
Si hay algo que me acompaña en mi día a día —aparte de los libros y la escritura, claro está— es la música. Desde bien pequeña me inculcaron el gusto por ella hasta el punto de empezar a dar clases de piano cuando tenía ocho años. Esa afición fue creciendo, tanto que cuando tenía dieciséis años era incapaz de dormirme si no estaba la minicadena encendida. Mis gustos se fueron definiendo poco a poco y llegó un momento en el que ya podía decir que mi género de música favorito era el rock. Así, Platero y tú, Extremoduro, Marea y La Fuga estaban en mi top de favoritos en cuanto a música nacional. Parece ser que Pedro, uno de los protagonistas de El secuestro de la esperanza también llenaba su mp3 de la música de estos grupos. He querido empezar esta reseña así por una sencilla razón: La Fuga ha sido siempre uno de mis grupos favoritos. Me sé absolutamente todas sus canciones, de principio a fin. Tal vez sea porque compartimos hogar, Reinosa, o porque sus miembros son tan cercanos que parecen de la familia. Así que me ha encantado ver la referencia a mi amada Balada del despertador entre las páginas de este libro. A partir de ese punto exacto, Pedro empezó a caerme muy bien.
Pero vayamos por partes. Esta novela, escrita por el vallisoletano conocido como Álber_4, cuenta la historia de Devassy, un joven procedente de la India que decide abandonarlo todo para venirse a vivir a España. Junto con otros chicos de su edad, obtendrá una especie de beca otorgada por la Iglesia Católica que promete cubrir todos los gastos que puedan tener en España. Eso, parecer ser suficiente como para que Devassy pueda pagarse los estudios de Teología que tanto ansía y para, después de años estudiando, poder ordenarse sacerdote y tener un sueldo fijo hasta el fin de sus días. Qué bonito es el sueño español. Todo lleno de esperanzas y luz y mariposas…. Pobre Devassy. El tiempo pasa volando para él, tanto que cuando se quiere dar cuenta, habrán pasado dos años desde que llegara de la India, tiempo en el que no ha sabido nada de los compañeros que emprendieron con él aquel maravilloso viaje. Es así como conoce a David y a Pedro (el de antes, el chico que escuchaba La Fuga en su mp3), que le ayudarán a encontrar a sus antiguos compañeros.
Cuando Devassy decide emprender el camino a España, ya empieza a imaginarse su gran futuro, cuál será su sorpresa al darse cuenta de lo que es en realidad la sociedad española.
Lo cierto es que lo que podría parecer un libro sobre aventuras, sobre el descubrimiento de uno mismo o de las diferencias culturales, al final se convierte en un libro cuya acción va creciendo más y más. No se queda ahí. La trama se irá enredando a medida que nos adentramos en la historia, hasta el punto de encontrarnos ante una novela que bien podría ser un thriller, pues nuestros tres protagonistas se verán envueltos en una trama de corrupción, cosa que jamás sospecharon en un principio.
Álber_4 retrata la España de los años dos mil, en concreto del dos mil siete, donde la crisis ya empezaba a vislumbrarse. Así que no es de extrañar que los más corruptos de la sociedad se prevalecieran de esta situación e invitaran a España, todavía más, a entrar en la crisis que tan impronunciable fue durante tanto tiempo. Los saltos en el tiempo son constantes en la novela, cosa que me gusta muchísimo. Volvemos asiduamente dos años atrás para ver cómo fue la llegada de Devassy a España. Es un recurso que siempre me ha gustado, ya que el autor te va dando detalles de la historia poco a poco. Se retrotrae a un punto anterior de la trama para darte aclaraciones o especificaciones que serán importantes posteriormente. Además, los capítulos están contados por los diferentes protagonistas dependiendo del momento y eso, a mi parecer, dota a la obra de mayor agilidad y velocidad. En este caso, me ha ocurrido porque me encantaban los capítulos en los que Devassy contaba su propia historia, así que los capítulos en los que Pedro o David eran los protagonistas, los leía deprisa para poder volver a encontrarme pronto con Devassy. No es que los otros narradores no me hayan gustado, es que me ha gustado mucho cómo el joven de la India cuenta sus propias vivencias y da su punto de vista sobre todo lo que está ocurriendo.
Por eso, sin duda una de las cosas que más me ha gustado de este libro es haber podido ver España desde los ojos de Devassy. Él viene de un país con una cultura extremamente opuesta a la nuestra. Sin ir más lejos, en un capítulo, Devassy habla de que una de las cosas que más le choca cuando llega a España es el hecho de que las mujeres trabajen. Dice que en la India las mujeres que están en el mercado laboral son casi una especie en peligro de extinción. Por lo tanto no es de extrañar que le sorprenda que sea una chica y no un hombre la que le sirva el café por las mañanas. Él no dice que le parezca mal, sino que le parece extraño. Así, como este hecho que nosotros acostumbramos a ver a diario, Devassy encuentra cientos. Cientos de particularidades de nuestra sociedad que a él le parecen de lo más extraño. Aquí hay que romper una lanza a su favor. Imaginaos ahora a vosotros mismos viviendo en un país extranjero tan diferente al vuestro. En mi caso, podría ser la India. Imaginaos convivir con ellos, con su cultura y sus costumbres. Yo creo que podría escribir un libro explicando todo lo que me parecería extraño en comparación con el sitio del que vengo. Y eso que nunca he estado en la India (una pena).
El secuestro de la esperanza es la primera parte de la saga Enmascarados por el mundo. Cuando conocí el libro me sorprendió leer que estaba enfocada a un público millennial. Aunque yo estoy dentro de esa generación que está dando mucho de qué hablar ahora mismo, la verdad es que he tenido que bucear un poco por Internet para saber cuáles son las características que nos definen y por qué este libro podría encajar en nuestro perfil. En primer lugar, la palabra que más he leído en estos artículos ha sido la palabra “tecnología”. Está claro que no sabemos vivir sin ella, que estamos enganchados. Ya sea al ordenador, al móvil, a las redes sociales… el abanico es amplio. He leído que de media pasamos unas tres horas usando la tecnología. A mí no me salen las cuentas… porque yo creo que empleo alguna más. También he leído que somos escépticos. Eso es muy cierto. Todo lo ponemos en duda, lo cuestionamos todo, buscamos alternativas, nos quejamos y nos volvemos a quejar. Pero muchas veces pecamos de no dar soluciones. Y, por último, he leído que ante todo tenemos un espíritu solidario y viajero, que las barreras normalmente no existen para nosotros y que coger un avión para conocer una cultura nueva es algo que siempre tenemos en mente. Si la persona millennial que lea este libro cumple, aunque solo sea, con el cincuenta por ciento de las características que acabo de mencionar, estoy segura de que se enganchará a sus páginas enseguida, pues conseguirá conectar perfectamente con los personajes y con la historia. Así que sí, estoy de acuerdo con que es una novela para la generación de la que hablamos.
No sé cómo serán las siguientes partes de esta saga, pero solo espero que Álber_4 consiga mantener el nivel de redacción y de desarrollo que ha tenido en esta primera entrega. No me imagino lo difícil que tiene que ser autoeditar tu propio libro, empezando desde cero, sin la ayuda de distribución y publicidad que podría dar una gran editorial. Así que desde aquí le quiero mandar mi enhorabuena, por el trabajo tan bueno que ha hecho.



Si os soy sincera, el primer motivo que tuve para leer este libro fue su autor. Cuando leí que Gonzalo Hidalgo Bayal es de Cáceres como yo, me gustó mucho la casualidad. Bueno, él es nacido en Higuera de Albalat y vive en Plasencia, donde ha sido profesor de literatura durante muchos años, pero sigue siendo de la tierra. Y como a los paisanos, compañeros en la escritura, hay que conocerlos y apoyarlos, aquí estoy.
Comencé Niebla en Tánger con tantas ganas como miedo porque mi experiencia con los libros galardonados con el premio Planeta, hasta ahora, ha sido mala. Cuando he leído las obras con las que algunos de mis autores favoritos han ganado este premio, me he decepcionado muchísimo. Hasta tal punto ha sido así que me había prometido a mí misma que nunca volvería a leer ningún premio Planeta.
Hikikomori es un término japonés que se utiliza para referirse a esas personas, en su mayoría adolescentes, que han decidido abandonar la vida social y vivir recluidos en casa. Nada de quedar para tomar un café con los amigos y charlar. Nada de planear una cena romántica con la pareja. Nada de salir de juerga el sábado por la noche. Los hikikomori, ya sea por timidez extrema, agorafobia, otro tipo de trastorno psicológico o por evitar el bullying, rehúyen de cualquier contacto social. Su vida se reduce a videojuegos, cómics, películas y mucha comida instantánea; todo ubicado en una habitación, una burbuja protectora, que en ocasiones pasa desapercibida para los padres hasta que es demasiado tarde. Aunque la mayoría de los casos de hikikomori ocurren en Japón (una sociedad ya de por sí con ciertos problemas a la hora de relacionarse), se han contabilizado algunos casos fuera del país nipón.


Tengo la suerte de tener una madre que me llevó por el buen camino. Que me dio voz y voto. En mi casa y en mi vida. Me enseñó que tenía que ser una mujer fuerte y valiente y construyó sobre mí una capa de hierro para que fuera inmune a las opiniones de los demás. Me dijo que yo podía ser lo que me propusiera y que debía luchar por ello con todas mis fuerzas. Me dijo que jamás debía depender de un hombre, que tendría que aprender a sacarme yo sola las castañas del fuego. Que tenía que esforzarme por tener pronto el carnet y ahorrar para comprarme un coche, para no tener que depender de nadie si necesitaba escapar. Que estudiara para darme cuenta de que el mundo no es lo que vemos en los telediarios y que me quitara la máscara de los ojos para que todo el mundo me viera tal y como soy.
“Nunca entenderé por qué ciertas cosas que nos suceden pueden hacer mella en nosotros y convertirnos en personas diferentes. Estoy empezando a pensar que todo nos cambia en mayor o menor medida.”
La nieve siempre es muy resultona como escenario de terror. Todavía recuerdo vivamente cómo, de niño, por aquel glorioso 1982, me impresionó aquella copiosamente nevada La cosa, de John Carpenter, una película no del todo apreciada en su momento, pero que ha ganado mucho con el tiempo.


Tener esa enfermedad tan literaria que en otra época se llamó ser un letraherido es una fuente inagotable de sorpresas. Cuando pedí Luz brillante no había leído la sinopsis, no sabía nada de su autora y si quise leerla fue porque se publicitaba como la Murakami femenina y tengo una amiga muy de Murakami a la que tenía ganas de regalar una recomendación. No sabía que era un libro mítico en Japón, no sabía que tenía más de treinta años (que es una de esas cosas que uno sabe si lo lee, porque es absolutamente intemporal salvo porque en un viaje en coche ponen un casete, que ya no se estila demasiado), pero sobre todo no sabía que me iba a resultar un libro tan absolutamente emocionante, todo un impacto. Me dirán que una historia de un matrimonio entre una mujer alcohólica con cierto desequilibrio emocional del ámbito psiquiátrico y un doctor homosexual tampoco es una historia excesivamente original, pensarán que es simplemente la historia de un matrimonio de conveniencia más para mantener las apariencias en una sociedad conservadora. Si yo ahora les digo que en realidad Luz brillante es una de las más emocionantes, sinceras y honestas historias de amor que recuerdo haber leído en mucho tiempo puede que empiece a cambiar su concepción de la novela. Y si les aseguro que Shoko, la protagonista femenina, con sus problemas, que los tiene, y sus virtudes, es una heroína, una gigante de la literatura por su forma de entender su peculiar relación, por su forma de amar incondicionalmente a alguien por cómo es y no por nada más, espero haber logrado captar su atención.
Casa transparente ha sido la obra ganadora de primer Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas. Un premio que organiza la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, la editorial Sexto Piso y el Ayuntamiento de Madrid, además de otros colaboradores. Este premio tiene como objetivo fomentar las expresiones culturales en torno a la ciudad, cómo viven y sueñan los habitantes sus ciudades, cómo se proyectan en ella y como la perciben. No sé, pero a mí me pareció una idea genial en cuanto leí sobre qué trataba el premio. Además, todo lo que sea fomentar la interculturalidad siempre es algo que debemos valorar.