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El evangelio según Loki

el evangelio segun loki

“El evangelio según Loki”, de Joanne M. Harris

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Ay, Loki, Loki… las lía pardas. Pero, ¿qué sería de Asgard y de las Eddas sin su aparición? Bueno, vale. Posiblemente… ¡no!, con toda seguridad no sucedería el Ragnarök (o batalla del fin del mundo) y los dioses, sobre todo Odín, vivirían más tranquilos y relajados, sí. Todos comiendo y comiendo sin fin como Obelix y bebiendo cuernos y cuernos de hidromiel, acostándose con esta y aquella y luchando entre ellos o contra gigantes por mera diversión, porque sí, porque es lo que siempre han hecho y lo que les gusta…

Pero faltaría algo. Si no existiera no habría chicha en las historias, no tendría gracia la mitología nórdica (una mitología que le da mil vueltas a la cristiana, pues es mucho, pero muuucho más entretenida). Loki es el contrapunto necesario. ¿Nos imaginamos a Batman sin el Joker? No es buen ejemplo porque anda que no tiene villanos Batman… para dar y regalar. Pero ya me entendéis.

Hasta ahora siempre hemos conocido la “versión oficial” de lo sucedido por vías ortodoxas (Eddas y Sagas), pero lo que leemos en El evangelio según Loki es, como su nombre indica, la versión de Loki.

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El paraíso perdido de John Milton

el paraiso perdido

“El paraíso perdido de John Milton”, de Pablo Auladell

el paraiso perdido

Llevaba mucho tiempo queriendo leer el texto de El paraíso perdido de Milton. Mucho. Tanto que he perdido el libro. Y el caso es que lo empecé, pero leer en verso no es lo mío (salvo excepciones, claro) y lo dejé a las dos páginas.

Sea como sea, lo cierto es que gracias a Sexto Piso ha sido ahora cuando he podido leer el cuento que Milton pergeñó. Aunque no exactamente de la misma manera, sino en formato cómic, que se hace menos pesado y es más mejor.

Pero, ¿qué es El paraíso perdido de John Milton de Pablo Auladell? Pues es la adaptación al noveno arte del poema en versos sin rima que Milton hizo adaptando a su vez uno de los múltiples cuentos e historietas que conforman ese recopilatorio que es La Biblia. Concretamente la caída de Lucifer, el pecado original y la expulsión de Eva y Adán del Paraíso terrenal (de ahí el nombre de la obra).

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El conde Lucanor

El conde Lucanor, de Don Juan Manuel

el-conde-lucanorSeguramente, los amables lectores habrán oído decir eso de que cada generación es más inteligente que la anterior y que, por tanto, el hombre del siglo XXI lo es más que el de cualquier otra época. Pues bien, nada mejor que leer algo bueno e inteligentemente escrito del pasado para darnos un baño de humildad. Por ejemplo, El conde Lucanor, el gran clásico medieval de la literatura española escrito por el noble Don Juan Manuel.

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Niebla

Niebla, de Miguel de Unamuno

Niebla

Acaso fuera don Miguel de Unamuno demasiado filósofo, demasiado introspectivo, demasiado analítico, demasiado cerebral y su sentido de la vida fuera quizá demasiado trágico para pasar a la historia como gran novelista, no ya de la literatura española, sino siquiera de su generación (el gran novelista será seguramente Pío Baroja). Pero ello no es óbice para que creara una imperfectísimamente perfecta novela -o nivola, según denominación unamuniana; como ustedes prefieran-, Niebla.

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La piedra lunar

La piedra lunar

La piedra lunar, de Wilkie Collins

La piedra lunarConsiderada por algunos, léase T.S. Eliot, como la primera y “la mejor novela de detectives de la literatura inglesa”, La piedra lunar cuenta la historia de un valiosísimo diamante amarillo, custodiado por tres brahmanes en un santuario hindú, sobre el que pesa una maldición. La joya, robada tiempo atrás, es legada en herencia a la joven Raquel Verinder por el día de su cumpleaños, fecha en la que habrá de volver a desaparecer, después de una cena repleta de invitados, todos ellos, junto al servicio de la casa, presuntos sospechosos.

Escrita bajo los efectos del opio, consumido en principio con fines terapéuticos, Wilkie Collins, que llegaría a experimentar ilusiones paranoicas bajo dicha influencia, nos relata además las consecuencias del consumo del láudano en su novela, de la que más tarde confesaría haber escrito partes que ni si quiera recordaba.

La piedra lunar fue publicado por primera vez por entregas en 1868 en la revista “All the year round”, fundada y dirigida por Charles Dickens, íntimo amigo de Collins, y constituye, junto a La dama de blanco, la mejor novela del escritor inglés, del que se dice también que es uno de los precursores del género policíaco.

Razones no faltan. A Collins se le nota su afán por innovar en el uso de una narrativa coral, donde las voces de sus personajes toman el relevo unas de otras recomponiendo con sus propias vivencias y recuerdos, a modo de diarios, informes y cartas -motivo por el cual a menudo se ha clasificado como literatura epistolar-, los acontecimientos en torno a la desaparición del diamante como si de un puzle se tratara. Son ellos, y no otros, los que de una manera global, aunque también prácticamente lineal, nos van aportando las piezas que necesitamos para componer una imagen final y la resolución de este rompecabezas. Sigue leyendo La piedra lunar

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La prima Bette

La prima Bette, de Honoré de Balzac

la-prima-betteA las vacas sagradas de la literatura universal no hay que tenerles miedo; si acaso, respeto, eso siempre, pero miedo ¡no! Porque el miedo fomenta prejuicios -y se retroalimenta de ellos- y esos prejuicios hacen que podamos fácilmente llegar a perdernos una experiencia lectora de lo más grato. ¿Quién iba a pensar que todo un Balzac iba a escribir una novela tan amenota, tan fácil de leer, tan folletinesca y tan jugosa como La prima Bette? Pues sí, oigan. Uno de esos libros que se pueden leer sólo para divertirse, que no es objetivo baladí. Y si encima admite varios niveles de lectura y nos ilustra, por ejemplo, sobre el París de mediados del siglo XIX, a la par que nos regala momentos humorísticos y un par de personajes de ésos que da gustito odiar, pues miel sobre hojuelas.

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La joven durmiente y el huso

La joven durmiente y el huso

“La joven durmiente y el huso”, de Neil Gaiman

La joven durmiente y el huso

Desde que leí The Sandman (mi desvirgamiento en el mundo del cómic adulto, junto con Predicador, esto ya lo he comentado alguna vez…) no he dejado de seguir la pista de Gaiman. Eso no quiere decir que haya leído todo lo que ha parido, no, –el cómic Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?; el libro (excelente y también reseñado aquí ) American Gods y Buenos Presagios, escrito a pachas con Terry Pratchet,  son una pequeña muestra de esa pista que voy siguiendo de lejos– pero mi secretaria me mantiene al tanto de sus obras. Es lo menos que puedo hacer por el creador de ese gran universo en el que transcurren las aventuras de Morfeo y que tan honda huella me dejó.

Y es que el problema de que lo primero que caiga en tus manos cuando te dispones a descubrir a un autor sea una obra maestra que te fascine tanto como la del rey de los sueños, es que esperas que lo siguiente que leas de ese autor sea, al menos, del mismo nivel y tienes miedo de decepcionarte. Por eso voy pian piano. (Y eso que American Gods, Batman… y Buenos Presagios me gustaron).

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Los hermanos Karamázov

Los hermanos Karamázov, de Fiodor Dostoievski

los-hermanos-karamazovFiodor Dostoievski es ese escritor que nos demuestra que se puede ser extraordinariamente compasivo y, a la vez, extremadamente inmisericorde con los propios personajes, incluso en las formas. Nuestro admirable autor gasta un lenguaje apasionado que roza lo brutal, en ocasiones. No tiene el menor reparo en desnudar a sus personajes a tirones, dejándolos absolutamente expuestos a la mirada del lector, que tiende a ser aún menos piadosa que la del autor, conque ya ven ustedes qué panorama.

Y, sin embargo, se agradece esa falta de contemplaciones, porque sólo así resplandece la verdad de lo que Dostoievski quiso decir, o de lo que intuimos que quiso decir con su obra.

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El ruido y la furia

El ruido y la furia, de William Faulkner

el-ruido-y-la-furiaRecién hablábamos de Matar a un ruiseñor como ejemplo perfecto de clásico de escritura sencilla y directa, a la par que cuidada y bella. Pues bien, el libro que hoy comentamos bien podría considerarse la antítesis estilística de aquél; en verdad, no es fácil encontrar una obra literaria del siglo pasado en la que sea tan complicado entrar y en la que se deba leer tantas páginas antes de empezar a vislumbrar las conexiones, la historia que se está contando y adónde quiere dirigirnos el autor, como El ruido y la furia.

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Orlando

Orlando, de Virginia Woolf

orlandoEn el lenguaje de la culturilla (esas referencias y conocimientos variopintos que el público general de cierto bagaje cultural comparte a modo de poso de lo que un día estudió), Orlando es esa novela en la que el protagonista es un hombre que se transforma en mujer, del mismo modo que Virginia Woolf es esa escritora excéntrica que se suicidó llenándose los bolsillos de piedras y sumergiéndose en el río. Como toda referencia supersimplificada, ambas nociones no dejan de ser verdad, pero sin embargo son un poco mendaces, porque dejan de abarcar una verdad mucho más rica y amplia. Basta con leer esta novela para desmontar -o quizás para enriquecer y policromar- las dos definiciones susodichas: tanto Orlando como la Woolf son muchísimo más que eso, y reconocerlo y proclamarlo es sólo hacerles justicia.

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Matar a un ruiseñor

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

matar-a-un-ruiseñorEl premio Pulitzer que ganó (con total merecimiento) Harper Lee por Matar a un ruiseñor y, más aún, sus cifras de ventas y el hecho de que lectores de todo el mundo la tengan entre sus novelas favoritas viene a corroborar que la mayoría de los lectores prefiere historias sencillas, de sujeto, verbo y predicado, sin grandes alharacas formales, sin juegos de palabras, sin rompecabezas que ensamblar ni competiciones de ingenio en la que verse envueltos frente a frente con el autor del libro (a qué negar que muchas novelas son pura estrategia por parte de autores que necesitan demostrar una presunta superioridad intelectual con respecto a su lector); y, yendo más allá, que prefiere, sobre todo, historias con alma y corazón por encima de aquéllas que se presentan a sí mismas como “indispensables”. Porque, digámoslo claramente y sin rodeos: Matar a un ruiseñor es una de las mejores novelas que uno puede tener el placer de leer en toda su vida.

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Guerra y paz

Guerra y paz, de Lev Tolstoi

guerra-y-pazHay bastante polémica acerca de las diversas traducciones al español que de Guerra y paz existen; algunas se hicieron no del original en ruso, sino de la traducción al francés; y se dice también que, según la traducción que se lea, incluso la historia es diferente. Quien está escribiendo esta reseña opina que la fuerza de algunas joyas literarias es tal, que sea cual sea la traducción, siempre que se haya hecho desde la honestidad y el respeto -y son de suponer estas cualidades a cualquier traductor digno de ese nombre-, será permeada por esa fuerza y el lector accederá a la esencia del espíritu del original, a toda su verdad y su belleza. Por eso, dejemos a los expertos el debate sobre qué traducción es más aconsejable; aunque, para los lectores más interesados en este tema, justo es decir que esta reseña se refiere a la versión de las hermanas Irene y Laura Andresco, publicada por la editorial Aguilar en sus Obras Completas de Tolstoi. Como parece que este libro está ahora descatalogado, y siguiendo la opinión expuesta más arriba, me tomo la libertad de recomendar la lectura de Guerra y paz en cualquiera de sus traducciones.

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