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Tierra de cobre y sangre, de José Manuel García Durán

Tierra de cobre y sangre

Tierra de cobre y sangreYa saben cómo disfruto de la literatura en general y de aquella ambientada en Huelva en particular. Tengo para mí que ese periodo de influencia inglesa y de desarrollo de la industria minera es, desde un punto de vista literario es tan atractivo como inagotable. Y ese periodo, su inicio, es precisamente el alma de esta magnífica novela que se subtitula, de forma muy descriptiva, Minas de Riotinto y su latido, 1873-1936.
Tierra de cobre y sangre es novela, desde luego, y una buena novela, además, pero también es un trabajo de investigación sólido y exhaustivo. El mérito del autor es doble, narrativo y de documentación. Ocurre a menudo que las tramas con tanto peso de realidad histórica se descompensan hacia ese lado y la fluidez narrativa se resiente, pero no es el caso. Al tiempo que José Manuel García Durán nos muestra una parte esencialmente desconocida de la historia nos implica en las vidas de sus personajes y nos emociona con ellos. Como sacaban los mineros el cobre que corre por las venas de esta historia, sacamos nosotros dolor, amor, indignación, lucha, rabia, en fin, acompañamos a los personajes en su conquista de la supervivencia. Suya y de su modo de vida y de su tierra.
Porque Tierra de cobre y sangre no se trata de una historia al uso, no es simplemente la lucha por una vida digna lo que mueve a los protagonistas, no son sólo ellos los que sufren de una injusticia sino que es toda tierra la que la padece, no es la vida de los mineros lo que las prácticas irresponsables como las teleras compromete, sino la vida en general.
La metáfora del color rojo del agua del Riotinto y la sangre supongo que es fácil y recurrente, pero hay que reconocerle una fuerza tremenda. Que la tierra sangrara es una verdad literaria que la realidad imita a su limitada manera. Sufrimiento hubo, y en Tierra de cobre y sangre así queda patente, para eso y más.
Pero las virtudes de esta obra no se agotan en su mérito historiográfico ni en sus logros en cuanto a la empatía del lector. Es una obra generosa por cuanto trata de dar voz a todos los implicados, sin equidistancia pero tampoco juzgándolos. No suplanta, por decirlo de otra manera, el papel del lector, que es quien debe juzgar a los personajes.
Déjenme que destaque especialmente el cariño con el que el autor trata el escenario y sus circunstancias. No sé si vivirla es la mejor forma de aprender historia, pero desde luego es lo que en Tierra de cobre y sangre se consigue. Vivir la terrible historia de la Riotinto Limited Company y de la preferencia del dinero fácil sobre la salud o la vida de quienes por lo demás generan ese beneficio. Algo que dista de estar enterrado en el tiempo y muy especialmente en Huelva, donde se puede cambiar el humo de las teleras por la radiación de los fosfoyesos para actualizar la el dolor, la frustración y la indignación que mueven a los protagonistas de esta historia de José Manuel García Durán.
Resuelve también a la perfección José Manuel García Durán las tramas que hilvanan la trama, las historias de amor, de amistad, de familia, de ideas. La fluidez narrativa es notable y es de esas novelas que a uno le cuesta cerrar porque siempre quiere avanzar un poco más, saber qué va a ocurrir a continuación, qué les espera a los protagonistas. Lo que le espera al lector no tiene tanta intriga, ya les adelanto que va a disfrutar de cada página.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Gastronogeek, de Thibaud Villanova y Maxime Léonard

gastronogeek

gastronogeekSoy un cocinillas. Cuando entro en la cocina la mayoría de veces consigo no cortarme, no quemarme y al final ofrecer a los comensales algo comestible. ¿Sabes qué cocinero no se corta? El que no cocina. Sabias palabras pronunciadas por mi madre cada vez que me enfrento entre fogones a un problema que frustra mis expectativas de éxito. Mi progenitora, maestra jedi en las artes culinarias y celosa guardiana de sus utensilios de cocina y de sus recetas a los que solo permite aproximarse a padawans capacitados. Como el maestro Yoda (sin los problemas gramaticales que éste presenta y ciertamente menos verde) mi madre me ha ido mostrando los caminos de la gastronomía. Paulatinamente vendrían otros maestros. Karlos Arguiñano y su cocina típicamente casera, su gracejo innato y su ojo clínico a la hora de analizar nuestra sociedad actual. José Andrés, canterano de El Bulli y ahora chef universal abanderado de la cocina española. Anthony Bourdain, trotamundos en busca de la cocina más rutilante y exótica. Alberto Chicote, uno de los precursores de la cocina fusión, atleta en la disciplina del rapapolvo e invencible en símiles frikis.

Friki. Ya he dicho la palabra. Vocablo difícil de definir en unas pocas líneas. Soy un cocinillas; también soy un friki. Como buen friki, y mientras cultivaba mi conocimiento a lo largo de años a través de los cómics, las películas, las series y los libros que ahora forman parte de la cultura pop, y amante del buen comer, siempre me asaltaron dudas sobre las necesidades fisiológicas de los protagonistas que rondaban cualquiera de las historias en cualquiera de los medios anteriormente mencionados. ¿Y esta gente cuándo come? Eso que están saboreando, ¿qué aroma debe desprender? ¿Qué pinta debe tener lo que se están zampando? Y luego el deseo: ¡Ojalá pudiera probarlo! Gastronogeek, de los chefs y frikis Thibaud Villanova y Maxime Léonard viene a hacer ese deseo realidad.

Gastronogeek es un libro de cocina concebido por y para frikis. Aunque cualquiera que disfrute poniéndose el delantal no debería dejarlo escapar. La premisa del libro es única: los autores han tomado como referencia películas, cómics, series de televisión o literatura y han plasmado el espíritu de cada una de ellas en tres platos de cocina: entrante, plato principal y postre. Por las páginas de este singular libro de cocina encontraremos la ensalada de lechuga y pesto que probablemente los ewoks prepararon a sus amigos de la Alianza Rebelde en los festejos tras el fin del Imperio. Tal vez Biff Tannen degustara la deliciosa receta de hamburguesa de vacuno antes de que Marty McFly le hiciera tragar estiércol en Regreso al Futuro. Tolkien lo puso más fácil, pues a lo largo de su obra la comida tiene una importancia vital y no son pocas las páginas en las que se describen festines. Aun así, ¿os imagináis poder probar el estofado de conejo que Sam Gamyi preparó de camino al Monte del Destino? ¿Y qué me decís de comeros un buen pedazo de la tarta casera que seguramente Martha Kent le preparó a Clark Kent antes de que éste se enfundara el traje de la gran S y se convirtiera en el superhéroe más conocido sobre la faz de la Tierra? ¿Os apetece probarla? ¿El ojo de Sauron convertido en un postre? ¡De rechupete! ¿Crema catalana con puré de castaña concebida en las mismísimas cocinas del colegio Hogwarts? ¡Por primera vez al alcance de los muggles! No solo tendréis la oportunidad de aventuraros a crear las sabrosas, y de terrorífica apariencia, recetas que proponen para Drácula, Los mitos de Cthulhu o La noche de los muertos vivientes, también podréis descubrir cocina japonesa a través de Dragon Ball, nórdica con Thor o de estilo tropical con One Piece.

Si la mitad de Gastronogeek son sus recetas la otra mitad es su exquisita maquetación; una puesta en escena que hará babear al cocinero novel que se acerque con curiosidad a sus páginas. Gastronogeek lleva a otro nivel lo de comer por los ojos. Las fotografías, de calidad suprema, no solo muestran el plato acabado (la tersura de la salsa de ostras regando el buey marinado, el brillo nacarado de la fruta almibarada, la rústica calidez del pan de jengibre, etc) sino que el entorno recrea el universo en el que está basado. Así pues, junto a los platos de Star Wars encontraremos la pistola láser de Han Solo, en Doctor Who un destornillador sónico, Anduril (la espada de Aragorn) reposa al lado de un estofado de conejo, al igual que unos anteojos de corte steampunk (pertenecientes a Abraham Sapien, personaje del cómic Hellboy) lo hacen junto a una tarta fina de sardinas.

Por si esto fuera poco los chefs Thibaud Villanova y Maxime Léonard han añadido apartados sobre léxico gastronómico además de variados trucos para llevar a la práctica en la cocina. Algunos tienen que ver con cortar, otros con la técnica culinaria más acertada para llevar a cabo, y a buen puerto, una salsa y otros son listas con las verduras y frutas de temporada o las equivalencias entre volumen y peso.

Grastronogeek es el exitoso resultado de la unión de dos mundos en apariencia tan lejanos y dispares como la gastronomía y la cultura pop. Es una obra que te alienta para lanzarte a una aventura que primero se lee, luego, al contemplar sus páginas, se fantasea, y, finalmente se degusta tras hacer tangibles las recetas. ¿Eres un cocinillas y eres friki? Entonces éste es tu libro. Bon appétit y que la fuerza te acompañe.

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Orthodoxia, de Ulises Bértolo

Orthodoxia

OrthodoxiaSantiago de Compostela tiene un aura mágica. Cuando paseas por ella en un día de esos tan comunes de lluvia fina y lenta, de niebla terca, todavía la sensación se agudiza. El gris se impone y es casi imposible no transportarte a otros tiempos. Palpitan las piedras intentando contarnos toda su larga historia. Pasa con otros cascos históricos y hay otros muchos, preciosos y no tan famosos, como el de Ourense, el de la ciudad de Pontevedra, Allariz, Ribadavia… pero Compostela tiene tantas pisadas encima, de tantas gentes de todo el mundo, que te inunda de sensaciones aunque no quieras.

Ulises Bértolo nos ha paseado por esta ciudad tan especial en Orthodoxia. Se ha inspirado en personajes y hechos reales para recrear esta ficción tan entretenida, interesante y bien contada. Lo ha hecho además, y según sus propias palabras, para que lo pasemos mal. Bueno, yo me lo he pasado bien, pero creo que entiendo lo que quiere decir. He pasado momentos angustiosos, sí, de los de contener la respiración, así que el objetivo está conseguido.

La novela arranca con un asesinato en el monasterio de Uclés (Cuenca). La Guardia Civil envía a Sandra Márquez, joven brigada de la Unidad de Patrimonio, a ayudar a la policía en la investigación. Parece que el asesinato se encuadra dentro de una operación de la Interpol para desmantelar una red que se dedica al tráfico ilegal de obras de arte. Sandra tiene que trabajar con el profesor libanés Thomas Noah, experto en epigrafía, medievalista e historiador, que suele asesorar a la Interpol. Encuentran una extraña moneda en la mano de la víctima, y junto con el cuadro que parecía el objeto de un robo frustrado, les dará la pista para viajar a Compostela e intentar desentrañar un misterio que se remonta siglos atrás. En Santiago se les une en las pesquisas Luis Novo, descendiente de los caballeros de la Orden de Santiago y gran conocedor de la historia, tanto de la ciudad como de la orden militar que se sometió a la orden religiosa.

Por otra parte, durante toda la novela, vamos viendo y escuchando a la otra parte. La banda, grupo, secta, ladrones, asesinos, psicópatas, megalomaniacos, locos y varias cosas más que se os puedan ocurrir y que tenga que ver con la maldad, básicamente. Ya sé que hay locos, maniacos o ladrones que no son malos, que no tienen mal fondo, quiero decir, pero en este caso tenéis que poner todo lo enrevesado en el asador. Estos además tienen dinero, poder y contactos, por lo que son muy peligrosos.

Me gustan mucho los personajes, me he enamorado del profesor Noah. Pero también nos encontramos con secundarios entrañables, como el profesor Patiño o Miguel, el compañero de Sandra en la Guardia Civil, heavy y malhablado. Y los oscuros… hay alguno ahí como para un tratado de psicología.

Además de estos personajes tan interesantes, hay una investigación policiaca actual, que se va complicando con algún cadáver más, que enlaza con lo que van descubriendo sobre el pasado en documentos históricos. Piezas que van encajando en el puzzle y que nos llevan a visitar otras paradas del Camino de Santiago, analizar otras iglesias y monasterios por León o Zamora. En algunos momentos me ha recordado a las novelas de Dan Brown, pero con la parte de la argumentación histórica más profunda. Hay erudición, pero también hay acción trepidante.

Orthodoxia tiene muchos diálogos que ayudan a que la novela se lea con fluidez. Estructurada en capítulos cortos que cambian de escenario y que te van enseñando todos los puntos de vista para que no pierdas el hilo. Buenas descripciones, con una prosa sencilla, que no simple, y certera. Está escrita en tercera persona menos en los capítulos que habla Luis Novo, en primera, que es como el que cuenta la novela. Esto al principio me confundió un poco, porque tenía la sensación de un narrador omnisciente y aparece esta figura que habla desde el yo y el nosotros, pero lo acabas integrando en el devenir de la trama.

Ulises Bértolo ya tuvo una buena acogida con su primera novela y yo creo que con la que nos ocupa, nos está aclarando que ha venido para quedarse.

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Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

blade runner sueñan los androides con ovejas eléctricasOlvida Blade Runner. Olvida a Ridley Scott. Olvida todos esos temas sintetizados y melódicos que compuso Vangelis. Borra de un plumazo de tu mente la Tyrell Corporation. Haz lo mismo con los replicantes. Elimina a Rutger Hauer. Haz que desaparezcan las naves en llamas más allá de Orión, los Rayos-C, la puerta de Tannhäuser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Hazlo, haz que se esfumen también. Difícil borrar una parte imprescindible de la cultura popular, ¿verdad? Claro que lo es. Ahora, si puedes, si tan siquiera te atreves, si tu cerebro te permite por un instante introducirte en la parte del subconsciente y llegar a rozar ese valioso cofre de recuerdos emocionales, haz que Rick Deckard deje de ser Harrison Ford. Solo si puedes. Y una vez que tu mente esté despejada de distracciones, casi en blanco, en ese momento en el que no eres más que un niño sin prejuicios, como un impoluto lienzo a punto de recibir su primera pincelada, entonces, solo entonces, podrás abrir el libro por la primera página de Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.

La Tierra sobrevivió a una tercera guerra mundial: la Guerra Mundial Terminus. Pero los efectos que ésta dejó tras de sí fueron devastadores. El polvo radiactivo todavía asola algunas ciudades y los afectados son repudiados, viven apartados y tienen prohibido viajar a cualquier colonia terrestre más allá del que antaño fuera conocido como “El Planeta Azul”; ahora una jaula de mugre y desolación. El agua sigue cayendo del cielo, pero es más radioactiva que nunca. Y los animales, principales perdedores de la íntima y destructiva relación con los humanos, viven su peor momento. El que no está extinto forma parte de una red legal de tráfico de animales. Si dispones del dinero suficiente puedes adquirir casi cualquier animal. El Cátalogo Sidney marca las tarifas. ¿Desea usted un búho? Pague su desmesurado precio. ¿La alternativa? ¡Animales eléctricos a precios populares! Imitaciones. Excelentes falsificaciones. Como el original pero sin sentimientos. Total, casi no se percibe la diferencia. “Ambos, el ejemplar real y el falso, están vivos”. De igual forma pasa con la nueva generación de androides: los Nexus-6. ¿Son androides o son humanos? Impecable manufacturación. Majestuosa falsificación de biológica consistencia. En ocasiones ni los propios androides saben lo que son. Pero ésos solo son la excepción que confirma la regla: la mayoría lo saben y son tecnología punta que se revela contra sus creadores. “El sirviente era más capaz que su amo”. Por ello existe la figura del caza recompensas. Rick Deckard (te lo dije, te dije que olvidaras a Harrison Ford) es uno de los mejores y está a punto de descubrir que no todo lo que le contaron sobre los androides era cierto.

Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una novela que nos muestra una sociedad solitaria, arisca y con escaso espíritu de supervivencia. Una sociedad volcada en hacer aflorar los sentimientos que nos hacen humanos mediante la frívola acción de poseer animales, o a través de un culto denominado mercerismo (con la enigmática figura de Wilbur Mercer, como mártir, profeta y dios recreando el mito de Sísifo una y otra vez) en el que, mediante una extraña máquina unificadora de sensaciones de todo aquel que esté conectado en ese momento, se potencia la empatía y fe que progresivamente se ha ido perdiendo. Son éstos, solo dos de tantos conceptos que plagan esta novela dejando claro que Philip K. Dick poseía una mente tan lúcida e imaginativa como profética. Pero si hay un concepto que reina sobre todos los demás es sin lugar a dudas el de la empatía y la asertividad. Dicho tema será desarrollado a lo largo de la novela a través de la relación entre Deckard y los androides a los que deberá dar caza. “Las cosas eléctricas también tienen sus vidas. Por insignificantes que sean”. Algo que lo llevará a luchar entre el deber y el deseo. O entre J.R. Isidore (humano afectado por el polvo radiactivo) y su dificultad para discernir entre un ser biológico y un ente artificial.

¿Qué nos hace humanos? ¿Si un humano no siente empatía, entonces ya no es humano? “La mayoría de los androides que conozco tienen mayor vitalidad y deseo de vivir que mi esposa”. ¿Y si el androide la siente, o cree sentirla, o la imita? ¿No es cualquier forma de vida sagrada? Son cientos de preguntas las que asaltan la mente del lector, obligándole a razonar, a profundizar, e incluso a discutir consigo mismo tras haber acabado la novela. Pero Philip K. Dick, además de iluminarnos con su acertada forma de acercarnos a ideas profundas y filosóficas a través de la ciencia ficción, nos dejó un legado de narración directa (sin innecesarios giros argumentales), de sutil ironía, de personajes abrumados por sus propios sentimientos y de paisajes de trágica desolación. Es por todo esto que Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, se muestra como un tratado filosófico (sin el efecto soporífero que puede ejercer en el neófito tal género) sobre la empatía altamente digerible y entretenido. Una obra que nos revela un futuro oscuro, repleto de una desasosegante y triste sensación de soledad, pero que en última instancia deja abierta una pequeña ventana a la esperanza y a todos esos valores típicos de la raza humana que permiten el bienestar colectivo.

Ahora ya puedes recordar. Recuerda Blade Runner.

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La muerte es una vieja historia, de Hernán Rivera Letelier

la muerte es una vieja historia

la muerte es una vieja historiaDice parte de la contraportada: “Un violador acecha a las mujeres en el cementerio de Antofagasta. Las víctimas declaran haber sido arrastradas al interior de un mausoleo por un sujeto de voz aterradora y que huele a muerto.”

¿Pinta bien, eh? ¿Cómo resistirme? Si añadimos que en esta novela negra la pareja protagonista encargada de resolver el misterio es de lo más pintoresco, el libro va a la buchaca.

Pero antes de meternos a mayores con La muerte es una vieja historia, quiero incluir parte de la cita de Raymond Chandler que Rivera Letelier ha antepuesto a su novela:

“Hace tiempo que me he persuadido de que lo que hace aburridas a las novelas policiales, al menos en un plano literario, es que los personajes se extravían cuando ha transcurrido un tercio. A menudo la apertura, la puesta en escena, es establecimiento del trasfondo, es muy bueno. Pero después la trama se espesa y los personajes se vuelven meros nombres.

¿Qué puede hacerse para evitarlo? Se puede escribir acción constante, y eso está muy bien si uno lo disfruta. Pero lamentablemente uno madura, uno se vuelve complicado e inseguro, uno se interesa en los dilemas morales más que en quién le rompió a quién la cabeza…“

Se puede o no estar de acuerdo con esta afirmación, o puede que se dé en algunos libros y no en todos. También es cierto que ha llovido mucho y se ha escrito aún más desde que Chandler hablara así. Sea como sea, en este libro no hay extravío alguno. No hay aburrimiento posible en esta historia de casi 200 páginas que se leen con mucha facilidad, con pocas descripciones que corten el ritmo, con un lenguaje simple, directo y cercano que incluye además vocablos típicos de Chile, país de origen del autor, que no hacen sino aumentar el nivel de “rareza” y frescura de la novela.

Porque sí, la sensación que nos acompaña durante la lectura es de ligera extrañeza ya empezando por la pareja de detectives. Mira que hemos visto y leído detectives, tanto en solitario como en pareja, de todo pelo y condición, pero es la primera vez que veo un detective que se ha sacado el título por correspondencia (“CCCC eso son muchas cés” –lo siento tenía que meter La Hora Chanante–) acompañado por una joven religiosa evangélica que, según cuentan está buena y es sensual aparte de dársele bastante bien el negocio detectivesco.

Todo, como buena novela negra, inmerso en la realidad y problemática social del lugar (sin ir más lejos el Tira, que así se llama el hombre, es detective porque se quedó sin su curro en la mina y resolver crímenes era su pasión secreta) y aderezado con unos diálogos con pullitas y piques sobre la religión, el correcto proceder, la moral humana y sentencias bíblicas, que le van que ni pintada a la trama.

La acción constante a la que se refería Chandler en su cita, es aquí el diálogo que mantienen estos dos durante toda la novela. Los avances que hacen son lentos e incluso torpes pero la tensión se mantiene durante todo el relato. Queremos encontrar al violador tanto como ellos y vamos dando los mismos palos de ciego que ellos. Al fin y al cabo este es el primer caso de la hermana y el primer crimen del Tira ya que, hasta ahora entonces había sido uno de esos detectives que se dedican a demostrar con fotos las infidelidades conyugales. Así pues, estamos tan pez como ellos.

Los tres tercios de La muerte es una vieja historia son un aire nuevo en este género. Un libro bien narrado, original en muchos aspectos, con sus dosis de humor, misterio y toque macabro, y un final que cada lector es libre de interpretar.

Es casi seguro que este sea el origen de otra saga policiaca. Yo así lo espero. Letelier se ha lucido en su primera incursión en el género y tendrá mi apoyo si decide contarnos más aventuras de esta nueva extraña pareja.

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Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad

Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidadVoy a escribir a la página oficial de la RAE (Real Academia Española) para solicitar que en la próxima revisión del diccionario incluyan, al lado del término «escritor prolífico», una fotografía de Brandon Sanderson. Y no es algo desmesurado. Sí lo es su dilatada carrera literaria. Mientras leía el último tomo de la saga de Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad, me dio por mirar a mi estantería de lecturas pendientes (sí, tengo una, no es muy grande, pero ahí está) y resulta que, de entre tantos libros que ahí descansan, tres más pertenecían a este escritor. Todos ellos de la saga juvenil Alcatraz. Y todos son del recién terminado 2016. Es decir, que estoy leyendo una novela que ha escrito a la vez que otra serie de cuatro volúmenes juveniles. Pero por si fuera poco, resulta que en en su idioma materno ya está publicada la siguiente novela de esta serie —en España aún tenemos que esperar— y tienen fecha prevista de lanzamiento otros dos volúmenes, además de otro más de la susodicha serie juvenil. Y, también, están los tomos pertenecientes a la saga La ruleta del tiempo, que, según leí, tiene contrato para escribir cinco historias más. Esto es… hum… espera, necesito la calculadora porque lo mío no son las matemáticas. Bueno, sale una burrada de libros. Ya no te digo cuanto sería en palabras ya que este señor no ha cardado su fama por escribir novelitas cortas precisamente. Pues creo que prolífico casi resulta un eufemismo para describir su carrera.

Pero vamos por partes. Me centro de momento en esta pasada de saga que está siendo Nacidos de la bruma. Una saga que ya en su cuarta novela cambió de época y ahora continúa con los vaivenes de los dos personajes nuevos que protagonizan las aventuras relacionadas con los poderes alománticos de los metales: Wax y Wayne.

En Nacidos de la bruma 5. Sombras de identidad la economía que se expande por las ciudades industrializadas ha derivado en gobiernos corruptos. Lo normal, vaya. ¿Dónde va a ir el dinero si no? La ciudad se enfrenta a los primeros conflictos entre la clase trabajadora y los distintos pensamientos religiosos. Una organización muy peligrosa y con una conexión entre el mundo de las leyendas que cuentan los libros de Historia y el propio Wax hará lo posible por avivar las llamas para crear el caos. Ataques terroristas que intentan fomentar el descontento entre los obreros, el gobierno y los distintos ideales religiosos que han resultado ser una potencia cultural cada vez más influyente. Wax, junto a su inseparable compañero Wayne, y con la ayuda de la joven valiente Marasi intentarán localizar las pistas necesarias para dar con el rastro de esa organización que pretende destruirlo todo.

Es en esa búsqueda donde reside la parte molona del libro. La mitología que rodeaba a las brumas, que vuelven a extenderse tímidamente por la ciudad como avisando que nunca desparecieron del todo, que siempre han estado ahí, se cruza en el camino de Wax por descubrir la identidad de quien está fomentando el caos. Una identidad que desembocará en un final digno de tragedia griega. Muy acertado con el tono de la obra. Y justo lo que buscaba en esta lectura. Las esculturas y museos de la ciudad que se erigieron en honor a los nacidos de la bruma, los seres monstruosos que creían solo como parte del imaginario de los libros sagrados y el legendario sobre Kelsier vuelven a darse cita en esta apasionante historia.

Por otro lado, haciendo referencia a la prolífica pluma de Sanderson de la que hablaba al comienzo, esta novela no es tan larga como los tomos épicos que abrieron la saga. Sigue en la línea de Aleación de ley. Mejor, se lee y se transporta con más facilidad. Y para los fans de la saga, la edición incluye un póster en tamaño gigante ilustrado a dos caras por el dibujante Ben McSweeney, autor de las portadas de todos los libros. Aventuras, misterio, investigación, leyendas sagradas. Todo eso es Brandon Sanderson. Y de todo eso hay en esta novela.

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Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá

Los últimos. Voces de la Laponia española

Los últimos. Voces de la Laponia españolaExiste en España una realidad de la que muchos, me atrevo a afirmar, no tenemos constancia. Y yo soy el primero que asume esta falta, que no es otra que el desconocimiento de lo que se ha venido a llamar la Serranía Celtibérica. Esta región no reconocida engloba territorio de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castellón, con una extensión que dobla la de Bélgica, pero poblada por poco menos de medio millón de valientes (habitantes) en el total de 1355 pueblos que la componen. Esto arroja una densidad de población de 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado, dato que comparado con los 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado de Madrid o los 15.000 de Barcelona desvela una dura realidad. Esta Laponia del Sur es el lugar más deshabitado de Europa, solo igualado por la verdadera Laponia nórdica, con la que solo comparte el frío reinante, pues mientras que la región septentrional de Europa lleva años instalada en esas cifras, la despoblación de la Serranía Celtibérica crece a pasos agigantados, con casi la mitad de sus pueblos por debajo de 100 habitantes, y eso siendo generosos y respetuosos con los datos del padrón.

Con esta realidad como aliciente, el periodista Paco Cerdá inicia un viaje de 2.500 kilómetros por estas duras tierras para dar voz a sus habitantes y hablar de ese concepto que ya se empieza a acuñar en su seno, el de la ‘demotanasia’, la muerte lenta y silenciosa del modo de vida rural. Cada uno de los diez capítulos está dedicado a una de las provincias de esta Serranía Celtibérica. En todos ellos encontramos una concatenación de números y estadísticas, un frío baremo que refleja el auténtico drama que se vive año a año. Pueblos abandonados, moradores únicos en villas sin corriente eléctrica ni servicios básicos, colegios cerrados ante la falta de niños… esta es la verdadera cara de gran parte del mundo rural, que lejos de acercarse al tópico medieval del locus amoenus se convierte en un infierno, sin saber claramente en qué momento la pasividad gubernamental y el capitalismo voraz dejaron descolgado a estos territorios que en unas décadas pueden crear un agujero negro y vergonzoso en mitad de nuestro país.

Además de números, en Los últimos encontramos testimonios que reflejan lo que es vivir en estas condiciones. Testimonios tan valiosos como Marcos, ese quijote riojano de El Collado que lucha por el resurgimiento de su pueblo junto a otros tres vecinos, que obtienen la luz eléctrica gracias a placas solares. O la conversación mantenida con Moisés, el prior del monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos, buscando los causantes (de pensamiento, palabra, obra y omisión) de la situación actual. O el neorruralismo que empieza a instalarse en Maderuelo (Segovia), con unos habitantes de los que seguro se sentiría orgulloso el escritor Henry David Thoreau. O la rocambolesca historia que ha llevado el rico patrimonio de un Grande de España a la pequeña localidad soriana de Bretún. Este es un libro lleno de personajes valientes que tienen en “Los últimos de Filipinas” un espejo en el que mirarse, mientras suenan, recordando viejos tiempos, acordes como el célebre Resistiré que tantos años lleva cantando El Dúo Dinámico.

Sin embargo, el poso que dejan lecturas como esta (o como La España vacía que tanto éxito le está dando a Sergio del Molino) es desolador. La Serranía Celtibérica mira hacia el futuro con gallardía, pero sabiendo que el espejo le devuelve una imagen poco halagüeña que lleva escrita, con frío y nieve, una palabra; la Nada.

Y no viene mal terminar recordando los célebres versos de Antonio Machado, que quitando el componente guerracivilesco que guarda, refleja claramente la situación a la que se ha llegado. “Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón“. Por eso se tiene que conseguir que esa otra España, alejada de los focos urbanos, no termine helándose. Ni helándonos. Porque esa otra España habla de nosotros, de nuestro pasado, nuestras tradiciones y nuestra cultura. De nuestro corazón. Y si ella muere, morimos todos.

La puerta con el número 16, junto a la cual había un bastón apoyado, se cierra. Dentro queda Faustino. Afuera, la nada. Aflige saberlo solo en la larga y oscura noche de Tobillos. Y así mañana. Y al otro. Y al otro. Y ahora mismo. Y así hasta el final de Tobillos.

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Mr. Nobody 2, de Gou Tanabe

Mr. Nobody 2

Mr. Nobody 2Dice el lugar común que, de tres hermanos, el del medio es el que se enfrenta a una infancia más difícil. Se supone que no tiene los privilegios que tiene el mayor, ni disfruta de los mimos del pequeño, que lo ha destronado. Así, se encuentra,  siempre según esta teoría, en una especie de limbo de ni fu ni fa. Los aficionados a categorizar, clasificar y denominar, que los hay, incluso han acuñado una expresión para referirse a esa triste condición: el síndrome del hijo mediano (“middle child syndrome”, ver en wikipedia).

Personalmente, esa teoría me parece absurda, y de hecho, como padre de tres hijos, creo que lo que ocurre es precisamente lo contrario. Mi hija mediana tiene lo mejor de ambos mundos, pues, cada que vez que le apetece, puede jugar a ser mayor como su hermano, y cuando se cansa, ponerse a peinar muñecas con su hermanita.

Me he estado preguntando, no obstante, si sería válido extrapolar ese presunto síndrome al mundo de las trilogías, y si la segunda parte, en consecuencia, flota en un magma que no es chicha ni limoná, a la espera de la resolución de argumentos, subargumentos y misterios. Mi conclusión, tras la lectura de Mr. Nobody 2, de Gou Tanabe, es que, cuando una trilogía está bien construida, no hay síndrome del mediano que valga.

Señalaba en la reseña del primer volumen que Mr Nobody 1 se inscribía en el género del thriller psicológico. El misterioso pasado de los protagonistas y su obsesión con algunos difusos recuerdos parecía tener más peso que el propio misterio y, aún más, la llave para la resolución de éste. Sin embargo, el desarrollo de la historia, en este segundo volumen nos encamina a un thriller político con mucho de ciencia ficción, o, si lo preferís, a una historia de ciencia ficción enmarcada en un thriller político.

Empezamos a entender el porqué de los vagos recuerdos de Kawai y Nastasja, quienes, no obstante, se niegan a aceptar lo que ello implica. Al tiempo que nuestros héroes descubren con horror de dónde vienen, nos trasladamos a los últimos días de la Unión Soviética, un mundo que se derrumbaba por momentos y donde unos huían de los cascotes, vigas y muros que se les venían encima, mientras otros se lanzaban sin miedo ni escrúpulos al epicentro del seísmo a ver qué podían sacar de allí. Y hace entonces su aparición Berhane, una niña africana víctima de la guerra. Un tiempo antes, desde la portada de una revista, el rostro angelical de Berhane conmocionó al mundo entero, y ahora la entrada en escena de esta refugiada, a quien todos daban por desaparecida, da a la historia su nueva dimensión política.

Seguimos estando, qué duda cabe, ante una historia compleja y que en ocasiones nos deja un tanto confusos. Pero esa confusión no se debe tanto al argumento como al estilo de dibujo de Tanabe y al modo en que resuelve algunas escenas, que parecen plantear un desafío al lector y exigirle una lectura más detenida.

La escena final nos deja, como se dice en inglés, colgando de un acantilado. Descubrimos que vamos a regresar al punto de partida y a jugar la partida final con el Señor Nadie.

Continuará.

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Noche oscura. Una historia verídica de Batman, de Paul Dini

Noche oscura. Una historia verídica de Batman

Noche oscura. Una historia verídica de Batman«Batman, ojalá hubieses estado ahí esa noche».

Es, quizás, el deseo más grande que puede albergar en su psique Paul Dini, el afamado autor de la serie animada del Caballero Oscuro o de los Tiny Toons. Un deseo que, de haberle sido concedido, le hubiera evitado pasar el momento más amargo de toda su vida; el momento que a punto estuvo de acabar con su vida. Aunque también debe reconocer que, de algún modo, Batman siempre estaba ahí, a su lado, alentándole en sus momentos más débiles; ofreciéndole luz en plena oscuridad. ¿Para qué? Para enseñarle a levantarse. Levantarse en la Noche oscura. Una historia verídica de Batman.

En los años noventa Paul Dini gozaba de una gran popularidad como creador de Batman. La serie animada. Era la edad dorada de esta fabulosa serie para televisión que permitió al autor trabajar en aquello que tanto amaba desde que, con ocho años, leyó por primera vez un ajado cómic que encontró por casualidad en la barbería de su barrio. Batman se mostró así como una revelación para un niño de por sí imaginativo; invisible frente a los demás, lleno de color en cuanto abría el portal de su imaginación. La relación que mantuvo con su adorado personaje de cómic le acompañó durante los años siguientes cuando consiguió un empleo en Warner Bros para llevar las aventuras de Gotham del papel de los cómics a la televisión.

Trabajaba en aquello que más le gustaba. Conseguía premios y reconocimiento por su inmensa labor. Se codeaba con grandes artistas amantes del cómic. Tenía todo para ser feliz. Solo que no lo era. Paul Dini era un hombre taciturno, deprimido, con ciertas carencias emocionales. La noche que por poco acaba con su vida resultó ser la más oscura. Una noche en la que dos desalmados, dos villanos reales, le golpearon hasta destrozarle los huesos de media cara por la que tuvo que pasar un doloroso proceso de recuperación. ¿Conoces el dicho «La noche es más oscura justo antes del amanecer»? Bien se podría aplicar a la vida de este genial autor. Y él mismo decidió contarla ilustrada en viñetas. Así surgió Noche oscura. Una historia verídica de Batman.

El cómic es una de las delicias que esperaba encontrar en torno al universo del Cruzado de la Capa. Una historia con la que, en muchos aspectos, me identifico. Me identifico mucho con el propio autor. Yo, por suerte, no he tenido que pasar por un proceso tan traumático, pero sí empatizo con su modo de evasión del mundo gris real en el que vive para llenarlo de personajes molones y repletos de vida en su imaginación. ¿Tendré un cierto grado de síndrome de Asperger? Sin duda. No lo considero algo malo, sino todo lo contrario. Es, más bien, un modo donde, aquellos que tienen un gran poder imaginativo y se sienten desubicados, su mente les proporciona un modo de crear un universo más acorde a ellos. No entraré en debates clínicos ni psíquicos, pero sí mencionaré que, en ese poder imaginativo, Paul Dini encontró su felicidad y, por supuesto, ahí no podía faltar Batman. Tampoco el resto de personajes «cabroncetes» que pululan en los callejones de Gotham. ¿Has visto la portada? No puede ser más explícita y molona.

Para ilustrar la biografía, o parte de ella, de este autor, el dibujante Eduardo Risso se ha encargado de crear unas ilustraciones que son pura belleza. Es más, son tan narrativas visualmente que no necesitas de los textos para identificar lo real de lo imaginario en la vida de Dini. Cada una de las viñetas, cada salto en el tiempo, cada aparición imaginaria en la psique del protagonista o cada patada y gotas de sangre de la escena que conforma el conflicto de la historia son de extrema calidad. Un cómic cargado de dureza en algunos momentos, divertido en otros y lleno de emotividad sobre la vida de Dini.

No podemos pedir a nuestro ángel de la guarda que nos salve de aquello tan oscuro que nos rodea, pero al menos sí podemos pedirle que nos ayude a recuperarnos. Eso sintió Paul Dini y así lo expresa en su cómic más personal. Un cómic adulto, veraz, al que no le falta desarrollo, buen ritmo e imaginación. Todo un universo creativo que escapa, y por suerte, puede seguir haciéndolo, de la mente de uno de los autores más importantes de las historias de Batman.

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Tic-Tac. Cuatro cuentos y un secreto, de Diego Arboleda y Eugenia Ábalos

Tic-Tac Cuatro cuentos y un secreto

Tic-Tac Cuatro cuentos y un secretoEsta es la historia de un viejo relojero, Cosme Barri, que siempre perdía el Concurso de Relojes de Autómatas con sus incomprendidas creaciones: el perro llamado Guau, que solo sabía ladrar «¡Perro!», o el señor Veleta, un hombre metálico de dos nucas, que adoraba el silencio y el cuento de El príncipe feliz, de Oscar Wilde. También es la historia de dos amigos, Raúl y Moisés, que hacían frente cada día a las maldades de unos trillizos pelirrojos, y la historia de la niña llamada Tic-Tac, que solo se dejaba ver por las mañanas, en un misterioso jardín en el que crecían relojes. Quienes, al leer esto, se hayan acordado de las películas de Tim Burton en sus buenos tiempos o de los libros de Mathias Malzieu, como La mecánica del corazón, no van desencaminados. Tic-Tac. Cuatro cuentos y un secreto, escrito por Diego Arboleda e ilustrado por Eugenia Ábalos, comparte con estas obras, que han cautivado a millones de espectadores y lectores, ese aura onírica y entrañable, con un toque de oscuridad y de sentido del humor.

Tic-Tac. Cuatro cuentos y un secreto pertenece a la colección Sextante de la editorial Libre Albedrío, orientada a niños mayores de diez años, pero a mí su lectura me ha conquistado de una manera que no esperaba; quizá porque subestimé el impacto que un libro infantil podía causar en mí. Como ya demostró Roald Dahl, los mejores autores de literatura infantil son aquellos que tratan a los niños de igual a igual, y ha sido grato comprobar que Diego Arboleda sigue esa estela. Su escritura es sencilla, pero cuidada y repleta de simbolismos, lo que la hace sugerente para el lector de cualquier edad, y es capaz de abordar temas como la amistad, el rechazo o el acoso escolar con tanta delicadeza como sinceridad.

Por supuesto, no pienso desvelar el secreto que se esconde entre las páginas de este libro, como tampoco lo hace Raúl, el nieto del viejo relojero y narrador de los cuatro cuentos. Es misión de cada lector descubrirlo, aunque probablemente los adultos lo vislumbren pronto y eso reste algo —solo algo— de misterio. Incluso puede que los niños se lo imaginen antes de tiempo, pues no seré yo quien dude de su habilidad para leer entre líneas. Descubrirlo antes o después es lo de menos, ya que lo importante es disfrutar de estas cuatro historias, tan increíbles que parecen mentiras, para comprender que en los cuentos la verdad no es importante, pero en los secretos sí lo es.

Lo que sí confieso es que, en cuanto abrí Tic-Tac. Cuatro cuentos y un secreto, no pude dejar de leer. Sin darme cuenta, llegué a la última página, con una sonrisa agridulce y el corazón encogido, pero no quise mirar el reloj para ver cuántas horas habían pasado. ¿Qué más daba? Las historias de Cosme Barri, el perro Guau, el señor Veleta, Raúl, Moisés y Tic-Tac me acababan de enseñar que los cuentos son el único tipo de mentiras que nunca son una pérdida de tiempo. Quizá porque, en el fondo, detrás de esas mentiras se esconde más de una verdad.

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Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero

Ética de los medios de comunicación

Ética de los medios de comunicaciónOcurrió un incidente curioso mientras estaba leyendo este libro y creo que no está de más comentarlo. Seguro que muchos todavía os acordaréis (si es que para cuando se publique esta reseña el individuo al que voy a nombrar no ha preparado un show aún más bochornoso bochornoso): Juan Torres, catedrático de Economía, acudió al programa televisivo La Sexta Noche para presentar su último libro. Ante las acusaciones y las interrupciones continuadas de Eduardo Inda, periodista y desde hace no mucho tiempo propietario de un diario digital, el economista tuvo que abandonar el plató, ante la sorpresa del presentador, que no entendía por qué no se quería someter a ese juego. Minutos antes Inda había puesto en duda el testimonio del padre de uno de los militares fallecidos en el accidente del Yak-42, había banalizado sobre las responsabilidades de la Guerra Civil y había menospreciado a un compañero de profesión en repetidas ocasiones llamándole Copérnico cada vez que éste le interpelaba por la forma en la que sus reporteros hacían su trabajo. Y todo ello en menos de tres horas. ¿Cómo no va a estar en duda la legitimidad del periodismo cuando se permiten prácticas como estas semana tras semana? Sobre ello precisamente, sobre el papel de los medios, habla Ética de los medios de comunicación, el ensayo de la doctora en Filosofía y periodista chilena María Javiera Aguirre.

Es un libro que me ha hecho regresar mentalmente a mis todavía no muy lejanos años de universidad, ya que la gran mayoría de los pensadores que la autora chilena toma como referencia para construir su texto son muy habituales en las aulas de periodismo. Eso sí, he agradecido poder leer las aportaciones de autores como Castells, Habermas o Tocqueville sin tener que memorizarlas a toda prisa y con litros de café de por medio. Estoy seguro de que por eso he podido no solo comprender mejor sus ideas, sino también interiorizarlas. Y hasta disfrutarlas, por qué no decirlo.

Lo que sí que hay que dejar claro es que esta obra está muy enfocada a personas si no vinculadas, sí al menos enormemente interesadas en la profesión. Es un texto con una fuerte carga teórica, en el que la autora se esfuerza en destacar las diferencias entre las premisas con las que nació la prensa y los intereses que la mueven hoy en día. Romero busca remediar los vicios en los que ésta ha caído aplicando reformas éticas a tres niveles: el periodista individual, la empresa periodística y el sector profesional. Las propuestas de la autora no pueden catalogarse como milagrosas ni excesivamente originales, pero tampoco lo pretenden; de hecho, el valor de este ensayo, en mi opinión, se encuentra en comprobar cómo adoptando una serie de medidas coherentes —como puede ser la aprobación del Estatuto del Periodista Profesional, que tantos años lleva parada y que dotaría de base legal a la profesión— se podría avanzar en la recuperación de un oficio que ha sufrido crisis de todo tipo en los últimos años, pero que sin duda debe priorizar en reconquistar el prestigio perdido ante la opinión pública.

Ética de los medios de comunicación, en definitiva, es un ensayo bien estructurado y que recoge con sencillez y precisión los aspectos más importantes para entender cómo ha llegado el periodismo a la situación en la que se encuentra, cuáles fueron los pilares en los que fundamentó su papel y qué pasos hay que dar para que esta bella profesión pueda recuperar su sitio. Y episodios como el que he narrado al comienzo de este texto me dejan claro que la necesidad de tomar medidas es realmente alta.

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Aristóteles. El deseo de saber

Aristtóteles. El deseo del saber

Aristtóteles. El deseo del saberNo es la primera vez que me acerco a ustedes con algún libro de la editorial Colección Científicos que, sinceramente les digo, no debería faltar en ninguna biblioteca escolar.

Acercar la ciencia a los chavales, que conozcan los nombres de los científicos, sus vidas, su infancia, el porqué de su interés por entender, por descubrir, por investigar, debería ser obligatorio, y seguro que lo es, pero además tiene que ser tan divertido para los chavales como conocer la alineación del Madrid, del Barcelona o de la selección Española.

Y que sí, que luego nos dicen que no cualquiera puede ser un famoso científico, que son un pequeño grupo de selectos, pero tenemos la obligación de divulgar a quienes son la esencia de lo que hoy es el Ser humano, grandes científicos, grandes pensadores que también tuvieron en su infancia a quienes crearon en ellos esa necesidad de pensar.

Y aquí llegamos hoy, con uno de los grandes pensadores de la historia, y como siempre en formato cómic, de forma que llegue con facilidad su vida y sobre todo su pensamiento, a todo tipo de lectores desde los más pequeños con los que tendremos que ir compartiendo la lectura, hasta los adultos que algo podemos aprender de estos guiones de Bayarri, en este caso asistido por la científica e historiadora Tayra MC Lanuza Navarro .

Me doy cuenta de que por lo general son chavales inquietos, curiosos o/y observadores, con familias de las que pueden sacar buenos referentes, en general. Este es el caso de nuestro Aristóteles, que tenía a su padre, Nicómaco, que era médico y del que pudo observar muy de cerca su trabajo pues el padre fue llamado a la corte de Amitas, Rey de Macedonia y allí fue también como acompañante nuestro protagonista. Pero pronto, siendo aun niño, su padre falleció y se le asignó un tutor llamado Próxeno… Hay chavales que nacen con suerte, con dinero y sobre todo con buenas relaciones pues resulta que unido al interés del chaval se une que su tutor es conocido de Platón.

Leer está muy bien, le decía Platón a nuestro joven protagonista, Aristóteles, que finalmente acaba en su academia, pero “Aquí lo que nos motiva es el conocimiento en sí mismo. Tenemos que aprender lo máximo los unos de los otros”. Y leo esto y me tengo que acordar del Club de lectura en el que participo, y en cuantas veces hemos hablado de que no es lo mismo leer para uno que leer para compartir, lo mucho que aprendemos, escuchando y debatiendo.

La vida de Aristóteles fue realmente interesante, nunca cejó en su empezó por el saber, ahí es donde él pensaba que estaba el sentido de la vida. El Rey de Macedonia le reclamó a su presencia, cuando ya hacía un tiempo que había muerto Plátón, para preparar a su hijo Alejandro a ser el mejor de los reyes que se hubieran conocido. Y vamos viendo la evolución del pequeño Alejandro ansioso de poder y espada al Alejandro que crece como hombre íntegro en filosofía, retórica e interesado en otras muchas ciencias. Tiempo después volverá a ser importante en su vida.

Aristóteles como todos sabemos, regresó a Atenas y creó su propia academia, en el libro, como suele pasar en las historias de las vidas de los grandes personajes, conoceremos algo de la vida de su padre y de su tutor, sabemos que su madre le dejó una buena herencia, pero nada más se sabe de la madre del filósofo, ni de la mujer de su tutor… Y seguro que no porque Tayra MC Lanuza Navarro no haya querido hablar de ello, sino, porque la historia se ha preocupado poco de las mujeres ¿Quién sería la madre? ¿De qué familia sería para que le dejase semejante fortuna? Yo también quiero ser inquieta con algunas cuestiones.

Al final del libro encontramos una pequeña síntesis de las vidas de los personajes que se nombran, Sócrates, Platón, Espeusipo, Jenócrates, y otros cuantos entre los que no pueden faltar ese Alejandro del que tanto les he hablado y que pasó a la historia como Magno.

El libro, en su última página, y como ya nos tiene acostumbrados, antes de los bocetos, nos presenta a toda la familia del pensador, o sea, que tubo mujer que tuvo una hija y otra mujer que tuvo otro hijo

¿Qué poco “curiosa” ha sido, en general la historia de la humanidad?

No pensarían que iba a ir sin decirles que la madre de Aristóteles se llamaba Phaestis, que su primera esposa se llamó Pythias y el mismo nombre pusieron a su hija.

Tuvo otra mujer llamada Herpyllis y si son curiosos y en alguna ocasión han visto la bibliografía de Aristóteles sabrán que con ella tuvo un hijo y a este SÍ le dedicó un libro titulado Ética para Nicómaco… Y así, amigos, es como se pasa a la historia 😉

¿Imaginen que el título podría haber sido “Ética para  Pythias”…?

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