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Los senderos del mar. Un viaje a pie, de María Belmonte

Los senderos del mar

 

Los senderos del marCerrar un libro que a uno le ha gustado es un gesto que suele estar asociado a ciertas emociones, tantas como libros y lectores, y este Los senderos del mar no es diferente pero hay una que no es frecuente y que yo he sentido con no poca intensidad: la envidia. Sana, naturalmente. Aunque gracias al texto uno acompaña a la autora en su caminar por la costa y a que leer es la verdadera realidad aumentada, pese a que María Belmonte presta a todos los lectores sus ojos descubridores dignos de todo elogio, a uno realmente le encantaría estar en sus zapatos y caminar su ruta, disfrutar de sus paisajes y vivir sus mismas experiencias. El libro consigue lo más difícil, que es vivir la experiencia en la piel de la autora, pero la consecuencia lógica es la necesidad de vivirla en la propia.

Diría que es rigurosamente cierto que uno no conoce un lugar hasta que lo recorre caminando, que el esfuerzo y el disfrute guardan una relación directa y que en este mundo de velocidad hay en recorrer un sendero a pie, parándose a mirar cuando mirar es necesario, hay una suerte de conexión con una parte si no perdida si al menos olvidada para la mayoría de nosotros y nuestras vertiginosas existencias. Los senderos del mar no es sólo la descripción de una ruta por la costa del País Vasco, María Belmonte no se limita a contarnos lo que lee sino que completa la experiencia con lo que piensa y suma a sus reflexiones sus conocimientos y sus investigaciones de forma que acompañan al paisaje la biología, la geología, la filosofía y en fin, todo aquello que nace en la fértil mente de la autora gracias a la inspiración que el mar y los senderos le proporcionan.

Todas esas cosas no las tendría uno recorriendo esos senderos con su propio pie, por tanto el camino leído es más rico que el caminado y sin embargo uno tiene la sensación de que ese que marcan los pasos y no las páginas es insustituible. Pero si lo que hace grande el camino es la conexión con la naturaleza, lo que hace lo propio con el libro es la inquietud de una autora que todo lo mira con ojos nuevos y con ganas de saber. Alguien a quien no le basta descubrir o disfrutar, sino que necesita conocer y que afortunadamente tiene la generosidad de compartir con los demás su experiencia. Tengo la sensación de que si ver lo que ella ve a través de las páginas de Los senderos del mar es un privilegio, sería uno mayor poder disponer de unos ojos (y de unos pies) como los suyos y poder mirar nuestro propio mundo con ellos. Sospecho que lo veríamos diferente, más rico y diverso y sobre todo más interesante.

 

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Examen de ingenios, de J.M. Caballero Bonald

Examen de ingenios

Examen de ingeniosNo puedo ocultar que Caballero Bonald me gusta mucho. Tampoco es que tuviera que hacerlo. A ver, estamos hablando del Premio Cervantes 2012, de uno de los intelectuales más importantes de la literatura actual con una vasta obra de gran valor literario. Encima, por si fuera poco, poeta. Y ahí está mi punto débil: tengo debilidad por los poetas.

Como os comentaba, dentro de su obra literaria, encontramos todo tipo de genéro: poemarios, antologías, biografías, artículos y ensayos. También son numerosos los galardones que ha recibido a lo largo de su carrera. Creo que queda claro lo orgullosos que debemos sentirnos de contar con Bonald como uno de los grandes representantes de nuestra cultura.

Examen de ingenios, editada por Seix Barral, es su más reciente publicación en prosa. En este libro, Caballero Bonald recopila un centenar de perfiles de artistas con los que el autor ha tratado a lo largo de su vida.  Reflexiones y anécdotas en torno a algunos de los más importantes artistas del siglo XX es lo que encontraremos a  lo largo de las casi quinientas páginas con que cuenta esta novela. En cierto modo, y salvando las distancias, me recuerda a aquellos libros de Jesús Marchamalo en los que se perfilan algunos escritores a través de anécdotas y curiosidades como 44 escritores de la literatura universal. 

Las  anécdotas y perfiles en torno a los autores que aparecen en Examen de ingenios, son, asimismo, una maravillosa forma de conocer a Bonald. Las apariciones de los perfiles de los artistas se suceden por orden cronológico y así, encontramos a autores como Azorín, Pío Baroja, Ángel González, José Agustín Goytisolo o escritores del otro lado del charco como Pablo Neruda, Julio Cortázar, Max Aux o Mario Vargas Llosa. No sólo encontramos escritores en él, Joan Miró, Paco de Lucía o Antonio López también aparecen retratados en el último libro de Bonald. Se trata de artistas coetáneos o de generaciones anteriores a la del autor. Así, entre las semblanzas de los escritores, encontramos miembros de generaciones distantes como la del 98, la del 14, la del 27, la del 36 y la del 50.

A los lectores empedernidos pocas cosas pueden hacernos tan felices como saber más sobre nuestros escritores preferidos. ¿No os pasa? Es esa parte cotilla que todos tenemos. A mí este tipo de  libros me fascinan, sinceramente. Por ello, he disfrutado enormemente su lectura, pues conocer anécdotas, gustos y vivencias de artistas tan importantes como los mencionados me parece todo un lujo. Y sí además vienen de la mano de la experiencia de Bonald con ellos, es un auténtica delicia.

Con Examen de ingenios se aprende y se descubre, se ríe y se emociona. Podría contaros miles de anécdotas que aparecen en el libro, pero no es esa mi tarea. Para eso es mejor que os dejéis llevar por Bonald y su exquisita prosa. Estoy completamente convencida de que, si sois grandes lectores y amantes de la literatura y el arte, este libro os resultará muy curioso. Es más, estoy segura de que os encantará.

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Agua salada, de Charles Simmons

Agua salada

Agua saladaHe terminado de leer Agua salada, de Charles Simmons, un día de diario, a media mañana, en un bar de barrio a las afueras de Salamanca. Café, pincho de tortilla, el sonido de los vasos al chocar entre sí a la salida del lavavajillas como única banda sonora. A veces uno encuentra la paz lectora donde menos lo imagina, pero cuando lo hace así, de manera inesperada, la sensación que se cosecha suele ser de las más intensas. A mí me ha hecho falta llegar a esas últimas cincuenta páginas en un ambiente tan ajeno a mis costumbres lectoras para recuperar la fe que había tenido en el libro desde el principio, desde esa magnífica primera frase que me había cautivado: “En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó”.
Reconozco que he estado tentado de ponerla al principio de la reseña. Reconozco que también he querido, por un momento, transcribirla y dejarla tal cual, sola, como único testimonio de la lectura. Porque es jodidamente buena y porque, durante gran parte de su recorrido, resumía perfectamente la novela entera. Ha sido solamente en este último tramo cuando he descubierto que detrás de ella se escondía un relato de amplio calado.
Pero vayamos poco a poco. Michael, Misha, pasa el verano de sus quince años con su familia en la isla de Bone Point, un enclave ficticio y bastante paradisiaco en la costa de Nueva Inglaterra. Sus padres, que poseen una de las pocas propiedades de la isla, alquilan su casa de invitados a la señora Mertz y su espléndida hija Zina, unos pocos años mayor que Misha. Unos pocos, que cuando se tienen quince son más bien muchos, y tienden a deslumbrar, y a convertirse a primera vista en el amor de nuestras vidas. Todo suena en Agua salada a primeras veces, a pérdida de la inocencia y a cambios vitales. El verano de 1963, precisamente, precede al asesinato de Kennedy, así que la novela entera rezuma un aire a lo que se va y no volverá.
Sin embargo, la nostalgia no es el eje de la novela, y el narrador, un Michael adulto, se entretiene lo justo amasando los recuerdos. Al contrario, lo que despliega es una narración inteligente a través del variopinto grupo de personajes que transitan por Bone Point: los padres, distintos como el día y la noche (el uno, seductor y confiado, la otra, recelosa e insegura), el enigmático señor Strangfeld, el vivaracho Hillyer y la familia Mertz. Las pasiones se desatan tanto entre los adultos como entre los adolescentes, y Misha va madurando en tiempo récord a través de su propia experiencia y de la observación en sí mismo del reflejo de lo que le rodea. Por supuesto el desengaño es una parte fundamental de este aprendizaje, como lo son el sexo y el alcohol.
En ciertos momentos el ritmo decae y la novela queda adormecida. Pero, al igual que ocurre el océano, siempre presente en ella, uno nunca puede dejarse llevar. Las últimas cincuenta páginas sacuden al lector con fuerza, como si de un barco sorprendido por la tormenta se tratase. Después de pasar por ellas, una vez en la orilla final del texto, se comprende el sentido de toda la travesía anterior.
De manera parecida a lo que dije de Alfa, Bravo, Charlie, Delta de Stephanie Vaughn, creo que Agua salada tiene una calidad especial, que perdura en el tiempo. No en vano, ya tiene un par de décadas y en la impecable traducción que ahora publica Errata Naturae (de Regina López Muñoz) se lee y se disfruta como si estuviera escrito ayer. Porque esto último, en el fondo, no puede ser de otra manera. Quién no recuerda un verano, el verano del primer amor, con tantos detalles como si acabara de pasar.

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El carterista 2, de Kazuo Koike y Goseki Kojima

El carterista 2

El carterista 2Pobre, pero honrado, se decía antaño. Pues bien, como vimos en la primera parte de El carterista, nuestro héroe Ankuro es ladrón, carterista, para más señas. Pero honrado. Y como servidor también lo es, os advierto de que, para hablar de la segunda parte de este clásico del manga, tendré que desvelaros algo de la primera. ¿Trato hecho? Bien, pues más os vale respetarlo, si no queréis que os parta los dedos uno a uno, u os obligue a saltar al río con una lápida a los pies y las manos atadas con tallos secos de boniato.

La imagen que tenemos de los japoneses es la de un pueblo trabajador, eficiente y perfectamente organizado. También así sus carteristas, cuyos jefes, por lo menos en el Japón del s. XIX, llevan un escrupuloso registro de todos los miembros de su banda. Veíamos cómo en la primera parte, Ankuro, preparando su venganza, conseguía hacerse con los nombres de aquéllos que destrozaron su vida y se ponía manos a la obra. Sute el Tambaleante era el primero en caer, y el lector da por supuesto que la segunda parte le mostrará el destino del resto de la banda, entre los que se encuentran Kichi el Mojacamas, Tadasu el Dormilón y Bankaku el Ciego. Y así lo hace, pero no sin antes deleitarnos con pequeñas digresiones en forma de historias y aventuras. Una de ellas es, sin duda, la del diamante, que, por su estructura y su divertido y escatológico final, nos hace pensar en El Decamerón o Los cuentos de Canterbury. Sin embargo, si queremos buscar obras que pudieran estar relacionadas con El carterista 2, habría que pensar en el cine, y más concretamente, en ese subgénero que podríamos denominar “películas de venganza”. Y pensad que, aunque los primeros títulos que os vengan a la cabeza puedan indicaros lo contrario, lo cierto es que el cine de venganza al que nos remite esta obra es el gran cine, el de Sin perdón Malditos bastardos.

Ankuro, decíamos más arriba, es carterista pero honrado. Su código de honor le impide robar vidas (venganzas aparte), y siempre da a su rival la oportunidad de derrotarlo y ganarse su perdón en relativamente noble lid. Su confianza en su propia agilidad, ingenio y habilidades prestidigitadoras le llevan a asumir riesgos que le ponen al borde de la muerte o, en una ocasión, al borde de la castración.

Y ya que hablamos de las regiones bajas, ¿qué me decís de la lectura de vaginas? En uno de sus geniales y genitales golpes de astucia, Ankuro se presenta como un itinerante rasurador púbico, que hay que decir que era una profesión tan respetable como necesaria, por razones higiénicas, en aquel mundo de hampa y prostitución. Así, aparte de mostrar una rara habilidad para dejarles el monte de Fuji suave como el culo de un bebé, nuestro héroe deja pasmados a mujeres y sus cornudos maridos con su capacidad de leer toda su vida pasada y futura en el rincón más recóndito de su anatomía. Estamos, como veis, ante otro episodio que parece sacado de las descaradas aventuras recogidas por Bocaccio.

El carterista 2, pues, pese a inscribirse en la tradición de la literatura de samuráis y ronins, bebe, como tantos otros mangas quintaesencialmente japoneses, de numerosas fuentes tanto orientales como occidentales, tanto clásicas como contemporáneas, y nos brinda una historia sobre honor, justicia y destino, repleta de acción, violencia, y refinada crueldad, con toques de erotismo y humor. Vamos, que lo tiene todo. Manga.

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Animalotes 1, de Aaron Blabey

Animalotes 1

Animalotes 1Crea fama y échate a dormir. Eso dice el refrán, ¿no? Y no hay duda de que el refranero es sabio y siempre acierta. Pues eso es lo que les ocurre a los protagonistas de este divertido cómic, que ellos solitos se han creado su fama y ahora es muy difícil cambiarla. Nadie ha dicho imposible, pero sí que va a resultar un reto que estos animalotes puedan cambiar la fama que tienen.

El prota de todos es el señor Lobo. Desde luego que el lobo es uno de los animales con peor fama. En los cuentos siempre podemos encontrarlo como el malo malísimo y hay un montón de leyendas sobre él que no le dejan en muy buen lugar. Pero el señor Lobo resulta que es un tipo genial y majete y está aquí para demostrarlo. Para ello contará con la ayuda de otros animalotes de igual fama. El señor Serpiente, ¿qué contaros de él? Casi todo el mundo odia las serpientes y  tampoco es que sean muy populares. Pero en realidad, el señor Serpiente tampoco es tan malo como lo pintan. El señor Piraña sí que tiene mala fama porque, claro, ¿a quién no le dan miedo estos animales carnívoros? ¿Y qué decís del señor Tiburón? Spielberg ya se encargó de que todos le tengamos miedo.  Esta es la banda, ellos son los protagonistas de Animalotes 1 y el señor Lobo es quien se encargará de que todo cambie.

El objetivo de El club de buenazos es, obviamente, convertir a todos estos animalotes tan casados de los gritos, de ser los malos de la película y de que todos le tengan miedo en animales ejemplares. Tarea difícil para el señor Lobo, aunque él lo tiene claro. Juntos saldrán en busca de movidas y, sobre todo, a cumplir su primera misión como buenazos: la llamada operación perrera. Su objetivo será liberar a todos los perros que se encuentren en ella.

¿Conseguirán estos animalotes el éxito en esta descabellada misión?, ¿conseguirán librarse de la terrible fama que les precede? Es algo que tendréis que descubrir vosotros mismos, si es que sois capaces de leer las aventuras de tan terroríficos animales.

Animalotes 1 es un cómic para niños y adultos muy gamberro y realmente divertido. Los diálogos entre los animalotes, las absurdas situaciones en que se ven envueltos y el tono general del cómic son una delicia.

Lo mejor de todo es que parece que la banda le ha cogido el gusto a esto de ser unos buenazos y ya tenemos disponible la segunda entrega de esta alocada panda de animalotes. Una divertida propuesta de Anaya que seguro te hará pasar un buen rato.

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Cuentos para niños no tan buenos, de Jacques Prévert

Cuentos para niños no tan buenos

Cuentos para niños no tan buenosEste 2017 se cumplen cuarenta años del fallecimiento de Jacques Prévert y Libros del zorro rojo ha editado Cuentos para niños no tan buenos como homenaje a la figura del original autor. Si no conocéis a Prévert deberíais saber que fue un hombre muy polifacético. El francés fue poeta, dramaturgo y guionista cinematográfico. Participó en el movimiento surrealista y a él se le atribuye la invención de la práctica del cadáver exquisito, esa técnica literaria tan utilizada por los autores surrealistas. Su poemario Paroles y su guion de la película Les enfants du paradis le otorgaron gran reconocimiento.

Me parece fantástica la idea de Libros del zorro rojo de rendir homenaje a Prévert. El olvido es a veces muy injusto, pero para eso estamos nosotros, ¿no? Para encargarnos de que los grandes genios nunca mueran del todo.

Una de las cosas que me llamó la atención de este libro, además del autor, fue el título tan original. Además, saber que era obra de Prévert y que en él iba a encontrar esa dosis de absurdo que tanto me gusta era casi una garantía de éxito. Entre mis autores favoritos se encuentran Ionesco y Beckett, así que ya podéis entender por qué me gustan tanto el surrealismo y lo absurdo.

Cuentos para niños no tan buenos, como su título indica, es un libro dirigido a niños. O eso se supone. La verdad es que no he hecho la prueba aún de dejárselo a alguno de mis sobrinos a ver qué le parece. Ya os he contado alguna vez que de vez en cuando les regalo mis libros infantiles y los comentamos cuando los han leído. Es también una buena forma de saber si el libro gusta. Tengo unos críticos geniales.

Pero, como os decía, aún no he podido comentar este libro con ellos y me estaba preguntando si les gustaría, si ellos entenderían este absurdo tan absurdo que se pasea por sus páginas. Luego he pensado que menuda tontería. ¿Pero cómo no va a entender un niño el absurdo? En cualquier caso, el problema lo tendremos los adultos, con nuestras cabecitas tan reflexivas, tan lógicas y tan llenas de sentido común. Bien podríamos ser más niños en ese sentido, digo yo.

Cuentos para niños no tan buenos viene acompañado de las ilustraciones de la argentina Elsa Henríquez. Trazos gruesos en blanco y negro que acompañan brillantemente la carga surrealista de los cuentos.

¿Y sobre los cuentos? Pues tenemos todo tipo de personajes protagonistas: antílopes, avestruces y camellos. También hay humanos, pero lo cierto es que no quedan en muy buen lugar. Con gran ironía y humor, Prévert realiza una juiciosa crítica social a los seres humanos desde el punto de vista de los singulares animales. Como os decía, no es que salgamos muy bien parados, pero claro, es que a veces nos lo merecemos.

Un genial libro del que obtener varias lecturas y con el que mirarnos el ombligo con un poco de vergüenza. Que, de vez en cuando, falta nos hace.

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Postales coloreadas, de Ana Alcolea

Postales coloreadas

Postales coloreadasNo podía dejar pasar la ocasión de venir a hablarles de este nuevo libro de Ana Alcolea. Y no, en esta ocasión no es un libro infantil o juvenil, que ya saben que por su buen hacer literario en ese terreno ha recibido el Premio Cervantes Chico 2016, es porque Postales coloreadas, su última novela, es para nosotros, para jóvenes y adultos a los que nos gusta leer, entretenernos y buscar siempre un poco más allá de las palabras, leer incluso en los espacios en blanco.

La autora nos guía por su lejana historia familiar:

“Mi abuela no nació junto a ningún río, ni siquiera a la orilla de un canal, como yo, que vine al mundo al norte de uno, muy cerca de donde habían estado los soldados franceses cuando la guerra de la Independencia, muy cerca también de donde estuvo el polvorín que estalló cuando la otra guerra, la civil, y que destrozó medio barrio y la casa de mis abuelos…”.

Y cuando parece que es ahí donde empezará la historia, casi sin darnos cuenta nos lleva volando en el tiempo hasta la Almería de finales del Siglo XIX, y concretamente hasta la casa de Don Mateo y Doña Margarita, los primeros familiares a los que se remontará esta saga familiar. Y a Juan, hijo de éstos, que será la columna vertebral y dará continuidad a de toda esta historia.

Me encanta como Alcolea se nos va haciendo presente de vez en cuando para recordarnos que estamos ante una novela, es posible que también lo haga para recordárselo a ella misma, porque lo que tengo entre manos en una mezcla de hoy y ayer, pero también de ficción y realidad, de recuerdos y de sueños, de deseos de saber o de no saber, incluso deseos de hablar o de callar.

Me ha gustado intuir de donde le viene a la autora el amor por Italia, por la música, por la mejor de las músicas, su deseo de aprender y sobre todo de enseñar las palabras que tanto ama y que tantas y tantas mujeres de su familia no pudieron utilizar, incluso deseándolo.

Así era la vida, el mundo era de los hombres, incluso los mejores eran tremendamente injustos con las mujeres a las que querían y a las que creían respetar.

Parecía que nos íbamos a mover entre gentes refinadas y cultas, pero ya saben que si la realidad muchas veces supera a la ficción, este es el caso. Su bisabuelo Juan se enamoró del futuro, y el futuro lo llevó lejos, muy lejos de todo aquel bienestar que un día abandonó para no volver a él nunca más.

Y en ese futuro, que era el ferrocarril, es donde podría decir que su vida se empieza a unir a la mía. El Ferrocarril. Esas familias con hijos nacidos en cada estación a las que iban destinados los trabajadores… Siempre me ha llamado la atención lo poco que viajaban los poseedores de aquel bien tan preciado llamado “kilométrico”, y que no era otra cosa que un pasaporte para viajar gratis en tren que tenían los hijos de los ferroviarios hasta que se casaban. En mi caso hubiese sido, seguro, un pasaporte a la felicidad 😉

La vida de los ferroviarios daba muchas vueltas, tantas que Juan acaba casándose con una joven gallega a la que arrastrará por la vida y por los más diversos lugares de España, desde grandes ciudades como Madrid a los más pequeños y casi desérticos pueblos de Teruel… ¡Pobre provincia de Teruel que ya nació siendo pobre! Para terminar en Zaragoza… En la antigua estación de Utrillas que hoy es un centro comercial sin ningún encanto. La historia que a mí me incumbe, termina también en Zaragoza, en este caso en la estación del Norte, hoy convertida en un gran centro cultural, que si bien se ha conservado en parte, se dejaron perder las grandes estructuras del techo en la zonas de los andenes… y hoy la ciudad se lamenta también por ello.

Ya ven, todo un recorrido vital en el que Ana Alcolea nos muestra un amplio abanico de personajes, todos tratados con respeto y cariño, pues como la propia autora repite a quien se lo quiera preguntar, es este su libro más personal, ese en el que ha puesto muchos años de trabajo, años de recuerdos reales y ficticios, esos libros que se escriben para que no desaparezcan las palabras y las historias que un día otros nos contaron.

Pero no por eso esconde la dura realidad que les rodeó, una historia novelada que nos va dando datos históricos para situarnos en todo momento en un lugar y un momento, y la autora presente aquí y allá para puntualizar, para frenar a la escritora en sus afanes novelescos, a los que en ocasiones cede, siendo en esos casos fiel con el lector, haciéndole cómplice de sus necesidades… Y dejar que así, la novela fluya.

Una historia contada como se cuentan los cuentos, sin capítulos, dando continuidad al pensamiento, a la historia, que quiere hacer que transcurra como la vida, toda seguida, dejando vías abiertas en unos sitios y cerrando otras de forma tajante.

Una autora que sí es profeta en su tierra, pues este año ha sido la pregonera de la Feria del Libro de Zaragoza donde es seguro que habrá firmado muchísimos ejemplares de estas Postales coloreadas, pero no dudo ni por un momento que frete a las casetas en las que estuviese habría montones de chavales con sus libros des siempre para que se los firmase ¿Qué chaval de primaria o secundaria no conoce a Ana Alcolea? Una de las mujeres más placeadas de España y que más colegios e Institutos ha recorrido en este país 😉

La portada es de Alberto Gamón ¡Qué delicia! Si me emocionó antes de leer el libro por su belleza, imagínenme ahora que he leído el libro y puedo darle sentido. Mi particular sentido, claro, el que yo quiero que sea, el que necesito que sea. A nuestro presente ha llegado el futuro y el sueño de ELLAS, de aquellas que nos precedieron, a las que les robaron el poder de las palabras, si algo se puede rescatar de lo que de ellas queda en nosotras, hay que hacerlo, y hacerlo como lo ha hecho Alcolea ha sido un lujo y un regalazo para lectoras como yo.

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Apegos feroces, de Vivian Gornick

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Apegos feroces, de Vivian GornickCuanto más me gusta un libro más me cuesta hacer la reseña. Es algo que vengo notando últimamente. Debo tener alguna tara, porque se supone que es cuando más debería explayarme, pero me quedo en blanco, quizá asimilando aún lo que he leído y solo me sale deciros: leed, leed, malditos. Y podría quedarme ahí, simplemente en la vehemente recomendación y puede que ya con eso me entendierais. Pero claro, es mucho más lo que puedo contaros de esta novela, así que allá voy.

Ya que Apegos feroces es una novela autobiográfica, me parece imprescindible hablaros de Vivian Gornick, su autora. Nacida en 1935 en el Bronx, (Nueva York), Vivian ha trabajado como periodista para medios como Village Voice, The Nation o The New York Times. Es periodista y ensayista y ha escrito textos críticos, periodísticos y memorias. Eso sí, su escritura siempre viene marcada por el mismo rasgo y es que todos sus escritos se conciben desde la perspectiva de género. Gracias  a esta característica, Vivian se ha convertido en una de las voces más representativas del feminismo en Estados Unidos. Algo que me fascina, pues ya sabéis mi devoción por la gente que promueve y reivindica el feminismo. La literatura, además, me parece uno  de los mejores vehículos para ello.

Publicada en 1987, gracias a la editorial Sexto Piso podemos disfrutar de ellas en español por primera vez. Como os decía, Apegos feroces es una novela sobre mujeres. Las memorias de Vivian Gornick se desarrollan a través del vínculo de ésta con su madre. Y creedme cuando os digo que es una de las relaciones madre-hija más desquiciada, cautivadora y, en cierto modo, emotiva sobre la que jamás haya leído. Ese vínculo, tan estrecho, tan irrepetible e inquietante que sólo puede establecerse entre una madre y una hija aparece reflejado a lo largo de toda la novela. En torno a él, la autora realiza un ejercicio autobiográfico que no sólo se limita a la relación materno-filial, sino que resulta ser el reflejo de la sociedad de aquella época.

Ahora que las dos son ya mujeres mayores y que, a pesar de lo conflictivo de su relación, ambas disfrutan (o comparten) sus paseos juntas por Nueva York. Y entre caminos, parques y calles transitadas, se desgrana la historia de madre e hija. Una historia irremediablemente compartida, pero que cada una interpreta a su modo. La infancia de la autora en el Bronx en casa de sus padres, las historias de los vecinos y amigos, su relación con los hombres, su vida, en suma.

Y la sombra de su madre siempre presente, en cada momento, en cada decisión, en cada vivencia. Porque, a pesar de lo difícil de la relación entre ambas, su madre es la figura que prevalece en el relato de su vida. Como una especie de recordatorio o de advertencia de lo que podrá ocurrir, de todo lo común y todas las diferencias.

Todas las vivencias, todos los recuerdos vienen acompañados de todas las mujeres que conforman la vida de la autora. Mujeres fuertes, valientes. Dos modelos antagónicos en los que fijarse, que van a servir como guía de su propia vida: el de su madre y el de Nettie, la independiente y apasionada vecina.

Una novela sobre mujeres escrita por una de las voces más destacadas del movimiento feminista. Se me hace imposible no recomendar Apegos feroces, no invitaros a adentraros en esta relación madre-hija, en este brillante reflejo de todas esas grandes mujeres. Sin duda, una de las mejores novelas que he leído últimamente.

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El método Catfulness, de Paolo Valentino

El método Catfulness

El método CatfulnessYa está aquí la loca de los gatos, diréis. Y no seré yo quien os quite la razón. Aquí estoy otra vez para hablaros de gatetes. Fijaos si me gustan los gatos, que hasta me atrevo a leer libros basados en mindfulness y demás cosas raras que no me van demasiado con tal de leer sobre felinos. ¿Sabéis qué es el mindfulness? Pues algo así como una filosofía de vida basada en la meditación para mejorar la calidad de vida y otros conceptos abstractos que mi mente, tan poco espiritual en estos casos, no logra entender. Pero vamos, lo idea básica creo que la he captado.

El método Catfulness se inspira en esta filosofía de vida pero en este caso con gatos como maestros. Que a mí, personalmente me inspira más confianza un gato que cualquiera de esos gurúes illuminati. No, si al final me la estoy buscando…

El caso es que de mayor no me importaría nada ser gato. Pasarme horas durmiendo y comiendo cuando me apeteciera, dominando a los humanos mientras planeo conquistar el mundo. No me digáis que no es un buen plan. Y si encima eres un gato casero, que tiene siempre comida a su alcance, camas calentitas, caricias y juguetes yo firmo ya por convertirme en felina. Mientras tanto se me pasa observando a mis dos compañeros de piso peludos.

El método Catfulness nos propone un programa en siete semanas para alcanzar esa filosofía mindfulness a través de la sabiduría gatuna. Cada día de la semana recibimos una enseñanza y, al finalizar la semana, el libro nos propone un ejercicio para llevar a cabo lo aprendido.

Y es que hay muchas cualidades que podemos aprender de nuestros compañeros. La paciencia es una de ellas. Cuando lo preguntaron a un maestro sufí quién le había ensañado a meditar, su respuesta fue “un gato agazapado frente a la madriguera de un ratón”. Además de la paciencia, los gatetes tienen otras cualidades que deberíamos imitar como son la curiosidad, la importancia del descanso, el valor de la rutina, la tranquilidad, ser agradecido, dependiente o aprender a desahogarse o a decir que no. La verdad es que los gatos son maestros en estos asuntos y a nosotros todavía nos queda mucho que aprender.

El método Catfulness viene acompañado de las ilustraciones de Mariana Coppo, que son muy acertadas y aportan  una dosis de ternura al texto.

La idea es original. Como os decía, puestos a seguir aluna filosofía me quedo con la felina. No nos vendría nada mal aprender de ellos y aplicar sus geniales cualidades en nuestro día a día. Seguro que en muchos aspectos nos  iría mucho mejor.

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La gran novela de las matemáticas, de Mickaël Launay

La gran novela de las matemáticas

La gran novela de las matemáticasEn el instituto me decanté por letras puras porque era lo que me gustaba y lo que realmente se me daba bien: la lengua y los idiomas siempre han sido mi fuerte. En cambio, las matemáticas siempre se me han dado mal. No sé si es un tópico decir que hay personas con una mente más preparada para las ciencias que otras. A mí no lo parece, sinceramente. Y desde que trabajo con niños y adolescentes, lo tengo más claro. En seguida se ve a qué niños se le da mejor un ámbito que el otro. También dicen que el tener un buen profesor hace mucho. Obviamente, si desde pequeños se nos estimula adecuadamente para un campo determinado, es más fácil comprenderlo y disfrutarlo. En cualquier caso, yo no voy a echar la culpa a mis profesores. Me la voy a echar a mí porque cada vez que tengo que hacer un cálculo complicado (y a veces hasta sencillo) pongo la misma cara que Joey en Friends cuando intentaba interpretar un personaje que había recibido una mala noticia.

Aun así, me gustan las ciencias. Me parecen muy interesantes algunas de sus aplicaciones y teorías. Mis carencias en el ámbito científico las intento mitigar viendo al gran Carl Sagan y leyendo, de vez en cuando, libros que se alejan de lo que acostumbro a leer. Aunque a veces no entienda nada, soy así de cabezota. Por eso, La gran novela de las matemáticas me atrajo desde un primer momento. Un libro que se vende tal que así: “Si nunca llegaste a comprender las matemáticas, incluso si las llegaste a odiar, ¿qué te parecería darles una segunda oportunidad? Es muy posible que te sorprendas…” iba dirigido para mí. Tengo que levantar la mano, como si aún siguiera en el cole,  y asentir: sí que las llegué a odiar.

El francés Mickae las matemël Launay, doctorado en probabilidades y apasionado de las matemáticas, nos propone un viaje desde la prehistoria hasta la actualidad a través de las matemáticas. Desde las figuras geométricas usadas para decorar la cerámica y los primeros números usados por los mesopotámicos para contar, hasta conceptos como el número pi, la sucesión de Fibonacci o problemas matemáticos que aún no han podido ser resueltos.

Un viaje diferente, a un mundo que quizá  nunca hemos llegado a entender realmente, pero que gracias a los ejemplos cotidianos y reales que el autor nos expone nos hace comprender mejor todas esas incógnitas. Su lenguaje, claro y directo, y la cantidad de ejemplos ilustrativos que utiliza el francés nos transmite su pasión de manera sorprendente.

No sé si a partir de ahora empezarán a gustarme más las matemáticas ni a dárseme mejor, pero sí que soy más consciente de su importancia y creo que libros como éste son de gran ayuda y los encuentro realmente útiles. Ya sé que a algunos de los niños con los que trabajo les va a encantar y eso es ya una garantía, ¿verdad? Mientras tanto, creo que seguiré poniendo la misma cara que Joey al intentar dividir doscientos treinta y dos entre trece. Me aporta mucha credibilidad.

 

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Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje, de Nick Jans

lobo negro historia de una amistad salvaje

lobo negro historia de una amistad salvajeCuenta una vieja leyenda que en una época no muy remota los indios de Norteamérica y los lobos acordaron una tregua. Decidieron no agredirse los unos a los otros por el bien de la comunidad. Con el tiempo este trato los llevaría a cooperar, cuidando no solo de la tierra que habitaban sino también de sus respectivas familias y en especial de los más pequeños. El compromiso de paz con el tiempo mudaría en una amistad entre especies. Desgraciadamente aquel pacto sagrado llegó a su fin cuando los primeros colonos europeos pusieron un pie en Norteamérica, y una bala en cada lobo. La amistad entre indios y lobos expiró por unos terceros que, aun siendo de la misma especie que los nativos de aquella tierra, nada tenían que ver con el acuerdo. Tras la separación, los indios tomaron asiento en las llanuras cercanas a los ríos y los lobos huyeron hacia los bosques, al abrigo de la espesura que les brindaba la naturaleza.

Sabemos que las leyendas no son más que cuentos ornamentados con magia y fantasía para disfrazar, y retorcer, lo que en su momento podría haber sido un hecho real. El germen que dio pie a la leyenda del pacto sagrado entre indios y lobos tal vez fuera un suceso similar al recogido por el libro que hoy nos ocupa; un hecho real, una biografía inverosímil y emotiva que bien podría convertirse en una estupenda leyenda. “Esta es una historia con luces y sombras, esperanza y tristeza, miedo y amor, y quizá una pizca de magia.”

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje publicado por Errata Naturae, cuenta la asombrosa historia de un lobo negro en busca de la amistad. Un lobo que, contra natura, se acercó a los perros que eran paseados por los habitantes de Juneau (capital de Alaska) en busca de amigos con los que jugar pero que, por extensión, fue trabando amistad también con los humanos. Nick Jans, vecino de la ciudad, será la voz que nos llevará por las diferentes etapas que marcaron la vida de Romeo (nombre con el que sería bautizado el lobo). Aunque Nick Jans es el autor del libro (porque alguien tenía que contar esta historia) y principal testigo de todo lo que aconteció, su narración se construye con el andamiaje que le facilitaron las entrevistas de vecinos, amigos, turistas, artículos del periódico local y expertos en fauna, como biólogos o agentes del Departamento de Pesca y Caza de la zona que eran incapaces de dar con una respuesta satisfactoria al misterioso comportamiento de Romeo. “Al margen de dónde viniese el lobo negro, todos coincidíamos en algo: no había nada a la altura de ese espectáculo en todo el planeta.” El autor además utilizaría esta confraternización entre especies no solo para estudiar a uno de los animales más hermosos sobre la faz de la tierra, sino también como una forma de redimir su época de cazador con los Inuit.

Aunque el hilo conductor de la narración es el singular y hermosísimo lobo Romeo (disfrutad y quedad cautivados con las fotos que incluye el libro), Nick Jans aprovecha la coyuntura para explorar todas las facetas que rodean la vida salvaje de estos cánidos, consiguiendo al final realizar una exhaustiva y pulcra radiografía de tales animales. De esta manera, y siguiendo siempre la huellas del carismático Romeo (al cual, tras unas pocas páginas, veremos como a un amigo especial y peludo) el autor nos hablará de los hábitos alimenticios de los lobos, del apareamiento, de los lobeznos y las enseñanzas que estos reciben por parte de congéneres más experimentados y hasta de las habilidosas técnicas de caza que éstos emplean, mostrándonos además, y haciendo especial hincapié, en el importante lugar que los lobos ocupan en la cadena trófica.

Pero Lobo Negro no es solo una historia sobre una amistad fascinante entre especies que se fraguó a lo largo de los años, es también una oda a la naturaleza salvaje. Lugares de nívea blancura, laderas boscosas de verdor primaveral, lagos helados, titánicos glaciares y montañas escarpadas serán escenarios recurrentes que a lo largo de la novela os transportarán al mismísimo corazón de Alaska gracias a las descripciones que emplea el autor y que en ocasiones tienen cierto cariz poético.

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje encantará a toda persona que cuando observa la naturaleza ve belleza y cuando mira a un animal ve algo sagrado. Sin embargo, no es a ellos a quienes voy a recomendar leer este libro, sino a todos esos que a la tortura y posterior muerte de un animal lo llaman con orgullo arte, o a aquellos que únicamente contemplan la vida animal a través de una mira telescópica antes de segarla. Tal vez leyendo Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje descubran que los animales son algo más que un trofeo que colgar en la pared de su particular salón de los horrores.

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La ninfa de porcelana, de Isabel Allende

La ninfa de porcelana

La ninfa de porcelanaColorear o pintar dibujos pautados para adultos está de moda. En todas las librerías hay cuadernos y libros de este tipo. Lo cierto es que hay que tener paciencia para ponerse delante de algunas de estas láminas porque las hay de lo más sofisticadas e intrincadas. A mí me encantan, tengo que confesar que no les dedico mucho tiempo, pero me gusta tenerlos y me encantan las pinturas, rotuladores y demás material necesario. Es como volver a la escuela, a la infancia. Creo que en parte, en esto radica el éxito de estos libros, en la vuelta atrás. No necesitas mucha concentración, porque puedes colorear y estar pensando en cualquier otra cosa, aunque lo ideal es despejar la mente, ponerte música relajante y dejar actuar a las hadas de los colores. Tampoco tienes que ser muy hábil con el dibujo porque vienen hechos, con no salirse mucho de las pautas ya está. Luego pueden quedar mejor o peor dependiendo de lo bueno que seas combinando tonos, haciendo sombras y demás técnicas. Y como “para gustos hay colores”, cada uno es libre de escoger los que quiera.

Yo uso esta técnica de relajación en los cursos para mujeres mayores, junto con risoterapia y actividades para fortalecer la memoria, siempre hago algún ratito de relajación y a veces utilizo mandalas. La primera vez que lo probé, tenía mis dudas: ¿y si piensan que las trato como a niñas pequeñas? Algunas eran reticentes alegando su nula capacidad artística, pero al ver que solo había que rellenar con colores los espacios, a gusto de cada una, ya les pareció más viable. Pintamos un rato en la clase, con música que se utiliza en yoga y les dije que lo acabaran en casa. Para la siguiente clase todas habían acabado su dibujo y me pidieron más láminas para casa, una para cada día si podía ser. Les encantó. Las que tenían los nietos cerca, compartían sus estuches de pinturas y mientras ellos hacían los deberes, ellas coloreaban lo suyo. Salvo alguna sorpresa, se refleja la personalidad de la gente con estos ensayos. Las que están algo depres utilizan oscuros, tonos neutros y dejan espacios sin pintar. Las nerviosas o impacientes, también lo son aquí: dejan huecos o pintan con ceras gordas, para acabar antes. Las graciosas, alegres y parlanchinas, usan muchos colorinchos, mezclan a lo loco y el resultado suele ser estridente y algo psicodélico. Es divertido y, a veces, revelador.

La ninfa de porcelana es uno de estos libros para colorear, pero además en un cuento maravilloso de Isabel Allende. Yo con esta mujer no soy objetiva, lo siento, he leído casi todo lo que ha escrito, soy una gran admiradora. Este cuento es ella, con su realismo mágico, con ese arte de introducir lo fantástico en lo cotidiano, con naturalidad y franqueza, con optimismo y alegría de vivir. Las regalías (royalties) que le corresponden por esta obra se destinan a la Fundación que lleva su nombre. Las ilustraciones, preciosas por cierto, son de Ana de Lima y acompañan al cuento perfectamente: fantásticas, alegres, de ensueño.

El argumento es el siguiente: estamos ante el caso de don Cornelio, un caballero de cierta edad, de los clásicos, recto y educado. Los vecinos ajustaban sus relojes cuando lo veían pasar porque era meticuloso hasta el segundo. Trabajaba en una notaria aburrida y polvorienta. Un día de otoño cambia su vida; abren una tienda de antigüedades en su calle y se queda fascinado por una figura de una ninfa de porcelana que está en el escaparate. Decide comprarla y esto trastoca toda su ordenada vida. Don Cornelio puede hablar e interactuar con Fantasía, la ninfa, lo que le hace ver las cosas de otra manera y cambia la forma en que los demás lo tratan a él. Es una historia preciosa de ilusión y cambio, lo que da todavía más sentido a la idea de colorearla, ya que la vida de don Cornelio era oscura y gris y ahora, es alegre y multicolor.

La edición es muy buena, el papel es de buena calidad, o sea, se pueden usar rotuladores que no traspasa (eso da mucha rabia). Hay otro regalo añadido, especial y muy acertado en este libro y es que tiene en la contraportada un código QR que hace que puedas escuchar a la propia Isabel Allende contándote el cuento durante 24 minutos. A mí me ha propiciado sesiones muy íntimas y relajantes, mágicas, poder escucharla y aislarme de todo, mientras daba vida a los dibujos con los colores.

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