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Inyección, de Warren Ellis y Declan Shalvey

Inyección

Inyección“La ciencia proviene de la magia. Y la magia es, ni más ni menos, que una manera de entender y alterar los sistemas y procesos invisibles del mundo.”

Tengo que reconocer que nunca he sido demasiado fan de los cómics y las novelas gráficas. Siempre he sido más de novela y teatro y, cuando he entrado en una librería, nunca me ha llamado la atención ni siquiera el pasarme por esa sección. No sé si ha sido por desconocimiento o por falta de interés, pero he estado muy equivocada hasta ahora. Creo que es necesario que, como lectores, abramos nuestra mente a nuevas experiencias literarias, ya que solo así podremos conocer por nosotros mismos si nos interesa o no, o si hay algo en ellas que nos pueda aportar algo positivo y de lo que poder aprender.

Así es como descubrí el apasionante mundo del cómic y continúo descubriéndolo gracias a obras brillantes como Inyección. Lo primero que me llamó la atención de este fue, además de su magnífica y oscura portada, su mezcla entre la ciencia y el suspense del mundo real con la ciencia ficción y los fenómenos inexplicables. Pero vayamos a la trama. Este libro comienza con un grupo de cinco ambiciosos científicos que, aburridos en sus respectivas vidas, deciden jugar con las leyes de la naturaleza y crean un sistema de aprendizaje inconsciente con el objetivo de instalarlo en internet y cambiar el mundo que los rodea. Sin embargo, este experimento no sale como ellos esperaban y ahora deben pagar un precio…

Esto está presente en cada una de las páginas de este libro, pues está dividido en pasado y presente, siendo el pasado el tiempo en el que este grupo de cinco personajes creó la Inyección y, el presente, todos los problemas y complicaciones que genera este experimento para cada uno de ellos. Y recalco para cada uno de ellos, pues el sentimiento de culpabilidad, ese “precio que deben pagar”, está presente en cada una de sus vidas del presente, si es cierto que en distinta medida dependiendo de quién se trate…

Por este y otros motivos, es muy fácil empatizar con estos protagonistas, sin importar su edad o sexo. En nuestras vidas, todos hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos. O, si no lo hemos hecho, es muy posible que en algún momento lo hagamos. Todos cometemos errores. Esto es algo que humaniza a los protagonistas de esta historia y los hace cercanos al lector. Además, es fácil llegar a entenderlos, puesto que la ambición y la necesidad de conseguir algo que cambie nuestro mundo a mejor es algo que todos o casi todos tenemos en nuestro interior.

Pero en este libro no todo es tan fácil de entender. Los fenómenos extraños y el terror se respiran en cada uno de los capítulos y convierten este cómic en una lectura no apta para todas las edades. Y, sin embargo, es una de las cosas que más me ha enganchado de él, junto con el suspense y ese juego contra las leyes de la naturaleza y de la ciencia, que está tan presente y lo hace tan interesante. Hablando de interesante, sería demasiado guay ver esta historia en los cines… Ahí lo dejo caer.

Por último, en cuanto al lenguaje científico que se precisaba en esta historia, creo que está muy bien llevado por parte de los autores, puesto que es fácilmente entendible por todo tipo de personas, incluso para aquellas que, como yo, no tienen ni idea de ciencia. Esta es una de las cosas que más me preocupaban antes de comenzar con este libro y creo que han sabido llevarlo muy bien.

Inyección es de ese tipo de libros que enganchan de principio a fin, que sabe mantener la intriga en cada una de sus páginas y que te obliga a seguir leyendo para descubrir qué es lo que sucederá al final. En tan solo dos días he acabado con el libro y, aún así, siento que quedan más incógnitas por resolver que cuando lo empecé. ¡No puedo esperar para tener el siguiente volumen entre mis manos!

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Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

blade runner sueñan los androides con ovejas eléctricasOlvida Blade Runner. Olvida a Ridley Scott. Olvida todos esos temas sintetizados y melódicos que compuso Vangelis. Borra de un plumazo de tu mente la Tyrell Corporation. Haz lo mismo con los replicantes. Elimina a Rutger Hauer. Haz que desaparezcan las naves en llamas más allá de Orión, los Rayos-C, la puerta de Tannhäuser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Hazlo, haz que se esfumen también. Difícil borrar una parte imprescindible de la cultura popular, ¿verdad? Claro que lo es. Ahora, si puedes, si tan siquiera te atreves, si tu cerebro te permite por un instante introducirte en la parte del subconsciente y llegar a rozar ese valioso cofre de recuerdos emocionales, haz que Rick Deckard deje de ser Harrison Ford. Solo si puedes. Y una vez que tu mente esté despejada de distracciones, casi en blanco, en ese momento en el que no eres más que un niño sin prejuicios, como un impoluto lienzo a punto de recibir su primera pincelada, entonces, solo entonces, podrás abrir el libro por la primera página de Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.

La Tierra sobrevivió a una tercera guerra mundial: la Guerra Mundial Terminus. Pero los efectos que ésta dejó tras de sí fueron devastadores. El polvo radiactivo todavía asola algunas ciudades y los afectados son repudiados, viven apartados y tienen prohibido viajar a cualquier colonia terrestre más allá del que antaño fuera conocido como “El Planeta Azul”; ahora una jaula de mugre y desolación. El agua sigue cayendo del cielo, pero es más radioactiva que nunca. Y los animales, principales perdedores de la íntima y destructiva relación con los humanos, viven su peor momento. El que no está extinto forma parte de una red legal de tráfico de animales. Si dispones del dinero suficiente puedes adquirir casi cualquier animal. El Cátalogo Sidney marca las tarifas. ¿Desea usted un búho? Pague su desmesurado precio. ¿La alternativa? ¡Animales eléctricos a precios populares! Imitaciones. Excelentes falsificaciones. Como el original pero sin sentimientos. Total, casi no se percibe la diferencia. “Ambos, el ejemplar real y el falso, están vivos”. De igual forma pasa con la nueva generación de androides: los Nexus-6. ¿Son androides o son humanos? Impecable manufacturación. Majestuosa falsificación de biológica consistencia. En ocasiones ni los propios androides saben lo que son. Pero ésos solo son la excepción que confirma la regla: la mayoría lo saben y son tecnología punta que se revela contra sus creadores. “El sirviente era más capaz que su amo”. Por ello existe la figura del caza recompensas. Rick Deckard (te lo dije, te dije que olvidaras a Harrison Ford) es uno de los mejores y está a punto de descubrir que no todo lo que le contaron sobre los androides era cierto.

Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una novela que nos muestra una sociedad solitaria, arisca y con escaso espíritu de supervivencia. Una sociedad volcada en hacer aflorar los sentimientos que nos hacen humanos mediante la frívola acción de poseer animales, o a través de un culto denominado mercerismo (con la enigmática figura de Wilbur Mercer, como mártir, profeta y dios recreando el mito de Sísifo una y otra vez) en el que, mediante una extraña máquina unificadora de sensaciones de todo aquel que esté conectado en ese momento, se potencia la empatía y fe que progresivamente se ha ido perdiendo. Son éstos, solo dos de tantos conceptos que plagan esta novela dejando claro que Philip K. Dick poseía una mente tan lúcida e imaginativa como profética. Pero si hay un concepto que reina sobre todos los demás es sin lugar a dudas el de la empatía y la asertividad. Dicho tema será desarrollado a lo largo de la novela a través de la relación entre Deckard y los androides a los que deberá dar caza. “Las cosas eléctricas también tienen sus vidas. Por insignificantes que sean”. Algo que lo llevará a luchar entre el deber y el deseo. O entre J.R. Isidore (humano afectado por el polvo radiactivo) y su dificultad para discernir entre un ser biológico y un ente artificial.

¿Qué nos hace humanos? ¿Si un humano no siente empatía, entonces ya no es humano? “La mayoría de los androides que conozco tienen mayor vitalidad y deseo de vivir que mi esposa”. ¿Y si el androide la siente, o cree sentirla, o la imita? ¿No es cualquier forma de vida sagrada? Son cientos de preguntas las que asaltan la mente del lector, obligándole a razonar, a profundizar, e incluso a discutir consigo mismo tras haber acabado la novela. Pero Philip K. Dick, además de iluminarnos con su acertada forma de acercarnos a ideas profundas y filosóficas a través de la ciencia ficción, nos dejó un legado de narración directa (sin innecesarios giros argumentales), de sutil ironía, de personajes abrumados por sus propios sentimientos y de paisajes de trágica desolación. Es por todo esto que Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, se muestra como un tratado filosófico (sin el efecto soporífero que puede ejercer en el neófito tal género) sobre la empatía altamente digerible y entretenido. Una obra que nos revela un futuro oscuro, repleto de una desasosegante y triste sensación de soledad, pero que en última instancia deja abierta una pequeña ventana a la esperanza y a todos esos valores típicos de la raza humana que permiten el bienestar colectivo.

Ahora ya puedes recordar. Recuerda Blade Runner.

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El universo Marvel de Grant Morrison, de varios autores

el universo marvel de grant morrison

el universo marvel de grant morrisonGrant Morrison. ¿Quién es Grant Morrison? Un guionista de cómics que no deberías perderte. Esa sería la respuesta corta. Si tuviera que extenderme y dar un dictamen más justo y completo añadiría que en la solapa de uno de sus cómics reza así hacia el final de su biografía: portavoz de la contracultura, músico, dramaturgo premiado y mago caótico. Frase escueta que solo es una muestra de lo prolífico, polifacético y algo excéntrico que es este guionista natural de Glasgow. Cuando en mi cabeza, a la vertiginosa velocidad de la luz, se entrelazan el adjetivo excéntrico y la maravillosa ocupación de guionista de cómics, por asociación de ideas, también emergen los nombres Alan Moore y Frank Miller. Y es posible que algunos digan que a Grant Morrison le quedan unos añitos para estar a la altura de esos dos titanes de la narración, pero por lo que a mí respecta hace ya un tiempo que alcanzó tan laureado podio. Grant Morrison es un guionista de calidad que se aleja de los tópicos tocando en ocasiones temas muy chungos como drogas, violencia o sexo y los mezcla con metafísica, demencia y ciencia ficción saturada de filosofía. Es pues un contador de historias único que con títulos tan dispares como Animal Man, Doom Patrol, We3 o Batman y Robin logra atraernos hasta sus paranoicos mundos de héroes que se comportan como villanos, de viñetas repletas de humor cáustico y de tramas que te dejarán atascado en realidades paralelas o futuros imposibles. Y luego además está All Star Superman; una obra maestra se mire por donde se mire.

Pero Grant Morrison no ha trabajado solo para DC, de hecho hoy vengo a enseñaros una parte muy importante en su trayectoria por la editorial Marvel. Una trayectoria que en mi caso apenas había inspeccionado y que gracias a El universo Marvel de Grant Morrison editado por Panini Cómics podré al fin dar un soberbio vistazo.

El universo Marvel de Grant Morrison recopila cuatro historias cortas de dicho guionista. En ellas se acompaña de grandes del mundo del cómic como Mark Millar o Steve Yeowell, para hacernos llegar retorcidas obras como Skrull Kill Krew en la que los héroes tienen más de genocidas que de salvadores. Los protagonistas son una banda de inhumanos formada por un skinhead que se está volviendo negro (Morrison y sus ironías), un negro con rastas (que evidentemente tendrá sus más y sus menos con su compañero cabeza rapada), una top model, un surfero y una punk. Sus aventuras los llevan de pueblo en pueblo con la única misión de erradicar a los Skrull, una raza alienígena que como en el clásico de ciencia ficción La invasión de los ladrones de cuerpos se ocultan entre los humanos a la espera de conquistar la Tierra. Por las viñetas de este irreverente cómic aparecerá el Capitán América, tan patriota como siempre pero apabullado ante la forma de actuar de la SKK. Por cierto, en este relato la encefalopatía espongiforme bovina, o comúnmente conocida como la enfermedad de las vacas locas, claramente sirvió como inspiración para una de las historias más locas que hayáis leído en mucho tiempo.

Si Skrull Kill Krew publicado a mediados de la década de los 90 ya manejó temas bastante peliagudos, con Marvel Boy, en el año 2000, Grant Morrison volvería a la carga, con J.G. Jones a los lápices, en un relato de extraterrestres que buscan venganza mediante el terrorismo. Realidades paralelas, guerras interestelares, formas de vidas sintéticas de inteligencia superior o elementos tan insólitos y peculiares como el calabozo de conceptos en el que están presas las ideas más peligrosas del universo. Marvel Boy es un todos contra todos que derrocha acción por los cuatro costados. ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes los villanos? A cada vuelta de página cualquiera puede formar parte de uno de los dos grupos.

Llegamos a la tercera de las obras reunidas en este tomo: Los 4 fantásticos: 1234. No busquéis aquí al súper grupo entrañable y divertido que por ejemplo Mark Waid nos ofreció en Imaginautas. No busquéis a esa familia más o menos bien avenida (sin tener en cuenta las escaramuzas entre la Antorcha Humana y la Cosa). Grant Morrison construye una historia sobre los cimientos de las rencillas que siempre han sobrellevado y superado Los 4 Fantásticos y las lleva más allá, mucho más allá, cruzando esas fronteras en las que un simple perdón ya no es suficiente. Es la historia más oscura de las cuatro y el dibujo íntimo, estremecedor y de corte realista de Jae Lee, unido al color frío y de salpicaduras controladas de José Villarrubia crean una atmósfera angustiosa y desapacible que le dan un toque tan lóbrego al conjunto que llega a dar mal rollo. Una miniserie magnifica, que al igual que las otras dos, se alejada de las ideas triviales que abundan sobre este género.

Acabamos el compendio con un relato corto. Apenas doce páginas. En El mundo de Nick… abunda el humor. De hecho es una historia de humor en donde un Nick Furia algo especial se queja de padecer diarrea cuarenta minutos después de comer carbonara o es atropellado por una loca jauría de ciclistas descontrolados. Una historia de ciencia ficción, dibujada por Manuel Gutiérrez, que se mueve entre lo absurdo y lo cómico y que aun siendo la más floja de las cuatro es como mínimo de agradecer el que podamos disfrutar de ella por primera vez en castellano.

¿Quién es Grant Morrison? La respuesta más completa, la más esclarecedora, y la que encima os dejará un regusto a rareza que os desorientará (el regusto que dejan las historias que se salen de lo común) la encontraréis tras las más de 380 páginas de Morrison en estado puro que componen El universo Marvel de Grant Morrison.

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Por último el corazón, de Margaret Atwood

Por último el corazón

Por último el corazónEsta es una novela extraña, de esas que te envuelve en su aire enrarecido, pero que solo te incomoda en las primeras páginas, enseguida te acostumbras a respirar dentro de esa atmósfera y te parece de lo más natural. Le llaman ficción especulativa o ficción distópica. A mí me parece más realidad especulativa, o futurología, porque quien sabe a dónde iremos a parar. Margaret Atwood se nos ha puesto orwelliana sin movernos de nuestros días. Ha aprovechado esta última crisis para crear un mundo alternativo como hizo Aldous Huxley en Un mundo feliz.

Stan y Charmaine son una pareja de treintañeros, de clase media americana, con una casa hipotecada, un coche y un trabajo cada uno. Todo correcto hasta que llega la crisis económica y lo pierden casi todo. Se trasladan a vivir al coche. Esta parte primera de la novela, me recordó en algún momento a estas películas tipo Mad Max, en la que las prioridades se reducen a sobrevivir y conseguir algo para comer, o combustible, pero sin la acción o el apocalipsis. Es mucho más sutil. Malcomen gracias a que Charmaine trabaja unas horas al día en un bar cutre. Esto no les da para poder aventurarse más al oeste a probar suerte, así que se sienten atrapados en esa ciudad casi fantasma. El personaje de Charmaine se nos presenta naíf, aunque esa inocencia es solo otra de las jugarretas que nos tiene preparada la escritora. Esa forma de ver la vida tan “happy flower, the power of happy”, es solo un vestido que se ha tenido que poner para sobrellevar la vida desde pequeña. Stan es más… ¿realista? ¿humano? He tenido sentimientos encontrados con respecto a él. Durante todo la historia, me ha parecido el más racional o normal, con sus puntos de cabronería y mezquindad, pero eso es normalidad, porque el que no haya tenido malos pensamientos en algún momento de su vida, que tire la primera piedra.

Sin visos de tener salida, ven un anuncio en el que se pide gente para el Proyecto Positrón de la ciudad de Consilencia. Se ofrece: pleno empleo, formación, protección, ausencia total de delincuencia, casa y comida. “¡Conviértete en la persona que siempre quisiste ser!”. Hay que ir, ¡cómo no van a ir!, no tienen otro remedio, aunque les chirríen muchas cosas, aunque les parezca extraño, sospechoso e irreal. No hay otra alternativa. Efectivamente; van, y no hay salida. Una vez dentro, no hay vuelta atrás, te comprometes con el proyecto y para siempre. Dentro de esta ciudad de mentira, viven aislados del resto del mundo, en un ambiente que copia los años 50 o 60. No se pueden comunicar con el exterior de ninguna manera y la tele y la radio son de circuito cerrado interno. Hay dos turnos de vida, por llamarlo de alguna manera. Un mes vives en una casa “normal”, trabajas en una tarea “normal”, haces una vida “normal”. El mes siguiente te vas a la cárcel, y otra persona que ha estado encarcelada el mes anterior, se coloca en tu casa y lleva una vida “normal”. Todo muy lógico y muy “normal”. Esto no se puede sostener mucho tiempo, evidentemente. Los protagonistas empiezan a tener dudas, a aburrirse, a pensar, a sentir… y eso no es bueno para el sistema. De aquí, a que todo se líe, se tuerza y te tengas que disfrazar de Elvis, solo hay un paso.

Por último el corazón también es una historia de amor. Nos habla sobre las relaciones de pareja, de lo apetecible y emocionante de lo prohibido, de lo que nos erotiza el cambio y lo desconocido, de las falsas expectativas y de la falta de comunicación.

Hay más personajes en la novela, pero secundarios, algunos muy interesantes como Joselyn o el hermano de Stan, pero el peso de la historia lo lleva la pareja protagonista. Es fácil de leer, con diálogos que aligeran la historia, con momentos locos, locos, pero contados de una manera tan seria y con una ironía tan fina, que no sabes si Atwood quiere que sonrías, o si es ella la que se está riendo de nosotros. A Charmain, en algunos momentos, yo no sé si darle un abrazo o un bofetón.

Por último el corazón me ha sorprendido, me ha gustado, tanto la historia como la forma de contarla, me ha divertido y me ha dejado algo preocupada. Ya están pasando cosas extrañas, ya escuchamos y vemos ideas peregrinas. No sé si es que con los años una se vuelve algo menos optimista, pero yo ya veo parte de esta descomposición social que nos plantea Margaret Atwood.

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La historia oculta, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta

la historia ocultaTodo comenzó tres mil años antes de nuestra era, a finales del Neolítico, cuando el Abuelo Lobo traspasó los marfiles a los cuatro hermanos elegidos. A Dyo le dio el marfil de la copa, que le dotaba del poder de dar vida y aportar curación, pero también el de engendrar criaturas horrendas. A Reka, el marfil de la lanza que nunca yerra en el blanco, pero que le podía sumir en la más sangrienta de las locuras. A Aker, el marfil de la espada para derrotar enemigos y crear reyes, aunque con el riesgo de caer sobre el inocente y provocar destrucción. Y a Erlin, el marfil del escudo para defender a los otros tres y darles consejo, siempre y cuando no cediera al orgullo. «Nunca los uséis todos juntos… ¡podrían destruir el mundo! ¡No dejéis que gobiernen vuestros corazones!», advirtió el Abuelo Lobo antes de morir. Pero los niños no le hicieron caso. Desde entonces, estos cuatro hermanos, convertidos en arcontes inmortales, dirigen los designios del mundo a través del tiempo. Demasiado poder para cuatro seres humanos. Demasiadas rencillas familiares por saldar. Muchos siglos por delante para llevar a cabo sus venganzas.

Este es el planteamiento de la serie Arcanes, que Jean-Pierre Pécau comenzó a escribir en 1998 y desarrolló hasta 2012. La historia oculta es solo una de las cabeceras que se ha desgajado de esta obra, y consta de treinta y dos volúmenes. ECC acaba de publicar el Integral I, compuesto de los cuatro primeros: «Génesis», «El castillo de los Djinn», «El grial de Montsegur» y «Las llaves de san Pedro». En ellos se narran los acontecimientos protagonizados por estos cuatro hermanos entre los años 1350 antes de nuestra era y 1527, y presenciamos cómo sus ansias de poder y sus enfrentamientos levantan imperios y destruyen civilizaciones enteras.

Sin duda, La historia oculta es una novela gráfica muy ambiciosa, pues plantea una realidad alternativa de nuestro mundo, donde la lucha de los hermanos por controlar los cuatro marfiles es la causante de determinados acontecimientos históricos que todos conocemos. Además de ser una ucronía que puede dar mucho de sí, la fantasía y la ciencia ficción juegan un papel decisivo en la trama y causan giros inesperados. Sin embargo, para mí ha sido una lectura agridulce. Mi escaso conocimiento de algunos de los momentos históricos que se mencionan me ha hecho perderme en ocasiones, por lo que hubiera agradecido más contexto y desarrollo y menos elipsis.

En cuanto a la parte gráfica, este proyecto ha contado con varios dibujantes: Igor Kordey ilustra los volúmenes uno y dos; Geto y Goran Sudžuka, el número tres y Léo Pilipovic, el cuatro. El cambio de estilo llama la atención en algunos volúmenes (unos con más detalles que otros), pero en conjunto es una edición disfrutable, en cartoné y a color.

No descarto seguir leyendo las siguientes entregas para comprobar hasta dónde puede llegar esta ucronía. ¿Qué cambios en la Historia originarán Reka, Aker, Ryo y Erlinson para apropiarse del resto de marfiles? ¿Las rencillas de esta familia mal avenida terminaran con el mundo tal y como lo conocemos? ¿O recordarán, finalmente, los sabios consejos del Abuelo Lobo? La historia oculta es un universo alternativo lleno de posibilidades.

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Propaganda. Historia del proselitismo en la galaxia, de Pablo Hidalgo.

propagandaLa verdad es que no estamos tan lejos. No hace falta irse a una galaxia muy, muy lejana. Más o menos en todos los lugares ocurre lo mismo. La historia se repite. Los medios de comunicación afectan a las prácticas culturales y estos reproducen comportamientos sociales que crean y difunden nuevos valores que acaban por instalarse en la sociedad de la que emergen. Es una práctica muy estudiada. El ciudadano se convierte en consumidor, una categoría de ser que no necesita pensar para dejarse llevar por el marketing.
Por consiguiente, es urgente y necesario intervenir desde una perspectiva educacional en estas peligrosas configuraciones, para hacer al sujeto consciente de estas modas y técnicas que lo expropian de su saber y de su capacidad de pensar.

Pero claro, siempre hay alguien por encima. Hay cosas contra las que es imposible luchar. Y una de ellas es el poder del Imperio Galáctico.

“La propaganda es el reflejo de la vida en una galaxia muy, muy lejana. Ya sea el cartel de un destructor estelar sobrevolando un planeta para mostrar la dominación imperial, un grafiti en una pared que lanza un mensaje de esperanza en nombre dela Rebelión o un mural que muestra una hilera de soldados de asalto para promover la unidad en la Primera Orden. Este arte, como instrumento de conflicto, que infunde miedo o enciende el idealismo mediante la persuasión, captura las cambiantes tendencias políticas y el sentir del pueblo en toda la galaxia”

El Imperio es maestro en alfabetizar el lenguaje visual desde el inicio de los tiempos. Una herramienta indispensable para trasmitir los mensajes provenientes de su instrumento político utilizando los medios de comunicación y el arte a su antojo. Domina la morfología, la sintaxis, y la semántica de cada idioma y cultura de la galaxia para sacar el máximo rendimiento a los mensajes explícitos y subyacentes con los que bombardea a diario los medios.

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Intuitivamente podríamos pensar que cuando existen ciudadanos mínimamente formados pedirán tener algún tipo de representación; un pueblo con un mínimo de inquietud querrá participar de las decisiones políticas, al menos a nivel planetario. Que un Consejo Imperial, en nombre de algún deformado emperador, coloque a gobernadores en tu sistema se vuelve cada vez más intolerable. Esa es la clave de la propagación.

La historia de Star Wars no es una historia de guerra. Es una historia de dominación social. De sumisión y rebeldía. De cambio y resistencia a modificar la manera de pensar de la gente. Y en este caso, la propaganda es una herramienta clave. Pablo Hidalgo (uno de los mayores expertos mundiales en el universo creado por George Lucas) ha recopilado en este maravilloso ejemplar editado por Timummas un extenso catálogo de la cartelería propagandística utilizada en Star Wars. Abarca desde los albores de la saga (allá por La amenaza fantasma) hasta los días actuales (El despertar de la fuerza) presentándonos a los autores de los carteles y contándonos de manera pormenorizada la historia de cada uno de ellos consiguiendo así que entendamos cual es la motivación de cada uno de ellos.
Es inevitable y obligado asociar la religión con Star Wars. Incluso en “la fuerza” hay una referencia al taoísmo, religión que enseña que hay algo que está inmanente en todo lo que existe.

propaganda 3La naturaleza contra la máquina. Obi Wan y Luke contra Darth Vader, un hombre que es más máquina que humano, con un ejército imperial, y que usa la tecnología para crear caos a su alrededor.
El imperio representa el fascismo, eso se puede ver en su forma de actuar, obedecer e incluso vestir. También se puede ver en los colores rojo y negro que predominan en las salas de mando de la Estrella de la Muerte. Todo esto es parte de la Propaganda Imperial. En el otro lado la resistencia que sueña con restaurar la república. Dos bandos.

Al final, todo se resume en lo de siempre. Elegir. Tomar partido. En Propaganda, un libro de coleccionista en una edición que es una maravilla visual y que incluye diez carteles para enmarcar, Pablo Hidalgo nos da el material para que podamos tomar partido por un bando o por otro.

La verdad es que no estamos tan lejos. No hace falta irse a una galaxia muy, muy lejana. Más o menos en todos los lugares ocurre lo mismo. La historia se repite, ¿no? Dicen que para que la historia no se repita, hay que leer. Efectivamente. Hay que leer este libro.

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JLA: La Nueva Frontera, de Darwyn Cooke y Dave Stewart

jla la nueva frontera

jla la nueva fronteraLa unión hace la fuerza. Todos para uno y uno para todos. Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil. Son solo tres citas que nos recuerdan que unidos podemos llegar a conseguir hitos que por separado probablemente serían imposibles de alcanzar o que como mucho llegaríamos solo a rozar con la punta de los dedos. La idea de un grupo de personas trabajando juntas, luchando, dejándose la piel por un mismo fin, un fin justo, siempre me ha fascinado. Supongo que es debido a esto que los cómics en los que varios superhéroes unen sus poderes para darle su merecido al villano de turno me encantan. Y si tuviera que elegir a uno, a un único grupo de superhéroes, me decantaría, y sin pensármelo demasiado, por La Liga de la Justicia de América.

JLA: La Nueva Frontera empieza con el fin de La Segunda Guerra Mundial. El conflicto ha acabado, bienvenidos a la postguerra. Mientras Europa resurge de sus cenizas los americanos, atrapados por una incertidumbre política que alimenta miedos, se nutren de una enfermiza paranoia que los lleva a una inmisericorde caza de brujas. Cualquiera que no piense como ellos es un rojo, un comunista o un enemigo de la patria. Malos tiempos para los enmascarados que no siguen a rajatabla las leyes. La Sociedad de la Justicia de América, y cualquiera que utilizara métodos similares, son repudiados y tachados de anti americanos y criminales. Así pues, unos huyen, otros se esconden, algunos permanecen al pie del cañón entre las sombras (¡ese es mi Batman!) y otros, como Wonder Woman y Superman, se ponen a las órdenes del gobierno con la idea de intentar cambiar las cosas desde dentro. Pero todos saben que por separado, por muchos esfuerzos que hagan, no lograrán sus objetivos.

Los que indudablemente sí han logrado que sus esfuerzos dieran sus frutos, al crear un cómic de diez, han sido Darwyn Cooke, guionista y dibujante, y Dave Stewart, colorista de JLA: La Nueva Frontera. Con todo, mentiría si no dijera que al principio, tras pasar unas pocas páginas, me sentí abrumado, algo confuso e incluso un poco frustrado. El motivo de estos sentimientos fueron a raíz de que Cooke salta de un personaje a otro (y no son pocos) cada tres o cuatro páginas, explicando momentos claves, no solo de dicho personaje sino también de la situación política y de la sociedad americana del momento. Esa sensación de desorientación desapareció rápido, en cuanto descubrí que Cooke manejaba con soltura los diferentes hilos narrativos, a la vez que daba una voz excepcionalmente particular a cada uno de ellos, facilitando el trabajo del lector. Cooke es un genio (era, pues por desgracia murió a mediados de este año 2016), por el cual me quito el sombrero, pues consigue ir solapando todas esas voces con sutileza hasta que encajan de forma tan apropiada como lo hace el anillo de los Green Lantern Corps en el dedo de Hal Jordan. Lo que queda claro casi desde la página uno es que esta no es una de las cientos de historias de JLA en las que las hostias como panes están por encima de un buen guion.

El dibujo de Cooke es marca de la casa; de estilo clásico, limpio y muy vistoso. Luego Dave Stewart hace su magia y, et voilà! Ya tenemos obra de arte. Añadir también que si este estilo cartoon os recuerda a la serie de animación de Batman que se emitió allá por los años 90, vais por el buen camino, pues Cooke fue el encargado de realizar los storyboards. Dicho lo cual, en las páginas de este cómic encontrareis féminas que recuerdan a las pin-up de los años 50 o muchachotes, de cuadrada mandíbula, que bien podrían haber aparecido en los anuncios de tabaco americano de aquella época. Que Cooke ha trabajado en el mundo de la animación queda patente en escenas como en la que Hal Jordan eyecta de su avión y los restos de éste le golpean, en ese angustioso ahorcamiento de John Henry por parte del Ku Klux Klan (ambas escenas dibujadas en una inmersiva y alucinante primera persona) o esas melancólicas viñetas en las que por la cabeza de Flagg pasan las escenas de una vida que jamás tendrá.

Cooke se esmera, gracias a un arduo trabajo de documentación, en mostrarnos como era esa época; mediante edificios, automóviles o incluso la forma desviada de pensar de ciertos sectores de la población, además de la segregación racial, la doble moral americana, el patriotismo ciego y sobretodo el miedo enfermizo a lo desconocido. Un período muy jodido, sin duda. La televisión, la radio y los periódicos también tienen su parte de protagonismo, pues el autor se ayuda de estos medios (al estilo Watchmen) y los utiliza como recurso narrativo para dar complejidad y consistencia al principal hilo conductor, el cual nos llevará hacia ese peligro que pondrá en jaque a toda la humanidad. Ello nos conducirá hacía uno de los clímax más emocionantes y ambiciosos de la historia de la JLA. Para luego, seguidamente, transportarnos a un epílogo en el que el propio John F. Kennedy pone su voz para dejarnos con los pelos como escarpias. ¡Pero, no se vayan todavía pues aún hay más! Ya que la edición de lujo de ECC (de las de exponer en un museo tras leerla) trae más de 100 páginas de extras: anotaciones del autor, portadas, arte conceptual, diseño de personajes y nuevas historias que se contaron con motivo del estreno de la película de animación.

En definitiva, JLA: La Nueva Frontera además de una respetuosa y colosal oda a la Edad de Plata de los superhéroes, a los cómics de DC en general, a todos los autores que pasaron por la editorial durante aquel periodo, es un cómic deslumbrante, inolvidable y, con el tiempo, un clásico, además de ser una de esa obras que me hacen sentir dichoso de ser lector del noveno arte.

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Días entre estaciones, de Steve Erickson

Días entre estaciones

Días entre estacionesNada de lo que he leído se parece a Steve Erickson, no hay nada en su forma de construir ambientes, lugares, momentos, sensaciones, personajes, relaciones de amor o de amistad, que pueda, aunque intente echarme atrás en las décadas de lectura que tengo, compararse. Pudiera pensar alguien que esto no sea algo positivo, que sea el extraño texto o el insólito tema que un escritor haya ideado para sorprender en en vacío. Pero no. No. “Días entre estaciones” no es un libro deshilachado, no son un conjunto de retales de colores diversos, no es una novela enigmática, no es un texto para iniciados. Es un relato sorprendente, es una viaje por un mundo casi en destrucción, que parece derrumbarse desde la nada y hacia la nada, en los que las personas viven y sobreviven aceptando esa decadencia casi diaria que los lleva por los mundos más extraños, por las situaciones más peligrosas: desde las tormentas de arena que asolan y destrozan Los Ángeles, hasta el frío extremo en París que hace que el Sena se congele y las calles sean un desierto helado; o la inusitada desaparición de las costas naturales por la retirada del mar. En ese ambiente que pareciendo apocalíptico no lo es, se crea una situación que podría alguien llamar surrealista en el planteamiento de la situaciones vitales, porque surgen de los momentos, e imágenes, más oníricos, donde las cosas van y vuelven, donde surge y explosiona lo ilógico o lo que está en la frontera de lo real y lo irreal; los sueños se repiten y expresan, y vuelven al presente; las cosas se extravían pero siempre vuelven como una vida en círculo. Así, parece, que los sueños se van convirtiendo en realidad y la realidad en sueños. Pero ¿qué ocurre en este ambiente y decorado casi apocalíptico?…

En algún momento de mediados del siglo XX en Estados Unidos nace Lauren. Años después se casa con Jason, un ciclista profesional, que continuamente desaparece de su vida durante meses para correr carreras por todo el mundo… Desaparece totalmente, se esfuma, se encoge entre cartas sin responder, carreras y relaciones con otras mujeres. Huye o se desvanece hasta cuando Lauren tiene un hijo, que él no desea, que no parece reconocer, que no comprende. A pesar de todo, a pesar de las otras mujeres, de las desapariciones, de los momentos de rabia, a pesar de los desprecios; Lauren ama a Jason, y por ello soporta sus perdidas, sus viajes, su egoísmo, sus olvidos…todo, hasta que conoce a Michel; un vecino que ha olvidado todo sobre su propia vida. Y en ese descubrimiento de los meandros donde se ha escondido el origen de sus existencias y la reconstrucción del presente de Lauren, que no olvida, y la del pasado  olvidado y hasta remoto de Michel, y de la relación carnal, amorosa y vital entre los dos; se compone y recrea la novela.

La investigación, o el descubrimiento, sobre la vida de Michel llega hasta sus lejanos antepasados en Francia. En ella parecen redescubrirse los motivos olvidados de las cosas, la raíces de su mundo; y todo, toda esa maraña de personajes y sentimientos nace allá en los primeros años del siglo XX, surge desde un prostíbulo de París. Ahí parece estar el mundo originario. Un big bang nacido de un río y dos niños abandonados pero un solo Moisés, salvado por prostitutas y no por faraones. Así es el impulso seminal y primigenio de Michel: y que se manifiesta desde un mundo donde se mezcla el amor casi infantil por una bastarda nacida en el burdel, con un intento de asesinato, combinado y sumado con una película, casi más leyenda que realidad, que nació del amor de Adolphe. el antepasado de Michel, por el cine y su admiración por D.W. Griffith… Seguir y desentrañar madejas de existencias y rollos de películas no será tanto función de Michel como de otro personaje que sale de entre los entresijos de la novela, para saludar como imprescindible, amable y deslumbrante personaje de su reparto. Uno entre la legión de personajes que componen esas historias pasadas de familia y de sus alrededores, y que no son parte de un cuadro estático sino de una película de personajes principales y secundarios, donde se describe el pasado, el presente y el futuro de todo, y que acompañan a Lauren, a Jason y a Michel. Todos tan extraños como imprescindibles, tan surrealistas como evidentes, tan reales como soñados.

La vida de Lauren se desentraña más por sus miradas, por su actos, por lo que parece estar pensando o no estar haciéndolo, que por lo que Erickson cuenta directamente de ella. Es Lauren, la mágica mujer que habla con los gatos, la que parece vivir siempre en el mismo sitio aunque cambie de ciudades; Lauren la mujer bendita y sensual… sensual y sexual; la mujer que perdona en los ojos pero no olvida en su mente; la que acepta todo lo que le pasa pero no sabe la razón por lo que lo hace; Lauren, la que pensaba amar para siempre a Jason, hasta que ve el mundo de otra manera, ve a Michel, la persona que parece surgir de una imagen de su pasado, o, acaso, de la nada, o de los rumores olvidados, o del futuro… Lauren, la mujer que vive entre sueños y realidades, en ese lugar en la que parece confundirse todo lo que ha existido en el mundo y el presente y el posible futuro parecen encontrarse en algún momento, de nuevo o por primera vez, en la tierra; y en este caso en los ojos y cerebro de ella. La existencia cruza por nuestro lugar en el mundo, aprovecharla es solo una opción, lo estático o lo atónito o el movimiento tienen las mismas posibilidades para ella, las utilizará siempre con su lógica extraña y apabullante.

Días entre estaciones” habla del amor, de todos los amores: el filial, el sensual, el sexual, el oficial, el equívoco, el traicionado, el olvidado,……Pero lo hace sin aspavientos, lo hace mirando  sus desastres y caídas, sus victorias y decisiones erróneas, removiendo sus recovecos. Y como todo libro que habla de sentimientos, también habla de pérdidas: la perdida es consustancial al amor y al odio, al suspiro y la lágrima. Esa visión Erickson la crea sin frases ampulosas, ni románticas, nada más lejos de este libro; no, él lo hace desde lo explícito de la mirada, lo hace desde un fugaz susurro, de una mueca de rabia o de desdén, de un gesto que expresa más que una legión de palabras o un grito desorbitado. Así, el mundo que nos aparece se sostiene en bases sin raíces, porque puede que lo que te cuenta sea un sueño, o sea, solo, sensación de huida, de escapada, pero que siempre vuelve; todas las cosas están presas a una especie de Eterno Retorno, todo parece estar predestinado a verse de nuevo, a repetirse; hasta los sueños más improbables, parecen repetirse en la realidad. Así el mundo parece caerse y solo se puede sostener en un pequeño espacio que parece hecho de hierro, amor y sexo que es la relación de Lauren y Michel.

Días entre estaciones” es un libro magnífico sobre el amor, sí, pero también sobre la comprensión y el olvido -el imposible olvido-, sobre el perdón, sobre la casualidad y los sueños, sobre la investigación y el descifrado del pasado, sobre el azar de la vida y la predestinación, sobre la muerte y la pasión, sobre la fantasía y los fantasmas, sobre la nada y sobre todo lo que puede existir en el mundo…en los mundos…En ese universo que es la novela brota y deslumbra toda una generación de personajes surgidos de lugares recónditos de la literatura -ya dije más arriba que nada parece parecerse a Erickson, pero yo no conozco, por fortuna, toda la literatura-. Y lo cierto es que de los paisajes más austeros o más barrocos salen personajes incluso por las esquinas dobladas del libro, por los lomos del ejemplar, por el anverso de las hojas, y salen ideas extrañas, mundos casi paralelos, momentos casi mágicos donde parecen ser puro ejercicio sobre la belleza de un momento de la novela -lo bello en lo extraño, en lo derruido, en lo construido, en lo fascinante, en lo distinto-; y todo se une con los personajes y las historias, en principio casi inconexas pero que van casándose, fundiéndose en una sola vía: la de Lauren y Michel. Como un Adan y una Eva que no son inocentes porque no pueden ni saben serlo, pero que no tienen el pecado original porque son tan puros como pueden serlo los que no conocen qué es una serpiente ni qué es un dios, están más allá.

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Los gigantes dormidos, de Sylvain Neuvel

los gigantes dormidos

los gigantes dormidosLos mechas no son muy populares por estos lares, y mucho menos en la literatura de ciencia ficción que por aquí se consume. El único referente que tenemos en este país es Mazinguer Z, y solo para mi generación, la que creció con dos canales de televisión, tres si tenías autonómico, y que cursábamos aquello de la EGB. En los noventa, algunos mangas con más o menos fortuna también tocaron el tema.

Estos robots gigantes tripulados tan espectaculares, parece que por fin empiezan a dejarse ver por aquí, Los gigantes dormidos es una buena muestra de ello, además de algunas novelas más que llegaran en 2017.

La historia de esta novela ya la hemos visto antes; Sylvain Neuvel, doctor en lingüística, ingeniero de software, vendedor de helados e incluso descontaminador de suelos, colgó esta historia por entregas en una página web. Tal fue el éxito (la web de reseñas Kirkus Reviews le otorgó el premio a mejor novela indie en  2015)  que una editorial se decidió a publicarla en papel. Después llegaron la venta de los derechos a Sony para hacer una película y los elogios de tipos como Blake Crowch, autor de la trilogía de Wayward Pines.

Rose Franklin, de once años, sale a dar una vuelta con su nueva bicicleta. Llega hasta las afueras de la urbanización donde vive, que linda con el bosque, y se adentra un poco entre los árboles. Una luz brillante llama su atención, así que aparca su bicicleta y se acerca a ver cuál es la causa de dicho resplandor. Lo siguiente que recuerda es despertar en el fondo de un agujero, rodeada de bomberos, aturdida y al parecer, encima de una mano gigante de aspecto metálico.

Diecisiete años más tarde el caso de la mano gigante sigue sin resolver, pero el expediente acaba de ser transferido a la universidad de Chicago y para dirigirlo han contratado a una de las científicas más prestigiosas del país, una mujer llamada Rose Franklin, la niña que encontró la mano. Rose monta un equipo con lo mejor de lo mejor y no tarda en empezar a tener buenos resultados, incluso descubre la manera de encontrar más piezas de ese supuesto robot gigante si es que hubiera más por ahí enterradas.

La historia, sin revelar demasiado, toma la dirección que uno espera, las piezas del robot van apareciendo por todas partes del mundo y el robot va siendo ensamblado al mismo tiempo que el equipo intenta desvelar como hacerlo funcionar. Neuvel sabe cómo atrapar al lector, las dosificaciones de información están milimetradas, la acción está perfectamente medida, los cliffhangers son numerosos. Es ese aspecto recuerda mucho a un thriller, de hecho se podría considerar un thriller de ciencia ficción, con todo lo bueno y todo lo malo de esa etiqueta.

Una de las cosas que me ha gustado y que le da buen ritmo a la novela es la manera en que está concebida. Nada de una historia lineal convencional, Neuvel ha montado la trama a base de informes. Cada informe pertenece a un personaje, a veces central, ya que no hay un único protagonista, a veces secundario, a veces anónimo. Incluso hay informes de una cámara de vigilancia. Cada informe un capítulo diferente, un espacio diferente, entrelazados entre sí formando una historia única con diversos puntos de vista.

Los gigantes dormidos es una novela entretenida y adictiva, con algún fallo que otro, pero bien formulada y con un buen trabajo detrás. De estilo sencillo y directo, Neuvel es claro y conciso, sin entrar demasiado en profundidad en cuestiones técnicas sobre el robot o la tecnología empleada en construirlo, hacerlo funcionar y demás. Puede que se quede corto para alguien acostumbrado a leer mucha ciencia ficción, un lector de ciencia ficción dura, o alguien que busque algo más que un simple entretenimiento. Pero será suficiente para el resto. Y aunque para mi gusto, la historia pierde un poco la esencia hacia la parte final de la trama (por la dispersión y el cambio constante de rumbo de la historia),  Neuvel sabe volver a cogerte con un final sorprende (aunque quizá no demasiado inesperado si estabas un poco atento) y consigue inocularte las ganas de lanzarte a por la segunda parte.

En definitiva, una novela para empezar a cogerle el gusto a la ciencia ficción y profundizar en eso tan chulo que son los Mechas.

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Assassination Classroom 15, de Yusei Matsui

assassination classroom 15

assassination classroom 15«¡El sonido de los disparos retumba en el aula a primera hora de la mañana! La clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka es un aula de asesinato en la que todos los alumnos intentan matar a su profesor. ¡Empieza una peculiar dinámica diaria entre profesor y alumnos, que son víctima y asesinos en potencia respectivamente!».

Las premisas de los mangas suelen plantear dilemas morales muy atrayentes. Por eso, cuando leí la sinopsis de Assassination Classroom, de Yusei Matsui, no me fijé en nada más y me lancé a leerlo. Entonces me percaté del número 15 que acompaña al título y me di cuenta de que me había perdido demasiados capítulos de esta historia. Obviamente, me temí lo peor. Pero la presentación de personajes, el breve resumen inicial y los continuos recordatorios de acontecimientos anteriores han hecho posible que me ubicara en la trama y disfrutara de este volumen en solitario, aunque haya comenzado la lectura en un punto avanzado de la historia. Queda claro que, un tiempo atrás, un monstruo destrozó la Luna y, después de anunciar que dentro de un año haría lo mismo con la Tierra, se convirtió en el tutor de la clase 3º-E, donde acaban todos los alumnos que se portan mal, despreciados por el resto de la escuela. En el volumen 15 están a mitad de curso y este peculiar profesor ya ha salido airoso de más de una tentativa de asesinato. Los alumnos, muy aplicados, no dejan de intentarlo, por supuesto.

Es inquietante que tu tutor sea un monstruo que amenaza con destruir el mundo. Que el objetivo de la asignatura sea matarlo, también, y más aún cuando su nombre, Korosensei, significa «profesor imposible de matar». Pero el colmo es su ¿simpático? aspecto, su amabilidad y su perenne sonrisa.

korosensei

«Uno: Tratad de matarme de modo que os puedan mirar con orgullo y una sonrisa en el rostro.
Dos: Aceptaré cualquier intento de asesinato en cualquier momento, siempre y cuando eso no suponga un obstáculo a vuestros estudios.
Tres: No haré ningún daño a los alumnos que traten de matarme. Más bien me encargaré de que no se oxiden los cuchillos».

Según Korosensei, no los está enseñando a matar, sino a vivir. Tanto él como el director y los alumnos dejan algunas reflexiones sobre los ideales educativos y la muerte, y ahondan en esa dualidad de la moral de la que hablaba al principio. Su lectura, al igual que la de otros títulos manga, te deja con la sensación de no saber diferenciar el bien del mal.

En el volumen número 15 de Assassination Classroom se desvelan algunos secretos que sorprenderán a los que siguen este manga desde el principio, y estarán un poco más cerca de saber el verdadero motivo por el que hay que matar al encantador Korosensei antes de que finalice el plazo de un año. A los lectores despistados como yo, les plantea las suficientes preguntas para que se interesen por esta colección y quieran descubrirla desde el principio. Son 21 volúmenes (si no me equivoco) y además hay película, anime y videojuego inspirados en ellos. Así que, después de todo, no he llegado tarde: me queda mucho por descubrir de Assassination Classroom y su desconcertante protagonista.

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El despertar del Leviatán, de James S. A. Corey

El despertar del Leviatán

El despertar del LeviatánEl humano es de naturaleza exploradora; un primate curioso siempre ansioso por descubrir nuevos lugares. Antaño, siendo nómada, podía saciar esas ganas de sondear lugares recónditos a menudo. Luego llegaría la agricultura, y con ella el sedentarismo. Evidentemente había que quedarse en ese lugar para ver cómo crecían los tomates para posteriormente recolectarlos. Pero a pesar de todas esas ciudades colmadas de relativa comodidad, el humano aún percibía como ardía el fuego de la exploración en su interior. Por eso Cristóbal Colón descubrió América. El mismo motivo condujo a Roald Amundsen a dirigir una exitosa expedición a la Antártida para alcanzar el Polo Sur. ¡Y qué decir de la competición que llevaron a cabo rusos y americanos por ver qué nación exploraba más y mejor el espacio exterior! El final de esa carrera acabaría con los americanos dando saltitos en la Luna. Pero también serviría para sembrar el germen de una exploración más profunda, con los ojos de las agencias espaciales puestos en el planeta rojo.

Y mientras en la actualidad se suceden los descensos de naves de exploración en Marte, muchos miramos a la estrellas, y en vez de ver puntitos de luz, vemos nuevos lugares que colonizar. Y, en mi caso, siempre me hago la misma pregunta: ¿Conseguiré vivir lo suficiente para ver cómo el ser humano se expande por el Sistema Solar? Mientras eso no ocurra solo hay una forma de dejar la Tierra con destino a las ciudades cúpula de Marte, el puerto estelar de Ceres o los anillos de Saturno. Y ésta es mediante la imaginación, exaltándola sobre todo gracias a libros como El despertar del Leviatán.

En El despertar del Leviatán el Sistema Solar ya pertenece a los humanos. La Tierra y Marte son las dos súper potencias que gobiernan con puño férreo, a pesar de que entre ambos planetas hay rencillas; provocando así que en el Sistema Solar haya una calma tensa. No en vano son los planetas con más armamento. Vamos, lo que viene siendo una guerra fría a nivel interplanetario. A eso hay que añadirle que los habitantes del Cinturón, que sería como el extrarradio del Sistema Solar, no están muy contentos con las condiciones que se negocian para con sus ciudades. Por ello existe la Asociación de Planetas Exteriores. Para unos, terroristas; para otros, guerrilleros revolucionarios. Lo que es irrefutable es que son rebeldes con ganas de cambiar las cosas. Con este panorama tan tirante solo faltaba que apareciera una nave, la Scopuli, abandonada y vagando por el espacio, y que la Canterbury, que iba en su rescate, fuera atacada. ¿Quién ordenó el ataque? Y, ¿con qué motivo? Únicamente os puedo recomendar que os agarréis con fuerza a vuestro sillón porque la velocidad a la que vais a transitar por este libro os dejará aplastado en él.

Tras esta space opera nos encontramos a Daniel Abraham, autor de ciencia ficción y fantasía, y a Ty Franck, mano derecha de George R.R. Martin a la hora de adaptar Juego de Tronos a la pequeña pantalla; ambos, unidos en una perfecta sincronía, una simbiosis que todos deberíamos agradecer, trabajan bajo el seudónimo de James S. A. Corey. Estos dos señores tienen claro lo que quiere el público, lo que tiene gancho y cómo convertir al lector en un adicto que no dudará en dejarse las pestañas leyendo para llegar al clímax de la novela. Y es que al final todo está en el ritmo, y James S. A. Corey dosifica a partes iguales investigación y acción haciendo que se mezclen, sin pisarse, y manteniendo un interés que va in crescendo y que en mi caso me llevó a morderme las uñas por primera vez.

Todo el peso de la historia se asienta sobre los hombros de dos personajes; los dos protagonistas que, como antes he dicho, dividirán la novela en dos partes muy significativas, intercalando capítulos. Por un lado tenemos a Miller, un policía con tendencias suicidas que se obsesionará con el último caso que le ha sido asignado: la búsqueda de una chica que viajaba en la Scopuli. Su personalidad goza de cierta complejidad y es inevitable cogerle cierto cariño, a pesar de que por su cerebro pasan cosas muy feas. Su historia, a ritmo de thriller de investigación, se cruzará con Holden, segundo de a bordo de un transportador de hielo: La Canterbury. Holden es un buenazo, un idealista, demasiado honesto y en ocasiones ingenuo. Las aventuras que éste vive a bordo de diferentes naves son de infarto. Os avisé que os agarrarais al sillón. Cuando Holden y Miller se encuentren se verán obligados a colaborar, aunque eso signifique que en más de una ocasión salten chispas.

Pero además de una prosa que te hace pensar en una de esas buenas pelis palomiteras de ciencia ficción y unos buenos personajes, una space opera debe tener más elementos clave, tales como: aventuras por el espacio, todo tipo de naves con acojonantes avances tecnológicos, batallas, una chispita de amor y ciudades futurísticas (si son oscuras, un poco opresivas y contrarias al término hogareño, mejor que mejor). El despertar del Leviatán cumple con todos esos aspectos. Además no deja de lado cierta rigurosidad científica (en lo referente a las aceleraciones de las naves y los efectos que ésta produce en un cuerpo humano) pero siempre, y como debe ser, tomándose necesarias libertades especulativas (el zumo, el jaleo que se lía en Eros, la titánica Nauvoo, etcétera).

Y si al final todo esto no es un batiburrillo que suene a chino es gracias también al traductor David Tejera Expósito (traductores, grandes olvidados de la historia de la literatura) que hace un trabajo excelente no solo traduciendo, sino también adaptando nombres y términos que en una novela de este género, y como bien suponéis, no son pocos. Solo cabe finalizar con una simple pregunta: ¿Para cuándo tendrá pensado Ediciones B publicar la segunda parte de la saga The Expanse?

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Gran Hotel Abismo, de Marcos Prior y David Rubín

gran hotel abismo

gran hotel abismoAtento a la pantalla; empieza el show. Tras la mayestática musiquilla introductoria aparece el presentador. Apenas se ven los hilos que lo hacen hablar y moverse. Sus gafas de pasta tiemblan cuando su boca se lanza de lleno a una confusa perorata informativa. Los bancos siguen ganando dinero y propiedades mientras cientos de personas son desahuciadas, abandonadas a su suerte. La banca siempre gana. El gobierno mira para otro lado, pero extiende la mano para recoger su sobre. Cambio de canal. El presentador, que parece igual que el anterior, da paso a otra noticia. El político de turno, de grasiento peinado y sonrisa libidinosa, anuncia nuevos recortes a la vez que promete más trabajo. Parados sin ningún tipo de ayuda no pueden ver su comparecencia, la luz les fue cortada y una vela es su única esperanza. Velas que, en la quietud de la noche, prenden cortinas y calcinan personas. Noticias efímeras que son engullidas por la vorágine de la rabiosa actualidad. Como cuando un político corrupto es encontrado, botella de whisky en la mano, con el corazón roto por falta de uso. Prohibido alegrarse, prohibido pensar diferente, prohibido pensar. Aprieta bien esa mordaza. Cambio de canal. Un presentador de misma manufacturación que el anterior habla de protectores del orden y la paz que evitan, satisfactoriamente, golpeando, hiriendo, vaciando cuencas oculares, una manifestación. Cambio de canal. Cambio de canal. Cambio de canal. Así empieza el día El Animador. Un tipo que utiliza las noticias como carburante para su entrenamiento. Un hombre sin rostro, sin nombre; un ideal. Alguien que podrías ser tú. Una persona que, cansada de ser pisoteada por las instituciones que deberían cuidarle, se convertirá en el instigador de una violenta revolución en el explosivo inicio del cómic Gran Hotel Abismo.

Gran Hotel Abismo de David Rubín y Marcos Prior empieza donde concluía el V de Vendetta de Alan Moore: con una explosión que hace saltar por los aires el parlamento; fuegos artificiales que inauguran una violenta y necesaria revolución. A partir de aquí se nos muestra, como en este país ficticio ubicado en un futuro no muy lejano, la sociedad se alzará para luchar contra los tiranos que los esclavizan. El cómic se compone de cuatro capítulos que bien pueden leerse por separado, pero que leídos en conjunto forman parte de un todo mucho más enriquecedor e incómodo. Incomodidad sobretodo que surge cuando se descubre que, los medios de comunicación, hilo conductor de la narración, tan presentes en la historia (más incluso) como lo estaban en El regreso del caballero oscuro de Frank Miller, hablan de noticias que nos suenan. Porque, aunque David Rubín y Marcos Prior han ubicado el relato en un supuesto futuro distópico, las escenas que se nos revelan tras ir pasando páginas, ya las hemos presenciado por televisión. ¿Manifestaciones pacíficas acalladas a golpes de porra? Visto. ¿Enfrentamientos entre la policía y el cuerpo de bomberos? Visto ¿Políticos ladrones que se ríen en tu puta cara mientras rescatan bancos con el dinero público, o el contertulio “cuñao” (sí, el de las gafas, con rostro de lechón y con nombre de pasodoble verbenero que se baila en las bodas) que vomita falacias, insulta o hace apología de temas con hedor a naftalina putrefacta mientras se santigua? Hasta los huevos de verlo. También es cierto que, como el capítulo dos, de título Suite, los autores llevan a cabo el experimento mental que cientos de veces ha pasado por la cabeza del pobre ciudadano de a pie. Aquí Rubín y Prior nos cuentan las peripecias de un tipo de traje y corbata, de los que tienen cuentas en paraísos fiscales, que es secuestrado y obligado a vivir con la pensión media que recibe un jubilado.

¿Qué Gran Hotel Abismo será tildado de cómic panfletario? Eso seguro, sobre todo si no se lee y se observa en profundidad (varias lecturas necesarias con los ojos bien abiertos). Solo así se descubre que tras la sátira política hay una crítica, nada sutil, de la violencia institucional, del dominio que ejercen las multinacionales sobre los gobiernos y por ende en nuestras propias vidas (véase, en el cómic, a la policía patrocinada por Paypal, Nintendo o Fujitsu), o de ese pueblo aborregado que mientras no carezca de su “opio” es capaz de aguantar lo que sea antes que salir a manifestarse.

Antes he dicho que no solo hay que leer, hay que observar; y mucho. Porque las historias transcurren por ciudades repletas de detalles que, gracias a la superioridad visual que otorga el formato apaisado que nos ha brindado Astiberri, tornan más consistente el mundo del que Rubín y Prior nos hacen partícipes. Como el Mickey Mouse que parece estar presente en todas partes como emblema de la nación, los hospitales que pertenecen a la cadena de comida rápida McDonald’s o las grasas trans 100% garantizadas en toda buena dieta. Todo ello dibujado por un David Rubín más visceral que nunca. Que nos regala la vista con su mejor talento y un uso del color portentoso, pero también machacando, adrede, nuestras retinas (tan maravillosa, como dolorosa la doble splash page de la explosión) para que en ningún momento nos sintamos cómodos del todo. Porque, ¿qué revolución lo es? A esto hay que añadirle todos esos cameos, desde políticos y contertulios, pasando por Kaneda, protagonista de Akira, El Eternauta, Rorschach de Watchmen, la portada de Fagocitosis de Marcos Prior o el oso Sigfrido, personaje principal de La tetería del oso malayo.

Gran Hotel Abismo, que remata la faena con unos extras en los que los autores nos detallan el proceso de creación de un puñado de páginas, es un cómic tan contundente como necesario. Es, como se avisa al principio, gratamente perjudicial, porque te obliga a reflexionar, más de lo que estamos acostumbrados a hacerlo en el noveno arte. Y al hacerlo, al reflexionar largo y tendido, notas como tu Tyler Durden, al que los autores pretendían despertar, bosteza, se despereza y sonríe.

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