Como cada semana, en el boletín de novedades editoriales de Libros y Literatura os presentamos tres propuestas literarias diferentes. Una oferta apta para todo tipo de gustos.
Me sucede siempre, cuando tengo que hablar de un clásico, que no sé muy bien por dónde empezar. Quizá por eso – y en este caso más – he tardado un poco más de la cuenta en poner en orden mis ideas, habida cuenta que la edición que tengo entre manos lo merece, y probablemente se merecería una reseña mucho más grande. Las mil y una noches que, como supongo que comprobaré más adelante, prácticamente todo el mundo conoce, viene aquí envuelta en un auténtico lujo. Su historia, harto conocida, ha llenado las páginas de antologías y las estanterías de muchos de los que ahora, con sus ojos puestos en esta pantalla, nos estarán leyendo. Pero yo, que me prometí hace poco tiempo empezar a visitar los clásicos que se me habían escapado por el camino, decidí que esta lectura era imprescindible. Así que me vi inmerso en su mundo mientras iba de un lado para otro, de viaje en viaje, aprovechaba algún rincón libre para poder leer algunos fragmentos de esta obra tan conocida, pero por la que había pasado de puntillas gracias a referencias en otros libros o por personas que me habían hablado maravillas de esta lectura. Pero no hablaré aquí, además, de la obra en sí, sino también de la edición que, como si de un tesoro se tratara, cuando llegó a mis manos, vi que mis pupilas se dilataban, mis manos sudaban, y todo fue de la emoción de sentir ya mío un libro, una forma de edición, que haría las delicias de cualquiera que, como yo, adorara los libros por encima de todas las cosas. Es un placer – a la par que un desafío – hablar hoy de Las mil y una noches.
Vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero, de Martin Rowson
De vez en cuando, a algún autor se le ocurre meterse dentro de la novela que nos está contando. Otras veces, se dirige directamente al lector y le dice algo así como “sigue tú por mí, que tengo que ir al lavabo”. En ocasiones, el autor no sabe cómo acabar su obra, y le deja al lector un par de posibilidades para que éste escoja la que más le convenga. Y todo ello, nos decimos, es sumamente original.
La originalidad está considerada un valor literario en sí. Ser original es siempre una virtud, y por ello nunca oiremos a nadie decir “este autor no me gusta porque es muy original”. Se me ocurre ahora que quizá alguien debería hacerlo y reivindicar así la originalidad como una virtud del lector. Pero no hagamos como el señor Sterne y volvamos al asunto que nos ocupa, a saber la originalidad.
Los mosqueteros: Los tres mosqueteros y Veinte años después, de Alexandre Dumas
El instante perfecto para que los clásicos nos den la mano
Que yo podría ponerme a hablar ahora de las vicisitudes que llevaron a Alexandre Dumas a escribir la historia que aquí se cuenta, sería verdad, y además quizá a muchos de vosotros os interesaría. Que, además, la reseña de un clásico entre los clásicos como es Los tres mosqueteros influye mucho a la hora de elegir adecuadamente las palabras, también sería verdad, a parte de una obviedad y de una repetición cada vez que yo decido reseñar algún clásico que por razones que no vienen al caso caen en mis manos como pequeños grandes tesoros. Así que os preguntaréis que si yo he venido aquí a hablar de este libro, pero no voy a contar nada de lo antes mencionado, ¿qué voy a contar? ¿Acaso me he vuelto loco y he empezado a escribir reseñas sin sentido? Sabéis que no. Pero se me hace difícil hacer entender a la gente la suerte que uno tiene de caer en las garras de algunas lecturas, porque eso es lo que ha sucedido aquí. He tenido la inconmensurable suerte de caer rendido en el caldero lleno de monedas de oro que todo lector intenta encontrar. Quizá sea uno de los clásicos que, en un reto personal, me he propuesto leer cada mes. Puede que incluso sea un libro que hubiera tenido que leer mucho antes. Pero ni la vida tiene el mismo ritmo que nuestras apetencias, ni las oportunidades son las acertadas en un mundo como éste que lo mismo te da una de cal y otra de arena. Así que empecemos, que ya me estoy alargando…
Un clásico que nos hace entender que el drama tiene cierta belleza en su interior
La imagen que se forma en la cabeza de uno cuando trata de describir un clásico, siempre lo he dicho, es la de un pequeño galimatías que se convierte en una cuesta difícil de subir. Uno encuentra la vivencia de los clásicos como algo inmenso y, quizá por ello, complica más la existencia a quien intenta hablar de ellos. Nuestra señora de París es algo así como una gran construcción que respira a través de su edificación, a través de las paredes que contuvieron el drama de dos personajes que son repudiados, a los que la vida sólo les trajo infortunios y gran pesar. Y es por ello por lo que a mí se me encadena un pequeño nudo en la garganta que, poco tiempo después, agarrota mis dedos y los convierte en estatuas imposibles de moverse adecuadamente. ¿Cómo hablaré de una historia como esta sin caer en el más absoluto de los absurdos, encadenando palabras que son una y otra vez remaches de otras prendas, de otras palabras ya utilizadas, de otras visiones de la misma obra que pueblan la red y las mentes de muchos de vosotros? Así que, después de conseguir la calma necesaria para ponerme a escribir, me mantengo alerta, miro dentro de mí y empiezo a escribir una reseña que habla de una obra grande, y lo que significa para una persona pequeña como yo, que es uno más entre muchos de los seres humanos que pueblan un mundo que tuvo la suerte de tener, entre sus obras, la que me ocupa ahora y hace que mi corazón se pare en algunas ocasiones.
Antología Cátedra de Poesía de las Letras Universales, edición de José Francisco Ruiz Carrascosa
Porque lo bello no es nada más que el comienzo de lo terrible, justo lo que nosotros todavía podemos soportar… Rainer María Rilke
Antes que nada cabría puntualizar que el objeto de la presente antología no es antologizar la poesía universal sino los sesenta volúmenes que componen la colección de poesía de la colección Letras Universales de Cátedra. Lo primero sería tratar de abarcar lo inabarcable y lo segundo en realidad también porque a fin de cuentas la poesía no es otra cosa que el intento de abarcar lo inabarcable sabiendo que lo importante no es lograrlo, sino intentarlo de la forma más hermosa posible, encontrar la belleza en el camino aunque el destino no se alcance. O sí. Y esta obra lo consigue, quiero decir que, utilizando una de las imágenes de los poemas recogidos en ella (de Aldous Huxley sobre Italia) es más bella de lo que un poeta ciego acertara a soñar, por más que objetivamente recoja sueños que sí acertaron a soñar muchos poetas probablemente videntes, pero no por ello menos ciegos ya que el mundo que ven no es el que los ojos de los demás alcanzan a percibir. En cualquier caso el objetivo de una antología es el de ejercer de muestra representativa de un todo, que en este caso es la citada colección, y eso lo logra sobradamente ya que consigue que el lector se haga una idea bastante aproximada de lo extraordinario y apabullante que es el catálogo que la sustenta.
Como toda antología seguramente resulte discutible, habrá quien desearía que se incluyera algún autor que no comparece del mismo modo que es de suponer que no todos los que efectivamente desfilan por sus páginas sean del agrado de todos los lectores. Es irrelevante. Siempre es estéril, pero en este caso sería especialmente absurdo acercarse al libro con ánimo de inquisidor y analizar lo que sobra o lo que falta. Esta Antología Cátedra de Poesía de las Letras Universales es un libro para disfrutarlo y su diversidad permite hacerlo de variadas maneras, no necesariamente una lectura lineal. Me atrevería a decir que incluso la simple conciencia de tenerlo a mano ya provoca disfrute lector, porque no todo el mundo puede presumir de tener en su biblioteca una puerta a lo infinito que puede abrir y cerrar a voluntad. Sigue leyendo Antología Cátedra de Poesía de las Letras Universales
Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, de Eduardo Lago
Filosofía para la felicidad, de Epicuro
En Libros y Literatura despedimos la semana por todo lo alto. En esta ocasión, nuestro boletín de novedades editoriales no podría ser más interesante. Hemos escogido tres libros con títulos sugerentes: los dos primeros, como viene siendo habitual, son dos novelas de título muy sugerente y que encierran una historia apasionante; mientras que el tercero es una tratado clásico que resulta de reabiosa actualidad. Y todos ellos, con la garantís de estar firmados por grandes autores y editados por sellos de prestigio.
Os presentamos Ojalá estuvieras aquí, de Graham Swift, Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, de Eduardo Lago y Filosofía para la felicidad, de Epicuro. Os invitamos a seguir leyendo para que conozcáis un poco más de ellos.
Ser un clásico asusta. Reseñarlo, todavía más. Uno nunca se encuentra con la suficiente capacidad para describir con precisión lo que alguno de los clásicos más conocidos de la literatura han supuesto para él en algún momento. Es así. Parece como si estas lecturas nos llamaran desde lejos, instándonos a leerlas, pero cuando tenemos que ponernos a escribir sobre ellas, el miedo atenaza los dedos y ríanse ustedes de las películas de terror. “Nuestra señora de París” ha conseguido que yo, que siempre me he jactado de escribir sin mucho esfuerzo, me haya visto envuelto en un halo de dificultad porque, ¿qué os cuento? ¿su argumento? ¿sus implicaciones referentes al contexto de cuando se escribió? ¿os hablo del autor, o mejor lo omito porque es muy conocido? Preguntas y más preguntas. Al final, tras muchas rumiaciones, decidí hacer lo que mejor se me da: escribir sentimientos. Aquellas emociones que variaron al leerlo y que se movieron con tanta rapidez en mi interior, que casi sería un delito no mostraros la evidencia de que este libro, repito, este libro, no es sólo un libro más, sino todo lo contrario: es la obra maestra puesta en imágenes que llevaba esperando desde que me aficioné a la lectura y, por extensión, a la literatura en general.
Tres personajes que son leyenda: Esmeralda, Frollo y Quasimodo, creando una historia que se recordará por los siglos de los siglos, y rodeados de catedral que sólo al leer su nombre ya despierta alguna reacción en nuestro interior: Notre Dame de París.
La literatura clásica existe para recordarnos cómo fue. Cómo fue absolutamente todo. Por eso, hoy, cuando me dispongo a reseñar esta nueva edición de “Odisea” resulta que me salto los cánones y me pongo nostálgico. Y me entran ensoñaciones de cuándo leí por primera vez este libro, en una edición adaptada para un público joven, de la que entendí que los viajes en la literatura eran imprescindibles, y que disponían al lector para vivir aventuras que jamás se había imaginado. Fue el germen que hizo que, hoy en día, sea un auténtico adorador de la cultura griega en general, y la mitología en particular. Pero no es de mí de quien quiero hablar, o quizá sí, porque todo aquel que escribe para los demás, pone un puñado de sí mismo en todo lo que escribe, por lo que en cada palabras, en cada frase, en cada puntuación que ponga a partir de ahora, imaginad que estáis aquí, al lado, viéndome escribir lo que esta nueva edición de uno de los textos más conocidos, ha supuesto para mí, un humilde lector, que sólo busca vivir viajes a través de las palabras.
Un texto reconocible tan sólo por su título, quizá también por su autor, Homero, que nos narra un viaje de regreso a la patria, al amor, y que amplia la imaginación hasta límites insospechados.
La adaptación: Romeo + Julieta de William Shakespeare(original: William Shakespeare´s Romeo and Juliet ) Director: Baz Luhrmann Año: 1996 País: EE.UU. Reparto: Leonardo Dicaprio, Claire Danes, Pete Postlethwaite, Harold Perrineau, Brian Dennehey, John Leguizamo (et. al) Duración: 120 min.
Baz Luhrmann está de moda ahora mismo por su otra adaptación de la novela El gran Gatsby, (que veréis próximamente en esta misma sección) pero no es la única que ha hecho en su dispar filmografía. Hace unos años, sorprendió a propios y a extraños, con su nueva versión de una de las historias de amor y tragedia más reconocidas de la historia de la literatura, que como no podía ser de otra forma, era Romeo y Julieta. ¿Y es fiel a la obra o, sin embargo, es una película sin sentido? Ahora lo descubriréis.
El director juega con nosotros. De hecho, me apostaría el cuello a que en todas las películas cuenta con ello a la hora de dirigirlas. Ver en pantalla una historia harto conocida de la mano de Baz Luhrmann es como ver una película de acción mientras estamos, si se me permite la licencia, un poco drogados. Travestis, pistolas, clanes, drogas, todo ello junto para formar, quizá, una de las propuestas más escandalosas que, allá por el año 96, sorprendía a un público que estaba acostumbrado a ver esta historia adaptada en un contexto mucho más clásico.
Digamos que esta adaptación se debe ver tranquilamente, no se puede pretender no fijar la vista demasiado en ella. La historia que nos cuenta es una adaptación bastante fiel, salvo las diferencias propias del medio audiovisual que es el cine. Las actuaciones de los protagonistas son dispares. Mientras Leonardo Dicaprio no me convenció demasiado en su papel de Romeo, Claire Danes (esa gran mujer por la que ahora bebo los vientos en su papel en Homeland, algo que, aprovecho para recomendar enfervorecidamente) me enamoró, definitiva y dedicidamente. La fotografía, casi postapocaliptica de la película me resultó acertada y, si bien la duración llegó a cansarme, no puedo olvidar ese gran final, esa gran banda sonora, y nadie, creo, podrá negar que supuso uno de los acercamientos a la obra de Shakespeare más atrevidos de la historia del cine.
Trailer de la película:
BSO de la película
Ficha del libro:
Título: Romeo y Julieta Autor: William Shakespeare Editorial: Alianza Páginas: 176 ISBN: 978-84-206-6344-9
En el camino de los lectores, hay ciertos libros que son una “parada obligada”. Aquellos títulos que por haber marcado una época, un momento de la historia, simplemente no pueden ser ignorados. En cualquier conversación, clase de universidad, reunión de lectores, surge siempre este comentario: “Así que te gusta leer eh… ¿has leído La Ilíada? ¿El retrato de Dorian Gray? ¿Los Miserables?” Es como si, contestar que no, nos desacreditara automáticamente de la etiqueta lector para pasar a ser “el que frecuenta las librerías algún que otro fin de semana y carga un libro en sus vacaciones” ¿Cruel, no?
Los Miserables es una obra inmaculada, preciada, que embellece la biblioteca de cada lector, pero que puede ser un estigma, sólo por ser uno de esos clásicos que no pueden ignorarse. Sin embargo, para mí, leer Los Miserables fue una acción voluntaria, interesada y tomada sin ninguna presión. En mi modesta opinión, creo que todos deberían adentrarse en ella de esta manera, sin presiones y con la voluntad de seguir hasta el final.
Es muy difícil encarar la reseña de un libro que carga con tanto trasfondo político y social. Sería bastante irrespetuoso querer transmitir en estos pocos párrafos todas las reflexiones que traen Los Miserables, pues cada una de las oraciones nos brindan un momento de introspección y una nueva perspectiva en cuanto a las acciones, la manera en que juzgamos al prójimo y la sutileza de la vida, que parece tan desagradable desde la óptica ajena pero tan injusta cuando se vive en carne propia.
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