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El mundo perdido, de Christophe Bec, Fabrizio Faina y Mauro Salvatori

A veces nos sentimos nostálgicos y nos da por añorar nuestra infancia, nuestros primeros paseos con la novia, o aquellos tiempos en que, sin internet ni móviles, todo era mucho más fácil, o así nos parecía. Sin embargo, existe otro tipo de nostalgia, la nostalgia que nos llena de añoranza por un tiempo no vivido. Conozco lectores que cada mañana remueven el café entre recuerdos del Imperio austrohúngaro. Hay políticos de 40 años que se emocionan hablando de su revolucionaria presencia en el París de mayo del 68. Y hay millones de personas, sin distinción de edad, que rememoran entre suspiros aquellas caminatas entre helechos gigantes, contemplando el vuelo en zigzag de libélulas de tres palmos, y con la emocionante sensación en el cuerpo de que en cualquier momento, tras el repecho de una colina, nos podíamos encontrar con una manada de entrañables triceratops.

Desde que se descubrió que el mundo era un pelín más viejo de los que nos dice la Biblia, y desde que a mediados del XIX a algunos exploradores les diera por encontrarse fósiles de huesos descomunales a mansalva, el mundo de los dinosaurios no ha dejado de fascinar al hombre. Esa fascinación dio lugar en 1864 al clásico de Verne Viaje al centro de la tierra y, medio siglo más tarde, a El mundo perdido, otra maravillosa obra de Conan Doyle que, para bien o para mal, ha quedado eclipsada por las versiones cinematográficas de Spielberg y las que siguieron. Sin embargo, el original, cuya adaptación a novela gráfica nos trae ahora Yermo Ediciones, tiene aquel sabor de la genuina aventura del que, en mi humilde, carecen tanto Parque Jurásico como sus secuelas.

En esta excelente adaptación, con guión de Christophe Bec e ilustraciones de Fabrizio Faina y Mauro Salvatori, tenemos todo lo que se le puede pedir a un libro de aventuras. El profesor Challenger, explorador intrépido y algo bravucón, acaba de regresar de un viaje a un remoto lugar de Sudamérica, donde, en medio de una tribu de caníbales, se ha encontrado con un misterioso personaje que ha sido herido mortalmente por una criatura de dientes gigantescos. Antes de expirar, este personaje le transmite un enigmático mensaje que deja a Challenger rumiando durante todo el viaje de vuelta a Inglaterra. Allí, haciendo honor a su apellido, Challenger desafía al profesor Summerlee en mitad de una conferencia. Summerlee, un respetado científico chapado a la antigua e incapaz de aceptar la posibilidad de que las cosas no sean como él ha leído, se ve obligado a aceptar el desafío de Challenger. Así, en compañía de a Lord Roxton, cazador y mujeriego, y Ned Malone, el romántico reportero que nos narra la historia, nuestros héroes se embarcan rumbo a la aventura.

Y qué aventura. Antes de que empiece la fiesta de verdad tenemos el viaje de rigor al corazón de la selva, que siempre es un viaje a nuestros orígenes y a la esencia del ser humano. Tras salvar insalvables saltos de agua, cocodrilos y serpientes calibre ferrocarril y desfiladeros de paredes que caen al Hades, nos llegamos a la impresionante mole de una inaccesible meseta que nos recuerda mucho a un tepui venezolano. Y a partir de ese momento, olvidaos de lo que os hayan contado las películas.

Este El mundo perdido nos devuelve a aquellos tiempos no tan lejanos en que la aventura de verdad no necesitaba efectos especiales de séptima generación, sino palabras, ilustraciones y talento. A disfrutar.

 

 

 

 

 

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Perú: un camino de encuentro, de Eva Jurado Lara

Perú: un camino de encuentro

Perú: un camino de encuentro

Puedo decir que no a muchas cosas. Puedo decir que no a comprarme toda la ropa que quiero, a salir de fiesta y gastarme demasiado dinero en copas, a ir al restaurante que está de moda o a comprarme esa barra de labios que promete ser mi mejor amiga. Puedo decir que no a todo eso, no lo necesito, no me importa. Ahora mismo me estoy haciendo una casa y gran parte de mi sueldo se va para todos los gastos que ello conlleva. Aun así, consigo ahorrar, aunque sea un poquito. Mes a mes, una parte fija de mi sueldo se va a un bote que al que he llamado “el tarro de mi vida”. Y ese dinero que voy guardando ahí más lentamente de lo que me gustaría, está destinado a los dos únicos vicios que tengo en esta vida y a lo que no puedo rechazar: viajar y leer.

Mientras escribo esta reseña estoy pensando que tengo que hacer las maletas, porque mañana a estar horas estaré cogiendo un vuelo a Bélgica. También me apunto mentalmente que cuando vuelva de ese viaje tendré que ir a comprar algo de ropa de abrigo, ya que el mes que viene me iré con mi mejor amiga a Noruega.

Y también mentalmente me digo a mí misma que tengo que parar un poco, que debería dejar los viajes durante una temporada para poder ahorrar para el destino al que de verdad quiero ir y que lleva en mi mente muchos años ya: la India. Todavía no sé qué es lo que hace que necesite ir a ese sitio, pero algo me dice que seguro que allí encuentro lo que estoy buscando, aunque todavía no sepa muy bien qué es.

Os hablo de esto porque, después de leer Perú: un camino de encuentro, no he parado de darle vueltas a ese tema. Y es que este libro, escrito por Eva Jurado Lara, cuenta su propia vivencia en Perú. Desde hacía muchos años, ella quería ir a ese país. No, querer no es la palabra. Quizás sea mejor decir que necesitaba ir allí. Así que un día, bastantes años después desde ese primer deseo, cogió una mochila, algo de ropa, dinero, su cámara de fotos y partió rumbo a Perú, donde viviría durante un mes. Sin más compañía que ella misma y sus ganas de descubrirse. Ese viaje tenía el objetivo de ayudarla a encontrarse a sí misma en su camino vital.

Un mes en Perú da para mucho, hay tiempo para reflexionar, caminar, conocer gente maravillosa, ponerse en la piel de los demás, calmar el espíritu y tranquilizar la mente. Tanto tiempo de reflexión y, a veces, soledad, hacía que Eva también echara de menos a los suyos. Sobre todo a su pareja, Marta, que se quedó apoyándola desde la distancia como solo un gran amor sabe hacer.

Eva eligió someterse a unos rituales de ayahuasca para alcanzar la purificación de su propio cuerpo y conseguir vaciar la mente. Al leer esa parte del libro tuve una sensación agridulce, porque yo me imaginaba que la autora lo estaba pasando mal durante el proceso; que esa limpieza estaba acabando con sus fuerzas. Pero después me di cuenta de que era algo que ella eligió, sabiendo de antemano a lo que se enfrentaba. Por eso después me sentí feliz por Eva, porque ese ritual le dio lo que ella necesitaba en ese momento.

Después de eso siguió recorriendo Perú, hasta regresar de nuevo a Cusco, capital del imperio Inca y su punto de partida para todas las excursiones. Su fortaleza interior le permitió alcanzar su meta y volver a España renovada y con las respuestas que había ido a buscar a ese hermoso país.

Me ha gustado mucho que el libro estuviera narrado en primera persona y, dado que esta historia es el contenido que ella iba escribiendo en su diario (con pequeñas modificaciones que se hicieron a la hora de editar), es casi como estar allí con ella. Eva es una mujer fuerte, valerosa, sencilla, empática y muy bondadosa. Yo creo que esa bondad, que demuestra durante todo su recorrido, es lo que en realidad le permitió estar en paz con ella misma, sabiendo que siempre da todo lo que tiene y siendo consciente de que ayudar a los demás es también una forma de vida. No solamente la historia de Eva me ha gustado, sino que ha sido su personalidad lo que ha hecho que no pudiera despegarme del libro. Durante los dos días que he tardado en leerlo no he podido parar de pensar en ella. En lo valiente que fue, en lo fuerte mental y físicamente que era, ya que eso es algo indispensable para enfrentarse a un reto como el de irse sola a Perú. No sé, me ha fascinado su forma de pensar y de enfrentarse a la vida. Me ha dado una envidia tremenda.

Además, hay que mencionar que las descripciones que hace Eva Jurado de los sitios que visita son tan realistas que hacen que el lector se esté imaginando ese viaje. Ha habido un momento en el que me ha parecido que yo también estaba en Perú, aunque, desafortunadamente, no sea así. Me ha trasladado completamente a ese país gracias a sus descripciones y los comentarios de los personajes nativos que aparecen en la novela. Estos personajes nos cuentan la historia del país, explicando muchas cosas de los incas. Nos hacen saber un poquito más sobre esa increíble civilización, cosa que me ha gustado muchísimo.

La verdad es que he disfrutado mucho la lectura de Perú: un camino de encuentro. Me ha vuelto a recordar (aunque es casi imposible que se me olvide) el motivo por el cual me gusta tanto viajar, que básicamente es que puedo conocerme más a mí misma cuando estoy tan lejos.

El otro día me dijeron que yo era muy valiente y me quedé pensando… ¿valiente yo? Tengo muchas cualidades, pero no sé si la valentía es una de ellas. Aunque visto desde otra perspectiva… si me dicen hace unos años que me bañara en un cenote de cincuenta metros de profundidad, que me adentrara en un safari en mitad de Kenya teniendo los leones a menos de dos metros de mí, que anduviera sin rumbo por las calles de Nueva York en plena noche o que me subiera en un barco para atravesar un río casi helado para ver los glaciares de la Patagonia cara a cara… seguramente hubiera dicho que no. Viajar ha hecho que me diera cuenta de que puedo hacer todas esas cosas y muchas más. Que las fronteras no existen y que todas las experiencias vividas hacen que mi alma se enriquezca poco a poco.

Desde luego, algún día acabaré haciendo ese viaje a la India que tanto ansío, porque sé que, como le pasó a Eva en Perú, yo encontraré allí lo que estoy buscando.

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Monólogos de la vagina, de Eve Ensler

Monólogos de la vagina

Monólogos de la vaginaMuchas veces hemos hablado del poder de la palabra, sobre todo en un espacio como este, dedicado a la literatura. Pero esa frase ha adquirido una nueva magnitud para mí tras leer Monólogos de la vagina, de Eve Ensler.

Monólogos de la vagina nació como obra de teatro hace veinte años. Cuando Eve Ensler se subió al escenario, creyó que la iban a apalear. Entonces nadie se atrevía a decir vagina en voz alta y ella la pronunciaba ciento veintiocho veces en cada representación. Pero no solo eso: hablaba del vello púbico, del deseo sexual, del placer, del parto. Y también de la violación, de la mutilación genital, del maltrato, de la culpabilidad y la vergüenza que nos inculcan a las mujeres por haber nacido con una vagina.

Que la palabra vagina ha estado silenciada es evidente. ¿A cuántas niñas nos han dicho que se llama así? Lo habitual es recurrir a eufemismos: rajita, cosita, eso de ahí abajo. Y, además, dejarnos claro que eso no se mira, eso no se enseña, eso no se toca, eso no se dice. La palabra vagina causa pudor, incomoda, incluso provoca desprecio y asco. Porque nombrarla es vulgar, indecente.

Pero Eve Ensler rompió el tabú, y con ese monólogo, inspirado en las entrevistas que hizo a más de doscientas mujeres de toda condición, liberó un torrente de recuerdos, de rabia y de dolor: decenas de mujeres se acercaron a contarle cómo ellas también habían sido violadas, asaltadas, agredidas, acosadas.

Así, Monólogos de la vagina se convirtió en un catalizador de la concienciación y la justicia, y la obra se propagó por todo el mundo, retomada por otras mujeres que rompían, a través de ese monólogo, el silencio de sus comunidades sobre sus cuerpos y sus vidas. Esas iniciativas se consolidaron en V-Day, un movimiento de concienciación global que busca poner fin a la violencia contra mujeres y niñas y que actúa allí donde las mujeres están en grave peligro, ya sea por catástrofes naturales, asesinatos u opresión, para hacerlas visibles y sanarlas a través de la palabra.

Con motivo del veinte aniversario, Ediciones B publica una edición actualizada en la que, además del monólogo original, incluye los monólogos que fueron escritos posteriormente para acciones de la Campaña V-Day Spotlight —donde se da voz a transexuales y esclavas sexuales, entre otros grupos de mujeres en situaciones de riesgo— y artículos sobre la misión de ese y otros movimientos, como la Ciudad de la Alegría. Todo ello demuestra la trascendencia que ha tenido la transgresora obra  de Eve Ensler.

Este libro era necesario entonces y lo sigue siendo ahora, tal y como afirma Jacqueline Woodson en el prólogo de la presente edición. Pese a los años transcurridos y a los logros alcanzados, todavía nos quedan muchos miedos y vergüenzas que exorcizar, con nuestro cuerpo en general y con nuestra vagina en particular. La revolución feminista comienza en nuestro cuerpo, al que debemos mirar y nombrar, parte por parte, sin pudor. Porque lo que no se nombra, no existe. Porque las palabras construyen la realidad, la transforman, y nos liberan. Eve Ensler lo demostró al pronunciar ciento veintiocho veces la palabra vagina en público y originar un movimiento mundial que ha empoderado a miles de mujeres. Ese es el  poder de la palabra; ese es el poder imparable de Monólogos de la vagina.

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La Casa del Arpa, de Paul Harrison

la casa del arpa

la casa del arpaUna majestuosa arpa clásica de cuarenta y siete cuerdas, con profusos realces de pan de oro sobre la madera y coronada por una cabeza tallada de mujer. Junto a ella, un atril de músico, con una columna salomónica con relieves vegetales. Y sobre su soporte, un viejo pliego mordisqueado y ahuesado por los años. Es una partitura sin título, con notas escritas a mano a lo largo de cinco páginas.

Esta bella escena es la que encuentra la familia Rico en un sótano oculto de su nuevo hogar, una casa con pretensiones de mansión colonial aislada en mitad del campo de Mingorría (Ávila). La hija mayor, Mía, de dieciocho años, está tratando de superar una decepción amorosa y halla en ese arpa y en su enigmática partitura un aliciente para olvidar el pasado. Poco a poco, la casa le irá desvelando sus macabros secretos y la triste historia de Gabriela, la arpista mulata que tocó ese arpa un siglo atrás.

La Casa del Arpa es la primera novela de Paul Harrison, un francés hijo de una pianista española, que ha creado una escuela de música con un método propio de enseñanza. Su pasión por la música queda reflejada en esta historia, donde una de sus protagonistas, Gabriela, solo es capaz de sentir las emociones cuando toca su arpa. A través de ella, en los capítulos que recrean lo acontecido en la casa en 1901, y de la hermana pequeña de Mía, Sofi, en los capítulos del presente, Paul Harrison nos muestra el autismo desde dentro, con el punto de vista de la persona que lo padece y con el de sus familiares. Y esa forma de contarnos cómo ha cambiado la percepción de este trastorno neurológico de cien años a esta parte me ha parecido uno de los aspectos más atractivos del libro. El otro punto fuerte es la documentación histórica que ha llevado a cabo, ya que Paul Harrison ha reconstruido la Mingorría de principios del siglo XX, retratando sus costumbres, creencias y expresiones, e incluso colando algunos personajes reales en su ficción.

Habitualmente nos encontramos con novelas que alternan capítulos del pasado y del presente. Es una estructura narrativa que me gusta, aunque suele atraerme más leer sobre las maneras de vivir de antaño que sobre los problemas cotidianos de una familia actual. Admito que Paul Harrison ha plasmado de forma creíble el día a día de los Rico y, en especial, la relación de amor-odio entre Mía y Astrid, la hermana mediana, pero mi problema fue que Mía me caía mal. Incidía demasiado (para mí gusto, pues no aportaba nada a la trama) en lo guapa que era y en cómo se le iban los ojos a todos los hombres en cuanto la veían, y eso hacía que yo perdiera el interés en su historia, confirmando, una vez más, mi preferencia por los capítulos del pasado. Sin embargo, a medida que investigaba la vida de los primeros habitantes de su casa y sus preocupaciones adolescentes quedaban en segundo plano, fui conectando con ella. A partir de entonces, ya no pude soltar La Casa del Arpa.

Cuando llegué a la última página, no me quedó más remedio que reconocer que Paul Harrison se había cargado todas mis reservas y había cumplido con nota en la parte histórica y en la de suspense, en los momentos de amor y de terror. Conseguir eso en una primera novela tiene mucho mérito, así que chapeau, Paul Harrison. Me has hecho olvidarme del mundo durante horas. Gracias.

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Steve Jobs, inventor del mañana, de Julio Fajardo Herrero y Miguel Pang

Steve Jobs Inventor del mañana

Steve Jobs Inventor del mañanaLo reconozco: cuando el 5 de octubre de 2011 leí que Steve Jobs había fallecido, apenas sabía quién era. Sí, lo había visto alguna vez por la televisión, había oído mencionar su nombre, pero nunca había reparado en él hasta que su muerte conmocionó al mundo. Creo que yo ni siquiera tenía smartphone entonces. Siempre he ido bastante rezagada en cuanto a aparatos tecnológicos.

Hasta que vi Jobs en 2013, el biopic protagonizado por Ashton Kuchter, no supe del papel trascendental que aquel hombre había jugado en los inventos más revolucionarios de las últimas décadas. Fue en ese momento cuando empezó a llamarme la atención su trayectoria profesional y sus contradicciones personales, y por eso fui de cabeza a ver la segunda película basada en su vida, en la que fue encarnado por Michael Fassbender. Sin duda, Steve Jobs era un hombre singular que cambió nuestra manera de vivir y, por eso, Vegueta Ediciones le ha dedicado una de las entregas de su colección Genios de la Ciencia.

Genios de la Ciencia es una serie de biografías de científicos e inventores que han contribuido al desarrollo y la calidad de vida de nuestra sociedad. Está especialmente destinada a los lectores entre ocho y once años. Por el momento, está compuesta por las biografías de Tesla, Hipatia, Jane Goodall, Arquímedes y Gutenberg. Y ahora le ha tocado el turno a Steve Jobs, inventor del mañana.

¿Cómo se explica a un niño quién fue Steve Jobs? Pues captando su interés desde la primera línea. Para ello, el escritor Julio Fajardo Herrero hace que sea el propio Apple II, el primer ordenador personal que se vendió masivamente en todo el mundo, el que cuente la historia de su creador. Comienza recordando su infancia, sus idas y venidas de la universidad, su amistad con Woz y los primeros inventos conjuntos, su éxito empresarial con tan solo veintiún años… Pero no olvida mencionar sus rifirrafes con Bill Gates, su carácter complicado, su despido de la misma empresa que él creó, su resurgir con Pixar, su enfermedad y su muerte.

El recorrido por la vida de Steve Jobs apenas ocupa treinta páginas, en las que las ilustraciones de Miguel Pang tienen gran protagonismo, pero abarca los aspectos más relevantes de su trayectoria, por lo que el resultado es un retrato bastante completo para que los niños se hagan una idea de quién fue Steve Jobs y cuál fue su aportación al mundo. No faltan citas de Jobs en los márgenes del texto, curiosidades sobre su vida y el logo de Apple y explicaciones de los términos informáticos que se van mencionando, y todo ello enriquece el conjunto. Además, la narración hace hincapié en que los avances protagonizados por Jobs no hubieran sido posibles sin el saber, talento y esfuerzo de muchas otras personas que trabajaron junto a él.

Steve Jobs podrá gustar más o menos, pero no cabe duda de que es una figura clave para entender nuestro mundo actual, en el que prácticamente todos usamos alguno de sus inventos. Incluso los niños, que ahora parece que nazcan con un smartphone bajo el brazo. ¿Cómo no les va a interesar quién fue el «genio» que lo hizo posible? Vegueta Ediciones se lo cuenta en Steve Jobs, inventor del mañana, y les presenta a muchas mentes brillantes más en su colección.

Decía Jobs que hay que «intentar empaparte de los mejores logros de la humanidad y después tratar de incorporarlos a lo que haces». Quién sabe si conocer a estos inventores y científicos a través de estas biografías hará que esos jóvenes lectores  interioricen esas palabras y sean algún día los nuevos genios de la ciencia.

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Reparación del fuego, de Fernando Gil Villa

Recibo el último poemario de mi paisano Fernando Gil Villa, editado por la diputación de Salamanca, ya saben que él es catedrático de esa Universidad, en más de una ocasión lo he traído a estas páginas para hablarles de su poesía o de sus novelas. Hace muy poquito les hablaba de su último poemario titulado La voz y el sigilo publicado por la editorial Olifante (2017).

Siempre me resulta difícil reseñar poesía, porque si normalmente vengo aquí a hablarles de lo que un libro me ha hecho sentir a través de su historia, además claro está de si literariamente hablando está correcto, en un poemario las sensaciones van apareciendo verso a verso, poema a poema, y siempre es mucho más difícil hablar de sentimientos que de historias, y cada poemas te lleva a un universo diferente aun cuando todos ellos puedan compartir una misma idea genérica.

Así empieza este poemario tras el Prólogo de Ricardo Pochtar, en el que nos habla de que el libro le ha transmitido una palabra por encima de las demás: REPARACIÓN

REPARACIÓN DEL FUEGO

Un fuego
inducido
nos calienta.

Por las profundidades corre
por obligación
el fuego verdadero.

No busca su reparación la venganza
-pues hace tiempo no pelean
dioses y hombres-
sino devolver al estómago
un poco de tranquilidad:
poner a cocer el alma
en el puchero matutino
a la vez que las patatas
mientras el gallo canta y el gato
transmite en su bostezo una idea de
felicidad.

Tras esta reparación del fuego, poco más adelante nos propone la “reparación del Barco”, … lo que hace del barco su fantasma/es el sabor de la soledad/a ausencia reciente/la forma de comportarse la madera/tan besada por el agua.

Para aquellos relacionados como yo con el mundo del Derecho, no nos pasa por alto este pequeño pero impactante poema.

LA MALA PALABRA

Calumnia que algo queda:
el cuerpo incorrupto de la
sonrisa congelada.

Es cierto que el poeta, en esta ocasión, nos llega más reparador, pero sobre todo mucho más cercano, supongo que así regresa una vez purificado por el fuego, el fuego que siempre le acompaña en su versos…

PROMETEO

Él me enseñó el camino.
Hacia fuego frotando versos
y yo después no me dormía.
aquél fuego no se apagaba,
no cedía aquel frotar
las almas con palabras .

lo que queda del verso es beso
de muerte derrotada.

Y así, reparación a reparación nos va llevando a través del tiempo, de las verdades, de los sueños, del aire, de la tierra, de dioses y de hombres… Eso tienen de bueno los poemas que cada uno nos lleva a ese espacio interior a través de palabras y sentimientos ajenos.
Y desde luego que cada poeta es una subespecie propia

SUBESPECIES DE POETAS
Hay poetas
orgullosos de su obra
y poetas que viven no ya
del despojo de la heráldica
-como dice un buen amigo-
sino del mismo
ser.

Ahora que ya todo el mundo tira lo que se estropea, es interesante leer a aquellos que nos ofrecen la reparación.

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La saga de Thanos, de Jim Starlin

la saga de thanos

la saga de thanosEl Universo Cinematográfico Marvel dio su pistoletazo de salida en 2008 con el estreno en cines de Ironman. Con la película del Vengador Dorado se iniciaba la denominada Fase 1 de un plan muy ambicioso. A lo largo de los años y a través de múltiples películas, no solo se han ido incorporando un sinfín de personajes, sino que también, mediante crossovers, se ha ido tejiendo una historia en común. De igual forma que diversos afluentes acaban desembocando en un río mayor, las películas han tenido su propia trama pero han trazado un camino en común para, y poniendo punto y final a la Fase 3, llegar hasta Vengadores: Infinity War.

El hype es real y virulento. Se extiende como lo hizo la peste negra e infecta la mente de todo aquel que anteriormente disfrutó con cada una de las producciones de Marvel Studios. Y es que los aquejados de esta dolencia, ahora ya en fase terminal, fueron empeorando con cada aparición de las denominadas Gemas del Infinito. Primero un Teseracto por aquí, que en realidad es la gema-espacio, en manos de Loki; luego un Ojo de Agamotto por allá, donde se encuentra recluida la gema-tiempo, que está en manos del Doctor Extraño… Y sí, incluso hemos podido atisbar brevemente como pinta Thanos, el Titán Loco. Lo que por el momento es toda una incertidumbre es si en Infinity War se nos explicará de dónde proviene este ser gigantesco con el insaciable anhelo de convertirse en un dios de la destrucción. Así pues, quizá sea necesario meter la nariz entre las páginas de un cómic y asistir al nacimiento de Thanos.

Pero primero deberíamos hablar de su padre. No de Mentor, su progenitor de celulosa y tinta, sino de Jim Starlin, el hombre de carne y hueso. Al guionista y dibujante le fue dada una oportunidad de demostrar sus dotes a principios de los años setenta. No la desaprovechó. En Ironman #55 USA hizo aparecer por primera vez un villano que decía ser el autoproclamado emperador de la luna Titán. Una aparición fugaz que dejaría la mella suficiente como para convertirse en uno de los villanos más poderosos de Marvel e involucrar, en sus inicios, a otros autores como John Byrne o John Buscema. En La saga de Thanos, publicada por Panini Cómics, se recogen los primeros pasos del malvado adorador de la muerte. Una primera etapa que se podría dividir en dos partes diferenciadas.

En la primera de las partes el protagonista absoluto es el Capitán Marvel. El Capitán Marvel ya daba guerra en los años cuarenta, aunque no la suficiente, así que Whiz Cómics tuvo que vender los derechos del personaje a DC. ¿Os suena Shazam? Marvel, en cambio, se quedó con los derechos de explotación de la marca, es decir: el nombre. Hoy el Marvel que nos interesa es el que reparte tortas en La Casa de las Ideas. Este antiguo soldado kree de nombre Mar-Vell intentará pararle los pies a Thanos que, tras conseguir el Cubo Cósmico (Teseracto en las películas), acabará ostentando el poder de un dios. El héroe de doble personalidad (una heroica y extraterrestre y la otra humana, cuando una entra en escena la otra queda atrapada en La Zona Negativa) no solo es utilizado por Jim Starlin para recrear batallas estelares de épica abrumadora sino que además, a lo largo de los capítulos, mejora al personaje para transformarlo en un ser con conciencia cósmica (que sería algo así como alcanzar la sabiduría absoluta a través de un chute de LSD proporcionado por un camello extraterrestre). Este primer tramo de la saga goza de grandes escenas de acción que alcanzan su clímax cuando Marvel une fuerzas con Los Vengadores, que hasta el momento habían desempeñado un papel tangencial en la guerra contra Thanos.

En la segunda parte seguimos a Adam Warlock. Inicialmente fue creado por Stan Lee y Jack Kirby y se le dio el simple nombre de Él. Intentaron convertirlo en una especie de Jesuscristo espacial, pero la idea no acabó de cuajar. Vaya, me pregunto por qué. Luego Jim Starlin retomaría el personaje, rediseñaría su aspecto, le daría nuevas aspiraciones y lo convertiría en un superhéroe (antihéroe más bien) con tal carisma que, para qué vamos a negarlo, ensombrece no solo al villano que da nombre a esta saga, sino a cualquier otro personaje que comparta viñeta con él. Junto a Adam Warlock disfrutaremos de aventuras más estilo space opera: viajar de galaxia en galaxia, meterse en líos, buscar respuestas a preguntas de índole existencial y que tienen que ver con la gema que lleva en la frente, hasta incluso acabar aliándose con Thanos. Viajes que llevarán a nuestro amigo de piel dorada a enfrentarse a paradojas espacio-temporales que pondrán a prueba sus tendencias maniaco-depresivas y que le enfrentarán con la terrible visión de su propia muerte. A lo largo de estos periplos a través del espacio también forjará amistad con seres pendencieros como el carismático Pip el Troll y con la bella y letal Gamora; ambos excelentes creaciones de Jim Starlin. Sin lugar a dudas para mí este tramo de la saga resulta no solo más divertida, sino también más espectacular, más profunda y visualmente seductora. Sobresalen capítulos como el titulado ¡1000 payasos! en el que Starlin satiriza la industria del cómic o Velatorio, en donde Los Vengadores vuelven a dar guerra, junto al Capitán Marvel, a Spiderman (tan irónico y mordaz como siempre sin desentonar en ningún momento en un escenario espacial) e incluso La Cosa. Una orgía de personajes y de acción desenfrenada que alcanza un final digno de tragedia griega.

La Saga de Thanos es una odisea cósmica, una batalla que pone en jaque a todo el universo, en la que un enérgico Jim Starlin de fértil imaginación creó un arco argumental memorable. No solo mejoró personajes y concibió nuevos, sino que además experimentó con la narración puramente visual y añadió grandes dosis de filosofía a las tramas.

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Pachinko, de Min Jin Lee

Pachinko

La buena literatura es aquella que te enfrenta a lo que das por sentado. Al menos, ese es el criterio que uso para distinguirla del mero entretenimiento. Y lo cierto es que no son muchos los libros que pueden ocupar un puesto en la primera categoría. De ahí la magia de encontrarse con ellos, casi por casualidad. Como si estuviéramos esperando que sucediese otra cosa. Desde que quedó finalista para el National Book Award en 2017, Pachinko entró en mi radar como una novela que merecía la pena leer. Una saga familiar de coreanos intentando hacerse una vida en Japón a lo largo del siglo pasado. A priori, parecía una novela entretenida. Mi sorpresa llegó después, cuando me vi totalmente arrastrado por la historia y por la Historia. Permitidme el uso de la mayúscula para diferenciar lo que los angloparlantes, acertadamente, dividen entre story y history. Aunque los personajes son ficticios, el episodio histórico que les toca vivir no lo es. Min Jin Lee me ha hecho replantearme mi fascinación por Japón, enseñándome la cara oculta de una sociedad eficiente y paradigmática. No sé si estamos ante una de las mejores novelas del año porque aún es pronto para este tipo de predicciones. Sin embargo, puedo decir desde ya que es uno de los libros más necesarios que vais a leer en 2018.

Todo comienza cuando Sunja, una coreana analfabeta de quince años, queda embarazada de un hombre casado que, fascinado por la joven, consigue embaucarla. Ante la imposibilidad de matrimonio, Sunja es tomada por esposa por un joven pastor presbiteriano que asume el cuidado tanto de ella como del bebé. Y juntos parten a Japón donde son acogidos dentro de la incipiente congregación con base en Osaka. Allí, el pastor y Sunja se reunirán con el hermano del primero y su mujer, con los que formarán una pequeña familia con la llegada de Noa, el recién nacido. A lo largo de los años, veremos cómo el devenir de este núcleo familiar será puesto aprueba constantemente. Racismo, pobreza y persecuciones religiosas serán problemas cotidianos a los que Sunja tendrá que hacer frente. No en vano, toda la novela gira en torno al fuerte ostracismo que vivieron los coreanos emigrados a Japón. Una situación que vulneraba los derechos humanos mínimos y que relegaba a la comunidad coreana a los peores estratos de la sociedad, como por ejemplo, trabajos en salones recreativos de pachinko. Una especie de pinball japonés cuyo sistema amañado generaba mala fama, pero que eran tremendamente adictivos. Negocios con los que la yakuza tenía relaciones.

Desde 1932 hasta 1989, presenciaremos cuatro generaciones de coreanos que tendrán que usar todo tipo de artimañas para poder tener una vida tan digna como los nativos del propio país. Desde ocultar sus raíces hasta separarse de sus seres queridos con el fin de evitar posibles asociaciones. En los años en los que transcurre la novela se sabía que ciertos trabajos, como profesor, estaban vetados si no se era japonés nativo.

Quiero detenerme a hablar del poder femenino que sostiene todo el artefacto narrativo. La autora nos sitúa tras los ojos de Sunja durante toda la novela. Es la fortaleza de una mujer que a penas sabe escribir bien su nombre desde donde el lector presencia un instinto de supervivencia imbatible. El peso de los años y de las muertes no es capaz de minar la voluntad de hacer que su familia prospere. Debido al fuerte patriarcado de la época, las mujeres se convertían en una deshonra para sus familias si decidían trabajar, incluso cuando el dinero era absolutamente necesario. Por lo que las mujeres en Pachinko tendrán que recurrir a todos sus recursos para poder alcanzar un mínimo de prosperidad.

Decía al principio que esta novela es sin duda necesaria. Y quiero explicar por qué. Siempre he tenido claro que una novela histórica no nos habla de la época en la que transcurre los hechos que narra, sino del momento en el que ha sido escrita. Y en este caso toca hablar del otro, del extranjero. El rechazo al que viene de fuera es implacable, sin importar cuánto se esfuerce. Con frecuencia es visto como un ciudadano de segunda categoría. Esta novela no sólo me ha enseñado historia. También me ha puesto en guardia ante mis propios prejuicios. ¿Quiénes son los coreanos hoy? ¿A qué colectivo, nacionalidad o etnia estamos culpando por nuestras carencias, por nuestro bienestar truncado? No quiero caer en el panfleto, ni en la demagogia. Aquí lo que nos ocupa son los libros. Sin embargo, no puedo sino pensar que la realidad, como el pachinko, lleva tiendo siendo amañada y son novelas como ésta las que te permiten entrever el truco. Leedla. Es necesario.

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Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, de Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio

Las chicas son de ciencias

Las chicas son de cienciasEn cuanto me enteré de que Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio volvían a la carga con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, allá que me lancé a leerlo. ¿Cómo no hacerlo? Hace poco más de un año leí Las chicas son guerreras. 26 rebeldes que cambiaron el mundo, y me sorprendí de la cantidad de hitos históricos protagonizados por mujeres de los que nunca había oído hablar. Como no sabía si era solo cosa mía, cuando reseñé aquel libro, os hice un pequeño examen de cultura general, para que vosotros mismos comprobarais si teníais tantas lagunas como yo. Y con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo voy a hacer lo mismo, así que hoy toca poneros a prueba con un examen de ciencias. Allá va:

¿Quién creó la primera clasificación de insectos con crisálida de la historia y, además, la ilustró?

¿Quién descubrió el método de medición de la distancia entre las estrellas?

¿En qué activista por la libertad sexual de las mujeres se inspiró Willian Marston, el creador de Wonder Woman?

¿Quién descubrió cómo era el centro de la Tierra?

¿Qué mujer ganó el premio de Hombre del Año en 1969?

¿Quién descubrió la estructura de la penicilina para poder crearla desde cero en el laboratorio y salvar millones de vidas?

¿Qué química española estuvo a punto de ser condenada a muerte por su lucha antifranquista?

¿Quién fotografió de forma nítida la estructura del ADN por primera vez?

¿Quién creó el tejido que se usa en los chalecos antibalas?

¿Quién encontró la materia oscura?

¿Quién escribió el código de software que llevó al primer hombre a la Luna?

¿Quién descubrió la existencia del bosón de Higgs?

Seguramente, si no sois muy duchos en ciencias, igual que me pasa a mí, no hayáis acertado ni una. Es normal. Pero creo que incluso los que sí sean expertos desconocerán las respuestas a varias de estas preguntas o, lo que es peor, le tenían atribuidos muchos de estos logros a otros científicos (hombres, por supuesto). Y es que, como nos cuentan Sergio Parra e Irene Cívico en este libro, más de una vez, los hallazgos de estas mujeres fueron desechados, hasta que algún colega hombre los ratificaba tiempo después o, directamente, se llevaba toda la gloria al avanzar un poco más en el camino abierto por ellas. De ahí la necesidad de libros como este, que dan a conocer estas figuras a los lectores jóvenes.

Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo me parece un libro genial para un primer acercamiento a la ciencia, pues además de hablarnos de la trayectoria de estas mujeres, explican algunos de esos conceptos científicos de los que oímos hablar a menudo, pero no acabamos de entender. Y si después de leerlo os quedáis con ganas de más, os recomiendo también Sabias, la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez, un ensayo que profundiza en algunas de estas relevantes figuras de la ciencia y en muchas más.

Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio tienen aún muchos nombres que rescatar del olvido, así que espero que haya más entregas de mujeres guerreras. Ya es hora de dedicarles todas las líneas que se merecen en la historia de la humanidad.

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Batman Eterno Integral 2, de Scott Snyder y VV.AA.

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be2Muy bien. Pues ya tenemos aquí la conclusión del arco Batman Eterno con este segundo integral, formato tochazo. Si al finalizar el anterior habíamos dejado Gotham reventada por mil sitios distintos y con más frentes abiertos que la II Guerra Mundial aquí vamos a poder ver cómo poco a poco van a ir cerrándose, con hilo y aguja, con precisión quirúrgica, algunos de ellos.

Y no parece nada fácil después de ver cómo acabó el Batman Eterno, integral volumen uno. Recordemos rápidamente, y solo por encima, el estropicio (y no hace falta decir que hay spoilers si no has leído dicho tomo): Alfred prisionero en Arkham; Arkham convertido aún más si cabe en un puto infierno; Silencio suelto a su bola haciendo cosas muy ruidosas; Gordon preso en Blackgate; Selina haciéndose poco a poco con el control de la mafia; los nanovirus siguen en los Narrows;  la policía en manos de un comisario corrupto que organiza una cruzada paresonal para atrapar a Batman a toda costa y, en general, las calles enfrentadas en una guerra de bandas; la batfamilia al completo, y algunos más,  intentando poner orden y otros cuantos elementos más por ahí desperdigados… Un caos absoluto. Lo que dije. ¿¡Quién quiere vivir en Gotham, por Dios!?  ¡¿Quién en su sano juicio…!?

En fin. Parece mentira pero las cosas irán arreglándose… pero solo después de que se fastidien aún mucho, mucho más.

¿Pero, por qué? ¿Quién está tras todo esto? ¿Será capaz el mejor detective del mundo de averiguar quién mueve los hilos? ¿Realmente hay alguien dirigiendo todo, al mando de este enorme cotarro? Si lo hay, es una lumbrera. Todos sabemos que derrotar a Batman es imposible. Batman siempre tiene un plan B, C, D, y así hasta J, aproximadamente. Siempre vencerá si se le da tiempo para estudiar el terreno de juego, para prepararse, siempre está preparado y lleva una estrategia dos o tres pasos por delante de su rival. ¿Siempre?

Sin embargo, Batman se está metiendo una paliza para descubrir el cerebro oculto tras toda esta trama y esto acabará pasándole factura. ¿Cuánto tiempo podrá el murciélago estar al 100%? ¿Cuántas horas sin dormir podrá rendir sin fallar, cuántas sin comer…? ¿No pensaste en estas cosas cuando decidiste enfundarte el traje, eh, Bruce? Si ya es jodido actuar como “civil” de día y justiciero de noche en épocas de relativa calma, ahora ya ni te cuento…

Por si fuera poco, vamos a ver cómo no solo Batman va a tener que luchar contra los malos y el acoso de la policía, sino que Bruce Wayne también va quedarse sin nada. Algo como lo que vimos en The Dark Knight Rises o parecido también a lo que le sucedía a Daredevil en el estupendo y más que recomendable cómic Born Again. Que va a pasar las de Caín, vamos.

Por primera vez veo a un Batman desconcertado, sin rumbo, como una marioneta yendo de un lado a otro, siguiendo el humo, sin saber cuál es el siguiente paso a dar, con la barba de tres días (bueno con barba de tres días ya le hemos visto más veces)…:

“No tengo ni idea de quién está detrás de esto. He juntado todas las piezas de todos los puzles. Todas estas malditas pistas… y ninguna de ellas encaja con las demás. Ninguna en absoluto. La ciudad está en llamas y todo esto no es más que una condenada distracción. Y no sé para qué…”

¡Y lo reconozco!: me ha encantado el conjunto y me ha encantado el final que han dado a la historia. No lo esperaba así, la verdad. Me imaginaba que el maestro del caos que había preparado y coordinado todo este tinglado contra el Caballero Oscuro fuera alguien que se sacaran de la manga, que no supieran cómo acabar la historia y metieran un Deus ex machina, algo que al final hiciera que el conjunto de los dos tomos no fuera tan redondo, pero no. ¡Chapó! Me ha gustado el desenlace y la explicación final. Me ha gustado ver a Batman abatido, cansado, extenuado…, pero no rendido, eso nunca.

El dibujo se mantiene a la altura de la historia. Muchos dibujantes, pero cohesionados que aportan su toque artístico a una de las historias más atractivas del murciélago.

Lo único que desentona, en mi opinión y, teniendo en cuenta que en este segundo tomo su presencia es casi cero, es la parte paranormal. Pero eso ya lo comenté en la otra reseña.

Un guion repleto de tramas, héroes, villanos, y secundarios que no se quedan atrás en sus papeles; con alguna que otra concesión al humor, con un gran nivel constante durante las más de mil páginas que hacen muy disfrutable el conjunto de los dos integrales.

Batman Eterno, integral volumen 2 completa un arco que gustará a todo aquel que sea fan del héroe de Gotham, o a los enemigos de este que quieran verle pasarlas muy putas.

De lo mejor que he leído de Batman últimamente.

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Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás

honrarás a tu padre y a tu madre

honrarás a tu padre y a tu madreCuando comencé a  leer Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás, no tenía ni idea de que era una historia real y, sin embargo, lo intuía. Que el personaje que narraba en primera persona se llamara Cristina, como la autora, era una pista, sí; y las fotografías que aparecían en algunos de los capítulos, también, claro. Pero no eran esos detalles los que me transmitían esa sensación, sino la forma de narrar los acontecimientos. Porque cuando las palabras salen de las mismísimas entrañas, se nota.

Honrarás a tu padre y a tu madre se remonta a un hecho ocurrido en los primeros meses de la guerra civil española. Pero no es una historia más sobre la guerra civil, ni por la forma (a caballo entre la crónica y la novela) ni por el fondo. Nos hace entrever los puntos de vista de los vencedores y vencidos del conflicto bélico, aunque de una forma poco convencional que nos demuestra lo crueles que pueden ser los azares del destino. Sin embargo, va mucho más allá de aquel hecho y de aquel periodo, para hacernos reflexionar sobre la transmisión generacional del trauma de la violencia política, algo de lo que se habla en todos los países, menos en España. Cristina es un ejemplo de este trauma.

«Ellos existen en mí y a través de mí. Ahí está mi herida».

«Toda historia tiene un vértice, el punto en el que se cruzan todas y cada una de sus partes, desde donde parten las cosas hacia el futuro y hacia el pasado, y que sin ese punto no serían nada. El vértice de mi historia está en aquel 5 de diciembre de 1936 porque allí se cruzaron todos los personajes que construyen mi propio personaje».

En Honrarás a tu padre y a tu madre, todo gira en torno a esa fecha. Cristina sale en busca de esos tres personajes, sus muertos, y les pregunta todo aquello que nadie ha querido explicar. Reconstruye sus historias, en un intento de hallarse a sí misma, para ver si de este modo encuentra la salvación. O  se atreve a mirar a los ojos a sus hijos, al menos.

Pocas veces me encuentro con una obra que contenga tantas frases certeras, esas que lo dicen todo y no dejan lugar a explicaciones o circunloquios. Tal vez por eso no paro de copiar citas de la novela. Ahí donde mis palabras no llegan, las de Cristina Fallarás atraviesan:

«Nosotros, los vivos, solo tenemos pequeños huesecillos del esqueleto de la historia, de esta historia, y con ellos las construimos, evidentemente falsa. No cambia en absoluto lo que sucedió. Lo que sucedió, sucedió, y jamás tendremos idea.

Pero el relato sí cambia, y eso, el relato, es lo único que nosotros tenemos.

O sea, nuestro propio relato. Nosotros somos el relato».

Eso es Honrarás a tu padre y a tu madre: el relato de Cristina Fallarás, el de su familia y el de todas esas familias que han visto «cómo el dolor, al igual que el silencio, al igual que la cobardía, atraviesa generaciones».

El retrato de un siglo de la historia de nuestro país. O de toda nuestra historia, en realidad.

De la esencia del ser humano, en definitiva.  Como lo es toda la buena literatura.

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Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi

Recuerdos del primer amor

Recuerdos del primer amorEn las cosas del amor no hay nada más grande que el primero, ya que será con lo que midas el resto de experiencias de tu vida. Amar de verdad significa inquietud. Inquietud por encontrar a la persona amada en cada esquina que doblas; esperar a que suene el teléfono para volver a escuchar su voz; hacer que cada conversación tenga que ver con el amor. La música que escuchas, las películas que ves, los libros que lees, de todo extraes la savia necesaria para calmar esa inquietud que en ti deja el primer amor. Y el primer amor a veces dura para siempre y se hace único y, la mayor de las veces, se acaba. Pero no así la inquietud. No, esa no se muere jamás.

La literatura está llena de historias de amor: poemas, cancioncillas, tragedias, novelas… El tema ha sido recorrido en todas sus posibilidades, a veces para bien, la mayor de las veces dolorosas. Pero la inquietud, como digo, ahí sigue. El primer amor no se olvida, tan honda es la huella que deja, que el poeta debe inmortalizarla con su mayor arma. Y así nos llegan unos textos de singularísima belleza y sensibilidad como son los recogidos en este Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi.

El libro que edita Acantilado reúne el diario y el poema que escribió un jovencísimo Leopardi dedicados a la mujer que le inspiró escribirlos. Ambos textos constituyen un notable reflejo del Romanticismo italiano que, en su elegante estilo, despliega los matices propios de los autores románticos que caían embelesados por el primer encuentro con el mayor de los anhelos del hombre: el amor.

En 1817, el poeta italiano conoció a Geltrude Cassi Lazzari por quien profesó un fortísimo amor secreto. Nunca llegó a consumar aquel deseo y tuvo que reprimirlo en los versos que componen tanto su diario como el poema. En ambos, describe el momento en el que se conocieron cuando ella llegó por primera vez a su casa. Ella era mayor que Leopardi, que apenas contaba con diecinueve años, y estaba casada con otro hombre. Era un imposible que por tal resultaba un imán más atrayente. La zozobra que le provocaba saberse enamorado de ella y no poder ni saber expresarlo le causaba tal inquietud que solo en la escritura de esta obra encontró algo de paz. Aquella pasión descontrolada de la juventud se muestra en los versos de su diario, donde el insomnio, la falta de apetito y la pérdida de interés en sus estudios le acompañarán mientras suspira por ser correspondido.

El poema —incluye los versos originales en italiano junto a su traducción al español— dice así en el primer terceto:

«Tornami a mente el dì che la battaglia
D’amor sentii la prima volta, e dissi:
Oimè, se quest’è amor, com’ei travaglia!»

«Vuelve a mi mente el día en el que supe / de amor por vez primera y me dije: / ¡Ay, si esto es amor, cómo destruye!»

Caer prendado por una mujer ideal e inaccesible es un tópico neoplatónico que ya se mostró en los diálogos del Banquete, del pensador griego, así como en la poesía de Petrarca, que concebía a la mujer como la donna angelicata de cabellos dorados y bello rostro, representada como la Venus de los cuadros de Botticelli. Al poeta le azuza el amor esquivo; aumenta el deseo cuando no se consigue, pero también le destruye. La Beatrice de Dante, «la gloriosa señora de sus pensamientos», fue un amor no consumado y que al poeta fiorentino mantuvo inspirado el resto de sus días. También es célebre el amor que sintió Bécquer por Julia Espín. Las Rimas revelan que el poeta sevillano sufrió terriblemente el no ser correspondido y en ellas se aprecia la amargura, el dolor y la desesperación que le provocaba la honda herida que ello le dejó.

La delicadeza con la que Giacomo Leopardi escribe es una muestra más del sentir de los románticos. Los fervientes amantes de las lecturas «decimoñóñicas» agradecemos la publicación de Recuerdos del primer amor para así acercarnos a la figura de este poeta italiano considerado uno de los más importantes del siglo XIX. Leer cada línea del diario o verso del poema arañaba un poquito más la corteza que, creía, recubría y mantenía ocultos mis recuerdos. Yo también tuve un primer amor, poco a poco se va alejando más, pero esa pasión que nunca murió despierta de vez en cuando y hace daño. Entonces es cuando se hace necesario abrir este libro y, entre otros, hacer míos estos versos:

«Vive quel foco ancor, vive l’afetto,
Spira nel pensier mio la bella imago,
Da cui, se non celeste, altro diletto
Giammai non ebbi, e sol di lei m’appago.»

«Sigue ardiendo la llama, vive el afecto / vive en mi mente aquella imagen / puesto que otro placer, no siendo los del cielo / jamás tuve y solo con ella me saciaba».

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