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Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza, de Javier Menéndez Flores

Joaquíin Sabina

Joaquíin Sabina No soy la fan número Uno de Sabina, ese título creo que lo ostenta una tal María R., pero siempre me han gustado las letras de sus canciones. Al ver este libro pensé que en realidad tampoco sabía demasiado sobre su vida y esta podía ser una buena ocasión para conocerle más allá de ese par de conciertos a los que he acudido o, o las entrevistas que he leído o escuchado en prensa escrita, radio o televisión.

Por otra parte, y antes de decidirme por la lectura del libro también pensé que al ser una biografía autorizada por el cantautor, también sería condescendiente con él, pero aun así ya tenía el gusanillo metido en el cuerpo y quería saber más sobre este hombre, al escritor no lo conocía, se llama Javier Menéndez Flores y es periodista, y al parecer ha escrito ya casi una docena de libros, muchos de ellos son biografías de gente famosa, así que perdonen mi ignorancia.
Este es un libro que amplia o completa otro que fue editado en 2001 y que tenía el mismo título, por lo que estamos hablando de una nueva edición ampliada y, tal como les he comentado antes, autorizada en esta ocasión, por el propio cantautor.

No sabría decirles en qué momento conocí a Sabina, ni que canción es la primera que canté de él, pero sí recuerdo la primera vez que fui a verlo a un concierto, fue en Zaragoza y actuaba con Javier Krae y Alberto Pérez, sería por los primeros años de los 80, y sí, yo era una jovencita muy especial en gustos musicales 😀

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid

El libro nos cuenta que esta canción, que aparece en su álbum “Malas compañías” (1980) ha tenido a lo largo de su historia dos finales, es más que probable que muchos de ustedes conozcan los dos, este que es el original de la canción y el que realmente a mí me gusta y le da sentido a la canción, el otro representa la comunión entre el autor y la ciudad en la que quiere vivir por toda la eternidad, renunciando ya a ese sur que siempre habría añorado.

Me gustan esas letras eternas de Sabina que alguien creería casi imposibles de aprender, esa mirada a lo más triste de la vida, parece que todo es juerga y alcohol pero debajo está siempre esa decadencia del paso de la vida. Incluso las celebraciones parecen tristes en su boca y en su pluma.

En otra ocasión fui a verlo debió de ser por Septiembre del año 2000, después tuve ocasión, cuando cantaba con Serrat, pero aun queriendo no fui y es difícil entender porqué ya no podía ir a oír cantar a estos dos grandes poetas… Quizá a un recital poético sí habría ido.

Joaquín Sabina nació en 1949 en Úbeda, es difícil nacer en esas tierras y no ser poeta, y los poetas vuelan tras sus sueños, como lo hizo tras esa primera novia a la que su padre, notario de Úbeda, se lleva hasta Granollers. Nuestro poeta decide acampar junto a la casa durante unos días… Pero como siempre a lo largo de su vida, le toca seguir volando.

Terminados los estudios secundarios, su padre le regala la primera guitarra. Y el poeta se tornará en cantautor.

En 1968 inicia sus estudios de Filología en Granada, y allí iniciará su nueva vida que llega fuertemente politizada. En 1970 se declara en España el estado de excepción y su propio padre lo detiene. No tardaría mucho en tener que salir al exilio a Londres, de donde ya no regresaría hasta la muerte del dictador.

La verdad es que todo esto está muy bien narrado por el autor, se hace entretenida la lectura y a través de ella podemos ir viendo los hechos que hacen ir madurando al Sabina y como se va consolidando su compromiso político, pero también veremos de donde nacen su forma de hacer poesía a través de las canciones y reportajes periodísticos. Del compromiso político, de sus amores y sobre todo de sus desamores, las mujeres y Sabina… Todo un mundo.

Por “Perdonen la tristeza” van pasando sus letras, imágenes, y nombres muy vinculados a su vida ya plenamente asentada en España. Y va pasando su discografía, toda, y acompañada de imágenes exclusivas cedidas, por lo visto por el propio autor, también sus ídolos de los que están impregnadas sus composiciones: J.J. Cale, Tom Waitts y Bo Dylan entre otros pero principalmente.

19 y 500 noches parece que es el GRAN Álbum del autor, pero sobre todo es una de las canciones que pasará a la historia de la música de este país, y aunque ustedes no se lo crean, muchos de los que dicen que no son capaces de aprenderse la tabla de valencias han podido aprenderse su letra:

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir
o estrellarme una copa de celos
le dio por reír.
De pronto me vi
como un perro de nadie
ladrando a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.
Tenían razón
mis amantes en eso de que antes
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez, yo quería querer quererla
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón en los huesos
y yo de rodillas
desde el taxi
y haciendo un exceso
me tiró dos besos,
uno por mejilla.
Y regresé
a la maldición del cajón sin su ropa,
a la perdición de los bares de copas,
a las cenicientas de saldo y esquina,
y por esas ventas del fino Laína,
pagando las cuentas de gente sin alma
que pierde la calma con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.
Y eso que yo,
para no agobiar con flores a María,
para no asediarla con mi antología
de sábanas frías y alcobas vacías,
para no comprarla con bisutería
ni ser el fantoche que va en romería
con la cofradía del Santo Reproche,
tanto la quería
que tardé en aprender a olvidarla
diecinueve días
y quinientas noches.
Dijo hola y adiós,
y el portazo sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que así
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa…
siempre tuvo la frente muy alta
la lengua muy larga
y la falda muy corta.
Me abandonó
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó el espejo
su vivo retrato,
y fui tan torero
por los callejones del juego y el vino
que ayer el portero me echó del casino
de Torrelodones.
Que pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento
en el mismo momento
que ella me lo mande.
Y eso que yo…
Y regresé…

Y ya ven que como les decía las letras de Sabina son las más largas del mundo, y tan “extrañas como un pato en el Manzanares…”, No es de extrañar que al final del libro nos encontremos con “Cien perlas para la posteridad”, Sabinismos y sabinadas, le llaman, frases de Sabina que seguramente no les dejarán indiferentes, algunas divertidas, otras estrafalarias pero otras también necesarias.

 

El libro se cierra con algunas reseñas cobre el autor de gentes del mundo de la literatura en particular y de las artes en general: Serrat, Muñoz Molina, Juan Echanove… Ya ven gentes que en general le quieren y también sienten por él cierta admiración. Si les gusta Sabina y quieren saberlo todo de él, seguramente este es el libro que andaban buscando.

Y si he de quedarme con unos versos …

“…Se escapo de una cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela
Se dejo el corazón en Madrid
quien supiera reí­r
Como llora Chavela!”

 

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La última noche de Ayrton Senna (suite 200), de Giorgio Terruzzi

La última noche de Ayrton Senna

La última noche de Ayrton SennaCuenta Giorgio Terruzzi que todos a los que pregunta sobre ello, periodistas, conocidos, pilotos, son capaces de recordar lo que estaban haciendo en el momento exacto en el que supieron de la muerte de Ayrton Senna. Yo también, lo reconozco, tengo una memoria concreta de aquel domingo de mayo, una de las más vívidas que conservo de mi adolescencia, y eso que ha transcurrido casi un cuarto de siglo.
Senna no ha pasado a la historia como el mejor piloto en cuanto a victorias o títulos mundiales. No lo es ahora, pero es que ni siquiera lo fue en vida. Prost, Schumacher y los actuales Hamilton y Vettel superan sus registros, aunque también es justo admitir que, sobre todo en el caso de los dos últimos, hablamos casi de un deporte distinto. Sin embargo, ninguno de ellos alcanza el carisma del paulista, su imagen de leyenda, ninguno ocupa su hueco en el imaginario popular. Por su carácter en la pista, por sus polémicas fuera, por su temprana muerte haciendo aquello que lo había llevado a la cumbre, Senna se alza por encima de cualquiera y será difícil que llegue alguien para bajarlo de ese trono en estos tiempos de héroes demasiado perfectos.
El recurso de Giorgio Terruzzi para contar su vida en La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es clásico, y bebe del mismo subgénero que las historias de condenados a muerte que aprovechan sus últimas horas en la celda para expiar sus pecados. En ese sentido, nada nuevo, pero sí original en este contexto. Al principio resulta chocante: aparecemos en la habitación del Hotel Castello durante las horas previas al Gran Premio de San Marino de 1994 y contemplamos a un Senna reflexivo e inseguro que repasa su relación amorosa en presente con Adriane Galisteu, el amor-odio que siente por su familia y, solo de fondo, piensa en la muerte de Roland Ratzenberger, ocurrida unas horas antes en el mismo circuito en el que va a correr al día siguiente. Conforme pasan las páginas y las horas de esa última noche, Terruzzi se centra más en los hechos y un poco menos en la reflexión y el lector se familiariza con su voz y su cadencia. Tiene el buen gusto de narrar en tercera persona, sin caer en la trampa de hacer hablar a los muertos, y el texto (en la traducción de David Paradela López) discurre de manera solvente y poco recargada, algo de agradecer en unos tiempos en los que la crónica deportiva se ha convertido en uno de los subgéneros más dados al adorno y al adjetivo innecesario. La trayectoria de Senna queda finalmente cubierta sin lagunas, desde su comienzo en el karting hasta el mismo día de su muerte, pasando por los difíciles tiempos en las categorías inferiores británicas y la gloria de sus mejores años. Sin embargo, las descripciones de Terruzzi dan una mejor idea del carácter de Nelson Piquet o del entorno de Angra dos Reis, donde Senna tenía su retiro brasileño, que de cualquiera de los circuitos del mundial, y sus aventuras amorosas y otros problemas fuera del Gran Circo nos hacen descubrir un perfil de Ayrton alejado de sus grandes gestas.
Uno de los mayores inconvenientes de La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es que puede caer en tierra de nadie. No es para no iniciados, eso seguro, y quienes busquen una biografía completa del mito, con fechas, datos y estadísticas, tampoco encontrarán en él un texto especialmente profuso ni ordenado. No obstante, los que tienen grabado en la memoria dónde estaban aquel uno de mayo y quizá acaban de caer en ello, sí podrán a través de él tirar el hilo de la memoria, hacer un recorrido sentimental imperfecto que les llevará a rebotar de nuevo entre nombres que creían perdidos como Xuxa, Gerhard Berger o Fernando Collor de Melo. Y con ello recordarán lo bueno que era Ayrton Senna y lo pronto que se marchó.

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El color de la luz, de Marta Quintín

El color de la luz

El color de la luzDesde siempre me han llamado enormemente la atención las historias ambientadas en épocas anteriores, ¿por qué? Supongo que porque describen un mundo que me es totalmente ajeno, pero también, porque con el paso del tiempo adquieren un carácter romántico y nostálgico que les otorga cierto halo de irrealidad. Estas características se le pueden atribuir a El color de la luz, la segunda novela publicada de la joven escritora maña, Marta Quintín.

El color de la luz nos narra la historia de Blanca Luz Miranda, una anciana empresaria de éxito que utiliza su fortuna para adquirir arte y que en una reñida puja consigue hacerse con un inquietante cuadro firmado por Martín Pendragón. La subasta es presenciada por una joven reportera –sin nombre, para dejar el verdadero y total protagonismo a Blanca Luz y Martín–, que no duda ni un momento en que detrás del exorbitante desembolso, hay una historia que tiene que ser contada. Gracias al curioso e incisivo carácter de la periodista, vamos conociendo por medio de la propia Blanca Luz, su historia y la del famoso artista, explorando distintos tiempos y lugares. Viajamos de la España previa a la Guerra Civil, o de la que se sucedió durante el conflicto; al París artístico de los años 20; o al Nueva York de las subastas de arte de los años 80.

La mayor parte del libro está narrado a través de un narrador omnisciente, exceptuando unas pocas interrupciones en las que la joven periodista nos narra en primera persona los pensamientos y sentimientos que le está suscitando la historia de Blanca Luz y Martín; lo que dota al libro de una frescura que aviva en cierto modo el carácter pausado e intimista que posee. Marta Quintín hace gala de una prosa cuidada y detallista y de un vocabulario rico y cultivado, que confieren a la novela un gran nivel que la distingue de muchos de los libros de su misma temática publicados hoy en día.

Si su léxico y su manera de narrar sorprenden gratamente, no lo hacen menos sus protagonistas. Unos personajes tan complejos, llenos de matices y reales, que a pesar de la dificultad que puede llegar a suponer comprenderlos e identificarse con ellos en determinados momentos, no puedes dejar de acompañarlos en sus aventuras hasta el final. Es especialmente destacable la protagonista femenina, una mujer tan volubre, perdida y caprichosa como fuerte, valiente y descarnada. Es una antiheroina, que a pesar de sus muchos defectos y de su carácter dañino y, en algunas ocasiones deshonesto, te engancha.

No descubro nada nuevo a nadie si digo que la vida es complicada, que está llena de altibajos y que tan pronto estamos arriba creyéndonos los reyes del mundo, como caemos hasta el lugar más profundo de un hoyo que parece interminable y del que somos incapaces de ver la salida. Antes o después todos pasamos por ambos puntos, ninguno nos libramos de esta travesía que va desde la felicidad más plena hasta la tristeza más honda. Por supuesto, cada uno pasamos más o menos tiempo en un estado o en el otro y son muchas las circunstancias que influyen en ello; unas propiciadas por nosotros mismos y otras que simplemente nos toca vivir sin que nada podamos hacer. Este tema lo encontramos magníficamente plasmado en El color de la luz, especialmente en la figura de Martín Pendragón, nuestro gran artista, al que vemos crecer a lo largo del libro, luchando por conseguir su sueño. Tendrá que enfrentarse a un padre estricto e intolerante que no le permite dedicarse a su gran pasión, al desamor y al abandono, y al inició de una nueva vida fuera del hogar y de su ciudad natal, luchando con uñas y dientes para lograr su sueño. Blanca Luz, aunque de otro modo, también tendrá que hacer frente a un buen número de obstáculos a lo largo de la historia, pero, sobre todo, tendrá que enfrentarse a sí misma, como la mayor traba para alcanzar la tranquilidad y la felicidad.

A pesar de que los personajes están íntima y estrechamente ligados al mundo del arte, este no es el verdadero tema del libro, sino que el eje sobre el que gira toda la historia es el amor. Pero no un amor cualquiera. Estamos muy acostumbrados a las historias románticas de chica conoce a chico, chica y chico se enamoran, sufren unos cuantos obstáculos que, generalmente, superan y acaban comiendo perdices hasta el final de sus días. Sin embargo, esta novela no es sobre un amor tan plano y perfecto, sino que nos muestra un amor real, difícil, tóxico, tortuoso, imperfecto y sobre todo, insuficiente. Porque aunque nos cueste hacernos a la idea, a veces el amor no puede con todo y puede no ser suficiente. A veces, dos personas se quieren, pero no saben quererse bien. El color de la luz es una historia, al igual que sus protagonistas, compleja; que nos adentrará en las capas más profundas del alma del ser humano.

El arte es como el amor. Nos dedicamos a escribir libros que nadie leerá, a pintar cuadros que no colgarán de ninguna pared y a enamorarnos de gente que jamás nos corresponderá. Lo sabemos y, aún así, lo seguimos haciendo. El ser humano es la única criatura de la naturaleza que se empeña en cosas tan poco prácticas. ¿Por qué será?

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Los Liszt, de Kyo Maclear y Júlia Sardà

Los Liszt

Los LisztEso de que no se puede juzgar un libro por su portada a veces es una auténtica tontería. Yo lo he hecho, lectores (y no me arrepiento, señor Juez).  Es que hay algunos que te tiran para atrás sólo con ver su portada y otros, en cambio, te dicen: “lléeevaaame contigoooo”. Y yo soy débil y me dejo engatusar fácilmente, qué le voy a hacer. Menos mal que tengo buena intuición y afortunadamente me he ahorrado muchos disgustos gracias a ella.

Con Los Liszt me pasó algo así. Fue verlo y enamorarme. Esa edición, esos colores, esos dibujos en su portada… tenía que ser mío. Y ya os he dicho que soy débil, así que aquí estoy, hablándoos de este extraño libro que me hizo ojitos desde el primer momento.

Editado por Impedimenta, Los Listz cuenta la historia de una peculiar familia cuyo principal hobby es hacer listas. Tengo que reconocer que yo también soy muy fan de las listas. Para algunas cosas soy muy caótica, pero para el tema agendas y organización soy bastante metódica. Disfruto ordenando los días y haciendo listas de lo más variopinto. Eso sí, esta familia me gana de lleno. Todos disfrutan haciendo listas. Los padres, los hijos Winifred, Edward y Frederick y el abuelo Listz y su gato. A todos los encanta. Pero, como os decía, ellos hacen lista un poco más extrañas. Por ejemplo, listas de enfermedades, de quesos, de canciones de David Bowie o de futbolistas. Esta familia se pasa la vida haciendo listas.

Un buen día llega a casa una extraño visitante. Los Listz, claro, van corriendo a buscarlo en sus listas, pero no aparece en ninguna de ellas. ¿Quién será entonces este personaje?, ¿qué es lo que quiere de ellos?, ¿podrá quedarse con ellos? Son muchas preguntas para una familia tan poco dada a la improvisación.

Este es un libro raro, no os voy a decir lo contrario. Pero es raro bien, de ese tipo de rarezas que atrapan. Lo tiene todo para atraer al lector, desde su edición hasta lo peculiar de su historia. Podría haceros una lista con motivos para recomendarlo, pero esas cosas se le dan mejor a esta familia, así que me limitaré a deciros que Los Listz me ha parecido muy divertido y original y que es uno de esos libros extraños que merece la pena leer.

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El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno«Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso.» Sí, yo, el azote de los clásicos, el firme defensor de la idea de que estos son aquellos libros de los que todos hablan pero que nadie en realidad ha leído, voy a hablaros de un clásico. ¿Acabaré leyendo la Odisea? ¿Me veréis en verano tirado en una playa con la Eneida entre las manos? Que dios nos coja confesados. Esto es, como bien sabréis con este icónico inicio, El guardián entre el centenode J.D. Salinger.

Primero de todo, creo que es necesario, como reseñista que también ocupa su tiempo dentro del mundo editorial, felicitar a Alianza por la edición de esta tan publicada novela. Ese diseño, ese trato al libro como objeto, ese olor. Y en segundo lugar, qué decir de un libro del que ya se ha dicho todo. Pues, como siempre, empezaré hablando de mi experiencia con él, que al fin y al cabo es lo único que puedo contar, porque quién soy yo para decirle a alguien que un libro es bueno o malo. Así que empecemos:

Con El guardián entre el centeno me ha pasado algo extraño. Mientras lo leía, y en especial al terminarlo, tenía la sensación de quizás era un poco tarde para haberlo leído. Siempre he tenido en la cabeza, supongo que como virus que te inoculan en cualquier escuela, columna de periódico o reseña (con perdón), que este libro tenía que leerlo sí o sí y que mejor si lo hacía en la adolescencia. Tengo 26 años y creo que me siento viejo porque he notado que llegaba tarde al libro. Cosa que no quita que no lo haya disfrutado. Y es que es totalmente cierto lo que cuento, supongo que debe de ser algo así como tener cincuenta años y encontrarte en un concierto de trap. Miras alrededor y piensas: esta gente se divierte con este tipo de música, debe de tener algo que no capto muy bien pero que me hace quedarme, pero no sé, mejor me voy. Pues esto es lo que me ha pasado leyendo la novela de Salinger: que sí, que mola, que se la daré a mis hijos (si tengo) cuando pasen por esa edad en que todo quema más y que ojalá me la hubieran dado en el instituto. Yo, por desgracia, tuve otros libros que, por maravillosa suerte, no me quitaron las ganas de leer. Y tenían todos los números para hacerlo.

Para quien no conozca la historia que hay detrás de El guardián entre el centeno, cosa que hasta la editorial prevé porque no les hace falta ni poner sinopsis en la contracubierta, diré que básicamente es un retazo de vida de Holden Caulfield narrada por él mismo, un chaval desubicado con muchas máscaras puestas e impuestas que cree estar pasado de rosca, que no se ve encajando en ningún lugar, que cree que su sitio es allí donde nadie está y que ni él mismo sabe. Pero hay mucho más, y esa es la gracia, para mí, del libro y eso es lo que creo que no muchos jóvenes captarán de él: la cara real tras las máscaras, la luz de Caulfield que a veces pugna por salir tras las grietas del cristal roto que es su alma. Huyendo de todo, Caulfield es algo así como un Lazarillo de Tormes en la Nueva York de mitades del siglo XX. Como contrapunto al sentimiento generalizado de la navidad, Caulfield irá traspasando reglas, saltando normas, hasta llegar al faro que ilumina su viaje, que no es más que una pequeña niña que habita la que alguna vez fue su casa. Es ahí donde, para mí, reside el punto climático de la novela.

Porque claro, está muy bien lo del niño rebelde, lo de los insultos a cualquier compañero y/o “amigo”, lo de emborracharse siendo menor, lo de tratar a las chicas como meros objetos sexuales, pero no comparemos nada de esto con ver a un bala perdida con ojos brillantes, con educados pensamientos, con sonrisa mental al ver, probablemente, al niño que él nunca pudo ni podrá ser: su hermana Phoebe. Me sabrá muy mal que ahora leáis la novela, penséis que la clave está ahí y os llevéis un chasco porque veis que la grandeza reside en la absoluta sinvergonzonería de Caulfield. Y ahora que lo pienso, ¿y si estoy diciendo esto porque ya soy demasiado mayor? «Jo».

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Una vida prestada, de Berta Vias Mahou

Una vida prestada

Una vida prestadaNo sé si os suena el nombre de Vivian Maier. Quizás a algunos os pase como a mí, que sabéis que era fotógrafa y poco más. Y eso que leyendo el libro me he enterado de que hay hasta una película sobre ella. El caso es que descubrir la figura de esta desconocida mujer merece mucho la pena y creo que lo que ha hecho Berta Vias Mahou en Una vida prestada es una auténtica maravilla.

Es casi obligado que os cuente quién es Vivian Maier. Esta mujer, de orígenes franceses y austriacos, pasó su infancia en Francia y Estados Unidos. Con 25 años (estamos hablando de 1951) se mudó a Nueva York y posteriormente a Chicago, donde vivió prácticamente durante toda su vida. Vivian Maier era niñera de profesión. No tenía casa propia, pero gracias a su trabajo siempre tenía una habitación donde dormir. Su vocación era otra: la fotografía. Paseaba a los niños que cuidaba y a su cámara por toda la ciudad, capturando en sus fotografías la vida estadounidense de aquella época. Pero todas esas fotografías que tomaba jamás se las enseñó a nadie. Vivian guardaba en una caja todos los negativos para que el destino hiciese con ellos lo que quisiera. Y así fue. En 2007, un joven acudió a una subasta donde compró, por un precio ridículo, los negativos. Aunque no era lo que estaba buscando, decidió revelar algunas de ellas y venderlas por Internet. Hasta que, finalmente, Allan Sekula, un crítico e historiador de fotografía le advirtió del tesoro que tenía en sus manos. Y aquí comienza la historia de la fotógrafa Vivian Maier para el público. Gracias a esta casualidad del destino (si es que acaso es una casualidad) hoy en día podemos disfrutar de sus maravillosas fotografías. No me digáis que no es una historia increíble.

En Una vida prestada, Berta Vias Mahou ha sabido sacarle jugo a la vida de esta fotógrafa. Berta le ha dado vida  a Vivian Maier a través de sus palabras y ha hecho que durante doscientas y pico páginas Vivian vuelva a salir a la calle a pasear con su cámara, a capturar instantes reales de la vida diaria de Nueva York y Chicago y a autorretratarse para ella misma.

La originalidad de esta novela y la autenticidad hacen de Una vida prestada una lectura capaz de cautivarnos y llevarnos a aquella época de la mano de la fotógrafa. Os recomiendo leer el libro con sus fotografías delante (podéis encontrar muchas de ella en Internet) e ir descubriendo qué se esconde detrás de cada una de ellas gracias a la imaginación de Berta y el talento de Vivian Maier. Uno de los libros más interesantes que he leído últimamente.

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Todas las historias acaban hablando de amor, de Emma Trilles

Todas las historias acaban hablando de amor

Todas las historias acaban hablando de amor

“La vida continúa, las cosas pasan por algo y que con el tiempo deja de doler, pero mientras, tenemos la obligación de tratar de ser lo más feliz posible.”

El amor es tan importante que rige, o al menos tiene gran importancia, en todas las facetas de nuestra vida. Lo tenemos presente en nuestra vida diaria, ya sea en el ámbito personal, familiar, social o laboral. Y dentro de este último ámbito es donde se ha desarrollado la idea del libro que hoy os presentamos, Todas las historias acaban hablando de amor (puedes leer un fragmento del libro aquí), un libro de divulgación lleno de color y sentimiento. La psicóloga Emma Trilles (Valencia, 1972) nos invita a acercarnos virtualmente a su consulta psicológica a través de ocho historias vitales, basadas en hechos reales, donde se habla de encuentros y desencuentros, de amor y desamor, de aprendizaje y superación.

En todas estas historias, el amor siempre está muy presente. Las temáticas de los ocho capítulos son muy variadas, yendo desde la infidelidad o las rupturas inesperadas hasta la baja autoestima o el descubrimiento de la homosexualidad. Con estas historias la autora intenta mostrarnos el funcionamiento diario de una consulta y de paso eliminar los prejuicios que muchos nos hacemos cuando alguien de nuestro círculo cercano, e incluso nosotros mismos, necesita este tipo de ayuda terapéutica. Estas “ocho historias basadas en hechos reales llenas de aprendizaje y superación” tiene una estructura similar. Primero se presenta la historia mediante el protagonista, que expone sus problemas. Después es la autora la que aborda la metodología a utilizar para, finalmente, hacer una reflexión donde, partiendo del caso en cuestión, se generalizan algunos aspectos.

Ya hemos hablado un poco del libro, pero ¿quién es Emma Trilles? Esta autora valenciana es diplomada en Magisterio, licenciada en Psicología, con un máster en Dirección y Gestión de RR. HH., un programa de Desarrollo Directivo y un curso superior universitario en Mediación. Su gran vocación, viendo sus estudios, son sin duda las personas. Durante las últimas dos décadas ha desempeñado funciones que suponían estudiar y analizar la personalidad humana, con una orientación empresarial. En esta ópera prima, Emma intenta volcar lo aprendido de todos los pacientes y personas con los que ha podido tratar, para hacernos llegar a los lectores cómo una buena gestión emocional tiene relación directa con una vida mejor y más plena.

“Todas las personas tienen algo que aportar, solo tenemos que escuchar para darnos cuenta.”

La propia autora nos habla sobre la motivación que la llevó a escribir este libro. “Realmente, desde hace un par de años, de un modo habitual algunas personas que me siguen por redes sociales me preguntan si tengo algún libro escrito, incluso me animan a hacerlo. Aunque, en ocasiones, ya lo había pensado, jamás lo hice de un modo serio. El 2017 fue un año intenso a nivel emocional: muchas vivencias dentro y fuera del ámbito laboral que me generaron la necesidad de expresarme. Esto coincidió con que vi claramente qué formato de libro me gustaría hacer llegar a los posibles lectores en el caso de lanzarme a ello, y ambas cosas creo que fueron el detonante para animarme a escribir Todas las historias acaban hablando de amor.”

Acompañado de unas magníficas ilustraciones de Antonio Valenzuela, el libro Todas las historias acaban hablando de amor llegará a las librerías el próximo 13 de abril de la mano de Batidora Ediciones, una editorial creada en Valencia movida por el amor a las letras y a las palabras; una cooperativa formada por mujeres emprendedoras comprometidas con la economía del bien común y la cooperación.

Y quién mejor que la propia autora para terminar con unas palabras que animen al resto de lectores a conocer su ópera prima.

“En este libro relato ocho historias basadas en hechos reales; cualquiera de nosotros podría haber sido, podría ser o podría llegar a ser uno de los protagonistas. A través de Daniel, Jimena, María, Verónica, Javier, Juan, Alicia y Ramón, podréis vivir y sentir estados emocionales, situaciones sentimentales habituales; entenderéis cómo ellos las vivieron, cómo actuaron, cómo lograron superarse. No se trata de un libro de autoayuda, sino de un libro que fomenta habilidades como la empatía o la tolerancia; os ayudará a eliminar prejuicios y a crecer personalmente.”

Todos los que estamos o estuvimos enamorados, todos los que hemos sufrido o seguimos sufriendo por amor, y todos los que sabemos que sin amor no se puede vivir, tenemos en Todas las historias acaban hablando de amor un espejo en el que mirarnos.

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Contra todo, de Mark Greif

Contra todo

Contra todoMe encantan los sketches de Pantomima Full. En su canal de YouTube, los cómicos Alberto Casado y Rober Bodegas caricaturizan en vídeos de un minuto comportamientos tan típicos como ridículos que vemos (y ejercemos, aunque eso cueste más reconocerlo) en nuestro día a día: el hacerse pasar por un entendido en vinos sin tener apenas idea del tema, el contabilizar hasta el último céntimo cada vez que toca pagar una cuenta entre varios amigos, el obsesionarse con la salud o con el deporte y justificarlo con argumentos completamente vacíos… Y lo cierto es que en estas píldoras de humor los cómicos no se tienen que esforzar demasiado en exagerar sus interpretaciones, ya que los comportamientos reales son de por sí lo suficientemente absurdos.

En Contra todo, el divulgador estadounidense Mark Greif busca también sacar los colores al individuo medio a costa de su comportamiento, aunque con menores dosis de humor. Así, la mayor parte de los ensayos que componen este libro se basan en poner en cuestión situaciones habituales que, tras un consistente razonamiento y una no menos consistente flagelación, destapan lo patético de nuestra existencia. Lo más duro de ello es que las críticas no se enfocan hacia el común de la sociedad, sino que se centran en el individuo concreto. Así, uno siente como Greif te señala con el dedo, te muestra tus miserias y no te admite la presión de grupo como eximente. “Lo más triste de todo es la creencia de que un cuerpo mejorado llevará a la felicidad a aquellos a los que nadie quiere”, sentencia el de Boston cuando abarca el tema del ejercicio físico.

Los textos de Greif van provocando fogonazos de pensamiento en el lector; estimulan el cuestionamiento de todo lo que nos rodea. Así, su defensa de la redistribución de las riquezas, por ejemplo, me ha ayudado a encontrar nuevos argumentos para defender una postura que ya creía justa. Y pese a ser textos escritos en años diferentes existen muchas conexiones entre ellos, con lo que la lectura del libro ayuda a formar una imagen bastante sólida del pensamiento del autor. El autor estadounidense demuestra ser una persona sumamente culta, o al menos realmente inteligente por ser capaz de llevar a cabo una labor de documentación encomiable, así como de hablar con coherencia y profundidad de temas tan variopintos como el sentido de la vida o la evolución de la música pop.

Los temas que se debaten en este libro están íntimamente ligados a la sociedad contemporánea. Así, la proliferación de los hípsters, esa tribu urbana de largas barbas y gustos excéntricos, la revolución que supuso YouTube en nuestra forma de consumir contenidos audiovisuales o los movimientos de protesta que poblaron las ciudades de todo el mundo hace unos años no escapan de su punto de mira. Y para aproximarse a ellos usa en no pocas ocasiones la provocación, como cuando compara a Snooki, de Jersey Shore, con Adolf Hitler, o cuando ensalza a Kanye West como “uno de los genios universales de nuestro tiempo”.

De la misma forma que ¿Cómo nos metimos en este desastre?, esta colección de artículos, publicados en su mayoría en la revista n+1, cautiva tanto por su variedad temática como por sus originales postulados. Porque, cuando los argumentos sobre casi cualquier asunto han sido tantas y tantas veces utilizados, lo único que le queda al escritor para conseguir que su texto sea atractivo es encontrar un enfoque que escape de lo común. Y los artículos de Contra todo, además de ser brillantes a la hora de destacar lo absurdo de algunos comportamientos, entran con fuerza en la mente del lector.

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La llama en la niebla, de Renée Ahdieh

La llama en la niebla

La llama en la niebla“Hay gente con la suerte de haber nacido en un radiante día de verano. Tal vez nosotras vinimos al mundo bajo nubes de tormenta. Sin viento. Sin lluvia. Solo una montaña de nubes que debemos escalar cada mañana para poder ver el sol.”

Cuando sientes que un libro consigue hacerte sentir y emocionarte a través de su historia, además de viajar en el tiempo y en el espacio a donde transcurre todo y sientes que conectas de verdad con sus personajes, sabes que fue la novela la que te escogió a ti y no al revés. Y esto es algo que muy pocas veces me ha ocurrido y que también sentí con La ira y el amanecer, otra bilogía de esta misma autora.

Y es que Renée Ahdieh tiene una singularidad al escribir que llama la atención. Sus novelas, a pesar de no ser de fantasía, transmiten una magia espectacular y te llevan de inmediato al lugar al que la autora quiere que viajes. La ambientación que plasma siempre es exquisita y llena de detalles. Y si ya lo fue en la bilogía que os he comentado anteriormente, un retelling de Las mil y unas noches, que logró transportarme a la exótica ciudad de Jorsán, en esta novela el efecto se multiplicó. Y es que esta nos lleva al Japón feudal, un lugar que ya de por sí es interesante, a través de una narración y una ambientación asombrosa, que te hace desear estar allí para vivir la historia junto a sus personajes.

Pero es que además de este punto, que es uno de los aspectos clave de esta novela, tenemos que sumarle una trepidante trama con muchos giros inesperados que ha logrado mantenerme enganchada a sus páginas desde el principio hasta el final. Y no todos los libros tienen el poder de conseguir eso, ya que cuanto más lees (o al menos, a mí me da esa sensación), más sensación tienes de descubrir todo lo que va a ocurrir en las siguientes páginas… Y La llama en la niebla es un ejemplo de ello. Y un libro que mejora a medida que te vas adentrando en la historia y todo lo que esta tiene detrás.

El papel de la mujer en el Japón feudal es uno de los aspectos que más se tratan aquí y es quizás el paralelismo que le veo con Mulán. Y es que aunque esta novela sea un retelling de la película de Disney, pocas cosas tiene en común. Excepto que Mariko, la valiente y madura protagonista, también se hace pasar por un hombre para convertirse en una guerrera y sentirse como una igual ante sus compañeros y ocultar quién es en realidad: la hija de un samurái con muchos (demasiados) enemigos. Es increíble cómo plasma la autora la reivindicación de la mujer respecto a su papel en la sociedad, como he dicho anteriormente, y no puede haber un tema más actual que ese y de mayor importancia en un libro juvenil. Lo esencial que es instalar en las mentes de los jóvenes la igualdad y la paridad, que sigue siendo una lucha actual de mujeres de todo el mundo.

Me ha encantado también este punto, que se trata con profundidad y madurez, y  el cambio que da la joven protagonista debido a todos los acontecimientos acaecidos a lo largo de la historia. Por eso me ha gustado mucho y he empatizado mucho con este personaje, que se siente engañada en muchos aspectos de su vida, y ve cómo paulatinamente va descubriendo la verdad y conociéndose cada vez más a sí misma y el camino que desea elegir, que no tenía nada que ver a lo que deseaba en un principio. Un conflicto en un personaje joven que me ha gustado y que me parece clave en el desarrollo de la historia.

La llama en la niebla me ha sorprendido enormemente y me ha demostrado que se puede crear una trama interesante y llena de giros inesperados, con una ambientación increíble y unos personajes con los que es muy sencillo empatizar y que son capaces de transmitirte todo lo que sienten, como si no fuera una historia de ficción. Sin duda, seguiré todas las novelas de esta autora, porque su ambientación me ha hecho viajar en el tiempo y enamorarme de cada uno de los detalles de la historia. Renée Ahdieh tiene algo especial que te hace volver siempre a ella y engancharte a su forma de escribir. No puedo más que recomendarla por todo lo que me ha hecho sentir personalmente mientras leía.

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Miedo, de Stefan Zweig

Miedo

MiedoA este autor austriaco lo conocí a través de una amiga de Instagram. Para mí Instagram es la red estrella en cuanto a descubrimientos literarios y de personitas maravillosas. Es, sin duda, la que más uso y la que más disfruto. Como os decía, conocí a Zweig ahí y el primer libro que leí suyo fue Carta de una desconocida. Me gustó muchísimo y no sé por qué motivo no había vuelto a leer nada suyo hasta ahora, pero aquí estoy. Esta vez me he decantado por Miedo, simplemente por el título y por el buen sabor de boca que me dejó la primera vez que lo leí.

La editorial Acantilado ha apostado fuerte por este autor y entre sus títulos podemos encontrar prácticamente todos sus libros. Lo cierto es que sus ediciones y traducciones son muy buenas, así que si estáis interesados en adentraros en la obra de este maravilloso escritor os recomiendo esta editorial. Aquí hemos reseñado ya varios de sus títulos: Clarissa, La impaciencia del corazón o Novela de Ajedrez. 

Miedo cuenta la historia de Irene Wagner, una mujer de alta alcurnia que lleva una vida apacible junto a su esposo y sus dos hijos. Su vida es perfecta: una casa preciosa, un marido que la quiere, una familia maravillosa, ningún problema económico y unos cuantos sirvientes que hacen su vida aún más fácil. Con ese panorama, Irene no tiene nada de qué preocuparse. Su vida se limita a alternar con la gente de su misma clase en fiestas y encuentros. Pero, (siempre hay un pero) después de ocho años de matrimonio, Irene encuentra su vida algo monótona y predecible.  Para salir un poco de esa rutina, Irene comienza una relación con un joven pianista. No es una relación carnal llena de deseo y pasión, es más bien una relación que hace que por un rato se olvide de su anodina vida.

Un día, al salir de casa de éste, Irene se encuentra con una mujer que comienza a chantajearla. Aterrorizada por perder su acomodada vida y todo lo que había tenido hasta entonces, Irene cederá ante el chantaje y ahí comienza una auténtica pesadilla para ella y su hasta entonces apacible vida.

Zweig tiene un talento maravilloso para retratar personajes y sus pensamientos. Su forma de escribir atrapa y lleva al lector a sumergirse en sus historias con un facilidad increíble. Casi sin darnos cuenta nos encontraremos sufriendo con Irene, viviendo su día a día en esa pesadilla horrible de ceder a la extorsión y ver su mundo desmoronándose poco a poco.

No os diré mucho más, pero Zweig sorprende. Atrapa al lector, lo hace suyo y después, cuando ya nos tiene dentro de la historia, es capaz de sobrecogernos.

Con apenas cien páginas, Miedo es una novelita brillante e inesperada. Os recomiendo mucho que leáis a este autor, os prometo que os sorprenderá.

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Oculto en la memoria, de Domingo Terroba

Oculto en la memoria

Oculto en la memoriaLas complicaciones y complejidades de la mente humana siempre ha sido un tema que me ha llamado la atención. Depresiones, alucinaciones, psicosis… la mente es capaz de alterar la realidad de tal manera que solo aquel que lo padece puede contar realmente lo mal que se pasa. Y sobre esto va el libro del que hoy os hablo, Oculto en la memoria, un thriller psicológico escrito por Domingo Terroba.

Ambientada en Edimburgo, ciudad de residencia del autor, esta novela está protagonizada por Margaret McGregor. Un fuerte shock traumático le ha llevado a pasar seis años ingresada en un hospital psiquiátrico. Una vez pasado ese duro periodo, Margaret encuentra un nuevo amor, James, y vive en una tranquila casa en el centro de la ciudad junto a su hija recién nacida. Pero nuevamente su frágil mente empieza a jugarle malas pasadas, empezando a confundir partes de su vida actual junto a James con lo vivido anteriormente junto a Angus, su anterior marido. La protagonista no quiere volver a revivir sucesos oscuros de su pasado, por lo que busca apoyos en James, el doctor McCallum y Kirsty, una extraña mujer que dice ser su mejor amiga.

He de reconocer que el modo de escribir de Domingo tiene luces y sombras. Sus narraciones y pasajes descriptivos tienen mucha calidad. Su prosa avanza firme junto al relato, consiguiendo una lectura fluida y amena. Sin embargo, los diálogos de sus personajes son algo farragosos y repetitivos, parando un poco el ritmo de la narración. En ocasiones, los diálogos de Margaret con James o su psiquiatra parecen no avanzar, repitiendo los personajes los mismos argumentos y las mismas situaciones. Esto hace que las cuatrocientas páginas de Oculto en la memoria podrían fácilmente haberse reducido a trescientas, lo que hubiera dado todavía mayor agilidad y rapidez a la historia.

Pese al punto negativo de los diálogos (también hay que subrayar que estamos solo ante el tercer libro del autor), esta novela tiene un toque adictivo más que notable. Lo primero que se le pide a un thriller es que enganche y te haga no querer dejar de leer, y Domingo Terroba lo consigue. Pese a su exceso de páginas, la novela engancha desde el principio y te hace en querer seguir leyendo todo lo que le pasa a Margaret. La protagonista va contando su vida con James mientras empieza a confundir pasajes pasados (a modo de flashbacks) junto a su exmarido Angus. La mente empieza a jugar malas pasadas a la protagonista, y esta confusión se traslada incluso al lector, que en ocasiones puede llegar a perderse también entre el pasado y el presente. Eso sí, todos los hilos sueltos que se van quedando durante la narración se cierran en los últimos capítulos, donde todo queda bien cerrado y explicado.

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”, Carl Gustav Jung

Esta cita inicial de Oculto en la memoria describe claramente el sentido de la novela. Domingo Terroba aborda el complejo estudio de la mente a través de las depresiones, incluso volcando experiencias personales en el propio relato. El resultado es un thriller ameno, con algunos defectos por pulir.

César Malagón @malagonc

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Corazón de escamas, de Rafael Clavijo

Corazón de escamas

Corazón de escamasQuería empezar esta reseña hablando de la conexión que ciertas personas sienten hacia algún elemento de la naturaleza. Por ejemplo, están los que aman el fuego, los que se sienten atraídos por ese color o esa fiereza que tanto le caracteriza. También están los que sienten un vínculo especial con las piedras, con el poder que transmiten y la conexión que experimentan cuando tocan una cargada de energía. Conozco personas que adoran el viento (como mi madre), a las que no hay nada que les guste más que estar en mitad de una montaña sintiendo cómo el viento les rodea. Y luego están los que, como yo, sienten algo especial cuando están dentro del agua.

Mis padres siempre me cuentan que la primera vez que yo entré en una piscina tenía tan solo un mes. Estábamos en Vinaroz, el pueblo de mi abuela, y el calor sofocante hacía que mi madre tuviera que meterme en la piscina para que no me subiera demasiado la temperatura. No sé si eso fue lo que despertó en mí un amor profundo hacia el agua pero desde entonces tengo la necesidad de nadar cada poco tiempo. Si no puedo ir a la playa porque en Cantabria vivimos casi en un invierno eterno, me voy a la piscina. Si no, me voy de viaje a algún sitio en el que pueda bucear y descubrir las profundidades del mar. Y si no puedo hacer nada de eso, simplemente me lleno la bañera para desconectar un buen rato. Lo que sea, con tal de sentir durante un tiempo que mi cuerpo está en la nada.

Por eso cuando empecé a leer Corazón de escamas supe desde el primer momento que  me iba a gustar, ya que su protagonista, Carlos es un nadador profesional. Ahí me puse cómoda y me preparé, porque estaba segura de que toda la acción del libro tendría lugar entre piscinas y agua. Pero lo que no sabía es que no era así del todo: sí, habría agua, pero estaba muy equivocada al pensar que el escenario principal iba a ser una piscina de competición.

Y es que Carlos, invadido por un gran sentimiento de responsabilidad al ver que no ganaba lo suficiente y que sus rivales eran más fuertes y rápidos que él, decidió doparse. Un pinchazo y una transfusión de sangre bastaron para retirarle de las piscinas durante cuatro años. Cuando eres un campeón, cuando lo has ganado todo y te quitan lo único que le da sentido a tu vida, parece que está todo perdido. En ese momento, Carlos decidió que jamás volvería a nadar, tiraba la toalla. Ya encontraría algo diferente en lo que invertir su tiempo y su energía. Pero cuando estás tan hecho al agua llegando casi a formar parte de ella, es muy difícil encontrar otra cosa que te haga feliz.

Por eso Steve, el mejor amigo de Carlos, no quiso que este se rindiera y, aprovechando que había creado una empresa de equipamiento deportivo, quiso que su amigo fuera la imagen de la misma. Carlos solo tendría que hacer una cosa: vencer la inseguridad que le daba nadar en el mar y conseguir una serie de retos que le llevarían a nadar por todo el mundo, batiendo récords y reinventándose a sí mismo.

Así que este libro, escrito por Rafael Clavijo, trata de eso: de la superación. De enfrentarse a los miedos, a los retos y, sobre todo, a las malas decisiones que todos tomamos alguna vez a lo largo de nuestra vida. Carlos no lo tuvo nada fácil, y más cuando esa decisión que tomó afectó a todos los ámbitos de su vida, más concretamente a la relación con su padre, su entrenador. Pero saber aprender de los errores y enfrentarse a ellos es lo que permite que cualquiera, Carlos el primero, pueda salir adelante.

Corazón de escamas es un libro cortito, que se leer muy rápido y sin pausa. Es muy entretenido ver cómo su protagonista se enfrenta a todos esos miedos e inseguridades que se agolpan a cada instante dentro de su cabeza. Si le tengo que encontrar una pega es que no sentí la conexión con Carlos que me hubiera gustado tener. No sé si es porque es un personaje muy reservado o cuál ha sido el motivo, pero no he llegado a meterme dentro de la mente del protagonista y sentir lo mismo que él sentía. Y es una pena, porque para mí hubiera sido muy interesante ser capaz de vivir lo mismo que vivía Carlos en su historia. Sobre todo cuando le invadía el miedo o la incertidumbre de no saber si iba a superar un reto; o, al contrario, la alegría cuando un desafío estaba a punto de terminar. En definitiva, como si fuera yo la que estuviera nadando.

Esto que estoy diciendo puede que sea un problema mío, puede que yo no haya sabido conectar con el protagonista como debería haberlo hecho, así que espero que el que lo lea comparta sus impresiones al respecto para entender por qué yo no he sido capaz de tener esa conexión.

Pero, sin ponernos tan profundos (entiendo que yo misma a veces le pido demasiado a los libros) es una trama que me ha gustado mucho. Sobre todo la historia del hombre-pez, de la que solo voy a hacer mención porque no quiero desvelar nada más, me ha mantenido intrigada hasta que he terminado el libro. Eso en concreto, lo del hombre-pez es lo que ha hecho que quisiera leer más y más, para saber qué estaba pasando. Aquí tengo que decir que es posible que al principio el lector se sienta un poco perdido, porque la historia de este hombre aparece de repente intercalada con la de Carlos, pero poco a poco las cosas se van aclarando y todo cobra sentido.

En cuanto a la narración tengo que decir que me ha gustado mucho. Rafael Clavijo hace uso de un lenguaje claro, directo y nada farragoso. Eso para mí es muy importante. No me suelen gustar demasiado los libros que son muy descriptivos, esos en los que para contarte una cosa, el autor da mil vueltas. Me gustan los libros que son directos, los que van al grano. Con diálogos claros, necesarios y naturales. Así que mis expectativas en cuanto eso (que para mí es muy, muy importante) se han cumplido perfectamente.

En definitiva, he quedado muy contenta con la lectura de Corazón de escamas, sobre todo por la originalidad del tema, del que no había leído nada con anterioridad. No habré sentido esa conexión con Carlos, pero sí que he sentido sus mismas ganas de tirarse al agua para poder flotar un ratito más. Quizás sea el momento de despedirme de vosotros, cerrar el ordenador e irme a la piscina para sumergirme unos momentos más en mis pensamientos.

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