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Libros y Novedades 139

ashford park

Boletín de novedades. Junio 2013 – 21

ashford parkla hija de la criadafreaks 4
Ashford Park,
de Lauren Willig
La hija de la criada,
de Barbara Mutch
Freaks´ Squelle: Súcubo Pizza,
de Florent Maudoux

El primer boletín del mes de junio: verano, sol (ese soñado astro), y muchas lecturas para refrescar nuestras vacaciones. Seguimos con este sexto mes del año con un nuevo boletín de novedades en el que las editoriales nos proponen algunas historias que están llamadas a convertirse en relatos inolvidables. Y nosotros estaremos allí para enseñarlas a todo el mundo.

Empezamos con “Ashford Park”, una novela de grandes dimensiones en la que se nos plantea una pregunta a todos los lectores: ¿cómo puede mantenerse un secreto durante setenta años? Lauren Willig nos sumergirá en una historia que sorprenderá y cautivará a partes iguales, que nos llega de la mano de Espasa

Continuamos con “La hija de la criada” de Barbara Mutch en la que descubriremos África, y cómo la vida de una adolescente está a punto de cambiar, mientras a su alrededor el país está en una situación de violencia contra la comunidad negra. Una novela íntima y grandiosa que nos llega de la mano de Alianza.

Terminamos el boletín con una propuesta diferente. Se trata de la continuación de Freaks Squelle de Florent Maudoux que llega a los lectores para enseñarles las aventuras de unos adolescentes especiales, que intentan salir adelante, mientras en su camino van combatiendo a monstruos y perfeccionando su imagen de héroes. Una novela gráfica que nadie debería perderse y que nos trae Dibbuks.

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La promesa de Kamil Modrácek

La promesa de Kamil Modrácek, de Jirí Kratochvil

Bajo tierra están las mazmorras y las catacumbas, el infierno y la salvación. Ahí donde los avestruces esconden la cabeza cuando se sienten en peligro, mandamos nosotros a nuestros muertos a ver si consiguen un billete para arriba o se hunden más abajo, y situaban los clásicos el inframundo, donde, si se seguían las instrucciones correctamente, podía el héroe resucitar y traer de vuelta a su amada. La carga simbólica de la estancia bajo tierra es, posiblemente, inherente al ser humano y no ha perdido fuerza a lo largo de lo siglos, sino más bien al contrario.

Hace unos años el cineasta serbio Emir Kusturica deslumbró a sus seguidores, entre los que me cuento, con una apabullante película titulada Underground, en la que una familia se refugia en su sótano para huir de los nazis. En La promesa de Kamil Modrácek, estos elementos, guerra, nazis y sótano se combinan de una forma completamente diferente, pero igualmente poderosa, en una obra original, divertida y absolutamente deslumbrante.

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Bajo una estrella cruel

Bajo una estrella cruel, de Heda Margolius Kovály

Nunca se podrá contar demasiadas veces la misma historia. Heda Margolius es prisionera en Auschwitz, donde ha visto a su madre caminar hacia la muerte. El final de la guerra está cerca, y los prisioneros de los campos pueden oír los cañonazos del ejército ruso cada vez más cerca. Los nazis se niegan a dejar testigos de sus crímenes y, en su retirada, evacúan los campos. Los que son incapaces de caminar, son asesinados en el acto. Entre la confusión, Heda consigue escapar con unas amigas y milagrosamente llega a Praga, donde encuentra una ciudad que el miedo de los habitantes ha convertido en ratonera. Como judía, Margolius es una prófuga, y nadie quiere ser visto hablando con ella. Por ello, Heda es capaz de comprender que nadie quiera jugarse la vida ni arriesgar las de sus familias, entiende que las solemnes promesas que antiguas amistades le hicieron antes de la deportación queden en nada, que el amigo noble y sincero sea hoy un patético cobarde. Lo que no podrá comprender es la repetición de la pesadilla, y ver cómo sus liberadores se convierten en sus verdugos.

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El caballo negro

El caballo negro, de Borís Sávinkov

Borís Sávinkov era un terrorista encantador. El responsable de los asesinatos del ministro de interior Plehve y del Gran Duque Sergio Aleksándrovich fue descrito por quienes lo conocieron personalmente como “un ser extrañamente bello y tierno” (Anna Ajmátova), “el hombre más extraordinario que jamás haya conocido” (Somerset Maugham), o “nuestro amigo, el asesino” (Picasso, Apollinaire y compañía). ¿Qué les dabas, Borís?

Sávinkov, nacido en el seno de una familia más que acomodada, se vio bien pronto arrastrado por el espíritu de aquellos días y a los 20 años fue expulsado de la universidad por organizar algaradas estudiantiles. Se afilió a diversas organizaciones socialistas, hasta que fue arrestado y exiliado. Luego se dio cuenta de que eso del marxismo no le llenaba, y decidió probar con el terrorismo. Huyó del país y entró a formar parte del Partido Social-Revolucionario (es importante notar que, en ocasiones, las diversas facciones del socialismo sentían un odio mutuo igual o mayor que el que sentían por el zarismo). Fue condenado a muerte, consiguió escapar, participó en la I Guerra Mundial, volvió a Rusia, llegó a ser viceministro de guerra en el gobierno de Kerenski, y tuvo un final que ya os contaré más tarde. En fin, como veis, tuvo una vida un tanto ajetreada.

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Muchacho de oro, muchacha esmeralda

Muchacho de oro, muchacha esmeralda, de Yiyun Li

Desde entonces, he aprendido que la vida es así, acabar todos los días como un polluelo negándose a que le devuelvan a la cáscara del huevo. Así son los personajes de Muchacho de oro, muchacha esmeralda, seres que no acaban de comprender muy bien qué hacen en este mundo, personas a las que la felicidad les es ajena en el peor de los casos porque  han conocido el dolor de perderla y se obstinan en huir de ella para evitarse sentirlo nuevamente y en el mejor, o al menos en el más habitual, porque la desconocen en absoluto. Yiyun Li nos trae una colección de polluelos que se sienten perdidos fuera de su cascarón pero que lo contemplan, roto y vacío, y no lo acaban de reconocer como propio y, con una sensibilidad fuera de lo común, nos convierte en espectadores de unas vidas profundamente dominadas por la melancolía. Sigue leyendo Muchacho de oro, muchacha esmeralda

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Los Miserables

Los Miserables, de Víctor Hugo

En el camino de los lectores, hay ciertos libros que son una “parada obligada”. Aquellos títulos que por haber marcado una época, un momento de la historia, simplemente no pueden ser ignorados. En cualquier conversación, clase de universidad, reunión de lectores, surge siempre este comentario: “Así que te gusta leer eh… ¿has leído La Ilíada? ¿El retrato de Dorian Gray? ¿Los Miserables?” Es como si, contestar que no, nos desacreditara automáticamente de la etiqueta lector para pasar a ser “el que frecuenta las librerías algún que otro fin de semana y carga un libro en sus vacaciones” ¿Cruel, no?

Los Miserables es una obra inmaculada, preciada, que embellece la biblioteca de cada lector, pero que puede ser un estigma, sólo por ser uno de esos clásicos que no pueden ignorarse. Sin embargo, para mí, leer Los Miserables fue una acción voluntaria, interesada y tomada sin ninguna presión. En mi modesta opinión, creo que todos deberían adentrarse en ella de esta manera, sin presiones y con la voluntad de seguir hasta el final.

Es muy difícil encarar la reseña de un libro que carga con tanto trasfondo político y social. Sería bastante irrespetuoso querer transmitir en estos pocos párrafos todas las reflexiones que traen Los Miserables, pues cada una de las oraciones nos brindan un momento de introspección y una nueva perspectiva en cuanto a las acciones, la manera en que juzgamos al prójimo y la sutileza de la vida, que parece tan desagradable desde la óptica ajena pero tan injusta cuando se vive en carne propia.

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Las hermanas Makioka

Las hermanas Makioka, de Junichiro Tanizaki

Uno de mis directores de cine preferidos es el japonés Yasujiro Ozu. En mis buenos tiempos de filmotequero, pude disfrutar de muchas de sus películas, la mayoría de las cuales giran alrededor de la familia. El cine de Ozu se caracteriza por su ritmo lento, su frecuente tono nostálgico, sus planos sosegados, y por el drama contenido que se adivina entre las escenas.

Al leer Las hermanas Makioka no pude evitar acordarme de aquellas tardes de filmoteca, e incluso recordé una película titulada Las hermanas algo, así que me remití a san wikipedia. No, las hermanas eran dos y se llamaban Munekata, y, a pesar de las grandes similitudes entre Ozu y Tanizaki, no tenían nada que ver con las que nos ocupan, que eran cuatro y que… pero empecemos por el principio.

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Después del terremoto

después-del-terremoto

Después del terremoto, de Haruki Murakami

después-del-terremotoPreparen las antorchas, preparen el líquido inflamable, preparen el combustible que más a mano tengan porque les voy a contar un secreto que llevo guardado muy dentro desde hace mucho tiempo: no entiendo a Haruki Murakami. Pero antes de que dejen de leer, matizaré mis palabras. No entiendo algunas historias de Murakami. Hace años, cuando leí una novela de este autor, cerré el libro con la sensación de no haber entendido muy bien de qué iba. Quizá era que por aquel entonces yo era un niño que no entendía muy bien aquellas historias, pero lo cierto es que no sintonicé adecuadamente con lo que me contaba. Pasó el tiempo, me fui haciendo mayor, y con los años llegaron algunas novelas más del autor con las que sí pude agradecer su buena forma de escribir. Y aquí estoy, haciendo esta revelación, y pudiendo decir que gracias a esta última recopilación de relatos, me he reconciliado con un autor que, visto desde lejos, siempre me daba un poco de miedo. La edad te da esas cosas, entre otras muchas.

Seis relatos que, con el nexo de unión de un terremoto, nos enseñan que las tragedias pueden crear historias tan extraordinarias que, del mismo dolor, puede nacer algo sumamente maravilloso.

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El martirio del obeso

El martirio del obeso, Henri Bèraud

No nos engañemos, a la sociedad siempre le ha gustado martirizar, así que no es de extrañar que Henri Bèraud seleccionase a un sector poblacional para, a través de él, mostrarnos una parte del interior del ser humano.

Veamos, díganme si no es cierto que en la antigüedad, y en las sociedades peor alimentadas, era de buen gusto tener unos ciertos kilitos de más; y ahora que vivimos en una sociedad hiperalimentada, nos encontramos con la triste realidad de que cada kilo de más puede convertirse en nuestra peor pesadilla. De hecho, hoy “el mundo occidental” o “primer mundo” se divide entre dos tipos de mártires, las personas con sobrepeso y aquellas que viven condenadas al régimen permanente. Hay otros tipos, sí, pero mucho menos literarios.

Y si ahora les hablo de literatura y tipos literarios es porque he leído El martirio del obeso, y eso me ha hecho recordar cuántos libros estupendos no he leído. Siempre quedan libros del pasado que, leídos hoy, no solo son de lo más actuales, sino que, de tan perfectos, podríamos adecuarlos a cualquier momento de la historia; porque, lo crean o no, este libro se escribió en 1921 y fue publicado el año siguiente.

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Cuentos completos

Cuentos completos Andersen

Cuentos completos, de Hans Christian Andersen

Cuentos completos AndersenHablar de Hans Christian Andersen es hacerlo de un niño que creció rodeado de personajes mágicos, de sirenitas, de valientes soldados de plomo, de cisnes salvajes o maletas voladoras. Es hablar de un autor que llenó espacios vacíos por las noches, para crearnos un mundo nuevo durante el día. Es hablar, como no podía ser de otra manera, de una infancia, la de todos los lectores, que fluyó por mares embravecidos, por aventuras con las que abrir los ojos y no volver a cerrarlos. Pero sin duda alguna es también hablar de un adulto, yo, que encontró esta nueva edición de todos sus cuentos, y no tuvo más remedio que mirar atrás, a una edad mágica, a una edad donde los sueños se hacían realidad con un solo parpadeo, y que generó sueños indescifrables que viven todavía en este cuerpo que empieza a envejecer. Hablar de un autor siempre es hacerlo de nosotros, qué duda cabe que, cuando nos hacemos mayores, recordamos con cariño aquellas lecturas que nos hicieron mejorar. Pero hacerlo de este autor, para mí, es uno de esos regalos que me ha hecho recobrar, muchos años después, los recuerdos de unas sábanas que me acariciaban el cuerpo mientras el sonido de las páginas al pasar se convertían en una puerta hacia otro lado… hacia otra realidad, puede que no mejor, pero al menos sí muy diferente.

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De repente llaman a la puerta

De repente llaman a la puerta, de Etgar Keret

Aturdido, taquicárdico, y sufriendo de alucinaciones, necesito urgentemente contrarrestar la sobredosis de imaginación que me ha producido este libro, así que, con vuestro permiso, me voy a inyectar 10g de topicazos: leer es ver el mundo a través de los ojos del autor.

Ahhhhhhh.

Ahora lo veo todo más claro. Veo que algunos escritores tienen una visión más o menos panorámica, otros cogen la lupa y estudian centímetro a centímetro el pequeño mundo que nos presentan, otros se ponen unas lentes que disorsionan la visión, mientras los de más allá hacen un poquito de todo eso. Pero Etgar Keret es un escritor un tanto más ecléctico en su visión, y para sus historias tan pronto utiliza la lupa como un telescopio solar, pasando por el microscopio, los rayos X o incluso el colonoscopio. Y lo hace tan bien que hay que advertir al lector: si lees este libro es probable que no vuelvas a ver la vida del mismo modo. La realidad se meterá enmedio.

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La vida para principiantes

La vida para principiantes, de Slawomir Mrozek

No hay nada más subversivo que el humor. Cualquier tiranuelo tolerará la oposición, la protesta, la sedición, el insulto, e incluso el atentado con bombas, antes que el pitorreo. Y esto, que es válido para la política, lo es también, y quizá en mayor medida, para la literatura. Todos sabemos que un buen escritor ha de ser, ante todo, serio. Digámoslo claro: SERIO. Y solemne. Y trascendental. Sí, claro que nos gusta reír, y nos lo pasamos muy bien con los libros divertidos, pero en el fondo de nuestra conciencia, sabemos que, si es divertido, no puede ser “gran” literatura. Porque, claro, lo divertido no es serio. ¿Cómo? ¿Que El Quijote (o el que prefiráis) es divertido? Sí, pero probablemente hayáis notado que cuando la gente lo lee, exclama con gran sorpresa “¡pero si es divertido!”, y se guardan para sí la apostilla “¿cómo es posible?”

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