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El libro de los hábitos productivos, de Ben Elijah

El libro de los hábitos productivos

El libro de los hábitos productivos

Tengo un trabajo de esos que son más un premio o un hobby que un trabajo, sin jefes. Me encanta enfrentarme diariamente a las tareas que tengo que realizar, porque son diversas, intelectualmente estimulantes, y ningún día se parece a otro. La parte buena es que todos los días son emocionantes, y pocas veces tengo ocasión de aburrirme. La parte negativa es que lo primero que tengo que hacer cada día al sentarme delante del ordenador es decidir por donde voy a empezar; muchas veces varias tareas son o parecen igual de urgentes y me resulta difícil elegir cuál hacer primero: si las más breves, porque hay expertos que dicen que tachar cosas de la lista nos ayuda a avanzar. O bien las más pesadas, porque a primera hora de la mañana somos más productivos. O evaluar la urgencia de cada una de ellas y resolverlas por orden de prioridad… Y mientras decido, es divertido ver cómo me van llegando correos electrónicos y llamadas telefónicas que me obligan a reevaluar constantemente mis prioridades.  Muchas veces cuando esto me ocurre, termino yéndome a tomar un café y dejar que las cosas se calmen un poco. Como os decía al principio: es emocionante, ¿verdad?

Así que cuando cae en mis manos un libro sobre productividad, lo hojeo sin entusiasmo. Hasta que hace unos días me topé con El libro de los hábitos productivos, de Ben Elijah. Un párrafo que me atrapó en la introducción del libro fue este:

“Mi tendencia natural es procrastinar y demorar las tareas. Siempre me desmoronaba cada vez que tenía que trabajar en algo que implicara prioridades encontradas […] Organizarlo todo suponía para mí un largo periodo de enfermedad mental”.

¡Genial! Por fin alguien con el mismo problema que yo. ¡Y había escrito un libro sobre productividad! Si él ha llegado a este punto, creo que merece la pena leerlo. Veamos qué más dice:

La productividad es una cuestión de dominio sobre ti mismo y tus recursos, y perspectiva para decidir qué es realmente importante.

 

Sí, estoy totalmente de acuerdo contigo, Ben. Pero… ¿Cómo lograrlo?

El problema de la productividad se puede atajar con un cambio de forma de pensar y de hábitos.

– Busca una manera mejor de gestionar la información; respeta la capacidad y limitaciones del cerebro para no sobrecargarte con toneladas  de tareas y cosas por hacer

– Desarrolla un marco de referencia que te ayude a decidir qué merece tu atención

– Permítete la libertad de apartarte de los dos puntos anteriores para ser más creativo pero con la posibilidad clara de retomar el control y la perspectiva.

Y sí, solo con eso el libro me atrapó.

Es un libro didáctico y a la vez de referencia sobre 8 hábitos concretos que incorporar a tu vida diaria: Recopilar, procesar, elegir las herramientas, poner en situación, trabajar la memoria, el árbol de la importancia, archivar, repasar y terminar. Es bastante breve, 150 páginas en un formato pequeño y cómodo de llevar a cualquier sitio, con la explicación a problemas concretos y sus soluciones. Si quieres adquirir 8 hábitos para gestionar mejor tu tiempo y ser más eficiente, te recomiendo este libro.

 

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Correr es algo más, de Isabel del Barrio

Correr es algo más

Correr es algo másAl menos una vez al año suelo sentir esa llamada. Puede surgir de forma involuntaria, por mera inspiración divina, pero por regla general viene provocada por algo concreto, ya sea no llegar a un balón de fútbol en un pase que iba a una velocidad ridícula o comprobar como aquellos pantalones que hace unos meses me quedaban muy holgados se han convertido de buenas a primeras en pitillos. Suele ser a partir de experiencias como estas cuando me fuerzo a coger las deportivas, la camiseta de algodón y la pantaloneta —o pantalón corto, para los no oriundos de La Rioja— y me lanzo a correr, sin mucha mayor planificación que parar cuando ya esté cansado o cuando se ponga muy oscuro el cielo, que luego toca volver.

Es por ello que el enfoque que propone Isabel del Barrio en su libro Correr es algo más chocó desde el principio con mi modo de ver este deporte —algo que agradezco, ya que nunca compraría un libro de técnicas deportivas escrito por mí—. La autora, triatleta, entrenadora personal y comunicadora de referencia desde su blog On my training shoes, no sólo se distancia desde un primer momento de la visión de que correr es una herramienta para estar bien físicamente, sino que defiende con ahínco a lo largo de todo su libro una máxima completamente inversa: hay que estar en forma para correr.

Partiendo de esta idea, lo que Del Barrio propone en este trabajo no es un compendio de rutinas y ejercicios, sino más bien un tratado de estilo de vida. Así, la autora destina buena parte del libro a narrar sus propias experiencias, tanto a nivel deportivo como personal, para ir introduciendo explicaciones pormenorizadas sobre los distintos aspectos que afectan a la hora de practicar adecuadamente este deporte. Emplea también reflexiones y enfoques inteligentes para introducir los temas, lo que consigue amenizar algunas partes del libro que, de otra forma, podrían hacerse cuesta arriba para buena parte de los lectores. Y es que conceptos como el core, la cadencia o la fascia plantar entran mucho mejor en el cuerpo con anécdotas y comentarios personales de interés. Además, la autora va recordando cada poco tiempo aspectos que han sido explicados en capítulos anteriores, lo que sirve para acabar con una idea mucho más global del asunto.

Si algo no ha acabado de convencerme ha sido la maquetación del libro, ya que las dos pequeñas columnas por página en las que se divide el texto no creo que sean lo ideal para favorecer una lectura fluida. No obstante, el contenido está muy bien estructurado en secciones y subsecciones y esto ameniza y agiliza la tarea. Además, también es necesario remarcar la gran cantidad de fotografías que acompañan al texto. En ellas aparece la propia autora realizando distintos ejercicios, lo que en buena parte de los capítulos es de mucha ayuda para entender mejor cómo poner en práctica las explicaciones que se van ofreciendo.

Este no es el primer libro de correr que he leído hasta la fecha, pero sin duda se trata del más personal con diferencia. Correr es algo más ayuda a cambiar el chip en torno a lo que significa este deporte y a cómo afrontarlo. En sus páginas se aprecia un gran interés por divulgar y facilitar la buena práctica de un deporte que, por requerir tan poco material complementario, podría dar la impresión de que puede llevarse a cabo de cualquier manera. Y sólo hay que echar un ojo a este trabajo de Isabel del Barrio para darnos cuenta de que nada más lejos de la realidad.

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Un mundo propio, de Laura Carlin

Un mundo propio

Un mundo propioAquí estoy con otro de esos libros lleno de imaginación que tanto me gustan. Un libro creado para los más pequeños que los adultos disfrutamos casi tanto como ellos. Me encanta la literatura infantil y juvenil, no puedo evitarlo. Además, una vez los leo y los reseño, se los regalo a mis sobrinos para que los disfruten ellos y cuando los han acabado los comentamos. Tenemos un club de lectura de lo más particular.

Las apuestas literarias para niños y jóvenes de la editorial Libros del zorro rojo siempre me han gustado. Son interesantes y valientes, como Un mundo propio. Este libro-arte es obra de Laura Carlin, autora multidisciplinar donde las haya. Sin embargo, este libro es su primer trabajo como escritora e ilustradora. Para ser su primera incursión en el mundo literario no le ha quedado nada mal. Cuando se tiene talento los resultados suelen ser así de buenos.

¿Por qué los llamo libro-arte? No es que quiera yo inventarme otro género, pero es que hay libros que no sé bien dónde clasificarlos. Y éste es uno de ellos. Laura Carlin utiliza tantas técnicas y materiales para ilustrar el libro, que no puede ser otra cosa que un libro-arte. Desde dibujos realizados a lápiz y acuarela, pasando por la técnica del collage y la fotografía. Además, utiliza materiales muy típicos que los niños reconocerán muy bien, como piedras, cartón y demás objetos reciclados. Como veis, la autora realiza un ejercicio de ilustración muy original y divertido y muy enfocado al público infantil. Una manera de conectar con los niños a través del arte. Guay, ¿no?

Pero además de la parte artística Un mundo propio nos ofrece mucho más. Principalmente, este libro nos da alas, nos empuja a fantasear, experimentar y recrear otros mundos. Hoy en día, con tanto niño pegado a los móviles y las tabletas, encontrar libros que les inviten a imaginar y viajar solo con la mente es una necesaria maravilla.

Básicamente, el juego que nos propone este libro es el de inventar nuestro propio mundo. Se trata de observar la realidad que nos rodea y tratar de imaginar cómo nos gustaría que fuera nuestro mundo. No solo descubrimos el mundo que Laura Carlin ha creado para ella, sino que nos invita a crear el nuestro. Por ejemplo, ¿cómo os gustaría que fuese vuestro despertador? Seguro que también estáis hartos de las típicas alarmas. ¿Qué tal despertar con un aullido en la selva? Puestos a imaginar, crear la casa que nos gustaría para nuestro mundo propio es otra de las actividades que nos propone. Mucho más divertido si para salir de casa tenemos que usar un tobogán, ¿verdad? Imaginar el barrio, los vecinos, sus tiendas, fábricas y escuelas y hacer un mundo a nuestra medida, hecho con las cosas que nos gustan. Da igual lo surrealista e insólito que sea: es nuestro mundo y podemos hacerlo como queramos.

Un mundo propio, aparte de ser muy entretenido, es un libro lleno de imaginación. Y como ya os he dicho, la imaginación nunca está de más, da igual si somos adultos. A todos nos encantaría, aunque sea por un tiempo, imaginar y crear nuestro propio mundo.

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A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

a menos de cinco centimetros

a menos de cinco centimetrosLa cita de la contraportada. La cita tuvo la culpa. Cuando uno no deja de darle vueltas a la cabeza en su buhardilla a altas horas de la noche, con la botella de whisky al lado de un vaso en el que el hielo hace tiempo que ha perdido su dureza resbaladiza y sólida y ha acabado por diluirse con el líquido de la malta; cuando revisa viejas fotos de viejas guerras entre trago y trago y rememora aquel suceso; cuando se convence de que su mujer no volverá a aparecer en su vida pero ha terminado por aceptarlo; cuando aparta la vista de esas fotos y mira la espalda desnuda de la dueña del coño de treinta años que un sesentón como yo acaba de follarse… Ahí. Ese es el momento en el que uno se da cuenta de que su vida se está yendo a la mierda.

Y es que no estoy acostumbrado a que las cartas me vengan tan mal dadas. A que me vengan jodidas, sí, pero no tanto. Investigar cuernos es lo mío. Solo eso: cuernos. Me llamo Tony Roures y soy detective privado, y antes de eso fui corresponsal de guerra. Y sí, estoy desencantado. Es el papel clásico que me ha tocado en esta historia y no voy a comentar los motivos de mi amargura y desencanto. Si decidí aceptar el caso de esa treintañera fue por hacerle un favor a Marta Robles.  Sabía que era virgen en la novela negra, aunque ya leí un relato suyo, Un sabor muy familiar, en Obscena. Trece relatos pornocriminales, que, la verdad, demostró que tenía talento para los casos de ese color. No me arriesgaba mucho, por tanto.

“A estas edades si vas a jugar con fuego tienes que saber que puedes perderlo todo. “Hay un día en el que, de pronto, se pasa de estar seguro de todo a no estar seguro de nada. Esa es la verdadera barrera entre la juventud y la madurez.”

Marta me contó todo la historia. La joven Katia, la muchacha que ahora duerme en mi cama, sospechaba que su madre había sido asesinada en la habitación de un hotel de Buenos Aires. La policía dio por buena la hipótesis del robo y cerró la investigación al no hallar pistas para poder continuarla. Lo gordo del caso viene después. Katia no se iba a rendir. Estaba convencida de que a su madre la mató Armando Artigas, un escritor español de superventas. Un Ken Follet o un Pérez-Reverte para entendernos. Pero no solo eso. Katia afirmaba con rotundidad que Artigas había asesinado también a otras tres mujeres por lo menos.

No podía rechazar semejante caso. La joven pagaría bien y Artigas ya había comenzado a verse con otra mujer, Misia Rohtman, casada con un magnate de la comunicación, y, tal vez, futurible víctima de Artigas… Una mujer por la que cualquier hombre podría matar… o morir. Aunque, si he de ser sincero, el rol de femme fatale no lo interpreta ella, sino el joven coñito argentino que duerme en mi cama.

Pero empezaba hablando de la cita y he desvariado… Cosas de la edad. La cita… sí, sí, sí, sí…

“Ese olor… ¿son violetas? Nunca había conocido a nadie que llevara el perfume a juego con el color de los ojos?”

¿Se puede ser más de género negro, Marta? Ya solo esa cita justificaba el caso A menos de cinco centímetros. Un caso en el que los protagonistas están creados con habilidad magistral. Todos tienen una historia tras ellos que sustenta su carácter y forma de ser. Llegas a entender por qué actúan así o asá, tienen profundidad, están tan bien perfilados que te los crees… ¡Son –con todo lo que ello conlleva– humanos! La pobre Misia, por ejemplo, la cuasi perfección hecha mujer, se debate entre ser fiel a un marido del que no está enamorada pero que le da una estabilidad económica y perderlo todo si es descubierta siendo una adúltera con un hombre que huye del compromiso.

La estructura también es de las que me hacen leer con comodidad. Es un caso coral, en el que mediante capítulos cortos, y siempre en tercera persona, vamos alternando los puntos de vista de los distintos actores de la trama.

No puedo olvidar el sexo. Porque aquí tenemos sexo a mansalva. Un caso como este respira sexo, PIDE sexo. Venga, dale, toma, más y más madera… No es gratuito, también es cierto, y no creo que escandalice a nadie (aunque siempre hay algún mojigato por ahí…) y también hay que admitir que está bien narrado y que, a pesar de haber mucho coño suelto por ahí, no me ha parecido (muy) soez.

Y solo he contado parte del caso. A medida que avancé en él descubrí otra trama que se cruzaba con la de Artigas y que entronca directamente con Argentina, el pasado y una de las peores lacras de la raza humana.

Lo único que puedo objetar de este caso es que más o menos a la mitad ya sabía quién era el asesino. (Lo cierto es que hay pocos sospechosos y una frase clave…) Y la resolución. Me ha parecido algo apresurado y ¿rebuscado? Como si le faltara un poco más de desarrollo. Tal vez haya sido que estaba disfrutando tanto de este caso (nada que ver con el destape de infidelidades, mi terreno habitual) que quería que durara más, pero esa ha sido mi impresión.

A menos de cinco centímetros es un excelente debut de Marta Robles en la novela negra. Un caso en el que te metes sin quererlo y que te va empujando y dirigiendo sin darte cuenta gracias a una prosa fácil de leer pero cuidada, con buen ritmo, con diálogos realistas, escenarios en los que te sitúas sin esfuerzo (y no como el pobre piso al que me acabo de mudar, en donde solo tengo mis discos pero noto mucho la ausencia de mis libros, tan presentes –no los míos en concreto– en todo este caso…) y, sobre todo unos personajes de carne y hueso.

“Escribir una mala novela es muy difícil. Y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito. Por eso solo hay que contar aquello que uno querría leer.”

Y estoy convencido de que este es un caso que a Marta le gustaría leer. Por descontado, no es una mala novela, y sí un pequeño milagro.

Espero tu próximo caso, Marta. No tardes mucho.

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Pasajera, de Alexandra Bracken

Pasajera

PasajeraDesde siempre me han atraído las historias relacionadas con los viajes en el tiempo, no solo por las aventuras que implican, sino también por la curiosidad de conocer otras culturas y cómo vivían en siglos pasados. Por eso disfruté tanto con la trilogía Rubí, de Kerstin Gier, y sigo disfrutando con la serie de televisión española El Ministerio del Tiempo. Por tanto, cuando leí la sinopsis de este libro, supe en seguida que lo iba a disfrutar.

Además, a medida que lo he ido leyendo, he descubierto que no solo trata de viajes en el tiempo, sino que también mezcla temas de rivalidades e intrigas familiares al más puro estilo de El Padrino y temas de luchas raciales y xenofobia, lo que convirtió esta lectura en algo aún más interesante.

Pasajera cuenta la historia de las rivalidades de una serie de familias cuyo poder reside en los viajes en el tiempo y, en especial, de dos jóvenes cuyos destinos se unen para siempre cuando descubren que su vida depende de la búsqueda de un objeto muy especial de poder ilimitado.

Aunque al principio me costó sumergirme de lleno en la historia, ya que el ritmo en este libro es bastante lento, cuando he avanzado con su lectura me he encontrado con una originalidad y una pluma brillante. Alexandra Bracken ha construido en Pasajera una narración brillante, a través de la recreación de un mundo mágico y lleno de posibilidades y un desarrollo ejemplar de sus personajes. Nicholas y Etta, a pesar de ser jóvenes, demuestran a lo largo del libro una gran madurez y valentía al enfrentarse a cada uno de los obstáculos que se les ponen por delante. Además, son capaces de sobrevivir a una lucha mortal entre sus familias y deben elegir en qué bando deciden situarse.

También hemos visto cómo la autora nos describe el racismo en la época de las colonias, los insultos hacia uno de los personajes no pasan desapercibidos y nos trasladan a un periodo de nuestra Historia en el cual a ninguno de nosotros nos hubiera gustado vivir. A pesar de ello, también nos muestra la valentía de estos personajes, al querer defenderse y luchar ante las injusticias. Alexandra Bracken muestra, a través de estos actos, un discurso antirracista que bien debería estar en muchos más libros de temática juvenil, a pesar de que el principal tema de estos sea  la fantasía. Esto me ha encantado y pienso que le ha añadido profundidad a esta lectura.

El final de este primer tomo también me ha impresionado mucho, pues me ha dejado con demasiada intriga y ganas de leer su continuación, ya que quedan muchas incógnitas por resolver, incluidas el destino de nuestros protagonistas y otros personajes clave en esta historia. Además, promete incluso más aventuras y acción que en este primer libro, en el que muchos capítulos han sido explicaciones de la vida y las rivalidades de estas familias viajeras en el tiempo y del mecanismo de estos viajes.

Este primer libro de trilogía no solo ha sido una gran introducción al mundo que Alexandra Bracken quería plasmar en sus páginas, sino que también ha sido una gran puerta hacia un mundo desconocido, en el que hemos viajado junto a sus personajes a épocas diferentes a la nuestra y a lugares inhóspitos y lejanos. Pero esto no solo tiene aspectos positivos, ya que hemos visto también en estos viajes el gran racismo y los insultos a uno de los personajes principales y las injusticias que este debe tratar de hacer frente. Pasajera me ha atrapado hasta el final y me ha hecho viajar en el tiempo a través de mágicos pasadizos junto a Nicholas y a Etta, personajes que me ha gustado mucho conocer y que espero seguir conociendo en el próximo libro.

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Primero de poeta, de Patricia Benito

Primero de poeta

Primero de poetaDesde que tengo memoria, tengo la necesidad de apuntar las frases de películas/canciones/libros que significan algo para mí. Tampoco sé muy bien por qué, porque después esas notas suelen quedarse en el olvido y no son leídas por nadie. Quizá sea porque tengo la necesidad de saber que si, algún día, no me salen las palabras, podré recurrir a esas notas que una yo del pasado apuntó pensando en que la yo del futuro las necesitaría.

Desde que tengo memoria, me identifico muy a menudo con las palabras ajenas. Me veo reflejada en la vida de los demás. Cuando leo, muchas veces me veo a mí misma. Es como leer un diario. Cuando era pequeña me encantaba meterme en la cama y escribir lo que había hecho ese día en un diario. En él me desahogaba, me liberaba. Hacía que me calmara. Años después, leo esas páginas y, a pesar de saber que fui yo quién las escribió, tengo la sensación de que es otra persona la que escribía por mí. Muchas veces he llegado a identificarme más en las palabras de otra gente que en las mías propias. Porque con el tiempo cambio, me modifico. Y ya no soy la que era hace diez años. Ni me preocupan ni me emocionan las mismas cosas. En cambio, cuando leo un libro, consciente de que otra persona ha dejado en él su alma, siento como si esa vida fuera la mía. Como si en ese preciso momento me estuviera dando lo que necesito leer. Como si supiera que el libro ha llegado a mis manos en el momento perfecto.

Hacer tuyas las vivencias de otros es la parte más bonita de ser amante de la lectura.

En Primero de poeta, Patricia Benito nos hace cómplices de los retazos de su vida. Desgrana situaciones personales y las comparte, trocito a trocito, poema a poema, con el lector. Este libro llegó a mis manos por casualidad. No lo buscaba, pero él me encontró. Y me sumergí en él. Y me identifiqué con sus palabras, con sus versos, con su lírica. Me identifique con la manera en la que Patricia muestra su propia visión del mundo. Revela una personalidad inconformista, luchadora y arrolladora. Ser inconformista está infravalorado. Todos deberíamos aspirar a más. Intentar ser mejores y alcanzar el máximo potencial de nosotros mismos. Patricia lo hace y nos lo cuenta en forma de poema.

Primero de poeta es una recopilación de aquellos versos que salen en un momento de ahogo. O de desahogo. En momentos en los que el boli y el papel son los mejores amigos que uno puede tener. Es un resumen de una vida de cambios y de viajes.

Desde que tengo memoria subrayo las frases de los libros que han significado algo para mí. He tenido que leer este poemario con un lápiz bien cerca porque cada cinco minutos necesitaba marcar un verso. A veces me gusta pensar que quien lea después ese libro, me conocerá un poco más. Y solo bastará para ello leer con atención las frases subrayadas. Como si fuera un mapa que resuelve un enigma. Y eso, es de primero de poesía.

 

Siempre he sido más

de salvar las distancias

que de ponerlas.

 

De sacar las piedras

de los bolsillos

para poder flotar.

 

De quitar

el freno de mano

ante una cuesta abajo con vistas.

 

De no llevar flotador

a pesar de las mareas,

de las contracorrientes.

 

De no hacerle ni caso

a las contraindicaciones.  

 

De no leer

la letra pequeña de la gente.

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Putas asesinas, de Roberto Bolaño

Putas asesinas

Putas asesinasRecuerdo leer la contraportada del libro con ese «el mejor Bolaño» entre otras frases de promoción y pensar que era solamente esto, pura promoción de un libro que ya se conoce del autor, que ha sido reeditado por otro sello y que busca volver a venderse. Y me da rabia tener que decirlo – no sé por qué me la da pero me la da – pero es que es cierto, es Bolaño en estado puro. Si en la reseña de El espíritu de la ciencia-ficción dije que se empezaban a ver los rasgos de lo que sería Bolaño poco tiempo en adelante, aquí no puedo más que decir que nos lo encontramos en todo su esplendor, sin olvidar que fue este su último libro de cuentos publicado en vida. En Putas asesinas los dedos de Bolaño siguen riéndose de todos nosotros. Los dedos, él no, él nunca rio.

Cuando leo a Bolaño me es inevitable compararlo con lo que yo veo que es la vida: algo así como una película en la que te han hecho spoiler pero que de todas formas en cada uno de sus giros te sorprende y siempre, siempre, pero siempre, te da la sensación de que oculta algo. Sobre todo esto último. Leer a Bolaño es saber que habrá cosas inalcanzables, para ti, para mí, para todos, cosas inalcanzables que te golpean mientras lees, que te estiran de la camiseta, que te dan pellizcos y que se burlan de ti porque saben, porque están seguras de que nunca llegarás a descifrarlas. Acabas de leer, pasas la página, vas al siguiente relato y ves cómo esas cosas se van quedando en el relato anterior mientras te dan un último adiós burlón. No sé cómo lo hace pero lo consigue en cada uno de sus libros. Y tú te enganchas.

Hablo de relatos, sí, porque es lo que contiene este libro. Putas asesinas son doce relatos con título cogido del séptimo de ellos. Vamos a encontrar putas, claro, probablemente como él las veía al salir de su casa en el Carrer Tallers de Barcelona. Pero este es un punto anecdótico. Porque detrás del hijo que acompaña a su padre de vacaciones, detrás de B, detrás de Arturo Belano, detrás de Buba, detrás de los niños castrados, detrás de las propias putas está ese algo más que es lo que te lleva a seguir leyendo a Bolaño. Te olvidas de que te hace gracia que use iniciales en sus personajes a lo Kafka, te olvidas de que muy probablemente haya mucho de autobiográfico en lo que te está contando, incluso llegaría a decir que te olvidas de ese narrador socarrón que se burla incluso de su propia narración y duda de ella y te hace dudar a ti, y juega contigo. No importa tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta o mejor dicho, cómo cuenta lo que no cuenta.

Coger Putas asesinas es como coger un caleidoscopio y poner el ojo en él: vas viendo toda una heterogeneidad de figuras o incluso, si te pones romántico e ingenioso, de historias pero siempre desde un mismo objeto que es el que tienes entre manos. Iba a decir que cada libro de cuentos de Bolaño es un caleidoscopio distinto que ofrece figuras distintas que convergen siempre en un mismo punto, un punto desconocido, alephiano, imposible. Pero no, hagámoslo más grande: todo libro de Bolaño es un caleidoscopio, da igual que sea de relatos o no. Porque al igual que en sus relatos, en sus novelas Bolaño también sabe cambiar el terreno, sorprenderte, dejarte – como diríamos – en bragas.

Yo siempre recomiendo leer a Bolaño y parece que ahora Alfaguara se pone de mi parte llegando con fuertes pisadas a las librerías, para que lo veas, para que te intereses en su nombre y quizás te digas, ¿pero este no era el que publicaba con Anagrama? Y quizás solo por eso cojas su libro, lo hojees y, de repente, te des cuenta de que tu vida ha cambiado. Bolaño es capaz de eso y de mucho más, pero yo, perdonadme, aún no he sabido descifrar ese “mucho más”. Lo reconozco, soy un simple títere de Roberto Bolaño.

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El arte de escribir, de AA.VV

El arte de escribir

El arte de escribirYo tengo letra de elfo, es un hecho. Mi caligrafía es muy de Rivendel. También me han comentado que se parece a la caligrafía griega (esa que los de humanidades hemos estudiado tan bien).  No sé, orejas puntiagudas no tengo, pero sí es cierto que los trazos de mis letras son entre afilados y oblicuos y que algunas de mis grafías son un tanto personales. Una cosa mu’ rara, qué queréis que os diga. Hay gente a la que le gusta y gente a la que no, pero eso ya me da más igual. Es legible, que es lo que cuenta.

Lo cierto es que hoy en día existe una moda en torno al arte de escribir. Puede que Mr.Wonderful  y su tipografía tengan la culpa. Os guste más o menos, hay que reconocer que ellos han sido pioneros en esto de la tipografía bonita. De hecho, hay un montón de gente que les ha copiado vilmente su sello. Supongo que cuando te copian es porque eres bueno. Lo malo es que ya estamos un poco saturados de ese buenrollismo de lettering, ¿no os pasa?

El arte de escribir es una de las novedades de Ediciones B y su portada es muy Mr. Wonderful. No fue eso lo que me incitó a leer el libro. Siempre me han fascinado las letras bonitas. Me gusta conocer la caligrafía de las personas porque creo que a través de ella podemos descubrir muchas cosas de su personalidad. Nuestra letra dice mucho de nosotros. Y a mí, además de letra de elfo, me gustaría aprender a hacer diferentes tipos de letras y este libro es genial para iniciarse.

¿Qué necesitamos? En primer lugar lápiz y goma, por supuesto. Hay que aprender de los errores. También necesitaremos rotuladores uniformes y rotuladores gráficos. Y, claro, un poco de paciencia y tiempo libre. Este es un libro para tomárselo con calma, para disfrutarlo. La verdad es que relaja muchísimo esto de aprender a usar nuevas tipografías.

El libro está compuesto por una introducción en la que se nos habla sobre las diferencias entre caligrafía, tipografía y lettering y se nos presentan los materiales necesarios y las aplicaciones de la caligrafía hoy en día. Después pasamos a la práctica: como si de un cuadernillo Rubio de caligrafía se tratara, este libro nos presenta diferentes tipos de letra (lineal, gota, oval, masa o pergamino, entre otras) y un espacio para que practiquemos. Encontraremos un mensaje buenrollismo escrito con dicha tipografía para que, una vez la hayamos practicado, podamos copiar. Un “seamos realistas, hagamos lo imposible” o un “la vida es bella” de manual, pero con nuestro propio sello.

Por último, El arte de escribir nos ofrece un montón de consejos y usos para todas las tipografías que hemos aprendido como etiquetas para regalos, invitaciones, marcapáginas o láminas. ¡Es hora de ser creativos!

Voy a ver si salgo de mi zona de conforto élfica y me animo a crear un poco. La idea de los marcapáginas me seduce mucho, creo que empezaré por ahí.

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La noche de tus ojos, de Sandra Andrés Belenguer

La noche de tus ojos

La noche de tus ojosConocí a Sandra Andrés Belenguer gracias a la lectura de Ex libris, un libro que me hechizó por completo hace ya bastantes años. Por ello, cuando supe que iba a sacar una nueva novela y leí su sinopsis, sabía de sobra que la iba a leer en cuanto saliera al mercado. Incluso para aquellos que no conozcan a esta autora y su magnífica pluma, es difícil resistirse a una portada y un título como los de esta. Evocador y misterioso a partes iguales.

La noche de tus ojos comienza en Dublín, con unos asesinatos que parecen seguir el mismo patrón, que traen de cabeza al inspector de policía Gallagher. Pero también comienza con la historia de Aidan y Ciara, dos jóvenes cuyo pasado y presente les unirá y les cambiará por completo.

Una de las cosas que más me han gustado de esta lectura ha sido el misterio que la rodea, uno de los ejes principales de la novela, que también he querido reflejar a mi manera en esta pequeña sinopsis. Misterio en el que ejerce un papel muy importante la ambientación creada por Sandra Andrés Belenguer. La gran cantidad de detalles plasmados y la ambientación de las calles y las afueras de Dublín es impresionante y me trasladó por completo allí, a pesar de no haber estado nunca (aunque me muero por ir, he visto continuamente sus paisajes en la serie Vikings).

Además, esta gran cantidad de detalles también es reflejada por la autora a través de su narración. Una narración, a su vez, fluida y llena de detalles en la que la autora demuestra que es una gran experta utilizando las palabras. Y esto me ha parecido vital en el desarrollo de esta novela, ya que crear cada una de las historias a través de las palabras es muy difícil. Y me refiero a que crear una historia en la que los malos tratos, la nostalgia, el amor y la familia es realmente muy complicado respecto a los sentimientos que quiere generar el autor hacia los lectores.

Es difícil no emocionarse al descubrir las historias de Ciara y de Aidan, tan similares pero lejanas en el tiempo. Sin embargo, es tan fácil empatizar con ellos que te olvidas de que la ira que están sintiendo por todo lo vivido se va a hacer presente en el papel y van a perder, en ocasiones, su identidad. Este aspecto también me ha encantado, puesto que creo que los héroes y los villanos ya han tenido sus miles de historias. Ya ha llegado el momento de crear personajes humanos, con sus matices de grises, con sus errores y sus momentos de debilidad. Porque todos los que aman a alguien y son capaces de dar toda su vida, incluso lo malo, también deberían poder ser héroes. ¿No creéis?

Por esto, creo que, en especial, personajes como Aidan hacen cada vez más falta tanto en los libros juveniles como este como en los libros para adultos. Porque todos necesitamos que nos recuerden alguna vez que merecemos ser perdonados. O quizás no, pero merecemos aunque sea que nos juzguen por quiénes somos en realidad y por lo que hemos vivido.

La noche de tus ojos es una historia de amor, familia y misterio. Pero también es una historia sobre el peso del pasado y la trascendencia de nuestros actos, que no se pueden borrar jamás de nuestras memorias. Es increíble cómo la autora logra crear un vínculo tan estrecho entre los lectores y los protagonistas de esta lectura, hasta el punto de sufrir y amar junto a ellos. Como ya he comentado anteriormente, me ha encantado la forma en la que la autora ha sido capaz de mostrar que en la vida no existe solo el bien y el mal, sino que también nos podemos encontrar distintos tonos de gris.

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Un largo camino a casa, de Saroo Brierley

Un largo camino a casa

Un largo camino a casaPor mucho que protejamos a los niños, es inevitable que tengan algún tipo de miedo. Creo que no conozco a nadie que no tuviera miedo a algo o a alguien cuando era pequeño. Cuando somos grandes también, claro, pero la mayoría somos conscientes y lo vamos llevando, asumiendo o soportando. Los miedos de la infancia nos parecen más irracionales, pero si lo pensamos bien, de eso nada. Por ejemplo, es muy común temer a la oscuridad; no se ve, no sé lo que hay, es un miedo lógico. El miedo a perderse, a quedarse solo, a no volver a ver a tus padres, ese es terrible y también muy común. Mis mellizos me seguían por la casa cuando eran pequeñitos, mi padre se reía y decía que parecía la gallina con los pollitos o la pata con los patitos. Saben que nosotros los alimentamos, les damos cariño y seguridad, el perdernos les produce angustia. Quizá mucha culpa de los miedos de los pequeños la tengamos los mayores, que se los transmitimos, es la paradoja de ese afán de protección, pero otros vienen en el ADN, estoy convencida. Juan sin Miedo es un cuento, hay niños más valientes o atrevidos, pero algún miedo tienen aunque sea pequeño.

Saroo, el autor y protagonista de Un largo camino a casa, tenía 5 años cuando se perdió en la inmensidad de India, un país caótico y superpoblado. Vivía con su madre y sus hermanos en una casita muy humilde, pasando hambre y carencias de todo tipo, pero era un niño alegre, aventurero, responsable y feliz. Una noche insistió en irse con su hermano mayor a lo que fuese que hacía para ganarse la vida en los trenes y las estaciones. Se quedó descansando y esperando en la estación, se durmió y cuando se despertó y se vio solo en el andén, decidió meterse en el tren que tenía delante en ese momento para buscar a su hermano. Estuvo un montón de horas encerrado en aquel vagón, solo, hasta que llegó a Calcuta. ¿Os imagináis el papelón? Con 5 años no había ido nunca a la escuela porque tenía que quedarse en casa cuidando de su hermana pequeña, no sabía expresarse bien, nadie le hacía ni caso y no sabía dónde estaba. Una pesadilla. Saroo nos contará en el libro toda esta aventura. Como sobrevivió a esto, la gente con la que se encontró y la suerte que tuvo, después de todo, ya que cinco meses después de coger aquel tren estaba volando rumbo a Australia, adoptado por una pareja maravillosa.

Si esta parte de la historia os parece increíble, la que viene después, lo es todavía más. Ya adulto, Saroo decide buscar a su familia. Es feliz con su vida pero siente que es su deber encontrar a su madre biológica para explicarle que está bien, que se perdió. Su mamá australiana siempre le ayudó a mantener vivos los recuerdos de su casa en India, así que cuando apareció Google Earth en nuestras vidas, Saroo empezó la búsqueda de su casa en India, poco a poco, con una paciencia infinita y obsesiva. Sus recuerdos estaban algo distorsionados, incluidos los nombres de los sitios, así que no fue nada fácil seguir líneas férreas a lo largo y ancho de un país que se mueve básicamente en tren, intentando identificar la estación de donde salió. Después de muchos meses, da con un sitio que encaja casi en todos sus recuerdos, muy alejado de Calcuta, y decide ir a averiguar si es donde nació y si su familia sigue allí después de 25 años.

Hoy os he contado más del contenido del libro de lo que suelo en las reseñas, pero es que prácticamente sabes lo que pasa desde el principio, el libro es más bien una narración detallada de la aventura, pero no es un misterio. La película basada en las vivencias de este niño se estrenó a finales del año pasado, con Nicole Kidman como la madre australiana y Dev Patel como el Saroo adulto. No la he visto, supongo que será tan emocionante como el libro, porque la historia es increíble, aquí se puede usar lo de que “la realidad supera la ficción”. El libro no tiene una gran calidad literaria, es sencillo y fácil, lo interesante es la aventura que nos cuenta, no cómo lo hace. Leyendo la contraportada, define la historia como un drama. Sí, se debería definir como un dramón, pero me cuesta calificarla así. Saroo lo cuenta como algo terrible que le pasó, pero reconoce que también tuvo mucha suerte, conociendo las condiciones de cientos de miles de niños en su país de origen. La narración no es dramática, es agradecida, vital, llena de esperanza y de mucho amor.

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Las ventanas del cielo, de Gonzalo Giner

las-ventanas-del-cieloLas ventanas del cielo es el primer libro de Gonzalo Giner que leo, lo que en principio debería ser un dato perfectamente irrelevante. Sin embargo me siento en la obligación de puntualizarlo para que puedan poner en su justo lugar lo que les voy a decir, que no viene de un seguidor rendido a la carrera de un escritor de éxito: se trata de un libro profundamente emocionante.
Se trata de un relato histórico que transcurre en diversos escenarios entre 1474 y 1488. Desde el punto de vista de su estructura es muy efectiva, una sucesión de microtramas que van haciendo avanzar la historia con un ritmo tan alto como adictivo y unos personajes atractivos con los que es fácil encariñarse (o por el contrario sentir hacia ellos una gran animadversión). Aunque es cierto que no presentan muchas aristas, son un tanto en blanco y negro, no por ello son menos efectivos. Todo lo cual la convierte en una novela histórica canónica, pero no es nada que a mí, personalmente, me llame la atención como lector. Sin embargo este libro sí me ha gustado mucho y creo obligado exponer cuales de sus virtudes son las que realmente me han llamado la atención, más allá de la especial sensibilidad del autor para ciertos temas recurrentes en él como la relación con los animales (no en vano es veterinario).
Me consta que el autor tiene un gran interés por los temas históricos pero no es su interés sino la exigencia prácticamente académica con la que los afronta la que me seduce. Gonzalo Giner se documenta rigurosamente pero además ha elegido una serie de temas que no conocía o al menos nunca habían despertado mi interés que han resultado ser francamente interesantes. Un tema interesante desarrollado con rigor y pasión es un activo interesantísimo en una novela.
El primero de ellos es el comercio de lana que se estableció entre Castilla y los países bajos en aquella época. Sus dimensiones son francamente apabullantes pero la descripción del proceso que lleva a cabo el autor es apasionante.
El segundo es el de la flota pesquera del País Vasco y su (esta vez hipotética pero expuesta de modo francamente verosímil) llegada al caladero de Terranova antes del propio descubrimiento del continente y que se habría mantenido en aquel entonces en secreto por razones comerciales, fundamentalmente el uso exclusivo de un caladero descomunal de ballenas y bacalao. En este caso no es tanto el aspecto comercial sino el de la dureza de la navegación el que me ha llamado poderosamente la atención.
El tercero es la del negocio de la sal. No sé si su inclusión en la novela tiene una intención diferente de la de incluir un escenario exótico pero en cualquier caso resulta francamente interesante.
Y por último, no en orden de prioridad sino cronológico, la construcción (o el arte) de las vidrieras.
Las ventanas del cielo resulta una novela reconfortante, el autor despliega una gran sensibilidad en su trato de los temas que desarrolla y pese a su nada desdeñable extensión se lee con avidez y entusiasmo. Pero lo que verdaderamente me ha encantado es su capacidad para despertar el interés del lector por temas que antes de leer sobre ellos le resultaban ajenos. Aunque siempre le he encontrado valor artístico a las vidrieras, además del estético, no me habían llamado realmente la atención. Gonzalo Giner logra transmitir su pasión y sobre todo, en todos temas que se trata se desarrolla un gran respeto por quienes los protagonizan. Y no sólo en la novela.
Hay personajes históricos, algunos desconocidos para el gran público pero otros no, e imagino que es un reto para un escritor utilizarlos y hacerlo de modo verosímil. En ese sentido diría que más allá de su fidelidad por la historia, el encaje de la obra en la misma es impecable. Narrativamente hablando.
Finalmente quisiera destacar el aspecto emocional de la obra. Las ventanas del cielo logra transmitir la emoción de quien se asoma al cielo a través de las vidrieras, pero también logra algo probablemente más difícil, asomarse a otra ventanas tan difíciles de abrir o más que estas, las del alma, las de las relaciones entre las personas, las del amor. Al fin y al cabo de lo que se trata es de leer buenas historias y de transmitir emociones, y este libro lo consigue.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, de Sergio Galarza

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madreNo podéis decirme que el título de este libro no es realmente llamativo y original. Antes de leer siquiera la sinopsis yo ya tenía claro que quería leerlo para descubrir qué tenía que contarme esta novela con un título tan sugerente. ¿Que si me gusta Bob Dylan? Claro, cómo no. Creo que ya he reivindicado y manifestado por aquí que Dylan es un poeta y que para mí, independientemente de que no me gusten demasiado los premios Nobel (o quizá por eso), me parece un galardón totalmente merecido. Sí, Dylan también es poesía. La poesía admite muchas formas, amigos.

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es obra del escritor peruano Sergio Galarza. Autor también de La soledad de los aviones o la premiada trilogía Paseador de perros, JFK y La librería quemada, entre otros. Sergio ha colaborado en revistas de prestigio y ha sido incluido en varias antologías. Con su última novela, la que hoy nos ocupa, ha obtenido gran éxito y buenas críticas en países como Perú y Chile.

Me gustan los libros purificadores, los libros que sirven para curarse el alma y ajustar cuentas con uno mismo. Libros en los que el duelo es una fuerza capaz de exorcizarnos. Son libros extremadamente duros, claro, pero siempre encuentro una recompensa en ellos. Será porque el duelo compartido es menos duelo o porque una aprende a curarse leyendo a los demás, como me ocurrió también con El duelo es esa con alas, de Max Porter.

En Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, el duelo se presenta a través de las memorias del propio autor. El cáncer que mató a su madre, ese que ella misma se empeñó en ocultar hasta que las evidencias se manifestaron ante todos, es el punto de partida de esta novela. Desde ese punto tan doloroso, Sergio reconstruye la biografía de su madre, sus memorias y recuerdos. Doris Puente, una madre al servicio de su familia y de sus hijos. Una madre entregada a su carrera de abogada y a sus pasiones, entre las que también se encontraba escribir. Una relación materno-filial incondicional y entregada, pero también difícil y llena de sobresaltos.

En el último viaje que Doris realiza a Madrid para visitar a su hijo, cuando ya sabe que está enferma y que no le queda mucho tiempo de vida, ambos tratan de reencontrarse después de tanto tiempo separados, no sólo física, sino también emocionalmente. Ella anotará en su agenda sus impresiones y sus vivencias en ese último viaje juntos. Unos apuntes que más tarde Sergio encontrará y que le servirán para reconstruir la historia de su madre y su propia vida. Y entre esas pequeñas anotaciones escritas a mano por su madre, Sergio encuentra copiada la letra de Blowing in the wind, de Bob Dylan y es como mirar a los ojos a su madre, tan conocida y desconocida al mismo tiempo.

Como os decía antes, Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es una novela dura y muy emotiva. El retrato íntimo y genuino de una madre auténtica, apasionada e infinita, como son todas las madres.

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