Publicado el

Cuando me veas, de Laura Gallego

Cuando me veas

Cuando me veasSe dice que el bullying es un tema reciente, que antes eso no existía. Cuando un niño se metía con otro, se le quitaba hierro al asunto diciendo que “eso es cosa de críos”. Incluso he llegado a escuchar la frase “los que se pelean, se desean”, como modo de exculpar cualquier comportamiento agresivo que un niño pudiera tener contra otro.

Se dice que el acoso escolar es una cosa moderna. Que antes los niños eran menos sensibles y estaban menos protegidos por mamá y papá. Se dice que ahora existe porque los niños están muy mimados y a la mínima de cambio se ofenden y hacen de un insulto o un empujón un mundo.

Se dice que el bullying es algo inventado por los medios, que suelen sensacionalizar todo lo que rozan. Que, en realidad, no es para tanto y que los suicidios de niños que sufren acoso, se dan porque esos chicos ya tenían algo en la cabeza que no andaba bien.

¿Y sabéis qué? A mí todo esto se me hace bola. Como que no lo entiendo. Como que se me atraganta bastante. Porque el bullying SÍ QUE EXISTE. Es tan real como los insultos que sobrevuelan las aulas, como las collejas gratuitas que vienen y van, como los tirones de orejas, como las palizas que llegan a romper huesos, como los suicidios de niños que no pueden más.

Es un tema real que espero que no te haya tocado vivir en tu propia piel. Espero que ningún matón haya llegado a presionar a toda la clase para que todos dejaran de hablarte. Espero que no hayas tenido que ir a un psicólogo por no encontrar tu sitio en el aula. Y espero que jamás nadie te haya puesto una mano encima. Porque eso significaría que lo pasaste muy mal en el colegio y que para ti pensar en aquella época no te trae más que malos recuerdos. Y nadie, absolutamente nadie, debería sentirse así.

Ya sabéis que yo amo a Laura Gallego y que he leído la mayoría de sus obras, aunque es cierto que todavía me quedan bastantes por guardar en mi estantería. Suele sacar un libro al año y yo lo espero como agua de mayo. Esta vez, le ha tocado el turno a Cuando me veas, una obra de ficción que poco tiene que ver con lo que suele regalarnos. Aquí no encontramos dragones, hadas, brujos o princesas. Aquí encontramos a Tina, una chica normal y corriente que no termina de encajar del todo en el instituto debido a sus orígenes latinos. Su mejor amiga, Salima, también intenta pasar desapercibida, pero sus rasgos árabes la delatan. Entre tanto, una muerte deja boquiabierto a todo el instituto. Un chico se ha tirado por una azotea. Un chico que sufría demasiado. Este podría ser el desencadenante que lleva a Tina a descubrir que tiene un poder muy especial, uno del que no había sido consciente y que le permitirá proteger a aquellos que por sí solos no pueden.

Cuando me veas es un libro muy especial. Es un grito de valor, una esperanza para todos esos niños que preferirían morir antes que enfrentarse a otro día en el colegio. Es un jarro de agua fría que se echa sobre todos aquellos que dicen que el bullying no existe.

Yo no sé si lo sufrí cuando iba al colegio. Y no lo sé por una sencilla razón: cuando yo era pequeña, esas cosas eran “normales” y ningún profesor se atrevía a darle importancia. Recuerdo que cuando estaba en quinto de primaria, una chica hizo que toda la clase dejara de hablarme. Pero no solo a mí, también a otra chica que tenía que soportar día a día que se metieran con ella por su peso, por su ropa o incluso por su peinado. Había otra chica que era pelirroja y tenía que soportar que la insultaran a diario, haciéndola que se sintiera diferente y fuera de lugar. El chico con sobrepeso era conocido como “el gordo”. A mí me llamaban “la jirafa”, porque tenía un cuello demasiado largo. Otra era “la pechoplacha”, porque no tenía la talla de sujetador que los demás consideraban correcta. Otra, “la peloescoba”, porque tenía el pelo seco. Y así, infinidad de motes que dejaban ver la calidad humana que reinaba en esa clase. ¿Eso es bullying? No lo sé. Pero no era agradable, desde luego. Y no hay nada más triste que levantarte por la mañana y odiar con todas tus fuerzas lo que vas a hacer las ocho horas siguientes.

Gracias de nuevo, Laura, por escribir. Por darnos historias como esta, y como todas las demás. Historias con valores, con esperanza, con protagonistas reales, que hablan de la homofobia, de la xenofobia, del bullying, del maltrato y de todos los tabúes que hoy existen en nuestra sociedad. Gracias por hacer que millones de chicos y chicas lean tus libros y se enteren de que pueden ser valientes y de que uno puede ser el héroe del cuento con solo proponérselo. Gracias.

Publicado el

Textos huérfanos, de Enrique Jardiel Poncela

textos huérfanos

textos huérfanosUn humorista no suele ser gracioso todo el día, ni siquiera en su trabajo, aunque este consista precisamente en serlo. Hacer reír a todo el mundo es misión imposible, porque el humor es subjetivo, fruto de una determinada forma de ver la vida, de una cultura, de una época.

Recomendar un libro de humor también es complicado. Lo que me ha divertido a mí puede dejar frío a otro o incluso ofenderle. Mirad si tiene tela el humor, aunque muchos lo consideren un arte de segunda. Aun así, hoy vengo a hablar de un libro escrito por uno de los humoristas españoles más relevantes del pasado siglo, Enrique Jardiel Poncela, y no una de sus obras más conocidas, sino Textos huérfanos, un recopilatorio de sus escritos de juventud, esos que hasta él olvidó cuando alcanzó notoriedad, y que la editorial Berenice reimprime por primera vez desde entonces.

Textos huérfanos contiene aquellos artículos experimentales que Jardiel Poncela publicó en las revistas Buen Humor y Gutiérrez durante los años veinte, mucho antes de darse de bruces con la censura franquista. En ellos, el cómico madrileño dio rienda suelta a su creatividad y explotó especialmente el humor absurdo, en el que logró muchos momentos de brillantez. He disfrutado de sus reconstrucciones históricas de la batalla de Lepanto y del viaje de Colón, de sus pequeñas obras teatrales parodiando la psicología cotidiana, de sus aforismos, de sus refranes inventados, de sus juegos de palabras y de la falsa atribución de frases célebres a famosas figuras de la Historia. Imaginad mi sorpresa al reconocer algunas de esas bromas, y es que más de una de las ocurrencias de Jardiel Poncela han pasado de boca en boca a lo largo de las décadas.

Aunque predominan los textos experimentales y frescos, también hay chistes rancios y machistas, porque, como decía, el humor es reflejo de una cultura y una época determinadas. Eso me ha hecho pensar en el debate sobre los límites del humor que está tan en boga en los últimos tiempos, ya que algunos de sus artículos, escritos hace casi cien años, serían objeto de demanda si se escribieran hoy. Os dejo el caso que me ha parecido más llamativo, para que juzguéis vosotros mismos:

Extracto de «Oficios que la mujer puede desempeñar»:
Adúltera
Escritora
Feminista
Víctima de un crimen (consecuencia de las tres anteriores).

Las sensibilidades cambian con los años, no cabe duda. El ejemplo anterior a mí me parece de mal gusto, pero otros chistes que tiran de topicazos entre hombres y mujeres sí me han hecho gracia, igual que los de otros asuntos que siguen hiriendo muchas susceptibilidades actualmente, como es el caso de los deseos de independentismo de Galicia, País Vasco y Cataluña.

Textos huérfanos es así: va de lo absurdo a lo incisivo, de lo trivial a lo reflexivo. En aquellos años, Jardiel Poncela escribió todo lo que quiso: a veces, innovando el humor, otras, recurriendo a los clichés; a veces, con creaciones brillantes, otras, con textos para salir del paso. Y es que, como decía, no se puede ser gracioso todo el tiempo ni hacer reír a todo el mundo. Sea como sea, la publicación de Textos huérfanos es una buena noticia para los seguidores de Jardiel Poncela que deseen descubrir al artista en sus primeros años y para aquellos amantes del humor absurdo que quieran conocer a uno de los pioneros españoles de esa vertiente. Y también es una oportunidad para revisar los límites del humor que había en nuestro país hace casi un siglo y que cada uno reflexione si hemos avanzado o retrocedido.

[product sku= 9788416750320 ]
Publicado el

Relatos clínicos

Relatos clínicos

Relatos clínicos Al ver qué estaba leyendo estos Relatos clínicos de Sigmun Freud, una amiga me comenta que Freud es suena ya como viejuno, que está pasado de moda… Eso pensé yo, pero no podía resistirme a leer estos casos concretos que un día escribió para dejar constancia de su trabajo, aunque yo creo, como también lo cree el propio Juan José MIllás y así lo manifiesta en su prólogo, que lo hizo sabiendo que eran más que una historias clínicas, y es por ello que no conserva nombres y en algunos ni fechas exactas para no poder ser identificados.

Freud sabía que estos relatos clínicos podían tener un recorrido más largo. Y ese es el que a mí me interesaba. El valor literario.

Y eso es lo que lógicamente piensa mi mente literaria, pero luego está mi otro yo algo más cotilla al que le encanta leer sobre otros, biografías interesantes, expedientes médicos o judiciales, testamentos antiguos … Ya saben, hurgar un poco en las profundidades de los hechos reales.

Y desde luego no me ha quedado otra que estar absolutamente de acuerdo con Millás al decir que estas historias poseen “eficacia narrativa”, me parece una expresión de lo más acertada. Además son historias completas, incluso las más cortas de apenas unas líneas.

Todos sabemos que Freud es el padre del psicoanálisis, muchos sabemos de él por su obra más importante, La interpretación de los sueños, pero no porque hayamos leído este libro donde expone toda la teoría de su especialidad, sino porque a todos nos suena eso de las teorías froidianas sobre la sexualidad, ya saben, eso de que según Sigmund Freud la sexualidad rodea todo lo que somos y está presente desde que nacemos.

Este ejemplar que tengo en mis manos y que he leído con gran delectación, es una cuidada edición que Siruela ha dejado al cuidado de la también psicoanalista Isabel Menéndez, y cuyo resultado les puedo asegurar que no les dejará indiferentes. Es probable que al finalizar la lectura no les parezca tan viejuno, y que incluso ustedes quieran adentrarse en la mente de estas “señoritas” a las que psicoanaliza y trata el Doctor Feud.

Porque esto sí es algo que me ha llamado la atención. En este libro todas las pacientes son mujeres, y la mayoría jóvenes, aunque los temas están agrupados en la parte primera encontramos la dedicada a la sugestión y la hipnosis; en la segunda parte los casos están dedicados a las Obsesiones y fobias, ¡más de uno estará pensando que esta parte me habrá venido de maravilla!, y por último veremos casos sobre paranoia y homosexualidad …

“… Nos vemos así forzados a dar la razón a los poetas que nos describen preferentemente personas que aman sin saberlo, no saben si aman o creen odiar a quien en realdad adoran. Parece como si las noticias que nuestra conciencia recibe de nuestra vida erótica fueran especialmente susceptibles de ser mutiladas o falseadas. … “

Así, con este fragmento pueden ustedes hacerse una idea de su estilo narrativo, aunque les diré que revive con naturalidad los diálogos con las pacientes, así como con los colegas o amigos a los que consulta.

En esta ocasión he seguido el ritmo establecido por Isabel Menéndez, esto es, primero he leído el prólogo de Juan José Millás, para después adentrarme en los casos concretos y terminar con el estupendo cierre o epílogo de Isabel, en el que responde a mi pregunta del porqué todas las psicoanalizadas son siempre mujeres, y en el que descubro la importancia del valor de la mujer, ella apuesta siempre por la lucha para resolver los temas que le inquietan, no dudando en ofrecerse para su curación, pero también para la experimentación y el avance de la ciencia, así que he llegado a pensar que tan importante fue el padre del psicoanálisis como esas primeras mujeres que se dejaron tratar por él.

[product sku= 9788416964338 ]
Publicado el

Ayako 2, de Osamu Tezuka

Ayako 2

Ayako 2Un autor de cabecera es, según el diccionario, aquél por el que se manifiesta preferencia y que se lee con frecuencia. El  origen de la expresión se encuentra en la cabecera de la cama, que es donde algunos, supongo, ponen sus libros favoritos o, sencillamente, aquéllos más conducentes a tener un sueño dulce y reparador. Dado que mis autores favoritos provocan sueños más bien tormentosos, nunca los coloco a la cabecera de la cama. Por ello, voy a cometer la osadía de enmendar la plana a esos señores tan serios que escriben diccionarios, y corregir su definición de autor de cabecera.

Autor de cabecera: dícese de aquél cuyo estilo nos gusta tanto que nos da igual la historia que nos esté contando.

De acuerdo, la redacción podría estar mejor, pero no me negaréis que mi definición se ajusta mucho más a la realidad. Así, entre mis autores de cabecera se encuentran, por ejemplo, escritores como Bolaño o Faulkner, cuyos respectivos estilos me maravillan, escriban lo que escriban, y de quienes hace años que no leo nada.

Otro de estos autores de cabecera es, desde luego, el maestro Osamu Tezuka, quien, incluso en sus obras más flojas, es capaz de deslumbrarnos con sus insólitas perspectivas, su inagotable creatividad, su sentido cinematográfico y sus personajes siempre apasionados al borde del abismo. Pero cuando, además, a su inimitable estilo se une lo que ya describí en Ayako 1 como un majestuoso melodrama, los fans del manga, esa religión que se extiende por el mundo a pasos acelerados, no cabemos en nosotros de gozo.

La fiesta, es decir, el drama terrible, la tragedia familiar, los asesinatos y las venganzas a troche y moche, continúan en este Ayako 2, en el que nuestra trágica y perturbada heroína crece y se enfrenta con escasas armas a la terrible vida que la espera.

El trabajo gráfico de Tezuka es, una vez más, sensacional, y uno puede pasarse las horas bobas rastreando las influencias estilísticas. Servidor ve, en esa viñeta inferior de la página 67, un toque de Orson Welles; en esa casa de la 105, un remoto eco de Hitchcock; en esa extraordinaria secuencia de la página 111 a la 122, la teatralidad de los primeros años del cine; en la 182, inspiración para Taniguchi, y en la 190, para Joe Sacco. por mencionar tan sólo unas pocas  referencias de las muchísimas que podrán encontrar los conocedores del cine y de la novela gráfica.

Por si todo ello fuera poco, este Ayako 2 viene con propina. En efecto, el melodrama concluye, de manera soberbia, por supuesto, hacia la mitad del volumen, y nos encontramos entonces con tres historias cortas que, con excesiva e injustificada modestia, el autor, en el epílogo, describe como “salvables”, y que a servidor le han parecido excelentes.

La primera de ellas, “Melodía de acero”, con un comienzo brutal e irresistible, nos presenta una historia de gángsters que deriva en un híbrido entre la novela paranormal, la ciencia ficción y el thriller. A continuación tenemos “La silueta blanca”, que, pese a su brevedad y a su apariencia de mero entretenimiento, es una pequeña joya que nos da una idea del genio de Tezuka. Muchos autores hubieran alargado esta bella y divertida historia hasta darle la dimension de una novela o un largometraje. No así Tezuka, que era capaz de parir cinco ideas parecidas antes del desayuno. Por último, “Revolución”, la última de las tres historias de propina, es una lograda tragedia con metempsicosis por enmedio.

Híbrido de estilos y géneros, pasión, violencia, sentido del humor, villanos que reciben su merecido, y héroes a los que les pierde el sentido de venganza. Ayako es Tezuka en estado puro.

Publicado el

La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca

la vida es sueño

la vida es sueño¿Cuántos lectores en ciernes se habrán cargado las lecturas obligatorias del colegio? Conmigo no lo consiguieron, claro, incluso disfruté reencontrándome con Poe y sus Cuentos macabros o descubriendo el esperpento de Valle-Inclán en Luces de bohemia. Aunque no negaré que también hubo títulos que se me hicieron cuesta arriba, como Castilla, de Azorín o Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell. No siempre es fácil interesarse por libros que han sido escritos décadas o incluso siglos atrás, y menos a esas edades. Los profesores deben ayudar a comprenderlos y elegir una buena edición para que sus alumnos logren conectar con ellos.

La editorial SM, en su afán por inculcar el amor por la literatura desde la infancia, acaba de estrenar una colección de clásicos adaptados. Las portadas han sido lo primero que me ha llamado la atención: atrás quedaron los sobrios diseños que evidenciaban la seriedad y trascendencia literaria de la obra; SM apuesta por los colores para dejar claro que los clásicos también pueden ser atractivos y divertidos. En el interior, una gráfica pone en antecedentes a los lectores, explicando quién fue el escritor a través de aquellos aspectos de su vida y de su contexto histórico que se reflejan claramente en su obra. Y, lo que es más novedoso, muestra cómo ese clásico o su temática todavía están presentes en nuestros días en forma de películas y teatro.

De los títulos de la literatura universal que ofrece esta nueva colección, yo ya había leído El Quijote, El conde Lucanor, El lazarillo de Tormes, La regenta, Bodas de sangre, Rimas y leyendas y Tres sombreros de copa; así que, entre Fuenteovejuna y La vida es sueño, me decanté por el de Calderón de la Barca.

La vida es sueño es un drama filosófico estrenado en 1635, referente del teatro barroco y escrito en verso, ¡ahí es nada! Con semejante presentación, comprendo que los estudiantes de la ESO se echen a temblar, pero quizá se tranquilicen cuando vean que tiene mucho en común con peliculones como Origen, Matrix o El show de Truman, pues en él nada es lo que parece y los límites entre sueño y realidad son difusos. Además, la adaptación del texto hecha por Ricardo Gómez agiliza la lectura (sin perder la esencia de este clásico) y las oportunas notas en los márgenes aclaran los aspectos más confusos para el lector actual.

Esta obra aborda temas atemporales como el amor (paternal y sentimental) y la educación, de los que los adolescentes ya tendrán bastante que opinar. Aunque no sean herederos al trono encerrados en una torre como su protagonista, el pobre Segismundo, estoy segura de que si el profesor de Lengua y Literatura de turno se salta los aspectos más formales y plantea un debate sobre su contenido, la convertirá en una historia cercana y reconocible y surgirán muchas voces a favor y en contra de determinados personajes. La filosofía de La vida es sueño da mucho de sí y es una oportunidad de oro para implicar a los alumnos y cambiar su concepto de que los libros escritos hace cientos de años no tienen nada que ver con ellos. SM ha dado un paso más para demostrar que los clásicos no son cosa del pasado, ahora le toca a los profesores seguir con tan importante cometido. La pasión por la lectura se ha de contagiar con pasión, no con aburridos comentarios de texto. Los futuros lectores están en juego.

[product sku= 9788467591200 ]
Publicado el

Tenemos que hablar, de Tute

Tenemos que hablar

Tenemos que hablarDice el famoso Quino, el “padre” de la tira cómica Mafalda, en la faja de este libro que «Tute es para mí el mejor dibujante de humor gráfico surgido en los últimos años». Con una afirmación de ese tipo y viniendo de quien viene es normal aceptar que el libro de por sí llame la atención. Tenemos que hablar es la narración desde la ironía del proceso amoroso a lo largo de la vida.

Empezando por la infancia, Tute nos muestra la compleja realidad del amor en pareja en todos sus dibujos. Un niño que comprende que su vida ya a los 5 años es un tango, otro que aparece montado a los hombros de su amigo para ser igual de alto que la niña de unos años más que le gusta o una niña preguntando a su madre si «el bichito del amor deja roncha»; ejemplos todos vistos desde el ángulo de la inmediatez infantil y una inocencia que empieza a desdibujarse de las pequeñas y jóvenes mentes. La niñez pasa y llega la adolescencia y aquí nos topamos ya con la realidad del amor convencional. Tute abandona la chispa de los primeros días para pasar a la realización del aburrimiento y la monotonía que ofrece un amor calmado. Las parejas con Tute nunca se entienden aunque algunas se acepten, pero esta aceptación siempre vendrá surgida de la resignación. Llegamos a la edad adulta y seguimos con ese reflejo de aquello que ya se ha aceptado como tal aunque se sepa desagradable. El amor en Tenemos que hablar no es algo que guste pero sí algo que pasa, y como pasa se acepta. El amor pasa, te toca y tú tienes que darle la mano, acompañarle y seguir. Con risas siempre mejor. Acabamos en la vejez, donde las parejas de antes siguen juntas y la convivencia es ya una extensión más de la rutina diaria. Ojos a medio cerrar, gestualidad cansada y expresiones agotadas son los complementos de unos personajes ya entrados en años.

Tenemos que hablar empieza con amor: dos niños imaginándose una vida juntos. El libro acaba, sorprendentemente, con amor: dos ancianos queriéndose como el primer día. El amor es una cuesta, como indica la portada. Y el interior de este libro es la muestra de las etapas que contiene tal ascenso. Subir o no es cosa de cada uno, aunque todos alguna vez seamos golpeados por el amor. Pero en esta subida, como en tantas otras que hay en la vida, cada uno puede escoger la forma de caminar: con quejas, lloros, gritos o reprimendas; con risas, sonrisas, alegría y carcajadas. Yo prefiero escoger la segunda, y qué mejor opción para reírse que hacerlo con – y por – un libro.

[product sku= 9788426404015 ]
Publicado el

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, de Javier Urra

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes

Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentesVamos a partir de la base de que no tengo hijos. Ni siquiera hermanos. Pero he sido adolescente y es una época que recuerdo muy bien. Yo nunca fui una chica conflictiva. En mi Madrid natal, solo salía por el barrio los fines de semana y como mucho iba a alguna discoteca con horario light. Nunca he tonteado con las drogas y los estudios siempre han sido mi prioridad. Mi madre era como mi mejor amiga y siempre le contaba todo lo que hacía o las dudas que tenía sobre algo. Así que ella podía dormir relativamente tranquila, sabiendo que podía confiar en mí. Por suerte mis amigas eran más o menos como yo, todas con sus más y sus menos, aunque ninguna tenía esa relación tan especial que tengo yo con mi madre. Pero al fin y al cabo todas iban a clase, hacían los deberes, iban pasando de curso y tenían metas en la vida.

Pero también hay adolescentes que no son así. Que son caprichosos, cabezotas, demasiado inquietos y desobedientes. Javier Urra, psicólogo navarro harto conocido —y también profesor de mi mejor amiga Lucía, que tuvo la suerte de tenerle como docente— lleva muchos años escribiendo tratados sobre cómo educar a los niños y a los adolescentes o, más bien, como sobrellevarlos. En Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes, nos enseña una serie de recursos y herramientas que los padres deberían usar si quieren que sus hijos no se conviertan en pequeños dictadores. Pero también les enseña a cómo lidiar con un chico que sufre acoso escolar, que tiene problemas alimenticios, que tontea con las drogas o que está enganchado a las nuevas tecnologías.

Ser padre debe ser muy difícil, pero ser adolescente lo es todavía más. Cuando tienes dieciséis o diecisiete años, todavía no has encontrado tu lugar en el mundo (no lo he encontrado yo que voy camino de los veinticinco… como para encontrarlo siendo un teenager). Los caminos fáciles parecen una buena opción y las metas a largo plazo parecen inalcanzables y costosas. ¿Para qué estudiar una carrera si fulanito no estudió y gana un sueldazo? ¿por qué no tomar cocaína o marihuana, si soy capaz de dejarlo cuando quiera? ¿por qué no vomitar después de comer si la sociedad no va a aceptar mi cuerpo? ¿por qué no acosar a ese chico diferente del instituto, si a nadie le importa? Ser adolescente es muy difícil. Hay tentaciones en cada esquina y las hormonas no ayudan precisamente a escoger los caminos adecuados.

Este libro lo conocí por mi tía. Ahora mismo tiene dos niños, de tres y cinco años, pero sabe que tiene que estar preparada para lo que venga. Sabe que no puede cerrar los ojos o mirar hacia otro lado mientras sus hijos se destrozan la vida. Sabe la realidad que hay en la calle. Sabe que la mayoría de niños empieza a beber a una edad que suena hasta ridícula. Sabe que hay un porcentaje demasiado alto de chavales que dejan los estudios. Y sabe que hay otros que acaban por pegar a sus propios padres. Por eso ella se está preparando y cuando vi en su casa Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes no pude evitar leerlo, por la curiosidad que me generaba.

Yo no sé si tendré hijos algún día, aunque sí es una cosa que entra en mis planes. Y no sé si seré capaz de lidiar con un adolescente que no encuentra su lugar en el mundo y que me verá como su mayor enemigo. Pero lo que sí haré será mirar al problema a los ojos y decirle: “a ver, que yo también fue adolescente una vez. ¿Qué tienes preparado para mí?”.

[product sku= 9788490608760 ]
Publicado el

El jardín maléfico, de Edward Gorey

El jardín maléfico

El jardín maléficoCuando tenía catorce años me encantaba leer los poemas escritos por Edgar Allan Poe. Había intentado en numerosas ocasiones acercarme al mundo de la poesía, pero no encontraba yo nada que me atrajera y me cautivara. En cambio, cuando leí El cuervo caí prendida a los pies de este señor. Me fascinó la manera en la que cogió una historia macabra y la convirtió en un poema. Algo parecido me pasó al leer Las leyendas, de Bécquer. Me encandiló la manera que tenía de contar algo terrorífico y que al mismo tiempo hiciera que no pudiera apartar los ojos de la lectura. Porque no sé si lo sabéis, pero yo soy muy pero que muy miedosa. Me dan miedo muchas cosas y no soy capaz de ver una película de terror entera. Así que la literatura de terror no es mi fuerte. Pero Poe y Bécquer hacían que quisiera más. Hacían que fuera capaz de ponerme por las noches a leer sus obras, aun sabiendo que iría a clase sin haber pegado ojo. Me fascinaban. Ya que hablo aquí de Poe, quiero aprovechar para recomendaros una aplicación absolutamente maravillosa que se llama iPoe, en la que se recopilan los cuentos de este escritor y que son acompañados por música y sonidos asombrosos. Yo los leía en el autobús, con los auriculares bien puestos, y una vez llegué a pasarme mi parada de lo atrapada que me tenía.

Todo esto viene porque hace un rato que he terminado de leer El jardín maléfico, un pequeño cuento ilustrado escrito por Edward Gorey, en el que lo macabro es el protagonista. Para que os hagáis una idea de lo que hablo, os voy a dejar aquí la nota que escribió la traductora: “Mi traducción de la obra tal vez más famosa de Herr Blutig aparece, por desgracia, en el septuagésimo quinto aniversario de la antepenúltima vez que se tiró por la ventana”. Cuando leí esto, pensé: ¿pero qué narices…? Y es que yo pensaba regalar este librito a mi compañera de trabajo, que tiene una niña de dos años. Pero después he pensado que quizá no sea tan buena idea, a no ser que quiera traumatizarla un pelín. Y es que esta es la historia de una familia inocente e ideal que visita el jardín maléfico, cuyas entradas, además, son gratuitas. Lo que pretende ser una tierna tarde de domingo, pasa a ser una tortura. Las plantas exóticas se comen a la gente, las serpientes estrangulan por doquier, y los estanques se convierten en temibles arenas movedizas.

El jardín maléfico tiene menos de cuarenta páginas, pero puede hacer que tus pelos se ericen con una facilidad irrefrenable. Escrito en 1965, la editorial Zorro Rojo ha reeditado su contenido, enseñando al mundo las asombrosas ilustraciones que acompañan al breve texto.

Sorprende la frialdad con la que Gorey narra estas muertes, de personas que no sabemos ni cómo se llaman. Ante esa frivolidad, en la que la muerte casi no tiene ni sentido, podemos encontrar un toque de hilaridad. Yo me he descubierto sonriendo cuando leía el libro, porque la muerte en este cuento no tiene razón de ser. Es una historia muy, muy extraña.

Nada va a superar a mi querido Poe —eso jamás— pero me ha parecido muy divertida la idea de este cuento. Es diferente a todos los que he leído y que algo sea distinto es una cosa que, como lectora, no me podría gustar más.

[product sku= 9788494650673 ]
Publicado el

Vinilos, de varios autores

Vinilos

VinilosVinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.

Se trata de un trabajo muy minimalista, en el que los autores —los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout— han tenido muy claro lo que querían ofertar al público. Así, con una simple división en dos apartados, «fotografía» e «ilustración», se exponen ante nosotros un total de 242 portadas —que en muchos casos van acompañados de sus contraportadas, casi por obligación artística— sin que haya un orden aparente. Ni falta que hace.

Hablamos, como digo, de casi doscientas cincuenta portadas, recogidas bajo la atrevida denominación de “las mejores portadas de discos de la historia”. Y aquí se es obligada la pregunta impertinente de todas las listas de este tipo: «¿realmente son las mejores?» No seré yo el que lo afirme o lo desmienta. Por supuesto que me han faltado unas cuantas de mis favoritas en esta recopilación—ejem, Abbey Road, ejem, Is this It?—, pero al mismo tiempo me alegro de no haber visto otras muchas hasta el momento de encontrarlas en las páginas de este libro. Porque yo, que apenas viví la época en la que la primera referencia que uno tenía de un grupo era la portada del disco que se iba a atrever a comprar, he podido experimentar la sensación de sentirme seducido por algunas fotografías e ilustraciones realmente maravillosas, de las que luego he podido descubrir que contenían música de muy diversa calidad (lo siento, Roxy Music, pero soy más de vuestras portadas que de vuestros temas).

Como explicaba al comienzo de la reseña, además del prólogo y de los dos artículos que abren las secciones, los textos son muy escasos en este libro y se limitan a repasar la biografía de algunos de los fotógrafos e ilustradores más importantes de la historia reciente de la música. Y creo que esto es algo que en el fondo hay que celebrar. De todas las épocas y estilos musicales que están recogidos en este trabajo se han hecho fenomenales reportajes y ensayos; Vinilos, en lugar de entrar en esta pugna, deja que sean las propias portadas las que hablen. Y es complicado explicar el placer que se siente al admirar con detenimiento y en buen tamaño y calidad portadas como  la de From the inside, de Alice Cooper o la de Appetite for destruction, de los Guns and Roses.

Por todo ello diría que estamos ante un libro (o no exactamente) que merece la pena disfrutar lentamente, página a página, disco a disco, con paradas imprescindibles en las estaciones de servicio de YouTube o de Spotify para comprobar tranquilamente qué hay detrás de esos envoltorios tan trabajados e impactantes. Vinilos es, por desgracia, un reflejo del pasado de la música, en la que era tan importante trabajar el continente como el contenido. Por eso hay que guardarlo a buen recaudo, porque sus páginas contienen un tesoro al que no debemos renunciar: el de la convivencia del arte estético con el musical.

Publicado el

Rumbo a Tartaria, de Robert D. Kaplan

Rumbo a Tartaria

Rumbo a TartariaLa editorial Malpaso recupera, con muy buen acierto, uno de los clásicos de la literatura de viajes actual. Rumbo a Tartaria es un recorrido por los lugares más inestables del planeta, esos lugares que aparecen más en los telediarios que en las agencias de viajes. Robert D. Kaplan parte a finales del siglo XX desde Hungría, y recorriendo parte de los Balcanes, Asia Menor, Oriente Próximo y el Cáucaso llega a Turkmenistán, parte de aquel trozo de mundo que los europeos medievales conocían como Tartaria. Por el camino, un total de doce países con diferentes realidades históricas pero en cuyos territorios se encuentran el 70% de las reservas de petróleo y el 40% de las de gas natural.

Del mismo modo que el imperio austríaco fue “el sismógrafo de Europa” en el siglo XIX, el Nuevo Oriente Próximo, que se extiende desde los Balcanes en dirección este hasta “Tartaria”, puede constituir el sismógrafo de la política mundial y el escenario de una despiadada lucha por los recursos naturales en el siglo XXI

Kaplan viaja buscando el carácter nacional de cada país, enseñando al lector que el presente no es casual, sino parte muy directa de las acciones del pasado. La tarea del autor es casi inabarcable, pero con su estilo claro y nada farragoso, intenta explicar de forma sencilla la difícil partida de ajedrez que se lleva jugando (y lo que queda) en estos territorios. Mezclar en un solo libro miles de años de luchas tribales y religiosas, los restos del Imperio Persa y Otomano y la caída de la URSS puede resultar explosivo, pero gracias al buen hacer de este Heródoto moderno, la clase magristral de historia cala más en el lector que muchas de las insufribles peroratas que tuvimos que aguantar en nuestra etapa escolar.

En 1975, los refugiados palestinos, apoyados por musulmanes libaneses, lucharon contra los cristianos libaneses. Después, los sirios pelearon contra los palestinos, pues temían que un Líbano radicalizado e imposible de controlar los arrastrara a una guerra con Israel. De todos modos, los israelíes invadieron el Líbano en 1978, y de nuevo en 1982, aliándose con los cristianos contra los palestinos, los drusos y los musulmanes sunitas

Este párrafo da buena cuenta de la difícil tarea que es explicar el presente de ciertos territorios, esos lugares donde las potencias occidentales intentan meter mano con fines poco claros, creando todavía más confusión. Su viaje por Oriente Próximo está marcado por la dificultad de explicar el extraño puzle surgido tras la II Guerra Mundial, que ha propiciado los grandes conflictos bélicos tras la Guerra Fría. La calma tensa de lugares como Jordania o Líbano contrasta con las dificultades de Kaplan en Siria, un lugar dominado con mano dura por el gobierno ególatra de los Assad, y en los que el autor intenta sin éxito conseguir gente que quiera explicar cómo un gobierno tan cruel puede perpetuarse en el tiempo. Previo a esto, había podido comprobar los miedos que los países de Europa del Este tenían tras la caída de la URSS, buscando nuevos gobiernos que les acercaran más a la Unión Europea que al influjo de Rusia y el Comunismo.

En el Cáucaso, el problema que encuentra Robert D. Kaplan es distinto. Este territorio está marcado fuertemente por su geografía. Armenia, Azerbaiyán y Georgia viven encajonados entre el Mar Negro y el Caspio, y sometidos durante años a la influencia soviética, persa y otomana. En estas tres ex repúblicas soviéticas se percibe, al igual que en los libros de la Nobel Svetlana Aleksiévich, que aquella disolución rápida de 1991 dejó a las nuevas generaciones a merced de una nueva clase dirigente sin valores. En este caso, la zona de Transcaucasia quedó convertida en un hervidero, con gobernantes chapuceros sin experiencia legislativa, y con una sociedad perdida y dividida en unos territorios no del todo definidos que en años sucesivos han dejado conflictos como el del Nagorno Karabaj o el de Osetia del Sur, hace menos de una década.

Rumbo a Tartaria es el legado de un periodista nómada que tiene un valor incalculable a día de hoy. Kaplan sabe que todo tiene un por qué, y es lo que busca en su largo viaje. Su testimonio tiene una credibilidad ganada a pulso, pues como buen guerrero, no duda en bajarse al fango y viajar donde nadie quiere viajar, aunque tenga que sufrir agentes fronterizos extorsionadores, habitaciones destartaladas o viajes infernales por carreteras olvidadas.

Este libro escrito a finales del siglo XX sigue vigente a día de hoy. Quizá el mapa que presentaba hace dos décadas no haya variado mucho, y quizá muchas de las profecías anunciadas para el siglo XXI no se han cumplido completamente, pero tengan por seguro que gran parte de los problemas que la comunidad internacional está sufriendo y sufrirá vienen ya reflejados y esbozados en este gran testimonio.

Si hay un movimiento fundamentalista en Siria, seguro que permanecerá oculto hasta que el régimen dé muestras de debilidad. Pero Alepo tal vez esté maduro para difundir las ideas del islamismo radical

César Malagón @malagonc

[product sku= 9788494174988 ]
Publicado el

Máscaras, de Amy Harmon

Máscaras

MáscarasMi película favorita de Disney cuando era pequeña era, sin duda, Dumbo. Me encantaban las canciones y los colores que invadían cada secuencia. Aunque la escena de las alucinaciones del pequeño elefante después de caerse dentro de un barril de cerveza (creo recordar que era así) me producían un poco de angustia. Hace poco la vi de nuevo, después de años y años sin acordarme de ella. Y aluciné. ¿Cómo era yo capaz de estar deseando llegar a casa y ver esa película? Cuando la volví a ver, lloré como una magdalena y, más que disfrutar, sufrí muchísimo. Qué drama. Pobre madre de Dumbo. Pobre elefantito. Y es que si analizamos un poco por encima —tampoco hace falta un análisis exhaustivo digno de la Universidad de Cambridge— podemos ver que todas las historias de Disney se basan en alguna trama trágica y que bien podrían formar parte del cuaderno de un psicoanalista. Y la historia de La bella y la bestia no se queda atrás. Hace unas semanas fui al cine a ver la nueva versión “en carne y hueso” y salí muy mosqueada de la sesión. Si eres muy fan de la historia, será mejor que dejes de leer, porque no tengo palabras bonitas para ella. Sencillamente no me gustan los valores que propugna. Que en un principio podemos pensar que es una historia de superación, en la que la chica consigue ver más allá de lo superficial y enamorarse de una bestia. Pero yo no veo eso. Yo veo una chica que se enamora a la fuerza de un hombre porque si no lo hace jamás se convertirá en humano. Y ella no puede cargar con eso el resto de su vida. Un hombre que secuestró a su padre. Y luego a ella. Y que la deja encerrada dentro de un castillo privándola de su bien más preciado: la libertad. Por eso, no. No me gusta este cuento de Disney.

Por lo que cuando decidí leer Máscaras no sabía que era considerada una versión moderna de La bella y la bestia. De ser así, jamás lo habría leído. Pero lo cierto es que no me lo ha parecido en absoluto. Os voy a contar por qué:

Este libro habla de la historia de Fern Tylor, una chica de montón, que más que destacar por su belleza, destaca por su rareza. Es una persona extraña, y nada tiene que ver con las demás chicas de su edad. Le encanta leer y tiene unas perspectivas y unos sueños que no se parecen en nada a lo que se supone que debería querer una chica normal. Pero Fern también se fija en los chicos, y Ambrose Young era el que se colaba por la noche en sus sueños. Un chico perfecto que gozaba de una belleza más que evidente. Pero un día, Ambrose decide alistarse en el ejército y partir hacia la temible guerra de Irak, de la que volverá destrozado y echo un monstruo, tanto física como psicológicamente.

Amy Harmon nos traslada a los Estados Unidos de 2001, dándonos como escenario la época posterior de uno de los atentados más cruentos de la historia, todavía reciente en las pupilas de todo el mundo. Relata las experiencias de los personajes de una manera muy personal y muy cruda, reflejando sobre todo esa dureza en el personaje de Bailey, el mejor amigo de Fern y que sufre una horrible enfermedad, conocida con el nombre de distrofia muscular de Duchenne.

En Máscaras encontramos personajes evolucionados, que han tenido que cambiar a la fuerza después de las experiencias vividas. Encontramos dolor y agonía. Y también la valentía de protagonistas que, aun habiendo cambiado tanto sus vidas, son capaces de seguir adelante.

Como veis, a mí no me ha dado la sensación de que este libro se pareciera a la historia original de Disney. Solo en la transfiguración que sufre Ambrose y los valores que propugna la frase “la belleza está en el interior”. Pero nada más. Y eso, sabiendo que a mí la historia original no me gusta en absoluto, significa que el libro me ha conquistado. Me ha gustado la crudeza con la que se relatan historias que están tan al día. Me gusta que la “narrativa juvenil” deje de tratar temas banales y vacíos. Me gusta que Fern sea dueña de su propio destino y que se enamore de quien le dicte el corazón y no la conciencia. Me gusta que las niñas de ahora no sean como las de antes. Y me gusta que prefieran parecerse a Elsa o Anna antes que a Bella o Aurora.

[product sku= 9788416224531 ]
Publicado el

No te acabes nunca, de María Leach

No te acabes nunca

No te acabes nuncaSe me va a hacer difícil escribir sobre este libro. Va a ser difícil porque es un poemario duro y desgarrador en el que los sentimientos están siempre a flor de piel. Y yo, que me muevo mucho más en el plano emocional que en el de la razón, consigo empatizar y hacer los sentimientos ajenos míos hasta un punto, a veces, doloroso. Esto me ha ocurrido con el poemario de María Leach.

Voy a empezar por el final, porque aunque os haya dicho que el poemario es duro, No te acabes nunca es, principalmente, una catarsis, una forma de ordenar los sentimientos para celebrar la vida. Porque, sí, al final este poemario, a pesar del dolor, es un hermoso canto a la vida. Pero a veces ocurre que ese canto solo llega cuando nos hemos topado con la muerte, cuando la hemos sentido cerca y nos ha arrebatado a una de las personas más importantes de nuestra vida. Y eso es precisamente lo que le ocurrió a María Leach. La muerte decidió enfrentarse a su familia, a su núcleo vital, llevándose consigo a su marido lentamente, pero sin avisar. Se lo llevó demasiado rápido, cuando no le tocaba, cuando nadie podía imaginarlo. Y al mismo tiempo que la luz de su marido se apagaba, empezaba a encenderse la luz de su hijo.

El proceso de duelo es duro, complejo y en ocasiones autodestructivo, pero es necesario. Casi todos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas por ese momento y cada uno se enfrenta a él de una forma distinta. María Leach decidió enfrentarse a él escribiendo, plantándole cara a través de palabras y sentimientos y el resultado es este áspero y dulce poemario.

Acompañado por los aguafuertes y el prólogo de la ilustradora Paula Bonet, todo lo que está dentro de las páginas de No te acabes nunca es totalmente genuino. Acompañar a la autora en este duelo es meternos en su piel, en su cabeza, en todas las preguntas que quedan en el aire y que nadie va a responder. Porque el duelo es hacerse preguntas y que el eco nos golpee en la cara, el duelo es caminar sin rumbo, existir sin ser, avanzar sin poder mover las piernas.

“Déjate querer”.

“Sé fuerte”.

“Lo superarás”.

Y en medio de este circo macabro

de mensajes de pésame

y féretros por catálogo

sólo mi sobrino de cinco años

se atreve a decirme la verdad.

“¡Qué mala suerte has tenido!

Ahora tendrás que cuidar tú sola

del perrito y del bebé”.

Poemas claros y rotundos como éste, que esconden en versos sencillos toda la verdad del duelo. Porque cuando algo así ocurre, sabemos que no hay vuelta atrás, que no podemos rebobinar los acontecimientos a nuestro antojo, que ya solo nos queda mirar de frente, a ese futuro incierto en el que tratamos de mantener el tipo.

“El poema más triste

ya está escrito.

Empieza después de ti y no se acaba nunca”.

Qué difícil no ponerse en la piel de María Leach al leer su poemario, qué difícil no hacer nuestras sus emociones, llenarnos de vacío y rabia. Y aun así, como escribe la propia autora en la página final de No te acabes nunca: “Aunque ya me sepa el final y no se pueda cambiar. Te volvería a vivir.”

[product sku= 9788467049145 ]