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La cita mortal, de David Berniger

la cita mortal

la cita mortalTengo un prejuicio – que, afortunadamente, con el tiempo va desapareciendo – y es el siguiente: no suelo salirme de los circuitos más “oficiales” (por llamarlos de alguna manera) del sector editorial. Esto quiere decir que es muy raro que yo mire en la sección de libros autopublicados o que haya algún libro que me interese especialmente. Supongo que el tiempo ha hecho que me vuelva vago, que no me entre la curiosidad por otro tipo de publicaciones o que la desidia – y cierta crítica que hago siempre a ciertos sectores de esta industria – hayan hecho que prefiera centrarme en lo que una editorial que ya conozco de sobra vaya a ofrecerme. Cuento todo esto porque hoy traigo un libro que, por razones que no vienen al caso, es muy posible que yo no hubiera reseñado, que no me hubiera llamado la atención, y que hace referencia a lo que decía al principio sobre mi prejuicio: ha hecho que vayan bajando mis humos y que me acerque a La cita mortal con una sensación de entretenimiento y buen rato que dejan en evidencia varias cosas que, por no extenderme mucho en esta introducción, iré desgranando más adelante. Hasta entonces, la historia es la que sigue…

Roma, 21 de agosto de 1280. Abraham Abulafia, es encarcelado en los calabozos del Vaticano acusado de la muerte del Papa Nicolás III. Será allí donde narre su injusticia y donde la historia que encierra este libro tejerá de acción e intriga aquellos parajes de la Historia que quizás no hayamos sabido nunca.

Hablaba hace poco con un amigo sobre las novelas de entretenimiento. No es la primera vez que hago referencias a ellas en una reseña, pero con La cita mortal me permito repetirme por una simple razón y una pregunta que aparece todo el rato en mi mente: ¿acaso es necesario que una novela tenga un estudio pormenorizado del ser humano, una complejidad extrema, o se convierta en todo un acontecimiento generacional para que esté bien? David Berniger ha escrito un thriller histórico que acompaña al lector y le propone un juego histórico entretenido y lleno de momentos de tensión que, aunque no aparezca en los carteles publicitarios ni tenga una campaña llena de miles de euros detrás, convierte la literatura, la novela, la Historia, en un juego del y con el que participar sin sentirnos mal por ello. Esta es una de las cuestiones a las que hacía referencia en la introducción y que se agradece en los tiempos que corren: que a uno le den una bofetada, aunque sea liviana, para enderezarle un poco y permitir que pueda ver más allá de lo que las librerías nos pueden ofrecer o de lo que editorales que llevan copando los top de ventas durante años publican. No pretende ser, a pesar de lo dicho, un ataque hacia lo que hoy se publica o se deja de publicar. Esa es otra cuestión de otro debate. Lo que quiero plasmar es que son novelas como la que hoy traigo las que muestran que la literatura, sin entrar en los debates de la dicotomía entre buena y mala que me parecen absurdos, puede llegar a un público y hacer que el tiempo que se pase entre sus páginas sea aprovechado en el simple – y noble, si se me permite – arte de entretener.

La cita mortal es una novela, ya lo he dicho antes, en la que no me hubiera fijado. ¿Quiere esto decir que si yo no me fijo en una novela no merece la pena? A la vista de lo que me ha sucedido a mí la respuesta es obvia: no. David Berniger nos traslada a otra época, a los pasadizos de un momento histórico, a las traiciones e intrigas de otra ciudad, y lo hace con cierta elegancia, casi sin que nos demos cuenta, como si fuera sencillo escribir ya que, para nosotros, la lectura se tornará rápida y habremos llegado al final casi sin que nos demos cuenta. Quizás la única crítica que yo pueda hacerle vaya para su contraportada, en esa necesidad imperiosa que se tiene de comparar novelas y autores, unos con otros, cuando la propia voz de uno debiera ser lo suficientemente interesante como para que tuviéramos que establecer las similitudes y diferencias entre las lecturas. Pero entiendo de marketing. Sé que eso hace que la gente tienda a comprar más novelas. Pero sin embargo sigo creyendo que esta novela puede interesar al lector por sí misma, bien sea por las palabras que los que la leemos vayamos diciendo o escribiendo sobre ella, o porque tú, que has investigado sobre lo que nos propone su autor, hayas decidido elegir un buen thriller histórico que está dispuesto a una cosa que a mí me parece que ya es para estar satisfecho: divertir y entretener al personal mediante la palabra.

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Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Apocalipsis suave

Apocalipsis suaveLas novelas que han caído hasta ahora en mis manos con temática apocalíptica tenían todas -más o menos- un guion compartido; civilizaciones arrasadas, sociedades colapsadas, mundos devueltos a la casilla de salida. Esas historias llegaban al lector una vez todo había terminado y el mundo tal y como lo conocemos era solo un recuerdo. El pasado.

Infecciones, virus, bombas, inundaciones, colapsos financieros, clima, flora y fauna desatados, hay cientos de posibilidades para deshacer una sociedad, para revertirla, para acabar con ella. Y casi…no, todas son culpa nuestra. La premisa de Apocalipsis suave no es muy diferente de las demás premisas de novelas apocalípticas, pero si hay una sutil diferencia que hace que se diferencie en mucho del resto de historias que todos más o menos tenemos en mente. Apocalipsis suave narra, como su propio nombre indica, la caída de la sociedad desde un futuro muy cercano, prácticamente el que conocemos. De manera que asistimos a las primeras revueltas, los primeros conflictos, las primeras pandemias, la crisis en estado embrionario, el estallido a cámara lenta, a una dolorosa cámara lenta, de algo que empieza a arrasar ciudades, más tarde estados y después, países.

Parte del desasosiego de esta novela es por la proximidad con nuestra sociedad actual, con esas escenas en que quien solo meses antes era considerado de clase media, es ahora un sin techo, un nómada que se arrastra de una ciudad a otra mientras los que aún conservan sus casas los apedrean y los insultan. O con aquellas en que trabajar en un supermercado es un privilegio por tener apenas unos dólares de sueldo pero con el riesgo constante de un saqueo o un asalto, cosa que pasa habitualmente. O con aquellas otras que unen en una misma escena la violencia que mana del miedo a lo desconocido, el pillaje, la fuerza bruta masculina, las violaciones y el asesinato.

Cuando la sociedad se parte y se rompe y se desmenuza y solo vale el individualismo, porque quizás tu vecino te tosa encima o estornude y mueras, o puede que a tu madre o a tu hermana les hayan pinchado sin darse cuenta en la cola del supermercado con el ultimo virus de diseño. Solo los grupos reducidos sobreviven. Los más fuertes, los más listos, los más osados. Las tribus que viven a las afueras de las ciudades, llenas de universitarios, de médicos, de abogados, de ingenieros, de exmilitares.

Un día eres una estrella de rock, un médico que investiga como detener las muertes, un gerente de un supermercado, y al día siguiente tu ciudad está ardiendo sin control, los disturbios se generalizan, los comercios estallan, la gente huye sin control entre disparos y tú te arrastras por las vías del tren hacia un destino desconocido.

Eso es Apocalipsis suave, una sociedad desmoronándose día a día, minuto a minuto; Wallmarts arrasados y reconstruidos al día siguiente, policía que se desentiende de los delitos, patrullas ciudadanas, palizas, bandas, eco-terroristas, ejercito. Ciudades con una estabilidad tan precaria que el más mínimo disturbio desencadena el caos. Un espejismo. Una mentira piadosa para seguir viviendo, para engañarse e intentar seguir adelante. Acostumbrados a las historias donde todo ya ha acabado, Apocalipsis suave nos enfrenta con el miedo intrínseco a perderlo todo, a perder cada día una parte de lo que conforma nuestras vidas. Un día el agua, la semana siguiente el suministro de luz, al cabo de un mes el puesto de trabajo, puede que en cuatro meses nuestra casa. No hay nada más doloroso y brutal, que perderlo todo a cámara lenta, a plazos, sin que puedas hacer prácticamente nada.

Will McIntosh narra no solo la caída de unas cuantas ciudades, de los estados o de una sociedad, nos cuenta la pérdida paulatina de valores –cuando pasamos de personas a simplemente salvajes- narra el colapso de la sociedad del bienestar, desmenuza las jerarquías, las clases, la política, la convivencia y lo vuelve todo a un estado primitivo, arcaico, fundacional, regido por la supervivencia, la fuerza y la violencia.

Apocalipsis suave es entretenida y oscura, con un mensaje subyacente sobre a donde nos podríamos encaminar si no empezamos a prestar un poco más de atención a cuanto nos rodea y a cuantos nos rodean…

Por cierto, si en vuestras ciudades veis que el bambú prolifera de manera excepcional o que crece sin control y que la gente sonríe mucho, está muy feliz y tiene la mirada un poco perdida… ¡Corred, por el amor de Dios, corred y no paréis!

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El lobo de mar, de Jack London

El lobo de mar

El lobo de marCuando este libro cayó en mis manos, sentí que volvía a tener catorce años. No fue solo por el tema, aventuras a bordo de una goleta, y por el autor, Jack London, al que no leía desde la adolescencia; fue también por la edición. Esta versión de El lobo de mar forma parte de la colección ‘Tus libros selección’ (hay que reconocer que es un nombre bastante soso para una colección) de la editorial Anaya y fue precisamente en estos tomos de clásicos dirigidos a jóvenes donde leí por primera vez a Stevenson, Lewis Carroll, Conan Doyle, Mary Shelley o Bram Stoker.

Tengo mucho que agradecerle a los editores de Anaya. Porque han tenido la valentía de poner al alcance de adolescentes, es decir, en el momento adecuado, textos que tal vez muchos jóvenes de mi generación no hubiéramos escogido porque pensábamos que eran demasiado difíciles, adultos o aburridos para nosotros. Esto no le pasó a generaciones anteriores a la mía, que saqueaban las bibliotecas de sus padres y abuelos tan alegremente y se zampaban un tocho de Verne con la misma pasión que un tebeo de Tintín. Pero los nacidos en los ochenta ya teníamos todo un mercado editorial montado a nuestro alrededor (la llamada “literatura infantil y juvenil”) y, en muchos casos, acabábamos percibiendo que lo que estaba fuera de ese nicho, no era accesible para nosotros.

Pero volvamos a la novela. El lobo de mar es una de las primeras obras de Jack London, ese aventurero-escritor cuya vida es tan fascinante como sus obras y que incluso sale como personaje en Corto Maltés. La novela cuenta la historia de un intelectual acomodado que naufraga en la bahía de San Francisco y es rescatado por una goleta foquera al mando del capitán Lobo Larsen. El capitán se niega a devolver a Van Weyden, nuestro protagonista, a tierra, así que el pobre hombre se ve obligado a trabajar en el barco y a sobrevivir varios meses en condiciones muy duras, hasta que acabe la temporada de caza de focas. Hasta aquí, el inicio es muy similar al de Capitanes intrépidos de Kipling: un hombre rico es rescatado por un barco en el que, por primera vez, tiene que trabajar con las manos y, allí, lejos de su mundo, se ve obligado a revisar su modo de vida y las relaciones que establece con los demás. Pero hasta aquí llegan las similitudes. Mientras la novela de Kipling es optimista y hace que el duro pero justo capitán Disko Troop transforme al odioso protagonista en un hombre honesto, Jack London muestra la crueldad, el desapego y la inhumanidad de la vida en el barco foquero y, sobre todo, de su capitán, el temible y arrollador Lobo Larsen.

Porque aunque el protagonista teórico de la novela es Humphrey Van Weyden, su némesis, el capitán Lobo Larsen, es tan importante que copa hasta el título del libro (el lobo de mar es, evidentemente, Larsen). Jack London encarna en estos dos personajes filosofías opuestas. Lobo Larsen es el superhombre de Nietzsche: un hombre amoral, egoísta, brutal, materialista pero también muy inteligente, culto y leído, físicamente perfecto, y con un talento inmenso que se ha visto truncado a causa de su origen social. Van Weyden personifica el idealismo, la vida fácil y la intelectualidad, pero también la creencia cristina de una vida más allá de la muerte y de la permanencia del alma sobre el cuerpo, e incluso cierta idea ilustrada de civilización y la bondad del hombre que la vida en el barco de Larsen tira por tierra.

Es en el barco foquero, entre guardia y guardia y durante el largo viaje hacia los criaderos de focas en el mar de Bering, donde Van Weyden tiene la oportunidad de ver a Lobo Larsen en acción pero también de tener largas conversaciones con él en las que discuten sobre literatura y filosofía. Aunque no os vayáis a creer que El lobo de mar se reduce a páginas y páginas de dos hombres charlando en la cabina de un barco. Porque a lo largo de la travesía las cosas se complican en la goleta. Hay motines, asesinatos, peleas, tormentas, persecuciones, huidas, naufragios e incluso una mujer, que llega a bordo para mostrarnos la peor cara de Lobo Larsen y la mejor de Van Weyden.

El lobo de mar, como muchas otras novelas de aventuras, esconde diversos grados de lectura que la dotan de una especial complejidad. Podría hablar aquí de la relación homoerótica entre Van Weyden y Lobo Larsen. Podría hacer una lectura feminista del libro y argumentar como el binomio masculinidad/ feminidad no hace ningún favor a ninguno de los personajes de la novela. Podría hablar de la obsesión con el concepto de virilidad que planea sobre gran parte de la literatura estadounidense y que en London no está menos presente que en Hemingway o Kerouac, que por supuesto han leído al aventurero-escritor. Pero entonces me alargaría muchísimo en esta reseña.

Así que, para acabar, solo deciros que si os gustan las novelas de aventuras en el mar, casi sentir el salitre y la humedad empapándoos la ropa, esta novela es para vosotros. Si os interesa Nietzsche y queréis ver la encarnación de un superhombre en acción, esta novela es para vosotros. Y, por último, si tenéis curiosidad por saber quién vence, el ingenioso Van Weyden o el implacable Lobo Larsen, no os perdáis esta novela de Jack London.

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Seis de cuervos, de Leigh Bardugo

Seis de cuervos

Seis de cuervosEra una tarde normal de un día normal (aunque muy caluroso) de finales de agosto, cuando entré, como de costumbre, en una librería a echar un vistazo de las novedades. Lo que no me esperaba encontrar apareció justo delante de mis narices en la sección juvenil. Un libro del que llevaba oyendo maravillas durante meses, con una puntuación de 4,43 sobre 5 en Goodreads y cientos de reseñas poniéndolo por las nubes. Por si no fuera poco, un libro que ha sido número 1 del New York Times y que ha estado más de 30 semanas en la lista de los más vendidos en Estados Unidos. Como no podía ser de otra manera y como lectora compulsiva que soy, no pude hacer otra cosa que llevármelo y comprobar por mí misma si tantas buenas críticas hacían sombra al libro.

Y, en efecto, así fue. Pero quiero empezar dando algunos detalles acerca de la trama de esta novela. Seis de cuervos relata la historia de un grupo de jóvenes que viven en un barrio de mala muerte de una isla ficticia llamada Kerch. Entre ellos destaca Kaz Brekker, un ladrón conocido como Manos sucias, que es famoso por su falta de escrúpulos y por ser el jefe de los Despojos, una banda de jóvenes criminales que sobrevive a duras penas en la isla. Cuando se le ofrece una misión que podría hacerle ganar millones de krugge (moneda de Kerch), reúne un grupo formado por Grisha (personas con poderes sobrenaturales) y por las personas en quienes más confía y parte en busca de su objetivo…

Cuando te encuentras ante un libro que desarrolla un mundo ficticio, la mayoría de las veces, esperas los detalles necesarios para que tu imaginación haga el resto. En este caso, el mundo que Leigh Bardugo crea alrededor de este libro está muy bien construido y con la cantidad perfecta de detalles. A pesar de que la autora ya había introducido este mundo en su anterior trilogía, Grisha (de cuya publicación desconocía), en esta nos lo vuelve a presentar de tal forma que hace innecesaria la lectura de esta anterior. Sin embargo, revela ciertos detalles que te hacen querer leerla. Volviendo a Seis de cuervos, aparte de la gran recreación que hace la autora de este mundo ficticio, también cabe destacar la construcción de los personajes. A pesar de ser únicamente seis los personajes que más conocemos, logramos descubrir todos los entresijos de cada uno. Y, aunque parece que Kaz será el protagonista, a lo largo de la novela nos encontramos con una narración en tercera persona que nos relata por igual los pensamientos y recuerdos de cada uno de los seis personajes. De esta forma, aporta importancia y protagonismo a cada uno de ellos, dotándoles de una evolución palpable a lo largo de la novela y de una profundidad sorprendente, pues la he visto en pocos libros de temática fantástica juvenil.

Además, la autora logra atraparte por medio de la historia de cada uno de estos personajes desde la primera página y, a través de una narración sencilla y con saltos en el tiempo en la primera mitad del libro, nos conduce a una segunda llena de acción, aventuras y muchas sorpresas. Pero en este libro no solo hay aventura y acción, sino que también nos encontramos ante dos historias de amor, tan diferentes como atrayentes, que aportan un elemento dulce a tantas luchas y traiciones.

Seis de cuervos me ha parecido una lectura totalmente adictiva, que me atrapó desde el principio y que me trasladó a un mundo en el que parece que todo puede ser posible. Con una construcción de personajes ejemplar y un gran desenlace, me ha dejado con unas ganas inmensas de leer su continuación y de querer saber cómo continuará la saga. Aventura, amistad, traición y romance se dan cita en una novela cuya edición es impecable y cuya historia no dejará indiferente a nadie que le apasione la fantasía juvenil.

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Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 1. El imperio final

Nacidos de la bruma 1. El imperio finalEl género fantástico reúne, junto a la ciencia ficción dura, quizás, a los autores y lectores más críticos de cuantos géneros literarios puedas encontrar. Al menos siempre he tenido esa impresión basándome en convenciones a las que he asistido, como la última edición del festival Celsius de Avilés, comentarios y artículos que he leído en blogs de internet y las ya anticuadas —una lástima, pero así es— cartas al director de revistas especializadas. Pese a ser el género literario que más libertad da tanto a autores, pudiendo éstos asentar la historia de su obra en mundos inexistentes, con personajes extravagantes de cualidades imposibles y a sus lectores, que disfrutan de la lectura de esos mundos extraños donde se sumergen con gran facilidad y voracidad, siempre han resultado ser un público exigente. Consigo mismos. Con lo que leen. Con lo que otros cuentan de lo que ellos leen.

Ahí es donde me toca a mí. Así que, sin ánimo de ganarme la confianza del lector sino simplemente porque así lo considero, tras leer Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson, comienzo diciendo que me ha resultado el mejor comienzo posible para una saga de fantasía.

Cuanto sabía de Sanderson hasta ahora era que escribió la divertida y entretenidísima saga juvenil que empieza con Alcatraz contra los Bibliotecarios Malvados y disfruté como un colegial. Entonces quise saber más acerca de este autor y me di de bruces con que es un escritor tan prolífico como pueda llegar a ser Andrej Sapkowski o Abercrombie juntos y cuyas críticas le posicionan como el más digno sucesor de George R.R. Martin o Tolkien. Y entonces me dije: ¿Por dónde empiezo a leerle? Y, aprovechando que Nova ha reeditado la saga al completo de Nacidos de la bruma con nuevas portadas y revisión de sus traducciones, decidí que esta saga era lo ideal.

Un mundo en el que durante mil años han caído cenizas del cielo y nada florece. El sol, rojo infernal, es consumido por las brumas al llegar la noche. El Lord Legislador domina con un poder absoluto sobre todos los habitantes esclavizados, llamados skaa, con la ayuda de obligadores e inquisidores, seres que poseen la habilidad de la alomancia, una poderosa magia extraída de los metales. En ocasiones, pese a que las estrictas leyes lo prohíben, algunos nobles y altos cargos alománticos se acuestan con mujeres skaa y algunos de sus bastardos sobreviven y heredan sus poderes. Son los nacidos de la bruma. Uno de ellos, Kelsier, con la ayuda de otra nacida de la bruma, Vin y sus compinches, se preparan para una rebelión del pueblo oprimido para derrocar el reinado atroz de muerte y crueldad del Lord Legislador.

Mi primera impresión al adentrarme en la lectura de Nacidos de la bruma 1. El Imperio Final era que podrían asustarme aquellos asuntos sobre magos vestidos con capas y túnicas, poderes extraños que no tuvieran un explicación accesible y una mezcolanza de reinos con lores y nobles de nombres imposibles que al final necesitara de un cuaderno de notas para no despistarme entre tanta información. Brandon Sanderson lo ha conseguido. Y esta es una afirmación bastante escrita acerca de sus novelas ya que este escritor tiene el poder de hacer que todas esas primeras impresiones desaparezcan en las primeras páginas de la novela. La acción te introduce de lleno en ese mundo de ceniza que ha creado y en el conflicto que va a marcar la historia de una forma tan atractiva y de fácil lectura que, para mí, novato en sagas fantásticas, ha conseguido cautivarme.

Mención aparte, los personajes, que es donde Sanderson se luce y con gusto. De primeras, la dupla Kelsier/Vin, los dos nacidos de la bruma. Una suerte de ¿Batman y Robin?, sí, podría ser. El modo en cómo se conocen, la habilidad para poder enfrentarse a los peligros que les esperan, el entrenamiento para llegar a ello. Kelsier, de espíritu rebelde, siempre amable con un profundo sentir interno, es profeta. Profeta de un pueblo esclavizado. Un cruzado por una causa justa que a medida que avanza la novela, va más allá de ser solo un héroe; es esperanza para un pueblo oprimido durante años. Vin, por su parte, es quien simboliza la parte más llana del pueblo skaa, una pobre ladrona callejera que ha sufrido lo suyo y cuando se creía sin una misión en la vida, se encuentra metida de lleno en la mayor revolución que ha conocido. Su aprendizaje hará que el personaje vaya madurando durante la novela. Y el resto de la banda de rebeldes, Brisa, Ham, Dockson o el criado Sazed, brillan cada uno con sus personalidades y cualidades diferentes y bien marcadas por el autor. Una delicia encontrarte una lectura donde ningún personaje está de paso o de relleno. Todos con su función. Todos con su registro.

En ocasiones, sobretodo en escenas de acción donde los personajes se ayudan de sus poderes para volar y dar saltitos de un lado a otro, cuesta más hacerse a la idea de cómo se desarrollan los hechos. Aún así, Brandon Sanderson sabe escribir con detalle los movimientos que, si en una película resulta un recurso tan fácil cuando nos lo muestran, escribirlo no lo es tanto.

En definitiva, la primera entrega de Nacidos de la bruma me ha parecido un entretenido e inteligente viaje a ese mundo de cenizas, esa revolución del pueblo contra sus opresores donde con facilidad te introduces dada su atractiva y absorbente narrativa y donde te permite disfrutar de unos personajes muy bien cuidados y desarrollados cuya habilidad para la magia se aleja de los tan manidos recursos escritos en muchas otras novelas del género fantástico. Deseando estoy de atreverme con el resto de la saga.

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Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll

Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillasMe encantan las bibliotecas personales (¡oh, sorpresa!). Me gustan esas librerías caóticas, llenas de libros gastados, de  novedades, de clásicos, de poemarios, de cuentos y libros ilustrados. Una librería donde puedas encontrar de todo y a que a la vez sea capaz de reflejar el carácter de su dueño. Creo que si os dejara cotillear mi biblioteca particular podríais saber mucho de mí. Los libros también son el reflejo del alma, queridos.

En mi librería no falta Alicia en el país de las maravillas. Me gusta Alicia desde que tengo uso de razón. Claro que primero empezó a gustarme por aquella genial peli de Disney (no sé cuántas veces puedo haberla visto). Más tarde, cuando ya tenía una edad adecuada, pude disfrutar del libro. Sí, lo disfruté, porque Alicia en el país de las maravillas es una gozada. Se supone que es un libro escrito para un público juvenil, aunque, en mi humilde opinión, creo que para poder captar toda su esencia hay que leerlo ya de adulto. Lo mismo ocurre con El principito. Son libros para niños que sólo los adultos pueden entender plenamente. Creo que debe ser muy difícil escribir un libro que guste a niños y a adultos por igual. Yo no me veo capacitada (bastante tengo con lo mío), pero es algo digno de admiración, ¿no os parece?

Como os decía, Alicia en el país de las maravillas no falta entre mis libros, pero jamás he tenido una edición tan bonita como la que hoy os reseño. Queridos lectores: esta edición es arte, es una joya, es para ponerle un lazo y colgarla en un museo. Lo que hace que esta edición sea tan especial son las ilustraciones de Benjamin Lacombe. Probablemente os suene su nombre. Benjamin Lacombe es un ilustrador francés muy conocido y reconocido porque ha ilustrado muchos y variados libros de una forma espectacular: Nuestra Señora de París, Los amantes mariposa, Maria Antonieta… la lista es larga y tiene pinta de seguir aumentando (Lacombe es un auténtico filón). No soporto a la gente a la que deja de gustarle alguien porque se ha hecho muy famoso. ¿De qué vais, eh? No se puede ser tan Gollum: “mi tesoooroooo”. Si alguien es bueno, es normal que le guste a los demás. Es normal que se haga famoso y que tenga mucho éxito. Que os deje de gustar por eso es de idiotas, siento decirlo. Benjamin Lacombe es bueno, tiene un estilo muy personal que enseguida se reconoce y sus ilustraciones son pequeñas obras de arte. De verdad, a los que os guste Alicia en el país de las maravillas y os guste la ilustración tenéis que tener esta maravilla.

Aparte de las sugerentes ilustraciones de esta edición, el libro cuenta con la novela completa y varios anexos: un prefacio escrito por el propio Benjamin Lacombe, las cartas que Lewis Carroll escribía a Alice Liddell, (nuestra Alicia), y a otras niñas y unas notas sobre la traducción y las biografías de Carroll, Lacombe y Ramón Buckley, el traductor.

Personalmente, he disfrutado mucho con la sección de cartas. Las fotografías de Alice son preciosas, era una niña realmente adorable. También aparece la foto que Carroll tomó de Béatrice Henley y que entregó al primer ilustrador (John Tenniel) para que la tomase como referencia para dibujar a Alicia. La correspondencia entre Carroll y Alice es inquietante, para qué lo vamos a negar. Las cartas que aparecen en esta edición son cartas que él le escribía cuando Alice ya tenía veintitantos años. En una de ellas podemos leer cómo le pide permiso para publicar en edición facsímil el manuscrito original de Las aventuras de Alicia, que conservaba la joven. El caso es que Carroll seguía tomando a Alice porque aquella niña a la que él escribió el famoso cuento. También es extraño leer las cartas que les escribía a las otras niñas. Mucho se ha hablado de este tema. Como realmente no sé nada más allá de estas cartas, prefiero quedarme con la parte bonita: una extravagante amistad que desencadenó en uno de mis libros preferidos y que hoy puedo disfrutar como si de una obra de arte se tratara.

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El regreso del caballero oscuro: La última cruzada, de Miller y Azzarello

la ultima cruzada

la ultima cruzadaY otra vez más tenemos con nosotros al siempre alegre y siempre dispuesto a echarse unas risas, el murciélago de Gotham. ¿Y por qué? Esta vez su presencia es debido a que para la publicación de El regreso del Caballero Oscuro: La raza superior, a los mandamases de DC se les ocurrió que Miller ideara una precuela del mítico, soberbio y reverenciado El regreso del Caballero Oscuro, una de sus interpretaciones más “serias”.

La última cruzada está situada diez años antes de El regreso del Caballero Oscuro, en cuyo argumento se nos contaba cómo Batman volvía a enfundarse el traje tras una década retirado de las calles y es en cierto modo una explicación al porqué de ese retiro.

Batman se siente cansado. Normal. Una vida en la que de día haces el paripé de ser un ricachón, asistes a reuniones, haces contactos, comidas de negocios, tardes de cócteles, cenas de gala, estrenos de cine, óperas o lo que toque, más añádele a eso el entrenamiento diario (que diario quiere decir todos los días, no uno sí y otro no). Y ya si encima tienes un Robin a cargo apaga y vámonos. Yo no podría ser Batman.  Como iba diciendo, nota cómo el tiempo y los golpes hacen mella en él, “envejecer es un asco” llega a decirle en una viñeta a Alfred, y más adelante, un Bruce Wayne más “humano”, más íntimo y cercano, confiesa a Selina, exCatwoman, que se siente viejo y lento, e incluso que siente su mortalidad.

Por eso quiere retirarse, quedarse sólo con la faceta de Bruce Wayne, pero no puede hacerlo todavía. Está preparando a Jason, su actual Robin, para ocupar su lugar y no le ve aún listo para ello. Es temperamental, impaciente, y, aunque reconoce que es mejor que él a su edad, en lo de ser detective es algo tosco. No puede ceder el testigo todavía. Batman quiere esperar más tiempo, enseñarle más, entrenarle más, asegurarse de enseñarle todo lo que sabe… Pero, sinceramente, conociendo a Batman como le conocemos,  siempre aspira a la perfección y, si las circunstancias no lo precipitaran, Jason nunca acabaría su entrenamiento.

¿Qué decir de Frank Miller? Para mí es como si fuera el padre de Batman. El creador. Sí, ya sé, ya sé, puristas.  Fueron Bob Kane y Bill Finger, pero realmente de ellos poco he leído y lo que he leído no es para echar cohetes. Tenían a su criaturita en pañales, con tramas inocentes, por no decir infantiles, así que como padres biológicos los acepto, pero tito Miller es quién realmente le (y me) ha educado.

Que conste que también me gustaron las historias de Loeb y Sale. Dark Victory, El largo Halloween, por nombrar algunos de entre los muchos títulos, son grandes obras que ocupan un lugar muy alto en mi ranking del murciélago. Pero Miller es quien de verdad redefine al personaje. Lo hace suyo, lo mitifica, lo engrandece y humaniza. Año uno y El regreso del Caballero Oscuro son la cima del personaje. También aporta su porcentaje de cagadas, claro, como El contraataque del Caballero Oscuro, y un muy criticado (aunque a mí me encanta por lo inesperado, desconocido y por la ida de olla de Batman) All Star Batman.

Miller conoce al personaje como si lo hubiera parido, porque lo ha parido. Y es él quien hace y deshace en su universo. No obstante, al igual que está sucediendo en La raza superior, Azzarello también ha participado en el guión, lo cual no hace sino reforzar una historia ya de por sí buena.

El dibujo está bien, pero no me ha gustado nada el Joker. No tiene la cara estilizada que suele tener. La tiene más ¿redondeada? Y, por otra parte sus apariciones son poco menos que desconcertantes. ¿Qué hace? No. Más bien… ¿cómo lo hace? ¿Qué coño dice? ¿Alguien le entiende?

¿Pero el cómic está bien? Sí. ¿Merece la pena? Mucho, porque, aunque realmente no hacía falta una precuela, siempre mola ver a un Batman crepuscular, herido, humano, al que se le viene el mundo encima, un Batman milleriano casi vencido pero no derrotado, un Batman a cuya cabeza y pensamientos podemos y nos gusta acceder y a quien dirige uno de sus mejores conocedores.

Una historia que explica parte de otra historia mitiquísima, que amplía la visión de conjunto del personaje y de su tragedia personal.

Sin ninguna duda, un cómic que todo batmaníaco debe leer.

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Academia Gotham 3. Anuario, de Brenden Fletcher

Academia Gotham. Anuario

Academia Gotham. AnuarioHace un año, el Universo DC Cómics puso en marcha un evento denominado «DC You» con el fin de conquistar a nuevos lectores y dar más poder creativo a sus historietas. Presentaban ahí a guionistas y dibujantes emergentes con mucha calidad y que de otro modo hubieran tenido muy difícil acceder al sello editorial. Esta línea de cómics se caracterizaba por su carácter rompedor, desenfadado y alternativo, creando nuevos arcos argumentales muy originales que, de una forma más o menos sutil, se introducían en la mitología del universo compartido de DC. Una de las obras surgidas en esta serie de cómics fue Academia Gotham y a pesar de que, en cuanto a ventas, está dejando bastante que desear, por su original visión de otro de los enclaves enigmáticos de Gotham y su carácter amable y divertido dirigido a un público juvenil, a mí me está resultando una de las más entretenidas historias relacionadas con la ciudad del Caballero Oscuro.

Academia Gotham 3. Anuario es el tercer tomo que ECC edita en España e incluye los números del 14 al 18. El número 13, que ha quedado huérfano entre el segundo y tercer tomo de esta colección, se incluye en otra serie llamada Guerra de los Robin, una de esas estrategias empresariales de relacionar series de cómics para aumentar ventas. Si no tienes intención de conseguir ese número suelto, te resumo muy rápido para que no te quedes en ascuas; en Gotham se ha creado una ley que prohíbe ser Robin. Muchos chavales, fascinados por los métodos del compañero de Batman, quieren seguir sus pasos y se disfrazan como él. Y en la Academia Gotham no podía faltar un miembro con las mismas intenciones. Mientras tanto, el joven Club de Detectives liderados por Olive y Maps, se verán inmersos en un nuevo caso de misterio. Esta vez, relacionado con un ser que regresó a la vida tras haber sido enterrado adrede bajo las instalaciones de la academia.

El anuario de la Academia es el motivo de las nuevas aventuras de este tercer tomo. Tras la presentación de los jóvenes protagonistas y las aventuras vividas descubriendo el escondite de Killer Croc a través de los pasadizos secretos de la academia en Bienvenidos a la academia y los enfrentamientos contra Clayface o un hombre lobo en Calamidad, el Club de Detectives hacen balance de su primer año en la Academia Gotham. A la intrépida y divertida Maps los profesores la han excluido del anuario, con lo que decide realizar uno por su cuenta anotando las vivencias que ha experimentado junto a su peculiar grupo de amigos.

Seguro que recuerdas esos capítulos anuales de Los Simpson en los que un hecho concreto da pie a que resuman la temporada contando varios trozos de episodios anteriores, por ejemplo, cuando Homer está en el hospital y su familia recuerda la de veces que se ha golpeado en la cabeza entre muchas otras cosas. Digamos que Academia Gotham 3. Anuario actúa del mismo modo, solo que en lugar de recopilar historias que ya nos han mostrado, inventan nuevos casos más escuetos para llenar sus páginas con infinidad de misterios y aventuras a la cual más dispar. Las más destacables para mí por cómo están escritas y su dibujo son el curioso encuentro de Maps con Batman, mostrando un gesto muy agradable del Caballero Oscuro y la fantástica historieta de los Brujos Gilkey, mi favorita. Pero hay para todos los gustos. Mucho dibujo de tira cómica que enfatiza el carácter juvenil de la serie, juegos de rol y un escaparate de algunos personajes secundarios del Universo DC. Una especie de muñecas rusas, es decir, una historia dentro de otras historias. Un modo también muy práctico de presentar a nuevos dibujantes e historietistas que en dos, tres o cuatro páginas, aportan su toque fresco y personal.

Sí es cierto que en este tomo he percibido cierta falta de la originalidad y pegada que tuvo cuando surgió, y puede que el nivel sea inferior con respecto a los tomos anteriores. Sin embargo, me sigue gustando esa apuesta por el derroche de jovialidad y desparpajo de algunos de sus personajes manteniendo la línea más amable de las series relacionadas con Batman. Además de poder encontrar, cada dos páginas, una historieta nueva con un estilo muy distinto del anterior y aún más del siguiente. Es un «a ver qué viene ahora…» que le da mucha agilidad a su lectura y siempre enmarcado en el ambiente divertido y alegre con el que nació la serie. Si tiene continuidad en el futuro, te contaré en qué nuevos y peligrosos misterios se han visto involucrados los, desde ya, nuevos miembros de la ciudad gótica, el Club de Detectives de la Academia Gotham.

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Academia Gotham 2. Calamidad, de Brenden Fletcher

Academia Gotham. Calamidad

Academia Gotham. CalamidadCuando era pequeño me encantaba ponerme en la televisión los episodios de la serie Scooby Doo justo antes de volver al colegio por la tarde. Los misterios que tenían que investigar, con fantasmas o monstruos peligrosos, me mantenían en vilo durante todo el episodio y siempre tenían una resolución bastante sencilla, todo se explicaba al final del episodio. En el próximo capítulo, un nuevo misterio se les presentará. Siendo más mayor, aunque no mucho, gustaba de leer historietas relacionadas con los monstruos más clásicos, los que en cine aún no podía ver por ser muy pequeño. Unas aventuras edulcoradas pero que mantenían ese halo de terror gótico que devoraba de gusto. Con los chicos de Academia Gotham, ocurre algo similar. Los fenómenos inquietantes que les acechan, al final, tras una aventura de lo más entretenida, son resueltos. Eso sí, te dejan con un nuevo enigma a resolver para mantener el suspense en la historieta. Y todo envuelto en una atmósfera de horror y misterio.

En Academia Gotham 2. Calamidad, el segundo tomo que narra las aventuras juveniles de un grupo de estudiantes empeñados en descubrir los misterios que se esconden tras los muros de la academia, dedican en este número un cuidado homenaje por el terror más clásico. Eso ya se cuece desde el número que abre este tomo, en el que de forma poética, los jóvenes miembros del Club de Detectives sellan su juramento para formar parte de tan peculiar agrupación. Desde Edgar Allan Poe a hombres lobo, pasando por fantasmas, las nuevas aventuras de Olive, Maps y los demás chicos del club, te llevan a descubrir nuevos misterios que aguarda la Academia Gotham. Todo, por supuesto, inmerso en el Universo DC con puntuales apariciones de secundarios de las tramas de Batman, como pueden ser Damian Wayne, el profesor Hugo Strange o Kirk Langstrom.

Si en el primer tomo, Academia Gotham 1. Bienvenidos a la academia, ya nos presentaron al elenco de chicos jóvenes con Olive como centro de todos los misterios, en esta ocasión son los profesores los que gozan de su momento de gloria. El profesor Scarlett, recitando El Cuervo de Poe, da comienzo a una historieta sobre la magia que envuelve a una pluma de la antigüedad perteneciente al linaje de los Wayne. Un modo de introducir a Damian Wayne dentro del Club de Detectives que con tanto fervor e ilusión infantil ha fundado la extrovertida Maps. Entre los pasillos y las aulas de la academia es donde se desarrolla parte de los sentimientos de amor y amistad entre Olive y su exnovio Kyle y el resto de amigos del club. Un modo de acercarnos más al sentir y la personalidad de estos jóvenes. Y por supuesto, los inexplicables acontecimientos que les mantienen en una continua alerta. El profesor de ciencias Kirk Langstrom intenta buscar un antídoto para curar a las víctimas de sus fallidas invenciones cuando irrumpe en el colegio una bestia; un hombre lobo. Mola, ¿eh?

Con su característico ritmo desenfadado, rebelde y simpático, el guion irá dando más detalles acerca de la identidad real de Olive y del porqué de su internamiento en esta peculiar academia. Y esta vez, es Maps con su carisma, quien lleva más el peso de la trama durante las aventuras que les esperan.

Un detalle que sigo valorando es al equipo creativo de esta serie. Por su historia y por sus dibujos. En esta ocasión, los seis números que completan el tomo están dibujados principalmente por Karl Kerschl, quien he leído se despide de esta serie cediendo su lugar a los dibujantes Mingjue Helen Chen y Msassyk con quienes comparte algunos números dentro de este tomo. Y las portadas se las divide con Becky Cloonan, coguionista de la historia. Unas piezas, las portadas, muy dignas de conseguir en su formato original en grapa de los números americanos por lo que molan, aunque en el tomo que edita ECC vienen impresas al comienzo de cada número interior.

¡Qué gusto volver al terror clásico y aventurero! Edulcorado o no, este tomo de Academia Gotham 2. Calamidad tiene todos los tintes románticos que me gustan de esas historias y me ha dado los ingredientes necesarios para disfrutarlo de principio a fin. Ya no solo que mantenga su atmósfera gótica de pasillos lúgubres, un viejo edificio que se conecta a través de pasadizos ocultos con la academia y apariciones en el antiguo cementerio, es todo eso y el ritmo fresco, sin pausa y divertidísimo con el que los personajes huyen, investigan y descubren misterios que no parecen tener fin en esta academia. Si hasta hay lugar para la maldición que recae sobre la obra teatral de Shakespeare, Macbeth. Todo un recital de ingenio por parte de sus creadores que están haciendo de esta serie, una de las más originales e interesantes del Nuevo Universo DC.

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Academia Gotham 1. Bienvenidos a la academia, de Brenden Fletcher

Academia Gotham. Bienvenidos a la academia

Academia Gotham. Bienvenidos a la academiaGotham City, la ciudad de Batman. Y la ciudad de las injusticias, los maníacos sueltos, las bandas de mafiosos, monstruosas criaturas, asesinos en serie, policías corruptos…Son muchos los puntos de vista que dentro de los cómics nos han mostrado el día a día de la ciudad gótica. O bien por ojos del inspector de policía James Gordon, o por la batfamilia o por alguno de sus villanos. A cada cual, más o menos interesante dependiendo del grado de mitología y misterio que quieran mostrar sobre los cimientos de la ciudad. Es una ciudad que respira por sí misma, que tiene su propia alma y fue forjada por infinidad de secretos que se esconden tras los muros de sus instituciones. El asilo Arkham, la penitenciaría de Blackgate, los Narrows…ahora toca sacar los oscuros secretos que se esconden en la Academia Gotham.

Surge en el Nuevo Universo DC una colección de las más originales y entretenidas dado su desenfadado y jovial estilo. Una suerte de Scooby Doo y Harry Potter actualizada y refrescante, inmersa en el universo de Batman y protagonizada por un grupo de adolescentes que dividen sus tareas escolares con la investigación de extraños sucesos ocurridos entre los muros de su escuela. Unas historias llenas de aventuras, misterio, fantasmas, amor y cargadas de un tono rebelde y simpático. Todo ello desarrollado en un viejo colegio de aspecto gótico y fantasmal que aguarda muchas incógnitas entre sus aulas y recónditos pasadizos. Esto es Academia Gotham 1. Bienvenidos a la academia.

El primer tomo de la colección incluye los seis primeros números americanos. Sirve a modo de presentación de la academia, sus enigmáticos profesores y los singulares miembros de la banda de adolescentes que tendrán que unir fuerzas e ingenio para descubrir los peligros que les acechan. Olive Silverlock, con un aspecto icónico, pelo blanco y ojos rojos, es una espléndida estudiante que tras un dramático suceso que se irá desvelando poco a poco, siente rechazo hacia sus compañeros y evita el contacto con ellos. Sin embargo, algo empezará a suceder en la academia, unos hechos inexplicables que harán que Olive se vea obligada a investigar su origen. Para ello, decide juntarse con un grupo de lo más variopinto: Maps, hermana del exnovio de Olive, una chica vivaz, valiente, deseosa de adentrarse en cuantos misterios sean posibles; Kyle, el exnovio, un guapo deportista; Pomeline, una compañera con la que no guarda mucha simpatía y que siente afinidad por las artes quimeras, y Colton, joven especialista en abrir candados y meterse en líos siempre llevando sus gafas de sol. Ellos son el Club de Detectives.

Me ha agradado muchísimo encontrar esta serie. Su tono amable, juvenil y aventurero me ha enganchado de principio a fin. Las historias que se desarrollan en Gotham, por norma general, tienen un corte bastante siniestro y violento. Necesitaba una vía de escape y Academia Gotham 1. Bienvenidos a la academia me la ha mostrado. Esos misterios de apariciones, viejos edificios con pasadizos secretos, una banda de chicos que se atreven a desafiar todos esos peligros y un marcado gusto de sus creadores, Becky Cloonan, Brenden Fletcher como guionistas y Karl Kerschl como dibujante, por el ideal romántico (el viejo director de la academia vagando por los pasillos con un candelabro, espectros en la noche…) son detalles que me han hecho ganar puntos hacia estas historietas. No queda, además, descolgada del universo de Batman, ya que él mismo y muchos de sus personajes aportan su intervención justificada en el argumento. Desde Hogwarts, nunca antes me había sentido tan atraído por entrar en una academia. No solo el arco argumental, también cómo ha sido dibujado, que es uno de los aspectos más atractivos que puedas encontrar; los escenarios tenebrosos, los planos detalle, cada uno de los personajes y su vestuario, su expresividad…Un gusto, la verdad.

Unas historietas, en principio, dirigidas a un público juvenil pero que si tienes aún espíritu aventurero y un halo romántico, seguro disfrutarás de ellas. Entra en la academia y pásalo bomba con las aventuras del Club de Detectives de la Academia Gotham.

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Wonder Woman Tierra Uno, de Grant Morrison

wonder woman tierra uno

wonder woman tierra unoSi en su momento Batman y Superman ya tuvieron (y siguen teniendo) su Tierra Uno  ahora es el turno de la mujer maravilla. Pero… ¿qué es Tierra Uno? Ni más ni menos que un reboot, de esos que tanto se llevan ahora en el cine; un volver a contar los orígenes de los personajes de DC en un contexto más actual (con Internet, móviles, Facebook, sin la Segunda Guerra Mundial…), readaptado conservando su legado, y, en ocasiones alterando algunos detalles.

También es una forma de captar nuevos lectores y hacer caja, sobre todo en estos días en los que la trinidad deceíta ha sido, o será llevada a la gran pantalla (sin ir más lejos la propia WW tendrá película en 2017).

Otra pregunta que creo que hay que hacerse así, sin más ni más, es:  ¿hace falta saber el origen de un superhéroe para poder leer sus historias? ¿Se puede entender una pelea entre Batman y el Joker sin saber que los padres del primero murieron, blablablá…? ¿O que Superman es un alienígena de Krypton? (¿Hay alguien que no lo sepa?) Particularmente pienso que se puede, aunque mi opinión es subjetiva porque para eso es mía, y tal vez ya tenga tan asimilados ciertos orígenes que una vuelta a ellos me puede parecer superfluo. Pero, lo cierto es que vuelvo a ellos. Y vuelvo porque siempre hay detalles que el guionista añade ingeniosamente o no. Guiños para los que conocen la historia de siempre y elementos para los neófitos, que hacen que leas esos orígenes con ganas de ser sorprendido, de encontrar las diferencias y también de divertirte con un nuevo enfoque.

En el caso de Wonder Woman Tierra Uno pasa tres cuartos de lo mismo. El nacimiento de la amazona va a ser siempre polémico porque siempre hay variaciones en cuanto a que si es o no producto de la arcilla hecha vida, si es el resultado del salvaje fornicio entre Zeús e Hipólita o si es el que aquí se cuenta y que no desvelaré.

Sea como sea, y entrando ya en el cómic en cuestión, vamos a encontrarnos con una buena historia. Isla Paraíso, hogar exclusivo de mujeres que odian a muerte a los hombres, en el que el lesbianismo impera y el bondage es práctica normal también. Lugar en el que en 3000 años las mujeres han avanzado tecnológicamente muchísimo más que en el resto del mundo, el llamado “mundo de los hombres” y en el que todo es armonía y paz, pero también en el que nuestra chica se aburre y siente que hay algo más ahí afuera, como la verdad de Mulder y Scully.

Y he aquí que un día se encuentra en la playa con un hombre. ¿¡Un hombre!? ¿Estás segura, Diana? Anda, mira a ver, que en estos temas estás un poco pez y estando como estás acostumbrada a tetas y otras cosas, mejor te aseguras y tocas la mandanga. Pues sí, WW lo comprueba poniendo su mano en el paquete del soldado negro. Eso es comprobar las cosas y lo demás tonterías.

En fin. Si la noticia de que un hombre ha pisado Isla Paraíso llega a oídos de Hipólita, será hombre muerto, así que a ayudarle se ha dicho.

Será así como la amazona descubre el mundo exterior, en el que las mujeres no son las que cortan el bacalao y en donde el machismo se ve cada dos por tres. Pasar de una dictadura, de mujeres pero dictadura, a otra de hombres es un duro revés para nuestra chica, feminista de armas tomar y vestida de corto.

La historia se desarrolla mediante flashbacks durante un juicio con el lazo de la verdad de por medio y se aleja del típico guión de superhéroe contra (super)villano,  mezcla elementos mitológicos (mola mucho, pero mucho, Medusa), fantasía y ciencia ficción y los incorpora al mundo “real”, por decirlo de alguna forma.

Y el dibujo… ¡impresionante! Desde las primeras páginas, con un desconocido Hércules en plan cabronazo maltratador, hasta… bueno, hasta el final, porque Yanick Paquette ha hecho un trabajo soberbio, algo sexual en algún momento, (no, qué digo, en realidad muy muy sexual en algunos momentos), pero de quitarse el sombrero, y en el que me ha parecido ver, sobre todo en la isla, a una Diana jovencísima, a una chiquilla bien formada pero chiquilla al fin y al cabo, tal vez reflejo de su juventud e inexperiencia sobre muchos asuntos.

En resumidas cuentas, por mucho que conozcamos los comienzos de los superhéroes, Wonder Woman Tierra Uno debe leerse, no sólo porque tanto dibujo como trama sean buenos, sino porque no deja de ser otra versión más a tener en cuenta y porque es una lectura más compleja que el simple reboot de un origen: es un no a la guerra de sexos.

Y sobre todo, es otro origen más a añadir a la lista de orígenes, revisiones, crossovers y universos paralelos que poder meter en conversaciones frikis, de esas que tenéis todos los días, cosa para nada baladí (nadie esperaba esta palabra a estas alturas de reseña) a la hora de hacer relacionarse en los cócteles de sociedad.

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Almóndigas del espacio, de Craig Thompson

almondigas del espacio

A vecesalmondigas del espacio viajo sin moverme del sitio. Una rebanada de pan, un chorrito de aceite y un trozo de chocolate, forman un vínculo capaz de conjugar tardes soleadas en las que las incógnitas de un futuro incierto me importaban un bledo. Vuelvo a viajar. Un fresquito vaso de leche es el carburante que me catapulta a veranos de colegios desiertos y de aventuras imaginarias por el parque junto a mis amigos. O los dibujos animados, que ahora emiten a todas horas, me recuerdan los madrugones del fin de semana para apoderarme de la única televisión de la casa. ¡Ay la morriña, cómo duele! Por fortuna ese niño aún vive dentro de mí y en ocasiones sale a corretear. Es como un Mr. Hyde, pero inofensivo, jovial, impulsivo y alocado, que se manifiesta después de que un olor, sabor o sensación, convertidos en el suculento cebo para atraer recuerdos de infancia, me envíe a un estado pueril tras capturar a uno. El sabor del algodón de azúcar, esa fugaz sensación de que montar en bicicleta forma parte de un juego más que de un deporte, las viejas fotografías de un pueblo que hace tiempo que no piso o el olor a papel repleto de aventuras de las almóndigas. ¡Sí, almóndigas! Pero no unas almóndigas cualquiera. Almóndigas del espacio de Craig Thompson, por supuesto.

Craig Thompson tiene un poder de sugestión y ejerce sus habilidades a través del papel. Con Blankets (obra de arte con mayúsculas) probé las virtudes del amor y sufrí por el desamor. En Adiós, Chunky Rice me mostró que no hay límites si existe amistad. Habibi me conmovió mediante el afán de supervivencia. Y ahora Almóndigas del espacio, un cómic que a todas luces podría parecer más enfocado a un público infantil. Y sí, por supuesto que un niño podrá leerlo, pues es una historia cándida que se puede disfrutar a diferentes niveles. Pero es una lástima que algunos vayan a descartar esta lectura, este viaje épico, por esas estúpidas ideas preconcebidas de que un adulto solo debe hurgar entre las cosas exclusivamente para adultos.

En Almóndigas del espacio se narra el periplo de Violet por encontrar a su padre. Hasta hace poco su vida era apacible y la única preocupación que la familia tenía era la búsqueda de un nuevo colegio, pues el suyo fue devorado por ballenas espaciales. Emm… sí; ballenas que surcan las galaxias y que de tanto en tanto se zampan cosas. La ocurrencia y lo absurdo dándose la mano. El inicio es algo lento y se mueve a la misma velocidad que lo haría una estrella fugaz a través de una balsa de miel. Este farragoso previo no es más que una muestra de la importancia que da Craig Thompson a los personajes, pues es ahí donde nos presenta con detalle a cada uno de ellos: cómo son, sus inquietudes y sus principios morales. Gracias a ello, a ese tramo que pensasteis que era un rollazo, luego entenderéis las motivaciones y decisiones de cada uno.

Este cómic puede que no sea tan “serio” como otras obras de Craig Thompson. Tal vez tenga semejanzas con Adiós, Chunky Rice, en donde la amistad más férrea era el motor que daba impulso a toda la historia. Pero a diferencia de las aventuras de la pequeña tortuga, Almóndigas del espacio es menos melancólica y oscura. Ayuda mucho el que sea la primera obra del autor en color. Un color bello, con una paleta infinita que convierte ilustraciones en dibujos animados, y en donde Dave Stewart (titán, artista y amo del color) pinta humanos de pieles rosadas, extraterrestres de tonalidades variopintas, estructuras de frío matiz metálico y galaxias repletas de estrellas. ¡Maldito Big Bang, Dave Stewart debería haber coloreado el universo y no tú!

¿El dibujo? Excelente. El autor nos deleita la vista con diseños de innumerables personajes inverosímiles. Además por las páginas se mueven toda clase de artilugios: cachivaches que recuerdan a barcos de pesca, naves nodrizas con la forma de animales que encontrarías en una mariscada, hamburguesas voladoras, automóviles con caparazón y hasta bolas que no recuerdan a nada pero que molan mucho. Craig Thompson transita de forma grácil entre las grandes viñetas y las gigantescas viñetas recargadas de detalles, y de ahí a las splash pages (en muchas ocasiones a doble página) donde abunda el universo, la basura espacial, las metáforas sobre la vida y las ballenas.

No solo el drama y la aventura están presentes en este cómic, el humor también tiene sus momentos y éstos vienen de la mano de los dos extraños y alienígenas niños que acompañan a Violet en su misión de rescate. Por un lado está Zaqueo (un bicho de color anaranjado y con una morfología corporal similar a una mandarina): impulsivo, valiente pero algo pendenciero. “¡Para ya con tus lecciones de historia de sabelotodo!” Elliot, en cambio, es un pollo (perteneciente a una raza de aves de corral que evolucionaron gracias a la manipulación hormonal) bastante sabihondo, extremadamente miedoso, algo repipi y propenso a sufrir inoportunos ataques de ansiedad. “Mis cálculos son más sofisticados que los tuyos”. Y así a todas horas. Pero a pesar de que siempre andan a la greña, debido sobre todo a lo opuestos que son, deberán trabajar juntos y vencer sus miedos, como lo hicieran el famoso cuarteto protagonista de El mago de Oz, por el bien de su amiga.

En Almóndigas del espacio Craig Thompson no solo difunde un bello mensaje de amor (entre amigos, dentro del entorno familiar y hacia a los más desfavorecidos) sino que además, maquillada de fábula dulzona, nos deja un agudo relato sobre ecología y la importancia vital de cuidar el medio ambiente. Pero sobretodo, y especialmente, nos hace viajar sin movernos del sitio. Nos traslada de nuevo a nuestra infancia, en la que abundaban las golosinas, los pensamientos puros que se originaban en el corazón sin necesidad de cruzar el peaje del frío y calculador cerebro, las rodillas llenas de arañazos debido a las caídas en bicicleta y las aventuras imaginarias junto a tus inseparables amigos tejidas con el hilo de la fantasía.

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