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Andar en la niebla, de Ricardo de la Fuente

Andar en la niebla

Andar en la nieblaLa pasión de mayor quiere ser ternura. Así comienza Ricardo de la fuente este paseo suyo por la niebla que, como bien dice en otro de sus aforismos, es algo que agudiza la vista. O al menos la escritura. Y debe saber de lo que habla porque este pequeño libro rezuma pasión en cada una de sus letras y es a la vez terriblemente tierno. Y brillante. Y sagaz. Y hermoso. Y reconfortante. Y divertido. Y emocionante. Y sabio. Pero por encima de todo, supongo que al autor no le importará que le cite en esto, certero. Según el conocido aforismo de D. José Bergamín la principal característica de un aforismo es que debe ser certero, por encima de cierto. O tal vez sea un apotegma, en lugar de aforismo, porque coincide con la definición de la RAE en que es breve, sentencioso y feliz, además de ser un recurso, admito que un tanto retorcido, para traer a colación la felicidad, que es una de las principales sensaciones que siente uno tras Andar en la niebla un rato probablemente demasiado escaso.
Seguiré apropiándome de las palabras de Ricardo de la Fuente, básicamente porque son más bellas e inteligentes que las mías, y les diré que Para no saber a dónde vamos, vamos demasiado deprisa. Así que se impone un momento de pausa para que sepamos si no a dónde vamos, sí al menos dónde estamos. Andar en la niebla es un libro de aforismos, y no uno cualquiera sino el ganador del IV premio internacional de aforismo José Bergamín. Podría decirles que descubro el género con este libro porque exceptuando a Ernesto Esteban Etchenique, el aforista inventado por Fontanarrosa, no tenía el gusto de haberme cruzado con ninguno otro. Así que procedería hacer una breve introducción al género, pero créanme, difícilmente podría hacerle justicia. Asistí a una charla del propio autor sobre el tema y me pareció deslumbrante hasta qué punto tanto él como otros practicantes del género son capaces de embellecer las ideas con ideario de cuentista y exigencia estética de poeta. No se trata de hacer proselitismo, menos aun de convencer a nadie, si Las palabras se van con los poetas porque las sacan de su rutina, las ideas se van con los aforistas porque las desnudan, las aman y las embellecen, no necesariamente por ese orden, hasta convertirlas en deslumbrantes. Para una idea, convertirse en aforismo debe ser como para una adolescente ir al baile de graduación.
Mi sensación es que debe ser un género extraordinariamente exigente para el autor, expresar brillantemente una idea en tan pocas palabras implica que necesariamente sean esas las palabras y no otras las que deben vestirla y cualquier modificación, corrección o cambio debe ser terrible. Un relato hiperbreve sin el sostén de una historia, sin más hilo conductor que aquel que el aforista, a modo de hilandera de cuento, se ve obligado a transformar en oro sin más rueca que su talento y su paciencia. Lean el siguiente aforismo y piensen si lo que dice se puede decir mejor: Cómo se las arreglarán los buenos escritores para escribir un libro distinto para cada lector. Diría que no, al menos yo no me atrevería a cambiarle ni una palabra. Y lo que dice de los buenos escritores es extensivo a los buenos aforistas, claro, ellos no hacen propaganda de una idea, no son tendenciosos, al contrario, las cortejan, bailan con ella y hacen que disfrutemos sin la menor necesidad de coincidir.
Aun me atrevería a darle una vuelta de tuerca a esta definición personal y por entregas que estoy haciendo del aforismo: una de sus características es que uno lee muchos de ellos y, además de disfrutar, piensa: “¿cómo puede haber expresado tan bien esto que yo he pensado siempre y no he sido capaz de poner en palabras?” O incluso los más atrevidos lo fagocitarán aun más y dirán: “es verdad, yo siempre lo he dicho”. Naturalmente es mentira, uno ni lo ha pensado nunca ni por supuesto lo ha dicho jamás, pero igual que los buenos escritores escriben un libro diferente para cada lector, los buenos aforistas escriben un aforismo diferente para cada uno de nosotros, tan diferente que de hecho nos parece propio. Eso los diferencia de refranes y demás expresiones de verdades tan absolutas como falsas: el aforista no escribe para convencer, sino para cortejar a las ideas. Tan gratificante es leer a un buen aforista como insufrible debe ser leer a uno malo. Y Ricardo de la Fuente es bueno.
Para no tener malos recuerdos hay que tener buenos olvidos, naturalmente, pero para tener buenos recuerdos hay que tener buenas experiencias (o inventarlas, que viene siendo lo mismo) y una literariamente inmejorable es esta rareza que se cierra con promesa de revisitas, de relecturas con ojos de primera vez. Lean Andar en la niebla, recuérdenla, pero sobre todo siéntanla. Lo verán todo con otros sueños.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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El país donde florece el limonero, de Helena Attlee

El país donde florece el limonero

El país donde florece el limoneroLa historia no es tal y como nos la cuentan en el colegio: listas de reyes, guerras y batallas, equilibrios de poder, inventos que revolucionan el mundo occidental… La historia es mucho, muchísimo más que esa visión única que nos venden en los planes escolares. Es también la manera en la que se come, se duerme, se viste, se habla o se comprende el mundo. Es lo que hicieron, sintieron y pensaron todos los estratos de la sociedad, es cómo se relacionaron, qué consideraron necesario y qué prescindible y también aquello que pasó donde no solemos poner el foco. Es también la vida privada, en la medida que condiciona la vida pública. Y este libro de Helena Attlee habla justamente de todo eso.

El país donde florece el limonero es una carta de amor a Italia y sus cítricos y también una prueba más de que podemos poner el foco en elementos diversos para contar otra versión de la historia. En este caso, Attlee lo pone en los jardines y campos de cítricos del país vecino y, con un estilo ameno y vívido, recorre la historia de sus territorios en los últimos quinientos años.

De su mano, descubrimos la obsesión de los coleccionistas renacentistas por los frutos raros (con dedos, estriados, auténticos monstruos botánicos a nuestros ojos), el gesto (sublime) con el que los recolectores de media Italia le enseñaron a abrir una naranja recién cogida del árbol, la conexión entre el origen de la mafia siciliana y la importación de limones a Inglaterra y Estados Unidos o los decenas de usos de la bergamota. Y todo ello perfectamente encuadrado en la historia cultural y política del país. En esta “historia de Italia y sus cítricos”, como reza el subtítulo, se enlazan arquitectura, arte, comercio, política y vida privada a través de la frágil imagen de un limón. Porque Attlee es capaz de hilvanar las anécdotas hasta convertirlas en grandes bolas de fuego que deciden el futuro de las gentes y los territorios.

El país donde florece el limonero es también un libro de viajes. En las primeras página, la autora narra la primera vez que viajó a Italia. Lo hizo en tren, desde Londres y su primer recuerdo del país, al despertar en el coche cama camino de Florencia, es ver crecer limones junto al andén de la estación. Esa experiencia, cuando todavía era estudiante universitaria en Londres, condiciona el resto de su vida. El año siguiente pasa el curso escolar en Siena, donde florece su pasión por los cítricos. Y, desde entonces, visita las villas, palacios, viveros y jardines del país con regularidad, los ha convertido en su campo de especialización académica y todos los años organiza viajes culturales en los que, con ella como guía, se visitan villas, jardines y viveros en la Toscana, el Véneto, Calabria o Sicilia. Como lectores, viajamos con ella y llegamos a conocer todos esos lugares.

El libro es una delicia pero, además, como siempre, Acantilado nos trae una edición cuidada, una traducción impecable de la mano de María Belmonte, de quien ya he tenido oportunidad de hablar aquí, una cubierta en la que querrías sumergirte y una calidad en el libro como objeto (papel, guardas, tintas, cosido…) que consigue que mis estanterías estén salpicadas de ediciones suyas.

El país donde florece el limonero es un ensayo exquisitamente escrito, editado y traducido que se disfruta página a página. Es un libro en el que Helena Attlee condensa lecturas, viajes, miles de horas de estudio y dedicación y un estilo sutil, plástico, para acercarnos de una manera diferente al país vecino. Y, os aviso, si lo leéis, no podréis evitar moriros de ganas de visitar los lugares de los que habla. ¡Empezad a reservar los billetes!

Laura Gomara @lauraromea

 

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Hotel Iris, de Yoko Ogawa

Hotel Iris

Hotel IrisEl despertar de la sexualidad es algo intrínseco al ser humano. Bueno, en realidad también al resto de los animales, lo que pasa es que no le llamamos despertar, es un instinto básico de supervivencia de la especie. Los humanos con nuestro cerebro pensante le damos más vueltas y le ponemos romanticismo, al menos de cara a la galería, porque la mayoría de las veces es un calentón físico y químico. Además de la alteración física, nuestro pensamiento tiene mucha influencia en nuestras relaciones sexuales. La mitad de nuestra vida sexual está en nuestro cerebro y esta parte es mucho más difícil de entender que el mecanismo físico de la relación. En el cerebro se maquinan las diferentes formas de mantener relaciones sexuales. Por ejemplo: no conozco ningún otro animal que ate a su pareja, pero algunos humanos practican bondage.

No voy a nombrar todas las maneras diferentes de relacionarnos sexualmente, que esto es una reseña de un libro y no un ensayo sobre lo que hacemos en la intimidad (o en público), con nuestras partes íntimas y no tan íntimas, porque se puede utilizar de todo para el fornicio, pero es que el Hotel Iris va por estos derroteros. Se trata del descubrimiento o despertar del deseo carnal de Mari, una chica de diecisiete años, y es un despertar algo turbio, transgresor, que no entiende ni ella misma.

Mari, vive en un pueblo costero, de los de turismo estacional, y ayuda a su madre viuda en el hotelucho familiar que tienen cerca de la playa. Allí conoce a un hombre misterioso que le impresiona por su voz, autoritaria y tajante, pero solo cuando habla con la prostituta que había contratado para pasar un rato en el hotel. Fuera de la habitación el hombre es normal, anodino, educado, callado, simple. Mari se lo vuelve a encontrar y comienzan una relación extraña. El hombre anda por los sesenta años, es traductor de ruso y tiene un pasado oscuro y ambiguo; vive apartado en una isla casi desierta y prácticamente no se relaciona con nadie.

Me ha gustado mucho la forma de contarnos la historia de Yoko Ogawa, algo tristona, nostálgica, de atardecer, del estilo de Murakami en Tokio blues. Hay algo perturbador en un libro escrito de una forma aparentemente tan inocente. Y digo aparente porque de inocente nada, es solo la redacción, bonita, casi poética que utiliza Ogawa la que da esa sensación de pureza, muy acorde con la edad de la protagonista. Pero el tema y el devenir de los acontecimientos no son tan inocentes. La relación que se establece entre la protagonista y el hombre tiene mucha complicación psicológica detrás. El hombre es viudo y la muerte de su mujer nos hace sospechar casi todo el rato. La relación que tiene Mari con su madre es fea, no hay confianza, la madre es autoritaria, interesada y exigente. Esa obsesión con peinar y repeinar el pelo de la chica muy tirante, haciendo daño, no podía traer nada bueno. Mari tiene recuerdos de su padre también algo contradictorios.

Mientras lo leía me venía a la mente Lolita de Nabokov, aunque no sé si solo por la diferencia de edad de los protagonistas, porque Mari no es la típica Lolita y el traductor tampoco es que se parezca mucho a Humbert. Tampoco pude evitar acordarme del profesor Kepesh de novela de Philip Roth El animal moribundo. Estas conexiones que hago son muy personales; a lo mejor cuando lo leáis, me vais a decir que estoy majara, pero mi cabeza funciona de forma extraña, hasta asocio olores y colores a veces con los libros. La forma de escribir no es la misma, por supuesto, y el punto de vista es diferente, Yoko Ogawa es mujer, y la protagonista también y es un libro escrito en primera persona, desde el punto de vista de Mari, no sabemos lo que pasa cuando Mari no lo vive, por eso la narración tiene ese aire inocente.

Muy bonita edición de la Editorial Funambulista que tiene más libros de esta autora publicados, entre otros el famoso y premiado La fórmula preferida del profesor. Apuntad a esta mujer en pendientes si no la habéis leído todavía porque merece la pena.

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Adelaida y Coco, de Eire

Adelaida y Coco

Adelaida y CocoLeemos en la contraportada de este libro: “El mundo se divide en dos: los amantes de los gatos… y el resto”. Yo, claramente, pertenezco al primer bando. No os voy a dar más la brasa sobre cuánto me gustan estos pequeños felinos y mi devoción por ellos. A las reseñas os remito: esta o esta.

Como comprenderéis, cuando vi este libro pensé que estaba hecho para mí. Adelaida y Coco es un libro para gatófilos. El resto, los que pertenezcáis al otro bando, ni os molestéis. A ver, no quiero ser mala, pero es que si no os gustan los gatos, si nunca habéis convivido con ellos no creo que podáis entender la felinidad que desprende este libro. Pero no todo está perdido, insensatos del otro bando. Quizá con este libro os entren unas irremediables ganas de tener un gato (o dos, o tres). Quizá lleguéis a captar, aunque sea mínimamente, lo que los gatófilos sentimos por nuestros peludos. Y si no, insensibles, podéis disfrutar al menos con esta historia divertida y con las ilustraciones de Eire. Venga, que os lo estoy poniendo a huevo. Tenéis que leer sí o sí Adelaida y Coco.

Adelaida es una joven urbanita que trabaja como freelance desde su casa. Como buena freelance, pasa horas y horas delante de la pantalla de su ordenador. Seguro que más de uno os sentís identificados. Yo también tuve mi época de trabajar en pijama desde casa haciendo traducciones (¡ay, cómo la echo de menos!). Coco es su gato: un achuchable felino negro que, como buen gato, se cree el rey de la casa. Sumida en una especie de crisis existencial (¿también os suena?), Adelaida ocupa su tiempo trabajando y en las redes sociales, lo que se traduce en horas y horas sentada en casa frente al ordenador.

Para los que somos más bien caseros, un gato es la mascota ideal. No necesita salir a la calle y puede pasarse horas (y hoooraaas) enroscado en algún lugar de la casa durmiendo. Pero, como todos los que tenemos gatos sabemos, bajo esa denominación de animal independiente y poco cariñoso se esconde una gran mentira. No tenéis ni idea. Los gatos, por lo general, son auténticas pegatinas. Allá donde vayas en la casa te seguirá. Olvídate de la intimidad en el baño: siempre tendrás un espectador. Cuando a tu gatito le apetezca, procederá a hacerse una bola sobre tus piernas y prueba tú a moverte. Olvídate también del despertador, ya no lo necesitas. Tu gato te hará saber el hambre que tiene o lo aburrido que está a horas tan apetecibles como las seis de la mañana.

Todas estas situaciones aparecen en la hilarante novela gráfica de la ilustradora Eire. Todos estos topicazos que los que tenemos gato conocemos bien. Coco, por supuesto, lleva a la perfección todos y cada uno de ellos. No podía ser de otra forma.

Me he reído mucho con este libro, no solo por lo identificada que me he sentido con Adelaida en muchas ocasiones. Es que, además,  Eire tiene un humor naif y sutil con el que también me identifico. Así pues, gatófilos e insensatos, os recomiendo esta hilarante novela gráfica. El buen rato está garantizado.

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Doctor Extraño: El juramento, de Marcos Martín y Brian K. Vaughan

Doctor Extraño: El juramento

Doctor Extraño: El juramento

Hay que decirlo: el Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle es uno de los personajes más carismáticos de la historia de la literatura universal. Su inteligencia e intuición desbordantes hacen que nos enamoremos de él, pese a su soberbia (o quizá incluso esa soberbia sea un factor más que hace que le apreciemos, porque es engreído pero tiene motivos de sobra para serlo). Y por eso se le han hecho numerosos homenajes al mítico personaje, desde utilizar rasgos suyos para otros roles, como House, ese médico gruñón y antisocial que podía diagnosticar cualquier enfermedad por rara que fuera, a resucitar la obra de Doyle una y otra vez, dando vida al propio Sherlock en series y en películas, tanto en la Gran Bretaña como en Estados Unidos.

Uno de esos personajes basados en la obra de Doyle es El Doctor Extraño, superhéroe de la factoría Marvel. Nos encontramos ante un cirujano de notable éxito, que tras haber sufrido un accidente queda con los nervios de las manos destrozados, lo que le impide ejercer su profesión. En su búsqueda por una cura, llega a encontrarse con El Anciano, de quien aprenderá los secretos de la magia hasta convertirse en el Hechicero Supremo de la Tierra.

En este tomo, Doctor Extraño: El juramento, nuestro protagonista conoce a la Enfermera de Noche; el propio Extraño reconoce que ese título parece más el de una protagonista de películas de adultos que de una heroína, lo que le lleva a apodarla como Whatson, cerrando así el círculo al homenaje de la obra de Doyle.

Es curioso que los cómics sean considerados por muchos literatura menor; esta obra tiene una manufactura de lujo, con sus tapas duras, su papel satinado a todo color y su encuadernación de calidad, por un precio de 15€. Todo un logro que hay que reconocerle a Panini Comics. Las ilustraciones del excepcional dibujante español Marcos Martín que acompañan a cada escena nos meten completamente en una historia que está muy bien tejida, con un ritmo intenso y un guion de lujo, obra de Brian K. Vaughan, ganador del Premio Eisner. La historia se me ha hecho muy corta, y la he disfrutado tanto como disfrutaría una buena película en el cine. Este cómic tiene todo lo que se puede pedir a una gran historia de superhéroes: explosiones, monstruos gigantescos, magia, humor, dilemas morales y la constante lucha del bien contra el mal.

El Doctor Extraño es un digno heredero de Sherlock Holmes. Y si bien es la magia lo que les diferencia, veremos que en muchas ocasiones esa magia que podría convertir a Stephen Extraño en un ser todopoderoso (y aburrido), no le sirve para resolver los problemas que se le plantean, y tendrá que tirar de ingenio, ayuda o incluso de la fuerza física para resolver sus problemas. Y siempre aderezado con un sentido del humor agudo y muy refinado. Un gran cómic para conocer a este personaje clásico de la factoría Marvel.

 

 

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El último francotirador, de Kevin Lacz

el ultimo francotirador“Durante aquella experiencia fui escribiendo un pequeño diario. No recuerdo que otros compañeros lo hicieran. Lo hacía por si algún día tenía hijos y quería explicarles lo que pasó. Esa información me ha sido muy útil después. La primera versión del libro parecía escrita por un robot. Mi mujer me sacó de mi zona de confort y me dijo que tenía que acompañar cada hecho preciso con lo que sentía en ese momento. No es fácil hacer esto para nosotros, me ponía en una posición muy vulnerable pero tuve que hacerlo para contar la historia de los compañeros que perdí y lo hice. Ahí están los días más tristes de mi vida. Cada cosa que me pasó en el frente está contada desde un punto de vista emocional”.

Esa es la declaración de intenciones de Kevin Lacz, quien cuenta cómo sobrevivió en el campo de batalla. Cómo la experiencia en la guerra de Irak le convirtió en otra persona y cómo al terminar su experiencia bélica, se le presento la oportunidad para participar en la película “El francotirador” donde aconsejaba al actor Bradley Cooper, su protagonista.

El autor no quiere decir a cuántos enemigos mató él exactamente: “Los suficientes. Más de diez y menos que Chris”, señala en las entrevistas haciendo referencia a su compañero y mentor Chris Kyle (La Leyenda). Varias de esas muertes están narradas de manera exhaustiva en el libro, “neblina rosada” (el efecto al salpicar la sangre) incluida, en un texto que tiende a deshumanizar a los “muyas”, los muyaidines, el enemigo.
Más allá del valor histórico de su testimonio literario, el texto describe el coraje que se le supone a un SEAL estadounidense, extendido a cualquier soldado que participa en una guerra. Pero no es en este punto en el que el libro incide sino en cómo tras enfrentarse a la crudeza de una guerra, hay que recomponerse por dentro para intentar volver a llevar una vida normal.
El último francotirador contiene un texto totalmente ajeno a la política, en el que los autores presentan un libro honesto y directo que se adentra en los procesos conscientes e inconscientes del funcionamiento de la mente de un SEAL, donde se plasma el deseo implacable por la eliminación de los enemigos.

P. ¿Qué le llevó a los SEAL?

R. Quería luchar contra los terroristas. Sabía que no iba a tener un debate político en ellos. Íbamos a emplear nuestra fuerza y los terroristas iban a morir. Sabía que se me exigiría matar y que iba a correr un alto riesgo.

P. ¿Recuerda la frase de Clint Eastwood (ya que estamos) en Sin perdón?: “Cuando matas a un hombre no solo le quitas todo lo que tiene sino lo que podría llegar a tener”. ¿No se lo ha planteado?

R. Mis blancos no se merecían un futuro. Por su brutalidad. Eran los malos, y eso los validaba como blancos. Esa cita a quienes se podría aplicar es a mis camaradas SEAL que murieron. Marc, por ejemplo, al que le entró una bala por la boca, quería ser ministro de la Iglesia.
P. Pero, al seguir a su objetivo por el punto de mira, ¿nunca piensa que ese tipo es en cierto modo otro soldado, posiblemente un padre de familia, y que el mal no es una categoría absoluta?

R. No, nunca pensé en sus familias, realmente. Porque cuando uno has visto de cerca ciertas atrocidades, como las de los terroristas que amarran bombas a mujeres y niños, los hacen caminar hacia zonas pobladas y entonces los hacen explotar; o las de los escuadrones suicidas que decapitan a sus víctimas… Ningún hombre de familia hace eso. Alguien así puede tener hijos, pero no es gente de familia. Y ningún acto humano, como procrear, le redime de sus barbaridades.

Una verdad cruda y sin contemplaciones, que plasma una bibliografía bélica, plagada de dureza, en la que el concepto de camaradería cobra una nueva dimensión.

A mí, personalmente, la figura del francotirador me parece muy interesante. Casi magnética ¿Cómo pasan las horas? En este texto el autor eleva el concepto de camaradería, dejando claro que en momentos de tensión, el humor es un gran aliado:

 “-¿Y ahora aparcarás la bicicleta otros veinte años, doc?-pregunté-. Quizá en tu próximo despliegue yo tendré un hijo en los Equipos y tú, prótesis de caderas. ¡Te veo liquidando muyas a los setenta!
-Te veo puesto en lo del hijo, sí. Pero que muy puesto – dijo el doc, que bajó del camión y asintió con la cabeza, mirándome la entrepierna.
Con la emoción, me había olvidado del reventón de los pantalones y de que iba enseñándolos huevos. La sección entera se echó a reír a carcajadas.
Me rendí y me puse a reír yo también. El viejo se las sabía todas. Pero aún le quedaba repartir el correo.”

Desde su atalaya en forma de torre, esperaba con el ojo derecho puesto en la mirilla de su MK11, un fusil semiautomático de ocho kilos y un calibre de 7.62 milímetros con la calavera de ‘The Punisher’ grabada en la culata. La vida y la muerte era todo lo que veía a través de ese círculo.
Kevin Lacz participó en la batalla por la que él y Chris Kyle serían recordados, la de Ramadi en 2006. El enfrentamiento se ganó, pero a costa de un sufrimiento que queda explicado perfectamente en el libro. En él, los «Castigadores» se enfrentaron a mil dificultades. Algunos no salieron con vida. Eso es este libro. Morir o impartir la muerte. Un libro cargado de peso moral. Una imprescindible descripción de la guerra.

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Más que mascotas, Un desfile de emociones ilustradas, de Raquel Gu

Más que mascotas

Más que mascotasEn mi casa siempre hemos tenido mascotas. Desde las típicas cobayas y canarios hasta animales de compañía más insólitos como un caracol, un ratón canguro del desierto, o un pato. El preferido, sin duda, fue mi primer gato. Lío era un enorme gatazo naranja que llegó a casa cuando yo tenía diez años y me acompañó hasta que tuve 26 años. Dieciséis años de amor gatuno incondicional.

No entiendo a la gente que no le gustan los animales. Los respeto, pero no los entiendo. O esa gente que dice que no quiere tener un perro o un gato porque les daría mucha pena cuando se murieran. Pues claro que da pena. A los animales se les quiere como un miembro más de la familia. Yo siempre me voy a acordar de Lío, pero hay que entender que su vida es más corta que la nuestra, que hay que disfrutar el tiempo que pasamos juntos y que aunque siempre sea menos del que nos gustaría, el vínculo que se establece con nuestras mascotas es eterno. Yo pienso ser la loca de los gatos toda mi vida.

Por otra parte, creo que es esencial que desde pequeños aprendamos a convivir con animales. Es una maravillosa manera de aprender a respetarlos y cuidarlos. Sinceramente, creo que los niños que crecen con mascotas son más felices y, obviamente, serán grandes defensores de los animales toda su vida. Y este es un valor que nos hace todavía muchísima falta, por desgracia.

Os cuento todo esto a propósito del libro del que os quiero hablar: Más que mascotas, un desfile de emociones ilustradas. En él, Raquel Gu, interpreta las principales emociones que los niños experimentan y para cada una de ellas le asigna una original mascota inventada para cada sentimiento. Son ilustraciones realmente curiosas, llenas de colorido e imaginación que encantarán a los peques.

Encontramos muchas emociones, entre ellas la mascota de la ira, Gruspira, una mascota con la que hay que tener mucho cuidado porque es grande y feroz y hay que aprender a controlarla. También está Chiligüenza, esa mascota a la que debemos acudir cuando notemos que nuestra cara se pone colorada. Seguro que ella nos ayudará. O Balma, la mascota más tranquila, blandita y esponjosa a la que todo le malo le importa un comino. Es ideal para estar a su lado por las noches, pues nos ayudará a quedarnos dormidos.

Más que mascotas, un desfile de emociones ilustradas es un libro muy original y que aúna valores esenciales que debemos inculcar en nuestros pequeños: el amor a los animales y las mascotas y el reconocimiento y tratamiento de nuestras propias sensaciones. Es mucho más fácil para los niños aprender a reconocer lo que sienten si han leído sobre esas emociones. Y además, si lo han hecho de una forma tan divertida como nos propone este maravilloso libro, el resultado será un éxito.

A mí me ha parecido un libro divertido y diferente. Estoy segura de que los más pequeños disfrutarán muchísimo con él.

 

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Rick y Morty: Volumen 1, de Zac Gorman, CJ Cannon y Ryan Hill

Rick y Morty

Rick y Morty

Para poder explicarte cómo es este cómic de Rick y Morty, la primera pregunta que te tendría que hacer es: ¿conoces la serie? Si has visto la serie, sabes qué te vas a encontrar en estas páginas, y puedo decirte que el cómic sirve para quitarse el mono de las aventuras de Rick Sánchez y Morty mientras esperas a que salga la siguiente temporada. El tono es un poco distinto al de los capítulos emitidos en TV, algo más suave (menos tacos, menos violencia), pero explora otros aspectos de las historias de los personajes del universo Rick y Morty, complementando a la serie, dándonos una ración de dosis de las que vamos tan escasos (yo llevo meses esperando la tercera temporada).

Si no conoces Rick y Morty, lo primero que te aconsejo es que la veas. La productora tiene los capítulos en abierto en su propia web (al menos mientras escribo esto), y seguro que hay a tu alcance otras formas de ver la serie. Los capítulos son cortos, de unos 22 minutos, con una animación desenfadada y muy colorista. Los protagonistas son Rick Sánchez, un científico loco al estilo de Doc, de Regreso al Futuro, pero mucho más deslenguado, egoísta y genial a la hora de crear cualquier artefacto que le permita salirse con la suya, sea lo que sea, y por otro lado su nieto Morty, un chaval de 14 años con las inquietudes propias de cualquier adolescente americano del montón, simple, que se preocupa por su familia y por los demás como cualquiera, pero que puede parecer una persona de grandes sentimientos si lo comparas con la codicia y el egoísmo habituales de su abuelo.

Las tramas son bastante absurdas, llenas de humor ácido y mucha violencia, verbal y física. La serie y el cómic tienen un tono que no gustará a mucha gente, pero si te va este estilo, es de lo mejor que hay. La prepotencia de Rick y su inteligencia sobrenatural sirven de hilo conductor de muchas de las historias, aunque a veces se pone tierno y no puede evitar sentir predilección por su nieto, Morty. Su hija, Beth, cirujana de caballos, y Jerry, el fracasado publicista que está casado con ella, le dan a la serie el toque ácido con un matrimonio que se mantiene unido por los pelos, con sus disputas y diferencias cuando el amor ya se ha terminado.  Summer es la típica adolescente que no sabe lo que quiere, con una mala relación con su hermano Morty y que también se ve involucrada en muchas de las aventuras con su abuelo. Y Morty, que a pesar de su su escasa inteligencia (o precisamente gracias a eso) resuelve en multitud de ocasiones los embrollos en los que Rick envuelve a todos los que tienen a su alrededor.

Una serie y un cómic para los que buscan un humor poco mainstream y que quieren ir más allá de lo de siempre.

 

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El mejor de los pecados, de Mario Benedetti

El mejor de los pecados

El mejor de los pecadosMe eduqué en un colegio en el que cada mañana al entrar el primer profesor a clase teníamos que levantarnos de las sillas y rezar un ‘padrenuestro’, con las posteriores cruces marcadas con los dedos en pecho, frente y boca. Probablemente, lo cansino de ese ritual, que nunca entendía, hizo que no me interesara mucho de ahí en adelante la religión, o por lo menos en el sentido en que nos la ofrecían allí. Hoy hablo de un libro que se titula El mejor de los pecados sin tener mucha idea de qué es un pecado. Pero me he dado cuenta de que no he necesitado saberlo para disfrutar de su lectura, con lo cual hablaré de él y lo podréis leer y lo podréis disfrutar sin tener que sostener la pesada carga de la cruz.

Lumen trae como novedad diez relatos de Mario Benedetti ilustrados por Sonia Pulido, a quien he echado de menos en la portada – sí, están sus dibujos, pero no su nombre –. En este libro, que nada más abrirlo ya vemos que todo está impregnado de camas, se nos muestran casos extraordinarios – o no – del amor en situaciones o vidas amorosos cotidianas. Me explico: nos podemos encontrar con una mujer que engaña a su marido ciego delante de él con el hermano de este pensando que el primero no se da cuenta; o viviremos asfixiados en un pueblo anclado a la tradición del qué dirán de la mano de un hombre que siempre se ha sentido estafado y que por una vez quiere ser él el estafador, cometiendo el delito en el terreno del amor; o disfrutar de relatos que son todo diálogos en los que alguien se abalanza hacia otro desconocido para confesarle su deseo; o podemos ver el amor desde la más profunda y total pérdida. Y así hasta contar diez.

El mejor de los pecados es una forma más, y nueva, de seguir disfrutando de Benedetti, de su prosa poética, de esas sentencias que cuela entre frases como si fueran dardos al lector, de su talento por abrir en canal a personajes y mostrar su corazón; y todo acompañado por las ilustraciones de Sonia Pulido, que siempre aparecen al inicio del relato y que sirven como resumen o premonición de lo que va a suceder en el texto.

El mejor de los pecados es un libro bien cuidado, que huele de maravilla y que incluso tiene ese tacto especial que solo ofrecen los buenos libros ilustrados. Hay relatos de mayor y de menor extensión, hay algunos que hablan de pérdidas y otros de encuentros, unos de pasión y otros de aburrimiento, unos de entusiasmo y otros de melancolía; pero todos de amor. Un amor que puede ser favor o culpa, cara o cruz, victoria o soledad. Que el amor nos pille confesados.

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Antitauromaquia, de Manuel Vicent y El Roto

antitauromaquia

antitauromaquia“En esencia el arte de matar consiste en convertir en veinte minutos a uno de los animales más bellos de la creación en un picadillo tártaro ante un público alborozado.”

Este libro es, como se puede deducir por el título, un alegato antitaurino en toda regla. Pero  no solo antitaurino; se extiende más allá: es una denuncia de esa extraña costumbre española con la que muchos españoles se divierten, oséase: maltratando, torturando, matando, o las tres combinadas, a cualquier pobre animal para festejar cualquier puto evento en honor a tal o cual santo o virgen de cualquier remoto pueblo a lo largo de toda la geografía española. Y, pueblos, hay muchos… Una denuncia que, a estas alturas de la civilización, no debería hacer falta, pero como este sigue siendo un país anacrónico de ranciedad, postureo, caciquismo, adoradores de tallas e imágenes, telebasura, señoritos y flamencos anclados en una tradición arcaica y sangrienta se hace más que necesario.

Un libro elaborado sobre textos publicados en El País durante veinte años. Un libro contra el maltrato generalizado, injusto e histórico al toro, simplemente por el hecho de ser toro, por ser una tradición, (como en su día lo fue el quemar herejes), que tiene más valor aún por venir de alguien que en tiempos fue aficionado a la mal llamada fiesta (pues de fiesta tiene poco ya que incluso los aficionados se aburren) y el cual más tarde comprendió que no podía apoyar más semejante barbarie. En palabras del autor:

“Cuando uno nace y se desarrolla en ese ambiente taurino, acaba por creer lo más natural del mundo pegar bastonazos a unas vacas esmirriadas, llenas de mataduras, que ya venían apaleadas de otras fiestas… Cuando uno vuelve al lugar de aquellos juegos que le hicieron tan feliz y contempla a otros niños embruteciéndose con el mismo juego, de pronto, a uno se le abren los ojos y se le presenta con toda nitidez la crueldad humana.”

Antitauromaquia no da cabida a muchos de los pobres, falsos y peregrinos argumentos de los taurinos para defender las corridas, (ni falta que hace, pues se rebaten solos) aunque a mí sí me hubiera gustado que se hubiera mencionado lo siguiente:

-La tan cacareada vida “regalada” que los taurinos afirman que tienen los toros: según ellos, durante los cuatro o cinco años que viven antes de morir (en realidad menos del 5% llegan a los cuatro años), lo hacen a cuerpo de rey y solo al final de su vida, durante 15 minutos pueden sufrir un poquito. El destete se produce a los cuatro meses, y, para que no sigan mamando untan con pez ardiente los pezones de las madres para que estas impidan a sus hijos mamar. No habla de las marcas a fuego en vivo y las mutilaciones en las orejas. Ni que se les impide el contacto con las vacas. Ni que en el 80% de las autopsias hechas a toros lidiados se encuentran pruebas de sufrir enfermedades como tuberculosis, tumores, hepatitis…

-Tampoco habla de que el toro es un herbívoro y que, por lo tanto, su condición natural es la de huir, no atacar. Ataca cuando es enfurecido, o como reacción a torturas. No dice que 24 horas antes de ser toreado se le encierra a oscuras para que, al soltarlo, la luz y gritos de los cabrones que asisten al ruedo lo aterren y trate de huir saltando las barreras. ¡Huir, no atacar!, repito, aunque la sensación que da es la contraria. Además, los cuernos se le recortan en vivo, le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas, le golpean con sacos de arena en testículos y riñones, le inducen diarrea y le abrasan los intestinos al poner sulfatos y laxantes en el agua y comida para llegar débil. Se le untan con grasa y vaselina los ojos para dificultar la visión y en las patas una sustancia que le provoca ardor y mantenerse quieto. Además, le introducen bolas de algodón en las fosas nasales para obstaculizar su respiración. ¡Eso es querer al toro, y lo demás son tonterías, claro que sí! ¡Eso dicen los muy sádicos; que quieren al toro! ¿Realmente piensan eso? Muchos taurinos, incomprensiblemente, tienen animales de compañía. ¿De verdad pueden pensar eso? ¿Cómo pueden decir que aman a un animal y torturarle o ser cómplice asistiendo a la tortura gratuita de ese animal? Más bien creo que les avergüenza reconocer que tienen en su interior un componente sádico muy elevado.

Pero Vicent no habla de esto porque no es lo que pretende. Su misión es otra, en mi opinión: hacer ver lo incrustada que está en este país la lidia del toro, a pesar de que a día de hoy, más del 73% de la población no apoya las corridas, y sin embargo ahí siguen, pagándose con el dinero de nuestros impuestos y con millones de euros desviados de subvenciones europeas que podrían ser invertidos en fines mucho más necesarios.

El libro trata sobre todo de la historia española, de la división de los españoles en toros o toreros, de lo que gusta aparentar (aunque sea para rebajarse e igualarse a la chusma), de la matanza que comenzó en 1936; ridiculiza, y con razón, toda la parafernalia y teatro que gira alrededor de este mundo de sangre y hace hincapié en no ver por ningún lado ni el “arte” ni la “maestría” que muchos dicen ver en el toreo. Carga contra políticos de derechas y contra los de izquierdas que, ya en 1917 prometían eliminar las corridas, pero luego se dejan ver en los palcos. Desmonta taurochorradas evidentes como la de que Goya defendía la tauromaquia porque hizo grabados sobre ella (por esa misma razón se podría afirmar que le gustaban las guerras y los fusilamientos…), pone a bajar de un burro a ese borracho crédulo que era Hemingway, y trae a colación el tema de Cataluña y su posicionamiento en contra y muchos otros aspectos.

Con Antitauromaquia se aprende mucho de cómo ha sido y, por desgracia, sigue siendo España. Abundan las curiosidades. Por ejemplo, los petos de los caballos. Fue Primo de Rivera quien impuso el peto de los caballos en las corridas. Hasta entonces era normal acabar la corrida con dos o tres caballos muertos con las tripas fuera mientras el torero seguía a lo suyo. ¡Pues hubo manifestaciones y reyertas diarias con navajas durante algún tiempo!  (Aunque cabe decir que en realidad el peto no les protege, simplemente lo simula, pero solo sirve para ocultar las heridas y que el público no vea las vísceras. Alguna vez se han llegado a introducir los intestinos de nuevo y se han cosido las tripas para que aguanten. También a muchos caballos, para evitar relinchos de espanto y dolor, se les amputan las cuerdas vocales).

Pero Vicent no se limita a llamar tauromaquia al maltrato al toro. También habla de la divertida “fiesta” de tirar a una cabra desde un campanario, de arrancar el cuello de unos gansos colgados en una cuerda, de atravesar a un gato con siete espadas, de atar una lata al rabo de un perro y correrlo a palos, de las novilladas (en las que unos aturdidos, jóvenes –tan jóvenes que por edad podrían equipararse a bebés humanos– animales son torturados y humillados de manera atroz simplemente porque unos imbéciles se divierten así…)

Está claro que este país se merece los políticos que tiene al intentar por todos los medios mantener agonizante una barbarie que más pronto que tarde está abocada a su desaparición a pesar de sus desesperados intentos (bajada del IVA, declaración de BIN,…) de sacarla a flote.

Esta obra es una merecida crítica a la estupidez, brutalidad y crueldad que este país tolera en pleno siglo XXI. Son 84 textos cortos que cualquier antitaurino, animalista, o, en general, cualquier persona mentalmente sana, debería leer.

Antitauromaquia se completa con acertadas ilustraciones intercaladas de El Roto, fiel a su estilo sutil, de pocas pero afiladas palabras, que sientan igual que una espada clavándose en lo más hondo del corazón.

“La única emoción de la lidia consiste en sorprender dentro de uno mismo el deseo inconfesable, nunca reconocido, de que suceda la tragedia en el ruedo para poder contarla. ¿Abandonaría la plaza un buen aficionado si tuviera la certeza de que iba a morir el toro. En la corrida todo lo que no es muerte es tedio. ¿A qué buen taurino no le hubiera gustado estar en la plaza de Linares cuando el toro mató a Manolete?

Unas páginas cargadas de trágica verdad, crítica, denuncia y empatía, que no deberían hacer falta escribirse, pero que visto el panorama, se hace vital y necesario. Porque, a la larga, uno se acostumbra a todo y se desensibiliza con la exposición repetida de cualquier imagen, por cruel que parezca la primera vez. Este no es un libro duro, aunque tiene partes que lo son, pero sí es un libro que cuenta verdades como puños. Ojalá sirva para aportar un granito de arena para acabar de una vez con esa salvajada que identifica a este triste país. Hace mucho que va siendo hora.

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Matar al heredero, de Carlos Laredo

Matar al herederoMatar al heredero no es sólo una novela policíaca, ni siquiera es sólo una magnífica novela policíaca, es una magnífica novela policíaca del cabo Holmes, que viene siendo un género en si mismo y que a fuerza de mantenerse fiel a sus virtudes, conforme avanza la serie (y vamos por la quinta entrega) la relación con el lector se refuerza hasta la frontera misma de la devoción. A los seguidores de Holmes la aparición del libro es argumento suficiente para correr a leerlo, a quienes no lo conozcan les diré que desarrolla una investigación de un asesinato que es muy nuestra ya que el protagonista es un cabo de la guardia civil de un pueblo de la Costa de la Muerte, pero también porque el compromiso de Carlos Laredo con la literatura va siempre más allá de su caso y retrata brillantemente diversos aspectos de la sociedad en la que éste se desarrolla. Si en otras entregas se ha tratado de la droga o el poder del dinero, en Matar al heredero llama poderosamente la atención la relación entre amos y criados en los pazos y por extensión las relaciones de sumisión aparentemente de otra época que de un modo u otro perviven en la nuestra y que son terriblemente poderosas como motivo literario. Porque puede que hoy día determinados límites de esta relación sean desde luego más psicológicos que reales, más sociales que legales, pero eso no los convierte en inexistentes ni les resta fuerza.
El caso en sí presenta una característica diferencial fundamental, en el arranque del libro, si bien no se puede decir que se haya rendido, vemos a Holmes a punto de aceptar que es un caso irresoluble. Y si lo es para él hay que convenir en que lo es en términos absolutos. Afortunadamente uno es lo que es por sí mismo más lo que le suman sus relaciones y Holmes no sería quien es si su amigo César Santos, su contraparte, el detective pijo madrileño (en palabras del guardia civil) que le complementa y que a su manera representa todo lo que él no es. Cinco libros después su peculiar relación sigue funcionando igual de bien que en la primera entrega, o tal vez mejor porque es de esas parejas de tres, entendiendo al lector como el tercero, que aparentan una estabilidad a prueba de bombas. Hay que añadir el filón informativo que Holmes no acaba de aceptar y que se personaliza en Lolita, su mujer, y Marimar, el impagable personaje de inefable relación con César Santos: el de los rumores, las cosas que se cuentan en conversaciones de mesa de camilla que le son más accesibles a quienes más alejados están del aspecto formal de la investigación. Esas cosas que “todo el mundo sabe” y que efectivamente sabe todo el mundo salvo quien necesita saberlas para avanzar en el caso.
Pero no se rinde, claro, y la investigación nos adentra en un mundo que cambia de formas con el tiempo pero que mantiene su esencia relativamente inalterada, la relación de los poderosos con sus subordinados, los roles tradicionales de ciertos núcleos no sé si decir rurales pero que en cualquier caso son un mundo dentro de otro y parecen funcionar a otro ritmo, en otro tiempo. Avanza poco a poco, vamos conociendo datos con la prisa de la impaciencia pero la pausa del narrador que se sabe talentoso para dosificar los hechos y controlar el ritmo y aun así no quiere hacer trampas, ni soluciones de último minuto o argumentos ex machina. El compromiso con la realidad de Carlos Laredo no se limita a la construcción de los personajes, los escenarios o la sociedad, sino que se hace extensivo a la trama y a los procedimientos y los tiempos de la investigación criminal y la justicia, en este caso de la guardia civil. No se trata sólo de averiguar qué ha pasado sino de si se va a poder demostrar y cómo.
Hay sin embargo un cierto desencanto, o esa sensación tengo. No puedo abundar en ello para no desvelar más de la cuenta pero diría que Matar al heredero suscita una reflexión sobre la culpabilidad y el papel de eso que se ha dado en llamar autor intelectual de los crímenes. Si en ocasiones hay diferencias más o menos sutiles entre la justicia de las leyes y la de los hombres, hay un aspecto interesante a ese respecto: la frustración de los investigadores ante el paso más que saben que no pueden dar, la borrosa definición del éxito en una investigación policial.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Vicios del servicio, de César Blasco

vicios del servicio

vicios del servicioHace mucho tiempo, allá por el 2011, leí una novela de un autor que pocos conocían, Cesar Blasco, yo lo descubrí gracias a las redes sociales, al boca a boca como dicen unos, o boca oreja como dicen otros, aunque como estamos hablando de libros lo suyo sería decir “ojo a oreja”. “Penurias exquisitas”, fue un libro que recomendé mucho y que divirtió a casi todos los que lo leyeron. Un libro con una feroz crítica social en clave de humor.

Y hace muy poco descubrí que César Blasco regresaba con otro libro y desde ese momento ya quise saber cómo había sido la evolución de este autor.

También tengo que decir que la portada no me ha convencido nada, de hecho, de no saber que era un libro de este autor estoy absolutamente segura que jamás hubiese entrado en mis estanterías, porque no habría reparado en el, o directamente lo habría rechazado. Ahora, después de haberlo leído, sigo sin comprender el porqué de esta portada en relación con lo leído.

“Consol examinaba con gesto experto el retrete en los servicios de la celda que ocupaba junto a media docena de detenidas en las instalaciones de la comisaría de la Policía Autonómica de Les Corts. Había sido arrestada durante los disturbios que siguieron a la disolución por los Mossos d´Escuadra de una concentración no autorizada entre el Palau de la Generalitat en contra de los recortes sociales previstos en los presupuestos del Gobierno Autonómico para el 2012…”

Pues así empieza “VICIOS del servicio”, la nueva novela de César Blasco, contándonos que Consol, la mujer de Pere Gil i Puyuelo, un empresario catalán (o catalanizado) ha terminado detenida tras su participación en una manifestación. Y si bien su marido es un empresario que aprovecha todos los resquicios legales para ahorrarse todo el gasto posible en sus trabajadores, además de relacionarse “como se debe” para obtener contratos con la Administración autonómica, su curiosa esposa, una obsesiva de la higiene, se dedica a involucrarse en diversas actividades en algunas “oeneges”. La familia del empresario se completa con Paloma, la hija ultraconsentida del matrimonio, una joven acostumbrada a no hacer nada que mantiene una relación con un “perroflauta” (esto dicho desde mi más absoluto respeto) llamado Sócrates. También, y desde hace muy poco convive con ellos el padre de Pere, Miguel, un agricultor aragonés, que creará diversas situaciones interesantes en la novela.

Por otro lado, y no menos interesante, está la plantilla de la empresa, que está compuesta en su integridad por personas por las que el empresario obtiene pingües beneficios tanto fiscales como por parte de la SS.SS. Si leen los agradecimientos de la solapa del libro, verán que la corrupción es la gran protagonista, ya que nos encontramos ante un empresario que tiene, y sobre todo ha tenido en el pasado, negocios turbios con políticos corruptos.

Estamos en tiempos de crisis, la empresa tiene, como muchas pequeñas empresas familiares, multitud de problemas económicos, y todos deben arrimar el hombro; y cuando todos tienen que “poner” en lugar de “llevarse”, aparecen los problemas.

Humor negro y sátira por partes iguales; el egoísmo humano, ese que va más allá de la picaresca tan característica en nuestro país… Y en otros también, no vayamos a pensar que somos los únicos que queremos ganar mucho y pagar pocos impuestos.

Tengo que reconocer que en ocasiones no he sabido si reírme o sonrojarme, es lo que pasa cuando se está al límite del humor, esa delgada línea que separa el humor del horror.

Los personajes son todos absurdamente reconocibles, quiero decir que son, llevados al límite, representantes de nuestra sociedad, gente que se relaciona con nosotros todos los días, incluso alguno podemos ser nosotros mismos. Los capítulos en los que aparecen Remedios y Climet, dos de los trabajadores, me han recordado al teatro de lo absurdo de Eugene Ionesco aunque mucho más cercano a nosotros como el de nuestro gran Maura.

“VICIOS del servicio” es una novela que gustará a muchos de los que se acercaron a aquellas viejas pero tan actuales “Penurias exquisitas”, porque si uno de los objetivos del autor era conseguir con este libro horrorizar al lector hasta el punto de dudar entre la risotada y la vergüenza probablemente lo ha conseguido. Lo que no dudo yo y desde luego me creo, es que, como el propio autor nos dice, las editoriales convencionales hayan descartado este libro, pues su contenido, tan políticamente incorrecto, no solo no encaja con ellas, sino que podría ponerlas en apuros con muchos de sus lectores.

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