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El secreto de If, de Ana Alonso y Javier Pelegrín

El secreto de If

El secreto de IfEl Barco de Vapor marcó la vida lectora de los niños de mi generación. Fray Perico y su borrico o El pirata Garrapata son clásicos para los niños nacidos en los ochenta. Yo aún conservo en mi estantería El rey pequeño y gordito y Un solo de clarinete, por ejemplo. La colección de El Barco de Vapor me sigue transmitiendo ternura porque me recuerda a esa época en la que para nosotros no había más libros que los que se publicaban en ella y lo mayores que nos sentíamos cuando nos dejaban pasar de la serie naranja (a partir de ocho años) a la serie roja (a partir de diez).

En uno de mis arranques nostálgicos, he leído El secreto de If, de Ana Alonso y Javier Pelegrín, galardonada con el premio El Barco de Vapor 2008. Aunque el estilo de la portada ha cambiado desde mis tiempos, conserva el lomo rojo que indica que es una lectura recomendada para mayores de diez años.

El secreto de If nos cuenta el viaje de un misterioso caballero y un anciano de largos cabellos grises a If, el Reino Intermedio, un lugar donde humanos y seres mágicos conviven en armonía. Allí, la princesa del País de Kildar va a contraer matrimonio con el príncipe de If, un enlace inusual que puede tener consecuencias en el porvenir de los reinos.

A partir de esta premisa, Ana Alonso y Javier Pelegrín nos adentran en un mundo mágico muy atrayente, con brujas que cumplen deseos, monstruos custodiando torres secretas, el Mar de las Visiones, que muestra terribles espejismos a sus navegantes para conducirlos al desastre o la reina de las hadas, que defiende a los seres fantásticos. Aparte de la revisión de estos elementos típicos de las historias de aventuras y fantasía, El secreto de If hace un claro paralelismo con La vida es sueño, obra que casualmente leí hace poco. Esta similitud no está disfrazada, pues se cita una de las frases de Calderón de la Barca en la primera página y, al igual que ella, esta novela reflexiona sobre cuestiones filosóficas como el libre albedrío del ser humano. No sé si la lectura de El secreto de If llevará a los niños a interesarse por el teatro barroco, pero agradezco que se dé a conocer la existencia de estos clásicos a los más pequeños.

A pesar de todos estos puntos positivos, al estar acostumbrada a leer cuentos infantiles que tratan de igual a igual a los niños, me ha decepcionado que esta vez la narración repita incesantemente las claves para entender el conflicto. En la misma línea, las ilustraciones de Marcelo Pérez van acompañadas de anotaciones manuscritas en las que se puntualizaban cosas como: «la ve con cara de mujer» u «olor nauseabundo, suelo humeante y baboso». Lo que al principio me pareció un toque original, por la propia estética de boceto de las ilustraciones, luego incrementó mi sensación de que se subestima la comprensión e imaginación de los niños. No obstante, es una novela ideal para iniciarlos en el género de la fantasía y que, poco a poco, vayan pasando a historias de mayor enjundia.

Espero que dentro de veinte años alguien vea en su estantería atestada de libros El secreto de If, o cualquier otro título de El Barco de Vapor, y sonría. Eso significará que esta colección sigue cumpliendo su cometido de convertir a los niños en grandes lectores.

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El viaje de los sueños, de Ariel Lawhon

el viaje de los sueños

el viaje de los sueñosEl 6 de mayo de 1937, el dirigible Hinderburg explotó, en mitad de la maniobra de aterrizaje, ante centenares de espectadores: familiares que esperaban la llegada de sus seres queridos y curiosos que querían ver de cerca aquel prodigio de la ingeniería. En medio minuto, pasó de ser un hotel de lujo flotante a un amasijo de hierros calcinados sobre el campo de New Jersey, y todo quedó grabado, convirtiéndose en el primer accidente retransmitido por televisión. La conmoción mundial fue de tal magnitud que aquel episodio supuso el fin de los dirigibles. Nunca más volvieron a alzar el vuelo.

Han pasado ochenta años desde la tragedia y aún se desconoce qué originó el fuego. Durante la comisión de investigación, los expertos en aviación alemanes y estadounidenses solo trataron de autoexculparse. Evaluaron los aspectos técnicos y cuantificaron las pérdidas económicas, pero nadie se interesó por quiénes eran los treinta y seis fallecidos ni se plantearon que la catástrofe hubiera tenido un detonante humano. Noventa y siete personas encerradas durante cuatro días en un espacio reducido y nadie indagó en las tensiones que pudieron surgir durante el vuelo. Pero ¿y si ahí estuviera la clave del enigma? Eso es lo que piensa Ariel Lawhon y en El viaje de los sueños nos cuenta su teoría sobre qué provocó la explosión del Hinderburg.

El viaje de los sueños se divide en cuatro partes, una por cada día que duró el vuelo, y la narración de Ariel Lawhon es tan cinematográfica que parece que una cámara siga a cada uno de los personajes protagonistas: la camarera, el tercer oficial, el americano, la periodista y el grumete. Es inevitable acordarse de la película Titanic porque tienen puntos en común: tanto el barco como el dirigible eran lujosos y se consideraban indestructibles y desde el primer momento sabemos que ambos viajes acabaron en tragedia. Eso basta para que conectemos con la tripulación y los pasajeros, con sus esperanzas de futuro, sus miedos y sus amores, deseando que todos ellos sean supervivientes. Pero no solo surgen acercamientos amorosos y amistades, el ambiente se va enrareciendo a lo largo de los cuatro días: cada vez hay menos cosas que hacer, la sensación de claustrofobia aumenta y se rumorea que hay amenazas de bomba, aunque no les dan demasiada credibilidad. Únicamente algunos pasajeros se inquietan, porque son conscientes de que viajan en uno de los mayores símbolos de orgullo nazi y que Hitler no está haciendo muchos amigos por el mundo, precisamente. El convulso clima social que han dejado en tierra se suma a los secretos que ellos esconden, dando lugar a numerosas broncas, intrigas y traiciones. Con todos estos elementos, Ariel Lawhon consigue atraparnos y a partir del segundo día (al menos, eso me pasó a mí) la novela se devora.

Ariel Lawhon ha ahondado en quiénes fueron los pasajeros de aquel majestuoso dirigible alemán, esos a los que los titulares de los periódicos no prestaron especial atención, y a través de anécdotas y detalles reales ha reconstruido cómo pudieron vivir aquel último vuelo del Hinderburg. Tal vez las cosas no sucedieron del modo que ella relata, o quizá sí, nunca lo sabremos, pero con El viaje de los sueños ha conseguido que no acordemos de aquellos hombres y mujeres que murieron aquel funesto día de hace ochenta años o que lograron sobrevivir milagrosamente. De esta forma, la ficción de nuevo pone en valor lo que la Historia dejó en segundo plano. Porque aquel 6 de mayo no solo se acabó el futuro de los dirigibles, sino el de decenas de personas.

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Cuando llega la penumbra, de Jaume Cabré

cuando llega la penumbra

cuando llega la penumbraEl relato no es un arte menor, aunque su corta extensión le haga pensar eso a más de uno. Muchos grandes novelistas no saben manejarse en historias cortas, igual que no todos los relatistas son capaces de escribir una novela. En el relato no hay tiempo de cometer errores o entretenerse en digresiones; cada personaje, acción o elemento cumplen un papel imprescindible. Nada debe estar de más y nada debe echarse de menos, y esa capacidad de contención y concreción es difícil de dominar. Por eso tenía ganas de leer Cuando llega la penumbra, de Jaume Cabré. Como disfruté muchísimo de Yo confieso, su novelón de mil páginas, quería ver si conseguía impactarme tanto en relatos de menos de cuarenta.

Ya sabía que Jaume Cabré tiene un magnífico dominio de la lengua, y en Cuando llega la penumbra ha vuelto a demostrármelo. Hace igualmente creíble el monólogo de un ladrón de ovejas que el de un galerista. En esta antología de trece relatos aparecen personajes tan dispares como los mencionados, pero la mayoría tienen algo en común: el ejercicio de la maldad sin remordimientos. Estamos obsesionados con razonar la maldad, buscarle su razón de ser en enfermedades mentales o pasados traumáticos, pero no siempre es así. Jaume Cabré aborda la maldad desde diferentes prismas, con total naturalidad, con humor y cinismo incluso, para desmitificarla y volverla ordinaria, porque, al fin y al cabo, es lo que es.

Que Jaume Cabré tiene un bagaje cultural tremendo se nota enseguida porque las referencias literarias y pictóricas son constantes. La pasión por el arte mueve a muchos de los personajes, hasta tal punto que varios de ellos quedan atrapados dentro del cuadro que les fascina. La enigmática pintura que los abduce aparece en varios relatos, pero no es el único elemento que salta de una historia a otra: también los personajes entran en este particular juego narrativo del autor. A medida que se avanza en la lectura de Cuando llega la penumbra, nos damos cuenta de las coincidencias y esta antología de relatos se convierte en mucho más: un universo metaliterario que dota de mayor transcendencia a las partes que lo conforman. Quizá Jaume Cabré, acostumbrado a las largas distancias, no podía conformarse con pequeñas historias independientes.

Me ha gustado descubrir en un solo volumen varios registros de Jaume Cabré, aunque reconozco que Cuando llega la penumbra no me ha cautivado tanto como Yo confieso. Pero, claro, aquella novela me encantó y era muy complicado que estas historias la superaran, aunque contara con trece intentos. Aun así, sea en la extensión que sea, este escritor hace alarde de su talento literario y de su gusto por saltarse las convenciones narrativas, lo que siempre es un placer para aquellos lectores que no queremos que nos pongan las cosas fáciles. En Cuando llega la penumbra nos ofrece una experiencia lectora a dos niveles, pues aunque son relatos, bien podría entenderse como una novela experimental. Si os decantáis por esta segunda lectura, no os acomodéis: Jaume Cabré os tiene preparado un nuevo guiño cómplice al pasar la página.

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La noche que no paró de llover, de Laura Castañón

la noche que no paró de llover

la noche que no paró de lloverMe llaman la atención las novelas en las que un personaje rememora su vida desde la perspectiva que da la vejez. Cuando todo lo que pudo hacer ya está hecho y no queda ningún ser querido vivo con el que saldar cuentas. Cuando echar la vista atrás solo sirve para quedarse en paz con uno mismo… o no.

Me atraen los personajes detestables, llenos de malos sentimientos. No es necesario que sean asesinos o psicópatas, me basta con que caigan a menudo en la envidia, la vanidad, el egoísmo… Esos pecados en los que es fácil reconocernos porque todos hemos sido víctimas o culpables de ellos alguna vez.

Me gustan las novelas corales, en las que los protagonistas se van pasando el testigo para contarnos sus historias, que inevitablemente se entrecruzan. Eso me permite conocer cómo se ven a sí mismos y cómo los ven los demás y, qué curioso, suelen ser puntos de vista irreconciliables, lo que le da mucha más profundidad a los personajes.

Estos tres ingredientes narrativos los he encontrado en La noche que no paró de llover, de Laura Castañón. La mujer que recuerda su vida es Valeria Santaclara, una octogenaria de las del palo de «con Franco vivíamos mejor», que ha tenido una existencia acomodada y bastante anodina, pero está llena de resentimientos y de heridas sin cicatrizar. La odié desde la primera página (lo mismo me pasó con la protagonista de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, con la que tiene más de una similitud), pero terminé por compadecerla: porque vive atrapada en sus propias mentiras y prejuicios y porque ella también sufrió, a pesar de todo. De ahí que sea un personaje tan atractivo, alrededor del cual giran todos los demás. El resto de mujeres que protagonizan esta novela son Laia, la psicóloga a la que Valeria relata su vida para atreverse a abrir un sobre que lleva guardando dieciocho años, titulado «El perdón»; Emma, la novia de Laia, que se esfuerza para que su relación sea perfecta, aunque encuentre a su pareja cada vez más distante; y Feli, la limpiadora de la residencia de Valeria, escritora aficionada que trata de averiguar qué le pasó a una maestra de la Segunda República que estuvo vinculada con la familia Santaclara.

Laura Castañón consigue que cada personaje adquiera una voz propia e inconfundible y que sus historias nos enganchen de igual manera. Su forma de narrar me ha recordado a la de Alejandro Palomas: por lo cuidado de su prosa, por su humor, por las inquietudes y las relaciones familiares de sus protagonistas, por algunos de los temas que trata. Por eso creo que los seguidores del autor catalán conectarán de inmediato con esta novela. También lo harán los lectores que busquen una lectura adictiva, pero que les deje poso, pues a través de los pensamientos y las vivencias de Valeria, Laia, Emma y Feli, La noche que no paró de llover reflexiona sobre la maternidad, la vejez, el amor y la culpa. Y, por encima de todo, sobre la memoria, individual e histórica, y sobre el mal, voluntario o inconsciente. Porque cualquiera de nuestras decisiones diarias puede tener consecuencias imprevistas, terribles para nosotros mismos o para otros, igual que nuestras acciones o inacciones como sociedad determinan la historia de nuestro país, para bien o para mal.

Qué difícil es asumir que nuestras equivocaciones pueden ser trascendentales para los demás. Imagino que por eso solemos esperar a que la muerte esté a la vuelta de la esquina para evocar nuestros recuerdos, como Valeria Santaclara. Quién sabe si entonces encontraremos el sentido a todo aquello que vivimos y si habrá alguna justificación para cada una de nuestras malas decisiones. La noche que nunca paró de llover me deja con ese desasosiego, quizá por planteármelo antes de tiempo. O en el momento oportuno, quién sabe.

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La historia oculta. Integral 3, de Jean-Pierre Pécau

La historia oculta Integral 3

La historia oculta Integral 3Ya han pasado milenios desde que el Abuelo Lobo traspasó los marfiles del poder a cuatro niños: Reka, Dyo, Aker y Erlin. Convertidos en arcontes inmortales, sus enfrentamientos y luchas por el poder han dirigido el destino de la Humanidad a lo largo del tiempo. En La historia oculta. Integral 1, vimos la época dorada de los cuatros hermanos, capaces de alzar y destruir imperios a su antojo, mientras que en La historia oculta. Integral 2, varios humanos se unieron al juego de conquistar el mundo, creando sus propias barajas para socavar el poder de los marfiles originales. A medida que aumentan los enemigos, el caos y la destrucción son mayores y llegan a su punto álgido en La historia oculta. Integral 3, la última entrega de esta ucronía de ciencia ficción publicada por ECC.

Los anteriores integrales recreaban acontecimientos históricos de varios siglos, pero La historia oculta. Integral 3 se centra en los años de la Segunda Guerra Mundial, un periodo especialmente devastador para la historia de la Humanidad. Este integral está compuesto por cuatro volúmenes —«La logia de Thule», «La piedra negra», «Nadia» y «Lucky Point»—, y la presencia de los arcontes es poco significativa en todos ellos. Cada vez son más determinantes el resto de jugadores de la partida: humanos que pueden ver el pasado y el futuro; humanos ansiosos de poder; humanos que dejaron de serlo porque se cegaron de ambición y traspasaron todos los límites. Si al comienzo de esta historia eran los arcontes la gran amenaza para el mundo, a estas alturas parecen los únicos capaces de poner un poco de orden.

La Segunda Guerra Mundial sirve de telón de fondo a las intrigas y alianzas de las decenas de personajes que aparecen en este integral. He echado en falta los toques de humor que tanto me agradaron en la anterior entrega y, quizá, más momentos épicos, pero he vuelto a sorprenderme con el giro de tuerca que ya se veía venir y que en estos volúmenes se confirma: la existencia de universos paralelos, donde la línea entre pasado y futuro se esfuma y hace posible continuar la lucha en todos los planos del espacio y el tiempo. Con el cameo de Albert Einstein y la mención a las teorías de Erwin Schrödinger para darle empaque al asunto. Porque sí, estamos ante una novela gráfica de ciencia ficción y fantasía; pero, por momentos, lo que nos cuenta no es tan descabellado. La documentación histórica que sustenta la trama está tan bien hilada que rellena los huecos que siguen siendo un enigma en la vida real y da una explicación a acontecimientos atroces a los que es difícil encontrarles lógica.

La historia oculta. Integral 3 concluye antes de que la Segunda Guerra Mundial llegue a su fin y, como podéis imaginar, que el conflicto bélico lo gane el Eje o los Aliados está en manos de los jugadores de esta partida. ¿Conseguirán los arcontes recuperar el control? ¿Existe algún universo alternativo en el que nuestro mundo no acabe destrozado? Me temo que no, pero con esta versión alternativa de la historia que nos plantea Jean-Pierre Pécau nunca se sabe.

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Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

cien años de soledad

cien años de soledadMe ha dado miedo releer Cien años de soledad. Han pasado diez años desde que me asomé a sus páginas, leyendo la edición conmemorativa por el ochenta aniversario del autor, el maestro Gabriel García Márquez, y la forma en la que estaba escrito me impactó tanto que se convirtió de inmediato en uno de mis libros favoritos. Desde entonces supe que lo volvería a leer algún día. Mientras tanto, presté el libro, deseosa de compartir con mis allegados una experiencia lectora tan fascinante. Imaginad el puñal que sentí retorcerse en mi corazón cuando vi que varias hojas se habían despegado. ¡Mi novela predilecta, masacrada! Yo, que cuido tanto los libros que ni a las ediciones de bolsillo le salen arrugas en el lomo, no podía ver aquello; así que refugié a mi querido libro en un estante, rodeado de muchas otras obras de García Márquez, lejos de nuevos atropellos.

Y, de pronto, aparece la preciosísima edición de Cien años de soledad ilustrada por Luisa Rivera, que publica Literatura Random House para celebrar los cincuenta años de la obra. ¿Cómo no iba a tener yo semejante maravilla entre mis manos? Era la mejor manera de releer la obra cumbre del realismo mágico. Así que, una década después, regreso a Macondo para acompañar a los Buendía generación tras generación. Una casa de locos donde ellas son inquebrantables y hasta crueles y ellos están obsesionados con las guerras, las mujeres de mala vida y las empresas delirantes.

cien años soledad ilustraciónEs curioso que Cien años de soledad sea uno de mis libros preferidos y apenas recordara nada de la historia, más allá del archiconocido inicio, el magnífico final y personajes y acontecimientos muy concretos de esta familia marcada por las pasiones, las tragedias y las soledades. Lo que ha perdurado todos estos años en mi memoria ha sido el placer que la lectura me causó, y de ahí mi repentino temor a releerlo y no sentir lo mismo, a defraudarme quizá. Ahora comprendo a quienes me han dicho muchas veces que no pudieron acabarlo. Yo me echaba las manos a la cabeza al oírlos —¡pero si es una delicia!, les decía—; sin embargo, es cierto que es un libro denso, donde las vivencias de unos y otros personajes se suceden sin descanso, muchos de ellos con el mismo nombre, lo que añade dificultad al seguimiento de la historia. No tiene un inicio, nudo y desenlace al uso, sino que es un universo único de emociones, hechos extraordinarios y personajes mágicos, en el que solo es posible entrar si uno sucumbe a la excepcional prosa de García Márquez.

La relectura de Cien años de soledad no me ha decepcionado, ni mucho menos. Ya no he sentido la fascinación de la primera vez, pero he disfrutado del reencuentro. Un reencuentro con García Márquez, del que he leído bastante en los últimos años. Gracias a eso, he reconocido las referencias a otras novelas o cuentos suyos, que ya estaban escritos en aquel 1967 o que serían escritos muchos años después. Y, sobre todo, ha sido un reencuentro conmigo misma, pues me he dado cuenta del verdadero impacto que esta novela tuvo en mí. Aunque no recordara muchas de sus imágenes, estas se habían quedado en mi subconsciente y las he reflejado en muchos de mis textos. Metáforas de tres palabras del autor colombiano han dado lugar a relatos míos enteros, y yo sin saberlo. ¿Cómo no va a ser Cien años de soledad uno de mis libros predilectos? Pocas veces he sentido una conexión tan profunda con una lectura, contados libros han marcado tanto mi vida.

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Las defensas, de Gabi Martínez

las defensas

las defensasHay vidas que dan para un libro, y es una lástima que sus protagonistas no suelan pedirle a un escritor que se lo escriban para que podamos conocerlas. Sin embargo, Domingo Escudero sí lo hizo. Un día de Sant Jordi, se acercó a Gabi Martínez y le ofreció su historia, la de un neurólogo que se había vuelto loco durante una etapa de su vida. Igual que hubiera sido apasionante para sí mismo tratar como médico su propia enfermedad, pues era un caso excepcional y ni siquiera se conocía todavía el tipo de trastorno estaba padeciendo, también lo fue para Gabi Martínez desde el punto de vista literario y aceptó el reto de novelarlo.

Así surgió Las defensas, una historia narrada en primera persona por Camilo Escobedo, un neurólogo que rememora su vida desde el psiquiátrico para dilucidar cómo ha acabado allí. A través de su relato, recorre no solo los últimos treinta años de su vida (su matrimonio y paternidad por inercia, su obsesión por la neurología y especialmente por las enfermedades autoinmunes, su acoso laboral…), sino también los acontecimientos que han marcado España, en general, y Cataluña, en particular, desde la Transición hasta hoy.

La deriva de Camilo Escobedo es extrema y, aun así, la mayoría de los lectores se verán reflejados en muchos de los episodios que protagoniza. La historia retratada en Las defensas cuestiona la forma de vivir de nuestra sociedad, en la que la presión del entorno determina cómo debemos ser y a qué debemos aspirar, tanto en el ámbito personal como en el laboral, aunque ello suponga altas cotas de estrés y de frustración que van mermando nuestra salud física y mental. Y, además, pone en el punto de mira el sistema sanitario desde varios frentes. Por un lado, denuncia el corporativismo y los abusos de poder. Y, por otro, aboga por un nuevo enfoque de las enfermedades neurológicas, que tenga en cuenta que es posible curarlas y que «se puede llegar a los sentimientos leyendo el lenguaje del cuerpo».

Pese a lo que pueda parecer, no es suficiente contar una historia real y contextualizarla en un entorno que todos conocemos para que sea verosímil. Por eso Gabi Martínez ha ficcionado los hechos para crear una novela creíble, sin aclarar cuánto de lo que relata ha sucedido de verdad y cuánto es fruto de su imaginación. Y es que, como dijo Juan Rulfo, la literatura es una mentira que dice la verdad. Las defensas en un buen ejemplo de ello: la ficción de Gabi Martínez no se ciñe a los hechos tal y como sucedieron, pero hace que el lector se tope con esa realidad que tiene ante sus ojos y que no siempre se atreve a enfrentar. Ni siquiera a su protagonista de carne y hueso le han importado esas licencias, pues la novela inspirada en su vida ha transmitido esa verdad que quería reflejar.

Hay vidas que dan para un libro, como la de Domingo Escudero, pero en manos de un escritor como Gabi Martínez, además se convierten en buena literatura; esa que nos hace ver más allá de una vivencia particular para descubrirnos a nosotros mismos.

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Assassination Classroom 17: Hora de dividirse, de Yusei Matsui

assassination classroom 17Mi relación con Assassination Classroom se ha convertido en un diario de lectura público, porque es la tercera vez que os hablo de él. Suerte habéis tenido de que no comenzara a leerlo desde el primer número… Como no quiero repetirme, os dejo enlazadas mis reseñas de Assassination Classroom 15: Hora de la tormenta y Assassination Classroom 16: Hora del pasado, por si aún no sabéis nada de este manga, y paso a comentaros qué me ha parecido Assassination Classroom 17: Hora de dividirse.

Si la anterior entrega me encantó, pues en ella se revelaban incógnitas clave de la trama y había grandes dosis de amor, acción, crítica social y drama, este último capítulo me ha parecido de transición. Incluso su autor, Yusei Matsui, lo reconoce, de ahí que la portada sea amarilla, el color de las medias tintas, el que aparece cuando empieza a desvariar, según él. ¿Qué se le va a hacer? Todas las series —o sus creadores— necesitan esos momentos. Pero que sea de transición no quiere decir que no pase nada, ya que la clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka rompe la baraja y da un paso decisivo para encarar la recta final de la historia.

Tras conocer el pasado de su profesor, algunos alumnos se niegan a seguir adelante con la misión de asesinarlo, mientras que otros creen que deben hacerlo de todos modos. No es una cuestión de odio —¿quién podría odiar a ese encantador monstruo que ha hecho tanto por ellos?—, sino de principios. Os recuerdo que si Koronsensei no muere, el mundo entero será destruido, así que es una decisión vital; y todos, tanto los que quieren matarlo como los que quieren salvarlo, creen firmemente que su postura es la mejor para el bien común. Aunque también saben que la fuerza de la clase reside en su unión y que, si no se ponen de acuerdo, serán ellos mismos los que pierdan todo lo que han ganado a lo largo del curso. Así que Korosensei plantea un ejercicio para resolver el dilema: que pongan en práctica en una batalla de paintball las artes de asesinato aprendidas en el último año  y que la postura del equipo vencedor sea asumida por toda la clase. Y es que, como bien sabe Koronsensei, cuando uno lucha por defender sus principios es cuando da lo mejor de sí; y eso es, al fin y al cabo, lo que quiere que aprendan sus alumnos.

Para los que les guste la acción, en Assassination Classroom 17: Hora de dividirse hay muchísima, ya que gran parte del capítulo se centra en la batalla, mientras que la trama permanece estancada hasta las páginas finales, donde la historia da un giro estratosférico. Y hasta aquí puedo contar. Quedan cuatro entregas para saber cómo acaba el manga, y después de este capítulo de transición, creo que el siguiente vendrá cargado de nuevos descubrimientos y avances importantes, ya que Yusei Matsui sabe cómo dosificar la emoción. Así que espero que Panini no tarde en publicar el capítulo 18. Seguiré contándoos mi diario de lectura de este imprevisible manga en la próxima reseña de Assassination Classroom.

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La ventana de Kenny, de Maurice Sendak

La ventana de Kenny

La ventana de KennyTenía cinco años cuando mis compañeros de clase y yo fuimos por primera vez a la biblioteca municipal. Nos sentamos en una sala y apagaron las luces. Entonces, sobre una gran tela blanca proyectaron las imágenes de un travieso niño disfrazado de lobo. La cálida voz de la cuentacuentos nos relató cómo la madre lo castigaba sin cenar por haberse comportado como un monstruo. Pero, nada más cerrarse la puerta de la habitación, las paredes se transformaban en un bosque y ante el niño aparecían un mar y un barquito. Sin dudarlo, se montaba en él y viajaba hasta el país de los monstruos, donde lo proclamaban rey por ser el más temible de todos ellos. Me quedé totalmente embelesada con ese cuento, que, por si todavía no lo habéis adivinado, era Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Y sí, ese fue el día en el que me enamoré de la literatura.

Años después, vi Dentro del laberinto en la televisión, donde el malvado rey de los goblins robaba el hermano pequeño de Sarah y le advertía que, si no lograba atravesar el laberinto y llegar al castillo en menos de un día para rescatarlo, él se quedaría con el bebé para siempre y lo transformaría en uno más de los goblins a su servicio. No hace mucho supe que esta historia, que es mi película infantil favorita, está inspirada en Al otro lado, también obra de la maravillosa imaginación de Maurice Sendak.

¿Cómo no voy a sentir una enorme gratitud hacia él si es el creador de los mundos que me fascinaron en la infancia? Por eso, cuando vi que Kalandraka reeditaba su primer libro, La ventana de Kenny, publicado por primera vez en 1956, una sonrisa nostálgica invadió mi cara y me lancé a leerlo.

La habitación vuelve a ser el escenario donde el niño protagonista da rienda suelta a sus fantasías, pero, esta vez, Kenny no está encerrado allí como castigo, sino que ha creado en ella su propio reino, donde convive con su mascota y sus juguetes; como el osito Bucky, su más viejo y apreciado amigo, o los soldaditos de plomo, con los que suele desahogarse. La ventana de Kenny tiene un tono distinto al de Donde viven los monstruos, pues es un cuento mucho más tierno y filosófico, pero los dos ahondan en el miedo al abandono, en la necesidad de afecto y en el poder de la imaginación para hacer frente a los temores y problemas.

La ventana del cuarto representa la frontera entre el mundo infantil de Kenny, ese que conoce y en el que se siente protegido, y el desconocido mundo adulto, en el que presiente que tendrá que aventurarse tarde o temprano. A través de las conversaciones del niño con sus queridos juguetes y otros personajes fantásticos que surgen de sus sueños, Sendak vuelve a demostrar que con los ojos de un niño se puede ver mucho más allá, igual que hiciera Antoine de Saint-Exupéry en El principito.

Ojalá que los niños de hoy lean estos cuentos y sientan lo que yo sentí aquella mañana en la biblioteca municipal. Con sus ilustraciones y su historia, Maurice Sendak me hizo saber que en las páginas de los libros, y en la imaginación de todos nosotros, hay mundos enteros por descubrir. Desgraciadamente, nunca podré agradecerle el regalo que me hizo, pero espero que esta pequeña reseña sirva como homenaje.

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La cámara sangrienta, de Angela Carter

la cámara sangrienta

la cámara sangrienta¿Te atreves a abrir La cámara sangrienta? Es posible que reconozcas a Barbazul, a la bella y la bestia, a Caperucita roja, al gato con botas o a Blancanieves entre sus páginas, pero estos cuentos de hadas no serán cómo te los han contado. Olvida las versiones edulcoradas y vuelve a los orígenes, cuando estos relatos eran entretenimientos para el público adulto; pero estate atento porque esta vez las reglas han cambiado y nunca sabrás quién es la víctima y quién el verdugo.

Publicada por primera vez en 1979 y reeditada en 2014, Sexto Piso vuelve a ofrecernos en 2017 esta joya de Angela Carter, una de las figuras más importantes de la literatura británica del último tercio del siglo XX. En La cámara sangrienta, la autora reúne diez relatos en los que homenajea los cuentos tradicionales con una prosa barroca llena de ironía, recreándose en un entorno tenebroso y decadente que los dota de un tono mucho más sensual y macabro. Las dulces damiselas se adentran en bosques y castillos sombríos, pero, en esta ocasión, su deseo carnal, siempre latente en este tipo de historias, se sacia sin remordimientos. Porque, en las versiones de Angela Carter, las protagonistas ya no se someten a la violencia sexual, sino que son ellas las que acuden por voluntad propia a los brazos del rey de los trasgos, del lobo o de la bestia. Los personajes y tramas de los cuentos de hadas son los elementos elegidos para subvertir las relaciones de poder establecidas, y muchas veces romantizadas, entre hombre y mujer, y a través de ellos se ahonda en los aspectos inmorales y perversos del matrimonio y del sexo para reescribir los finales de las historias.

Las bellas ilustraciones de Alejandra Acosta, en blanco y negro con toques de rojo, reflejan esa ambientación gótica que Angela Carter describe en sus relatos: blanco como el de la nieve siempre presente, que transmite el intenso frío del exterior; negro como el de los oscuros recovecos de la psique de los personajes, que dan rienda suelta a sus instintos; rojo como el de la sangre de la virginidad perdida o de la muerte provocada, que sigue caliente sobre el lecho. Los dibujos de mujeres desnudas junto a animales o seres fantásticos transmiten la voluptuosidad imperante en la obra, y nos perdemos aún más en ese laberinto de placeres y sufrimientos construido por Carter. Estos cuentos crueles serán del gusto de los amantes de la literatura gótica, del mismo modo que los que conocen los textos originales de Charles Perrault o Jeanne Marie Leprince de Beaumont disfrutarán con la vuelta de tuerca que Carter da a sus relatos. Incluso para los que solo conozcan las adaptaciones infantiles, La cámara sangrienta es una opción excelente para revisitarlos con el cambio de perspectiva del que dotan los años.

Descubrir La cámara sangrienta es volver a los orígenes para despojarlos de la careta y disfrutar de las múltiples posibilidades que ofrece la igualdad de fuerzas de los personajes. Y, sobre todo, dejarse envolver por la exquisita prosa de Angela Carter, que reescribe los cuentos de hadas para demostrarnos que, en ellos, el amor es solo el precio de la carne.

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La bruja debe morir, de Sheldon Cashdan

la bruja debe morir

la bruja debe morir¿Quién no conoce BlancanievesCenicienta, Hansel y Gretel, La bella durmiente, Caperucita roja Pinocho? Los cuentos de hadas son nuestro primer contacto con la literatura. Algunos nos quedamos prendados de ella para siempre, pero incluso los que nunca más vuelven a abrir un libro recuerdan con cariño estas historias. ¿Por qué será? ¿Qué tienen estos cuentos para permanecer en nuestras cabezas a lo largo de los años y pasar de generación en generación? En La bruja debe morir. De qué modo los cuentos de hadas influyen en los niños, Sheldon Cashdan nos hace revisitar los cuentos de hadas de nuestra infancia y nos explica cómo su fantasía y su folclore nos impactan psicológicamente.

A través de los siete pecados capitales a los que los niños se enfrentan durante su desarrollo —vanidad, glotonería, envidia, mentira, lujuria, avaricia y holgazanería—, Cashdan nos muestra una nueva forma de entender los cuentos de hadas, descifrando los sentidos profundos que hay detrás de la sucesión de aventuras y dramas que viven los personajes. ¿Por qué los padres suelen estar ausentes o muertos? ¿Por qué el héroe y el villano comparten el mismo defecto? ¿Por qué es necesario que la bruja muera para que todos sean felices al final? Nada es arbitrario en los cuentos de hadas. Están cargados de simbolismos que percibimos de manera casi inconsciente durante la niñez y que interpretamos de modo muy distinto durante la edad adulta. La repetición de patrones hace que conectemos con estas historias y canalicemos nuestros conflictos psicológicos a través de ellas. Por eso, hoy en día se siguen utilizando para que un niño aprenda a gestionar la envidia que siente hacia su hermano, pero también como herramienta para tomar decisiones en las consultorías empresariales. Los tenemos tan interiorizados que son el escenario ideal para representar nuestros dilemas internos o la metáfora más socorrida para plasmar nuestras aspiraciones.

Sheldon Cashdan, además de poner en valor la utilidad psicológica de los cuentos de hadas, hace un repaso a su evolución histórica desmontando los mitos que existen alrededor de ellos, nos cuenta las diferentes versiones de los cuentos más populares, sin olvidar las adaptaciones Disney, y recupera aquellos que cayeron en el olvido por su alto contenido sexual o macabro. De este modo, La bruja debe morir. De qué modo los cuentos de hadas influyen en los niños se convierte en un ensayo tremendamente ameno y lleno de datos e interpretaciones sorprendentes, imprescindible para aquellos adultos a los que estos cuentos siguen generando intensas emociones y quieren desentrañar los significados ocultos que las provocan.

Tras leer La bruja debe morir nos queda claro que los cuentos de hadas están lejos de ser solo para niños y quizá alguno se lleve más de una desilusión al conocer las sombras de los personajes y las dobles lecturas de los peligros en los que se ven envueltos. Nunca volveremos a ver estos populares relatos con los mismos ojos inocentes, pero por fin tomaremos consciencia del porqué de su enorme impacto sobre la literatura y nuestras vidas. Por muchos años que pasen, los cuentos de hadas seguirán siendo el mejor camino para encontrarnos con nosotros mismos.

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El abismo, de Neal Shusterman

el abismo

el abismoNada vuelve a ser igual después de conocer el abismo. Neal Shusterman lo sabe bien: lo vio de cerca porque uno de los suyos se hundió en él. Y ha escrito esta novela para que sintamos el descenso. Quiere que estemos preparados por si mañana cae uno de los nuestros… o nosotros mismos.

Las enfermedades mentales son ese abismo que nunca se menciona. Igual infravaloramos el poder destructor de la depresión o la ansiedad que huimos de los psicóticos por miedo a que nos hagan daño o nos contagien su locura. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cuatro ciudadanos padeceremos alguno de esos trastornos a lo largo de nuestra vida. Por eso es necesario conocer a los monstruos que quizá se agazapan en las profundidades de nuestras mentes o en las de nuestros seres queridos para que, si un día nos arrastran, sepamos a qué nos enfrentamos.

En El abismo, Neal Shusterman cuenta la historia de Caden Bosch, un chico de quince años normal y corriente… hasta que deja de serlo. Poco a poco, su capacidad para relacionarse con los demás se deteriora, comienza a comportarse compulsivamente, aparecen los delirios, las alucinaciones, la paranoia, las voces en su cabeza, la manía persecutoria… Lo que lleva a sus padres a internarlo en un psiquiátrico para jóvenes. Allí, la mente a la deriva de Caden, a bordo de un barco conducido por un capitán tuerto y un loro subversivo, buscará el norte para volver a la realidad, acompañado por una tripulación formada por personajes tan variopintos como el oficial de la derrota o el oficial del entusiasmo.

Como avisa su autor, esta novela no es ficción: las emociones de Caden, los dibujos con los que las expresa, los efectos que le provocan los medicamentos, la relación con su familia y sus compañeros, todo se lo ha transmitido su hijo, que se hundió y resurgió de los rincones más oscuros de su mente. De ahí que la lectura de este libro nos golpee con tanta contundencia, aterrándonos y conmoviéndonos a la vez. La historia que nos narra El abismo es la historia de muchas personas de nuestro alrededor, las conozcamos o no, cuyos pensamientos y actos nos enfadan, nos asustan o nos avergüenzan porque no los entendemos, y somos incapaces de mirarlas de frente y empatizar con ellas. Neal Shusterman logra que comprendamos cómo se sienten los que padecen enfermedades mentales, rompiendo esos tabús que los estigmatizan socialmente y dejándonos claro que nada es inevitable, ni siquiera la locura.

Hay centenares de libros que nos hacen viajar a lugares lejanos que nos encantaría visitar, pero muy pocos que nos hagan mirar dentro de nuestras mentes, a esos monstruos escondidos que nunca desearíamos conocer de primera mano. Por eso, esta novela ha sido galardonado con el National Book Award en 2015 y con el Golden Kite Award en 2016; son los merecidos reconocimientos a un libro necesario para la literatura y para la vida. Desde ya digo que será uno de mis favoritos del año, pues ha cambiado mi forma de ver muchas cuestiones. Nada volverá a ser igual después de haber leído El abismo.

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