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El elefante del visir, Ivo Andric

el elefante del visir

el elefante del visirNada, absolutamente nada había leído de Ivo Andric (1892-1975), Premio Nobel de literatura en 1961 “por la fuerza épica con la que ha reflejado temas y descrito destinos humanos de la historia de su país”. Así que primero he leído algo de su historia y ahora sé que nació en la antigua Yugoslavia, que sus padres eran croatas cristianos pero que tras la muerte de su padre cuando el aun era un niño se trasladó a Bosnia con su familia materna, y aunque él se definía y se sentía como un autor yugoslavo, hay que tener en cuenta que fue partidario del nacionalismo activo yugoslavo, que pasó por la cárcel, ya que durante la Primera Guerra Mundial fue detenido por las autoridades imperiales austrohúngaras, tras la guerra fue indultado y después de pasar por un sanatorio por problemas pulmonares, terminó su formación y entró a formar parte del servicio diplomático de Yugoslavia en Bruselas, París, Madrid y Berlín, donde residía al empezar la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1941 se instaló definitivamente en Belgrado donde escribió la mayor parte de sus obras.

Está claro que, por lo poco que yo he leído, o sea, los tres cuentos que hoy les presento, es esa cultura Bosnia más cercana a él, ya su infancia, la que tendrá una gran influencia en su literatura. De hecho incluso luego daría título a una de sus más conocidas novelas, Un puente sobre el Drina, que no he leído pero que, a la vista de lo ya leído, lo haré con mucho gusto.

Por otra parte no quería dejar de decir que La editorial Xordica está haciendo una fuerte apuesta por estos autores desconocidos para muchos de nosotros y poco o nada traducidos en España, portadas que no pasan desapercibidas, y unas brillantes traducciones, cosa que debo hacer constar en este libro porque teniendo en cuenta que el escritor es asimismo poeta, no puedo por menos que pensar que debió cuidar tanto el texto y su composición literaria como lo han hecho los traductores de esta obra Luisa Fernanda Garrido y Thiomir Pistelek.

Y ya puestos, porque no destacar igualmente la estupenda portada del libro que ha sido diseño de Elisa Arguilé, la conocida ilustradora que ya en 2007 recibiera el Premio Nacional de Ilustración. Una de esas portadas que te hacen girar la cara en las librerías.

Volviendo al libro que nos ocupa, puedo contarles que son tres novelas cortas, o cuentos, que tras leerlos más me gusta definirlos así, y que el primero de ellos es El elefante del visir, que además es el que da nombre al libro, además leeremos otros dos, Los tiempos de Anika y Conejo.

Este escritor me ha sorprendido como siempre los hacen los buenos contadores de cuentos, porque son capaces de dibujar en mi mente, con escasas pero excelentemente seleccionadas palabras, los lugares donde se desarrollan los hechos, la personalidad de los personajes y la sociedad en la que éstos viven.

En El elefante del Visir lo hace además en forma de tragicomedia, porque el humor se filtra en la historia, mejor dicho en la forma de contarla ya que la tragedia se va mascando desde la primera página pero nunca hubiese pensado que fuese a encontrar tan buen humor, y tanta “retranca”, como dirían en mi pueblo, en esa sociedad. Es una historia de la llegada de un nuevo Visir que iremos descubriendo como un hombre cruel que se hace traer un elefante. La gente odiará al elefante…

…hay también, como ya sabéis, correligionarios nuestros que -escribía Fray Mato-, al ver que el visir aniquila a los turcos y a sus “notables”, dicen que algún bien puede venir de ahí para nuestro pobre rebaño, ya que nuestros necios piensan que el mal ajeno tiene que ser sin falta un bien para ellos. A estos les puedes decir rotundamente, para que lo sepan al menos ahora si es que no lo sabían antes, que de eso nada. Pues la única novedad es que “las bestias se han procurado bestias” y que el pueblo ocioso habla y hace suposiciones de todo tipo. Pero reformas y mejoras, ni las hay ni las habrá” (El elefante del visir)

Si esto les suena bien, no se pierdan los dos cuentos restantes donde aprenderemos cosas curiosas sobre la historia, la forma de vida y la religión, porque como verán el tema religioso, no es que pase de puntillas por estos cuentos.

“…En una ciudad en la que los hombres y las mujeres se parecen unos a otros como dos ovejas entre sí, suele ocurrir que el azar trae a un niño, como el viento una semilla, que se pervierte, se sale de la fila y provoca desgracias y confusión hasta que se le mete en cintura y vuelve así el orden antiguo al lugar…” (Los tiempos de Anika)

A los ojos de los inquilinos del inmueble de cinco plantas, esa era la impresión que daba la familia compuesta por Conejo, Cobra y Tigre. Por eso la bautizaron casa de fieras, y con este nombre se hacía cada nuevo arrendatario, junto con las llaves de piso y las numerosas e implacables condiciones de Margarita…” (Conejo)

Pues ya ven, son otros sitios, son otros tiempos, son otras personas, pero básicamente siempre es lo mismo, porque así son los cuentos. Erase una vez, en un lugar muy lejano…

Así pasa con nuestras vidas, hay temas que nos pueden interesar más o menos, pero están siempre a nuestro alrededor y si somos observadores, y tenemos un talento especial para las historias, quizás algún día, podamos dedicarnos a contar historias tan interesantes como inesperadas tal como las que he descubierto con este autor.

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Los niños de la viruela, de María Solar

los niños de la viruela

los niños de la viruelaEn 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró al planeta Tierra zona cero de viruela. Una de las enfermedades más devastadoras de la historia de la Humanidad había sido erradicada mediante la vacunación. Esta ha sido la única vez, hasta el momento, que se ha logrado un hito médico de semejantes dimensiones y Los niños de la viruela, de María Solar, nos cuenta cómo comenzó todo, para rendir homenaje a los veintidós niños que pusieron su cuerpo al servicio de la ciencia.

Tenemos que remontarnos a los primeros años del siglo XIX y viajar hasta el hospicio de A Coruña, donde malvivían los niños abandonados por ser fruto de la deshonra o por la falta de medios de sus familias. Nadie esperaba nada de ellos —más allá de que se convirtieran en delincuentes—, ni ellos esperaban nada de nadie —si acaso, algo que llevarse a la boca para saciar su hambre—. Y hasta allí llegó el doctor Francisco Javier Balmis para cambiarles la vida, encabezando una expedición filantrópica sufragada por el rey Carlos IV.

Su propósito parecía descabellado: crear una cadena humana que transportara la vacuna de la viruela desde España hasta América, inoculándola de brazo en brazo, durante los meses que durara el viaje. Y para eso necesitaban muchos colaboradores, al menos veintidós; a poder ser, niños de unos tres años. Pero ¿qué padre en su sano juicio dejaría que introdujeran el virus de una vaca (de ahí el nombre de «vacuna») en el cuerpo de su hijo? Pues ninguno. Por eso los desarrapados del hospicio fueron los elegidos.

«De las mayores locuras han salido los grandes avances», dice el doctor Posse Roybanes en un momento de la novela, y esta historia es prueba de ello. Hoy en día se pone el grito en el cielo por la cancelación de vacunas o se acusa de ignorantes a los padres que se niegan a ponérselas a sus hijos, pero ni siquiera sabemos a quién agradecer ese cambio de mentalidad y de hábitos sanitarios que ha salvado millones de vidas y que se gestó en España. En Los niños de la viruela, María Solar recuerda la odisea de los doctores Balmis, Josep Salvany y Posse Roybanes, de la rectora del orfanato de A Coruña, Isabel Zendal, de los veintidós niños de los hospicios de Madrid, Santiago de Compostela y A Coruña y de los incalculables voluntarios que ayudaron a mantener la cadena de vacunación y extenderla por todo el mundo. Ninguno de ellos tuvo entonces el reconocimiento oficial merecido —si acaso, Balmis— y su hazaña es bastante desconocida en la actualidad, a pesar de que la salud mundial sigue disfrutando de sus logros.

Esta novela juvenil de Anaya, cuya lectura recomiendo a jóvenes y adultos, recrea este hito médico y solidario, poniendo sobre la mesa la hipocresía de la época en el trato a los niños y el enfrentamiento entre el inmovilismo religioso y el afán de progreso de la ciencia. Pero, sobre todo, rinde homenaje al altruismo de esos locos que lucharon por el bien común a costa del propio hasta las últimas consecuencias. Para los protagonistas de aquella historia, la puesta en valor de su esfuerzo llega con dos siglos de retraso, pero nunca está de más rendirles tributo si eso sirve para prestar atención a los locos de nuestro tiempo y reconocerles sus logros cuando aún están vivos para agradecerlo.

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Wonder Woman: Carne, de Brian Azzarello

carne

carneBueno, bueno. Y yo que pensaba que después de Wonder Woman: Guerra, poco más había que contar porque ya se habían cerrado todos o casi todos los arcos. Iluso de mí… ¡Nada más lejos! En Wonder Woman: Carne, vamos a tener la continuación lógica, logiquísima, del tomo anterior. Y aquí viene la alerta espoilers (¡danger, danger!), no de este tomo sino del anterior, por lo que si no lo habéis leído (majaderos insensatos) os adentráis en estas líneas bajo vuestra responsabilidad.

Al matar a Ares, el entrañable abuelito y dios de la guerra, Diana pasa a ser la diosa de la guerra automáticamente y, en consecuencia, también se convierte en diosa olímpica, con su sillita junto al resto de los dioses en el consejo de administración del Olimpo. La profecía se ha cumplido y Apolo respira tranquilo, de momento… porque en realidad nunca está tranquilo. Siempre tiene que consultar, a su manera particular, los oráculos pues el miedo a perder el trono vive constantemente en su interior y esta vez lo que le han vaticinado es una inminente guerra, y quiere a Wonder Woman a su lado para librarla.

Además, vamos a conocer la extraordinaria historia del Primogénito de Zeús y el porqué de sus actos y motivaciones. Un personaje que va a tener gran trascendencia durante todo el tomo.

También desfilarán Cassandra, Dio, Zola, Orion (cuyo papel no acabo de pillar y no me hace mucha gracia), la genial Discordia, Artemisa, Hermes,… y algunos más, pero no puedo dejar de mencionar a la todavía humana, mortal y vulnerable Hera, la exreina de los dioses del Olimpo venida a menos, con conciencia, por primera vez en su vida, de lo que es vivir el presente.

Wonder Woman: Carne sigue igual de trepidante que sus números precedentes. Aventuras bien urdidas, con una trama que atrae y que es intensificada por un buen dibujo y color, con la actualización de los personajes icónicos de la mitología griega, con introducción de invenciones también sobre estos, con enemigos que se vuelven aliados y aliados que cambian de bando, traiciones familiares… ¡La típica tragedia greco-shakespeariana! Vaya, que sigue la tónica de la colección.

Y sí, está claro que guerra va a haber para rato y que seguramente veremos en el próximo número como WW intentará reclutar combatientes para su causa, que es algo que a veces mola incluso más que la propia batalla.

Azzarello y Chiang vuelven a darlo todo y no me extraña que por cada número publicado se llenen de alabanzas las bocas de crítica especializada y lectores. El nivel alcanzado ya en este Carne es digno de tener en cuenta. Conocemos a los personajes, les hemos cogido cariño o tirría (y proceda lo que proceda, nos gusta sentir ese cariño o esa tirría hacia ellos) y aunque la princesa de Themyscira es la que da nombre a estos cómics, lo cierto es que se podría decir que es un personaje más. Tiene poderes, pero está rodeada de otros que también los tienen. El protagonismo se reparte bien entre todos y Diana no es egoísta a la hora de acaparar nuestra atención. Sabe interactuar bien con el resto de actores principales y de reparto, no es una chupacámara.

No sé qué más puedo decir que no haya dicho ya. Simplemente subrayar que me encanta esta colección y que me maravilla que durante los cinco números que ya llevamos, la calidad no haya bajado en ninguno de ellos y siga sorprendiendo con diseño de personajes, argumentos y giros. Eso es muy meritorio y muy difícil. Llegará el día en el que Azzarello se canse del personaje y quiera cambiar de aires, o guionizar alguna historia suya… Que ese día tarde mucho en llegar y hasta entonces que siga dándonos buenos momentos e historias de la amazona.

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Woody, la biografía, de David Evanier

Woody, la biografía

Woody, la biografíaNo soy una persona fanática, pero reconozco que tengo mis debilidades. Woody Allen es una de ellas. Creo firmemente que Woody es un genio, alguien con una mente tan brillante y privilegiada que me fascina. No recuerdo cuál fue la primera película suya que vi, pero con dieciséis años ya había visto toda su filmografía (hasta la fecha) y su humor y forma de ver el mundo me han acompañado desde entonces. También tengo que decir que me siento un poco identificada con él, al menos con su hipocondría, sus neuras, fobias y esa forma de enmascararlo todo mediante un humor muy fino y a la vez muy punzante. Soy una joyita, sí.

No sólo me gustan sus películas, también he leído muchos de sus artículos, cuentos y novelas y me fascinan igualmente. No sé cómo lo hará, pero todo lo que Woody Allen hace, lo hace bien. Incluso ser, aparentemente, un completo desastre. Eso se le da de lujo. Pero claro, tras ese personaje público que todos conocemos, se esconde una persona muy polifacética que ha dirigido más de cuarenta y cinco películas, que es actor, escritor, cómico y músico de jazz, que ha sido nominado veinticuatro veces a los Oscar (sin asistir en ninguna ocasión a recoger el galardón) y que ha recibido numerosos premios. Woody es, sin duda, el director de cine estadounidense más prolífico de su época.

Esta biografía es la más personal y actualizada. David Evanier, su autor, no quería simplemente hacer una biografía más sobre el director y lo ha conseguido. En Woody, la biografía, Evanier nos muestra no solo la obra de este genio, sino también su vida, sus miedos, sus pensamientos sobre el sexo, el amor y el judaísmo. Aunque Woody no quisiera participar en su elaboración, sí que contestó a algunos de los mails que el autor le envió durante el proceso de escritura y que aparecen en la biografía. Además, David Evanier pudo reunirse con su ídolo en una ocasión. Y es que se nota el amor y la adoración que el escritor siente por Woody Allen, por eso creo que esta biografía es tan buena, porque es objetiva, pero también está llena de pasión.

Con una infancia atípica, el Woody más pequeño prefería retirarse al sótano de la casa de sus padres, comer solo, ensayar sus trucos de magia y tocar el clarinete. Una buena forma de transformar el dolor en arte. Desde pequeño fue consciente de su talento. Uno de sus amigos comenta que, ya con doce años, tenía mu y claro cuál era su objetivo: la comedia. Escribir comedia, hacer comedia y estar en el mundo de la comedia.

Desde una edad temprana, Woody encontró la forma de ganarse la vida escribiendo guiones cómicos para otros humoristas. Se matriculó en la universidad de Nueva York en la especialidad de cine, pero apenas asistía a las clases y acabaron expulsándole. Probó a hacer un curso de producción audiovisual y volvieron a expulsarle. Lo intentó con un curso de escritura teatral y otro de fotografía pero no fue a ninguna de las clases. Woody detestaba y detesta la educación tradicional. Lo cual me hace pensar en nuestro maravilloso sistema educativo. Una persona como Woody Allen, que es un auténtico genio y que ha conseguido triunfar en la vida, no asistía a las clases y no obtuvo ningunos estudios y ahí está, ¿no? Hay veces que hacemos las cosas muy mal.

Cuando consiguieron convencer a Woody de que tenía que ser él quien representara sus propios monólogos el mundo se le vino un poco encima. Era algo que detestaba, pero consiguió hacerlo y durante una época fue uno de los humoristas más conocidos de Estados Unidos. Después de participar en su primera película y ver el desastre en que resultó, Woody decidió tomar las riendas. Él escribiría y dirigiría sus propias películas, no quería que nadie más pudiese decidir sobre sus películas, y así ha sido hasta hoy. Ese personaje con gafas de pasta, un clásico perdedor judío, lleno de lujuria y con aparente escaso éxito con las mujeres, es una metáfora del propio Woody Allen, de sus propias ansiedades.

Obviamente, no podían faltar en Woody Allen, la biografía sus relaciones con las mujeres y sus varios matrimonios con, entre ellas, Diane Keaton o Mia Farrow. Y por supuesto todo el intolerable proceso judicial en que se haya envuelto desde que Mia Farrow acusara al director de abusos sexuales a la hija que ambos adoptaron tras descubrir que Woody mantenía un romance (que dura hasta hoy) con la hija adoptada de ésta y un antiguo matrimonio. Un lío de narices en el que la señora Farrow no sale muy bien parada y que ha intentado desprestigiar, una y otra vez, a Woody Allen.

Yo he disfrutado muchísimo con este libro, sinceramente. No solo porque me encante Woody Allen, sino porque está maravillosamente escrito. Es objetiva, es íntima, apasionada y verdadera. Un ejemplo de cómo deberían ser todas las biografías.

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Un libro para ellas, de Bridget Christie

Un libro para ellas

Un libro para ellasLa definición de FEMINISMO, según la RAE:

“1.- Ideología que define que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo.”

Imagino que ante esto nadie tendrá ninguna objeción, sin embargo aun hay muy pocos hombres que se definan a sí mismos como feministas, e incluso hay demasiadas mujeres que dicen eso de yo soy feminista PERO…

¿Qué pero se le puede poner a esa definición?

Ninguno.

Aunque Un libro para ellas, es de una autora inglesa, no teman, está traducido y se entiende bastante bien, de hecho está tan bien traducido que hasta podrían leerlo algunos hombres (de los que no se consideran feministas) y también serían capaces de pasar un buen rato. Y es que como ya sabrán, y si no yo se lo cuento, Bridget Christie es una humorista muy conocida en Gran Bretaña, de hecho ella nos cuenta en el libro lo difícil que ha sido esa evolución de ser una monologuista más, a ser conocida e incluso reconocida por su propio nombre.

Verán al parecer todo empezó con un pedo, si, tal cual, hay quienes se convierten en feministas por una charla-coloquio de Caitlin Moran (Como se hace una chica), otros escuchando la poesía de Begoña Abad o de Ana Pérez Cañamares…, pues bien, la vida de nuestra autora cambió porque en una librería la zona dedicada a la literatura feminista sucedía algo peculiar, digamos que era el área de mayor expresión fétido activa del librero… En fin, pero esta es una historia que podrán leer con todo lujo de detalles en el libro.

Que nos podemos reír mientras hablamos de feminismo, está claro, que las feministas podemos ser mujeres divertidas, es indiscutible, que las hay que son altas, bajas, anchas, estrechas, modernas, históricas, lesbianas, heterosexuales, bisexuales, trisexuales, con flequillo, incluso sin flequillo, y no solo mujeres morenas, también las rubias y pelirrojas pueden ser feministas; es cierto, las feministas podemos ser divertidas pero como también dice la autora, estamos generando unas terribles problemas sociales, a saber:

“El feminismo es el único responsable de la recesión, el calentamiento global, el terrorismo, las pandemias, las cancelaciones de vuelo, las erupciones volcánicas, la puntualidad de los trenes y la normativa de salud y seguridad excesivamente restrictivas.Ya nadie puede tomar bebidas calientes en el trabajo por culpa del feminismo, ni subirse a una escalera de mano en las bibliotecas. Ya no hay quien se coma una langosta sin gafas de soldador por culpa de las feministas. Por su culpa, nadie puede abrir una puerta si quiera. Ahora hay que arrojarse a través de las ventanas de doble vidrio para entrar y salir de los edificios. Todas las puertas han sido tapiadas por culpa de las feministas. Es como impuestos del siglo 17 que grababa las construcciones en función del número de ventanas que tenían, pero aplicado a las puertas… “

Pues sí, esto es muy divertido para las feministas, pero, no crean, cuando les hablaba antes de ponerles este fragmento del libro de que el feminismo podría generar graves problemas en el orden mundial, de eso no tengo ninguna duda ¿Se imaginan que ya ninguna mujer quisiera hacer de cuidadora, o todos esos oficios auxiliares que parecen destinados a ellas salvo que fuera o fuese a título oneroso? ¿Se imaginas que quisieran cobrar exactamente lo mismo por el mismo trabajo que sus compañeros varones?, o ¡¿Incluso cobrar algo?!

Se puede crear conciencia desde el humor, y si alguien tiene humor en este mundo somos las mujeres feministas, de hecho yo también soy bastante simpática, y hace muy poquito leí un libro estupendo de una mujer palestina que también tenía una buena dosis de humor, que yo creo que eso es lo más; incluso confieso que tengo amigas que también son bastante divertidas. Ahora que pienso sobre ello, creo que es posible que alguna sea incluso más divertida que yo, que en ocasiones me gusta ponerme como trascendental, puro postureo, ¡claro!

¿Cómo en un libro de humor se puede hablar de mutilación genital femenina, de la brecha salarial, del físico como seña de identidad de la mujer, de lo sexualizada que está la sociedad, o incluso hablar del test de Bechdel? Y eso que ya les advierto que una vez que uno investiga sobre este test ya nunca deja de pensar en él mientras está viendo una película…

Yo sé, como la autora, muy poco sobre feminismo, también creo que el feminismo es algo intuitivo o de sentido común, pero de ella me ha gustado mucho su mirar el mundo con un humor provocador e inteligente, unas veces irónico y otras veces tan ácido que se le revuelven a una las neuronas (si lo que se le revuelven al lector son las tripas, es posible que tenga un problema como el del librero del que hablábamos al principio).

Quizá a muchos no nos suenen algunos nombres de mujeres feministas (o no) inglesas (o no) famosas (o no) de las que habla, bueno, pues para eso está internet, pero otros personajes sí que nos sonarán, y nos situarán en las posturas políticas de cada cual, porque claro, también los políticos (personas del mundo político en general) deberían dejar claras sus posiciones… Y algunos las dejan, ya verán.

En definitiva, solo les puedo decir sobre este libro que el que quiera pasar un buen rato y salir un poquito más concienciado sobre el porqué hay que ser y apoyar al movimiento feminista, esta puede ser una forma interesante.

¿Es Un libro para mujeres? Puede ser, claro, pero también podría ser un regalo para el día del padre y tampoco pasaría nada…

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La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril

La Grieta

La GrietaLo malo de los muros es que no te dejan ver más allá del ladrillo. No te dejan ver el mar ni los cuerpos que, si hay suerte, no llegarán a tus costas en verano. Se los tragará el agua, como nos los tragamos nosotros, en algún lugar de nuestras cabezas donde no incomoden en exceso. No. Lo que tienen los muros es que no te hacen más libre, ni más seguro. De hecho, te doblegan ante ciertas palabras. El miedo es una de ellas. Hablamos de él con cierta ligereza, con la frivolidad del rico nuevo que le dice al hambriento lo duro que es pasar hambre. Y se lo decimos a ellos, que huyen del terror. Porque de algún modo hemos construido vallas a nuestro alrededor que nos protegen, nos aíslan y nos encierran en nosotros mismos, ensimismados. Después, un día nos despertamos y somos incapaces también de reconocer la existencia del otro y de su dolor.

Pero los muros, por suerte, además tienen grietas. Recodos por donde se filtra algo de luz, aunque también de oscuridad, que nos dejan mirar, como una mirilla, el reverso del mundo que conocemos. Como esta novela gráfica, que es más bien una fusión entre fotolibro o fotoperiodismo y cómic, y que lleva por título, precisamente, La grieta. En ella, el periodista Guillermo Abril y el fotógrafo Carlos Spottorno recogen su experiencia a lo largo de tres años recorriendo las fronteras de Europa. Un viaje que empieza en Melilla en 2014 y termina en Estonia y su frontera con Rusia ya en 2016, dando fruto a una base documental de más de 25.000 fotografías y 15 cuadernos de notas.

La grieta es el resultado de este trabajo, una adaptación de los reportajes que realizaron sus autores por encargo de El País, que nos acerca de primera mano a la cuestión burocrática, las tensiones políticas, las dificultades que rodean a los periodistas en su intento de conseguir información y, su variable más constante, al drama de los refugiados, la mayor crisis humanitaria ya dese la II Guerra Mundial. De fondo, los movimientos migratorios en las Balcanes o las misiones de rescate en el Mediterráneo, por cuya cobertura a bordo de una vieja fragata, Spottorno obtuvo el Premio Word Press Photo en 2015.

Así las cosas, en su afán por llegar a todas partes, La grieta encuentra en el cómic, a partir de sus fotografías sometidas a un tratamiento cromático, el medio idóneo para transmitir su mensaje y llegar a un público más amplio. Bien es cierto que, a tramos, da la impresión de que le falta algo de color, como si pasara demasiado rápido por algunos escenarios. Pero no importa. La intención es la del mejor periodismo comprometido, y su relato es claro y directo. Una interesante reflexión sobre las fisuras del sueño europeo, que nos devuelve su rostro más inhumano y menos empático. Y es que, a través de estas grietas, por las que sus autores nos hacen partícipes de la convulsa situación de Europa y recorren los últimos movimientos que se han producido en el continente, vislumbramos además los grandes rotos y parches que atraviesan nuestros muros. Aquellos que empiezan a resquebrajarse y que, si no tenemos cuidado, terminarán por caerse y aplastarnos.

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Clarissa, de Stefan Zweig

Clarissa

ClarissaNo empecé con buen pie con Stefan Zweig. Mi primer acercamiento fue Veinticuatro horas en la vida de una mujer, una lectura que me dejó fría en todos los sentidos. Pero si la gente insistía en que era unos de los grandes autores del pasado siglo, por algo debía ser. Así que, pese a la decepción, sabía que le daría una segunda oportunidad, quizá con Carta a una desconocida o Novela de ajedrez, sus libros más famosos. Pero ha sido Clarissa la obra que, finalmente, se ha cruzado en mi camino.

Esta novela cuenta la distante pero sentida relación de Clarissa y su padre, un disciplinado teniente militar austríaco, y la historia de amor de esta joven con un socialista francés, que pasa de ser amante a enemigo de un día para otro, por el inicio de la Primera Guerra Mundial, un acontecimiento ajeno a ellos en ese momento, pero desgraciadamente determinante para el resto de sus vidas. A través de Clarissa y los hombres vinculados a ella, que representan los diferentes ámbitos de la sociedad —ejército, ciencia, política o salud—, Stefan Zweig plasmó los ideales humanísticos que siempre le guiaron. Su escritura transmite honestidad, al igual que la mayoría de los personajes. Sin embargo, las circunstancias no siempre favorecen a que sean leales con ellos mismos, y sus actos terminan contradiciendo su voluntad inicial. Y esa es la carga que arrastra Clarissa a lo largo de su vida y que nos muestra a través de sus recuerdos. Una carga que, al parecer, el propio autor no estaba dispuesto a acarrear, por lo que decidió acabar con su vida antes de presenciar como Europa se desmoronaba por culpa del nazismo.

Como todos los grandes escritores que pasan a la posteridad, Stefan Zweig tenía la capacidad de condensar en frases memorables las realidades más elementales de la condición humana, y Clarissa está llena de ellas. No me resisto a poneros unos cuantos ejemplos:

Sobre la guerra: «Solo hay una forma de conservar una actitud normal y humana ante la guerra: verla por ti mismo y no dejar que te la expliquen sus instigadores, que jamás pisarán el frente».

Sobre la democracia y el socialismo: «Nuestra democracia se ha extendido demasiado, y también el socialismo; han dejado de ser comunidades reales para convertirse en sistemas y organizaciones».

Sobre el poder del grupo: «Los ambiciosos de este mundo están unidos, se estimulan unos a otros. Los empresarios tienen sus preocupaciones; los profesores, sus congresos. Así es como todos creemos que somos los más poderosos. Solo la gente pequeña, los silenciosos, los carentes de ambición no están unidos, y esa es la desgracia del mundo en el que vivimos».

Sobre el patriotismo: «El nacionalismo lo corrompe todo. Es el mal que coloca una única patria por encima de todas las demás. Nos involucramos de lleno en las necedades que comenten nuestras naciones».

Sobre el amor: «El mundo lo aguantamos de dos en dos».

Estos extractos de la novela son una buena muestra de que su crítica a la sociedad de hace un siglo se ha convertido en atemporal, ya que la falta de humanidad que predomina actualmente en muchas áreas de nuestra forma de vida hace que la gran mayoría de sus reflexiones sigan en plena vigencia. Y esa es la grandeza de Zweig que he descubierto en Clarissa y que por fin me ha hecho entender por qué es considerado uno de los escritores referentes del siglo XX. Si Carta a una desconocida o Novela de ajedrez consiguen removerme como esta obra, estoy deseando leerlas.

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Un camino de flores, de JonArno Lawson y Sydney Smith

Un camino de flores

Un camino de floresEstaba yo pensando, ahora que acabo de cerrar este libro, que nunca me han regalado flores. Indirecta, guiño, codazo. Que se dé por aludido quien quiera. Como nunca me han regalado flores no sé bien si me gusta. A ver, las flores sí, claro. Digo el hecho de recibir un ramo de flores, por ejemplo. Creo que me daría pena cuando empezaran a marchitarse. En fin, venga, acepto una simple margarita cogida de la calle o el campo. Así disfrutaría más dejándola entre las páginas de un libro para que se seque.

Un camino de flores es una de las novedades del catálogo de la siempre genial Libros del Zorro Rojo y se trata de un libro muy original por muchos motivos. En primer lugar, porque es tanto para niños como para adultos, y poder compartir lecturas con los peques es una maravilla. En segundo lugar, se trata de una especie de novela gráfica que no tiene texto. Debemos seguir la historia dejándonos llevar por sus preciosas ilustraciones y hacer algo así y que dé tan buen resultado es muy difícil. En cierto modo me recuerda a Diario Interestelar, un libro de María Durán Montes que leí hace unos meses y en el que la autora nos narra una historia también solo a través de sus dibujos. En tercer lugar, el libro es bonito. Bonito de precioso, de genuino, de tierno y encantador. Y por último (aunque creo que podría seguir un buen rato), la historia que se narra a través de sus dibujos es emotiva y dulce, de esas de suspirar cuando cierras el libro. A mí me ha enamorado.

La idea es del poeta JonArno Lawson y las ilustraciones corren a cargo de Sydney Smith. Cuando dos personas con talento se juntan, suceden cosas tan maravillosas como este libro. Y, os preguntaréis, ¿de qué trata Un camino de flores? Pues de lo cotidiano, de los pequeños detalles que cambian nuestro mundo, de la maravillosa inocencia y lo espontáneo. Ahí es nada. ¿Habéis visto todo lo que se puede decir sin palabras? Por eso me gustan tanto estos libros tan originales, porque aparte de despertar nuestros sentidos, hacen volar nuestra imaginación.

Una pequeña niña pasea con su padre por la ciudad. Durante el trayecto, la pequeña se dedica a recoger flores silvestres que va encontrando mientras camina. Las ilustraciones nos presentan una ciudad gris, en la que lo único que resalta es el abrigo rojo de la niña. Un poco Caperucita roja, un poco aquel inolvidable plano de La lista de Schindler. Pero, cada vez que la niña recoge una flor, la monótona ciudad gris va cambiando  ligeramente y algunos colores empiezan a encenderse. A medida que la niña recoge flores y que, con toda su inocencia, empieza a regalárselas a quienes se encuentra: un vagabundo, un perro o un pájaro, la ciudad parece convertirse en un sitio mejor. El mundo entero parece un lugar mejor.

Y es que, sin duda, el mundo es mucho mejor cuando compartimos esos pequeños gestos desinteresados. De esto trata Un camino entre flores: una lección preciosa de bondad y de pequeños gestos espontáneos que nada tienen que ver con cosas materiales. Simplemente precioso.

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Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia, de Brandon Sanderson

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia¿Os habéis preguntado qué pasaría si en medio de alguno de los océanos existiera un continente del que nunca nos han hablado? Pues en Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia nos mostrarán esa verdad oculta.

Hasta hoy tenemos la idea bien sabida de cómo es el planeta Tierra. Me refiero a cómo lo vemos cuando cogemos el globo terráqueo o un mapamundi y lo observamos de uno a otro extremo. Esto queda ya muy anticuado, casi arcaico y prácticamente en desuso. Malditos, no sabéis lo que os perdéis al girar la pelotita gorda y dejar caer el dedo a ver dónde os tocará viajar. Así elegí el destino donde me casaría en un futuro, pero para guardar la sorpresa —no vaya a ser que mi futura esposa se encuentre entre mis lectoras—, no diré el país que me tocó. En la actualidad hay otros modos de mirar la superficie terrestre a través de esa aplicación tan molona, cara y avanzada que es el Google Earth, pero que todos utilizamos para buscar nuestra calle por si acaso nos han fotografiado en ella.

Sin ampliar tanto la imagen y mostrando una perspectiva general del planeta vemos que el planeta se compone de: el Polo Norte, la fábrica de hielo que está a punto de echar el cierre como no tengamos más ojo con nuestro estilo de vida; en el punto opuesto, por debajo, el Polo Sur, con todos sus pingüinos y sus focas también; entre medias de los polos, los continentes de América del Norte y América del Sur, Groenlandia, que mira que es grande, el Océano Atlántico, todo azulito, con mogollón de atunes y el Titanic sumergido (obviamente, esto no se ve ni con el Google Earth, pero en el cine hemos visto que se hundió por ahí), luego llegamos a África, justo encima nuestro viejo continente europeo y pegado a nosotros se extiende la vastedad del continente asiático, con todos sus chinos y esas cosas tan exóticas; el Océano Índico, la isla gorda de Australia, Nueva Zelanda, el Océano Pacífico, con mogollón de tiburones de carácter poco pacifista y otra vez llegamos al continente americano. Ya está. Por más vueltas que le demos, no hay más que eso. Unos pocos continentes, los grandes océanos y los polos.

Toda esta información es veraz. Lo vemos en los telediarios cuando dan el tiempo, lo vemos en los mapas de los libros de Geografía y nos lo muestra la NASA gracias a los satélites a través de Google. Pero, ¿y si de verdad existe algo entremedias y encima está habitado? ¿Y si todo fuera parte de un plan maestro de una organización que se ha ocupado durante siglos de ocultarnos algo tan relevante? Seguramente diréis que es una estupidez, que ya habéis viajado con la parienta o el pariente en viaje de novios desde España a Cancún en avión y en el trayecto solo habéis visto nubes, y si llega el caso, mar. Agua y más agua. Solo eso. Ya pero, ¿habéis pilotado vosotros ese avión? ¿Habéis decidido vosotros el rumbo que se debía tomar? ¿Y si el piloto de avión y por extensión, todas las aerolíneas, estuvieran metidas en el ajo? Lo mismo ocurre si vais en barco. No me vale con decir que habéis hecho un crucero por las Bahamas y no habéis visto más tierra que la conocida. Puede que algún día, si cogéis un barquito y os liáis de forma libre a navegar por el mar os pase como a (¡¡¡spoiler!!!) Jim Carrey en El show de Truman.

Esa organización es la de los Bibliotecarios Malvados y en la tercera entrega de la serie, Alcatraz 3. Los caballeros de Cristalia, van a viajar a ese continente nuevo. En esta ocasión, el joven y aventurero Alcatraz Smedry regresará al país al que pertenece y del que nunca supo nada porque los bibliotecarios quieren hacerse con el control político de esas tierras. Son las únicas en el mundo que quedan libres de su mandato, es decir, los Reinos Libres. El resto, lo que vemos en el mapamundi, somos las Tierras Silenciadas. Si los bibliotecarios consiguen hacerse con el dominio, todo el planeta estará a merced de esta malvada organización que pretende crear una dictadura manipulando la información a su antojo. Durante la novela, como es habitual, hay derroche de aventuritas, conspiraciones que afectarán a su mejor amiga, Bastille, descendiente de los Caballeros de Cristalia, y notas de humor para el público primerizo en novelas de fantasía juvenil.

Es un elemento que ya se adelantó de pasada en la primera entrega de la serie Alcatraz. La posibilidad de que existieran cosas que desconocemos porque una organización de bibliotecarios, manipuladores de la información, deciden ocultarlas era un ingrediente muy interesante que bien se puede extrapolar a ciertas noticias que escuchamos en los medios de comunicación o en discursos políticos donde nos hacen el truco del mago: te enseño una mano mientras con la otra te hago el lío. Era el principal reclamo para seguir enganchado a esta serie pese estar dirigida a un público muy joven y superar la treintena de edad. También, por supuesto, el poder de Brandon Sanderson de conseguir escenarios tan fantásticos con las bibliotecas como telón de fondo y situaciones irreverentes que nunca dejan de gustarme en sus lecturas. Una novela más que me invita a leer la siguiente y cuarta entrega que ya está preparada y en la que, parece, se desvelarán los verdaderos motivos que impulsan a la madre de Alcatraz a tener tanta mala idea. Os reemplazo hasta la próxima aventura.

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Juntos es mejor, de Simon Sinek

Juntos es mejor

Juntos es mejorRecordar mi época de Bachillerato me deja un sabor de boca agridulce. Conocí a gente increíble y aprendí todo lo que se supone que debes aprender en un instituto, o incluso más. Descubrí pasiones que no sabían que estaban dentro de mí, y reforcé otras que se habían manifestado mucho tiempo atrás. Y eso, siempre es algo que se recuerda con nostalgia y con una sonrisa en la cara. Pero también fue un tiempo —sobre todo el último año, tan cerca de Selectividad— en el que el estrés era el gran protagonista. Y ya no solo el estrés, sino la incertidumbre de no saber qué planes tendría el futuro preparados para mí. De repente, llega un día en el que te tienes que poner delante de un folio y decidir en qué carrera vas a estar metido durante tus próximos cuatro años (siendo muy pero que muy optimistas). ¿Decides hacer algo que te apasiona, algo práctico, algo interesante…? Al final, escojas lo que escojas, va a haber gente que le busque una pega a tu decisión: esa carrera no tiene salidas, hay demasiada gente en esa profesión, es imposible tener el título en cuatro años, no te veo estudiando eso…

Pero esta mentalidad machacona de los que nos rodean, se manifiesta en múltiples ámbitos de la vida diaria. Desde hace poco más de un mes estoy opositando. La verdad es que cuando comenté en casa la decisión que había tomado, solo recibí comentarios de ánimo y apoyo. Lo mismo por parte de mis amigos. Eso me gustó y me ayudó a empezar con ganas y motivación. Pero todos mis compañeros de academia me dicen lo mismo: al final, con el paso del tiempo, omites en tus conversaciones el tema oposición, porque peligra que salgan a colación frases destructivas como: las plazas van a dedo, todo es por enchufe, no salen casi plazas, no merece la pena, no hay nada como la empresa privada… Frases que, en un momento de debilidad pueden hacer que todo tu proyecto se venga abajo.

Y también podemos trasladar este ejemplo al típico jefe que no hace más que hundir la moral del trabajador. Hace poco leí esta frase: “cuida más a tus trabajadores que a tus clientes. Si los primeros están contentos, atraerán a los segundos”. Y no puede tener más razón. Esta es la temática que encontraremos en Juntos es mejor, un pequeño libro inspirador —como reza su portada— escrito por Simon Sinek e ilustrado por Ethan M. Aldridge y que tiene una filosofía muy clara y que se resume en una sola frase: “trabajar duro por algo que no nos importa, se llama estrés. Trabajar duro por algo que amamos, se llama pasión”.

Si ahora estuviera delante de la hoja teniendo que decidir qué carrera escoger… quizá tuviera que replantearme las cosas. Yo me dejé llevar por pensamientos que ahora no están dentro de mi cabeza y puede que en ese momento fuera lo que tenía que hacer, pero si hoy tuviera que decidir… quién sabe.

Lo que sí he aprendido (y espero no olvidarlo nunca, aunque vengan momento de flaqueza) es que tengo que trabajar duro por lo que quiero, visualizar mi meta y no dejar que nada ni nadie se interponga entre ella y yo. No valen escusas. No vale gente tóxica que no es feliz con los logros de los demás. No vale pesimismo. Y mucho menos frases autodestructivas. No vale parar. Ni mirar hacia atrás. No vale tener enemigos, aunque sean tus competidores. No vale olvidar que Juntos es mejor. Y, sobre todo, no vale no confiar en uno mismo. Pase lo que pase.

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Mr. Nobody 3, de Gou Tanabe

Mr. Nobody 3

Mr. Nobody 3La buena literatura siempre nos remite a las cuestiones eternas que ocupan al ser humano, que, por orden alfabético inverso, son: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Naturalmente, la buena literatura no es tan estúpida ni presuntuosa como para proponerse hallar una respuesta satisfactoria a dichas cuestiones. La buena literatura (y disculpad la repetición, hoy se ha despertado el político mitinero que anida en mí) sabe muy bien que su misión fundamental es responder a las grandes cuestiones universales con más preguntas. Matar la certeza, cultivar la duda y, de paso, entretenernos, ¿no es eso lo que esperamos de un libro?

Mr. Nobody 3 y el resto de la trilogía es buena literatura, y por eso nos confunde tan bien y nos deja con tantas dudas. ¿Dónde radica nuestra identidad? ¿Somos acaso lo que recordamos? ¿Es nuestra memoria, además, la base de nuestro origen? ¿Qué da valor humano de pleno derecho a nuestra vida? Y atendiendo a esas cuestiones, ¿qué nos depara un futuro en el que la tecnología se desarrolla a un ritmo exponencial mientras el marco ético y moral que encuadra nuestra sociedad se arrastra con una cadena a los pies?

La lectura de esta obra puede plantearnos, si le dejamos, preguntas como esas. Pero si nuestra ración mensual de solemnidad y metafísica ya está colmada con el recibo de la luz, podemos simplemente dejarnos llevar por el thriller. Mr. Nobody 3 profundiza en el lado más político del género que, ya en el segundo volumen, se imponía sobre el aspecto psicológico. En ese sentido, si bien el término ciencia-ficción le vendrá a la mente a más de un lector, lo cierto es que, desde otro punto de vista, cuesta imaginar nada más verosímil. Así, descubrimos que lo que se perfilaba como un avance científico ocultaba en realidad oscuras motivaciones políticas. Y lo que, a su vez, parece un conflicto de intereses políticos no es sino una gran guerra de intereses comerciales. En otras palabras, si miramos el triste mundo que nos ha tocado vivir, veremos que estamos ante una novela de un realismo casi costumbrista. Eso, claro está, si he entendido bien la obra, porque hay que insistir en que estamos ante una historia bastante compleja que puede llegar a confundir al lector más pintado.

Parte de esa confusión barra complejidad se debe, como ya he señalado al hablar de los volúmenes anteriores, no tanto al argumento (que también es un rato complejo) como al estilo de Tanabe. El ritmo veloz que imprime a los acontecimientos, la irrupción de los ruidos con caracteres japoneses en medio de las viñetas, los constantes cambios de punto de vista, la focalización de detalles aparentemente nimios, los cambios de escenario, los flashbacks constantes, la enorme cantidad de personajes, el parecido físico entre algunos de ellos, y la velocidad con la que resuelve algunas escenas llevan al lector a pasar las páginas de manera acelerada, cuando lo que la historia requiere es una lectura detenida y atenta. ¿Sabéis cuando veis una película muy complicada y luego tenéis que volver a verla, botón de pause mediante, para empezar a entenderla? Pues eso.

En definitiva, si queréis disfrutar de una buena historia y una novela muy cinematográfica, zampaos -si es posible, de una sentada- los tres volúmenes de Mr. Nobody. Y luego la comentamos juntos.

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Pequeño Vampir, de Joann Sfar

Pequeño Vampir

Pequeño VampirJoann Sfar es uno de los autores que más me fascinan. Uno de los pioneros de la “nueva ola francesa”, no sólo cautiva por su prolija obra, sino por la imaginación que derrochan sus trabajos y su estilo. Servidor lo conoció a través de La mazmorra y a partir de ahí, a su inmensa obra, que incluye tebeos como El gato del rabino, Profesor Bell o dos series que corren en paralelo, Vampir y Pequeño Vampir. La que nos ocupa aquí es la versión infantil de la anterior, y estamos de suerte porque tras una edición algo caótica en nuestro país, el editor Fulgencio Pimentel se ha decidido ha recoger ambas en formato integral.

Vampir y Pequeño Vampir son series gemelas, a pesar de que la primera ha sido más lóngeva que la segunda. Si en Vampir seguimos las (más bien) desventuras de su protagonista, sobre todo en lo que respecta a sus fracasos amorosos, y de ahí pasamos a reflexiones que van hacia lo existencial, Pequeño Vampir, serie en la que Sfar estuvo activo entre 1999 y 2005, es otra cosa: habla sobre la amistad y las aventuras del pequeño chupasangres (el mismo personaje, pero mucho después: se nos dice que los vampiros, con el tiempo, se hacen pequeños) intentando encajar. El estilo del autor, muchas veces tan irregular y cambiante, se encuentra aquí en su salsa: monstruitos, mansiones abandonadas, escenas nocturnas… Un despliegue de la imaginería que ha caracterizado siempre la obra de Sfar. Una galería de secundarios de lujo y una trama que no trata de estúpido al lector infantil completan la obra. Con todo, la saga Pequeño Vampir la puede disfrutar igual tanto el lector adulto, como el más pequeño. Aunque quizá será este último el que disfrute más de su conjunción de aparecidos, bichos raros, travesuras y diversas situaciones escatológicas que pueblan sus historias.

Repasando el contenido de este tomo, nos encontramos con los siete tomos que componen la saga. Pequeño Vampir va a la escuela es la primera entrega de estos álbums. En él, Vampir se aburre en la mansión de los monstruos donde vive, así que consigue que le dejen ir al colegio, lo que le llevará a conocer a un nuevo amigo, a Miguel, el niño que ocupa su pupitre de día. En Pequeño Vampir hace kung fu, el abusón de turno que molesta a su amigo humano llevará a Vampir a aprender artes marciales, con hilarantes consecuencias, mientras que en Pequeño Vampir y la sociedad protectora de animales, Miguel y Vampir deberán enfrentarse a un odioso grupo de hombres que captura a perros callejeros. Pequeño Vampir y la casa que parecía normal es el álbum más raro de la serie, y podemos entender por qué permanecía inédito en español (tanto Alfaguara como Océano se lo saltaron en su edición). En él, Vampir entra en una casa donde conoce a un extraño ser que le guía por sus recovecos, y acaba en una dimensión paralela donde hay un conflicto armado… Se trata de la entrega más lóbrega y que quizá admita una mayor interpretación adulta tras toda la pátina de fantasía surreal que la recubre. En Pequeño vampir y la sopa de caca, las travesuras de Miguel y el monstruo Margarita en la bañera ocasionan que los muertos se levanten de las tumbas y lo pongan patas arriba. En Pequeño Vampir y el sueño de Tokio, nuestro vampirito viaja en sueños por las tierras del Sol Naciente, lo que le permite también a Sfar cambiar el formato de la página, homenajear a autores queridos como Miyazaki y señalar las particularidades de una cultura milenaria y a veces contradictoria como es la japonesa. Se trata de un álbum que bebe del surrealismo que habitualmente nuestro autor, y que se ve reforzado por el carácter onírico de esta aventura.

Joann Sfar es un autor que podríamos calificar de hiperactivo, con grandes ideas a las que se entrega… hasta que finalmente se aburre de ellas (¿qué fue de La mazmorra, o Los viejos tiempos, o El minúsculo mosquetero?). Con Pequeño vampir tenemos suerte: es una serie completa y cerrrada, y un muy buen ejemplo del trabajo de este autor, tanto a nivel estilístico, donde logra sus mejores páginas, como a nivel argumental. Un cómic del que pueden disfrutar todo tipo de lectores.

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