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Feminismo ilustrado, de María Murnau y Helen Sotillo

feminismo ilustrado

feminismo ilustrado Feminismo Ilustrado. Ideas para combatir el machismo. El título está absolutamente claro y no deja nada a la imaginación, porque esto es lo que vamos a encontrar dentro de las páginas de este libro. Un viaje a través del feminismo y de las formas de reconocer el machismo que hay a nuestro alrededor. Desde luego hay muchas fórmulas para poder dar a conocer la realidad del feminismo, y creo que María Murnau y Helen Sotillo utilizan una de las mejores, el humor.

¡¿Quién osa decir que los feministas carecemos de humor?!

Además de hacerlo divertido son rigurosas en la información y clarificadoras de conceptos. Saben que es importante empezar por el principio para comprender; así pues, el primer punto en desarrollar es el “Patriarcado”, que definen como el sistema político, económico, religioso y social basado en el privilegio de los hombres sobre las mujeres. Y aunque muchos pueden pensar que las leyes ya equiparan en todo a hombres y mujeres, como muy bien puntualizan:

“No podemos dejarnos engañar por el fantasma de la legalidad. Las leyes por sí solas no pueden cambiar una sociedad, hay que aplicarlas con convicción. Si nos guiamos por ellas podemos caer en el error de creer que la desigualdad es ya historia, y eso no es cierto”.

Y ahora antes de que todo el mundo se ponga a intentar contestar mentalmente sobre que esto es un error y que la igualdad llegó para quedarse a través de las leyes…, vamos a reflexionar. Y si un rato de reflexión no ha servido, duplicaremos el tiempo y le daremos otra vuelta, miraremos más detenidamente a nuestro alrededor, observaremos la realidad que nos rodea, la desprenderemos del cariño que profesamos a los que conviven con nosotros, y retomamos el tema 😉

Los pasos siguientes serán, como no podía ser de otra manera, entender que es el machismo, y qué el feminismo, y comprender la literalidad de estor términos. En relación al feminismo hay que afanarse porque todo el mundo comprenda que persigue la igualdad absoluta entre hombres y mujeres. Y el machismo la supremacía del hombre sobre la mujer. Esta diferencia ha de ser absolutamente clara.

Hacen las autoras un pequeño repaso histórico del feminismo y nos conminan a declararnos sin miedos y sin vergüenzas como feministas.

¡Yo soy feminista!

Lo cierto es que desde hace un año aproximadamente hay un despertar muy importante del movimiento feminista, o como mejor se debería decir, de los movimientos feministas, que pueden tener diversas visiones o formas que querer llegar a un fin común, el de la igualdad.

Roles de género, micromachísmos, cosificación, son otros puntos que acertadamente están desarrollados en este libro.

Como dice la contraportada “«Feminista» es una palabra que viene con mucho equipaje. Demasiado. En este libro la explicamos desde el humor y con viñetas. Tratamos de plantarle cara al machismo y de quitarle la máscara al patriarcado. A ver si, ilustrándolo, se entiende de una vez por todas que todos deberíamos ser feministas”.

Me encanta lo bien que utilizan los determinantes del género, no van a la banalidad si no a lo que realmente importa. Son inclusivas en el discurso y en la forma de entender el feminismo, y eso me gusta porque allí dentro debemos y tenemos la obligación de caber todos.

Es posible que uno de los temas que cada vez más debemos poner encima de la mesa sea la necesidad del empoderamiento de las mujeres. Creer que se puede, “tomar conciencia del poder que cada una de nosotras tenemos para afrontar todas las situaciones de la vida”. Para eso es fundamental que aparezcamos en la parte de la historia que se nos ha hurtado al narrarla. Hablar de las mujeres que por mérito propio llegaron a recibir el Premio Nobel, o aquellas otras a las que se les negaron muchos premios y reconocimientos por el solo hecho de ser mujer. Que los libros nos muestren a esas mujeres fuertes e independientes que hicieron que el mundo diese pasos fundamentales hacia el futuro. Que dejen de estar invisibilizadas. Que aparezcan en libros, en películas, en obras de teatro, en televisión, de forma que sus nombres y sus vidas lleguen a calar en nuestro interior, en el interior de cada uno de nosotros y en el interior de la sociedad.

Hay otra palabra que me ha gustado que aparezca en el libro, el término Sororidad, que viene a ser la alianza entre mujeres que fomenta la confianza y el apoyo.

La desunión entre mujeres siempre ha sido aprovechada por el patriarcado ¿Han escuchado en alguna ocasión expresiones de este tipo dichas por nosotras mismas?: Es una facilona, no se respeta, va provocando, es una zorra de manual,… Pues todas estas cosas son las que deben desaparecer de nuestro lenguaje, pero sobre todo de nuestras cabezas. Las mujeres debemos sentirnos libres para ir y actuar, dentro de nuestra libertad y con respeto a las libertades ajenas, como queramos.

Me parece importante que sobre todo la gente joven comprenda que es vital para conseguir la igualdad unir fuerzas, ese tipo de frases de “si nos tocan a una nos tocan a todas” nos ofrece ese sentimiento de unión, y eso siempre debilita a aquellos que quieren destruirnos como merecedoras de esa igualdad y de nuestros derechos igualitarios reales.

Hace muchísimo tiempo… años, en una reseña les hablaba del Test de Bechdel, también nos hablan de él en el libro, y les aseguro que la mayoría de las películas que se comercializan siguen sin poder pasarlo.

Feminista ilustrado

Se avanza, pero falta un largo recorrido para derrotar al machismo… Este tiene que ser un año importante para el feminismo, se nota en el ambiente que ya no habrá vuelta atrás.

Ufff al final me he puesto algo seria y resultaba que este libro era para ver estas cosas dentro del marco del humor 😉

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El aroma del miedo, de Armando Rodera

El aroma del miedo

El aroma del miedoEspoleado por el éxito de ventas y crítica que obtuvo con El color de la maldad, Armando Rodera ha decidido continuar con las aventuras del inspector Bermejo y el sargento Roncero. Y sobre esa continuación, El aroma del miedo, vengo a hablaros hoy. Esta fue una de mis últimas lecturas de 2017, y tengo que reconocer que fue una de las lecturas más contradictorias del año. ¿La razón? La diferencia de sensaciones que tuve al leer las primeras páginas y las que tuve tras terminarlo. Ahora os explicaré el porqué, pero antes hablemos un poco sobre la trama de El aroma del miedo.

La nueva novela de Armando Rodera tiene dos tramas diferenciadas. Por una parte, tenemos al inspector Bermejo, que llega a Valencia para investigar un misterioso asesinato en la Albufera y de paso una trama corrupta dentro de la Policía de la ciudad. El otro protagonista es el sargento Roncero, que tras unos meses de descanso es llamado también a la capital levantina para colaborar en un importante operativo de la Guardia Civil contra la trata de personas y las diferentes mafias que operan en la zona. Ambos protagonistas han quedado marcados por los acontecimientos ocurridos en El color de la maldad, si bien no es del todo necesario haber leído esa historia para disfrutar de este libro, pues el autor da pinceladas de todo lo ocurrido en las primeras páginas.

El autor recrea a la perfección todo el submundo policial, judicial y administrativo que rodea el caso. Policía, guardias civiles, jueces, delegados gubernamentales… todos sus procedimientos, su argot y sus rutinas quedan explicadas a la perfección. Y quizá ese exceso a la hora explicar los entresijos internos de los cuerpos policiales hacen que la primera parte de la novela se ralentice demasiado. Tanto es así, que incluso decidí dar una pausa al libro para leer otro tipo de historias, algo que en muy pocas ocasiones suelo hacer.

Pero si El aroma del miedo tarda mucho en entrar en acción, hay que reconocer que una vez que entra, es un libro que se lee con mucha facilidad y que se disfruta enormemente. Tras leer todo el barullo inicial, y mientras vamos descubriendo más sobre asesinatos y mafias, el interés de la historia empieza a crecer de manera exponencial. Los personajes del libro están bien construidos y se generan algunas subtramas interesantes entre los mismos. También se pinta con bastante verosimilitud todo el tejido corrupto que durante años se ha ido extendiendo entre el funcionariado español de todo tipo, y mucho más en una ciudad como Valencia, que tiene bastantes espejos en los que mirarse.

Si el dicho popular “Lo que mal empieza, mal acaba” tuviera que aplicarse a El aroma del miedo, caeríamos en un grave error. Como decía anteriormente, el ritmo va creciendo y uno termina la historia con ganas de más. Todo esto gracias a unas últimas 150-200 páginas que bien se pueden leer de una sentada, casi sin parpadear. Aquí el autor maneja bien los tiempos, mantiene la tensión narrativa en todo momento y termina la historia en lo más alto, dejando un buen sabor de boca que en nada se parece a las sensaciones que producían las primeras páginas. Armando Rodera nos ofrece una historia que, pese a tener pequeños detalles por pulir, merece ser disfrutada y leída.

César Malagón @malagonc

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La cronopandilla: el túnel de tiempo, de Ana Campoy

La cronopandilla: el túnel de tiempo

La cronopandilla: el túnel de tiempoHablar de Ana Campoy en la literatura infantil y juvenil es ya hablar de un referente en este género. Autora de las colecciones de libros  Soy un superhéroe o Las aventuras de Alfred & Agatha, (que han sido leídos por niños de varios países gracias a su éxito), Ana es una incansable escritora para este público tan exigente. Y la verdad es que se le da fenomenal.

La cronopandilla: el túnel de tiempo, el libro del que hoy os hablo, resultó ganador del Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2017. Dirigido a lectores de entre diez y doce años este libro es una maravilla que he disfrutado como si volviese a tener esa edad. Y es que de vez en cuando sienta genial rejuvenecer unos añitos y volver a sentirse un mico, ¿no os parece? Pues la literatura juvenil en los adultos crea ese efecto tan maravilloso del que os hablo. Así que no olvidéis, de vez en cuando, leer un poco de literatura juvenil. Ya veréis como os sienta fenomenal volver a sentiros libres para vivir aventuras sin que nada importe.

Aventuras, sí. Eso es lo que nos propone Ana Campoy en este libro. Porque, efectivamente, hay viajes en el tiempo. ¿No me digáis que no habéis soñado nunca con poder viajar en el tiempo? Pues eso es lo que hacen los protagonistas de esta novela: Eric, Alicia, J.J y Verónica viajan treinta años atrás, a la época en la que sus padres tienen la misma edad que nuestros protagonistas. Sí, incluso se cruzarán con ellos. Imaginad qué shock encontrarte con tus padres con tu misma edad. También os gustaría, ¿eh?

Y es que, lectores, el cambio de instituto y de ciudad no es nada fácil y menos cuando tienes esa edad. Por eso, a J.J se le ocurre una idea: va a colarse de noche en un parque de atracciones abandonado. Venga, que levanten la mano los que estén leyendo esta reseña y también se hayan colado con sus amigos de pequeños en sitios donde no debieran. No diré nada, tranquilos. Pues eso es lo que hace J.J junto a sus amigos, adentrarse de noche en un parque de atracciones. Pero, sin duda, el lugar más especial será la mansión del terror, porque desde allí es donde viajarán en el tiempo hasta retroceder treinta años. Y, ¿ahora qué?, ¿qué harán allí? Y lo que es más importante: ¿cómo volverán? Pues amigos, tendréis que leer la historia para ver cómo acaba.

La idea es bastante original y se le ocurrió a Ana Campoy cuando su sobrino le dijo que le encantaría poder jugar con ella de pequeña. La verdad es que una ocurrencia genial.

La cronopandilla: el túnel de tiempo es mucho más que aventuras. Es amistad, familia, compañerismo, autoconocimiento, exploración y claro, diversión. Un libro realmente entretenido para niños y no tan niños. A mí me ha encantado la idea de poder viajar al pasado. Eso sí, como me encontrase con mi yo en esa edad alguna que otra cosa me diría.

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Salvaje, de Iván Castelló

salvaje

salvajeReconozco que, con el tema de la corrupción, viendo lo que se ha destapado en los últimos años, tengo tolerancia cero. Sin embargo, hoy vengo a hablaros de una debilidad que tengo (o que tuve) y que choca frontalmente con lo que he dicho en la primera frase de la reseña. Esa debilidad es la siguiente: uno de mis ídolos de infancia fue don Gregorio Jesús Gil y Gil. Pocos personajes me fascinaron más en esos años en los que uno tiene esa facilidad extrema para la sorpresa y la fascinación. Puede decirse que mi sentimiento atlético nació en 1991 cuando, con siete años, vi como mi padre celebraba con pasión la Copa del Rey ganada al Mallorca. “El primer título de Gil”, decía mi progenitor con alborozo. Y gracias a él y a una figura tan hipnótica como la de Gil, mis venas se fueron llenando de sangre rojiblanca.

Trece años después de su muerte, el periodista y atlético (por este orden) Iván Castelló nos regala esta genial biografía titulada Salvaje, la imperiosa historia de Jesús Gil y Gil, empresario, político y presidente del Atlético de Madrid (pónganlo en el orden que quieran). El repaso de lo que fue su vida se centra en esas tres facetas, empezando por sus humildes inicios en el Burgo de Osma y continuando con su carrera de constructor en la sierra segoviana, donde protagonizó uno de los episodios más dramáticos (¡y mira que hubo!) de la Dictadura. De ahí pasamos a los dos grandes logros profesionales de su vida. El primero, conseguir presidir su “Atleti”, ese club del que no era seguidor, pero al que amó hasta el último de sus días, consiguiendo disputar la hegemonía mediática (que no deportiva) a Real Madrid y Barcelona. Y su otro gran logro, conseguir el bastón de mando en la alcaldía de Marbella, remodelando a base de ‘talonario’ una de las ciudades más turísticas de España, y extendiendo sus redes del Gilismo político por otros municipios de la Costa del Sol.

Jesús Gil encarnó a la perfección esa figura del self made man americano, consiguiendo lo impensable para la gran mayoría de los mortales. Un hombre hecho a sí mismo que repartió por igual simpatías y antipatías. Una figura que odiabas o amabas, pero que nunca te dejaba frío. Iván Castelló refleja de un modo notable las infinitas caras de un hombre como Jesús, todo descaro y ambición, sobre todo política, esa en la que poco a poco fue cavándose su propia tumba.

Pese a ser una biografía que no desmerece ninguno de sus capítulos, donde más he disfrutado ha sido en los dedicados a su figura de presidente del Atlético de Madrid. El autor hace un repaso de todas y cada una de las temporadas en las que estuvo al frente de la entidad rojiblanca, revisando los incontables entrenadores que le sufrieron y repasando también todos los jugadores que quedaron marcados, para bien o para mal, por el Gilismo, ese movimiento presidencial que trataba a veces a los seres humanos como perros apaleados, sin signos de conmiseración alguna.

Es probable que hoy en día, más maduro (creo) y calmado, mi fascinación por la figura del protagonista de Salvaje se tornaría en aborrecimiento e incluso odio. Pero para eso tenemos la juventud, para cometer errores, y puede que adorar a Jesús Gil fuera uno de mis errores de juventud de los que más me gusta presumir.

Salvaje es un homenaje brillante a un personaje inimitable que tuvo miles de imitadores, tanto de su faceta personal como política. Fue don Jesús un personaje histriónico que Twitter no tuvo la suerte de conocer, para desgracia de algunos. Un ser con una verborrea capaz de dejar a Donald Trump como un mero aficionado, un político políticamente incorrecto que atizó por igual a jueces, árbitros, periodistas y otros políticos. Un hombre cinco veces preso, infinidad de veces condenado e indultado por igual por Franquismo y Democracia. Un creador de titulares periodísticos capaz de ganar las elecciones más difíciles y los referéndums más inverosímiles. En definitiva, un personaje a la altura de un libro sobresaliente, como es este de Iván Castelló.

César Malagón @malagonc

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Piruetas, de Tillie Walden

Piruetas

PiruetasLa gran literatura, esa que a algunos les llega al alma y a otros a las entrañas, no se nutre del qué, sino del cómo. Una historia universal narrada de forma anodina se queda en historia anodina. Del mismo modo, una historia personal, íntima, y aparentemente intransferible, si es narrada con talento y sensibilidad, tiene todos los números para convertirse en una historia universal. Eso es lo que hace que este lector se haya emocionado con Piruetas. Porque en esta historia de los tempranos años de adolescencia de una niña lesbiana que se levanta a las 4 de la mañana para ir a clases de patinaje se ha reconocido perfectamente este padre, heterosexual de cabello cada vez menos negro, cuyos conocimientos del patinaje artístico se limitan a saber que está prohibido caerse.

Tillie, autora y protagonista de esta novela que no es tal (¿habría quizá que acuñar el término “autobiografía gráfica”?), se encuentra en ese periodo de la vida que sólo pueden añorar ancianos desmemoriados, a saber, los últimos años de nuestra infancia y los primeros de esa prolongada tortura llamada adolescencia. Si ya es difícil, a esa edad, afrontar los cambios de nuestro cuerpo, aceptar con amargo alivio que hemos dejado de ser monos,  o escribir la carta a los reyes, no cuesta imaginar lo dura que debió de ser esa etapa para Tillie Walden, una niña de carácter introvertido y que ya a los cinco años supo que no era como las demás niñas. La vida de Tillie, que se mueve entre la escuela, su mejor amiga, y el patinaje, que practica desde los cinco años, empezará a dar un vuelco lento pero inexorable el día en que su madre le anuncia que dejan la costa este y se van a vivir a Texas. A partir de ese momento, y a lo largo de casi 400 páginas, asistimos al largo y doloroso proceso de formación personal y artística de Tillie, proceso por el que, en mayor o menor medida, hemos de pasar todos, por lo menos esos adolescentes retraídos que, como Tillie, odiábamos conocer gente nueva porque, entre otras cosas, nunca sabíamos qué decir.

En Texas se encuentra Tillie con una pista de patinaje más fea y menos acogedora que la que la vio crecer en Nueva Jersey, con una disciplina deportiva diferente, con unos nombres de figuras que ella desconoce, y, sobre todo, con el acoso escolar. Por otra parte, en casa todo sigue igual. Su madre parece siempre medio ausente y Tillie se siente mucho más próxima a su padre. Ninguno de los dos, sin embargo, se molesta jamás en ir a verla competir. Todo ello, naturalmente, acentúa esa asfixiante sensación de soledad que puede producir la adolescencia, hasta que, quizá como triste mecanismo de defensa, Tillie descubre que donde se encuentra más a gusto es en la impersonal soledad de esas habitaciones de hotel a donde la llevan las competiciones. Al mismo tiempo, el patinaje deja de ser, si es que algún día lo fue, un placer, y nuestra amiga, por suerte para los amantes de la novela gráfica, empieza a buscar otras formas de expresión artística

Cuenta la autora en las interesantes notas finales que, inicialmente, Piruetas iba a ser un libro sobre el patinaje. Poco a poco, sin embargo, otros motivos, recuerdos, momentos y fantasmas de su pasado fueron adueñándose de la historia y el patinaje quedó como metáfora. Cada capítulo nos remite a una figura artística, pero lo que nos encontramos en ellos es un fragmento más de esa catarsis en que se convirtió la adolescencia de Walden. A veces es difícil encontrar sentido a algunos de esos recuerdos que marcan nuestra vida, como le sucede a Tillie con el accidente de coche que se produce a pocos milímetros de donde se encuentra, sentada en la hierba en mitad de la noche esperando que la recoja su madre. En otras ocasiones, el recuerdo es sumamente doloroso, como esa escena en que su tutor intenta abusar de ella. Y uno se sorprende una vez más del enorme talento de esta autora de apenas 22 años, que, con un trazo sencillo y un extraordinario uso del color (puede parecer una tontería, pero el empleo del amarillo, puntuando los momentos de calor, esperanza o fugaz felicidad, es impresionante), ha sabido plasmar unas emociones, recuerdos y sentimientos que sólo antes de la lectura podrían parecernos ajenos.

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Los leones de Bagdad, de Brian K. Vaughan y Niko Henrichon

Los leones de Bagdad

Los leones de Bagdad¿Merece la pena ser libre para morir? ¿Hay algo, en verdad, por lo que merezca vivir? Los leones de Bagdad es la historia más triste que he leído en mucho tiempo. Sin duda, tiene un inmenso poder evocador por los dramáticos acontecimientos que en el cómic se narran, pero aún más, por quienes lo protagonizan. No es de extrañar, y el propio autor así lo confirma, que emplear animales para contar la historia va a crear una conexión más estrecha con el lector, y el efecto de la catarsis —me compadezco de lo que le ocurre al otro y temo lo que me puede ocurrir a mí—, que se defendía en los textos aristotélicos, en ese estado en el que el hombre se enfrenta al mundo y a la vida producto del efecto que le causa la fábula, va a intensificarse en mayor grado. Los animales como protagonistas de la historia, como reflejo de la sociedad, siempre han causado una gran atención en el mundo literario. La fábula (esta vez no el concepto que tenía Aristóteles, sino el género narrativo en sí) tiene el poder de inducirnos conceptos morales que ya desde niños, en cuentos infantiles, intentan inculcarnos. Así, una historia tan dura y fascinante como la que se cuenta en este cómic no podía tener mejor aliciente para hacernos llegar su carga dramática que el de ser protagonizada por animales.

El escritor galardonado con el Premio Eisner, Brian K. Vaughan (Saga, Y, el último hombre, Paper Girls) y el dibujante Niko Henrichon han creado en Los leones de Bagdad una suerte de fábula moralizadora de nuestro tiempo más actual como así hicieran antes George Orwell con Rebelión en la granja o Art Spiegelman en Maus. Una narración basada en un hecho real en el que durante los bombardeos del ejército estadounidense sobre la ciudad de Bagdad uno de los artefactos destruyó el zoológico dejando en libertad a una familia de leones. ¿Libertad? He aquí la carga moral de esta fábula.

La familia de leones se compone de dos machos, uno adulto y el otro apenas un cachorro nacido y criado en cautividad, y dos hembras, una joven a la que apenas le quedan recuerdos de su pasado en libertad y otra adulta y ciega que reniega de la vida más allá de los barrotes. Cada uno de los leones representa los distintos tipos de personas que constituyen la sociedad iraquí. Por un lado estarían aquellos jóvenes que aún desconocen quién es Sadam o George W. Bush y que, en la figura del león cachorro, tiene que descubrir por fuerza la brutalidad de la guerra. La leona ciega y adulta, curtida en la crudeza que la vida le deparó en su pasado (sufrió peleas, vejaciones y maldades por parte de otros leones de su manada cuando vivía en libertad) se niega a dejar el zoo. Prefiere vivir una vida privada de libertad, pero con alimento proporcionado cada cierto tiempo y una estabilidad que le otorgan los cuidadores. Sería la imagen de las mujeres adultas de Irak que se limitan a pasar sus días sin buscar ni procurarse un cambio y aceptar las normas establecidas por el sistema. En contraste estarían la leona joven y el león adulto. Ellos son la imagen de las nuevas juventudes iraquíes que esperan una prosperidad y progreso para su país. Sueñan con un futuro mejor.

Una vez derribados los barrotes del zoo, los leones emprenden una aventura por las calles de la ciudad en la que tendrán que enfrentarse con otros animales que también huyeron, procurarse alimento que antes les era servido en raciones y descubrir el horror de un enemigo que escapa de su comprensión: el ejército militar estadounidense. Estos, por cierto, quedan muy en segundo plano; quienes llevan la batuta aquí son los animales. Sin duda, esta obra tiene todos los ingredientes de protesta antibélica, y se apoya en la potencia dramática de los actos que ocasionan las guerras en lo que bien pudo ser la pena y desgracia sufrida por centenares de familias iraquíes. Los dibujos de Niko acompañan las expresiones narrativas de cada uno de los sucesos con excelente trazado; los textos de Vaughan, actualmente, para mi gusto, el mejor guionista de cómics, deja frases en sus viñetas que bien merecen ser rescatadas aquí, como una de las que mejor retratan la historia: «La libertad no se concede, se gana».

El autor escribió esta historia pensando en sus héroes, los leones, como caracteres que iban a llevar el peso de las acciones, pero cuyo destino estaba fijado. Un destino de tragedia griega que, volviendo sobre los conceptos aristotélicos, sigue el curso necesario y verosímil para la culminación de una fábula perfecta.

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Los Buenos, de Hannah Kent

Los Buenos

Los Buenos«¿Cuánto sufrimiento puede aguantar una persona sin que algo se tuerza en su interior?», se pregunta Nóra Leahy, una mujer que en el mismo año ha perdido a su marido y a su hija y se ha quedado a cargo de Micheál, su nieto. El niño, de cuatro años, está famélico; sus extremidades, retorcidas; y ni habla ni anda, solo llora y se golpea.

Desde que Micheál llegó a su casa, en el valle se encadenan las desgracias. Nóra duda que ese niño sea el mismo nieto que conoció tiempo atrás, tan sano y guapo como su hija. ¿Y si es un niño postizo? ¿Y si Los Buenos tienen secuestrado a su nieto y han dejado en su lugar a un duende en forma de niño tullido? Si es así, Nance Roche, la mujer que vive sola en el bosque y que tiene el saber de las hierbas y las hadas, es la única que puede ayudarle a hacer que su verdadero nieto regrese.

A través de la historia de la Nóra Leahy, Nance Roche y Mary Clifford, la adolescente que ayuda a la viuda a cuidar del niño, en Los Buenos, la escritora Hanna Kent ficciona un hecho real ocurrido en un valle de Irlanda en 1826, en el que tres mujeres fueron acusadas de infanticidio. Al igual que hiciera en su primera y exitosa novela, Ritos funerarios, la autora rescata una historia real inquietante y desgrana los acontecimientos que llevaron al trágico desenlace. En el caso de Los Buenos, nos adentra en el folclore mágico de la Irlanda rural del siglo XIX, donde las creencias alrededor de hadas y duendes, que nada tienen de bonitas e infantiles, rigen el día a día de la gente. El trabajo de documentación que Hannah Kent ha hecho en esta novela es digno de elogio, así como su virtuosismo a la hora de ambientar y dosificar la tensión de la historia.

Los Buenos es una novela lenta, oscura y envolvente. Desde el principio presentimos que una nueva desgracia está próxima. Quizá, porque nos dejamos embaucar por las supersticiones paganas de los vecinos del valle, que ven malos augurios en el cambio de aires y en las ubres secas de las vacas. O, tal vez, porque sentimos la desesperación de sus protagonistas, personas incultas que buscan soluciones mágicas a sus problemas mundanos, por absurdas o crueles que estas sean. Y es que, como dice uno de los personajes de la novela, «Hay gente dispuesta a creer cualquier cosa con tal de no ver la verdad». Y eso es lo que hace Nóra Leahy para poder justificar sus malos sentimientos, para agarrarse a una esperanza, a algo que le asegure que todo irá bien de una vez por todas. ¿Cómo culparla? ¿Cómo perdonarla? Esos sentimientos encontrados son los que me ha provocado esta historia de pensamiento mágico y pasiones humanas, y por eso me ha encantado. Una lectura excepcional para comenzar el año, que quizá se cuele entre mis favoritas de 2018. Hannah Kent ha puesto el listón muy alto.

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Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein

Frankenstein

Tengo dos problemas con los clásicos, que además va de la mano uno con otro: el primero es que no los he leído y el segundo, que me da miedo leerlos por si al hacerlo se me caen del altar. Pero esta vez me he atrevido con uno, será que me hago mayor, y he decidido leer Frankenstein en la edición que Ariel ha publicado en conmemoración con el bicentenario acompañada, además, de notas y ensayos los cuales van destinados a satisfacer las ansias de conocimiento de «científicos, creadores y curiosos en general».

Pero vayamos primero a lo importante: el libro huele mucho y bien, y la edición no está nada mal. Viene, como he comentado antes, con gran cantidad y variedad de textos complementarios, como un prefacio de los editores, la introducción al libro que Mary Shelley publicó varios años después de la aparición de la novela, una cronología de la ciencia en la época de Shelley, siete ensayos contemporáneos sobre la obra, referencias, lecturas complementarias, colaboradores de la edición y notas, muchas notas a pie de página. Tengo que avisar de algo antes de nada, y es que en referencia a estas notas lo mejor es que quien las lea ya haya leído el libro antes, porque la gran mayoría pecan de ser bastante spoiler. Aunque seguramente esto se deba a que yo ya lo tendría que haber leído. De todas formas, esto es un mero hecho anecdótico ante unas notas que no dejan (casi) ningún tema científico de la obra sin resolver.

He pensado antes de ponerme a escribir esta reseña que seguramente no era necesario hablar sobre el tema o el contenido de la obra, porque creo que, aunque no se haya leído, la mayoría de la gente sabe de qué va la historia de Frankenstein (aunque os tengo que decir que no tiene nada que ver lo que “se sabe” de la historia con lo que cuenta el libro); así que me centraré más en lo que me ha resultado curioso o en lo que creo que puede ser útil para el lector de esta edición en concreto. Uno de estos aspectos es que no se tenga miedo, lo digo porque yo tuve cierto recelo, a evitar comprar esta edición por tener dudas de si las notas, los ensayos o los distintos comentarios que ofrece el libro quedarán muy lejos del entendimiento de aquellos que no tenemos ni idea sobre ciencia. Para nada, lo podemos leer tranquilamente y, además, nos hará aprender muchas cosas que con la lectura simple del texto nos pasarían de largo. Algo que me ha gustado mucho acerca de estas notas es el punto que se les ha querido dar de chispa a la reflexión; muchas de ellas presentan preguntas para que nosotros, los lectores, sigamos indagando en la diatriba que nos presenta el editor en cuestión.

Apartándome un poco ya de este tema: ¿sabíais que el “monstruo” no tiene nombre? Me encanta saber tan poco sobre lo que se debería saber mucho porque cuando empiezo a saber sigo sorprendiéndome como cuando era un niño. Y no, no tenía ni idea de que el “monstruo” no tiene nombre, ni de que Frankenstein nunca es mencionado ni se menciona como doctor, ni de que hubo la posibilidad de una (esto va en honor a Rosario) “monstrua”. Datos como estos, frases que he subrayado porque me parecían geniales o una novela tan buena que me encantaría poder volver a no haberla leído para tener la oportunidad de su primera vez de nuevo, son algunas de las cosas que te puedes encontrar si te adentras por primera vez en Frankenstein.

Seguro que os ha pasado alguna vez eso de que mientras estás leyendo un libro te viene a la cabeza la siguiente pregunta: «¿como puede ser que el autor de esta obra (que es probable que lleve muerto años) haya escrito lo que sabía que yo quería leer?». Creo que nunca responderé a esta pregunta, no sé si por voluntad propia o incapacidad, pero sí sé que seguiré viviendo con ella. Y espero seguir viendo ediciones nuevas sobre contenidos no tan nuevos (y también sobre nuevos, eh) y pensar que no soy el único que se pregunta esto. Pero a veces sí que pienso que soy el único, a veces sí que me siento un «moderno Prometeo», a veces yo también juego a ser Dios. No fastidies, ¡que hasta el protagonista se llama Víctor!

Todo un acierto de Ariel, un nuevo empujón para aquellos que quieren seguir pensando mientras sonríen de placer.

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Conóndromo, de Francesc Aunión Julià

conóndromo

conóndromoLa muerte va ligada a la vida. Es un hecho. No existe muerte sin antes vida. Una evidencia inquebrantable. La mayoría la temen. Algunos la aceptan. Todos saben que es ineludible. Tarde o temprano todos ajustamos cuentas con la Parca. Y debido a esto, por el hecho de pensarlo, de meditar unos instantes en nuestra transición (o la de nuestros seres queridos) hacia la transformación en materia del universo, en una conciencia que se hunde en la nada, ¿no deberíamos vivir una vida más plena? ¿No deberíamos aprovechar cada segundo de esta fugaz etapa?

Bien, ya sabemos que, como dijo el propio Séneca, nada es tan cierto como la muerte. Con todo, poco podía imaginarse el filósofo natural de Córdoba que el humano alcanzaría tales logros en medicina que elevarían la esperanza de vida a niveles que para alguien nacido en el siglo IV antes de Cristo podría ser lo más parecido a acariciar con la punta de los dedos la inmortalidad. Y la tecnología sigue avanzando, a pasos agigantados. Así pues, no sería descabellado pensar que el humano pudiera en algún momento, de alguna u otra forma, superar el obstáculo universal que significa la muerte. Llegado ese momento, una vez seamos imperecederos, ¿qué miedos atenazarían al espíritu humano? ¿Seríamos capaces de vivir con plenitud o el hastío nos consumiría por los siglos de los siglos? El libro que hoy nos ocupa seguro que os dará algunas respuestas a tales incógnitas, además de lograr que reflexionéis largo y tendido sobre el tema.

Conóndromo de Francesc Aunión Julià nos hace viajar hacia el futuro: el año 2146. En ese mundo en el que la sociedad y la tecnología son un todo la muerte es un hecho residual, insólito incluso. Los humanos transfieren sus consciencias a un mundo virtual denominado Beyond en el que vivirán eternamente. Con este panorama como telón de fondo encontramos a Ray, una adolescente a la que sus padres le han regalado la opción de volverse virtual una vez haya cumplido la mayoría de edad. Pero Ray es una muchacha que se ha acostumbrado al mundo real, a coleccionar objetos vintage y a disfrutar con sus amigas. La transición forzosa que significa trasladarse a Beyond es un recorrido que intentará evitar por todos los medios. La cuestión es que sus propios padres no se lo van a poner fácil.

Para disfrutar de Conóndromo hay que tener una cosa clara: la ciencia ficción no es solamente naves espaciales, pistolas láser o batallas en el espacio profundo; la ciencia ficción es especular sobre la evolución de nuestro mundo, de nosotros como especie y de lo que nos rodea, y eso a veces se debe relatar con calma. Francesc Aunión Julià así lo hace, revelando la vertiente más costumbrista del género. Así pues, la placidez en la narración nos mostrará momentos en apariencia tan anodinos como la asistencia a un curioso concierto de música o la búsqueda de trastos antiguos por parte de la protagonista; escenas que son la esencia y la urdimbre que da forma al personaje principal, al que seguiremos a lo largo de más de 500 páginas y que infunden calidez, cercanía y calma al lector. Pasajes que irán encadenando hábitos de una persona normal que reside en un mundo que nos parecerá extraordinario. Un mundo construido con igual calma que es tan bello como sobrecogedor. Un lugar en el que los padres huyen antes de que les alcance la muerte, dejando atrás, totalmente abandonados a su suerte, a sus hijos. Una sociedad de niños y niñas al cuidado de robots y niñeras, de enormes desigualdades entre clases sociales debido a una mala repartición de la tecnología y de urbes semivacías.

Conóndromo está narrado en una primerísima persona que nos permite no solo sentir empatía por Ray, sino también llegar a ponernos en su pellejo, sentirnos de nuevo adolescentes y hacer de sus dudas las nuestras. ¿Tomaríamos las mismas decisiones? ¿Nos arriesgaríamos a luchar contra un sistema que parece imbatible? Las reflexiones se irán sucediendo a medida que vayamos avanzando en el viaje de Ray, y nos perseguirán más allá de ese giro argumental que llega justo en el preciso momento en el que la narración parece decaer, insuflando vigor para llegar hasta las páginas finales, y mucho después de haber cerrado el libro. Y tras ese final que deja la puerta totalmente abierta a una segunda parte el autor nos regala una cronología en la que explica con detalle y tremenda verosimilitud los hechos sociopolíticos, religiosos, tecnológicos o económicos que convirtieron el siglo XXII en el siglo en el que el humano se tornó inmortal. Unas pocas páginas que albergan mucha genialidad.

Conóndromo de Francesc Aunión Julià publicado por Adaliz Ediciones es un libro de ciencia ficción que pone el foco sobre una persona corriente en un mundo en el que morir es historia. La obra resulta una gran reflexión sobre las consecuencias, además de los temores y debates morales, que se nos pueden presentar ante la perspectiva de alcanzar el siguiente, y tecnológico, paso en la evolución del ser humano.

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Asesinato en Charlton Crescent, de Annie Haynes

Asesinato en Charlton Crescent

Asesinato en Charlton CrescentMi particular gusto por las novelas de detectives comenzó con los casos del Comisario Antonino, que empecé a leer con apenas diez años, y que aún me siguen gustando casi veinte años después. Cuando descubrí la obra de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, cuatro o cinco años después de este primer acercamiento al género, ya no pude dejar de leer este tipo de historias. Y así sigo. Esto se debe no solo al misterio o misterios que esconden, que me engancha desde el principio y que me tiene pegada a sus páginas hasta conocer toda la verdad, sino también por su increíble ambientación, que en el caso de esta autora a la que admiro es la Inglaterra de mediados del siglo pasado. ¡Y esto es algo que hace que la historia sea mucho más interesante!

Por eso, cuando descubrí a Annie Haynes, coetánea, conocedora y tan admiradora de las novelas de la reina del crimen como yo, y supe que la editorial dÉpoca iba a traducir una de sus obras al español, sabía que tenía que leerla sí o sí. Todos aquellos que hemos tenido la suerte de leer alguno de los títulos publicados por esta editorial asturiana sabemos que cuidan muchísimo sus ediciones, con preciosos detalles e ilustraciones que hacen disfrutar aún más de la lectura, y sus traducciones, algo esencial y muy importante en las novelas de época.  Así que esta fue otra razón que me llevó a leerla y se convirtió en mi último libro leído en este 2017, además de en un gran descubrimiento.

Pero vayamos a lo que importa: ¿Qué tiene de especial Asesinato en Charlton Crescent? ¿Cómo son las novelas de esta escritora de misterio injustamente desconocida en general? Esta es, sin duda alguna, de esas historias tan bien construidas desde sus primeros capítulos que, al terminarla, sientes que todas sus piezan encajan a la perfección. Y eso es algo que se agradece enormemente en este tipo de novelas, ya que no siempre la resolución del misterio tiene sentido, hay veces que parece que se saquen todo de la manga y nos dejen boquiabiertos. ¿No os ha pasado alguna vez?

Y otro elemento a destacar son sus personajes, en los que se ve que Haynes se esfuerza en profundizar en ellos, sus historias y emociones, lo máximo posible. En especial porque esta es de las típicas novelas de misterio con muchos personajes y es muy difícil llegar a conocerlos a todos a la perfección. Pero la autora nos da las pistas necesarias para descubrir quién es el asesino entre todos ellos, mientras que por el camino y debido a la impresionante construcción de la historia que realiza, desconfiaremos de todos ellos casi por igual. Por eso, personalmente me costó mucho averiguarlo, pero toda la historia me enganchó por completo porque me mantuvieron expectantes todos los elementos del crimen y cada una de las pintas obtenidas por la policía y, cuando pensaba que sabía quién era el asesino, las tornas cambiaban por completo en el siguiente capítulo y Haynes consiguió despistarme hasta casi el final. Y no es algo que todos lo autores de este género logren.

Y, por último, respecto a la ambientación, tal y como consigue Agatha Christie en su obra y como os he comentado al principio de la reseña, es increíble y es capaz de trasladarte completamente a la época. En este caso, son los años 20 en Inglaterra, en diferentes ciudades y otros pequeños condados, y la forma en la que vivían y cómo se comportaban los personajes es tan diferente a la actual que creo que esto añade aún más a la novela y que me hizo que me gustase aún más. Particularmente, me fascinan tanto Inglaterra como los años 20 y esto hizo que disfrutase más de la novela.

Así que, como conclusión, no puedo dejar de recomendar Asesinato en Charlton Crescent a todos aquellos que, como yo, seais unos apasionados de las novelas de misterio, especialmente esas en las que todo encuentra un sentido al final, de esas en las que desconfías de casi todos los personajes y que disfrutas especulando con quién será el asesino al final. Espero que la editorial publique más novelas de Annie Haynes porque me ha sorprendido mucho (en el prólogo también hace un resumen muy interesante de su vida y de su obra, por qué es tan desconocida en general) y creo que es una apuesta segura, ¡por lo que he podido leer hasta ahora!

 

 

 

 

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Bambi, de Felix Salten

bambi

bambi¿Bueno y qué? No he visto Bambi. Nunca. Lo reconozco. Trozos sueltos por azar en algún telediario aprovechando el estreno de alguna cinta de la factoría Disney para rellenar hueco con algún minirreportaje o en Días de Cine o similar, sí. Pero soy uno de esos monstruos sin corazón que ha crecido sin haber visto la –dicen que traumatizante– película. Aunque acabo de leer el libro. Y seguramente muchos de los que han visto la peli estarán convencidos de que ese pequeño e indefenso cervatillo es una invención de Disney, como pueden ser Dumbo o WALL-E, pero nada más lejos. Es más. La mayoría de los argumentos de las cintas de animación de la casa del ratón, propietaria de Marvel, de la Fox, (y de EE.UU de aquí a cinco años) están basadas en libros, pero esa es otra historia.

No sé muy bien qué me llevó a querer leer la novela. Tal vez la curiosidad por conocer el origen de la mítica película o comprobar si lo que se cuenta en él difiere de lo contado en el filme (y aunque no la he visto sé que en la cinta aparece Tambor, pero en el libro no aparece ningún conejo llamado así y que sea el amigo de correrías de Bambi). Admito que en el dossier de prensa me llamaron la atención las ilustraciones textiles, tan sutiles y a la vez tan descriptivas y expresivas con tan solo paño e hilo.

El caso es que lo he leído. Y me ha gustado, pero me queda una duda. ¿Realmente es un libro infantil? No estoy tan seguro de ello. Yo diría que es una lectura para un público juvenil y adulto pero, desde luego para nada infantil, ya que tiene algunos pasajes algo gores (uno de los personajes, por ejemplo, y no hago espoilers, muere con los intestinos fuera…) ¿Que los animales hablan? Sí. También en Rebelión en la granja. Todo tipo de animales hablan en Bambi, e incluso las hojas de los árboles, pero aún así, no es motivo suficiente para catalogar a un libro de infantil.

¿Y de qué va el libro? De la vida. Del descubrimiento de todo lo que rodea a nuestro corzo (no es un cervatillo como en la peli) desde que nace en un bosque europeo (tampoco es de EE. UU, como en la peli). De las enseñanzas que su madre le va impartiendo. De las dudas y temores, de dónde buscar comida, qué senderos recorrer, cuándo dormir, del crecimiento y madurez y también de la soledad y la muerte. Del ciclo de la vida, como dicen en El rey león. Y del miedo. De Él. Él que es el/los cazador/es y por extensión la especie humana, a quien todos los animales temen por haberle visto matar con una tercera mano y un ruido atronador, por creerle todopoderoso, superior a ellos, y un dios de vida y muerte.

Me he llevado una gran alegría al leer Bambi. El ritmo es el adecuado, la prosa no es complicada (esperaba aburridas descripciones de los elementos del bosque) pero sí muy cuidada y describe muy bien animales, flora y el comportamiento de los animales en el bosque, como una gran familia no unida, o mejor, como una comunidad de vecinos, en la que todos van a lo suyo, con sus prisas y sus problemas y solo de vez en cuando, sobre todo cuando Él aparece, hacen unión.

Es un libro emotivo, vital, que te inocula las ganas de ir a un bosque, de caminar pisando esas hojas secas que avisan a los animales de que Nosotros estamos ahí, de pedirles perdón, de escuchar a los arrendrajos e intentar ver a todos los animales que podamos y entender que son parte de este mundo que antes era todo suyo y que poco a poco se lo hemos ido quitando. Entender que ellos solo quieren hacer su vida, sobrevivir…

Alguien dijo que le parecía mentira que se hubieran comprado los derechos de un cuento tan simple en el que “nace un cervatillo, matan a la madre, encuentra pareja…” Lo cierto es que no es para nada un cuento tan simple. Hay mucho más en él. Es ecologismo puro, amor a la vida y a los animales y un intento de empatizar con ellos. Es el ciclo de la vida, ya lo he dicho antes, y es un libro que merece leerse.

Aprovecho para felicitar a Thule por la fantástica edición que se han currado. Les ha quedado un libro precioso por dentro y por fuera. Todo un regalo.

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¡Estás pecando, Señor!, de Alejandro Salgado Sevilla

¡Estás pecando, Señor!

¡Estás pecando, Señor!Es más que probable que jamás me hubiese acercado a este libro por su título, aunque tengo que reconocer que estos días ha estado rodando por mi salón y ha llamado la atención de quienes por allí han pasado; ni por su portada, que no digo yo que no sea actual y atractiva a la vista; tampoco suelen ser los premios lo que me acerquen a los libros, es más, en ocasiones me aleja de ellos, pero pensé que aun habiendo sido uno de los finalistas del IV Premio Iberoamericano Planeta CASA DE AMÉRICA, no tenía pinta de ser uno de esos que todo el mundo ya ha leído y está muy reseñado y en boca de todos, ya saben que me gusta hacer mis propios descubrimientos… Pero tampoco eso fue decisivo para decidir que pasaría con el mi primera parte del descanso navideño.

¿Qué es entonces lo que realmente me acercó a ¡Estás pecando, Señor!?

Fue precisamente hacer lo que nunca hago al tener una novela entre mis manos, leer su contraportada, eso que tanto el autor como la editorial se esfuerzan porque leamos y yo casi nunca hago. Pues bien, fueron las palabras “Santo Prónubo” las que llamaron mi atención, las que me dejaron desconcertada, después explica que es el verdadero Anillo con el que San José desposó a la Virgen María. Y claro, una que es muy, pero que muy curiosa con estos temas se siente ya atrapada por esta historia que le espera.

Yo había leído que este famoso Anillo que desde el Siglo XV se encuentra en Perugia (Italia), llegó allí desde una localidad de la Toscana llamada Chiusi ¿Cómo llegó a la Toscana procedente de Jerusalén? Pues al parecer la Virgen se lo entregó a su querido Juan (San Juan) antes de morir (o ascender a los cielos según la tradición católica). Tiempo después, no se sabe cómo, llegó a manos de un comerciante de Jerusalén que a su vez lo vendió a un orfebre de Chiusi… Pero si es por historias les aseguro que sobre el Santo Anillo debe haber otras cuatro o cinco muy interesantes.

A mí me gustan las historias contadas en distintas fases, escalas o tiempos, esto es, diferentes narraciones que al final convergen en la conclusión y desenlace de la historia. El autor, Alejandro Salgado Sevilla, según nos decía la editorial, entrelaza con habilidad tres líneas argumentales que se desarrollan en los Siglos XVIII, XIX y nuestros días, hace que todo encaje y el lector quede así sobradamente satisfecho con el resultado.

El inicio del libro nos sitúa en:

“7 de enero, Córdoba, año 1795

-¡OH, NO! ¡DIOS MÍO, AQUÍ HUELE A SANGRE! –exclamó don Torcuato-. ¿Qué ha sucedido?

Solo uno de los seis ventanales angostos estaba abierto de par en par, dejando entrar un flujo de aire frío, siniestro, acaso impertinente. Aquel curso sombrío y violento de aire parecía tener la intención de que a don Torcuato no se le pasara por alto ningún documento que los pisapapeles de plata pudieran dejar encubierto a la vista…”

Y así nos adentramos en este entramado novelesco que nos entretendrá hasta su última página.

Se agradece sobre todo en estos pasajes de los Siglos XVIII y XIX la alta calidad narrativa que nos ofrece el autor, da mayor credibilidad a los acontecimientos que nos va describiendo, haciendo verosímil no solo los mismos, sino la ambientación que los rodea. Debemos tener en cuenta que el detalle es muy importante dado que la historia se inicia con la investigación del asesinato del Obispo de la diócesis, investigación que será llevada a cabo por don Torcuato, Secretario Episcopal de Córdoba.

Por otra parte conoceremos a los hermanos Huenumán, llegados desde Chile como esclavos, en especial seguiremos la vida de la hermana, Verena María, un curioso personaje que dará un color especial a toda esta historia, cuya adicción al sexo, y el descubrimiento de que a través de él se puede ejercer un inmenso dominio sobre otras personas, la hará cada vez más poderosa. A sus manos llegará aquel anillo del que antes les hablaba y que tanto me había interesado.

Ya en nuestros días nos acercamos a las también hermanas, en este caso gemelas idénticas, Beatriz y Teresa, abogada una, asistente social la otra. Los capítulos se irán entrelazando de forma que poco a poco vamos viendo como el pasado y el presente van tomando forma, como cambia el pensamiento y la vida durante el recorrido de la historia, pero como el ser humano en sus profundidades sigue siendo y reaccionando igual.

Tomar decisiones cuyas consecuencias nos acompañaran a lo largo de la vida no es fácil, tampoco convivir con fobias, con filias y parafilias que en ocasiones van más allá de la inmoralidad para llevar a las más terribles perversiones.

Hay novelas que mientras las lees las puedes ir viendo en tu mente como si fuese una película o una obra de teatro, este podría ser un claro ejemplo. Un libro que me llega por el interés y la curiosidad por ese Santo Anillo tan especial, y en el que he encontrado integrado en sus páginas, historia, sexo e intriga. Una novela negra con tintes históricos, bien planteada desde su inicio, con un desarrollo que va generando mayor curiosidad e interés a cada página, ganando en ritmo y con un final que Alejandro Salgado Sevilla deja bien cerrado.

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