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Rulfo, una vida gráfica, de Óscar Pantoja y Felipe Camargo

Rulfo una vida gráfica

Rulfo una vida gráficaNo me andaré con rodeos: Rulfo, una vida gráfica es una joya, una lectura imprescindible para los seguidores de Juan Rulfo, el escritor cuya biografía se recrea, como también para cualquiera que desee descubrir a uno de los mexicanos más relevantes de la literatura del siglo XX. Las ilustraciones de Felipe Camargo y el guion de Óscar Pantoja se funden para sacudirnos por dentro, y lo consiguen desde la cita escogida para encabezar la obra.

La excelente portada, que plasma referencias a Pedro Páramo y El llano en llamas con una tremenda fuerza visual, deja claro el tono que predomina en esta biografía gráfica publicada por la editorial colombiana Rey Naranjo. Y la lectura nos remueve enseguida, en cuanto comprendemos que ese imaginario del autor mexicano, extraña mezcla de muerte, desarraigo y amor, nace directamente de las terribles experiencias que vivió desde temprana edad.

¿Cómo no iba a ser la muerte una protagonista omnipresente en su obra si no vio otra cosa que muertos desde los seis años? Nacido en el convulso periodo de las guerras cristeras y el final de la revolución mexicana, Juan Rulfo sufrió una y otra vez las consecuencias de la violencia que asolaba su país. Óscar Pantoja y Felipe Camargo contextualizan en tan solo unas páginas esos años y transmiten su crudeza. Imposible no empatizar con el Juan Rulfo niño: con su inocencia e ilusión, primero; con su silencio y desolación, después. Imposible no sentir impotencia al presenciar su declive en la edad adulta, cuando el autor de dos obras emblemáticas de la literatura universal se quedó seco de palabras y se ahogó en excesos de melancolía y alcohol.

Asistimos a los momentos más representativos de la vida de Juan Rulfo a través de continuos saltos temporales, un ir y venir del niño al adulto, reviviendo los episodios más trágicos de su existencia, sintiéndonos atrapados por su pasado al igual que él. Que Rulfo, una vida gráfica no siga el orden cronológico convencional quizá sea un guiño a la ausencia de estructura de Pedro Páramo, donde Juan Rulfo olvidó los esquemas ortodoxos de la narrativa para que fuera la emoción la que sentara los pilares. Eso le llevó a ser incomprendido y despreciado por muchos, pero también ensalzado por los grandes de su época, como Carlos Fuentes, García Márquez, Elena Poniatowska, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Alfonso Reyes o Roa Bastos.

Acabar la lectura de esta novela gráfica nos hace valorarlo a nosotros también y ver con otros ojos la portada que creímos entender al principio. Ya no solo nos percatamos de las referencias a sus libros, sino que encontramos reflejado el dramatismo de su vida. La urgencia de sumergirse en sus obras se vuelve imperiosa, sea para redescubrirlas o para leerlas por primera vez, porque sabemos que en ese imaginario de realismo y fantasía, de folclore mexicano y experimentación narrativa, Juan Rulfo dejó mucho de sí, tal vez todo. Tras leer Rulfo, una vida gráfica, Pedro Páramo y El llano en llamas adquieren inevitablemente una nueva trascendencia, que hiere aún más.

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La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia, edición de Julia Barella y Laura Alonso

La mecánica de la escritura creativa en busca de una voz propia

La mecánica de la escritura creativa en busca de una voz propiaHay quien cree que ser escritor es un don con el que se nace y que no se puede enseñar. Y también está el que considera que solo se trata de juntar letras y que todos aprendimos a hacer eso en el colegio. No debe de ser un asunto tan sencillo dilucidar qué es escribir si existen puntos de vista tan opuestos, y La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia es un libro que nos ayuda a reflexionar sobre ello.

La Escuela de Escritura de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) publica este libro —editado por Julia Barella, su directora, y Laura Alonso, filóloga y profesora— para abordar la escritura creativa desde diferentes enfoques. Para ello, han contado con los artículos de los habituales profesores de la escuela y de reconocidos escritores que han impartido en ella cursos y talleres en sus diez años de existencia. El resultado es un volumen ecléctico que ahonda en este arte que para muchos aún está por descubrir.

Como es evidente, en la Escuela de Escritura de la UAH están convencidos de que sí se puede aprender a escribir bien si se interioriza la técnica y se fomenta la creatividad a través de juegos y métodos de todo tipo. En la primera parte de este libro se profundiza en estos aspectos y se pone en primer plano la importancia de la lectura en el proceso de escritura: leer no consiste en pronunciar una palabra tras otra, sino en comprender su significado, igual que escribir no es poner una palabra tras otra, sino exponer con exactitud y claridad lo que se quiere transmitir. En la segunda parte, cada artículo se centra en un género (poesía, teatro, narrativa, guion) y se plantean las posibilidades expresivas que ofrecen. En la tercera parte, hablan de cómo la escritura ayuda al desbloqueo emocional, la gestión de conflictos (personales o laborales) y al autoconocimiento, vinculándola con la meditación y la psicoterapia. Y en la parte final, treinta artistas (dramaturgos, poetas, novelistas, cuentistas y guionistas) explican por qué y para qué escriben y aconsejan a los escritores noveles cómo afrontar la escritura. En definitiva, La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia es un texto interesante para quienes quieran conocer los entresijos de la escritura creativa o deseen adentrarse en ella como profesores o como alumnos.

En los últimos tiempos, es frecuente ver cómo las asignaturas artísticas y de letras son ninguneadas frente a las de ciencias. Pero La mecánica de la escritura creativa: en busca de una voz propia reivindica la necesidad de fortalecer la educación artística en las programaciones académicas y de incorporar la escritura creativa, ya que fomenta la sensibilidad, la libertad de pensamiento y la comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. No es solo una cuestión de crear artistas —personas imprescindibles para una sociedad libre, aunque muchos no sepan (o no quieran) valorarlos—, sino de formar mejores personas y que todos sean capaces de encontrar una voz propia con la que expresar sus emociones y pensamientos. ¿No debería ser ese un objetivo ineludible para cualquier sistema educativo de calidad?

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Textos huérfanos, de Enrique Jardiel Poncela

textos huérfanos

textos huérfanosUn humorista no suele ser gracioso todo el día, ni siquiera en su trabajo, aunque este consista precisamente en serlo. Hacer reír a todo el mundo es misión imposible, porque el humor es subjetivo, fruto de una determinada forma de ver la vida, de una cultura, de una época.

Recomendar un libro de humor también es complicado. Lo que me ha divertido a mí puede dejar frío a otro o incluso ofenderle. Mirad si tiene tela el humor, aunque muchos lo consideren un arte de segunda. Aun así, hoy vengo a hablar de un libro escrito por uno de los humoristas españoles más relevantes del pasado siglo, Enrique Jardiel Poncela, y no una de sus obras más conocidas, sino Textos huérfanos, un recopilatorio de sus escritos de juventud, esos que hasta él olvidó cuando alcanzó notoriedad, y que la editorial Berenice reimprime por primera vez desde entonces.

Textos huérfanos contiene aquellos artículos experimentales que Jardiel Poncela publicó en las revistas Buen Humor y Gutiérrez durante los años veinte, mucho antes de darse de bruces con la censura franquista. En ellos, el cómico madrileño dio rienda suelta a su creatividad y explotó especialmente el humor absurdo, en el que logró muchos momentos de brillantez. He disfrutado de sus reconstrucciones históricas de la batalla de Lepanto y del viaje de Colón, de sus pequeñas obras teatrales parodiando la psicología cotidiana, de sus aforismos, de sus refranes inventados, de sus juegos de palabras y de la falsa atribución de frases célebres a famosas figuras de la Historia. Imaginad mi sorpresa al reconocer algunas de esas bromas, y es que más de una de las ocurrencias de Jardiel Poncela han pasado de boca en boca a lo largo de las décadas.

Aunque predominan los textos experimentales y frescos, también hay chistes rancios y machistas, porque, como decía, el humor es reflejo de una cultura y una época determinadas. Eso me ha hecho pensar en el debate sobre los límites del humor que está tan en boga en los últimos tiempos, ya que algunos de sus artículos, escritos hace casi cien años, serían objeto de demanda si se escribieran hoy. Os dejo el caso que me ha parecido más llamativo, para que juzguéis vosotros mismos:

Extracto de «Oficios que la mujer puede desempeñar»:
Adúltera
Escritora
Feminista
Víctima de un crimen (consecuencia de las tres anteriores).

Las sensibilidades cambian con los años, no cabe duda. El ejemplo anterior a mí me parece de mal gusto, pero otros chistes que tiran de topicazos entre hombres y mujeres sí me han hecho gracia, igual que los de otros asuntos que siguen hiriendo muchas susceptibilidades actualmente, como es el caso de los deseos de independentismo de Galicia, País Vasco y Cataluña.

Textos huérfanos es así: va de lo absurdo a lo incisivo, de lo trivial a lo reflexivo. En aquellos años, Jardiel Poncela escribió todo lo que quiso: a veces, innovando el humor, otras, recurriendo a los clichés; a veces, con creaciones brillantes, otras, con textos para salir del paso. Y es que, como decía, no se puede ser gracioso todo el tiempo ni hacer reír a todo el mundo. Sea como sea, la publicación de Textos huérfanos es una buena noticia para los seguidores de Jardiel Poncela que deseen descubrir al artista en sus primeros años y para aquellos amantes del humor absurdo que quieran conocer a uno de los pioneros españoles de esa vertiente. Y también es una oportunidad para revisar los límites del humor que había en nuestro país hace casi un siglo y que cada uno reflexione si hemos avanzado o retrocedido.

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La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca

la vida es sueño

la vida es sueño¿Cuántos lectores en ciernes se habrán cargado las lecturas obligatorias del colegio? Conmigo no lo consiguieron, claro, incluso disfruté reencontrándome con Poe y sus Cuentos macabros o descubriendo el esperpento de Valle-Inclán en Luces de bohemia. Aunque no negaré que también hubo títulos que se me hicieron cuesta arriba, como Castilla, de Azorín o Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell. No siempre es fácil interesarse por libros que han sido escritos décadas o incluso siglos atrás, y menos a esas edades. Los profesores deben ayudar a comprenderlos y elegir una buena edición para que sus alumnos logren conectar con ellos.

La editorial SM, en su afán por inculcar el amor por la literatura desde la infancia, acaba de estrenar una colección de clásicos adaptados. Las portadas han sido lo primero que me ha llamado la atención: atrás quedaron los sobrios diseños que evidenciaban la seriedad y trascendencia literaria de la obra; SM apuesta por los colores para dejar claro que los clásicos también pueden ser atractivos y divertidos. En el interior, una gráfica pone en antecedentes a los lectores, explicando quién fue el escritor a través de aquellos aspectos de su vida y de su contexto histórico que se reflejan claramente en su obra. Y, lo que es más novedoso, muestra cómo ese clásico o su temática todavía están presentes en nuestros días en forma de películas y teatro.

De los títulos de la literatura universal que ofrece esta nueva colección, yo ya había leído El Quijote, El conde Lucanor, El lazarillo de Tormes, La regenta, Bodas de sangre, Rimas y leyendas y Tres sombreros de copa; así que, entre Fuenteovejuna y La vida es sueño, me decanté por el de Calderón de la Barca.

La vida es sueño es un drama filosófico estrenado en 1635, referente del teatro barroco y escrito en verso, ¡ahí es nada! Con semejante presentación, comprendo que los estudiantes de la ESO se echen a temblar, pero quizá se tranquilicen cuando vean que tiene mucho en común con peliculones como Origen, Matrix o El show de Truman, pues en él nada es lo que parece y los límites entre sueño y realidad son difusos. Además, la adaptación del texto hecha por Ricardo Gómez agiliza la lectura (sin perder la esencia de este clásico) y las oportunas notas en los márgenes aclaran los aspectos más confusos para el lector actual.

Esta obra aborda temas atemporales como el amor (paternal y sentimental) y la educación, de los que los adolescentes ya tendrán bastante que opinar. Aunque no sean herederos al trono encerrados en una torre como su protagonista, el pobre Segismundo, estoy segura de que si el profesor de Lengua y Literatura de turno se salta los aspectos más formales y plantea un debate sobre su contenido, la convertirá en una historia cercana y reconocible y surgirán muchas voces a favor y en contra de determinados personajes. La filosofía de La vida es sueño da mucho de sí y es una oportunidad de oro para implicar a los alumnos y cambiar su concepto de que los libros escritos hace cientos de años no tienen nada que ver con ellos. SM ha dado un paso más para demostrar que los clásicos no son cosa del pasado, ahora le toca a los profesores seguir con tan importante cometido. La pasión por la lectura se ha de contagiar con pasión, no con aburridos comentarios de texto. Los futuros lectores están en juego.

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44 escritores de la literatura universal, de Jesús Marchamalo

44 escritores de la literatura universal

44 escritores de la literatura universalMe gusta colar en mis charlas literarias anécdotas sobre la vida de los escritores, sus métodos de trabajo o los varapalos que sufrieron con sus obras. A veces, tenemos tan idealizados a nuestros escritores favoritos que nos olvidamos de que son seres humanos y que no siempre gozaron del aplauso del público; es más, algunos nunca alcanzaron el éxito y solo con el paso de los años sus obras han ocupado el lugar que merecen. Por eso, me encanta leer libros que hablan de escritores para conocer su otra cara. Mi última adquisición ha sido 44 escritores de la literatura universal, escrito por Jesús Marchamalo e ilustrado por Damián Flores. En él retratan a prestigiosos autores de la literatura europea y norteamericana de los siglos XIX y XX, resaltando aquellas singularidades de sus vidas y caracteres que no siempre han quedado reflejadas en sus obras. Son unas pinceladas de cada uno, apenas página y media por escritor, pero lo suficiente para hacer que los veamos con otros ojos; a ellos y a sus libros.

Hay anécdotas para todos los gustos. Por ejemplo, sobre sus infancias: el solitario André Gide y su amigo imaginario; el trauma de Charles Dickens con el pote de betún; el peculiar pasatiempo de Borís Pasternak; la origen de la pasión de George Perec por coleccionar soldaditos y la similitud entre las travesuras de Mark Twain y las de su famoso personaje Tom Sawyer.

El apartado de excentricidades, como era de esperar, da mucho de sí: los paseos en pantuflas y bata de Balzac o las maratonianas caminatas de Robert Walser; la manía de Thomas Mann de anotar cada nimio detalle de su día a día; la costumbre de Giuseppe Tomasi di Lampedusa de cambiar de idioma… según con qué perro hablara; el orgullo de Clarise Lispector al mostrar las cicatrices de su cuerpo a todo aquel que mostrara interés; las disparatadas relaciones de G. K. Chesterton con su familia; la adicción de Joseph Conrad que en varias ocasiones puso en peligro su vida y la de los de su alrededor o la razón por la que Lev Tolstói, ya octogenario, se fugó de su casa.

También se hace referencia a sus carreras literarias: ¿cómo se organizó Georges Simenon para escribir más de mil cuentos?, ¿en qué consistía la literatura industrial mecanizada creada por Alexandre Dumas?, ¿qué manuscrito llevaba encima Albert Camus el día que murió?, ¿qué crueles comentarios recibió Antón Chéjov de los críticos?, ¿qué perlitas dedicó Truman Capote a compañeros del gremio, además de a músicos e, incluso, a una primera dama?, ¿qué respuesta le dieron a Gustave Flaubert sus amigos, tras haberles leído durante cuatro días su manuscrito?, ¿en qué invertía Jack London el dinero que ganaba con sus libros?

Jesús Marchamalo no se limita a enumerar anécdotas y destacar las obras más emblemáticas de cada autor, sino que se recrea en la narración, por lo que además de conocer datos divertidos o dramáticos, la lectura resulta muy grata, incluso si no se conoce nada del escritor protagonista. Y gracias al talento de Damián Flores disfrutamos también de las ilustraciones de los autores más destacados de los últimos dos siglos, en las que ha logrado un asombroso parecido a través de un trazo aparentemente sencillo.

Siruela incluye este título dentro de su colección Nos Gusta Saber, que pretende acercar diferentes áreas de conocimiento a niños y jóvenes. Esta colección tiene muy buena pinta y 44 escritores de la literatura universal es una buena muestra, así que no dejéis que las etiquetas de edades os desanimen a leerlo. El libro de Jesús Marchamalo y Damián Flores es ideal si tenéis curiosidad por conocer esa parte humana de los escritores que no siempre percibimos entre líneas. Y es una lectura igualmente imprescindible si sois de los míos y os gusta amenizar vuestros debates literarios con anécdotas. Experiencias traumáticas, amores pasionales, hábitos de trabajo rocambolescos, obras ninguneadas, encontronazos entre autores… Con 44 escritores de la literatura universal tenemos material para rato.

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Kaiki. Cuentos de terror y locura, de VV. AA.

Kaiki Cuentos de terror y locura

Kaiki Cuentos de terror y locura«Yo no creo en fantasmas, claro, pero una vez un amigo me contó algo que le pasó, una historia que escapa a toda lógica. Si sucedió de verdad o solo fue producto de su imaginación, yo no lo sé, no estaba allí. Pero lo que sí vi fue el terror en sus ojos mientras me lo contaba… Solo de recordarlo, me dan escalofríos».

A todos, alguna vez, un conocido nos ha contado, por ejemplo, una experiencia paranormal jugando con la ouija o una aparición extraña en su casa una noche que estaba solo. Este tipo de relatos se vuelven más perturbadores narrados por alguien cercano, y les demos verosimilitud o no, nos producen esa fascinación y miedo que nos hacen escucharlos en silencio y repetirlos después a otras personas.

Las historias de terror han pasado de boca en boca a los largo de los años y la cultura japonesa es especialista en ellas. Su idioma no tuvo escritura hasta el siglo VI, por lo que su tradición oral es, posiblemente, la más extensa y antigua, y está repleta de relatos sobre fantasmas, seres sobrenaturales y mitos populares. Tanto es así que tienen diferentes términos para designarlos, según el grado de desasosiego que provocan. Hace un tiempo reseñé El fantasma sin rostro, un manga publicado por la editorial Quaterni que recogía seis kaidan, algo así como cuentos clásicos sobre lo raro, lo extraño y lo místico, y en esta ocasión voy a hablaros del libro Kaiki. Cuentos de terror y locura, que está compuesto por doce historias muchísimo más tétricas y espeluznantes.

En esta antología se recogen los kaiki de Ryūnosuke Akutagawa, Juran Hisao, Kyōka Izumi, Kōda Rohan, Kōtaro Tanaka, Kaita Murayama, Mori Ōgai, Atsushi Nakajima, Kidô Okamoto, Rampo Edogawa, Junichirō Tanizaki y Yumeno Kyūsaku. Algunos de ellos son autores prestigiosos de finales del siglo XIX y mediados del siglo XX y otros son bastante desconocidos, pero todos los cuentos antologados atrapan al lector desde la primera palabra y lo envuelven en una atmósfera inquietante hasta golpearlo con el giro final. No es frecuente encontrar una antología de varios autores —ni siquiera de un único autor— en la que todos los relatos sean disfrutables, pero la selección que la editorial Quaterni ha realizado para Kaiki. Cuentos de terror y locura es excelente y hará las delicias de los que seáis aficionados a la novela gótica y de terror.

Supersticiones antiguas, apariciones infernales y maldiciones más allá de la muerte marcan el rumbo de los protagonistas de estas historias. ¿Y si de repente a tu lengua le diera por probar la comida del diablo?; ¿y si te enamoraras de una sádica mujer, aun sabiendo que pretende matarte?; ¿y si descubrieras que una misteriosa película provoca la desgracia de todo aquel espectador que la ve a solas? Habrá lectores que verán en estos kaiki el poder de las fuerzas sobrenaturales y otros que, en cambio, los interpretarán como una espiral de locura a la que sucumben los personajes. Opten por el enfoque que opten, la lectura resultará igualmente terrorífica. Con Kaiki. Cuentos de terror y locura nadie se librará de que un escalofrío le trepe por la espalda al final de cada relato.

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Pájaro de medianoche, de Alice Hoffman

pájaro de medianoche

pájaro de medianocheCorre el rumor de que en el pequeño pueblo de Sidwell vive una misteriosa criatura alada. ¿Y qué hacen los vecinos? Echarle la culpa cada vez que algo desaparece y vender merchandising de ella para aprovechar el tirón turístico. Sin duda, los tiempos han cambiado: los lugareños ya no parecen interesados en adentrarse en el bosque, armados con antorchas, para dar caza al monstruo. Aunque para la familia de Twig Fowler, una niña de once años, todo sigue igual que dos siglos atrás, cuando una bruja llamada Agnes Early les maldijo por un desengaño amoroso. Aún hoy acarrean las consecuencias de aquel hechizo, por lo que no se dejan ver demasiado por el pueblo y dedican su tiempo a cultivar su huerto, donde crecen unas insólitas manzanas rosas, y a cocinar con ellas deliciosas tartas que venden a vecinos y forasteros. Pero con la llegada de unos descendientes de la bruja Agnes a la casa de al lado, la maldición se cernirá sobre las Fowler con renovada fuerza. Esta familia y sus secretos son el eje de Pájaro de medianoche, de Alice Hoffman, autora de otras novelas como Prácticamente magia (1995), que fue llevada al cine por Griffin Dunne y protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman, con la que comparte la premisa de maldición familiar que hay que romper.

La portada y la sinopsis de esta novela llamaron mi atención y cuando la tuve entre mis manos, me atrapó desde la primera página. Siempre me ha atraído el realismo mágico, esas historias que incorporan uno o varios rasgos fantásticos en las personalidades de los personajes para trastocar la cotidianidad de todo su entorno y donde los acontecimientos se repiten en bucle, como si el destino fuera inquebrantable. Pájaro de medianoche juega con estos elementos y, a través de la narración de la pequeña Twig, conocemos a su peculiar familia y a ese pueblo que, aparentemente, convive con las supersticiones con total normalidad. Sin embargo, en el último tramo, la novela me decepcionó un poco porque la resolución me resultó excesivamente sencilla y arbitraria. No sé si peca de inocencia por estar destinada al público infantil-juvenil, pero yo he echado en falta ese toque oscuro al que daba pie la premisa y que novelas como La temporada de los accidentes, también de realismo mágico y destinada a lectores de similar edad, sí supo explotar, cautivándome de principio a fin.

Pese a esos puntos flacos, no negaré que esta novela se lee con gusto. Es una historia de amistad, amor y magia tan dulce como las tartas de manzana rosa que hace la madre de Twig, de la que comes un bocado tras otro sin darte apenas cuenta, hasta que no queda nada en el plato. Sí, lo reconozco: yo devoré Pájaro de medianoche en día y medio, y me quedé con ganas de algún trocito más, literaria y literalmente hablando. Alice Hoffman, que imaginó el poder de su receta, nos detalla en las páginas finales del libro los ingredientes y los pasos que debemos seguir para preparar el pastel de manzana rosa, sin necesidad de tener las extraordinarias manzanas que solo crecen en el huerto de las protagonistas; así que probaré a hacerla, a ver si me quito el antojo. Pero no os contaré cómo me ha quedado, me lo reservo. ¡No solo las Fowler van a tener secretos!

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Al otro lado del río y entre los árboles, de Ernest Hemingway

Al otro lado del río y entre los árboles

Al otro lado del río y entre los árbolesDicen que los escritores dejan una huella autobiográfica en todas sus obras, en mayor o menor medida. Al fin y al cabo, suelen escribir de manera recurrente sobre los temas que les remueven por dentro, aquellos que marcan su existencia. En uno de los autores que más lo percibo es en Ernest Hemingway. He leído varias anécdotas sobre su vida, incluso una novela, Mrs. Hemingway en París, de Paula Mclain, que contaba la relación con su primera esposa y su estancia en París desde el punto de vista de ella. Eso me hace tener una imagen definida de Hemingway en mi cabeza y la proyecto en los protagonistas de sus historias involuntariamente: el pescador de El viejo y el mar, el soldado republicano de El viejo y el puente o el coronel, «criticón injusto y amargado», de Al otro lado del río y entre los árboles, una de sus novelas menos conocidas y de la que os voy a hablar hoy.

Publicada por primera vez en 1950, narra la estancia de un coronel en Venecia. Esta ciudad, tan bella y tan nostálgica, es el lugar idóneo para este hombre que ha dedicado su vida a la guerra y que se bate ya en retirada. Venecia y él mismo se despojan de exagerados romanticismos y muestran la crudeza que se esconde en el fondo.

El coronel ya ha pasado de los cincuenta años. Las cicatrices de su cara y los dolores de su cuerpo son el mapa de las batallas que ganó y sus pensamientos obsesivos, el de los errores que cometió. Una confianza alimentada a base de pastillas, unos paseos en góndola para cazar patos salvajes y comidas en restaurantes, acompañado por una bella mujer, apenas mayor de edad, son los pequeños placeres de los que disfruta mientras espera a la muerte. Con continuas referencias a acontecimientos y personajes históricos reales, lo cuestiona todo: sus mandos superiores; los supuestos enemigos; los escritores que escriben de la guerra sin haberla vivido; su país, Estados Unidos y sobre todo a sí mismo.

La trama de esta novela es lo de menos porque todo gira en torno a su protagonista, lo que piensa y lo que siente. Y en su brutalidad y su sensibilidad, en su pasión por la vida y su fijación por la vejez y la muerte, en su forma de vivir el amor y la guerra, yo no dejo de ver a Ernest Hemingway, que tenía la misma edad que su personaje en el momento en que la escribió.

No hay mejor manera de describir Al otro lado del río y entre los árboles que con las palabras de su propio protagonista: «solo un ruido entre las bambalinas de mi corazón. Mi puñetero corazón. Ese cabrón de corazón que es incapaz de resistirme»; una carta de despedida de un hombre que ama y odia la vida a partes iguales. Que cada cual valore si ese hombre es solo un personaje de ficción o también el mismísimo Ernest Hemingway. Yo, como os digo, lo tengo claro.

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Laura & Dino, de Alberto Montt

Laura & Dino

Laura & DinoA las redes sociales se les podrá acusar de muchas cosas, pero no cabe duda de que son el escaparate para todo ese ingenio y arte, anónimo o no lo suficientemente conocido, del que no llegaríamos a disfrutar si no fuera por ellas. Yo he de agradecer a una de esas redes sociales el haber descubierto Dosis diarias de Alberto Montt, donde el ilustrador chileno cuelga sus viñetas, la mayoría de ellas protagonizadas por Laura y Dino. Cuando las leí por primera vez, me resultó llamativo que el padre de Laura, una niña de unos siete años, fuera un dinosaurio, pero, como se decía en la escena final de la famosa película de Billy Wilder, nadie es perfecto. Aunque tampoco es tan extraño, ¿no? ¿Qué padre no se ha sentido del Jurásico al hablar con sus hijos? Tras unas pocas viñetas, que Dino fuera un dinosaurio solo supuso una razón más para que estos dos entrañables personajes me cautivaran, porque no faltan los chistes sobre dinosaurios, y a mí me hacen mucha gracia, para qué lo voy a negar.

A través de sus conversaciones cotidianas, este padre y esta hija reflexionan sobre la vida de hoy en día y sobre ellos mismos, sacan sus particulares moralejas a los cuentos populares y se enfrentan, cada uno a su modo, a los pequeños retos de las relaciones paternofiliales. Las viñetas de Laura & Dino destilan humor en cada línea, a veces cargado de ironía y otras, de ternura. Los pensamientos de Dino son esa visión pesimista o descreída de la adultez, pero que es vencida irremediablemente por la ingenuidad infantil de Laura, que no pocas veces es sabiduría en estado puro.

Es difícil no sentirse identificado con estos dibujos que transmiten tanta verdad. Da igual si se es padre o si se es uno más de los que se escaquean del gimnasio, sienten que su trabajo les roba mucha vida o son adictos a las nuevas tecnologías y a la pizza, todos se verán representados. Es evidente que esas escenas nacen de las propias vivencias de su autor y que Dino y Laura son los álter ego de Alberto Montt y su hija, lo que los hace más adorables todavía. «Voy a dibujar esto, aunque sé que no quedará, ni de lejos, tan lindo como fue», dice Dino en una de las viñetas, y es imposible que al lector no se le escape una sonrisa de complicidad, al ser partícipe de esas pequeñas anécdotas familiares que se convierten en momentos únicos. Y es que Laura & Dino es el homenaje de un padre a su hija, esa personita que le enseña tantas cosas cada día, y es un gustazo disfrutar de la preciosa relación que existe entre ellos.

Si a esa red social que os comentaba al principio le agradezco el haberme descubierto a esta pareja tan singular, no me queda menos que agradecer también a Reservoir Books que haya recopilado sus viñetas en un libro para que pueda tener a Laura & Dino en mi casa. Ahora solo tendré que acercarme a mi estantería para tener mi dosis diaria de Alberto Montt, una inyección de humor y de ternura que siempre me saca una sonrisa.

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El desván, de Saki

el desván

el desvánCon El desván, de Saki, me he llevado una doble sorpresa. Por un lado, conocer a una nueva editorial, Yacaré Libros, que encabeza su catálogo con una frase de Honoré de Balzac que es toda una declaración de intenciones: «Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano». Y eso es lo que ofrece Yacaré Libros: belleza literaria, gracias a su cuidada selección de títulos, belleza visual, gracias a las ilustraciones que los acompañan, y belleza de diseño en la edición. En el envío del libro me adjuntaron varias postales de las ilustraciones de sus otras obras disponibles, y yo, que adoro el mundo del dibujo, quedé encantada por ese detalle inesperado.

La otra sorpresa que me he llevado con El desván, tan grata o más que la anterior, ha sido comprobar que un libro dirigido a lectores mayores de nueve años conserva la rica prosa con la que lo escribió su autor. Hace un tiempo, leí un artículo escrito por una mujer que criticaba que muchos de los libros infantiles que ella había tenido de pequeña ahora se los había comprado a sus hijos y había visto que en las nuevas ediciones habían simplificado el vocabulario, como si los niños de hoy en día no fueran capaces de entender lo que otros niños igual que ellos habían entendido veinte años atrás. Desde que me topé con ese artículo, he leído bastantes libros infantiles y es cierto que suelen tener un lenguaje especialmente sencillo. ¿Acaso tenemos miedo a que un niño tire el libro por la ventana porque no entienda una palabra o, peor aún, que se le ocurra abrir un diccionario? Allanándoles el camino los desarmamos, pues nos olvidamos de que cuantas más palabras conozcan, más facilidad tendrán para expresarse y, por tanto, para enfrentarse al mundo. Me indigna cuando se les trata como tontos y me encanta cuando se les trata como iguales, capaces de entender lo mismo que los adultos e incluso de disfrutar de los dobles sentidos que hay en historias como El desván, que precisamente incide en lo peligroso que es subestimar a los niños.

En este relato corto de Saki se cuenta cómo un niño, Nicholas, castigado por su estricta tía, se escabulle hasta el desván, ese rincón de la casa que los adultos ocultan a sus curiosos ojos infantiles. Las ilustraciones de Eduardo Ortiz encajan a la perfección con la permanente ironía del texto, en el que se pone en evidencia la hipocresía de los adultos, batiéndola en duelo con la inocencia de los niños, que siempre saben mucho más de lo que aparentan.

Como bien señala la contraportada, este libro es recomendable para lectores entre nueve y noventa y nueve años. No en vano, Saki es considerado uno de los grandes maestros del relato corto. El desván será del gusto de todos aquellos que son o fueron niños y que conocen lo bien que se siente uno al salirse con la suya cuando las imposiciones de los demás no tienen sentido y la gran aventura que es entrar por primera vez en esos lugares llenos de misterios inexplorados.

El desván ha sido una doble y agradable sorpresa, como decía, que sin duda me hará repetir con Yacaré Libros y con Saki, para seguir disfrutando de ediciones cuidadas hasta el mínimo detalle y de relatos atemporales.

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Libros de los Premios Libros y Literatura 2016-2017

Estos son los premios que han aportado las editoriales patrocinadoras de los Premios Libros y Literatura 2016-2017, organizado por Libros y Literatura. Puedes ver las bases del concurso en http://bit.ly/premioslyl.

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Mientras la soledad, de Milagros Quintero Panza

mientras la soledad

mientras la soledadNo hay que juzgar a un libro por su portada; de haberlo hecho yo, no me habría interesado por este. Tampoco hay que guiarse solo por la sinopsis o por el título, porque no siempre reflejan la esencia del texto, esa que lo hace diferente a los demás. A veces es mejor ojear las primeras páginas, leer unas cuantas líneas, y dejar que nuestro olfato lector hable. Eso es lo que hice con Mientras la soledad, de la venezolana Milagros Quintero Panza y, afortunadamente, me instinto no me ha defraudado.

Mientras la soledad está compuesto por once relatos, donde el monólogo interior de los personajes es una constante. Podría hablaros del que va de una madre que espera cada domingo a que su hijo le llame, del de una mujer obsesionada con casarse antes de los cuarenta, del de la dependienta de supermercado que reflexiona sobre su vida durante los eternos atascos diarios o del de los avatares de un alma que se ha salido de su cuerpo por accidente. Pero lo bueno de estas historias no es lo que cuentan, sino lo reales que son los personajes, lo creíbles, lo cercanos (aunque nos pese reconocerlos, reconocernos). También hay relatos en los que la trama adquiere más peso, como ese en el que un ventrílocuo se desdobla demasiado en su muñeco, el del profesor universitario acusado de asesinar a su millonaria esposa o el de una niña castigada por fingir que es sonámbula. Y, sin embargo, es la construcción de los personajes la que vuelve a engrandecerlos, la que hace que las historias nos atrapen de principio a fin, imbuidos por esos pensamientos recurrentes, cíclicos, que bordean la locura o caen en ella. Esa locura repentina o cotidiana, esa de la que todos seríamos culpables en algún momento, si nuestros pensamientos en soledad se escucharan en voz alta.

Me ha sorprendido que Mientras la soledad me haya gustado tanto, quizá porque la portada y la sinopsis habían moderado mis expectativas. Solo después de acabarlo he leído la biografía de Milagros Quintero Panza, la autora, y he visto que es psicóloga, lo que explica la profundidad de sus personajes. Además, sus relatos ya han logrado varios reconocimientos, cosa que no me extraña. También he visto que la Fundación de Estudios Literarios Lector Cómplice, la organización sin ánimo de lucro que le ha editado el libro, se dedica a impulsar nuevas voces, y si el resto de autoras tienen la calidad de Milagros Quintero Plaza, os aseguro que están haciendo un grandísimo trabajo literario.

Gracias a que he dejado a un lado los prejuicios respecto a título, portada y sinopsis (que, repito, no siempre hacen justicia al contenido), he descubierto a una escritora con la que he conectado desde la primera línea. Si Mientras la soledad es la primera obra narrativa de Milagros Quintero Panza, mi olfato lector me dice que dará muchas alegrías en el futuro a todos aquellos lectores que se animen a conocerla.