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Palabralogía, de Virgilio Ortega

Palabralogía

PalabralogíaCuando niños, hablamos cotidianamente en nuestra lengua natal y ni siquiera nos ponemos a pensar en por qué, una detrás de la otra, vamos escogiendo determinadas palabras entre todas las que existen para usar; tampoco nos preocupamos por preguntarnos porqué “libro” se dice “libro” y no, por ejemplo, “elefante” ya que nos parece totalmente lógico que se diga de esa manera y no de otra. Cuando empezamos a crecer, comenzamos a entender que todas las historias se escriben con palabras, pero todas las palabras también tienen sus propias historias. De eso se trata Palabrología, un apasionante viaje por el origen de las palabras.

La etimología, disciplina filológica que estudia el origen de las palabras y la evolución de su forma y significado, es el alma de este libro y el autor nos propone conocer la historia de las palabras vivas que resistieron el paso del tiempo y llegaron a nosotros (aunque muchas deformadas) para permitirnos comunicarnos fluidamente. Ante esto, la estructura del libro, resulta clave. Es que Virgilio Ortega, licenciado en filosofía y letras, nos propone un viaje imaginario por distintas épocas y lugares históricos para, de manera amena y clara, sumergirnos en la vida cotidiana y a través de ella ir conociendo el origen de cientos de palabras.

Así, tras un capítulo introductorio y general en el que conoceremos el origen de los nombres de los días, meses o estaciones del año, viajaremos a Egipto, Atenas, Los Juegos Olímpicos, Roma, Salamanca y Upsala, diversas épocas y lugares que son claves para que hoy hablemos español de la forma que lo hacemos y con las palabras que utilizamos. El lector, además del origen de las palabras, podrá así conocer historia pura y dura ya que al mismo tiempo que noveladamente asistimos al Coliseo romano, el autor, que cual Marty McFly va saltando de año en año, nos va aclarando el significado de cada palabra en cada época. ¿Vemos un Gladiador? Pues te recuerda que su nombre deriva de Gladius, la “espada corta” de los luchadores romanos ¿viajamos a un anfiteatro griego? Entonces aprenderemos que Anfiteatro significa “teatro por ambos lados” y que “Anfi” también se usa en palabras tales como Anfibio (dos vidas) o Ánfora (dos asas)

Y así una y otra vez: historia y etimología a raudales para las mentes más curiosas.

Particularmente, por momentos el libro se me ha hecho un poco mareante, ya que leer un solo párrafo puede contener entre paréntesis, decenas de explicaciones etimológicas, haciendo que la lectura sea un parar y seguir constante, pero tal vez eso me ha ocurrido por no haber seguido el consejo que el autor da al principio del libro, que consiste en determinar previamente la forma en que se ha de leer Palabralogía. El autor propone que los amantes de la historia, lean todo el libro sin detenerse en los paréntesis, mientras que los amantes de la etimología solo lean los paréntesis. Como tercera opción el autor asegura que el libro puede leerse de corrido y al completo, pero aclara que puede resultar pesado y recomienda leerlo capítulo a capítulo, dejando espacio entre ellos para el descanso de la mente; lo que el autor se olvidó de tener en cuenta es que cuando un curioso como yo empieza a leer un libro para curiosos como éste, resulta imposible parar. La conclusión es que Palabralogía, en mi caso, requiere de una relectura, tras haber sido devorado apasionadamente.

Si eres un enamorado de la etimología y la historia, este libro te encantará; además, una vez leído y colocado en la biblioteca personal, quedará allí como referencia siempre que queramos quitarnos alguna duda sobre el origen de alguna palabra.

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Gran Hotel Abismo, de Marcos Prior y David Rubín

gran hotel abismo

gran hotel abismoAtento a la pantalla; empieza el show. Tras la mayestática musiquilla introductoria aparece el presentador. Apenas se ven los hilos que lo hacen hablar y moverse. Sus gafas de pasta tiemblan cuando su boca se lanza de lleno a una confusa perorata informativa. Los bancos siguen ganando dinero y propiedades mientras cientos de personas son desahuciadas, abandonadas a su suerte. La banca siempre gana. El gobierno mira para otro lado, pero extiende la mano para recoger su sobre. Cambio de canal. El presentador, que parece igual que el anterior, da paso a otra noticia. El político de turno, de grasiento peinado y sonrisa libidinosa, anuncia nuevos recortes a la vez que promete más trabajo. Parados sin ningún tipo de ayuda no pueden ver su comparecencia, la luz les fue cortada y una vela es su única esperanza. Velas que, en la quietud de la noche, prenden cortinas y calcinan personas. Noticias efímeras que son engullidas por la vorágine de la rabiosa actualidad. Como cuando un político corrupto es encontrado, botella de whisky en la mano, con el corazón roto por falta de uso. Prohibido alegrarse, prohibido pensar diferente, prohibido pensar. Aprieta bien esa mordaza. Cambio de canal. Un presentador de misma manufacturación que el anterior habla de protectores del orden y la paz que evitan, satisfactoriamente, golpeando, hiriendo, vaciando cuencas oculares, una manifestación. Cambio de canal. Cambio de canal. Cambio de canal. Así empieza el día El Animador. Un tipo que utiliza las noticias como carburante para su entrenamiento. Un hombre sin rostro, sin nombre; un ideal. Alguien que podrías ser tú. Una persona que, cansada de ser pisoteada por las instituciones que deberían cuidarle, se convertirá en el instigador de una violenta revolución en el explosivo inicio del cómic Gran Hotel Abismo.

Gran Hotel Abismo de David Rubín y Marcos Prior empieza donde concluía el V de Vendetta de Alan Moore: con una explosión que hace saltar por los aires el parlamento; fuegos artificiales que inauguran una violenta y necesaria revolución. A partir de aquí se nos muestra, como en este país ficticio ubicado en un futuro no muy lejano, la sociedad se alzará para luchar contra los tiranos que los esclavizan. El cómic se compone de cuatro capítulos que bien pueden leerse por separado, pero que leídos en conjunto forman parte de un todo mucho más enriquecedor e incómodo. Incomodidad sobretodo que surge cuando se descubre que, los medios de comunicación, hilo conductor de la narración, tan presentes en la historia (más incluso) como lo estaban en El regreso del caballero oscuro de Frank Miller, hablan de noticias que nos suenan. Porque, aunque David Rubín y Marcos Prior han ubicado el relato en un supuesto futuro distópico, las escenas que se nos revelan tras ir pasando páginas, ya las hemos presenciado por televisión. ¿Manifestaciones pacíficas acalladas a golpes de porra? Visto. ¿Enfrentamientos entre la policía y el cuerpo de bomberos? Visto ¿Políticos ladrones que se ríen en tu puta cara mientras rescatan bancos con el dinero público, o el contertulio “cuñao” (sí, el de las gafas, con rostro de lechón y con nombre de pasodoble verbenero que se baila en las bodas) que vomita falacias, insulta o hace apología de temas con hedor a naftalina putrefacta mientras se santigua? Hasta los huevos de verlo. También es cierto que, como el capítulo dos, de título Suite, los autores llevan a cabo el experimento mental que cientos de veces ha pasado por la cabeza del pobre ciudadano de a pie. Aquí Rubín y Prior nos cuentan las peripecias de un tipo de traje y corbata, de los que tienen cuentas en paraísos fiscales, que es secuestrado y obligado a vivir con la pensión media que recibe un jubilado.

¿Qué Gran Hotel Abismo será tildado de cómic panfletario? Eso seguro, sobre todo si no se lee y se observa en profundidad (varias lecturas necesarias con los ojos bien abiertos). Solo así se descubre que tras la sátira política hay una crítica, nada sutil, de la violencia institucional, del dominio que ejercen las multinacionales sobre los gobiernos y por ende en nuestras propias vidas (véase, en el cómic, a la policía patrocinada por Paypal, Nintendo o Fujitsu), o de ese pueblo aborregado que mientras no carezca de su “opio” es capaz de aguantar lo que sea antes que salir a manifestarse.

Antes he dicho que no solo hay que leer, hay que observar; y mucho. Porque las historias transcurren por ciudades repletas de detalles que, gracias a la superioridad visual que otorga el formato apaisado que nos ha brindado Astiberri, tornan más consistente el mundo del que Rubín y Prior nos hacen partícipes. Como el Mickey Mouse que parece estar presente en todas partes como emblema de la nación, los hospitales que pertenecen a la cadena de comida rápida McDonald’s o las grasas trans 100% garantizadas en toda buena dieta. Todo ello dibujado por un David Rubín más visceral que nunca. Que nos regala la vista con su mejor talento y un uso del color portentoso, pero también machacando, adrede, nuestras retinas (tan maravillosa, como dolorosa la doble splash page de la explosión) para que en ningún momento nos sintamos cómodos del todo. Porque, ¿qué revolución lo es? A esto hay que añadirle todos esos cameos, desde políticos y contertulios, pasando por Kaneda, protagonista de Akira, El Eternauta, Rorschach de Watchmen, la portada de Fagocitosis de Marcos Prior o el oso Sigfrido, personaje principal de La tetería del oso malayo.

Gran Hotel Abismo, que remata la faena con unos extras en los que los autores nos detallan el proceso de creación de un puñado de páginas, es un cómic tan contundente como necesario. Es, como se avisa al principio, gratamente perjudicial, porque te obliga a reflexionar, más de lo que estamos acostumbrados a hacerlo en el noveno arte. Y al hacerlo, al reflexionar largo y tendido, notas como tu Tyler Durden, al que los autores pretendían despertar, bosteza, se despereza y sonríe.

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Juguetes rotos, de José A. Bonilla

Juguetes rotos

Juguetes rotosHoy empiezo por el final de esta novela, porque hay un pequeño ensayo de José Ángel del Dios en el que nos recuerda que: “el psicólogo John B. Watson decía que hay tres emociones humanas no aprendidas, fundamentales y comunes en toda la especie humana: el amor, la ira y el miedo”. No voy a entrar a analizar esto, pero lo que es seguro es que el miedo nos acompaña desde la cuna hasta que nos morimos, y aunque duremos 100 años, siempre le tendremos miedo a algo o a alguien. Los miedos cambian con el tiempo, algunos son comunes y otros individuales. Algunos parecen tener origen o motivo y otros son irracionales e inexplicables. Toda nuestra vida estamos superando miedos y esto no es malo, nos hace aprender y madurar, hacernos más fuertes. El miedo también es importante porque nos hace prudentes, aunque no puede ser tan grande que nos paralice y no nos deje avanzar. Cuando eres un crio, estás intentando probar hasta donde llega tu valentía o tu miedo, todo el rato. Yo recuerdo querer ver aquellas películas que presentaba Chicho Ibáñez Serrador, Historias para no dormir, o las de Alfred Hitchcock presenta, pero luego me cagaba de miedo en la cama. Somos así.

Yo creo que esta novela sirve para esto, para probar si estoy preparado para superar este miedo. ¿A vosotros también os prevenían sobre el hombre del saco?  Yo tengo un vago recuerdo. Durante años mi mente me decía que lo había visto, pero fue una mezcla de lo que me contaron con una ensoñación. En este libro se hace real el monstruo.

Juguetes rotos se presenta para un público juvenil. Aclara la editorial, y yo me hago eco porque me parece importante, que es para jóvenes-adultos; cuidado con ofrecerle esta novela a un niño demasiado pequeño, sensible o inmaduro, porque igual la liamos. Os cuento el argumento.

Laura es una chica madura y responsable que está en cuarto de la ESO, a la que le toca pasar por una experiencia traumática. Su mejor amiga es Sandra, que está pasando por el proceso de separación de sus padres. La tía de Sandra vive a las afueras de Londres, en Watford, con su familia. Sandra invita a Laura a ir con ella y con su madre a pasar las fiestas navideñas a casa de sus tíos, para cambiar de aires. Allí conoce a George, el primo de Sandra, que se convertirá en un gran amigo y a Alex, un estudiante de Erasmus apasionado de las novelas de Sherlock Holmes, que vive en una casa cercana junto con otros chicos extranjeros. George les lleva a conocer El maravilloso mundo del Señor Brown, una tienda de las que ya no quedan, en la que se venden y reparan  juguetes antiguos, artesanos, especializada en maquetas de trenes. El señor Brown es un entrañable anciano que les enseña sus tesoros y les cuenta historias de la época de la Revolución Industrial. Al mismo tiempo, en Londres, un secuestrador en serie de niños pequeños está sembrando el pánico. Laura se cruzará con este fantasmagórico personaje y ella y sus amigos se ven metidos en medio de la investigación, que se complica más de lo que hubieran deseado.

Lo que en principio a mí me pareció un argumento interesante pero inocente, algo así, como una actualizada aventura de Los Cinco de Enid Blyton y que en la primera mitad del libro, parecía confirmarse, se me reveló como una autentica pesadilla en la segunda parte. Las últimas 100 páginas las pasas con el alma en vilo, aterrorizada y con los ojos como platos. ¡Madre mía! Señor Bonilla, señor Bonilla… vaya tarde de domingo angustiosa que me ha hecho pasar; pero hombre, con esa forma tan delicada de contar las cosas, llena de metáforas, tan victoriana, educada, y de repente se me pone usted así de bruto. Se lo perdono porque me lo he pasado pipa, sí, con susto, pero con gusto. Es como cuando llevas a un niño al tren de la bruja y pide una vuelta más aunque se tire todo el rato gritando de miedo. O como cuando estás viendo una película de miedo y pones la mano para tapar los ojos, pero miras entre los dedos.

Me gustó mucho la ambientación, y no solo porque me guste mucho Londres, me recordó a los libros antiguos, es clásica casi preciosista o barroca, no sé muy bien cómo definirlo. Utiliza lo real para meternos miedo, no un mundo fantástico y sobrenatural como Los juegos del hambre.

Antes de acabar tengo que hablaros de la maravillosa edición que acompaña a la estupenda historia. La editorial es nueva, Dilatando Mentes, y yo me pasearía por su web para que veáis su forma de trabajar. Cuidadísima hasta el último detalle. El libro es bonito físicamente, por dentro y por fuera. Han introducidos ilustraciones de Cecilia G.F. Tiene una presentación interesante. Cómo os dije al principio, tiene un ensayo sobre uno de los temas principales del libro. Añaden información y enlaces, para que puedas profundizar más. Hasta viene con un código QR con una lista de reproducción de música recomendada, para que nos pongamos de ambientación mientras leemos Juguetes rotos. En resumen, un magnífico trabajo.

 

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El libro de Mr. Wonderfuck, de Pedro Ample

El libro de Mr. Wonderfuck

El libro de Mr. WonderfuckTodavía es un poco pronto para que haya una posición común en torno al tema y más en un mundo en el que todo es tan intenso como fugaz, pero confío en que dentro de unos años habrá unanimidad acerca del daño que Paulo Coelho ha hecho a la humanidad. Está claro que antes de que él y su Alquimista se posasen sobre las manos de todo hijo de vecino ya existía un importante número de orgullosos defensores del ejército del buenrrollismo y del ‘serás lo que quieras ser’, pero él fue el artífice de que mucha gente, en apariencia cabal, se llegase a creer que era posible hacer desaparecer todos sus males simplemente a base de estirar la sonrisa hasta límites dañinos para la salud y de que sus tazas, agendas y estuches dijeran por ellos lo convencidos que estaban de que podían convertir el mundo en un lugar maravilloso.

Por eso muchos recibimos con especial entusiasmo la creación de Mr. Wonderfuck, una página de Facebook que utilizó las mismas armas que sus enemigos, los dibujos simplones y coloridos, para contraatacar con mensajes corrosivos e incluso dolorosos para el orgullo, pero mucho más reales. El libro de Mr. Wonderfuck, publicado por Plaza & Janés, es una recopilación de buena parte de estas ilustraciones; ordenadas en ocho capítulos, cada uno bajo un título más motivador que el anterior, constituyen en su conjunto un auténtico manual de antiayuda.

El desprecio de Pedro Ample, director creativo de profesión, por los mensajes vacíos y atontadores que pueblan las redes sociales desde casi sus orígenes se palpa en cada uno de sus dibujos. Fue eso lo que le llevó a comienzos de 2013 a dibujar la icónica caca rosa de la marca en una servilleta y publicarla en Facebook bajo el texto «2013 va a ser una gran mierda». Y es que la escatología es uno de los platos fuertes del humor que podemos encontrar en sus páginas, así como los juegos de palabras efectistas y, sobre todo, la facilidad para poner al descubierto esa cutrez tan inherente al ser humano que tantos otros tratan de ocultar bajo filtros de Instagram y fragmentos de novelas de Federico Moccia.

A la hora de recomendar este libro se abre un interesante debate que llevo manteniendo desde hace bastante tiempo, tanto interna como socialmente, en torno a la forma en la que uno se enfrenta al día a día. Hay gente que de verdad necesita que algo o alguien, desde su novio a la canción más empalagosa de Alex Ubago, esté a su lado en los malos momentos, que le apoye y que no le deje caer en una nueva sobredosis de Häagen-Dazs. Otros, entre los cuales me incluyo, preferimos enfrentarnos a los problemas cuando vienen, no tanto por valentía como por ir haciendo callo para que las siguientes veces el golpe sea menos doloroso. Si estas entre los últimos estoy seguro de que vas a disfrutar con las decenas de situaciones cotidianas que Ample ha recogido con toda la mala baba del mundo. Si, en cambio, eres más de los primeros, estate tranquilo: el universo está conspirando para ayudarte a conseguir un cerebro pronto.

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Esto no es Hawaii, de Jesús Ordovás

Esto no es Hawaii

Esto no es HawaiiUna de las cosas que siempre me han impresionado más de los libros es la capacidad que estos tienen para revelarte cosas que hasta ese momento creías distintas o incompletas. Solemos llenarnos de conocimientos parciales y pocas veces profundizamos en alguno de estos. Sabemos un poco de todo pero no sabemos mucho de algo. Y un claro ejemplo soy yo. Me encanta la música en español, soy un ferviente seguidor tanto de nuevos grupos como de bandas y cantantes ya consolidados y vivo pegado a mis auriculares. Y hasta hace unos días creía que podía defenderme si alguien me preguntaba sobre la movida madrileña. Hoy, gracias a Esto no es Hawaii, no es que pueda defenderme, es que incluso puedo atacar. Y gracias a un libro, el que cuenta «la historia oculta de la movida», de Efe Eme.

Esto no es Hawaii es como una biblia de la movida madrileña. En este libro, Jesus Ordovás, periodista musical y creador del programa ‘Diario Pop’ de Radio3 (con la sección ‘Esto no es Hawaii’ encabezada por la canción homónima de Loquillo y Los Trogloditas), nos ofrece una mezcla de recuerdos personales mezclados con las entrevistas que él mismo hizo en esos años a todas las bandas que despuntaban. Hablo de despuntaban pero debo decir que si lo hacían era en gran parte gracias a Ordovás. Y es que él era quien descubría a todos estos grupos nuevos y los mostraba al público a través de su programa. Loquillo y Los Trogloditas, Kaka de Luxe (con Alaska, Carlos Berlanga, Nacho Canut, «El Zurdo», Manolo Campoamor y Enrique Sierra), Nacha Pop, Radio Futura, Tequila, El último de la fila, Almodóvar y McNamara o Siniestro Total son algunos de los grupos que pasaban día tras día por un programa recalado al horario nocturno pero que cada vez escuchaban más jóvenes, hasta el punto de llegar a ser uno de los programas radiofónicos favoritos por estos.

Ordovás lo ha vivido todo, desde el inicio de lo que se llamó el «Rrollo» (con Burning a la cabeza), pasando por lo que él mismo etiquetó como la «Movida», hasta el momento de ver a los grupos de la época entrar a tocar en televisión. Pero a lo largo de ese trayecto – que se puede realizar en el libro – no todo ha sido un camino de rosas para el periodista musical. Y es que gracias a esta obra, en la que podemos disfrutar de amplias e inéditas –muchas de ellas – entrevistas a personajes ilustres del momento como Alaska, Almodóvar, Ariel Rot, Carlos Berlanga, Ramoncín, Manolo García o Loquillo – entre otros –, también descubrimos la cara oculta de un negocio con el que muchos vieron la forma de lucrarse sin ningún tipo de miramiento. Ordovás nos cuenta cómo tuvo que sufrir las presiones de los altos directivos de RNE cuando estos querían que dejase ya de promover nuevas bandas y centrarse en lo comercial, y nos ofrece a través de otras voces los entresijos de los contratos discográficos del momento, firmados por bandas de chavales inocentes sin conocimientos empresariales ni legales que lo único que querían era tocar y que poco tiempo después, tras su éxito, vieron que gran parte de lo conseguido pertenecía a su discográfica.

Esto no es Hawaii nos muestra, tal y como el propio nombre indica, que aunque la movida madrileña parezca una época de fiesta sin fin, de orgía musical diaria, un paraíso, también tuvo sus contras, como pueden ser esos malvados contratos, el afán de lucro por parte de empresarios o el poder de atracción de una Muerte disfrazada de droga. Pero a la vez puede verse el libro como un canto a la pasión profesional por parte de un amante de la música que lo único que ha buscado hacer en su vida es dar alimento al género musical en forma de nuevos talentos. Ordovás nos muestra que hay muchos que “triunfaron” profesionalmente en su mundo periodístico mediante falsedades, mentiras y daños. Pero también nos enseña, aunque no lo haya querido hacer conscientemente, que el que de verdad ha triunfado – esta vez sin comillas – es él. Por el amor que todas las bandas y sus componentes demuestran en este libro hacia su labor realizada, por la pasión que transmiten sus palabras, por las vivencias y anécdotas que nadie le podrá quitar. Eso debe de ser el éxito. O, como leí alguna vez, el éxito tiene que ser irse a la cama cada noche y poder dormir tranquilo. Y estoy seguro de que Ordovás lo ha conseguido.

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Tríptico, de Dionisio Rodríguez

Tríptico

TrípticoQuizás el nombre de este poeta español no os suene demasiado. Dionisio Rodríguez no es famoso ni ha vendido miles de libros, pero es un lector y un escritor empedernido. Poco tienen que decirme los libros superventas que colman las estanterías  de las librerías si no soy capaz de conectar con el autor. Imagino que a vosotros os pasará lo mismo. Dionisio Rodríguez es un autor cercano, un autor que te ofrece esa conexión de la que os hablo.

Este escritor madrileño, publicó en 2014 la novela La cornada y en 2015 salió a la luz Encuadernando pasiones, un conjunto de diecinueve historias. Su vocación poética se ha visto plasmada en la publicación coral Un rincón de versos (2015) y en el libro del que hoy quiero hablaros: Tríptico.

Asegura el autor que no duda en nombrar como referentes poéticos a autores como Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o su favorito, Pablo Neruda. Podría haber adivinado todas estas influencias sin que las hubiese nombrado, pues hay algo de todos ellos en la poesía de este autor. En ocasiones, mientras leía el poemario, algunos de sus versos me han recordado mucho, salvando distancias, a los de Bécquer. Supongo que hay algo de clasista en la poesía de Dionisio Rodríguez. Su lírica es la mayoría de las veces rimada, algo que hoy en día es difícil de encontrar. Sus temas, casi siempre amorosos y evocadores del tiempo, y el ritmo de sus poemas me han recordado en ocasiones a aquellas composiciones de los juglares. Como os decía, un tipo de poesía que hoy en día no es muy común y eso hace, precisamente, que destaque y llame nuestra atención.

Tríptico, como su nombre indica, es un libro divido en tres partes que está compuesto por las primeros poemas que compuso el autor. Me han parecido curiosas las tres partes en que se divide el poemario. Así, la primera parte está compuesta por poemas que aparecen en una novela del mismo autor que aún no ha sido publicada. En la segunda parte encontramos sus primeras obras poéticas, llenas de un gran lirismo sensual. La tercera parte es un precioso homenaje a la ciudad de Madrid, lugar donde el autor ha nacido y crecido.

Como os decía, el elemento común de estos poemas es la temática amorosa. A veces un amor satisfecho y pleno, otras un amor nostálgico y desgarrador que quiere evocar tiempos pasados.

Destaco, de la primera parte de este Tríptico, titulada Madurez adolescente, algunos versos que tanto me han recordado al romántico Bécquer:

Cortejar, hablar, escuchar, narrar, ¡Latir!

Recordar, pensar, llenar, emocionar, ¡Sentir!

Penetrar, mirar, besar, entregar, ¡Pedir!

Abrazar, rozar, llorar, enamorar, ¡Vivir!

¿Verdad que son muy becquerianos?

Los siguientes versos reflejan el estilo de su poesía:

La poesía suele ser pasional,

Se refiere al bien, y no al mal,

La mía no, quiere ser terrenal,

Cantar al roce experimental

Y a ese goce que es natural.

La segunda parte del poemario tiene por título Cuando el tiempo no importaba. Un título perfecto para encadenar nostalgias y podríamos decir “aquellos maravillosos años” donde se mezclan las primeras emociones con los futuros recuerdos.

Si supieras…

Hoy he salido a la calle, y llovía,

sin paraguas, sin abrigo, sin cura,

sin tu brazo rodeando mi cintura,

aquel gesto tuyo que me conmovía.

Hoy he vuelto a echarte de menos.

¡Si tú lo supieras!

También me ha gustado el poema en el que nombra a todos esos maestros que le sirven de inspiración poética. Algunos de esos versos:

Como Neruda, a un cartero,

Como Alfonsina, a mi alma desnuda,

Como Cortázar, al breve amor,

Como Gabriela, a mi desolación,

Como Martí, a una musa traviesa,

Como cualquier cantor a su alma (…)

La tercera parte, Romance en Madrid, esa que sirve de homenaje a la ciudad donde nació y vive el autor, contiene algunos poemas que me han gustado bastante. Especialmente:

(…) Sí, hay dos Madrid en Madrid,

uno, fascinante,

otro, agotador,

uno, enmudecido,

el otro, hablador,

como hay verano e invierno,

uno, donjuanesco,

otro, noviciado,

uno, comendador,

o de puro, pecado (…)

Tríptico es un temario atípico. Me explico: no es esa clase de poemarios que abundan ahora en las librerías. Es más bien un poemario convencional, de los de toda la vida. Un poemario que no tiene más pretensiones que dejar al poeta vía libre para expresarse, sin caer en demasiadas trampas ni artificios. Dionisio Rodríguez es un poeta sencillo, elemental, pero nada simple.

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Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson

Una breve historia de casi todo

Una breve historia de casi todoLeer libros de divulgación, a esta altura de mi vida, me parece el mejor camino para aprender; si bien sospecho por qué en los centros educativos del mundo se sigue con los mismos sistemas caducos, no puedo evitar sentir enfado al imaginar lo bien que les vendría a tantos millones de chicos tener la posibilidad de acercarse a este tipo de libros que, de forma amena y clara, enseñan tanto y tan bien. El mundo sería mejor si empezáramos creciendo así.

Tras haber disfrutado mucho de En casa, una breve historia de la vida privada, me puse a buscar qué otros libros tenía editados en español Bill Bryson, su autor. Y fue cuando me enteré de la existencia de Una breve historia de casi todo. La espera del cartero se hizo eterna, pero una vez recibido el paquete, todo lo que siguió fue leer. Y aprender. Y sorprenderme.

Una breve historia de casi todo consigue resumir en apenas 500 páginas las ideas fundamentales de varios temas diversos pero claves en la historia de todo lo que somos, tales como la física, la química y la geología; lo hace, como en el anterior libro, de una manera divertida, clara, atractiva y llena de ejemplos que nos dejarán con la boca abierta más de una vez.

Este libro es un no parar de datos sorprendentes de esos que todo curioso no podrá evitar marcar y repetir luego a todo aquél con el que se encuentre. Una vez terminado el libro, a uno le entran ganas de releer las decenas de páginas subrayadas para asombrarse una vez más. Ya desde la introducción del libro, el autor te atrapa con frases tales como “si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo”

La sensación que se fue apoderando de mí, página tras página, fue la de confirmar la increíble suma de casualidades que tuvieron que darse a lo largo de millones de años para que hoy estemos aquí, yo escribiendo y los visitantes de esta página, leyendo. Que habitemos sólo en una de las 14.000 vías lácteas existentes y que desde el origen de todo tras el Big Bang se hayan ido acumulando las medidas exactas de los diversos materiales necesarios para crear vida, resulta cuando menos fabuloso y al mismo tiempo sobrecogedor. Que dependamos del equilibro de varios elementos y que la alteración mínima de alguno de ellos derive en el fin de la vida y que sin embargo todo siga igual para que sigamos estando aquí, genera escalofríos.

A lo largo de 30 capítulos, Bill Bryson irá desarrollando diversos temas que van desde la construcción del sistema solar, los debates sobre el tamaño de la tierra o la definición y función de los átomos, pasando por la constitución del interior de la tierra y los mares y los cielos, para llegar finalmente a la evolución de las especies y las luchas descarnadas entre los científicos de todos los tiempos para que sus ideas, al principio descartadas, finalmente se conviertan en teorías dominantes.

Al igual que En casa, El autor se toma su tiempo para contar sus historias y va mechando datos impactantes (cuando dos bolas de billar chocan entre sí, en realidad no chocan… lo que sucedes es que los campos de las dos bolas que están cargados negativamente se repelen entre sí) con detalladas biografías de los diversos científicos que hicieron del mundo de hoy algo más comprensible. Ocurre entonces, como con cada libro de divulgación interesante, que el libro entre tus manos resulta ser el puntapié inicial para acercarse a otros a través de los cuales profundizar en temas específicos. Bendito problema.

Recomiendo encarecidamente la lectura de este fabuloso y curioso libro: hay mucho que aprender allí afuera.

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El Castigador: En el principio, de Ennis y LaRosa

el castigador en el principio

el castigador en el principioCreo que no exagero si digo que, tras treinta años dando botes por el universo Marvel, Frank Castle acabó encontrando al guionista que mejor entendió su drama interno y su personalidad: Garth Ennis. El guionista que se dio a conocer entre el gran público por su Predicador y toda una serie de obras de talante gamberro tuvo un primer acercamiento al Castigador en una miniserie que resultaba irónica: en el tono socarrón habitual de Ennis, Punisher no era más que una parodia de sí mismo, tn sólo una excusa para un cómic descerebrado del montón. Pero hete aquí que Garth Ennis tuvo una nueva oportunidad para acercarse al personaje, pero esta vez desde una perspectiva seria. Iría hasta el fondo de su psique para tratarlo de una forma verdaderamente adulta y realista. Y de esa nueva interacción con el personaje salió la maxiserie que ahora Panini edita en su colección Marvel Sagas, y que ya se inició con el tomo Nacimiento.

En el principio es el segundo tomo de la saga, guionizado por Ennis y dibujado en su totalidad por Lewis LaRosa. Tras los episodios en los que el guionista irlandés nos situó en la guerra del Vietnam para entender las motivaciones más profundas del personaje, ahora nos lleva al otoño de la vida de Frank Castle. Es un personaje maduro, entrando ya en la vejez, cansado de una lucha eterna contra el mal, pero aún así su empeño no ha cedido ni un ápice. Atrás ha quedado la sed de venganza por el asesinato de su familia. Ahora todo lo que le queda a Frank es la batalla que libra contra el mal, en la que se ha perdido completamente. Los últimos vestigios de humanidad han acabado cediendo a través de la pervivenvia de su guerra personal, y en esta ocasión, se enfrentará a todas las familias de la mafia en un sanguinario enfrentamiento en el que no hay vuelta atrás. Al mismo tiempo, la CIA intenta contactar con él para proponerle trabajar para ellos contra el terrorismo internacional, para lo que han obtenido la ayuda de un antiguo colaborador de Castle, Microchip, al que los lectores habituales de Punisher reconocerán.

Una vez liberado de la censura propia de Marvel, Ennis es capaz de crear al Castigador definitivo. La obra no da tregua al lector y la acción le envuelve casi desde la primera página. Ennis da inicio al volumen con un desgarrador y explícito recuerdo de la muerte de la mujer e hijos del protagonista para luego llevarnos a una montaña rusa que no hace sino escalar.

El Castigador: En el principio tiene la suerte de contar con un dibujante de excepción, Lewis LaRosa, que con su trazo realista pero sucio resulta un acierto estilístico definitivo. La planificación de página sigue un esquema bastante rígido: la mayoría de ellas son viñetas apaisadas que simulan una gran pantalla de cine, y el peso del trazo se dirige a los fuertes claroscuros que dominan la narración. Hay veces en las que incluso podríamos decir que el rostro sumido en las tinieblas de Frank Castle nos recuerda vivamente al de Clint Eastwood: un rostro duro, indomable, ideal para representar al Castigador.

Sin concesiones, con un Ennis más comedido en su vena más bufonesca, esta nueva entrega de El Castigador es el inicio de la historia definitiva de Frank Castle. Una historia que atrapa al lector desde sus primeros compases y lo arrastra a una espiral de violencia y destrucción hasta su conclusión. Un Ennis en estado de gracia que, afortunadamente, se toma en serio a sí mismo y al personaje para ofrecernos una historia crepuscular teñida de odio y venganza, pero sin evitar el que, estos mismos elementos nos impidan reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la violencia y de sus límites. ¿Y sabéis qué es lo mejor de este tomo? Que no hace más que comenzar lo que seguirá en los siguientes.

@cisnenegro

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El teatro de la memoria, de Simon Critchley

El teatro de la memoria

El teatro de la memoriaCon este libro me la jugué mucho, no voy a negarlo. Sabía de antemano que iba a suponer un reto. No soy demasiado aficionado a las lecturas fáciles —sólo hay que revisar mi historial reciente para comprobarlo— pero en esta ocasión era consciente de que me lanzaba a un territorio que apenas había explorado desde aquellos locos años de bachillerato, no tan lejanos por otra parte. Filosofía era una de mis asignaturas preferidas; quizás no a la hora de estudiarla, pues claramente era mucho más sencillo memorizar los cabos de España o las fases de la I Guerra Mundial que el método cartesiano, pero descubrir nuevas formas de reflexionar acerca del sentido de la vida y de las grandes preguntas que sobrevuelan nuestra existencia me pareció tan revolucionario como necesario. Tanto es así que no pude evitar decepcionarme al conocer la noticia de que una de las últimas reformas educativas en nuestro país buscaba reducir su importancia en las aulas. Una forma, tan sutil como perversa, de reducir las libertades de los estudiantes, al no incentivarles a descubrir a los grandes pensadores de la historia.

El teatro de la memoria, pues, ha supuesto mi reencuentro con la filosofía y este ha tenido su parte agradable y su parte dramática. Empezando por lo malo, esta lectura me hizo sentir, desde casi el primer momento, que me venía grande; ironías de la vida, dado su pequeño tamaño. Y es que uno no puede evitar sentirse sobrepasado y hasta, por qué no decirlo, ignorante, frente a un libro como este. No en vano, las referencias a autores y trabajos filosóficos son constantes. Lo positivo es que Simon Critchley demuestra ser un gran divulgador, al utilizar un lenguaje sumamente sencillo y una trama atrayente para conseguir que no desistas a las primeras de cambio.

El argumento, que más bien es un contexto sobre el que el filósofo británico posa su reflexión, es bastante curioso. El protagonista —que no es otro que el propio autor— recibe una serie de cajas con diversos documentos, todos ellos de tipo filosófico, que habían pertenecido a Michel Haar, un filósofo francés fallecido unos días antes. Entre los documentos Critchley encuentra un ensayo que le llama poderosamente la atención y que habla sobre el arte de la memoria y sobre la recurrente voluntad a lo largo de la historia, por parte de numerosos pensadores, de construir un edificio capaz de contener todo el pensamiento humano. Esta idea, junto a otro importante hallazgo que encuentra en una de las cajas, le llevan a obsesionarse profundamente, hasta el punto de decidir dedicar el resto de su vida a la construcción del teatro de la memoria.

Como ya he comentado, pese a que el lenguaje y la narración es asequible, no ocurre así con la mayor parte de las ideas y reflexiones que uno se encuentra cada pocas líneas. No recuerdo ningún libro —al menos no de esta extensión— que me haya obligado a hacer tantos recesos y a tener que releer tantas veces. Aún así, creo que el autor construye un híbrido eficaz, a caballo entre el ensayo filosófico y la novela (con más de lo primero que de lo segundo, eso sí) que es capaz de enganchar incluso a los que nos cuesta recordar de qué iba aquello de “el mito de la caverna”.

¿Qué he sacado en claro de El teatro de la memoria? Mentiría si dijera que mucho, aunque me aventuraré a lanzar una hipótesis. Para mí, el propósito de Critchley con este proyecto es el de jugar a elaborar su propio teatro de la memoria, un inventario de su propia vida, sus recuerdos, sus conocimientos y sus motivaciones para que éstas queden a salvo para cuando él ya no esté. Y es que qué es un libro sino un teatro de la memoria.

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Ser sin tiempo, de Manuel Cruz

Ser sin tiempo

Ser sin tiempoNo es el primer libro que les reseño de esta serie de Pensamiento Herder, recuerdo perfectamente mi primer encuentro con esta colección y que tuve el gusto y la ocasión de presentar a todos ustedes, me interesó en un primer momento por ser una serie de libros que estaba dirigida por el profesor Manuel Cruz, pero me sorprendió la claridad con la que Javier Sádaba me hablaba de religión y filosofía, temas de los que, como todos ya sabemos no es fácil reflexionar de forma personal y ya ni les cuento cuando hay que compartir estos temas con los demás. De hecho hay casas en las que está casi prohibido hablar de determinados asuntos cuando se está en reuniones familiares, en general la política y la religión estarían es esos primeros lugares. Temas que nos acaloran pero que deberían estar en permanente reflexión, y por eso es importante el debate filosófico más que la discusión acalorada.

Dice en un momento del libro el autor que a su hija, como al resto de los niños, le preguntaron en el cole que a qué se dedicaba su padre, es filósofo, contestó, ¿y qué hace?, pensar. Pues mi padre también piensa y no le pagan por eso… Yo no sé que respondería la niña, ni el valor que el profesor o profesora le daría a esa contestación, pero ahí había tema para poder reflexionar con los chavales.

Ahí había un hilo filosófico en el que iniciarlos en la comprensión de que el filósofo se sirve de la palabra y de la razón, como bien dice el profesor, luego solo el ser humano puede hacer filosofía, esto ya es de cosecha propia ¡Pero no el simple hecho de ser humano nos hace filósofos!

Yo soy una amante de la filosofía de Manuel Cruz, puede ser que, porque además de filósofo es un gran divulgador, y eso es importante, no es de extrañar que esté siempre tan solicitado por los medios de comunicación. A la gente le gusta porque lo entiende. Esto es así de sencillo. Tener un profesor al que comprendes te hace amar esa asignatura y generalmente le prestas a ella más tiempo y dedicación.

La Filosofía nos hace de alguna manera rebeldes, porque nos obliga a cuestionar, a dudar, y definitivamente a tomar una decisión que una vez asumida deberemos volver a cuestionar en este momento el resultado ….

En este momento se está cuestionando la filosofía en las enseñanzas medias. Pensemos también en quienes las imparten hoy ¿Filósofos? En este momento no tiene porqué, se trata de aprobar una oposición, pero sus estudios han podido ser por ejemplo de filología, o veterinaria … ¿No les parece curioso?

No hace mucho hablaba con un par de alumnas de Biotecnología que no dudaban en lo importante que es una buena base filosófica integral para poder avanzar con ciertas seguridades en su trabajo, porque no estamos hablando de religión, ni de ética, estamos hablando de un escenario que todo lo abarca, y ese es la filosofía. Y es por eso que, como bien dice el profesor Manuel Cruz, hacer desaparecer la filosofía de las enseñanzas medias sería ya una de las perores equivocaciones que se pueden encontrar en el sistema …

“En todo caso, dice el profesor, el reto fundamental que se desprende es el de ser capaces de responder a la pregunta: ¿de qué manera y en qué aspectos el cuanto se siglo XXI que llevamos vivido ha obligado a modificar no solo las categorías, sino también los cauces discursivos contemporáneos?”

En la tercera parte del libro vamos ya a pensar en el paso del tiempo, cuando empezamos a creer que ya poco a poco aquellas expectativas de inmortalidad van desapareciendo, y el sueño, como en un momento, dice el profesor, va virando a pesadilla…

Un punto del buen sentido del humor de Manuel Cruz podemos verlo cuando las cosas se ponen difíciles , esto es cuando hablamos del final, de la muerte:

“Porque el abandono de la vida de una vida superior que nos aguarde despueés de la muerte ha alterado por completo nuestra idea de lo que significa la vida plena. No está claro que hayamos ganado con el cambio, si planteamos la cosa con la ironía con la que lo ha hecho la socióloga alemana Marianne Gronemeyer: “La gente en la Edad Media vivía muchos más años que nosotros. Nosotros vivimos noventa años y se acabó; ellos vivían treinta… más toda la eternidad”

El libro termina con una última reflexión titulada ¿Adiós, memoria, adiós? Que, como el resto del libro daría para un debate de varios años, o de varias vidas, porque en definitiva esto es la filosofía ¡Pero algo tenemos que aprender! Filosofar no es hablar y hablar sino argumentar y argumentar.

Como en toros libros de esta serie no me ha sido fácil leerlo, pero si entretenido, no es una novela, ni un ensayo escrito para divertir al lector, sino para hacerle reflexionar, que en definitiva es lo que pretenden esta serie de libros.

¿Podía pensar en este libro, Ser sin tiempo, para una reunión del club de lectura?

¡¡¡Imposible!!!!

Absolutamente imposible, y no porque no lo apreciasen los miembros de mi grupo, o porque tema que alguien no pudiera seguirlo, deberían haberlos escuchado hablar de Gustave Flaubert, o de Gorki o de cualquiera de los autores y de los libros a los que nos hemos enfrentado todos selectos, todos, o la mayoría reflexivos… Pero también somos todos y cada uno de nosotros un “Ser sin tiempo”.

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Toda pasión apagada, de Vita Sackville-West

Toda pasión apagada

Toda pasión apagadaHace tan solo unos meses yo no sabía quién era Vita Sackville-West. La conocí gracias a la genial novela de Pilar Bellver de la que ya os hablé en su día: A Virginia le gustaba Vita. Virginia Woolf siempre me ha fascinado y desde entonces, desde que descubrí a la maravillosa Vita, ella también ha entrado en mi lista de grandes mujeres a las que admiro. Me encantan estas relaciones que se establecen entre libros y autores, entre autores y lectores. Esta es la magia de la literatura, ¿verdad? Ir pasando de lectura a lectura porque un autor te lleva otro, porque un título te recuerda algo que tienes un tu lista de libros pendientes o simplemente por azar. La cultura está en los libros y somos tan afortunados de tenerlos tan a mano, queridos lectores.

Para quienes no conozcáis a Vita Sackville-West os hablaré brevemente sobre ella. Vita, nacida en el año 1892 en Inglaterra, fue la única hija del tercer barón Sackville y de una hija ilegítima de Lionel Sackwille-West y de la bailarina española Pepita. Junto con su marido, el diplomático y editor Harold Nicolson, pertenecieron al grupo de intelectuales y artistas de Bloomsbury. Su matrimonio fue más bien un matrimonio de conveniencia, pues Vita mantuvo innumerables relaciones extramatrimoniales. Una de las relaciones más destacadas fue la que tuvo con la también escritora Virginia Woolf, una relación que duraría durante todas sus vidas. Pero Vita fue mucho más que la hija de, la esposa de o la amante de. Vita fue una gran poeta y novelista. Ganó el Premio Hawthornden en dos ocasiones por su poema narrativo La tierra y sus Poemas Reunidos.

Me temo que a pesar de los méritos propios, Vita no ha obtenido realmente el reconocimiento literario que se merece y por ello me encanta que la editorial Alfaguara acabe de publicar uno de sus libros. Es justo que todos tengamos la oportunidad de conocer a la Vita escritora, autora de varias novelas, de entre las cuales, Toda pasión apagada, es considerada como una de las mejores.

Toda pasión apagada narra la historia de Lady Slane, una mujer octogenaria que acaba de perder a su marido, el gran estadista Lord Slane. La novela está divida en tres partes. En la primera se narra la muerte de Lord Slane y los entresijos familiares. Descubrimos en esta parte de la novela la decisión que la anciana toma con respecto a sus últimos días de vida y las reacciones de sus extravagantes y complicados hijos.

En la segunda parte, asistimos a una suerte de juego de espejismos entre el presente y los recuerdos de la anciana. En la tercera parte, muy emotiva y desgarradora, comprendemos y aprendemos a valorar a Lady Slane y todas las decisiones que ha decidido llevar a cabo en sus últimos años de vida. Unas decisiones que por primera vez en su vida ha tomado actuando como ella realmente ha querido, siendo ella misma, sin sombras ni imposiciones.

Se aprecia en la narrativa de Vita una inteligencia desbordante que se muestra en la ironía y sutileza de su pluma. Tantos los personajes, como las descripciones y los diálogos que dibuja esta escritora nos descubren a una gran novelista. No sé si Toda pasión apagada es la mejor novela de Vita Sackville-West porque no he leído mucho más de ella. Pero sí sé que Vita es una gran escritora y que esta novela, dicen que inspirada en cierto modo en el libro Una habitación propia de Virginia Woolf, es una novela intensa, sorprendente y una excelente crítica a la high society inglesa y realmente merece la pena leerla.

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Diarios, de Kurt Cobain

Diarios

DiariosMe han dicho que un artista necesita la tragedia constante para expresar plenamente su trabajo, pero yo no soy un artista, y cuando en una canción hablo en primera persona, no significa necesariamente que dicha persona sea yo ni tampoco significa que yo sea un mero narrador. Significa cualquiera o lo que uno quiera, porque cada cual tiene su propia definición de una palabra en concreto y cuando se habla en el contexto de la música no se puede esperar que las palabras tengan el mismo significado que en su uso cotidiano, porque yo personalmente considero la música arte y cuando digo “Esa canción es arte” no pretendo equipararla con un cuadro, porque pienso que las artes visuales no son ni con mucho tan sagradas como la comunicación oral o escrita, pero no deja de ser arte y pienso que esta sociedad ha perdido de algún modo el sentido de lo que es el arte. El arte es expresión, y para expresarse uno necesita el 100% de libertad y la libertad que tenemos para expresar nuestro arte se encuentra en una situación muy jodida”.

Subrayé esa frase a los quince años. Mi madre me regaló Diarios, de Kurt Cobain cuando mi obsesión por Nirvana hacía que no pudiera parar de escucharlos. Lo leí con afán, casi sin aliento. Sintiendo escalofríos cada vez que Kurt abría su alma en esos trozos de papel arrugados.

Yo no conocía su música hasta que un amigo de aquel entonces me pasó por Messenger su canción más famosa: Smell like teen spirit. Yo no sabía si quiera qué quería decir Kurt en esa canción. Quizá ni él lo sabía. Y digo esto porque el título está basado en un desodorante que se llamaba Teen spirit. Imaginaos la situación: acabas de crear el himno grunge por excelencia, ese que va a hacer que tu carrera y la de los otros dos que te acompañan dé un giro de ciento ochenta grados. Tienes que ponerle un nombre y no se te ocurre cómo diantres llamarla… así que coges lo que tienes más a mano, que es un desodorante y decides ponerle su nombre a uno de los himnos de la década de los noventa. Pero era Cobain y él podía hacer lo que le diera la gana. Incluso componer una canción que se titulara Rape me que, para los que no saben inglés, significa “viólame”.

Así era Kurt, desquiciado y un tanto paranoico. O al menos eso deja ver en sus diarios. Este libro, publicado por Reservoir Books, es una recopilación de los diarios del famoso cantante de Seattle. Contiene las copias de sus manuscritos en los que se pueden ver desde dibujos —algunos demasiado perturbadores para mi gusto—, hasta las letras de sus canciones más conocidas. Entre ellas se puede encontrar la de Come as you are, que junto con Lithium, es una de mis favoritas. También hay alguna carta dirigida a su padre en la que le dice que ahora siente lo que es amar a un hijo y también hay otras cuyo destinatario no es ni más ni menos que Courtney Love. ¿A alguien se le ocurre algo más morboso que esto? Ya sabéis que se ha especulado muchísimo sobre la muerte de Kurt. Suicidio o asesinato. Diarios dan para teorizar bastante sobre estas dos posibilidades y los fans de la hipótesis de que fue Courtney quien mandó asesinar a su marido estarán más que contentos cuando lean estas páginas. Confieso que hace años me ubicaba en este segundo grupo y tenía la certeza de que la rubia era en realidad una viuda negra y que era culpable de haber privado al mundo de un artista de la talla de Cobain. Luego ese espíritu hambriento de conspiraciones fue dando paso a la idea de que Kurt era un pobre hombre que se había metido en un traje que no era de su talla. Entre eso, sus devaneos con las drogas, sus depresiones constantes y su mala vida no es de extrañar que un día viera una salida en la escopeta con la que se disparó. Para los morbosos, diré que el año pasado, veinte años después de su muerte, se filtraron las fotos de la escena. En ellas se puede ver una bolsa llena de cartuchos para la escopeta, la carta de suicidio dirigida a su mujer y a su hija, el brazalete que le pusieron cuando dejó el centro de rehabilitación por su adicción a las drogas y una caja en el que llevaba su kit de heroína. Eran más o menos las once de la mañana cuando decidió terminar con su vida.

Diarios son un imprescindible para todas aquellas personas que algún día se dejaron llevar por las letras atormentadas del de Seattle. Creo que es necesario leerlos para intentar entenderle. Yo no lo conseguí del todo, aunque me acerqué un poco más a su alma. Y eso, para un fan, es el mayor regalo que puede existir.

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