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Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler, de VV. AA.

power man y puño de hierro héroes de alquiler

power man y puño de hierro héroes de alquilerHará cuestión de un mes que se estrenó el tráiler de The Defenders. La nueva serie de Marvel  reunirá a Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Power Man; más conocido en el universo televisivo como Luke Cage. Las primeras sensaciones que me dejó tras su visionado fueron buenas. Pero cabe mencionar que, y esto es solo mi opinión personal, el carisma de Luke Cage parecía ganar enteros al aparecer arropado por sus nuevos compañeros de hazañas. El héroe de color que en sus andanzas en solitario había conseguido que no parara de bostezar y que incluso llegara a echar alguna que otra cabezadita, ahora lograba captar mi atención. Tal vez solo sea una ilusión de casi dos minutos y medio (aproximadamente lo que dura el tráiler) que se desvanecerá una vez empiece la serie. Espero que no. Este hecho me ha recordado que en la industria del cómic, en más de una ocasión, unir a superhéroes que por separado pasaban sin pena ni gloria era la solución para animar un poco a los lectores a rascarse el bolsillo, y de paso salvar a esos personajes que en algunos casos habrían caído en el olvido. Luke Cage y Danny Rand. Power Man y Puño de Hierro. Ellos fueron dos de esos personajes que al unirse generaron más repercusión que por separado. El transcurrir del tiempo convirtió sus aventuras en Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler en una lectura a tener en cuenta.

Luke Cage era un delincuente de poca monta especialista en moverse por los bajos fondos de la ciudad; un tipo chungo que cuando entró en prisión lo hizo por un crimen que no había cometido. Allí fue utilizado como conejillo de indias para un experimento que, tras un error, le otorgó una fuerza sobrehumana y transformó su cuerpo en acero puro. Así nació Power Man. Un personaje negro, más chulo que un ocho, con un pelazo a lo afro que sería la envidia de cualquier afroamericano residente en Harlem y con una vestimenta hortera que parecía habérsela robado a los integrantes del grupo Boney M. Por otro lado tenemos a Daniel Rand que, tras la pérdida de sus padres en el Himalaya, fue adoptado por los monjes guerreros de la ciudad mística de K’un-Lun. Durante diez años se entrenó sin descanso hasta convertirse en el arma viviente, en Puño de Hierro. Ahora viste un traje que parece sacado de una peli de artes marciales de serie B y reparte justicia y venganza a partes iguales. Cuando Power Man y Puño de Hierro descubrieron que sus encuentros fortuitos se dilataban en el tiempo decidieron convertirse en emprendedores y fundar la agencia Héroes de Alquiler; convirtiéndose así en los primeros superhéroes que descubrían que el altruismo no pagaba las facturas, y en los primeros también en tener quebraderos de cabeza con el IVA y el IRPF.

Unir a Power Man y a Puño de Hierro es unir las películas de Blaxploitation (en donde el protagonista es un negro que se mueve por barrios de afroamericanos a ritmo de música funk o soul mientras reparte sopapos a diestro y siniestro entre los malos de turno) y las películas de artes marciales, en especial las de Bruce Lee. Buena mezcla, ¿eh? Si el cóctel es explosivo es gracias a la guionista  Mary Jo Duffy que consigue que la relación entre los dos personajes tenga sus tiras y aflojas. Recordemos que Luke Cage es un tipo pobre acostumbrado a los barrios humildes y que Daniel Rand es un niño rico algo inocentón que, sin maldad alguna, en ocasiones quiere solucionar problemas a golpe de talonario. Esta tensión se diluye con los momentos, muy bien medidos, de humor que consiguen que entre ellos se establezca un gran vínculo afectivo.

Y entre las risas y el mal rollo se encuentra el trabajo detectivesco. Porque en Héroes de Alquiler se dedican a eso, a patearse las calles para resolver casos de asesinatos, de robos, de secuestro, etcétera, hallando casi siempre involucrado a un supervillano que solo entrará en razón después de una buena tunda. Villanos como Dientes de Sable, el Monolito Viviente o Montenegro que en ocasiones les pondrán las cosas tan difíciles a nuestro dúo que deberán cooperar con los X-Men, Daredevil o La Hijas del Dragón, entre otros, para conseguir que muerdan el polvo.

Sin lugar a dudas Mary Jo Duffy hizo un trabajo excelente en esta etapa que Panini Cómics recoge en un tomo de 704 páginas. No se puede decir lo mismo de los dibujantes, pues aunque formó una pareja perfecta con Kerry Gammill, el cual dibujó de forma notable y con gran detallismo la mayoría de las aventuras de este tomo, algunos, como Lee Elias o Trevor Von Eeden, no pasaban de un dibujo correcto y otros, como Denys Cowan, intentando emular el estilo de Frank Miller, dejaba para la posteridad algunas viñetas de calidad paupérrima. Y ya que ha salido el señor Miller a relucir, no puedo más que recomendaros ese capítulo en el que Daredevil (solo unos pocos años antes de que el diablo de La Cocina del Infierno alcanzara la excelencia en la obra Born Again) se cruza en el camino de Power Man y Puño de Hierro.

En definitiva, Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler es un clásico, un referente de los cómics de superhéroes de los años setenta que no deberían perderse aquellos que disfruten de una buena aventura detectivesca con su debida cuota de acción.

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Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados, de Joe Hill

Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados

Tales from the darkside. Los guiones nunca rodadosLa sangre llama a la sangre; el terror acecha al terror. Joe Hill escribiendo para la serie televisiva Historias del Más Allá es rizar aún más el rizo de hasta dónde puede llegar un buen relato de horror. Qué coño, tres relatos. Sin excepción.

Todo seguidor de la literatura fantástica y de terror sabrá ya de sobra quién se esconde tras el seudónimo de Joe Hill, se ha comentado en otras reseñas, pero nunca viene mal recordarlo porque además, en esta ocasión, vuelven a tener un lazo en común más allá de su relación familiar. El padre del terror moderno, Stephen King, es padre también de Joe Hill (Joseph King). Además del enorme parecido físico ha heredado una ambiciosa creatividad literaria que demuestra en sus diversos relatos cortos, novelas, cómics y en el caso que en esta reseña nos ocupa, Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados. «Como escritor me pone y me sigue poniendo escribir para televisión», reconoce.

Pensados para ser televisados —en un fanzine dedicado al fantástico leí que el director M. Night Shyamalan se encargaría de dirigir algunos de los episodios—, el escritor Joe Hill escribió los guiones para tres historias. En un principio debía escribir guiones de veinticuatro páginas, como en los cómics, ya que se tratarían de capítulos de treinta minutos de duración. Tras la experiencia como guionista de cómics —Spiderman o Locke & Key— el encargo le resultó de lo más placentero. Escribió dos episodios y le añadió uno más largo que abarcaría un capítulo de una hora de duración y relacionaría a las tres historias. Todo estaba listo para llevarse a la pequeña pantalla, pero finalmente la cadena de televisión no terminó de llevar a cabo el rodaje por considerarlos, quizás, un proyecto muy ambicioso para lo que aquella cadena podía permitirse y nunca llegaron a rodarse. Los fans del terror tuvimos, al menos, la suerte de poder degustar esas historias en otro formato, el cómic Tales from the darkside. Para ello se contó con el dibujante Gabriel Rodríguez, que ya trabajó junto a Joe Hill en Locke & Key, y a Michael Benedetto que se encargó de adaptar las historias. Sin duda, un genial modo de poder descubrir esas historias que quedaron huérfanas.

Pero faltaba un detalle. Digamos que publican un ep con tres canciones cojonudas. La banda que toca esas canciones la forman Matt Cameron (Soundgarden, Pearl Jam), Flea (Red Hot Chili Peppers), Jack White (White Stripes) y Steven Tyler (Aerosmith). Mola, ¿eh? El disco es lo más, suena genial, pero sabes que las canciones que tocan las compusieron McCartney, Lennon, Harrison y Ringo. ¿No desearías poder escuchar la versión original de los Beatles? Pues gracias a Panini podemos. No escuchar a McCartney y a Lennon juntos, obviamente, pero sí poder leer el guión original de su creador, Joe Hill: Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados.

Lo que he descubierto en este libro es el guión desnudo que Hill escribió para sus historias; la visión que él tenía de cómo quedarían esas imágenes en pantalla con sus fundidos, sus flashbacks, los diversos planos. Pensé que sería más tedioso de leer. Craso error. La lectura es amena, casi como un relato corto con elegantes ilustraciones y una cuidada estructura. De casta le viene al galgo se suele decir y Joe Hill ha heredado de su padre el estilo atractivo y absorbente con ciertas referencias rockeras (¿a que ahora lo de los Beatles está mejor hilvanado?) y unas situaciones muy originales en las que un evento del Más Allá desfigura la realidad de sus personajes. La versión en cómic es la muestra visible de lo que Joe Hill quería representar, pero al ser una adaptación le falta ese toque original que solo él sabe darle. Además, parte de las historias se entienden mejor en este libro con el guión completo. El libro, con un tamaño menor al formato álbum, tiene una preciosa portada con todos los personajes que conforman sus historias, las mismas que se desarrollan en el cómic adaptado.

Comentaba acerca de un lazo de conexión entre Joe Hill y su padre aparte de su relación familiar y es que Stephen King ya escribió el guión para un episodio de Historias del Más Allá y que su hijo no ha pasado por alto ni mucho menos mencionándolo y haciéndolo visible dentro de sus historias. La sangre llama a la sangre. Es por tanto este libro la versión original de esas canciones de los Beatles que nunca llegaron a publicarse y la mejor de las piezas de coleccionismo para todo lector de Joe Hill.

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El Multiverso, de Grant Morrison

El multiverso

El multiversoEl Multiverso DC empezó a dar sus tímidos pasitos en la Edad de Oro, pero no fue hasta la Edad de Plata cuando realmente emergió como un concepto para dar sentido a la existencia de diferentes versiones de los personajes de la editorial. Entonces el multiverso creció y creció, se expandió tornándose algo complejo y confuso que traería, a partes iguales, quebraderos de cabeza e hitos en la historia del cómic.

Flash de dos mundos, cómic aparecido a principios de los 60, sería el percutor para empezar a cruzar historias entre mundos paralelos. En el cómic en cuestión Barry Allen se trasladaba a una tierra alternativa en donde conocía a Jay Garrick, el Flash de la Edad de Oro. Con este hecho Allen descubría dos cosas: que lo que es ficción en un mundo en otro es real y que las diferentes tierras vibraban en una frecuencia específica. Conocer esa frecuencia era el primer paso para viajar de una a otra. Así nacieron Tierra-Uno y Tierra-Dos; las dos primeras de un sinfín de nuevas tierras. ¿Me seguís? ¿Todavía estáis ahí?

Con la creación de las diferentes tierras, DC ya tenía una excusa para ir ubicando no solo diferentes versiones de sus superhéroes más icónicos (Superman, Batman , Wonder Woman, etcétera), sino que además encontró un lugar para todos esos personajes que fueron llegando a medida que DC iba adquiriendo nuevos sellos editoriales. Y todo esto hubiera estado muy bien si se hubiera conservado cierto orden. Se intentó, pero algunos guionistas descuidados juntaban a personajes de diferentes tierras sin hacerlos trasladarse previamente; otros simplemente crearon errores garrafales de continuidad. El caos se apoderó del multiverso.

Había que poner orden en el caos, y para ello en ocasiones es necesario destruirlo todo para volver a empezar; fue entonces cuando nació la miniserie Crisis en Tierras Infinitas. En este colosal crossover un peligro a nivel multiverso fue la solución para simplificar el concepto, eliminando tierras paralelas y fusionando otras. Vaya jaleo, ¿eh? Venga, una aspirina y continuamos.

A pesar de que ya se había establecido cierto orden, el concepto de multiverso era demasiado suculento como para dejarlo escapar, así que tras muchas historias con más o menos éxito DC lo recuperó para una serie denominada 52 en la que finalmente se definieron ciertas normas y parámetros, además de tierras paralelas limitadas para que la anarquía no volviera a reinar. Luego Flash (de nuevo Barry Allen en el epicentro del tinglado) en Flashpoint, y sus malabares con las líneas temporales, sería la excusa perfecta para reiniciar algunas series y retomar otras que habían quedado en suspenso.

Bien, ahora que ya os he puesto en contexto, y si todavía queda alguien leyendo, o que todavía no se haya dormido, podemos continuar con El Multiverso de Grant Morrison, serie de nueve números en la que el guionista escocés nos revela el Multiverso DC, el definitivo, pero que además aprovecha tal coyuntura para dar un merecido homenaje al Crisis en Tierras Infinitas de 1985.

El Multiverso se inicia con una llamada de auxilio, un S.O.S. recibido por Nix Uotan y su compañero, el mono conocido por Sr.Stubbs. Como buenos investigadores multiversales se trasladarán a la tierra que ha lanzado la llamada de auxilio para encontrarse con que unos seres que se hacen llamar La Nobleza han destruido Tierra-7. Este primer número esboza los fundamentos que hallaremos en las otras ocho historias. Diferentes tierras y cada una con su crisis particular. Y como nexo de unión un cómic “maldito” que no tiene mayor relevancia que la de hacer que los personajes progresen en sus respectivas tramas y que el lector visite diferentes tierras.

Cada una de esas tierras nos mostrará sus principales héroes o villanos y las alteraciones ocurridas en esos mundos. Así pues, en Mastermen, con Jim Lee a los lápices, se nos revela una realidad alternativa en la que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial con ayuda de una Liga de la Justicia nazi. Ucronía típica, y utilizada hasta el hastío en la ciencia ficción, pero que sigue funcionando si a los villanos les siembras una chispa de conciencia y moralidad. Con todo, no es esta la mejor de las historias. Tampoco lo es La Sociedad de los Superhéroes, en la que Tierra-20 y Tierra-40 se sincronizan con consecuencias catastróficas. Fascinante narración que junto al dibujo de Chris Sprouse se convierte en una bonita oda a los cómics clásicos de superhéroes.

Pax Americana y Ultra Cómics son los robustos pilares de este tomo integral editado por ECC. El primero es una historia repleta de simbología, de cariz paradójica y de armonía milimétrica que funciona como un motor bien engrasado. Un cómic que homenajea a Watchmen tomando algunos de los conceptos que planteó Alan Moore, pero dándoles una nueva vuelta de tuerca que obliga al lector a releer una y otra vez (a veces del final hacia el inicio) para descubrir las diferentes capas que confeccionan el relato. Frank Quitely, con su capacidad de dibujar rostros duros y marcados, su detallismo en cada insignificante elemento y la forma excepcional de disponer viñetas, vuelve a demostrar ser la mitad perfecta para completar ese consorte artístico que resultan ser él y Morrison.

Ultra Cómics es Grant Morrison en estado puro. Ese Grant Morrison que a más de uno nos hace pensar si este hombre hace uso de algún tipo de narcóticos para crear sus guiones. Ultra Cómics es un héroe pero también resulta ser el cómic que está infectando el multiverso. Un ejercicio soberbio de metaliteratura y de narración presuntuosa que alcanza su objetivo cada vez que el personaje rompe la cuarta pared para hablar con el lector y obligarlo a no seguir leyendo. Pero si entráis en el juego que plantea Morrison, si os prestáis a ello, llegaréis hasta ese clímax que resulta tan ambiguo como abierto; tal vez una invitación para que alguien más pueda recoger el testigo y continuar con la labor de añadir más matices al multiverso.

El Multiverso es una serie tan brillante como difícil de definir (con Grant Morrison siempre lo es), un cómic que es solo una sublime muestra de la poliédrica configuración que puede llegar a tomar toda historia que penetre en los cimientos del Multiverso DC.

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Másters del multiverso, de Sergi Escolano

másters del multiverso

másters del multiversoEl humor ya no es lo que era. Ahora existen ciertos límites. Fronteras, custodiadas por seres que nacieron ofendidos, que no se pueden traspasar. Y si lo haces debe ser en petit comité; en la intimidad de lugares clandestinos. Como ese grupo de whatsapp que todos tenemos, en el que el libre albedrío campa a sus anchas y en el cual, normalmente, salen a colación temas que de hacerse públicos te convertirían en el enemigo público número uno del estado (si no contamos al Gran Wyoming) por haber ido demasiado lejos, y que posiblemente, y más importante, harían sonrojar a tu pobre abuela.

Así pues, cuidado, que nadie se percate de que cuentas chistes de humor negro antes de que el cadáver se haya enfriado. Ojo con reírte de mi tendencia política. A la iglesia y a mis creencias, ¡ni tocarlas! ¿Y a las demás? A las demás sí. ¿Puedo hacer chistes sobre tu suegra? Sí. ¡Pero si está muerta! No importa, con las suegras no hay veto. Y si al final decides hacer partícipe de tus chistes al resto de mortales, que sepas que tal vez debas pagar un peaje. Unos cuantos chistes de 140 caracteres pueden conseguir que des con tus huesos en la cárcel. (Y luego nos quejamos de los peajes en Cataluña). Que levante la mano el que todavía espera que los magistrados de la Audiencia Nacional salgan con sendas narices de payaso, presionándoselas como si se estuvieran palpando el escroto en busca de un tumor, para anunciar: “¿Cómo están ustedes? Era todo una broma amiguitos”. En ocasiones, sobre todo cuando ocurren este tipo de hechos anacrónicos con el humor como principal diana (subterfugio de motivos más oscuros y represivos) me pregunto si no estaré viviendo en una realidad paralela. Una en la que el humor, antaño usado para arrancar sonrisas, se esté convirtiendo en un arma necesaria que esgrimir contra la solemnidad, la caspa, el puritanismo y la corrección congénita. Si esto es así, Másters del multiverso de Sergi Escolano es un (tomad nota trío de las Azores) arma de destrucción masiva.

En Másters del multiverso, publicada por la editorial Pez de plata, acompañaremos a Boni en sus aventuras por diferentes universos paralelos. Boni no es más que un chaval normal, algo friki, pringado y pagafantas que bebe los vientos por Carla, una choni que está enamorada del matón del barrio. Un buen día Boni descubre a un tipo clavado a él que dice ser un viajero interdimensional. Boni se unirá a ese extraño viajero para eliminar a Hades, el villano de turno que planea destruir todo el multiverso. Para evitarlo deberá trasladarse a diferentes realidades, a cual más estrafalaria. Con este pretexto Sergi Escolano nos embarca en una novela de ciencia ficción con grandes dosis de humor. Irreverente como en la serie de animación Rick y Morty. En ocasiones absurdo al más puro estilo Monty Python. En otras, y valiéndose de esas otras realidades, repleto de sátira; un humor patrio que en ciertas ocasiones puede recordar al de Pablo Tusset o a las tiras cómicas de la revista El Jueves. Y aunque el humor es el principal aliciente de la novela, cabe destacar que el autor, licenciado en física teórica, explica con soltura, y en un lenguaje muy ameno, qué es eso de las realidades divergentes, que no paralelas. Además, y a lo largo de la novela, realiza un bello homenaje a la literatura, en particular a autores como Borges, Ray Bradbury, Orwell o Philip K. Dick.

Es incuestionable que el punto más fuerte de la novela es su humor satírico; humor que en ocasiones alcanza niveles corrosivos comparables con la sangre de un Alien. Y es que Sergi Escolano lanza dardos, a dos manos, con destino a todo lo que en nuestro país huele a naftalina, y acierta, con buena puntería, transformando en brotes de hilaridad y en carcajadas sonoras tristes acontecimientos de nuestra historia u organizaciones (¿mafiosas?) a las cuales nos hemos acostumbrado, peligrosamente, a que rijan nuestras vidas. Políticos, telebasura, religión católica (aquí es cuando alguien dice: seguro que con el Islam no se atreve), sexo, runners (Escolano echándole huevos) y estupidez a nivel global; todo ello se convierte, mediante la afilada escritura de Escolano, en algo susceptible de convertirse en un sketch humorístico. Es por ello que en Másters del multiverso encontrareis lugares en los que la industria de la televisión controla el estado, convirtiendo a la población en amebas babeantes de tanto ver programas del corazón y escuchar reggaetón. En otra realidad paralela (perdón, divergente) descubriremos que los nazis ganaron la guerra (todo buen libro tiene nazis) y que tanto Hitler como Franco, convertidos en dos vejestorios mitad hombres mitad máquinas, gobiernan medio mundo. Así hasta cinco lugares en los que los acontecimientos que conocemos ocurrieron de forma distinta.

Másters del multiverso se lee prácticamente de un tirón, y a pesar de que la novela tiene ciertos altibajos, chistes con menos gracia y un clímax del cual se podría haber esperado algo más épico, absurdo o menos predecible, engancha desde la página uno. Esto es debido, sobre todo, a esa facilidad que el autor (muy ducho como guionista) tiene con los diálogos. De hecho, en más de una ocasión da la sensación de estar leyendo el guion de un programa de humor en el que se van entrelazando diferentes sketches. Esa sensación se acrecienta cuando Sergi Escolano nos regala, una vez traspasamos el final de la aventura, escenas eliminadas y tomas falsas que dan el remate final a un libro extravagante, mordaz y divertido que hará las delicias de todo aquel que goce de un sentido del humor en plena forma.

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El juego de Ender, de Orson Scott Card

El juego de Ender

El juego de EnderTengo que reconocer que hay unos pocos libros que releo asiduamente. A veces necesito leer algo que sepa exactamente qué efecto va a causar en mí, qué tipo de reflexiones me va a generar y que su lectura va a valer el tiempo que le voy a dedicar. Y uno de los libros que más veces he leído en mi vida es El juego de Ender, así que comprenderéis que me haya alegrado muchísimo cuando he podido comprar la nueva edición en tapa dura que ha sacado Ediciones B, para dar descanso a mi vieja y manoseada edición de bolsillo.

Quizá os sorprenda que me guste releer libros. Hay mucha gente que no lo hace nunca, por principio. Pero quizá sea porque no han dado con el libro adecuado. Hay libros que agradecen o que incluso necesitan más de una lectura. La primera lectura de El juego de Ender tiene muchas recompensas, es vibrante, emocionante, sorprende con sus planteamientos y lanza multitud de ideas y debates al lector. La trama ubica a la humanidad en una situación inquietante, la de tener que prepararse contra una tercera invasión alienígena, pero centra toda su atención en la escuela de batalla en la que se forma a los cadetes espaciales que lucharán contra el enemigo y en el alto mando militar. Pero también agradece una segunda lectura, en la que fijarse en los detalles de personalidad de Ender, nuestro protagonista, y de los que le rodean. ¿Es malo el Coronel que pone a Ender contra las cuerdas, obligándole a dar todo de sí mismo? ¿Tienen motivos los enemigos de Ender para odiarle? ¿Qué les ha llevado a ser así? ¿Son los insectores una raza despiada? ¿Somos nosotros peores que ellos? Oh, sí, una segunda lectura puede refrescar un debate intelectual propio muy interesante y fructífero, aunque se sitúe en un futuro hipotético, muy del gusto de los amantes de la ciencia ficción dura y los libros bélicos.

¿Entonces nos encontramos ante un simple libro de ciencia ficción o de literatura bélica? Hay libros que trascienden completamente el género al que pertenecen, y pasan a convertirse en clásicos de la literatura universal. Decir que El juego de Ender es un libro de estos géneros literarios sería ser muy reduccionista. Por supuesto que lo es, pero también es mucho más. Es una joya que analiza a la perfección muchas facetas de la mente humana, como el instinto de supervivencia individual y como especie, los lazos interpersonales, el amor y el odio que sentimos hacia las personas brillantes que nos rodean…

Es un libro con el que muchos nos podemos sentir identificados. Ender no tiene una vida fácil, desde el inicio tiene que competir con otros niños, que le odian cada vez que hace algo bien, se burlan de él a cada oportunidad que tienen, e intentan eliminarlo como sea por el mero hecho de no integrarse con el resto del grupo. Ender tiene que ganar El Juego como sea, y no solo tiene que ser el mejor, sino que tiene que superar obstáculos a los que ningún otro niño de su edad tiene que enfrentarse. ¿Cómo reaccionar a situaciones así?

Reconozco que me emociona enormemente este libro. La trama me parece genial, y supongo que el hecho de que sea uno de los pocos libros que se siguen reeditando constantemente, después de 30 años de su primera publicación, dice mucho de él. Me sigue haciendo reír y llorar, me hace deleitarme con muchas de sus páginas, detenerme a pensar qué haría yo si estuviera en la situación de Ender o de los otros personajes que pasan por la historia. El juego de Ender es uno de esos libros que hay que leer, tanto por la historia como por el crecimiento personal que se obtiene al responder a los dilemas que nos plantea.

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Assassination Classroom 17: Hora de dividirse, de Yusei Matsui

assassination classroom 17Mi relación con Assassination Classroom se ha convertido en un diario de lectura público, porque es la tercera vez que os hablo de él. Suerte habéis tenido de que no comenzara a leerlo desde el primer número… Como no quiero repetirme, os dejo enlazadas mis reseñas de Assassination Classroom 15: Hora de la tormenta y Assassination Classroom 16: Hora del pasado, por si aún no sabéis nada de este manga, y paso a comentaros qué me ha parecido Assassination Classroom 17: Hora de dividirse.

Si la anterior entrega me encantó, pues en ella se revelaban incógnitas clave de la trama y había grandes dosis de amor, acción, crítica social y drama, este último capítulo me ha parecido de transición. Incluso su autor, Yusei Matsui, lo reconoce, de ahí que la portada sea amarilla, el color de las medias tintas, el que aparece cuando empieza a desvariar, según él. ¿Qué se le va a hacer? Todas las series —o sus creadores— necesitan esos momentos. Pero que sea de transición no quiere decir que no pase nada, ya que la clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka rompe la baraja y da un paso decisivo para encarar la recta final de la historia.

Tras conocer el pasado de su profesor, algunos alumnos se niegan a seguir adelante con la misión de asesinarlo, mientras que otros creen que deben hacerlo de todos modos. No es una cuestión de odio —¿quién podría odiar a ese encantador monstruo que ha hecho tanto por ellos?—, sino de principios. Os recuerdo que si Koronsensei no muere, el mundo entero será destruido, así que es una decisión vital; y todos, tanto los que quieren matarlo como los que quieren salvarlo, creen firmemente que su postura es la mejor para el bien común. Aunque también saben que la fuerza de la clase reside en su unión y que, si no se ponen de acuerdo, serán ellos mismos los que pierdan todo lo que han ganado a lo largo del curso. Así que Korosensei plantea un ejercicio para resolver el dilema: que pongan en práctica en una batalla de paintball las artes de asesinato aprendidas en el último año  y que la postura del equipo vencedor sea asumida por toda la clase. Y es que, como bien sabe Koronsensei, cuando uno lucha por defender sus principios es cuando da lo mejor de sí; y eso es, al fin y al cabo, lo que quiere que aprendan sus alumnos.

Para los que les guste la acción, en Assassination Classroom 17: Hora de dividirse hay muchísima, ya que gran parte del capítulo se centra en la batalla, mientras que la trama permanece estancada hasta las páginas finales, donde la historia da un giro estratosférico. Y hasta aquí puedo contar. Quedan cuatro entregas para saber cómo acaba el manga, y después de este capítulo de transición, creo que el siguiente vendrá cargado de nuevos descubrimientos y avances importantes, ya que Yusei Matsui sabe cómo dosificar la emoción. Así que espero que Panini no tarde en publicar el capítulo 18. Seguiré contándoos mi diario de lectura de este imprevisible manga en la próxima reseña de Assassination Classroom.

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La sensacional Hulka, de John Byrne

la sensacional hulka

la sensacional hulkaDurante los años 90 siempre andaba enfrascado leyendo con fervor a la Patrulla X. Tipos muy serios con garras o con poderes mentales que se las veían con los villanos más letales de la Marvel. Poco después Hulka llegaría a mi vida. He de reconocer que sus aventuras no cuajaron del todo en mi mente de adolescente circunspecto que todavía no consideraba el humor como una de las partes más importantes y esenciales de la vida. Sí puedo afirmar que el dibujo de John Byrne me encandiló. Gran parte de esa atención se la llevó la fémina protagonista. Mis hormonas desbocadas de adolescente se encabritaron ante la visión de aquella mujer alta, de piel esmeralda, poseedora de curvas sinuosas, de músculos poderosos y de un buen par de…

<< ¿Un buen par de qué?>>

Espera… ¿Hulka? Iba a decir de ojos. ¡De ojos!

<<Ah vale, ten en cuenta que la Comics Code Authority podría censurar esta reseña. >>

No creo que esa asociación de puritanos tenga potestad por estos lares, Hulka. En esta web tenemos libertad de expresión. ¡Ay, no saben lo que hacen! Como iba diciendo, por aquel entonces no supe valorar al 100% lo que las páginas de la serie La sensacional Hulka atesoraban. Pero muchas lecturas después, y cierta madurez lectora, me dieron una nueva perspectiva para, por fin, apreciar lo que John Byrne había hecho: subvertir las típicas normas de la narración y crear un personaje único e inimitable. Pero antes de proseguir, mi única pregunta para todo aquel interesado en este impecable tomo es la siguiente: ¿Qué tal vais de humor? Ya que en La sensacional Hulka éste es el motor que propulsa sus aventuras.

<< ¡Hey, hey! Para el carro chaval. En mis aventuras también hay acción. Como cuando peleo a muerte contra Titania. ¿Y qué me dices del enfrentamiento a tortazo limpio contra el cabeza hueca de Mahkizmo?>>

Nada que objetar. Pero deberías reconocer que no todos los lectores, incluso a día de hoy, están acostumbrados a que un personaje, ya sea de cómic o de libro, atraviese la cuarta pared. Y es que Hulka lo hace, no solo en cada una de las portadas (mención especial para esa en la que parodia la portada de Vanity Fair en la que Demi Moore aparecía embarazada), sino también a lo largo de sus andanzas. Así pues no es de extrañar que Hulka se enfrente con el autor cada dos por tres para echarle en cara que se esté volviendo un poco vago al dibujar (autocrítica que se hace el propio autor por esos fondos que en alguna ocasión descuidó) o cada vez que la dibuja en poses absurdamente sexys (burlándose así de los artistas que abusaban de ese tipo de poses). El nivel de meta literatura en este cómic es tal que el propio Byrne llega a pasearse por sus viñetas (y a “despedirse” en un número especial que es una verdadera delicia), así como la editora Renée o el jefe de editores Tom Defalco. ¿Y qué ocurre cuando un personaje de cómic sabe que es un personaje de cómic?

<<Pues que puedo saltar entre viñetas, romper páginas que el graciosillo de Byrne ha dejado en blanco o rasgar otras para huir de lugares en los que parecía no haber escapatoria posible. Además comento con mis lectores si las subtramas están a la altura y cuantas páginas le queda al cómic que están leyendo para finalizar. ¡Y en ocasiones hasta saco la edición definitiva del universo Marvel para consultar las particularidades de algunos de mis enemigos! En definitiva: soy la bomba chaval. >>

Nunca dije lo contrario. Pero ya que has sacado a colación los villanos que pueblan La sensacional Hulka, debería comentar que a lo largo de las más de 750 páginas del tomo veremos lo mejor y más granado de la Marvel en lo que se refiere a este aspecto.

<< Te referirás a los villanos más cutres, ¿no?>>

Bueno, yo…

<< ¿Qué tiene de ilustre El Zancudo?>>

Ejem…

<< ¿Y el Doctor Bong? ¿Un tío con cabeza de campana capaz de alterar lo que se emite en televisión? Venga, por favor…>>

Ese capítulo en cuestión es una genialidad. Pues John Byrne emula los inicios de algunas series como Los 4 Fantásticos. En el número cinco de esa serie aparecía Doctor Muerte (Doctor Doom en inglés) así que aquí recuperó un villano con un nombre que fonéticamente se le pareciera y con una vestimenta que, bueno… con los ojos entrecerrados puede semejarse.

<<Lo que yo decía. >>

Pero no debería extrañarnos, pues desde un principio Byrne deja bien claro que va a utilizar los enemigos más penosos y lamentables (la hez de la hez) que haya parido Marvel para reírse de los tópicos de la editorial. Sin duda un agradable soplo de aire fresco que en su momento no se valoró (probablemente por plantear conceptos demasiado adelantados a la época), pero que ahora cobra más sentido que nunca en una serie que buscaba reírse de sí misma. Apta sobre todo para lectores libres de prejuicios. Por otro lado, no son pocas las estrellas invitadas que se pasean por las viñetas de este cómic: Spiderman, Los 4 Fantásticos, una versión muy particular de Los Simpson o Los Picapiedra, Robocop e incluso Mapache Cohete, unos de los integrantes del grupo que lidera Star-Lord en Guardianes de la Galaxia.

<<Mmm…Lo de Guardianes de la Galaxia, y con el volumen 2 en cines, lo has puesto para recibir más visitas ¿verdad?>>

Me declaro culpable.

<<Sí, sí, todo lo que has dicho está muy bien, pero casi no has hablado de lo maravillosa que soy yo, la prota. >>

Algo de razón tienes, porque si hay una cosa que hace único el cómic de La sensacional Hulka, es la Hulka que Byrne concibió. Y no me estoy refiriendo a esa belleza, digna de una diosa, que le otorgó a través de sus lápices, sino a esa compleja personalidad que se va moldeando con cada disparatada situación a la que se enfrenta. Hulka además es una mujer independiente, provocativa, contestona, ocurrente, hace lo que le da la gana, viste como una modelo y no depende de ningún hombre.

<<Bueno, a Wyatt Wingfoot, mi chico, sí que lo necesito para…>>

Vale, vale, lo hemos pillado.

Añadidle a todo lo anteriormente mencionado que la edición de Panini Cómics de La Sensacional Hulka no solo recoge toda la etapa de Byrne con la Amazona Esmeradla, sino que también reúne la novela gráfica, entrevistas que éste concedió y un relato creado por Chris Claremont y Alan Davis. Un tesoro de tapa dura imprescindible en la estantería de todo buen amante del noveno arte.

<< Y si no lo compráis iré a vuestra casa y os quemaré toda la colección de cómics. >>

No lo digo yo. Lo dice Hulka.

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El Incal, de Alejandro Jodorowsky y Moebius

El Incal

El IncalAntes de empezar a hablar de este libro debo reconocer algo: no leía cómics desde la época en que mi madre me regalaba los de Mortadelo y Filemón para que la dejase en paz. Es probable que entonces os estéis preguntando – y más si conocéis la historia que se trata aquí – por qué he decidido leer este libro. Pues tiene una razón simple, porque soy fiel seguidor de la polifacética obra de Jodorowsky. He hablado en varias ocasiones aquí de obras suyas y con esta no iba a ser menos. Lo que me ha ocurrido al leerlo es que he descubierto un mundo nuevo, algo que, paradójicamente, es lo mismo que me pasó cuando leí su primer libro – Psicomagia – hace ya cosa de cinco años.

Y es que en El Incal está todo lo que caracteriza al chileno, en este caso bajo el disfraz de una historieta de ciencia ficción. Reservoir Books ha juntado todos los tomos de la historia de John Difool para ofrecerlos aquí en un librazo imposible de transportar para leer a ratos, un libro de más de 400 páginas a todo color igual de largo que un antebrazo, que pesa como un gato bien alimentado y que te llena la habitación de su olor – no es broma -. Además, han querido sumarle un apartado explicando cada uno de los misterios que contiene la historia, que son muchos, además de presentar a los autores que han colaborado en la configuración de la obra, como Zoran Janjetov, José Ladrönn, Christian Hojgaard, Igor Baranko y Matt Cossin, aparte de los autores principales ya citados.

En El Incal seguimos al trasnochado detective John Difool, quien sorprendemente recibe al principio de la historia un objeto de manos de uno de los “malos” de la película: los Bergs. A partir de ese momento, con ese objeto en su poder codiciado por tantos, Difool se verá perseguido y escapando de todo tipo de peligros, viéndose incluso ante la diatriba de salvar el universo. Todo tipo de criaturas, planetas, galaxias o ciudades aparecen en un cómic que es, para muchos, uno de los mejores cómics de la Historia. Dicho así, podría parecer una historia cualquiera de catástrofe universal en la que los héroes acaban juntándose para enfrentarse al malo y tras duras luchas y cercanas debacles acaban triunfando. Pero es que, si conocéis algo de Jodorowsky, sabréis que no todo es tan fácil.

El Incal es una historia de ciencia ficción que contiene todo lo que envuelve a Jodorowsky: espiritualidad, orientalismo, ciencias ocultas, Tarot, simbolismo religioso, psicomagia, etc. Siempre se te escapa algo cuando lees un libro con la firma del chileno, por eso se agradece tanto ese apéndice final con explicaciones de los misterios del libro. En él se nos habla de los elementos y conceptos alquímicos que se han incluido en la obra, la simbología de cada uno de los personajes y ambientes creados desde la imaginación, los guiños a grandes hitos del cómic y los porqués de tantos secretos que pasarían de largo a nuestra “primeriza” vista de las cosas.

Siempre digo que el duro golpe que fue para Jodorowsky la no realización final de su proyecto Dune le llevó a abrirse camino en muchas facetas para él desconocidas hasta ese momento. Este es un claro ejemplo de ello. El chileno es un hombre de arte y por serlo todo lo que sale de sus manos acaba siendo objeto artístico. Además sabe escoger muy bien de quién acompañarse. ¿Sabes cuando eres niño y estás a gusto siéndolo, pero quieres que te hablen como a un adulto y cuando lo hacen sientes algo distinto en tu interior, como si crecieras por dentro con las mismas dimensiones de fuera? Pues eso es lo que te provoca El Incal. Hola de nuevo, cómic.

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Farishta, de Marc Pastor

Farishta

FarishtaAnte la publicación de un nuevo libro siempre actúo de dos formas. En la primera entra en juego mi mente más analítica. Así que indago un poco a la hora de embarcarme en esa nueva lectura, pues en ocasiones la sinopsis de la obra me suscita más dudas de las que me resuelve. También hurgo por ese cajón de sastre que es internet en busca de la biografía del autor. Las experiencias que éste ha vivido me pueden dar pistas sobre cómo habrá moldeado sus narraciones; o eso creo. Hay que tener en cuenta, además, la variable de la imaginación desmesurada de la que éste pueda gozar y que solo podrá confirmarse leyendo alguno de sus libros. El pez que se muerde la cola; una paradoja. El siguiente paso es, y siempre que el autor a investigar haya escrito más de un libro, encontrar similitudes de género entre sus obras, hallar esa suerte de dejà vu literario mientras aguardo a que, inesperadamente, el gusanillo de la curiosidad me pique; el estímulo definitivo para abordar cualquier lectura.

Recapitulemos, viajemos hacia atrás, hasta ese momento en que publican ese libro. Mi segundo modo de actuar es por puro instinto. ¿Éste o aquél? Ni siquiera leo la sinopsis. Como mucho me enamoro de la armonía entre el título y la portada. Me dejo llevar por el azar. ¿No es así como se viven las mejores aventuras? Así llegué hasta la inesperadamente sensacional Bioko; de esta forma descubrí a Marc Pastor. Marc Pastor, con esa historia, alcanzó mi personal olimpo de escritores que, escriban lo que escriban, allí estaré yo, como una fiera hambrienta, para leerlo, pero que a su vez intento reservar alguna de sus obras por temor a quedarme sin nada de ese autor que desvirgar. Locuras de lector, no me juzguéis. El caso es que llevar a cabo mi manía es complicado, pues Marc Pastor de momento solo tiene cinco libros escritos. ¡Que se dice pronto! Montecristo, La mala mujer, El año de la plaga, Bioko y la esperadísima Farishta.

Estamos en el año 1993. El año en el que Bill Clinton tomó posesión como presidente de los Estados Unidos. El año en el que un coche bomba estalló en los aparcamientos del World Trade Center. Ese mismo año en el que el atolón de Mururoa todavía era utilizado para realizar pruebas nucleares. En 1993 Farishta es una muchacha que acaba de cumplir los dieciocho años. Esa edad en la que nada parece imposible y en la que lo más sensato es correr un riesgo tras otro si eso nos lleva a alcanzar nuestras metas. Gracias a unos contactos conseguirá acceder a una extraña entrevista de trabajo que le dará acceso a un trabajo todavía más extraño. A pesar de las rarezas, el trabajo está muy bien pagado y sus funciones las desempeñará en un complejo de pequeñas islas ubicado en la Polinesia francesa. En cada isla reside una familia. Diferentes nacionalidades. Mismo estatus social. Todas con hijos pequeños. Pero, ¿qué es lo que realmente se está llevando a cabo en aquel lugar? ¿Por qué tanto secretismo? ¿Es posible abandonar el paraíso y salir indemne? ¿Qué clase de servicios ofrece la Iefremov-Strugatski, la compañía rusa que ha montado todo el tinglado, y qué sacan a cambio? Farishta emprenderá una investigación que no solo la llevará a la mayor y más increíble de las aventuras, sino que también descubrirá el amor y lo que significa comprometerse en cuerpo y alma con alguien.

Es inevitable, y más una vez que a la protagonista empiezan a ocurrirle extraños sucesos, que cualquiera que haya visto la serie Lost empiece a hacer ciertas comparaciones y conjeturas. De hecho el propio Marc Pastor, consciente de ello, siembra entre las páginas algún guiño que sirve no solo para dejar claro al lector que él sabe lo que nosotros pensamos, sino que además, y como buen degustador de series, nos hace sabedores de que ciertamente algo (ambientación y poco más) ha tomado de la obra de J.J. Abrams. No nos engañemos, ya hubiera querido Abrams un final como el de Farishta. Así pues, finiquitado el tema Lost podemos continuar.

Farishta está narrado en modo diario, en una primera persona que nos lleva a ser conocedores de las más secretas intimidades de la joven protagonista. Una excelente narración a la que es imposible resistirse y que te hace empatizar enseguida con la muchacha, espontánea, aventurera, de carácter enamoradizo pero sin llegar a perder el control. Una heroína en toda regla. La heroína que esta novela se merece. Además, a dicho diario se le suman cartas, fotografías, informes médicos, mapas, recortes de periódico y otra clase de documentos que, debidamente intercalados, convierten el diario de una muchacha singular en el testimonio de una aventura apasionante; es como poder leer un misterioso mensaje que trajo una botella tras dejar atrás costas lejanas y lugares recónditos.

Ciencia ficción romántica, thriller fantástico con toques de amor o aventura e intriga con romance pero sin llegar a empalagar. Además está esa reminiscencia a la ciencia ficción de Verne o H.G. Wells, a la que habla de lo desconocido o de los conflictos morales ante ciertos avances en la ciencia. Por todo esto es difícil adscribir a un único género el libro de Farishta. Y es que Marc Pastor se ha convertido en un maestro en el arte de conjugar géneros, entrelazándolos de forma minuciosa hasta crear un producto final sólido, ocurrente y que consigue atrapar a todo tipo de lectores que acabaran mordiéndose las uñas antes de llegar al final.

Farishta es una novela que a un vertiginoso ritmo de thriller de ciencia ficción nos lanza a una aventura en la que la trama, paulatinamente, y a golpe de giros argumentales que dejan la mente del lector quebrada, te enganchará, mostrándote además el nuevo e independiente granito de arena de ese universo que Marc Pastor ha ido creando con sus novelas y que en ocasiones, y sutilmente, llegan a entrelazarse.

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Cuando me veas, de Laura Gallego

Cuando me veas

Cuando me veasSe dice que el bullying es un tema reciente, que antes eso no existía. Cuando un niño se metía con otro, se le quitaba hierro al asunto diciendo que “eso es cosa de críos”. Incluso he llegado a escuchar la frase “los que se pelean, se desean”, como modo de exculpar cualquier comportamiento agresivo que un niño pudiera tener contra otro.

Se dice que el acoso escolar es una cosa moderna. Que antes los niños eran menos sensibles y estaban menos protegidos por mamá y papá. Se dice que ahora existe porque los niños están muy mimados y a la mínima de cambio se ofenden y hacen de un insulto o un empujón un mundo.

Se dice que el bullying es algo inventado por los medios, que suelen sensacionalizar todo lo que rozan. Que, en realidad, no es para tanto y que los suicidios de niños que sufren acoso, se dan porque esos chicos ya tenían algo en la cabeza que no andaba bien.

¿Y sabéis qué? A mí todo esto se me hace bola. Como que no lo entiendo. Como que se me atraganta bastante. Porque el bullying SÍ QUE EXISTE. Es tan real como los insultos que sobrevuelan las aulas, como las collejas gratuitas que vienen y van, como los tirones de orejas, como las palizas que llegan a romper huesos, como los suicidios de niños que no pueden más.

Es un tema real que espero que no te haya tocado vivir en tu propia piel. Espero que ningún matón haya llegado a presionar a toda la clase para que todos dejaran de hablarte. Espero que no hayas tenido que ir a un psicólogo por no encontrar tu sitio en el aula. Y espero que jamás nadie te haya puesto una mano encima. Porque eso significaría que lo pasaste muy mal en el colegio y que para ti pensar en aquella época no te trae más que malos recuerdos. Y nadie, absolutamente nadie, debería sentirse así.

Ya sabéis que yo amo a Laura Gallego y que he leído la mayoría de sus obras, aunque es cierto que todavía me quedan bastantes por guardar en mi estantería. Suele sacar un libro al año y yo lo espero como agua de mayo. Esta vez, le ha tocado el turno a Cuando me veas, una obra de ficción que poco tiene que ver con lo que suele regalarnos. Aquí no encontramos dragones, hadas, brujos o princesas. Aquí encontramos a Tina, una chica normal y corriente que no termina de encajar del todo en el instituto debido a sus orígenes latinos. Su mejor amiga, Salima, también intenta pasar desapercibida, pero sus rasgos árabes la delatan. Entre tanto, una muerte deja boquiabierto a todo el instituto. Un chico se ha tirado por una azotea. Un chico que sufría demasiado. Este podría ser el desencadenante que lleva a Tina a descubrir que tiene un poder muy especial, uno del que no había sido consciente y que le permitirá proteger a aquellos que por sí solos no pueden.

Cuando me veas es un libro muy especial. Es un grito de valor, una esperanza para todos esos niños que preferirían morir antes que enfrentarse a otro día en el colegio. Es un jarro de agua fría que se echa sobre todos aquellos que dicen que el bullying no existe.

Yo no sé si lo sufrí cuando iba al colegio. Y no lo sé por una sencilla razón: cuando yo era pequeña, esas cosas eran “normales” y ningún profesor se atrevía a darle importancia. Recuerdo que cuando estaba en quinto de primaria, una chica hizo que toda la clase dejara de hablarme. Pero no solo a mí, también a otra chica que tenía que soportar día a día que se metieran con ella por su peso, por su ropa o incluso por su peinado. Había otra chica que era pelirroja y tenía que soportar que la insultaran a diario, haciéndola que se sintiera diferente y fuera de lugar. El chico con sobrepeso era conocido como “el gordo”. A mí me llamaban “la jirafa”, porque tenía un cuello demasiado largo. Otra era “la pechoplacha”, porque no tenía la talla de sujetador que los demás consideraban correcta. Otra, “la peloescoba”, porque tenía el pelo seco. Y así, infinidad de motes que dejaban ver la calidad humana que reinaba en esa clase. ¿Eso es bullying? No lo sé. Pero no era agradable, desde luego. Y no hay nada más triste que levantarte por la mañana y odiar con todas tus fuerzas lo que vas a hacer las ocho horas siguientes.

Gracias de nuevo, Laura, por escribir. Por darnos historias como esta, y como todas las demás. Historias con valores, con esperanza, con protagonistas reales, que hablan de la homofobia, de la xenofobia, del bullying, del maltrato y de todos los tabúes que hoy existen en nuestra sociedad. Gracias por hacer que millones de chicos y chicas lean tus libros y se enteren de que pueden ser valientes y de que uno puede ser el héroe del cuento con solo proponérselo. Gracias.

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Superman/Batman/Wonder Woman: Metrópolis, de Randy Lofficier, Jean-Marc Lofficier y Ted McKeever

superman batman wonder woman metropolis

superman batman wonder woman metropolisImaginad que la nave que transportaba a Superman hubiera aterrizado en el Reino Unido en vez de en Estados Unidos, logrando, con este mero hecho, que su vida se convirtiera en una comedia de los Monty Phyton; o que lo hubiera hecho en la Unión Soviética, transformando al Hombre de Acero en una especie de arma con la que meter el miedo en el cuerpo a los americanos en plena Guerra Fría. Raro, ¿verdad? ¿Y qué me decís de Batman y Harry Houdini uniendo fuerzas para resolver un crimen? ¿Y de Edgar Allan Poe, el cual se ve en la obligación de aliarse con un hombre que se disfraza de murciélago para poder echar el guante a unos asesinos? Parece poco menos que inverosímil, ¿no es cierto? La Liga de la Justicia de América convertida en monstruos y protagonistas de La isla del doctor Moreau, el clásico de ciencia ficción de H.G. Wells, es otro de esos experimentos que algunos guionistas han llevado a cabo en el sello Otros Mundos de DC (que en España publica ECC) y que resulta el punto en común de todas las historias que antes os he planteado. En Otros Mundos la premisa está clara: transportar a los superhéroes más conocidos de la editorial DC a lugares, mundos o circunstancias que nada tienen que ver con las que los catapultaron a los mitos que hoy en día son. Superman/Batman/Wonder Woman: Metrópolis es otro de esos cómics. Esta vez asistiremos al nacimiento de la trinidad fundadora de La Liga de la Justicia desde el prisma que ofrece el cine expresionista alemán.

La corriente artística que supuso el cine expresionista alemán nació a principios del siglo XX y, tomando las directrices que el expresionismo ya había dejado más que perfilado en las artes plásticas, se creó un estilo visual nunca antes visto en el cine en el que mediante las formas se intentaba acentuar el dramatismo. Se considera al film El gabinete del doctor Caligari como uno de los precursores de este tipo de cine, y junto a la, conocidísima, Metrópolis del director Fritz Lang, la película de horror Nosferatu y El ángel azul, protagonizada por Marlene Dietrich, conforman las fuentes de inspiración del matrimonio de guionistas Randy y Jean-Marc Lofficier y del dibujante Ted McKeever para llevar a cabo Superman/Batman/Wonder Woman: Metrópolis.

Superman: Metrópolis es la primera de las historias. Una distopía en la que las clases pudientes, más conocidas como patricios, viven a expensas de una clase obrera que trabaja sin cesar para que toda la maquinaria que hace que funcione la ciudad no se pare. Clark Kent vive entre los ricos y apenas tiene preocupaciones hasta que se cruza con Lois Lane, una revolucionaria que busca el equilibrio entre ambas sociedades. El amor entre el niño rico y la chica de clase baja será el inicio de una serie de acontecimientos que cambiarán el orden establecido.

Todos esos personajes que siempre han rodeado la figura de Superman, tanto amigos como villanos, así como su mitología, los podréis encontrar en esta historia, pero totalmente subvertidos, encajando adecuadamente hasta fundirse, de forma natural, con una narración que toma muchísimo del film Metrópolis de Fritz Lang.

Batman: Nosferatu se sucede inmediatamente tras la primera historia. Aquí el matrimonio de guionistas nos sumerge en las oscuras profundidades de la ciudad de Metrópolis. El doctor Arkham, director de una institución psiquiátrica, se valdrá de sus dotes hipnóticas para, a través de un paciente al que llama el Hombre Risueño (inconfundible alter ego del Joker) cometer un sinfín de atroces asesinatos. Un hombre intentará detenerlo pero será lanzado a las sombrías profundidades de la ciudad, resurgiendo, después, como Nosferatu.

Si en la historia anterior podíamos gozar del traje de Superman más extraño nunca antes visto en un cómic, en ésta asistiremos al Batman más oscuro, bizarro y retorcido que una mente (jodidamente enferma) haya podido concebir jamás. Claramente basado en el vampiro que protagonizaba la película de Nosferatu. Y es que esta historia es una simbiosis entre el film del chupasangre y el de El gabinete del doctor Caligari. Tomando de cada una lo necesario para crear un ambiente, de marcados colores fríos, tétrico, terriblemente lóbrego, opresivo, macabro por momentos y con tintes de novela de terror.

Es en Batman: Nosferatu donde se pondrán a prueba los posibles prejuicios que el lector pueda tener en lo referente a la parte visual. Yo, que casi me considero libre de esos prejuicios, cuando llegué a esta parte, y hasta que no me acostumbré, pensé que el dibujo era tan absurdo como intrincado. Hasta que empecé a disfrutar de esas perspectivas imposibles, de las sombras alargadas, de los rostros, cuerpos o edificios que se retuercen en ángulos imposibles, de la realidad deformada, del trazo brutal e insoportablemente grueso y del color que parece pastel al óleo.

La última de las historias, Wonder Woman: La amazona azul, se apropia de algunos rasgos de la película El ángel azul para reformular la historia de la heroína creada por William Moulton Marston. Diana es una muchacha que ejerce de cabaretera en un local de mala reputación conocido como El palacio del pecado y regentado por el Doctor Psycho. Ésta, ayudada por Steve Trevor, intentará por todos los medios recuperar unos recuerdos que le fueron borrados para mantenerla dócil e indefensa.

Es la historia de la amazona, y a pesar de que enlaza correctamente con las otras dos, la más floja, tanto en guion (narración apática y con prisas por acabar) como en dibujo (de trazo todavía colérico pero de color demasiado “usual”) de las tres.

Superman/Batman/ Wonder Woman: Metrópolis es una curiosa, valiente y muy arriesgada propuesta que empieza con gran fuerza, evoluciona hacia algo salvajemente visual (no apto para el lector medio de cómics) y termina por perder fuelle en el tramo final. Aun así, ya solo por su apartado visual, este tomo, por primera vez en español, es una de esas llamativas rarezas a tener en cuenta.

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La Voz del Amo, de Stanislaw Lem

La Voz del Amo

La Voz del AmoNo sé si es casualidad que la versión que publica Impedimenta de La Voz del Amo, primera traducción directa del polaco original, haya llegado a nosotros poco después del estreno de La llegada (Arrival). Lo sea o no, las dos se complementan a la perfección y plantean, con cincuenta años de diferencia, la misma pregunta: ¿cómo se enfrenta la Humanidad al descubrimiento del primer mensaje que llega de las estrellas, a la primera comunicación extraterrestre? Llegan a conclusiones distintas, incluso opuestas, pero ambas, me atrevo a decirlo, son obras maestras en sus respectivos géneros.
Ambientada en un punto indefinido de la Guerra Fría y en una de las dos súper potencias en conflicto, en la novela de Stanislaw Lem, los extraterrestres no tienen una presencia física sobre la Tierra, y lo único que conoce un grupo limitado de la Humanidad es su mensaje, una señal de neutrinos con un patrón de repetición procedente de una constelación lejana. Todo esto lo sabemos a través del relato en primera persona Peter Hogarth, matemático al que recurre el Pentágono para formar parte del equipo que, como se nos cuenta al principio del texto, fracasa en el intento de descifrar La Voz del Amo (MAVO, Master’s Voice según su definición en inglés, que se maneja en el libro).
De hecho el texto de Hogarth se configura como un informe personal del desarrollo del Proyecto desde dentro y, por tanto, como una justificación de su fracaso. Denso, profuso en terminología científica y mucho más reflexivo que narrativo, Lem consigue que su protagonista parezca exactamente lo que es en el libro: una mente preclara, un visionario que sin embargo es consciente de los límites de la raza humana, un científico lúcido en una jaula de grillos. Pero un científico de altísimo nivel al fin y al cabo. Confinado junto al resto en un antiguo complejo nuclear en medio del desierto de Nevada, un paraje inhóspito perfectamente recreado en el libro, y completamente dedicado a la experimentación con el mensaje, Hogarth solo puede trabajar y pensar. De su trabajo nace el tronco narrativo que sostiene el texto, de su pensamiento, las ramas y las hojas que forman el tupido árbol que finalmente presenta ante nosotros La Voz del Amo.
Sería casi imposible enumerar los temas que trata con cierta profundidad, pero algunos destacan sobre el resto. En cuanto a los extraterrestres y al mensaje en sí, encontramos decenas de páginas de digresión que desmontan la mayoría de las concepciones con las que se entra en este libro. Desde la posibilidad de que su física siga unas leyes distintas a la nuestra (y por tanto nos resulte incomprensible) hasta la constatación de que, incluso si nos mandan un mensaje, seríamos incapaces de descifrarlo.
Más allá de MAVO, los planteamientos de Hogarth/Lem sobre los límites del progreso tecnológico o la influencia de las relaciones sociales entre los científicos en el avance de la misma son temas recurrentes y expuestos con una claridad envidiable. La cosmología, la biología, la filosofía e incluso la propia ciencia-ficción (carente de imaginación, según él) son analizadas en profundidad, y no menos resulta leer sus reflexiones sobre temas de importancia capital en el momento en que fue escrita la novela, tales como el equilibrio de fuerzas entre las súper potencias.
Hay un paralelismo entre la experiencia lectora de La Voz del Amo, de Stanislaw Lem, y lo que está propiamente escrito en él. Un sujeto como yo, un lector medio, no alcanza a comprender más que una parte del libro. Un treinta o un cuarenta por ciento se me escapa. A Peter Hogarth y al equipo de científicos que trabajan en MAVO les pasa lo mismo. Y sin embargo, eso no impide que lleguen a unas conclusiones importantísimas, y en mi caso no es óbice para disfrutar tremendamente con la lectura. Se hace difícil durante algunos momentos, y solamente en el tramo final consigue una tensión narrativa que se echa en falta en todo el resto, pero se cierra, si se ha llegado hasta el último punto y aparte, con un gran sabor de boca.
Así que al mismo tiempo que esta reseña recomienda el libro, también contiene un aviso. Absténgase de él los lectores pretenciosos, si no son científicos de cierto rango; aquellos que quieran abarcar el texto por completo, llegar con vida a sus más recónditos recovecos, serán derrotados. Es necesario acercarse a La Voz del Amo con la mente abierta, dispuesto a aprender algunas cosas y a permanecer en la inopia con otras, con la convicción de que en el resto se encuentra una literatura de alta calidad.

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