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Breve historia del Rey Arturo, de Christopher Hibbert

Breve historia del rey arturo

Breve historia del rey arturoEl plus que tiene leer, viviendo en Europa, es que las historias que uno disfruta y aprende, luego pueden ser visitadas. 27 años viviendo en Argentina y leyendo tanto, hicieron que acumulara cientos de lugares a mi lista de destinos a conocer in situ y así pude disfrutar de Roma y su Foro, donde imaginé las idas y vueltas de la política en plena calle, o su imponente Coliseo, en el que no fue difícil volver a ver a los gladiadores dejándose la vida en la arena; así, también, pude caminar por Sevilla y estar a escasos metros del sitio en el que alguna vez estuvo detenido el hombre que escribió El Quijote, o ver la Torre Eiffel sin dejar de pensar que en ese mismo lugar en el que me sacaba fotos con mis padres, alguna vez estuvo un Hitler sonriente posando para las cámaras tras invadir la capital francesa; y por supuesto, en medio de una emoción profunda, caminé por el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, en medio de una nevada, sin dejar de comprender el dolor de aquellas pobres víctimas del holocausto. Y así, podría mencionar muchos otros lugares. Es que leer es un vicio sano que, en lugar de enfermar la mente y el cuerpo, lo abre en pos de nuevas experiencias y gracias a los vuelos low cost uno no puede menos que seguir leyendo y viajando. Mi próximo viaje, sin lugar a dudas, me llevará a conocer las antiguas tierras del mítico y real Rey Arturo.

Todos alguna vez escuchamos hablar del Rey Arturo, su famosa espada y, claro está, su mesa redonda, donde los caballeros medievales se sentaban para debatir sobre los asuntos importantes del reino. Yo era uno de los tantos que escuchamos y leímos sus épicos relatos, pero, tal vez como muchos otros, llegó el día en que me pregunté cuánto había de verdad y cuánto de mito en la historia del Rey Arturo; y buscando libros interesantes para saciar mis dudas, me encontré con la colección “Breve historia” de la editorial Nowtilus y específicamente con Breve historia del Rey Arturo de Christopher Hibbert

Bajo una excelente edición, maquetación y contenido, que incluye fotografías que ayudan a seguir la historia, el autor desmenuza la vida y obra del Rey Arturo alternando capítulos en los que se encarga del personaje mitológico y capítulos en los que se intenta poner de manifiesto al personaje real, pese a que muchas veces la delgada línea entre realidad y ficción resulta casi imposible de separar.

Me resultó interesante descubrir que la construcción del personaje mitológico del Rey Arturo, aquél monarca idealizado, tuvo más que ver con la necesidad inglesa de poseer alguien importante y perfecto en el que cimentar su historia y al mismo tiempo a través del cual superar la etapa romana en la isla y resaltar el valor y la resistencia de los pueblos abandonados ante el posterior avance e invasión de los anglos y sajones; muchas fuentes indican que el Arturo real podría haber sido un jefe guerrero que utilizó tácticas romanas para resistir largo tiempo el sin embargo inevitable triunfo sajón.

Para confirmar al Arturo real, bastante alejado del mitológico, el autor detalla todas y cada una de las menciones directas o indirectas (textos históricos, excavaciones arqueológicas) existentes y a través de ellos, ya en el final del libro, logra conformar una más que aceptable biografía del Arturo real. No obstante, Breve historia del Rey Arturo no deja de lado al Arturo más famoso, el mitológico, y a todo su mundo, ese que incluye no solo al Rey Arturo, sino también a su mítica espada Excalibur, al Mago Merlín, a los Caballeros de la Mesa Redonda, los torneos y por supuesto al reino de Camelot. Christopher Hibbert, detalla, además, los lugares actuales de Inglaterra en los que según los estudios arqueológicos, podrían ubicarse los lugares famosos de la mitología artúrica, como por ejemplo Camelot, que se asocia con el castillo de Cadbury, en Somerset.

Y como vivo en Inglaterra y el viajar es un placer, allá iré, a seguir los pasos del mítico y real Rey Arturo, “el único y futuro Rey”

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A grandes males, de César Pérez Gellida

a gramdes males

a gramdes malesFin.

¿O no?

Acabo de terminar A grandes males, el tercer y último libro de la segunda trilogía de César Pérez Gellida Refranes, canciones y rastros de sangre, y, viendo con pesar que todas las tramas han quedado cerradas y los nudos muy bien atados, no puedo evitar preguntarme… ¿será este el fin? ¿No volveremos a leer sobre Sancho, Erika, Karatu y demás? Porque eso mismo creí cuando acabé la anterior trilogía, Versos, canciones y trocitos de carne y al poco Gellida nos regaló con la estupenda Sarna con gusto… Así que sí, yo confío en que tendremos algo del vallisoletano pronto.

¿Y bien? ¿Qué tal este último tomo? Pues, francamente, a la altura de todos los demás, aunque tiene un tono notablemente distinto. La pluma de Gellida es brillante y lo que nos cuenta lo cuenta muy bien, pero esta es la menos negra de todas sus novelas negras (sin contar Khimera, que aún no ha caído en mis manos). Si en la primera de esta trilogía el tema era el secuestro y en la siguiente la trata de blancas, aquí es más una trama, la principal (y prácticamente la única), de aventuras, de descubrir mediante pistas la localización de un objeto concreto, el Cartapacio de Minos, siguiendo el poema de Dante La divina comedia.

El protagonismo se centra en Erika y Ólafur, que han llegado a Buenos Aires dispuestos a deshacerse de la Congregación de los Hombres Puros y para ello deben encontrar dicho Cartapacio, pues contiene la identidad de los integrantes de esa organización criminal y, por lo tanto, es una valiosa prueba para probar ante la justicia su existencia y sus actos. Pero para encontrar ese documento, deben dar antes con un reconocido dantista y experto en masonería que se esconde del mundo y conoce las claves para hallar el preciado Macguffin. Pero claro, no van a ser ellos los únicos que lo busquen…

Gellida nos narra la historia desde dos líneas temporales: la presente y la de los años 20 en Argentina. Una línea pasada muy necesaria para comprender todo lo que hay tras los Hombres Puros, el Palacio Barolo (un edificio cargado de historia y semejanzas con la novela del poeta), las cenizas de Dante… y para poder entroncarlo con los hechos que presenciamos ahora.

A estas alturas no hace falta decir que Gellida es un puto crack que crea unos personajes increíblemente creíbles, y que, a pesar de conocerlos desde hace ya algún tiempo, sigue añadiéndoles matices y rasgos que nos permiten profundizar aún más en ellos. Respecto a los nuevos personajes, que hay unos cuantos, los cincela con el mismo mimo y cuidado que el que tuvo con los ya conocidos, y les da un pasado y origen en los que se extiende sin aburrirnos para nada.

Quiero destacar que Sancho esta vez pasa a un segundo plano. La prota prota de verdad, la Ripley, es, como se deja claro en la portada, Erika. Ella va a llevar la mayor parte del peso de estas nuevas 680 páginas. Lo aviso porque a mí me extraño bastante que tardara tanto en aparecer.

Tampoco hace falta decir, porque de sobra lo sabemos, que la documentación para este libro ha tenido que ser un esfuerzo titánico. Los escenarios callejeros, los interiores del Palacio Barolo, todo lo relacionado con Dante y mil detalles más (balística, glaciares…) son todo un curro que el lector no pasa ni puede pasar por alto. Hay mucho curro, mucho, en este y en todos sus libros, como ya mencioné en anteriores reseñas.

En definitiva, una novela adictiva, un tocho de los que se devoran robándole horas al sueño, imposible de abandonar, que es imprescindible para los que han leído las dos anteriores. Una novela distinta también a las susodichas, con más orientación a la aventura, el thriller de acción, la historia y la búsqueda (del tipo de Indiana Jones buscando el cáliz de Cristo), y mucho menos negra, pero no por ello menos buena, entretenida y satisfactoria.

Gellida siempre deja buen sabor. Siempre. Es un hecho, y su cabeza un portento.

Ahora solo queda esperar a ver con qué nos sorprende el vallisoletano. Hasta entonces tendré que ponerme con Khimera. O con la Divina Comedia, pues todo lo que aquí se ha explicado se ha hecho tan bien que dan ganas de adentrarse en los famosos círculos descritos por Dante.

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Hotel Harbour View, de Jiro Taniguchi y Natsuo Sekikawa

Hotel Harbour View

Hotel Harbour ViewCualquier libro en el que figure el nombre de Jiro Taniguchi es tentación, obligación y motivo de jolgorio para el lector de manga. Esto sucede no sólo con las historias creadas por este gigantesco artista, sino también, como en el libro que hoy os traigo, con aquéllas en las que Taniguchi presta su inconfundible dibujo a otro guionista.

Hotel Harbour View es una colección de historias con guión de Natsuo Sekikawa e ilustrado por nuestro mangaka favorito. En su primera edición, hace ya unos cuantos años, constaba tan sólo de dos historias, pero en esta nueva edición, de manera muy acertada, Planeta Cómic ha includido otras tres para brindarnos un extraño y fascinante híbrido entre el manga y la novela negra.

Esta extrañeza y fascinación nos asalta desde la primera historia, “Good-Luck City”, poética, experimental y misteriosa, con páginas divididas en alargadas viñetas verticales y el enigmático texto en la parte inferior. Los autores creen necesario justificar la inclusión de esta historia inconclusa, pero a este lector se le antoja que esas últimas viñetas ya sin color, y ese personaje a punto de cruzar el río son el mejor y el único final posible para esos preciosos desvaríos.

Con sus pistoleros, prostitutas y hoteluchos de mala muerte, “Good-Luck City”, además, marca perfectamente el tono de todo el volumen. Así, en la segunda historia, que da título al libro y se abre con una impresionante escena y una espectacular vista de Hong-Kong, nos encontramos con un hombre que se prepara para enfrentarse con su futuro asesino. Esta historia tan oscura alcanza su clímax con otra inolvidable escena en la que es inevitable acordarse de aquella obra maestra del cine negro que era  La dama de Shanghai.

Para continuar la fiesta, dejamos atrás Hong-Kong y nos dirigimos a Caracas, donde transcurre “El restaurante de la calle de Los Niños Perdidos”, otra historia oscura que da comienzo en la morgue y nos conduce por una ciudad que “apesta a gasolina, meados y colonia demasiado fuerte”. En su clase de español, el protagonista aprendió a decir “la sangre es roja”, y al final de la historia, para dar fe de ello, las viñetas cobran un color cada vez más intenso que casi estalla en una viñeta a doble página que parece pintada al óleo.

“Brief encounter” es el título de un clásico del melodrama que nos contaba, allá por los años cuarenta, la historia de un amor imposible. Desconozco si los autores estaban pensando en ella al escribir esta historia, pero lo cierto es que aquí la novela negra introduce el motivo de ese amor que todos tuvimos un día y que, precisamente por imposible, nos negamos a olvidar.

La propina es “Un asesinato tokiota”, una visión del submundo de la mafia yakuza a través de los ojos de un extranjero. Muerte, cuerpos tatuados, katanas y, de nuevo, un asesinato anunciado.

Hotel Harbour View es, en suma, otra demostración de que no hay género literario fuera del alcance del manga, en este caso bendecida, además, por el genio ilustrador de Jiro Taniguchi.

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El odio que das, de Angie Thomas

El odio que das

El odio que dasRecuerdo como si fuera ayer el día que comencé a leer Matar a un ruiseñor, un libro que me habían recomendado cientos de veces, pero que nunca me animaba a leer. Su lectura me absorbió por completo y me hizo reflexionar mucho acerca del racismo y las diferencias sociales. Marcó un antes y un después, porque ¿cómo se puede juzgar a alguien simplemente por el color de su piel? ¿Por qué se cometían tantas injusticias contra la comunidad negra?

Desafortunadamente, no tengo respuesta a ninguna de estas preguntas. El problema es que sigue ocurriendo en nuestros días y como ejemplo tenemos la historia que se cuenta en El odio que das, un libro inspirado en el movimiento Black Lives Matter y que narra temas como la violencia policial y el racismo en pleno siglo XXI.

La protagonista de este libro es Starr, una joven de dieciséis años que vive entre dos mundos: su barrio pobre de gente negra y un distrito residencial blanco, en el que acude al colegio. Aunque se le hace difícil compaginar ambos mundos, todos los problemas comienzan cuando presencia el asesinato de su amigo Khalil a manos de un policía blanco. Ahí es cuando se da cuenta de las injusticias que se cometen contra su comunidad y el racismo al que muchos de los suyos deben hacer frente a diario.

Me ha sorprendido muchísimo el personaje de Starr, una protagonista que muestra su valentía desde el primer minuto en el que ocurre esta tragedia. No tiene miedo de alzar su voz y contar la verdad sobre el asesinato de su amigo, aunque esto le acarree problemas a ella y a su familia. Su fortaleza y coraje destacan en esta novela y se convierte en un modelo a seguir para sus padres, sus hermanos y su novio, además de para toda su comunidad. Además, me han encantado las relaciones que desarrolla la protagonista, no solo con sus padres, que la apoyan en todo lo que hace y le enseñan cómo es la vida real, sino también con sus amigos y con su novio, con los que no tiene problemas de mostrarse tal y como es y que la aceptan y la quieren por ello.

La pluma de Angie Thomas al relatarnos todos los acontecimientos que ocurren en esta novela es ágil y realista y despierta empatía al lector, sin importar el color de su piel, ante los personajes principales, gente negra que ve amenazada su vida injustamente.

Si esto se tratara únicamente de una novela de ficción, sería una historia desgarradoramente real, que llega al corazón de todos los lectores y que nos hace sentir y sufrir junto a sus personajes. Sin embargo, este no es de ese tipo de historias. Aunque todo lo que le ocurre a Starr no es real, historias como la suya ocurren cada día en Estados Unidos y es contra lo que lucha el movimiento Black Lives Matter.

Es increíble cómo en una sociedad tan avanzada como la nuestra siga ocurriendo esto. La falta de tolerancia y las injusticias cometidas contra la comunidad negra son una muestra de que el racismo sigue existiendo y seguirá existiendo mientras haya gente que no lo castigue. Y, sobre todo, teniendo en cuenta que hasta el Presidente de Estados Unidos lo hace proliferar aún más. Por eso creo que historias tan reales como la que se cuenta en El odio que das son tan necesarias, ya que nos cuentan el punto de vista de esas personas que se enfrentan ante una realidad que les ha tocado vivir únicamente por el color de su piel. Es vergonzoso que algo así siga ocurriendo, pero es de aplaudir que personas como Angie Thomas se esfuercen por dar a conocer esta realidad y la denuncien valientemente ante el mundo.

Hay libros que pasan desapercibidos en nuestras estanterías, que son una historia más entre cientos. Pero hay libros que destacan, que marcan la diferencia y que nunca te cansas de recomendar. El odio que das pertenece a este último grupo, y no solo se ha hecho un hueco especial en mis estanterías, sino que también se ha hecho un hueco en mi corazón.

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En la noche de los cuerpos, de Esther Ginés

En la noche de los cuerposHace cinco años tuve el privilegio de reseñar la que fue la primera novela de Esther Ginés, El sol de Argel, y en aquel momento les hablaba de la rotunda sutileza y la elegancia de aquel texto. Desde entonces he podido imaginar muchas veces cómo sería su siguiente novela y también cómo podría hablar de ella, pero de entre todas las cosas que uno imagina que va a decir de algo en lo que tiene puestas las mayores expectativas lo que probablemente no se le pasa por la cabeza es declararse sorprendido, y yo lo estoy. Y mucho. En la noche de los cuerpos, es tan bueno como cualquiera de los lectores de aquel recordado debut pudimos haber soñado, diría que incluso mejor, pero la madurez y la serenidad que ha adquirido la autora en este tiempo no dejan de sorprender (y de deslumbrar) en alguien ten joven.
No hay nada trivial en esta novela, comienza mostrando una fuerza extraordinaria y a partir de ahí no decae en ningún momento. Uno no sabe muy bien qué está sucediendo, la trama se va aclarando poco a poco y el interés y el asombro del lector crecen con la historia y no disminuyen hasta que la última página obliga a asumir, con pena, que ha terminado. No sólo el planteamiento de En la noche de los cuerpos es sumamente original, sino que su relación con la realidad, que también se desvela poco a poco para quienes no son tan impacientes como yo y son capaces de evitar ponerse a investigar al descubrir las primeras pistas, también lo es. La historia real que respalda a esta de ficción, permítanme que no se la desvele, no es una excusa ni un anclaje necesario, el texto funcionaría perfectamente bien de forma autónoma, pero lo que sí hace es dar muestra de la brillantez intelectual de una autora que no se conforma con contar una buena historia, sino que logra hacer reflexionar emocionando al lector.
Se trata de una historia de obsesiones y de vidas rotas, no necesariamente en ese orden. De la obsesión como motor artístico pero también como peligrosa herramienta de autodestrucción. Y también del dolor, de la superación del dolor padecido y del infligido, sin que pueda asegurarles cual de ambos es más difícil de superar si es que se quiere hacer de verdad.
En la noche de los cuerpos tiene una relación íntima e intensa con el arte, en primer lugar porque ella misma lo es pero también porque tanto la historia real que la inspira como la propia construcción de los personajes no se entienden sin la reflexión sobre la creación que suscitan. La propia ilustración de la cubierta es un cuadro de una serie original de cinco piezas inspiradas en el argumento de la novela y el hecho de que esta novela haya inspirado a su vez una serie de obras pictóricas dice mucho de su calidad y su pertinencia.
No sé si toda obsesión es en realidad una pérdida de libertad, en este caso desde luego es así y además es contagiosa porque no sólo los protagonistas empeñan la suya en persecución de un ideal artístico concreto, sino que hacen perderla a terceros, a una musa involuntaria que pasa de musa a modelo por medio de un secuestro. Y aunque la práctica totalidad del texto cae sobre los hombros de la voz narrativa de uno de los captores, Cecilia, el mérito de la novela es que logra que el lector se ponga en la piel de la desdichada musa. La elección de la narradora, por cierto, es una muestra más de la inteligencia narrativa de Esther Ginés porque es un personaje literariamente apasionante. Culpable, sí, pero también víctima. O ambas cosas. Una confesión que parece buscar un perdón que sabe que ni merece ni va a saber si se le concede, el de la víctima, desde la plena conciencia de la imposibilidad de lograr el perdón realmente importante, el propio. Un terreno de incertidumbre o de contradicción que redunda en la consecución de un personaje redondo, inolvidable.
También es una novela de búsquedas, de trascendencia artística en un caso, de amor en otro, y de paz en el tercero. Diría que ese rasgo común entre los tres personajes resulta especialmente perturbador porque incluso la víctima del secuestro, Laia, la musa involuntaria, tiene sus fantasmas y se hacen visibles no sólo en su vida, sino en la de los tres protagonistas. Una obsesión contagiosa que a todos infecta pero que en cada cual se manifiesta a su manera.
Todos los elementos que tanto y tan bien funcionan en esta novela, tanto individual como conjuntamente, están sabiamente dispuestos y dosificados. Sin artificios, trampas ni recovecos. No hay concesiones a la mediocridad en En la noche de los cuerpos, no hay una palabra en el lugar que no le corresponde ni una idea irrelevante o accesoria. Una novela redonda, exquisita. Una autora en estado de gracia.
Reunir los méritos expuestos en una obra al uso, sin los riesgos creativos que asume Esther Ginés en esta novela, ya la convertirían en un texto destacable, pero lograr reunirlos en una obra de un planteamiento tan brillante y original como esta es algo verdaderamente difícil de encontrar y que para transmitirles plenamente y con justicia requeriría que al talento le ocurriese lo que a la obsesión en esta historia y fuera contagioso, algo que lamentablemente queda lejos de estar en su naturaleza.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

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La vegetariana, de Han Kang

La vegetariana

La-vegetarianaHay libros que a medida que avanzas en ellos te van haciendo olvidar cómo se utiliza el lenguaje. Al principio no parece un problema serio. Una estructura sintáctica por allí, una perífrasis verbal por allá. Nada preocupante. Sin embargo, la cosa empeora gradualmente hasta darte cuenta del abismo que separa el habla que reside en tu boca y el habla que reside en la página. Eso me ha pasado con el libro del que quiero hablar hoy. Y es que la novela con la que Han Kang saltó a la fama internacional ha reconfigurado la idea de lo sutil que dormía en mi cabeza. Ha llevado la expresión escrita a un nuevo nivel, reduciendo el fuego cruzado de la revolución a sus elementos más básicos. En esta novela, hay un choque directo y radical contra el sistema, pero este enfrentamiento sucede a un nivel tan profundo que nunca llega a verbalizarse. Sin embargo, son estas raíces las que hacen crecer la gran transgresión que tiene lugar. En la superficie sólo vemos a una mujer que ha decidido dejar de comer carne. Pero es tal la fuerza de las palabras en manos de la autora, que desde la primera página he dudado si pertenecemos a la misma especie. Si su idea de lenguaje y mi idea de lenguaje comparten unos orígenes humanos comunes. La vegetariana es la gran revelación literaria del año y su gran mérito es hacerte tragar tus propias palabras sobre las ideas preconcebidas que puedes tener en torno a una novela.

La historia comienza cuando Yeonghye decide dejar de comer carne y las personas de su entorno interpretan el acto como la mayor de las ofensas. No entienden el por qué de su decisión ni las consecuencias de este acto. Les aterra de un modo que no pueden comprender cómo una persona previsible e insultantemente normal puede tomar una decisión tan inesperada y llevarla a cabo hasta sus últimas consecuencias. A través de tres narradores bien diferenciados vamos viendo la evolución hacia otra cosa que vive nuestra protagonista y la sutileza del cambio va allanando el camino hacia un final oscuro y muy perturbador. Son los relatos de estos tres personajes secundarios –el marido, su cuñado y su hermana- los que atestiguan el descenso de Yeonghye hacia un estado de la existencia que poco a poco se aleja de la idea de lo humano.

Algo que me ha hecho apartar los ojos de la página o aumentar en lo posible mi campo de visión es la corporalidad explícita que como todo en la novela va en aumento a medida que dejamos que la historia se desarrolle. El cuerpo está presente a tantos niveles que no es disparatado concebir el relato como una transcripción verbal de una pieza de danza. Onírica y lúgubre y en movimiento. El lenguaje corporal poco a poco va sustituyendo al habla de nuestra protagonista y será a través de sus gestos y su desnudez como empiece a entablar conversación con un mundo que sigue sin comprenderla. Y es que si la novela puede jactarse de algo es de defender como ninguna otra la reivindicación de nuestro propio cuerpo de un modo tajante. Desde el uso que le damos hasta la exposición y veneración que hacemos de él. Hay un control ejercido por el otro sobre nuestro propio cuerpo. En menor o mayor medida estamos expuesto a sus opiniones y decisiones. Y son éstas las que deciden el devenir de nuestra masa física, así como el continuidad o interrupción de nuestro contacto con el exterior. Es ese trozo que no nos pertenece el quiere recuperar para sí misma Yeonghye. Esta es la historia de cómo alguien quiere ponerle fin al expolio sufrido en sus propias carnes y cómo el mundo se opone rotundamente a ello. Rechazándola, convirtiéndola en una paria cuando los demás entienden que no pueden hacerle cambiar de parecer.

El no enfrentamiento. La pasividad llevada al extremo. La negación del acto. Incluso la suspensión del movimiento intencionado. Estas son las armas que la protagonista utiliza para dejar claro su posicionamiento. El acto de alterar su alimentación pasa de ser anecdótico, incitado por un sueño, a cobrar significado de forma gradual. ¿A qué me estoy enfrentando si decido dejar de comer carne? ¿Qué tecla estoy tocando para que el mundo se levante contra mí? La vegetariana pone sobre la mesa dichas preguntas usando toda esa levedad propia de la literatura asiática. Enciende la mecha de algo que no tiene nombre y nos deja contar segundo a segundo el tiempo que nos queda antes de que todo se desmorone.

La historia de Yeonghye acaba por ofrecernos nuevas preguntas y muy pocas respuestas. Y quizás es así como deban comportarse las grandes novelas de nuestro tiempo. La experiencia sin embargo queda latente dentro del lector. Acaba siendo testigo de un milagro y una tortura que suceden en el mismo cuerpo. Y aunque no pueda decir por qué, sabe que lo que acaba de presenciar es esencial en nuestra definición de lo humano. Decía John Berger que la relación entre lo indecible y lo sagrado es poderosa. No en vano he comenzado esta reseña hablando de mi incapacidad para articular un testimonio certero sobre la novela de Han Kang. Es aquello de lo que me veo incapaz de hablar lo que hace que estemos ante una de novela de cabecera. De lectura obligada y de relectura necesaria. Una novela que exige una reflexión profunda sobre nuestro papel como individuos en un momento de colectividades. Sobre la difícil elección entre tragar y merecer o cerrar la boca y no pertenecer.

 

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Manual de remedios literarios, de Ella Berthoud y Susan Elderkin

Manual de remedios literarios

Manual de remedios literariosProbablemente hoy vaya a hablar del libro que más puedes tardar en leerte de todos los que hay en el mercado. Y no porque sea infumable o tenga cien mil páginas o cuente con infinitos volúmenes, no, lo digo porque a cada página – o ni eso – aparecen una, dos, tres nuevas lecturas que apuntar en esa lista que todos tenemos interminable, inalcanzable, imposible para nuestra capacidad lectora. No somos eternos pero nos da igual. Empezarás este libro, te interesarán todos los libros de los que te hablan, y seguirás apuntando nuevos títulos a tu lista de pendientes. Hoy hablo de Manual de remedios literarios, un libro que ofrece la cura en forma de libro para centenares de dolencias, tanto físicas como espirituales y que llega a las librerías de la mano de Siruela y Círculo de Lectores.

Ella Berthoud y Susan Elderkin, ambas biblioterapeutas, han conseguido crear una lista de lecturas para cualquier mal que se te pueda presentar en la vida. Y digo cualquiera porque hay de todo: resaca, dolor de muelas, crisis económica, cumpleaños, miedo a la vida, no sé, incluso te recomiendan libros por si se te ha quemado la cena. Y todo desde un punto de vista, desde un trato, que ojalá tuviéramos en las consultas de nuestros centros médicos. ¿Alguna vez te has reído con un doctor? Enumerar cada una de las lecturas o cada uno de los males que presentan sería inútil por inalcanzable, pero ya os digo que merecen mucho la pena. Pasan por todo, lecturas para niños, para adolescentes, para adultos que quieren volver a ser niños, para niños que ya quieren ser adultos, para adultos que quieren sentirse como tal, para aquellos que no quieren llegar a ancianos, etc. Desde clásicos hasta novedades que han salido en el último año. Deporte, nutrición, estudios, trabajo, vida social, aficiones, todo tratado a modo de diccionario de la A a la Z y dividido en dolencias, en males.

A todos nos duele algo, eso es inevitable y seguramente a todos los que nos encontramos por aquí nos gusta leer. Pues entonces, ¿qué mejor que unir ese mal que tenemos a un buen libro? Yo te recomiendo que olvides por un rato tu lista de lecturas pendientes y poco a poco vayas masticando este libro. Cógelo, busca lo que concuerde con lo que sientes en ese momento, mira qué libro o libros recomiendan para ello y entrégate a la lectura.

Manual de remedios literarios es sin duda uno de esos libros que puedes tener siempre en tu mesilla de noche, o en tu escritorio, o en el coche, pero siempre a mano, y coger siempre que sientas que necesitas explicación a algo que en ese momento te recorre por dentro. Solemos enamorarnos de un libro cuando nos parece que habla por nuestra boca, cuando notamos que eso mismo que está diciendo es lo que tú dirías si tuvieras el talento de su autor. Pues aquí te lo ponen más fácil. Ya no vas a tener que maquillar tus explicaciones al librero de turno para explicarle que lo que quieres es un libro que te ayude a olvidar a tu ex, ya no tendrás que irte por las ramas para solo querer decir que quieres un libro que te acompañe los domingos de resaca, ya no tendrás que dar mil vueltas por las librerías rezando para que el libro que buscas pero que no sabes ni cuál es ni cómo se titula te encuentre por arte de magia. Ya no, porque ahora tienes un manual que te pregunta qué es lo que te pasa y te pone en bandeja lo que tienes que ir a buscar, lo que te va a curar, lo que te va a salvar. Un libro genial.

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La familia Carter, de Frank M. Young y David Lasky

La familia Carter

La familia CarterDentro mismo de los Estados Unidos, los Montes Apalaches son un mundo aparte. Se trata de una región remota en la que, al decir de los estereotipos, no viven, aparte de osos y mapaches, más que familias incestuosas y granjeros solitarios que disparan primero y echan un trago de whisky casero después.

Este estereotipo, que hoy en día sigue vigente, arraigó con fuerza en el siglo XIX, y pueden verse trazas de su más cínico apogeo en esta extraordinaria La familia Carter, que nos narra los avatares de una humilde familia de granjeros que marcó la música norteamericana del siglo XX. Y si no, preguntadle a Woody Guthrie, Johnny Cash, o Bob Dylan entre otros, qué habría sido de ellos si, una buena mañana de 1914, un incompetente vendedor de manzanos ambulante llamado Alvin Pleasant Carter no hubiera oído cantar, por una de esas casualidades de la vida, a la bella Sara Dougherty. Con aquel encuentro el destino puso la primera piedra de una saga familiar que, con pasmosa maestría, desenfado y exquisita sensibilidad, nos presentan el escritor Frank M Young y el ilustrador David Lasky.

La historia que tenemos en las manos, en impecable edición de Impedimenta, abarca mucho más que las vicisitudes de una familia de músicos. En primer lugar, se me ocurre, La familia Carter es una visión diferente del sueño americano, ese ideal según el cual uno puede,  mediante el trabajo duro, salir de la miseria y alcanzar la prosperidad para sí mismo y para su familia. Trabajaron duro, sin duda, los Carter, en especial Alvin Pleasant, A.P. para los amigos, quien, en una empresa comparable a la de nuestro Menéndez Pidal, se pateó hasta el último rincón de los Apalaches y más allá con el fin de recoger melodías y canciones de boca de abuelas nonagenarias, melodías que, de otra manera, se hubieran perdido para siempre. Muchas de esas piezas musicales provenían, en última instancia, de las verdes y lluviosas colinas de Escocia y el Ulster, lugar de procedencia de muchos de los primeros europeos que se instalaron en la zona en busca de tierras.

Poco a poco, empieza a correr la voz sobre el talento de esa familia, y paso a paso, de concierto en concierto, los Carter van haciéndose un nombre en la zona, hasta que por fin les llega la gran oportunidad: el cazatalentos y productor musical Ralph Peer se fija en ellos y realiza una serie de grabaciones que se convertirán en su trampolín a la leyenda. Con canciones como ésta:

Así, mientras por un lado tenemos la historia de una familia sencilla lanzada al mundo del espectáculo, un mundo para el que no está preparada y en el que nunca se siente a gusto, por otro tenemos el apasionante retrato del desarrollo de la industria musical. Vemos a A.P. maravillado ante un gramófono y asistimos a sesiones de grabación, donde, como pulpos en un garaje, los Carter, habituados al calor del público, se ven obligados a repetir una pieza hasta la extenuación para recibir como toda recompensa el mudo reconocimiento de un cuerno que recoge el sonido (más tarde llegará la nueva sensación: el micrófono). Asistimos también a las sesiones fotográficas, en las que se manifiestan en todo su esplendor los estereotipos mencionados más arriba. Los Carter, que se han arreglado, lucen sus mejores ropas y se han lustrado los zapatos, tienen que volver a ponerse sus gastadas ropas de trabajo y posar, azada en mano, junto a la letrina. “Son ustedes cantantes rústicos -les dice el fotógrafo- y tienen que parecerlo”.

Y aún hay más. Conocemos a una auténtica leyenda del blues llamada Lesley Riddle, hombre de memoria prodigiosa al que le bastaba escuchar cualquier melodía una sola vez para poder recordarla. Riddle, que aprendió a tocar la guitarra mientras se recuperaba de un accidente de trabajo en el que perdió la pierna, se convirtió en el mejor amigo de A.P., a quien además prestó una ayuda preciosa en su incesante búsqueda de material para nuevas grabaciones. Fijaos qué pequeña maravilla:

El estilo de las ilustraciones de David Lasky no podía ser más acertado para el tipo de historia que se nos cuenta. Se trata de un estilo realista y centrado en los personajes, sencillo, sin espectaculares alardes que alejen el foco del aspecto humano, ni con excesivos detalles que nos hagan perder la visión general del conflicto entre la familia y el mundo del espectáculo. Y cuando hay que romper con la tradición clásica, pues se rompe, como en esas breves escenas en blanco y negro, tan cinematográficas, que imprimen a la historia el ritmo acelerado de una vida que se escapa de las manos de los personajes.

En definitiva, La familia Carter es una excelente novela gráfica con la que pasaréis un rato estupendo, pero con la que, cuidado, corréis el riesgo de convertiros en unos auténticos hillbilies.

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Los cromos de Maider, de Itziar Pascual

Los cromos de Maider

Los cromos de MaiderMaider tiene diez años. Es una niña alegre y curiosa que vive con sus padres y su hermana mayor, una adolescente insoportable. Como Maider es tan curiosa, siempre está haciéndose preguntas. “¿Quién soy yo?, ¿qué hago aquí?, ¿por qué tengo esta familia?, ¿qué quedará cuando ya no esté?”.  Pero claro, a veces es difícil desenredar la madeja del pensamiento y atar bien los cabos, a todos nos ocurre. Nos hacemos preguntas, nos ponemos a pensar y al final, nuestro pensamiento acaba liándose aún más. Imaginad lo difícil que debe ser si encima tienes diez años.

Pero Maider ha tenido una genial idea: ha decidido hacer un álbum con los cromos de su vida. Así podrá contar y reconstruir su historia y, sobre todo, la historia de su abuela. Porque su abuela es el hilo principal de esa madeja que Maider trata de desenmarañar en sus pensamientos. Así es cómo surge Los cromos de Maider, un libro para niños a partir de diez años publicado por Anaya.

Personalmente, respeto mucho a nuestros mayores. Me parece que a veces olvidamos el papel tan importante que desempeñan en nuestra sociedad. Se me parte el alma al saber que hay gente mayor que está sola, que no tiene a nadie que la cuide o que ni siquiera tengan gente con la que hablar un rato al día. Y ya si hablamos de personas mayores que tienen hijos que no les hacen caso, entonces me pongo de muy mal humor.

Pero bueno, hoy voy a centrarme en ese lado agradable de nuestros mayores y de nuestros abuelos en particular. Yo no conocí a mis abuelos paternos y mi abuelo materno murió cuando yo tenía cinco años, así que no lo pude disfrutar mucho. Mi abuela, la madre de mi madre, vivió hasta que yo tuve 23 años, así que tengo muchos recuerdos de ella. No era la abuela más cariñosa y entrañable del mundo, al menos no era muy de demostrar sus afectos. Pero nos quería. Recuerdo sus preciosos ojos, su sonrillisa, su tos en la cama y su onza de chocolate en la mesilla. Recuerdo las voces que daba por el telefonillo (podrían oírla cinco calles más allá) y el tacto de sus manos. Mi abuela era una mujer de mucho carácter (menuda era), pero también tenía esa dulzura que tienen las personas mayores, esa mirada afable y llena de momentos vividos.

La abuela de Maider disfrutaba leyendo, preparando la merienda y ayudando a su nieta con las partituras y la flauta. Pero la abuela enferma y la madre de Maider se pone muy triste. A través de los cromos, Maider intenta reconstruir esos momentos, la historia de su vida cuando su abuela ya no está. Los cromos ayudarán a Maider a entender todo lo sucedido y, sobre todo, a recordar las cosas más importantes y conservar los recuerdos para poder entenderlo todo y para volver a ellos siempre que lo desee.

Quizá, de esta forma, Maider consiga encontrar las respuestas a tantas preguntas. Es algo que tendréis que averiguar vosotros al leer Los cromos de Maider, lectores. Yo solo puedo recomendaros este librito, tan tierno y emotivo, que seguro os hará recordar y sonreír.

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Negociar lo imposible, de Deepak Malhotra

Negociar lo imposible

Negociar lo imposible

Los fenicios fueron los grandes comerciantes del mundo antiguo. Crearon una industria papelera y se lanzaron al mar para comerciar por todo el Mediterráneo, y esos intercambios con otras culturas les llevó a desarrollar un alfabeto consonántico, para poder transcribir sonidos, mucho más útil de cara a comunicarse con otras culturas; este alfabeto es el precursor de las escrituras árabe, hebrea, griega y latina. Los fenicios creaban asentamientos temporales para negociar e intercambiar bienes, y a donde llegaban eran bien recibidos, ya que sus tratos eran justos y provechosos para ambas partes. Quizá ellos podrían haber escrito algún libro similar al que vengo a presentaros hoy, Negociar lo imposible, de Deepak Malhotra.

Reconozco que me identifico mucho con la cultura fenicia. Sus dos motores eran la industria papelera (los libros) y el comercio, y los griegos utilizaron el nombre de una de las principales ciudades fenicias, Biblos, para designar todo lo relacionado con los libros, y esa raíz sigue en nuestro lenguaje. Así que todos los que somos bibliotecarios, debemos nuestro nombre a esta ciudad. Por otra parte, reconozco que me gusta negociar, soy un comerciante, me estimula enormemente esa situación en la que dos personas necesitan algo la una de la otra y tienen que acordar las condiciones de ese intercambio. Y hay situaciones en las que es fácil llegar a un acuerdo, como cuando los dos tienen intereses comunes o ambas partes tienen una visión similar de la importancia del acuerdo… Pero reconozcámoslo, vivimos en un mundo imperfecto, en el que cada uno tiene una visión muy particular del mundo y los egoísmos y las circunstancias nos obligan muchas veces a actuar en detrimento de los intereses de otros, bien por creencia propia o por no dejarnos avasallar por los demás.

En esas circunstancias, un libro para aprender a negociar parece imprescindible. Los directivos y los administradores de empresas se ven más habitualmente envueltos en este tipo de negociaciones complejas y entenderán enseguida lo valioso que es saber negociar más allá de lo básico, pero creo que todos en la vida tenemos que negociar con más frecuencia de la que nos gustaría: pedir un aumento de sueldo, acordar las vacaciones con tu pareja, redactar un contrato de alquiler… Quizá hayas hecho algunas fotos o pinturas y alguien quiera adquirir tus derechos de autor, o quieras negociar un contrato con alguna empresa. ¿Sabrías destrabar un conflicto difícil, sin usar dinero ni fuerza?

Negociar lo imposible es un libro interesante. Analiza casos concretos de la historia mundial, en la que se dieron negociaciones que a priori habían llegado a puntos muertos imposibles de solventar. Y explica las ideas brillantes que tuvo cada una de las partes para llegar a solucionarlos. Es un repaso muy lúcido por hechos empresariales, sindicales y políticos de gran atractivo, y después desgrana una a una las ideas principales que nos llevarán a ser más creativos a la hora de resolver cualquier conflicto que se nos presente. Me ha hecho reflexionar sobre puntos muy concretos que siempre he dado por supuestos en una negociación, y me he dado cuenta de que hay veces que ser flexible puede ser una gran ventaja, o que los puntos más importantes para nosotros no tienen por qué serlo para la otra parte. Ser consciente de la propia fuerza negociadora, de la situación, de los tiempos, de la visibilidad del conflicto frente a terceros, y otros aspectos más, pueden ser determinantes a la hora de negociar, y focalizarnos en un solo punto de vista del acuerdo solo hará que reducir nuestras posibilidades de llevarla a buen término.

En fin, Negociar lo imposible es uno de esos libros que te abrirá la mente hacia nuevos horizontes en un aspecto tan básico de la vida como es la negociación.

 

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El Multiverso, de Grant Morrison

El multiverso

El multiversoEl Multiverso DC empezó a dar sus tímidos pasitos en la Edad de Oro, pero no fue hasta la Edad de Plata cuando realmente emergió como un concepto para dar sentido a la existencia de diferentes versiones de los personajes de la editorial. Entonces el multiverso creció y creció, se expandió tornándose algo complejo y confuso que traería, a partes iguales, quebraderos de cabeza e hitos en la historia del cómic.

Flash de dos mundos, cómic aparecido a principios de los 60, sería el percutor para empezar a cruzar historias entre mundos paralelos. En el cómic en cuestión Barry Allen se trasladaba a una tierra alternativa en donde conocía a Jay Garrick, el Flash de la Edad de Oro. Con este hecho Allen descubría dos cosas: que lo que es ficción en un mundo en otro es real y que las diferentes tierras vibraban en una frecuencia específica. Conocer esa frecuencia era el primer paso para viajar de una a otra. Así nacieron Tierra-Uno y Tierra-Dos; las dos primeras de un sinfín de nuevas tierras. ¿Me seguís? ¿Todavía estáis ahí?

Con la creación de las diferentes tierras, DC ya tenía una excusa para ir ubicando no solo diferentes versiones de sus superhéroes más icónicos (Superman, Batman , Wonder Woman, etcétera), sino que además encontró un lugar para todos esos personajes que fueron llegando a medida que DC iba adquiriendo nuevos sellos editoriales. Y todo esto hubiera estado muy bien si se hubiera conservado cierto orden. Se intentó, pero algunos guionistas descuidados juntaban a personajes de diferentes tierras sin hacerlos trasladarse previamente; otros simplemente crearon errores garrafales de continuidad. El caos se apoderó del multiverso.

Había que poner orden en el caos, y para ello en ocasiones es necesario destruirlo todo para volver a empezar; fue entonces cuando nació la miniserie Crisis en Tierras Infinitas. En este colosal crossover un peligro a nivel multiverso fue la solución para simplificar el concepto, eliminando tierras paralelas y fusionando otras. Vaya jaleo, ¿eh? Venga, una aspirina y continuamos.

A pesar de que ya se había establecido cierto orden, el concepto de multiverso era demasiado suculento como para dejarlo escapar, así que tras muchas historias con más o menos éxito DC lo recuperó para una serie denominada 52 en la que finalmente se definieron ciertas normas y parámetros, además de tierras paralelas limitadas para que la anarquía no volviera a reinar. Luego Flash (de nuevo Barry Allen en el epicentro del tinglado) en Flashpoint, y sus malabares con las líneas temporales, sería la excusa perfecta para reiniciar algunas series y retomar otras que habían quedado en suspenso.

Bien, ahora que ya os he puesto en contexto, y si todavía queda alguien leyendo, o que todavía no se haya dormido, podemos continuar con El Multiverso de Grant Morrison, serie de nueve números en la que el guionista escocés nos revela el Multiverso DC, el definitivo, pero que además aprovecha tal coyuntura para dar un merecido homenaje al Crisis en Tierras Infinitas de 1985.

El Multiverso se inicia con una llamada de auxilio, un S.O.S. recibido por Nix Uotan y su compañero, el mono conocido por Sr.Stubbs. Como buenos investigadores multiversales se trasladarán a la tierra que ha lanzado la llamada de auxilio para encontrarse con que unos seres que se hacen llamar La Nobleza han destruido Tierra-7. Este primer número esboza los fundamentos que hallaremos en las otras ocho historias. Diferentes tierras y cada una con su crisis particular. Y como nexo de unión un cómic “maldito” que no tiene mayor relevancia que la de hacer que los personajes progresen en sus respectivas tramas y que el lector visite diferentes tierras.

Cada una de esas tierras nos mostrará sus principales héroes o villanos y las alteraciones ocurridas en esos mundos. Así pues, en Mastermen, con Jim Lee a los lápices, se nos revela una realidad alternativa en la que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial con ayuda de una Liga de la Justicia nazi. Ucronía típica, y utilizada hasta el hastío en la ciencia ficción, pero que sigue funcionando si a los villanos les siembras una chispa de conciencia y moralidad. Con todo, no es esta la mejor de las historias. Tampoco lo es La Sociedad de los Superhéroes, en la que Tierra-20 y Tierra-40 se sincronizan con consecuencias catastróficas. Fascinante narración que junto al dibujo de Chris Sprouse se convierte en una bonita oda a los cómics clásicos de superhéroes.

Pax Americana y Ultra Cómics son los robustos pilares de este tomo integral editado por ECC. El primero es una historia repleta de simbología, de cariz paradójica y de armonía milimétrica que funciona como un motor bien engrasado. Un cómic que homenajea a Watchmen tomando algunos de los conceptos que planteó Alan Moore, pero dándoles una nueva vuelta de tuerca que obliga al lector a releer una y otra vez (a veces del final hacia el inicio) para descubrir las diferentes capas que confeccionan el relato. Frank Quitely, con su capacidad de dibujar rostros duros y marcados, su detallismo en cada insignificante elemento y la forma excepcional de disponer viñetas, vuelve a demostrar ser la mitad perfecta para completar ese consorte artístico que resultan ser él y Morrison.

Ultra Cómics es Grant Morrison en estado puro. Ese Grant Morrison que a más de uno nos hace pensar si este hombre hace uso de algún tipo de narcóticos para crear sus guiones. Ultra Cómics es un héroe pero también resulta ser el cómic que está infectando el multiverso. Un ejercicio soberbio de metaliteratura y de narración presuntuosa que alcanza su objetivo cada vez que el personaje rompe la cuarta pared para hablar con el lector y obligarlo a no seguir leyendo. Pero si entráis en el juego que plantea Morrison, si os prestáis a ello, llegaréis hasta ese clímax que resulta tan ambiguo como abierto; tal vez una invitación para que alguien más pueda recoger el testigo y continuar con la labor de añadir más matices al multiverso.

El Multiverso es una serie tan brillante como difícil de definir (con Grant Morrison siempre lo es), un cómic que es solo una sublime muestra de la poliédrica configuración que puede llegar a tomar toda historia que penetre en los cimientos del Multiverso DC.

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Estructuras disipativas, de Clara Janés

Estructuras disipativas

Estructuras disipativasImagino que conocéis a Clara Janés, pero me parece necesario hablaros de ella, no solo porque sea una de las poetas contemporáneas más importantes, sino también por su gran labor en el mundo de la literatura.

Clara Janés es la décima mujer miembro de la RAE y ocupa la silla “U” desde el año 2015. Nacida en Barcelona e hija del poeta y editor Josep Janés i Olivé y de Ester Nadal, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, Pamplona y en la mítica Universidad de la Sorbonne, en París. Su primer poemario, Las estrellas vencidas, fue publicado en 1964. Influida por las obras literarias extranjeras, Clara Janés decide estudiar distintas lenguas para poder traducirlas al castellano. Su faceta de traductora, principalmente del checo, le ha valido numerosos premios y distinciones.

Poseedora de un lenguaje y de un estilo propio, clasificar a Clara Janés dentro de alguna de las corrientes poéticas de los últimos años es una tarea difícil. Supongo que esto es lo que hace de su poesía algo único: su originalidad. Tremendamente femenina, existencialista e íntima, la poesía de Clara Janés es indispensable para conocer la poesía actual. Como comprenderéis, era inevitable que os hablara de ella en la introducción de esta reseña.

Estructuras disipativas es su último poemario publicado por Tusquets. El nombre procede del término utilizado por el físico Ilya Prigogine para definir el mecanismo por el cual la materia pasa del orden al desorden. O, en propias palabras del físico que podemos leer al comienzo de este poemario:

“Hemos denominado “orden por fluctuaciones” al orden generado por el estado de no equilibrio. […] Podemos decir que la estructura disipativa es la fluctuación amplificada, gigante, estabilizada por las interacciones con el medio”.

Un poemario escrito con ese rigor científico con el que Clara nos introduce sus nuevos versos. Poemas sutiles, llenos de metáforas y de quietud, esa palabra que tantas veces aparece en el poemario y que es el reflejo de nuestro universo en orden.

“Y la quietud

es el punto microscópico

del movimiento

elevado al infinito”.

Clara Janés no es una poeta fácil, de esos que tanto se llevan ahora. Entenderla no es sencillo, requiere un ejercicio de comprensión y empatía brutal. Un esfuerzo riguroso, cósmico y suave, como sus versos. Pero una vez que hemos conseguido encajar las piezas de nuestro mundo con el universo que Clara Janés nos ofrece, se produce un encuentro mágico. Un encuentro de poeta a lector, un cara a cara con nuestra realidad y su mundo poético. Algo sencillamente maravilloso.

 “Vuelva a mí la virginal llamada

de una forma

pura resonancia,

que cruza el corazón

y lo llena de luz comunicante

anulando los límites

que establece el otro

al enunciarse.

Y tú, cansada voz,

estate atenta

al secreto de las ondas

y aprende

transparencia.”

Un poemario sensual, cargado de connotaciones y metáforas y repleto de voces que pueblan el desorden y el movimiento. Estructuras disipativas es un libro para perderse en él cualquier noche estrellada, cuando la quietud invade el universo y nuestra calma.

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