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La Esposa joven, de Alessandro Baricco

la esposa joven

la esposa jovenAlessandro Baricco.

¿He de decir algo más para que desees leer La Esposa joven?

¿¡Sí!?

Eso es porque no has leído antes a Baricco. Quien lee Seda queda fascinado para siempre, leyendo un libro tras otro, a la espera de hallar en otros autores la belleza y la lucidez que irradia Alessandro Baricco en cada frase. Y no es que yo sucumba con tanta facilidad a las artes de un diestro escritor, es que con Tierras de cristal me cautivó más si cabe. La conexión fue total. ¿Has sentido alguna vez que un escritor había escrito exactamente la historia que querías leer? ¿Has sentido alguna vez que esa era la historia que tú hubieras deseado escribir? Pues eso es lo que me pasa con Baricco.

Cuando vi La Esposa joven ni siquiera leí la sinopsis, algo impropio de mí. ¿Qué más me da de qué fuera? ¿Una joven de dieciocho años, la Esposa joven, llega a la casa de sus futuros suegros y se queda a vivir allí, a la espera de que regrese de su viaje el Hijo, con el que se casará? Pues bien, esa es la premisa, la excusa. No importa lo que pase desde ese momento hasta el final, solo quiero disfrutar de Baricco, palabra por palabra, de su humor desbordado de melancolía.

Los mundos de Baricco son inescrutables, con sus propias y extravagantes reglas. Aquí se teme a la noche, la infelicidad no es bienvenida porque es una pérdida de tiempo y tampoco se puede leer, pues es un paliativo de la vida innecesario. Los desayunos son actos ceremoniosos que duran horas, el Tío se pasa el día durmiendo, sin que eso le impida realizar sus labores e intervenir en las conversaciones cuando es necesaria su excepcional lucidez, y Modesto, el mayordomo, ha perfeccionado la tos como sutil código de comunicación y advertencia. Personajes que recuerdan a la literatura sudamericana, otra de mis grandes debilidades, donde los puntuales actos fuera de lo común se convierten en formas de vida.

El Padre, la Madre, la Hija; aquí nadie de la Familia tiene nombre, igual que hiciera Saramago en Ensayo sobre la ceguera. Y esa no es la única similitud que he encontrado con mi otro autor fetiche, pues los diálogos se suceden sin raya que los señalen, ni acotación que aclare quién parlamenta, aunque sin llegar al extremo de unirlos en una línea continua, recurso característico del nobel portugués. Y es que cuando la narración está en manos de genios, como lo son Baricco y Saramago, no se precisan etiquetas que concreten y limiten (los suyos son arquetipos universales) ni de líneas que guíen al lector (sus voces son siempre inconfundibles).

Por si esto fuera poco, Baricco también se permite un juego metaliterario, donde el narrador tiene su propia historia y se entromete en la acción de los protagonistas siempre que quiere, alterando las voces narrativas a su antojo, y reconociéndolo abiertamente, a sabiendas de que provoca quebraderos de cabeza al lector. Y tanto en la trama como en la subtrama: sexo, recurrente y obsesivo. Porque en La Esposa joven todo pasa a través de los cuerpos: conocer o desconocer el mundo y a las personas; amarrarse a la vida o abstraerse de ella.

La Esposa joven ha sido mi regreso a Baricco. En este libro he reconocido sus habituales personajes —extrañamente iguales, totalmente distintos—, esos que viven atados a sus pasiones y habitan un mundo entre lo real y lo onírico. Quizá sea porque todas las historias no son más que una, a fin de cuentas, y este escritor italiano sabe que el único gesto exacto es la repetición.

Seda, Tierras de Cristal o La Esposa joven.

Pero Baricco.

Siempre Alessando Baricco.

¿Hace falta algo más?

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Trainspotting, de Irvine Welsh

Trainspotting

TrainspottingTodos tenemos un amigo pesado que nos ha dicho como unas veinte veces que tenemos que ver Trainspotting. Si no lo tienes, quizá seas tú el susodicho. En mi caso, tenía una amiga que, en absolutamente todas las conversaciones, acababa recomendándote algún libro/película. Y en el cincuenta por ciento de esas veces, la recomendación era básicamente la película de la que vengo hablando. Así que un día, con el simple fin de que me dejara un poco tranquila, la vi. No voy a entrar en el debate de si es o no una obra maestra, ya que de cine entiendo lo mismo que de tiburones blancos, es decir, nada. Pero sí que puedo decir que ha sido una de las películas con las que peor lo he pasado de todas las que he visto. Durante todo el largometraje sentí una angustia que hizo que me planteara apagar el televisor y no seguir con aquella tortura. Pero a la vez, tenía la necesidad de seguir viéndola, de no apartar los ojos de la pantalla y de saber qué iba a pasar con Mark Renton. Me removió por dentro emociones que no sabía que ni existían y lo pasé realmente mal al ver el sufrimiento de sus personajes. Incluso llegué a pensar que la vida real de Ewan McGregor era como la de Mark Renton, por lo bien que interpretó su papel.

Para el que no lo sepa, Trainspotting es una historia de drogas. Irvine Welsh nos retrata con crudeza el día a día de un grupo de colegas escoceses que se dedican a más que tontear con las drogas. Aunque el protagonista es Mark Renton, en la obra interactúan decenas de personajes que irán dando juego al desarrollo de la historia. En este libro, nos encontramos a un grupo de yonkis que están metidos hasta el cuello en el mundo de la heroína. Todas las vidas de estos chicos giran alrededor del caballo. Se despiertan y no pueden pensar más que en prepararse la primera jeringuilla del día. Y en el momento en que no la tienen a mano, los sudores fríos y los temblores hacen acto de presencia.

Welsh nos demuestra que hay libros que no están hechos para todos. Todo el mundo puede leer a Dan Brown, o tal vez a Stieg Larsson. Pero no todos pueden leer a Welsh. Es así de simple. Welsh es irónico, rudo, directo, poco político, cortante, sarcástico y —no sé si esto os dará una pista sobre su manera de escribir—, escocés. Reconozco que a mucha gente no le gustará su manera de relatar y yo partía de esa premisa cuando empecé con esta obra. Pero yo, que soy muy dada a apreciar el valor de los escritores de expresarse libremente y sin miedo a reprimendas, me adentré en el mundo de los Skagboys con curiosidad y un poco de prudencia, recordándome que si no era capaz de continuar con la lectura, no me iba a quedar más remedio que dejarla y ponerme a leer algo más agradable. Pero por suerte para mí —y para ti, que has venido hasta aquí para encontrar una pequeña reseña de esta obra—, saqué fuerzas de flaqueza y la terminé. No sin esfuerzo, sinceramente. Es un libro que requiere tiempo y paciencia. También mucha energía y fuerza de voluntad. Porque es una historia muy difícil, muy ardua, muy desgarradora.

La verdad es que no sé si con esto te estoy animando a leer a Welsh o no… eso ya es decisión tuya. Pero quiero que, si decides adentrarte en este mundo, lo hagas con todas las consecuencias. Sintiendo cada arrebato de Mark Renton como si estuvieras en su piel. Sudando igual que él suda cuando no tiene la excarcelación corriendo por sus venas. Liberándote a su vez cuando él consigue elevarse durante unos efímeros minutos. Te aseguro que si lo haces, sentirás la necesidad irrefrenable de seguir con sus otras dos obras, Porno y Skagboys. La primera nos habla de lo que ocurre diez años después de Trainspotting y la segunda es una precuela, donde entenderemos el porqué de la perdición de estos chicos. Y sí al final te animas a compartir las desgracias de Renton, te darás cuenta de que no hace falta ningún caballo para trotar por otros mundos. Que para eso, basta con un buen libro.

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La cosa del pantano. La muerte no descansa, de Len Wein y Kelley jones

La cosa del pantano. La muerte no descansa

La cosa del pantano. La muerte no descansaLlega la tarde del viernes. Me dirijo a la tienda de cómics de mi barrio a comprar una historieta con la paga que he conseguido paseando al perro de mi vecina. Un chucho muy majo. Los estantes están repletos de novedades, pero esta semana solo puedo comprar uno de los tebeos nuevos. Veamos, ¿cuál cojo? ¡Oh, una nueva historia de Swampy! ¡Y escrita por su creador, Len Wein! Me llevo este: La cosa del pantano. La muerte no descansa.

Podría ir a mi casa y leerlo en mi cuarto, pero hoy hace un día estupendo para ir a la casa-árbol que construí con mis mejores amigos. Seguro que ellos ya están allí. Nos reunimos todos los viernes e intercambiamos cómics que hemos leído. Seguro que les flipa este último que me he comprado. Además, al ser en tapa dura, me aseguro de que mi amigo «el manazas» no lo rasga como hizo con la última grapa que le presté.

La última historia que leí sobre La cosa del pantano fue en la serie regular que escribió Scott Snyder junto a los dibujos de Yanick Paquette, y que ECC editó en España allá por 2012. Aquello fue un viaje psicodélico de ilustraciones que te introducían de lleno en el mundo del verde y un guion tan bien elaborado que era imposible dejar de leer. Es más, no querías dejar de hacerlo. He de reconocer que fue mi primera incursión en las historietas de la cosa del pantano y celebro que fuera así. Un ritmo y una calidad estremecedora. Una reinvención del personaje por parte de dos artistas del cómic que, juntos, hicieron un trabajo sobresaliente.

Una vez terminada aquella etapa, la serie la continuaron otros guionistas y dibujantes y perdí el interés en ella. Y ahora que he vuelto a ver a Swampy en portada y devuelto a la actualidad por su creador original, decidí que era el momento de reengancharme. Y ha sido un acierto. Diferente. Muy diferente a la etapa que he mencionado de Snyder/Paquette. Es más, creo que esta nueva historia de la cosa del pantano es la historieta ideal para leer en la casa-árbol. Por su tono setentero de guion sencillo y de rápida solución por parte de nuestro avatar del verde; por sus viñetas que secuencialmente narran la historia —aquí podría prescindirse de los textos que las acompañan— y nos hace viajar desde la ciénaga hasta el Himalaya (fascinantes dibujos de Kelley Jones); y por su peculiar tono ligero de terror, algo pasado de moda, pero con mucho encanto, en el que Alec Holland, la cosa del pantano original, se enfrenta a monstruos que acechan el bosque donde habita.

En la era en la que los cómics de superhéroes se están viendo mermados por la calidad de historias más adultas alejadas del tono poderoso y heroico de sus protagonistas, de vez en cuando se agradecen historias simples y ligeras para leer una tarde tranquila con tus amigos. Puede que el regreso de la cosa del pantano por parte de Len Wein no haya sido tan espectacular como me pareció en los cómics de Snyder/Paquette, pero creo que ha conseguido devolver la personalidad de unas historietas de otro tiempo que, para lectores con cierto gusto y encanto por disfrutar del placer de leer cómics entretenidos, no van a sentirse para nada decepcionados.

Por las páginas de La cosa del pantano. La muerte no descansa desfilan personajes míticos del universo oscuro y sobrenatural de DC como son Fantasma Errante, Deadman o uno de mis favoritos, Espectro, del que ya pude disfrutar hace bien poco de sus fabulosas historias en Gotham a medianoche. Y es que en este cómic, Alec Holland se ha cansado ya de ser el avatar del mundo verde. Se ha cansado de pelear, como medio de distracción y juego, con cocodrilos, serpientes y demás habitantes del pantano. Se ha cansado de combatir el mal desde esa ciénaga en la que ha quedado atrapado durante tanto tiempo que ya ni recuerda. Quiere volver a ser humano, recuperar su vida y tener una oportunidad de comenzar de cero. Pero cuando tiene la oportunidad, algo procedente de lo más oscuro y putrefacto del mundo resurge y Alec se demostrará a sí mismo quién es en realidad y cuál es su cometido.

Seguro que cuando llegue a mi casa-árbol mis amigos querrán quitarme el cómic de las manos en cuanto lo vean. ¿Cómo no hacerlo? Ellos, al igual que me ocurría a mí, estaban deseando encontrarse de nuevo con este personaje de culto que, con el paso del tiempo, no ha perdido un ápice de su estilo y encanto con el que fue creado. Y si tú también piensas así, desearás volver a los tiempos en los que te reunías con amigos después del colegio para intercambiar tebeos. Si es en una casa-árbol como los americanos, mejor. La cosa del pantano ha vuelto.

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Mr. Nobody 1, de Gou Tanabe

Mr Nobody 1

Mr Nobody 1El thriller psicológico es un género muy resultón tanto en el cine como en la pequeña pantalla. No hay más que pensar en nombres como Brian de Palma, David Lynch, Amenábar o M. Night Shyamalan, por no remontarnos a Hitchcock, y nos daremos cuenta de que es además un género de lo más fructífero. Probablemente nos costaría más nombrar obras literarias que encajen claramente en él, aunque, bien mirado, podríamos remitirnos a un autor de talla de Stephen King. Pero eso sí, si tuviéramos que mencionar títulos de novelas gráficas, ese número se reduciría a la mínima expresión. Hasta ahora.

Mr Nobody 1, primer volumen de una trilogía muy apetecible, se inscribe plenamente en el género del thriller psicológico. Tenemos a Kawai Susumu, un joven que, tras una dura infancia, en la que perdió a su padre antes de nacer y a su madre, poco después, ha conseguido superar todas las dificultades de la vida, ahora trabaja como detective privado y está a punto de casarse. El único nubarrón en su vida es un extraño recuerdo de juventud, relativo a un decisivo error cometido durante un partido de béisbol, que no deja de acosarle. En éstas estamos cuando recibe un curioso encargo por parte de un enigmático personaje, que le ordena que vaya a un motel ruso y espere nuevas órdenes.

En el motel se encuentra con tres hombres y una mujer, todos ellos con el mismo encargo que Kawai. Nadie sabe qué se espera de ellos ni tienen idea de quién les va a pagar, pero su primera misión disipa todos sus escrúpulos. Un tren de mercancías se va a detener durante cinco minutos a diez kilómetros del lugar donde se encuentran. Su trabajo consiste en dirigirse allí y abrir el último vagón. La recompensa, 100.000 dólares.

A continuación, acción, asesinatos bestiales, misterio y resbaladizas identidades que arrastran al lector página tras página. En un libro de estas características, es inevitable que, tras la lectura del primer volumen, nos sintamos un  tanto confundidos. Mr Nobody 1 prácticamente exige ser leído a una velocidad de vértigo, y al llegar al final nos encontramos, como es natural, con que todos los cabos están sueltos. En esa situación, y mientras esperamos la llegada del segundo volumen, el lector se ve obligado a releer el libro con más detenimiento para así matar el tiempo de espera. Y es entonces cuando el aspecto psicológico se impone al thriller. Dejamos de lado los brutales asesinatos y nos preguntamos sobre la relevancia de detalles como “Let it be”, la canción de los Beatles que canta Kawai y que, nos dice, era la favorita de su padre. Escuchamos con atención las palabras de Mika, su prometida, que le dice “para una mujer lo importante es el presente. El pasado no cuenta”. Observamos el detalle de que Mika ya estuvo casada, y nos inquietamos con ese extraño sueño en el que vemos unos cuerpos manipulados de manera extraña por manos y aparatos.

El destino de Kawai, pero también, y de manera significativa, su pasado, empieza a entrelazarse con el de sus compañeros de misión. Una es Nastasja, a quien su madre abandonó de niña en mitad de una clase de ballet, y el otro, Anri, desertor del ejército americano. Todos viven atormentados por un recuerdo que sólo ellos creen conocer. ¡Cuán equivocados están!

En fin. Habrá que ver si el segundo volumen responde a las expectativas que éste ha levantado. De momento, nos hemos quedado con muchas ganas de seguir.

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El gran imaginador, de Juan Jacinto Muñoz Rengel

el gran imaginador

el gran imaginadorQuien haya leído las anteriores obras de Juan Jacinto Muñoz Rengel, como El asesino hipocondríaco,  habrá visto que este autor malagueño busca la novedad en la escritura y le gusta romper los encorsetamientos de los géneros literarios.

Quien haya acudido a alguna de sus presentaciones o charlas habrá comprobado que es un apasionado de la ficción, en su vertiente creadora pero también en la lectora, y posee un significativo bagaje cultural, por lo que sus referencias a otros autores son habituales y muy instructivas.

Quien se aventure a leer su nueva novela, El gran imaginador, encontrará esa novedad, rotura de etiquetas y referencias literarias habituales en él, y disfrutará de su historia más ambiciosa (hasta el momento) y de un protagonista que tiene los elementos necesarios para pasar a la posteridad. Porque Nikolaos Popoulos, el imaginador, el soñador anacrónico, el fabulador interior, el salvador del mundo, nacido en Grecia, la tierra de la tragedia, los dioses prodigiosos, los héroes legendarios y los monstruos imperecederos, es el personaje que todo escritor quisiera crear… o ser, pues tiene el talento de inventar desde la nada, recordar todo lo visto y lo nunca visto y adelantarse siglos a sus contemporáneos.

No voy a adentrarme en detalles sobre la trama, ya que la grandeza de esta obra es su capacidad de sorprender al lector. Solo decir que podría considerarse una novela iniciática a grandes rasgos, una amena novela de aventuras por el Occidente y Oriente del siglo XVI, una puntual inmersión en los géneros de terror y ciencia ficción, una trama con fuertes anclajes históricos, una narración con un maravilloso toque de realismo mágico y un despliegue absoluto de fantasía, todo ello aderezado con el humor característico de Muñoz Rengel. El subtítulo de la obra, La fabulosa historia del viajero de los cien nombres, aporta el resto de información necesaria.

El gran imaginador es un libro que solo un gran lector podría escribir. Está plagado de guiños a otras obras, desde clásicos como Homero a contemporáneos como Oliver Sacks o G. R. R. Martin, aunque las referencias más evidentes y continuas son a Cervantes y El Quijote. Muñoz Rengel plantea así un juego metaliterario para los lectores más avezados, sin olvidarse de los lectores ocasionales, que encontrarán igualmente una historia llena de acción.

Pero El gran imaginador es, sobre todo, una obra que solo un gran escritor podría crear. La invención de un personaje de la magnitud de Popoulos y el manejo de una compleja estructura, que ensambla sin aristas ficción y hechos históricos, demuestran la capacidad de un autor que ha alcanzado su madurez narrativa y el excepcional trabajo de documentación que ha llevado a cabo. No sorprende que Muñoz Rengel haya invertido catorce años en gestar este libro.

Los amantes de la lectura empatizarán con Popoulos, pues les hará revivir la emoción infantil con la que se descubre la literatura y el cataclismo interior que provocan ciertos libros. Pero aún más lo harán los escritores, que comparten con él ese desbordamiento de las ideas, esas ganas de publicar, ese deseo de escribir el libro para el que han sido creados.

Popoulos dice, en un momento dado de la novela,  que no se puede sentir otra cosa que admiración por los autores de los libros que encierran vidas y mundos enteros, que nos transportan y embriagan y que nos hacen vivir un tiempo regalado. Y estoy completamente de acuerdo con él. Por eso, quiero mostrar en estas últimas líneas mi admiración, como lectora y escritora, hacia Muñoz Rengel, por si en el resto de la reseña no ha quedado evidenciado. Quien lea El gran imaginador, creo, coincidirá conmigo.

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El oficio del mal, de Robert Galbraith

el oficio del malVamos a quitarnos cuanto antes de encima el tema del pseudónimo. Que si Rowling para aquí, que si Rowling para allá. A ver. Robert Galbraith es el pseudónimo masculino de J.K.Rowling, autora de Harry Potter, una de las más maravillosas sagas de fantasía que se han escrito nunca. Eso ya lo sabemos. Ahora bien, ¿es necesario que comparemos todo lo que escribe la autora inglesa con la saga del joven mago? Pues no. De la misma manera que no comparamos todo lo que escribió Tolkien con El Señor de los Anillos o toda la obra de Asimov con Fundación. ¿Acaso todo lo que escriba Rowling debe parecer que está tocado por la mano de Dios? Yo creo que no. Soy más de quedarme con lo que leo. No comparar. Las comparaciones pocas veces ayudan y generalmente lo único que hacen es establecer paralelismos incorrectos.

J.K.Rowling lo tiene complicado. Y es por esto que su trabajo en estos libros de Cormoran Strike, tiene mucho mérito. Puede gustarte o no la nueva saga noir y de misterio pero lo que está claro es que ha conseguido sacudirse de encima los restos que quedaban de Hogwarts en su teclado. Eso es innegable. Ni rastro de magia. Es más, sí que hay varios rastros pero de sangre. Y en esta nueva entrega de la saga, hay mucha, mucha sangre.

En El oficio del mal encontramos a Cormoran y su compañera Robin recibiendo un extraño paquete que contiene una sorpresa en su interior: una pierna amputada. No es Comoran ajeno a la ironía que subyace en el envío debido a su propia cojera pero, abstrayéndose de este hecho, su mente analítica pronto le hace desmarcarse del camino que está tomando la versión oficial de la investigación. No tarda es descartar la única pista que sigue la policía y eso hará que él y su compañera investiguen por su cuenta, metiéndose en una espiral de acontecimientos que les harán ver como cada vez, el reloj corre más deprisa en su contra.

Rowling construye en esta entrega su atmósfera más cargada y agobiante. Satura el subconsciente del lector con alusiones salteadas a la vida de sus protagonistas y sus implicaciones personales en el caso. En esta ocasión, la autora amerita la construcción de una línea que de una manera sutil, con la voz del asesino como narrador, hace que el lector tema por la vida de Robin, quien durante todas las páginas de la saga había permanecido ajena a amenazas de este estilo. Nos da la autora además mucha más información de cómo evoluciona la relación entre Strike y Robin. Una tensión sexual creciente que coloca a los protagonistas en una encrucijada personal y profesional muy complicada de resolver.

Lo que más me ha llamado la atención de la estructura de la novela es que no hay tramas paralelas que alivien la tensión de la linea principal. Eso hace que, al sumergirte de lleno en la resolución del caso, no haya un solo segundo de respiro, experimentando así una realísima sensación de agobio conforme avanzamos en la lectura.

En mi opinión, El oficio del mal es el mejor de los tres libros de la saga Cormoran Strike. Sin duda alguna. Estoy seguro de que hará las delicias de los seguidores de la autora inglesa y de muchos de los amantes del genero noir. Además, este libro tiene algo muy bueno y es que no solo se puede leer de forma independiente, sino que no da pistas de la resolución de sus dos anteriores entregas. Una gran forma de introducirte en la obra de J.K.Rowling más allá del Ministerio de Magia.

Ya se habla en ciertos foros de un acuerdo existente para que los libros de la serie Cormoran Strike cobren vida en la pantalla. A mí, los argumentos me parecen más adecuados para la televisión que para el cine y es sabido que la a la autora le gustaría colaborar con el guionista en el argumento y la adaptación.

Yo ya me estoy imaginado al detective Cormoran Strike y a su ayudante Robin, saliendo de su despacho-cuchitril en pleno centro de Londres. ¿Y tú? ¿Te lo imaginas? Pues no esperes a la serie. Échale mano al libro.

 

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Diario Interestelar, de María Durán Montes

Diario interestelar

Diario interestelarAbrochaos los cinturones porque vamos a emprender un viaje, queridos lectores. Antes de nada, tengo que deciros que para realizar este viaje es necesario que abráis bien los ojos y que olvidéis el vértigo. Además, voy a necesitar toda vuestra inocencia para que todo salga bien. ¿Estáis de acuerdo? Volemos, amigos.

Este viaje empieza en nuestro interior. Va a ser un viaje emocional, un viaje atrevido y curioso. Pero también vamos a movernos, tranquilos. ¿Veis aquellas cometas rojas? Tenemos que seguirlas, tenemos que ir volando tras ellas siguiendo sus pistas. Subid al globo y dejaos llevar. El aire nos mecerá, las cometas nos guiarán y el mundo será nuestro destino. ¿Estáis preparados? ¡Un, dos, tres: a volar! ¡No miréis abajo! ¿Veis la Torre Eiffel? Sí, aquella ciudad es Lisboa. ¡Cuidado con ese pulpo gigante!

Cuando lleguemos a nuestros destino, queridos lectores, os aseguro que todos vais a encontrar lo que estabais buscando. Esbozareis una sonrisa, sin duda, y estaréis orgullosos de todo el camino recorrido. Poneos cómodos, el viaje va a ser largo.

La editorial Modernito books ha publicado este genial libro con vocación de viajero. Un libro que nos invita a emprender un viaje por todo el mundo acompañando a una preciosa niña que no tiene miedo a las alturas. Pero, ¿a dónde va esta niña?, ¿qué está buscando? Sólo podréis saberlo si viajáis con ella. Y os prometo que es un viaje que merece la pena. La ilustradora María Durán Montes ha creado un cuento original y muy bonito. A lo largo de sus páginas, las ilustraciones de María nos invitan a soñar, a volar, a reír, a descubrir y a descubrirnos. Es un ejercicio de entrega y de imaginación  el que nos propone esta autora, pues éste es un libro sin texto. Extraño, ¿verdad? Diario Interestelar es un libro que nos cuenta una hermosa historia tan solo con sus ilustraciones. Yo no estoy acostumbrada a este tipo de libros. Como ya os he comentado en alguna ocasión, no he leído muchos cómics ni novelas gráficas y mucho menos me había topado con un libro que no tuviera nada de texto y que sólo se sirviera de sus ilustraciones para narrar una historia. Me parece un ejercicio realmente original y difícil el que ha hecho María Durán Torres en este libro y el resultado es una delicia, amigos. Vamos, que si no lo veo con estos ojitos míos, no lo creo.

Esta historia contada sólo mediante imágenes es un homenaje al steampunk y al retrofuturismo. El libro está ambientado en los años 20-30 y las ilustraciones son delicadas, oníricas y muy muy sugerentes. Tanto que son capaces de sugerirnos toda una historia tan sólo con sus suaves trazos.

El ritmo es lento y delicado, así como el ritmo que mece al globo en forma de pez en el que nos trasladamos a lo largo de sus páginas. El viento nos lleva y nos sumerge de lleno en esta historia. Diario Interestelar es un libro para dejarse llevar. Un regalo perfecto tanto para adultos como para niños, pues es capaz de despertar la imaginación de todos nosotros. Ha sido una sorpresa muy gratificante enfrentarme a esta novela gráfica sin texto y haberla disfrutado tanto. Os la recomiendo, sobre todo, por el ejercicio de imaginación que supone, porque nos despierta y nos convierte, a la vez, otra vez en niños. ¿Cuál será vuestra recompensa? Sólo al final de este viaje lo descubriréis. Así que, queridos lectores, dejaos llevar. Ya me contaréis qué tal vuestro viaje.

 

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Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll y Pat Andrea

Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillasEste ha sido mi año Alicia, sin duda. Ya os he comentado en alguna ocasión que esta niña creada por Lewis Carroll me fascina y que me parece uno de los personajes literarios más interesantes de la literatura universal. Este año 2016 he tenido la suerte de poder disfrutar de dos publicaciones preciosas de este libro. De una ya os he hablado, se trata de la genial obra de arte ilustrada por Benjamin Lacombe y publicada por Edelvives. Una verdadera joya. La edición de la que hoy os hablo no se queda atrás, es otra auténtica maravilla.

La editorial Libros del Zorro Rojo es la encargada de la publicación sobre la que hoy escribo. Éste no es un libro normal, ya os aviso. Esta edición de Alicia en el país de las maravillas es un libro-arte, un libro de esos que pueden estar expuestos en un museo como una auténtica obra de arte para que pueda ser admirado. ¿Os parece exagerado decir esto sobre un libro? No lo es, os lo aseguro. Hay algunos libros que son mucho más que tinta sobre papel narrando historias. Hay libros que son auténticas delicias, libros cuidados, trabajados y que tienen vida propia. Éste es uno de ellos.

Esta edición bilingüe cuenta con las originales ilustraciones del holandés Pat Andrea. Normalmente, las ilustraciones suelen acompañar a los textos, pero en este caso, los dibujos que aparecen en este libro no acompañan la historia de nuestra querida Alicia, sino que la complementan. Pat Andrea es un pintor y escultor que imparte clases en la Escuela de Bellas Artes de París. Sus obras, llenas de subjetivismo, y en ocasiones surrealismo, desprenden una fuerza única. Es bastante conocido dentro del mundo del arte, aunque yo deba confesar que no lo conocía. Como os decía, en general, su manera de dibujar es bastante surrealista, con mucha fuerza y evocadoramente poética. En esta ocasión, sus ilustraciones están a la altura de ese mundo onírico y extraño que describió Lewis Carroll. Son dibujos que atrapan tanto a niños como a adultos y esto lo sé de primera mano. En cuanto recibí el libro y mi sobrina de ocho años lo vio, empezó a devorarlo, atraída por la edición y los dibujos. Tanto le estaba gustando, que esa misma mañana leyó al menos veinte páginas. Así que no pude hacer otra cosa que dejárselo para que lo leyese ella primero. Vosotros tampoco podéis negarle nada a una niña de ocho años ¿verdad?

Las historias de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo las conocemos más o menos todos. Los que no hayan leído los libros (muy mal hecho, no sabéis lo que os perdéis), conocerán quizá la historia por sus adaptaciones al cine. Estas aventuras, salidas de la imaginación de un inspiradísimo Lewis Carroll, son atípicas, diferentes y tremendamente originales. Como os dije antes, las ilustraciones de Andrea Pat no acompañan esta vez al libro sino que forman parte de él, de su esencia. Pat Andrea consigue mimetizarse con la forma de escribir de Carroll y sus surrealistas historias.

Esta edición cuenta con dos volúmenes: Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. La primera parte está formada por las veinticuatro obras realizadas por el artista para ilustrar los doce capítulos en que se divide la novela. La segunda parte contiene la totalidad del texto original de Lewis Carroll y una maravillosa traducción que conserva, sin duda, la magia del texto original.

Además de la maravilla que supone leer estas dos historias, la presente edición es un deleite para nuestros sentidos. Este libro es un regalo y me parece que estas navidades los Reyes Magos van a repartir mucho surrealismo y originalidad por las casas. Ya os he dado una pista para regalar a alguien especial. De nada, para eso estamos.

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Entrevista a Ruta Sepetys, autora de “Lágrimas en el mar”

Ruta Sepetys

Ruta SepetysCon una exitosa carrera como productora musical a sus espaldas, Ruta Sepetys se lanzó al mundo editorial en 2011 con su primera novela, Entre tonos de gris, inspirada por la historia de su padre, un emigrante lituano cuya familia fue víctima del genocidio estalinista. Fue todo un éxito con más de 600.000 ejemplares vendidos, y dos años después publicó, El color de los sueños, ambientada en el Nueva Orleans de los años cincuenta. Lágrimas en el mar (publicada recientemente por Maeva), es su tercer proyecto y, según la propia autora, el más ambicioso. En él cuenta la historia del Wilhelm Gustloff, un trasatlántico que se construyó por orden de Hitler como crucero de recreo para controlar el ocio de las clases obreras alemanas y, que durante la Segunda Guerra Mundial, fue reconvertido en buque hospital para atender a los soldados heridos, hasta que en 1945 inició su última misión: evacuar a miles de refugiados que huían del asedio de los Aliados. Ruta Sepetys, la autora de los episodios ocultos de la Historia, responde a las preguntas de Libros y Literatura.

1. En la contraportada del libro se pregunta qué es lo que determina la forma en la que la historia y el legado de una cultura se preservan y se recuerdan. ¿Ha hallado respuesta a esta duda? ¿Por qué cree que el hundimiento del Wilhelm Gustloff ha sido relegado al olvido a pesar de ser la mayor tragedia marítima de la historia?
Los alemanes me contaron que después de la Segunda Guerra Mundial no veían apropiado posicionarse ellos mismos como víctimas y eso contribuyó a que esta historia se mantuviera oculta.
2. Los personajes de esta novela proceden de distintas nacionalidades y situaciones y, por tanto, tienen puntos de vista diferentes. ¿Ha sido muy complicado contar la historia desde cuatro enfoques tan distintos?
Fue muy difícil. Pero no fue por la parte cultural sino por crear una voz única para cada uno de estos personajes porque no quería que el lector los confundiera y siempre supiera en qué cabeza estaba. Entonces lo más difícil fue conseguir dar una voz única a cada uno de ellos.
3. ¿Y ponerse en la piel de Alfred, un soldado nazi, teniendo además en cuenta la historia de su familia?
Alfred no tiene compasión ni sentido de la empatía. Para crear su personaje, investigue al Adolf Hitler adolescente. Para escribir sus capítulos tuve que imaginar a una persona constantemente perseguida por el miedo.
4. Al narrar sucesos históricos como el del Wilhelm Gustloff, del que además no existe demasiada información, hay que realizar un gran trabajo de documentación. ¿Cuánto tiempo le ha llevado este proceso y qué parte considera que es la más difícil?
Me llevó más de tres años investigar y escribir el libro. Una de las dificultades al escribirlo fue contar la historia alternando el punto de vista de cuatro personajes diferentes. Fue un desafío asegurarse de que cada voz era distinta y única.
5. Su libro, con las historias de estos personajes que huyen de la guerra buscando una oportunidad, la libertad, llega en un momento en el que desgraciadamente el drama de los refugiados ha alcanzado un punto crítico. ¿Pretendía mandar algún mensaje en particular con su obra respecto a este tema?
Comencé a escribir el libro en 2012, varios años antes de la actual crisis de refugiados. Mi interés por ellos proviene del hecho de que mi padre es un refugiado y pasó nueve años en los campos de refugiados.
6. Todos los libros que ha escrito hasta ahora pertenecen al género histórico y van dirigidos a un público juvenil, ¿cuál es la razón? ¿Se ve escribiendo otro género o dirigiéndose a otro público?
Es un honor escribir para los lectores jóvenes. Son muy astutos. Exigen autenticidad y precisión, probablemente incluso más que los lectores adultos. Me siento muy afortunada de escribir libros que son leídos tanto por lectores jóvenes como por adultos y espero seguir escribiendo este tipo de novelas “crossover” (libros que consiguen vencer las barreras de la edad y son leídos por jóvenes y adultos).
7. Además de escritora es productora musical y ha alcanzado el éxito en ambos oficios. ¿Es difícil compaginar dos profesiones tan distintas?
Definitivamente hay puntos en común entre mis carreras en la música y en la escritura. El ritmo y la melodía son uno de ellos. Después de pasar más de veinte años con compositores, aprendí cómo el ritmo y la melodía son poderosos en cualquier proyecto creativo. El ritmo y la melodía hacen una frase memorable. Tengo esto en mente mientras escribo y leo mi trabajo en voz alta para escuchar cómo fluye. La música y la escritura trabajan juntas de manera natural.
8. Si tuviera que ponerle banda sonora a “Lágrimas en el mar”, ¿cuál sería?
La banda sonora sería triste, tal vez solo piano y violín
9. ¿Qué lee Ruta Sepetys en su tiempo libre y a quién admira?
Me encanta leer biografías y memorias. También disfruto con las historias cortas. Admiro la obra de Rainer Maria Rilke.
10. Tengo entendido que es una apasionada de los episodios ocultos de la Historia y, por eso, no puedo finalizar esta entrevista sin preguntarle: ¿ha elegido el próximo suceso con el que nos sorprenderá?, ¿puede adelantarnos algo sobre él?
¡Sí! Estoy trabajando en una nueva novela. La historia se sitúa en la década de 1950 en Madrid, durante la dictadura franquista.

 

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Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys

Lágrimas en el mar

Lágrimas en el marSe suele decir que una imagen vale más que mil palabras. En muchas ocasiones es cierto. Una sola imagen captada en el momento correcto puede mostrar y resumir a la perfección una historia o un sentimiento. Pero las palabras… las palabras van más allá, dan color a las zonas oscuras y, sobre todo, aportan detalles y matices que en una sola imagen no se pueden ver. Desde siempre hemos sido testigos a través de la televisión de violencia, hambre, injusticias, pobreza, guerras… en definitiva, de distintos desastres tanto naturales como propiciados por la mano del hombre. En el último año nos han impactado y destrozado los distintos documentos gráficos con los que nos han bombardeado los medios sobre los refugiados sirios llegando a las costas de Grecia y Turquía. En España, sin ir más lejos, vemos constantemente a miles de emigrantes tratando de cruzar nuestras fronteras y perecer en el intento. Son imágenes escalofriantes y se nos quedan grabadas en la memoria, pero aún así, son sólo una pequeña pieza de una historia mucho más grande. Y eso, amigos, profundidad y detalles, es lo que nos aportan las palabras.

Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys, pone el foco precisamente en la historia de unos pobres hombres y mujeres que tienen que huir de sus lugares de origen para escapar de la violencia y crueldad de la guerra y del hombre.

¿En qué nos habíamos convertido los seres humanos? ¿Era la guerra lo que nos volvía malvados, o simplemente despertaba la maldad que ya habitaba en nuestro interior?

Ruta Sepetys nos cuenta la historia del Wilhelm Gustloff, un trasatlántico (construido por orden de Hitler en tiempo de paz para dirigir y controlar el ocio de la clase obrera alemana, además de exaltar las virtudes del régimen nazi), en el que viajaban los sueños y esperanzas de libertad de hasta 10.000 refugiados y militares alemanes que huían del asedio al que estaba siendo sometido el este de Europa por parte de los Aliados, durante los coletazos finales de la Segunda Guerra Mundial. El barco jamás llegó a su destino debido a que fue el blanco de varios torpedos lanzados por un submarino soviético el 30 de enero de 1945. Su hundimiento supuso la mayor tragedia marítima de la historia superando con creces el número de fallecidos del Titanic y del Lusitania, con más de 9.000 personas que perdieron la vida en las heladas aguas del Báltico aquel fatídico día.

Durante las semanas que pasé huyendo me había imaginado todos los finales posibles. Había hecho un listado de todas las formas en que podría morir. Eran espantosas, aterradoras. Había planeado detalladamente cómo me defendería, que arma usaría. Pero esto no me lo hubiera imaginado nunca. ¿Cómo te defiendes ante la agonía prolongada e insufrible de saber que terminarás rindiéndote al mar?

En Lágrimas en el mar conocemos la historia desde el punto de vista de cuatro protagonistas cuyo único rasgo en común es que son prácticamente niños, jóvenes de entre 15 y 21 años. Cada uno proviene de un país y carga con sus propios demonios y circunstancias, pero todos ellos se ven obligados a madurar y a enfrentarse a la terrible época en la que les ha tocado crecer. Ruta Sepetys es directa y sencilla y mediante capítulos cortos va pasando de un personaje a otro haciéndonos ver las distintas formas de afrontar y actuar ante un suceso de tal envergadura.

Aunque los protagonistas sean tan jóvenes y el libro se haya clasificado como histórico juvenil, se puede leer y disfrutar tengas la edad que tengas. No es una novela especialmente detallada, pero cuenta e introduce en la narración perfectamente los datos suficientes para trasladarnos a ese periodo histórico y, sobre todo, expresa muy bien las reflexiones y pensamientos de este grupo de críos que luchan por sobrevivir. El foco de esta obra está puesto en las personas, en sus historias, en lo que supone verdaderamente una guerra para la gente que sin quererlo ni comerlo se ve inmersa en ella y se ven obligados a alejarse de sus hogares, a ver morir a sus seres queridos y a dejar atrás sus raíces. En este libro vemos cómo el ser humano puede ser generoso y solidario o cruel y egoísta; cómo el hombre es capaz de lo mejor y de lo peor.

Deseé poder hablar lituano en vez de alemán. Cantar canciones lituanas. Me habían obligado a dejar atrás todo aquello que siempre amé (…) He perdido a mi familia, mi idioma y mi país. Lo he perdido todo.

Ruta Sepetys hace un ejercicio de memoria en Lágrimas en el mar. Le da voz a las miles de personas que fallecieron aquel día de 1945 y nos descubre un suceso que no ha colmado los titulares y ha pasado por la historia como de puntillas, a pesar de ser una de las tragedias de mayor magnitud, dentro de una de las dos guerras más cruentas que hemos vivido. Como la propia autora se pregunta, ¿por qué hay episodios históricos que acaba conociendo todo el mundo mientras que otros quedan relegados al olvido?, ¿qué es lo que determina la manera en la que los hechos pasan a la historia? Os recomiendo fervientemente este libro y os invito a reflexionar sobre estas cuestiones.

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Idiocracia, de Ramón de España

Idiocracia

IdiocraciaNunca te fíes de Filmaffinity cuando te apetezca ver una película de humor. Este consejo no os salvará la vida, pero puede que os permita descubrir más de una gran película de un género en el que más de uno sólo se atreve a puntuar del siete para abajo. Si me hubiese fiado de la valoración media que los usuarios de esta página le daban a Idiocracia, seguramente nunca la hubiese visto. Pero su argumento, sencillo y directo, hizo que me animase a ver por primera vez la que hoy es una de mis películas favoritas. Y su coincidencia en el título —de ninguna manera casual— fue lo que hizo que me atreviera a leer este ensayo de Ramón de España.

Si la película americana es una distopía que profetiza que dentro de quinientos años el mundo se habrá vuelto un lugar poblado de estúpidos y en el que reine el caos, el autor barcelonés parte de una premisa mucho más cercana y empírica: que en los últimos treinta años el proceso de idiotización que ha sufrido la sociedad española ha sido mayúsculo.

A partir de esa hipótesis, Ramón de España hace un repaso de la historia más reciente del país, desde la transición hasta la actualidad, en el que no deja títere con cabeza. Más que un ensayo, este libro constituye un desahogo monumental, en el que el autor parece haber obviado cualquier filtro de lo políticamente correcto en favor de soltar todo el rencor que había ido guardando en su interior a causa, fundamentalmente, de cómo se ha construido España ya con un sistema democrático de por medio.

De España es especialmente crítico y agresivo con el independentismo catalán, al que ya dedicó dos libros en su día, bajo los títulos de El manicomio catalán y El derecho a delirar —creo que no es necesario explicar su posición ante este fenómeno—. Pero lo cierto es que fustiga a granel, sin importarle demasiado las ideas o los orígenes de cada uno. Bien es cierto que muestra algo más de manga ancha con la derecha, aunque argumenta que es porque de ésta nunca ha esperado nada, motivo por el cuál vacía su cargador de mala frente a los partidos y las personalidades considerados progresistas.

No es un trabajo excesivamente intelectual ni lo pretende; el lenguaje bascula entre lo coloquial y lo vulgar y la mayoría de las ideas que se exponen ya están bastante trilladas, sobre todo si eres una persona interesada en la actualidad política nacional. Eso no evita que muchas de esas reflexiones sean muy dignas de tener en cuenta; destacaría su oposición al exceso de corrección al que se ha llevado en los últimos años al lenguaje, así como la defensa a ultranza que hace de la cultura. Pero para mí, sin duda, la mayor de las virtudes de Idiocracia es la forma en que su autor consigue que, independientemente de tu posición con respecto a sus opiniones, desees seguir leyéndolas. Las comparaciones son odiosas, pero me ha ocurrido algo parecido, salvando las distancias, a lo que me pasa con Jiménez Losantos: no me gusta lo que dice, pero no puedo evitar que me apasione cómo lo dice.

Da igual cuales sean tus ideas políticas, religiosas, morales o sexuales: es casi seguro que Ramón de España se ha metido contigo en su último libro. Eso sí, también es muy probable que disfrutes leyendo la forma en la que carga contra todo bicho viviente en sus páginas, aparentemente con el propósito de advertir hacia donde cree que se dirige nuestra sociedad. Y si el futuro se parece al de la película, sólo espero que no me pase como al protagonista y que no me congelen para verlo.

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Juliette. Los fantasmas regresan en primavera, de Camille Jourdy

Juliette

JulietteTodos conocéis esa sensación tan agradable que tenemos a veces al salir del cine, cuando hemos visto una película con personajes creíbles, entrañables, con una historia cotidiana, casi trivial, pero con ese toque que hace que la sintamos muy cercana. En inglés hay un término muy preciso para referirse a dichas historias: feelgood. Así, una película feelgood es una película que te hace sentir bien contigo mismo, con el mundo y con los personajes. Pensad, qué sé yo, en Amélie. Por su parte, no se me ocurre mejor ejemplo para un libro feelgood que este entrañable y divertido Juliette. Los fantasmas regresan en primavera, de Camille Jourdy. Y mientras os dejo que vayáis pensando en una traducción de feelgood (nada de dejarlo en inglés, por favor), hablemos un poquito de esta estupenda novela gráfica.

Juliette regresa a su pueblo natal en tren, el medio de transporte más adecuado para los fantasmas, que así pueden ir saliendo poco a poco de su escondite y empezar a colarse en nuestro recuerdo y, sobre todo, en nuestra vida. No sabemos bien qué dolor aqueja a Juliette, aunque su dolor físico parece ser reflejo de una herida en el alma. Por ello ha decidido regresar al lugar donde creció, donde una vez fue feliz y donde la vida de los que se quedaron, sus padres, hoy separados, su hermana y su abuela, sigue un curioso rumbo, entre la rutina y el vodevil, con unos personajes en permanente huida de la soledad.

Marylou, la hermana de Juliette, juega a un curioso y arriesgado jueguecito erótico con su amante. Su padre, por su parte, vive todavía amargado por el recuerdo de su ex, una señora excéntrica con ínfulas de artista que, aparentemente, consiguió escapar con éxito de esa vida provinciana que ha atrapado a todos los demás. Y mientras tanto, su abuela languidece junto a sus cada día más escasos recuerdos. Nada más llegar, Juliette decide visitar la casa donde creció, ahora ocupada por Georges, otro prisionero de la ciudad, un solterón que mata sus semanas en la taberna del pueblo, donde los días de suerte consigue llevar al huerto a una amiga con derecho a roce ocasional a la que nunca ha querido dar nada más que eso. Georges, a quien sus amigotes llaman Pólux, desfoga su pasión escribiendo cartas de amor a amantes imaginarias.

Así está el patio de nuestros personajes, al que llega una melancólica Juliette y al que Camille Jourdy nos invita a entrar con unas ilustraciones sencillitas, pequeñas, de color pastel, cuyo flujo de vez en cuando interrumpe con otras, preciosas, a página entera, donde podemos apreciar la sencillez de un jardín o la riqueza de detalles y el ajetreo de una escena en una calle del pueblo. Y aunque Juliette no parece darse cuenta, la vida del pueblo cambia con su llegada, así como ella misma cambia al enfrentarse a la soledad de su padre, a las locuras de su hermana, y, sobre todo, al conocer a Georges.

Terminamos la lectura de Juliette y comprobamos que, en efecto, nos sentimos mucho mejor con nosotros mismos y con el mundo. El rato que Juliette, Marylou, Georges y compañía nos han permitido pasar con ellos nos ha abierto los ojos a nuestros fantasmillas, que, por pequeños y humildes que sean, también pueden llegar a ser bastante puñeteros. Tenemos la curiosa pero no desconocida sensación de que un grupo de amigos nos ha ayudado a cambiar nuestra visión del mundo, si bien “mundo” puede ser una palabra demasiado ambiciosa. Digamos mejor que nuestra calle, nuestro jefe, el pesado del vecino, nuestro puto cuñado y ese familiar (¿nuestro padre, nuestro hermano?) con el que nunca hemos terminado de entendernos han adquirido de repente un curioso color pastel y que ahora hasta nos encontramos a gusto con ellos. Por lo que respecta a Juliette y compañía, una vez hayamos colocado de nuevo el libro en la estantería, los vamos a echar mucho de menos a todos.

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