
14, de Jean Echenoz
La Gran Guerra. La Primera Guerra Mundial. Aquella que no iba durar, pero que se alargó en el tiempo. Una de tantas que partió la vida de la gente, que la destruyó a veces en pedazos, que separó familias, que mutiló parejas, que reventó casas que tuvieron que volver a construirse desde los cimientos. Esa es ella, la conocida como la Gran Guerra, diferente de las otras, o quizás no tanto, porque el resultado a los pies de las aceras fue el mismo, el único, aquel devastador sonido de las bombas, aquel ulular de los insectos que no lo eran y sí aviones, aquella que quemó libros por el fuego, que aniquiló sensaciones y creó enfermedades. La Gran Guerra de la que todos hemos leído, la hermana mayor de la Segunda Guerra Mundial, aunque sea sólo por el tiempo, y que ahora vuelve a llenar nuestro campo de visión, si es que alguna vez la mirada fue diferente. Porque aquí dentro, dentro de esta reseña y del libro 14 existe la guerra, uno puede palparla, uno la vive en sus páginas, pero de una forma diferente, sin artificios, sin palabras que sobren, dándonos cuenta que no hacen falta infinidad de palabras para entender cuál fue el conflicto que generó que las personas, que la vida, se parara durante un período de tiempo y después, cuando el humo ya se había disipado, no volviera a ser el mismo. La Gran Guerra. La primera. Aunque no haya sido la única.








Podría haber elegido cualquiera de mis lecturas de este verano para iniciar las reseñas que este nuevo curso compartiré con ustedes, eso pensaba yo, pero este Capital, de John Lanchester, ha sido mucho libro para no ser el primero de la lista. Me he dado cuenta de que las siestas siempre quedaban relegadas por la necesidad de conocer más y más de todos y cada uno de los muchísimos personajes que encontramos en esta interesantísima novela.

























