a Alcatraz para evitar que al chico no le dé por abrirse la crisma o algo por el estilo, Kaz, el tío enano de Alcatraz y con poderes absurdos a la par de prácticos (según qué casos, claro), una prima de la familia con habilidades heredadas igual de torpes y por supuesto el entrañable abuelo Smedry, el más tarado de todos. Menudas patas para un banco.

Alcatraz 2. Los huesos del escriba narra las escaramuzas en las que se va a ver envuelta la peculiar pandilla para conseguir rescatar al abuelo Smedry. Y aquí viene lo bueno, el lugar al que tienen que viajar no es otro que la legendaria Biblioteca de Alejandría, la cuna del saber. Esto ya debería ser motivo de sobra para hincarle el diente a este apetitoso libro. Al menos conmigo lo fue. La gran Biblioteca de Alejandría, el sueño de todo amante de los textos escritos. La cúspide de los misterios ocultos de la humanidad. En el libro, las Tierras Silenciadas por los malvados Bibliotecarios, es decir, Estados Unidos, Europa y Canadá, desconocían por completo la remota existencia de dicho lugar. Bueno, saben lo mismo que hemos leído en cientos de libros de Historia pero, ¿quiénes supervisan esos libros y la información que en ellos se vierte? Ahí entra en juego esa organización malvada que son los Bibliotecarios, inmisericordes censuradores de la información. Gracias a Alcatraz y sus amigos, por fin vamos a poder adentrarnos en la majestosa biblioteca y destripar todos sus misterios.

Bueno, lo de destripar a lo mejor no es lo más apropiado ya que la biblioteca en cuestión está protegida por alguien que amenaza con hacer precisamente eso. No iba a estar ahí sin más esperando a que alguien entre a ella como Pedro por su casa. Crípticos jeroglíficos egipcios, libros escritos en sumerio e incluso libros de recetas de comida de la tele están protegidos por unos horribles espectros que amenazan a todo aquel intrépido que se adentre en los pasillos y recovecos de la Biblioteca de Alejandría. En el fondo son majos, pero con muy mala idea. Te ofrecen un libro a cambio de tu alma. Como cuando abres la puerta a los del Círculo de Lectores, vaya.

Trescientas páginas llenas de ritmo y humor; de fantasmas sectarios recorriendo los pasillos repletos de estanterías de libros; trampas ocultas en cada rincón de la Biblioteca de Alejandría… ¿Qué más se le puede pedir a un libro de aventuras juveniles? De nuevo vuelvo a sentirme como en aquellas tardes después del colegio deseando coger el libro y no soltarlo hasta acabarlo.

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La muerte es una vieja historia, de Hernán Rivera Letelier

la muerte es una vieja historia

la muerte es una vieja historiaDice parte de la contraportada: “Un violador acecha a las mujeres en el cementerio de Antofagasta. Las víctimas declaran haber sido arrastradas al interior de un mausoleo por un sujeto de voz aterradora y que huele a muerto.”

¿Pinta bien, eh? ¿Cómo resistirme? Si añadimos que en esta novela negra la pareja protagonista encargada de resolver el misterio es de lo más pintoresco, el libro va a la buchaca.

Pero antes de meternos a mayores con La muerte es una vieja historia, quiero incluir parte de la cita de Raymond Chandler que Rivera Letelier ha antepuesto a su novela:

“Hace tiempo que me he persuadido de que lo que hace aburridas a las novelas policiales, al menos en un plano literario, es que los personajes se extravían cuando ha transcurrido un tercio. A menudo la apertura, la puesta en escena, es establecimiento del trasfondo, es muy bueno. Pero después la trama se espesa y los personajes se vuelven meros nombres.

¿Qué puede hacerse para evitarlo? Se puede escribir acción constante, y eso está muy bien si uno lo disfruta. Pero lamentablemente uno madura, uno se vuelve complicado e inseguro, uno se interesa en los dilemas morales más que en quién le rompió a quién la cabeza…“

Se puede o no estar de acuerdo con esta afirmación, o puede que se dé en algunos libros y no en todos. También es cierto que ha llovido mucho y se ha escrito aún más desde que Chandler hablara así. Sea como sea, en este libro no hay extravío alguno. No hay aburrimiento posible en esta historia de casi 200 páginas que se leen con mucha facilidad, con pocas descripciones que corten el ritmo, con un lenguaje simple, directo y cercano que incluye además vocablos típicos de Chile, país de origen del autor, que no hacen sino aumentar el nivel de “rareza” y frescura de la novela.

Porque sí, la sensación que nos acompaña durante la lectura es de ligera extrañeza ya empezando por la pareja de detectives. Mira que hemos visto y leído detectives, tanto en solitario como en pareja, de todo pelo y condición, pero es la primera vez que veo un detective que se ha sacado el título por correspondencia (“CCCC eso son muchas cés” –lo siento tenía que meter La Hora Chanante–) acompañado por una joven religiosa evangélica que, según cuentan está buena y es sensual aparte de dársele bastante bien el negocio detectivesco.

Todo, como buena novela negra, inmerso en la realidad y problemática social del lugar (sin ir más lejos el Tira, que así se llama el hombre, es detective porque se quedó sin su curro en la mina y resolver crímenes era su pasión secreta) y aderezado con unos diálogos con pullitas y piques sobre la religión, el correcto proceder, la moral humana y sentencias bíblicas, que le van que ni pintada a la trama.

La acción constante a la que se refería Chandler en su cita, es aquí el diálogo que mantienen estos dos durante toda la novela. Los avances que hacen son lentos e incluso torpes pero la tensión se mantiene durante todo el relato. Queremos encontrar al violador tanto como ellos y vamos dando los mismos palos de ciego que ellos. Al fin y al cabo este es el primer caso de la hermana y el primer crimen del Tira ya que, hasta ahora entonces había sido uno de esos detectives que se dedican a demostrar con fotos las infidelidades conyugales. Así pues, estamos tan pez como ellos.

Los tres tercios de La muerte es una vieja historia son un aire nuevo en este género. Un libro bien narrado, original en muchos aspectos, con sus dosis de humor, misterio y toque macabro, y un final que cada lector es libre de interpretar.

Es casi seguro que este sea el origen de otra saga policiaca. Yo así lo espero. Letelier se ha lucido en su primera incursión en el género y tendrá mi apoyo si decide contarnos más aventuras de esta nueva extraña pareja.

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Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad

Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidadVoy a escribir a la página oficial de la RAE (Real Academia Española) para solicitar que en la próxima revisión del diccionario incluyan, al lado del término «escritor prolífico», una fotografía de Brandon Sanderson. Y no es algo desmesurado. Sí lo es su dilatada carrera literaria. Mientras leía el último tomo de la saga de Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad, me dio por mirar a mi estantería de lecturas pendientes (sí, tengo una, no es muy grande, pero ahí está) y resulta que, de entre tantos libros que ahí descansan, tres más pertenecían a este escritor. Todos ellos de la saga juvenil Alcatraz. Y todos son del recién terminado 2016. Es decir, que estoy leyendo una novela que ha escrito a la vez que otra serie de cuatro volúmenes juveniles. Pero por si fuera poco, resulta que en en su idioma materno ya está publicada la siguiente novela de esta serie —en España aún tenemos que esperar— y tienen fecha prevista de lanzamiento otros dos volúmenes, además de otro más de la susodicha serie juvenil. Y, también, están los tomos pertenecientes a la saga La ruleta del tiempo, que, según leí, tiene contrato para escribir cinco historias más. Esto es… hum… espera, necesito la calculadora porque lo mío no son las matemáticas. Bueno, sale una burrada de libros. Ya no te digo cuanto sería en palabras ya que este señor no ha cardado su fama por escribir novelitas cortas precisamente. Pues creo que prolífico casi resulta un eufemismo para describir su carrera.

Pero vamos por partes. Me centro de momento en esta pasada de saga que está siendo Nacidos de la bruma. Una saga que ya en su cuarta novela cambió de época y ahora continúa con los vaivenes de los dos personajes nuevos que protagonizan las aventuras relacionadas con los poderes alománticos de los metales: Wax y Wayne.

En Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad la economía que se expande por las ciudades industrializadas ha derivado en gobiernos corruptos. Lo normal, vaya. ¿Dónde va a ir el dinero si no? La ciudad se enfrenta a los primeros conflictos entre la clase trabajadora y los distintos pensamientos religiosos. Una organización muy peligrosa y con una conexión entre el mundo de las leyendas que cuentan los libros de Historia y el propio Wax hará lo posible por avivar las llamas para crear el caos. Ataques terroristas que intentan fomentar el descontento entre los obreros, el gobierno y los distintos ideales religiosos que han resultado ser una potencia cultural cada vez más influyente. Wax, junto a su inseparable compañero Wayne, y con la ayuda de la joven valiente Marasi intentarán localizar las pistas necesarias para dar con el rastro de esa organización que pretende destruirlo todo.

Es en esa búsqueda donde reside la parte molona del libro. La mitología que rodeaba a las brumas, que vuelven a extenderse tímidamente por la ciudad como avisando que nunca desparecieron del todo, que siempre han estado ahí, se cruza en el camino de Wax por descubrir la identidad de quien está fomentando el caos. Una identidad que desembocará en un final digno de tragedia griega. Muy acertado con el tono de la obra. Y justo lo que buscaba en esta lectura. Las esculturas y museos de la ciudad que se erigieron en honor a los nacidos de la bruma, los seres monstruosos que creían solo como parte del imaginario de los libros sagrados y el legendario sobre Kelsier vuelven a darse cita en esta apasionante historia.

Por otro lado, haciendo referencia a la prolífica pluma de Sanderson de la que hablaba al comienzo, esta novela no es tan larga como los tomos épicos que abrieron la saga. Sigue en la línea de Aleación de ley. Mejor, se lee y se transporta con más facilidad. Y para los fans de la saga, la edición incluye un póster en tamaño gigante ilustrado a dos caras por el dibujante Ben McSweeney, autor de las portadas de todos los libros. Aventuras, misterio, investigación, leyendas sagradas. Todo eso es Brandon Sanderson. Y de todo eso hay en esta novela.

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Bravura, de Emmanuel Carrère

Bravura

BravuraLa sinopsis de esta novela –una de esas sinopsis eternas de Anagrama– nos informa de que un morceau de bravoure es una expresión francesa que “designa aquel fragmento de una obra en la que el creador despliega todo su virtuosismo”. No se me ocurre un título más adecuado para esta novela. Bravura es un juego literario y un ejercicio formal de Emmanuel Carrère en el que nos sorprende con una charada espectacular, pirotécnica y muy bien documentada.

Escrita en 1984, Bravura es la primera novela del autor y, si esta es una primera obra, me he quedado con ganas de saber cómo escribirá este hombre hoy (vosotros podéis comprobarlo aquí) porque Bravura es ya una novela madura, y al mismo tiempo experimental, de la que, como escritor, se puede aprender mucho.

Porque Bravura no es una novela, sino varias, integradas en un juego de cajas chinas. En ella encontramos ciencia ficción, romance, misterio y mucha novela gótica. Es impresionante como Carrère juega con los géneros para crear su particular Frankenstein, porque la novela, además de serlo, va de eso, de Frankenstein.

Comienza con Polidori, el médico inglés y secretario de Lord Byron que escribió El vampiro. Polidori, con apenas veinticinco años pero consumido por su frustración, miedos e inseguridades, vive en la indigencia en el Londres de la Regencia. Adicto al opio, el médico fluctúa entre la paranoia y la rabia y le echa la culpa de su suerte a Mary Shelley y, en menor grado, a Lord Byron. Después de acompañar los enloquecidos pensamientos de Polidori al menos setenta páginas, el lector pasa a la mente del capitán Walton, personaje por partida triple (es el capitán que cuenta la historia de Frankenstein en la novela de Mary Shelley, un personaje de Polidori y también cobra vida propia en la novela de Carrère), a la de Ann, una escritora de novela rosa que se encuentra metida de lleno en una historia de ciencia ficción, o, finalmente, a la de la mismísima Mary Shelley.

A lo largo de la novela Carrère analiza, recrea y reescribe desde diversos ángulos la historia de Frankestein pero también la de su creación, aquel verano de 1816 en la villa Diodati en el que Lord Byron retó a Percy Shelley, Mary Wollstonecraft Shelley y Polidori a escribir un relato de fantasmas. Tanto Percy como Lord Byron, ambos poetas, abandonaron pronto el proyecto. Pero no fue así en el caso de Polidori, que escribió el cuento de El vampiro del que hablábamos al principio, ni Mary Shelley quien, con diecinueve años en aquel momento, moldeó al inolvidable Frankestein.

No podía ser de otra manera, Bravura ha sido una lectura extraña. Es un libro de inicio lento, del que cuesta pillar el ritmo porque no sabes por dónde va a salir, pero las últimas ciento cincuenta páginas se leen de un tirón. Una vez has entrado en su juego, Carrère te arrastra hasta los límites de la novela. Y además hay que tener en cuenta que escribe muy bien, tan bien que a veces da hasta rabia.

Bravura es una novela torrencial, a veces densa, sin apenas diálogos, que cambia radicalmente de estilo a medida que articula las diversas historias que la conforman. Si en la primera parte, en la que estamos en la cabeza de un Polidori, pensamos que vamos a acabar contagiados de su locura y ansiedad, en la parte en la que seguimos a Ann, la novela es mucho más ágil, rápida y fresca. Bravura está muy bien trabada, pero al mismo tiempo, sus partes están tan diferenciadas que tienes la sensación de estar leyendo libros distintos. Su autor juega con la metaliteratura, inserta textos dentro de textos, mezcla datos históricos con invenciones descabelladas y te lo hace pasar realmente bien. No os diré cómo acaba, pero Carrère es capaz de cerrar el círculo y desentrañar el magnífico laberinto que ha creado y, cómo no, con virtuosismo.

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Julia desaparece, de Catherine Egan

Julia desaparece

Julia desapareceCuando decidí leer Julia desaparece me pasó algo que no suele sucederme cuando escojo un libro. Normalmente, leo el pequeño resumen que viene en la parte de atrás y me hago una idea de lo que me puedo esperar de su interior. En este caso, yo había entendido que el libro era una especie de thriller en el que Julia tendría que resolver un misterio. Además tampoco había oído hablar de este ejemplar con anterioridad y como tampoco es muy conocido, no pude buscar referencias en otros blogs de literatura. Así que digamos que mis expectativas no eran demasiado altas. Pero cuando comencé a leer, me dije a mí misma: “¡ya te vale!”. Y es que este libro es mucho más de lo que yo me creía. Para empezar por alguna parte, la historia se nos presenta en una época pasada, donde las brujas convivían entre los ciudadanos y donde eran perseguidas hasta terminar en una hoguera. En este ambiente tan medieval, una serie de muertes empieza a acontecer y Julia comienza a tener sospechas. Y os preguntaréis, ¿quién es Julia? Pues bien, es una espía. Ni más, ni menos. Y es una espía que tiene una ventaja enorme y es que puede desaparecer sin dejar rastro. Así cualquiera, ¿no? Pero la verdad es que tener ese don en una ciudad donde las brujas son perseguidas y asesinadas públicamente no es el trabajo ideal que cualquier jovencita desearía tener.

Toda esta mezcla de asesinatos, misterio y magia hicieron que las hojas pasaran sin que me diera ni cuenta. La primera noche lo dejé cuando ya llevaba más de cien páginas leídas. Y no paré por voluntad propia, tuve que hacerlo porque al día siguiente tenía que ir a trabajar y yo creo que mis compañeros empiezan a sospechar que algo raro pasa conmigo, porque siempre aparezco con unas ojeras que ni un oso panda. Pero la verdad es que al día siguiente, en el trabajo, fue como si no estuviera. Durante toda la mañana estuve pensando en Julia y en los asesinatos que la empezaban a rodear sin remedio. Y yo no paraba de decirme a mí misma: “Ana, esta vez no has acertado con tu primera impresión, ¡es que ni te has acercado lo más mínimo!”.

Volvamos un poco a la historia. Julia vive en una gran mansión cuya propietaria es la Señora Och. En esa mansión viven diversos personajes que parecen esconder a cada cual un secreto más grande y más oscuro. Julia sabe lo que es pasar hambre, sabe lo que es quedarse sola y sabe qué es lo que se siente cuando se ve morir a una madre. Todo eso le llevó a tener que buscarse la vida y la forma más eficaz para ganar dinero fácil, dado su don, era robar y convertirse en espía. Así que dentro de la casa de la Señora Och Julia se transforma en Ella para poder investigar qué hay dentro de esa habitación a la que jamás la dejan entrar. Y lo que ella no sabe es que se está acercando a algo muy peligroso y que se está arrimando mucho a un fuego que, tarde o tempran,o acabará por quemarla.

A medida que van pasando las páginas, el misterio parece crecer y crecer. Es una historia que va en constante ascenso y cuya protagonista hace que te adentres de lleno en la historia. Catherine Egan crea un mundo en el que perfectamente podría haber habitado Jack el Destripador o incluso Grenouille. Tiene ese toque romántico de los siglos pasados que tanto me gusta. Todo está conectado y ese halo de misterio y oscuridad que todo lo envuelve hacen que te sumerjas cada vez más en la lectura.

Sin duda, Julia desaparece es uno de los mejores ejemplares de literatura juvenil que he leído recientemente. Y ya es decir, porque últimamente parece que son los que más me llaman la atención. O quizá fuera el momento en el que lo he leído, ya que estaba ávida de una historia que me enganchara de principio a fin y que tuviera como hilo conductor una serie de asesinatos misteriosos. Lo único que se me ocurre decir para terminar esta reseña es que, si te pasa lo mismo que a mí, cuando empieces a leer este libro Julia no desaparecerá de tu mente durante una buena temporada.

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Rey de Picas, una novela de suspense, de Joyce Carol Oates

Rey de Picas¿Qué es, en realidad, escribir bien? ¿En qué consiste ese arte, o magia, como prefieran llamarlo? ¿Qué es lo que hace que una persona pueda hacer versar su historia sobre cómo crece la hierba y a pesar de todo nos enganche, y que otra pueda tener entre manos el relato con elementos más apasionantes del mundo, y aburrirnos, o simplemente no gustarnos? Afirmo que es un misterio; a día de hoy, no sabemos qué tienen algunos escritores para hacer que sus novelas funcionen y otros, tan equipados o más que aquéllos con habilidades técnicas, dotes de autoorganización, buena inventiva, extenso vocabulario, paciencia, y adecuada sintaxis (entre otras herramientas que, objetivamente, ayudan a que un escritor realice bien su tarea), sin embargo no logren el hechizo y no lleguen a superar el nivel de correctos escribidores.

Es precisamente a raíz de la lectura de la más reciente novella de Joyce Carol Oates, Rey de Picas, cuando se me ocurren esas reflexiones y preguntas sin respuesta. Y es curioso que sea esta autora la que me suscite esa reflexión, no sólo porque creo que ella personifica precisamente el modelo de escritor dotado de magia del que hablaba anteriormente, sino porque este libro trata con exactitud de esa cuestión (además de otras). Joyce Carol Oates escribe muy bien, magníficamente bien, eso está fuera de toda duda. Sus obras podrán gustar más o menos -en realidad, la mayoría son bastante desasosegantes y es posible que nos veamos impelidos a abandonar su lectura en algún momento-, pero esta autora puede elegir cualquier tema, cualquier anécdota, por banal o trillada que parezca (de hecho, esto es algo que ella ha llevado a la práctica en muchas ocasiones; ¿o alguien puede decir que en los relatos de Infiel, por ejemplo, se narraba algo verdaderamente original?), y dará probablemente igual, porque cautivará al lector sensible de inmediato. Un buen ejemplo de ese arte o magia lo tenemos en Rey de Picas, que viene a contar una historia que seguramente ha sido contada miles, si no cientos de miles de veces, o quizá incluso más: el descenso de un hombre a los infiernos, como un ciego pastoreado por un lazarillo también ciego, su propia mente ofuscada. El tema (uno de ellos), la lucha del bien contra el mal, anidando ambos en el interior de la misma persona, se nos presenta ya de entrada: el narrador es Andrew Rush, un escritor rico y famoso gracias a sus cuidadosamente redactadas novelas policíacas; aparentemente, un hombre afortunado y feliz con su familia, su mujer que lo adora y sus hijos ya emancipados; en realidad, en su intimidad, un hombre que se debate entre esa personalidad blanca y para todos los públicos, correcta, admirada, frágil pero sostenida por el poder y el ansia de fama y reconocimiento, y otra (¿su verdadera personalidad?), siniestra, brutalmente sincera, despojada de escrúpulos, solitaria: el Rey de Picas, personalidad con la cual escribe, en secreto, novelas llenas de violencia y crudeza.

La novela se abre en un momento crucial de la vida de Andrew Rush, pues, tal como se nos da a entender sibilinamente desde el principio, ese mundo de polos opuestos en delicado equilibrio está a punto de desmoronarse a medida que los pilares sobre los que sostiene su mundo ficticio se ven amenazados: su fama, su coartada de cara al público y a la sociedad, su honor, su reconocimiento.

Rey de Picas es una novela sencilla, terriblemente sencilla. Como suele suceder con frecuencia en las novelas de Oates, en ella encontramos una sucesión de escenas y de hechos que no necesariamente siguen una hilazón lógica con lo que hemos leído hasta ese momento, ni tampoco significan nada especial de cara al desenlace: puede que lo que en ellos se ha revelado tenga su peso al final o puede que no; puede que el aspecto, el carácter y las acciones de este o del otro personaje tengan un eco en las páginas finales o puede que no. Esto no significa que sean elementos huérfanos y sin sentido; todo tiene su sentido, pero no necesariamente un sentido que quede manifestado. Recordaremos después los detalles de los cuidados retratos de personajes que nos ofrece la autora; recordaremos escenas sueltas donde se nos revelan más facetas sobre ellos; pero los recordaremos no porque su presencia fuera decisiva en la historia, sino porque son suficientes y muy significativas por sí mismos, por lo que tienen de retrato en miniatura, de fotografía de brillantes y chillones colores sobre la depravación, la bajeza, el egoísmo, en una palabra, sobre la maldad, tema éste en que Oates demuestra su maestría.

Vuelvo al principio de esta reseña para retomar la cuestión que planteaba allí: la de la diferencia entre un buen escritor y uno mediocre. Porque hete aquí que ese tema se aborda también, y no de forma menor, en Rey de Picas, novela que nos presenta nada menos que a cuatro escritores, todos muy distintos entre sí y con suerte muy dispar en el mercado literario. Hay dos escritores que coinciden casi totalmente en temas y hasta en argumentos, pero uno goza de gran éxito y otro, no; hay un escritor que casi renuncia a su arte; hay otro que no consigue jamás triunfar y sufre por ello; hay otro que funciona exclusivamente a golpe de inspiración y es el único que realmente disfruta con su tarea; y hay otro más que ha cosechado el ansiado éxito comercial, pero que tiene clavada la espina del éxito de crítica y que, por si esto fuera poco, se aburre con su trabajo. Se nos invita a compararlos entre sí y a tomar partido (algunas veces, ocupan posiciones antagónicas) y, de paso, a preguntarnos a nosotros mismos a cuál de estos autores preferiríamos leer, a cuál le compraríamos su libro.

Rey de Picas es, como digo, una historia poco original, casi corriente (y sería decididamente vulgar en manos de un escritor mediocre o de un guionista de telefilmes baratos), pero excepcionalmente poderosa en sus ecos, en su capacidad de incitarnos a reflexionar y a preguntarnos una serie de cosas, en su habilidad para destapar perversiones y a vernos reflejados en ellas. Es, por si eso fuera poco, un entretenido -y, a ratos, burlón- pastiche de la literatura gótica, con Edgar Allan Poe como su máximo exponente, así como del gótico moderno de Stephen King y otros.

En realidad, Rey de Picas es casi una historia propia de King en manos de una merecedora del Nobel de Literatura: Joyce Carol Oates.

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Un asesinato muy corriente y otros relatos, de P. D. James

un asesinato muy corriente

un asesinato muy corriente¡Tengo, tengo, tengo que leer más de P. D. James! Vaya que sí. ¿Cómo no lo he hecho antes? ¿En qué estaba pensando? Con lo que me gustan los libros de Agatha Christie, —sobre todo los protagonizados por Hércules Poirot, ese belga (no, francés) emperifollado y de bigote tieso y militar a quien una mota de polvo, como dice Hastings (su particular Watson) le haría más daño que una bala—, y la novela negra en general, y tengo ante mí todo un descubrimiento.

Y pensar que antes de Un asesinato muy corriente y otros relatos estaba convencido de que P. D. James era un hombre… Craso error…

En fin. Está más que claro que P. D. James domina este género. Lo hace totalmente suyo. Ya antes de escribir leía con entusiasmo las novelas de detectives y llegó a escribir una, según dicen fascinante, monografía de título Todo lo que sé sobre novela negra, (Ediciones B).

En vida escribió siempre novela pero lo que nos ocupa aquí ahora es un conjunto de cuatro relatos cortos, con la dificultad que eso conlleva ya que, en palabras de la autora:

“Aunque yo misma me he dedicado sobre todo a la novela, he disfrutado mucho con el desafío que plantea el cuento: el de conseguir mucho con pocos medios”.

“… escribir un buen relato es difícil, pero en estos tiempos ajetreados puede proporcionarnos una de las experiencias de lectura más satisfactorias.”

Y le doy la razón. Condensar toda una trama, con su ambientación, la definición de los perfiles de los personajes, y un argumento no muy complejo y que mantenga la atención del lector, y que todo eso esté encaminado a un desenlace sorpresivo, no es fácil, pero leerlo es tan satisfactorio…

Por eso puedo afirmar que he disfrutado tanto, pero tanto de estos cuatro relatos, que me han recordado a mis lecturas adolescentes de la Christie. Puede que sea por la ambientación, siempre en las típicas mansiones o casonas inglesas, con unos sospechosos bebiendo su copa de brandy en una biblioteca de madera, con unas rencillas familiares latentes y oscuros pasados que iremos conociendo poco a poco… Los elementos de siempre, que no falten, por favor, aunque luego cada autor resuelva el crimen a su modo.

La lectura es fácil, atrapa desde el principio, la letra es grande (se agradece), y personajes y trama entran en ti casi sin darte cuenta. Es una de esas lecturas en las que disfrutas, eres consciente además de que disfrutas y no quieres que acabe.

El primero de los relatos, El misterio del muérdago, se inicia como si fuera un caso real vivido por la propia autora que ahora, después de tanto tiempo soportando la pregunta de “¿alguna vez ha estado implicada en la investigación de un asesinato real?” puede responder pues es la última superviviente de un caso ocurrido en 1940.

Le sigue Un asesinato de lo más corriente. Aquí P. D. va a jugar con nosotros, os aviso. El testigo de un crimen se debate entre ir a la policía o no porque si lo hace tendría que explicar que fue testigo por culpa de su afición a la pornografía.

El siguiente caso, La herencia de la familia Boxdale es otro brillante ejemplo de trama genial. Un canónigo se niega a aceptar una herencia con la que resolvería sus problemas económicos, porque procede de una mujer que fue acusada y absuelta de envenenar a su marido. Aquí aparece Dalgliesh, el detective que creó la James para sus obras, y deberá rebuscar en el pasado pruebas que se inclinen en un sentido o en otro.

Las doce pistas de Navidad cierran el conjunto. Un relato que, según se afirma en la última línea, es Agatha Christie en estado puro. (Y sí, lo es).

Ninguno de ellos es en esencia un whodunit, pero no importa, no hace falta que lo sea para poder divertirse con esta lectura.

Cuatro relatos que han sido una delicia y a la vez el descubrimiento de una gran autora, muy dotada para este género, y a la que pienso volver en la primera ocasión que tenga, y esta vez ya con novela. O puede que me decida por la monografía anteriormente mencionada.

Recomiendo también leer prólogo y prefacio. Yo no suelo hacerlo, pero esta vez es cortito y tiene datos muy interesantes sobre la James y sobre la novela negra. No perderéis el tiempo, y ganaréis en sabiduría; hacedme caso.

Un asesinato muy corriente y otros relatos se disfruta de principio a final y es ideal para una tarde fría de invierno, de sofá, manta y taza de té o café.

Un libro criminalmente de-li-cio-so.

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El oficio del mal, de Robert Galbraith

el oficio del malVamos a quitarnos cuanto antes de encima el tema del pseudónimo. Que si Rowling para aquí, que si Rowling para allá. A ver. Robert Galbraith es el pseudónimo masculino de J.K.Rowling, autora de Harry Potter, una de las más maravillosas sagas de fantasía que se han escrito nunca. Eso ya lo sabemos. Ahora bien, ¿es necesario que comparemos todo lo que escribe la autora inglesa con la saga del joven mago? Pues no. De la misma manera que no comparamos todo lo que escribió Tolkien con El Señor de los Anillos o toda la obra de Asimov con Fundación. ¿Acaso todo lo que escriba Rowling debe parecer que está tocado por la mano de Dios? Yo creo que no. Soy más de quedarme con lo que leo. No comparar. Las comparaciones pocas veces ayudan y generalmente lo único que hacen es establecer paralelismos incorrectos.

J.K.Rowling lo tiene complicado. Y es por esto que su trabajo en estos libros de Cormoran Strike, tiene mucho mérito. Puede gustarte o no la nueva saga noir y de misterio pero lo que está claro es que ha conseguido sacudirse de encima los restos que quedaban de Hogwarts en su teclado. Eso es innegable. Ni rastro de magia. Es más, sí que hay varios rastros pero de sangre. Y en esta nueva entrega de la saga, hay mucha, mucha sangre.

En El oficio del mal encontramos a Cormoran y su compañera Robin recibiendo un extraño paquete que contiene una sorpresa en su interior: una pierna amputada. No es Comoran ajeno a la ironía que subyace en el envío debido a su propia cojera pero, abstrayéndose de este hecho, su mente analítica pronto le hace desmarcarse del camino que está tomando la versión oficial de la investigación. No tarda es descartar la única pista que sigue la policía y eso hará que él y su compañera investiguen por su cuenta, metiéndose en una espiral de acontecimientos que les harán ver como cada vez, el reloj corre más deprisa en su contra.

Rowling construye en esta entrega su atmósfera más cargada y agobiante. Satura el subconsciente del lector con alusiones salteadas a la vida de sus protagonistas y sus implicaciones personales en el caso. En esta ocasión, la autora amerita la construcción de una línea que de una manera sutil, con la voz del asesino como narrador, hace que el lector tema por la vida de Robin, quien durante todas las páginas de la saga había permanecido ajena a amenazas de este estilo. Nos da la autora además mucha más información de cómo evoluciona la relación entre Strike y Robin. Una tensión sexual creciente que coloca a los protagonistas en una encrucijada personal y profesional muy complicada de resolver.

Lo que más me ha llamado la atención de la estructura de la novela es que no hay tramas paralelas que alivien la tensión de la linea principal. Eso hace que, al sumergirte de lleno en la resolución del caso, no haya un solo segundo de respiro, experimentando así una realísima sensación de agobio conforme avanzamos en la lectura.

En mi opinión, El oficio del mal es el mejor de los tres libros de la saga Cormoran Strike. Sin duda alguna. Estoy seguro de que hará las delicias de los seguidores de la autora inglesa y de muchos de los amantes del genero noir. Además, este libro tiene algo muy bueno y es que no solo se puede leer de forma independiente, sino que no da pistas de la resolución de sus dos anteriores entregas. Una gran forma de introducirte en la obra de J.K.Rowling más allá del Ministerio de Magia.

Ya se habla en ciertos foros de un acuerdo existente para que los libros de la serie Cormoran Strike cobren vida en la pantalla. A mí, los argumentos me parecen más adecuados para la televisión que para el cine y es sabido que la a la autora le gustaría colaborar con el guionista en el argumento y la adaptación.

Yo ya me estoy imaginado al detective Cormoran Strike y a su ayudante Robin, saliendo de su despacho-cuchitril en pleno centro de Londres. ¿Y tú? ¿Te lo imaginas? Pues no esperes a la serie. Échale mano al libro.

 

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