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Caen estrellas fugaces, José Gil Romero y Goretti Irisarri

Caen estrellas fugaces

Caen estrellas fugacesEl Siglo XIX es un siglo fascinante. Es el siglo de los grandes cambios en Europa: una época en la que la ciencia gana importancia, en el que la gente sale a las calles para pedir el sufragio universal y unas mejores condiciones laborales; es el siglo de la Revolución Industrial y de la razón. Y mientras todo esto se cocía en Europa. España y, especialmente Madrid, la capital, enclaustrada entre el cemento de las murallas que la cercaban; trataba de avanzar y de crecer, de pillar al resto de las grandes capitales europeas. El Madrid decimonónico era una cloaca, un gran pueblo de casas bajas y sucio que recibía gente a la que ya casi no podía albergar. Era un Madrid en el que convivía el inicio de algo nuevo con la tradición de siglos pasados; que se debatía entre la razón de los nuevos tiempos y la fe de los viejos. Este Madrid misterioso, único y complejo es el que nos vamos a encontrar en Caen estrellas fugaces, de José Gil Romero y Goretti Irisarri.

Caen estrellas fugaces nos narra dos intensos días de septiembre de 1959 en Madrid. Parte de un suceso histórico –del que no me puedo creer que no conociera su existencia–: la tormenta solar de 1985 o como es conocida, el “evento Carrington”. Fue la mayor tormenta o erupción solar de la que se tiene constancia y provocó que la tierra se tiñera de rojo y los marineros creyeran viajar en un mar de sangre, que las redes del telégrafo fallaran o que se pudieran admirar auroras en ciudades como Roma o Madrid. Pues bien, a partir de este suceso que mantuvo en vilo a nuestros antepasados, los autores de Caen estrellas fugaces elaboran toda una trama de intriga que llevará a que dos personas, a priori completamente opuestas, se unan para investigar los fenómenos que están teniendo lugar. Éstos son Leónidas Luzón, ‘El León’, un antiguo investigador de falsos milagros aquejado de una fuerte cojera; y Elisa Polifeme, ‘La Divina’, una joven médium ciega, que vive atemorizada por sus visiones. Ambos representan la razón y la fe, las dos corrientes de pensamiento más enfrentadas en esa época. A estos dos protagonistas se unirán una gran gama de variopintos personajes que nos harán aterrizar de lleno en ese Madrid antiguo.

José Gil Romero y Goretti Irisarri son guionistas y se nota. Han escrito una novela muy visual y dinámica, que pasa de un personaje a otro, y que engancha desde el principio gracias, entre otras cosas, al equilibrio perfecto entre narración y diálogo que han logrado. Pero su punto fuerte es lo maravillosamente que han enlazado thriller, historia y fantasía creando una de las novelas más completas que he tenido el placer de leer en lo que llevamos de año. No obstante, si tengo que quedarme con una de estas vertientes, en este caso, lo hago sin duda con la histórica. Es fascinante leer un libro ambientado en tu ciudad ya que hace que lo sigas de un modo distinto, que todo lo veas mejor y que sea más fácil sentirse dentro de la trama, pero si a esto le añades una época pasada que te lleva a descubrir lugares y personas que ya no existen, es imposible que no despierte tu curiosidad hasta cotas inimaginables. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí con esta historia. Es un libro que me ha costado mucho leer, pero no porque sea difícil de seguir, denso o porque no enganche; todo lo contrario, me ha costado porque los autores han hecho una labor de documentación tan buena, que a cada cosa que leía, sentía la necesidad de investigar y leer más sobre las personas, los sitios y las anécdotas que han incluido en la historia.

Llegados a este punto, he de decir que una de las cosas que más admiro de los escritores son las maratonianas jornadas que tienen que pasar documentándose sobre épocas pasadas, personajes históricos, la geografía y la cultura de diferentes ciudades y países, distintas profesiones y los protocolos de actuación en cada una de ellas… Escribir un libro no es una tarea fácil, a pesar de lo que muchas personas puedan pensar. Cualquier libro, más o menos extenso o con una u otra temática, conlleva muchas horas de trabajo, exponer mucho de uno mismo y, en muchas ocasiones, adquirir un gran número de conocimientos que luego hay que saber comunicar. Cuando investigas un tema, como supongo que han hecho José Gil Romero y Goretti Irisarri con el Madrid decimonónico, es fácil querer explayarte y contarlo todo haciendo que la historia pierda frescura y se haga pesada con tantos datos y descripciones. Pero no es el caso de Caen estrellas fugaces, ya que, como decía antes, los autores han conseguido un equilibro perfecto entre todos los elementos que conforman la novela. Por eso, tengo que quitarme el sombrero –bombín, por supuesto– ante ellos por su gran trabajo y recomendaros un libro que os hará pasar un gran rato por su historia, sus personajes y por las anécdotas y conocimientos que están ocultos entre sus páginas. Eso sí, no puedo dejar de advertiros también de que no estoy muy segura de que sea un libro factible para la piscina o para la playa, y no lo digo por sus más de 500 hojas en una edición que no es de bolsillo, sino porque no podréis evitar sacar los móviles a cada rato para buscar la cárcel de El Saladero; cómo era antiguamente la Calle Preciados; cuándo se construyeron la Gran Vía y la Puerta del Sol tal y como las conocemos hoy en día; qué es el libro Enoc sobre ángeles o en qué consistían la fantasmagoria, la craneometría o la frenología. ¡Avisados quedáis!

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Vidas perfectas, de Antonio J. Rodríguez

Vidas perfectas

Vidas perfectasTodos tenemos aspiraciones. Todos soñamos con tener una vida idílica, como de película. Una casa enorme, una familia adorable, unas vacaciones recurrentes que llenen nuestras redes sociales de fotos increíbles. Un trabajo que requiera gran parte de nuestro tiempo y energía, ya que eso es sinónimo de que tenemos un empleo importante y cuyo sueldo es proporcional al esfuerzo que se nos pide… en fin. Y todo eso, ¿para qué? ¿para que nuestro vecino vea que tenemos un salón-cocina equipado a la última y mucho mejor que el suyo? ¿para que nuestros amigos de Facebook vean que podemos permitirnos unas vacaciones a sitios paradisíacos y eso nos hace sonreír en las fotos? ¿para que puedas regodearte ante tus colegas de colegio cuando digas que tienes un puesto de alto directivo y que cobras un pastón? ¿para ver si de esa manera consigues ser feliz?

Nadie, absolutamente nadie, tiene una vida perfecta. Siempre va a haber algún escollo que nos quite el sueño por las noches. Siempre vamos a querer más y más. Ser como el de al lado, ese que tiene una vida idílica. Aunque, en realidad, no es así.

Gael y Vera parecen tenerlo todo. Junto con Mika y el futuro bebé que aguarda dentro del vientre de Vera, forman una familia envidiable. Buenos empleos, buena vida, buenos viajes. Mucho amor en las redes sociales, mucho ajetreo. La típica familia a la que no te imaginas echando la siesta un domingo por la tarde, porque la vida es muy corta como para no aprovecharla. Pero un día, mientras la familia está de vacaciones en Japón, sucede algo terrible: Gael y Vera aparecen asesinados brutalmente dentro de la sauna del hotel donde se hospedan. Mika vuelve a España sin padres, sin nada. Y decide contar con la ayuda de Xavier, su profesor de piano e íntimo amigo de sus padres. Xavier no entiende nada. La vida del matrimonio parecía tan perfecta… ¿quién querría asesinarlos a tantos miles de kilómetros? ¿habrá sido Gael el que, en un arrebato de cólera, acabó con la vida de su mujer? ¿quizás su hija, la adolescente?… muchas preguntas y muy pocas respuestas.

Antonio J. Rodríguez, escritor y periodista asturiano, nos trae Vidas perfectas, una novela que no solo es un thriller. No solo nos regala una historia de intriga y sospechas, sino que va más allá. Antonio nos retrata a un personaje, Xavier, que es como tú y como yo. Una persona normal, con complejos, con una vida en la que no termina de encuadrar y que se cuestiona absolutamente todo. Cada vez que echaba una ojeada a las redes sociales de Vera, no podía evitar sentir una envidia atroz y tampoco podía evitar cuestionarse qué hubiera pasado si Vera, en lugar de acabar con Gael, hubiera acabado con él. Xavier encuentra en Mika un apoyo incondicional y junto con ella decide averiguar quién mató a sus amigos. Y yo pienso —esto es una impresión totalmente personal— que Xavier lo hace con una única intención: lo hace para cerciorarse de que la vida de Vera y Gael, en realidad, era una mierda. Que estaban sumidos en problemas, que la hipoteca no les dejaba dormir por la noche, que la relación con Mika era como la de cualquier hijo de vecino y que sus trayectorias profesionales, tan increíbles, tan magníficas, en realidad eran un pozo sin fondo del que trataban de salir.

Vidas perfectas es una novela que a priori parece ligera, una historia más de asesinatos, pero cuyo trasfondo roza más la filosofía que el thriller en sí. A mí me ha hecho cuestionarme mi propia vida. Analizarla un poco más respecto a lo que acostumbro a hacer. No sé si estoy o no más feliz con ella ahora. Ni sé si me ha dejado de importar la vida y los éxitos de los demás… Pero lo que sí que me ha enseñado es a dejar de comparar tanto mi día a día con el de los demás, ya que no es oro todo lo que reluce.

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Desde las entrañas, de Míchel Súñen

desde las entrañas

desde las entrañas No es la primera vez que les hablo de Míchel Suñén, un autor polifacético ya que combina el ensayo, la literatura infantil y la novela para adultos. En esta ocasión les traigo “Desde las entrañas”, que como casi todas sus obras para adultos es negra, muy negra, y tendiendo cada día más al thriller puro, ya saben tramas adictivas en las que todo ocurre con mucha rapidez haciendo que el lector quiera avanzar más y más de forma casi compulsiva.

En este caso hablamos de una intriga internacional ambientada, como es su costumbre, en España, aunque en esta ocasión haremos una escapadita a EEUU.

Alma Ollés será nuestra protagonista, una mujer con unos poderes especiales, capaz de sentir y tener visiones sobre hechos ocurridos en el pasado o que ocurrirán en un futuro. Ya saben, ese tipo de personas que salen en programas de policías o en programas tipo Cuarto Milenio. En muchas películas vemos como la Policía estadounidense suele utilizar mucho a este tipo de personas, pero no me pregunten si esto es cierto o es solo a nivel de gran pantalla y novela negra.

El caso es que varias jóvenes son secuestradas estando embarazadas y con firme intención de abortar, y liberadas una vez que han tenido a sus hijos. La primera reaparición es la de Judith, que curiosamente lo hace muy cerca del Camping de los Alfaques, donde nuestra protagonista está haciendo un reportaje, será ella, precisamente, quien la encuentre… ¡Supongo que a nadie le hace falta que le explique que hace una “sensitiva”, como Alma Ollés, en los alrededores de los Alfaques! Pues sí, si han pensado que allí están ocurriendo apariciones extrañas, han acertado.

Y a partir de ahí, se mezclan historias de embarazos deseados y no deseados, clínicas abortivas, suculentos negocios económicos, investigación farmacéutica y médica, feminismo, machismo, amor, deseo, desamor, poder… Naturalmente se pueden añadir a estas otras muchas palabras pues el libro está llamado claramente a remover conciencias a favor de la vida.

Ya les decía que Suñén se mueve muy bien en el terreno de la intriga y abre y cierra perfectamente cada trama y subtrama en la que nos adentra, en este caso además con un buen puñado de personajes dispares, no solo en su forma de pensar, sino provenientes de medios sociopolíticos diversos con sus visiones particulares sobre la vida.

La presentación de todos estos personajes se va haciendo paulatinamente de forma que el autor va separando las distintas secuencias, que al principio puede parecer que nada tienen que ver, pero enseguida intuyes que todo finalmente encajará y será un conjunto armonioso que vas comprendiendo, eso sí, sin llegar a descubrir el final hasta que nos vamos acercando a él, motivo por el que me ha enganchado pero sin ansiedades.

Una parte importante de la trama descansa en el grupo Femen, y en Tania, a la que presenta como activista en este grupo organizado que hay ya constituido en España. FEMEN es una organización que tiene su sede central en Kiev y que fue fundada en 2008 por Anna Hutsol con el nombre originario de “Nueva Ética”. Seguro que les sonarán por llevar a cabo actos de protesta contra instituciones religiosas, turismo sexual, agencias matrimoniales, etc…, actos en los que muestran sus pechos descubiertos, y que normalmente les cuenta arrestos policiales y detenciones.

Está bien, me ha gustado esa pluralidad de personajes que el autor nos da en Desde las entrañas; quizá el que más me ha sorprendido ha sido el propio narrador, porque estoy acostumbrada a narradores que cuentan, pero por algún motivo en este caso me veía llevada a su ritmo, naturalmente, pero también, y esto ya no es tan natural, de alguna manera a su posicionamiento moral.

Claro que si era ese el efecto que quería provocar el autor, les aseguro que lo ha conseguido.

La vida a debate una y otra vez…

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La república, de Joost de Vries

La república

La repúblicaTodos nos hemos sentido alguna vez reemplazados, de una manera u otra. Y eso duele. Ya lo creo que duele. No hay más que ver lo mal que llevan los antiguos presidentes del Gobierno de España volver a ser ciudadanos de a pie. Ni su puesto en un consejo de administración de una gran empresa consigue quitarles las ganas de seguir influyendo en el curso de la política, sin perjuicio de que sus declaraciones puedan perjudicar gravemente a su partido. Cuando te has creído ser algo durante mucho tiempo, salir de esa burbuja tiene que ser realmente difícil de afrontar.

Friso de Vos, el protagonista de La república, la segunda novela del autor neerlandés Joost de Vries, no sufre una substitución tan mayúscula como la que he comentado, pero esta es igual de traumática o más. Tras el fallecimiento de Josip Brik, un profesor universitario considerado una eminencia en los estudios hitlerianos, él, su fiel ayudante en la revista El sonámbulo, se tiene a sí mismo como su digno sucesor. Pero un percance médico durante un viaje a Chile, que coincide con la muerte de Brik, hace que Friso no pueda estar presente en la ceremonia, lo que es aprovechado por otro hombre, Phillip de Vries, para adueñarse del papel de discípulo principal del profesor.

Lo cierto es que el tema resulta tan rocambolesco que cuesta hacerse a él. De hecho, en las primeras páginas mi único pensamiento durante la lectura era «¿A dónde narices quiere llegar con todo esto el autor?». Pero poco a poco, y con la ayuda del creciente interés que va tomando la trama una vez que se despliega el contexto, uno empieza a entender que la sátira del mundo universitario que construye Joost de Vries es verdaderamente ácida y cruda. Con un humor que muchas veces roza el límite de lo publicable y algunas frases cada pocas páginas que provocan una risa culpable—«De verdad que Hitler no tiene nada que ver», le dice el protagonista a su maestro para justificar la separación de su novia—, esta novela atiza, y de que manera, a un mundo marcado por las apariencias y por la necesidad de demostrar continuamente que se está al tanto de todo lo que es meramente relevante a nivel intelectual. De hecho, la figura de Hitler, tan presente durante todo el relato, es una mera excusa, un elemento más de provocación que emplea De Vries para poder desarrollar su dura crítica al esnobismo ilustrado.

El otro aspecto que destaca sobremanera en esta obra es la ira. La obsesión que consume a Friso por ver cómo todos sus años de esfuerzos y de completa sumisión a su maestro han quedado en nada porque otro estuvo en el lugar adecuado en el momento correcto. La envidia y el rencor del protagonista quedan magníficamente reflejados, hasta el punto de que la narración, en primera persona, llega a ser enormemente surrealista y se hace complicado saber qué acontecimientos son reales y cuáles son meras ensoñaciones coléricas del discípulo destronado.

Desde mi punto de vista La república es una oda a la farsa, a la impostación tan habitual en el mundo de la cultura, en el que todo el mundo ha leído a Kant aunque no sepa citar el título de ninguna de sus obras. Una novela que contiene numerosos excesos (estilísticos, humorísticos, sexuales…) pero que consigue un resultado muy atrayente en su conjunto. Y es que en el caso de Joost de Vries, como dijo Shakespeare de Hamlet, hay método en su locura.

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La casa entre los cactus, de Paul Pen

la casa entre los cactus

la casa entre los cactusPaul Pen. Me ha bastado con ver el nombre de este autor madrileño —aunque no lo parezca— en la portada, para interesarme por La casa entre los cactus; y pocas veces me pasa eso, al menos, con escritores actuales. Será porque hace cuatro años, cuando leí la inquietante sinopsis de El brillo de las luciérnagas y me lancé a comprarlo nada más salir a la venta, no me defraudó. Y por lo que apuntaba la sinopsis de La casa entre los cactus, había cierta similitud entre ambas novelas: «Elmer y Rose han creado una familia perfecta entre los enormes cactus de un remoto paisaje desértico, un hogar lleno de amor para sus cinco hijas, todas con nombres de flor: Edelweiss, Iris, Melissa, Dahlia y Daisy». Ahí estaba: una familia aislada del resto de la sociedad, ese terreno que tan bien exploró Paul Pen en El brillo de las luciérnagas. Aunque, en esta ocasión, la familia no está recluida en un sótano, sino que vive en una preciosa casa perdida en algún lugar del desierto de Baja California, México, allá por los años sesenta.

En este thriller psicológico, Paul Pen se vuelve a tomar su tiempo para presentarnos a los personajes y crear ambiente. Incluso cuando avanza la trama y aumenta la tensión, el ritmo es pausado. Al principio, todo en esta familia es idílico, pero enseguida notamos discordancias que nos hacen sospechar que nada es lo que parece. La inesperada llegada de Rick, un joven excursionista en busca de refugio, será el detonante para que los secretos guardados durante años salgan a la luz. Y también para que cada uno de los miembros de esta atípica familia muestre sus verdaderas motivaciones.

La casa entre los cactus es una de esas lecturas que atrapan y se leen rápido, pero que no se olvidan pronto. Sobre todo porque algunas escenas protagonizadas por determinado personaje (que nos desvelaré para no destripar la novela) pueden incomodar al lector. Incluso el propio desenlace está lejos de ser el esperado. Reconozco que esos pasajes me descolocaron y fueron los culpables de que me decepcionara un poco la novela en su conjunto, pero en el fondo creo que la intención del autor ha sido salirse de la norma, y me parece muy valiente por su parte. Habrá lectores que consideren escandalosos esos episodios, y otros que simplemente los leerán como parte de la ficción, sin ver en ellos justificaciones a conductas más que cuestionables. En mi opinión, la literatura no debería constreñirse a lo políticamente correcto ni a nuestros esquemas morales, porque si no, perdería su razón de ser. Y La casa entre los cactus es un libro que tiene mucho que decir dentro de ese debate, por lo que daría bastante juego en cualquier club de lectura.

Sea como sea, Paul Pen es un autor a tener en cuenta en el panorama español (y a nivel internacional, vista su repercusión en EE. UU.). Parte de premisas sugerentes y se maneja con habilidad en la narración para que sus historias se devoren. Y, además, es capaz de romper los esquemas. Yo lo tengo claro: cuando vuelva a ver su nombre en la portada de un nuevo libro, lo leeré.

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El extraño verano de Tom Harvey, de Mikel Santiago

El extraño verano de Tom Harvey

El extraño verano de Tom HarveyEsta novela de Mikel Santiago es una novela que debería oler a verano, a crema solar y a piel salada, pero en realidad se masca la intriga y el suspense con música de jazz de banda sonora. Vuelvo al thriller, no puedo evitarlo, vuelvo al misterio, la investigación y la sospecha. En un escenario de película antigua como Atrapa a un ladrón o Buenos días tristeza. Las carreteras estrechas y sinuosas, los acantilados, las pequeñas calas y las bonitas puestas del sol del Mediterráneo. Aunque estas pelis están ambientadas en la Costa Azul y la novela transcurre en la costa italiana, el ambiente es similar ¿Os acordáis de A pleno sol? Es la película basada en el libro de Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley. Pues mi cabeza loca ha recordado en algún momento a Alain Delon mientras leía El extraño verano de Tom Harvey. Os recuerdo que mis conexiones son algo peregrinas, pero ahí las dejo.

Tom Harvey es un músico de jazz norteamericano que vive en Italia. Apenas se gana la vida con su saxofón, así que tiene que complementar sus ingresos haciendo de guía turístico en Roma. Recibe una llamada de su amigo Bob Ardlan, pintor de renombre, al que no ve desde hace tiempo, pero le viene mal contestar en ese momento y se olvida. Al cabo de un par de días, le llama Elena, la hija de este amigo y antigua pareja de Tom y le pide que vaya a Tremonte porque Bob ha aparecido muerto en los acantilados debajo de su casa. Todo apunta, en un principio, a una caída desde la terraza de la casa por accidente o a un suicidio, pero a Harvey no le encajan las cosas.

La novela está contada en primera persona por Tom Harvey que se convertirá en investigador, pasará apuros tanto físicos como psicológicos. Tendrá sueños reveladores e inquietantes. Oirá y sentirá cosas extrañas en la casa. Tendrá que intentar controlar sus sentimientos hacia Elena, que será siempre la mujer de su vida, aunque ahora no estén juntos. Descubrirá aspectos ocultos de la vida de un hombre al que apreciaba y admiraba mucho, que ahora parece que no conocía tanto como pensaba. Tendrá que intentar encajar en el grupo de gente rica, excéntrica, con gustos caros y que posan para la prensa, pero que tienen mucha basura escondida debajo de las alfombras. Un afamado director de cine celoso, una escritora de libros de misterio con muchas más cosas perdidas además de la inspiración, un marchante de arte ambicioso, un aspirante a pintor, un detective estiloso, hombres atractivos de negocios dudosos y un elenco de secundarios la mar de variopintos, que te hacen sospechar de todo y de todos.

Yo no he leído las otras novelas de Mikel Santiago, que ya estoy tardando, pero por las reseñas escritas, esta acompaña perfectamente a las otras. Tiene ritmo, suspense y atrapa hasta el final; capítulos cortos y muchos diálogos. Todo ocurre en apenas dos o tres semanas muy intensas. A mí me ha gustado su forma de escribir, sus descripciones y expresiones son claras y certeras, con sentido del humor, sin florituras. Es una novela muy cinematográfica. Solo he sentido un desajuste leyéndola. No sé porqué, pero había imaginado al protagonista algo mayor de lo que es. Está en la treintena pero en un principio, por su forma de comportarse y pensar, le habría colocado 10 años más. Pero esto es cosa mía, como me gusta, lo acerqué más a mi edad. Creo que me ha influido leer sobre el autor, que también es o ha sido músico, de rock en su caso, de Portugalete y del 75, así que yo creo que le puse su cara a Tom.

Es lo que tienen los libros, que te puedes montar tú mismo la película, el escenario y los protagonistas, como te venga en gana, según tu imaginación. Aunque la novela lo describa todo meticulosamente, no puedes evitar crear imágenes, que cuando las comparas con las que se crearon otras personas sobre los mismos relatos, difieren bastante. Es la magia de la lectura y por eso, muchas veces, te llevas un chasco cuando el libro pasa a la pantalla.

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La huella de una carta, de Rosario Raro

la huella de una carta

la huella de una cartaEl consultorio de Elena Francis fue todo un fenómeno social, pues de 1947 a 1984 reunió a miles de personas alrededor de la radio. En él se respondían las cartas de las oyentes, que preguntaban cualquier cosa: desde una receta, un truco de belleza o la vida de un santo, hasta cómo solucionar problemas sentimentales de lo más rocambolescos. Llegó a recibir 15000 cartas mensuales, y las miles de anécdotas que en ellas se relataban, las inquietudes y secretos confesados bajo un remitente anónimo e, incluso, las contestaciones de la supuesta experta, que hacían prevalecer la moral cristiana y la sumisión de la mujer por el bien de la unidad familiar, conforman la intrahistoria de España, un país que durante años aparentó honradez y decencia de puertas para afuera y ocultó grandes desgracias y bajezas de puertas para adentro.

Aunque yo nací en el año en que terminó este programa de radio, he oído mencionarlo más de una vez. Sin embargo, hasta que no he leído La huella de una carta, de Rosario Raro, estaba lejos de saber la repercusión que había tenido. Gracias a esta novela, he conocido parte de la correspondencia que llegó a ese consultorio y me ha impresionado la realidad que subyacía en este país, tremendamente sórdida, en ocasiones. Y me he estremecido —de incredulidad, de pena, de indignación— con el episodio que Rosario Raro recupera de nuestra historia: el suministro, durante años, del medicamento más peligroso de la farmacopea moderna, que destrozó la vida a miles de niños —y, en consecuencia, a sus familias—, llevándolos a la muerte en numerosos casos. Al igual que hiciera en Volver a Canfranc, la autora se sirve de los mecanismos de la ficción para airear un hecho que a día de hoy sigue silenciado y para dar voz a esos valientes anónimos que en la vida real decidieron no mirar a otro lado y se enfrentaron a las injusticias más atroces para salvar la vida a cientos, miles de personas.

«Hay ficciones muy poco ficcionadas», dijo ella misma sobre su novela en la presentación que realizó el pasado 13 de junio en Valencia, a la que tuve el gusto de asistir. Y es que, en La huella de una carta, varios de los personajes están basados en personas reales, y son igualmente ciertos gran parte de acontecimientos que se narran y todas las cartas del consultorio de Elena Francis que se transcriben. Rosario Raro ha llevado a cabo una encomiable labor de documentación para reconstruir con todo detalle la Barcelona de los años sesenta, y eso favorece a que los lectores que vivieron aquella época la reconozcan y los que no, la visualicemos con exactitud. Sin embargo, en el desenlace, Rosario Raro se ha tomado algunas licencias. Esa ha sido su forma de hacer justicia poética. Pero nos recuerda que la realidad no fue tan halagüeña y que muchas de las víctimas viven aún hoy con las consecuencias de aquella salvajada médica. Eso provoca que los lectores sintamos la necesidad de recorrer el camino inverso que anduvo la autora al escribir este libro, investigando por nuestra cuenta el alcance que ese terrorífico medicamento tuvo en España y en el resto del mundo.

Y pese a hacernos testigos de las más altas cotas de miseria moral, La huella de una carta es, sobre todo, una lectura que nos hace recuperar la fe en el ser humano, ya que, por grande que sea el crimen, siempre habrá héroes anónimos que lucharán contra él. Y siempre habrá escritores comprometidos, como Rosario Raro, que impartirán la justicia que está en su mano: homenajearlos y hacerlos pasar a la posteridad a través de la literatura.

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La chica de antes, de J. P. Delaney

La chica de antes

La chica de antesEsta novela tiene dos protagonistas separadas en el tiempo, una es como la continuidad de la otra, la sombra, el rescoldo. Emma y Jane, pueden parecerse físicamente, pero tienen diferentes personalidades. Las dos acababan de pasar por situaciones duras y tristes, cuando deciden buscar una casa nueva para alquilar en Londres. Las dos se enamoran de la misma casa situada en Folgate Street, 1; La Casa, que es la tercera protagonista en discordia. Minimalista hasta el extremo y con lo último en domótica. Una casa de revista, una joya de la arquitectura, con varios premios y que alquilan por un precio ridículo. Alguna pega tenía que tener, claro; el arquitecto que la diseñó y dueño, Edward Monkford, tiene que dar el visto bueno a la inquilina y hay múltiples reglas que se deben seguir, muy variadas y algunas muy ridículas.

Emma y su novio Simon, pasarán la criba del excéntrico y atractivo Monkford y alquilarán la casa. Lo que pasará en ella lo iremos sabiendo poco a poco, en el transcurso de la novela. Por cada capítulo del libro dedicado a Emma, hay otro dedicado a Jane, que es la que en la actualidad está pasando el proceso. Se solapan las vidas y los acontecimientos, pero solo en el libro; hay varios años de diferencia en la realidad. Jane va repitiendo muchos de los pasos que da Emma, pasa por situaciones muy parecidas, pero el resultado no es el mismo, claro, porque ellas tienen vidas diferentes y sus personalidades tampoco son las mismas aunque se parecen físicamente de forma inquietante.

Mientras leía La chica de antes, recordé a Rebecca de Daphne du Maurier. La película basada en el libro y dirigida por Alfred Hitchcock es magnífica, estoy casi segura de que la habéis visto, los que tenéis cierta edad y os gusten los clásicos. Esta es una de esas apreciaciones mías algo extrañas, pero una mujer que se parece a otra del pasado…

El libro está contado en primera persona, por lo que solo sabremos lo que las protagonistas vivan, pero cuando estemos con Jane, por ser una época posterior, iremos averiguando cosas de Emma también. Ellas son las víctimas y también tienen el papel de investigadoras, porque esta novela es un thriller psicológico, de los que te tiene en ascuas. La casa es un refugio pero también una jaula de oro, que se puede volver en contra de las dos mujeres.

En cuanto a los hombres que acompañan, los tengo que explicar, porque son importantes: Simon, novio cariñoso y abnegado de la primera chica, Emma, tiene algo que no me gusta desde el principio y ya me diréis si os pasa lo mismo. En cuanto a Edward Monkford, me ha recordado mucho a Christian Grey, incluso la primera aparición en la trama es parecida. Añadimos que es guapo, rico, poderoso, algo atormentado, maniático, dominador, celoso, con no mucha empatía, vamos, una joya (léase con ironía, por favor). Me diréis que los chicos no salen muy bien parados, pues lo siento, pero son un churro. Es más, creo que el autor quería precisamente eso, que no nos enamoráramos de ellos. Quizá durante algunos momentos sientas algo de pena por alguno de ellos, pero dura poco. Igual soy yo, que estoy algo dura últimamente.

Para mí la novela cumple con las expectativas: es entretenida, está bien contada y bien llevada, es rápida y fácil de leer. Tiene mucho diálogo y las partes más de introspección de las chicas son ligeras. Me ha tenido en vilo hasta el final y me ha sorprendido en varias ocasiones. Todo el mundo oculta cosas…, pero al final sale a flote la porquería.

Tony Strong, alias Anthony Capella, alias J. P. Delaney, estudió Literatura inglesa en Oxford y es reconocido como publicista. Yo no lo conocía y elegí este libro por la sinopsis de la editorial y porque el título en “mi ca-ca-cabeza da vueltas persiguiéndote…” ¡veis! otra vez la cancioncita de Nacha Pop. Qué mayor estoy que todo me recuerda a algo. Bueno, esto tampoco está tan mal; sería peor ser consciente de que debería recordar cosas y no puedo.

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Pánico al amanecer, de Kenneth Cook

Pánico al amanecer

Pánico al amanecerUn tímido brillo de luz se intenta colar entre las ranuras de la persiana. Mi cabeza es un nido de agujas que se clavan en el cerebro. Puedo sentir las punzadas y los calambres que ocasionan. La resaca es monumental. Escucho la sintonía de una emisora de rock que procede desde el salón. ¿O puede que sea la cocina? La voz chulesca y rota del locutor da paso a la canción «Say Hello 2 Heaven» de Temple of the Dog. Por el sonido enlatado doy por supuesto que la radio suena desde los altavoces del ordenador portátil donde mi compañero de piso estará toqueteando y buscando noticias en Google. Me sorprende que radien esa canción y a esa inmensa banda de unos aún más inmensos músicos. A continuación vuelve a intervenir la rota voz del locutor de radio. Abro los ojos de par en par y me levanto como un resorte de la cama luchando contra el inmenso dolor que martillea en mi cabeza. Chris Cornell se ha ahorcado. Eso ha dicho el locutor. Y acto seguido mi cerebro muestra un recuerdo. Algo que leí la noche anterior justo antes de acostarme. La primera página con la que se abre un libro soberbio:

«Que sueñes con el diablo y sientas pánico al amanecer».

Un mal sueño y solo eso puede ser lo que esté sucediendo, me digo, pero no. Estoy despierto, roto; por el pánico, la resaca y la trágica noticia.

Sirva esta introducción en la reseña para dos cosas muy necesarias; una, rendir en este espacio de cultura que es Libros y Literatura el tributo que el músico Chris Cornell me merece y a quien considero la voz de toda una generación, y otra para meterme en el rol del etílico estado que padece el protagonista de esta sublime novela australiana, Pánico al amanecer, de Kenneth Cook.

Publicada en 1961, esta novela fue un éxito editorial en Australia y tuvo su adaptación al cine una década después. En España tuvimos que esperar hasta el año 2011 para obtener su edición traducida en nuestra lengua de la mano de Pedro Donoso en la editorial Seix Barral. Cuando me hice con ella leí las críticas impresas en la solapa de la sobrecubierta. Una de ellas pertenecía al músico Nick Cave. Todas coincidían en la misma idea general: La mejor y más aterradora historia que existe sobre Australia. ¿Soy de los que se deja embaucar por las opiniones ajenas, por muy famosos que sean o por mucho que aprecie a dichos famosos? En este caso, sí. Cierto es que a veces se da el caso de que cuando de un libro se escriben tantas citas favorables y quedan reflejadas en el libro, al final lo único que se buscaba era conseguir vender lo invendible. En este caso están justificadas.

La historia se desarrolla en un árido pueblo de Australia en pleno desierto. Es el comienzo de las vacaciones de verano. El único profesor de la escuela de ese pueblo se prepara para abandonar por fin ese lugar y pasar las próximas semanas en las idílicas playas de Sydney. En su pequeña maleta de viaje lleva su ropa, el cheque que le ha pagado la escuela por su trabajo y unos pocos libros. De camino a Sydney, John Grant, el joven profesor, deja la maleta en el hotel y se va a tomar una cerveza mientras espera a que salga el tren que le llevará a sus ansiadas vacaciones en las grandes ciudades. Algo le ocurre tras esa cerveza, una mala decisión que se convierte en el detonante para que en aquel polvoriento lugar se dirija al infierno de su propia destrucción. Lo que tenía que ser una estancia de paso se convierte en un pasar de noches de pesadilla que le harán sentir pánico cada mañana.

Es esta una novela de suspense psicológico que consiguió en mi primera lectura que experimentara el tórrido y polvoriento calor que padecía su protagonista, degustar el amargo sabor de la cerveza bajando por la garganta y sentir los labios resecos y las constantes migrañas tras la resaca que acompaña a las primeras luces del día. Todo gracias al discurso empleado por su autor, directo, sin alejarse en ningún momento de la trama y guiándome por las desventuras que padece John Grant.

Pánico al amanecer es dura, visceral, sincera y emocionante. Un aterrador retrato de la Australia desconocida, la de los desiertos, la del carácter de sus gentes autóctonas de pueblos casi inhóspitos donde pasarse el día bebiendo cerveza y apostando en el juego parece ser su único entretenimiento. Eso y aterrar a aquel que no sea capaz de seguir su ritmo.

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Sinpiedad.org, de Bernardo Carrión

Simpiedad.org

Simpiedad.orgLo que más miedo da de esta novela, en el fondo, no es la hipótesis que plantea. Y eso que es de las que atrapan desde el primer momento: una página web comienza a ofrecer 50.000€ por cada político español imputado que sea asesinado, con la condición de que se grabe el proceso. Esto ocurre después de que la burbuja inmobiliaria haya estallado y de que se hayan empezado a destapar algunas de las grandes tramas de corrupción que han coexistido en el país. Pero de buenas a primeras aquellos dirigentes que habían disfrutado de completa impunidad para arrebatar y despilfarrar el dinero público se ven convertidos en trofeos de alto valor y ello en el seno de una sociedad que se siente engañada y maltratada por su clase política.

Tampoco son los personajes lo que más aterra de Simpiedad.org. Y eso que no pueden ser más mezquinos; entre las creaciones de Bernardo Carrión encontramos corruptos y corruptores, asesinos, mafiosos, adúlteros, pederastas… seres que, en su mayoría, se ven superados por sus propias ambiciones y que no muestran ningún tipo de empatía con nada ni nadie de lo que les rodea. Es una novela muy coral, en la que más de una decena de personajes tienen una importancia capital en el desarrollo de los acontecimientos, en que la rueda de la corrupción gire con la sobriedad con la que lo lleva haciendo décadas en nuestro país. Apenas hay héroes en esta historia; la sociedad que dibuja el escritor y periodista valenciano es del todo menos amable.

El autor sitúa su novela en la Comunidad Valenciana, una región que ostenta la dudosa medalla de ser el cenit de la corrupción en nuestro país. Dentro de este escenario, es muy de valorar el hecho de que Carrión se haya tomado su tiempo para preparar el contexto. De hecho, la verdadera trama no comienza hasta casi el último tercio del libro; y es que una de las cosas a la que parece haber dado más importancia el escritor es a recordar —algo que nunca viene mal en estos tiempos de sobredosis de información— la forma desvergonzada en la que se actuó con el dinero público en nuestro país hasta que éste comenzó a escasear y hubo que empezar a investigar seriamente dónde se encontraban las goteras por el que se escapaba.

En Simpiedad.org hay mariscadas, prostitución de lujo, acciones preferentes, chantajes, enchufes, sobornos, traiciones, arrepentidos, asesinatos… Y lo más turbio, lo más terrorífico, es que nada de esto ha tenido que salir de la imaginación de su escritor. El periodista, en el fondo, se ha limitado a hacer una muy bien elaborada síntesis de todo lo que hemos ido conociendo en los últimos años, a lo cual le ha añadido un ingrediente más, que es el que le da el toque picante al texto: una opción de venganza remunerada. Venganza no solo por los expolios que ha sufrido el erario público por culpa de estos seres amorales, sino también por lo que ello ha conllevado: desahucios, privatización de la educación y de la sanidad, recortes severos en políticas sociales… Una lectura, en definitiva, que juega con la realidad y la ficción y que, en mi opinión, refleja el hartazgo generalizado con los titulares que escuchamos cada mañana al levantarnos. Aunque por suerte (al menos eso creo y espero) la España real no está tan harta como la de Carrión.

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Ese mundo desaparecido, de Dennis Lehane

Ese mundo desaparecido_135X220No soy fan de Dennis Lehane; en eso, como en muchas otras cosas, me diferencio de Stephen King, que recomienda calurosamente todas y cada una de las novelas de Lehane; al menos, así lo aseguran las campañas de lanzamiento de cada nueva obra del de Boston. Hubo una novela de la cual el de Maine aseguraba que le había ayudado a salir del pozo de la depresión, o algo así. Para decir eso de una novela y de un escritor, tienen que significar mucho y ser muy queridos para uno, eso está claro.

En mí, la primera obra que leí de Lehane tuvo un efecto muy diferente: me indignó. No lo bastante para abjurar para siempre de un autor tan laureado, pero sí para enfadarme con él. No podía creerme que una novela por lo demás tan bien tejida, tan emocionante, tan interesante psicológicamente, acabara tan en falso, de una forma tan cruel, tan gratuita, tan estúpida, tan miserable. Sin embargo, le di más oportunidades a Lehane y leí dos o tres más de él. No me parecieron maravillosas novelas, ni inolvidables por ningún motivo, ni siquiera por un desenlace tan profundamente fallido, tan inmoral, tan poco humano como el de aquella primera novela que leí. Me parecieron lecturas entretenidas, eso sí; quizás seguía disgustándome un poco la afición –o la facilidad, no lo sé- del autor por la crueldad, y digo crueldad por parte de sus personajes y crueldad hacia sus personajes (quizá sea la misma cosa, si es que hablamos de novelistas); pero seguramente ése sea problema mío como lectora, no de él como autor, ya que, diré que lamentablemente, las novedades editoriales abundan en temas y escenas escabrosos.

Ahora, he aprovechado la oportunidad de leer Ese mundo desaparecido, y debo decir que esta novela sí me ha parecido lo que las anteriores no. En efecto, es una novela perfectamente armada, muy bien escrita, entendiendo por escribir no sólo la plasmación y composición de frases que conforman una historia, sino la buena dosificación de información; los giros argumentales bien medidos y administrados y colocados con admirable tino y sentido de la oportunidad; la maravillosa alternancia de historias, subhistorias, puntos de vista, ambientes y humores; y, sobre todo, la magia que hace que algunos personajes e historias no sólo parezcan, sino sean de verdad reales y otros, tan bien o incluso mejor escritos, no. Es la misma magia que desprende la pluma del rendido admirador de Lehane, Stephen King, aunque no sea el escritor con mayor sentido de la poesía ni el de vocabulario más extenso ni el de variaciones argumentales más ricas y sorprendentes. Sencillamente, esta vez sí, esta vez Dennis Lehane me ha atrapado, y no he podido abandonar la lectura hasta saber cómo terminaba el libro.

Y no es que lo ignorara cuando empecé a leer. Porque ésa es otra de las virtudes de escritor que deja bien patente Dennis Lehane en Ese mundo desaparecido: sabe marcar el tono. Hay autores que lo saben hacer muy bien. Al leer las dos primeras páginas, uno piensa: ya sé cómo va a terminar el libro. Lo sabe, porque Lehane se lo hace saber en los primeros compases. Ya: estamos a punto de leer una auténtica tragedia griega ambientada en el mundo del hampa de alto standing de los años 40 en EEUU. Y sabemos cómo va a acabar, casi con exactitud. Nada de ello va en detrimento del interés que suscita la historia, más bien al contrario: precisamente porque sabemos cómo va a terminar este sórdido asunto, queremos seguir leyendo, para ver cómo se van confirmando una a una nuestras sospechas, y porque, a veces, no hay espectáculo más hermoso que ver al gran héroe griego cumplir su pathos. Es quizá por ello por lo que puedo arriesgarme a decir que, seguramente, esta novela no es en absoluto inferior a sus dos predecesoras en la trilogía: Cualquier otro día y Vivir de noche.

Ese aire trágico que permea toda la novela es un enorme valor añadido y forma parte de su poder de atracción. Lo embellece todo, hasta las acciones más retorcidas, mezquinas, arrastradas e indignas de los personajes que pueblan Ese mundo desaparecido. Son, y ellos lo saben, dioses con pies de barro que han erigido su imperio subiéndose a lomos de cientos de cadáveres de hombres, mujeres y niños asesinados en nombre de la codicia y del afán de poder; son menos que hombres, son seres infrahumanos capaces de cualquier cosa con tal de retener un día más el control sobre sus pequeños territorios, cerrados a sangre y fuego en torno a sus tronos de corruptos reyezuelos. Hombres que sólo viven para sí mismos y para la alimentación de sus inflados egos y que llaman a lo que ellos hacen heroísmo, vivir al margen de la ley, tener honor, respetar a la familia y ser leales hasta la muerte; pero que, llegado el momento de la verdad, son capaces de vender a sus mejores amigos, a aquellos a quienes llaman hermanos y con quienes antaño forjaron pactos de sangre.

Dennis Lehane dibuja el mundo del hampa de los años 40 como lo que fue, un auténtico baño de sangre, un juego de tronos en el que todo el mundo acabó perdiendo, empezando por los más débiles. Un mundo de hombres que mataban a sangre fría y morían llamando a gritos a su madre e imploraban un segundo más de vida al congénere que les estaba apuntando con su arma. Un mundo de muerte y pérdida, pero eso sí, revestido de hermosas palabras: orgullo, honor, linaje, familia, lealtad, hombría, coraje. Todo mentira, como nos lo demuestra el protagonista, Joe Coughlin, antaño rey de la mafia de Florida y actualmente duque de la misma y mano derecha del jefe de los jefes, Dion Bartolo, y bien conectado con todo el mundo; un tipo listísimo, capaz de hacer ganar dinero a espuertas a todo aquel que estaba colocado justo por encima, de modo que a todo el mundo le conviene que siga vivo y bien de salud. O eso cree Joe, hasta que llega a sus oídos que alguien planea matarlo el Miércoles de Ceniza. Porque, eso sí, todos los gángsters de esta novela, o casi todos, son hombres de fiesta de guardar, misa de domingos y cruz de ceniza en la frente.

La galería de personajes de este cuento de corrupción sin límites es maravillosa. Cada personaje tiene su propia historia,  que no hace falta oír desde el principio para saber de qué trata; la magia de Dennis Lehane hace posible ese conocimiento por ósmosis. Vemos a los personajes, sabemos de qué son capaces y podemos predecir sus siguientes pasos, porque el autor nos los da a conocer perfectamente, porque nos expone sus almas corrompidas y grises y con eso nos basta. Y el personaje más asombroso y más atrapante de todos es el propio Joe Coughlin, el príncipe de los gángsters venido a menos, un hombre que ha sido responsable de la muerte de muchos otros, incluso de niños, y que tiembla de miedo ante la posibilidad increíble de morir antes de cumplir los cuarenta; un hombre que ha mutilado familias pero cuya sangre hierve de indignación ante la idea de que alguien pretenda dejar huérfano a su hijo, el mestizo Tomas. Un tipo que ha cometido los peores crímenes pero que tiembla de ira justiciera ante demostraciones de racismo. El mejor de los malos o el peor de los buenos, no se sabe bien.

Es difícil, o imposible, congraciarse con casi cualquier personaje de Ese mundo desaparecido, con la excepción del pequeño Tomas Coughlin, el único verdaderamente noble, el único llamado a ser un hombre de verdad. Su nobleza brilla con la autenticidad de un diamante enterrado en estiércol.  Nos preguntamos si Lehane va a retomar a este personaje y despejar nuestras dudas: ¿acaso Coughlin padre era así de inocente, de bueno, de noble cuando era pequeño y se corrompió en contacto con el mundo, o todavía podemos tener algo de fe en que los corazones buenos aguantan carros y carretas sin teñirse de negro?

Ese mundo desaparecido constituye una mirada desengañada pero sincera sobre el mal, que, en muchas ocasiones, es tan perfectamente banal que no es digno de la literatura, pero del cual Lehane hace muy buena literatura. Que el mundo no es blanco ni negro sino de una gran variedad de grises ya lo sabíamos, pero nunca la ambigüedad del mal estuvo mejor retratada que en Ese mundo desaparecido, una novela que hace de la corrupción moral un material de primer nivel literario, con una potencia y un magnetismo que no había encontrado desde aquel El poder del perro que aun hoy me cuesta olvidar, con una clara ventaja sobre aquél: un desenlace hermosísimo, sí, hermosísimo.

 

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No todo está olvidado, de Wendy Walker

No todo está olvidado

No todo está olvidadoEstamos ante un thriller psicológico, en sentido literal y estricto; bueno, más estricto aún sería calificarla de “thriller psiquiátrico”, porque el narrador -inolvidable, por cierto, y, lo adelanto ya, uno de los grandes logros de la novela, para bien y para mal-, Alan Forrester, es psiquiatra, y mucho tiene que decir en la trama la ciencia psiquiátrica o, más estrictamente, la psicología de cada personaje y la indagación en sus mentes. Así es como llegamos a Freud. Freud o lo que de él quedó en la cultura de masas, pasado por el tamiz de Alfred Hitchcock, que ya en su Recuerda y en su Marnie, la ladrona nos enseñó, para siempre jamás, que uno sana al instante de sus traumas más profundos, de cualquier carácter y cualquier capacidad destructora, en el momento en que recuerda claramente el momento y origen de esos traumas. Así de fácil y así de limpio. Y, aunque eso haya quedado desmentido hace tiempo, algo de ese mensaje -el poder curativo del recuerdo- hay en este No todo está olvidado. Que, lo digo desde ya, es un gran acierto editorial de Umbriel, un thriller diferente y con mayor profundidad y más meollo que la mayoría de las novelas que se editan bajo esa etiqueta de género.

Curiosamente, la cultura popular también tiene en gran estima el tópico de que, para seguir adelante en la vida lo más incólumes posible después de un acontecimiento crítico, uno debe olvidarlo. Para la adolescente Jenny Kramer, violada durante una hora entera, no es así. Lo descubre de la peor forma posible después de que sus padres, al ir a verla en el hospital, decidan dar su autorización para que a Jenny le administren una nueva droga capaz de impedir que los recuerdos traumáticos queden grabados a fuego en la mente. En otras palabras, que la droga ha hecho que Jenny olvide su violación. Los padres y los médicos creen que, así, será como si nunca la hubieran violado, pero no es cierto. Jenny no puede soportar su existencia y, cuando las cosas llegan a un punto crítico, ella misma decide que quiere tratar de recuperar su recuerdo. Para poder sanarse, para poder seguir adelante. Un psiquiatra con muy buena reputación y que no ha fracasado en (casi) ni uno solo de los casos que ha tratado, Alan Forrester, será el encargado de tratarla.

Pero Jenny, Alan y su familia viven en una comunidad muy pequeña, Fairview, donde todo el mundo se conoce y los traumas y los delitos de algunos muy probablemente salpiquen a otros. Además, en Fairview es muy difícil guardar secretos, sobre todo si son sucios y vergonzosos. Y no es Jenny quien tiene motivos para avergonzarse, sino la gente que la rodea, aquellos en quienes más confía.

La historia, teñida de tonos oscuros desde el comienzo, adquiere tintes aún más negros según avanza la narración, que nos es suministrada exclusivamente por el doctor Forrester, un personaje al que conocer es odiar. Méritos hará para ganarse nuestro odio o, al menos, nuestra aversión, no se preocupe el lector; bien pronto se dará cuenta de ello. Lo malo es que no tenemos más fuente de información que nuestro buen y arrogante doctor, con lo cual, incluso aunque sospechemos que no merece nuestra confianza, no tenemos más remedio que seguir escuchándole.

No todo está olvidado es una potente parábola sobre el poder del recuerdo, pero, sobre todo, del poder de enfrentarse a lo que se recuerda. No es verdad, dice, lo que nos aseguraba el doctor Freud, o lo que se dice que aseguraba; no basta recordar, ésa es la parte fácil (aunque a veces sea extremadamente dura). Lo verdaderamente difícil, el verdadero desafío, es qué haces con ese recuerdo, con esa verdad. Si obviar la realidad y mirar para otro lado no es una solución y, además, a la larga, resulta autodestructivo, elegir la realidad implica también el deber de la valentía y del amor por uno mismo: muchas veces no existirá siquiera la opción de la venganza, sino, solamente, la de la aceptación incondicional de lo que ha sucedido y la decisión de seguir viviendo, pese a todo. El de la joven y valiente Jenny Kramer es el personaje más importante y más modélico de esta novela; es el personaje más positivo, el que decide seguir adelante pase lo que pase. Pero también el resto de los personajes -la mayoría, o casi todos, podemos decir, profundamente defectuosos en el plano moral- tienen algo que enseñarnos. Todos ellos buscan una verdad, su verdad, y buscan aceptarse a sí mismos pese a esa verdad que les indica que son imperfectos, que no son la versión de sí mismos que una vez soñaron.

Estos mensajes llegan de forma gradual y natural, mientras disfrutamos de un thriller que nos reserva muchas sorpresas y nos deja con un desenlace muy bien pergeñado y, además, muy en consonancia con el resto de la historia.

No todo está olvidado ha cosechado gran éxito en EEUU, y demuestra que Wendy Walker, abogada de profesión, ha acertado plenamente al orientar su carrera hacia la escritura.

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