
La muerte va ligada a la vida. Es un hecho. No existe muerte sin antes vida. Una evidencia inquebrantable. La mayoría la temen. Algunos la aceptan. Todos saben que es ineludible. Tarde o temprano todos ajustamos cuentas con la Parca. Y debido a esto, por el hecho de pensarlo, de meditar unos instantes en nuestra transición (o la de nuestros seres queridos) hacia la transformación en materia del universo, en una conciencia que se hunde en la nada, ¿no deberíamos vivir una vida más plena? ¿No deberíamos aprovechar cada segundo de esta fugaz etapa?
Bien, ya sabemos que, como dijo el propio Séneca, nada es tan cierto como la muerte. Con todo, poco podía imaginarse el filósofo natural de Córdoba que el humano alcanzaría tales logros en medicina que elevarían la esperanza de vida a niveles que para alguien nacido en el siglo IV antes de Cristo podría ser lo más parecido a acariciar con la punta de los dedos la inmortalidad. Y la tecnología sigue avanzando, a pasos agigantados. Así pues, no sería descabellado pensar que el humano pudiera en algún momento, de alguna u otra forma, superar el obstáculo universal que significa la muerte. Llegado ese momento, una vez seamos imperecederos, ¿qué miedos atenazarían al espíritu humano? ¿Seríamos capaces de vivir con plenitud o el hastío nos consumiría por los siglos de los siglos? El libro que hoy nos ocupa seguro que os dará algunas respuestas a tales incógnitas, además de lograr que reflexionéis largo y tendido sobre el tema.
Conóndromo de Francesc Aunión Julià nos hace viajar hacia el futuro: el año 2146. En ese mundo en el que la sociedad y la tecnología son un todo la muerte es un hecho residual, insólito incluso. Los humanos transfieren sus consciencias a un mundo virtual denominado Beyond en el que vivirán eternamente. Con este panorama como telón de fondo encontramos a Ray, una adolescente a la que sus padres le han regalado la opción de volverse virtual una vez haya cumplido la mayoría de edad. Pero Ray es una muchacha que se ha acostumbrado al mundo real, a coleccionar objetos vintage y a disfrutar con sus amigas. La transición forzosa que significa trasladarse a Beyond es un recorrido que intentará evitar por todos los medios. La cuestión es que sus propios padres no se lo van a poner fácil.
Para disfrutar de Conóndromo hay que tener una cosa clara: la ciencia ficción no es solamente naves espaciales, pistolas láser o batallas en el espacio profundo; la ciencia ficción es especular sobre la evolución de nuestro mundo, de nosotros como especie y de lo que nos rodea, y eso a veces se debe relatar con calma. Francesc Aunión Julià así lo hace, revelando la vertiente más costumbrista del género. Así pues, la placidez en la narración nos mostrará momentos en apariencia tan anodinos como la asistencia a un curioso concierto de música o la búsqueda de trastos antiguos por parte de la protagonista; escenas que son la esencia y la urdimbre que da forma al personaje principal, al que seguiremos a lo largo de más de 500 páginas y que infunden calidez, cercanía y calma al lector. Pasajes que irán encadenando hábitos de una persona normal que reside en un mundo que nos parecerá extraordinario. Un mundo construido con igual calma que es tan bello como sobrecogedor. Un lugar en el que los padres huyen antes de que les alcance la muerte, dejando atrás, totalmente abandonados a su suerte, a sus hijos. Una sociedad de niños y niñas al cuidado de robots y niñeras, de enormes desigualdades entre clases sociales debido a una mala repartición de la tecnología y de urbes semivacías.
Conóndromo está narrado en una primerísima persona que nos permite no solo sentir empatía por Ray, sino también llegar a ponernos en su pellejo, sentirnos de nuevo adolescentes y hacer de sus dudas las nuestras. ¿Tomaríamos las mismas decisiones? ¿Nos arriesgaríamos a luchar contra un sistema que parece imbatible? Las reflexiones se irán sucediendo a medida que vayamos avanzando en el viaje de Ray, y nos perseguirán más allá de ese giro argumental que llega justo en el preciso momento en el que la narración parece decaer, insuflando vigor para llegar hasta las páginas finales, y mucho después de haber cerrado el libro. Y tras ese final que deja la puerta totalmente abierta a una segunda parte el autor nos regala una cronología en la que explica con detalle y tremenda verosimilitud los hechos sociopolíticos, religiosos, tecnológicos o económicos que convirtieron el siglo XXII en el siglo en el que el humano se tornó inmortal. Unas pocas páginas que albergan mucha genialidad.
Conóndromo de Francesc Aunión Julià publicado por Adaliz Ediciones es un libro de ciencia ficción que pone el foco sobre una persona corriente en un mundo en el que morir es historia. La obra resulta una gran reflexión sobre las consecuencias, además de los temores y debates morales, que se nos pueden presentar ante la perspectiva de alcanzar el siguiente, y tecnológico, paso en la evolución del ser humano.

Mi particular gusto por las novelas de detectives comenzó con los casos del Comisario Antonino, que empecé a leer con apenas diez años, y que aún me siguen gustando casi veinte años después. Cuando descubrí la obra de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, cuatro o cinco años después de este primer acercamiento al género, ya no pude dejar de leer este tipo de historias. Y así sigo. Esto se debe no solo al misterio o misterios que esconden, que me engancha desde el principio y que me tiene pegada a sus páginas hasta conocer toda la verdad, sino también por su increíble ambientación, que en el caso de esta autora a la que admiro es la Inglaterra de mediados del siglo pasado. ¡Y esto es algo que hace que la historia sea mucho más interesante!
¿Bueno y qué? No he visto Bambi. Nunca. Lo reconozco. Trozos sueltos por azar en algún telediario aprovechando el estreno de alguna cinta de la factoría Disney para rellenar hueco con algún minirreportaje o en Días de Cine o similar, sí. Pero soy uno de esos monstruos sin corazón que ha crecido sin haber visto la –dicen que traumatizante– película. Aunque acabo de leer el libro. Y seguramente muchos de los que han visto la peli estarán convencidos de que ese pequeño e indefenso cervatillo es una invención de Disney, como pueden ser Dumbo o WALL-E, pero nada más lejos. Es más. La mayoría de los argumentos de las cintas de animación de la casa del ratón, propietaria de Marvel, de la Fox, (y de EE.UU de aquí a cinco años) están basadas en libros, pero esa es otra historia.
¿Pensábais que después del buen sabor que me dejó 
La verdad es que no suelo leer muchos libros del género al que pertenece esta novela. De hecho, creo que sólo he leído Blade Runner, de Philip K. Dick. La ciencia ficción no es mi punto fuerte, pero al leerla, me pregunto por qué no habré leído yo más libros de este género.
Creo que solo he leído alguna tira de Moderna de Pueblo cuando he ido a la peluquería y he abierto la revista Cuore para hacer tiempo. Aunque el nombre del personaje de Raquel Córcoles, Moderna de Pueblo, me parece genial (dice tanto con tan poco), pensaba que sus historietas explotaban los tópicos de hombres y mujeres, salpicándolos con efectivas referencias a la cultura millennial, en las que toda una generación nos podemos ver reflejados en mayor o menor medida. El título de su primer cómic en solitario, 
Mi relación con la mitología es complicada. Desde siempre me han fascinado sus historias llenas de traiciones y dramas familiares y he querido saberme de pe a pa las aventuras y desventuras de dioses y héroes. Pero los libros que he escogido para conseguirlo me han resultado pesados y hasta les he cogido manía. Y es que con solo adentrarme en la descendencia de Zeus ya me mareo.
Sin duda, Brujarella es uno de los libros infantiles más divertidos que he leído últimamente. Bueno, ya sabía a lo que iba, porque había leído geniales críticas sobre este librito, pero la verdad es que ha superado con creces mis expectativas.
Enero, nuevo año, nuevos propósitos, nuevas metas. Pero antes, hay que analizar cómo ha ido el año que nos ha dejado. Siempre suele ser igual: que si no has perdido los kilos que te propusiste, no has dejado de fumar, no te has sacado el título de inglés, aunque te apuntaste al gimnasio dejaste de ir a las dos semanas… en fin. Una lista interminable de propósitos frustrados, que será más larga o más corta dependiendo de la persona de la que estemos hablando. Espero que tú, lector, hayas tachado al menos uno de esos propósitos. Si no es así… en fin, tendrás que arreglártelas para poder tacharlos este año que acaba de empezar. Mis propósitos para el año 2017 eran, principalmente, terminar la carrera (objetivo conseguido), encontrar un trabajo pasable (conseguido también) e incrementar mi lista de libros leídos. Este último propósito no consistía únicamente en leer más cantidad de libros, sino en leer más variado. Ahí estaba la clave. Quizás porque soy una persona muy obsesiva que cuando le gusta algo no puede parar de hacer cosas relacionadas con ello. Si me gusta un género literario, puedo leerme quince libros seguidos sobre lo mismo sin problema. Lo mismo que si me gusta un autor… intento leer el máximo número de libros de ese autor en el menor tiempo posible. Pues eso, rozando lo obsesivo.
No sé si coincidiréis conmigo en que la palabra divorcio en un título, sea éste tanto el de un libro como el de una película, le confiere a la obra cierto tono de comedia de enredo. Si no me creéis, echad un vistazo a algunas de las infumables españoladas que inundaban nuestras pantallas a principios de los 80 y veréis que divorcio, humor chusco y destape iban siempre cogiditos de la mano. Me disculpará, allá en el cielo, Kazuo Kamimura, por comenzar la reseña de esta gran novela gráfica con la mención de semejantes bodrios, pero he pensado que las tribulaciones de Yuko y el Club del divorcio que regenta no están del todo exentas, a diferencia de aquel cine patrio, de cierto sentido del humor amargo, resignado y sutil, que es lo único que nos puede ayudar a sobrellevar lo que, con frecuencia, es un episodio duro e incluso trágico para quien lo vive.


Hay libros que empiezan despacio. Te ponen en situación, te cuentan un poco la historia de los personajes, te dejan ver algo de lo que te podrás encontrar más adelante, alguna pista. Te ponen la miel en los labios, pero solo una gotita. Lo demás, se hará de rogar. Y hay libros que empiezan a cañón. Pum. De sopetón, pasan un montón de cosas que dejan al protagonista casi tan desorientado como al lector, para después, poco a poco, ir deshilando la madeja que se ha formado en unas breves páginas y llegar a un final impresionante. Ahí, el escritor no te da una gotita de miel, te da el bote entero y de dice: “a ver qué eres capaz de hacer con esto”.