Publicado el

Robinson Crusoe, de Daniel Defoe

Robinson Crusoe

Robinson CrusoeSiento debilidad por los clásicos. Me atrae conocer de primera mano esas historias y esos personajes que han sobrevivido al paso de las décadas e incluso de los siglos, convirtiéndose en iconos de la cultura popular. Por eso tengo una larga lista de clásicos que quiero leer y cada año saldo la cuenta con unos cuantos títulos. Durante 2016, por fin he tachado de la lista de pendientes el Quijote, de Cervantes (bueno, solo la primera parte), El idiota, de Dostoievski, Rojo y negro, de Stendhal o El príncipe y el mendigo, de Mark Twain. Y cuando descubrí la preciosa edición ilustrada que Alfaguara ha hecho de la historia de supervivencia del náufrago más famoso de todos los tiempos, supe que había llegado el momento de atreverme con la primera novela moderna de la literatura inglesa: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.

Robinson Kreutznaer, conocido por todos como Robinson Crusoe, nace en 1632, en York, dentro de una acaudalada y honorable familia. Pero el jovencito Crusoe, lejos de querer dedicarse el resto de sus días a la abogacía, tal y como le aconseja su anciano padre, está deseoso de conocer mundo surcando los mares. Desobedeciendo a sus sensatos progenitores, se hace a la mar con diecinueve años y, desde el primer momento, parece destinado a que lo persiga la desgracia. Así dan comienzo las aventuras de este hombre, que acabará sobreviviendo veintiocho años en una isla desierta.

Narrada como si de una autobiografía se tratara, Defoe escribió un ficticio diario de supervivencia que, a pesar de ser publicado por primera vez 1719, no ha envejecido nada mal. Al fin y al cabo, por muchos avances tecnológicos que tengamos hoy en día, si naufragáramos en solitario en una remota isla deshabitada, nuestros únicos medios para sobrevivir serían nuestras fuerzas y nuestro ingenio, tal y como le sucedió a Crusoe. Sin embargo, la personalidad de su protagonista sí que chirría vista con los ojos y valores del siglo XXI, o al menos a mí me ha parecido así. La normalidad con la que ejerce el tráfico de personas y ese sentimiento de superioridad racial y moral que manifiesta en sus acciones ha hecho que este personaje no me cayera del todo bien. Sobre todo desde que entabla relación con el indígena, al que bautiza como Viernes porque sí y al que nunca se digna a preguntarle su verdadero nombre, ni siquiera cuando ya se comunican con soltura, además de creerse con el deber de cristianizarlo y alejarlo de sus costumbres «bárbaras».

Este es uno de los riesgos de leer a los clásicos: son el reflejo de una época que puede distar mucho de la actual y con la que no tenemos por qué estar de acuerdo. Es inevitable ver en este célebre personaje literario el ensalzamiento de la supremacía blanca y las virtudes del colonialismo, y eso me ha llegado a irritar como lectora. Pero también plasma valores universales, esos que han hecho que se convierta en una obra atemporal, como el afán de supervivencia del ser humano hasta en las condiciones más adversas y su necesidad de sociabilizar.

Eché en falta un Robinson Crusoe más humano, más emocional, que aparte del miedo o la soledad, sintiera añoranza de los seres queridos, disfrutara de la naturaleza —más allá de proveerse de ella— y demostrase, aunque fuera sutilmente, apetencia sexual. Pero es que este manual de supervivencia tan detallado es, sobre todo, un relato de aventuras y hay que leerlo como tal. Que logre entretener tanto a los lectores actuales como a los de hace tres siglos, tiene mucho mérito. Por eso, tras leer Robinson Crusoe, ya puedo decir con conocimiento de causa que comprendo que esta historia se haya convertido en un clásico y que este luchador náufrago marcara un antes y un después en la literatura inglesa y universal.

Un clásico menos en mi lista de pendientes y un personaje literario más para el recuerdo, tanto por sus virtudes como por sus defectos.

[product sku= 9788420483498 ]
Publicado el

Harry Potter y la cámara secreta, de J. K. Rowling

Harry Potter y la cámara secreta

Harry Potter y la cámara secretaUn coche sobrevolando las calles de Londres, una madriguera llena de objetos mágico, un alocado y simpático elfo, una cámara escondida en un famoso colegio de magia, una serpiente gigante que siembra el caos entre estudiantes y profesores… ¿Ante qué historia nos encontramos?

Para un apasionado del universo de Harry Potter siempre es especial volver a Hogwarts, volver a abrir un libro que te transportó a un mundo de magia y aventuras. Unas páginas que te sacaron más de una sonrisa y que te hicieron enamorarte de más de uno de sus personajes. Empezando por su protagonista y acabando por personajes secundarios como Luna Lovegood o Rubeus Hagrid.

Cuando comencé a leer esta saga, con tan solo diez años, no sabía todo lo que iba a significar para mí. No pensaba que un libro podía despertar en un lector tantos sentimientos a la vez. Pero así es. Harry Potter no es una saga de libros más, es una puerta hacia un mundo lleno de esperanza, ilusión y sueños. Pero esto no lo entiende todo el mundo, solo los seguidores más acérrimos soñamos con recibir nuestra carta de Hogwarts, una escoba modelo Nimbus (o, para los más guays, una saeta de fuego) y una varita con la que poder lanzar hechizos como el más valiente auror. Entre otras muchas cosas…

Por eso, cuando me enteré de que Salamandra iba a publicar en español las ediciones ilustradas de la saga, supe que tenía que leerlas. En el primer libro, Harry Potter y la piedra filosofal, me enamoré de las ilustraciones de Jim Kay. Es increíble el talento que tiene como ilustrador. Sus ilustraciones son modernas pero a la vez clásicas, por su realismo (la cantidad de detalles que dibuja es espectacular) y su uso del color. Me impresionó mucho a medida que lo iba leyendo. Y, de esta forma, me ha vuelto a impresionar en este segundo libro, Harry Potter y la cámara secreta, aunque de manera diferente. La personalidad de los personajes, así como los escenarios y los peligros a los que se enfrentan, están muy presentes y su interpretación de todo ello es muy original. Me sorprendió, sobre todo, cómo ha integrado todos los elementos oscuros que encontramos en la historia, entre ellos, lo que ocurre cuando Harry se encuentra en el callejón Knockturn, cuando encuentra el diario de Rom Riddle o cuando lucha con la serpiente en la cámara secreta.

Hay que reconocer que la labor de edición e ilustración de estos libros es ejemplar y propia de una edición de lujo de coleccionista. Pienso que, a medida que vaya ilustrando el resto de los libros, se irán superando cada vez más.

Harry Potter y la cámara secreta en edición ilustrada es un libro que todo seguidor de la saga debería leer. En mi caso, haber releído todas las aventuras que viven Harry, Ron y Hermione en esta edición ha sido muy especial y diferente y me ha llevado a experimentar, de nuevo, todo lo que sentí la primera vez que lo leí. Además, aleja al lector un poco de las películas e invita a usar de nuevo su imaginación para revivir la historia de un modo diferente. En definitiva, me ha encantado volver a este mágico universo a través de esta maravillosa edición. Ahora os toca a vosotros…

La cámara de los secretos ha sido abierta. Enemigos del heredero, temed.

[product sku= 9788498387636 ]
Publicado el

Dororo, de Osamu Tezuka

dororo

dororoAlgunas historias son épicas por naturaleza. Son tan grandes y narran hechos tan asombrosos que permanecen en el imaginario colectivo durante generaciones. Son como una sonata bien ejecutada, de sonidos dulces y amargos, crueles y tiernos, que arroba a los oyentes. Esas historias luego se tararean. De boca a oído, sucesivamente, hasta convertirse en leyendas. La mayoría cuentan gestas; y tragedias. Aventuras, traición y amor se conjuran en ocasiones para servirnos un relato apasionante. La muerte también revolotea, recolectando su parte de protagonismo. Esas leyendas presentan un denominador común: un personaje que va desarrollándose a la par que recorre su larga senda de vicisitudes. Un protagonista que deberá llevar a cabo unas misiones muy concretas que le completarán como persona. Ese perfeccionamiento del ser, del alma, es siempre en un sentido metafórico. Pero hay ocasiones en que la metáfora y lo literal convergen hasta diluirse. Este es el caso del manga Dororo. Un relato repleto de heroicidades, amores imposibles, extrañas amistades de inquebrantable lealtad y monstruos. ¡Oh sí! Olvidé decirlo, pero las mejores leyendas tienen un buen puñado de ellos. Pero, dejadme que os explique, brevemente, de que trata Dororo.

Dororo es un jovenzuelo con amor por lo ajeno. Si lo que llevas en tus bolsillos tiene valor o es brillante, olvídate del objeto en cuestión. Él, que da título al manga, es en realidad el inseparable compañero del héroe. Así pues, esta es realmente la historia de Hyakkimaru, un samurái sin amo, un ronin que vaga por el mundo en busca de 48 demonios. Aquellos que le robaron trozos de su cuerpo. Todo empezó con un macabro trato. Pedazos de un bebé, el cual ni siquiera aún había nacido, a cambio de un poder inconmensurable. Su propio padre, Daigo Kagemitsu, fue una de las partes implicadas en el trato. Y cuando Hyakkimaru nació, él mismo fue el encargado de abandonarlo dentro de una cestita con destino río abajo. Ahora, convertido en una especie de ciborg, Hyakkimaru solo tiene un propósito en su vida: encontrar todos esos monstruos y volver a ser un humano completo.

Tras esta epopeya se encuentra un dios: Osamu Tezuka. No, no he enloquecido. Y no lo digo yo. Osamu Tezuka “dios del manga”. Este sobrenombre se lo ganó al revolucionar la anquilosada, cuadriculada y obtusa forma de narrar que el cómic japonés tenía allá por la época de la post guerra. Dororo es un manga perfecto, un ejemplo único y vigoroso, para descubrir esa nueva y ágil forma de narrar que Tezuka concibió. Viñetas con diferentes formas y tamaños. Personajes que se salen de éstas. Splash pages a porrillo. Brillantes transiciones, de gran belleza visual, que nos muestran el pasado de los personajes. Que sí, que ahora hasta el cómic más mediocre ya tiene de todo eso y más. Pero hay que tener en cuenta que Dororo data de finales de los 60. Fue toda una revolución cuando Tezuka tomó los pinceles y, dibujando con total libertad, empezó a romper los moldes de lo establecido.

Aun así hay que decir que el dibujo de Tezuka es engañoso. Cualquiera que haya leído Astroboy, o llegó a ver la tan famosa serie de animación La princesa caballero, recordará aquellas caritas redondeadas que mostraban ojazos similares a los de un cachorro de gatito. ¡Coño, si hasta Hitler parecía buena persona en su obra Adolf! Asimismo, los cuerpos tampoco gozaban de demasiados ángulos y las curvas se llevaban la palma en la fisonomía del cuerpo humano, animal o ser de procedencia infernal. No, no tenían esos rostros angulosos, esos músculos tonificados o esas figuras esbeltas a los que ahora el manga nos tiene más acostumbrados. Así pues, y como he dicho, esto puede llevar al engaño de que vamos a encontrarnos en Dororo una historia infantil. Craso error. Pues un Hyakkimaru de rostro redondito y de músculos esféricos desenvaina su katana cada dos por tres para arrebatar vidas a diestro y siniestro. Un giro de muñeca por aquí, y una cabeza menos. Una estocada, y otra vida que se esfuma. Dororo, aunque risueño, no escatima en argucias para robar lo que sea. Y los villanos, que no escasean, son también de postín: seres sin alma capaces de matar niños, yokais (extraídos la mayoría de la tan rica mitología nipona) que despedazan seres humanos y señores de la guerra que son capaces de esclavizar a su propio pueblo con tal de ganar una batalla. La sangre fluye en las viñetas cuando la violencia se sucede.

Pero Dororo no es una historia plana, no es únicamente un relato sobre violencia. Y es que por ella transitan personajes que deben cargar con el peso de grandes secretos, historias de terror (como la del pequeño Hyakkimaru) que pondrían los pelos de punta a Junji Ito o, como dice el propio Dororo, a Shigeru Mizuki o incluso tramas dignas de las mejores tragedias griegas. En Dororo encontraremos todas esas miserias que el alma humana es capaz de engendrar al igual que todos esos sentimientos benignos que también la forman. Como el amor o la amistad. La redención y el perdón. Arrepentimiento. Compasión. Todo ello a lo largo de más de 800 páginas en las que Osamu Tezuka nos lanza a una aventura realmente memorable en la que además tiene guardada alguna que otra sorpresa. Como algún que otro cameo (incluido el suyo propio) o Dororo hablándole al lector. Sí, Dororo es una leyenda épica, plasmada en papel y transformada en un excelente y divertido manga, que merece ser leída cientos de veces y recomendada otras tantas.

[product sku= 9788466334648 ]
Publicado el

Bajo los montes de Kolima, de Lionel Davidson

Bajo los montes de KolimaParafraseando en versión libre a Tolstoi, podemos decir que todos los malos thrillers se parecen, pero que todos los buenos thrillers tienen su razón específica para ser buenos, y que cada uno queda separado de sus congéneres por varios mundos de distancia.

Dado que un thriller pone frecuentemente a sus protagonistas en situaciones límite, una buena novela de ese género nos brinda la oportunidad de enfrentarnos y de disfrutar de expresiones extremas de todo lo bueno y lo malo de lo que es capaz el ser humano. Al narrar las vicisitudes de un héroe que ejemplifica -con diversos matices y en distintos grados, algo natural al tratarse de un ser humano- cualidades positivas y que, generalmente, representa al bien en liza con el mal, el thriller puede servir también como magnífico espejo catártico en el que contemplarnos y, por qué no, regodearnos al ver cómo, por regla general y como mandan los cánones, es el héroe con el cual nos hemos identificado el que sale victorioso.

Algo así sucede con Bajo los montes de Kolima, de Lionel Davidson, esta obra de difícil resumen y aún más difícil catalogación pues, a pesar de que es claramente un thriller, es también algo más que un thriller. Considerada unánimemente como la obra cumbre del autor, es no solo su mejor obra, sino también, para algunos (Philip Pullman, sin ir más lejos), el mejor thriller de todos. ¿Es así? Veamos… Tal vez, bajo mi punto de vista, Bajo los montes de Kolima no sea el mejor thriller que he leído, pero sí es una obra diferente, más compleja de lo que pueda parecer en una primera lectura. Cuidado con juzgarla habiendo leído sólo la mitad (casi caigo en ese error); este libro, como sucede con todos los buenos libros, es capaz de sorprender al lector, de metamorfosearse sibilinamente en otra cosa, de dar al traste con los prejuicios con los que todos vamos armados. No crea el lector que sabe más que el autor o que ya ha leído tantos libros que es capaz de predecir también éste.

La acción se sitúa en la Rusia postsoviética, entre otros muchos escenarios, pero es ahí donde se suceden los hechos principales. El protagonista es una especie de -no se crea que lo digo en son de chanza- James Bond indígena americano, más concretamente canadiense. Se llama Johnny Porter y, además de dominar perfectamente varias decenas de idiomas, entre ellos el ruso, el japonés y diversas lenguas indígenas de América y de Eurasia, sabe pelear, conduce como un profesional y sabe de mecánica, es agudo y de rápidos reflejos, es arrojado y valiente sin parangón, es atrevido sin llegar a ser temerario (bueno, salvo cuando hace falta) y es leal hasta la muerte con aquellos a quienes tiene mucho apego. Johnny Porter, ahora bien, no es un superhéroe perfecto; a lo largo de la novela, las diferentes situaciones en las que se ve envuelto le hacen invocar sus bajos instintos, sus apetencias menos dignas, la arrogancia de su superioridad física e intelectual, y el recurso a cualquier arma (literal o figurada) con tal de salir airoso del trance. No es, en efecto, un monaguillo, aunque, dicho sea a su favor, no sabe de ningún  monaguillo que pueda ser buen candidato a cruzar medio mundo en una misión suicida y aun tener esperanzas de salir exitoso de ella.

La misión en cuestión es lo que ocupa la mayor parte de las páginas de Bajo los montes de Kolima: Rogachev, un científico ruso de alto nivel, conocido de Johnny Porter, se convierte en director de un secretísimo centro de investigación gubernamental; lo es hasta el punto de que a ninguno de sus empleados, incluido el director, se le permite salir de allí… jamás. Pero este director tiene algo que comunicar, y el único modo de enviar el mensaje es hacer que un emisario capaz de llegar hasta allí jugándose el tipo lo haga por él: Johnny Porter.

Bajo los montes de Kolima no es un thriller al uso. En realidad, es un thriller descriptivo y, por tanto, es hiperrealista: el autor se preocupa mucho de describir con todo detalle cada paso que da Johnny Porter, las personas que colaboran con él en su misión, los sucesos y los imprevistos en los que se ve envuelto y cómo los solventa, con quiénes se cruza en su camino. En este último punto, sobre todo, Davidson es muy minucioso, presentándonos a toda una galería de personajes secundarios cuyos ires y venires no son necesariamente vitales para la trama principal, pero contribuyen a enriquecer y a espesar la historia, dotándola de realismo, de humor, de momentos de distracción necesarios para aliviar la tensión de la trama principal, de subtramas que discurren y se resuelven (o no) de forma paralela a aquélla.

Davidson demuestra ser un escritor bien dotado para este género, situando a un héroe por demás bastante inverosímil -ya lo decíamos, todo un James Bond, o aun superior y más capaz, en según qué aspectos- en una trama que llega a rozar lo fantástico y consiguiendo, por medio de la magia de la literatura y del trabajo excelentemente hecho, que nos lo creamos todo y que no podamos encontrar ninguna fisura en ese mundo de secretos, espionaje, persecuciones, ingenios y peligros sin fin. Incluso en los momentos en los que Davidson más fuerza la máquina y más increíble parece todo, la profusión de detalles, el amor por la explicación que pueda dar mejor respuesta a las interrogantes que surgen en la mente del lector y la solidez y la excelente arquitectura de la ficción hacen que no exista ningún agujero por el cual se pudiera colar la aquiescencia del lector de participar en el juego de suspensión de la incredulidad; y si existe, ni le hacemos caso, ni nos importa que esté, porque el resto está tan bien ajustado, que el mundo ficticio de la trama de la novela pesa mucho más que los defectos que pueda tener.

Bajo los montes de Kolima es un thriller diferente y sui generis también en el sentido de que consta de diversas partes que forman un todo, sí, pero entre las cuales no existe necesariamente una correlación ineludible. Me explico: la trama se divide netamente entre una parte inicial, donde se nos cuenta cómo se las ingenia el científico (Rogachev) para hacer llegar sus mensajes de socorro, cómo dan con Porter y cómo éste se embarca en la misión; después, el aparente corazón de la trama, es decir, el encuentro entre Porter y Rogachev y la revelación del importantísimo mensaje que éste tiene que transmitir; y, por último, la parte más emocionante y que más se ajusta a los parámetros del thriller, cómo Porter intenta salir del país sin que le echen el guante. Tal como el propio Philip Pullman adelanta en su acertadísimo prólogo, Bajo los montes de Kolima es una novela que sigue el arquetipo de la historia de una búsqueda, tema antiquísimo y recurrente en la literatura (al igual que en la vida). En este sentido, sin embargo, hay que advertir de que la búsqueda en la que se embarca Johnny Porter merece ser leída independientemente de su conexión con el objeto buscado; cuando el misterioso mensaje que Rogachev quiere comunicar es finalmente revelado, el lector se dará cuenta de que podía ser cualquier cosa, absolutamente cualquiera, y ello no restaría (ni añadiría) un ápice a la peripecia de Porter, a lo bien narrada que está y a lo completamente sumergidos en ella que nos ha tenido la habilidosísima pluma de Davidson. (Lo cual no quita tampoco para que el meollo del secreto esté admirablemente narrado y para que, al enterarnos de él, no sepamos si se trata de algo totalmente inventado por el autor o si la ficción está basada en la realidad.) Esa parte central transcurre de forma tan rápida (aunque intensa) que, si parpadeamos, nos la perdemos. La tercera parte, la más convencionalmente ajustada a las normas del thriller, es la que narra cómo Porter intenta huir del país con esa preciosa información.

Como estudio de personaje, Bajo los montes de Kolima resulta también muy digno, y eso que el personaje de Porter es esquivo y hermético, a pesar de que nos acompañe a lo largo de todo el libro. Nos identificamos con él, queremos que gane, que logre escapar, que la misión sea un éxito, y sin embargo nunca acabamos de conocerlo bien; emana de él una frialdad, un desapego por el mundo capaces de rivalizar con el clima de esa Siberia a la que el libro nos transporta. Y otra vez a pesar de esa frialdad, sin embargo sentimos simpatía por Porter, quizá porque, pese a que no siempre se comporta de forma intachable, es un tipo en el que sus amigos pueden confiar.

No puedo dejar de mencionar el subtexto de comentario social y político -con un tinte levemente, sólo levemente satírico-  de la novela. Puesto que, si Johnny Porter sale bien parado de muchas de las pequeñas y grandes crisis y momentos de peligro de su misión, no es solamente gracias a que es un tipo la mar de apañado, en todos los sentidos, sino también a que la ex Unión Soviética es un magnífico armazón  de burocracia, comunicación, trámites, jerarquías y cadenas de mandos, y ello resulta en una inoperancia, en un desbarajuste, en lagunas de información, en desajustes evitables y, en fin, en un caos que haría que un espía medio espabilado (y Porter es espabilado del todo) pudiera navegar más o menos fácilmente por ese entramado sin correr grandes riesgos.

Bajo los montes de Kolima es una pequeña joya que brilla aún más por sus aristas e imperfecciones que lo que probablemente lo haría sin ellas. Ahora que disponemos de su traducción al español -muy meritoria, en mi opinión, y a la que no he encontrado ni una sola pega; Cristina Martín Sanz es su autora-, no hay excusa para no descubrir su poder de seducción.

[product sku= 9788416237173 ]
Publicado el

Leñadoras, de Noelle Stevenson y Brooke Allen

leñadoras

leñadorasLas acampadas, el campamento o ir de camping, llamadlo como queráis, evocan en mi mente una incontrolable estampida de recuerdos. Montar tu propia morada de tela intentando no aplastarte un dedo con el martillo. Dormir en el suelo, (sobre piedras, la mayoría de las veces) después de trasnochar. Comer al aire libre, evitando a las hormigas, o cantar bajo las estrellas junto a una hoguera. Pantalones cortos y rodillas repletas de heridas. Las batallas, repelente en mano, contra los mosquitos que, cada noche, intentaban chuparte la sangre. Cada jornada era una aventura. Cada nuevo amanecer despertabas exaltado impaciente por saber qué te depararía el nuevo día. ¿Zorros mágicos de tres ojos? Humm, no creo. ¿Monstruos de río que se asemejan a dragones marinos? A ver, déjame pensar… No lo recuerdo. ¿Gatetes sagrados o Yetis hípsters? Oh no, definitivamente eso no ocurrió en ninguna de mis acampadas. Eso, todos los monstruos, las aventuras extraordinarias y el derroche de amistad adictiva solo les ocurren a un grupo de adolescentes en El campamento para chicas molonas de miss Quinzella Thiskwin Penniquil Thistle Crumpet. Son cinco, son chicas y se hacen llamar: Las Leñadoras.

Leñadoras (Lumberjanes en el original), creado por Noelle Stevenson, Shannon Watters, Grace Ellis y Brooke Allen, es un cómic que altera, para mejor, las monótonas acampadas para adolescentes. Jo, April, Mal, Molly y Ripley son las cinco protagonistas. La jefa sensata. La chica repipi que reparte buenos mamporros. La muchacha dura por fuera pero muy sensible por dentro. La que duda sobre sí misma. Y la chica pequeñita y adorable que está como una cabra y que provoca esas situaciones en las que te descacharrarás de la risa. Ellas cinco, como si fueran aprendices de Indiana Jones o las herederas de Scooby Doo y su tropa, se verán obligadas a resolver misterios mientras un puñado de curiosos monstruos les dan la brasa. Sapristi Cómic se ha encargado de reunir en un solo tomo los primeros ocho capítulos de esta serie juvenil en los que las heroínas deberán resolver un misterio que involucra a zorros, yetis, dioses, ancianas que se convierten en osos y criptogramas de toda clase. Este arco argumental tiene como título: Cuidado con el gatete sagrado. Con todo lo que os he explicado creo que mínimamente os podéis hacer una idea del tipo de cómic que os vais a encontrar. Fresco; sin duda. Alocado; por supuesto. Absurdo; claro, en ocasiones. Pero sobretodo un guion con grandes dosis de humor y amistad.

Este guion tan notable se han encargado de moldearlo Noelle Stevenson y la debutante Grace Ellis. Ambas han dado rienda suelta a todas las locuras que les fluía por la cabeza para transformarlo en historias que se leen del tirón y se disfrutan en cada viñeta. El dibujo, obra de Brooke Allen, de trazo grueso o muy, muy grueso en los momentos de más acción, y con un colorido que emplea toda la paleta de colores imaginables, posee en el diseño de personajes su mayor atractivo. Un diseño que se va asentando con fuerza a medida que pasan los capítulos. Las Supernenas, Steven Universe u Hora de aventuras son algunas de esas series de dibujos animados de guion inverosímil y de personajes de atractiva personalidad que invadirán de forma atropellada tu cabeza al principio, tras abrir Leñadoras y al pasar las primeras páginas. Luego descubrirás que, aunque se asemejan en las formas, el contenido es mucho más personal. Digamos que si Leñadoras fuera una flor gozaría de su propio e inigualable aroma a galletitas de mantequilla, té verde y sudor balsámico, y si fuera un oso llevaría un sombrero con un tocado bien vistoso y unos guantes de boxeo.

Leñadoras también tiene su propio estilo a la hora de estructurar cada capítulo: empieza con una hoja del manual de campo de las leñadoras. Un manual anticuado (décima edición en enero de 1984) que habla sobre cómo conseguir insignias. La insignia de trasnochadora, la de calculadora humana, la de la amistad a tope… una insignia por cada capítulo. El manual explica cuál sería la forma más común para obtener cada uno de esos premios. Pero en el mundo de las leñadoras en ocasiones (bueno, casi siempre) lo común es poco más que el nombre de un raro animal mitológico. Aun así, curiosamente, y de una forma más rebuscada y sobretodo inusual, siempre harán honor al manual y en especial a su esencia. “Por encima de todo, una leñadora aprenderá lo que significa ser amigas.” Porque Leñadoras va de amistad. De estar ahí cuando más se te necesita. De soltar tacos originales que raras veces ofenden. “¡Yippe-ki-yay, hijo de fruta!” De apoyar decisiones; incluso cuando son equivocadas. De enfrentarse a los peligros unidas y de cubrirse las espaldas cuando un puñado de velociraptores misteriosos atacan el campamento. “Una leñadora aprenderá lo que significa trabajar en equipo”. Pero Leñadoras también susurra delicadamente al oído del lector lo que es el amor libre, qué significa amar a quien quieras (sin importar clase, condición, raza y todas esas trabas que algunos interponen) y lo bonito y tierno que puede llegar a ser.

[product sku= 9788494425776 ]
Publicado el

El oráculo oculto – Las pruebas de Apolo – 1, de Rick Riordan.

El oráculo oculto - Las pruebas de Apolo - 1

El oráculo oculto - Las pruebas de Apolo - 1Siempre me ha atraído una barbaridad la mitología. Me imagino a los romanos o a los griegos venerando a distintas deidades, con sus rituales y sus mitos, y no puedo evitar querer saber más. Como ya comenté en alguna reseña anterior, en Bachillerato estudié Latín y Griego y creo que, más que por el idioma, escogí esas optativas por las historias que escondían sus textos. En Griego teníamos que analizar unos cuantos textos que eran fábulas o escritos y que básicamente hablaban de mitología. Fue así cómo conocí a Medea, a Teseo, a Prometeo o a Ícaro. Y también conocí a Apolo, dios de la belleza y de la música y hermano mellizo de la famosa Artemisa. Pero cuando estudié la historia de Apolo, no podría haber imaginado que años más tarde, un señor llamado Rick Riordan, se inspiraría en sus peripecias para darnos una saga juvenil maravillosa.

Esta serie de libros se llama Las pruebas de Apolo y su primera parte es El oráculo oculto. A Rick Riordan ya le conocemos por otras sagas, como las protagonizadas por Percy Jackson o  Magnus Chase, esta última basada en la mitología nórdica que ha publicado recientemente. Todas tiene una cosa en común: el protagonista es un dios o semidios, que vive en la Tierra y que tiene que cumplir una misión. En este caso, el libro que nos ocupa habla de Apolo, hijo de Zeus, que tras enfurecer a su padre es expulsado del Olimpo y enviado a la Tierra para llevar a cabo una serie de hazañas dignas de un dios griego.

Apolo llega convertido en un muchacho de unos dieciséis años, que no tiene los músculos de acero que solía tener, aunque viene complementado por un surtido de acné en el rostro. Es un chico patoso, no acostumbrado a los trotes de un dios y que, encima, no se puede alimentar ni de ambrosía. Aunque, visto de otro modo, el bacon no está nada mal. Conocerá a Meg, una niña que le ayudará a encontrar el Campamento Mestizo, que es el lugar donde se esconden los semidioses modernos y que serán su apoyo para derrotar a los monstruos que se le vienen encima.

Rick Riordan nos cuenta esta historia desde un punto de vista muy irónico. Me ha hecho mucha gracia que Apolo hablara como un chico de dieciséis años actual. Es muy gracioso y, no sé, podría definirlo como “refrescante”. El libro es muy divertido, pero además, entre chiste y chiste, enseña mitología. Mucha. Riordan entremezcla la historia que nos está contando con toda una retahíla de fábulas griegas que harán que, además de reírnos y entretenernos, aprendamos. Esto me ha gustado especialmente, ya que no se trata de una historia vacía que se queda en el olvido cuando cierras el libro, sino que si se lee con interés, se puede aprender mucho. Está enfocado a un público juvenil (por la manera en la que Apolo se expresa, los adolescentes pueden identificarse fácilmente con él) pero, como siempre digo, esto no significa que un público más adulto no vaya a disfrutar con este tipo de libros. ¡Liberémonos de los perjuicios de una vez por todas y leamos lo que nos dé la gana, cuando nos dé la gana!

Dejando de lado mi momento reivindicativo, me hubiera gustado hacer una comparativa entre El oráculo oculto y la saga de Percy Jackson, pero la verdad es que, aunque he visto alguna película del hijo de un famoso dios griego, no he leído los libros que llevan su nombre. Pero por lo que he estado leyendo en varias redes sociales, el nivel no baja y no decepciona. Y, para los fans de Percy, una buena noticia: aunque en esta saga el protagonista sea Apolo, puede que el neoyorkino se deje ver en más de una ocasión entre estas páginas.

No sé cuándo saldrá la segunda parte, pues hace apenas unos días que salió este primer libro a la venta, pero estoy segura de que sus fans estarán esperándolo impacientemente (entre los que me incluyo). Mientras tanto, Riordan nos va a calmar la sed de mitología continuando la saga de Magnus Chase, la que se basa en la mitología nórdica; así que para los que no podáis esperar a aprender y a bucear por los mundos mágicos de Riordan, quizá Magnus sea un buen compañero de viaje.

 

 

[product sku= 9788490435847 ]
Publicado el

La espada de cristal, de Victoria Aveyard

La espada de cristal

La espada de cristalA veces no queremos comprender lo que no entendemos. Podríamos hacer un esfuerzo para cambiar nuestra mente y empezar a destapar todas las tinieblas que vemos cuando pensamos en algo a lo que no estamos acostumbrados. No es que no sepamos entender; es que no queremos. Y así suelen empezar todas las guerras. Las guerras comienzan cuando alguien no entiende algo y decide ponerle fin de la manera más radical posible: con la fuerza. Algo así pasa en el mundo de los Plateados y de los Rojos. Las dos clases sociales, tan diferentes y tan separadas, no consiguen entenderse entre ellas. Los Plateados siempre se han creído mejores y los Rojos se han dejado manipular. Pero han dicho basta. Hasta aquí hemos llegado.

La espada de cristal es la segunda parte de La reina roja. Comienza exactamente en el instante en que la primera parte termina. Me explico: hay segundas partes que comienzan años después. Puede que hayan pasado décadas o que incluso la historia no transcurra en el mismo sitio que el que ya conocíamos. En cambio, en este caso, cuando comienzas la segunda parte sigues leyendo la misma acción que se quedó cortada en la primera. Por este motivo, entre otros, estaba yo deseando continuar con la historia. Solo tenéis que pensar lo frustrante que es que te dejen con una trama sin acabar para que os hagáis una idea de lo difícil que es que te dejen en mitad de una acción. ¡De una acción!

Así que cuando La espada de cristal llegó a mi casa no pude hacer más que encerrarme en mi cuarto hasta que lo terminé. Las redes sociales decían que iba a ser uno de los mejores lanzamientos de literatura juvenil de este año y todos los que nos enamoramos de la primera parte estábamos como locos por saber cómo continuaban las andanzas de Mare Barrow, la protagonista, aquella chica Roja que tuvo la capacidad de infiltrarse entre los Plateados y levantar una auténtica rebelión desde dentro. Como ya os he dicho, esta es una segunda parte, así que si no habéis leído la primera os aconsejo que dejéis ahora mismo de leer esta reseña, porque no quiero aguaros una de las mejores historias de los últimos tiempos. Digo esto porque en la segunda parte ya sabemos que Mare tiene poderes que solo los Plateados tienen, y es por ello que la conocen como “la chica relámpago”. Esto no es que sea de agrado para los Plateados, ya que si algunos Rojos también tienen poderes como ellos, la excusa para ser superiores se deshace como un cubito de hielo en el fondo de un vaso. Pero Mare no es la única Roja que tiene poderes y eso a Maven, el nuevo rey Plateado que fue capaz de matar a su padre para ocupar su puesto, no le hace ninguna gracia. Existe una lista que contiene el nombre de todos los Rojos que tienen poderes. Mare la tiene. Pero Maven, también. Comenzará una carrera frenética para ver quién llega antes a esos Rojos. Así que la acción y la adrenalina están servidas.

En la reseña del libro anterior hablaba de un triángulo amoroso y de que yo no sabía con cuál de los dos me hubiera quedado de ser Mare. Pero lo cierto es que al final se descubre que uno de esos dos es Maven, el malvado Plateado sin miramientos ni corazón, por lo que Mare lo tiene bastante fácil a la hora de elegir. El otro factor de la ecuación es Cal, que a pesar de lo que pueda parecer en la primera parte, intentará ayudar a Mare en todo lo posible. Sin importar que sea Plateado. Incluso sin importar que sea el hermano de Maven.

Ya lo veis, Victoria Aveyard continúa con esta historia de la única manera que podía hacerlo: dándonos un ritmo trepidante y que no decae. Sin deslizarse en la tentación de rellenar con capítulos lentos hasta volver a un nuevo desenlace. Desenlace que otra vez vuelve a ser de los que te dejan con la boca abierta y con ganas de marcar en el calendario la fecha de la siguiente parte. Pero no se sabe cuándo saldrá a la venta esta tercera parte de la saga —si mal no recuerdo, va a estar compuesta por cuatro tomos—, probablemente sea a finales del año que viene, así que me quedaré esperando (impacientemente, por supuesto) para saber si la lucha de los Rojos por conseguir la igualdad va a parar a buen puerto.

[product sku= 9788494551703 ]
Publicado el

Falcó, Arturo Pérez-Reverte

Falcó

FalcóArturo Pérez-Reverte se ha marcado una novela de espías. Falcó se sitúa en la España de 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil y, como ya ha dicho su propio autor, será una saga.

Parece ser que Pérez-Reverte ha encontrado un nuevo personaje con el que se lo pasa tan bien escribiendo que incluso ha interrumpido otra novela –una sobre ajedrez– para dedicarle su plena atención. En una entrevista dijo que el personaje de Lorenzo Falcó surgió de una frase de Gloria Swanson en la película de 1931 Esta noche o nunca. Después de pasar la noche –estamos en el Hollywood anterior a la censura– con Melvyn Douglas, Swanson le dice a una amiga que el señor en cuestión “es un caballero, pero no es un caballero”. Y en la mente del padre de Alatriste prendió la mecha. ¿Por qué no crear a ese personaje?

Lorenzo Falcó es un jerezano de buena familia que se desvió del camino que habían marcado para él y, tras ser expulsado de la Academia Naval, empezó una vida errante que le llevó a convertirse en contrabandista de armas y, finalmente, en espía.

Tengo que adelantaros que Falcó no está hecho para caer bien. Hablando en plata, es un h…. Y, de hecho, eso es algo que le dice un personaje de la novela y a lo que él responde dándole la razón. Al menos en ese sentido es honesto. Falcó es un tipo al que solo le importa él mismo y pasa por encima de quien haga falta para conseguir lo que quiere. Es un oportunista, un torturador, un canalla, un hombre sin escrúpulos. Y, sí, semejante joya es el protagonista de la novela. Me sorprendió que, en un momento en el que lo está pasando bastante mal, llegué a pensar “mira, chaval, te lo mereces y, si la palmas, casi mejor”. Aunque eso dice más de mí que del personaje, por supuesto.

Pero, si Lorenzo Falcó fuera totalmente negativo, no tendría gracia. El mundo está lleno de malas personas sin carisma, solo tenemos que levantar la vista para comprobarlo. Por eso también hay momentos en los que Falcó sabe ser encantador. Consigue que te olvides de que vendería a su madre si se le presentara la oportunidad y que te rías con él, incluso que le desees una muerte rápida. Pero son solo momentos. Lee un par de páginas más y verás que el tipo se encarga de demostrarte que se merece lo que le toque y que, quien las da, las toma.  Esa contradicción es, en gran parte, la gracia de la novela, y del personaje de Falcó.

Falcó me ha recordado a La máscara de Dimitrios de Eric Ambler. En esta novela de 1939, el escritor Charles Latimer conoce en Estambul la historia de Dimitrios Makropoulos, un contrabandista, criminal y espía internacional, cuando encuentran su cadáver flotando en el puerto. Latimer siente una curiosidad, fascinación, diría yo, por Dimitrios que le lleva a investigar su pasado y las causas de su muerte. Así descubre que el personaje es incluso peor de lo que esperaba, pero al mismo tiempo no puede sustraerse de la atracción que le provoca su mundo. La máscara de Dimitrios es una novela que he releído varias veces y en muchas ocasiones me he preguntado, ¿qué pasaría si viéramos la historia desde la perspectiva de Dimitrios? Pues que tendríamos algo similar a Falcó. Y nos libraríamos de Latimer, que a ojos del lector actual es un poco mojigato.

La trama de la primera entrega de esta saga es aparentemente sencilla. Lorenzo Falcó trabaja para el SNIO, el Servicio Nacional de Información y Operaciones, uno de los muchos servicios de inteligencia de la España de la época. Estos se han pasado a los golpistas y el Almirante, su jefe directo, le encarga una misión de suma importancia: liberar a un preso de la cárcel en la que lo tienen retenido, en la parte republicana. Y Falcó, sin despeinarse, se dispone a hacer su trabajo. A partir de ahí, como podéis imaginar, las cosas se tuercen, surgen imprevistos, intereses cruzados, aparecen mujeres con secretos, ejecuciones, asaltos nocturnos, bombardeos, masacres, torturas, persecuciones… Vamos, la cosa se anima.

No quería irme sin deciros que lo que más me ha gustado de esta novela han sido los diálogos. Muchos de ellos son como los de las películas antiguas, esas en las que Orson Welles se marca un discurso sobre los relojes de cuco o Lauren Bacall le pregunta a Humphrey Bogart si sabe silbar. Diálogos que, por supuesto, no suceden en la vida real, y por eso tenemos que recurrir a las novelas y al cine para vivirlos.

En otra entrevista, Pérez-Reverte dijo que ha creado a Falcó con la idea de que los hombres quieran irse de copas con él y las mujeres llevárselo a la cama. Después de ver al tipo en acción, puedo aseguraros que acostarme con Lorenzo Falcó es lo último que se me pasaría por la cabeza. Pero tal vez una copa, apuntándole con una Luger por debajo del abrigo, me la tomaría.

Laura Gomara @lauraromea

[product sku= 9788420419688 ]
Publicado el

Crononautas, de Mark Millar

crononautas

crononautasBueno, bueno… No tenía ni idea, pero ni de lejos, de lo mucho que iba a disfrutar este cómic. Me ha encantado. Y tampoco decía mucho la sinopsis. Lo justo. Es lo bueno de dejarte guiar a veces por tus intuiciones. Lo único que sabía de él era lo que aparece en la web de Panini: “Dos genios científicos se embarcan en el primer viaje en el tiempo de la historia, que les llevará desde la Antigua Roma hasta los mejores conciertos de los años ochenta, pero jugar con la Historia no siempre tiene consecuencias divertidas”.

Viajes en el tiempo y cómic es algo que siempre combina bien (aunque ahora mismo no recuerdo el título de ninguno). Pero viajes en el tiempo, cómic y Millar… ¡Por Odín bendito! ¡Compro, compro! ¡Toma mi dinero, Millar, y cuéntame lo que te salga de… de donde te salgan las ideas! Supongo que no hace falta decir quién es Millar, ¿verdad? Da igual, de todas formas, lo diré por si acaso: otro Midas de los cómics. Guionista de Wanted, Kick Ass, Kingsman, Superman: Hijo rojo, Lobezno: El viejo Logan, The Ultimates, Civil War… Un guionista al que se acusa de hacer cómics con miras a que sean trasladados al cine. Puede que sea verdad, (y eso que Civil War, la serie de superhéroes más vendida de la industria en los últimos veinte años, surgió cuando las pelis de estos todavía estaban muy lejos de ver la luz), pero, ¿realmente importa? Si entretiene, si es visual y argumentalmente bueno, ¡¿qué más da?! Que yo sepa, nadie se ha quejado de que a Stephen King le adapten al cine o a la televisión la mayoría de sus libros… (Por cierto, Crononautas se va a llevar al cine –imaginad un emoticono de guiño aquí–).

A lo que iba: Millar es sinónimo de diversión, de historias originales y muy visuales, que conectan con el gran público y hasta con la crítica.

Aclarada la identidad de Millar, y siempre sin confundir con otro grande, Miller, sigamos.

¿A que parece que ya se ha hecho de todo con los viajes en el tiempo? Pues va a ser que no. Y es que esto de los viajes temporales, como casi cualquier tema, tiene tantos enfoques y variaciones posibles como se nos puedan ocurrir. ¿Y qué faltaba? El toque gamberro.

Sí. Si algo es Crononautas es gamberro. Es algo que se nota desde la primera hoja y nada más ver el dibujo, que por cierto, es soberbio. Mientras lo estaba leyendo no dejaba de pensar: “hay que ver lo mucho que se parece este dibujo al de American Vampire…” Y eso es porque el arte corre a cargo de Sean Gordon Murphy. Ahí es nada. Un dibujo de trazos simples y ligeros pero no por ello menos bueno. Qué va. Es grandísimo, es cojonudo. Me mola muchísimo. ¡Te da la vida ver ese dibujo!

Y todavía no he hablado del meollo, que en resumen es que el científico Corbin ha conseguido hacer la máquina del tiempo en forma de satélite y  retransmitir por televisión la batalla de Gettysburg de 1863. Poco después, el doctor Reilly, amigo del alma de Corbin logra mejorar la máquina y adaptarla a unos trajes que también retransmiten la señal de video. Lógicamente el siguiente paso no es otro que viajar en persona y ahí se lanza Corbin. Pero algo va mal y durante el salto temporal la base pierde el contacto con el viajero. Sin pensárselo dos veces y con la inicial oposición del resto del equipo técnico, Reilly irá al rescate.

Samarcanda 1504, Egipto 3000 a. C., Japón 1220, Nueva York 1929, Belén hace 2000 años, algún lugar del planeta hace 65 millones de años… son algunos de los lugares y momentos a los que acudiremos en compañía de estos dos tíos que parecen más salidos de una peli tipo Colega, ¿dónde está mi coche? que científicos.

Millar se concede la licencia de saltarse esa máxima sagrada de todo periplo temporal consistente en no tocar o alterar nada del pasado porque cualquier insignificante acción podría acarrear consecuencias impensables en el futuro. Lo dicho, para ser científicos se pasan la física cuántica bastante por el forro. Pero no importa, nosotros también se lo vamos a pasar por alto.

Y aunque hay mucho, muchísimo humor, o comedia mejor dicho, también hay hueco para la introspección personal y para saber que Corbin está a gusto en cualquier época y lugar mientras no sea el presente.

Está en el aire saber si habrá más números de esta serie y aunque aún no es seguro, todo parece apuntar a que sí. Yo lo espero de verdad porque Millar con este juguetito que se ha inventado puede hacer auténticas virguerías, provocar situaciones descojonantes y aterradoras a la vez si juega bien las cartas y dejarnos a todos con la sensación de un dinero más que bien invertido y con ganas de más. Y, además, es que, ¡maldita sea, tiene que hacerlo!

La historia, la forma de contarla, los giros, los carismáticos y cabroncetes protas, las anécdotas, los gags, dibujo y color,… todo me parece fantástico.

Un buen cómic que me ha sorprendido y entusiasmado y el cual recomiendo absolutamente.

Diversión total.

[product sku= 9788490947180 ]
Publicado el

Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne

Harry Potter y el legado maldito

Harry Potter y el legado maldito2008 fue para mí un año crucial. Un año de cambios, de vaivenes y de descubrimientos. Fue el año en que me mudé de Madrid a Cantabria. En el que dejé de vivir en una ciudad de tres millones de habitantes, para vivir en un pueblo de cuarenta personas. Deserté de un instituto lleno de amigos para cruzar las puertas de uno donde todos eran extraños. Cambié no ver la nieve más que cuando cruzaba Somosierra, a tener que aprender a ponerle cadenas al coche. Y también conocí el final —o eso pensaba yo por aquel entonces— de Harry Potter. Y diréis, ¿qué tendrá que ver algo tan importante como es mudarse de ciudad con una saga de libros? Pues para mí lo tiene que ver TODO. Harry Potter y la piedra filosofal fue el primer libro “en serio” que leí. Me lo compró mi padre en la estación de Atocha mientras esperábamos un AVE dirección Sevilla. Los dos siguientes —La cámara secreta y El prisionero de Azkaban— fueron mi regalo más preciado de Papá Noel (gracias a mi tía Raquel que se acordó de pedirlos en su carta). Cuando se publicó el cuarto, El cáliz de fuego, esperé durante una hora a que abriera la librería de mi barrio, por miedo a que se agotaran los ejemplares; aunque la verdad es que me lo podría haber ahorrado, porque nadie más vino a comprarlo. Los últimos —La orden del fénixEl misterio del príncipe y Las reliquias de la muerte— me ayudaron a consolidar esa tradición de esperar desde las nueve de la mañana delante de la librería, en la que incluí pasarme por la churrería de vuelta a casa. Y ahí terminó todo. Devoré Las reliquias de la muerte y se acabó. Ya no quedaba más. Fue como mudarme de ciudad, como cambiar de vida. Algo, para siempre, había terminado. Había pasado página y cerrado las tapas de un libro que jamás volvería a abrir.

Así que algo renació en mí cuando hace alrededor de un año y medio escuché que J.K. Rowling iba a continuar la historia. Primero anunciaron que sería una obra de teatro que solo los afortunados con un billete a Londres podrían ver y vivir en sus carnes. Ante la protesta de los fans de todo el mundo —comprensible, ya que todos teníamos el mismo derecho de saber cómo continuaba la historia— decidió, junto con John Tiffany y Jack Thorne publicar la obra en papel, Harry Potter y el legado maldito, convirtiéndose así en el libro más esperado de los últimos ocho años. Tuve la tentación de comprármelo en inglés pero que aguanté como una campeona a que saliera en español; envidiando a todos los intagamers anglosajones que compartían fotos sonrientes en las que sujetaban el ansiado libro dorado.

Pero el día llegó y la que lo tuve en mis manos fui yo. Y me duró, a lo sumo, unas cuatro horas. Me sentí saciada por un momento, pero ese sentimiento dio paso rápidamente a una desolación tremenda. Tenía veinticuatro años y volvía a sentirme como si tuviera dieciséis. Odio decir adiós. Pero ¿tener que decirlo dos veces? El golpe duele todavía más si cabe.

Perdonad que me haya volcado tanto en mi propia historia. Pero comprended que me emocione tanto al hablar de Harry Potter. Es la saga con la que crecí, la que me enseñó a amar la lectura y la que, a día de hoy, me hace viajar por mundos maravillosos como ningún otro libro lo ha hecho. Ahora que ya habéis entrado en situación y que sabéis lo importante que es esta saga para mí, puedo continuar. Y lo voy a hacer hablando del libro.

Como la mayoría de vosotros sabréis, el formato que han utilizado los autores para este libro no es el mismo que para el resto de la saga. Es teatro. Puro y duro. Para la gente que no esté acostumbrada a este género, puede ser un motivo de rechazo. Pues no lo es en absoluto. En las escenas no participan muchos personajes, por lo que no tendréis que estar leyendo todo el tiempo el nombre de la persona que está hablando, ya que se predice bastante bien y hace que la lectura fluya rápidamente y sin tropiezos. Me parecía importante hablar del formato, ya que es la pregunta que más se está oyendo sobre este libro “¿pero de verdad que es teatro?” Sí, lo es. Y es fantástico.

Pero vamos a lo que interesa, el contenido. La incógnita que rondaba por mi cabeza era la de quién iba a ser el malo. Todos sabéis cómo termina Las reliquias de la muerte y, aunque en este libro Harry ya no es el protagonista —lo será Albus Severus, uno de los hijos que tuvo con Ginny Weasly— tenía que haber un malo que estuviera a la altura del Que No Puede Ser Nombrado o, si me permitís, de la odiosa Dolores Umbridge (para mí, la villana por excelencia. Qué horror de mujer). Y vaya si lo hay. No os lo podéis ni imaginar.

Pero… ¿dónde queda la amistad? Uno de los pilares más importantes de la saga es la relación entre Harry, Ron y Hermione, así que en este libro se tenía que demostrar que la amistad sigue siendo uno de los valores fundamentales. Pues bien, nuestro querido (aunque a veces se comporte como un adolescente insufrible) Albus demostrará que el valor de la amistad le viene dado en la sangre y que no tiene ningún tipo de prejuicio, pues su mejor amigo será Scorpius Malfoy, el hijo de Draco Malfoy, aquél Slytherin que tanto odio le tenía a Harry. Ellos dos, como ya lo hiciera su padre con su edad, tendrán que enfrentarse a lo peor a lo que uno podría plantarle cara: los demonios del pasado.

Con estos ingredientes y las páginas pasando más rápido de lo que me gustaría, volví a Hogwarst por unas horas. Pude revivir mis recuerdos más dulces de la infancia, en los que no faltaron sapos de chocolate ni cervezas de mantequilla. Y, aunque confieso que tengo uno, no me ha hecho falta para ello usar mi giratiempo. Aunque, a decir verdad, si este giratiempo funcionara no sé si querría viajar al pasado. Sí, sé que podría volver a vivir esta saga desde cero, pero tendría miedo de cambiar una sola cosa, por minúscula que fuera, que hiciera que todo lo que estos libros me han hecho sentir se fuera al traste. Llamadme nostálgica y loca. Y yo os llamaré muggles.

Publicado el

La reina roja, de Victoria Aveyard

La reina roja

La reina rojaMare Barrow sabe muy bien que tiene que esconder su sangre roja del resto de plateados. En un mundo donde el color de la sangre lo significa todo, mostrarla puede ser tu mayor debilidad. Aquí solo puedes pertenecer a dos clases: o a los Rojos o a los Plateados. Y esa nimiedad, esa particularidad, va a definir tu vida para siempre.

Mare vive con los suyos, los Rojos. Son criados, artesanos, panaderos… son gente humilde, sin grandes aspiraciones, pues saben que el color de su sangre les impediría cualquier aire de grandeza. En contraposición están los Plateados, que viven entre lujo y opulencia, adorando a sus reyes ante cualquier otra cosa. Además, por si fuera poco, gozan de poderes especiales. Cada uno de ellos puede hacer una cosa asombrosa diferente: leer la mente, mover el agua, crear terremotos… Mare siente que no vale para nada, que no tiene ningún talento especial, aunque es cierto que robar se le da bastante bien y al menos así puede ayudar a su familia, aunque sea mínimamente. Sus hermanos mayores se fueron a la servir a la milicia y a ella le tocará en breves si no encuentra un trabajo en el que ser útil.

Poco a poco iremos descubriendo que Mare no es tan normal como ella se pensaba. Algo en ella empieza a removerse, una chispa. Descubrirá que tiene poderes, como si se tratara de una Plateada y se verá inmersa en el mundo de los que son tan diferentes a ella. Allí conocerá a dos chicos, que le enseñarán cómo viven los Plateados y que harán que Mare sienta algo más que amistad por ellos. Mira que normalmente suelo posicionarme en los triángulos amorosos, pero Victoria Aveyard nos muestra tantas facetas de estos dos chicos, que no he podido decidir cuál era mejor para Mare hasta que se ha resuelto la incógnita por sí misma.

Este es el planteamiento de La reina roja, una novela de Victoria Aveyard que nos traslada a un mundo imaginario que fácilmente podríamos identificar con el de Los juegos del hambre. El planteamiento parece un poco similar: una chica humilde, que vive en el extrarradio junto a su familia y que, por haber nacido en el sitio incorrecto, ahora corre el peligro de ser mandada a lo que parece ser el infierno. Y, por si fuera poco, se ve inmersa en un triángulo amoroso. Pero es cierto eso que dicen de que las comparaciones son odiosas. La similitud llega hasta ahí. Nada más. Me parecía importante hacer este apunte, porque he leído bastantes críticas que se centraban más en las similitudes que en las diferencias. A mí, quitando lo obvio, no me lo ha parecido en absoluto.

La segunda parte de esta trilogía, La espada de cristal, ha salido a la venta hace muy poquito, escasamente un mes. Esta novedad fue la que me hizo conocer La reina roja. Todavía no sé muy bien por qué no había oído hablar de esta novela antes, pero ahora ya tengo preparada en mi mesilla la segunda parte, esperando a ser devorada sin piedad. Me ha gustado la combinación de los poderes mágicos con los entresijos que se trae la realeza, pero lo que me ha terminado de encandilar es cómo Victoria Aveyard trata el racismo camuflándolo mediante el color de la sangre. ¿Qué pasa si naces con el color “equivocado”? Pues que tu destino, probablemente, estará escrito de antemano. Tu vida será más dura, serás mal visto ante los ojos de tus diferentes y tendrás que luchar el triple si quieres llegar a tener lo que los demás tienen por el mero hecho de haber nacido con el color de sangre “correcto”. Este es el motivo por el que los Rojos se levantan. Por el que deciden que ya está bien y que es hora de plantarle cara a los Plateados. Van a demostrar que ellos valen tanto como los demás, que saben lo que quieren y, sobre todo, que pueden y quieren luchar. Ya no temen derramar sangre y que se vea claramente que es roja como el fuego, como la guerra. Ya no tienen miedo. Saben que, como decía Bunbury, “todo arde si le aplicas la chispa adecuada”.

[product sku= 9788494411021 ]
Publicado el

Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee), de Marina Perezagua

Don Quijote de Manhattan

Don Quijote de ManhattanEste año me dio el siroco de leerme El Quijote. No porque este 2016 fuera el 400 aniversario de la muerte de Cervantes ni porque haya habido excesiva publicidad sobre el acontecimiento (que no la habido, en mi opinión, ni en exceso ni casi de ninguna otra manera.  Y es más, puede que si la hubiera habido no lo hubiera leído. Aunque también es verdad que si Cervantes fuera inglés otro gallo cantaría y los orgullosos ingleses no habrían dejado ni un día del calendario sin programar algún acto relacionado con el escritor).

Pero no. No era ese el motivo. Simplemente sucedió que apetecíame. Tiempo ha que quería yo enterarme de las hazañas del hidalgo, pero la reputación y el respeto (inclusive ¿acojone?) a la hora de abordar semejante obra, habiendo leído a gente cosas como que si era un rollo por acá, que si era extenso en demasía por acullá, que si hacía falta otro tomo para aclarar los palabros… y a todo esto añádase que  juntabánseme otras lecturas que acababan siempre por relegar al libro a otro momento más oportuno. Pero tenía que leerlo. Una obra tan importante en la literatura española y mundial merecía que menos que una oportunidad. Y también había opiniones buenas, que es cosa menester que se sepa.

Y al fin llegó el momento. En un bonito tomo conmemorativo, lleno de notas al pie y tomado con calma. Dos capítulos por noche propúseme. Hubo días que fueron más y otros que fueron menos o ninguno, en función del interés de la historia. ¿Veredicto? Me gustó. Hubo capítulos que es cierto que se hacían eternos y un auténtico coñazo. Pero coñazo de los gordos. Afortunadamente fueron los menos. Y afortunadamente también, la segunda parte fue mucho mejor que la primera.

Pues con ese buen sabor de boca al acabar la cervantina lectura me encuentro con Don Quijote de Manhattan. De primeras la portada me hace gracia, con la pareja, Quijote y Sancho, vestidos como C3PO y como ewok, respectivamente, caminando por la calzada de una calle de Nueva York.

¿Y qué tal, dirán vuesas mercedes? Pues bien, también. Marina Perezagua traslada al dúo manchego a Nueva York y dota a los sucesos que nos cuenta de algunos paralelismos con el original cervantino.  Ambos amnésicos, despiertan en 2016 sin saber cómo ni porqué, aunque a veces la melancolía les hace recordar cosas que piensan que no han conocido.  La autora se permite algunas licencias para no trabar la narración como el hecho de que Sancho sepa manejar  (y tenga) una tarjeta de crédito, que ambos entiendan y hablen perfectamente inglés… Vamos, que han sido transplantados de una época a otra de cuatro siglos de diferencia pero se manejan por ella como si tal cosa. Que no tengo nada contra eso, que conste, pero se podía haber sacado algo de chicha cómica de alguna situación.

Si el Don Quijote otiginal enloqueció por hincharse a leer libros de caballerías, en esta ocasión será otro libro de fantasía, La Biblia, la que, como a muchos fanáticos, le coma la cabeza tras encerrarse durante siete días para leerla y la que guiará sus actos desfacedores de entuertos (aunque lo correcto y lo que Cervantes escribió fue tuertos, como bien explica la autora en la parte final, Referencias).

Sus aventuras les harán moverse por la ciudad metiéndose en líos, detenidos por la policía, codeándose con drogadictos, encabezando rescates animales, iniciando y acabando huelgas de hambre por los presos de Utah, debatiendo sobre armas de fuego, sobre racismo, e incluso en el mismo Instituto Cervantes, con un Sancho proponiendo los correctos, a su modo de ver, usos de ciertas palabras de la lengua castellana.

Y todo esto teñido con un tinte religioso, ya que desde muy pronto, desde el principio en realidad, Don Quijote va a creerse un nuevo mesías, va a resucitar, va a ser el creador de América, el multiplicador de donuts y magdalenas y el centro de muchas otras actuaciones con reflejos  en La Biblia.

Por supuesto, no hace falta haber leído ni El Quijote ni La Biblia para comprender y disfrutar de este gran entretenimiento que es Don Quijote de Manhattan.

No obstante, creo que en algunos capítulos se podría haber sacado más partido de algunas situaciones, haberlas hecho más cómicas, y también me parece que el último tercio se vuelve demasiado alegórico.

Pero bueno, quitando eso, repito, es una lectura original y muy entretenida, bien escrita, fácil de leer, con momentos de comicidad (me gustó el nuevo bálsamo de Fierabrás) y muy disfrutable en su conjunto.

Un libro muy trabajado (la autora se ha leído diez veces, puede que a fecha de hoy ya más, el libro del caballero de la Triste Figura) y eso se puede apreciar a medida que se va leyendo.

¡Voto a bríos que lo recomiendo!

 

Vale*.

*Que es como acaba El Quijote y es una fórmula latina de despedida.

[product sku= 9788415070726 ]