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La historia oculta. Integral 2, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta integral 2

la historia oculta integral 2Hace un par de meses os hablé del integral I de La historia oculta, de Jean-Pierre Pécau. Os conté que se trataba de una ucronía donde el enfrentamiento de cuatro hermanos inmortales por controlar los marfiles del poder —copa, espada, basto y oro— era el motor de la historia de la Humanidad y de sus respectivos giros. Sin embargo, el desarrollo de esta premisa tan interesante no había acabado de entusiasmarme porque las elipsis de la narración y los acontecimientos históricos a los que hacía referencia, y que yo desconocía en su gran mayoría, me hacían perder el hilo. Me alegra decir que esas pegas han desaparecido casi por completo en La historia oculta: Integral II, compuesto por los volúmenes «1666», «El águila y la esfinge», «Nuestras señora de las tinieblas» y «Los siete pilares de la sabiduría».

Al igual que en la entrega anterior, la particular guerra de los cuatro arcontes tiene como campo de batalla el mundo y como víctimas potenciales a civilizaciones enteras. En esta ocasión, el primer volumen del integral comienza con el ataque de la Armada Invencible en 1588 y el último concluye en 1919, recién acabada la Primera Guerra Mundial. Pero en estos tres siglos las cosas ya no son lo que eran para los cuatro hermanos, que ven cómo la gente va dejando de lado la superstición para creer en la ciencia y en la técnica. Eso, unido a las réplicas de su baraja (acontecimiento explicado en el Integral I), hace que sus poderes estén más dispersos y, en vez de dominar el mundo, ahora solo sean capaces de generar caos y destrucción. Su pérdida de influencia ha llegado hasta tal punto que, a pesar de las rencillas familiares, deben plantearse volver a unir sus fuerzas para no desaparecer.

Aunque siguen habiendo saltos temporales y decenas de personajes y autoreferencias, La historia oculta: Integral II me ha parecido mejor hilada. Sobre todo, lo que me ha facilitado enormemente la lectura ha sido reconocer a los jugadores que participan esta vez en la partida de cartas que dirige el rumbo de la Humanidad, bajo el mando de los arcontes o dándole la vuelta a sus planes, como es el caso de Newton, Napoleón o Hitler. En La historia oculta: Integral II hay mucha más acción, magia y monstruos que en el primer integral, y humor, bastante humor, un aspecto casi olvidado en la anterior entrega y cuya presencia se agradece para aligerar tanta muerte, odio y traición.

En mi primera reseña de esta saga dije que no descartaba leer el integral II, y lo he hecho. Y en esta os afirmo que no dejaré escapar el integral III, que se publicará en breve. Se avecina la Segunda Guerra Mundial y estos cuatro arcontes inmortales se desbocan, más si cabe, en los periodos de caos, así que estoy deseando leer si su afán de poder les hará cargarse el mundo o serán los seres humanos los que acaben rompiendo definitivamente la baraja.

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El monarca de las sombras, de Javier Cercas

el monarca de las sombras Quien iba a decir a los habitantes de Ibahernando, que quizá su pueblo pase a la historia porque Javier Cercas ha comprendido que para que nadie escriba su historia tenía que convertirse en escritor y escribirla él mismo.

Un día Javier Cercas nos sorprendió a todos con su novela Soldados de Salamina, que ya era su cuarto libro pero el primero para mí y para la mayoría de los lectores. Una novela en la que entrelazaba ficción con historia real, y que versaba sobre la figura de Rafael Sánchez Mazas y sobre el hecho concreto de haber sobrevivido a su fusilamiento durante la Guerra Civil Española.

Pues bien, y aunque nunca se llegase a ir del todo del tema de la Guerra Civil y de la Historia en general, llega con El monarca de las sombras el Cercas que más me gusta, el que cuenta cosas que le importan porque son cosas personales que le afectan, y porque hay margen para jugar con la historia y la realidad hasta hacer que una y otra converjan.

Ahí está lo mejor de un escritor que tiene que bucear en la historia para que parezca que cuenta la verdad que nadie más contará, por ser la suya, la más cercana. Ese, como les decía es el Cercas que me gusta y me ha gustado. No hace mucho leí El balcón del invierno, de Luis Landero, en el que nos contaba la vida de su familia y sus orígenes, y creo que también en esa novela lo dio todo, porque también Landero quería que nadie contara una historia que solo él podía y debía contar.

Todos querríamos escribir la historia de nuestra familia para que no quede en el olvido, pero esa es la historia más difícil de contar para un autor, aunque si sale bien la jugada será sin duda su gran obra.

En esta ocasión parece extraño pero muy acertado que el protagonista sea su tío abuelo, Manuel Mena, fallecido con tan solo 19 años por fuego republicano en la Batalla del Ebro.

La novela que nos ofrece Cercas parece sencilla, unir escribiendo aquello que va descubriendo mezclado con viejos recuerdos de su madre y de otros familiares y viejos del lugar, pero solo lo parece, esa es la trampa con la que se encuetra una y otra vez el autor, la naturalidad en la literatura es de máxima dificultad.

De fondo está David Trueba, no solo como amigo o acompañante, es el artista, el cineasta comprometido, el que aporta empuje y seguridad al autor….

Contar la historia de un joven falangista de 19 años para contar la historia de uno mismo… Ya saben, yo siempre he sido de la opinión de que no está todo contado sobre la Guerra Civil, porque no es solo que cada familia tuviese su propia historia, es que cada persona de forma individualizada la tiene. Los que como Manuel Mena murieron, fueron trasladados a su pueblo y recibieron santa sepultura con todos los honores; los que siguen en cunetas sin entierro digno, los que murieron de tuberculosis en las cárceles o campos de concentración… Y la mujeres, las grandes sufridoras de las guerras, vejadas, humilladas, silenciosas… Nosotros somos descendientes de esos españoles, de los unos y de los otros, y la historia no está para enfrentarnos pero sí para conocerla, para que cada cual sepa de donde vienen las palabras o los silencios pronunciados en cada casa.

Investigar no es malo, eso tan de antes de “deja las cosas como están” no es una solución, lo sabe bien cualquier pueblo que quiera cerrar heridas, hay que saber, hay que ponerse en el lugar del otro, no todo era lo que parecía, no cada cual estaba en el bando en el que creía, no fue lo mismo vivir en un pueblo de Burgos que vivir en uno de Valencia, pero para saber eso hay que haber conocido la historia y el desarrollo de nuestra guerra, porque por mucho que queramos verla con distancia está aun ahí, en la fotos de los muertos de nuestra familia, en las calles, en los cementerios… pero no en el olvido ¿Por qué olvidar cuando es mucho mejor conocer y afrontar?

Me vienen al recuerdo aquellas palabras que tanto repetimos en nuestro club de lectura de que todos nacemos con una mochila… pero no podemos juzgar lo que hay en esa mochila que cargamos, no sería justo medir hoy lo ocurrido en aquel 36, pero es digno saber y reconocer de dónde venimos cada cual… También lo explica bien, para el que quiera verlo, Javier Marías en su libro Así empieza lo malo.

Cercas cierra aquellos Soldados de Salamina y hace suyas la palabras de Trueba de que no son los libros los que deben estar al servicio del escritor, sino el escritor al servicio de sus libros, solo siendo así de honesto puede uno hacer una historia como la que el autor nos ofrece.

Al hilo de un artículo que creo que leí en un periódico sobre este libro, El monarca de las sombras, recordé unos versos que escribí hace unos años y publiqué en mi primer poemario:

Nueve palomas vuelan
sobre tu huerta,
Sobre los trigales
Que a agostean.

Nueve palomas blancas
Año tras año,
Regresan.

Regresan a Farasdués,
y en Farasdués, llueven penas.
Nueve palomas llegan
de nueve estrellas,
las nueve que fusilaron,
las nueve buenas.

Miguela,
Francisca,
Candelaria,
María,
Paulina,
Josefina,
Antonia,
Raimunda,
Eusebia.

Las nueve buenas.

Escribí este poema cuando se empezaba a hablar de la Guerra Civil, cuando en los pueblos la gente se empezó a atrever a contar su historia, cuando Dulce Chacón conmovió a todo este país y nos hizo individualizar a los muertos, cuando los historiadores empezaron a hacer su trabajo, un trabajo que, como el que ha hecho Javier Cercas, SIRVE, porque me sirve a mí y le sirve a su propia madre, y servirá, no lo dudo a muchas personas que se han erigido en jueces de historias de hace 80 años…

Estamos hablando de una guerra.

Para hablar de la posguerra habría que hablar de otros poemas, de otras historias, de otros jueces, de otras muchas penas, de hambre y de miseria…

Ya ven empezaba esta reseña hablando del pueblo de Cercas y lo termino hablando de Faradués, un pequeño pueblo del interior de las Cinco Villas, que, como Ibahernando, también merece tener su propia historia.

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Los niños de la viruela, de María Solar

los niños de la viruela

los niños de la viruelaEn 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró al planeta Tierra zona cero de viruela. Una de las enfermedades más devastadoras de la historia de la Humanidad había sido erradicada mediante la vacunación. Esta ha sido la única vez, hasta el momento, que se ha logrado un hito médico de semejantes dimensiones y Los niños de la viruela, de María Solar, nos cuenta cómo comenzó todo, para rendir homenaje a los veintidós niños que pusieron su cuerpo al servicio de la ciencia.

Tenemos que remontarnos a los primeros años del siglo XIX y viajar hasta el hospicio de A Coruña, donde malvivían los niños abandonados por ser fruto de la deshonra o por la falta de medios de sus familias. Nadie esperaba nada de ellos —más allá de que se convirtieran en delincuentes—, ni ellos esperaban nada de nadie —si acaso, algo que llevarse a la boca para saciar su hambre—. Y hasta allí llegó el doctor Francisco Javier Balmis para cambiarles la vida, encabezando una expedición filantrópica sufragada por el rey Carlos IV.

Su propósito parecía descabellado: crear una cadena humana que transportara la vacuna de la viruela desde España hasta América, inoculándola de brazo en brazo, durante los meses que durara el viaje. Y para eso necesitaban muchos colaboradores, al menos veintidós; a poder ser, niños de unos tres años. Pero ¿qué padre en su sano juicio dejaría que introdujeran el virus de una vaca (de ahí el nombre de «vacuna») en el cuerpo de su hijo? Pues ninguno. Por eso los desarrapados del hospicio fueron los elegidos.

«De las mayores locuras han salido los grandes avances», dice el doctor Posse Roybanes en un momento de la novela, y esta historia es prueba de ello. Hoy en día se pone el grito en el cielo por la cancelación de vacunas o se acusa de ignorantes a los padres que se niegan a ponérselas a sus hijos, pero ni siquiera sabemos a quién agradecer ese cambio de mentalidad y de hábitos sanitarios que ha salvado millones de vidas y que se gestó en España. En Los niños de la viruela, María Solar recuerda la odisea de los doctores Balmis, Josep Salvany y Posse Roybanes, de la rectora del orfanato de A Coruña, Isabel Zendal, de los veintidós niños de los hospicios de Madrid, Santiago de Compostela y A Coruña y de los incalculables voluntarios que ayudaron a mantener la cadena de vacunación y extenderla por todo el mundo. Ninguno de ellos tuvo entonces el reconocimiento oficial merecido —si acaso, Balmis— y su hazaña es bastante desconocida en la actualidad, a pesar de que la salud mundial sigue disfrutando de sus logros.

Esta novela juvenil de Anaya, cuya lectura recomiendo a jóvenes y adultos, recrea este hito médico y solidario, poniendo sobre la mesa la hipocresía de la época en el trato a los niños y el enfrentamiento entre el inmovilismo religioso y el afán de progreso de la ciencia. Pero, sobre todo, rinde homenaje al altruismo de esos locos que lucharon por el bien común a costa del propio hasta las últimas consecuencias. Para los protagonistas de aquella historia, la puesta en valor de su esfuerzo llega con dos siglos de retraso, pero nunca está de más rendirles tributo si eso sirve para prestar atención a los locos de nuestro tiempo y reconocerles sus logros cuando aún están vivos para agradecerlo.

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El azul entre el cielo y el agua, de Susan Abulhawa

El azul entre el cielo y el agua

El azul entre el cielo y el aguaNo había leído nunca un libro escrito por un autor palestino, así que haberme estrenado con Susan Abulhawa creo que ha sido el mejor de los aciertos. Pero no crean que este libro lo elegí yo, ¡qué va!, muchos de los libros que leo tienen que ver con sugerencias de amigos, lectores que luego me dejan comentarios, o, como en este caso, una estupenda sugerencia de una periodista española, aunque es en Gaza donde reside y donde desarrolla su trabajo informativo.

De esta periodista ya se la presenté a todos ustedes, aunque solo fue de nombre al hablarles de Lo que queda de nuestras vidas, de la escritora israelí, Zeruya Shalev, miembro del grupo de mujeres judías y palestinas que trabajan unidas por la paz, una organización que nació a raíz de la guerra de 2014 en Gaza para restaurar la esperanza y trabajar hacia una existencia pacífica para las generaciones futuras. Esto les contaba y es por ello que recordaba a la periodista Cincovillesa (Comarca de Zaragoza), Isabel Pérez.

Ella me lo recomendó, y creo que después de haberlo leído con atención y con todo el cariño, puedo decirles que me ha parecido una maravilla, en 352 páginas ha sido capaz la autora de contarme la vida y la historia de toda una familia Palestina, ya saben, una de esas sagas familiares que tanto nos gustan, pero con toques muy especiales, tanto en la sensibilidad de la narración como en la propia historia que cuenta.

Y es que El azul entre el cielo y el agua, es algo más que una novela que nos cuenta una historia con personajes a los que iremos conociendo y queriendo, es algo más que todo ese ramal de mujeres a las que nos acercaremos a través de su quehacer diario, vistas desde dentro y desde fuera; leer este libro, de verdad que ha sido algo más. He sido espectadora de sus vidas, pero además la autora me ha hecho sentirme unida a estas mujeres, me ha hechos reír con ellas y también llorar…, y sufrir, y gozar.

La novela se inicia con un árbol genealógico muy corto, solo para situarnos al principio, porque los nombres pueden sernos algo complicados, pero enseguida conoceremos a los miembros de una de las familias que debieron abandonar Bait Daras, una localidad situada a unos 35 kilómetros de Gaza, de una gran importancia en la historia Palestina y que en la actualidad es zona ocupada por Israel. En uno de sus barrios residía la familia Baraka, compuesta por Um Mamduh, una mujer muy especial, a la que no se le conoce esposo y que todos toman por loca, y sus tres hijos, Nazmiyeh, Mamduh y Mariam.

“En Bait Daras había cinco grandes clanes familiares, y cada uno tenía su propio barrio. Las familias Barud, Maqademed y Abu al Shamaleh eran las de mayor prestigio. Entre las tres poseían la mayoría de las granjas, frutales, colmenas pastos del lugar. Nazmiyeh, Mamduh y Mariam pertenecían a la familia Baraka, pero aquel no era un apellido del que uno pudiera presumir…”

Nazmiyeh, ¡qué impresionante capacidad de amar a los demás! Una mujer que no creo que olvide, se ha quedado en mi mente y en mi corazón, porque de ella he aprendido a mirar a las mujeres palestinas con otros ojos. Las conversaciones entre las matriarcas no tienen desperdicio, sobre todo si ella está de por medio.

Mamduh, fue el único hijo varón, trabaja para un apicultor y se casará con la hija de este, Yasmin.

Finalmente Mariam, como todas las mujeres de la familia la conoceremos ya como una niña, pero una niña peculiar, especial, siempre presente, siempre, hasta la última palabra del libro, ahí estará… Porque uno siempre está mientras es amado y recordado.

Aquí en El azul entre el cielo y el agua, la historia palestina está muy novelada y además, la autora, añade una parte que, si estuviésemos hablando de literatura hispanoamericana diríamos que se podría incluir dentro del realismo mágico, pero en esta mujer hay un algo especial que, junto a esa parte poética que desprende la literatura árabe en general, encontramos un equilibrio perfecto en su narrativa, tan perfecto como la mezcla de las pequeñas introducciones al inicio de cada capítulo con lo contado por el narrador, hasta llegar el momento en que ambos se confunden …

Jaled, el narrador y personaje que inicia los capítulos es como lo que debería ser la conciencia de todos aquellos que miramos y no vemos. Él que sin ver, todo lo ve.

En 1948 las Fuerzas de Defensa de Israel atacan brutalmente Bait Daras, lo que obliga a las familias huir a Gaza. Y a viajar ya para siempre hacía atrás con los recuerdos, hacía adelante con la historia y con la vida de cada uno de los personajes. Sesenta años de vida en Gaza, la vida en una cárcel frente al mar, la historia de fondo y la vida por delante, las vidas de los palestinos de Gaza. Una vida a la que se ha acercado Susan Abulhawa, que nació en 1967, hija de padres palestinos, que por esas cosas del destino terminó, al parecer en un orfanato americano… Además de escritora y otras muchísimas cosas que pueden tranquilamente mirar en la red, es una activista fundadora de la ONG Playgriunds for Palestine, que se dedica a construir zonas de juegos para los niños palestinos en los territorios ocupados y en los campos de refugiados.

Dice la autora que escribió este libro por amor, una vez que uno conoce la vida de esta mujer, quizá comprende mejor que la novela debe llevar mucho de ella misma, y creo que será por eso que llega tan adentro, solo quienes cuentan en primera persona y de una forma tan sensible y sincera son capaces de rozar el alma de los lectores con sus palabras, solo esos, y la autora lo consigue. Hay amor y hay humor, porque para vivir hay que tener más amor y humor que rencor… Y aquí aparece una vez más ese equilibrio del libro del que les hablaba.

Una lectura que la traducción de Puerto Barruetabeñanos hace fácil y ágil, una lectura para todos, para aprender y sentir, porque a pesar de que nada se esconde del duro drama que ha vivido y que vive Palestina, hay calidez y dulzura en la historia.

Solo una cosita antes de terminar… Para una española que sale en la historia, como diría mi amiga Conchita, “telita con la señora”. Casi hubiese preferido que no saliese ni un español en el libro, salvo que se hablase de buenas gentes que han ido a Gaza a ver, a amar, a reír y a convivir para contarnos luego todo lo que allí pasa, como hace mi paisana Isabel Pérez.

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La casa del lago, de Thomas Harding

LA CASA DEL LAGONo es normal que yo empiece una reseña hablando del autor, pero en este caso, y teniendo en cuanta que este libro del que les estoy hablando es un ensayo, creo que es lo más justo.

Thomas Harding es un escritor británico nacido en 1968, estudió antropología y ciencias políticas, trabajó en televisión y parece que el mundo del periodismo le atrapó, supongo que por esa curiosidad que hay en él y que es trasversal en todo lo que le rodea. No es de extrañar que sus inquietudes le llevasen a la literatura periodística de investigación.

También les digo ya, adelantándome a lo que luego les pueda contar, o no, que el libro es muy ameno, no sea que lo dicho hasta aquí les pudiera hacer pensar en otra cosa, que es lo que se suele pensar cuando se empieza a hablar de un ensayo, que muchos son duros de leer pero eso es solo por la falta de habilidad del autor, y solo esos, casi de forma exclusiva, pudieran resultar no atrayentes para el lector de ficción. Ya les repito que no es el caso y que está divinamente narrado.

Dicho lo anterior les puedo contar, porque así lo cuenta él en el libro, que es descendiente de judíos alemanes que como ya imaginarán, porque él está en este mundo, sobrevivieron al Holocausto. Mejor dicho, lo vieron venir y tuvieron la posibilidad, no solo económica, que también, sino sociopolítica de poder dejar Alemania y marchar a vivir casi toda la familia a Inglaterra.

Antes de hablarles de La casa del lago, tengo que adelantarles, y otra vez por si no lo hago más tarde, que no deberían dejar de leer, después o antes de éste, otro de sus libros titulado Hanss y Roudolf. El Judío Alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz, que esta misma editorial publicó al inicio de 2014. Un libro que fue galardonado, en Estados Unidos sobre todo, con un gran número de premios. Todos, desde mi punto de vista de humilde lectora, muy merecidos.

La casa del lago, es su historia familiar, la historia de su propia saga familiar, la de la casa de su familia, una casa de recreo o fin de semana y vacaciones en la que llegó a vivir su abuela, de hecho el autor viajó con ella en 1993 hasta la propia casa que un día debió abandonar. Pero la historia de la casa de los Alexander junto al lago, como todos ustedes podrán comprobar, se convierte ante nuestros ojos, casi sin darnos cuenta, en la historia de Europa de una gran parte del Siglo XX.

Los terrenos junto al lago eran de un noble, los Alexander, una familia judía adinerada adquieren una parcela en la que construyen su casa con un camino que lleva hasta el lago, cuando debieron salir de Alemania, se instaló en ella un famoso compositor, que si bien en un principio parece algo escrupuloso con los nazis, termina como todos, mirando hacia donde más le conviene… Y así se sucederán una familia tras otra, hasta que nuestro autor la encuentra años después en un estado deplorable y se interesa por toda la historia que ahora nos cuenta.

Bien documentada, y salpicada de fotografías en las que podemos ver, no solo la casa sino a muchos de sus habitantes, la historia se nos hace cercana y real. No está novelada pero es tan cuidadosa su forma de narrar que casi lo parece.

La casa existe ahora restaurada gracias a la insistencia de esta familia… Como Alemania, también restaurada, ya sin muro, un muro que por cierto pasó muy cerca de la casa. Alemania quiere y debe recordar… Como todos, todos debemos mirar, ver lo que se nos viene, reconocer que los muros no solucionan los problemas del mundo, ni los de un país, ni los de una casa. Lo importante es la gente, las personas, la vida.

Y recordar la historia una y otra vez es imprescindible, dejar legados que nos recuerden que el ser humano debe controlar su espíritu egoísta, y los miedos que “los otros” nos pueden producir… LEER y LEER y VIAJAR y VIAJAR, y todo con los ojos y el corazón bien abiertos.

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La muñeca catalana

 

la muñeca catalanaQueridos amigos, en ocasiones empiezas una lectura como en este caso a ciegas. Es decir, no sabes nada de ella, pero te la regalan y el título, La muñeca catalana,  ya te hace pensar que algún motivo hay para que haya caído en manos de una amiga, y ella, a su vez, te lo ofrezca a modo de regalo especial.

No he podido olvidar mientras lo leía, bien por su pequeño tamaño, menos de 200 páginas, bien porque ambos escritores son franceses y se nota en su forma de narrar, aquella Nieta del Sr. Linh. Ya ven que no la comparo a cualquier cosa, es fue la primera novela que reseñé para LibrosyLiteratura.es y en aquella ocasión quería ir sobre seguro.

La muñeca catalana ha sido otra gran sorpresa. La he leído en tan solo unas horas, pero sé que rondará durante muchos días por mi cabeza.

La autora, Brigite Piedfert, es profesora de Lengua Española en diversos lugares de Normandía; yo pensaba cuando llevaba casi media novela leída que sería hija o nieta de españoles, aunque por los apellidos no me parecía muy lógico. Y digo esto porque el inicio nos lleva directamente a los inicios de la II República y rápidamente a la Guerra Civil española, vista de aquella forma especial e idílica con la que la miran los que han escrito desde el exilio o desde la más absoluta de las derrotas. Ese final de la contienda en Barcelona, y la huida a Francia en aquellas enormes, tristes y largas columnas que todos hemos visto en imágenes y que se asemejan muchísimo a lo que hoy todos estamos viendo por la televisión en los informativos respecto a los miles de refugiados que también intentan salir de sus guerras, de sus persecuciones y de sus miserias.

Pero en realidad la novela no va de la Guerra Civil, ¿o sí?, ¿o irá de los niños españoles que llegaron a Francia y de cómo fueron recibidos? ¿o no? Un libro corto que en realidad creo que va del daño que la violencia y la desesperación causan en el alma del ser humano.

La historia surge de dos hechos reales: una guerra y un orfanato francés para españoles situado en la bellísima Normandía y llamado “Orfelinato Francisco Ferrer”… Me ha hecho gracia lo de “orfelinato” porque es una palabra que no escuchaba desde que vivía en Valls, localidad en la que nací y que está muy cerca de Cambrils, lugar en el que se desarrollan algunos de los hechos de la novela.

Orfelinato, yo creía que sería o estaría relacionado con el catalán, pero en realidad en catalán se dice “orfenat”, al parecer está más relacionada directamente con el francés orphelin (huérfano), por lo que deberíamos incluirla entre los galicismos que mantiene el castellano.

El caso es que en poco más de cien páginas la autora me ha dejado impresionada con la historia que cuenta, por como lo cuenta, y sobre todo por el giro final tan inesperado que se saca de la manga.

Verán, yo empecé a leerlo después de comer, sentada en el sofá con manta y un té caliente, poco más de una hora de lectura y descanso, después a trabajar un rato, pero lo leído me rondaba y solo deseaba cenar y sentarme a terminar la historia, que intuía que no iba a ser lo de siempre, y desde luego que no lo ha sido. En el libro la protagonista es una niña, la nena, y su muñeca de trapo, una de esas cosas a las que uno se aferra para poder vivir cada día…

A ese “Orfelinato Francisco Ferrer”, que curiosamente era para niños, fue a parar Felicia, junto a un grupo de chavales fundamentalmente catalanes y algunos supervivientes del bombardeo de Guernica…

El orfanato, u “orfelinato”, cerró a los tres años de la llegada de los chavales por orden del Gobierno de Vichí. Muchos de los niños fueron repatriados a España, otros, como nuestra pequeña protagonista, y su muñeca, quedaron en Francia. La original forma de relatar su vida y esa fórmula de narrar en múltiples voces pero no de forma coral, nos dan una visión más completa de unos hechos que nunca me han desenganchado como lectora.

Brigite Piedfert con ‘La poupée catalane’ (‘La muñeca catalana’) ha sabido ir a su terreno, la novela histórica, pero dando una forma que no defraudará al lector al lector amante de este tipo de novelas de cientos de páginas describiendo momentos, lugares, personajes famosos. No, no les defraudará pero no es eso lo que encontrará, en este caso una niña de cinco años y su muñeca, un chaval llamado Salvador, Elvira, Francisco… son nombres muy comunes para una historia muy particular.

Y el esperanto de fondo uniendo el principio y el final. El esperanto, nunca había leído nada sobre que los esperantistas fueran perseguidos durante la Guerra Civil …

¡Hay tantas cosas que no sé y tanto que leer!

Ahora mismo ya tengo ganas de leer sobre este tema, sobre como está el asunto del esperanto en la actualidad, sobre esta autora que no conocía, y quiero ir a esa bella Normandía que ya recorrí en una ocasión y me dejó maravillada.

Y es que esto de leer es un no parar de querer más y más.

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Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey

diario de un resurreccionista

diario de un resurreccionistaA lo largo de la historia de la humanidad no son pocos los periodos vividos por el humano que, ahora vistos en retrospectiva, nos sorprenden por algunos hechos concretos, las costumbres o incluso los pasatiempos de aquellos lugares que pertenecen al pasado. La época victoriana fue indudablemente una de las más sorprendentes. Este periodo, que rondaría las siete décadas de duración, no solo nos dejaría la cumbre de la revolución industrial, sino que también pondría de manifiesto vicios y filias que podrían abarrotar páginas y páginas de un libro.

Uno de estos hobbies fue el de las peleas de animales, en especial y con mucho éxito, aquellas en las que un perro tenía que matar, en el menor tiempo posible, a tantas ratas como pudiera. Y ya que hablamos de roedores, no debería dejar de mencionar que a la gente más chic de la época le gustaba coleccionar ratones disecados. Los animalillos eran vestidos con ropajes a su medida y colocados en posturas muy humanas en situaciones de vida cotidiana, tales como una boda o la hora del té. Una extravagancia que llenaba los bolsillos de los taxidermistas y probablemente de los alcantarilleros que cazaban a los desdichados roedores. Y eso a pesar de que la función real de los alcantarilleros era desatascar las cloacas, además de recolectar algunas de las joyas que encontraban entre las aguas fecales. Los recogedores de excrementos eran los otros trabajadores en el parco sistema de alcantarillado de aquella época. El nombre es suficientemente revelador como para perder unas líneas describiendo qué hacían.

Pero mientras algunos hombres comerciaban con la inmundicia y los desechos, otros lo hacían con la muerte. Como los fotógrafos expertos en fotografías post-mortem. Al morir un familiar se le retrataba con sus mejores galas, en ocasiones junto a su mascota o “fumando” aquella pipa que era su favorita. ¿Qué mejor recuerdo de un ser querido que esos ojos muertos mirándote eternamente a través de una desgastada foto? Otros mercaderes de la muerte fueron los resurreccionistas; una profesión que en la época victoriana daba sus últimos coletazos pero que unos años antes había tenido su época más boyante. ¿Que no tenéis ni idea de qué os hablo? Genial, porque entonces Diario de un resurreccionista de James Blake Bailey os despejará esa duda a la vez que os enseñará cómo, dónde y porqué hacían lo que hacían estos traficantes de cuerpos.

Con Diario de un resurreccionista voy a empezar por el final. Empezaré explicándoos que el diario (reproducción de uno real el cual se haya expuesto en el museo Hunterian de Londres) apenas ocupa un tercio del total del libro. El diario no deja de ser un fantástico objeto de estudio además de un documento único en su especie. A pesar de ello el diario es lo que es: frases breves, con descripciones telegráficas y con abundantes números intercalados; cifras que muestran las transacciones que se llevaron a cabo.

El diario en sí, por sí solo, tendría poco interés si no fuera por la cuidada y reveladora introducción de James Blake Bailey, editor que a finales 1896 decidió publicarlo y hacer visible unos hechos execrables para que no volvieran a repetirse. Podría decirse, y no sería falso, que entre vuestras manos tenéis un libro de la época victoriana. ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? El caso es que Blake Bailey, al ponernos en contexto, nos hace mucho más comprensible el diario. Nos habla desde el punto de vista de alguien que vivió aquella época en la que por las noches las bandas de resurreccionistas se disputaban con violencia los cadáveres recién enterrados. Guerras comparables a las que hoy enfrentan a los narcos. Ríete tú de las escaramuzas que enfrentaron el cartel de Cali con el de Medellín. Blake Bailey también arrojará un poco de luz sobre los métodos para transportar la mercancía (escondiendo cadáveres en barriles o cajas, con etiquetaje falso, para burlar a las autoridades) que nada tendrían que envidiar a los utilizados por los señores de la droga ahora; o cómo esta oscura profesión pudo llegar a ser tan popular, tocando temas como la escasa legislación de aquel momento o la gran demanda por parte de los anatomistas que necesitaban avanzar en sus estudios a toda costa.

Si Diario de un resurreccionista ya podría haber sido una obra digna de mención con la introducción de James Blake Bailey y el diario, el extensísimo prólogo de Juan Mari Barasorda (experto en acontecimientos truculentos de la época victoriana) lo hace indispensable. Barasorda hace un viaje alucinante a través de la historia, del mundo literario, del cine o de la medicina, tomando como eje central la figura de los ladrones de cuerpos. Nos hablará de Mary Shelley y su Frankenstein (probablemente el resurreccionista y anatomista ficticio más popular de la historia), de aquellos que decidieron conseguir cuerpos utilizando otros métodos más expeditivos (véase la estremecedora historia de los asesinos Burke y Hare), sin dejar de lado a médicos y anatomistas como Andre Vesali o Leonardo da Vinci.

Sería injusto finalizar sin hablar de la parte visual. El Traité complet de l’anatomie de l’homme, con sus maravillosas ilustraciones del cuerpo humano, es en gran parte el encargado de acompañar lo relatado en Diario de un resurreccionista. Así como fotografías reales que muestran a anatomistas practicando con sus cadáveres en la mesa de disección (que sí, que se ven los cuerpos), o los métodos para proteger tumbas y mantener alejados a los ladrones de cadáveres.

Diario de un resurreccionista es un libro singular, bellamente editado por La Felguera editores (una editorial que, bajo la apariencia de una sociedad secreta, se dedica a revelar los mejores secretos de su tiempo); es además uno de esos libros que puede llegar a un público muy variopinto: los más morbosos, los interesados en historia (tenebrosa, sí, pero al fin y al cabo historia),los fascinados por la medicina o incluso los amantes de las novelas negras o de terror (seamos sinceros, un poco de miedo, todo esto, sí que da).

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Orthodoxia, de Ulises Bértolo

Orthodoxia

OrthodoxiaSantiago de Compostela tiene un aura mágica. Cuando paseas por ella en un día de esos tan comunes de lluvia fina y lenta, de niebla terca, todavía la sensación se agudiza. El gris se impone y es casi imposible no transportarte a otros tiempos. Palpitan las piedras intentando contarnos toda su larga historia. Pasa con otros cascos históricos y hay otros muchos, preciosos y no tan famosos, como el de Ourense, el de la ciudad de Pontevedra, Allariz, Ribadavia… pero Compostela tiene tantas pisadas encima, de tantas gentes de todo el mundo, que te inunda de sensaciones aunque no quieras.

Ulises Bértolo nos ha paseado por esta ciudad tan especial en Orthodoxia. Se ha inspirado en personajes y hechos reales para recrear esta ficción tan entretenida, interesante y bien contada. Lo ha hecho además, y según sus propias palabras, para que lo pasemos mal. Bueno, yo me lo he pasado bien, pero creo que entiendo lo que quiere decir. He pasado momentos angustiosos, sí, de los de contener la respiración, así que el objetivo está conseguido.

La novela arranca con un asesinato en el monasterio de Uclés (Cuenca). La Guardia Civil envía a Sandra Márquez, joven brigada de la Unidad de Patrimonio, a ayudar a la policía en la investigación. Parece que el asesinato se encuadra dentro de una operación de la Interpol para desmantelar una red que se dedica al tráfico ilegal de obras de arte. Sandra tiene que trabajar con el profesor libanés Thomas Noah, experto en epigrafía, medievalista e historiador, que suele asesorar a la Interpol. Encuentran una extraña moneda en la mano de la víctima, y junto con el cuadro que parecía el objeto de un robo frustrado, les dará la pista para viajar a Compostela e intentar desentrañar un misterio que se remonta siglos atrás. En Santiago se les une en las pesquisas Luis Novo, descendiente de los caballeros de la Orden de Santiago y gran conocedor de la historia, tanto de la ciudad como de la orden militar que se sometió a la orden religiosa.

Por otra parte, durante toda la novela, vamos viendo y escuchando a la otra parte. La banda, grupo, secta, ladrones, asesinos, psicópatas, megalomaniacos, locos y varias cosas más que se os puedan ocurrir y que tenga que ver con la maldad, básicamente. Ya sé que hay locos, maniacos o ladrones que no son malos, que no tienen mal fondo, quiero decir, pero en este caso tenéis que poner todo lo enrevesado en el asador. Estos además tienen dinero, poder y contactos, por lo que son muy peligrosos.

Me gustan mucho los personajes, me he enamorado del profesor Noah. Pero también nos encontramos con secundarios entrañables, como el profesor Patiño o Miguel, el compañero de Sandra en la Guardia Civil, heavy y malhablado. Y los oscuros… hay alguno ahí como para un tratado de psicología.

Además de estos personajes tan interesantes, hay una investigación policiaca actual, que se va complicando con algún cadáver más, que enlaza con lo que van descubriendo sobre el pasado en documentos históricos. Piezas que van encajando en el puzzle y que nos llevan a visitar otras paradas del Camino de Santiago, analizar otras iglesias y monasterios por León o Zamora. En algunos momentos me ha recordado a las novelas de Dan Brown, pero con la parte de la argumentación histórica más profunda. Hay erudición, pero también hay acción trepidante.

Orthodoxia tiene muchos diálogos que ayudan a que la novela se lea con fluidez. Estructurada en capítulos cortos que cambian de escenario y que te van enseñando todos los puntos de vista para que no pierdas el hilo. Buenas descripciones, con una prosa sencilla, que no simple, y certera. Está escrita en tercera persona menos en los capítulos que habla Luis Novo, en primera, que es como el que cuenta la novela. Esto al principio me confundió un poco, porque tenía la sensación de un narrador omnisciente y aparece esta figura que habla desde el yo y el nosotros, pero lo acabas integrando en el devenir de la trama.

Ulises Bértolo ya tuvo una buena acogida con su primera novela y yo creo que con la que nos ocupa, nos está aclarando que ha venido para quedarse.

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Aristóteles. El deseo de saber

Aristtóteles. El deseo del saber

Aristtóteles. El deseo del saberNo es la primera vez que me acerco a ustedes con algún libro de la editorial Colección Científicos que, sinceramente les digo, no debería faltar en ninguna biblioteca escolar.

Acercar la ciencia a los chavales, que conozcan los nombres de los científicos, sus vidas, su infancia, el porqué de su interés por entender, por descubrir, por investigar, debería ser obligatorio, y seguro que lo es, pero además tiene que ser tan divertido para los chavales como conocer la alineación del Madrid, del Barcelona o de la selección Española.

Y que sí, que luego nos dicen que no cualquiera puede ser un famoso científico, que son un pequeño grupo de selectos, pero tenemos la obligación de divulgar a quienes son la esencia de lo que hoy es el Ser humano, grandes científicos, grandes pensadores que también tuvieron en su infancia a quienes crearon en ellos esa necesidad de pensar.

Y aquí llegamos hoy, con uno de los grandes pensadores de la historia, y como siempre en formato cómic, de forma que llegue con facilidad su vida y sobre todo su pensamiento, a todo tipo de lectores desde los más pequeños con los que tendremos que ir compartiendo la lectura, hasta los adultos que algo podemos aprender de estos guiones de Bayarri, en este caso asistido por la científica e historiadora Tayra MC Lanuza Navarro .

Me doy cuenta de que por lo general son chavales inquietos, curiosos o/y observadores, con familias de las que pueden sacar buenos referentes, en general. Este es el caso de nuestro Aristóteles, que tenía a su padre, Nicómaco, que era médico y del que pudo observar muy de cerca su trabajo pues el padre fue llamado a la corte de Amitas, Rey de Macedonia y allí fue también como acompañante nuestro protagonista. Pero pronto, siendo aun niño, su padre falleció y se le asignó un tutor llamado Próxeno… Hay chavales que nacen con suerte, con dinero y sobre todo con buenas relaciones pues resulta que unido al interés del chaval se une que su tutor es conocido de Platón.

Leer está muy bien, le decía Platón a nuestro joven protagonista, Aristóteles, que finalmente acaba en su academia, pero “Aquí lo que nos motiva es el conocimiento en sí mismo. Tenemos que aprender lo máximo los unos de los otros”. Y leo esto y me tengo que acordar del Club de lectura en el que participo, y en cuantas veces hemos hablado de que no es lo mismo leer para uno que leer para compartir, lo mucho que aprendemos, escuchando y debatiendo.

La vida de Aristóteles fue realmente interesante, nunca cejó en su empezó por el saber, ahí es donde él pensaba que estaba el sentido de la vida. El Rey de Macedonia le reclamó a su presencia, cuando ya hacía un tiempo que había muerto Plátón, para preparar a su hijo Alejandro a ser el mejor de los reyes que se hubieran conocido. Y vamos viendo la evolución del pequeño Alejandro ansioso de poder y espada al Alejandro que crece como hombre íntegro en filosofía, retórica e interesado en otras muchas ciencias. Tiempo después volverá a ser importante en su vida.

Aristóteles como todos sabemos, regresó a Atenas y creó su propia academia, en el libro, como suele pasar en las historias de las vidas de los grandes personajes, conoceremos algo de la vida de su padre y de su tutor, sabemos que su madre le dejó una buena herencia, pero nada más se sabe de la madre del filósofo, ni de la mujer de su tutor… Y seguro que no porque Tayra MC Lanuza Navarro no haya querido hablar de ello, sino, porque la historia se ha preocupado poco de las mujeres ¿Quién sería la madre? ¿De qué familia sería para que le dejase semejante fortuna? Yo también quiero ser inquieta con algunas cuestiones.

Al final del libro encontramos una pequeña síntesis de las vidas de los personajes que se nombran, Sócrates, Platón, Espeusipo, Jenócrates, y otros cuantos entre los que no pueden faltar ese Alejandro del que tanto les he hablado y que pasó a la historia como Magno.

El libro, en su última página, y como ya nos tiene acostumbrados, antes de los bocetos, nos presenta a toda la familia del pensador, o sea, que tubo mujer que tuvo una hija y otra mujer que tuvo otro hijo

¿Qué poco “curiosa” ha sido, en general la historia de la humanidad?

No pensarían que iba a ir sin decirles que la madre de Aristóteles se llamaba Phaestis, que su primera esposa se llamó Pythias y el mismo nombre pusieron a su hija.

Tuvo otra mujer llamada Herpyllis y si son curiosos y en alguna ocasión han visto la bibliografía de Aristóteles sabrán que con ella tuvo un hijo y a este SÍ le dedicó un libro titulado Ética para Nicómaco… Y así, amigos, es como se pasa a la historia 😉

¿Imaginen que el título podría haber sido “Ética para  Pythias”…?

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El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises, de Kevin

El libro más peligroso

En un día invernal del diciembre londinense, quinientos volúmenes -incautados a lo largo del otoño- fueron trasladados en carretilla por corredores a un oscuro sótano. Allí fueron volcados en varias calderas. Siete años de interminables sufrimientos durante el proceso de escritura, de infatigables meses de revisiones y de multitud de planes para distribuirlos secretamente quedaron carbonizados en segundos. Los libros contenían la primera edición inglesa de la epopeya Ulises del escritor irlandés James Joyce. Ulises, hoy considerado un clásico, y para algunos uno de los mejores libros en lengua inglesa del siglo XX, fue condenado por obsceno, lúbrico y, en general, indecente -e incomprensible-.

Kevin Birmingham, doctor en Historia por la Universidad de Harvard, nos trae El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises (editorial Es Pop), donde narra los problemas que el autor irlandés padeció primero para escribirlo y, luego, para publicarlo. Y es, además, el resultado de un minucioso y riguroso estudio que implicó la visita de una docena de archivos diferentes, tales como la British Library y The National Archives en Inglaterra o la National Library en Irlanda y varios archivos de diferentes universidades americanas; así como el análisis de cartas personales, revistas y periódicos de la época.

Birmingham ha dado como título El libro más peligroso porque Ulises «no aceptaba una jerarquía entre lo empírico y lo obsceno, entre nuestra vida exterior y la interior…. porque demostraba cómo un libro podía abolir el poder del secretismo. Nos enseñaba que el secretismo es la herramienta de regímenes condenados y que los secretos son, tal como escribió Joyce, “tiranos, dispuestos a ser destrozados”». Y como subtítulo “James Joyce y la batalla por el Ulises” porque eso es lo que fue para su autor, una auténtica batalla.

La epopeya joyceana fue el fruto de los sufrimientos de su autor y de la incomprensión de la época. Joyce escribió su obra en medio de una guerra mundial, con constantes ataques de dolor en los ojos debido a glaucomas, irritis, una docena de operaciones… que poco a poco le hicieron ir perdiendo la visión. Envuelto en problemas económicos -siempre bajo el mecenazgo de alguien-, ya que era incapaz de administrar bien el dinero, aún cuando tenía a su cargo varios hijos, además de la indiferencia de su mujer por su escritura -para él lo peor de todo.

Ulises no es un libro cualquiera y, aunque hoy no nos parezca excepcional, supuso un antes y un después en 1918, tras ver la luz los primeros capítulos en la revista americana The Little Review. El mundo no estaba preparado para una obra así. Ulisesfue revolucionaria porque “contenía todos los pensamientos que un ser humano pudiera llegar a albergar”, es decir, presentaba el modo en el que piensan las personas, con pensamientos caóticos y con escasos signos de puntuación. Igualmente porque, aunque “hoy estamos acostumbrados, pero a principios de siglo era inconcebible, algo exótico, que un día fuera un marco temporal apropiado para toda una novela -y además tan larga como lo es Ulises-”.

Todo lo anterior hacía la obra incomprensible y por eso las autoridades solo se fijaron en los pasajes obscenos y “pornográficos”, ignorando el arte que albergaba, prohibiéndola tras un larguísimo y mediático juicio en 1921 en EEUU -tras ello sería prohibida en el resto de naciones angloparlantes. Representaba lo nuevo frente a todo lo anterior, abrió una brecha seguida por otros, rompió moldes y sin quererlo se convirtió en el estandarte del nuevo movimiento surgido a comienzos de siglo: el modernismo. Además, los escándalos y los sufrimientos/dolencias continuas hicieron de Joyce una “figura heroica y digna de compasión, inaccesible y a la vez profundamente humana”.

Este ensayo histórico-literario no es la biografía de un escritor, sino la biografía de un libro, a través de cuya relato asistimos indisolublemente a la vida del autor. Pero a pesar de tantos problemas, Joyce tuvo la capacidad (y tenacidad) de abstraerse de todo y vivir exclusivamente para su escritura, aislándose cada vez más conforme iba avanzando en la novela. -siempre constante creó una “novela sedimentaria que fue ganando en masa partícula a partícula”. Nadie habría seguido escribiendo solo para provocar. Joyce quería suprimir todas las barreras del arte, escribía para obtener una libertad artística total en forma, estilo y contenido.

Por eso, este volumen es un gran retrato de la Europa de entre guerras, donde el mundo editorial se alejo del pasado y se internó en la modernidad del siglo XX. Por ello, el historiador ha podido desarrolla historias paralelas de los diferentes elementos que de una forma o de otra participaron en Ulises, como ramas de un árbol conectadas al tronco de la epopeya joyceana. Como por ejemplo, leemos la historia de Dublín -donde transcurre la acción de Ulises-, la historia del anarquismo o las sufragistas en Londres, así como algunos datos sobre el régimen censor anglosajón, o Sylvia Beach, la única que se atrevió a publicar la epopeya cuando todo el mundo se había negado, incluida Virginia Woolf. Pero estos elementos no están a un nivel subalterno, sino en el mismo nivel de importancia, consiguiendo encajar perfectamente todas las piezas en una única narración sin interrumpir la lectura.

En cuanto a la edición es inmejorable, espléndida. La alta calidad del papel se combina con unas magníficas fotografías en la mitad del tomo, manifestando una edición pulcra y clara, a la vez que sencilla y bella. Hacía tiempo que no veía una edición tan cuidada y centrada en la importancia de los detalles.

En síntesis, El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises se erige como un alegato en pos de la libertad de expresión tratando un libro cuya edición, impresión, venta o posesión estuvo penado con multas y con cárcel durante años, y “tu relación con un libro cambia cuando te ves obligado a esconderlo del gobierno”. Ulises creo devoción y repugnancia por partes iguales, al igual que su autor. Esta es su historia.

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Eso no estaba en mi libro de Historia del Antiguo Egipto, de José Miguel Parra

Eso no estaba en mi libro de Historia del Antiguo Egipto

Eso no estaba en mi libro de Historia del Antiguo EgiptoAlgo me pasó ya desde incluso antes de empezar a leer este libro, y es que cuando lo tuve delante y observé el título me vino la sensación – esa inevitable, incontrolable e inconsciente sensación – de que se me presentaba un libro enfocado al público juvenil, con afán de diversión y entretenimiento; tuve la sensación de tener delante lo contrario a un libro de Historia del Antiguo Egipto de esos que nos daban en el colegio y en los que siempre se hablaba de lo mismo y de la misma forma. Y no es así.

Sí que es cierto que José Miguel Parra busca darle a su obra un tono más cercano con el fin de conectar con un lector que tiene frente a él cerca de 400 páginas sobre el Antiguo Egipto, pero también hay que confesar que ese tono se va diluyendo poco a poco a medida que avanza el libro, encontrándote momentos en los que se acerca bastante a esos libros de los que el propio título intenta apartarse.

Dicho esto, el libro también tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo: su bien organizada estructura del contenido, que nos da un paseo primero por la arqueología y las momias, luego por algunos de los faraones más interesantes, para pasar después a la vida en el Valle del Nilo, a adentrarnos en la Gran Pirámide y acabar con algunos enigmas y leyendas que todavía hoy envuelven a esa época. Eso no estaba en mi libro de Historia del Antiguo Egipto, de la Editorial Almuzara, es una huida de la leyenda y una aproximación a la verdad. Si esta, y además una tan lejana como la del Antiguo Egipto, existe.

José Miguel Parra nos lo cuenta todo desde su óptica de experto en el mundo faraónico y apoyándose siempre en bases consolidadas. Intentando no dejar ningún cabo suelto de historias que creemos y que no son verdaderas, este Doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid ofrece todos los datos necesarios – acompañados muchos de ellas por fotografías, mapas o planos – para no dejar correr nuestra lengua en suposiciones infundadas cuando hablemos de pirámides, momias o faraones.

Eso no estaba en mi libro de Historia del Antiguo Egipto no es el libro que yo esperaba poder dejar alguna vez a mis hijos cuando – como me ocurrió a mí – vayamos algún día a Egipto y ellos no entiendan absolutamente nada de lo que dice un guía que se centra más en las leyendas que en la Historia; pero sí puede ser el libro que lean los padres para luego contar a sus hijos cuando estos les tiren de la manga y les pregunten cómo puede ser que los cuerpos se conserven así durante tanto tiempo, cómo pudieron montar esas pirámides o cómo puede ser que haya hombres con forma de animales por todas partes. No, no es el libro para regalarles a tus hijos estas navidades, pero quizás sí para regalártelo a ti mismo.

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El evangelista, de Adolfo García Ortega

El evangelista

El evangelistaTodo en esta vida pide e incluso nos exige que cambiemos la perspectiva a la hora de observarlo. De este modo, nada tiene una única cara y por tanto nada tiene una única verdad. ¿No sería terrorífico que todo fuera como “es”? Un claro ejemplo de esta necesidad de perspectivismo es la historia de Cristo. Esta nos ha llegado a través de un libro, la Biblia, que en muchas ocasiones tiene más de novela que de narración histórica, y es inevitable preguntarse mientras se piensa en ello: ¿qué hay de verdad en la narración? Nunca lo sabremos a ciencia cierta, por eso especulamos. Y una especulación más de esta historia es la novela de la que hablo hoy: El evangelista, de Adolfo García Ortega, publicada por Galaxia Gutenberg.

Por la mayoría de nosotros debería ser aceptado que hay cosas que nos han sido contadas de la historia de Jesús que para cualquier persona con dos dedos de frente se presentan como imposibles – y yo soy de aquellos que día tras día entonan el gastado lema del «nada es imposible» -. Seguro que a la hora de analizar esas hazañas – si se ha intentado – se ha llegado a la conclusión de que mucho de lo contado son exageraciones fruto de la necesidad de algo así, fruto de la imaginación, de mentes perturbadas en una época necesitada de cambios. Adolfo García Ortega nos sitúa junto a un escriba que será quien nos explique en primera persona las andaduras de Yeshuah, al que llaman el Visionario. Capaz de curar con sus manos y de ver el futuro a través de sueños, el Visionario consigue captar a un grupo de rebeldes – con Iskariot Yehudá a la cabeza – que ven en él al Rey que necesitan para implantar su nuevo Reino en el territorio ocupado por los romanos. Fruto de su maestría en la palabra y el manejo psicológico de las gentes, Yeshuah consigue un buen número de fieles dispuestos a morir en la lucha contra los romanos por el poder.

Nuestro escriba nos cuenta sus vivencias al lado de este grupo de rebeldes – del cual nunca formará parte – a la vez que rellena los vacíos de la historia con relatos de oídas, cartas robadas o testimonios que se encuentra en su camino. A través de este escriba conocemos la vida de Yeshuah, lo que nos lleva a posicionarnos ante ese narrador no fiable que nos pide que creamos en él y en su verdad con respecto a la narración. ¿Qué creer y qué no? ¿Fue Jesús un santo enviado por Dios capaz de obrar milagros o fue un simple rebelde rebosante de carisma y sabedor de las formas de convencimiento humanas? ¿Es su historia tal y como nos la cuentan o es una gran bola que ha ido creciendo con el boca oreja a lo largo de la Historia? ¿Tiene razón García Ortega o tiene razón la Biblia? ¿Alguien tiene razón?

Según El evangelista, la vida de Jesús no sería más que la de un líder comandando a un grupo ansioso por apartar de su territorio a los recién llegados romanos. Sin milagros, sin ese aura angelical que los rodea, sin la etiqueta de santos; con mucha sangre de por medio en su avance. No sería más que la historia de un hombre común capaz de dejarse matar por su pueblo. No sería más que la narración de la vida de un héroe que acaba en tragedia. Tragedia humana. Porque si nos basamos en el eco espiritual dejado por esa muerte – ya sea por la muerte en sí o por las habladurías que ella provocó – sí podemos decir que es la muerte con más éxito de la Historia. ¿Vosotros qué – y en qué – creéis?

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