
Una majestuosa arpa clásica de cuarenta y siete cuerdas, con profusos realces de pan de oro sobre la madera y coronada por una cabeza tallada de mujer. Junto a ella, un atril de músico, con una columna salomónica con relieves vegetales. Y sobre su soporte, un viejo pliego mordisqueado y ahuesado por los años. Es una partitura sin título, con notas escritas a mano a lo largo de cinco páginas.
Esta bella escena es la que encuentra la familia Rico en un sótano oculto de su nuevo hogar, una casa con pretensiones de mansión colonial aislada en mitad del campo de Mingorría (Ávila). La hija mayor, Mía, de dieciocho años, está tratando de superar una decepción amorosa y halla en ese arpa y en su enigmática partitura un aliciente para olvidar el pasado. Poco a poco, la casa le irá desvelando sus macabros secretos y la triste historia de Gabriela, la arpista mulata que tocó ese arpa un siglo atrás.
La Casa del Arpa es la primera novela de Paul Harrison, un francés hijo de una pianista española, que ha creado una escuela de música con un método propio de enseñanza. Su pasión por la música queda reflejada en esta historia, donde una de sus protagonistas, Gabriela, solo es capaz de sentir las emociones cuando toca su arpa. A través de ella, en los capítulos que recrean lo acontecido en la casa en 1901, y de la hermana pequeña de Mía, Sofi, en los capítulos del presente, Paul Harrison nos muestra el autismo desde dentro, con el punto de vista de la persona que lo padece y con el de sus familiares. Y esa forma de contarnos cómo ha cambiado la percepción de este trastorno neurológico de cien años a esta parte me ha parecido uno de los aspectos más atractivos del libro. El otro punto fuerte es la documentación histórica que ha llevado a cabo, ya que Paul Harrison ha reconstruido la Mingorría de principios del siglo XX, retratando sus costumbres, creencias y expresiones, e incluso colando algunos personajes reales en su ficción.
Habitualmente nos encontramos con novelas que alternan capítulos del pasado y del presente. Es una estructura narrativa que me gusta, aunque suele atraerme más leer sobre las maneras de vivir de antaño que sobre los problemas cotidianos de una familia actual. Admito que Paul Harrison ha plasmado de forma creíble el día a día de los Rico y, en especial, la relación de amor-odio entre Mía y Astrid, la hermana mediana, pero mi problema fue que Mía me caía mal. Incidía demasiado (para mí gusto, pues no aportaba nada a la trama) en lo guapa que era y en cómo se le iban los ojos a todos los hombres en cuanto la veían, y eso hacía que yo perdiera el interés en su historia, confirmando, una vez más, mi preferencia por los capítulos del pasado. Sin embargo, a medida que investigaba la vida de los primeros habitantes de su casa y sus preocupaciones adolescentes quedaban en segundo plano, fui conectando con ella. A partir de entonces, ya no pude soltar La Casa del Arpa.
Cuando llegué a la última página, no me quedó más remedio que reconocer que Paul Harrison se había cargado todas mis reservas y había cumplido con nota en la parte histórica y en la de suspense, en los momentos de amor y de terror. Conseguir eso en una primera novela tiene mucho mérito, así que chapeau, Paul Harrison. Me has hecho olvidarme del mundo durante horas. Gracias.

Lo reconozco: cuando el 5 de octubre de 2011 leí que 
Recibo el último poemario de mi paisano 
El Universo Cinematográfico Marvel dio su pistoletazo de salida en 2008 con el estreno en cines de Ironman. Con la película del Vengador Dorado se iniciaba la denominada Fase 1 de un plan muy ambicioso. A lo largo de los años y a través de múltiples películas, no solo se han ido incorporando un sinfín de personajes, sino que también, mediante crossovers, se ha ido tejiendo una historia en común. De igual forma que diversos afluentes acaban desembocando en un río mayor, las películas han tenido su propia trama pero han trazado un camino en común para, y poniendo punto y final a la Fase 3, llegar hasta Vengadores: Infinity War.
La buena literatura es aquella que te enfrenta a lo que das por sentado. Al menos, ese es el criterio que uso para distinguirla del mero entretenimiento. Y lo cierto es que no son muchos los libros que pueden ocupar un puesto en la primera categoría. De ahí la magia de encontrarse con ellos, casi por casualidad. Como si estuviéramos esperando que sucediese otra cosa. Desde que quedó finalista para el National Book Award en 2017, Pachinko entró en mi radar como una novela que merecía la pena leer. Una saga familiar de coreanos intentando hacerse una vida en Japón a lo largo del siglo pasado. A priori, parecía una novela entretenida. Mi sorpresa llegó después, cuando me vi totalmente arrastrado por la historia y por la Historia. Permitidme el uso de la mayúscula para diferenciar lo que los angloparlantes, acertadamente, dividen entre story y history. Aunque los personajes son ficticios, el episodio histórico que les toca vivir no lo es. Min Jin Lee me ha hecho replantearme 
En cuanto me enteré de que Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio volvían a la carga con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, allá que me lancé a leerlo. ¿Cómo no hacerlo? Hace poco más de un año leí Las chicas son guerreras. 26 rebeldes que cambiaron el mundo, y me sorprendí de la cantidad de hitos históricos protagonizados por mujeres de los que nunca había oído hablar. Como no sabía si era solo cosa mía, cuando reseñé aquel libro, os hice un 
Muy bien. Pues ya tenemos aquí la conclusión del arco Batman Eterno con este segundo integral, formato tochazo. Si al finalizar el anterior habíamos dejado Gotham reventada por mil sitios distintos y con más frentes abiertos que la II Guerra Mundial aquí vamos a poder ver cómo poco a poco van a ir cerrándose, con hilo y aguja, con precisión quirúrgica, algunos de ellos.
Cuando comencé a leer Honrarás a tu padre y a tu madre, de 
En las cosas del amor no hay nada más grande que el primero, ya que será con lo que midas el resto de experiencias de tu vida. Amar de verdad significa inquietud. Inquietud por encontrar a la persona amada en cada esquina que doblas; esperar a que suene el teléfono para volver a escuchar su voz; hacer que cada conversación tenga que ver con el amor. La música que escuchas, las películas que ves, los libros que lees, de todo extraes la savia necesaria para calmar esa inquietud que en ti deja el primer amor. Y el primer amor a veces dura para siempre y se hace único y, la mayor de las veces, se acaba. Pero no así la inquietud. No, esa no se muere jamás.
Cuando anuncié por las redes sociales que iba a leer la tercera parte de Yo antes de ti mucha gente se puso en contacto conmigo para preguntarme por la saga. Otros muchos me dijeron que habían leído la primera parte por el boom que hubo en su día, pero que después les dio pereza seguir con la historia (visto el final del primer tomo). Y yo que no me lo explico. No lo entiendo. ¿Seré yo la única que estaba deseando que la vida de Louisa Clark continuara? Es imposible, no puede ser. Me cuesta mucho comprender a aquellas personas a las que no les gusta esta trama y que no entienden por qué la autora, Jojo Moyes se ha atrevido a escribir una tercera parte.
Una de las cosas que más me gusta en este mundo es escribir. No hay día en el que no escriba. Bien una de estas reseñas, algún que otro artículo o bien, dependiendo de mi grado de inspiración, un trocito de mi novela o un poema. Me gusta escribir porque me puedo desahogar, porque hay días en los que todo lo que se me ha quedado acumulado dentro sale como una cascada por mis manos para convertirse en letras y letras. Que a veces tienen más sentido que otras, dependiendo del número de sentimientos que se alborotan dentro de mí, pero que, al fin y al cabo, son mi mejor vía de escape.
