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El libros de los hábitos productivos, de Ben Elijah

El libro de los hábitos productivos

El libro de los hábitos productivosProcrastinar. Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa diferir o aplazar. Yo conocí esta palabra cuando un día, viendo una página de Internet en la que se colgaban carteles con los memes de moda, vi uno que ponía: “Deja de procrastinar y ponte a hacer algo útil de verdad”. Fue como una jarra de agua fría recorriéndome la espalda.

Entiendo que no solo se trata de aplazar algo que tenemos que hacer (véase el imperativo implícito), sino que en vez de cumplir con esa obligación, dedicamos nuestro tiempo a hacer otras cosas que tenemos pendientes pero que no son igual de importantes. Os voy a poner un ejemplo que seguramente a todos os suene familiar: yo trabajo por las mañanas y oposito por las tardes. Cuando llego de trabajar, paseo a los perros, como y descanso un poquito. Cuando llega la hora, me siento en el escritorio dispuesta a cumplir con el objetivo marcado para ese día. Pero entonces veo que la mesa está muy desordenada, y yo con tanta cosa de por medio no puedo estudiar. Así que me pongo a organizarlo todo, a reordenar los apuntes, a poner al día la agenda y, cuando me quiero dar cuenta, he barrido la habitación, quitado el polvo y ordenado los subrayadores por colores. En fin, que se me ha pasado media tarde y lo único que he hecho ha sido NADA. Pero en mi cabeza, mientras estoy procrastinando, estoy pensando: “qué productiva estás siendo, Ana. Mira cuántas cosas eres capaz de hacer en tan poco rato”. Sí, si está muy bien. Pero mi objetivo del día era estudiarme un determinado tema, no ponerme a organizarlo todo como si tuviera TOC.

De eso es de lo que nos habla (entre otras cosas) El libro de los hábitos productivos. Su escritor, Ben Elijah, nos cuenta su propia experiencia personal. Él se dio cuenta de que tenía ciertos hábitos o manías en su día a día que le impedían ser una persona eficiente. Por ejemplo, advirtió que las ideas productivas llegan en cualquier momento. Puede ser mientras estás en el escritorio —preparado para ello— o cuando estás en una cafetería, o haciendo running por el parque. Así que se dio cuenta de que siempre tenía que llevar consigo una herramienta que le permitiera anotar esas ideas al momento sin peligro de que después se le olvidaran. Y pensaréis que esto suena a tontería. Todos sabemos que las ideas vienen y van y que en el momento en el que aparecen hay que anotarlas. Pero no todos lo hacemos, y más si tenemos en cuenta la situación en la que estamos en ese momento. Y no todas las herramientas que usamos para ello son las más adecuadas. Por eso Ben Elijah nos muestra una serie de técnicas que podemos usar para que estas ideas no se volatilicen, dependiendo de cómo seamos y de cómo sean nuestras rutinas. Yo siempre he sido de papel y boli, de llevar una libretita en el bolso y apuntar todo lo que se venga a la cabeza. Pero esa libreta no está siempre conmigo. Por ejemplo, nunca la llevo cuando salgo a andar. Elijah propone usar siempre el mismo instrumento para anotar las ideas, así que quizás, en mi caso, sería más lógico usar el teléfono móvil. Yo llevo el móvil a todas partes, incluso a la hora de hacer deporte, por lo que puede ser una buena herramienta para conseguir ese objetivo.

En El libro de los hábitos productivos también encontramos consejos sobre cómo organizarnos a la hora de enfrentarnos a una tarea. ¿Es importante o indispensable? ¿se puede delegar? ¿cuánto tiempo me va a llevar realizarla? Si nos hacemos una serie de preguntas antes de empezar con una tarea determinada, podremos darnos cuenta de cuáles son nuestras prioridades, mostrándole a nuestro cerebro que, si decidimos hacer una cosa que no es sumamente importante, estamos procrastinando. Y eso está mal. Así que nuestro cerebro no estará contento pensando que está haciendo algo productivo. No. Sabrá que somos unos vagos que no hacemos más que posponer lo que deberíamos hacer ya.

Os voy a confesar que yo pensé que en este pequeño libro me darían la solución para no procrastinar. Pero lo cierto es que no hay una receta infalible para ello. De hecho, antes de ponerme a escribir esta reseña, he revisado todas mis cuentas de correo electrónico  haciendo que mi mente pensara que estaba haciendo algo realmente productivo, aunque sí es cierto que he sido capaz de no ponerme al día con las redes sociales. Y  es que lo de las redes sociales ya es tema aparte. La próxima vez que os vayáis a meter en Facebook mientras posponéis algo, pensad que eso no os va a dar de comer y que, cuando os metáis en la cama, os arrepentiréis de haber pasado tanto tiempo haciendo el tonto en vez de aprovechando las pocas horas que tenemos.

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Hierofanías

Hierofanías

HierofaníasPor algún motivo Alfredo Rodríguez es un poeta al que regreso cada vez que anuncia un nuevo título, será por ello que de vez en cuando me atrevo a venir para compartir con todos ustedes algunos poemas de este autor navarro ¿Importa que sea navarro o de Valladolid? Yo creo que un poeta puede ser de cualquier parte, pero el lector hará bien en saber de dónde le viene a cada uno su fuerza e inspiración.

  Porque unas veces nace de la familia, de los seres amados, de los desamores o de las situaciones sociales, otras veces nacen de nuestra genética, de nuestras raíces, de nuestra tierra y de su propia trasformación.
I
Empiezas hoy a transformarte en diosa,
giras en el ciclo de nacimiento y de muerte
como una burbuja de aire, una gota de agua
en mi carne de hombre,
adoptas mil distintas experiencias.
Ahora nos toca aprender de ti
tu existencia encarnada.
Vivo en ti una ascensión interminable,
un flujo de energía que baja por mi cuerpo,
profeta enloquecido
llamo Noche a mi amante,
porque tú me devuelves el valor,
verdadera virtud perfeccionada,
como si recita se las palabras del Buda.
 El poeta se abre finalmente a la luz, como bien nos dice su prologuista y amigo Javier Asiáin. Me resulta curioso cómo los poetas según avanzan por la línea de la vida van aclarando sus versos, van dando luz a su poesía.
Eliade utilizó la palabra «hierofanía» para traducir el acto de manifestación de lo sagrado, porque es preciso, y porque se refiere únicamente a aquello que corresponde a lo sagrado que se nos muestra.
Me ha parecido ver en Alfredo una clara evolución más allá de la poesía, la evolución es personal, si bien sus poemas siguen un propio camino al margen del propio autor. Sé que es extraño, pero habrá que entender que es una poesía muy elaborada, poemas que precisan más allá de la inspiración vital o divina, el trabajo del poeta para pulir y dar fluidez a las palabras, a los versos… Y convertirlos en lo que hoy tenemos en nuestras manos, ríos luminosos que parecen descender mansamente.
XIX
Milagro de la regeneración,
eterna juventud, vitalidad del Sol,
la música y plegaria, su Belleza.
Entre la tierra fértil se abre la flor del loto,
los goces de la Vida,
el mar de toda la energía yin,
El mar de toda la energía yang.
    Ya ven, versos que, según nos dice el poeta, “solo quieren reivindicar el carácter sagrado de la Poesía y su significado más alto: el de estar cerca de lo absoluto y lo definitivo…”.
Imprescindible, tanto como el prólogo, será el epílogo del propio autor, donde analiza, como si tras la lectura del poemario asistiesen ustedes a una conferencia con el autor en un club de lectura, el recorrido de sus versos, las fuentes de las que se han nutrido y los mares a los que se dirigen. Esta es una parte que a muchos lectores no especialmente cercanos a la poesía, interesará, aquellos que necesitan una más clara explicación de lo leído más allá de la belleza que las palabras y el sonido les muestran.
XXXVIII
Si el poeta conquista la pureza
conquistará el descanso
y después todas las cosas
ya serán solo una con el Tao.
La fuerza de eliminación del cuerpo
y la luz de luces, la Luz del alma,
conservan su dharma cósmico visible,
el Yo que es anterior al nacimiento.
Al poder trascender sus dualidades
entrará en el silencio,
el deseo de integrarse en el Todo.
Con estos tres poemas, seleccionados por orden cronológico del poemario, creo que vemos esa transición, ese ir hacía donde el poeta ha querido que fluyan sus versos y su propia existencia. La Luz que va viéndose más clara según avanzamos por sus últimos poemas.
La poesía es una de las artes más especiales de entre las bellas artes a las que el hombre tiene acceso, palabras que generan emociones a través de todas sus formas y sonidos, música que vuela y palabras que golpean, susurran, o incluso acarician.
Leer poesía es aspirar a ser más humano y al mismo tiempo más divino.
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Guías visuales: India, de varios autores

Guías visuales: India

Guías visuales: IndiaMi primer viaje fuera de España fue a París. Tenía once años y estaba tan preocupada por el miedo que me daba el avión que no fui capaz ni de pensar que iba a cumplir el sueño de todo niño: visitar Disneyland. Aunque, para ser sincera, a mí lo que realmente me apetecía era ver la Mona Lisa. Así de rara era yo ya con once años.

Cuando pisé el suelo de París y me monté en un taxi que nos llevó por los puentes más bellos que había visto yo en mi corta vida, decidí que viajar iba a ser una de mis grandes aficiones. Y las aficiones hay que cuidarlas. Hay que regarlas como si fueran una planta, que necesita agua y luz para crecer sana y fuerte. Ese fue el desencadenante. Ese momento fue el culpable de que yo ahora haya visitado ya nueve países, en diez viajes maravillosos.

El primer viaje que hice con Aarón, mi novio, fue a Londres. Aunque yo había estado en Inglaterra con anterioridad, trabajando de aupair, no pude conocer la capital, así que, él, sabiéndolo, me regaló aquel viaje. Por lo que nos escapamos un fin de semana que haría que inauguráramos una nueva tradición: cada año, viajaríamos a un sitio. Luego vino la multicultural Malta, la salvaje Argentina y el colorido Méjico. Y aquí estamos, en 2017, pensando cuál será nuestro siguiente destino. Ya que llevábamos dos años cruzando el Atlántico, pensamos que la mejor idea era cambiar de rumbo. Asia parecía un buen plan. Y, aunque a él le llamaba más China, a mí India hacía que me brillaran los ojos. Desde el momento en el que empezamos a mirar billetes de avión, mi imaginación comenzó a volar. Yo ya no estaba en España, estaba en mitad de Jaipur, perdiéndome entre mercaderes. Estaba en Delhi, dejándome bañar por el sol que se refleja en Qutb Minar. Estaba en Agra, observando con mis propios ojos el más precioso monumento hecho por amor que la historia ha podido conocer.

Al final, después de mucho mirar, creo que viajaremos a otro país y a otro continente. Se oyen tambores de Kenia por nuestros sueños y no sabemos si dejarnos seducir por esa melodía tan hipnótica.

Pero India siempre es un destino que he tenido en mente. Y más después de leer Guías visuales: India. En más de ochocientas páginas, encontramos cientos, miles de motivos para que este viaje esté en nuestra lista de deseos por cumplir. Sí es cierto que, varias personas que conozco que han tenido la suerte de visitar este país, coinciden en que el contraste con nuestra civilización es chocante de más. Pero también están de acuerdo en que solo de esta manera podemos llegar a apreciar lo que tenemos en España. Cuando ves un tren en el que no cabe ni un alfiler; cuando ves cómo los niños juegan con poco más que piedras; cuando sientes pena al ver cómo las mujeres son tratadas como no se debería tratar a ningún ser humano; cuando te sientes impotente al ver la pobreza que inunda cada rincón de la ciudad. Pero, en cambio, con la misma facilidad se puede ver el amor que sienten por la familia, el cuidado con el que mantienen sus ritos, la amabilidad con la que reciben a los extraños. Y todo eso hace que India sea un país de contrastes. En el que lo bueno compensa mil veces lo malo. Y del que sales sintiendo que eres afortunado por tener esa afición de viajar y poder conocer culturas tan diferentes a la tuya.

Si no cambiamos de idea, no podremos conocer India este año, pero después de soñar despierta durante tanto tiempo —cosa a lo que ha ayudado con creces esta guía repleta de fotos increíbles— tengo claro que yo quiero sentir el amor que Shah Jahan puso al diseñar una de las maravillas del mundo y, sobre todo, quiero verlo con mis propios ojos.

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El libro de los espejos, de E. O. Chirovici

El libro de los espejos

El libro de los espejosNo sé qué fue lo primero que me llamó la atención de este libro. Quizás fue la originalidad de su portada, con un espejo hecho añicos agresivamente, o quizás la trama misteriosa que protagoniza esta novela. Lo que sí sé es que, fuera por el motivo que fuese, no me arrepiento de haber leído esta historia que me enganchó desde sus primeras páginas.

El libro de los espejos comienza cuando un manuscrito sin terminar llega a manos de un agente literario que se obsesiona por conocer el final, ya que hay un asesinato del que no se ha desvelado aún al culpable y el protagonista y escritor del manuscrito se convierte en uno de los principales sospechosos. Esto obsesiona al agente, Peter Katz, que quiere conocer el final y sacar este manuscrito a la luz, a la vez que a un periodista de investigación y a un expolicía que conoce bastante mejor de lo que pensaba a los protagonistas de esta historia.

La utilización del autor de estos personajes como los tres narradores del libro, tan diferentes como parecidos, me ha parecido una gran herramienta para mantener en vilo al lector sobre el misterio acontecido en la novela y para ofrecer distintos puntos de vista acerca de la misma historia. Cada uno de ellos continúa la investigación en el punto en el que acaba la del anterior y ofrece nuevos datos que confunden al lector aún más, si es que es posible. Esto me encantó y me enganchó por completo porque llega un momento en el que no sabes exactamente qué pensar ni quienes crees que son realmente los sospechosos del crimen. Incluso me llegó a obsesionar en bastantes momentos y me hizo quedarme leyendo hasta las tantas y pensar en los personajes una vez que me había ido a la cama, cosa que hacía mucho que no me ocurría con un libro.

Además, la narración descriptiva y fluida del autor hace que sea fácil leer esta historia de poco más de 300 páginas. No me suelen gustar las novelas demasiado descriptivas, pero en esta el autor logra ofrecer al lector la dosis exacta de descripciones, lo justo para no aburrir, y están totalmente justificadas en el desarrollo de la historia. Además, el libro está en general tan bien escrito (y traducido, un gran punto a su favor) que es una delicia leerlo desde el principio hasta el final.

E. O. Chirovici también hace un retrato perfecto de cada uno de los personajes, que no son pocos, y los desarrolla de tal forma que entiendes todo al final, como si terminaras por unir las piezas de un puzle que te pareció imposible en un principio. Son personajes con personalidad y carácter y con una historia detrás que termina cogiendo forma de una manera que ni te imaginabas al empezar a leer.

El libro de los espejos ha sido una lectura magnífica que me ha recordado qué es lo que realmente me apasiona del género thriller, debido a que sabe mantener el misterio hasta el final, da al lector las pistas justas y hace un retrato perfecto de los personajes, tanto de los que aparecen en el manuscrito que protagoniza la novela como de los tres narradores que nos va contando todo lo que ocurre. A medida que iba leyendo tenía más ganas de terminar el libro y saber quién era realmente el asesino y qué escondían la mayoría de los personajes. Se lo recomendaría a todos aquellos apasionados de los thrillers que quieran leer algo bien escrito y quedarse con la boca abierta cuando lleguen al final. Sin duda volveré a darle otra oportunidad a este autor que me ha sorprendido gratamente en tan solo 300 páginas.

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44 escritores de la literatura universal, de Jesús Marchamalo

44 escritores de la literatura universal

44 escritores de la literatura universalMe gusta colar en mis charlas literarias anécdotas sobre la vida de los escritores, sus métodos de trabajo o los varapalos que sufrieron con sus obras. A veces, tenemos tan idealizados a nuestros escritores favoritos que nos olvidamos de que son seres humanos y que no siempre gozaron del aplauso del público; es más, algunos nunca alcanzaron el éxito y solo con el paso de los años sus obras han ocupado el lugar que merecen. Por eso, me encanta leer libros que hablan de escritores para conocer su otra cara. Mi última adquisición ha sido 44 escritores de la literatura universal, escrito por Jesús Marchamalo e ilustrado por Damián Flores. En él retratan a prestigiosos autores de la literatura europea y norteamericana de los siglos XIX y XX, resaltando aquellas singularidades de sus vidas y caracteres que no siempre han quedado reflejadas en sus obras. Son unas pinceladas de cada uno, apenas página y media por escritor, pero lo suficiente para hacer que los veamos con otros ojos; a ellos y a sus libros.

Hay anécdotas para todos los gustos. Por ejemplo, sobre sus infancias: el solitario André Gide y su amigo imaginario; el trauma de Charles Dickens con el pote de betún; el peculiar pasatiempo de Borís Pasternak; la origen de la pasión de George Perec por coleccionar soldaditos y la similitud entre las travesuras de Mark Twain y las de su famoso personaje Tom Sawyer.

El apartado de excentricidades, como era de esperar, da mucho de sí: los paseos en pantuflas y bata de Balzac o las maratonianas caminatas de Robert Walser; la manía de Thomas Mann de anotar cada nimio detalle de su día a día; la costumbre de Giuseppe Tomasi di Lampedusa de cambiar de idioma… según con qué perro hablara; el orgullo de Clarise Lispector al mostrar las cicatrices de su cuerpo a todo aquel que mostrara interés; las disparatadas relaciones de G. K. Chesterton con su familia; la adicción de Joseph Conrad que en varias ocasiones puso en peligro su vida y la de los de su alrededor o la razón por la que Lev Tolstói, ya octogenario, se fugó de su casa.

También se hace referencia a sus carreras literarias: ¿cómo se organizó Georges Simenon para escribir más de mil cuentos?, ¿en qué consistía la literatura industrial mecanizada creada por Alexandre Dumas?, ¿qué manuscrito llevaba encima Albert Camus el día que murió?, ¿qué crueles comentarios recibió Antón Chéjov de los críticos?, ¿qué perlitas dedicó Truman Capote a compañeros del gremio, además de a músicos e, incluso, a una primera dama?, ¿qué respuesta le dieron a Gustave Flaubert sus amigos, tras haberles leído durante cuatro días su manuscrito?, ¿en qué invertía Jack London el dinero que ganaba con sus libros?

Jesús Marchamalo no se limita a enumerar anécdotas y destacar las obras más emblemáticas de cada autor, sino que se recrea en la narración, por lo que además de conocer datos divertidos o dramáticos, la lectura resulta muy grata, incluso si no se conoce nada del escritor protagonista. Y gracias al talento de Damián Flores disfrutamos también de las ilustraciones de los autores más destacados de los últimos dos siglos, en las que ha logrado un asombroso parecido a través de un trazo aparentemente sencillo.

Siruela incluye este título dentro de su colección Nos Gusta Saber, que pretende acercar diferentes áreas de conocimiento a niños y jóvenes. Esta colección tiene muy buena pinta y 44 escritores de la literatura universal es una buena muestra, así que no dejéis que las etiquetas de edades os desanimen a leerlo. El libro de Jesús Marchamalo y Damián Flores es ideal si tenéis curiosidad por conocer esa parte humana de los escritores que no siempre percibimos entre líneas. Y es una lectura igualmente imprescindible si sois de los míos y os gusta amenizar vuestros debates literarios con anécdotas. Experiencias traumáticas, amores pasionales, hábitos de trabajo rocambolescos, obras ninguneadas, encontronazos entre autores… Con 44 escritores de la literatura universal tenemos material para rato.

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Superman/Batman/Wonder Woman: Metrópolis, de Randy Lofficier, Jean-Marc Lofficier y Ted McKeever

superman batman wonder woman metropolis

superman batman wonder woman metropolisImaginad que la nave que transportaba a Superman hubiera aterrizado en el Reino Unido en vez de en Estados Unidos, logrando, con este mero hecho, que su vida se convirtiera en una comedia de los Monty Phyton; o que lo hubiera hecho en la Unión Soviética, transformando al Hombre de Acero en una especie de arma con la que meter el miedo en el cuerpo a los americanos en plena Guerra Fría. Raro, ¿verdad? ¿Y qué me decís de Batman y Harry Houdini uniendo fuerzas para resolver un crimen? ¿Y de Edgar Allan Poe, el cual se ve en la obligación de aliarse con un hombre que se disfraza de murciélago para poder echar el guante a unos asesinos? Parece poco menos que inverosímil, ¿no es cierto? La Liga de la Justicia de América convertida en monstruos y protagonistas de La isla del doctor Moreau, el clásico de ciencia ficción de H.G. Wells, es otro de esos experimentos que algunos guionistas han llevado a cabo en el sello Otros Mundos de DC (que en España publica ECC) y que resulta el punto en común de todas las historias que antes os he planteado. En Otros Mundos la premisa está clara: transportar a los superhéroes más conocidos de la editorial DC a lugares, mundos o circunstancias que nada tienen que ver con las que los catapultaron a los mitos que hoy en día son. Superman/Batman/Wonder Woman: Metrópolis es otro de esos cómics. Esta vez asistiremos al nacimiento de la trinidad fundadora de La Liga de la Justicia desde el prisma que ofrece el cine expresionista alemán.

La corriente artística que supuso el cine expresionista alemán nació a principios del siglo XX y, tomando las directrices que el expresionismo ya había dejado más que perfilado en las artes plásticas, se creó un estilo visual nunca antes visto en el cine en el que mediante las formas se intentaba acentuar el dramatismo. Se considera al film El gabinete del doctor Caligari como uno de los precursores de este tipo de cine, y junto a la, conocidísima, Metrópolis del director Fritz Lang, la película de horror Nosferatu y El ángel azul, protagonizada por Marlene Dietrich, conforman las fuentes de inspiración del matrimonio de guionistas Randy y Jean-Marc Lofficier y del dibujante Ted McKeever para llevar a cabo Superman/Batman/Wonder Woman: Metrópolis.

Superman: Metrópolis es la primera de las historias. Una distopía en la que las clases pudientes, más conocidas como patricios, viven a expensas de una clase obrera que trabaja sin cesar para que toda la maquinaria que hace que funcione la ciudad no se pare. Clark Kent vive entre los ricos y apenas tiene preocupaciones hasta que se cruza con Lois Lane, una revolucionaria que busca el equilibrio entre ambas sociedades. El amor entre el niño rico y la chica de clase baja será el inicio de una serie de acontecimientos que cambiarán el orden establecido.

Todos esos personajes que siempre han rodeado la figura de Superman, tanto amigos como villanos, así como su mitología, los podréis encontrar en esta historia, pero totalmente subvertidos, encajando adecuadamente hasta fundirse, de forma natural, con una narración que toma muchísimo del film Metrópolis de Fritz Lang.

Batman: Nosferatu se sucede inmediatamente tras la primera historia. Aquí el matrimonio de guionistas nos sumerge en las oscuras profundidades de la ciudad de Metrópolis. El doctor Arkham, director de una institución psiquiátrica, se valdrá de sus dotes hipnóticas para, a través de un paciente al que llama el Hombre Risueño (inconfundible alter ego del Joker) cometer un sinfín de atroces asesinatos. Un hombre intentará detenerlo pero será lanzado a las sombrías profundidades de la ciudad, resurgiendo, después, como Nosferatu.

Si en la historia anterior podíamos gozar del traje de Superman más extraño nunca antes visto en un cómic, en ésta asistiremos al Batman más oscuro, bizarro y retorcido que una mente (jodidamente enferma) haya podido concebir jamás. Claramente basado en el vampiro que protagonizaba la película de Nosferatu. Y es que esta historia es una simbiosis entre el film del chupasangre y el de El gabinete del doctor Caligari. Tomando de cada una lo necesario para crear un ambiente, de marcados colores fríos, tétrico, terriblemente lóbrego, opresivo, macabro por momentos y con tintes de novela de terror.

Es en Batman: Nosferatu donde se pondrán a prueba los posibles prejuicios que el lector pueda tener en lo referente a la parte visual. Yo, que casi me considero libre de esos prejuicios, cuando llegué a esta parte, y hasta que no me acostumbré, pensé que el dibujo era tan absurdo como intrincado. Hasta que empecé a disfrutar de esas perspectivas imposibles, de las sombras alargadas, de los rostros, cuerpos o edificios que se retuercen en ángulos imposibles, de la realidad deformada, del trazo brutal e insoportablemente grueso y del color que parece pastel al óleo.

La última de las historias, Wonder Woman: La amazona azul, se apropia de algunos rasgos de la película El ángel azul para reformular la historia de la heroína creada por William Moulton Marston. Diana es una muchacha que ejerce de cabaretera en un local de mala reputación conocido como El palacio del pecado y regentado por el Doctor Psycho. Ésta, ayudada por Steve Trevor, intentará por todos los medios recuperar unos recuerdos que le fueron borrados para mantenerla dócil e indefensa.

Es la historia de la amazona, y a pesar de que enlaza correctamente con las otras dos, la más floja, tanto en guion (narración apática y con prisas por acabar) como en dibujo (de trazo todavía colérico pero de color demasiado “usual”) de las tres.

Superman/Batman/ Wonder Woman: Metrópolis es una curiosa, valiente y muy arriesgada propuesta que empieza con gran fuerza, evoluciona hacia algo salvajemente visual (no apto para el lector medio de cómics) y termina por perder fuelle en el tramo final. Aun así, ya solo por su apartado visual, este tomo, por primera vez en español, es una de esas llamativas rarezas a tener en cuenta.

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Cortázar, de Jesús Marchamalo y Marc Torices

Cortázar

CortázarA Julio Cortázar le debo mucho. Le debo, en gran parte, el amor a la literatura. Le debo también quién soy y en quien me he convertido desde que lo leí por primera vez. Y mi deuda con el cronopio no se paga tan solo con que mis dos gatos se llamen Teodoro W.Adorno y Flanelle, como los suyos. Mi deuda con Cortázar va para toda la vida.

¿Vosotros recordáis gracias a qué escritor empezasteis a amar la literatura? Es una sensación maravillosa. Yo leí Rayuela cuando tenía diecisiete años y entonces en mi cabeza algo estalló. Es como si se me hubieran juntado un montón de cables que tenía sueltos, como si gracias a Cortázar empezara a entender quién era yo. “Madre, es usted una exagerada”, diréis vosotros. Puede que tengáis razón, pero no os la daré. Yo necesitaba a Cortázar para entenderme, le necesitaba para comprender que existe otro tipo de literatura, que se puede acariciar el alma solo con palabras. Y ahí, ya completamente rendida, fue cuando empecé a interesarme por él. He leído todos sus libros (y varias veces) y tengo una biblioteca cortazariana bastante interesante. Sé todo sobre su obra y su vida. Pero el cronopio nunca deja de sorprenderme, afortunadamente. Mi fascinación por Argentina y Buenos Aires también se la debo a él. Si alguien quiere pagarme un viaje, así desinteresadamente, estaré encantada. (Ejem).

No sabéis la emoción que me provocó saber que Nórdica Libros iba a publicar este libro. Saber, además, que era obra de Jesús Marchamalo me alegró mucho más, porque me consta y sé que Marchamalo es un cronopio de cepa, de los devotos. A mí Marchamalo ya me había encantado con libros como 44 Escritores de la literatura Universal (por cierto, debo hacerme con su libro Cortázar y los libros, para mi colección). Además es un tipo auténtico, me cae bien.

Que Cortázar venga además presentado en formato de novela gráfica me fascina aún más. Ya sabéis mi devoción por la ilustración. Y aunque no conocía a Marc Torices, sus dibujos me han encantado y ahora no puedo pensar en nadie mejor para haber hecho este libro. Es que les ha quedado precioso, qué queréis que os diga.

Lo que vais a encontrar en esta novela es básicamente la vida del enorme cronopio Julio, aunque básicamente no sea quizás la palabra que debería emplear, porque su vida fue de todo menos básica. Julio vivió la vida que le correspondía, como buen cronopio.  Desde los innumerables viajes y estancias pasando por Bruxelas, Argentina, Italia, España, Nicaragua o Cuba hasta sus insólitas y célebres amistades. También están sus amores en esta novela, su familia y sus pensamientos e inquietudes desde que era aún Cocó y no Julio.

Yo podría pasarme la vida hablando de este libro, de Cortázar, la verdad. Pero tengo que recomendaros, con insistencia, que lo leáis. Porque si te gusta Julio Cortázar este libro te encantará. Y si no te gusta o no lo conoces (¡ay, lo que te pierdes!) con esta novela seguro que aprenderás a quererle y entenderle.

Para mí éste es ya uno de mis libros favoritos de 2017 y solo puedo dar las gracias por este precioso regalo.

 

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El último viaje de Tisbea, de Rafael Avendaño y Juan Gallardo

El último viaje de Tisbea

El último viaje de TisbeaQué aburrida es la normalidad, ¿no os parece? Lo gris, lo monótono, lo idéntico. Dan ganas de bostezar solo al pensar en ella. Mucho mejor la diversidad, lo extravagante, lo único. Pero (ay, siempre tiene que haber un pero), cuánto nos asustamos ante lo que no es normal, lo que se sale de los cánones establecidos. El ser humano es así de simple y estúpido a veces. Aquello que no entra dentro de lo convencional, nos aterra. Y es que tenemos el alma muy acomodada. Pero, afortunadamente, siempre hay gente que se atreve a salir de esa zona de confort, gente que no tiene miedo en descubrir la belleza de lo que nos es extraño. Y a mí, lectores, esa gente me encanta.

De todo esto trata El último viaje de Tisbea, una novela que rompe de una forma muy dulce y valiente con lo convencional.

Tisbea tiene veintidós años. Es una chica aparentemente normal. Vive con sus padres y su hermana menor, Juana Inés. Trabaja, es voluntaria en un hospital psiquiátrico y, supuestamente, todo está bien. Pero ocurre que Tisbea tiene una discapacidad neurológica que la hace ser diferente de los demás. Tiene una increíble habilidad para los números, conoce todas las figuras literarias y las emplea. Es incapaz de reconocer sentimientos en las caras y en los tonos de voz de las demás personas, pero se esfuerza. Sabe que si alguien sonríe cuando le habla todo está bien. Tisbea tiene unos límites que no debe saltarse. Debe controlar sus ganas de aletear las manos, de respirar encima de su padre, de hacer todo aquello que a ella le apetece porque, efectivamente, no son comportamientos normales. Son límites que sus padres le han enseñado, como aquel de no salir de casa si no es con las personas de confianza que sus padres consideran como tal. Como comprenderéis, debe resultar agotador intentar aparentar esa normalidad, intentar descifrar continuamente en los demás qué les ocurre.

Un día, en el psiquiátrico donde trabaja como voluntaria, David, un joven de cara aniñada que está ingresado por depresión, le confiesa a Tisbea que no encuentra razones para vivir. Ella, tan pragmática, decide entonces elaborar una lista de cosas que le hacen feliz para poder darle motivos a David, pero ninguno de esos motivos le valen al joven.

Mientras tanto, en una de sus anuales visitas al neurólogo, el médico le propone seguir un tratamiento que estimulará sus neuronas para que puedan actuar normalmente. Tisbea, algo cansada de sus límites y limitaciones, decidirá seguirlo. Y aunque al principio no note ningún cambio, pronto empezará a experimentar los resultados. Donde antes Tiseba veía sonrisas amables, ahora se da cuenta de que detrás de esas sonrisas se esconden otros sentimientos más complejos, más duros y que ahora empieza a entender. Ahora, que se supone que es normal, como todos lo demás, puede comprender todo lo que antes ella intentaba interpretar. Una sensación aterradora la de darse de bruces con la realidad. Una sensación que la llevará a vivir la gran aventura de su vida.

El último viaje de Tisbea, aparentemente sencillo, es un libro que esconde mucho más. Muestra, sin grandes pretensiones, ese lado menos agradable de la sociedad y su reacción para con las personas con este tipo de trastornos. En ocasiones dura, en otras amable, es una novela que he disfrutado mucho y que me ha ayudado a abrir los ojos y reflexionar bastante.

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Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas, de Brandon Sanderson

Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas

Alcatraz 4. Las lentes fragmentadasEn la primera entrega de Alcatraz dije que me había enganchado muchísimo la forma tan atractiva y fresca de presentar una novela de aventuras juveniles. En la segunda, destaqué lo bueno que sería añadir esta serie al catálogo de lecturas en los colegios y en la tercera, tras el buen sabor de boca, te reemplacé a esta cuarta aventura. Ahora te debo instar a que llegues hasta la quinta porque ahí, esta vez sí, se va a armar la gorda.

El joven Alcatraz Smedry llega a su penúltima hazaña contra las terribles sectas bibliotecarias. Han pasado seis meses desde que un buen día se encontrara, de golpe, con su abuelo, un viejo la mar de molón y extraño que le conducirá hacia un sinfín de aventuras, a cual más divertida, alucinante y peligrosa. En su haber, Alcatraz, que escribe sus historias a modo de diario novelizado, ha cosechado una lucha contra seres monstruosos creados con papeles, una visita a la recóndita Biblioteca de Alejandría custodiada por ánimas zombis y un enfrentamiento contra los Caballeros de Cristalia, habitantes de la ciudad que le vio nacer y que los bibliotecarios se ocuparon de ocultarle. Tras todas estas aventuras, una villana: la madre que lo parió. Sí, no te asustes, es ella. Siempre ocultando algo, siempre conspirando para conquistar las Tierras Libres en nombre de los Bibliotecarios Malvados. Y si en la entrega anterior estuvieron a punto de conseguirlo derribando uno de los bastiones de esas tierras, en Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas volverán a intentarlo en otra de las ciudades libres. Si lo consiguen, toda la información del mundo quedará a disposición suya y manipularán los conocimientos a su antojo.

Esta ciudad se mantiene protegida por una cúpula de cristal irrompible para los bibliotecarios. Para los bibliotecarios, pero no para los robots gigantes de los bibliotecarios. Van a ser ellos los nuevos guerreros contra los que la banda de Alcatraz tendrá que luchar. Y también contra los soldados de los bibliotecarios que, como topos, se han colado bajo tierra para destruir la ciudad y noquear a sus habitantes. En esas peleas, las víctimas caen inconscientes y solo una pócima secreta puede despertarlos. Por supuesto, el secreto está oculto en uno de los archivos mejor custodiados por los bibliotecarios, pero que solo puede ser descifrado por las lentes mágicas que posee Alcatraz. Entre todos los habitantes que caen heridos por los bibliotecarios se encuentran los reyes. Alcatraz hereda el trono temporalmente. La toma de decisiones, que puede tener consecuencias irreparables, vuelve a caer sobre el joven protagonista. Ve con desesperación como todos van cayendo como moscas, no puede evitarlo, esta vez los bibliotecarios están haciendo daño de verdad y están consiguiendo su propósito de tomar la ciudad por la fuerza. Tampoco puede evitar que le hagan daño a alguien tan especial para él; ha caído en la lucha. Tiene que hacer algo para evitar que los malos se salgan con la suya. Son muchos, muy fuertes y no se doblegan. Alcatraz Smedry, quien se presentó en su primera aventura aludiendo a un acontecimiento que le convirtió en héroe nacional, va a hacer aquello por lo que consiguió tal honor. Va a concentrar todo el poder de su talento mágico y se dispondrá a… Tendrás que leerlo.

Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas reúne, una vez más, los toques de humor infantil que mostró en las anteriores entregas y que esta vez me han sacado más de una sonrisa e incluso carcajada en alguno de sus capítulos. A diferencia de lo que su autor, Brandon Sanderson, nos tiene acostumbrados, no va a realizar tantos cambios de escenarios. La lucha y las relaciones entre los personajes se van a desarrollar en el mismo lugar; bajo la cúpula de cristal asediada por los robots de los bibliotecarios. Uno de los capítulos que más me ha gustado es en el que todos los personajes hablan al modo de los teatros de Shakespeare. Muy divertido. Y como ocurre con el resto de novelas, su forma fresca de ser contada, amena y aventurera que hace que sea una lectura sencilla para el público iniciado en aventuras juveniles.

Por supuesto, las aventuras de Alcatraz no acaban aquí. Alguien muy especial está inconsciente y necesita el antídoto que contiene la cura. Las instrucciones para obtener esa poción están en el idioma olvidado que solo Alcatraz puede leer con sus lentes y con sus talentos mágicos. Pero como hizo lo que hizo, a ver cómo se las arregla para salir de la siguiente y, puede, que última aventura.

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La fábrica de canciones, de John Seabrook

La fábrica de canciones

La fábrica de cancionesHay libros con los que casas nada más empiezas a leerlos y este en concreto lo consiguió por la anécdota que cuenta al inicio. Seabrook comienza hablando del choque generacional que todos hemos vivido a la hora de escuchar música. Ya saben, lo normal es que te encante unas canciones que a tus padres les horrorizan y que a tus hijos les aburrirán soberanamente; lo contrario es raro, nos pongamos como nos pongamos. En el caso del autor de este libro es especialmente llamativo, porque para un amante de la música popular clásica, en la que los artistas componían y tocaban en directo sus canciones, la contemporánea, en la que lo habitual es que los cantantes sean productos de marketing tan bien diseñados como distanciados de la música que interpretan, le pilla muy a contrapié. Por ello se esfuerza en descubrir cuándo y cómo cambió la forma de producirla. El resultado de su investigación, bautizado como La fábrica de las canciones, es, en mi opinión, un trabajo soberbio a muchos niveles.

Para empezar porque Seabrook no se deja llevar por lo habitual en este tipo de libros, que es elaborar un ensayo en el que sobresalgan sus opiniones personales. En lugar de ello el redactor del New Yorker se decanta por desarrollar un trabajo periodístico con mayúsculas en el que su biografía y sus convicciones intervienen sólo como pequeños paréntesis dentro del auténtico meollo del trabajo, que es explicar la nueva forma de fabricar éxitos musicales. Así, si bien en su narración deja sumamente claro que no es partidario de un escenario en el que los conocimientos musicales y la destreza con los instrumentos se sustituyen por el trabajo en cadena y el empleo masivo de hooks (ganchos) para dopar al oyente, mantiene una neutralidad más que meritoria al repasar las últimas décadas de una industria tan golpeada por las tecnologías —y por su negativa a adaptarse a ellas—.

Otra de las grandes virtudes que tiene este libro es la gran capacidad que tiene el autor para poner las canciones por escrito. Tanto a la hora de explicar cómo se van introduciendo los diferentes sonidos y recursos como a nivel de léxico es realmente sublime su técnica. De hecho, recomiendo leer primero sus descripciones y escuchar posteriormente las canciones de las que habla para comprobar su calidad narrativa.

En cuanto a la propia narración de la evolución de la música desde que, allá por los años noventa, a un dj sueco conocido como Denniz PoP le diera por convertir la música en un negocio más, aun si, como en mi caso, no se es fan de este tipo de canciones, es inevitable interesarse por lo que cuenta Seabrook. Pese a ser un libro extenso, las píldoras en las que lo divide el autor y su forma de ir introduciendo poco a poco nuevos protagonistas en escena, hacen que se convierta en un texto muy adictivo. De esta manera el periodista americano consigue que el proceso que va desde la aparición de los New Kids on The Block a Rihanna o Kesha sea atrayente y entretenido a partes iguales. La prosa de Seabrook es como una gran canción pop: con ganchos constantes, con un ritmo atractivo y con estribillos atrevidos y bien colocados para que no puedas dejar de leer. Eso no quita que este sea, por encima de todo, un trabajo de investigación y de síntesis muy concienzudo, en el que el autor no tiene problema en retrotraerse a los inicios de la música para contextualizar y explicar su posterior evolución.

La fábrica de las canciones es toda una demostración de que se puede hacer un trabajo serio sobre el presente de la industria musical, incluso cuando el autor no está nada conforme con el camino que esta ha seguido. Y es que, nos guste o no, hoy en día quienes escriben el futuro de este arte son productores como Dr. Luke o Max Martin y artistas como Pitbull o Kate Perry. Y puestos a sufrirlo, mejor que haya escritores que nos sepan explicar bien los porqués.

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Poncho fue, de Sole Otero

Poncho fue

Poncho fueTodos hemos oído alguna vez aquello de que el amor es ciego, una frase que a los feos siempre nos ha llenado de fe y esperanza. Y además es cierta. Decidme, si no, cómo se explica que una mujer tan hermosa como la mía se fijara en un tipo con mi careto, si no es por mi despampanante belleza interior.

Pero si esa frasecita en cuestión es cierta, no lo es menos aquella otra de que el amor nos ciega. Y eso ya no es tan bueno.

A Lu, la protagonista de esta excelente novela gráfica titulada Poncho fue, el amor tarda un suspiro en cegarla. Por desgracia, una vez nos han tapado los ojos con esa venda de la obnubilación, cuesta sangre, sudor y muchas lágrimas quitársela y volver a ver la realidad. La realidad empieza a desvancecerse en el momento en que aparece alguien que nos convence de que estamos hechos el uno para el otro y que, por tanto, a partir de ahora nada ni nadie nos va a separar. Yo sin ti soy media persona, y tú sin mí, todavía menos, porque eres, además, débil, histérica e incapaz de valerte por ti misma.

Ciega como se ha quedado, Lu no se da cuenta de algo que el lector percibe enseguida, a saber, que el Santi que la deslumbra es un fantasmón y un manipulador. La historia comienza con una discusión inesperada y absurda, que no parece más que una crisis pasajera en una relación hasta entonces idílica. Sin embargo, una serie de flashbacks nos muestran el inicio de la relación y el modo en que ésta fue degradándose poco a poco, emponzoñada por el egoísmo y el maltrato psicológico al que Santi somete a Lu.

El uso de los colores así como el estilo naif de la autora pueden darnos, pues, una primera impresión equivocada de esta gran e impresionante novela. Poncho fue es mucho más que una simple historia de maltrato. Basándose en una experiencia personal, Sole Otero nos ofrece en esta novela dos extraordinarios retratos psicológicos en los que no escatima críticas a sí misma ni hace excesivo hincapié en el carácter venenoso de Santi. Tan sutiles y verosímiles son los dos personajes que, de manera inquietante, es difícil en más de un momento no reconocerse a sí mismo en los rasgos de uno u otra. Así de cerca estamos todos del maltrato.

Santi no es un monstruo. De hecho, apenas puede decirse que sea violento. Santi, eterno aspirante a escritor que aún no ha conseguido acabar su primera novela, es, ante todo, una persona tremendamente infantil que, eso sí, tiene la habilidad de saber encontrar y explotar el punto débil de Lu: el sentimiento de culpa. Los halagos y las promesas nos pueden cegar tanto como el amor. Cuando alguien nos dice que no hay nadie como nosotros y que somos lo mejor que ha pasado en su vida, no resulta fácil rechazar tales halagos. Antes al contrario, bien pronto nos rendimos a ellos, y desde ese momento tenemos la obligación de demostrar que estamos a la altura del infinito amor que el otro nos profesa. Cuando no lo logremos, el peso de la culpa será imposible de sobrellevar, y de ahí al abismo del autodesprecio no hay más que un paso.

En definitiva, una gran y sorprendente novela gráfica, una demostración de cómo convertir la tragedia en arte, y un libro que deberían leer todos esos amantes apasionadísimos que aseguran, sin asomo de vergüenza, que harían cualquier cosa por amor.

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El faro de Dalatangi, de Axel Torres

El faro de Dalatangi

El faro de DalatangiIslandia, un país con poco más de 300.000 habitantes y una liga de fútbol casi amateur, protagonizó la gran sorpresa de la última Eurocopa al alcanzar, contra todo pronóstico, unos más que meritorios cuartos de final en su primera participación en un torneo de tal magnitud. Antes del evento, ni los propios expertos en fútbol internacional sabían mucho de esta selección, cuyo jugador más reconocible era (y sigue siendo) el ya veterano Eiður Gudjohnsen, que militó a finales de la década pasada en el FC Barcelona.

Un año antes de aquella gran gesta, el periodista deportivo Axel Torres estuvo disfrutando de aquel país, y fruto de aquel viaje nace El faro de Dalatangi, su tercer libro. Como he dejado claro en las reseñas que hice de sus otros libros (11 ciudades y Franz, Jürgen, Pep), tengo a Axel como uno de los periodistas deportivos de referencia en este país, no solo por esta pasión que transmite por el deporte de la pelota; también por esa difícil neutralidad de la que hace bandera en una profesión en la que el periodista bufandero viene siendo cada vez más habitual. En este viaje le acompaña otro periodista deportivo, Víctor Cervantes, cuya admiración casi obsesiva por Gudjohnsen arrastrará a él y a Axel, que terminarán viajando al país más aislado de Europa para poder encontrarse con el futbolista, y de paso, conocer un poco más sobre el desconocido fútbol islandés que ya en 2015 empezaba a despuntar.

Islandia. Sin ejército. Sin odio. Sin comunidades nacionales enfrentadas. Sin interpretaciones peligrosas de la historia. Canciones de Sigur Rós. Qué paz.

Lo que diferencia este libro de los otros del autor es el marcado tono introspectivo que llena sus páginas, coincidiendo con un momento anímico no del todo óptimo. Su viaje por Islandia encierra a la vez un viaje interior en el que Axel reflexiona sobre su propia carrera, sobre sus miedos e inseguridades. Sabe que ha alcanzado la cima, pero que eso no ha ido acompañado de felicidad. Debe sentirse un privilegiado porque tiene todo lo que siempre soñó, aunque descubra que el final del camino no es cómo había soñado. Por eso las tierras inhóspitas de Islandia se tornan en el lugar perfecto para una huida hacia delante, un lugar idóneo en el que emular a Henry David Thoreau, con el propio faro de Datalangi convirtiéndose en el particular Walden del periodista.

Pero no hay que olvidar que en este libro se habla mucho de fútbol. Axel Torres recobra poco a poco su pasión futbolera en esos campos de gradas casi vacías enclavados en verdes y extensas praderas o en parajes de aspecto casi lunar, como bien se puede comprobar en las estupendas fotografías de Edu Ferrer que añaden color y valor al libro. El autor conoce a varios futbolistas españoles, auténticos temporeros del fútbol que encuentran en la isla un lugar perfecto donde crecer como personas y como deportistas.

Islandia siempre ha sido un país que ha llamado poderosamente mi atención dada su peculiaridad histórica y geográfica. Ahora, tras leer este libro, mis ganas de conocer el país han aumentado más aún. Porque lejos de esa imagen de vikingos rudos, habitantes de ciudades impronunciables como Seyðisfjörður, Hafnarfjörður o Vestmannaeyjar se encuentra una población orgullosa de sus valores y costumbres. Los islandeses se muestran pasionales, con una personalidad marcada durante generaciones por ese aislamiento autoimpuesto, que se acrecenta entre los habitantes de las Islas Vestman, que no tienen reparos en llamarse “los más fuertes entre los más fuertes”, como dice orgulloso Heimir Hallgrímsson, entrenador de la selección islandesa de fútbol, que compaginaba hasta el año pasado su tarea con la de dentista en dichas islas. ¿Puede ser más pintoresca la historia?

Axel Torres nos devuelve una parte de la esencia del fútbol que muchos treintañeros teníamos perdida. Y es que muchos de los futboleros de nuestra generación nos enamoramos de un deporte que poco tiene que ver con el actual. Antiguamente, ser de un equipo era motivo de orgullo, y lo importante era lo que pasaba durante los 90 minutos que jugaba tu equipo. Ahora no; ahora lo importante es lo que rodea al fútbol, es saber quién vende más camisetas, qué dirá determinado futbolista al acabar un partido o cuál ha sido la última publicación del futbolista de turno en la red social de moda. Por no hablar de las polémicas arbitrales, que copan la gran mayoría de minutos en los debates mediáticos, de forma totalmente interesada por parte de quienes protagonizan dichos debates. Toda esa tontería, por suerte, no ha llegado a Islandia, que conserva todavía un fútbol de una pureza casi virginal.

Espero que El faro de Dalatangi haya servido como terapia al autor para seguir al pie del cañón durante muchos más años. Porque sí, Axel (y permíteme que ahora me dirija a ti), en este mundo de mediocridad, periodistas deportivos como tú sois más que necesarios. Porque puede que tener valores e ideales no esté a la orden del día en una profesión tan caníbal, pero seguro que siempre hay alguien dispuesto a apreciarlo. Y si es necesario viajar cada cierto tiempo a países de fútbol casi desconocido para despejar la cabeza, bienvenidos sean esos viajes. Aquí algunos seguiremos leyéndote, hables de fútbol albanokosovar, del próximo Madrid-Barça o de tu querido Sabadell.

César Malagón @malagonc

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