
Ha pasado un montón de tiempo desde que reseñé Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes y os prometo que parece que fue ayer. Este es un comentario muy de abuela, lo sé, pero es verdad. Supongo que esa es una buena señal, porque cuando un libro se queda tan dentro de ti durante tanto tiempo es que verdaderamente ha significado algo para nosotros. Os lo dije con el primer volumen de estos cuentos y vuelvo a repetirme: no pueden gustarme más estos libros. Imposible.
Unos meses no son suficientes para que se cumpla mi vaticinio, que los niños de hoy en día aparezcan en libros como este. Tenemos que darle tiempo al tiempo, pero estoy segura de que una buena forma de comenzar a educar a futuros niños y niñas cuyas historias merezcan ser contadas es regalándoles este libro, enseñándoles las historias de todas esas mujeres que lucharon y luchan por sus sueños, que no se rinden ante nada ni nadie, que saben bien lo que quieren.
Si en el primer volumen aparecían mujeres tan interesantes como Virginia Woolf, Ada Lovelace o Amelia Earhart, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 cuenta con una nueva maravillosa selección de mujeres rebeldes. Algunas tan conocidas y con vidas tan interesantes como Audrey Hepburn, Beyoncé, Angela Merkel, Oprah Winfrey o Madonna. Otras, por desgracia, bastante menos conocidas, pero que gracias a libros como este todos los niños y niñas (y los que no lo somos tanto) podemos llegar a disfrutar y conocer.
Mujeres como Aisholpan Nurgaiv, la primera mujer mongola que se dedica la cetrería; la pirata Anne Bonny o las Black Mambas, un grupo de mujeres que controlan, defienden y protegen su territorio: la sabana.
Podría hablaros de todas ellas, porque todas son espectaculares, pero descubrirlas y conocer sus historias a través de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 es una gozada. Ojalá yo hubiese tenido un libro así cuando era pequeña, ojalá haber conocido a todas estas mujeres inspiradoras entonces. Lo bueno es que siempre habrá mujeres así y la historia seguirá escribiéndose con mujeres valientes, rebeldes y que hacen lo que ellas realmente quieren.
Como decía en la anterior reseña, solo espero que muchos de los niños y niñas que hoy leen Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 encuentren entre sus páginas su inspiración, su modelo a seguir y que ellos sean los protagonistas de los próximos volúmenes. Eso sí que sería una auténtica maravilla.

Queridos lectores, permitidme que empiece esta reseña dirigiéndome directamente al autor del libro del que vengo a hablar. Después de esta introducción, os contaré todo lo que queréis saber sobre el mismo.
Pues veréis, pensé que iba a ser bastante más fácil enfrentarme a este libro. No porque Marta Sanz sea una escritora que te pone las cosas fáciles, no. Yo ya sabía a lo que iba. A Marta la conocí gracias a su novela 
Imaginaos lo que era para mí, como madrileña, pasar los veranos enteros en Cantabria. Llegaba el uno de julio y yo cogía una maleta llena de ropa, a sabiendas de que allí solo vestiría “la ropa del pueblo” que año tras años se iba quedando en los armarios de mi abuela. Y allí pasaba los dos mejores meses de todo el año, en un pequeño pueblo en mitad de las montañas donde lo único que se escucha es el viento, los pájaros y los campanos de las vacas. Imaginaos lo que era para mí, que al final acabé viviendo en ese pueblo.
Mola mucho, si se hace bien, coger a los personajes de fábulas o cuentos conocidos por todos, o casi todos, y poder reimaginarlos, resituarlos, ampliar sus horizontes, inventarles nuevas historias y darles la oportunidad de ser protagonistas en nuevas historias. Porque solo conocemos aquello que nos han contado de ellos, pero queremos saber qué pasó con ellos antes, o después de aquello por lo que les conocemos. Mola mil darles una vida nueva, que dejen de ser parte de una gran novela coral en la que solo son protas por un breve espacio de tiempo, enseñarles todo lo que pueden hacer, sacarlos de su bucle repetitivo y, tal vez, prestarles un nuevo enfoque. Mola mucho. Mola tanto, que, autobombo, yo mismo lo he hecho en alguna de mis historias y, además, con el protagonista de este Libro Primero de Los malditos, Caín.


No había tenido hasta ahora la suerte de leer ningún libro de la editorial Dilatando Mentes, y no por falta de ganas, ya que sus títulos son de los que me tiran, sino por falta de tiempo. Pero a raíz de la lectura de este En la piel del lobo ya me he prometido acudir a esta editorial con más frecuencia. Salta a la legua que les gusta editar y procurar que el lector goce con la lectura. La portada de mi admirado Alejandro Colucci, el hecho de ser un ejemplar numerado, el preciosismo de los inicios de cada capítulo y de las ilustraciones previas a estos que acompañan a los textos referidos a la figura del lobo, la música recomendada mediante un código bidi para meternos en ambiente mientras leemos… Pequeños detalles por separado que, no obstante, enriquecen mucho la experiencia lectora.
Antes de comenzar con esta reseña, tengo que decir que desde que vi la portada de este libro, leí su sinopsis y las increíbles opiniones en Goodreads, ha ido incrementando mi hype por leerlo. Por eso, cuando supe que la editorial Del Nuevo Extremo la iba a traer a España, no podía ocultar mi emoción. Y es que tengo que admitir que soy una apasionada de este tipo de novelas young adult de fantasía, de luchas, traiciones, envidias, celos, amor, amistad… Son tantos los componentes que hacen que me enganche a ellas que casi siempre se convierten en lecturas que no defraudan. Y, en este caso, Reino Dividido, ha sido una de las que no defraudan.
¡Di la palabra mágica!
Siempre me ha gustado dibujar. De niño lo hacía constantemente. Ahora lo hago de tanto en tanto y en ocasiones lo empleo como método de relajación. Y es que desde que trazo la primera línea sobre el papel, sintiendo como el lápiz deja su impronta en ese pedazo de celulosa virgen, consigo transportarme a ese niño que fui y que dibujaba en los márgenes del libro de matemáticas, del de naturaleza o en el propio pupitre. Sí, fui uno de esos niños que disfrutaba creando monigotes; algunos sin sentido, otros sospechosamente parecidos a los profesores o compañeros de clase. Muchas de esas caricaturas, y porque lo hacía sin malicia alguna y sin ganas de mofarme de nadie, fueron entregadas o vistas por sus modelos. El profesor de artes plásticas, que en una ocasión, y como parte de unos deberes, convertí en un personaje de cómic que intentaba huir de la pareja protagonista de Expediente X, llegó a otorgarme un excelente en su materia. Aunque el mejor premio fueron sus carcajadas. Aquello me hizo ver que en realidad poco importaba si el dibujo era de notable factura o un sencillo esbozo, pues siempre y cuando gozara de cierta personalidad la gente reaccionaria.

