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Los cuentos de Beedle el Bardo, de J.K. Rowling

Los cuentos de Beedle el Bardo

Los cuentos de Beedle el BardoHay cuentos que se quedan grabados en la memoria como si estuvieran marcados a fuego. Hay historias que, aunque solo escuchemos una vez, anidan dentro de nosotros y forman parte de nuestra propia vida. Hay moralejas que aprendemos como si de una lección del colegio se tratara, ya que sabemos que, tarde o temprano, deberemos darle uso. En mi caso, es la historia de Los siete cabritillos. Mi abuela me la contaba cada noche que dormía con ella y yo no dejaba que nadie más me la contara. Porque era algo entre ella y yo, como una historia privada, un vínculo especial del que nadie más debía ser partícipe. Lo que más deseaba en el mundo era que llegaran las vacaciones para ir al pueblo y poder dormir al lado de mi abuela. Así que oír la historia de los cabritillos significaba que las vacaciones habían llegado y que podría disfrutar de mis abuelos al menos durante un verano más.

Esa historia me enseñó que hay que tener valor y mente fría para poder afrontar todos los problemas que se pongan delante. Y también que hace falta para ello mucho ingenio. Me enseñó que no hay que subestimar a los débiles y que el fuerte puede ser derrotado si se aúnan fuerzas contra él. Es una lección que recuerdo muy a menudo y que tengo presente en mi cabeza cuando veo que los problemas empiezan a ser más grandes que mis ganas de vencerlos.

Por eso las historias, aunque parezcan cosa de niños, son tan importantes. Y en todos los mundos, reales o fantásticos, existen esas pequeñas fábulas que se transmiten de generación en generación. Y, en el universo de Harry Potter, no iba a ser de otra manera. Los cuentos de Beedle el Bardo, eran unas historias a la que todos los padres magos recurrían cuando querían que sus hijos se durmieran. Se compone de cinco cuentos, escritos por Beedle en el siglo XV. El más importante, por su relación con la saga original de Harry Potter y por el secreto que contenía —que ayudaría a Harry, Ron y Hermione a vencer al mismísimo Quien-no-debe-ser-nombrado en Las reliquias de la muerte—, es La fábula de los tres hermanos. En ella se cuenta la historia de los tres hermanos Peverell, que consiguen burlar a la muerte cuando están a punto de caer a un río. Por tan gran hazaña, la muerte decide brindarles tres deseos. Los dos hermanos mayores, ambiciosos, ven recompensados sus deseos obteniendo la varita de saúco y la piedra de la resurrección. Pero el pequeño, más astuto y menos avaricioso, decide pedir una capa de invisibilidad, con la que consiguió burlar a la muerte durante muchísimos años más, hasta que ya estuvo listo para abandonar el mundo. Este cuento resultó de tanta importancia en la saga original porque resultó que, los tres elementos que la muerte regaló a los hermanos Peverell, en realidad existieron, componiendo lo conocido como “reliquias de la muerte”, que convertían al mago que las poseyera en el mago más poderoso de todos los tiempos.

Me encanta la saga de Harry Potter porque todo, absolutamente todo, está perfectamente hilado. Resulta que de un detalle que J.K. Rowling te menciona en un libro, luego nace una historia completa, con personajes desarrollados y ambientada perfectamente. Quién diría que Harry Potter y la piedra filosofal pudiera estar tan bien hilado con el final de la saga, por ejemplo. Es algo que, cada vez que releo los libros, no deja de asombrarme. Y, al adentrarme en el mundo de Los cuentos de Beedle el Bardo, me ha vuelto a pasar. Rowling ata todos los cabos y demuestra que el universo de Harry Potter, para ella, es más que una realidad.

Yo, como muggle —tristemente hasta que se demuestre lo contrario—, no pude dormirme nunca escuchando los cuentos de Beedle. Aunque hubiera sido divertido ver cómo Arthur y Molly ponían voces imitando a los personajes del cuento. Pero, la verdad, la historia de los cabritillos contada por mi abuela, no la cambio por nada del mundo.

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Face, de Rosario Villajos

Face

FaceImagina que una mañana despiertas convertido en un monstruoso insecto, como Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis. Bueno, no es necesario que seamos tan extremistas, solo imagínate que no tienes rostro, que de repente el óvalo de tu cara es liso: sin ojos que cerrar, sin boca con la que sonreír, sin nariz que arrugar. Nada de nada. Únicamente unas orejas a los lados y una buena mata de pelo encima. Vaya, eso también suena horroroso, ¿verdad? Pero puede que no sea para tanto si te acostumbras a vivir con ello, como hace la protagonista de Face, la primera novela gráfica de Rosario Villajos.

No sé si yo habría pensado en La metamorfosis al leer esta historia si la autora no hubiera elegido una de sus citas para la primera página. Pese a las diferencias de tono (desasosegante y claustrofóbico en la obra de Kafka, irónico y tierno en la de Villajos) y de época (la burocrática y alienante sociedad del siglo XX en una y la frívola e interdependiente sociedad del siglo XXI en la otra), en ambas historias se reflexiona sobre las mismas cuestiones: la necesidad de adaptación social, la búsqueda de la propia identidad y los sentimientos de soledad e incomprensión. Además, las dos tienen un fuerte componente autobiográfico. Así que sí: aunque a simple vista no lo parezca, La metamorfosis y Face tienen muchísimo en común.

Habrá quien se eche las manos a la cabeza por el hecho de que yo compare esta novela gráfica, que se lee de un tirón, con uno de los clásicos más elogiados del siglo XX. Para muchos, las novelas gráficas no pasan de ser simples entretenimientos y la literatura, la de verdad, no necesita de dibujitos. No negaré que Face es una lectura sencilla y divertida y que resulta muy fácil identificarse con las inseguridades de esta mujer sin rostro. Pero si fuera mero entretenimiento, no se hubiera quedado rondando por mi mente varios días después de haber acabado su lectura. Igual que Franz Kafka se sirvió de una metamorfosis surrealista para plasmar la conflictiva relación con su padre y con la sociedad en la que le había tocado vivir, Rosario Villajos utiliza una mujer sin rostro para hablar de su huida de sí misma y de lo fútil de las relaciones personales en este mundo donde todos acabamos adoptando una apariencia minuciosamente estandarizada. Esa es una de las muchas interpretaciones que yo veo en ese rostro en blanco, en por qué desapareció y en cómo se va transformando y, aun así, sé que se me escapan muchas lecturas más. Y es que cada lector explicará ese vacío con su propia visión de la sociedad actual.

No hace falta que hayáis leído La metamorfosis, de Franz Kafka o Face, de Rosario Villajos, para que coincidáis conmigo en que sufrir la conversión de cualquiera de sus dos protagonistas sería una auténtica pesadilla, y no os haré elegir cuál de las dos situaciones sería peor. Porque, si los leéis, os daréis cuenta de que para la gran mayoría de nosotros ya son una terrible realidad.

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La historia oculta. Integral 2, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta integral 2

la historia oculta integral 2Hace un par de meses os hablé del integral I de La historia oculta, de Jean-Pierre Pécau. Os conté que se trataba de una ucronía donde el enfrentamiento de cuatro hermanos inmortales por controlar los marfiles del poder —copa, espada, basto y oro— era el motor de la historia de la Humanidad y de sus respectivos giros. Sin embargo, el desarrollo de esta premisa tan interesante no había acabado de entusiasmarme porque las elipsis de la narración y los acontecimientos históricos a los que hacía referencia, y que yo desconocía en su gran mayoría, me hacían perder el hilo. Me alegra decir que esas pegas han desaparecido casi por completo en La historia oculta: Integral II, compuesto por los volúmenes «1666», «El águila y la esfinge», «Nuestras señora de las tinieblas» y «Los siete pilares de la sabiduría».

Al igual que en la entrega anterior, la particular guerra de los cuatro arcontes tiene como campo de batalla el mundo y como víctimas potenciales a civilizaciones enteras. En esta ocasión, el primer volumen del integral comienza con el ataque de la Armada Invencible en 1588 y el último concluye en 1919, recién acabada la Primera Guerra Mundial. Pero en estos tres siglos las cosas ya no son lo que eran para los cuatro hermanos, que ven cómo la gente va dejando de lado la superstición para creer en la ciencia y en la técnica. Eso, unido a las réplicas de su baraja (acontecimiento explicado en el Integral I), hace que sus poderes estén más dispersos y, en vez de dominar el mundo, ahora solo sean capaces de generar caos y destrucción. Su pérdida de influencia ha llegado hasta tal punto que, a pesar de las rencillas familiares, deben plantearse volver a unir sus fuerzas para no desaparecer.

Aunque siguen habiendo saltos temporales y decenas de personajes y autoreferencias, La historia oculta: Integral II me ha parecido mejor hilada. Sobre todo, lo que me ha facilitado enormemente la lectura ha sido reconocer a los jugadores que participan esta vez en la partida de cartas que dirige el rumbo de la Humanidad, bajo el mando de los arcontes o dándole la vuelta a sus planes, como es el caso de Newton, Napoleón o Hitler. En La historia oculta: Integral II hay mucha más acción, magia y monstruos que en el primer integral, y humor, bastante humor, un aspecto casi olvidado en la anterior entrega y cuya presencia se agradece para aligerar tanta muerte, odio y traición.

En mi primera reseña de esta saga dije que no descartaba leer el integral II, y lo he hecho. Y en esta os afirmo que no dejaré escapar el integral III, que se publicará en breve. Se avecina la Segunda Guerra Mundial y estos cuatro arcontes inmortales se desbocan, más si cabe, en los periodos de caos, así que estoy deseando leer si su afán de poder les hará cargarse el mundo o serán los seres humanos los que acaben rompiendo definitivamente la baraja.

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Caraval, de Stephanie Garber

Caraval

Caraval“La firmeza de su mirada era aún más delicada que su voz. Llegaba a alcanzar los añicos rotos de Scarlett como una caricia. El tipo de roce que se desplaza por los tejidos dañados, deja atrás los huesos fracturados y se adentra en el alma herida de una persona.”

Siempre he pensado que hay pocos libros que realmente expresen con palabras toda la magia que puede transmitir un momento en nuestras vidas. Creo que muchas veces olvidamos que la magia no solo se encuentra en la fantasía, sino que también podemos encontrarla en los momentos más sencillos y en nuestros pensamientos y sentimientos más profundos. Por eso creo que Caraval se ha hecho un hueco en mi corazón. Porque no solo relata una historia de fantasía en la que la magia es la protagonista, sino que ésta última también lo es en la narración del libro.

Caraval no es solo una historia, es un vehículo de escape para Scarlett Dragna y su hermana Donatella, nuestras protagonistas, unas jóvenes que solo desean huir de la crueldad y la tiranía de su padre. Por eso cuando las invitan a participar en Caraval, un increíble juego del que han oído hablar desde su infancia, acuden con la esperanza de conseguir el premio: un deseo. Pero cuando llegan allí, las cosas no salen como ellas esperaban y Donatella desaparece, dejando tras ella una serie de pistas que Scarlett deberá seguir para encontrarla. Ahí es cuando se darán cuenta de que realmente no es un juego y serán sus vidas las que corran peligro…

Hay pocos libros que sepan mantener el misterio a lo largo de todas y cada una de sus páginas, por eso este me ha impresionado tanto. En cada uno de los capítulos aguarda una sorpresa y es increíble cómo me ha mantenido con la intriga hasta el final. A pesar de que hay ciertos aspectos predecibles, ha sido una de las mejores tramas que he leído últimamente.

Además, aunque se trate de una historia repleta de elementos fantásticos y en un escenario completamente irreal, me ha parecido muy fácil conectar con los personajes y los problemas con los que se encuentran. El miedo a perder a un hermano, el temor a no ser correspondido, las venganzas y los secretos que esconden sus personajes son emociones tan humanas que me han hecho sentirme muy cercana a ellos en todo momento. En especial, me ha gustado la evolución que experimenta el personaje de Scarlett. A pesar de que al principio me pareció una persona débil, demasiado inocente y confiada, al final me encontré con una persona fuerte, valiente y que no es la típica que se deja salvar por el héroe de la historia.

Por todo esto y por la recreación de un escenario espectacular, en el que la magia y los secretos se palpan en cada una de sus páginas para dejar volar tu imaginación, Stephanie Garber me ha enamorado por completo y me ha recordado por qué algunas novelas de fantasía pueden convertirse en lecturas inolvidables. Porque los villanos, los héroes o las relaciones no son los protagonistas. Esta historia va mucho más allá.

Sumergirme en las páginas de Caraval ha sido para mí una de las formas más bonitas de abrir una puerta al mundo de los sueños y escapar por unos momentos de los problemas de la vida real. Este es de esos libros especiales que te hacen evadirte completamente y quedarte hasta las tantas de la madrugada leyendo. De esas lecturas que te recuerdan el poder que tienen las palabras y su manera de transmitir hasta la emoción más simple.

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The Legend of Zelda: A Link to the Past, de Shotaro Ishinomori

the legend of zelda a link to the past

the legend of zelda a link to the pastSoy de los que miden la calidad de un libro por el influjo que ha ejercido sobre mí; por la capacidad de éste para incrementar mi, ya desmesurado, don para evadirme del mundo real. Y es que algunos libros parecen tener una suerte de hechizo que me mantiene atrapado en una profunda ensoñación tiempo después de haber cerrado el libro. Pensando. Fantaseando despierto. Atascado en los recuerdos de las situaciones ficticias que me ha hecho vivir. Atolondrado. Reflexionando sobre los personajes memorables que han trascendido de la tinta impresa hasta lo más profundo de mis neuronas, las cuales fueron coaccionadas a reír, a llorar o a emocionarse. Bueno, tampoco las veréis lamentarse por tal trago. Para que nos vamos a engañar.

Ese tipo de magia absorbente no solo la he percibido con libros o cómics, algunos videojuegos también me han hecho alcanzar niveles de desconexión narcotizantes. ¿Qué mejor droga que una buena historia? Porque juegos como The Legend of Zelda: Ocarina of Time son capaces de crearte recuerdos de una vida alternativa; una vida que has vivido y que recuerdas perfectamente. Unos recuerdos, de tu yo en un mundo paralelo, que asaltan tu mente y embargan tu pecho, induciendo similar agitación que la que produce el reencuentro con un viejo amigo. Recuerda cómo te inundó la sorpresa al conocer a Navi, el hada que te acompañaría a lo largo de esa aventura que te convertiría en el único nexo de unión entre un pasado lleno de promesas y un futuro oscuro y devastado. Y todo a ritmo de la extraordinaria ocarina que a través de la música pondría la magia a nuestra disposición. Música que sonaría tiempo después de acabar con Ganondorf, el villano del juego, y que con el poder de su sonata y con la invocación de nuestra agridulce nostalgia seguiría transportándonos a un mundo de vivencias ilusorias.

Pero antes de que Ocarina of Time, a finales de los 90, dejara a jugadores con la boca abierta (y con la cartera vacía) y a la crítica especializada repartiendo elogios a diestro y siniestro, a principio de esa misma década era otro videojuego de la misma franquicia el que marcaría las particularidades que harían famosa a esta saga. Un videojuego que poco después vería su adaptación al cómic de la mano de uno de los grandes del manga. Ahora, por primera vez, y gracias a Norma Cómics, podemos disfrutar de esa adaptación en castellano. Prepárate, nos vamos a buscar la espada legendaria y la Triforce. Por el camino recogeremos todas las rupias necesarias. Verdes, azules y rojas. ¡A ver si te piensas que en las tiendas de artículos nos van a fiar! Prepárate para cruzar bosques frondosos, parajes desérticos y mares de lava. Prepárate para rescatar a la princesa Zelda. Prepárate para el cómic The Legend of Zelda: A Link to the Past.

Ocarina of Time, Four Swords, Oracle of Ages, etcétera; todos los títulos de la saga Zelda han sido adaptados por el dúo de mangakas Akira Himekawa. Así pues, que The Legend of Zelda: A Link to the Past fuera publicado en castellano era casi de obligada necesidad. El cómic nos va a contar más o menos lo que ya pudimos jugar en el videojuego. Y digo más o menos porque Shotaro Ishinomori añadió algunas situaciones nuevas para, no solo hacer la aventura algo más extensa sino también para que los jugadores de aquella época encontraran algunas novedades. Si de lo contrario eres de los que hace mucho que jugaron al juego, o de los que tienen memoria de pez, puedo explicarte de forma pormenorizada de qué iba la historia.

Link es un muchacho que un buen día despierta debido a una voz que pide auxilio. Lo extraño es que ésta le habla directamente a su mente. Cuando se lanza en pos de la persona que pide ayuda descubre que ella es una princesa y que él, por casualidades de la vida, ahora es el elegido. En su camino se topará con seres mitológicos o mágicos: como dragones, hadas o brujos. Y sus pasos lo llevarán hasta todo tipo de castillos o mazmorras en los que deberá superar pruebas o resolver acertijos para poder continuar con su aventura y alcanzar al fin al villano que retiene a la princesa. The Legend of Zelda: A Link to the Past no deja de ser una de tantas historias de fantasía en las que el destino se cruza en el camino de un muchacho normal y corriente para que haga cosas inimaginables. Un cuento de hadas con un héroe que salva a una princesa. ¿Cuento? Perdón, quería decir leyenda.

Tras esta adaptación encontramos al que fue discípulo aventajado de Osamu Tezuka: Shotaro Ishinomori. No es de extrañar por ello que sus dibujos tengan cierto parecido con los del “dios del manga”. Trazos básicos, rostros pueriles, parajes simplones que gracias a un colorido elemental pero de precisa elaboración les hace ganar enteros y un diseño cuidado y espectacular en lo que se refiere a los monstruos. Como Trínex, el dragón tricéfalo que escupe fuego o hielo por viñetas de gran envergadura y de colores bermellones; el brujo Agahnim, dueño y orgulloso poseedor de portentosas guaridas de colores fríos que pegan perfectamente con el sombrío mundo de las tinieblas; o el propio Ganon, con su pinta de orondo y beligerante cochino ibérico, que parece haber decidido instruirse en el arte de guerrear y conquistar mundos a la fuerza para no acabar convertido en un delicioso jamón de Jabugo.

The Legend of Zelda: A Link to the Past de Shotaro Ishinomori es un clasicazo. Un manga a todo color que se sustenta sobre los cimientos de un videojuego que a día de hoy es de culto. Por este motivo creo que es de obligada compra para todo aquel fan de la saga que quiera volver a Hyrule, que busque deleitarse de nuevo con las melodías que compuso Koji Kondo o que desee liarse a mandobles con los cucos en Kakariko Village.

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La hora bruja, de Jeph Loeb

la hora bruja

la hora brujaBuff… telita con este cómic. Ya había oído de su fama de cómic “difícil de leer”, y eso era algo que me animaba y me disuadía a partes iguales a la hora de emprender su lectura. Un reto. Y además con brujas de por medio, una figura que, por hache o por be, últimamente parece que viene a caer a mis manos como si tuvieran un imán para ella o un buen niño rollizo y comestible. Pues hala, vamos a brujear un poco.

¿Es realmente tan difícil de leer La hora bruja? Depende. En este caso no. Pero si lo hubiéramos leído cuando se publicó (entre 1999 y 2000) y de la forma en que se publicó sí que tendríamos problemas. O tal vez tampoco, si los leyeras de un tirón. Y es que este cómic se editó en tres prestigios provocando que el lector no entendiera la historia en su conjunto sino como partes, a no ser que esperara a tener los tres minivolúmenes para leerlos de un tirón… Ese es tooooodo el problemón y dificultad que planteaba el cómic de marras.

¿Pero… de verdad es tan difícil? Que no. Que ya he explicado que no. Lo que pasa es que la estructura narrativa es distinta. Es diferente a lo que estamos acostumbrados. Es, como una película de Tarantino. En concreto, como Pulp Fiction. Historias cronológicamente desordenadas y conectadas por uno o varios personajes que no se entienden del todo hasta haberlas visionado todas y que entonces se vuelven redondas y se aprecia la idea global tal y como fue concebida. Leyendo el cómic de Loeb tal vez puedes medio intuir esas conexiones pero vas algo perdido durante todo el camino. Perdido y, sin embargo, a la vez disfrutando la historia con ese no acabar de entenderla del todo pero con ganas de que te sigan contando cosas de la magia, porque eso sí, la historia es buena y te engancha.

También conviene estar atento a toda la historia, no despistarse y quedarse bien con las caras. Tiene cosas que recuerdan al maestro Gaiman y yo diría que lo más relevante son las conversaciones (que no son tan brillantes ni pomposas ni trascendentales) pero que son justo lo que queremos y necesitamos en ese momento: parábolas y misterios dentro de otros misterios.

¿Y qué es lo que nos cuenta La hora bruja? Aparte de la historia personal de la bruja Amanda (que en realidad no es que sea bruja sino wiccana) veremos cómo se cruza en el camino de gente que no pasa por su mejor momento. Ella les ofrece, como los genios de la lámpara, cambiar su vida. Pero será decisión de ellos que ese cambio sea a mejor o peor.

Parece un argumento sencillo, ¿eh? Bueno, lo es, pero contado de una forma algo enrevesada, que mola más. Esta historia es de esas que ganan con una segunda lectura, cuando ya sabes de qué va todo y los detalles que tal vez se te escaparon a la primera, los captas y saboreas a la segunda.

El dibujo de Bachalo es muy bueno, del tipo de dibujo que más me gusta, una pasada, me recordaba al de Batman: El largo Halloween, del que, curiosamente Loeb es guionista, (otro cómic muy recomendable, por cierto).

En fin, si queréis un buen argumento con tintes gaimaniacos y estructura tarantiniana y no tenéis miedo (no debéis tenerlo, os lo garantizo) a una peculiar estructura narrativa y además os gusta el tema bruja/genio de la lámpara con algún ligero giro terrorífico, no podéis dejar pasar esta oportunidad.

Sería un crimen del todo innecesario.

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Wonder Woman: Carne, de Brian Azzarello

carne

carneBueno, bueno. Y yo que pensaba que después de Wonder Woman: Guerra, poco más había que contar porque ya se habían cerrado todos o casi todos los arcos. Iluso de mí… ¡Nada más lejos! En Wonder Woman: Carne, vamos a tener la continuación lógica, logiquísima, del tomo anterior. Y aquí viene la alerta espoilers (¡danger, danger!), no de este tomo sino del anterior, por lo que si no lo habéis leído (majaderos insensatos) os adentráis en estas líneas bajo vuestra responsabilidad.

Al matar a Ares, el entrañable abuelito y dios de la guerra, Diana pasa a ser la diosa de la guerra automáticamente y, en consecuencia, también se convierte en diosa olímpica, con su sillita junto al resto de los dioses en el consejo de administración del Olimpo. La profecía se ha cumplido y Apolo respira tranquilo, de momento… porque en realidad nunca está tranquilo. Siempre tiene que consultar, a su manera particular, los oráculos pues el miedo a perder el trono vive constantemente en su interior y esta vez lo que le han vaticinado es una inminente guerra, y quiere a Wonder Woman a su lado para librarla.

Además, vamos a conocer la extraordinaria historia del Primogénito de Zeús y el porqué de sus actos y motivaciones. Un personaje que va a tener gran trascendencia durante todo el tomo.

También desfilarán Cassandra, Dio, Zola, Orion (cuyo papel no acabo de pillar y no me hace mucha gracia), la genial Discordia, Artemisa, Hermes,… y algunos más, pero no puedo dejar de mencionar a la todavía humana, mortal y vulnerable Hera, la exreina de los dioses del Olimpo venida a menos, con conciencia, por primera vez en su vida, de lo que es vivir el presente.

Wonder Woman: Carne sigue igual de trepidante que sus números precedentes. Aventuras bien urdidas, con una trama que atrae y que es intensificada por un buen dibujo y color, con la actualización de los personajes icónicos de la mitología griega, con introducción de invenciones también sobre estos, con enemigos que se vuelven aliados y aliados que cambian de bando, traiciones familiares… ¡La típica tragedia greco-shakespeariana! Vaya, que sigue la tónica de la colección.

Y sí, está claro que guerra va a haber para rato y que seguramente veremos en el próximo número como WW intentará reclutar combatientes para su causa, que es algo que a veces mola incluso más que la propia batalla.

Azzarello y Chiang vuelven a darlo todo y no me extraña que por cada número publicado se llenen de alabanzas las bocas de crítica especializada y lectores. El nivel alcanzado ya en este Carne es digno de tener en cuenta. Conocemos a los personajes, les hemos cogido cariño o tirría (y proceda lo que proceda, nos gusta sentir ese cariño o esa tirría hacia ellos) y aunque la princesa de Themyscira es la que da nombre a estos cómics, lo cierto es que se podría decir que es un personaje más. Tiene poderes, pero está rodeada de otros que también los tienen. El protagonismo se reparte bien entre todos y Diana no es egoísta a la hora de acaparar nuestra atención. Sabe interactuar bien con el resto de actores principales y de reparto, no es una chupacámara.

No sé qué más puedo decir que no haya dicho ya. Simplemente subrayar que me encanta esta colección y que me maravilla que durante los cinco números que ya llevamos, la calidad no haya bajado en ninguno de ellos y siga sorprendiendo con diseño de personajes, argumentos y giros. Eso es muy meritorio y muy difícil. Llegará el día en el que Azzarello se canse del personaje y quiera cambiar de aires, o guionizar alguna historia suya… Que ese día tarde mucho en llegar y hasta entonces que siga dándonos buenos momentos e historias de la amazona.

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Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia, de Brandon Sanderson

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia¿Os habéis preguntado qué pasaría si en medio de alguno de los océanos existiera un continente del que nunca nos han hablado? Pues en Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia nos mostrarán esa verdad oculta.

Hasta hoy tenemos la idea bien sabida de cómo es el planeta Tierra. Me refiero a cómo lo vemos cuando cogemos el globo terráqueo o un mapamundi y lo observamos de uno a otro extremo. Esto queda ya muy anticuado, casi arcaico y prácticamente en desuso. Malditos, no sabéis lo que os perdéis al girar la pelotita gorda y dejar caer el dedo a ver dónde os tocará viajar. Así elegí el destino donde me casaría en un futuro, pero para guardar la sorpresa —no vaya a ser que mi futura esposa se encuentre entre mis lectoras—, no diré el país que me tocó. En la actualidad hay otros modos de mirar la superficie terrestre a través de esa aplicación tan molona, cara y avanzada que es el Google Earth, pero que todos utilizamos para buscar nuestra calle por si acaso nos han fotografiado en ella.

Sin ampliar tanto la imagen y mostrando una perspectiva general del planeta vemos que el planeta se compone de: el Polo Norte, la fábrica de hielo que está a punto de echar el cierre como no tengamos más ojo con nuestro estilo de vida; en el punto opuesto, por debajo, el Polo Sur, con todos sus pingüinos y sus focas también; entre medias de los polos, los continentes de América del Norte y América del Sur, Groenlandia, que mira que es grande, el Océano Atlántico, todo azulito, con mogollón de atunes y el Titanic sumergido (obviamente, esto no se ve ni con el Google Earth, pero en el cine hemos visto que se hundió por ahí), luego llegamos a África, justo encima nuestro viejo continente europeo y pegado a nosotros se extiende la vastedad del continente asiático, con todos sus chinos y esas cosas tan exóticas; el Océano Índico, la isla gorda de Australia, Nueva Zelanda, el Océano Pacífico, con mogollón de tiburones de carácter poco pacifista y otra vez llegamos al continente americano. Ya está. Por más vueltas que le demos, no hay más que eso. Unos pocos continentes, los grandes océanos y los polos.

Toda esta información es veraz. Lo vemos en los telediarios cuando dan el tiempo, lo vemos en los mapas de los libros de Geografía y nos lo muestra la NASA gracias a los satélites a través de Google. Pero, ¿y si de verdad existe algo entremedias y encima está habitado? ¿Y si todo fuera parte de un plan maestro de una organización que se ha ocupado durante siglos de ocultarnos algo tan relevante? Seguramente diréis que es una estupidez, que ya habéis viajado con la parienta o el pariente en viaje de novios desde España a Cancún en avión y en el trayecto solo habéis visto nubes, y si llega el caso, mar. Agua y más agua. Solo eso. Ya pero, ¿habéis pilotado vosotros ese avión? ¿Habéis decidido vosotros el rumbo que se debía tomar? ¿Y si el piloto de avión y por extensión, todas las aerolíneas, estuvieran metidas en el ajo? Lo mismo ocurre si vais en barco. No me vale con decir que habéis hecho un crucero por las Bahamas y no habéis visto más tierra que la conocida. Puede que algún día, si cogéis un barquito y os liáis de forma libre a navegar por el mar os pase como a (¡¡¡spoiler!!!) Jim Carrey en El show de Truman.

Esa organización es la de los Bibliotecarios Malvados y en la tercera entrega de la serie, Alcatraz 3. Los caballeros de Cristalia, van a viajar a ese continente nuevo. En esta ocasión, el joven y aventurero Alcatraz Smedry regresará al país al que pertenece y del que nunca supo nada porque los bibliotecarios quieren hacerse con el control político de esas tierras. Son las únicas en el mundo que quedan libres de su mandato, es decir, los Reinos Libres. El resto, lo que vemos en el mapamundi, somos las Tierras Silenciadas. Si los bibliotecarios consiguen hacerse con el dominio, todo el planeta estará a merced de esta malvada organización que pretende crear una dictadura manipulando la información a su antojo. Durante la novela, como es habitual, hay derroche de aventuritas, conspiraciones que afectarán a su mejor amiga, Bastille, descendiente de los Caballeros de Cristalia, y notas de humor para el público primerizo en novelas de fantasía juvenil.

Es un elemento que ya se adelantó de pasada en la primera entrega de la serie Alcatraz. La posibilidad de que existieran cosas que desconocemos porque una organización de bibliotecarios, manipuladores de la información, deciden ocultarlas era un ingrediente muy interesante que bien se puede extrapolar a ciertas noticias que escuchamos en los medios de comunicación o en discursos políticos donde nos hacen el truco del mago: te enseño una mano mientras con la otra te hago el lío. Era el principal reclamo para seguir enganchado a esta serie pese estar dirigida a un público muy joven y superar la treintena de edad. También, por supuesto, el poder de Brandon Sanderson de conseguir escenarios tan fantásticos con las bibliotecas como telón de fondo y situaciones irreverentes que nunca dejan de gustarme en sus lecturas. Una novela más que me invita a leer la siguiente y cuarta entrega que ya está preparada y en la que, parece, se desvelarán los verdaderos motivos que impulsan a la madre de Alcatraz a tener tanta mala idea. Os reemplazo hasta la próxima aventura.

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La estación de la calle Perdido

La estación de la calle Perdido

La estación de la calle PerdidoSi existe una editorial que se esté convirtiendo en el referente nacional de fantasía y ciencia ficción esa es Nova. Y no sólo porque esté traduciendo al castellano los títulos más punteros del momento, sino porque está rescatando del pasado auténticas joyas que no fueron traducidas o no fueron editadas con el debido cariño que merecían. Este es el caso de la novela alfa de China Miéville. Traducida, pero perdida en el tiempo. Inencontrable y elevada al estatus de novela de culto, La estación de la calle Perdido se había convertido casi en una leyenda urbana. Una especie de rumor que se oía en los bajos fondos de cualquier ciudad. Las pocas ediciones a las que uno podía acceder tenían que pasar por fondos de biblioteca o ediciones a tal nivel revalorizadas que sus precios desorbitados te obligaban a poner el ejemplar de nuevo en el estante. Aquella época oscura ya pasó. Y la nueva edición no sólo revisa el texto original, sino que añade una edición cuidadísima con unos acabados totalmente espectaculares. Si crees que estoy exagerando, quita la sobrecubierta del libro y prepárate para la belleza.

¿Pero a qué viene tanto ruido y tanta expectación? Imagina una ciudad cuyo diseño arquitectónico sea una oda a las tripas de un cerdo. Una ciudad cuyas calles estén predispuestas de tal modo que tu sentido de la orientación pida a gritos ser sustituido por tu sentido de la supervivencia. Una ciudad cuya efervescencia tenga cierta semblanza a una herida infectada que reclama para sí misma todo el miembro en el que se aloja. Pues bien, ese milagro de urbanismo se llama Nueva Crobuzón. En ella habitan todo tipo de seres, razas, cultos e individuos que rezan a cientos de dioses distintos con el fin de conseguir aliados en esa guerra constante que es vivir.

Esta es la ciudad donde vive Isaac Dan der Grimnebulin, científico proscrito y reputado por conseguir lo racionalmente imposible. Es a él a quien busca Yagharek, un garuda que ha perdido sus alas por un delito extraño y ajeno al entendimiento humano. Sin saber si está en manos de Isaac devolver a los cielos al garuda, acepta el encargo, lo que dará lugar a una de las mayores crisis que Nueva Crobuzón haya vivido. Aprendiendo en el proceso que algunas alas no han sido creadas para surcar los cielos, sino para aumentar la distancia hasta el suelo momentos antes de la caída.

Mujeres khepri, alcaldes corruptos, camellos deformados, taumaturgos, periodistas censurados, demonios, parásitos que ocupan ministerios, entidades cósmicas adictas a las tijeras, vodyanoi, fieles orgánicos del MecaDios… El compendio de personajes que se cruzan con Isaac en su tarea es tan numeroso e imaginativo que el respiro entre momentos de clímax prácticamente no existe en esta novela.

Estamos ante una obra mastodóntica. Ochocientas páginas de lenguaje barroco en el que la atmósfera es tan importante como lo que sucede. El autor ha hecho un gran ejercicio sensorial para que andemos por Nueva Crobuzón como un turista forzado. Todo es recargado hasta el exceso y cuesta entrar en el tono en el que se nos está narrando la historia, pero una vez dentro de la dinámica propuesta, parar se convierte en un error. Descubrir nuevos rincones de esta ciudad llega a ser tan divertido y espeluznante como continuar con la historia. Hay tantos frentes abiertos que ni un recodo queda por descubrir al cerrar el libro. Y sin embargo, es probable que sientas que te estás dejando atrás gran parte de lo que oculta esta ciudad.

El libro tiene ciertos pasajes que rezuman inteligencia por todos sus párrafos. No estamos ante un libro de fantasía urbana al uso, el humano que se esconde tras estas páginas tiene los conocimientos necesarios para hablar de cientos de cosas sin caer en la sensación de puro pastiche. La caracterización de los personajes, sus intenciones y su forma de coexistir entre ellos es de una autenticidad que duele. Da igual que tengamos delante a una mujer con cabeza de escarabajo, sabemos que lo que siente es totalmente cierto, aunque no use palabras humanas para definirlo. Esta ciudad esconde humanos dentro de sus monstruos. Y monstruosidades dentro de su definición de humanidad.

China Miéville me tiene bien agarrado. Es un arquitecto que comulga con los puntos ciegos de la ciudad. Es un escritor que no le tiene miedo a nada. Imagina por un momento que el Marques de Sade se hubiese obsesionado con La Historia Interminable. Imagina a Palahniuk diseccionando unicornios. Estos son los términos en los que hablamos del autor inglés.

A veces roza la explicación científica en términos tan plausibles que tienes que recordarte que está jugando con tu mente. La metafísica encuentra sitio entre sus páginas. La lucha obrera. La zoofilia antropocéntrica. El trato de la información y la censura. La crítica ante los medios de financiación de un gobierno capaz de cerrar tratos con el Diablo. La fantasía es una excusa, pero una excusa tan sólida que convierte al conjunto en una alegoría disimulada de lo que sucede en cualquier gran ciudad del siglo XXI.

No nos engañemos. Nueva Crobuzón nos hipnotiza porque nos habla en términos que todos tenemos más que asimilado. Las ganas de volar de los personajes son sólo nuestras excusas para contabilizar el tiempo en el que todo tarda en caer. Los amores imposibles, los estigmas de querer al ser socialmente incorrecto son las brasas de los prejuicios que tienen cabida más allá de la extensión del libro. Por eso fascina. Por eso repugna. Es capaz de hacer que la fantasía provoque vómitos y revoluciones. Y eso nunca antes había sucedido.

 

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Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, de Hajime Isayama

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of Levi

Ataque a los titanes no regrets 1 Birth of LeviNo suelo ver animes, pero a veces me hablan de alguno que pica mi curiosidad. Por ejemplo, Death Note: ¿qué pasaría si con solo escribir el nombre de una persona en un libro, mientras visualizas su cara en tu mente, esta cayera muerta al instante? ¿Lo harías? ¿Contra quién? ¿Se podría utilizar para que el mundo fuera mejor? No me digáis que no es una premisa sugerente. Yo disfruté mucho con esta serie, compuesta solo de dos temporadas, si no recuerdo mal, pero quizá no me habría animado a verla si antes no hubiera conocido Ataque a los titanes.

Ataque a los titanes, de Hajime Isayama, nos muestra un mundo donde los últimos habitantes de la tierra viven en un perímetro dividido en tres ciudades concéntricamente amuralladas para protegerse de los titanes, gigantes que un siglo atrás casi aniquilaron la especie humana. Por supuesto, la distribución no está hecha al azar: en el centro se refugian el poder político y el económico, y la gente de a pie, como tú y como yo, se aglutinan en la ciudad más expuesta, con solo un muro que les separe de los peligros del exterior. Aun así, han vivido en paz cien años, hasta que un nuevo titán, más grande e inteligente, rompe el muro y se adentra en la ciudad, sembrando el caos y comiéndose a todo aquel que se le cruza por delante. Más o menos eso es lo que pasa en el primer capítulo de la primera y, por ahora, única temporada de este anime, que vi hace ya dos años.

Se rumorea que la segunda temporada está al caer, pero como se están haciendo tanto de rogar, la versión manga está sacando bastante material sobre lo que sucedió antes de ese fatídico acontecimiento y sobre personajes que se presentaban como secundarios, pero que ganarán protagonismo a medida que la historia avance. Ese es el caso de Ataque a los titanes: no regrets 1 – Birth of Levi, el manga que acabo de leer. En él se cuenta cómo Levi, un buscavidas de la ciudad subterránea, acaba en el cuerpo de exploración, es decir, el ejército encargado de hacer expediciones periódicas al exterior para luchar contra los titanes. Para mí, la ciudad subterránea es un nuevo descubrimiento (si se mencionaba en el anime, no lo recuerdo, ¡ha pasado tanto tiempo!), que me confirma la mala espina que me da ese mundo. Se trata de una ciudad bajo tierra en la que intentan sobrevivir los pobres y delincuentes, hombres y mujeres abandonados por la monarquía años atrás. A medida que conozco más detalles de la estructura y la forma de vida de este último reducto de la raza humana y de los titanes, más claro tengo que, pese a lo que les hayan hecho creer a lo largo de décadas, el mayor peligro acecha dentro de esos muros en vez de fuera de ellos.

Ojalá la segunda temporada de Ataque a los titanes se emita este año, tal y como están anunciando, porque esta historia dará para muchos capítulos y estoy segura de que me sorprenderán gratamente. Mientras tanto, tendré que enterarme de otros animes interesantes o leerme el material extra que Norma Editorial nos ofrece para hacer más amena la larga espera.

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La última bruja, de Mayte Navales

la ultima bruja

la ultima brujaNo sé qué tienen los libros de brujas (no digo los cuentos, aunque también) para llamarme tanto la atención y, si me parece que son buenos, querer leerlos. Me encantó el Ars mágica de Nerea Riesco, Los archivos de Salem de Robin Cook y la saga de las brujas de la Rice. He leído algunos más, pero andan por ahí, perdidos en alguna cuneta de mi memoria. Puede que sea la fascinación por los tiempos en los que la Inquisición o los lugareños de Salem, creían en ellas y las ejecutaban tratándose de mujeres del todo inocentes (al menos en lo que a brujería se refiere), y toda la sarta de tratados (como el famoso Malleus Maleficarum al que aún no he hincado el diente) llenos de características de lo más curiosas para identificarlas y enumerar sus deleznables acciones.

O puede que sea que me guste pensar que realmente existieron (y existen) pero, como en cualquier peli de terror, te sientes a salvo en la distancia, en la seguridad de tu casita, con un libro o tele interpuesto. Que en el fondo, aparte de envidias y malos rollos, las gentes de aquellas épocas se olieron algo y el miedo les empujó a quemar a esas mujeres que comían niños, bailaban desnudas (¡oh, qué desvergonzadas!) y adoraban a Satanás…

Da igual el motivo. Hay que cosas que te gustan y punto. ¿Para qué buscar explicaciones?

La última bruja me ha hecho disfrutar tanto como los libros mencionados en el primer párrafo. Coincido con la contraportada cuando afirma que Mayte Navales es heredera directa de Gaiman, King, Rice y Rothfuss, (pero no con Eduardo Noriega al decir que si te gusta Juego de Tronos te gustará este libro… ¿WTF? No encuentro similitud con la serie por ningún sitio) y añado que también me ha devuelto aromas del Follet de Los pilares de la tierra e incluso algo del cuento de Hansel y Gretel, un detalle que, como guiño, me ha parecido genial. Tiene esos elementos mágico-oníricos que tanto gusta a esos autores. Pero además, estamos ante una historia muy poco vista y la (¿involuntaria?) pretensión de hacernos creer que las brujas han existido como tal siempre, desde tiempos remotos, hasta la actualidad. Y lo que es más, consigue que te lo creas, porque la historia está bien construida y los personajes, a pesar de lo increíbles que son, tienen alma en las palabras de Mayte Navales, tienen profundidad y evolucionan considerablemente a lo largo de todo el relato.

No es fácil describir la trama. Básicamente es la crónica de dos brujas milenarias (una nacida en la Edad Media y la otra mucho mucho antes) y de cómo estas, cual el programa de televisión El último superviviente,  juegan a vivir sus muchas vidas y sobrevivir haciendo todo lo necesario para ello.

En La última bruja vamos a encontrar fantasía, drama y también terror. Son brujas de verdad. De las que cambian su aspecto viejuno por el de preciosas mujeres para seducir a hombres de aura azul, de las que lanzan hechizos y vuelan, pero también de las que tienen sus sentimientos y su razón de ser, de las que sufren, curan y son perseguidas. Y de las que obtienen gran parte de su poder de los nombres. Por eso siempre los ocultan, se los inventan o se apropian de los nombres fuertes de la naturaleza y preguntan los nuestros.

–¿Y qué nombre debo usar?

–Cualquiera de los que he usado contigo. Yo te oiré.

–¿Algo más?

–No permanezcas demasiado tiempo en el mismo sitio. No te fíes de nadie. Que nadie te conozca–fue el último consejo que le dio.

Este es un libro que merecidamente pasará a reunirse con los libros ya mencionados. Los que recordaré siempre con cariño porque me entretuvieron, robaron horas al sueño, agrandaron mi particular universo de ficción y consiguieron que pensara en sus personajes días después de acabar su lectura.

Mayte Navales, finalista del Premio Minotauro con esta novela, se ha hecho un nombre en el género. Y ya sabemos el poder que tienen los nombres…

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La bruja escarlata, de James Robinson

Bruja Escarlata

Bruja EscarlataConfieso que lo único que sabía de la Bruja Escarlata era lo que había visto de ella en la peli Vengadores: La era de Ultron, en donde Elizabeth Olsen (hermana de las gemelas Olsen, las de Padres forzosos), interpretaba su papel.

Tampoco sabía, lógicamente, que era hija del mismísimo Magneto ni que Stan Lee la creó porque su hija se lo pidió cuando a los 14 años esta padecía problemas de depresión y automutilación.

Pero, sobre todo, debo confesar que no tenía la más mínima intención de leer este comic hasta enterarme por el titular del periódico local de que mi ciudad era uno de los escenarios en los que transcurriría la acción. Y pensé también que poner a una bruja ahí donde hace poco más de 400 años tuvo lugar el proceso inquisitorial contra la brujería más grave y que más ha trascendido (el auto de fe de Logroño contra las brujas de Zugarramurdi), no dejaba de ser un guiño y un acierto. Fue ahí cuando mi interés creció y cuando busqué más información. Y mira por dónde, ¡todo el mundo hablaba maravillas de este La Bruja Escarlata: La senda de las brujas! Así que habría que comprobar si estaba justificado.

Para empezar, las portadas de David Aja son arte en estado puro. Esto sí que lo sabía, pues ya había visto varias de ellas figurar en los rankings de “mejores portadas de 2016” y no me extraña ya que, con solo tres colores (rojo, blanco y negro) consigue auténticas florituras minimalistas.

El dibujo corre a cargo de cinco artistas, (Del Rey, Dillon, Rudy, Visions y Pulido). Cada uno se encarga de un “tomito” y cada uno tiene su estilo propio, bien reconocible, variado y excelente, que, si bien en conjunto forman un todo incoherente en lo tocante al grafismo, episodio a episodio funcionan y uno se acostumbra con rapidez al cambio de autores. Personalmente destaco sobre todo el del español Pulido y el color de su capítulo.

Vamos con el fondo. Lo primero a destacar es que esto no es un Doctor Extraño en femenino ni un cómic de superhéroes al uso. No vamos a tener un previo en el que se nos cuente el origen del personaje, ni su pasado remoto o reciente ni sus parentescos. No. Vamos a entrar directamente en la acción con una Wanda Maximoff que quiere dejar atrás su pasado como Vengadora, –aunque todo aquel que la conoce la conoce precisamente por la pertenencia a dicho grupo– y su campo de acción va a ser el folclore, la mitología y la magia.

Wanda “percibe” que algo va mal y no es magia, sino brujería. Puede levitar, teletransportarse… “a menudo llaman a mis hechizos magia caótica… pero en realidad están muy alejados del caos: su poder e intensidad están relacionados con la energía de la tierra y  la femineidad”…”se denomina brujería”.

Para intentar arreglar esa cosa que va mal, que no sabe qué es pero lo siente, viajará por todo el mundo (Irlanda, Grecia, España,…) allá donde note que debe estar, acompañada por el fantasma de Ágatha, su mentora, a la que ella misma mató (y no se nos explica cómo ni por qué, aunque parece ser que fue un accidente).

Hay quien ha comparado La Bruja Escarlata: La senda de las brujas con Hellblazer, pero yo no diría tanto. (John Constantine es y será, en mi opinión, el mago/hechicero más mejor de los cómics, sí, por encima del Doctor Extraño). Es más algo tipo Expediente-X. Wanda irá “resolviendo los misterios” de la semana como si se tratara del “monstruo de la semana” y no será hasta el final cuando descubra que todo está relacionado con…

En este tomo de la Colección 100% Marvel tenemos una buena historia brujeril-detectivesca, porque en el fondo, lo que Wanda quiere es descubrir qué o quién está tras ese desorden, ese, desequilibrio en la fuerza, y para eso irá tirando del hilo que solo ella ve y del que nosotros tenemos que fiarnos. Aunque a la vez también es una historia de redención. La hechicera carga con una culpa de la que no puede deshacerse pero quiere avanzar, dejar atrás el pasado, y hacer el bien.

No voy a entrar a hablar de lo que se entiende por bruja pues, en el prólogo ya se ocupan de ello (la partera medieval, mendiga, libertina, curandera, esposa desobediente,… todas aquellas mujeres que en la Edad Media se salían de la norma e incitaban a otras a salirse también) ni de que si Wanda es feminista y representa a las mujeres… No me voy a meter en esos jardines. Este es un cómic para pasar un buen rato sin tener que preocuparnos de mayores análisis.

Para acabar quiero añadir que creo que podría decirse que este cómic es lo que en el cine viene a ser un sleeper. Algo que parece poca cosa pero que gracias al boca a boca y sin una campaña de promoción brutal consigue gran éxito de taquilla e incluso algún Oscar. Un tapado a la espera de que todos lo descubramos. Y eso es lo que me gustaría conseguir: que lo descubráis.

He disfrutado muchísimo de su lectura, tanto a nivel gráfico como argumental. No importa que no se conozca el personaje. Este puede ser un buen tomo inicial para empezar a conocerlo.

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