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El zoo de papel y otros relatos, de Ken Liu

El zoo de papel y otros relatos

El zoo de papel y otros relatosAsí fue cómo conocí por primera vez a Ken Liu. En las distancias cortas, a través de sus cuentos. Luego llegó la saga aún inconclusa de La gracia de los reyes, cuya reseña yo mismo realicé hace un tiempo. Pero fueron sus historias cortas el principio de todo. La primera vez que oí el nombre del autor era por asociación a un cuento que ganó cada maldito premio que otorgaban al género fantástico. Un cuento sobre origamis con vida y la integración de un chico de origen chino en la bendita América. Cuando pude leer la traducción al castellano de dicho cuento, supe a qué se debía tanto alboroto. Entendí perfectamente qué era lo que movía a todo el mundo a hablar de dicho relato. Las emociones saltaban vivas en la hoja como si estuviera viva, como si el autor tuviera el mismo don que la madre del protagonista, y pudiera darle vida a algo inerte como son las palabras impresas. Aquella historia fue, es y será su buque insignia. De hecho, El zoo de papel es el título de aquel cuento inolvidable y también el de esta antología de quince relatos que, a mí parecer, es donde el autor brilla con más fuerza. Porque lo que uno descubre tras gastar el tiempo entre estas páginas es que el cuento de los origamis no era el plato fuerte, sino el entremés que se usa en los banquetes para ir haciendo boca.

La capacidad para asombrar con elementos recurrentes es algo que me empuja a seguir recomendando a Ken Liu. Aquí hay viajes en el tiempo y criaturas cambiaformas. Hay odiseas espaciales y conspiraciones privadas de control y seguimiento. Sin embargo, parece que no haya leído un relato de ciencia ficción o fantasía en mi vida. Siempre hay una vuelta de tuerca, una emoción agazapada que me acaba llevando de la mano a la sorpresa. A la sonrisa que acompaña esos puntos finales que no veías venir. Si tengo que destacar este planteamiento en alguno de sus cuentos es en Como anillo al dedo donde una empresa aboga por facilitar el acceso a la información siempre y cuando dejemos todas las puertas de nuestra vida abiertas. O en Cambio de estado cuyo tramo final otorga un nuevo sentido a toda la historia, incitándote a la relectura. Sin embargo, hay incluso un Ken Liu que me gusta más que éste. El tradicionalista. Aquel que utiliza la empatía con el lector para llegar a los más bellos pasajes que puede ofrecer esta colección. No hablaré más de El zoo de papel puesto que creo haber dicho ya demasiado. Pero sí me gustaría lanzarme con Mono no aware, expresión japonesa que viene a decir que nuestro tiempo es finito y que todo pasa para dejar lugar a otra cosa. En este relato el único superviviente japonés de una catástrofe mundial viaja por el espacio mientras desentraña su pasado, sus raíces y la importancia que tenemos como conjunto y no como individuos aislados. Y es en este tipo de momentos donde el lector pasa por emociones que no suele ofrecérseles en este genero. Uno trasciende el cuento y logra entender el mensaje que subyace, que la mayor parte de las veces poco tiene que ver con avances tecnológicos o trucos de magia.

No quería dejarme en el tintero los juegos de estilo que prevalecen en algunos de estos cuentos. Ken Liu sabe utilizar muy bien las herramientas de su oficio y se permite lujos formales que le dan a algunas de sus historias el aire de otra cosa. Citar por ejemplo Acerca de las costumbres de elaboración de libros en determinadas especies o Manual corporativo ilustrado de sistemas cognitivos para lectores avanzados es obligatorio y necesario. Ambos cuentos, sutilmente relacionados entre sí, nos explican las estructuras mentales de otras especies inteligentes que habitan ahí fuera. Si bien estos relatos carecen de una narrativa típica –sobre todo el primero- persisten en el recuerdo debido a la inventiva de su propuesta y al multiperspectivismo fantástico que ofrecen. Todo un alarde de imaginación desbocada por parte del señor Liu.

No quería acabar esta reseña sin hablar de dos cuentos que me han dejado torcido en el asiento mientras los leía. El maestro de litigios y el rey mono y El hombre que puso fin a la historia: documental. En ambos casos, la clave de fantasía es una mera excusa para hacer algo mucho más importante: denunciar ciertos hechos históricos sufridos por el pueblo chino y cuyo conocimiento en Occidente es reducido o insignificante. Quiero centrarme sobre todo en el segundo relato, donde se habla de forma profunda sobre el Escuadrón 731 y los abusos cometidos por parte de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. La novela corta sobrecoge y, aviso para navegantes, no es apta para todos los públicos debido al a dureza de algunos de sus pasajes. Sin embargo, es de obligatoria lectura. Puedo decir que frente a los otros cuentos que te emocionan o te divierten, éste en concreto te ilustra, te enseña y te enfrenta a tu propia ignorancia. La repercusión social de este documental escrito acaba saliéndose del libro y cobra vigencia sobre asuntos de los que hoy en día aún se habla. Hablo de fosas comunes, hablo de desparecidos, hablo de la importancia que dejamos de darle a la Historia obligándola a manifestarse una y otra vez.

Los cuentos de Ken Liu tienen una temática muy concreta. La inmigración o la capacidad de adaptarse a lo nuevo. La denuncia o la lucha contra los derechos humanos. El olvido o la fuerza de voluntad de algunos pocos que nos exhortan a recordar. Sí, parece mentira que todo esto vaya asociado a cuentos de fantasía o ciencia ficción. Pero si algo aprendes con El zoo de papel es a salirte del paradigma manoseado que tienes del mundo y de tu realidad. Porque suceden tantas cosas para las que no tenemos nombres y todas ellas están esperando una oportunidad para presentarse en tu puerta y sacarte de tu pequeña zona de confort.

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Sin remedios, de Óscar León Martín

Sin Remedios

Sin RemediosSiempre es una alegría que nazca una editorial que apuesta por nuevas voces literarias. Es el caso Boria Ediciones, que publica su tercera obra, Sin remedios, de Óscar León Martín.

En su primera incursión en la narrativa, tras su andadura poética, Óscar León Martín ha sido ambicioso, jugando a dos bandas con el tiempo y el espacio. Por un lado, se centra en la historia de Remedios Antón en Valladolid, durante la dictadura franquista, y su carrera profesional como médica en Cartagena, a partir de la transición española. Por otro lado, nos cuenta la vida de Martín San José, un profesor vallisoletano de Geografía e Historia destinado en Granada en los últimos años de los 90 y principios de los 2000. A través de las vivencias de estos protagonistas y del resto de personajes de esta novela coral, Sin remedios retrata dos Españas apenas separadas por cincuenta años, pero totalmente opuestas, como simbolizan el odio y la represión sexual tan presentes en la vida de Remedios y el disfrute desprejuiciado del sexo en la vida de Martín.

Se nota que el autor comparte profesión con su protagonista, ya que hechos y personajes históricos se entrelazan continuamente en la trama, aunque recurra a la fabulación para rellenar los huecos que dejó la historia. La descripción de las calles y las costumbres y el relato de curiosidades y leyendas de Valladolid, Cartagena o Granada sirven para que el lector se enamore de esos lugares y se reconozca, a sí mismo y a sus padres y abuelos, en las páginas de esta novela. Porque Sin remedios es un cruce de caminos de personas que vivieron una guerra civil y casi cuarenta años de dictadura y de sus descendientes, a quienes muchas veces les siguen las sombras de lo acontecido en aquellos aciagos años. Vidas de gente corriente, a las que unas veces sus decisiones y otras, las circunstancias, marcan su destino sin remedio.

Reconozco que la saga de las Remedios, con Remedios Antón a la cabeza, me ha conquistado, quizá por mi predilección por las historias que recrean el costumbrismo de épocas pasadas; pero no he llegado a conectar con la parte de Martín San José, tal vez por la abundancia de escenas de sexo explícito que no ayudaban a avanzar la trama. Eso, junto a haber pasado de puntillas sobre la clave que une ambas historias, me parecen las principales flaquezas de Sin remedios. Pero es que pedir una novela redonda en un debut literario tampoco es justo. Óscar León Martín me ha demostrado que tiene tablas y mucho que decir, y con eso me basta para no perderle la pista.

Es evidente que ha dejado mucho de sí en esta novela: de vivencias propias y de allegados, de sus pasiones y de sus inquietudes. Probablemente, Sin remedios no vaya a ser su mejor obra —lo cual es una buena señal, pues significará que crecerá como escritor en sus siguientes publicaciones—, pero me atrevo a afirmar que sí será la más sincera. Para mí, los escritores dejan su verdadera alma en su primer libro, y es una suerte que aún haya editoriales como Boria Ediciones que se atrevan a mostrárnoslas.

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Un asesino en escena, de Ngaio Marsh

un-asesino-en-escenaDe la edad de oro de la novela de misterio -habitualmente ambientada en Inglaterra y de la que solían permanecer al margen elementos cruentos y explícitos, para dejar el protagonismo al enigma tipo puzzle, los porqués, para qués, cómos y, sobre todo, quiénes del asunto-, Ngaio Marsh es, tal vez, la autora menos conocida para los lectores españoles; su fama es aquí mucho menor que en los países de lengua inglesa. De origen neozelandés, Marsh (1895-1982) fue una de las autoras más populares de los años 30 en el género de misterio. Con su colección de Clásicos Policiacos, la editorial Siruela nos brinda la oportunidad de conocer un poco mejor la obra de Marsh, así como de otros autores de poco eco en España pero cuyo legado, sin duda, merece una revisión.

Un asesino en escena es la segunda obra de Ngaio Marsh que publica Siruela en esta colección, y su lectura ayuda a dotar de personalidad propia a nuestra imagen mental de esta autora, ya que cada una de las reinas del crimen de aquella época tiene un estilo que de ninguna manera se podría confundir con el de sus colegas. En el caso de Marsh, esta novela la configura como una autora de buena pluma y cuidada escritura, de probadas habilidades para la caracterización de personajes sin necesidad de recurrir a técnicas trilladas -de alguna manera, sin grandes descripciones ni profundizaciones psicológicas, la autora consigue fijar en nuestra mente un retrato inconfundible de cada personaje, principal o secundario- y, sobre todo, de gran destreza a la hora de crear una ambientación determinada y situar al lector en el relato. En este sentido, Ngaio Marsh se adscribe aquí a la norma de libre cumplimiento según la cual el escritor debe escribir sobre aquello que conoce; no en vano Marsh destacó como autora y directora teatral, medio en el cual sucede la acción descrita en este libro. De hecho, su recreación del ambiente del teatro Unicorn de Londres, de la obra que se representa (de la cual la autora nos ofrece toda la sinopsis, a pesar de no ser ésta esencial ni necesaria para la comprensión de la historia), del espacio físico del teatro -el cual, a ratos, se nos representa como un organismo vivo, melancólico cuando vacío, incluso respirando pausadamente, con colores, olores y atmósferas propias- es uno de los elementos más encantadores de la novela, en el cual se evidencia que la autora vivió esos ambientes, los conoció perfectamente y los amó.

La trama que se desarrolla en el teatro no sólo tiene lugar, parcialmente, en el marco de la representación de una obra, sino que toda ella adquiere visos de irrealidad, de representación, por mor de ese espacio semimágico donde las ficciones se convierten en realidad. El asesinato que se convierte en eje central del libro tiene lugar en medio de una representación, con lo cual se violentan por primera vez -y no por última- los límites entre realidad y ficción teatral. La figura del detective de Ngaio Marsh, Roderick Alleyn, y de su simpar amigo y compañero de fatigas, el periodista Nigel Bathgate, sirve de hilo conductor y de cicerone del lector para evitar que éste se pierda en esa confusa mezcla de realidades e imposturas, siendo Alleyn la encarnación eficaz de la luz de la deducción y de las artes de la lógica policial que ayudarán a desenmascarar al asesino. Esta mezcla de realidad y ficción, la confusión entre roles -no se sabe cuándo algunos personajes están actuando y cuándo están siendo ellos mismos-, el juego sutil entre sensatez e histrionismo, forma parte del singular encanto de esta novela.

Un asesino en escena es una de las novelas tempranas de Roderick Alleyn, y el personaje no está bien definido; no lo conocemos bien, ni sabemos nada de su vida (aunque abundar en la vida privada y en las idiosincrasias del protagonista detective es una moda más tardía), pero sí nos deslumbra y nos divierte a la par su lenguaje anticuado, muy literario, impropio de un policía de aquella y cualquier época. Es muy elocuente el señor Alleyn, y, por si eso fuera poco literario y chocante, forma un tándem insólito con ¡un periodista! No se sabe por qué razones decidió Ngaio Marsh que estos dos fueran a ser los protagonistas de sus novelas policiacas, pero tal vez no desentonaran en una época donde el par de investigadores de ficción de moda eran Hércules Poirot y George Hastings. Los intercambios entre Alleyn y Bathgate son bastante ingeniosos y divertidos -entendiendo “divertido” como se puede entender un diálogo entre dos personajes de una novela de misterio de los años 30- y lo cierto es que la figura del periodista y detective amateur no queda en absoluto desaprovechada.

Otro elemento que singulariza la figura de Ngaio Marsh dentro del grupo de damas del crimen –Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Margery Allingham y la propia Marsh- es su audacia al introducir el ingrediente de atracción sexual y de relaciones de atracción mutua entre personajes. Imagínense algo así en una novela de Christie, por ejemplo. Veremos a Alleyn en lances impropios de su condición y su profesión, haciéndonos temer lo peor, en ocasiones.

¿Y la historia de misterio? Es eficaz y cumple su cometido, a saber, despistarnos y hacer que nos preguntemos quién habrá asesinado a Arthur Surbonadier. Ngaio Marsh, de la mano de Roderick Alleyn, nos lo irá desvelando a través de interrogatorios, repreguntas, visitas intempestivas, semiallanamientos de morada, y algún que otro lance sorprendente. Como suele ser habitual en las novelas de misterio de esa época, el crimen se ha cometido en un ambiente cerrado -tanto física como psicológicamente- y son varios los sospechosos con motivos verosímiles para haber deseado la muerte del hombre en cuestión. Al final, la sentencia moral de Ngaio Marsh es inequívoca: el criminal es un agente del mal, y el crimen, una aberración moral y social que, afortunadamente, Roderick Alleyn se encargará de arreglar.

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El secreto de If, de Ana Alonso y Javier Pelegrín

El secreto de If

El secreto de IfEl Barco de Vapor marcó la vida lectora de los niños de mi generación. Fray Perico y su borrico o El pirata Garrapata son clásicos para los niños nacidos en los ochenta. Yo aún conservo en mi estantería El rey pequeño y gordito y Un solo de clarinete, por ejemplo. La colección de El Barco de Vapor me sigue transmitiendo ternura porque me recuerda a esa época en la que para nosotros no había más libros que los que se publicaban en ella y lo mayores que nos sentíamos cuando nos dejaban pasar de la serie naranja (a partir de ocho años) a la serie roja (a partir de diez).

En uno de mis arranques nostálgicos, he leído El secreto de If, de Ana Alonso y Javier Pelegrín, galardonada con el premio El Barco de Vapor 2008. Aunque el estilo de la portada ha cambiado desde mis tiempos, conserva el lomo rojo que indica que es una lectura recomendada para mayores de diez años.

El secreto de If nos cuenta el viaje de un misterioso caballero y un anciano de largos cabellos grises a If, el Reino Intermedio, un lugar donde humanos y seres mágicos conviven en armonía. Allí, la princesa del País de Kildar va a contraer matrimonio con el príncipe de If, un enlace inusual que puede tener consecuencias en el porvenir de los reinos.

A partir de esta premisa, Ana Alonso y Javier Pelegrín nos adentran en un mundo mágico muy atrayente, con brujas que cumplen deseos, monstruos custodiando torres secretas, el Mar de las Visiones, que muestra terribles espejismos a sus navegantes para conducirlos al desastre o la reina de las hadas, que defiende a los seres fantásticos. Aparte de la revisión de estos elementos típicos de las historias de aventuras y fantasía, El secreto de If hace un claro paralelismo con La vida es sueño, obra que casualmente leí hace poco. Esta similitud no está disfrazada, pues se cita una de las frases de Calderón de la Barca en la primera página y, al igual que ella, esta novela reflexiona sobre cuestiones filosóficas como el libre albedrío del ser humano. No sé si la lectura de El secreto de If llevará a los niños a interesarse por el teatro barroco, pero agradezco que se dé a conocer la existencia de estos clásicos a los más pequeños.

A pesar de todos estos puntos positivos, al estar acostumbrada a leer cuentos infantiles que tratan de igual a igual a los niños, me ha decepcionado que esta vez la narración repita incesantemente las claves para entender el conflicto. En la misma línea, las ilustraciones de Marcelo Pérez van acompañadas de anotaciones manuscritas en las que se puntualizaban cosas como: «la ve con cara de mujer» u «olor nauseabundo, suelo humeante y baboso». Lo que al principio me pareció un toque original, por la propia estética de boceto de las ilustraciones, luego incrementó mi sensación de que se subestima la comprensión e imaginación de los niños. No obstante, es una novela ideal para iniciarlos en el género de la fantasía y que, poco a poco, vayan pasando a historias de mayor enjundia.

Espero que dentro de veinte años alguien vea en su estantería atestada de libros El secreto de If, o cualquier otro título de El Barco de Vapor, y sonría. Eso significará que esta colección sigue cumpliendo su cometido de convertir a los niños en grandes lectores.

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Miau, miau, miau. Los gatos en el cine, de Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona

Miau, Miau, Miau. Los gatos en el cine

Miau, Miau, Miau. Los gatos en el cineSí, soy yo. ¿Quién si no iba a traeros esta reseña sobre gatos en el cine? Si el tiempo que paso hablando sobre gatos, leyendo sobre gatos y escribiendo sobre gatos lo hubiese empleado en sacarme una oposición mi madre estaría mucho más contenta con su hija la loca de los gatos. Pero qué  le vamos a hacer, a cada uno le da por lo que le da y a mí me ha tocado esta tara felina. O este don, porque ya puestos, vamos a hacer que suene bonito.

Es indudable que el animal rey de las pantallas de cine es el perro. Sus apariciones en películas, series y demás son muy numerosas, pero claro, eso es irse a lo fácil. Porque los perretes son muy nobles, pero también mucho más facilones en el trato. Contar con gatos en el cine sí que es todo un reto. A veces casi lo es enfrentarse a ellos en el día a día de un piso de 90 metros cuadrados… imaginad lo que debe ser un gato en un estudio de cine. Aun así, estoy segura de que se os vienen un montón de escenas de cine a la cabeza en la que aparecen gatos. Venga, si estoy fuera el Un, dos, tres, ¿cuántas películas que incluyan gatos en sus escenas podríais nombrar? Tic, tac, tic, tac.

Seguro que todos habéis visto Desayuno con diamantes y aquella escena final en la que Audrey Hepburn llora desconsolada con su gato bajo la lluvia. Hay un truco: durante el rodaje de la película usaron once gatos distintos para interpretar a Gato. Seguro que recordáis a la teniente Ripley y su gato naranja. También hay gatos en el lado oscuro (cómo no), gatos igual de malvados que sus dueños como el felino de raza egipcia (esos gatos que no tienen pelo) que sostenía el doctor Maligno en Austin Powers o aquel que Marlon Brando acariciaba en su regazo en El padrino. Además de aprender sobre gatetes, (¿sabíais que hay entrenadores de gatos?), Miau, miau, miau. Los gatos en el cine es una maravilla para los amantes del cine. He hecho una lista con todas las pelis que aparecen en él y que no he visto. Ya tengo cine pendiente para una larga temporada.

No todo es cine en este libro. También aparecen gatos televisivos tan míticos como el gato de la siempre genial serie Alf, el sarcástico gato negro de la bruja Sabrina, Spot, que aparece en Star Trek o el maravilloso Garfield.

Pero eso no es todo. También hay historias de artistas de todo tipo y sus felinas mascotas. Kurt Cobain, Miachel Jackson, Jane Fonda, Truman Capote, Hemingway, Freddie Mercury, David Bowie, Picasso, Dalí o Henri Matisse pueden presumir de ser auténticos admiradores de estos peludos.

Miau, miau, miau. Los gatos en el cine es un libro esencial para los gatófilos y cinéfilos. Además, el tono humorístico y al mismo tiempo riguroso con el que sus autores han enfocado el libro me parece una maravilla. No solo entretiene, sino que se aprende y se disfruta. La cantidad y calidad de las fotografías e imágenes que aparecen en él es otro punto a favor. No le puedo pedir más a un libro sobre gatos, la verdad.

 

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Los senderos del mar. Un viaje a pie, de María Belmonte

Los senderos del mar

 

Los senderos del marCerrar un libro que a uno le ha gustado es un gesto que suele estar asociado a ciertas emociones, tantas como libros y lectores, y este Los senderos del mar no es diferente pero hay una que no es frecuente y que yo he sentido con no poca intensidad: la envidia. Sana, naturalmente. Aunque gracias al texto uno acompaña a la autora en su caminar por la costa y a que leer es la verdadera realidad aumentada, pese a que María Belmonte presta a todos los lectores sus ojos descubridores dignos de todo elogio, a uno realmente le encantaría estar en sus zapatos y caminar su ruta, disfrutar de sus paisajes y vivir sus mismas experiencias. El libro consigue lo más difícil, que es vivir la experiencia en la piel de la autora, pero la consecuencia lógica es la necesidad de vivirla en la propia.

Diría que es rigurosamente cierto que uno no conoce un lugar hasta que lo recorre caminando, que el esfuerzo y el disfrute guardan una relación directa y que en este mundo de velocidad hay en recorrer un sendero a pie, parándose a mirar cuando mirar es necesario, hay una suerte de conexión con una parte si no perdida si al menos olvidada para la mayoría de nosotros y nuestras vertiginosas existencias. Los senderos del mar no es sólo la descripción de una ruta por la costa del País Vasco, María Belmonte no se limita a contarnos lo que lee sino que completa la experiencia con lo que piensa y suma a sus reflexiones sus conocimientos y sus investigaciones de forma que acompañan al paisaje la biología, la geología, la filosofía y en fin, todo aquello que nace en la fértil mente de la autora gracias a la inspiración que el mar y los senderos le proporcionan.

Todas esas cosas no las tendría uno recorriendo esos senderos con su propio pie, por tanto el camino leído es más rico que el caminado y sin embargo uno tiene la sensación de que ese que marcan los pasos y no las páginas es insustituible. Pero si lo que hace grande el camino es la conexión con la naturaleza, lo que hace lo propio con el libro es la inquietud de una autora que todo lo mira con ojos nuevos y con ganas de saber. Alguien a quien no le basta descubrir o disfrutar, sino que necesita conocer y que afortunadamente tiene la generosidad de compartir con los demás su experiencia. Tengo la sensación de que si ver lo que ella ve a través de las páginas de Los senderos del mar es un privilegio, sería uno mayor poder disponer de unos ojos (y de unos pies) como los suyos y poder mirar nuestro propio mundo con ellos. Sospecho que lo veríamos diferente, más rico y diverso y sobre todo más interesante.

 

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Examen de ingenios, de J.M. Caballero Bonald

Examen de ingenios

Examen de ingeniosNo puedo ocultar que Caballero Bonald me gusta mucho. Tampoco es que tuviera que hacerlo. A ver, estamos hablando del Premio Cervantes 2012, de uno de los intelectuales más importantes de la literatura actual con una vasta obra de gran valor literario. Encima, por si fuera poco, poeta. Y ahí está mi punto débil: tengo debilidad por los poetas.

Como os comentaba, dentro de su obra literaria, encontramos todo tipo de genéro: poemarios, antologías, biografías, artículos y ensayos. También son numerosos los galardones que ha recibido a lo largo de su carrera. Creo que queda claro lo orgullosos que debemos sentirnos de contar con Bonald como uno de los grandes representantes de nuestra cultura.

Examen de ingenios, editada por Seix Barral, es su más reciente publicación en prosa. En este libro, Caballero Bonald recopila un centenar de perfiles de artistas con los que el autor ha tratado a lo largo de su vida.  Reflexiones y anécdotas en torno a algunos de los más importantes artistas del siglo XX es lo que encontraremos a  lo largo de las casi quinientas páginas con que cuenta esta novela. En cierto modo, y salvando las distancias, me recuerda a aquellos libros de Jesús Marchamalo en los que se perfilan algunos escritores a través de anécdotas y curiosidades como 44 escritores de la literatura universal. 

Las  anécdotas y perfiles en torno a los autores que aparecen en Examen de ingenios, son, asimismo, una maravillosa forma de conocer a Bonald. Las apariciones de los perfiles de los artistas se suceden por orden cronológico y así, encontramos a autores como Azorín, Pío Baroja, Ángel González, José Agustín Goytisolo o escritores del otro lado del charco como Pablo Neruda, Julio Cortázar, Max Aux o Mario Vargas Llosa. No sólo encontramos escritores en él, Joan Miró, Paco de Lucía o Antonio López también aparecen retratados en el último libro de Bonald. Se trata de artistas coetáneos o de generaciones anteriores a la del autor. Así, entre las semblanzas de los escritores, encontramos miembros de generaciones distantes como la del 98, la del 14, la del 27, la del 36 y la del 50.

A los lectores empedernidos pocas cosas pueden hacernos tan felices como saber más sobre nuestros escritores preferidos. ¿No os pasa? Es esa parte cotilla que todos tenemos. A mí este tipo de  libros me fascinan, sinceramente. Por ello, he disfrutado enormemente su lectura, pues conocer anécdotas, gustos y vivencias de artistas tan importantes como los mencionados me parece todo un lujo. Y sí además vienen de la mano de la experiencia de Bonald con ellos, es un auténtica delicia.

Con Examen de ingenios se aprende y se descubre, se ríe y se emociona. Podría contaros miles de anécdotas que aparecen en el libro, pero no es esa mi tarea. Para eso es mejor que os dejéis llevar por Bonald y su exquisita prosa. Estoy completamente convencida de que, si sois grandes lectores y amantes de la literatura y el arte, este libro os resultará muy curioso. Es más, estoy segura de que os encantará.

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Agua salada, de Charles Simmons

Agua salada

Agua saladaHe terminado de leer Agua salada, de Charles Simmons, un día de diario, a media mañana, en un bar de barrio a las afueras de Salamanca. Café, pincho de tortilla, el sonido de los vasos al chocar entre sí a la salida del lavavajillas como única banda sonora. A veces uno encuentra la paz lectora donde menos lo imagina, pero cuando lo hace así, de manera inesperada, la sensación que se cosecha suele ser de las más intensas. A mí me ha hecho falta llegar a esas últimas cincuenta páginas en un ambiente tan ajeno a mis costumbres lectoras para recuperar la fe que había tenido en el libro desde el principio, desde esa magnífica primera frase que me había cautivado: “En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó”.
Reconozco que he estado tentado de ponerla al principio de la reseña. Reconozco que también he querido, por un momento, transcribirla y dejarla tal cual, sola, como único testimonio de la lectura. Porque es jodidamente buena y porque, durante gran parte de su recorrido, resumía perfectamente la novela entera. Ha sido solamente en este último tramo cuando he descubierto que detrás de ella se escondía un relato de amplio calado.
Pero vayamos poco a poco. Michael, Misha, pasa el verano de sus quince años con su familia en la isla de Bone Point, un enclave ficticio y bastante paradisiaco en la costa de Nueva Inglaterra. Sus padres, que poseen una de las pocas propiedades de la isla, alquilan su casa de invitados a la señora Mertz y su espléndida hija Zina, unos pocos años mayor que Misha. Unos pocos, que cuando se tienen quince son más bien muchos, y tienden a deslumbrar, y a convertirse a primera vista en el amor de nuestras vidas. Todo suena en Agua salada a primeras veces, a pérdida de la inocencia y a cambios vitales. El verano de 1963, precisamente, precede al asesinato de Kennedy, así que la novela entera rezuma un aire a lo que se va y no volverá.
Sin embargo, la nostalgia no es el eje de la novela, y el narrador, un Michael adulto, se entretiene lo justo amasando los recuerdos. Al contrario, lo que despliega es una narración inteligente a través del variopinto grupo de personajes que transitan por Bone Point: los padres, distintos como el día y la noche (el uno, seductor y confiado, la otra, recelosa e insegura), el enigmático señor Strangfeld, el vivaracho Hillyer y la familia Mertz. Las pasiones se desatan tanto entre los adultos como entre los adolescentes, y Misha va madurando en tiempo récord a través de su propia experiencia y de la observación en sí mismo del reflejo de lo que le rodea. Por supuesto el desengaño es una parte fundamental de este aprendizaje, como lo son el sexo y el alcohol.
En ciertos momentos el ritmo decae y la novela queda adormecida. Pero, al igual que ocurre el océano, siempre presente en ella, uno nunca puede dejarse llevar. Las últimas cincuenta páginas sacuden al lector con fuerza, como si de un barco sorprendido por la tormenta se tratase. Después de pasar por ellas, una vez en la orilla final del texto, se comprende el sentido de toda la travesía anterior.
De manera parecida a lo que dije de Alfa, Bravo, Charlie, Delta de Stephanie Vaughn, creo que Agua salada tiene una calidad especial, que perdura en el tiempo. No en vano, ya tiene un par de décadas y en la impecable traducción que ahora publica Errata Naturae (de Regina López Muñoz) se lee y se disfruta como si estuviera escrito ayer. Porque esto último, en el fondo, no puede ser de otra manera. Quién no recuerda un verano, el verano del primer amor, con tantos detalles como si acabara de pasar.

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El carterista 2, de Kazuo Koike y Goseki Kojima

El carterista 2

El carterista 2Pobre, pero honrado, se decía antaño. Pues bien, como vimos en la primera parte de El carterista, nuestro héroe Ankuro es ladrón, carterista, para más señas. Pero honrado. Y como servidor también lo es, os advierto de que, para hablar de la segunda parte de este clásico del manga, tendré que desvelaros algo de la primera. ¿Trato hecho? Bien, pues más os vale respetarlo, si no queréis que os parta los dedos uno a uno, u os obligue a saltar al río con una lápida a los pies y las manos atadas con tallos secos de boniato.

La imagen que tenemos de los japoneses es la de un pueblo trabajador, eficiente y perfectamente organizado. También así sus carteristas, cuyos jefes, por lo menos en el Japón del s. XIX, llevan un escrupuloso registro de todos los miembros de su banda. Veíamos cómo en la primera parte, Ankuro, preparando su venganza, conseguía hacerse con los nombres de aquéllos que destrozaron su vida y se ponía manos a la obra. Sute el Tambaleante era el primero en caer, y el lector da por supuesto que la segunda parte le mostrará el destino del resto de la banda, entre los que se encuentran Kichi el Mojacamas, Tadasu el Dormilón y Bankaku el Ciego. Y así lo hace, pero no sin antes deleitarnos con pequeñas digresiones en forma de historias y aventuras. Una de ellas es, sin duda, la del diamante, que, por su estructura y su divertido y escatológico final, nos hace pensar en El Decamerón o Los cuentos de Canterbury. Sin embargo, si queremos buscar obras que pudieran estar relacionadas con El carterista 2, habría que pensar en el cine, y más concretamente, en ese subgénero que podríamos denominar “películas de venganza”. Y pensad que, aunque los primeros títulos que os vengan a la cabeza puedan indicaros lo contrario, lo cierto es que el cine de venganza al que nos remite esta obra es el gran cine, el de Sin perdón Malditos bastardos.

Ankuro, decíamos más arriba, es carterista pero honrado. Su código de honor le impide robar vidas (venganzas aparte), y siempre da a su rival la oportunidad de derrotarlo y ganarse su perdón en relativamente noble lid. Su confianza en su propia agilidad, ingenio y habilidades prestidigitadoras le llevan a asumir riesgos que le ponen al borde de la muerte o, en una ocasión, al borde de la castración.

Y ya que hablamos de las regiones bajas, ¿qué me decís de la lectura de vaginas? En uno de sus geniales y genitales golpes de astucia, Ankuro se presenta como un itinerante rasurador púbico, que hay que decir que era una profesión tan respetable como necesaria, por razones higiénicas, en aquel mundo de hampa y prostitución. Así, aparte de mostrar una rara habilidad para dejarles el monte de Fuji suave como el culo de un bebé, nuestro héroe deja pasmados a mujeres y sus cornudos maridos con su capacidad de leer toda su vida pasada y futura en el rincón más recóndito de su anatomía. Estamos, como veis, ante otro episodio que parece sacado de las descaradas aventuras recogidas por Bocaccio.

El carterista 2, pues, pese a inscribirse en la tradición de la literatura de samuráis y ronins, bebe, como tantos otros mangas quintaesencialmente japoneses, de numerosas fuentes tanto orientales como occidentales, tanto clásicas como contemporáneas, y nos brinda una historia sobre honor, justicia y destino, repleta de acción, violencia, y refinada crueldad, con toques de erotismo y humor. Vamos, que lo tiene todo. Manga.

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Animalotes 1, de Aaron Blabey

Animalotes 1

Animalotes 1Crea fama y échate a dormir. Eso dice el refrán, ¿no? Y no hay duda de que el refranero es sabio y siempre acierta. Pues eso es lo que les ocurre a los protagonistas de este divertido cómic, que ellos solitos se han creado su fama y ahora es muy difícil cambiarla. Nadie ha dicho imposible, pero sí que va a resultar un reto que estos animalotes puedan cambiar la fama que tienen.

El prota de todos es el señor Lobo. Desde luego que el lobo es uno de los animales con peor fama. En los cuentos siempre podemos encontrarlo como el malo malísimo y hay un montón de leyendas sobre él que no le dejan en muy buen lugar. Pero el señor Lobo resulta que es un tipo genial y majete y está aquí para demostrarlo. Para ello contará con la ayuda de otros animalotes de igual fama. El señor Serpiente, ¿qué contaros de él? Casi todo el mundo odia las serpientes y  tampoco es que sean muy populares. Pero en realidad, el señor Serpiente tampoco es tan malo como lo pintan. El señor Piraña sí que tiene mala fama porque, claro, ¿a quién no le dan miedo estos animales carnívoros? ¿Y qué decís del señor Tiburón? Spielberg ya se encargó de que todos le tengamos miedo.  Esta es la banda, ellos son los protagonistas de Animalotes 1 y el señor Lobo es quien se encargará de que todo cambie.

El objetivo de El club de buenazos es, obviamente, convertir a todos estos animalotes tan casados de los gritos, de ser los malos de la película y de que todos le tengan miedo en animales ejemplares. Tarea difícil para el señor Lobo, aunque él lo tiene claro. Juntos saldrán en busca de movidas y, sobre todo, a cumplir su primera misión como buenazos: la llamada operación perrera. Su objetivo será liberar a todos los perros que se encuentren en ella.

¿Conseguirán estos animalotes el éxito en esta descabellada misión?, ¿conseguirán librarse de la terrible fama que les precede? Es algo que tendréis que descubrir vosotros mismos, si es que sois capaces de leer las aventuras de tan terroríficos animales.

Animalotes 1 es un cómic para niños y adultos muy gamberro y realmente divertido. Los diálogos entre los animalotes, las absurdas situaciones en que se ven envueltos y el tono general del cómic son una delicia.

Lo mejor de todo es que parece que la banda le ha cogido el gusto a esto de ser unos buenazos y ya tenemos disponible la segunda entrega de esta alocada panda de animalotes. Una divertida propuesta de Anaya que seguro te hará pasar un buen rato.

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Cuentos para niños no tan buenos, de Jacques Prévert

Cuentos para niños no tan buenos

Cuentos para niños no tan buenosEste 2017 se cumplen cuarenta años del fallecimiento de Jacques Prévert y Libros del zorro rojo ha editado Cuentos para niños no tan buenos como homenaje a la figura del original autor. Si no conocéis a Prévert deberíais saber que fue un hombre muy polifacético. El francés fue poeta, dramaturgo y guionista cinematográfico. Participó en el movimiento surrealista y a él se le atribuye la invención de la práctica del cadáver exquisito, esa técnica literaria tan utilizada por los autores surrealistas. Su poemario Paroles y su guion de la película Les enfants du paradis le otorgaron gran reconocimiento.

Me parece fantástica la idea de Libros del zorro rojo de rendir homenaje a Prévert. El olvido es a veces muy injusto, pero para eso estamos nosotros, ¿no? Para encargarnos de que los grandes genios nunca mueran del todo.

Una de las cosas que me llamó la atención de este libro, además del autor, fue el título tan original. Además, saber que era obra de Prévert y que en él iba a encontrar esa dosis de absurdo que tanto me gusta era casi una garantía de éxito. Entre mis autores favoritos se encuentran Ionesco y Beckett, así que ya podéis entender por qué me gustan tanto el surrealismo y lo absurdo.

Cuentos para niños no tan buenos, como su título indica, es un libro dirigido a niños. O eso se supone. La verdad es que no he hecho la prueba aún de dejárselo a alguno de mis sobrinos a ver qué le parece. Ya os he contado alguna vez que de vez en cuando les regalo mis libros infantiles y los comentamos cuando los han leído. Es también una buena forma de saber si el libro gusta. Tengo unos críticos geniales.

Pero, como os decía, aún no he podido comentar este libro con ellos y me estaba preguntando si les gustaría, si ellos entenderían este absurdo tan absurdo que se pasea por sus páginas. Luego he pensado que menuda tontería. ¿Pero cómo no va a entender un niño el absurdo? En cualquier caso, el problema lo tendremos los adultos, con nuestras cabecitas tan reflexivas, tan lógicas y tan llenas de sentido común. Bien podríamos ser más niños en ese sentido, digo yo.

Cuentos para niños no tan buenos viene acompañado de las ilustraciones de la argentina Elsa Henríquez. Trazos gruesos en blanco y negro que acompañan brillantemente la carga surrealista de los cuentos.

¿Y sobre los cuentos? Pues tenemos todo tipo de personajes protagonistas: antílopes, avestruces y camellos. También hay humanos, pero lo cierto es que no quedan en muy buen lugar. Con gran ironía y humor, Prévert realiza una juiciosa crítica social a los seres humanos desde el punto de vista de los singulares animales. Como os decía, no es que salgamos muy bien parados, pero claro, es que a veces nos lo merecemos.

Un genial libro del que obtener varias lecturas y con el que mirarnos el ombligo con un poco de vergüenza. Que, de vez en cuando, falta nos hace.

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Postales coloreadas, de Ana Alcolea

Postales coloreadas

Postales coloreadasNo podía dejar pasar la ocasión de venir a hablarles de este nuevo libro de Ana Alcolea. Y no, en esta ocasión no es un libro infantil o juvenil, que ya saben que por su buen hacer literario en ese terreno ha recibido el Premio Cervantes Chico 2016, es porque Postales coloreadas, su última novela, es para nosotros, para jóvenes y adultos a los que nos gusta leer, entretenernos y buscar siempre un poco más allá de las palabras, leer incluso en los espacios en blanco.

La autora nos guía por su lejana historia familiar:

“Mi abuela no nació junto a ningún río, ni siquiera a la orilla de un canal, como yo, que vine al mundo al norte de uno, muy cerca de donde habían estado los soldados franceses cuando la guerra de la Independencia, muy cerca también de donde estuvo el polvorín que estalló cuando la otra guerra, la civil, y que destrozó medio barrio y la casa de mis abuelos…”.

Y cuando parece que es ahí donde empezará la historia, casi sin darnos cuenta nos lleva volando en el tiempo hasta la Almería de finales del Siglo XIX, y concretamente hasta la casa de Don Mateo y Doña Margarita, los primeros familiares a los que se remontará esta saga familiar. Y a Juan, hijo de éstos, que será la columna vertebral y dará continuidad a de toda esta historia.

Me encanta como Alcolea se nos va haciendo presente de vez en cuando para recordarnos que estamos ante una novela, es posible que también lo haga para recordárselo a ella misma, porque lo que tengo entre manos en una mezcla de hoy y ayer, pero también de ficción y realidad, de recuerdos y de sueños, de deseos de saber o de no saber, incluso deseos de hablar o de callar.

Me ha gustado intuir de donde le viene a la autora el amor por Italia, por la música, por la mejor de las músicas, su deseo de aprender y sobre todo de enseñar las palabras que tanto ama y que tantas y tantas mujeres de su familia no pudieron utilizar, incluso deseándolo.

Así era la vida, el mundo era de los hombres, incluso los mejores eran tremendamente injustos con las mujeres a las que querían y a las que creían respetar.

Parecía que nos íbamos a mover entre gentes refinadas y cultas, pero ya saben que si la realidad muchas veces supera a la ficción, este es el caso. Su bisabuelo Juan se enamoró del futuro, y el futuro lo llevó lejos, muy lejos de todo aquel bienestar que un día abandonó para no volver a él nunca más.

Y en ese futuro, que era el ferrocarril, es donde podría decir que su vida se empieza a unir a la mía. El Ferrocarril. Esas familias con hijos nacidos en cada estación a las que iban destinados los trabajadores… Siempre me ha llamado la atención lo poco que viajaban los poseedores de aquel bien tan preciado llamado “kilométrico”, y que no era otra cosa que un pasaporte para viajar gratis en tren que tenían los hijos de los ferroviarios hasta que se casaban. En mi caso hubiese sido, seguro, un pasaporte a la felicidad 😉

La vida de los ferroviarios daba muchas vueltas, tantas que Juan acaba casándose con una joven gallega a la que arrastrará por la vida y por los más diversos lugares de España, desde grandes ciudades como Madrid a los más pequeños y casi desérticos pueblos de Teruel… ¡Pobre provincia de Teruel que ya nació siendo pobre! Para terminar en Zaragoza… En la antigua estación de Utrillas que hoy es un centro comercial sin ningún encanto. La historia que a mí me incumbe, termina también en Zaragoza, en este caso en la estación del Norte, hoy convertida en un gran centro cultural, que si bien se ha conservado en parte, se dejaron perder las grandes estructuras del techo en la zonas de los andenes… y hoy la ciudad se lamenta también por ello.

Ya ven, todo un recorrido vital en el que Ana Alcolea nos muestra un amplio abanico de personajes, todos tratados con respeto y cariño, pues como la propia autora repite a quien se lo quiera preguntar, es este su libro más personal, ese en el que ha puesto muchos años de trabajo, años de recuerdos reales y ficticios, esos libros que se escriben para que no desaparezcan las palabras y las historias que un día otros nos contaron.

Pero no por eso esconde la dura realidad que les rodeó, una historia novelada que nos va dando datos históricos para situarnos en todo momento en un lugar y un momento, y la autora presente aquí y allá para puntualizar, para frenar a la escritora en sus afanes novelescos, a los que en ocasiones cede, siendo en esos casos fiel con el lector, haciéndole cómplice de sus necesidades… Y dejar que así, la novela fluya.

Una historia contada como se cuentan los cuentos, sin capítulos, dando continuidad al pensamiento, a la historia, que quiere hacer que transcurra como la vida, toda seguida, dejando vías abiertas en unos sitios y cerrando otras de forma tajante.

Una autora que sí es profeta en su tierra, pues este año ha sido la pregonera de la Feria del Libro de Zaragoza donde es seguro que habrá firmado muchísimos ejemplares de estas Postales coloreadas, pero no dudo ni por un momento que frete a las casetas en las que estuviese habría montones de chavales con sus libros des siempre para que se los firmase ¿Qué chaval de primaria o secundaria no conoce a Ana Alcolea? Una de las mujeres más placeadas de España y que más colegios e Institutos ha recorrido en este país 😉

La portada es de Alberto Gamón ¡Qué delicia! Si me emocionó antes de leer el libro por su belleza, imagínenme ahora que he leído el libro y puedo darle sentido. Mi particular sentido, claro, el que yo quiero que sea, el que necesito que sea. A nuestro presente ha llegado el futuro y el sueño de ELLAS, de aquellas que nos precedieron, a las que les robaron el poder de las palabras, si algo se puede rescatar de lo que de ellas queda en nosotras, hay que hacerlo, y hacerlo como lo ha hecho Alcolea ha sido un lujo y un regalazo para lectoras como yo.