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El campeón prohibido, de Dario Fo

El campeón prohibido

El campeón prohibidoTodos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.

Con un lenguaje sencillo y con frases cortas Fo, que fue nombrado Premio Nobel de Literatura en el año 1997, nos va dando a conocer la vida del púgil desde el mismo momento en que, con apenas ocho años, comienza a dar muestras de tener unas habilidades muy superiores al resto de los chavales de su edad en este deporte. Es curioso lo que ocurre con esta lectura, ya que desde el momento en que uno hojea este libro se da cuenta de que está escrito por un autor lleno de talento. Sin embargo, esto no se debe a que el escritor italiano haga gala de numerosos recursos estilísticos o de un vocabulario ostentoso y complejo; todo lo contrario. Lo que hace que uno disfrute de esta lectura es precisamente la ausencia de necesidad del autor por gustarse a sí mismo, acompañada por el deseo de contar lo mejor y lo más detalladamente posible la historia de una profunda injusticia.

El desarrollo de la vida de Trollmann, tanto a nivel personal como profesional, va acompañado por la narración de los acontecimientos transcendentales que van ocurriendo a nivel global, entre los que destacan las dos guerras mundiales. El autor sabe jugar muy bien con los tiempos y se detiene solo en aquellos momentos de la vida del púgil que tienen verdadera importancia para su evolución. Especialmente sobresaliente es la forma en la que el Fo sintetiza el ascenso de Hitler al poder, momento a partir del cual va desgranando la tremenda injusticia que Trollmann pasa a sufrir solamente por su raza.

El campeón prohibido es un trabajo muy periodístico, en el que la fuerza de los propios acontecimientos hace que todo artificio sea innecesario. Sí que recomendaría leerlo en un momento en el que no se tengan muchas preocupaciones en la cabeza, ya que es de esas historias que te hunden o, como poco, que te dejan muy mal cuerpo. Aunque, por otra parte, si bien no se puede negar en que esta pequeña y sobresaliente novela provoca rabia e impotencia, al mismo tiempo hace honor a un campeón al que ni la peor de las creaciones del ser humano fue capaz de robarle su dignidad.

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Sangre en los estantes, de Paco Camarasa

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Normalmente, los libros de no ficción, pese a estar objetivamente muy bien escritos, incluso con oraciones más largas y con más cláusulas subordinadas y mejor y más rica adjetivación y adverbiación que los libros de ficción, tienen como gran desventaja ser –estoy generalizando- menos entretenidos que aquéllos. Éste no es el caso del libro que nos ocupa, Sangre en los estantes. Dado que se trata de un libro-guía sobre novelas de género negro y policíaco que tiene como virtud –el libro, no el género- una escritura ligera, gran profusión de referencias, anécdotas y chascarrillos amables sobre autores, y, ante todo, el hecho de que no abruma al lector con una cantidad intragable de información ni de sapiencia.

Por otro lado, pese a ser un libro que puede leerse como índice útil a la hora de buscar más información o algunas referencias sobre tal o cual autor –algunos de los incluidos en el libro son autores marginalmente editados en España, o autores completamente desconocidos para el gran público, incluso para el lector más o menos aficionado al género-, queriendo decir con esto que es un volumen eminentemente práctico, también es verdad que su autor, Paco Camarasa, veterano librero y gran conocedor del género negro, impregna de subjetividad y opinión cada página (como es lógico y de esperar que haga, por cierto; imagínense pedir consejo a su librero de confianza y que éste le ofrezca un montón de información biográfica y bibliográfica sobre los autores disponibles pero que rechace “mojarse” y recomendarle uno de ellos o advertirle sobre otro), por lo cual es también un libro que puede considerarse de autor, ya que recoge el criterio de quien lo ha escrito; en este caso, Paco Camarasa, exlibrero y comisario de BCNegra.

El lector puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el criterio y la opinión de Camarasa, pero el autor es respetuoso a la hora de exponer su subjetividad, sin tomarla con los autores que menos le gustan o con aquellos que no considera pertenecientes al género negro, como le sucede con los autores clásicos de misterio o de enigma. En esto, el autor (de este libro) es muy puntilloso y ya de entrada precisa lo que él considera que es género negro o policíaco.

Es de notar que Camarasa se extiende generosamente al hablar de sus autores y subgéneros favoritos, explayándose sobre sus orígenes, detalles poco conocidos sobre su vida y obra, conexiones con otros autores, pasajes apócrifos y cotilleos graciosos o curiosos que bien pueden ser verdaderamente reales, bien pura leyenda urbana o mitología sobre un autor más o menos conocido.

Sangre en los estantes supone una excelente guía para quienes quieren explorar nuevos autores o saber más sobre aquellos que ya conocen.

 

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Maestros del universo, de Helge Kragh

maestros universoSi hay algo incomprensible en su totalidad e inabarcable en su magnitud para la mente humana es nuestro propio universo. Algo tan enorme, tan complejo y tan perfecto que escapa a nuestro entendimiento de manera completa. Sospecho que nunca seremos capaces de comprenderlo en su totalidad pero es esa, precisamente, una de las características que hacen del estudio de la cosmología algo tan gratificante. ¿Cómo se ha configurado la imagen que tenemos hoy del universo? En Maestros del Universo (Editorial Crítica), último título de la colección Drakontos, nos ponemos delante del nuevo trabajo del escritor danés Helge Kragh que nos cuenta esta fascinante historia en un formato tan inusual como innovador donde se combinan elementos reales y de ficción: en una serie de entrevistas que un personaje ficticio realiza a los principales astrónomos y físicos entre 1913 y 1965. Entre los científicos entrevistados figuran todas las grandes figuras de la cosmología de aquella época. Gigantes de la física que contribuyeron de manera crucial al desarrollo de esta disciplina. El listado de físicos, por orden de aparición en el texto es:
– Kristian Birkeland
– Svante Arrhenius
– Karl Schwarzschild
– Hugo von Seeliger
Albert Einstein
– Willem de Sitter
– Georges Lemaître
– Arthur S. Eddington
– Edwin Hubble
– George Gamow
– Fred Hoyle y Hermann Bondi
– Paul Dirac
– Robert Dicke
Es una temática compleja la de este libro. Helge Kragh intenta dibujar una línea temporal que perfila de manera sutil cómo han sido moldeados los conceptos que hoy definen la cosmología desde su génesis. Es agradable ver, además, como no huye de los conceptos de “cosmogonía”, “física cósmica” o “éter” que hoy pertenecen más a la historia que a la ciencia pero que en aquel tiempo, gozaron de importante relevancia.
La narración discurre de manera ágil de diálogo en diálogo. De entrevista en entrevista. Pero pronto vemos el conflicto. La sociedad científica, y la de la física teórica en general, es un cosmos poblado de grandes egos y plegarse a las bondades de la teoría de nuestra competencia siempre es un trago demasiado amargo. Así, con el paso de los años, el autor nos narra cómo fuimos pasando de la aceptación de la SST (Steady State Theory – Teoría del estado estacionario) a la teoría del Big Bang.
Hermann Bondi (matemático y cosmólogo), Thomas Gold (astrofísico) y Fred Hoyle (astrónomo) desarrollaron en 1948 la SST.

La idea fue presentada en dos textos: uno de Bondi y Gold, más descriptivo, titulado “The steady-state theory of the expanding universe”, y otro de Hoyle, más técnico, titulado “A new model for the expanding universe”. Bondi, Gold y Hoyle se revelaban contra la teoría del Big Bang. El universo había existido siempre. Eso del Big Bang era una “chaladura religiosa” y sonaba demasiado a creacionismo.
Georges Lemaître fue un sacerdote católico y astrónomo belga. En L’Hypothèse de l’atome primitif, essai de cosmogonie (1946) desarrolla su “Teoría del átomo primitivo“, la cual se conocerá más tarde como Big Bang. El modelo de Lemaître “adolecía” de suponer un universo extremadamente joven, y la SST, con su creación de materia y energía, resolvía este problema, puesto que defendía un universo eterno (sin principio ni fin):

“Gold tenía la idea de que si existiese un proceso de creación continua de materia, éste haría posible que el Universo siguiera en estado estacionario, contraviniendo su expansión y así el problema de la “edad” del universo desaparecería”.

El universo explicado por la SST estaría en expansión pero no cambiaría, y sería constante y eterno.
Como nos hace comprender el autor, a pequeñas dosis según avanzamos en el texto, la SST se basaba en el principio cosmológico perfecto según el cual, el universo sería homogéneo e isotrópico (uniforme en todas las direcciones) tanto a través del espacio como del tiempo: independientemente del instante y del punto del universo en el cual nos encontremos: el universo, a gran escala, sería el mismo. Esto, sin embargo se encontraba en contraposición con la otra corriente de pensamiento que recorría los despachos de los físicos teóricos de la época: el Big Bang.
De 1948 a 1955, la SST y el Big Bang se encontraban en continuo debate, pero a partir de 1955 la SST empezó a perder fuerza: La primera evidencia observacional que llevó la contraria a la SST vino de la mano de la medida de ondas de radio provenientes de las estrellas, hechas por primera vez por Ryle en 1955.
Martin Ryle (Premio Nobel de Física en 1974) había trabajado con Bondi, Gold y Hoyle en radares durante la guerra. Las fuentes de aquellas ondas de radio se situaron fuera de la Vía Láctea. Se habían observado más fuentes de ondas de radio débiles que intensas, de donde se deducía que había más fuentes lejanas que cercanas. Esto contradecía la SST. Luego, con el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas en 1965 por Arno Penzias y Robert Wilson, la cual indicaba que el universo había sido más denso en el pasado, la STT quedó abandonada por completo. Penzias y Wilson recibieron el Premio Nobel de Física en 1978 por este descubrimiento.
A través de las entrevistas el lector obtiene una impresión viva y casi auténtica de los problemas que afrontó esta primera generación de los cosmólogos. Aunque las entrevistas son puramente ficticias, producto de la imaginación del autor, el contenido de los textos se basan en una cantidad ingente de información ejemplarmente señaladas en el capítulo de referencias. Argumentaciones basadas sólidamente en hechos históricos y complementadas con cuidadosas anotaciones y referencias a la literatura de la época. De esta manera el libro cumple a la perfección la función para la que fue diseñada: servir de puente entre la historia de la ciencia más erudita y la más divulgativa.

Para conocer nuestro futuro es indispensable comprender nuestro pasado. Helge Kragh sostiene y nos enseña que el SST aun estando equivocado, contribuyó de manera crucial al desarrollo de la cosmología moderna llevándola a ser lo que hoy es: Probablemente la disciplina científica más bella del mundo. ¿Queréis conocerla un poco mejor? Bucead en su pasado. Sumergiros en este libro.

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La bruja debe morir, de Sheldon Cashdan

la bruja debe morir

la bruja debe morir¿Quién no conoce BlancanievesCenicienta, Hansel y Gretel, La bella durmiente, Caperucita roja Pinocho? Los cuentos de hadas son nuestro primer contacto con la literatura. Algunos nos quedamos prendados de ella para siempre, pero incluso los que nunca más vuelven a abrir un libro recuerdan con cariño estas historias. ¿Por qué será? ¿Qué tienen estos cuentos para permanecer en nuestras cabezas a lo largo de los años y pasar de generación en generación? En La bruja debe morir. De qué modo los cuentos de hadas influyen en los niños, Sheldon Cashdan nos hace revisitar los cuentos de hadas de nuestra infancia y nos explica cómo su fantasía y su folclore nos impactan psicológicamente.

A través de los siete pecados capitales a los que los niños se enfrentan durante su desarrollo —vanidad, glotonería, envidia, mentira, lujuria, avaricia y holgazanería—, Cashdan nos muestra una nueva forma de entender los cuentos de hadas, descifrando los sentidos profundos que hay detrás de la sucesión de aventuras y dramas que viven los personajes. ¿Por qué los padres suelen estar ausentes o muertos? ¿Por qué el héroe y el villano comparten el mismo defecto? ¿Por qué es necesario que la bruja muera para que todos sean felices al final? Nada es arbitrario en los cuentos de hadas. Están cargados de simbolismos que percibimos de manera casi inconsciente durante la niñez y que interpretamos de modo muy distinto durante la edad adulta. La repetición de patrones hace que conectemos con estas historias y canalicemos nuestros conflictos psicológicos a través de ellas. Por eso, hoy en día se siguen utilizando para que un niño aprenda a gestionar la envidia que siente hacia su hermano, pero también como herramienta para tomar decisiones en las consultorías empresariales. Los tenemos tan interiorizados que son el escenario ideal para representar nuestros dilemas internos o la metáfora más socorrida para plasmar nuestras aspiraciones.

Sheldon Cashdan, además de poner en valor la utilidad psicológica de los cuentos de hadas, hace un repaso a su evolución histórica desmontando los mitos que existen alrededor de ellos, nos cuenta las diferentes versiones de los cuentos más populares, sin olvidar las adaptaciones Disney, y recupera aquellos que cayeron en el olvido por su alto contenido sexual o macabro. De este modo, La bruja debe morir. De qué modo los cuentos de hadas influyen en los niños se convierte en un ensayo tremendamente ameno y lleno de datos e interpretaciones sorprendentes, imprescindible para aquellos adultos a los que estos cuentos siguen generando intensas emociones y quieren desentrañar los significados ocultos que las provocan.

Tras leer La bruja debe morir nos queda claro que los cuentos de hadas están lejos de ser solo para niños y quizá alguno se lleve más de una desilusión al conocer las sombras de los personajes y las dobles lecturas de los peligros en los que se ven envueltos. Nunca volveremos a ver estos populares relatos con los mismos ojos inocentes, pero por fin tomaremos consciencia del porqué de su enorme impacto sobre la literatura y nuestras vidas. Por muchos años que pasen, los cuentos de hadas seguirán siendo el mejor camino para encontrarnos con nosotros mismos.

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El diario de la princesa, de Carrie Fisher

el diario de la princesa

el diario de la princesaLa luz rojiza del atardecer iluminó la sonrisa que se había dibujado en mi rostro tras dejar atrás la penumbra de la vasta sala de cine en la que había disfrutado de la película Rogue One: Una historia de Star Wars. La sonrisa había sido consecuencia de ese final de la que, por el momento, era la última entrega de la saga galáctica más célebre. Un final que no solo enlazaba a la perfección con Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza, sino que además tocaba la fibra sensible de nostálgicos, recuperando, como si no hubieran pasado los años para ella, a aquella princesa menuda, pero estoica, que luchaba con la fuerza de un titán. Sí, la princesa Leia Organa.

Minutos después, y ya en casa, una noticia que corría como un reguero de pólvora por internet dinamitó mi sonrisa hasta convertirla en un puñado de escombros. Carrie Fisher acababa de morir. ¡Qué cruel es en ocasiones el destino! Fue en ese preciso momento cuando dos pensamientos fugaces cruzaron por mi mente para convertirse en dos dolorosas revelaciones. La primera: Cuando esos famosos a los que has admirado desde niño empiezan a morir (de una muerte más o menos natural) es que ya no eres tan niño. Y la segunda: De la princesa Leia lo sabía todo. En cambio de Carrie Fisher, ¿qué sabía? Solo lo poco que me había molestado en buscar en internet, que, no os voy a engañar, tampoco fue mucho. Supe que podría ponerle remedio al asunto al conocer la noticia de que Nova publicaría El diario de la princesa. Por fin iba conocer los secretos de Carrie Fisher, los derroteros que había tomado su vida tras rodar Star Wars, sus pensamientos más íntimos… ¡y todo contado por ella misma! Las páginas de El diario de la princesa serían como un susurro desde el más allá, y eso, en cierto modo era tan triste como emocionante.

El diario de la princesa se convirtió en un proyecto que llevar a cabo en el preciso momento en el que Carrie Fisher encontró los diarios que escribió cuando era solo una muchachita de diecinueve años. Esas reflexiones timoratas e ingenuas, los poemas ñoños no aptos para diabéticos y esos eslóganes de reflexión vacua, que bien podrían haber estado escritos en la carpeta de una adolescente, sorprendieron a una Carrie Fisher ya adulta. Desde la perspectiva que dan los años decidió que tal vez había llegado la hora de dar ciertos matices a aquellos pensamientos donde los únicos colores que parecían imperar eran el funesto negro y el cándido rosa.

Lo primero que llamó mi atención a las pocas páginas de empezar a leer (a parte de la facilidad que tenía la autora para encontrar las palabras adecuadas) fue su sentido del humor. Nunca hubiera imaginado que Carrie Fisher gozara de un humor tan incisivo. Con la ironía, el sarcasmo y en ocasiones el gamberrismo más refrigerante como estandarte principal de su narración, no duda en ningún momento en hallar esos trazos de comicidad que le rodearon durante el rodaje de la primera película de Star Wars y que siendo más joven fue incapaz de vislumbrar. Humor que tiene que ver con los fans, con sus compañeros de rodaje o con ella misma y con lo que significaba convertirse en una súper estrella de la noche a la mañana. “No creo que nadie pueda pensar en Leia sin que yo merodee también por sus pensamientos. Y no estoy hablando de masturbación.” Humor que incluso llegaría a ser profético. “Resulta difícil imaginar una necrológica televisiva que no use una foto de esa niñita de cara redonda con sendos absurdos rodetes a los lados de su escasamente experimentada cabeza.”

Ese humor rápidamente se diluye y Carrie Fisher desgarra sus vestiduras y descubre su alma a los lectores. Sin inhibiciones, y solo guardándose para ella las escenas más morbosas, nos hace partícipes de unas reflexiones imprescindibles para entender cómo funciona la insaciable maquinaria de Hollywood. Dinero y reconocimiento a una edad muy temprana. ¿Qué podía salir mal? Mientras leía, mientras Carrie hablaba sobre los peajes que tendría que pagar por rodar por la autopista de la fama, un viejo proverbio chino me vino a la mente: Ten cuidado con lo que deseas. Una vez más la sonrisa se diluía en la amargura de la nostalgia.

Una extensa parte de El diario de la princesa está dedicado a Harrison Ford. El Harrison Ford que interpretó al inolvidable Han Solo y del que la jovencísima Carrie Fisher se enamoraría hasta las trancas. Un amor prohibido. Un amor imposible descrito en los cuadernos manuscritos que acompañan al libro y que en ocasiones dan cierta vergüenza ajena y en otras resultan conmovedores. La Carrie Fisher adulta arroja luz sobre la verdad en su relación con Harrison Ford; cómo era él, cómo la trato y qué es lo que todavía sentía por él son algunas de la incógnitas que encontrarán su respuesta.

¿Y qué hay de Star Wars? Sí, es evidente que también habla de la película. Pero más que del producto final Carrie Fisher se hace eco de los entresijos de aquel set de rodaje, de las curiosidades, las anécdotas y las fiestas (con ese secuestro, del que ella fue víctima, perpetrado por varios miembros del equipo que a mí, sinceramente, y a pesar de que lo describe como una broma, me resultó algo espeluznante).

El diario de la princesa es un libro escrito a cuatro manos: las de la jovencísima, ingenua y enamoradiza Carrie Fisher y las de la adulta, sagaz pero también enamoradiza Carrie Fisher. Unas memorias divertidas, apasionadas y de evidente carga nostálgica que revelan no solo lo bien que se desenvolvía Carrie Fisher a la hora de escribir, sino también lo aguda y certera que llegó a ser en sus críticas hacía la industria del cine.

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Cuerpo humano, de Steve Parker y Andrew Baker

Cuerpo humano

Cuerpo humanoSe calcula que, si todos los músculos del cuerpo pudieran trabajar a la vez, podrían levantar un peso equivalente al de tres elefantes. Y además, africanos. También se calcula que el cuerpo humano contiene suficiente fósforo para hacer 20.000 cerillas. Y un dato que me sorprende bastante menos: el músculo más fuerte para su tamaño es el masetero, que es el que utilizamos para morder y masticar.

Cuerpo humano está repleto de curiosidades, pero no es en absoluto uno de esos libros que consisten en una colección de anécdotas seguida de una serie de trivialidades para dar paso a una recopilación de datos irrelevantes. El subtítulo, Una guía ilustrada de nuestra anatomía, nos da una idea más aproximada del contenido, aunque quizá sea el título original en inglés el que más nos revele qué hace de este libro algo especial. Hélo aquí: Body, the infographic book of us, es decir, que, a diferencia de las guías y enciclopedias de toda la vida, con fotos  e ilustraciones siempre lo más realistas posible, Cuerpo humano nos muestra lo que somos a través de infografías.

¿Y por qué va a ser mejor aprender con infografías que con fotografías o con las habituales ilustraciones? Pues ni mejor ni peor, pero sí mucho más claro y fácil de captar a primera vista. Estamos en la era del PowerPoint y del Prezi, y cualquiera que quiera hacer llegar cierta información al público de manera rápida, clara y sencilla, sabe que en una obra de divulgación, dirigida al gran público y no al lector especializado, los esquemas, diagramas y gráficos son, en ocasiones, el medio más eficaz de transmitir dicha información.

Otra de las grandes diferencias entre Cuerpo humano y los libros de anatomía tradicionales podemos encontrarla en el índice. Así, en lugar de esos capítulos, de todos conocidos, titulados “el sistema nervioso”, “digestivo” o “el aparato muscular”, la obra de Steve Parker y Andrew Baker opta por clasificar la información de un modo más global, en el que el cuerpo no es una máquina o un conjunto de engranajes, sino que, más bien, forma parte de un todo que va desde las partículas químicas que lo constituyen a la relación que establecemos con el mundo que nos rodea.

A modo de ejemplo, tomemos el primer capítulo, “El cuerpo físico”, cuya sección “Con la cabeza alta” nos muestra la evolución de la altura de los seres humanos a lo largo de los siglos y en diferentes partes del mundo, así como las posibles causas de dicho desarrollo. En la sección “Es hora de…”, del capítulo “El cuerpo pensante”, podemos ver otro ejemplo de ello. Esta sección se ocupa del reloj biológico de nuestro cuerpo, y nos explica el modo en que la temperatura ambiente o la luz influyen en la sincronización de ese reloj con nuestros sistemas hormonales o endocrinos.

Los otros capítulos, que van desde “El cuerpo químico” hasta “El cuerpo médico”, pasando por el “genético”, el “sensorial”, el “coordinado” o el “creciente”, son igualmente interesantes y amenos y están siempre explicados con apabullante claridad.

En definitiva, un libro excelente para consultar, para aprender y para curiosear, y en el que siempre descubrimos algo nuevo.

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Rulfo, una vida gráfica, de Óscar Pantoja y Felipe Camargo

Rulfo una vida gráfica

Rulfo una vida gráficaNo me andaré con rodeos: Rulfo, una vida gráfica es una joya, una lectura imprescindible para los seguidores de Juan Rulfo, el escritor cuya biografía se recrea, como también para cualquiera que desee descubrir a uno de los mexicanos más relevantes de la literatura del siglo XX. Las ilustraciones de Felipe Camargo y el guion de Óscar Pantoja se funden para sacudirnos por dentro, y lo consiguen desde la cita escogida para encabezar la obra.

La excelente portada, que plasma referencias a Pedro Páramo y El llano en llamas con una tremenda fuerza visual, deja claro el tono que predomina en esta biografía gráfica publicada por la editorial colombiana Rey Naranjo. Y la lectura nos remueve enseguida, en cuanto comprendemos que ese imaginario del autor mexicano, extraña mezcla de muerte, desarraigo y amor, nace directamente de las terribles experiencias que vivió desde temprana edad.

¿Cómo no iba a ser la muerte una protagonista omnipresente en su obra si no vio otra cosa que muertos desde los seis años? Nacido en el convulso periodo de las guerras cristeras y el final de la revolución mexicana, Juan Rulfo sufrió una y otra vez las consecuencias de la violencia que asolaba su país. Óscar Pantoja y Felipe Camargo contextualizan en tan solo unas páginas esos años y transmiten su crudeza. Imposible no empatizar con el Juan Rulfo niño: con su inocencia e ilusión, primero; con su silencio y desolación, después. Imposible no sentir impotencia al presenciar su declive en la edad adulta, cuando el autor de dos obras emblemáticas de la literatura universal se quedó seco de palabras y se ahogó en excesos de melancolía y alcohol.

Asistimos a los momentos más representativos de la vida de Juan Rulfo a través de continuos saltos temporales, un ir y venir del niño al adulto, reviviendo los episodios más trágicos de su existencia, sintiéndonos atrapados por su pasado al igual que él. Que Rulfo, una vida gráfica no siga el orden cronológico convencional quizá sea un guiño a la ausencia de estructura de Pedro Páramo, donde Juan Rulfo olvidó los esquemas ortodoxos de la narrativa para que fuera la emoción la que sentara los pilares. Eso le llevó a ser incomprendido y despreciado por muchos, pero también ensalzado por los grandes de su época, como Carlos Fuentes, García Márquez, Elena Poniatowska, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Alfonso Reyes o Roa Bastos.

Acabar la lectura de esta novela gráfica nos hace valorarlo a nosotros también y ver con otros ojos la portada que creímos entender al principio. Ya no solo nos percatamos de las referencias a sus libros, sino que encontramos reflejado el dramatismo de su vida. La urgencia de sumergirse en sus obras se vuelve imperiosa, sea para redescubrirlas o para leerlas por primera vez, porque sabemos que en ese imaginario de realismo y fantasía, de folclore mexicano y experimentación narrativa, Juan Rulfo dejó mucho de sí, tal vez todo. Tras leer Rulfo, una vida gráfica, Pedro Páramo y El llano en llamas adquieren inevitablemente una nueva trascendencia, que hiere aún más.

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La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia, edición de Julia Barella y Laura Alonso

La mecánica de la escritura creativa en busca de una voz propia

La mecánica de la escritura creativa en busca de una voz propiaHay quien cree que ser escritor es un don con el que se nace y que no se puede enseñar. Y también está el que considera que solo se trata de juntar letras y que todos aprendimos a hacer eso en el colegio. No debe de ser un asunto tan sencillo dilucidar qué es escribir si existen puntos de vista tan opuestos, y La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia es un libro que nos ayuda a reflexionar sobre ello.

La Escuela de Escritura de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) publica este libro —editado por Julia Barella, su directora, y Laura Alonso, filóloga y profesora— para abordar la escritura creativa desde diferentes enfoques. Para ello, han contado con los artículos de los habituales profesores de la escuela y de reconocidos escritores que han impartido en ella cursos y talleres en sus diez años de existencia. El resultado es un volumen ecléctico que ahonda en este arte que para muchos aún está por descubrir.

Como es evidente, en la Escuela de Escritura de la UAH están convencidos de que sí se puede aprender a escribir bien si se interioriza la técnica y se fomenta la creatividad a través de juegos y métodos de todo tipo. En la primera parte de este libro se profundiza en estos aspectos y se pone en primer plano la importancia de la lectura en el proceso de escritura: leer no consiste en pronunciar una palabra tras otra, sino en comprender su significado, igual que escribir no es poner una palabra tras otra, sino exponer con exactitud y claridad lo que se quiere transmitir. En la segunda parte, cada artículo se centra en un género (poesía, teatro, narrativa, guion) y se plantean las posibilidades expresivas que ofrecen. En la tercera parte, hablan de cómo la escritura ayuda al desbloqueo emocional, la gestión de conflictos (personales o laborales) y al autoconocimiento, vinculándola con la meditación y la psicoterapia. Y en la parte final, treinta artistas (dramaturgos, poetas, novelistas, cuentistas y guionistas) explican por qué y para qué escriben y aconsejan a los escritores noveles cómo afrontar la escritura. En definitiva, La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia es un texto interesante para quienes quieran conocer los entresijos de la escritura creativa o deseen adentrarse en ella como profesores o como alumnos.

En los últimos tiempos, es frecuente ver cómo las asignaturas artísticas y de letras son ninguneadas frente a las de ciencias. Pero La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia reivindica la necesidad de fortalecer la educación artística en las programaciones académicas y de incorporar la escritura creativa, ya que fomenta la sensibilidad, la libertad de pensamiento y la comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. No es solo una cuestión de crear artistas —personas imprescindibles para una sociedad libre, aunque muchos no sepan (o no quieran) valorarlos—, sino de formar mejores personas y que todos sean capaces de encontrar una voz propia con la que expresar sus emociones y pensamientos. ¿No debería ser ese un objetivo ineludible para cualquier sistema educativo de calidad?

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Relatos clínicos

Relatos clínicos

Relatos clínicos Al ver qué estaba leyendo estos Relatos clínicos de Sigmun Freud, una amiga me comenta que Freud es suena ya como viejuno, que está pasado de moda… Eso pensé yo, pero no podía resistirme a leer estos casos concretos que un día escribió para dejar constancia de su trabajo, aunque yo creo, como también lo cree el propio Juan José MIllás y así lo manifiesta en su prólogo, que lo hizo sabiendo que eran más que una historias clínicas, y es por ello que no conserva nombres y en algunos ni fechas exactas para no poder ser identificados.

Freud sabía que estos relatos clínicos podían tener un recorrido más largo. Y ese es el que a mí me interesaba. El valor literario.

Y eso es lo que lógicamente piensa mi mente literaria, pero luego está mi otro yo algo más cotilla al que le encanta leer sobre otros, biografías interesantes, expedientes médicos o judiciales, testamentos antiguos … Ya saben, hurgar un poco en las profundidades de los hechos reales.

Y desde luego no me ha quedado otra que estar absolutamente de acuerdo con Millás al decir que estas historias poseen “eficacia narrativa”, me parece una expresión de lo más acertada. Además son historias completas, incluso las más cortas de apenas unas líneas.

Todos sabemos que Freud es el padre del psicoanálisis, muchos sabemos de él por su obra más importante, La interpretación de los sueños, pero no porque hayamos leído este libro donde expone toda la teoría de su especialidad, sino porque a todos nos suena eso de las teorías froidianas sobre la sexualidad, ya saben, eso de que según Sigmund Freud la sexualidad rodea todo lo que somos y está presente desde que nacemos.

Este ejemplar que tengo en mis manos y que he leído con gran delectación, es una cuidada edición que Siruela ha dejado al cuidado de la también psicoanalista Isabel Menéndez, y cuyo resultado les puedo asegurar que no les dejará indiferentes. Es probable que al finalizar la lectura no les parezca tan viejuno, y que incluso ustedes quieran adentrarse en la mente de estas “señoritas” a las que psicoanaliza y trata el Doctor Feud.

Porque esto sí es algo que me ha llamado la atención. En este libro todas las pacientes son mujeres, y la mayoría jóvenes, aunque los temas están agrupados en la parte primera encontramos la dedicada a la sugestión y la hipnosis; en la segunda parte los casos están dedicados a las Obsesiones y fobias, ¡más de uno estará pensando que esta parte me habrá venido de maravilla!, y por último veremos casos sobre paranoia y homosexualidad …

“… Nos vemos así forzados a dar la razón a los poetas que nos describen preferentemente personas que aman sin saberlo, no saben si aman o creen odiar a quien en realdad adoran. Parece como si las noticias que nuestra conciencia recibe de nuestra vida erótica fueran especialmente susceptibles de ser mutiladas o falseadas. … “

Así, con este fragmento pueden ustedes hacerse una idea de su estilo narrativo, aunque les diré que revive con naturalidad los diálogos con las pacientes, así como con los colegas o amigos a los que consulta.

En esta ocasión he seguido el ritmo establecido por Isabel Menéndez, esto es, primero he leído el prólogo de Juan José Millás, para después adentrarme en los casos concretos y terminar con el estupendo cierre o epílogo de Isabel, en el que responde a mi pregunta del porqué todas las psicoanalizadas son siempre mujeres, y en el que descubro la importancia del valor de la mujer, ella apuesta siempre por la lucha para resolver los temas que le inquietan, no dudando en ofrecerse para su curación, pero también para la experimentación y el avance de la ciencia, así que he llegado a pensar que tan importante fue el padre del psicoanálisis como esas primeras mujeres que se dejaron tratar por él.

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Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, de Javier Urra

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentesVamos a partir de la base de que no tengo hijos. Ni siquiera hermanos. Pero he sido adolescente y es una época que recuerdo muy bien. Yo nunca fui una chica conflictiva. En mi Madrid natal, solo salía por el barrio los fines de semana y como mucho iba a alguna discoteca con horario light. Nunca he tonteado con las drogas y los estudios siempre han sido mi prioridad. Mi madre era como mi mejor amiga y siempre le contaba todo lo que hacía o las dudas que tenía sobre algo. Así que ella podía dormir relativamente tranquila, sabiendo que podía confiar en mí. Por suerte mis amigas eran más o menos como yo, todas con sus más y sus menos, aunque ninguna tenía esa relación tan especial que tengo yo con mi madre. Pero al fin y al cabo todas iban a clase, hacían los deberes, iban pasando de curso y tenían metas en la vida.

Pero también hay adolescentes que no son así. Que son caprichosos, cabezotas, demasiado inquietos y desobedientes. Javier Urra, psicólogo navarro harto conocido —y también profesor de mi mejor amiga Lucía, que tuvo la suerte de tenerle como docente— lleva muchos años escribiendo tratados sobre cómo educar a los niños y a los adolescentes o, más bien, como sobrellevarlos. En Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, nos enseña una serie de recursos y herramientas que los padres deberían usar si quieren que sus hijos no se conviertan en pequeños dictadores. Pero también les enseña a cómo lidiar con un chico que sufre acoso escolar, que tiene problemas alimenticios, que tontea con las drogas o que está enganchado a las nuevas tecnologías.

Ser padre debe ser muy difícil, pero ser adolescente lo es todavía más. Cuando tienes dieciséis o diecisiete años, todavía no has encontrado tu lugar en el mundo (no lo he encontrado yo que voy camino de los veinticinco… como para encontrarlo siendo un teenager). Los caminos fáciles parecen una buena opción y las metas a largo plazo parecen inalcanzables y costosas. ¿Para qué estudiar una carrera si fulanito no estudió y gana un sueldazo? ¿por qué no tomar cocaína o marihuana, si soy capaz de dejarlo cuando quiera? ¿por qué no vomitar después de comer si la sociedad no va a aceptar mi cuerpo? ¿por qué no acosar a ese chico diferente del instituto, si a nadie le importa? Ser adolescente es muy difícil. Hay tentaciones en cada esquina y las hormonas no ayudan precisamente a escoger los caminos adecuados.

Este libro lo conocí por mi tía. Ahora mismo tiene dos niños, de tres y cinco años, pero sabe que tiene que estar preparada para lo que venga. Sabe que no puede cerrar los ojos o mirar hacia otro lado mientras sus hijos se destrozan la vida. Sabe la realidad que hay en la calle. Sabe que la mayoría de niños empieza a beber a una edad que suena hasta ridícula. Sabe que hay un porcentaje demasiado alto de chavales que dejan los estudios. Y sabe que hay otros que acaban por pegar a sus propios padres. Por eso ella se está preparando y cuando vi en su casa Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes no pude evitar leerlo, por la curiosidad que me generaba.

Yo no sé si tendré hijos algún día, aunque sí es una cosa que entra en mis planes. Y no sé si seré capaz de lidiar con un adolescente que no encuentra su lugar en el mundo y que me verá como su mayor enemigo. Pero lo que sí haré será mirar al problema a los ojos y decirle: “a ver, que yo también fue adolescente una vez. ¿Qué tienes preparado para mí?”.

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Vinilos, de varios autores

Vinilos

VinilosVinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.

Se trata de un trabajo muy minimalista, en el que los autores —los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout— han tenido muy claro lo que querían ofertar al público. Así, con una simple división en dos apartados, «fotografía» e «ilustración», se exponen ante nosotros un total de 242 portadas —que en muchos casos van acompañados de sus contraportadas, casi por obligación artística— sin que haya un orden aparente. Ni falta que hace.

Hablamos, como digo, de casi doscientas cincuenta portadas, recogidas bajo la atrevida denominación de “las mejores portadas de discos de la historia”. Y aquí se es obligada la pregunta impertinente de todas las listas de este tipo: «¿realmente son las mejores?» No seré yo el que lo afirme o lo desmienta. Por supuesto que me han faltado unas cuantas de mis favoritas en esta recopilación—ejem, Abbey Road, ejem, Is this It?—, pero al mismo tiempo me alegro de no haber visto otras muchas hasta el momento de encontrarlas en las páginas de este libro. Porque yo, que apenas viví la época en la que la primera referencia que uno tenía de un grupo era la portada del disco que se iba a atrever a comprar, he podido experimentar la sensación de sentirme seducido por algunas fotografías e ilustraciones realmente maravillosas, de las que luego he podido descubrir que contenían música de muy diversa calidad (lo siento, Roxy Music, pero soy más de vuestras portadas que de vuestros temas).

Como explicaba al comienzo de la reseña, además del prólogo y de los dos artículos que abren las secciones, los textos son muy escasos en este libro y se limitan a repasar la biografía de algunos de los fotógrafos e ilustradores más importantes de la historia reciente de la música. Y creo que esto es algo que en el fondo hay que celebrar. De todas las épocas y estilos musicales que están recogidos en este trabajo se han hecho fenomenales reportajes y ensayos; Vinilos, en lugar de entrar en esta pugna, deja que sean las propias portadas las que hablen. Y es complicado explicar el placer que se siente al admirar con detenimiento y en buen tamaño y calidad portadas como  la de From the inside, de Alice Cooper o la de Appetite for destruction, de los Guns and Roses.

Por todo ello diría que estamos ante un libro (o no exactamente) que merece la pena disfrutar lentamente, página a página, disco a disco, con paradas imprescindibles en las estaciones de servicio de YouTube o de Spotify para comprobar tranquilamente qué hay detrás de esos envoltorios tan trabajados e impactantes. Vinilos es, por desgracia, un reflejo del pasado de la música, en la que era tan importante trabajar el continente como el contenido. Por eso hay que guardarlo a buen recaudo, porque sus páginas contienen un tesoro al que no debemos renunciar: el de la convivencia del arte estético con el musical.

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El libros de los hábitos productivos, de Ben Elijah

El libro de los hábitos productivos

El libro de los hábitos productivosProcrastinar. Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa diferir o aplazar. Yo conocí esta palabra cuando un día, viendo una página de Internet en la que se colgaban carteles con los memes de moda, vi uno que ponía: “Deja de procrastinar y ponte a hacer algo útil de verdad”. Fue como una jarra de agua fría recorriéndome la espalda.

Entiendo que no solo se trata de aplazar algo que tenemos que hacer (véase el imperativo implícito), sino que en vez de cumplir con esa obligación, dedicamos nuestro tiempo a hacer otras cosas que tenemos pendientes pero que no son igual de importantes. Os voy a poner un ejemplo que seguramente a todos os suene familiar: yo trabajo por las mañanas y oposito por las tardes. Cuando llego de trabajar, paseo a los perros, como y descanso un poquito. Cuando llega la hora, me siento en el escritorio dispuesta a cumplir con el objetivo marcado para ese día. Pero entonces veo que la mesa está muy desordenada, y yo con tanta cosa de por medio no puedo estudiar. Así que me pongo a organizarlo todo, a reordenar los apuntes, a poner al día la agenda y, cuando me quiero dar cuenta, he barrido la habitación, quitado el polvo y ordenado los subrayadores por colores. En fin, que se me ha pasado media tarde y lo único que he hecho ha sido NADA. Pero en mi cabeza, mientras estoy procrastinando, estoy pensando: “qué productiva estás siendo, Ana. Mira cuántas cosas eres capaz de hacer en tan poco rato”. Sí, si está muy bien. Pero mi objetivo del día era estudiarme un determinado tema, no ponerme a organizarlo todo como si tuviera TOC.

De eso es de lo que nos habla (entre otras cosas) El libro de los hábitos productivos. Su escritor, Ben Elijah, nos cuenta su propia experiencia personal. Él se dio cuenta de que tenía ciertos hábitos o manías en su día a día que le impedían ser una persona eficiente. Por ejemplo, advirtió que las ideas productivas llegan en cualquier momento. Puede ser mientras estás en el escritorio —preparado para ello— o cuando estás en una cafetería, o haciendo running por el parque. Así que se dio cuenta de que siempre tenía que llevar consigo una herramienta que le permitiera anotar esas ideas al momento sin peligro de que después se le olvidaran. Y pensaréis que esto suena a tontería. Todos sabemos que las ideas vienen y van y que en el momento en el que aparecen hay que anotarlas. Pero no todos lo hacemos, y más si tenemos en cuenta la situación en la que estamos en ese momento. Y no todas las herramientas que usamos para ello son las más adecuadas. Por eso Ben Elijah nos muestra una serie de técnicas que podemos usar para que estas ideas no se volatilicen, dependiendo de cómo seamos y de cómo sean nuestras rutinas. Yo siempre he sido de papel y boli, de llevar una libretita en el bolso y apuntar todo lo que se venga a la cabeza. Pero esa libreta no está siempre conmigo. Por ejemplo, nunca la llevo cuando salgo a andar. Elijah propone usar siempre el mismo instrumento para anotar las ideas, así que quizás, en mi caso, sería más lógico usar el teléfono móvil. Yo llevo el móvil a todas partes, incluso a la hora de hacer deporte, por lo que puede ser una buena herramienta para conseguir ese objetivo.

En El libro de los hábitos productivos también encontramos consejos sobre cómo organizarnos a la hora de enfrentarnos a una tarea. ¿Es importante o indispensable? ¿se puede delegar? ¿cuánto tiempo me va a llevar realizarla? Si nos hacemos una serie de preguntas antes de empezar con una tarea determinada, podremos darnos cuenta de cuáles son nuestras prioridades, mostrándole a nuestro cerebro que, si decidimos hacer una cosa que no es sumamente importante, estamos procrastinando. Y eso está mal. Así que nuestro cerebro no estará contento pensando que está haciendo algo productivo. No. Sabrá que somos unos vagos que no hacemos más que posponer lo que deberíamos hacer ya.

Os voy a confesar que yo pensé que en este pequeño libro me darían la solución para no procrastinar. Pero lo cierto es que no hay una receta infalible para ello. De hecho, antes de ponerme a escribir esta reseña, he revisado todas mis cuentas de correo electrónico  haciendo que mi mente pensara que estaba haciendo algo realmente productivo, aunque sí es cierto que he sido capaz de no ponerme al día con las redes sociales. Y  es que lo de las redes sociales ya es tema aparte. La próxima vez que os vayáis a meter en Facebook mientras posponéis algo, pensad que eso no os va a dar de comer y que, cuando os metáis en la cama, os arrepentiréis de haber pasado tanto tiempo haciendo el tonto en vez de aprovechando las pocas horas que tenemos.

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