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Hasta arriba, de W. E. Bowman

Hasta arriba

Hasta arribaYo soy de sonrisa fácil y de risa difícil. Así me describieron una vez, y la frase me pareció tan atinada que aún la recuerdo. Por eso me llaman la atención los libros de humor, porque busco ese que consiga hacerme reír a carcajadas. Y como Hasta arriba, de W. E. Bowman, se anuncia como «un clásico del humor y del alpinismo» y como «El libro más divertido que he leído en mi vida», según Bill Bryson, autor de su prólogo, allá que me lancé a leerlo.

El libro comienza hablando del autor, W. E. Bowman, y recoge la breve autobiografía que escribió dos años antes de morir y que se leyó en su funeral. Solo con esas líneas, ya me imaginé la clase de hombre que fue el bueno de Bowman y el tipo de humor que tendría la novela, y mis expectativas aumentaron. A continuación, en el prólogo, Bill Bryson cuenta cómo descubrió este libro, publicado en 1956 (poco después de que se alcanzara la cima del Everest por primera vez) sin obtener un éxito significativo, y cómo, con el paso de los años, se ha convertido en un libro de culto para alpinistas y científicos polares, como bien se anuncia en su portada. Su trascendencia dentro de esos círculos ha sido tal, que se han bautizado varios accidentes geográficos, enclaves hoteleros, clubes de escalada y cadenas de material de alpinismo con referencias a esta novela.

Pero no hace falta haber escalado una montaña para divertirse con su lectura. Al menos yo no lo he hecho y conecté con el libro. Y es que me encantan los juegos de palabras, los dobles sentidos y el humor absurdo, y Hasta arriba está repleto de ellos en cada línea; aunque con la traducción se hayan perdido algunos de ellos, pese a la gran labor de la traductora, Julia Osuna, para esta edición de Blackie Books.

En esta disparatada novela, nada está escrito al azar: todo es una continua parodia. Por eso, la expedición que la protagoniza, y que tiene como objetivo coronar Kurda Rarí, el pico (ficticio) más alto del mundo, está compuesta por un jefe constantemente ignorado, pero tan inocente que ni se da cuenta; un guía que siempre se pierde; un fotógrafo que nunca llega a tiempo para captar los momentos importantes; un experto en lenguas que no hace más que crear malentendidos al comunicarse con los autóctonos; un médico que no puede curar a los demás porque es él el que siempre está enfermo y un cocinero que provoca indigestiones en todos aquellos que se atreven a probar sus mejunjes. ¿Qué puede salir mal con semejante equipo? Todo, obviamente, y ahí está la gracia.

Las desventuras de esta panda de incompetentes me han tenido con una sonrisa página tras página, pues el humor en Hasta arriba no decae ni un momento, pero las carcajadas a las que aspiraba no han llegado. Quizá, si fuera alpinista, esta vez lo hubiera conseguido. O quizá sea que hacerme reír a mí es un reto mayor que alcanzar la cima del Kurda Rarí.

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Breve historia de Gengis Kan, de Borja Pelegero Alcaide

Breve historia de Gengis Kan

Breve historia de Gengis KanA diferencia del mundo actual, en el que el planeta tiende a dividirse cada vez en más países (por conflictos políticos, pedidos de independencia o conflictos culturales) el pasado histórico nos permite rememorar la época de los grandes imperios, y entonces nos encontramos con Imperio Romano en la época de Trajano, que, desde el Atlántico en el Oeste al Golfo Pérsico al Este, tenía una extensión de 6,5 millones de kilómetros cuadrados, o aún mucho más grandes, con los Imperios Chino Qing (14,7) o Ruso (23,7 km2), pero pocos tenemos tanto conocimiento acerca del más extenso de todos los imperios que hayan existido: El mongol. Y quien llevó a este Imperio a su máxima extensión fue su caudillo nómada, Gengis Kan, principal figura de este libro que aquí reseñamos.

A lo largo de poco más de 200 páginas, Borja Pelegero Alcaide (Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona) nos ofrece una visión global acerca de la vida y obra Gengis Kan, pero antes de meterse de lleno en su vida, prepara el terreno para que al momento de la entrada en escena del personaje principal, los lectores puedan tener un conciso pero esclarecedor panorama de la coyuntura en la que Gengis Kan aparece; por eso mismo, al comienzo del libro podremos aprender sobre el origen de los pueblos nómadas, sus costumbres, armamentos, estilos de batalla y etnias existentes, además de prestarle suma atención a la relación entre los pueblos nómadas y sedentarios y los conflictos latentes con la vecina China; seguramente muchos lo saben, pero siempre es bueno recordar que era tal el poder de los diversos pueblos nómadas, que la China milenaria, para contenerlos, tuvo que construir la famosa Muralla.

Cronológicamente, el líder militar comenzará a ser parte del libro con un breve recurrido por su dura infancia, cuando aún se llamaba Temujín (Gengis Kan es un título que obtuvo luego) y debió sufrir la muerte de su padre y un secuestro, pasando por su adolescencia en la que comenzó a irradiar con su carisma, hasta llegar a convertirse en el líder militar que a lo largo de su vida uniría a todas las etnias nómadas para, mediante sangrientas matanzas y conquistar, conformar el más grande imperio de la historia.

Las más famosas de sus conquistas están narradas detalladamente (admito que esta parte del libro se me hizo un poco pesada, pero hará las delicias de los amantes de las batallas militares) y cabe destacar la importancia de Gengis Kan en los numerosos triunfos, no solo por su liderazgo en el campo de batalla, sino sobre todo por sus reformas internas y la disciplina que inculcó en sus tropas.

El capítulo final de Breve historia de Gengis Kan resulta de lo más interesante, ya que el autor hace un resumen equilibrado de los aspectos positivos y negativos de Gengis Kan, destacando su carisma, organización y justicia con los que lo ayudaron, pero también el lado sangriento de sus conquistas visto desde los parámetros humanistas actuales.

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Billy Elliot, de Melvin Burgess

Billy Elliot

Billy ElliotQue el libro siempre es mejor que la película es una frase que los amantes de la lectura solemos defender a capa y espada. Las versiones cinematográficas no siempre plasman todos los detalles de la historia original y se nos quedan cortas. Pero ¿qué pasa cuándo es al revés? Aunque los ejemplos son mucho menos numerosos, también hay películas que después de su gran éxito se han adaptado a novela. Es el caso de Billy Elliot, la película británica que causó sensación en el año 2000 y que fue convertida en libro poco después por Melvin Burgess.

Yo vi Billy Elliot en el cine con mi clase del instituto. Creo que fue la única vez que nos llevaron a ver una película fuera de las aulas. ¿Y por qué Billy Elliot? Porque recrea las huelgas de los mineros ingleses durante los años ochenta. La historia del protagonista era lo de menos, dijo la profesora. Y fue precisamente esa historia, la de un niño que se olvida de los convencionalismos sociales y deja el boxeo por el ballet, la que llamó mi interés. ¡Qué ejemplo de valentía, de sacrificio, de aceptación! ¿Cómo pudo decir que eso era secundario? Vale que estuviéramos en clase de Historia, pero aún hoy me sorprende que pasara por alto todos esos valores que la película transmitía. Dejó que aquellos adolescentes se rieran cuando en la gran pantalla se hablaba de homosexualidad o se veía «un chico haciendo cosas de chicas», en vez de aprovechar la ocasión para abrir sus miras y cargarse sus estúpidos prejuicios. Aquel día tal vez nos quedó claro lo que era un esquirol y las consecuencias de una huelga, pero nadie nos alentó a ser cómo quisiéramos ser, sin importar lo que dijeran los demás.

Casi veinte años después, de aquella película solo recuerdo la pasión de Billy, porque más allá de recrear un conflicto laboral de enormes consecuencias en el Reino Unido, es ese personaje el que hizo grande aquella película. Y a ese mismo Billy lo he encontrado en la adaptación de Melvin Burgess que acaba de publicar SM con las ilustraciones de María Simavilla: un niño con una vida familiar complicada y lleno de dilemas interiores porque lo que desea hacer se sale de la norma. Pero también he profundizado en los pensamientos de Jackie Elliot, el padre, que lo hacen más cercano; los de Tony, el hermano y polo opuesto de Billy, y los de Michael, su amigo incondicional, que también nada contra la corriente. Esa es una de las ventajas de la narrativa, que nos permite meternos en las cabezas de los personajes y descubrir qué se esconde detrás de un ceño fruncido.

Tendría que volver a ver la película para deciros si el libro es una adaptación fiel o se toma algunas licencias, pero ¿acaso importa? Billy Elliot es, ante todo, una historia de valores y estos aparecen tanto en una versión como en la otra. Así que ved Billy Elliot y leed el libro sin preocuparos de encontrar las diferencias. No hagáis como aquella profesora mía que se obcecó por cumplir el temario del curso y no aprendió la gran lección que nos da Billy Elliot para crecer como seres humanos.

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Feria del Libro de Gijón

Feria del Libro de Xixón

Feria del Libro de XixónDurante el fin de semana del 15 al 18 de junio se ha celebrado en el Paseo de Begoña la Feria del Libro de Gijón, un evento silenciado desde hace dieciocho años y que, por fin, permite que las librerías y editoriales asturianas salgan a las calles a demostrar que en Gijón hay mucho que contar y mucho más por leer. En un año en el que la Semana Negra, cita literaria por excelencia en Gijón, parece perder apoyo tanto económico como administrativo por parte del Principado y ayuntamientos y amenaza con desaparecer, los cuatro días de la Feria del Libro han servido para demostrar que a los gijoneses —y a un servidor, humilde mostoleño residente en esta ciudad— nos gustan los libros y mucho.

Las impresiones de libreros y editores a la conclusión de la feria han sido unánimes: un éxito rotundo. ¡Si hasta el clima ha sido favorable ofreciendo un reluciente sol y una fabulosa temperatura veraniega! En las jornadas de feria se han llevado a cabo talleres de creación poética y cuentos infantiles tanto en la caseta de la Biblioteca Municipal como en el Centro Cultural Antiguo Instituto Jovellanos, exposiciones de ilustraciones, actividades gastronómicas con la literatura como principal ingrediente, firmas, presentaciones y coloquios literarios. Todo alrededor del magnífico Paseo de Begoña que se ha inundado de casetas llenas de libros; veintitrés librerías gijonesas y diecisiete expositores de las diferentes editoriales asturianas que han mostrado unos variados catálogos de muy alta y necesaria calidad literaria.

Del primer al último día he estado muy entretenido entre charlas, paseos por las librerías y talleres. El primer día de la feria lo aproveché para asistir a un ameno y divertido curso sobre la obra de Gloria Fuertes en el Antiguo Instituto. «Una poeta en moto: Gloria Fuertes», se llamaba el taller que rescataba algunas claves de la creación poética de la magnífica escritora madrileña en el centenario de su nacimiento. Después se realizó un concierto-recital dedicado a la figura del poeta gijonés Alfonso Camín. Lo mejor de estos recitales ha sido ver la elevada asistencia de gente joven muy interesada en la poesía. No desaproveché la ocasión para recorrerme algunas de las librerías de la ciudad que ofrecían diversas presentaciones de libros y jornadas de relatos reuniéndome de buena gente con mucha ilusión por la lectura. Desde aquí les deseo muchos años de continuidad a todos esos libreros de La Buena Letra, con un buen catálogo de novelas policíacas, Identidad Secreta, una de las tiendas de cómics con más solera de Gijón, La Revoltosa, gran impulsor de nuevos valores poéticos entre charlas y cafés y un buen puñado de rincones más para perderse entre libros durante horas y horas. Algunos de los autores que presentaban sus trabajos son de sobra conocidos por estos lares como era el caso del escritor Luis Sepúlveda, que presentaba su última novela con tintes policíacos, El fin de la historia (Tusquets).

La Feria del Libro es la fiesta de las librerías y editoriales así que me dediqué a deambular entre las casetas de las editoriales asturianas para observar los títulos que presentaban. Una gozada sentir la cercanía de unos valientes editores que han apostado por una literatura muy interesante. Aquí voy a destacar algunas de las editoriales que más interés han despertado en mí junto a algunos de sus títulos:

Editorial Pez de Plata fue creada en 2010 con el propósito de aunar arte pictórico y literatura en unas ediciones que bien se podrían considerar de lujo con un cuidado y detallado mimo en su encuadernación. El rato que pasé charlando con Jorge Salvador y Eva Galindo, impulsores de esta valiente empresa, me sirvió para aprender a confiar en su modo de trabajo, duro e implacable a la hora de tomar decisiones de riesgo, y me dejé aconsejar por algunos títulos que traían bajo el brazo. Uno de ellos era El túnel, de David Barreiro, un joven escritor y periodista gijonés. La novela cuenta la historia de un músico de Gijón que, a sus cuarenta años, se lamenta por haber perdido el tren del Xixón Sound, la escena musical que explotó en los primeros años de la década de los noventa, y ahora busca una salida a su inestable vida. En una ciudad como Gijón, donde todo pudo ser y nada llegó a cumplirse, se plantea su nuevo rumbo e intenta que el amor sea quien le guíe.

Otro de los títulos curiosos de esta editorial es Samsa, de Lorenzo Ariza. Este fue sin duda el primero al que eché mano por mi admiración hacia el cuento La metamorfosis, de Kafka. Mi interés no pasó desapercibido a Jorge Salvador, editor que estaba al otro lado del estand, y rápido me contó la historia de esta obra. El autor plantea otra vuelta de tuerca a la historia de Gregor Samsa, una intrahistoria al otro lado de esa habitación donde sufrió su horrible transformación. Su hermana tendrá un peso importante en la trama al igual que el resto de personajes que se moverán alrededor de unos acontecimientos que incluyen una muerte y una investigación policial vinculados al joven Gregor Samsa, que despertó una mañana tras un sueño intranquilo convertido en un monstruoso insecto.

La caseta de la editorial Satori mostraba orgullosa los libros dedicados a la cultura japonesa y oriental. Narrativa de ficción, ensayos de su cultura y expresiones artísticas, incluyendo títulos de budismo, filosofía zen o teatro, lucían en el mostrador de su estand. De su catálogo me decanté por ojear La mirada perversa, de Edogawa Rampo, de llamativa portada. En él, seis relatos conforman unas inquietantes historias que mezclan erotismo y misterio repleto de personajes grotescos, voyeurs asesinos y seres deformes.

También interesante resultó 47 Ronin, de Tamenaga Sunshui, una apasionante historia que enaltece el valor del honor. Relata la lealtad de los samurái por vengar a su señor tras haber sido condenado a la pena capital a pesar de sufrir penalidades, burlas y descrédito.

Por último, la editorial Hoja de Lata, una pequeña editorial independiente que publica libros de ficción y no ficción en español y en asturiano y que resultó un grato hallazgo. Defendió estoicamente su catálogo tras el mostrador de la caseta su editor Daniel Álvarez. Por él me dejé aconsejar de algunos de sus mejores títulos. También lo hizo una apasionada lectora que preguntaba por libros de misterio y suspense. Llevaba una camiseta de Stephen King; es de las mías. Diego Álvarez nos recomendó orgulloso y con una emoción digna de aquellos que adoran su trabajo tres de los libros que más alegrías le habían dado durante las jornadas de la Feria del libro de Gijón. Comenzó por las dos antologías dedicadas a los relatos inquietantes de la escritora alemana Marie Luise Kaschnitz, La sonámbula y La niña gorda. Narraciones de suspense psicológico que engloban a personajes con comportamientos impropios de ciudadanos corrientes en ambientes oscuros.

Cosecha, de Jim Crace, fue otro de los libros recomendados. Esta novela se desarrolla en una comunidad rural a la que llegan tres extraños forasteros. Durante los siguientes siete días se desencadenarán unos terribles acontecimientos en la aldea que la llevarán a su destrucción.

Y la joya de la corona de la editorial Hoja de Lata es En busca de New Babylon, de la autora canadiense Dominique Scali. Esta novela fue galardonada con diversos premios en los más prestigiosos festivales literarios de Canadá así como otros reconocimientos en Francia. Se trata de una reinvención del western en el que une las destartaladas vidas de cuatro personajes: un reverendo que aparece con las manos amputadas cerca de un rancho, un célebre pirómano del Oeste obsesionado con ahorcarse, una joven dispuesta a casarse con el primero que la saque de su atolladero y el rufián Bill el Ruso que aspira a fundar New Babylon, la ciudad utópica para todos los desheredados del sueño americano.

Con la resaca de la feria y el desmontaje de las casetas, empaqueto mis adquisiciones en la maleta para tener todo el verano completo de lecturas fascinantes que me han ofrecido estos días y espero ya con ilusión los siguientes eventos literarios que tendrán lugar durante el mes de julio: Semana Negra de Gijón y Festival Celsius de Avilés con, entre otros, Joe Hill como invitado.

Cuatro días dedicados a la literatura en la Feria del Libro de Gijón. Cuatro días dedicados a los libros y las historias que nos entretienen, nos hacen soñar, viajar y nos enseñan a ser mejores personas.

Gijón, en verano, ¡qué bien te lees!

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Mi vida querida, de Alice Munro

Mi vida querida

Mi vida queridaMi vida seguro que es muy distinta a la tuya. Seguro que las cosas que haces en tu tiempo libre son muy diferentes a las mías. Seguro que la música que escuchas no se parece en nada a la que canto por las mañanas cuando voy a trabajar. Seguro que usas un champú que yo jamás compraría. Seguro que el libro que recomiendas a todos tus amigos yo ni siquiera lo he leído. Y tu plato de comida favorito no tendrá nada que ver con el que yo pediría si estuviera en un restaurante.

Puede que trabajes, o que estudies, que estés en paro o que te hayas jubilado. Puede que te guste hacer puzzles, pintar, patinar o tal vez jugar a los bolos. Puede que te sientas atraído por el rock, el indie, la música clásica, el pop o el rap. Puede que tengas el pelo graso, seco, rizado, liso asiático o incluso con caspa. Puede que seas de los que piensa que el Gran Gastby es el mejor libro de todos los tiempos o que no aguantes una discusión en la que te discuten que los rusos son los mejores haciendo literatura. Puede que se te haga la boca agua con la paella, con el sushi o con los tortellinis. Puede que te identifiques con esto o que estés pensando en que no hay nada de esta lista que se acerque a lo que es tu persona.

Pero al final, tendrás una manera de ganarte la vida, un pasatiempo, una música, un tipo de pelo, un libro predilecto y un plato favorito. Todos lo tenemos. Y eso es lo que tenemos en común.

Vivimos. Hacemos cosas. Subsistimos. Amamos, de una manera o de otra. Y morimos.

Y eso es lo que Alice Munro ha reflejado en Mi vida querida, un libro compuesto por varios relatos que nos ofrecen personajes corrientes y comunes. Como tú y como yo. Y esas personas, tan diferentes entre sí, tan alejadas en la distancia, en el tiempo y en la vida, al final sienten, sufren y aman como si solo fueran una. Alice Munro, premio Nobel de Literatura, nos relata pausadamente y sin sobresaltos la vida de diferentes personajes que ven sus amores truncados, revividos, apagados, transformados. Nos adentra en historias cuyos protagonistas son cotidianos, nada extraordinarios y que podrían encontrarse en cualquier casa de vecino. Su estilo sobrio y un tanto nostálgico se acompaña de finales abiertos en los que el lector tiene que hacer uso, si quiere, de su imaginación para adivinar qué habrá pasado al final.

Es un libro que he leído con calma, saboreándolo. Lo he alternado con otro, ya que me gustaba leer un relato de vez en cuando, no todo de golpe. Tenía la sensación de que si lo leía de una sentada (cosa bastante factible) arruinaría la magia que Munro intenta crear con su delicadeza y detenimiento. Algunos son mejores que otros, como no podía ser de otra manera, pero cuando crees que la escritora ya no puede ofrecerte nada nuevo, aparece con unos relatos finales autobiográficos que te dejan con un escalofrío en la piel. Esas últimas páginas me hicieron disfrutar de una manera abrumadora y ahí, entre esas palabras tan sinceras y tan desnudas, fue donde entendí el porqué de su gran merecidísimo premio.

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La chica danesa, de David Ebershoff

La chica danesa

La chica danesaQué difícil tiene que ser alguien que no deseas. Qué difícil tiene que ser nacer de una manera y sentirte de otra completamente distinta. Ver lo que el espejo te muestra y no estar en absoluto de acuerdo. Saber que jamás podrás ser quien realmente quieres ser.

Einar conoce esa sensación muy bien. Cuando su mujer Greta le propuso probarse unos viejos zapatos de tacón para que pudiera retratarle en el cuadro que estaba haciendo, Einar no supo qué pensar. Pero la modelo había dejado tirada a su mujer y él no podía defraudarla. Se pondría esos zapatos amarillos y aquellas medias que prometían opresión. Y también aquel vestido que al caer por sus piernas haría un ruido como de rasguños. Cuando Greta le vio, tan bajito, tan delgado, tan pálido, con esos pechos extrañamente voluminosos, no vio a Einar. Vio a Lili. Y Einar también la vio. Y Lili se quedó a vivir con ellos para siempre.

El libro está ambientado en los años veinte y se desarrolla en principalmente en Copenhague y en París. En una época en la que dudar de tu propia personalidad era algo impensable, Einar tiene que enfrentarse a los fantasmas de querer ser otra persona. Lili vive dentro de él y se despierta cada vez que el raso de los vestidos se desliza por sus piernas. La chica danesa es una historia tierna y emotiva y a la vez dura y desoladora. David Ebershoff narra las crónicas de estos tres personajes principales usando una prosa delicada y confidente. Es extremadamente visual, lo que ha hecho que desde el momento en el que empecé este libro, pudiera imaginarme cada uno de los paisajes, personajes y escenas que describe.

No suelo hacer esto en mis reseñas, pero creo que debo centrarme en la descripción de los protagonistas. Empezaré por Lili, que me transmite mucha ternura. Es una mujer delicada y que parece que se va a derribar con el primer soplo de viento. Me recuerda a una muñequita de trapo delicada y frágil. Pero a la vez tiene el valor de salir a la calle cada día a demostrar quién es. Einar es una persona gris, que vive a la sombra de Lili. A diferencia de esta, a la que podemos imaginar en cuanto leemos unas líneas que hablan de ella, Einar no se deja intuir tan fácilmente. O al menos a mí me ha parecido así. Su descripción es borrosa. Será porque en realidad podríamos decir que Einar no existe, que es Lili la que alberga en su interior. Y después esta Greta. Greta… qué personaje tan maravilloso. De verdad. Hacía muchísimo tiempo que no me encontraba con uno así. Asombra ver cómo apoya a su marido desde el principio y cómo es ella, al fin y al cabo, la responsable del nacimiento de Lili. Greta llega a pasarlo incluso peor que Einar, ya que es consciente del calvario que podría sufrir su marido si la gente descubriera que en sus ratos libres sale disfrazado de mujer a la calle. El sufrimiento anunciado de Greta es algo que me ha tenido en vilo durante todo el libro y que ha hecho que me preguntara qué haría yo si estuviera en su posición. Cada cual que opine lo que corresponda.

La chica danesa me ha llegado al alma. Me he dejado llevar sin ninguna dificultad por las palabras de David Ebershoff y me he descubierto respirando entrecortadamente al pensar en el futuro de Einar. Pero, sobre todo, en el de Lili. Y el sufrir por un personaje, sentir su angustia en tu piel, su propio dolor, es una de las cosas que más me gusta de la lectura.

Amigos, pocas palabras más se me ocurren para describir esta grandiosa novela. No sé si la película le hace justicia, aunque siendo Eddie Redmayne el protagonista, muy mal tiene que ir la cosa para que no sea así. Por lo que a estas alturas solo me queda recomendarla de corazón y dejar la lectura a un lado para adentrarme en el trabajo de Tom Hooper.

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El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño

el gaucho insufrible

el gaucho insufribleLos que han leído a Roberto Bolaño se dividen en dos grupos: aquellos que lo consideran uno de los mejores escritores contemporáneos y recomiendan sus libros encarecidamente y aquellos que, por más que lo han intentado, no pueden con él. Yo siempre quiero leer a escritores que han marcado la historia de la literatura, por eso pensaba probar con 2666 o Los detectives salvajes, dos de sus obras más emblemáticas. Pero tras escuchar varias opiniones desalentadoras, no me atrevía a descubrir al autor chileno a través de esas extensas novelas. Entonces apareció el libro perfecto para un primer acercamiento: una colección de relatos de ciento cuarenta y cinco páginas; y el título no podía ser más oportuno: El gaucho insufrible. ¿Lo sería Bolaño para mí? La lectura de estos siete relatos me lo diría.

El primero, «Jim», de apenas tres páginas, ya me hizo entrever la facilidad de Bolaño para mostrar la carga existencial de un personaje solo describiendo sus gestos, además de dejar varios ejemplos de frases reveladoras, que dicen tanto sin aparentemente decir nada:

¿En qué consiste la poesía, Jim?, le preguntaban los niños mendigos de México. Jim los escuchaba mirando las nubes y luego se ponía a vomitar.

En «El gaucho insufrible», relato que da título a la antología, encontré la decepción por el declive de Argentina y Latinoamérica en general. A través de «El policía de las ratas», inspirado en Josefina la Cantora, de Kafka, conocí el manejo de Bolaño del relato policiaco. Fue uno de mis relatos favoritos del libro e, inevitablemente, me hizo ver al ser humano como una rata, o peor aún, pues les llevamos bastante ventaja en ciertas conductas que no nos dejan en buen lugar como especie. En «El viaje de Álvaro Rousselot» aparecía uno de los temas que, según tengo entendido, son habituales en sus obras: la literatura como argumento, y en «Dos cuentos católicos» vi su lado más experimental. En «Literatura + enfermedad= enfermedad» y «Los mitos de Cthulhu», los dos textos discursivos que cierran esta colección y que estaban destinados a ser conferencias, de nuevo la literatura es el eje, pero esta vez para mostrar al Bolaño más reflexivo, en el primero, y al más divertido, en el segundo.

En este libro, el último que Roberto Bolaño dejó preparado para su publicación, he encontrado los elementos por los que unos lectores lo idolatran y otros lo abandonan. Por un lado, esa ironía, esa capacidad de decir lo complejo con palabras sencillas. Pero, por otro lado, esas historias que muchas veces parece que no van a ningún lado y se convierten en una larga digresión. Y es que Bolaño no buscaba ser claro ni ameno, sino que, para él, escribir era una forma de encontrar lo nuevo, único antídoto para su permanente insatisfacción. Presiento que para disfrutar de Bolaño hay que leer entre líneas, pues ahí es donde reside su grandeza, esa que le ha alzado al olimpo de los mejores escritores, dentro de ese limitado grupo de los que revolucionaron la literatura.

¿Ha sido Bolaño para mí un gaucho insufrible?

Qué va.

Entonces ¿me apunto al lado de los lectores que lo idolatran?

No lo he decidido aún.

Creo que leeré 2666 o Los detectives salvajes para decidirme. Tras la lectura de El gaucho insufrible, me han entrado las ganas.

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Todos los ríos del mundo, de Dorit Rabinyan

Todos los ríos del mundo

Todos los ríos del mundoAnte todo, este libro es una historia de amor y no solo de amor romántico, profundo y enorme, sino también de amistad, porque a mí me cuesta entender el uno sin la otra. El amor no puede ser un apartado estanco en nuestra vida, no se puede aislar. Y aunque mueva montañas y las montañas parecen lo más de lo más en cuanto a mover algo grande y que parece inamovible, el amor no se salva de los prejuicios y de los conflictos históricos.

Tendré que contaros de que va para que me entendáis. Si os cuento que los protagonistas de esta novela son una chica llamada Liat y un chico llamado Hilmi, que están en sus veintitantos y que se conocen en Nueva York, al principio del milenio, porque tienen un amigo común, os parecerá una historia más bien vulgar. Si os digo que ninguno de los dos es norteamericano, que ella es traductora y él es artista, tampoco os parecerá nada extraordinario. Si os explico que fue un amor a primera vista, a primer olor, a primer sonido, tampoco es tan extraño. Pero si os digo que ella es judía de Tel Aviv y él árabe de Palestina, ahí ya cambia la cosa. Y me da igual que os parezca que eso no importa, que el amor es más importante, que si se entienden y se quieren qué más da de donde seas… pues sí importa y ojalá no fuera así. Ellos están maravillosamente bien juntos, se quieren muchísimo, se complementan, se llenan, respiran a la vez, pero no pueden hablar de política, porque acaban discutiendo. Tienen que tener cuidado de cómo se cuentan su vida antes de Nueva York, porque, sin querer, se hieren. Ninguno de los dos se ha criado en una familia religiosa, pero respetan su propia identidad cultura y forma de vida. Quieren entenderse, intentan ponerse en el lugar del otro, pero vivir toda la vida en este lado de la frontera, hace que solo tengas una perspectiva, que sigas en tu lado del muro.

Está contada en primera persona, desde el punto de vista de Liat, la chica. Sus miedos, sus dudas, su frustración, la certeza de que su historia de amor tiene fecha fijada de finalización. Se conocen en otoño y Liat se tiene que marchar en mayo. En Nueva York son anónimos amantes, es fácil; en su tierra, impensable.

Sufres con ellos y disfrutas con reservas, como ellos. Hilmi es todo pasión, un espíritu noble y bueno, alegre y optimista. Su fiebre o arrebato artístico es pura poesía. A Liat la escuchamos de forma más íntima, por lo que también oímos lo políticamente incorrecto, el intento de esconder una relación que le cuesta reconocer, que no sabe si es vergüenza o miedo. Tiene una lucha interna continua por superar todo lo que ha escuchado y vivido desde que nació, por intentar disfrutar de ese amor enorme que no encaja en sus esquemas ni en los de su familia.

Desde mi humilde opinión, tiene una gran calidad literaria, las descripciones de los sentimientos son preciosas, brillantes:

“… puede entrar y salir de mi mente y recorrer sus muchos recovecos; que puedo mirar sus ojos sabios y ver las ruedas de su mente girar perfectamente sincronizadas con mis pensamientos. La tranquilidad, la satisfacción, la comodidad que me envuelve entonces. La curiosidad y el placer de reflexionar juntos.”

Pero no solo lo sentimental, sino que las descripciones de los lugares y acontecimientos también son muy buenas, ha sido un placer leer muchos de los pasajes:

El invierno baraja los naipes, mezclándonos tanto que ya no nos reconocemos. El frío helado nos hace lloriquear y mima nuestros continuos resfriados y la tos. Hilmi y yo nos parecemos más que antes. En este frío norteamericano, ártico y profundo, los dos somos del este, dolorosamente levantinos.”

La novela fue elegida en 2016 como lectura obligatoria para los estudiantes israelíes, como ejemplo de asimilación, pero el propio Ministro de educación la hizo retirar de forma fulminante en cuanto supo el argumento. Esto hizo un efecto rebote y todo el mundo sintió curiosidad por leer la historia.

Todos los ríos del mundo también es un drama, el de la incomprensión de dos pueblos, el de un conflicto largo, duro e injusto. El de la agresión, el odio, la separación, el aislamiento, la guerra sin fin. A lo que hay que sumar el destino o la suerte, que a veces se retuerce y se confabula en nuestra contra.

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Retratos de lo invisible, de Ane Santiago

Retratos de lo invisible

Retratos de lo invisibleHoy es doce de junio de dos mil diecisiete. Hoy hace exactamente un año que me subí a un avión dirección Méjico. En ese vuelo me acompañó Cartas a ninguna parte, un poemario escrito por Ane Santiago. Antes de leer ese libro, hacía años que no leía poesía. Vale, quizás había encontrado por ahí algún poema de Benedetti o de Salinas, pero no había leído más de cien versos seguidos. Ane me abrió los ojos. Me hizo ver que, a veces, con pocas palabras se puede transmitir mucho más que escribiendo un tratado. Me hizo sentir cómplice de lo que pasaba por su mente y consiguió que entendiera que las palabras escogidas con cuidado y esmero pueden componer cosas maravillosas.

Hoy, doce de junio de dos mil diecisiete, estoy aquí de nuevo. Frente al ordenador blanco que a todas partes me acompaña. He cargado una taza con un café bien caliente (en Cantabria hoy hace un día de perros) y me he puesto cómoda para poder hablar de Retratos de lo invisible e intentar que mis dedos plasmen en esta pantalla todo lo que me hace sentir Ane cuanto la leo.

Hace tiempo leí un libro que decía que mirar a una persona cuando duerme es como leer una carta dirigida a otra persona. Cuando leo un poema escrito un arrebato de sinceridad, en el que la poeta, en este caso, se quita todos los miedos, vergüenzas, dudas o temores como si fueran un jersey que oprime la piel en pleno agosto y lo colgara en la cuerda de tender de un quinto piso, siento que estoy invadiendo su intimidad. Siento que se libera después de mucho tiempo, como si hubiera estado atada de pies y manos y obligada a guardar silencio. Y me la imagino respirando profundamente una vez termina de tatuar el papel con sus versos y sus verdades.

En este libro encontramos sobre todo retratos. Retratos de personas a las que no sé si Ane conoce muy bien o no, pero que para ella significan lo suficiente como para dedicarles unas palabras. Ane en este libro no es poeta; es pintora. Porque no solo se necesita un pincel para pintar. Ella demuestra que se puede hacer también con un boli y un papel. Se puede pintar con palabras. Y el resultado será un arroyo de versos que atrapan desde la primera página y que te hacen cómplice de la vida de la escritora. O pintora. Ya no sé. Y es que yo creo que esta chica puede ser lo que le dé la gana. De verdad. Y puedo afirmar esto porque después de leer sus dos poemarios es como si ya la conociera.

No puedo olvidarme, ¡ni se me ocurriría!, de Alexis Bukowsi, un joven Barcelonés que acompaña las palabras de Ane plasmadas en Retratos de lo invisible con sus preciosas ilustraciones. En su presentación dentro del libro se dice que Alexis tenía dos pasiones de pequeño: pintar y los pájaros. Pero como pronto se dio cuenta de que sin alas iba a ser muy difícil volar como sus animales favoritos, prefirió decantarse por el lápiz que le llevaría mucho más alto que unas alas. Sus ilustraciones, de mujeres con alma de pájaro, retratan a una mujer que es juzgada por su imagen, que se hace pequeña ante lo que debería ser, que carga al hombro sus sombras y que al mirarse al espejo ve lo que realmente es. Esas mujeres pájaros somos tú y yo. Es Ane. Es Alexis. Y es cualquiera que, al leer este poemario sienta que un pájaro revolotea dentro de su interior pidiendo a gritos salir.

Y permitidme, para acabar, que me dirija a Ane: lo has vuelto a hacer. Has ido a una esquina donde ya nadie se sienta, cantaste y la lluvia hizo que las flores volvieran a crecer. Como aquel que ve ruinas y hace de ellas una ciudad.

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El gran retroceso, de varios autores

El gran retroceso

El gran retrocesoRecuerdo que uno de mis pensamientos más frecuentes cuando estudiaba Historia en el instituto era que el tiempo en el que me había tocado vivir era posiblemente el más aburrido hasta la fecha. Todos los siglos tenían sus momentos transcendentales, pero de lo relativo a las últimas décadas del XX y a la primera del XXI apenas hubiese podido rellenar un par de hojas de estudio, y eso estirando mucho los textos. Sin embargo, no hay duda de que en los últimos años se han ido produciendo una serie de cambios de magnitudes enormes, a los que quizás no les hemos dado la importancia suficiente porque nos han pillado viviéndolos, pero que puestos sobre el papel uno puede hacerse a la idea de su gravedad. Así, la llegada de un ser como Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la salida de Reino Unido de la Unión Europea, el resurgimiento con fuerza de los populismos o la constante amenaza del terrorismo internacional, hechos que muy pocos podían prever hace apenas un par de años, muestran que nos encontramos en un momento crucial de la historia y no precisamente por ser bueno. En este complejo contexto, libros como El gran retroceso ayudan a entender cómo hemos llegado aquí y las posibles vías para que esta tendencia perniciosa cambie lo antes posible.

Este es un libro de lectura urgente, ya que debido a la velocidad a la que se producen los acontecimientos, pronto será necesario introducir nuevos ingredientes a las reflexiones de los autores. De hecho, las elecciones de Francia se celebraron con posterioridad a la publicación de este libro, con lo que, afortunadamente, el temor a la figura de Le Pen podemos dejarlo aparcado de momento, aunque quién sabe por cuánto tiempo.

Los artículos son muy variados, tanto como sus autores. Los hay puramente políticos, otros más humanísticos y filosóficos y otros que se decantan por una visión puramente periodística. Como es normal, la calidad y el interés que despiertan los textos también es variado, pero a nivel global me ha resultado un compendio de ideas realmente interesante. De entre los intelectuales de renombre que participan en el libro, como Santiago Alba Rico, Nancy Fraser o Paul Mason, me gustaría destacar a Zygmunt Bauman, no solo por la claridad con la que expone su alegato en contra de la intolerancia y en defensa de una cultura de diálogo que acabe con el individualismo atroz que nos rodea, sino también porque Síntomas en busca de objeto y nombre fue uno de los últimos textos que este gran pensador redactó antes de fallecer.

De lo que no cabe duda es de que todos los autores tienen una visión política bastante similar, con muchos matices, por supuesto, pero con un buen número de ideas que salen continuamente a la palestra. De entre ellas destaca la crítica unánime al neoliberalismo, esa corriente ideológica que no para de transformarse y de regenerarse para adaptarse a los nuevos tiempos, a la que los autores no tienen miedo en señalar como la principal culpable de la situación en la que nos encontramos. Y es que resulta irónico que el modelo que nos ha llevado a la mayor crisis económica en décadas, que ha conseguido unos niveles de desigualdad entre los ciudadanos nunca antes vistos y que ha aprovechado la situación para llevar a cabo recortes y privatizaciones en todos los frentes posibles siga siendo el mayoritario en el mundo desarrollado.

Por no cerrar la reseña con un tono pesimista diré que también se puede sacar un mensaje positivo de esta lectura, ya que los autores de El gran retroceso consideran mayoritariamente que existen alternativas para derrotar al monstruo neoliberal y que todavía no es tarde para cambiar el rumbo. Veremos, aunque yo todavía no tengo nada claro qué les tocará estudiar en la asignatura de Historia a nuestros hijos.

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Schalken, el pintor, de Joseph Sheridan Le Fanu

Schalken el pintor

Schalken el pintorEn estos tiempos en los que se publican centenares de novedades al mes, los lectores tenemos a nuestro alcance infinidad de historias, pero cada vez es más difícil que alguna aporte algo nuevo al panorama literario y a nuestras propias lecturas. Yacaré Libros, que cuenta ya con cuatro títulos en su catálogo, da sus primeros pasos como editorial apostando por distinguirse en la forma y en el fondo. Para empezar, la edición de sus obras no pasa desapercibida ni siquiera en la librería más atestada. En el caso de Schalken, el pintor, de Joseph Sheridan Le Fanu, sus dimensiones de 12 x 25,5 centímetros están lejos de amoldarse al resto de ejemplares con los que comparta estante, por lo que es inevitable que los lectores curiosos reparemos en él. Las ilustraciones de Javier Olivares hacen el resto para que este libro se convierta de inmediato en el objeto del deseo de cualquier bibliófilo.

Pero Yacaré Libros no se queda en la superficie. Si pasamos al fondo, la selección de las obras que editan reivindica la buena literatura. Quienes lleven muchas páginas leídas en su haber tal vez tomen Schalken, el pintor por un relato típico de hechos sobrenaturales, pero es mucho más que eso: se trata de una de las primeras obras de Joseph Sheridan Le Fanu, considerado el padre del cuento moderno de fantasmas y pionero de la novela de vampiros, pues abrió el camino a célebres autores como Bram Stoker o Anne Rice, quienes reconocieron la enorme influencia que tuvo en ellos. Ahí reside el gran valor de Schalken, el pintor: instaurar pautas narrativas que renovaron el enfoque de los relatos de fantasmas en el siglo XIX y que a día de hoy se han convertido en elementos clásicos del terror, una y mil veces imitados.

Aunque Joseph Sheridan Le Fanu es recordado especialmente por Carmilla, en Schalken, el pintor ya daba muestras del estilo que más tarde le caracterizaría: un lograda ambientación realista en la que se producen hechos extraños, una elaborada construcción de personajes y un final que deja en manos del lector la explicación de lo sucedido. En este relato, Joseph Sheridan Le Fanu contó la historia que se escondía detrás de un cuadro de Godfried Schalken, un pintor holandés famoso por su excelente manejo de las luces y las sombras. En él aparecía una joven alumbrada por una vela. Era Rose Velderkaust, sobrina del mentor de Schalken, Gerard Douw, y, tras ella, un hombre a punto de desenvainar su espada. Este cuadro es el punto de partida de esta misteriosa historia, que logra atrapar al lector gracias a la tenebrosa ambientación recreada por Joseph Sheridan Le Fanu y a las ilustraciones de Javier Olivares que la representan.

Schalken, el pintor es un objeto de coleccionista para todo amante de los libros tanto por ser una obra pionera dentro de su género como por el mimo con el que Yacaré Libros la ha editado para que la luzcamos en nuestra librería particular. Y es que, a veces, basta con volver a los orígenes para redescubrir la literatura y dar un aire diferente a nuestras lecturas.

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La cicatriz, de China Miéville

La cicatriz

La cicatrizEs el tercer libro que leo este año de China Miéville. Y no me canso. Las nuevas ediciones de la trilogía Bas-Lag que está publicando Nova es justicia divina aplicada al mundo editorial. Están cuidadas, están revisadas y permiten que mucha gente conozca la saga gracias a la cual el autor inglés ganó su fama internacional. Si bien es cierto es que las conexiones entre libros es bastante sutil y siguen una correlación temporal, cada libro puede leerse como un historia independiente. La magia oscura del primer libro se ratifica aunque va por otros derroteros. Frente a la claustrofobia urbanística del primer libro, nos enfrentamos ahora a la agorafobia del espacio marítimo infinito. Y es que la gente de Nova no ha podido elegir mejor momento que éste para publicar de cara al verano esta segunda parte oceánica y retorcida como pocas.

Bellis Gelvino tiene que huir de Nueva Crobuzón por asociaciones indebidas. Y Nova Esperium es el destino idóneo. Una colonia a cientos de millas que está separada de su hogar por mar y tierra. Claro que en su plan perfecto no cuenta con lo inesperado de un abordaje que la obliga a replantearse sus lealtades y la enfrenta a las vicisitudes de todo comienzo. Una vida nueva en la ciudad flotante que la retiene no como esclava, pero sí como cautiva. Y es que en Armada todo el mundo puede empezar desde cero sin importar quién es y de dónde viene, pero teniendo en cuenta que ¿hacia dónde va? ya no es una decisión que recaiga sobre uno mismo. Y aquí, ajenos a cualquier paraje conocido, es donde Miéville enciende su máquina de crear maravillas y nos sorprende con búsquedas de criaturas marinas del tamaño de continentes, nos muestra la voluntad férrea de un raza de tritones poco sociales o despliega todas las posibilidades de existir que tiene cualquier objeto. Las Posibles Versiones de todo lo que nos rodea.

La cultura de Armada, rica en matices y con un sistema de gobierno sólido y democrático, tiene un carisma imborrable. Sin embargo, la traición por salvar ese lugar en el que pensamos como nuestro hogar, pone en entredicho la flotabilidad de esta comunidad nómada que roba, caza, secuestra y reinserta individuos. Una ciudad que alberga ese tipo de amor que deja surcos en todo lo que somos. Una isla a la deriva que marcará a Gelvino a fuego lento mientras hará arder a un ritmo imparable todas las murallas que la fugitiva había construido en torno a sí misma.

Al pensar en una aventura marítima de caza y obsesiones compulsivas es inevitable dejarse caer por el clásico de Melville. Y es que si en aquella aventura emblemática teníamos a un ballena blanca huidiza y gigante, aquí tenemos un avanc. Una criatura procedente de otra realidad que se asoma a este lado del universo muy de vez en cuando a través de las profundidades marinas de nuestros océanos. Este homenaje a su casi homónimo no es casualidad. Y ocupa gran parte de la trama de La Cicatriz. Pero no es la única criatura oceánica con la que vamos a toparnos. La novela de Miéville, es todo un compendio en cuanto a fantasía sumergida se refiere y no escatima en gastos formales ni de contenidos.

Las descripciones de continentes, barcos y abordajes harán las delicias de los fanáticos del género pirata. Claro que hablando de Miéville no podemos dejar de lado los matices sociales de su obra, y es que la política, el peso del individuo y las decisiones que los gobernantes toman sin contar con el pueblo cobran en esta novela una importancia primordial. Miéville habla de democracia en todas sus vertientes. Y ni siquiera el género fantástico puede salvar a esta forma de gobierno de sus propias carencias. Dejando claro una vez más que Miéville no es un autor de ciencia ficción o fantasía, sino un analista certero de la realidad que nos rodea con una capacidad metafórica digna de ser estudiada.

La Cicatriz, como ya he mencionado más arriba, es un gran ejemplo de cómo a veces es dificilísimo llevar una gran idea a buen puerto. No puedo sentir más fascinanción por el sistema político implantado en Armada, una ciudad-barco dividida en pequeños distritos donde conviven todo tipo de dirigentes y sistemas de recaudación, pero en el que todo se sustenta gracias a una democracia participativa. Un comunidad en la que los problemas comienzan cuando los que están en el poder empiezan a obviar la aprobación del pueblo en sus proyectos. Cuando este todo para el pueblo, pero sin el pueblo empieza a fragmentar la confianza y la continuidad de la ciudad en sí.

Y es que queda ampliamente claro en la novela de Miéville que el poder corrompe, que el estatus político siempre acaba hundiendo las buenas intenciones y que la rotación de aquellos que se sientan en el trono es necesaria. Nada nuevo pero que, sin embargo, en las manos del autor inglés estas ideas acaban por sonar pertinentes. Principios básicos que todo individuo que forme parte de algo más grande no debería olvidar para evitar que su futuro, ese buque insignia en el que uno avanza, se vaya a pique.

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