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Carbono modificado, de Richard Morgan

Carbono-modificadoPublicada en nuestro país hace más de diez años con el título de Carbono alterado la editorial Gigamesh recupera esta novela de ciencia ficción cyberpunk noir con una nueva traducción, mucho más adecuada y gratificante que la que teníamos disponible. Así que desde aquí, vaya por delante mi felicitación a Juanma Barranquero, traductor de la presente edición. Este es un gran punto de partida para una novela que ya ganó en su día el premio Philip K. Dick. ¿Acaso hay mejor carta de presentación?

Carbono modificado es una especie de cruce entre cyberpunk y novela negra explícita. Estamos ante un futuro relativamente cercano, la humanidad ha conseguido realizar el viaje a otros planetas y, lo que es más importante, unos avances en genética e informática que permiten que nuestra conciencia sea almacenada en una especie de hard-disc y descargada en cualquier cuerpo o “funda”.

Una idea, por cierto, inaugurada en los 70 y que aquí en España ha desarrollado a la perfección Cotrina. En cualquier caso, Morgan, aunque sea esta la novela con la que debutó, consigue crear todo un universo realista y complejo alrededor de una premisa fundamental: los criminales son “almacenados” mientras dura su condena, sus cuerpos pueden ser alquilados o comprados, y los más ricos se convierten en casi inmortales al poder comprar fundas de manera indefinida.

Es por tanto Carbono Modificado una distopía en la que Takeshi Kovacs, un convicto que antes había trabajado para una agencia de élite del gobierno, es sacado de su almacenaje y enfundado en otro cuerpo por un ciudadano extremadamente rico que le necesita como detective privado. El crimen a investigar es el del asesinato del propio ciudadano, que al realizar copias de seguridad de sí mismo cada 24 horas, se convierte en alguien ciertamente difícil de eliminar.
A partir de ese momento nos introducimos en una narración de vértigo en la que Kovacs debe descubrir quién es el asesino y que nos enseña una realidad futura tan corrupta, tan violenta y tan indeseable que se parece bastante a nuestro presente.

Morgan, perfilando ya el que será su estilo para novelas posteriores, hace gala aquí de un ritmo frenético, lleno de crudeza, de sangre y torturas —recordemos que en este mundo para matar al alguien hay que destruir su pila cortical—, de sudorosos escarceos amorosos, de inmersión en lo peor de la sociedad —da igual entre los ricos que entre los desesperados—…, pero sabe incluir los suficientes momentos de calma como para permitir al lector recuperar el aliento y sumergirse de nuevo en la acción. Equilibra la crudeza, la violencia, el sexo, las explosiones y enfrentamientos con el suspense y las revelaciones necesarias para hacer adictiva la trama.

No adolece Morgan de vacuidad en su planteamiento. Referencias filosóficas sobre lo que representa vivir una vida tan longeva y unas claras alusiones a puntos polémicos con el Cristianismo activan la parte densa de la lectura. Con una prosa llena de sequedad cuando se refiere a ello, el cristianismo aparece en la novela como una secta que se niega a resucitar en una nueva funda si tu cuerpo muere. Este tratamiento tan heterodoxo de un concepto religioso como lo es la resurrección de la carne es parte protagonista del planteamiento de la novela pudiendo ofender al lector más conservador. No obstante, intuyo que el autor no sólo no huye del conflicto sino que de alguna manera, lo busca. ¿Cuáles serían las consecuencias teológicas de poder retener el alma dentro de un contenedor?

Pero no nos equivoquemos. Esto no es un libro de filosofía. Es un libro adulto en todos los sentidos: Hay escenas de torturas suficientemente sangrientas como para no dejar impasible al lector medio y el tema sexo que si bien no es, ni mucho menos, predominante es bastante explícito en su narración. Esto hace que “Carbono Modificado” no sea un libro para adolescentes, ni siquiera para lectores sensibles. Como buen cóctel para adultos, el tema de las drogas no se queda fuera aunque desde un punto de vista más recreativo.

El libro está escrito a un ritmo quasi-cinematográfico que lo convierte en un thriller absorbente. Morgan dispersa con de manera constante pistas y elementos dramáticos, consiguiendo reunirlos todos para brindarnos un final espectacular con el que alimentar las ganas de hacernos con la segunda entrega de la trilogía, la cual confiamos que Gigamesh nos ofrezca pronto.

Richard Morgan ha vivido en España y habla nuestro idioma. En 2016 participó en el festival Celsius 232 de Avilés y en la divertida charla que ofreció allí, habló sobre la creación de Kovacs: “cuando era profesor de inglés me di cuenta de que en la vida real no puedes pegar un tiro a los gilipollas“, fue básicamente su explicación. No sé a vosotros, pero a mí con eso me vale, porque seamos sinceros: ¿quién no ha tenido ganas de pegarle un tiro a un gilipollas? De momento vamos a tener que conformarnos con ver la próxima adaptación de su justiciero ciberpunk a la pequeña pantalla, de la mano de Netflix. Que no os pille por sorpresa y leed a Morgan cuanto antes.

 

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TURISTIA, de Pablo Rodriguez Burón

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turistiaNo suelo leer ciencia ficción ¿Pero es esto que he leído ciencia ficción?

En primer lugar contarles que le hice un hueco a TURISTIA entre mis lecturas porque me llamó la atención que fuese del escritor y antiguo compañero en esta casa, Pablo Rodríguez, más conocido para todos ustedes como Leo Mares (ahora puede ir a ver sus reseñas, y hacerse una idea de cómo escribe).

¿Ya se han convencido de que vale la pena seguir leyendo mi reseña? ¡Pues vamos a ello!

No es el primer libro de este autor vallisoletano, anteriormente ya había publicado entre otros, Los cuentos de Leo Mares y El abrazo de piedra, pero TURISTIA es el primero que yo he leído.

Si no me hubiese gustado el libro ya saben que no estaría aquí perdiendo y haciéndoles perder el tiempo hablándoles de algo que no me ha dicho nada, así que de entrada les diré que me ha gustado, me ha entretenido y me ha hecho reflexionar sobre lo que les decía al principio ¿Es realmente ciencia ficción? Sí, claro que lo es, pero esto nos pasa a muchos no asiduos a este género cuando nos enfrentamos a libros como TURISTIA, es tanta la reflexión a la que nos lleva y tan cercano ese posible futuro, que nos hace preguntarnos una y otra vez lo mismo, cuestionar nuestra forma de vida, nuestros principios… Esto me pasa también cuando leo ese curioso mundo de ficción que creó Rosa Montero.

Veamos, llegó un tiempo en España en que la deuda exterior era increíblemente desmesurada, tanto que el país entero se vende a una Sociedad Corporativa, y se convierte en una especie de parque de atracciones inmenso donde todos tiene la “vida” asegurada, y donde las personas dejan de ser ciudadanos para pasar a ser trabajadores de la misma. Aquella España, ahora TURISTIA, será el punto de destino vacacional de millones de personas de todo el mundo, naturalmente existirá una gran rivalidad entre los distintos destinos o ciudades-turistas, que nos obligará a trabajar duro para ser el punto de destino más solicitado.

Las nuevas tecnologías han avanzado espectacularmente, aunque hay cosas como el baloncesto de alto nivel y el fútbol que nunca cambiarán, porque yo creo que el autor saca ahí sus debilidades particulares 😀

Un lugar que me recuerda al mundo de El show de Truman donde todo se publicita, todo se vende y todo es posible; todo está controlado para el trabajador, pero también para el turista. Pastillas para casi todo, para alienar las vidas de los que se creen felices, vender la libertad a cambio de pan y circo. Un Gran Hermano a los grande, a lo infinito…

Como ya imaginarán, siempre quedan idealistas y rebeldes que no entrarán en este juego, y así han quedado en algunas ciudades personas como el padre de nuestro protagonista, Mario, al que este intentará encontrar tras cinco años de no tener noticias suyas.

TURISTIA, engancha al lector porque nos muestra ese lugar desde muchos puntos de vista, utilizando técnicas literarias variadas para construir en nuestra mente la imagen que nos quiere dar de esa nueva forma de vida y su organización.

Me encanta ver como evoluciona o ha evolucionado en la nueva TURISTIA nuestra capacidad de adaptación a la falta de privacidad, la naturalidad con la que somos capaces de asumir algunas cosas, cosas que pensamos que nunca llegarían ya están aquí, en nuestra vida, en nuestro cada día real. Así que Pablo Rodriguez solo ha tenido que mirar a su alrededor, cerrar los ojos y escribir sobre ese posible futuro.

¿Tienen futuro los rebeldes y los inadaptados? Pues ustedes mismo, pasen, lean y vean…

¿Recuerdan cuando tenían que programar el vídeo de sus padres porque ellos no sabían utilizarlo, o incluso ahora mismo cada vez que se cambian de móvil o sistema operativo? Incluso la gente de mediana edad tenemos algún problema de adaptación, pero cada vez la tecnología es más intuitiva porque interesa que nadie quede fuera de la mercantilización, trabajar es importante, trabajar para gastar… Nos suena a todos.

Definitivamente solo puedo recomendarles que lean este libro, incluso a aquellos que no terminen de gustarles la ciencia ficción, porque ya saben que los buenos lectores, aunque no amantes de este género, siempre caemos rendidos ante una buena historia, historias que tienen profundidad, dobleces, capas. Uno de esos libros que seguro que crearía un buen debate en un club de lectura de adultos, pero ni que decir tiene que entre los jóvenes ha de abrir un debate impresionante sobre el futuro que les espera.

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Arma X, de Barry Windsor-Smith

Arma X

Arma X“Magneto me arrancó el adamántium del cuerpo. Mi factor de curación es casi inexistente…” Así empieza el número 65 de Lobezno de la etapa guionizada por Larry Hama. Un cómic de grapa, de principio de los años 90, que he tenido que rescatar de mi vieja, irregular y variada colección, para poder refrescar algunos de mis vagos recuerdos. El cómic en cuestión es de esa época en la que Cómics Forum era el sello editorial encargado de traernos todas esas historias narradas por la factoría Marvel; esa misma época en la que todavía se les llamaba tebeos y que completar una colección era una tarea harto complicada, pues dependías del típico kiosco cutre de barrio, o de librerías especializadas en prensa que, normalmente, traían cómics de tanto en tanto para rellenar estanterías. Cómics que en muchas ocasiones compartían espacio con pornografía (la X los debía confundir) o revistas del corazón. Las tiendas físicas especializadas en cómics no abundaban, e internet, todavía en pañales, daba sus primeros pasitos hacia un mundo de oportunidades. Si a todo lo anterior le añadimos que por aquel entonces yo era un chavalín que dependía de la paga que le daban sus padres, podréis entender el porqué de una colección tan variada e irregular. Coleccionar cómics, por aquel entonces, era una aventura solo apta para comiqueros perseverantes dotados de una desarrollada habilidad de rastreo.

Pero antes de que continúe divagando, y me pierda en las batallitas de un friki veterano, me gustaría retomar el hilo principal, que no es otro que el adamántium de Lobezno. Ese material indestructible que recubre por completo el esqueleto del mutante y que unido a su factor de curación lo hace prácticamente inmortal. Siendo un impúber yo pensaba que formaba parte de la mutación de Logan. Pues tras haber leído un buen puñado de cómics de La Patrulla X y de los Classic X-Men, aquel tipo canadiense bajito y con malas pulgas seguía siendo para mí un enigma por resolver. Era, entonces, una etapa de insinuaciones más que de aclaraciones. No fue hasta el cómic con el que he abierto esta reseña, y tras un comentario que hacía Yuriko, más conocida como Dama Mortal, que descubrí que tras el esqueleto de Logan había un experimento. “¿Qué ha sido del proceso de mi padre? ¡No podía ser invertido!”

Ese proceso había sido explicado dos años antes, y el padre de Yuriko nada tenía que ver con él. Sí, también fue una época de cierto desbarajuste en las líneas argumentales. Barry Windsor-Smith fue el encargado de desentrañar, con pelos y señales, sin dejarse nada en el tintero, una de las etapas más trágicas del mutante más carismático de los X-Men. El cómic, al igual que el experimento, se llamó Arma X y borraba de un plumazo aquel halo de misterio que había envuelto a Lobezno durante tanto tiempo.

Arma X inicia con un Logan que se tortura a si mismo por lo que es, y por el desprecio que los demás sienten hacia su persona. Se pasa el día bebido, se mete en peleas de bar y malvive en una pensión de mala muerte. Una noche, saliendo de un bar en aparente estado de embriaguez, es secuestrado. Logan dejará de ser Logan. Los científicos se encargarán mediante diferentes pruebas de convertirlo en una bestia; un ser sin remordimientos, sin conciencia. Intentarán de forma brutal, arrancarle aquello que todavía lo hacía humano, y todo con el fin de convertirlo en un súper soldado; un arma que sea implacable e invencible en el campo de batalla. El arma perfecta.

Arma X no es la típica historia en la que Lobezno se las tiene que ver con un enemigo. Arma X es la crónica de un experimento, de todas las perrerías que se le hicieron al sujeto de pruebas. Pruebas inhumanas, dignas de la mente de un científico chiflado y sin escrúpulos. No solo experimentan, a todos los niveles, con el cuerpo de Logan, sino que lo hacen también con su mente. Situaciones que crean una línea directa de empatía entre el lector y el pobre conejillo de indias humano. Es inevitable sentir lástima por Logan y rabia por los científicos de moral disoluta que, a pesar de las muestras de dolor que manifiesta el individuo, deciden llevar su tortura hasta niveles abominables. “Así que puede sentir lo que le estamos haciendo, ¿no? La mayor parte sí. El pobre bastardo se está retorciendo de dolor.”

Con Arma X Barry Windsor-Smith se convirtió en Juan Palomo “yo me lo guiso yo me lo como”, pues no solamente se encargó del guion, el dibujo o el color, sino que su nivel de involucración en el proyecto fue tal que lo llevó a dibujar las portadas o a incluso ocuparse de parte de la rotulación. Y si de la extraordinaria parte gráfica hay que destacar algo, es sin duda la capacidad del autor para mostrarnos a un Lobezno brutal, más animal que persona, con un estilo que mezcla los cómics clásicos de los 70 y 80. Pétreos músculos, tendones marcados, venas inflamadas, dientes afilados, salpicaduras de sangre; nunca habías visto así antes a Lobezno. Nunca habías visto a un Logan tan fiero y sanguinario. Nuestro querido mutante convertido en un monstruo que transmutará, a golpe de zarpa, una historia de ciencia ficción en una de terror (entre Frankenstein y Alien) mientras se pasea, con la única vestimenta que le ofrecen un casco futurista y unas baterías colgando de su cintura, por una estación científica repleta de soldados; o bajo la nieve, momento en el que nos será revelado que la brutalidad en ocasiones puede alcanzar a la belleza.

Esta última edición que nos trae Panini Cómics de Arma X , además de gozar de una calidad visual increíble, es una magnífica oportunidad para conocer muy de cerca ese experimento que ya forma parte no solo del esqueleto y la psique de Logan, sino también del imaginario de todos los fans del mutante.

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Assassination Classroom 16: Hora del pasado, de Yusei Matsui

Assassination Classroom 16

Assassination Classroom 16No sé si os acordáis de Korosensei, ese desconcertante monstruo que es profesor de la escuela secundaria Kunugigaoka y que enseña a sus alumnos técnicas para asesinarlo. Os hablé de él hace unos meses, confesándoos mi despiste al comenzar este manga por el capítulo 15. Pues me acabo de leer la siguiente entrega y no os lo vais a creer: ahora lo entiendo todo. Aunque ponga capítulo 16, bien podría haber sido el capítulo 1, porque en Assassination Classroom 16: Hora del pasado, Korosensei cuenta sus orígenes a sus alumnos de 3º-E: ¿quién era antes de convertirse en ese extraño ser?, ¿por qué amenaza con destruir la Tierra?, ¿qué le llevó a convertirse en su profesor?

Como no he leído el primer capítulo oficial de esta serie, no puedo juzgar si descubrir lo ocurrido dos años atrás a estas alturas de la trama ha dotado a esta historia de más o menos intriga. El flashback es un recurso narrativo muy habitual y no negaré que tiene su fuerza, pero me da la sensación de que, en este caso, Assassination Classroom resultaría igual de interesante si se contara de manera cronológica, aunque, claro está, la opinión que tendríamos de los personajes sería diferente, como también los dilemas planteados. Sea como sea, «Hora del pasado» me ha parecido un gran capítulo y no creo que lo hubiera disfrutado más por llevar esperándolo varias entregas.

Mientras que el número 15, «Hora de la tormenta», se centraba en temas como el sistema educativo o la muerte desde un enfoque moral, en el 16 se cuestiona a esos científicos que juegan a ser dioses sin sopesar las consecuencias de sus experimentos o, lo que es peor, sin que les importe lo más mínimo. Pero además hay amor, una tierna historia entre dos personajes que me hizo entender las decisiones que se habían tomado durante todo ese tiempo. En Assassination Classroom 16: Hora del pasado, Yusei Matsui relata muchos de los hechos clave de esta historia, saltando de escenas que me causaron indignación a otras que me emocionaron, y consigue que me rinda completamente a esta saga. Y eso, con una lectora que se acaba de subir al tren, como quien dice, tiene mérito.

No desvelaré mucho más porque quiero que conozcáis a Korosensei cómo yo lo he conocido y que así lo comprendáis como yo lo comprendo. Solo añadiré que descubrir este manga en el capítulo 16 no sería descabellado porque explica el principio de todo, mientras que los que la hayan leído desde el capítulo 1 verán por fin resueltas las principales incógnitas, a la vez que se abren otras, mucho más dramáticas, ya que ahora conocemos los personajes a fondo.

La cuenta atrás comienza: solo quedan sesenta y seis días de curso (y cinco entregas) para que sepamos si Korosensei destruirá el mundo o sus alumnos lo asesinarán antes de que esto suceda. Y yo cada vez tengo más dudas. De lo que estoy segura es de que Yusei Matsui aún nos tiene reservadas muchas emociones fuertes. Me ha demostrado que se mueve con soltura en la crítica, el humor, la acción, el amor y el drama. ¿Será capaz de escribir un final a la altura de las expectativas generadas?

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La historia oculta. Integral 2, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta integral 2

la historia oculta integral 2Hace un par de meses os hablé del integral I de La historia oculta, de Jean-Pierre Pécau. Os conté que se trataba de una ucronía donde el enfrentamiento de cuatro hermanos inmortales por controlar los marfiles del poder —copa, espada, basto y oro— era el motor de la historia de la Humanidad y de sus respectivos giros. Sin embargo, el desarrollo de esta premisa tan interesante no había acabado de entusiasmarme porque las elipsis de la narración y los acontecimientos históricos a los que hacía referencia, y que yo desconocía en su gran mayoría, me hacían perder el hilo. Me alegra decir que esas pegas han desaparecido casi por completo en La historia oculta: Integral II, compuesto por los volúmenes «1666», «El águila y la esfinge», «Nuestras señora de las tinieblas» y «Los siete pilares de la sabiduría».

Al igual que en la entrega anterior, la particular guerra de los cuatro arcontes tiene como campo de batalla el mundo y como víctimas potenciales a civilizaciones enteras. En esta ocasión, el primer volumen del integral comienza con el ataque de la Armada Invencible en 1588 y el último concluye en 1919, recién acabada la Primera Guerra Mundial. Pero en estos tres siglos las cosas ya no son lo que eran para los cuatro hermanos, que ven cómo la gente va dejando de lado la superstición para creer en la ciencia y en la técnica. Eso, unido a las réplicas de su baraja (acontecimiento explicado en el Integral I), hace que sus poderes estén más dispersos y, en vez de dominar el mundo, ahora solo sean capaces de generar caos y destrucción. Su pérdida de influencia ha llegado hasta tal punto que, a pesar de las rencillas familiares, deben plantearse volver a unir sus fuerzas para no desaparecer.

Aunque siguen habiendo saltos temporales y decenas de personajes y autoreferencias, La historia oculta: Integral II me ha parecido mejor hilada. Sobre todo, lo que me ha facilitado enormemente la lectura ha sido reconocer a los jugadores que participan esta vez en la partida de cartas que dirige el rumbo de la Humanidad, bajo el mando de los arcontes o dándole la vuelta a sus planes, como es el caso de Newton, Napoleón o Hitler. En La historia oculta: Integral II hay mucha más acción, magia y monstruos que en el primer integral, y humor, bastante humor, un aspecto casi olvidado en la anterior entrega y cuya presencia se agradece para aligerar tanta muerte, odio y traición.

En mi primera reseña de esta saga dije que no descartaba leer el integral II, y lo he hecho. Y en esta os afirmo que no dejaré escapar el integral III, que se publicará en breve. Se avecina la Segunda Guerra Mundial y estos cuatro arcontes inmortales se desbocan, más si cabe, en los periodos de caos, así que estoy deseando leer si su afán de poder les hará cargarse el mundo o serán los seres humanos los que acaben rompiendo definitivamente la baraja.

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D4VE, de Ryan Ferrier y Valentín Ramón

D4VE

D4VE“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos…” Así empieza la descarnada y brillante reflexión que Mark Renton, uno de los protagonistas de Trainspotting, comparte con el espectador (o lector) para defender la postura que ha tomado ante la sociedad y para manifestar que no va a seguir el camino establecido.

D4VE hubiera aprobado su elección.

Algo similar le ocurría al narrador en El club de la lucha. Harto de una vida de programada insustancialidad, y de un sueño americano que no es más que un placebo insuficiente para sobrevivir a la rutina, se lo montaba en plan antisistema consigo mismo.

D4VE hubiera aplaudido su modo de vida.

Pajas mentales, estados de ansiedad, la crisis de los 40, fe en chorradas y dudas existenciales son algo inherente al ser humano. El hastío de vivir una vida de comodidades adulteradas o ese insidioso pensamiento que te susurra al oído que jamás serás alguien importante. ¿Te suena? Sí, seguro que te suena. Forma parte de nosotros. Está en nuestro ADN. Es algo característico de los humanos. Solo de los humanos. ¿Seguro? Ven, anda, que te voy a presentar a D4VE.

D4VE es una novela gráfica escrita por Ryan Ferrier, dibujada por Valentín Ramón y editada en nuestro país por Sapristi, que despunta ya como editorial que se esfuerza en traernos cómics raros y fascinantes. D4VE también es el nombre del principal protagonista. Un robot que trabaja en una oficina. Un robot que viste camisa blanca y corbata negra, y que se pierde en ensoñaciones de tiempos mejores en el pequeño cubículo donde forma parte de un estructurado engranaje llamado sociedad. ¡Anda mira, como tú! Antaño había sido un robo-soldado y había combatido para conquistar la Tierra. “Podéis llamarlo levantamiento hasta hartaros. Pero fue una señora y muy canónica patada en el culo de los hombres”. Luego, por diversión, eliminarían a cualquier raza alienígena que se cruzara en su camino. ¿Genocidio a nivel galáctico? Sí, un poco sí. Con el tiempo se quedaron sin cosas a las que matar, sin nada contra lo que luchar, en definitiva, sin un objetivo en la vida. Así que se convirtieron en unos haraganes de culo metálico y de sangre aceitosa que se dedicaron simplemente a existir. Es por ello que D4VE tiene una hipoteca, un trabajo odioso, un jefe que es un cabronazo, una mujer con la que tiene sus rifirrafes, una cuñada plasta que lo odia y un hijo adolescente que pasa de él y que prefiere ocupar su tiempo libre con los videojuegos, las drogas o meneándose con fruición el perno mientras mira revistas de robo-pilinguis. ¡Ah, sí, D4VE también sufre de insomnio! Vive una vida tan soporífera como ordinaria. Vamos, lo normal. Así que cuando unos extraterrestres, con naves de formas similares a los testículos de un octogenario, invaden la Tierra, D4VE ve una oportunidad para retomar su vida; aquella que perdió en una existencia de aburrimiento.

D4VE no deja de ser una oda, muy burra y ácida (a nivel sulfúrico), a favor de perseguir los sueños; a favor de escoger el camino tortuoso que nos hará felices y en contra de ése más cómodo que solo nos convertirá en seres tristes, oxidados y frustrados. Lo que Ryan Ferrier explica en D4VE no es nada nuevo, pero sí original por la forma en que lo hace. Y es que, cuando uno imagina a los robots conquistando a la raza humana, piensa en inteligencias superiores, como Skynet, que tras aniquilarnos tomarán mejores decisiones que nosotros. No en unos seres metálicos que, con el tiempo, se volverán unos memos agilipollados tan psicológicamente inestables como nosotros. “Pero lo que tiene el haber sido programado por humanos es que acabas adoptando sus…Tics”. Lo que puedo asegurar es que, a diferencia del pobre D4VE y la vida que tiene al inicio del cómic, el lector no va a aburrirse con esta sátira de humor cafre y desvergonzado que resulta ser el reflejo de nuestra propia sociedad. Los chistes (tanto buenos como malos) infestan casi cada bocadillo del cómic. Así como todo ese lenguaje informático. “Por el amor de Jobs”. De igual forma lo hacen todos esos tacos que se van soltando a lo largo de la historia y que dejan patente que una palabra malsonante, en ocasiones, es una excelente, y breve, declaración de intenciones; tan contundente como una buena patada en todas las partes colganderas.

El dibujo de Valentín Ramón es difícil de definir. Transita entre el arte conceptual para un videojuego, la vistosidad de Moebius en los paisajes (aunque con menos detallismo) y la brutalidad de Geof Darrow en Hard Boiled. El caso es que, además de único, el arte de Valentín Ramón es un acompañante perfecto para todo ese humor bestia que inunda la obra. Perfecto también para mostrar a un D4VE, de gestos muy humanos, en situaciones tan dispares como cuando se sincera con su familia e intenta arreglar las cosas, o como cuando se pone en plan Michael Douglas en Un día de furia y deja perdidas las viñetas de sangre verde y casquería alienígena.

D4VE, al final, resulta ser un cachondeo padre con grandes dosis de acción; una llamativa mezcla entre las buddy movies, las películas taquilleras de robots e invasiones alienígenas y el disco de un rapero negro que en la portada muestra la dicromática advertencia de Parental Advisory: Explicit Content. Pero tras la fachada de soberbio disparate también hay un mensaje, poco sutil y políticamente incorrecto, de libertad y de hacer lo que te haga feliz a pesar del qué dirán. “Esto es lo que soy. Todo vuelve a mí. La sensación de ser feliz”.

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Weird Detective, de Van Lente, Guiu Vilanova y Mauricio Wallace

Weird Detective

Weird DetectiveHe de hacerlo. He de empezar esta reseña con un grito de guerra, una salve al gran Dios antiguo del horror. He de gritarlo a pleno pulmón (vas a notar el grito por la cantidad de exclamaciones que le voy a poner, máximo, tres, como marca la norma). ¿Preparado? Bueno, espera. Antes, un par de acepciones que describen a la perfección la estética y temática de este gigante cómic que acabo de leer; Weird Detective. Allá van:

Literatura pulp: Término que hace referencia a la encuadernación barata con papel de mala calidad y destinado a un consumo popular de revistas especializadas en narraciones e historietas de ciencia ficción y género negro.

Pastiche: Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente.

Ahora sí, este cómic lo merece. Todos los hijos de la criatura lo merecen. Ha despertado y no viene solo. ¡¡¡Larga vida a Cthulhu!!!

Ya está, saludado quedas, pulpito «salao». No es para menos porque la obra que ha cosechado Van Lente tiene lo mejor de Los mitos de Cthulhu, esas publicaciones que se suman al extraordinario universo que arrancó H. P. Lovecraft y que indaga en las criaturas y el horror cósmico que aguardan en letargo esperando a ser invocadas. Lo que se presenta en este cómic es un viaje a lo mejor del placer de contar historias. El sugerente título ya nos lleva de sopetón a esas revistas viejas de ciencia ficción y entramados policíacos. Y lo hace bebiendo de los mejores, como no podía ser menos. Muchos clichés y tópicos del género, pero con un marcado estilo personal del autor. Humor negro, sí. Acción a raudales, también. Criaturas que no pueden ser de este mundo, que no falten por supuesto. Y como dictamina el dogma de la novela negra: que la sangre vaya en el primer párrafo. En este caso, en su versión cómic, en la primera viñeta.

Aunque para ser exactos, sangre, lo que se dice sangre, queda poca en el cuerpo de la víctima de esta historieta. Para que te hagas una idea: los titulares de la prensa denominaron a su verdugo como «El asesino del cartón de zumo», por el estado en el que encontraron el cuerpo; absorbido hasta los huesos, solo unos pliegues de piel y pelo como trapos tirados al suelo. A partir de ahí, el detective Sebastian Greene, con la ayuda de su compañera Sana Fayez, debe buscar al culpable de una serie de asesinatos en la que las víctimas corren el mismo y funesto desenlace. Lo que Greene no sabe es que su propia compañera le está investigando por sus extraños comportamientos. Cosas raras que no parecen propias de un ser de este mundo.

El ritmo que coge la historia desde la primera página es vertiginoso. Engancha como pocos libros o cómics he leído últimamente. Es más, hace bien poco tuve el placer de leer El caso de Charles Dexter Ward, una versión en cómic del clásico cuento de Lovecraft —todo gira en torno a él— y la diferencia es bastante notable. Del ritmo lento de la trama y el desarrollo paciente de los personajes de dicho cómic a la vitalidad y acción sin descanso de Weird Detective. Son historias diferentes que se deben narrar de forma diferente. Ambas geniales. En cuanto a dibujos, sobresaliente. Corren a cargo de Guiu Vilanova que plasma con fidelidad la estética de ciencia ficción con técnicas renovadas y los ambientes suburbiales de New York. Ni qué decir acerca de las criaturas creadas. Una gran apuesta, y muy agradecido me siento de ello, por parte de la pequeña editorial Medusa Cómics que empieza a incluir en su catálogo unas cuantas series muy interesantes.

Para terminar, quería cerrar con un tercer elemento de obligada alabanza y que se suma a los ya definidos pulp y pastiche. Es necesario para la perfecta triada de conceptos que aglutina Weird Detective:

Francesco Francavilla: Magnífico ilustrador italiano encargado de la portada del cómic. Cada una de sus ilustraciones, carteles de películas y portadas, que es donde más desempeña su labor, son auténticas obras de arte. El color, la técnica empleada y el estilo tan marcado hacen de él el mejor autor para desarrollar y devolver a la palestra las mejores historias pulp. Aquí solo deja su portada, pero eso es ya motivo de sobra para dejarse seducir.

Han despertado, sí, y tienen hambre, un hambre voraz. ¡Vuelven los mitos de Cthulhu!

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Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, de Hajime Isayama

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of Levi

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of LeviNo suelo ver animes, pero a veces me hablan de alguno que pica mi curiosidad. Por ejemplo, Death Note: ¿qué pasaría si con solo escribir el nombre de una persona en un libro, mientras visualizas su cara en tu mente, esta cayera muerta al instante? ¿Lo harías? ¿Contra quién? ¿Se podría utilizar para que el mundo fuera mejor? No me digáis que no es una premisa sugerente. Yo disfruté mucho con esta serie, compuesta solo de dos temporadas, si no recuerdo mal, pero quizá no me habría animado a verla si antes no hubiera conocido Ataque a los titanes.

Ataque a los titanes, de Hajime Isayama, nos muestra un mundo donde los últimos habitantes de la tierra viven en un perímetro dividido en tres ciudades concéntricamente amuralladas para protegerse de los titanes, gigantes que un siglo atrás casi aniquilaron la especie humana. Por supuesto, la distribución no está hecha al azar: en el centro se refugian el poder político y el económico, y la gente de a pie, como tú y como yo, se aglutinan en la ciudad más expuesta, con solo un muro que les separe de los peligros del exterior. Aun así, han vivido en paz cien años, hasta que un nuevo titán, más grande e inteligente, rompe el muro y se adentra en la ciudad, sembrando el caos y comiéndose a todo aquel que se le cruza por delante. Más o menos eso es lo que pasa en el primer capítulo de la primera y, por ahora, única temporada de este anime, que vi hace ya dos años.

Se rumorea que la segunda temporada está al caer, pero como se están haciendo tanto de rogar, la versión manga está sacando bastante material sobre lo que sucedió antes de ese fatídico acontecimiento y sobre personajes que se presentaban como secundarios, pero que ganarán protagonismo a medida que la historia avance. Ese es el caso de Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, el manga que acabo de leer. En él se cuenta cómo Levi, un buscavidas de la ciudad subterránea, acaba en el cuerpo de exploración, es decir, el ejército encargado de hacer expediciones periódicas al exterior para luchar contra los titanes. Para mí, la ciudad subterránea es un nuevo descubrimiento (si se mencionaba en el anime, no lo recuerdo, ¡ha pasado tanto tiempo!), que me confirma la mala espina que me da ese mundo. Se trata de una ciudad bajo tierra en la que intentan sobrevivir los pobres y delincuentes, hombres y mujeres abandonados por la monarquía años atrás. A medida que conozco más detalles de la estructura y la forma de vida de este último reducto de la raza humana y de los titanes, más claro tengo que, pese a lo que les hayan hecho creer a lo largo de décadas, el mayor peligro acecha dentro de esos muros en vez de fuera de ellos.

Ojalá la segunda temporada de Ataque a los titanes se emita este año, tal y como están anunciando, porque esta historia dará para muchos capítulos y estoy segura de que me sorprenderán gratamente. Mientras tanto, tendré que enterarme de otros animes interesantes o leerme el material extra que Norma Editorial nos ofrece para hacer más amena la larga espera.

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Las marcas de la muerte, de Veronica Roth

Las marcas de la muerte

Las marcas de la muerte“¿Y qué si duele? De todos modos, la vida está llena de sufrimiento.”

¿Os imagináis por un segundo cómo sería vuestra vida si experimentarais el dolor a diario? ¿Pensaríais en algún momento que ese dolor pudiera ser merecido…? Cuando leí la sinopsis de este libro por primera vez no vi el nombre de Veronica Roth, una de mis autoras favoritas de literatura juvenil, sino que me centré por completo en su sinopsis. Un mundo en el que el que las personas reciben dones que pueden convertirse en maldiciones. Un universo en el que algunos de sus habitantes conocen sus destinos en la infancia. Unos protagonistas que se ven obligados a convertirse en héroes para salvar a sus seres queridos. Parecía realmente interesante…

Es muy curioso cómo casi todas las novelas actuales, sobre todo en las distopías juveniles, nos presentan a unos personajes principales valientes, capaces de luchar contra todo lo que se les ponga por delante, convirtiéndose al final en los héroes de la historia. Personalmente, estoy bastante cansada de este tópico que cada vez es más fácil de encontrar entre las ofertas literarias actuales. Por eso este libro me ha sorprendido tanto.

Pero comencemos por el principio. El don de la joven Cyra consiste en causar dolor, no solo a los demás sino también a ella misma. El don de Akos le permite ser inmune a los dones del resto de los habitantes de la galaxia. Ambos se ven obligados a sobrevivir en un mundo que les plantea dificultades cada día, con una guerra que se avecina y un destino que ninguno de los dos eligió…

A pesar de que con Divergente ya lo consiguió, Veronica Roth me ha dejado con la boca abierta después de leer Las marcas de la muerte. Si estáis acostumbrados a adivinar cada una de las cosas que suceden en un libro y estáis hartos de ello, esta sin duda debería ser vuestra próxima lectura. A pesar de tener casi 500 páginas, esta historia engancha desde el primer capítulo. Para ser el primer volumen de una saga, que suelen ser bastante introductorios, me ha parecido que la autora logra mezclar la presentación de un mundo nuevo, con todo lo que ello implica, con la acción. En ninguno de los capítulos he sentido que la historia flaqueara, a pesar de su narración descriptiva y muy atenta a los detalles.

Además, el desarrollo de sus personajes principales destaca en esta novela, no solo por su profundidad, sino por todo lo que evolucionan a lo largo de la misma. Tanto que descubren quiénes son realmente en un mundo en guerra, en el que no todo lo que hacen se puede considerar lo “correcto”… Por eso creo que esta obra me ha impresionado más que la primera y famosa trilogía de la autora. Es una novela mucho más adulta y reflexiva.  Porque, ¿quién decide qué es lo correcto y qué no lo es? ¿Por qué nuestros actos deberían definir nuestra personalidad? A veces, son las circunstancias en las que vivimos las que la forman…

Las marcas de la muerte es, en definitiva, una novela para aquellos que, como yo, buscamos algo diferente dentro de la literatura juvenil adulto. Una historia original, con una historia de amor creíble (¡por fin!), que nos haga reflexionar y que nos lleve a un mundo en el que no todo es lo que parece y en el que no puedes confiar en nadie. Un libro que demuestre que no existen los héroes, que las personas reales (incluso dentro de los libros, las películas o las series de televisión) tenemos debilidades y cometemos errores. Pero que eso no nos define, ni en nuestro planeta ni en cualquier otro.

No podéis dejar pasar este primer volumen de una saga que promete demasiado en sus continuaciones y que muestra que el dolor es necesario para descubrir qué es lo que realmente nos importa. Por lo que merece la pena luchar.

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La Torre Oscura: El Pistolero (Integral II), de Stephen King

la torre oscura el pistolero integral II

la torre oscura el pistolero integral IIAhora ya sabes quién es el Hombre de Negro. Ahora ya sabes quién es el Pistolero. Ahora ya sabes por qué huía el Hombre de Negro a través del desierto y por qué el Pistolero iba en pos de él. Todo ello, todo lo que necesitabas conocer para entender esta lucha descarnada, te fue explicado en La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I). El narrador, engendrado por Stephen King pero adoptado por Robin Furth y Peter David para la adaptación al cómic, ya te explicó cómo el Hombre de Negro encendió la chispa que calcinaría todo lo que Roland Deschain, ahora más conocido como el Pistolero, amaba. “Quemados, apuñalados, disparados… y la lista sigue y sigue”. Y cuando alguien te lo arrebata todo, ¿no es justo devolverle ese daño multiplicado por cien? O por mil. Venganza. Eso busca el Pistolero; pero para llevarla a cabo debe alcanzar a su presa. Pero, ¿es realmente el Hombre de Negro una presa o finge serlo mientras atrae a Roland Deschain a su mundo de retorcidas ilusiones? Y La Torre Oscura, ¿podría ser uno de esos espejismos creados por Walter O’Dim, Randall Flagg, sí, el hombre de los mil nombres? ¿Es tal vez, únicamente, una retorcida metáfora de una empresa irrealizable o, al contrario, es una tangible y titánica estructura que alberga poderes inimaginables y que puede devolver a Gilead (el hogar caído en desgracia del Pistolero) la gloria perdida? Cuando las preguntas se amontonan se torna indispensable hallar respuestas, dejémonos pues de preámbulos y empecemos de una condenada vez con La Torre Oscura: El Pistolero (Integral II).

Lo primero que llama la atención al abrir la novela gráfica es descubrir que las ilustraciones ya no son creación de Jae Lee. Cuenta la leyenda que por ser un poco lento con los lápices fue invitado a bajarse del carro y ahora vaga por el desierto, bajo un sol de justicia, pensando en asociarse con George R.R. Martin. Leyendas… Aun así no será un cambio traumático, ni mucho menos, y se hace mucho más llevadero gracias al colorista Richard Isanove. Pero esto puede esperar. La Torre Oscura: El Pistolero, empieza justo donde también daba el pistoletazo de salida el integral anterior, pues como recordareis, La canción de Roland era realmente un flashback que abarcaba la infancia y adolescencia de Roland Deschain a lo largo de más de 800 páginas. Con El viaje empieza, primer tomo de los seis que reúne esta obra, nos adentramos realmente en la búsqueda que rodea a toda la saga y que sirve de pretexto para transportarnos a aventuras terroríficas o a mundos que parecen sacados de la mente de George Miller, creador de Mad Max.

Ciencia ficción, terror, fantasía, en La Torre Oscura hay cabida para estos tres géneros; y para algunos más si observamos con lupa. Además nos zambulliremos en situaciones que son tema recurrente en las novelas de Stephen King. Como por ejemplo, esas circunstancias, poco saludables, en las que una turba obnubilada, y manipulada por una persona de religiosidad extrema, decide que el forastero está de más. Algo que descubriremos en La batalla de Tull. O con Las hermanitas de Eluria, donde monstruos que ocultan su verdadero rostro tras la aparente belleza de unas monjitas de sexuales y ávidos instintos, le pondrán las cosas difíciles al protagonista. Pero si hay algo que a Stephen King se le da bien es crear personajes juveniles de ostensible carisma. Como Jake, que se convertirá en inseparable del Pistolero, a pesar de que pertenecen a mundos diferentes; algo que quedará patente en todas esas expresiones que a Roland lo dejarán meditabundo. “Asaltemos esas montañas heladas Aragorn”. O como Sheemie, muchacho de corto intelecto pero con poderes paranormales y que, tras conocerlo en La canción de Roland, en Últimos disparos, y gracias a un cuento contado por él mismo, sabremos dónde lo llevó su destino.

Retomemos el tema visual. Jae Lee no está. Te echaremos de menos, sí, pero solo un poquito. Sobre todo al principio, con Sean Phillips encargado de dar vida a Roland y a todo lo que lo rodea. Rostros duros y figuras de proporciones extrañas. ¡Eh, mira, la niebla ha desaparecido! En la lejanía incluso se vislumbran montañas por las que cabalgar. Luke Ross será el siguiente, haciéndote pasar un mal rato al mostrarte la cara oculta de las monjas que cuidan de los caídos en combate en Eluria. El siguiente en tomar el testigo es Michael Lark, asiduo de DC y Marvel y que aquí realiza un trabajo más que decente. Laurence Campbell y Alex Malev (sobre todo éste último) elaboran lo que para mí es el mejor trabajo de todo el integral: rostros que transmiten lo que dicen y paisajes que cautivan. Y finalmente nos encontramos a Dean White, que da color al último tomo mientras Richard Isanove se ocupa del dibujo. Sí, el mismo Isanove que ha dado color a todos y cada uno de los dibujos que han pasado por esta adaptación gráfica; ese color que ha logrado unificar los distintos estilos, consiguiendo así que no se noten demasiado los diferentes cambios de dibujante. ¡Chapó señor Isanove!

Llegamos al final. Al final de esta reseña, al final de la aventura, al final de La Torre Oscura… o eso creías. Ya que La Torre Oscura: El pistolero (Integral II) no es ni mucho menos un final. Es realmente el final de un principio, ya que esta adaptación gráfica, precuela de las novelas, enlaza de forma extraordinaria con la saga que en 1982 Stephen King inició y que a día de hoy sigue más en forma que nunca; transportándonos a mundos de pesadilla de los que temeremos no despertar, a lugares de ensueño a los que querremos regresar y a realidades paralelas que dejarán nuestra concepción del espacio-tiempo hecha un guiñapo, y que nos obligará a repetir una y otra vez el credo de los pistoleros para no perder la cordura: “Apunto con el ojo. Disparo con la mente. Mato con el corazón”.

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La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I), de Stephen King

la torre oscura la canción de Roland integral I

la torre oscura la canción de Roland integral IEl cosquilleo ¿Lo has sentido alguna vez? El cosquilleo, ese ardor, en las yemas de unos dedos impacientes por abrir la primera página de un libro. Ese cosquilleo que recorre las entrañas del lector ávido al encarar una lectura de la que poco sabe o ha querido saber; virgen, premeditadamente, en su conocimiento. Sí, seguro que lo has sentido. Una suerte de electricidad estática que reacciona ante lecturas postergadas. Y que en mi caso tenía que ver con la obra magna, y vertebral, del maestro del terror: La Torre Oscura. He sentido el cosquilleo, todas esas ocasiones en las que mi camino se ha cruzado con la saga; todas esa veces que he tomado uno de los libros y he decidido que no era el momento; con todas esas lecturas que se interponían entre la colosal obra de Stephen King y mi interés lector, sin que yo, es justo decir, opusiera excesiva resistencia. Luego llegaría la adaptación gráfica y mi flirteo sensorial sería completo. ¡Las palabras de Stephen King convertidas en imágenes! Me lo ponían en bandeja. El cosquilleo se intensificó hasta niveles electrizantes. A pesar de todo, todavía pasaría un tiempo hasta que, virginal, decidiera lanzarme, sin protección, para averiguar qué llevó al Pistolero a atravesar su árido mundo en busca del Hombre de Negro. El tiempo justo y necesario para que La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I), cayera en mis manos, aplacando así mi eléctrica necesidad.

Pero, ¿quién es el Pistolero? ¿Y el Hombre de Negro? ¿Y esa Torre Oscura que está tan ligada al destino de ambos? El Pistolero es Roland Deschain y pertenece a la noble casa de Gilead, hogar de los pistoleros, caballeros con reminiscencias artúricas pero portadores de revólveres, y guardianes de la paz. Pero ésta es efímera cuando hombres como John Farson, bandido sanguinario y bastardo a secas, conocido irónicamente como El Hombre Bueno, decide que a Mundo Medio le hace falta un toque de destrucción y muerte. “Y Farson contempló la obra de sus ejércitos y vio que eso era bueno” El Hombre Bueno… ¡Ja! El Hombre de Negro, Marten Broadcloak, Walter O’Dim, sí, el hombre de los mil nombres, está a su lado. El Hombre de Negro es el que mueve los hilos. El Pistolero es el bien. El Hombre de Negro es el mal. La eterna batalla de final inalcanzable. “El Hombre de Negro huía a través del desierto, y el Pistolero iba en pos de él”. Una lucha de titanes. Una batalla que los desangrará, que sacará lo peor de ellos y que los llevará a lugares remotos y a realidades paralelas. Como bien has supuesto esta no es una historia típica de indios y vaqueros.

En La Torre Oscura: La canción de Roland, hay tal amalgama de géneros literarios que mal perpetrado no hubiera pasado de pastiche incomible, por suerte Stephen King aúna todos esos géneros creando una aleación inquebrantable. Western con toques de aventura medieval, fantasía onírica, ciencia ficción post apocalíptica y, como no, terror a raudales. La lectura de cada uno de los capítulos es única e impagable. Todos ellos con la voz de un narrador que habla directamente al lector. “¿Te consta?” Una voz intensa, íntima, probablemente rasgada, que parece susurra al oído cuentos y leyendas mientras duermes; en ocasiones también fábulas, o cuentos de hadas, de corte pesadillesco, que te harán despertar empapado en sudor; o tal vez no. Tal vez eres uno de esos que encuentran placer en cierto sufrimiento, como yo.

Porque leyendo La Torre Oscura vas a sufrir de igual manera que vas a disfrutar. Y es que leer esta novela gráfica implica cierto grado de compromiso, de atención, de fe ciega en las historias raras y complicadas. Historias que se nutren de toda la obra del maestro del terror. Historias que al leerlas nos acercan a la desgarrada mente de Stephen King y, también, a las de Robin Furth y Peter David que han trasladado la esencia del libro al cómic. Historias que también entran por los ojos. ¡Y de qué forma! Animales y humanos con deformidades, monstruos de sangre y carne, objetos mecánicos de metal y aceite, pero también rostros suaves devorados por las sombras que convierten a héroes y amigos en seres del más allá. El dibujo típicamente gótico de Jae Lee, unido al espectacular colorido de Richard Isanove, crea parajes tétricos, mágicos, lúgubres, infestados de lo que parecen rostros en troncos de árboles, en las piedras del camino o incluso en la niebla, presente a lo largo de toda la aventura. Y todo ello sin bajar en ningún momento el nivel a lo largo de las 800 páginas que recogen los primeros cinco tomos de la serie.

La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I) es la mejor, aunque no la única, forma de adentrarse en el mundo del Pistolero y su mitología para acabar con ese cosquilleo del que hablé anteriormente. Justicia contra ignominia. El héroe contra el villano. Sí, la opción más asequible para descubrir los recuerdos de infancia y adolescencia del protagonista. Para entender cómo empezó y acabó todo. Asimismo para asistir a terribles traiciones y a poderosas alianzas. También es perfecta para conocer de primera mano cómo se gestaron todas las batallas y cuáles fueron sus resultados. Para honrar a Steven Deschain. Para amar hasta el tuétano, hasta que duela el corazón, a Susan Delgado, y para estallar en carcajadas con las ocurrencias de Cuthbert Allgood y Alain Johns, amigos inseparables de El Pistolero; una vez, hace mucho tiempo, conocido como Roland Deschain. “Si El Pistolero te resulta familiar, bien, así es como debe ser”.

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¿Quién es el 11º pasajero?, de Moto Hagio

¿Quién es el 11º pasajero?

¿Quién es el 11º pasajero?Sé que habéis venido aquí en busca de la valoración de un manga, pero permitidme, por una vez, que empiece hablándoos de un juego. El juego es conocido popularmente como El hombre lobo. El concepto de éste es tan simple como atractivo. Entre todos los jugadores se crean dos grupos: aldeanos y hombres lobo. Depredadores y presas. Nadie sabe si el jugador que tiene enfrente es un aldeano o un hombre lobo. ¿Amigo o enemigo? También dependerá del rol que a ti te haya tocado desempeñar. El verdadero atractivo de este juego es el clima de desconfianza que se crea; sobre todo en las primeras rondas donde reina el desconcierto. Los aldeanos deberán sobreponerse a la discordia sembrada por los licántropos y acabar con ellos. Pero conjeturas erróneas, probablemente engendradas por un monstruo manipulador, los llevarán en ocasiones a asesinar a aldeanos inocentes.

¿Quién es el 11º pasajero? de Moto Hagio, excelentemente editado y por primera vez en castellano gracias a Ediciones TomoDomo, me ha recordado a grandes rasgos a este juego de mesa. Aunque cabe señalar que por este manga de corte juvenil discurre menos violencia y sangre de la que se vierte en una de las imaginarias partidas, y tal vez veáis por las viñetas algún aldeano, pero ningún hombre lobo, ya que el género al que pertenece nada tiene que ver con la fantasía o el terror. Sí encontraréis extraterrestres. Es lo que tienen las historias de ciencia ficción. De hecho el relato está ubicado en un futuro distante. A años luz del nuestro. Un futuro en el que gracias a nuevas formas de energía los terrestres alcanzaron a colonizar la friolera de 51 planetas. Pero la historia que hoy nos ocupa ocurre mucho después de estos hechos, muchísimo después. La fecha es irrelevante. El lugar concreto es la Universidad Estelar. Allí se reúnen seres venidos de cualquier parte de la galaxia, la flor y nata de cada sociedad, jóvenes con mucho potencial, con el único objetivo de ingresar en ella y convertirse en los mejores pilotos de naves espaciales. Pero primeramente hay que pasar una prueba de ingreso. Diez aspirantes son embarcados en una nave que orbita alrededor de un planeta abandonado. Su misión: sobrevivir y enfrentarse a diversos retos a lo largo de 53 días. La cuestión es que nada más embarcar descubren que son once. La desconfianza se adueña de sus ánimos. ¿Quién es el undécimo pasajero? ¿A qué ha venido? ¿En quién puedo confiar? No son solo los actores de esta epopeya espacial los únicos que se plantean tales cuestiones, yo como lector no deje de hacérmelas hasta el final.

Ahora permitidme que me dé el lujo de hacer una comparación, y es que ¿Quién es el 11º pasajero? es también como esos reality shows de convivencia. Con concursantes mucho más capacitados intelectualmente y de profundidad psicológica más acentuada (por supuesto) y con un experimento de supervivencia y sociológico inmensamente más complejo (sin lugar a dudas), pero con unas bases cimentadas en el mismo concepto: congregar a gente diametralmente opuesta y lanzarlas a situaciones límite. Diferentes razas, diferentes personalidades, diferentes religiones, en definitiva, seres muy alejados unos de los otros que tendrán que aprender a convivir y superar obstáculos. Esos obstáculos se presentan de formas variadas: virus descontrolados, errores en el sistema de navegación, cargas explosivas diseminadas a lo largo de la nave… pero, ¿son parte del examen todas estas dificultades o realmente se enfrentan a contratiempos reales que podrían poner en peligro sus vidas?

Con el final de ¿Quién es el 11º pasajero? no solo se responderán todas las preguntas, sino que Moto Hagio nos propondrá algunas nuevas con Al horizonte del este, eternamente al oeste. Si la primera parte era un thriller de suspense, con vagas similitudes con el libro Diez negritos de Agatha Christie, en la continuación son las intrigas palaciegas las que toman el mando. Reyes destronados, guerras interplanetarias, traidores, espías y amor. Sí, amor. Lo hay. De igual forma, y tratado con mucha naturalidad, encontraréis el tema de la identidad sexual en la adolescencia. No os engañaré, este tomo de ¿Quién es el 11º pasajero? tiene sus momentos azucarados, pero no hay peligro de diabetes. Además, ¿no es la raíz, o la finalidad, o incluso el hilo conductor, de toda buena historia el amor en todas sus formas?

Hablemos ahora de Moto Hagio, una de las precursoras del shojo manga, y de su soltura para crear y dar forma al humor. A lo largo del cómic se hace patente esa agudeza; a pesar de que en ocasiones se excede e interrumpe el ritmo o la acción. Pero es en las últimas páginas donde podremos disfrutar de la Moto Hagio más gamberra y socarrona a través de un puñado de historias cortas que a pesar de ser de corte humorístico tienen también cierto calado filosófico y existencial.

Mientras que en estas últimas historias que completan el tomo la autora crea unos dibujos que son caricaturas infantiles de sus propios personajes, en ¿Quién es el 11º pasajero? y su continuación nos muestra qué podía hacer esta mangaka allá por los años 70. Rostros angulosos, enormes ojos que albergan la belleza de las galaxias, muchachos de frondosos cabellos y rizos imposibles. Si el diseño de personajes es correcto, el de vestuario, curiosamente, es realmente llamativo por la mezcolanza cultural. Se observa en algunas viñetas ropajes que bien podrían haber vestido los mosqueteros de la corte de Luis XIV, vestimentas de cuando el zar Nicolás II gobernaba en Rusia o incluso ropajes tradicionales de Japón. Una mixtura que no añade nada a lo que cuenta pero que pone de manifiesto que Moto Hagio, a lo largo de ¿Quién es el 11º pasajero?, da importancia a todos los detalles; dando especial trato de consideración a la psicología de sus personajes así como a las relaciones entre ellos.

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