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Camposanto, de Iker Jiménez

camposantoPocos libros envejecen bien. Es un mal endémico de estos tiempos literarios. Obras encargadas a la carrera, libros escritos intentando sacar provecho de una determinada moda estacional o intentando exprimir el bolsillo de unos cuantos puñados de “followers”. El escritor mediático que intenta subirse a la ola y surfear el momento.

Pero al final, el tiempo es un togado cruel. Ya no la crítica, que es igual de mutable y de imbécil que el objeto de su análisis. Pocas cosas resisten y hasta la roca se desgasta. Por eso, cuando un libro de esos sube, no hay más que dejar hacer su trabajo a la gravedad. A toda la gravedad. La ley de la gravedad es implacable y no hay mediador que la sortee evitando la caída y la gravedad de los hechos a los que se enfrenta una obra infiel al oficio de escritor. Ésta al final paga su condena: el olvido.

Por este motivo, he vuelto a disfrutar hoy, 12 años después de la primera vez que lo leí, de un libro que ha envejecido a las mil maravillas. Que ha envejecido poco o nada y que lo ha hecho envuelto en luz y taquígrafos estando expuesta al más duro examen. Su autor no ha salido de nuestras vidas de alguna manera desde entonces y reconozco que leí la primera vez el libro porque era un absoluto adicto a su programa de radio. Uno de los culpables de que quien aporrea este teclado tenga una curiosidad desmedida y uno de los culpables también de haber dado a luz a otro tipo de periodismo de investigación en este país. Os hablo de Iker Jimenez y de su única novela escrita hasta la fecha: Camposanto.

Iker Jimenez es un claro ejemplo de quien vive para contar historias. El hecho de que solo haya escrito una novela es prueba de ello. Creo que todos sabemos que podría escribir y vender más, pero la realidad es que Camposanto era la historia que Iker Jimenez quería contar. Y nada más. Y eso le dignifica como autor. No ha buscado el lucro ni la moda. Solo satisfacer la necesidad de contar su historia y eso es lo que ha hecho. Hoy, 12 años después de su publicación, podemos ver como Camposanto se adelanta a la historia del propio Iker Jimenez.

El autor lleva la novela a su terreno, el de la investigación de lo paranormal. La historia nos introduce a Aníbal Navarro – un periodista radiofónico, alter ego del autor-, que se ve interesado por la muerte de otro célebre periodista de lo misterioso, Lucas Galván, treinta años atrás en extrañas circunstancias: sobre una tumba en el cementerio de un pueblo abandonado. Para avanzar en el caso, se pone en contacto con el entorno de Galván y descubre la misteriosa relación de éste con un pueblo maldito que desapreció hace cuatrocientos años en los Montes de Toledo. Las investigaciones del protagonista pronto toman una peligrosa traza que le llevan desde Toledo hasta Venecia, pasando por Madrid o Barakaldo para terminar enfrascado en una de las figuras más magnéticas, heréticas e interesantes de la historia: Hyeronimus van Acken: El Bosco.

Los últimos días de Felipe II, las claves ocultas de los cuadros de El Bosco, sectas heréticas adamíticas, fundamentalismo cristiano y sobretodo terror. Mucho terror. Camposanto marca las pautas de lo que es una investigación en un terreno tan sensible como lo es el campo de lo paranormal.
Un relato de terror en toda regla con un ritmo absorbente y que no decae. Un relato con una estructura precisa que hace que el marco temporal actual se complemente a la perfección con el de El Bosco. Iker es un maestro del tempo radiofónico y televisivo, cosa que ha sabido trasladar a su novela.

Camposanto tiene dos puntos fuertes: Su estructura y su documentación. Respecto a la última, solo decir que la única manera de dar esa fluidez al texto es siendo una autoridad en la materia. Iker Jimenez lo es y eso también le ha ayudado a estructurar la historia desde el principio, haciendo que en final encaje como una precisión asombrosa. Nada hay al azar. El autor no cree en coincidencias.

Una cuidada prosa heredada del dominio de la oratoria, imprimen a los párrafos cierto halo literario alejado de pretensiones. No hay más que leer para que parezca que el propio autor nos lo lee en voz alta. Y es que Iker Jimenez es una de las voces más importantes de este país y eso es imposible que no se note en el libro.

Camposanto es un libro muy especial para mí. Tiene el dudoso honor de ser el único libro que ha conseguido erizarme el bello de puro miedo. Nunca un libro lo había conseguido y nunca otro lo ha vuelto a conseguir. No se trata de un miedo cerval sino de ese temor irracional que no sabes cómo encajar de manera racional. Y hay una cosa más. El señor Ridaura. Ese hombre junto a su esposa, me ha sacado decenas de fotos. La casa de mis padres está al lado de esa tienda de fotografía. La ropa tendida podría ser la mía y el niño jugando al balón bien podría haber sido yo. Sentí una especie de flash al leerlo por primera vez y lo he vuelto a sentir al releerlo. ¿Por qué? No lo sé. Quizá este libro contenga algún tipo de energía, quizá no. Quizá solo es una novela de misterio o quizá una investigación que el propio Iker decidió que no viese la luz. Solo sé que cada vez que veo el libro en la estantería me estremezco y sonrío a la vez. Lo guardo y lo recuerdo. Lo releo de vez en cuando y cada vez que pongo un pie en Madrid tengo que visitar el Museo del Prado.

Hay que leer este libro si te gusta Iker Jimenez o si te gusta lo que hace. Yo, por mi parte, le escuchaba y le escucho. Le veía y le veo. Le leía y le leo. Lo hacía, lo hago y lo haré dentro de muchísimos años cuando solo nos quede ir al Retiro a escuchar de viva voz lo que dice el viejo Lucas Galván.

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Un asesino en escena, de Ngaio Marsh

un-asesino-en-escenaDe la edad de oro de la novela de misterio -habitualmente ambientada en Inglaterra y de la que solían permanecer al margen elementos cruentos y explícitos, para dejar el protagonismo al enigma tipo puzzle, los porqués, para qués, cómos y, sobre todo, quiénes del asunto-, Ngaio Marsh es, tal vez, la autora menos conocida para los lectores españoles; su fama es aquí mucho menor que en los países de lengua inglesa. De origen neozelandés, Marsh (1895-1982) fue una de las autoras más populares de los años 30 en el género de misterio. Con su colección de Clásicos Policiacos, la editorial Siruela nos brinda la oportunidad de conocer un poco mejor la obra de Marsh, así como de otros autores de poco eco en España pero cuyo legado, sin duda, merece una revisión.

Un asesino en escena es la segunda obra de Ngaio Marsh que publica Siruela en esta colección, y su lectura ayuda a dotar de personalidad propia a nuestra imagen mental de esta autora, ya que cada una de las reinas del crimen de aquella época tiene un estilo que de ninguna manera se podría confundir con el de sus colegas. En el caso de Marsh, esta novela la configura como una autora de buena pluma y cuidada escritura, de probadas habilidades para la caracterización de personajes sin necesidad de recurrir a técnicas trilladas -de alguna manera, sin grandes descripciones ni profundizaciones psicológicas, la autora consigue fijar en nuestra mente un retrato inconfundible de cada personaje, principal o secundario- y, sobre todo, de gran destreza a la hora de crear una ambientación determinada y situar al lector en el relato. En este sentido, Ngaio Marsh se adscribe aquí a la norma de libre cumplimiento según la cual el escritor debe escribir sobre aquello que conoce; no en vano Marsh destacó como autora y directora teatral, medio en el cual sucede la acción descrita en este libro. De hecho, su recreación del ambiente del teatro Unicorn de Londres, de la obra que se representa (de la cual la autora nos ofrece toda la sinopsis, a pesar de no ser ésta esencial ni necesaria para la comprensión de la historia), del espacio físico del teatro -el cual, a ratos, se nos representa como un organismo vivo, melancólico cuando vacío, incluso respirando pausadamente, con colores, olores y atmósferas propias- es uno de los elementos más encantadores de la novela, en el cual se evidencia que la autora vivió esos ambientes, los conoció perfectamente y los amó.

La trama que se desarrolla en el teatro no sólo tiene lugar, parcialmente, en el marco de la representación de una obra, sino que toda ella adquiere visos de irrealidad, de representación, por mor de ese espacio semimágico donde las ficciones se convierten en realidad. El asesinato que se convierte en eje central del libro tiene lugar en medio de una representación, con lo cual se violentan por primera vez -y no por última- los límites entre realidad y ficción teatral. La figura del detective de Ngaio Marsh, Roderick Alleyn, y de su simpar amigo y compañero de fatigas, el periodista Nigel Bathgate, sirve de hilo conductor y de cicerone del lector para evitar que éste se pierda en esa confusa mezcla de realidades e imposturas, siendo Alleyn la encarnación eficaz de la luz de la deducción y de las artes de la lógica policial que ayudarán a desenmascarar al asesino. Esta mezcla de realidad y ficción, la confusión entre roles -no se sabe cuándo algunos personajes están actuando y cuándo están siendo ellos mismos-, el juego sutil entre sensatez e histrionismo, forma parte del singular encanto de esta novela.

Un asesino en escena es una de las novelas tempranas de Roderick Alleyn, y el personaje no está bien definido; no lo conocemos bien, ni sabemos nada de su vida (aunque abundar en la vida privada y en las idiosincrasias del protagonista detective es una moda más tardía), pero sí nos deslumbra y nos divierte a la par su lenguaje anticuado, muy literario, impropio de un policía de aquella y cualquier época. Es muy elocuente el señor Alleyn, y, por si eso fuera poco literario y chocante, forma un tándem insólito con ¡un periodista! No se sabe por qué razones decidió Ngaio Marsh que estos dos fueran a ser los protagonistas de sus novelas policiacas, pero tal vez no desentonaran en una época donde el par de investigadores de ficción de moda eran Hércules Poirot y George Hastings. Los intercambios entre Alleyn y Bathgate son bastante ingeniosos y divertidos -entendiendo “divertido” como se puede entender un diálogo entre dos personajes de una novela de misterio de los años 30- y lo cierto es que la figura del periodista y detective amateur no queda en absoluto desaprovechada.

Otro elemento que singulariza la figura de Ngaio Marsh dentro del grupo de damas del crimen –Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Margery Allingham y la propia Marsh- es su audacia al introducir el ingrediente de atracción sexual y de relaciones de atracción mutua entre personajes. Imagínense algo así en una novela de Christie, por ejemplo. Veremos a Alleyn en lances impropios de su condición y su profesión, haciéndonos temer lo peor, en ocasiones.

¿Y la historia de misterio? Es eficaz y cumple su cometido, a saber, despistarnos y hacer que nos preguntemos quién habrá asesinado a Arthur Surbonadier. Ngaio Marsh, de la mano de Roderick Alleyn, nos lo irá desvelando a través de interrogatorios, repreguntas, visitas intempestivas, semiallanamientos de morada, y algún que otro lance sorprendente. Como suele ser habitual en las novelas de misterio de esa época, el crimen se ha cometido en un ambiente cerrado -tanto física como psicológicamente- y son varios los sospechosos con motivos verosímiles para haber deseado la muerte del hombre en cuestión. Al final, la sentencia moral de Ngaio Marsh es inequívoca: el criminal es un agente del mal, y el crimen, una aberración moral y social que, afortunadamente, Roderick Alleyn se encargará de arreglar.

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Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados, de Joe Hill

Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados

Tales from the darkside. Los guiones nunca rodadosLa sangre llama a la sangre; el terror acecha al terror. Joe Hill escribiendo para la serie televisiva Historias del Más Allá es rizar aún más el rizo de hasta dónde puede llegar un buen relato de horror. Qué coño, tres relatos. Sin excepción.

Todo seguidor de la literatura fantástica y de terror sabrá ya de sobra quién se esconde tras el seudónimo de Joe Hill, se ha comentado en otras reseñas, pero nunca viene mal recordarlo porque además, en esta ocasión, vuelven a tener un lazo en común más allá de su relación familiar. El padre del terror moderno, Stephen King, es padre también de Joe Hill (Joseph King). Además del enorme parecido físico ha heredado una ambiciosa creatividad literaria que demuestra en sus diversos relatos cortos, novelas, cómics y en el caso que en esta reseña nos ocupa, Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados. «Como escritor me pone y me sigue poniendo escribir para televisión», reconoce.

Pensados para ser televisados —en un fanzine dedicado al fantástico leí que el director M. Night Shyamalan se encargaría de dirigir algunos de los episodios—, el escritor Joe Hill escribió los guiones para tres historias. En un principio debía escribir guiones de veinticuatro páginas, como en los cómics, ya que se tratarían de capítulos de treinta minutos de duración. Tras la experiencia como guionista de cómics —Spiderman o Locke & Key— el encargo le resultó de lo más placentero. Escribió dos episodios y le añadió uno más largo que abarcaría un capítulo de una hora de duración y relacionaría a las tres historias. Todo estaba listo para llevarse a la pequeña pantalla, pero finalmente la cadena de televisión no terminó de llevar a cabo el rodaje por considerarlos, quizás, un proyecto muy ambicioso para lo que aquella cadena podía permitirse y nunca llegaron a rodarse. Los fans del terror tuvimos, al menos, la suerte de poder degustar esas historias en otro formato, el cómic Tales from the darkside. Para ello se contó con el dibujante Gabriel Rodríguez, que ya trabajó junto a Joe Hill en Locke & Key, y a Michael Benedetto que se encargó de adaptar las historias. Sin duda, un genial modo de poder descubrir esas historias que quedaron huérfanas.

Pero faltaba un detalle. Digamos que publican un ep con tres canciones cojonudas. La banda que toca esas canciones la forman Matt Cameron (Soundgarden, Pearl Jam), Flea (Red Hot Chili Peppers), Jack White (White Stripes) y Steven Tyler (Aerosmith). Mola, ¿eh? El disco es lo más, suena genial, pero sabes que las canciones que tocan las compusieron McCartney, Lennon, Harrison y Ringo. ¿No desearías poder escuchar la versión original de los Beatles? Pues gracias a Panini podemos. No escuchar a McCartney y a Lennon juntos, obviamente, pero sí poder leer el guión original de su creador, Joe Hill: Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados.

Lo que he descubierto en este libro es el guión desnudo que Hill escribió para sus historias; la visión que él tenía de cómo quedarían esas imágenes en pantalla con sus fundidos, sus flashbacks, los diversos planos. Pensé que sería más tedioso de leer. Craso error. La lectura es amena, casi como un relato corto con elegantes ilustraciones y una cuidada estructura. De casta le viene al galgo se suele decir y Joe Hill ha heredado de su padre el estilo atractivo y absorbente con ciertas referencias rockeras (¿a que ahora lo de los Beatles está mejor hilvanado?) y unas situaciones muy originales en las que un evento del Más Allá desfigura la realidad de sus personajes. La versión en cómic es la muestra visible de lo que Joe Hill quería representar, pero al ser una adaptación le falta ese toque original que solo él sabe darle. Además, parte de las historias se entienden mejor en este libro con el guión completo. El libro, con un tamaño menor al formato álbum, tiene una preciosa portada con todos los personajes que conforman sus historias, las mismas que se desarrollan en el cómic adaptado.

Comentaba acerca de un lazo de conexión entre Joe Hill y su padre aparte de su relación familiar y es que Stephen King ya escribió el guión para un episodio de Historias del Más Allá y que su hijo no ha pasado por alto ni mucho menos mencionándolo y haciéndolo visible dentro de sus historias. La sangre llama a la sangre. Es por tanto este libro la versión original de esas canciones de los Beatles que nunca llegaron a publicarse y la mejor de las piezas de coleccionismo para todo lector de Joe Hill.

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Tales from the darkside, de Joe Hill y Gabriel Rodríguez

Tales from the Darkside

Tales from the DarksideMi primera lectura de historias de Joe Hill, aunque sean adaptadas, y ya me han hecho flipar.

La famosa y antigua serie de televisión que en España llegó a llamarse Historias del Más Allá se basaba en una serie de narraciones terroríficas divididas en episodios donde se exploraba lo imposible. Grandes dosis de terror cósmico u onírico que hacían temblar al espectador. En su historial quedan episodios escritos por George Romero, Clive Barker o Stephen King. En un intento por parte de las cadenas de televisión por recuperar el espíritu de aquella serie se le solicitó a Joe Hill realizar algunos episodios. Fabuloso escritor como es no dudó en aceptar y entregar su mejor producción para aquellos capítulos. Diversas circunstancias hicieron que finalmente no se pudieran llevar a cabo y esas historias quedaron inéditas guardadas en un cajón, palpitantes, esperando que llegara el momento de salir al exterior y aterrorizar a todo aquel que se cruzara con ellas. De haber sido otro autor, quizás uno con bastante menos talento, aquellas historias podrían haberse podrido en aquel cajón, pero los episodios los escribió Joe Hill, reconocimientos o creatividad innata heredada de su padre, Stephen King, aparte.

En esta ocasión, el autor Michael Benedetto ha adaptado al cómic los guiones escritos por Joe Hill. Tales from the darkside, episodios que estaban dirigidos a ser representados en aquella serie televisiva y que ahora podemos disfrutar en español gracias a la edición publicada por Panini en formato cómic. De las ilustraciones se encarga Gabriel Rodríguez, quien ya trabajó en la enorme obra Locke & Key. Poco más podría añadir al impecable trabajo de este dibujante que consigue en cada viñeta dotar de la máxima expresión posible a la historia con un trazado muy marcado en los contornos y un dinamismo muy realista de las escenas.

El tomo reúne tres episodios que guardan una relación entre ellos y los hace coexistir. El primero, llamado «Sonámbulo», juega con un extraño suceso propio de una pesadilla; tras un terrible y espantoso accidente en el que se ve envuelto el protagonista, todo aquel que le mira comienza a sufrir de narcolepsia. La historia te conduce hacia un final trágico propio de las obras de Shakespeare. El segundo es el más extraño de todos. Se llama «La caja negra» y tiene un desarrollo más largo que divide en dos partes. De nuevo une aspectos cotidianos con aquellos fenómenos que escapan a nuestra comprensión. Deja un final abierto que no es más que la idea de este universo paralelo en el que Joe Hill basa sus historias, el lado oscuro lo hace llamar. Una historia muy interesante que funcionaría muy bien dentro de algún relato corto. Ejemplo de unión de aspectos propios de la vida corriente en un barrio americano y de una chica que escucha una canción de rock en la radio de su coche mientras cede la atención al móvil en lugar de a la conducción con hechos fuera de lo normal sirve de antecedente para el tercer episodio, «Se abre una ventana», más terrorífico y siniestro, con unas viñetas llenas de acción e inquietantes personajes, dos de ellos sacados casi de una obra de Stephen King. Yo creo que son las sonrisas y la ropa, como sacados de los años cincuenta. Muy «kingniesco», sí, todo queda en casa.

¿Qué es lo que más me gusta de Tales from the darkside? La inventiva de sus narraciones, con situaciones originales y extrañas que se cuentan de un modo ameno, dinámico y que, siendo adaptaciones y no los textos originales de Joe Hill, haya conseguido convencerme para adentrarme en sus distintas obras. Una muy recomendable lectura si te gustan las historias de terror y de mundos procedentes del Más Allá que han encontrado el modo de entrar en nuestro mundo y no con buenas intenciones.

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A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

a menos de cinco centimetros

a menos de cinco centimetrosLa cita de la contraportada. La cita tuvo la culpa. Cuando uno no deja de darle vueltas a la cabeza en su buhardilla a altas horas de la noche, con la botella de whisky al lado de un vaso en el que el hielo hace tiempo que ha perdido su dureza resbaladiza y sólida y ha acabado por diluirse con el líquido de la malta; cuando revisa viejas fotos de viejas guerras entre trago y trago y rememora aquel suceso; cuando se convence de que su mujer no volverá a aparecer en su vida pero ha terminado por aceptarlo; cuando aparta la vista de esas fotos y mira la espalda desnuda de la dueña del coño de treinta años que un sesentón como yo acaba de follarse… Ahí. Ese es el momento en el que uno se da cuenta de que su vida se está yendo a la mierda.

Y es que no estoy acostumbrado a que las cartas me vengan tan mal dadas. A que me vengan jodidas, sí, pero no tanto. Investigar cuernos es lo mío. Solo eso: cuernos. Me llamo Tony Roures y soy detective privado, y antes de eso fui corresponsal de guerra. Y sí, estoy desencantado. Es el papel clásico que me ha tocado en esta historia y no voy a comentar los motivos de mi amargura y desencanto. Si decidí aceptar el caso de esa treintañera fue por hacerle un favor a Marta Robles.  Sabía que era virgen en la novela negra, aunque ya leí un relato suyo, Un sabor muy familiar, en Obscena. Trece relatos pornocriminales, que, la verdad, demostró que tenía talento para los casos de ese color. No me arriesgaba mucho, por tanto.

“A estas edades si vas a jugar con fuego tienes que saber que puedes perderlo todo. “Hay un día en el que, de pronto, se pasa de estar seguro de todo a no estar seguro de nada. Esa es la verdadera barrera entre la juventud y la madurez.”

Marta me contó todo la historia. La joven Katia, la muchacha que ahora duerme en mi cama, sospechaba que su madre había sido asesinada en la habitación de un hotel de Buenos Aires. La policía dio por buena la hipótesis del robo y cerró la investigación al no hallar pistas para poder continuarla. Lo gordo del caso viene después. Katia no se iba a rendir. Estaba convencida de que a su madre la mató Armando Artigas, un escritor español de superventas. Un Ken Follet o un Pérez-Reverte para entendernos. Pero no solo eso. Katia afirmaba con rotundidad que Artigas había asesinado también a otras tres mujeres por lo menos.

No podía rechazar semejante caso. La joven pagaría bien y Artigas ya había comenzado a verse con otra mujer, Misia Rohtman, casada con un magnate de la comunicación, y, tal vez, futurible víctima de Artigas… Una mujer por la que cualquier hombre podría matar… o morir. Aunque, si he de ser sincero, el rol de femme fatale no lo interpreta ella, sino el joven coñito argentino que duerme en mi cama.

Pero empezaba hablando de la cita y he desvariado… Cosas de la edad. La cita… sí, sí, sí, sí…

“Ese olor… ¿son violetas? Nunca había conocido a nadie que llevara el perfume a juego con el color de los ojos?”

¿Se puede ser más de género negro, Marta? Ya solo esa cita justificaba el caso A menos de cinco centímetros. Un caso en el que los protagonistas están creados con habilidad magistral. Todos tienen una historia tras ellos que sustenta su carácter y forma de ser. Llegas a entender por qué actúan así o asá, tienen profundidad, están tan bien perfilados que te los crees… ¡Son –con todo lo que ello conlleva– humanos! La pobre Misia, por ejemplo, la cuasi perfección hecha mujer, se debate entre ser fiel a un marido del que no está enamorada pero que le da una estabilidad económica y perderlo todo si es descubierta siendo una adúltera con un hombre que huye del compromiso.

La estructura también es de las que me hacen leer con comodidad. Es un caso coral, en el que mediante capítulos cortos, y siempre en tercera persona, vamos alternando los puntos de vista de los distintos actores de la trama.

No puedo olvidar el sexo. Porque aquí tenemos sexo a mansalva. Un caso como este respira sexo, PIDE sexo. Venga, dale, toma, más y más madera… No es gratuito, también es cierto, y no creo que escandalice a nadie (aunque siempre hay algún mojigato por ahí…) y también hay que admitir que está bien narrado y que, a pesar de haber mucho coño suelto por ahí, no me ha parecido (muy) soez.

Y solo he contado parte del caso. A medida que avancé en él descubrí otra trama que se cruzaba con la de Artigas y que entronca directamente con Argentina, el pasado y una de las peores lacras de la raza humana.

Lo único que puedo objetar de este caso es que más o menos a la mitad ya sabía quién era el asesino. (Lo cierto es que hay pocos sospechosos y una frase clave…) Y la resolución. Me ha parecido algo apresurado y ¿rebuscado? Como si le faltara un poco más de desarrollo. Tal vez haya sido que estaba disfrutando tanto de este caso (nada que ver con el destape de infidelidades, mi terreno habitual) que quería que durara más, pero esa ha sido mi impresión.

A menos de cinco centímetros es un excelente debut de Marta Robles en la novela negra. Un caso en el que te metes sin quererlo y que te va empujando y dirigiendo sin darte cuenta gracias a una prosa fácil de leer pero cuidada, con buen ritmo, con diálogos realistas, escenarios en los que te sitúas sin esfuerzo (y no como el pobre piso al que me acabo de mudar, en donde solo tengo mis discos pero noto mucho la ausencia de mis libros, tan presentes –no los míos en concreto– en todo este caso…) y, sobre todo unos personajes de carne y hueso.

“Escribir una mala novela es muy difícil. Y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito. Por eso solo hay que contar aquello que uno querría leer.”

Y estoy convencido de que este es un caso que a Marta le gustaría leer. Por descontado, no es una mala novela, y sí un pequeño milagro.

Espero tu próximo caso, Marta. No tardes mucho.

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¡Scooby-Doo! Y sus amigos 2, de Sholly Fisch y Dario Brizuela

¡Scooby-Doo! Y sus amigos 2

¡Scooby-Doo! Y sus amigos 2¡Scooby-Doo! ¿Dónde estás? Sí, así comenzaban los capítulos de los dibujos animados. Así que rescataré siempre este grito de guerra de Shaggy hacia su perruno compañero Scooby para reseñar la serie de cómics. Si se trata de rescatar detalles del programa de televisión ya lo hizo Sheldon Cooper de The Big Bang Theory y fan incondicional de Scooby en una divertidísima escena en la que, escondido en el asiento trasero del coche de Leonard le sorprende mientras este cantaba una canción de los Black Eyed Peas. En esa escena Sheldon, obligado a tomarse unas vacaciones, se niega a quedarse en casa y quiere asistir de incógnito a la universidad. Surge entre ellos un tronchante diálogo en el que se hace alusión a la serie Scooby-Doo. «Si alguien pregunta algo, di que llevas trampas para langostas», dice Sheldon escondido bajo una manta. «¿Trampas para langostas?» responde Leonard. «Sí. Así es como Vilma y Scooby escondieron a Shaggy en el viejo faro».

Scooby-Doo mola y está de vuelta gracias a su nueva serie de cómics. ¡Scooby-Doo! Y sus amigos 2 es la segunda entrega que une a la banda del misterio con el Dúo Dinámico, Batman y Robin. Tras el primer encuentro en el que juntos tuvieron que detener al peligroso Manbat se reúnen ahora para asistir al Club de Detectives, donde están algunos de los personajes detectivescos más importantes de las viejas series americanas de tebeos. En dicha reunión ocurre algo inesperado, algo que solo afecta a los humanos. Todos comienzan a ver horrorosas arañas gigantes, hombres lobo o vampiros que les acechan. Todos excepto Scooby y Ace, el batsabueso. He aquí el personaje rescatado para esta serie. El perro de Batman, al igual que el súper perro de Superman, tuvo su éxito en viejos cómics en Estados Unidos. Desconozco si se llegaron a editar en España y en qué cabeceras, pero gracias a este número podemos hacernos una idea de las habilidades de este personaje.

Scooby siempre sueña despierto con ser el perro maravilla, el fiel compañero de Batman. Bueno, piensa en eso y en comida, pero aquí va a tener la oportunidad de convertirse en héroe por un día ya que ni a él ni a Ace, el batsabueso, les afectan esas extrañas y terroríficas visiones que mantienen aterrados a Batman, Robin y al resto de la banda del misterio. El creador de esas visiones no es otro que el temible Espantapájaros que con su gas del miedo ha conseguido despertar las pesadillas de los humanos. Como no ha sido capaz de hacer lo propio con los perros, serán ellos quienes tengan que hacer el duro trabajo de detenerle.

El cómic está repleto de guiños al Caballero Oscuro, con sus rayos de tormenta sobre fondo azul oscuro del cielo, esta vez con la silueta de Scooby luciendo la capa del Chico Maravilla. Una historieta creada por Sholly FIsch y Dario Brizuela, que como ya dije en la primera entrega de esta serie de Scooby-Doo, consiguen rescatar los mejores momentos de los dibujos animados del modo más fiel posible. Los más pequeños de la casa, como se suele decir, están de enhorabuena. Si quieren recuperar las aventuras y misterios que resuelven Shaggy, Scooby y compañía y encima unirlos a las habilidades de Batman para adentrarse de un modo amable a los personajes peligrosos de Gotham esta es la serie adecuada.

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¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1, de Sholly Fisch y Dario Brizuela

¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1

¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1¡Scooby-Doo! ¿Dónde estás? Grita esto entonando la adolescente voz de Shaggy y ponle música surfera —los Beach Boys siempre son un acierto— y de golpe retrocedemos en el tiempo a esas fabulosas tardes cuando pasaban por televisión los episodios de Scooby-Doo. La serie de Hanna-Barbera se estrenó en la televisión americana CBS allá por 1969. Su estética hippie y cortinillas psicodélicas sugieren que surgió fruto del verano del amor. La serie de dibujos animados trataba de las aventuras de un grupo de adolescentes, Fred, Daphne, Vilma, Shaggy y su glotón y asustadizo perro Scooby que, a bordo de su furgoneta hippie, la Máquina del misterio, recorrían diversos lugares desenmascarando misterios relacionados con fantasmas y fenómenos paranormales. La serie fue la leche. No sé muy bien cuándo llegó a España, pero sí recuerdo la de tardes que pasaba mientras comía, justo antes de tener que volver al cole para dar las pesadas y últimas horas de clase, viéndola con mi hermano pequeño. El tono era más bien ingenuo y ligero, pero molaba mogollón. Las ocurrencias que tenían para resolver los misterios eran muy entretenidas y divertidas aunque los desenlaces se resolvían todos del mismo modo; los malos se ocultaban tras un disfraz cuya careta les quitaban al final.

Su éxito fue enorme consiguiendo que al poco tiempo de su estreno en la tele se realizara una serie de cómics basados en las aventuras de la banda del misterio. Y no solo eso, también participaban en ella personajes de otras series americanas que aparecían realizando cameos junto al grupo de Scooby. Entre ellos, no podía ser de otra manera, los héroes por excelencia, el Dúo Dinámico formado por Batman y Robin. Sí, eran los años locos de los setenta, los de la estética y temática más boy scout. Aquellos en los que Batman resolvía los crímenes a plena luz del día y de forma amable, pero no por ello menos interesantes y válidos que los de temática más adulta u oscura, por no decir decadente, de años posteriores. La unión de la banda de Shaggy, Scooby y compañía compartieron un divertido episodio en la serie animada con Batman y Robin para luchar contra el Joker. Ahora, en pleno siglo XXI, surge ¡Scooby Doo! Y sus amigos 1, una nueva serie de cómics de DC que hereda el ingenuo y amable tono de la serie animada de Scooby-Doo junto a los personajes de Gotham. El respeto por los dibujos de la tele es máximo. Es más, es imposible no poner las voces a los personajes, imaginar la canción de cabecera y poner entre medias esas divertidas y añejas cortinillas llenas de psicodelia setentera.

Esto se lo debemos agradecer a Sholly Fisch que escribe las historietas enfocadas al público infantil (también a los adultos que añoran aquella época) y al dibujante argentino Dario Brizuela, que con su trazo limpio y expresivo dota a las viñetas de una simpleza narrativa que evoca al programa de televisión. Creo que este regreso al mundo de Scooby-Doo no podía tener mejor equipo creativo.

En este primer número nos encontramos a la banda del misterio que han sido reclamados para resolver el misterio que existe por los rumores de un peligroso hombre murciélago que atormenta a los ciudadanos. Tratándose de murciélagos, quien mejor para ayudarles que Batman junto a su compañero Robin. Unidos intentarán detener al terrible Manbat, conocido personaje de Gotham. Los tics de la personalidad asustadiza de Shaggy y Scooby, la valentía de Daphne y Fredd y el ingenio de Vilma están fielmente retratados. ¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1 es una de las apuestas más interesantes que ha editado ECC para los niños y niñas que quieren adentrarse en el fascinante mundo de los cómics y por un precio muy reducido para este inicio: un euro. Yo he disfrutado mucho de este cómic y será una de las series que sin duda continuaré leyendo.

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Los ritos del agua, de Eva Gª Sáenz de Urturi

los ritos del agua

los ritos del aguaCuando acabé de leer El silencio de la ciudad blanca no tenía ni idea de que me encontraba ante el primer tomo de una trilogía. No lo indicaba en la portada ni se hacía mención de ello en ninguna otra parte, y tampoco el final del libro era de esos finales abiertos que te hacen desear con todas tus fuerzas una continuación para saber cómo demonios iban a vivir sus vidas los personajes sin contártelo a ti. Lo leí, me gustó mucho y pensé que ahí acababa todo. Así que cuando hace poco, mientras consultaba Twitter en el baño, veo en 140 caracteres a un fulano afortunado sujetando en la mano un ejemplar de Los ritos del agua y reconozco el nombre de la autora y encima de esta el subtítulo “TRILOGÍA DE LA CIUDAD BLANCA 2” anunciando la salida en librerías el día siguiente, hice lo único que pude hacer: quedarme con el culo torcido (twisted ass).

Planeta rápidamente puso remedio y así me he reencontrado con el brillante perfilador Unai, la no menos brillante victimóloga Estibaliz, Germán, Alba, el abuelo y toda la cuadrilla.

Como no podía ser de otra forma, sino no tendría sentido este libro, caminaremos y sufriremos junto a Unai para atrapar a un nuevo asesino. Uno que recrea los ritos celtas del agua (porque si vas a matar a alguien, esmérate un poco, ¡leñe!: quémalo, cuélgalo y sumérgelo en el caldero de Cabárceno, no seas vulgar y no mates con un simple tiro o de una puñalada trapera) en lugares de antiguos cultos de País Vasco y Cantabria, que mata a personas que esperan un hijo y que ya se ha cargado a Ana Belén Liaño (Anabel Lee), primera novia de Kraken.

Recordemos que Unai estuvo a punto de morir al recibir un disparo en la cabeza, pero sobrevivió, y ahora debe hacer rehabilitación para recuperarse de una afasia de Broca que le dificulta el habla y le obliga a comunicarse con torpeza mediante monosílabos o palabras deformadas o bien mediante el móvil, tablet o notas. Afortunadamente, tenemos su voz en off durante todo el relato, y esa sí es veloz como el pensamiento.

Al igual que en el libro anterior, en este también nos movemos entre el presente y el pasado, en esta ocasión hasta un campamento de verano de hace veinticuatro años, en el que la pandilla de amigos formada por Unai, Asier, Jota y Lutxo vivirán algo que les dejará una huella de por vida y que se va a relacionar muy íntimamente con los macabros sucesos actuales.

La novela empieza con buen ritmo desde el principio y no solo lo mantiene sino que viajamos en un constante acelerón. Una vez que montas en ella es imposible bajar y a pesar del tiempo transcurrido y lo maltrecha que está mi memoria, con tan solo dos pinceladas recuerdas de golpe la idiosincrasia de cada personaje.

El estilo directo, sin descripciones largas y banales que pudieran entorpecer la rapidez que la novela exige y da, es un acierto. Por otra parte, Eva García sabe perfectamente “pensar” y dar voz a sus personajes, empatizar con ellos y hacernos comprender sus puntos de vista. También quedan patentes los cursos de criminología y ciberdelincuencia que ha realizado, así como la labor de investigación y documentación en general. Pero si algo sabe la autora y lo domina a la perfección, es hacernos caer. Eva García enreda con pericia la trama de forma que, cuando crees que ya sabes quién es el asesino, aparece un elemento nuevo, un dato, una persona, un nombre (¡ay, los nombres!…) que vuelve a dejarte sin ese sospechoso que tan firmemente creías que era el asesino.

Los ritos del agua nos devuelve a unos protagonistas a los que ya tomamos cariño en su primera aparición. Si en aquella las pasaron putas, en esta no va a ser menos y las van a pasar putísimas. La autora vitoriana los hace evolucionar, los hace sufrir (el pobre Kraken no va a ser feliz en su vida, ya lo estoy viendo…), los lleva al límite en una historia con un esquema muy parecido al de El silencio de la ciudad blanca… ¡y yo encantado! Mientras nos dé novelas como esta, tan absorbentes, tan revientauñas e infartantes, que trate todo lo mal que quiera a sus criaturas literarias.

Huelga decir que las 440 páginas me las he ventilado en dos días y pico. Que, por supuesto, está magistralmente escrita, que los engranajes encajan perfectamente sin dejar ningún cabo suelto y que es un deleite leer libros como este.

Y, si es cierto que este libro puede leerse sin haber leído el primero, yo recomiendo no hacerlo hasta haberlo leído. Le sacarás más jugo, comprenderás mejor lo que han pasado los personajes y será una lectura más completa, rica y comprensible.

Un libro excelente que apasionará a los que gusten de la buena novela negra.

Por último decirte una cosa, querida Eva:

Ante la tercera parte, no me pillarás por sorpresa porque “Aquí termina tu caza. Aquí comienza la mía.”

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No eres lo que busco, de Laura Mavor

No eres lo que busco

No eres lo que buscoSoy de novela policíaca, negra o thriller, me da igual cómo lo califiquen. Me gustan las investigaciones y las intrigas, así que siempre tengo alguna novela de estas encima de la mesa, deseando empezar, luego no me dura nada, porque me engancho y estoy ansiosa por ver cómo se resuelve.

No eres lo que busco es de las buenas. Con personajes carismáticos, con sorpresas y giros inesperados, con sospechosos por todos lados, con investigadores inteligentes y valientes, o sea, con todos los ingredientes necesarios y mezclados convenientemente.

La novela comienza presentándonos una aplicación para el móvil, Finder, una red social para ligar. Aquí hay un guiño, doble guiño, a Tinder. Después nos presenta a Telma, una escritora de mediana edad que vive en Santarés, Castellón, que trabaja de voluntaria en un taller de teatro en el pueblo. Está nerviosa porque ha quedado en casa de un chico muy atractivo que ha conocido a través de la aplicación. Se van a ver por primera vez, pero… se lo encuentra muerto. Esto en el primer capítulo. Después conoceremos al cuerpo de la Guardia Civil del lugar, especialmente a la teniente Miranda Vega, que es de la unidad de Policía Judicial. Esta mujer es una de los principales personajes, por no decir la protagonista. Si estabais esperando a una atractiva poli tipo Beckett de la serie Castle, o a la detective Rizzoli, pues os habéis equivocado de sitio. Miranda es un poco más parecida a Laura, de Los misterios de la misma, pero mayor y con más peso. Su departamento está relegado al ostracismo porque en la comarca nunca ocurre nada interesante, hasta ese día. Nos pasaremos esas pocas jornadas de finales de un mes de abril, en un trajín incesante para averiguar qué coño está pasando en el que era un tranquilo pueblo de la costa mediterránea, y en el que ahora se destapan asuntos muy, pero que muy turbios.

El libro es rápido, certero, con sentido del humor, bien escrito, con mucho diálogo que agiliza todavía más la lectura. Con descripciones muy acertadas y lenguaje cercano. Te hace ponerte en situación perfectamente. Me gustaría tomarme un café con la teniente Miranda, me gusta mucho, debe ser la edad. Hay otros personajes importantes, como el joven sargento Christian Ballesteros, al que acaban de traer a la unidad medio enchufado, pero que será una gran aportación, trabajador y abnegado. La teniente Lesboutx, inteligente y culta. Por su sabiduría popular, me ha hecho mucha gracia Mercedes, que trabaja en casa de Miranda, aunque sea un personaje muy secundario. Y otro secundario que me ha gustado por su relación especial con Miranda es Julio, el forense.

En resumen, que he disfrutado de lo lindo leyéndola, que os la recomiendo de forma entusiasta. No me importaría que hubiera una segunda parte, o más, y volver a investigar con Miranda y su unidad. Ya sabéis, de esas trilogías como las de César Pérez Gellida y Dolores Redondo, o las series de Stieg Larsson, John Verdon, Cämilla Läckberg… de las que nos engancha y estamos deseando que salga el siguiente libro. Yo sugiero.

Un apunte: no encuentro a Laura Mavor, solo leo la pequeña reseña que pone en la solapa del libro y que está repetida en internet: “criminóloga de profesión, amante de la arqueología, el arte y la literatura, de padre americano y madre española, se ha especializado en delitos que se comenten usando las nuevas tecnologías y aplicaciones para móviles”. Me preguntaréis que para qué quiero saber más, que soy una cotilla, con esto es suficiente. Pues sí, la tarjeta de presentación está bien y ha volcado ese conocimiento que tiene gracias a su profesión en el libro, sabe de lo que habla, pero a mí me gusta saber más de los escritores. Tampoco es que sea una fan loca que tiene que saber su fecha de nacimiento y color favorito, pero me resulta curioso que no aparezca una pequeña entrevista, una foto, algo. Bueno, esto no es importante, era una reflexión, me he acostumbrado a ver a los autores con el libro en la mano en las promociones, con cuenta en las redes sociales, blogs y demás. Lo que de verdad importa es si el libro mola, y sí, mola mucho.

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The Woods 1. La flecha, de James Tynion IV

The Woods. La flecha

The Woods. La flechaEsto debe empezar así: es el comienzo de algo muy grande. Sin más.

Un día de octubre, el Instituto Bay Point de Milwaukee, con todos sus profesores y estudiantes en clase, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Cuando quisieron darse cuenta de lo ocurrido se encontraron en un inquietante bosque a incontables años luz de distancia de su lugar de origen. ¿Qué sitio era aquel? ¿Cómo habían llegado? ¿…qué demonios eran esos seres?

En mayo de 2015 llegaron a las librerías españolas los primeros ejemplares de The woods 1. La flecha, una nueva serie que escribía James Tynion IV, alumno aventajado del taller de Scott Snyder. La editorial Medusa Cómics apostó por una de las series más interesantes que se han desarrollado en Estados Unidos y daba así el pistoletazo de salida a su excelente catálogo. Jugársela por una serie que reúne a un buen equipo creativo —Michael Dialynas se encarga de los dibujos y Josan González del coloreado— y desarrolla un elaborado argumento de fantasía oscura, terror e intriga adictiva es asegurarse un premio seguro. Y desde luego lo ha conseguido. Decir que ha comenzado algo muy grande no es descabellado. El propio Snyder, entre otros aclamados artistas del cómic, así lo proclaman.

Este cómic es el primer tomo que recopila los cuatro primeros números de la serie original. Arranca con una primera página a modo de prolepsis temporal de apenas unos minutos que antecede un hecho extraño que va a requerir de bastante información posterior. Pero antes, unos minutos antes de esa primera página, nos hacen conocer a los protagonistas del Instituto Bay Point un día cualquiera de clase: Karen Jacobs, incomprendida y solitaria, Sanami Ota, intrépida y valiente, Calder McCready, divertido y extrovertido, Isaac Andrews, soñador y sensible, Benjamin Stone, callado y tranquilo, Adrian Roth, una luz en el camino. Y una luz será lo que les sorprenda. Una luminiscencia tan abrupta y vibrante que les cegará para despertar en un mundo imposible. Un mundo salvaje y hostil. Han sido trasladados a aquel lugar. ¿Quién les ha llevado allí? ¿Con qué motivo? Y tras las dudas, los extraños seres. Y con ellos, la sangre, la muerte y la lucha por sobrevivir.

Te he nombrado tan solo de pasada a los protagonistas de esta serie porque son los maestros de ceremonia de esta genial historia y hablaré más detenidamente de ellos en las siguientes reseñas de números posteriores. Además, son imprescindibles. Cuando digo imprescindibles, me refiero a que cada uno tiene voluntad y decisiones propias, una acusada personalidad y unos rasgos que les hacen distintivos. Algo que ha conseguido plasmar muy fielmente su guionista. Este es uno de los factores elementales de la serie The Woods. Ellos van a ser los que recorran los misterios que les rodean en ese extraño bosque de un mundo desconocido. Están allí solos, como náufragos o supervivientes de un accidente de avión. El caos, la histeria y el terror se apoderan de ellos. Algo oculto entre la maleza les amenaza y sienten pavor. Un cielo casi onírico les rodea. No tienen comunicación con el exterior y no tienen líder. Tan solo son unos chavales de instituto y unos cuantos profesores que no están preparados para liderar. El efecto postraumático tras un accidente conlleva estas características, solo que esto no ha sido un accidente.

La mitología, los seres de un mundo lejano y las aventuras de un grupo de chicos de secundaria no han hecho más que empezar. He de reconocer que me da cierto reparo y respeto escribir sobre algo que estoy disfrutando tanto. De hecho, no sabía muy bien hacia dónde enfocarlo. Pensaba hacerlo por el modo tradicional de reseñas, es decir, centrarme un poco en el argumento y en el contenido, hacer alguna que otra aportación subjetiva y sacar los pros y contras; o también podía relacionarlo con aquello que más me recordaba mientras lo leía. Claro, que hacer eso, además de condicionar tu lectura, me supone una disyuntiva aún mayor ya que aquello con lo que quiero relacionarlo es lo mejor que me ha pasado en cuanto a entretenimiento y no creo estar en condiciones de hacer una valoración real de cuánto significó eso para mí. The Woods 1. La flecha no es más que el primer tomo de la serie. En los siguientes me va a ser imposible no sacar a la luz aquello con lo que quiero relacionarlo. Te invito a que sigas atento al resto de publicaciones sobre este gigante cómic y lo descubrirás.

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El enigma Murillo, de Andrés González-Barba

El enigma Murillo

El enigma MurilloLlevaba mucho tiempo sin adentrarme en una lectura de corte histórico con un entramado de narraciones truculentas e interesantes. Es el caso de esta novela de sugerente título, El enigma Murillo. En él ya se sugiere un ingrediente que lo hace aún más atractivo: Murillo, es decir, arte. Historia y arte, dos elementos que me llaman mucho la atención a la hora de escoger un libro cuando voy a una librería. Siempre que recurro a este tipo de novelas no puedo evitar recordar muchas otras obras que ahondan en la historia acompañadas de pinceladas artísticas. Sean así los casos de Las aventuras de Alatriste, de Pérez Reverte, El sueño de los faraones, de Nacho Ares, Matar a Leonardo da Vinci, de Christian Gálvez o las novelas de Dan Brown —autor este último con el que comparte la ciudad de Sevilla; uno por emplearla como escenario para el desarrollo de la novela y el escritor americano por ser una de sus favoritas de su etapa de estudiante—. Por lo que puedes comprobar, todas estas referencias son bastantes populares, comerciales hasta decir basta, pero no por ello menos entretenidas y curiosas. A mí dame unos enredos históricos mezclados con obras de arte y me tienes ganado para varias noches de lectura. Esto mismo ha conseguido Andrés González-Barba con la que es su tercera novela adulta según he podido leer en su biografía.

El escenario de esta novela es la ciudad de Sevilla en el año 1810. Las tropas francesas se han hecho con el control de la ciudad del Guadalquivir que se ha rendido sin oponer resistencia. El autor no disimula la crueldad vivida en aquellos oscuros años de guerras entre países vecinos que causaron un dolor irreparable y un tormento para todos los que las padecieron. La negrura inherente en el ser humano sumada a su inquebrantable afán de destrucción revela una historia decadente, atroz y llena de terror en unas fidedignas narraciones con mezcla de ficción. Goya consiguió plasmar fabulosamente en su pintura de Los fusilamientos del 3 de mayo el horror en su máxima expresión, pero aquí no se trata de las pinturas de este genial pintor sino de otro anterior, el sevillano Murillo, el pintor de las Inmaculadas, el hombre que retrataba con tanta dulzura y amabilidad a los niños, casi tanto que, perteneciendo al Barroco, sus pinturas preludiaban el Rococó posterior. Y de Murillo es el cuadro que obsesiona tanto al mariscal Soult, al mando de las tropas francesas a las que insta a buscar sin reparo alguno la ubicación de esa pintura. Una pintura que, además, guarda un gran secreto que será crucial para la consecución de esta horrible batalla. Hará todo lo posible por hacerse con el cuadro así como lo harán aquellos que desean mantener nuestro arte en territorio y bajo dominio español.

Paralelamente al entramado histórico se suceden una serie de sucesos paranormales, hechos que una joven adolescente de profunda sensibilidad percibe y la hacen vivir atormentada. Es la parte que otorga a la novela un carácter gótico con ánimas que en la noche recorren pasillos de palacetes o aparecen entre las brumas del Guadalquivir. Espíritus que también cargan con oscuros secretos que le intentan hacer llegar a la niña.

Un grupo de españoles guerrilleros planean asesinar al mariscal Soult y así liberar a España de la represión francesa sin saber aún que nada saldrá como ellos pensaban, llevando la novela a un final donde se descubrirá el secreto que esconde el cuadro de Murillo.

La narración va ganando a medida que avanza la historia. Lejos queda aún González-Barba de los escritores que mencioné al principio, pero me quedo con su buen trabajo de documentación que no se hace pesado durante la novela. Muchos autores leen tantos libros de historia y se jactan de ello que se olvidan de aquel dicho que citaba: «No pongas la carga delante de la mula», en el caso de El enigma Murillo no ocurre así. También destaco su valor para introducir una temática como la de los encuentros con espíritus que, aunque parece fuera de la historia, en ocasiones representan a los testigos callados y atormentados que dejan las guerras a su paso y consigue darle ese misterio romántico que tan bien hubiera funcionado en el siglo en el que se desarrolla la acción y que a mí me encanta. En definitiva, un entretenido capítulo de nuestra historia más oscura que nos sumerge en el pesar de los que tuvieron que vivirla a través de la ficción.

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La mano que te da de comer, de A.J. Rich

la mano que te da de comer

la mano que te da de comerLa mano que te da de comer, nos dice la contraportada, analiza nuestras emociones y debilidades más íntimas, y lanza una cuestión inquietante: ¿conocemos realmente a las personas con quienes compartimos nuestra vida?…

Esto me sirvió para seleccionar entre mis lecturas esta que hoy les presento. También, y para ser honesta, tengo que decirles que si hubiese seguido leyendo esa misma contraportada, cosa que como todos saben casi nunca hago, no creo que hoy estuviese aquí hablándoles de esta historia que, desde luego a ustedes les resultará adictiva e impactante, pero para mí, y tras haber sufrido un terrible accidente en el que se vio implicado un perro, ha sido un terrible sufrimiento y una auténtica pesadilla.

Pero no se dejen llevar por mis fobias particulares, tampoco yo lo haré, La mano que da de comer, está bien escrita, es concisa, pues en menos de trescientas páginas han sido capaces las autoras de cumplir con su objetivo, cosa que naturalmente yo he agradecido, pero para muchos lectores esta será su historia, esa historia que harán que a partir de este momento miren de distinta forma tanto a las personas que les rodean como a los animales que tanto ellos como los demás tiene como mascotas.

Es curiosa esta novela que más allá de la horripilante historia que narra, describe una sociedad que me llama la atención; una sociedad que hace unos años podría resultar rara, hoy no tanto, quizás es ya un reflejo de lo que está pasando en este loco mundo.

Verán, casi todos los que aparecen en la novela viven solos con la exclusiva compañía de sus mascotas. Sin padres, sin hijos…, ni tan siquiera conviven con sus parejas. Me ha resultado extraño, y les hablo de esto y no de mucho más sobre la trama porque comprenderán que en un libro de este tipo cualquier pista podría desanimarles a su lectura. Estos son solo datos colaterales, ya saben, como los daños.

Puedo contarles que la protagonista es una joven llamada Morgan que estudia una especie de Master sobre Victimología. Ella como casi todos, como ya les he dicho, vive con TRES perros en un pequeño apartamento: Un Gran Pirineo y dos Pitbulls. Ella tiene una estupenda historia de amor con un tipo que ha conocido por internet, de ahí que antes les hablase de que refleja bastante bien la sociedad actual. Ya saben, gente que mantiene más relaciones virtuales que reales.

Yo tengo una conocida que ha viajado miles de kilómetros para ir a por los tres perros que tiene en casa, son todos perros adoptados, nadie puede reprocharle nada a eso, es cierto, pero, todos son perros de raza y muy bonitos, supongo que los que habrían en las perreras más cercanas a su casa no le terminaban de encajar o combinar con su “estilo” personal.

Hay un par de cosas sobre este libro que no puedo dejar de contarles, en primer lugar que A. J. Rich es el seudónimo que han utilizado el tándem de escritoras, y autoras de este Picotrhiller, Amy Hempel, una escritora neoyorquina muy reconocida y Jill Ciment, también escritora y que en la actualidad es profesora en la Universidad de Florida. He de decirles que no se nota en ningún momento que sean personas distintas quienes han realizado la narración. Pero verán hay algo más que es interesante conocer, estas dos autoras son amigas y a su vez eran amigas de la también escritora Katherine Sussell Rich (ahora ya ven de donde sale el nombre elegido A.J. Rich) pero hay más, ¡claro que hay más!

Katherine descubrió algo alarmante sobre el hombre del que se había enamorado, algo realmente parecido a lo que le pasa a nuestra protagonista. Pero ella tuvo la suerte que no tienen muchas mujeres y rompió de inmediato esa relación. Intentó escribir sobre ello pero nunca logró pasar del capítulo primero. Un tema que habló con sus dos amigas, de la misma manera que compartió con ellas el cáncer de mama que le diagnosticaron ya con 24 años y del que finalmente falleció con 56, un asunto del que nos habla en su libro de memorias titulado The red devil.

En el libro todo es coherente, todo encaja, y tras conocer la relación de las tres mujeres, estas tres autoras en definitiva de la novela, encaja todavía más, pues la propia protagonista hace una alusión a su amiga Kathy, a la que echa de menos para poder compartir con ella sus problemas, pues había fallecido de cáncer de mama.

No sabía que me depararía esta lectura, pero en cualquier caso es una novela moderna, con problemas modernos y una forma de vida que me parece cada vez más tristemente común.

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