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Nadie se muere de esto, de Fátima Casaseca

nadie se muere de esto

nadie se muere de estoNadie se muere de esto. De las lágrimas, de las sonrisas, del tiempo que pasas sin que nos demos cuenta, de no saber quiénes somos, de vivir y sobrevivir o, al menos, de intentar hacerlo. De ese intervalo en el que te das cuenta de lo que has hecho y no has hecho, de lo que te has perdido o has ganado, de estar triste y alegre, o incluso de lo que no has leído y sí has leído. Se suele decir que las lecturas vienen de improviso, que hay libros que aparecen por una razón determinada, sin que ésta tenga mucho que ver con lo que tú has decidido, pero ahí está, llamémoslo azar o simple suerte, el caso es que un libro aparece y lo hace en un momento determinado que hace que la historia que cuenta parezca, de alguna forma, la tuya. Este libro de Fátima Casaseca apareció de la nada, sin yo  haberlo esperado, sin tener constancia de que se publicaba, y apareció antes de tiempo. Y yo empecé a leerlo sin haber leído su sinopsis, sin haberme metido de lleno en lo que estaba a punto de descubrir, como quien lee por inercia, por ese afán de juntar letras y más letras. Y así es la vida – o así me imagino yo que tendría que ser siempre -. Y es que en la vida, de la misma forma en la que le sucede a la protagonista, no nos morimos de lo que a veces el día a día se empeña en ofrecernos. Porque al fin y al cabo, si somos parte de ellos, significa que estamos vivos. Cueste lo que cueste

Elena parece tener una vida apacible, casi diríamos que perfecta, pero está a punto de descubrir que su marido le ha sido infiel. Todo eso que ella pensaba que había vivido en la excelencia empieza a desmoronarse y tendrá que encontrar en el día a día, en lo que la rodea, la respuesta necesaria para ser feliz: que lo más importante es encontrarse una misma.

Las lecturas pueden pillarte en tu mejor día y celebrarlas o en un día malo y pensar que son una broma pesada. No hay un término medio – al menos para mí – a la hora de poder hablar de un libro. No suelo fijarme demasiado en el punto intermedio, en la zona gris de la lectura, y si un libro me resulta indiferente es que no ha conseguido lo que se proponía. Nadie se muere de esto me ha gustado, no sólo eso, me ha encantado por varios motivos que paso a resumir a continuación. El primero, porque es una historia tan real como posible. ¿Quién no ha tenido la duda instalada en su cerebro, en su vida, en aquello que está viviendo? El segundo, que entiende a la perfección que la literatura de entretenimiento es una buena motivación para entrar en la lectura, y que si, además, consigue hacerte responder a algunas preguntas que te estés planteando, bienvenido sea. El tercero, que sabe perfectamente en qué lides se está moviendo. No es una lectura complicada, y sí directa. Eso lo agradezco. Y mucho más teniendo en cuenta que no se mueve en el lastimero – a la par que enervante – universo de dar rodeos sin contarnos nada en absoluto. Hace un tiempo alguien me dijo que este tipo de literatura “no busca cambiar la vida de nadie” y aunque el fondo sea cierto, aunque la lectura de Fátima Casaseca no busque cambiar la vida de nadie, para mí hace algo mucho más importante: convertir la lectura en esa forma de que las horas pasen sin que nos demos cuenta y que, al cerrar el libro, éste se haya convertido en un compañero de viaje inmejorable.

Hablamos de todo y de nada a la vez. Nos enfrentamos a nosotros mismos sin tener una razón muy argumentada. Somos nuestros propios enemigos en una batalla constante por decirnos la verdad y escondérnosla. Y en esa realidad tan absurda que vivimos las lecturas son aquello en lo que nos refugiamos, en lo que intentamos evadir ese sentimiento de ansiedad que nos recubre la piel por momentos. Fátima Casaseca se marca una historia cercana, sencilla pero muy real sobre aquello que nos preguntamos y no queremos contestarnos porque, ya se sabe, ¿y si le verdad doliera demasiado, estaríamos dispuesta a afrontarla?

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Flores en el ático, de V. C. Andrews

Flores en el ático

Flores en el áticoA ver si va a ser cierto eso de que las modas son cíclicas… Primero el anuncio de que Twin Peaks va a volver a nuestras vidas, y ahora una reedición de esta saga de los setenta. Puede que ahora casi nadie recuerde quién era V. C. Andrews, pero en su día sus libros adornaban casi todas las estanterías. Tanto que, incluso a su muerte, sus herederos decidieron contratar a otra persona para que continuara con alguna de sus historias. Y así, hace más de una década que me topé con Flores en el ático. Yo tendría unos doce años cuando lo descubrí entre los libros de mi madre. Hacía poco que había empezado a leer novelas más o menos extensas y me atreví a meterme en el mundo creado por V. C. Andrews. La verdad: me traumaticé un poco. No es una lectura aconsejable para una niña de doce años, pero lo cierto es que eso no impidió que continuara leyendo los siguientes cuatro libros de la saga Dollanganger —el último, como acabo de decir, lo tuvo que escribir otra persona porque la autora falleció sin haber terminado la historia—. Recuerdo que cuando alguno de mis amigos me pedía que le recomendara un libro, yo, sin dudarlo, le decía que tenía que leer esta saga. Aunque lo cierto es que creo que ninguno me hizo caso por aquel entonces…

El fin de semana pasado quedé con unas amigas para ver la nueva adaptación cinematográfica del libro (que, la verdad, es un poco película de siesta de Antena 3) y me dijeron que no querían verla porque habían escuchado que “iba de torturas”. Yo no podía parar de reírme. A ver… un poco tortuosa sí que es, pero ellas se imaginaban sangre y asquerosidades por doquier. Aunque esa visión no se asoma ni ápice a la verdad.

Un breve resumen para los que no conozcáis la historia: los Dollanganger eran una familia ideal, todos tan rubios y tan perfectos, como sacados de una casa de muñecas. Parecía que nada podía alterar esa imagen hasta que el padre fallece en un trágico accidente. La madre nunca había trabajado, solo era capaz de estar perfecta para su marido. Hipotecada hasta decir basta, tiene que tomar una decisión drástica: mudarse con sus padres —a los que nos referiremos como “abuelos” de aquí en adelante para no liarnos—. Pero aquí viene cuando la matan: el abuelo la desheredó hacía veinte años por motivos que tendréis que descubrir en el libro. Este señor no puede enterarse de que tiene cuatro perfectos nietos, (he aquí el misterio, que tampoco os voy a contar), así que la abuela decide encerrarlos en el ático hasta que el susodicho señor muera; muerte que, según aseguran los médicos, es más que inminente. Mientras tanto, la madre tendrá que volver a ganarse el afecto del no tan entrañable abuelo para que vuelva a añadirla en el testamento y así poder continuar con su vida de ensueño junto a sus cuatro perfectos hijos. Esta es la idea general, pero la historia que nos interesa es la que se desarrolla dentro del ático. Los cuatro niños vivirán allí más tiempo del necesario, pues la tan inminente muerte del abuelo no lo será tanto. Privados de la luz del sol y de la naturaleza, deciden crearse su propio jardín con flores de papel, para intentar sobrellevar la larga espera. Tendrán que esforzarse mucho para no perder la esperanza y la confianza en su madre, ya que los días irán pasando y ellos seguirán allí encerrados.

V.C. Andrews empezó en los setenta esta maravillosa saga que engancha desde la primera página. He leído en alguna parte que está catalogada como “narrativa gótica”. No sé muy bien lo que significa eso y por lo tanto no sé en qué consiste ese estilo. Pero lo que sí puedo decir es que es un “dramón” de principio a fin. Los personajes van desarrollándose sin cesar durante toda la historia, evolucionando a medida que las páginas van pasando. Tendremos personajes a los que odiaremos de manera acérrima, otros que nos tendrán confundidos, otros a los que querremos y otros por los que lloraremos desconsoladamente.

No sé, llamadme masoquista, pero a mí este tipo de novelas me gustan. Me enganchan; hacen que quiera saber más sobre la historia, saber cómo terminará. Y dado que las modas son cíclicas, como decía al principio, cuando vi esta reedición de DeBolsillo no dudé en leerla de nuevo —aunque yo ya sabía cómo terminaba la historia—, pero ahora con más madurez y desde otro punto de vista Y, como conclusión, sigo pensando lo mismo: que es fantástica. Cuando tenía doce años solo se la podía recomendar a mis conocidos, pero hoy tengo la oportunidad de recomendárosla a todos vosotros. Y espero que alguno me haga más caso que mis amigos de la infancia…

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Henri Duchemin y sus sombras, de Emmanuel Bove

Henri Duchemin y sus sombras

Henri Duchemin y sus sombrasNo me hace falta ser Sandro Rey para saber que no has oído hablar de Emmanuel Bove. No te avergüences: formas parte del 99% de la población, entre la que me incluyo (porcentaje no verificado por el INE). Fallecido en 1945, a los 47 años de edad, sus textos permanecieron en el olvido hasta la década de los ochenta, cuando algunos de sus admiradores consiguieron que sus obras volvieran a reeditarse en Francia, con un notable éxito. Hermida Editores ha decidido publicar una pequeña colección de sus relatos en castellano, bajo el título del primero de ellos, Henri Duchemin y sus sombras.

No soy una persona demasiado habituada a la lectura de relatos, pero he de reconocer que son una de las mejores (y más rápidas) formas de conocer a un escritor y de saber si su estilo concuerda o no con tus gustos. A través de sus historias cortas descubrí a Charles Bukowski o a Raymond Carver, dos de mis autores favoritos. En el caso de Bove, la lectura de sus relatos breves me ha permitido explorar un estilo muy personal con unos rasgos marcados, como la fijación en los pequeños detalles o los diálogos insólitos entre personajes desconocidos.

Uno de los aspectos que más me han llamado la atención de este libro ha sido la forma en la que Bove introduce grandes reflexiones existenciales en mitad de sus relatos. Estas cavilaciones se presentan en muchos casos en el transcurso de un suceso importante o de una narración de un hecho sorprendente, con lo que el autor consigue crear una expectación enorme. Me atrevería a decir que el escritor parisino disfruta torturando al lector, alejándole de la trama cuando más interesante está la historia. También hay mucho de surrealismo en este libro, tanto en las tramas como en los diálogos y las reflexiones de los personajes, aunque Bove consigue mantener sus historias en el límite de la verosimilitud.

Pero si en algo destacan estos relatos, como he comentado antes, es en la fijación por el detalle, que abarca desde las descripciones de los espacios y de los personajes hasta los propios comentarios y pensamientos de los protagonistas. Sus personajes son individuos que desde un principio padecen fuertes problemas existenciales y se ven superados por ellos. Los celos, la locura, la avaricia, la melancolía…todos piden auxilio por una u otra razón, en ocasiones interpelando directamente al lector de forma agresiva, como en La historia de un loco. Este es un aspecto que me ha parecido sumamente original y más teniendo en cuenta la época en la que estos relatos se escribieron.

Original y surrealista, seguramente adelantado a su tiempo. Esa es la opinión general que me ha dejado Bove al terminar de leer Henri Duchemin y sus sombras. No quiero cerrar esta reseña sin recomendar el último de los relatos, ¿Será mentira? Es el único que tiene un final más o menos cerrado y el que peor cuerpo deja al terminarlo. Soberbio de principio a fin.

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California, de Jordi Coca

California

California¿Habéis viajado alguna vez en coche en plan road trip? Uno de esos viajes en el que el fin no es llegar a un sitio concreto sino el camino mismo. Por supuesto que tiene que empezar y acabar en un lugar, pero esos sitios solo son eso: un principio y un final. Lo interesante es andar en coche, cambiar la ruta, parar donde te parezca, improvisar, perderte, dejarte tragar por el camino. Si no lo habéis hecho nunca, plantearos una escapada así. Es una forma muy interesante de conocer un territorio, más profunda quizá.

Dicen que Nueva Zelanda es estupenda para viajar en autocaravana. Lo tengo apuntado en cosas que tengo que hacer antes de morir, pero me pilla algo a desmano desde el norte de España. Estados Unidos es otro país en el que se puede viajar muy bien así también, pero en coche de alquiler y parando en moteles. No hay prácticamente peajes, las carreteras son buenas y la gasolina es barata. Además, el transporte público no es precisamente su fuerte, por lo que es mucho más cómodo andar en coche. Yo lo hice en 2009, por el oeste del país y fue una experiencia inolvidable. Es un tema que han tocado varias películas (road movies) en las que se viaja de esta manera por diferentes motivos: Little Miss Sunshane por ejemplo, o la famosa huida de Thelma y Louise. No todas son en USA, me viene ahora a la cabeza la argentina Diarios de Motocicleta o la española Vivir es fácil con los ojos cerrados.

Esta novela de Jordi Coca es esto: un viaje en coche que hace un profesor de universidad catalán desde Denver hasta San Francisco en 1992. Unos dos mil kilómetros si lo haces lo más recto posible. Este profesor tiene 34 años y se acaba de separar. Está algo harto de su vida, así que acepta una oferta de la universidad de Berkeley como profesor visitante con la idea de poder acabar de escribir un libro sobre los pintores paisajistas norteamericanos del siglo XIX, que le obsesionan. Su idea es ir visitando los paisajes que inspiraron a estos famosos pintores de la Hudson River School. Planteado como un viaje iniciático tipo En la carretera de Jack Kerouac, aunque al protagonista esa generación beat no le interesa para nada, él busca más una mirada mística como la de Walt Whitman.

Una idea preciosa, ¿verdad? Cobras por hacer algo que te entusiasma, viajas, trabajas y recompones tu cabeza y tu alma al mismo tiempo. Pero en el fondo, este viaje no es más que una huida, así que las cosas no fluyen tal como las tenía planeadas. Aparece un extraño poeta que le hace cambiar la ruta inicial, que trastoca todo. Jordi Coca se inspiró en el poeta Miquel Bauçà a quién dedica el libro y en un viaje que planearon juntos en los 80 a Estados Unidos, según cuenta en una entrevista. También en la idea de que hay personas que tienen la capacidad de conmocionarnos aunque estén poco tiempo en nuestras vidas.

Hacía tiempo que no leía un libro que me pareciera tan honesto, tan sincero. Esa es la primera sensación que he tenido, la que me ha acompañado todo el relato. Está escrito en primera persona y en pasado. El protagonista llevó una especie de cuaderno de viaje, diario o como le queráis llamar y California es el resultado de repasar esas notas y los recuerdos de esa magnífica experiencia 20 años después. Tiene un trabajo profundo de los personajes, de verdad, incluido lo feo que tenemos todos. No hay héroes, ni siquiera los que ostentan el título. También hay una reflexión sociopolítica importante, además de unas interesantes descripciones de los paisajes que recorre. Aunque es profunda, es muy fácil de leer. No es un regocijo en lo ultra humano, ni es una oda al “todo el tiempo pasado fue mejor”, solo nos enseña cómo se sintió en aquel momento de su vida, pero tomando distancia, intentando ser objetivo.

Se me ha hecho muy corta. Dos tardes me ha durado. He aprendido muchas cosas con el libro. Sobre algunas ya había oído pero no había profundizado y sobre otras no tenía conocimiento. Me ha gustado mucho. Lo he disfrutado cada página. No se le puede pedir más a una novela: que te guste, que te entretenga, que te deje poso tanto en el sentimiento como en el cerebro, que sea sincera, que no se ande con tonterías.

 

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Big man plans, de Eric Powell y Tim Wiesch

big man plans

big man plansHace bien la portada en avisar que el interior es “SOLO PARA ADULTOS”, porque lo que vamos a ver es una orgía de salvajismo, bestialismo y todo lo que se os ocurra acabado en ismo y no sea bonito. Ni canibalismo. Eso tampoco.

Y eso es lo bueno de coger un cómic acudiendo virgen a él, solo guiado por tu “instinto” y sin saber nada más allá de los textos de la contraportada: “brutal drama criminal cargado de misterio”, “no hay superpoderes”, “venganza”… Por supuesto, la apuesta puede salirte bien o mal, pero… ¡qué demonios!, en la vida a veces hay que arriesgar.

“Solo para adultos”. Sí, tiene todo lo mencionado anteriormente  y mucho gore también. Y violencia explícita y gratuita, sí, solo faltan tetas. Es lo más bestia a nivel gráfico que he visto hace mucho tiempo, pero también es cierto que la historia desde el principio te llama a leerla. El dibujo, todo él y el color (sobre todo las páginas de los flashbacks) son grandiosos. Tanto que te quedarías más rato apreciándolo, y lo harías, si no estuvieras intrigado y obligado a pasar página para seguir descubriendo los derroteros de esta trama.

Una trama que es pura violencia, mezclada también con tramos de tristeza y compasión. Un enano, a veces hasta parecido al enorme Tyrion Lannister, ha acumulado tantas putadas, humillaciones, palizas y vejaciones durante toda su vida que tiene planeada una venganza justificada. Sí, yo la justifico y le doy mi bendición. Soy así de comprensivo. Su madre le rechazó y su padre y hermana fueron los únicos que le dieron cariño, aunque estos dos pronto desaparecerán de su vida y será entonces cuando su esta empeore aún más.

Pero la venganza no se dirige a la sociedad en general, no es un ataque de ira sin más. Él podría haber aguantado o devuelto los golpes. Hay más. Hay una carta, desde el principio de la historia, cuyo contenido se irá desgranando poco a poco y así podremos entender los motivos de esta vendetta.

El guión está bien construido,  las dosis de información  bien dosificadas y la atmósfera y los paletos de la América profunda hacen que te posiciones a favor del enano, aunque no dejes de reconocer que es un enano cabrón porque, si es cierto que cualquiera que no sea juez o alguien que quiera quedar correcto políticamente, le daría la razón, también lo es que se pasa tres pueblos, que pone en marcha una bacanal de sangre sin freno, mutilaciones, (lo pasé mal con las tenazas, lo confieso), y todo un catálogo de hostias finas finas que ríete tú de La matanza de Texas o pelis del estilo. Parece mentira que alguien de esa estatura tenga dentro de sí tanta mala uva destilando desde hace tanto y que sea capaz de liarla tan pardísima.

El autor, Eric Powell, ya triunfó con la serie El Bruto, actualmente en curso, y consiguió varios premios Eisner, (voy a tener que acercarme a ella sí o sí), y esto ya es una referencia a tener en cuenta para los que aún duden de si leer Big Man Plans o no.

No dudéis. Por fuerte que sean las escenas, es un cómic que sería muy triste dejar de leer y cosas más duras habéis visto en pantalla. Además, Panini lo ha editado en tapa dura y a un precio irrisorio, lo cual no hace sino aumentar la tristeza si lo dejas escapar.

Y repito que, ya solo por el dibujo, el cómic se disfruta; si además tiene una buena historia en la que te sientes identificado y con ganas de repartir golpes a mansalva para librar al mundo de paletos insensibles, cabrones y oligofrénicos que disfrutan torturando y humillando al más débil solo porque pueden o creen que pueden hacerlo, este es tu cómic. ¡Yo la he gozado como un enano!

Así que ya sabéis. Cuidadito con meterse con los acondroplásicos, porque dispararte una ballesta en el baño mientras estás llevando troncos al aserradero es lo más suave que te pueden hacer.

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Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness

un monstruo viene a verme

un monstruo viene a vermeDe niños creemos que el monstruo se esconde debajo de la cama. Lo malo es que, de mayores, nos lo encontramos al abrir los ojos, sin manta a mano que actúe como escudo infranqueable. Tendemos a menospreciar los miedos infantiles, a empequeñecerlos frente a los problemas de la vida adulta. Pero ¿qué pasa cuando un niño ha de enfrentarse al monstruo que le acecha cada noche y a los que le esperan al despertar?

Un monstruo visita a Conor O’Malley. Aunque Conor solo es un niño de trece años, no teme a ese ser de treinta metros que surge del milenario tejo de enfrente de su casa. Y es que Conor O’Malley cada día ve cosas peores: su madre consumiéndose por el cáncer; Harry, Sully y Anton esperándole cada recreo para darle una paliza; las miradas y comentarios de la gente compadeciéndole. Un árbol que le cuenta historias estúpidas sobre príncipes, hombres invisibles y destrucción es lo que menos necesita cuando están pasando cosas más importantes. Pero el monstruo regresa cada vez que el reloj marca las 00:07, para hacerse escuchar. Sus historias persiguen y muerden, como todas las buenas historias.

El poder de una buena historia se demuestra incluso en el origen de este libro, Un monstruo viene a verme. La premisa y personajes fueron creados por Siobhan Dowd, pero el cáncer no le dio tregua para que llegara a desarrollarlos. Patrick Ness recogió el testigo porque sintió que esa historia debía ser contada, pero no creó el libro que Siobhan Dowd hubiera escrito, sino el que le hubiera gustado leer; ese era el mejor homenaje que podía dar a la escritora fallecida. Lo que no esperaba es que su reinvención del libro llegara tan lejos: publicado en diecisiete países, galardonado con el Premio Nacional Galaxy (concedido por libreros), el Premio The Red House (concedido por niños) y la Medalla Carnegie al mérito literario. Sin olvidar a Jim Kay, el ilustrador de la novela, al que se le premió con la Medalla Kate Greenaway al mérito artístico. Sus magníficas ilustraciones en tinta son crudas y demasiado oscuras para lo que se acostumbra en las publicaciones dirigidas al público infantil.

monstruo y conor
La edición especial publicada por Reservoir Books convierte a este libro en un objeto de colección. Las ilustraciones de Jim Kay, que fluyen de una página a otra en secuencias largas e ininterrumpidas, formando un contínuum, y los apéndices «La historia del libro» y «Cómo se hizo la película» (con entrevistas a director y actores de la versión cinematográfica recién estrenada), ahondan en la novela y en el fenómeno mundial que ha desencadenado. Pocas veces he tenido entre mis manos una edición tan hermosa y eso ha contribuido a que me enamorara de la historia.

Un monstruo viene a verme habla de enfrentarse a la pérdida, pero no desde la pena, sino desde la tristeza y la ira; solo quien las ha sentido sabe el abismo que media entre ellas. Habla también del monstruo que habita en nuestro interior, ese que no nos convierte en malos, sino en más humanos. Habla incluso de lo que es ser niño y dejar de serlo, con toda la incertidumbre que eso conlleva. Y sobre todo habla del miedo, ese miedo que es el mismo para niños y adultos, aunque se mude de disfraz para seguir atormentándonos.

Esta novela se merece todos los elogios que ha recibido. No porque sea una obra maestra, sino porque tiene esa capacidad de conmover al lector que, seguramente, la convierta en un clásico moderno de la literatura infantil y juvenil. Esta etiqueta no debería alejar al lector adulto, porque Un monstruo viene a verme es una buena historia y, como tal, puede gustarle a todo el mundo. Tiene los ingredientes para caer en la moralina y la lágrima fácil, pero no lo hace. Con un lenguaje sencillo pero certero, da donde más duele: la verdad a la que tarde o temprano nos enfrentamos, ese monstruo al que todos tememos. La emoción que aflore con su lectura no dependerá de la edad, sino de lo vivido. Para algunos lectores, el monstruo será una estremecedora revelación, y para otros, un viejo conocido, lo que lo hace, si cabe, más aterrador.

P. D. Todos los royalties generados por los libros de Siobhan Dowd, incluido este, van a parar a la fundación que lleva su nombre, con el fin de acercar el placer de leer a niños y jóvenes que tienen un acceso limitado o nulo a los libros. Una razón más para conocer esta gran historia.

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Obscena. Trece relatos pornocriminales, de VV. AA.

Obscena

Obscena¿No os ha pasado? Sí, seguro que sí, es una pregunta retórica. A todos nos ha pasado, ya seamos hombres o mujeres. Sin excepción. No la hay, y si te paras a pensar, es lo más lógico del mundo que suceda.

Domingo por la tarde después de comer, con la sangre yendo en tropel a las tripas atiborradas de sabrosas viandas revueltas en sus jugos gástricos, dejando la cabeza a la intemperie y a merced de una de esas… cosas que emiten en la tele a esas horas. Lo dicho, sin defensas. A escasos centímetros del mando a distancia. Tan cerca y tan lejos…

Es entonces  cuando uno demuestra lo que vale, cuando, de entre todos los momentos , si en alguno debe ser fuerte es ahí, en esos precisos y jodidos instantes; es ahí cuando hay que hacer un último esfuerzo, no caer en las redes del mal y ser capaz de decidir: leer porno o leer novela negra. La decisión no es nada fácil. De hecho, es una decisión de gran “envergadura” para hacer que esa tarde de domingo sea una más o una tarde memorable. Porque sí, lo criminal y lo porno están íntimamente unidos, pero hagamos unas distinciones:

La novela  policíaca ha de tener un crimen y un policía o detective. Los personajes son blancos o negros, buenos o malos. En cambio, la negra transcurre en ambientes sórdidos, el contexto tiene más profundidad y detalle social, los personajes no son el blanco o el negro absoluto; tienen matices de gris, son más reales y verosímiles.

Del mismo modo hay que distinguir la novela erótica de la pornográfica. Dice en el prólogo Juan Ramón Biedma, coordinador de estos trece relatos, que, “en el primer caso el sexo puede tener un objetivo puramente ornamental, en el segundo debe cumplir su función de excitar al lector, de insuflar o avivar el deseo.” Dice también que la crudeza del lenguaje es otro recurso para alcanzar ese propósito.  Lo cierto es que esto es así, pero también lo es que muchos buscan en el porno culminar ese deseo avivado con una liberación del zumito de vida.

Lo que vamos a leer en Obscena es negro y porno, no erotismo. Lo aclaro por si alguien cree que las sombras de Grey es porno. No. No lo es para nada. Ni por el forro de los …

Tampoco es un libro para todos los públicos y no solo hablo de la mayoría de edad. Hay prácticas que a algunos les revolverán las tripas, aunque tampoco es para tanto, la verdad.  Al fin y al cabo, es más desagradable cenar con el fondo de un telediario viéndole la jeta a Rajoy, enterándonos de nuevas corruptelas o informándonos de las batallas en Alepo.

En estos relatos la crudeza del lenguaje en realidad no es tal crudeza sino que es un lenguaje más de la calle, menos adornado. Es, simplemente llamar al pan pan y al vino vino: polla a la polla, tetas a las tetas, coño al coño, mamada a la mamada,…en lugar de pene, senos, pechos, gruta, monte de Venus, cueva, felación … que es lo que se hace en las novelas eróticas: decir lo mismo pero en bonito, suave y melodioso.

Y por eso estos dos géneros ligan tan bien cuando se hace bien la fusión, como es el caso. Porque lo porno y lo criminal son dos caras de la misma moneda. Los aspectos salvajes del ser humano, los deseos desatados. No sé quién dijo que matar era “déjame hacer lo que quiera llevado a su máxima expresión”, pero alguien lo dijo.

En fin, después de este tratado filosófico vayamos meollo.

Ya de buenas a primeras, en el segundo párrafo del primer relato, el de Carlos Salem, aparecen unas “tetas compradas”  y comparadas con globos. ¡Bien, Carlos, buen comienzo!

Cada relato tiene algo y todos son distintos. No obstante ha habido alguno demasiado raro en el que me he perdido y no he entendido nada, ni me ha “insuflado o avivado el deseo” ni aun con una caja de pastillas azules.

Una recomendación que haría sería la de empezar de atrás adelante. Creo que se ganaría en intensidad y en calidad pornocriminal, ya que, en mi opinión, el orden en el que están dispuestos va de más a menos.

Sea como sea como se lean, de los trece relatos destaco, por orden de aparición:

La noche de San Valentín, de Carlos Salem, o cómo resistirse cuando te tienen cogido cada cinco minutos por la polla.

Maldigo el gallo que anuncia el alba, de David Llorente, en un futuro apocalíptico. ¿Qué futuro no lo es ya?

Marcia y Marcial, de Empar Fernández, hablando de snuff movies.

Sandalias amarillas de tacón, de Fernando Marías. Fetichismo y ¿posesión? Tremendamente bueno. Diría que el mejor a todos los niveles: lo negro, lo porno, lo fantástico, lo misterioso… Uff, es avivador total.

Nieve a punto de clara, de Juan Ramón Biedma, con una niña en el papel de detective. Original desarrollo y buen final. Muy bueno también.

Un sabor muy familiar, de Marta Robles, o cuando te casas con alguien, te casas con su familia también.

Animo a todos los aficionados del noir a hacerse con este libro. No tengáis miedo al prefijo porno. Es más, no os animo, os desafío a ir en el metro, en el bus, en el tren… con la portada bien visible, orgullosos de vuestra pornocriminalidad.

En serio, Obscena es una grata sorpresa para estos tiempos de lo políticamente correcto, que cuenta con los desarrollos y rasgos de la novela negra, que deja muy buen sabor de boca, una amplia sonrisa  y muchas ganas (de que haya una segunda antología muy pronto).

Drácula se equivocaba. No solo la sangre es la vida, también el porno lo es.

PD: Es increíble la cantidad de páginas web que hay en Internet y que no son porno.

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La flor del azafrán amarillo, de Laila Ibrahim

La flor del azafrán amarillo

La flor del azafrán amarilloEscogí este libro por su título y su portada. Sobre todo por el título. Así de simple y de superficial. No se debería juzgar a nadie ni a nada por algo tan superfluo y pequeño, pero lo hice. Lo hacemos todos, nos dejamos llevar por la primera impresión y además nos va a durar mucho esa idea primigenia. Nos costará cambiarla después.

En este caso no me equivoqué. El libro hace honor al título. El relato tiene varias lecturas, pero yo creo que la principal es que es una historia de amor y lo voy a poner porque es así. Me ha costado mucho decidir si la iba a definir de esta manera, porque cuando utilizamos “historia de amor” nuestro cerebro automáticamente piensa en corazones atravesados por flechas lanzadas por rechonchos angelitos, pasiones, atracciones sexuales, ideales platónicos y demás historias románticas. Pues no es eso. Esta es una historia de amistad y cariño más bien.

Os pongo en situación: plantación en un estado esclavista de Norteamérica en la primera mitad del siglo XIX. Mattie, joven mamá, es apartada de su bebé para ser el ama de cría de la recién nacida Lisbeth. El tiempo pasa, la niña va creciendo y vamos viendo evolucionar la relación. Mattie le enseña a valorar las cosas sencillas de la vida y se convierte en el centro del universo de Lisbeth, como ella misma explica. Así dicho no parece gran cosa ¿verdad?; Lo que el viento se llevó ya nos enseñó la vida de aquellas plantaciones. Hay muchas películas y novelas que han tratado el tema de la esclavitud. Me vienen a la mente Raíces de Alex Haley o la maravillosa El color púrpura de Alice Walker, que Steven Spielberg supo llevar tan acertadamente al cine. Por cierto, quien no se haya leído esta última se está perdiendo una obra de arte. Más recientemente Isabel Allende nos cuenta sobre el tema en La isla bajo el mar. La popular Criadas y señoras de Kathryn Stockett podría encajar en esta lista también, aunque no lo llamáramos esclavitud sino segregación racial, ya en el siglo XX.

La flor del azafrán amarillo es otro punto de vista. Nos cuenta la relación de cariño que se establece entre el ama de cría y la niña que cuida. Un amor recíproco, sincero, profundo y respetuoso. Además, nos dibuja la forma de vivir de aquella sociedad dueña y señora de tierras y personas, que además era machista, cerrada, hipócrita y centrada en las apariencias, en la que había que hacer lo previsible, lo que dictaban los mayores y más poderosos, encorsetados y encasillados en el trocito de parcela que tocaba. Mattie y Lisbeth se nos presentan como mujeres fuertes y con otras expectativas. Dispuestas a cambiar y buscar la libertad cada una desde su situación y por su camino, pero entrelazadas sus vidas, porque aunque fueran diferentes clases y posiciones, compartían el mismo espacio y el mismo aire.

Es la primera novela de la autora. Laila Ibrahim tiene experiencia como psicóloga del desarrollo desde la perspectiva multicultural, educadora y cuidadora, según se dice en la presentación del libro. Esto puede explicar la forma tan realista de describir la relación de apego que se establece entre las protagonistas. Porque aunque sea ficción, me dicen que está basado en hechos reales y me lo creo.

La novela está contada de forma sencilla, aunque no puede tener el ritmo trepidante de una novela de acción, no es aburrida ni se hace pesada. Tiene muchos diálogos y los momentos de reflexión de las protagonistas están contados de forma ligera. Quiero aclarar que no es ñoña aunque sea tierna y emotiva en muchos momentos. El lenguaje que se ha utilizado aunque sencillo es como de antaño, como de la época. No sé si es cosa de la traducción o es el aire que le quiso dar la autora. Expresiones como “avispado”, “hincar de hinojos” o “trasalcoba” yo creo que no se utilizan ahora mucho, y me ha surgido la duda de si es la traducción literal del texto o cosa de la editorial.  Según dicen los de AmazonCorssing, han querido hacer traducciones en español neutro, que no tengo muy claro lo que quiere decir. Sé que ciertas palabras y expresiones que no usamos mucho ya aquí, en este lado del Océano, si las usan nuestros hermanos de habla hispana y viceversa. A lo mejor es por eso por lo que hay alguna cosa extraña para mí. Pero está bien recordar que el español es un idioma riquísimo y que cada vez utilizamos menos palabras. Hay que ampliar el vocabulario que utilizamos a diario, que se pierde.

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Una puta muy alta. Una novela de amor, de Pau Arenós

una puta muy alta

una puta muy altaDe verdad que yo no los busco. Palabrita. Vienen a mí como si tuviera un imán, (¿lo tengo?) Y esta vez ha sido de seguido. Primero uno y luego otro… Yo voy a la librería a buscar material para la próxima lectura y ¡zas!, ahí están: primero Obscena y luego este. Parece que el otoño empieza con porno y putas. Pues qué le vamos a hacer. A por porno y putas tocan…

Por otra parte, cómo resistirse a semejantes títulos. Si es que ambos están tan bien puestos que forzosamente quieres saber de qué van, así que, pensando no solo en mí, sino en la labor social que es descubrir a nuestros lectores nuevos títulos que merezcan la pena, tengo que verificar que el título atractivo encierre una atractiva novela.

Lo cierto es que también me gusta descubrir libros de los que no se sabe nada a pesar de ser novedad. Son como pequeños tesoros que descubres recorriendo estanterías en vertical y horizontal, intentando encontrar ese libro que pasa desapercibido entre dos abusones. La sensación de pensar que, como si fueras Lucas Corso, tienes algo grande en las manos, (no, no me refiero a eso), cuando has encontrado ese ejemplar, de pensar en el goce futuro cuando te metas de lleno en la lectura, es una de las mejores sensaciones que se puedan experimentar. A veces se acierta y otras no. Esta vez, sí.

El título y el argumento me convencieron, pero ya el tener en la primera página a Álex frente al espejo del baño recién acabado de descubrir su primer pelo en la oreja y reflexionando sobre cómo habría llegado hasta ahí, si habría sido en silencio durante la noche, y en lo raro que era no haber escuchado nada estando tan cerca del oído…  me terminó de decidir del todo.

El título lleva la palabra “puta” que eso siempre le da calidad, énfasis y oclusividad a un título, pero no es una novela erótica ni porno ni sexual ni nada. Sí, salen tetas y pollas y coños, pero no van por ahí ni título ni tiros. Tampoco es, o a mí no me lo ha parecido, lo que dice el subtítulo: Una novela de amor.

Álex se ha cansado del mundo y decide no salir de su casa. Hace la compra por internet, está cansado de que todos se preocupen solo de sí mismos, de interesarse por los demás y de que nadie lo haga de él (en realidad él tampoco quiere preocuparse de nadie más que de él mismo) y hace lo que cualquiera en su sano juicio haría: encerrarse en su piso.

Un buen día decide contratar a una prostituta. Analiza los anuncios pero ninguno le llama la atención hasta que descubre uno que reza: soy alta, muy alta, muy alta. Y de ahí el título.

Las visitas de la puta a Álex no son solo sexuales. Ambos se cuentan su vida un poco a lo Las mil y una noches, y son un poco psicólogos de cama. Álex se sincera con ella, le habla sobre novias del pasado, su familia, le cuenta que no sabe si sabe amar, sentir… Ella le cuenta historias (sus problemas con la altura desde pequeña, el  porqué de meterse a puta, lo que provoca en los hombres su altura, sucesos con algunos clientes…) que Álex no sabe si son reales o inventadas pero le gustan.

Con el tiempo Álex descubrirá que Sandra, que así se llama la mujer, le gusta, y cada vez quiere pasar más tiempo con ella, aunque cada vez que pasa ese tiempo con ella también hay momentos que desea soledad… Un caso de hombre…

En el fondo Una puta muy alta es un reflejo de una sociedad egoísta, que mira hacia adentro, que teme a lo que hay fuera; es una defensa del egoísmo (el cual tampoco ha de ser malo bien administrado), dela pereza que en muchos casos dan los otros, pero también de la necesidad de la compañía, aunque sea para desahogarse, aunque sea pagando…

Una puta muy alta se lee con interés, y con facilidad. Lenguaje fluido, frases y estructuras bien construidas y un guion lineal que se desarrolla con una normalidad, que atrapa y gusta y que, a pesar de no tener una trama grandilocuente ni capítulos que acaben con un cliffhanger de infarto, es de esas novelas que no se quieren dejar de leer.

Ah, y me ha gustado y hecho gracia, ese final tan circular que te da margen para imaginar los posibles futuros que se abren a partir del punto final.

Así que sí. Confirmo que este atractivo título es el preludio de una historia atractiva. ¡Bien por mí!

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Tide Haven: El refugio de las mareas, de David Chevalier

tide haven el refugio de las mareas

tide haven el refugio de las mareasMiedo. Puede provocarlo algo real, como una amenaza inminente o un riesgo para nuestra seguridad. El ataque de un demente sediento de sangre que esgrime un arma blanca, el desasosiego ante la posibilidad de perder los bienes acumulados o la ineludible muerte que siempre nos anda rondando. Miedo. También puede ser producido por algo irreal, insustancial e invisible. Algo que no pertenece a este mundo, y que nuestra pobre, abrumada y limitada mente puede llegar a enloquecer cuando se empeña en rellenar huecos, en crear patrones, en buscar la explicación o la pieza que haga que todo encaje. “Habrá sido el viento…” Pero, ¿y si no existe tal pieza? Entonces nuestro lado creativo toma el control y moldea una, a pesar de que la prudencia sigue gritando que no es la forma más sensata de proceder. Creaciones de nuestra mente. ¿Pero qué ocurre cuando esos dos miedos se unen? ¿Y si no hay que temer únicamente a lo tangible, a lo que el pensamiento racional puede explicar? ¿Y si hay lugares en los que las leyes físicas que conocemos juegan a provocar el caos absoluto uniendo ambos mundos y creando nuevos terrores? Ese lugar es Killington, y solo está a unos miles de kilómetros de Tide Haven: El refugio de las mareas.

La historia no se inicia en esa apacible población costera, descrita con todo lujo de detalles por el autor, David Chevalier, sino que aborda con prometedora brutalidad la tragedia, el drama más amargo, para así dar fuelle desde el principio y arrancar por todo lo alto. El terror gótico viene luego, a pequeñas dosis, como un potente veneno que el autor va inoculando a través de las venas del lector. “Lo mejor está por venir…” Y a medida que lo irracional y la angustia a lo desconocido calan como una lluvia fría e insistente sobre huesos artríticos también penetran con fuerza la esencia de los dos carismáticos personajes protagonistas: Peter Doyle y su amigo Tom Miller, periodista uno y sargento de homicidios el otro, ambos retirados, desahuciados de una vida que los maltrata sin cuartel y unidos en busca de respuestas.

Pero anterior a las ansiadas respuestas estaban las preguntas. Éstas emergieron reptando desde las oscuras profundidades de un viejo teléfono negro de baquelita. Voces lejanas, entrecortadas, temblorosas. “Por Dios… que alguien nos ayude… ayuuudaaa…” Voces guturales que gritan auxilio a través de un teléfono que ni siquiera está conectado. Voces rasgadas que aúllan protección contra los monstruos y que ponen la carne de gallina. Voces dominadas por la desesperación que quizá llegan tarde a su destino. “Tarde siempre es más pronto que nunca”. Entonces David Chevalier lanza a sus protagonistas a un viaje, un road trip a través de la solitaria y agreste América profunda. Un viaje que se me antojó tardío y muy corto pero igualmente intenso, al igual que divertido (la venganza con aroma a gasolina tiene la culpa), con momentos de ternura (Stubby se encarga de ello), lleno de nostalgia y siempre con la liberadora sensación que otorga la oportunidad de ser redimido. “A veces luchar por alguien vale más que luchar por uno mismo…

La redención la buscarán en Killington. La ocasión perfecta de enmendar errores cometidos en el pasado. Un ayer que David Chevalier muestra con destreza metódica mediante los melancólicos e introspectivos pensamientos de los protagonistas. Una vez más voces; esta vez silenciosas, que susurran a través de recuerdos. El autor también hace uso de su poder como narrador omnisciente para saltar no solo de un personaje a otro, sino también del pasado al presente una y otra vez; para despistar en un principio, pero para contar, sobretodo, el porqué de los actos crueles y sanguinarios de esos personajes. Monstruos que caminan entre nosotros. “Digamos que en el mundo hay dos grupos de personas, los que pueden verlo y los que no”.

Lo que es ostensible es que Tide Haven es sin lugar a dudas una novela de terror gótico, y goza de todos los elementos para serlo: fantasmas, casa encantada, sensación de soledad, angustia, atmósferas sofocantes, misterio, etcétera. Todo descrito con tal lujo de detalles que es imposible no imaginar cómo sería la película. Pero el autor, en apenas 240 páginas, va más allá y se lanza en la arriesgada tarea de mezclar géneros. Funde el drama más realista con acontecimientos sobrenaturales y una amistad que se dilata en el tiempo (dando momentos tan cómicos como tristes o esperanzadores) con la novela criminal más cruenta donde los psicópatas más desalmados campan a sus anchas. Y todo ello con un ritmo narrativo que, como he apuntado antes, posee un aire muy cinematográfico.

Es por esto último que no puedo dejar de pensar en que si un Edgar Allan Poe de nuestra era se hubiera reunido con el equipo de guionistas de Mentes Criminales y True Detective y hubieran decidido unir su creatividad para escribir una novela es muy probable que Tide Haven: El refugio de las mareas hubiera sido el resultado. El producto de un conjunto de miedos atávicos que parece soñado por varias mentes, pero de la que una sola se ha encargado. Miedos tangibles e incorpóreos. Reales e imaginarios. Miedos que surgen de mentes enardecidas por imágenes terroríficas, sucesos inexplicables o seres amenazadores. Miedo a descubrir la verdad pero miedo también a no ser capaces de alcanzarla. Miedo a lo desconocido y, asimismo, a lo que conocemos demasiado bien. Miedo a todo. Miedo a no tener miedo a nada. Miedo al miedo.

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Kimokawaii, de Enrique Planas

KimoKawaii

KimoKawaiiBienvenidos a Lima, mediados de los noventa. Una ciudad difícil, turbulenta. Bienvenidos a la vida de un periodista cultural que roza la cuarentena, recién separado, sin rumbo, y que navega ocioso por la ciudad despojado de sus páginas. Claro, son los días que suceden a la muerte de Lady Di, a la de Teresa de Calcuta, los meses de secuestro de la embajada de Japón en Perú, no caben en las noticias las exposiciones de pintura ni las entrevistas con escritores.
En este caldo de cultivo, ¿qué es lo último que esperarían que surgiera? Seguramente muchas cosas, pero ninguna sería ¡Kawaii!, una revista de anime y manga. Pues eso es precisamente lo que nace poco después de que el protagonista se cruce con Michiko, una irresistible, volcánica y jovencísima otaku que lo arrastra a una vida completamente diferente a la que habría imaginado unas semanas antes. Dotada de una belleza tan radiante como particular, incluyendo una pequeña deformación, Michiko parece lograr siempre lo que se propone, caiga quien caiga; nuestro periodista, en crisis vital, queda prendido fácilmente de ella y se ve envuelto en una historia que gira muy pronto de la fascinación y el esplendor inicial a algo más perverso, enfermizo, obsesivo. Como todo en la vida de Michiko, como todo en Kimokawaii, esta novela de Enrique Planas.
Su descenso particular a los infiernos se hace de una manera muy natural, progresiva. En tanto que Michiko se construye y ¡Kawaii! toma forma, el periodista, cuyo nombre nunca se menciona, se deconstruye, o más bien se va construyendo en la dirección equivocada, como un mueble que se arma al revés. Sin embargo no es Michiko la única responsable de ello. También está su propio bagaje, su educación, una infancia que no ha terminado de superar y que está marcada de manera decisiva por el anime de Ultra Siete (sí, Ultraman para los españoles).
Esta no es sino una de las decenas de referencias a los géneros de animación japoneses que incluye Planas a lo largo del texto, un auténtico tratado sobre el tema. Son doscientas páginas de nada, de una prosa limpia, rápida y agradable que recuerda a otros latinoamericanos poco abigarrados (Zambra por ejemplo). Sin embargo, el libro contiene descripciones de capítulos enteros de Ultra Siete, escenas de Sailor Moon, y hasta una breve introducción a Ranma 1/2, que tengo que reconocer que era la única que tenía controlada antes de leer esta obra. El balance de una exposición tan amplia es desigual, y en ocasiones uno se aburre de estos fragmentos.
Eso no quita que tengan importancia como elemento definitorio de los dos principales personajes (hay más, pero no quiero destriparles el enredo): el idealista que cree todavía en los héroes de su niñez y piensa que una entidad superior vendrá a salvar el mundo frente a la milennial descarada, una lolita sin ínfulas de serlo, que simplemente toma lo que quiere de la vida consciente de nadie lo va a hacer por ella. De eso habla también Kimokawaii hasta que se nos cansan los ojos de leer: de cómo dos generaciones casi sucesivas pueden llegar a tener dos formas muy diferentes de mirar su propia existencia, y los conflictos que ello les acarrea cuando se relacionan.
Kimokawaii es un ejercicio de composición y descomposición constante. Se destejen las relaciones, muere un amigo, un compañero, comienzan los problemas en el trabajo. Hay que armar de nuevo una vida, un empleo. En el proceso, la mayoría de las veces, ni se escoge la aguja perfecta ni se dan las puntadas con acierto. Ese tren que se ve descarrilar desde el momento en el que asoma es la relación que retrata Kimokawaii.
Aun con sus defectos, Enrique Planas mantiene la atención hasta la última página. En un contexto histórico definido es capaz de plantear una historia imaginada e imaginativa, de tintes disparatados en ciertos momentos, que sin embargo encaja perfectamente con el ambiente. Por tanto, me han parecido más los aciertos que los errores en esta novela que, como su propio título viene a decir, termina siendo una buena mezcla entre lo encantador y lo perturbador.

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Después de ti, de Jojo Moyes

Después de ti

Después de tiMientras leía este libro solo se me venía una pregunta a la cabeza: ¿cómo voy a reseñarlo sin “spoilear” la primera parte? Contextualicemos. Después de ti es la continuación del best seller Yo antes de ti, donde Louisa Clark conoce a Will Traynor, o lo que queda de él. Porque Will, un chico aventurero, arriesgado, amante de la vida, sufre un trágico accidente que le deja atrapado dentro de  los límites de una silla de ruedas. Se queda tetrapléjico. Louisa es la chica que le cuida, que le hace compañía, que le da las medicinas y le limpia, que aguanta su mal humor día tras día y que tiene una única meta: hacer que renazcan en él las ganas de vivir. ¿Cómo hablar de la segunda parte sin explicar el final de la primera? Es un gran dilema. Podría explicaros qué pasó y por qué ahora Louisa se ha mudado a Londres, lejos de su pueblo natal, o podría simplemente hablar de por qué me decidí a leer estos libros y qué he sentido cuando he buceado entre sus páginas.

Siempre he odiado los spoilers. Mucho. Ese odio acérrimo nació el día que una amiga me contó quién moría en Harry Potter y el misterio del príncipe y desde entonces me prometí que jamás, costara lo que costara, haría lo mismo. Por eso no os voy a decir qué pasó con Will, ni por qué ahora Louisa trabaja en un bar de un aeropuerto donde tiene que llevar un uniforme que le hace parecer un elfo pornográfico. Ni quién llama inesperadamente a su puerta haciendo que su vida dé más vueltas que una lavadora centrifugando. Y tampoco os voy a contar quién es Sam. Y mucho menos por qué Louisa acaba hecha añicos en el suelo de Londres tras haberse caído desde una azotea.

Tengo una camiseta que me regalaron al comprar el DVD de Big Fish, esa película tan extraña de Tim Burton donde salen Ewan McGregor y Helena Bonham Carter (añadir aquí muchos corazones) donde se puede leer “nunca hablábamos de lo que no hablábamos”. Esta frase tiene mucho sentido en esta reseña: ya hemos hablado de lo que no vamos a hablar. Por lo que ahora, que ya hemos marcado los límites, os voy a contar por qué me decidí a leer este libro.

Hace más o menos un mes, haciendo papeleo en Santander, me pilló una tromba de agua. Una de esas de verano que hacen que se te cale hasta el alma. Mientras amainaba, entré en mi lugar preferido: la librería más grande de Santander. Recorrí todos y cada uno de sus pasillos y acabé comprando Yo antes de ti. No tenía ni la más mínima idea de qué iba, pero tenía curiosidad por leer el libro del que todo el mundo hablaba. Cuando monté en el autobús de vuelta a casa, lo empecé. Y me quedé a cuadros nada más leer el primer capítulo. Yo me esperaba una historia de amor, de esas empalagosas y con muchos corazones y mariposas revoloteando por las páginas. Pero estaba muy equivocada. Más que una historia bonita, es una historia cruel. Jojo Moyes nos muestra una vida destrozada, unos sueños frustrados, una vía por donde las esperanzas se escapan de las manos. Y Louisa tiene que lidiar con todo ello. Tiene que tragarse sus miedos, su mal humor y sus rabietas para intentar que el día a día de Will sea mejor.

La segunda parte sigue esta tónica. Louisa continúa presa de esos miedos que no le dejan avanzar, que no le dejan desarrollarse como persona. La tienen postrada tras esa barra en un aeropuerto donde todo el mundo parece tener un destino, menos ella. En Después de ti, Louisa tendrá que ponerse en pie, despojarse de todos esos miedos y aprender a vivir. Pero, por suerte, no lo hará sola. La persona misteriosa que llama a su puerta (y no es con un sentido metafórico), le enseñará que es cierto eso que dicen de que la muerte acecha en cada esquina y que no solo respirar es vivir.

Siempre he oído eso de que las comparaciones son odiosas y yo no puedo estar más de acuerdo. No es justo comparar la primera parte con la segunda, porque no tienen mucho que ver. Lo mejor es leerla sin prejuicios, olvidándose un poco de la historia del primer libro, aunque sin dejar de ser conscientes de que es donde todo empezó. Solo así podremos dejarnos llevar por esta historia cargada de emociones y ser cómplices de los miedos de Louisa. Pero también de su fortaleza, de su capacidad para salir adelante, aunque sienta cómo su corazón llora con cada latido que da.

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