
La historia interminable, de Michael Ende
Hubo un antes y un después en mis lecturas. Supongo que visto en perspectiva puede que sea decir demasiado, pero en cualquier caso yo si lo digo es porque lo sentí así. Hay un momento en la vida de todo joven lector que, cuando encuentra un libro que le toca demasiado dentro no lo puede evitar. Es así, y necesita hablar de ello como si fuera la vida en sus palabras. Eso me sucedió con La historia interminable. Un libro raro, raro por la forma, raro por sus dos colores entre el mundo real y el mundo de Fantasía, raro porque yo no había leído nada igual, raro porque, en el fondo, fue la primera incursión en el mundo de los libros de fantasía (qué bien elegido el nombre de ese mundo de seres mágicos) y yo no me esperaba que la forma de escribir fuera de esa manera. Qué sé yo, el caso es que este libro marcó un antes y un después, algo que partió la forma de entender los libros para jóvenes. Pero como siempre he pensado que los libros de jóvenes son para todo tipo de edades, aquí me encontráis de nuevo, hablando de mi infancia, hablando de los libros como siempre, pero hoy con una postura más especial porque este es un libro del que me cuesta hablar, por la implicación emocional y porque si hoy estoy aquí es porque este libro lo merece, como merecería una posición especial en todas las estanterías de cada casa.




















