
Publicada en nuestro país hace más de diez años con el título de Carbono alterado la editorial Gigamesh recupera esta novela de ciencia ficción cyberpunk noir con una nueva traducción, mucho más adecuada y gratificante que la que teníamos disponible. Así que desde aquí, vaya por delante mi felicitación a Juanma Barranquero, traductor de la presente edición. Este es un gran punto de partida para una novela que ya ganó en su día el premio Philip K. Dick. ¿Acaso hay mejor carta de presentación?
Carbono modificado es una especie de cruce entre cyberpunk y novela negra explícita. Estamos ante un futuro relativamente cercano, la humanidad ha conseguido realizar el viaje a otros planetas y, lo que es más importante, unos avances en genética e informática que permiten que nuestra conciencia sea almacenada en una especie de hard-disc y descargada en cualquier cuerpo o “funda”.
Una idea, por cierto, inaugurada en los 70 y que aquí en España ha desarrollado a la perfección Cotrina. En cualquier caso, Morgan, aunque sea esta la novela con la que debutó, consigue crear todo un universo realista y complejo alrededor de una premisa fundamental: los criminales son “almacenados” mientras dura su condena, sus cuerpos pueden ser alquilados o comprados, y los más ricos se convierten en casi inmortales al poder comprar fundas de manera indefinida.
Es por tanto Carbono Modificado una distopía en la que Takeshi Kovacs, un convicto que antes había trabajado para una agencia de élite del gobierno, es sacado de su almacenaje y enfundado en otro cuerpo por un ciudadano extremadamente rico que le necesita como detective privado. El crimen a investigar es el del asesinato del propio ciudadano, que al realizar copias de seguridad de sí mismo cada 24 horas, se convierte en alguien ciertamente difícil de eliminar.
A partir de ese momento nos introducimos en una narración de vértigo en la que Kovacs debe descubrir quién es el asesino y que nos enseña una realidad futura tan corrupta, tan violenta y tan indeseable que se parece bastante a nuestro presente.
Morgan, perfilando ya el que será su estilo para novelas posteriores, hace gala aquí de un ritmo frenético, lleno de crudeza, de sangre y torturas —recordemos que en este mundo para matar al alguien hay que destruir su pila cortical—, de sudorosos escarceos amorosos, de inmersión en lo peor de la sociedad —da igual entre los ricos que entre los desesperados—…, pero sabe incluir los suficientes momentos de calma como para permitir al lector recuperar el aliento y sumergirse de nuevo en la acción. Equilibra la crudeza, la violencia, el sexo, las explosiones y enfrentamientos con el suspense y las revelaciones necesarias para hacer adictiva la trama.
No adolece Morgan de vacuidad en su planteamiento. Referencias filosóficas sobre lo que representa vivir una vida tan longeva y unas claras alusiones a puntos polémicos con el Cristianismo activan la parte densa de la lectura. Con una prosa llena de sequedad cuando se refiere a ello, el cristianismo aparece en la novela como una secta que se niega a resucitar en una nueva funda si tu cuerpo muere. Este tratamiento tan heterodoxo de un concepto religioso como lo es la resurrección de la carne es parte protagonista del planteamiento de la novela pudiendo ofender al lector más conservador. No obstante, intuyo que el autor no sólo no huye del conflicto sino que de alguna manera, lo busca. ¿Cuáles serían las consecuencias teológicas de poder retener el alma dentro de un contenedor?
Pero no nos equivoquemos. Esto no es un libro de filosofía. Es un libro adulto en todos los sentidos: Hay escenas de torturas suficientemente sangrientas como para no dejar impasible al lector medio y el tema sexo que si bien no es, ni mucho menos, predominante es bastante explícito en su narración. Esto hace que “Carbono Modificado” no sea un libro para adolescentes, ni siquiera para lectores sensibles. Como buen cóctel para adultos, el tema de las drogas no se queda fuera aunque desde un punto de vista más recreativo.
El libro está escrito a un ritmo quasi-cinematográfico que lo convierte en un thriller absorbente. Morgan dispersa con de manera constante pistas y elementos dramáticos, consiguiendo reunirlos todos para brindarnos un final espectacular con el que alimentar las ganas de hacernos con la segunda entrega de la trilogía, la cual confiamos que Gigamesh nos ofrezca pronto.
Richard Morgan ha vivido en España y habla nuestro idioma. En 2016 participó en el festival Celsius 232 de Avilés y en la divertida charla que ofreció allí, habló sobre la creación de Kovacs: “cuando era profesor de inglés me di cuenta de que en la vida real no puedes pegar un tiro a los gilipollas“, fue básicamente su explicación. No sé a vosotros, pero a mí con eso me vale, porque seamos sinceros: ¿quién no ha tenido ganas de pegarle un tiro a un gilipollas? De momento vamos a tener que conformarnos con ver la próxima adaptación de su justiciero ciberpunk a la pequeña pantalla, de la mano de Netflix. Que no os pille por sorpresa y leed a Morgan cuanto antes.



“Magneto me arrancó el adamántium del cuerpo. Mi factor de curación es casi inexistente…” Así empieza el número 65 de Lobezno de la etapa guionizada por Larry Hama. Un cómic de grapa, de principio de los años 90, que he tenido que rescatar de mi vieja, irregular y variada colección, para poder refrescar algunos de mis vagos recuerdos. El cómic en cuestión es de esa época en la que Cómics Forum era el sello editorial encargado de traernos todas esas historias narradas por la factoría 
No sé si os acordáis de 
Hace un par de meses os hablé del 
“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos…” Así empieza la descarnada y brillante reflexión que Mark Renton, uno de los protagonistas de 
He de hacerlo. He de empezar esta reseña con un grito de guerra, una salve al gran Dios antiguo del horror. He de gritarlo a pleno pulmón (vas a notar el grito por la cantidad de exclamaciones que le voy a poner, máximo, tres, como marca la norma). ¿Preparado? Bueno, espera. Antes, un par de acepciones que describen a la perfección la estética y temática de este gigante cómic que acabo de leer; Weird Detective. Allá van:
No suelo ver animes, pero a veces me hablan de alguno que pica mi curiosidad. Por ejemplo, Death Note: ¿qué pasaría si con solo escribir el nombre de una persona en un libro, mientras visualizas su cara en tu mente, esta cayera muerta al instante? ¿Lo harías? ¿Contra quién? ¿Se podría utilizar para que el mundo fuera mejor? No me digáis que no es una premisa sugerente. Yo disfruté mucho con esta serie, compuesta solo de dos temporadas, si no recuerdo mal, pero quizá no me habría animado a verla si antes no hubiera conocido Ataque a los titanes.
“¿Y qué si duele? De todos modos, la vida está llena de sufrimiento.”
Ahora ya sabes quién es el Hombre de Negro. Ahora ya sabes quién es el Pistolero. Ahora ya sabes por qué huía el Hombre de Negro a través del desierto y por qué el Pistolero iba en pos de él. Todo ello, todo lo que necesitabas conocer para entender esta lucha descarnada, te fue explicado en La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I). El narrador, engendrado por 
El cosquilleo ¿Lo has sentido alguna vez? El cosquilleo, ese ardor, en las yemas de unos dedos impacientes por abrir la primera página de un libro. Ese cosquilleo que recorre las entrañas del lector ávido al encarar una lectura de la que poco sabe o ha querido saber; virgen, premeditadamente, en su conocimiento. Sí, seguro que lo has sentido. Una suerte de electricidad estática que reacciona ante lecturas postergadas. Y que en mi caso tenía que ver con la obra magna, y vertebral, del maestro del terror: La Torre Oscura. He sentido el cosquilleo, todas esas ocasiones en las que mi camino se ha cruzado con la saga; todas esa veces que he tomado uno de los libros y he decidido que no era el momento; con todas esas lecturas que se interponían entre la colosal obra de 
Sé que habéis venido aquí en busca de la valoración de un manga, pero permitidme, por una vez, que empiece hablándoos de un juego. El juego es conocido popularmente como El hombre lobo. El concepto de éste es tan simple como atractivo. Entre todos los jugadores se crean dos grupos: aldeanos y hombres lobo. Depredadores y presas. Nadie sabe si el jugador que tiene enfrente es un aldeano o un hombre lobo. ¿Amigo o enemigo? También dependerá del rol que a ti te haya tocado desempeñar. El verdadero atractivo de este juego es el clima de desconfianza que se crea; sobre todo en las primeras rondas donde reina el desconcierto. Los aldeanos deberán sobreponerse a la discordia sembrada por los licántropos y acabar con ellos. Pero conjeturas erróneas, probablemente engendradas por un monstruo manipulador, los llevarán en ocasiones a asesinar a aldeanos inocentes.