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Corona cruel, de Victoria Aveyard

Corona cruel

Corona cruelSer una apasionada de las sagas es un arma de doble filo. Normalmente cuando tengo que elegir un libro para pasar unas horas junto a él, mis ojos se van directamente a las sagas. Y es que, a veces, una historia que se cuenta en un único tomo, se me hace corta y necesito más. Si me engancha la trama, no me importa leerme los libros que sean necesarios con tal de no salir de ese mundo. Por lo que, la saga de La reina roja, como no podía ser de otra forma, cayó en mis manos con esa intención. Con la promesa de ser una trilogía apasionante que hiciera que me mordiera las uñas esperando la siguiente entrega. El año pasado pude leer las dos primeras partes, La reina roja y La espada de cristal y, como los leí casi seguidos, me ha tocado esperar varios meses para poder leer el desenlace. Así que, mi sorpresa al ver que Victoria Aveyard había sacado un nuevo libro, fue inmensa. Al principio pensé que sería la tercera parte, pero al ver el formato (se compone de unas doscientas páginas), no entendía nada, ya que un final en condiciones no se puede hacer en ese número tan reducido de páginas. Pero, al leer la sinopsis, me di cuenta de lo equivocada que estaba.

Corona cruel es una precuela de la saga, en la que encontramos dos historias, de dos personajes muy importantes, pero que en la trilogía no tienen el protagonismo que se merecen. La primera historia habla de Coriane, esposa del rey Tiberias y madre de nuestro conocido Cal. Aunque en los libros se habla de ella, no hace acto de presencia en ningún momento, por lo que tener un relato que hable únicamente de su historia, es una maravilla, ya que ayuda a entender mejor la vida de Cal. Por otra parte, tenemos la trama de Farley, que pertenece a la Guardia Escarlata y que, con su valentía, fuerza y determinación, hará que la rebelión anide en Norta.

Los que no hayáis leído los otros libros (o, al menos, el primero), pensaréis que estoy hablando en chino. Y la verdad es que si no lo habéis hecho, no vais a entender en absoluto este libro. La precuela debe leerse cuando ya se conocen la historia y argumento de la principal, ya que no entra en detalles y no entenderemos nada si no partimos teniendo un guión. Y, ahora, me diréis ¿es un libro necesario para entender la saga? Bueno… en mi opinión, no. Corona cruel es un aditivo, un plus, que se añade a la historia para hacerla más redonda. Pero a mí me ha gustado mucho tener la oportunidad de conocer estos dos personajes que no tienen el protagonismo que se merecen en la saga.

Una de las cosas que más me ha gustado de este libro es que las protagonistas son muy diferentes. Pertenecen a bandos opuestos, una es roja y otra es plateada. Pero al final, vemos que ambas buscan lo mismo: luchar por su vida y por los suyos. Dos puntos de vista totalmente opuestos que tienen más en común de lo que me esperaba.

Pero ya veis, como decía al principio, ser amante de las sagas es un arma de doble filo. Ya que si, todos los libros no están a la venta en el momento en que te adentras en la historia, te tocará esperar impacientemente (como es mi caso) a que salga la siguiente entrega. Corona cruel ha servido para que me sacie un poquito, pero, vamos a ser realistas, yo lo que quiero ¡es el final de los finales!

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Carbono modificado, de Richard Morgan

Carbono-modificadoPublicada en nuestro país hace más de diez años con el título de Carbono alterado la editorial Gigamesh recupera esta novela de ciencia ficción cyberpunk noir con una nueva traducción, mucho más adecuada y gratificante que la que teníamos disponible. Así que desde aquí, vaya por delante mi felicitación a Juanma Barranquero, traductor de la presente edición. Este es un gran punto de partida para una novela que ya ganó en su día el premio Philip K. Dick. ¿Acaso hay mejor carta de presentación?

Carbono modificado es una especie de cruce entre cyberpunk y novela negra explícita. Estamos ante un futuro relativamente cercano, la humanidad ha conseguido realizar el viaje a otros planetas y, lo que es más importante, unos avances en genética e informática que permiten que nuestra conciencia sea almacenada en una especie de hard-disc y descargada en cualquier cuerpo o “funda”.

Una idea, por cierto, inaugurada en los 70 y que aquí en España ha desarrollado a la perfección Cotrina. En cualquier caso, Morgan, aunque sea esta la novela con la que debutó, consigue crear todo un universo realista y complejo alrededor de una premisa fundamental: los criminales son “almacenados” mientras dura su condena, sus cuerpos pueden ser alquilados o comprados, y los más ricos se convierten en casi inmortales al poder comprar fundas de manera indefinida.

Es por tanto Carbono Modificado una distopía en la que Takeshi Kovacs, un convicto que antes había trabajado para una agencia de élite del gobierno, es sacado de su almacenaje y enfundado en otro cuerpo por un ciudadano extremadamente rico que le necesita como detective privado. El crimen a investigar es el del asesinato del propio ciudadano, que al realizar copias de seguridad de sí mismo cada 24 horas, se convierte en alguien ciertamente difícil de eliminar.
A partir de ese momento nos introducimos en una narración de vértigo en la que Kovacs debe descubrir quién es el asesino y que nos enseña una realidad futura tan corrupta, tan violenta y tan indeseable que se parece bastante a nuestro presente.

Morgan, perfilando ya el que será su estilo para novelas posteriores, hace gala aquí de un ritmo frenético, lleno de crudeza, de sangre y torturas —recordemos que en este mundo para matar al alguien hay que destruir su pila cortical—, de sudorosos escarceos amorosos, de inmersión en lo peor de la sociedad —da igual entre los ricos que entre los desesperados—…, pero sabe incluir los suficientes momentos de calma como para permitir al lector recuperar el aliento y sumergirse de nuevo en la acción. Equilibra la crudeza, la violencia, el sexo, las explosiones y enfrentamientos con el suspense y las revelaciones necesarias para hacer adictiva la trama.

No adolece Morgan de vacuidad en su planteamiento. Referencias filosóficas sobre lo que representa vivir una vida tan longeva y unas claras alusiones a puntos polémicos con el Cristianismo activan la parte densa de la lectura. Con una prosa llena de sequedad cuando se refiere a ello, el cristianismo aparece en la novela como una secta que se niega a resucitar en una nueva funda si tu cuerpo muere. Este tratamiento tan heterodoxo de un concepto religioso como lo es la resurrección de la carne es parte protagonista del planteamiento de la novela pudiendo ofender al lector más conservador. No obstante, intuyo que el autor no sólo no huye del conflicto sino que de alguna manera, lo busca. ¿Cuáles serían las consecuencias teológicas de poder retener el alma dentro de un contenedor?

Pero no nos equivoquemos. Esto no es un libro de filosofía. Es un libro adulto en todos los sentidos: Hay escenas de torturas suficientemente sangrientas como para no dejar impasible al lector medio y el tema sexo que si bien no es, ni mucho menos, predominante es bastante explícito en su narración. Esto hace que “Carbono Modificado” no sea un libro para adolescentes, ni siquiera para lectores sensibles. Como buen cóctel para adultos, el tema de las drogas no se queda fuera aunque desde un punto de vista más recreativo.

El libro está escrito a un ritmo quasi-cinematográfico que lo convierte en un thriller absorbente. Morgan dispersa con de manera constante pistas y elementos dramáticos, consiguiendo reunirlos todos para brindarnos un final espectacular con el que alimentar las ganas de hacernos con la segunda entrega de la trilogía, la cual confiamos que Gigamesh nos ofrezca pronto.

Richard Morgan ha vivido en España y habla nuestro idioma. En 2016 participó en el festival Celsius 232 de Avilés y en la divertida charla que ofreció allí, habló sobre la creación de Kovacs: “cuando era profesor de inglés me di cuenta de que en la vida real no puedes pegar un tiro a los gilipollas“, fue básicamente su explicación. No sé a vosotros, pero a mí con eso me vale, porque seamos sinceros: ¿quién no ha tenido ganas de pegarle un tiro a un gilipollas? De momento vamos a tener que conformarnos con ver la próxima adaptación de su justiciero ciberpunk a la pequeña pantalla, de la mano de Netflix. Que no os pille por sorpresa y leed a Morgan cuanto antes.

 

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Tocqueville: hacia un nuevo mundo, de Kévin Bazot

Tocqueville hacia un nuevo mundo

Tocqueville hacia un nuevo mundo«Los verdaderos dueños de este continente son quienes saben sacar provecho de sus riquezas».

Quedaos con esa idea, esa idea que ha llevado al mundo a ser lo que es. Los seres humanos se han sentido legitimados por el mismísimo dios para asolar el planeta con la violencia de su huella: talando árboles milenarios para alzar sus torres de acero, contaminando el agua que da la vida con sustancias que provocan la muerte, llenando el aire que respiramos de humos que nos enferman. La inteligente civilización del hombre blanco se ha abierto paso a costa de todo y de todos: eliminando sin miramientos especies enteras de animales, pero también a esos humanos considerados de segunda. Salvajes sin facultades suficientes para entender el progreso, condenados a la destrucción porque no están hechos para este mundo.

Tocqueville: hacia un nuevo mundo, de Kévin Bazot, es una novela gráfica que adapta libremente Quince días en el desierto americano, de Alexis de Tocqueville, para narrar las aventuras que el filósofo político vivió junto a su compañero Gustave de Beaumont durante el verano de 1831, al recorrer el norte de América poco antes de que su naturaleza virgen sucumbiera a la febril urbanización del continente. Los dos jóvenes ansiaban pisar un lugar donde no hubiera llegado la civilización y no les resultó fácil encontrarlo, pues los emprendedores y ambiciosos estadounidenses ya se habían apropiado de la mayoría del territorio.

En esa personal búsqueda del paraíso perdido, Alexis de Tocqueville y Gustave de Beaumont, ambos franceses, presencian con qué menosprecio se trata a los indios americanos, que ya nada tienen que ver con esos hombres fuertes y solemnes que se describían en los libros, y descubren esa impronta de los ciudadanos de Estados Unidos, un país recién nacido por entonces, que les ha llevado a ser los dueños del mundo en nuestros días: un afán por conseguir riquezas que les ciega ante la belleza y placeres que ofrece la naturaleza en estado puro.

La gran edición de Ponent Mon —no lo digo solo por sus dimensiones (216 x 286 mm), sino por la calidad del dibujo y del color— nos hace viajar al siglo XIX y adentrarnos en los majestuosos bosques e infinitos lagos del llamado nuevo mundo, para compartir el asombro y la decepción que Tocqueville y Beamount sienten con todo lo que se van cruzando en el camino. Quizá ellos fueron los últimos viajeros que disfrutaron del «maravilloso espectáculo de la naturaleza abandonada a sí misma» en Norteamérica y a nosotros, los lectores, casi doscientos años después, apenas nos quedan rincones en este maltratado planeta donde vivir una experiencia similar.

Tal vez, si el mundo lo hubieran dirigido personas con la sensibilidad de estos jóvenes aventureros, los indígenas habrían logrado que su voz fuera escuchada y hoy en día seguiríamos teniendo la posibilidad de huir, aunque fuera de vez en cuando, de la civilización para reencontrarnos con su sabiduría ancestral y la naturaleza primigenia. Pero se han adueñado del planeta unos salvajes que ven en la destrucción el discurrir natural de las cosas. A la vista está que es el mundo el que no estaba preparado para semejantes humanos.

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Wonder Woman: Carne, de Brian Azzarello

carne

carneBueno, bueno. Y yo que pensaba que después de Wonder Woman: Guerra, poco más había que contar porque ya se habían cerrado todos o casi todos los arcos. Iluso de mí… ¡Nada más lejos! En Wonder Woman: Carne, vamos a tener la continuación lógica, logiquísima, del tomo anterior. Y aquí viene la alerta espoilers (¡danger, danger!), no de este tomo sino del anterior, por lo que si no lo habéis leído (majaderos insensatos) os adentráis en estas líneas bajo vuestra responsabilidad.

Al matar a Ares, el entrañable abuelito y dios de la guerra, Diana pasa a ser la diosa de la guerra automáticamente y, en consecuencia, también se convierte en diosa olímpica, con su sillita junto al resto de los dioses en el consejo de administración del Olimpo. La profecía se ha cumplido y Apolo respira tranquilo, de momento… porque en realidad nunca está tranquilo. Siempre tiene que consultar, a su manera particular, los oráculos pues el miedo a perder el trono vive constantemente en su interior y esta vez lo que le han vaticinado es una inminente guerra, y quiere a Wonder Woman a su lado para librarla.

Además, vamos a conocer la extraordinaria historia del Primogénito de Zeús y el porqué de sus actos y motivaciones. Un personaje que va a tener gran trascendencia durante todo el tomo.

También desfilarán Cassandra, Dio, Zola, Orion (cuyo papel no acabo de pillar y no me hace mucha gracia), la genial Discordia, Artemisa, Hermes,… y algunos más, pero no puedo dejar de mencionar a la todavía humana, mortal y vulnerable Hera, la exreina de los dioses del Olimpo venida a menos, con conciencia, por primera vez en su vida, de lo que es vivir el presente.

Wonder Woman: Carne sigue igual de trepidante que sus números precedentes. Aventuras bien urdidas, con una trama que atrae y que es intensificada por un buen dibujo y color, con la actualización de los personajes icónicos de la mitología griega, con introducción de invenciones también sobre estos, con enemigos que se vuelven aliados y aliados que cambian de bando, traiciones familiares… ¡La típica tragedia greco-shakespeariana! Vaya, que sigue la tónica de la colección.

Y sí, está claro que guerra va a haber para rato y que seguramente veremos en el próximo número como WW intentará reclutar combatientes para su causa, que es algo que a veces mola incluso más que la propia batalla.

Azzarello y Chiang vuelven a darlo todo y no me extraña que por cada número publicado se llenen de alabanzas las bocas de crítica especializada y lectores. El nivel alcanzado ya en este Carne es digno de tener en cuenta. Conocemos a los personajes, les hemos cogido cariño o tirría (y proceda lo que proceda, nos gusta sentir ese cariño o esa tirría hacia ellos) y aunque la princesa de Themyscira es la que da nombre a estos cómics, lo cierto es que se podría decir que es un personaje más. Tiene poderes, pero está rodeada de otros que también los tienen. El protagonismo se reparte bien entre todos y Diana no es egoísta a la hora de acaparar nuestra atención. Sabe interactuar bien con el resto de actores principales y de reparto, no es una chupacámara.

No sé qué más puedo decir que no haya dicho ya. Simplemente subrayar que me encanta esta colección y que me maravilla que durante los cinco números que ya llevamos, la calidad no haya bajado en ninguno de ellos y siga sorprendiendo con diseño de personajes, argumentos y giros. Eso es muy meritorio y muy difícil. Llegará el día en el que Azzarello se canse del personaje y quiera cambiar de aires, o guionizar alguna historia suya… Que ese día tarde mucho en llegar y hasta entonces que siga dándonos buenos momentos e historias de la amazona.

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Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia, de Brandon Sanderson

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia¿Os habéis preguntado qué pasaría si en medio de alguno de los océanos existiera un continente del que nunca nos han hablado? Pues en Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia nos mostrarán esa verdad oculta.

Hasta hoy tenemos la idea bien sabida de cómo es el planeta Tierra. Me refiero a cómo lo vemos cuando cogemos el globo terráqueo o un mapamundi y lo observamos de uno a otro extremo. Esto queda ya muy anticuado, casi arcaico y prácticamente en desuso. Malditos, no sabéis lo que os perdéis al girar la pelotita gorda y dejar caer el dedo a ver dónde os tocará viajar. Así elegí el destino donde me casaría en un futuro, pero para guardar la sorpresa —no vaya a ser que mi futura esposa se encuentre entre mis lectoras—, no diré el país que me tocó. En la actualidad hay otros modos de mirar la superficie terrestre a través de esa aplicación tan molona, cara y avanzada que es el Google Earth, pero que todos utilizamos para buscar nuestra calle por si acaso nos han fotografiado en ella.

Sin ampliar tanto la imagen y mostrando una perspectiva general del planeta vemos que el planeta se compone de: el Polo Norte, la fábrica de hielo que está a punto de echar el cierre como no tengamos más ojo con nuestro estilo de vida; en el punto opuesto, por debajo, el Polo Sur, con todos sus pingüinos y sus focas también; entre medias de los polos, los continentes de América del Norte y América del Sur, Groenlandia, que mira que es grande, el Océano Atlántico, todo azulito, con mogollón de atunes y el Titanic sumergido (obviamente, esto no se ve ni con el Google Earth, pero en el cine hemos visto que se hundió por ahí), luego llegamos a África, justo encima nuestro viejo continente europeo y pegado a nosotros se extiende la vastedad del continente asiático, con todos sus chinos y esas cosas tan exóticas; el Océano Índico, la isla gorda de Australia, Nueva Zelanda, el Océano Pacífico, con mogollón de tiburones de carácter poco pacifista y otra vez llegamos al continente americano. Ya está. Por más vueltas que le demos, no hay más que eso. Unos pocos continentes, los grandes océanos y los polos.

Toda esta información es veraz. Lo vemos en los telediarios cuando dan el tiempo, lo vemos en los mapas de los libros de Geografía y nos lo muestra la NASA gracias a los satélites a través de Google. Pero, ¿y si de verdad existe algo entremedias y encima está habitado? ¿Y si todo fuera parte de un plan maestro de una organización que se ha ocupado durante siglos de ocultarnos algo tan relevante? Seguramente diréis que es una estupidez, que ya habéis viajado con la parienta o el pariente en viaje de novios desde España a Cancún en avión y en el trayecto solo habéis visto nubes, y si llega el caso, mar. Agua y más agua. Solo eso. Ya pero, ¿habéis pilotado vosotros ese avión? ¿Habéis decidido vosotros el rumbo que se debía tomar? ¿Y si el piloto de avión y por extensión, todas las aerolíneas, estuvieran metidas en el ajo? Lo mismo ocurre si vais en barco. No me vale con decir que habéis hecho un crucero por las Bahamas y no habéis visto más tierra que la conocida. Puede que algún día, si cogéis un barquito y os liáis de forma libre a navegar por el mar os pase como a (¡¡¡spoiler!!!) Jim Carrey en El show de Truman.

Esa organización es la de los Bibliotecarios Malvados y en la tercera entrega de la serie, Alcatraz 3. Los caballeros de Cristalia, van a viajar a ese continente nuevo. En esta ocasión, el joven y aventurero Alcatraz Smedry regresará al país al que pertenece y del que nunca supo nada porque los bibliotecarios quieren hacerse con el control político de esas tierras. Son las únicas en el mundo que quedan libres de su mandato, es decir, los Reinos Libres. El resto, lo que vemos en el mapamundi, somos las Tierras Silenciadas. Si los bibliotecarios consiguen hacerse con el dominio, todo el planeta estará a merced de esta malvada organización que pretende crear una dictadura manipulando la información a su antojo. Durante la novela, como es habitual, hay derroche de aventuritas, conspiraciones que afectarán a su mejor amiga, Bastille, descendiente de los Caballeros de Cristalia, y notas de humor para el público primerizo en novelas de fantasía juvenil.

Es un elemento que ya se adelantó de pasada en la primera entrega de la serie Alcatraz. La posibilidad de que existieran cosas que desconocemos porque una organización de bibliotecarios, manipuladores de la información, deciden ocultarlas era un ingrediente muy interesante que bien se puede extrapolar a ciertas noticias que escuchamos en los medios de comunicación o en discursos políticos donde nos hacen el truco del mago: te enseño una mano mientras con la otra te hago el lío. Era el principal reclamo para seguir enganchado a esta serie pese estar dirigida a un público muy joven y superar la treintena de edad. También, por supuesto, el poder de Brandon Sanderson de conseguir escenarios tan fantásticos con las bibliotecas como telón de fondo y situaciones irreverentes que nunca dejan de gustarme en sus lecturas. Una novela más que me invita a leer la siguiente y cuarta entrega que ya está preparada y en la que, parece, se desvelarán los verdaderos motivos que impulsan a la madre de Alcatraz a tener tanta mala idea. Os reemplazo hasta la próxima aventura.

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Rumbo a la noche, de Alberto Vázquez-Figueroa

Rumbo a la noche

Rumbo a la nocheNo sé a ciencia cierta qué día se publicará esta reseña, pero me jugaría bastante a que a lo largo de esta semana saltará algún caso nuevo de corrupción en nuestro país. También incluyo en el boleto que buena parte de la sociedad, capitaneada por los batallones de Twitter y Facebook, mostrará un rechazo total contra este hecho, con claros mensajes de hartazgo hacia el sistema. Y cierro ya la apuesta con la profecía de que la semana siguiente el caso en cuestión se habrá olvidado o lo habrá tapado uno más llamativo y doloroso para las arcas públicas y que los imputados/investigados/nombre-que-le-pongan-en-el-futuro-para-que-no-suene-a-lo-que-es recibirán una condena proporcional al número de amigos que tengan en el Ejecutivo o de la posición que ocupen en la línea sucesoria a la Corona. Lamentablemente no creo que acabe echando esta apuesta, ya que la cuota que me ofrecerán por ella será realmente ridícula.

Cuento esto porque los delitos de cuello blanco, esos que tan baratos salen para el perjuicio que causan, son el punto de partida de Rumbo a la noche, la última novela de Alberto Vázquez-Figueroa. El autor canario, acostumbrado a poner sobre la mesa temas de profunda actualidad, nos lleva en esta ocasión a las cloacas de la delincuencia de puro y esmoquin, donde los grandes corruptores y corruptos chapotean alegremente, sabedores de que los que se juegan el cuello son los que portan navaja y van a cara descubierta.

Caribel, prostituta por decisión, trabaja en El Convento, uno de los clubs de alterne más selectos del país, en el que alquila su cuerpo a personas enormemente influyentes y poderosas. Una noche escucha fuertes ruidos en la habitación de al lado y al salir comprueba que han asesinado brutalmente a una de sus compañeras, un asunto que los dueños del local se encargan de silenciar. Sin embargo, la joven decide valerse de sus contactos y de su  notable inteligencia para averiguar quién es el causante de estos hechos, lo que le lleva a implicarse más de lo habitual con Arturo Fizcarral, uno de sus clientes habituales. Este hombre, el otro gran protagonista de la novela, se nos presenta como un ser sin apenas escrúpulos, consciente de lo que ha tenido que hacer para amasar su inmensa fortuna y de lo que tendrá que hacer en el futuro para mantenerla y aumentarla. De su gran círculo de influencia solo parece mostrar cierto cariño por Caribel, ya que considera que es la única persona que se atreve a ser realmente sincera con él; a la prostituta le pasa algo parecido con el millonario, ya que su profundo desprecio por las prácticas que éste lleva a cabo le genera a su vez una fuerte atracción.

Figueroa juega mucho con las personalidades de estos personajes, presentando las fuertes diferencias entre las formas de actuar de cada uno. Así, mientras que a Caribel se la presenta como a una mujer de buen corazón, inteligente y con espíritu práctico, que es lo que le lleva a emplear su cuerpo para asegurarse un futuro próspero, Fizcarral se muestra como un ser mucho más oscuro, amoral y falto de empatía. Ambos son conscientes de lo que hacen para conseguir su sustento y ninguno sufre ningún tipo de problema moral por ello, si bien la prostituta muestra mayores dosis de bondad y de humanidad que el reputado empresario.

Esta es una novela que gana más por sus personajes y sus diálogos que por su trama, la cual en algunos momentos se mantiene en un discreto segundo plano. De hecho, el cierre de la misma no ha acabado de convencerme; me ha dado la impresión de que la historia se deshincha en los últimos capítulos. No lo calificaría como un mal final ni mucho menos, pero creo que se podría haber explotado mejor una relación tan intensa como la que tan bien ha construido el autor entre los dos protagonistas. No obstante, creo que es justo decir que Rumbo a la noche es un retrato interesante y de rabiosa actualidad sobre aquellos que se enriquecen a manos llenas desde la cómoda penumbra.

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Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, de Hajime Isayama

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of Levi

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of LeviNo suelo ver animes, pero a veces me hablan de alguno que pica mi curiosidad. Por ejemplo, Death Note: ¿qué pasaría si con solo escribir el nombre de una persona en un libro, mientras visualizas su cara en tu mente, esta cayera muerta al instante? ¿Lo harías? ¿Contra quién? ¿Se podría utilizar para que el mundo fuera mejor? No me digáis que no es una premisa sugerente. Yo disfruté mucho con esta serie, compuesta solo de dos temporadas, si no recuerdo mal, pero quizá no me habría animado a verla si antes no hubiera conocido Ataque a los titanes.

Ataque a los titanes, de Hajime Isayama, nos muestra un mundo donde los últimos habitantes de la tierra viven en un perímetro dividido en tres ciudades concéntricamente amuralladas para protegerse de los titanes, gigantes que un siglo atrás casi aniquilaron la especie humana. Por supuesto, la distribución no está hecha al azar: en el centro se refugian el poder político y el económico, y la gente de a pie, como tú y como yo, se aglutinan en la ciudad más expuesta, con solo un muro que les separe de los peligros del exterior. Aun así, han vivido en paz cien años, hasta que un nuevo titán, más grande e inteligente, rompe el muro y se adentra en la ciudad, sembrando el caos y comiéndose a todo aquel que se le cruza por delante. Más o menos eso es lo que pasa en el primer capítulo de la primera y, por ahora, única temporada de este anime, que vi hace ya dos años.

Se rumorea que la segunda temporada está al caer, pero como se están haciendo tanto de rogar, la versión manga está sacando bastante material sobre lo que sucedió antes de ese fatídico acontecimiento y sobre personajes que se presentaban como secundarios, pero que ganarán protagonismo a medida que la historia avance. Ese es el caso de Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, el manga que acabo de leer. En él se cuenta cómo Levi, un buscavidas de la ciudad subterránea, acaba en el cuerpo de exploración, es decir, el ejército encargado de hacer expediciones periódicas al exterior para luchar contra los titanes. Para mí, la ciudad subterránea es un nuevo descubrimiento (si se mencionaba en el anime, no lo recuerdo, ¡ha pasado tanto tiempo!), que me confirma la mala espina que me da ese mundo. Se trata de una ciudad bajo tierra en la que intentan sobrevivir los pobres y delincuentes, hombres y mujeres abandonados por la monarquía años atrás. A medida que conozco más detalles de la estructura y la forma de vida de este último reducto de la raza humana y de los titanes, más claro tengo que, pese a lo que les hayan hecho creer a lo largo de décadas, el mayor peligro acecha dentro de esos muros en vez de fuera de ellos.

Ojalá la segunda temporada de Ataque a los titanes se emita este año, tal y como están anunciando, porque esta historia dará para muchos capítulos y estoy segura de que me sorprenderán gratamente. Mientras tanto, tendré que enterarme de otros animes interesantes o leerme el material extra que Norma Editorial nos ofrece para hacer más amena la larga espera.

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Leñador, de Mike Wilson

Leñador

LeñadorLa llamada de lo salvaje vuelve a susurrarme con esta obra, Leñador, al igual que lo hicieran las novelas de Jack London o de Jon Krakauer con Hacia rutas salvajes. El territorio de Yukón, en Canadá, vuelve a ser el mágico escenario para evadirme de las distracciones y vulgaridades de la civilización. Una habitación rural en un hotel de Cercedilla en Madrid no es Canadá, pero yo, que soy lector de método y me meto en el papel de los personajes, me fui allí a leer este libro. Y fue el libro el que me hizo viajar mucho más lejos. La literatura, siempre la literatura, vuelve a convertirse en el mejor medio de transporte para viajar a lugares lejanos, naturalezas con tanta belleza como hostilidad y que, en mente y espíritu, me permite vivir una de las mejores experiencias. Experiencias sonoras: los vientos del norte, el ulular de las aves nocturnas, los aullidos de los lobos; experiencias olfativas: el olor de la miel recién extraída de los panales, el de las hojas de los pinos, el de la carne en las brasas; también visuales: los paisajes salvajes e inhóspitos de las tierras del norte, los atardeceres tras las montañas. Esas tierras a las que huyó el autor de esta obra, Mike Wilson. Sus motivos tenía para emprender este duro viaje y vivir la mayor aventura de su vida. En palabras de Thoreau, uno de los padres de la literatura estadounidense: «Cada cierto tiempo, el escritor debe recorrer la senda del leñador para beber en una nueva y más tonificante fuente de las musas».

Esa senda fue la que decidió seguir Mike Wilson cuando, en un acto de crisis existencialista, decidió abandonar cuanto tenía y conocía para emprender esta aventura y asentarse en una comunidad de leñadores al noroeste de Canadá. Quizá buscaba un motivo para encontrar sentido a la vida. Quizá tan solo necesitaba volver a sentirse vivo. Vivir es alejarse de las preguntas que se hacen los hombres; vivir es el fortuito encuentro con un oso o un alce en pleno bosque; vivir es seguir el curso del río para pescar allí donde confluye el cambio de corrientes; vivir es aullar por la noche junto a los lobos y por la mañana trabajar duro cortando leña.

Cuando supe de este libro no me lo pensé dos veces. Tras la experiencia de la novela ya citada de Jon Krakauer, esta aventura prometía aportar otra visión de alguien que, lejos de aislarse y buscar la soledad como el protagonista de esa obra, quería adentrarse en una comunidad. Vivir con una comunidad ruda como es la de los leñadores rurales de Yukón. Aprender con ellos, su trabajo, su día a día, su modo de cazar, observar lo cotidiano dentro de ese pequeño grupo en un lugar tan magnífico. Lo que no esperaba es que este libro se convirtiera en un atlas sobre la vida en el bosque. Ahora lo explico mejor.

Yo partía de la base de que se trataba de la experiencia personal de su autor y las aventuras que allí vivió convertidas en novela. Bueno, desencaminado no iba, pero este libro tiene eso y mucho más. Es novela, es una guía de viajes, es un diccionario, es un tratado de naturaleza, es… en fin, son muchas cosas que nunca había leído. Durante todas las páginas encuentras definiciones sobre todo aquello que empleaba en su día a día con los leñadores: desde herramientas de pesca, leña o caza con todas sus piezas y utilidades bien detalladas, a los orígenes de los inuit, antiguos pobladores de Yukón. Emplea en toda su obra los distintos tipos de textos: expositivos, descriptivos, instructivos y narrativos. Estos últimos son más escuetos y preceden o continúan a las explicaciones vertidas sobre un elemento de la naturaleza concreto. Por ejemplo, para narrar la experiencia que vivió de cómo los leñadores navajos le enseñaron a identificar las huellas sobre el terreno y las plantas, dedica unos párrafos a contar los hechos para después hilvanarlos con una explicación etimológica sobre el sistema de rastreo y el tipo de árboles o fauna que se encuentra en esa zona concreta.

Leñador, que no llamaré novela porque no lo es como tal —las etiquetas que puedo ponerle son infinitas—, tiene, también, varias formas de ser leído y comprendido. Se pueden leer solo los párrafos narrativos que desarrollan la acción y seguir, más o menos, el recorrido que experimentó el autor. Ya te digo que vas a seguirlo más bien menos. Puedes solo tomarlo como un atlas de vida salvaje, es la mar de práctico con todas sus descripciones y consejos informativos. O puedes leerlo en su totalidad y vivir, por unas cuantas tardes y tal como hice yo, lo que Mike Wilson vivió durante años en aquella comunidad. Todo comenzó así:

«Hui hasta llegar a los bosques de Yukón. Me recibieron en un campamento de leñadores […]. Eran hombres rudos. Me otorgaron un hacha, filo de acero. Aprendí cosas».

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Bajo el sol de medianoche, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Bajo el sol de medianoche

Bajo el sol de medianoche“Cuando era niño me di cuenta de que me faltaba en la mano la línea de la fortuna. Entonces cogí la navaja de afeitar de mi padre y, ¡zas!… Me hice una a mi gusto”.

La primera vez que leí esta frase tenía trece o catorce años. Me acompaña desde entonces. Para los que no la conozcáis, se la dice Corto Maltés a Pandora Groovesnore en La balada del mar salado, el primer álbum en el que aparece el marinero creado por Hugo Pratt.

Recuerdo que la gente mayor te preguntaba qué te gustaba más, si Tintín o Asterix, y yo respondía que a mí me gustaba Corto Maltés. Supongo que era una niña rara. Con él, con Jack London, Conrad, Stevenson y muchos más descubrí los peligros y placeres de la vida de aventura y conocí un mundo, el de finales del siglo XIX e inicios del XX, que cada día quedaba más lejos.

Pero volvamos a Corto. Hugo Pratt, su creador, escribió las historias de Corto Maltés durante más de veinte años, de los sesenta a los ochenta y, poco antes de morir, dijo: “no me desagrada la idea de que alguien pueda algún día retomar Corto Maltés”. La última historia de Pratt, en la que el marinero llega al reino de Mu, en el océano Pacífico, fue publicada en 1988 y sus herederos tardaron más de veinte años en poner atención al comentario del historietista italiano y animarse a traer de vuelta a Corto.

Yo no sabía que esto se podía hacer, quiero decir técnicamente. No sabía que alguien pudiera resucitar a los muertos. Pero es lo que han hecho Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero en este nuevo volumen de Corto Maltés.

Ni Díaz Canales, al guion, ni Pellejero, a los pinceles, necesitan presentación. Estos dos maestros han hecho lo imposible: han recuperado al mítico marinero en Bajo el sol de medianoche y, sobre todo, lo han hecho de manera excepcional. Porque Bajo el sol de medianoche es Pratt pero no es Pratt. Y ahí está la gracia. Los autores han logrado continuar con la colección, ser absolutamente fieles al personaje y al mismo tiempo poner su sello en el trabajo.

¿Cómo lo hacen? Para empezar Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero han escogido el momento histórico perfecto. En vez de continuar con la vida de Corto, algo que podía haber levantado muchas ampollas, usan un recurso que ya utilizó Pratt varias veces y rellenan un hueco cronológico que el creador dejó sin explorar. Como ellos mismos dicen, “aún queda mucho que contar sobre Corto”, pero al mismo tiempo aprovechan al máximo todo lo que ya está contado y en esta aventura aparecen Rasputín, por supuesto, pero también Jack London, e incluso la mismísima Pandora Groovesnore, aunque no os voy a desvelar nada sobre este asunto… Prefiero que lo descubráis vosotros mismos.

Como todas las buenas historias de aventuras, Bajo el sol de medianoche no solo cuenta las peripecias de Corto. También habla de temas como el racismo, los derechos de las mujeres, la guerra o el daño que puede causar lo que algunos llaman progreso y en realidad es una carrera frenética para sacar el máximo beneficio de una situación sin tener en cuenta lo que nos estamos llevando por delante.

Para crear Bajo el sol de medianoche, los autores también se han documentado extensamente sobre la época en la que está situada la historia y, al igual que Pratt, introducen personajes históricos como Waka Yamada, defensora de los derechos de las mujeres y activista contra la trata de personas, o Matthew Henson, explorador estadounidense ignorado durante años a causa del color de su piel.

Todo bañado por el humor insolente y caballeresco de Corto Maltés y por sus inevitables gaviotas atravesando el cielo azul. En Bajo el sol de medianoche encontraréis nuevos y viejos amigos, espías, boxeo, barcos balleneros, auroras boreales, inuit, empresarios sin escrúpulos, fusilamientos, osos, prostitutas armadas… una ilustración cautivadora y un guion de esos que no puedes evitar citar:

“—De alguna manera Dawson me recuerda a Venecia…

—Qué curioso. ¿Se parecen?

—En nada. Para ambas ciudades están levantadas en un lugar inhóspito por un puñado de locos.”

Algunos libros te hacen sentir en casa. Para mí, los comics de Corto siempre han sido uno de esos libros. ¿Sabéis que hice cuando terminé Bajo el sol de medianoche? Lo que se hace con todas las buenas historias: volverla a empezar.

Laura Gomara @lauraromea

 

 

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Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película, de J.K. Rowling

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la películaPues sí, estoy aquí otra vez para hablaros de Harry Potter. Qué extraño, ¿verdad? Pero es que no lo puedo evitar, veo que se pone algo en venta relacionado con la saga más maravillosa que se ha escrito en todos los tiempos (obvio) y no puedo más que hacerme con ello. Esta vez ha sido Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película. Como su nombre indica es el guión de la película que se estrenó en noviembre de 2016 y que dejó con la boca abierta a medio mundo.

Cuando se emitió la octava película, Las reliquias de la muerte, segunda parte, todos los fans de la saga nos quedamos con un sabor agridulce. Fue un final más que digno y la película estuvo a la altura de las palabras de J.K. Rowling, o al menos a mí me lo pareció. Pero, por otra parte, se cerraba un capítulo de nuestras vidas. Vale, podríamos volver a ver las películas todas las veces que quisiéramos y hacer maratones de fin de semana una y otra vez (sí, es algo que hago al menos una vez al año). Pero no volveríamos a sentir la emoción que se siente cuando estás esperando en la cola del cine para ver a tus personajes favoritos, ni imaginando cómo será, si la adaptación ha sido buena y si saldrás con ganas de volver a entrar en la siguiente sesión. Pero entonces, la escritora inglesa nos dio la noticia que todos estábamos esperando: la magia de Harry Potter volvería a la gran pantalla, pero esta vez encarnada en la piel de Newt Scamander, un magizoólogo nacido mucho tiempo antes que El niño que sobrevivió y que decide emprender un viaje a Nueva York, en busca de información sobre las criaturas mágicas que guarda dentro de su maleta. Una vez allí, descubre que un mal acecha la Gran Manzana y se ve envuelto en una aventura junto con otras dos brujas y un muggle.

Leer el libro es como ver la película. No hay que olvidar que es el guión de esta, por lo que en el libro no encontraremos más de lo que ya vimos en la gran pantalla. Aun así, es algo que merece la pena tener y leer con detenimiento. Recuerdo que cuando vi la película estaba tan emocionada que pasé muchos detalles por alto. Tenía tantas cosas que ver y que comentar con Óscar —mi gran amigo y cuyo fanatismo por Harry Potter se puede asimilar al mío— que muchas cosas se quedaron en el aire. Pero, al leer el guión original, he podido detenerme en todos los detalles, con la ventaja de que estaba visualizando todo el rato la película y sus personajes.

Volviendo a la historia de Newt Scamander (que me voy por las ramas y no me decís nada), tendremos que tener en cuenta que esta es la primera parte de una saga. Hasta ahora se ha dicho que va a estar compuesta por otras cuatro películas —que no sé si también llevarán su guion original pertinente publicado—. Y sobre todo, tendremos que tener muy presente la historia de Albus Dumbledore, director de Hogwarts, que se cuenta en el último libro de la saga original. Tampoco podremos perder de vista a Grindelwald. Y si no os suena este nombre, más os vale revisar la saga, porque si no os perderéis una de las cosas más importantes de este libro. A mí ya se me ocurren una serie de teorías que no voy a comentar por aquí porque no quiero hacer ningún tipo de spoiler, pero estoy deseando ver cómo continúa la historia para saber si mis hipótesis son ciertas o no. Aunque para eso me temo que tendré que esperar a 2018, año en el que saldrá la segunda película.

Para mí volver a Hogwarts es siempre una alegría. Aparte de que Harry Potter y la piedra filosofal fuera el primer libro que leí “en serio”, teniendo unos nueve años es la historia que me hizo soñar durante toda mi infancia. Y, sobre todo, la que me animó a escribir. La saga llenó mi cabeza de historias, de cuentos, que quería que todo el mundo conociera. Fue entonces, con unos diez años cuando decidí que quería ser escritora y que quería que los personajes que rondaban por mi cabeza cobraran vida algún día. Todavía no he podido ver mi sueño cumplido, pero espero que algún día una de mis historias haga tan feliz a alguien como a mí me hace Harry Potter.

 

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Los criminales de noviembre, de Sam Munson

Los criminales de noviembre

Los criminales de noviembreDesde siempre me han gustado las historias narradas en primera persona por el personaje protagonista, tanto en literatura como en cine y televisión. Hablo de aquellas en las que el narrador nos hace partícipes de todos sus pensamientos y sentimientos, por insignificantes o banales que estos sean. Cuando este tipo de obras están bien elaboradas, algo que, por desgracia, no siempre sucede, hacen que empatice fuertemente con el protagonista, por mucho que sus vivencias tengan poco o nada que ver con las mías. Quizás El guardián entre el centeno es la novela que mejor se adapta a lo que comento, ya que tuve la fortuna de leerla en un momento en el que mis dudas existenciales eran enormes; el testimonio de Holden Caulfield me ayudó, si no a superarlas, sí al menos a sentirme acompañado en esos momentos, lo que creo que es una de las mayores virtudes que puede tener un libro.

Addison, el protagonista de Los criminales de noviembre, no es Holden, por mucho que parte de la crítica haya tendido a asociar a ambos personajes. En lo que sí se asemejan ambos es en la forma de contar lo que les ocurre en sus primeros años de juventud: desnuda, sincera, directa y con un sentido del humor muy particular.  A partir de ahí es cuando comienzan las diferencias. El protagonista de Sam Munson es un chico resabiado y pedante, con una personalidad muy fuerte y con la firme convicción de que sabe más que nadie de la vida a sus dieciocho años. Sus principales pasatiempos son el tráfico al por menor de marihuana y la lectura de La Eneida —en latín, claro—. Sé que esta descripción no invita a encariñarse mucho con este chico, pero el autor es hábil a la hora de lograr que acabemos cogiendo simpatía a lo que en el fondo solo es un joven que busca sentido a su vida.

La trama se centra en la investigación que emprende Addison para descubrir quién ha asesinado a Kevin, un compañero de su instituto. Lo que comienza como simple curiosidad —el protagonista y el chico asesinado ni siquiera eran amigos—pronto se convierte en una obsesión para él, lo que le lleva a dedicarse en cuerpo y alma, junto a su «no novia» Digger, a localizar pistas que les puedan ayudar a esclarecer los hechos, lo que les causará no pocos problemas.

Pero, como comentaba, el núcleo de este tipo de novelas es el propio narrador y me atrevería a decir que en ésta la importancia de la personalidad de Addison es muy superior a la media. La manera en la que cuenta lo que le ocurre y lo que se le ocurre, ligeramente desordenada pero cargada de detalles, me atrajo desde el principio, así como otros recursos que a medida que avanza la novela se van haciendo familiares, como sus continuas interpelaciones al lector para llamar su atención o sus tiras y aflojas con Digger para mantener su pacto de no noviazgo. Al final, o al menos es mi impresión, la trama queda en un plano muy secundario y creo que dependerá mucho de cuánto le atraiga a cada lector Addison como personaje para que este libro le acabe gustando o no.

En lo que a mí respecta, Los criminales de noviembre me ha parecido un trabajo entretenido y original, que tal vez flaquea en su ritmo narrativo pero que lo compensa con un personaje tan bien construido como el irritante y entrañable Addison. Y soy de los que nunca se cansa de este tipo de seres.

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D, diario de un no muerto, de Ayroles, Maïorana y Leprévost

diario de un no muerto

diario de un no muertoSupongo que a estas alturas de la película decir que me gustan los buenos libros, cómics y cintas de vampiros es algo redundante, como lo es insistir en que con buenos me refiero a vampiros de verdad, lejos de crepusculitos que brillan y van al mismo insti al que también van hombres lobo. No. Vampiros de verdad de la buena, de los sanguinarios, de los que acojonan, de los que de niño hacían que por la noche te taparas bien el cuello en la cama aunque fuera verano y sudaras mares.

Y, por supuestísimo, el rey de los vampiros siempre ha sido, es y será Drácula, que es además uno de los pocos libros que he leído más de una vez (del que Coppola hizo una buena versión y de cuyo cartel incorporé desde entonces para mi firma la “D”) y el origen de toda la mitología que vino a posteriori. Y lo que vino y sigue viniendo fue de todo. Cosas muy buenas y cosas horrendas que han hecho un daño incuantificable al género. Por eso tengo que ir con pies de plomo cuando me cruzo con algo vampírico y no ilusionarme ni mucho ni muy rápido.

Y hete aquí que veo este D, Diario de un no muerto, con una “D” roja que no se parece a la de Coppola pero me la recuerda mucho, y una portada que parece sacada de El retrato de Dorian Gray. Una edición lujosa de Norma en la que se recopilan en un tomo único los tres álbumes de la trilogía francesa aparecidos en 2009, 2011 y 2014. Y leo la sinopsis. Y hojeo el cómic. Y me tengo que sentar, pero no hay sillas en la librería. Y el dibujo es muy bueno, trazo simple y dibujo con gran detalle y una buena elección de colores. Y me digo a mi mismo: ¡Mío, mío, mío!

Y, –sí, otra frase que empieza por “y”–, no me equivoqué. La historia es muy buena. Es una trama clásica de vampiros. Huele a Drácula, huele a Carmilla y huele a tantos otros buenos relatos de este tipo con ese aroma tan inconfundible a gótico no muerto.

Estamos en un Londres victoriano, en pleno auge de la revolución industrial y en una época en la que las expediciones al continente negro y las noticias sobre tribus y animales desconocidos eran noticia en los periódicos. Richard Drake, nuestro prota, es uno de esos exploradores que vuelven de África, que ya está pensando en buscar financiación para volver, y que, a pesar de su rudeza, siempre ha encajado bien en los elegantes salones de té de la aristocracia londinense.

En uno de esos bailes pijos que se organizaban entonces cada dos por tres, Drake descubre a Catherine Lacombe y se dispone a hacerla su presa como si estuviera en la selva, pero ante sus mismísimas narices se las quita un tal lord Faureston, un chulito tenebroso que nadie sabe bien de donde ha salido.

Poco después conocerá a un esmirriado cazavampiros y la rueda ya ha comenzado a girar…

La historia va alternando con retazos de un diario escrito por un tal D, en el que el lector puede ver indicios de que se trata de Drácula, pero no olvidemos que los personajes por esa época no habían oído semejante nombre y puede que ni siquiera de la figura del vampiro.

Poco a poco, con muchísimo interés e intriga, la trama va avanzando y complicándose también. No todo es tan sencillo como podíamos imaginar al principio; es un argumento mucho más elaborado de lo que parece y hay unas cuantas sorpresas, sobre todo al final, que hacen de D, Diario de un no muerto, una lectura aún más grande, atractiva y hermosa.

El dibujo es exquisito, es gloria pura; la ambientación, el detalle en el vestuario, y los colores elegidos… Todo combina con el sabor de esta historia. Como digo otras veces, aquí también hay páginas que serían para enmarcar. Sinceramente, no esperaba que fuera a gustarme tantísimo como para quedarme sin elogios.

Por otra parte, me ha parecido muy original la explicación sobre el porqué de que alguien se convierta en vampiro.

En resumidas cuentas, un fantástico cómic de vampiros (de los buenos), con un gran formato y una edición cuidada que ningún fan de los chupasangres puede dejar escapar. Estaríais locos si lo hicierais.

Un cómic majestuoso con una historia bien tejida e impregnada de lo mejor de los clásicos.

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