
No recuerdo cuándo ni cómo me encontré en la página en Goodreads de este libro y, tras leer su sinopsis y varias reseñas positivas, me decidí a comprarlo en inglés. Pero entonces vi que la editorial Plataforma Neo lo iba a publicar en español y decidí esperarme.
Quizás este no es el tipo de libro que llame la atención por su portada o su título, ya que parece el típico romance adolescente y cursi propio de las historias de Federico Moccia. Ni tampoco por su sinopsis, ya que la historia de chica conoce a chico y uno es pobre y el otro rico (lo de los mundos distintos, ya me entendéis…) es bastante común dentro de la literatura y dentro de todos los formatos culturales, ya que estamos. Véase el ejemplo de la popular serie (en su momento) Gossip girl, basada en la saga de libros con el mismo nombre.
Sin embargo, hubo algo en este libro que sí llamó mi atención y, por eso, me decidí a probar. Y ya os puedo decir que no me arrepiento. Todo comienza cuando el joven, rico y guapo Xander Spence entra en la tienda de muñecas de porcelana en la que trabaja Caymen Meyers, una joven sin recursos cuya vida no era lo que esperaba. Lo que parece un encuentro fortuito y sin importancia se convertirá en algo que cambiará el rumbo de sus vidas…
Y hasta aquí puedo leer. Como veréis, hasta aquí parece la típica historia que os he comentado anteriormente. Pero no lo es en absoluto. A medida que avanzas con la lectura, te das cuenta de que La distancia entre tú y yo va mucho más allá.
Lo que más me ha sorprendido de esta historia es que se aleja de los tópicos dentro de la literatura romántica Young adult. La autora, Kasie West, logra crear una historia de amor realista, que se desarrolla de manera paulatina a lo largo del libro y resulta creíble. Además crea unos personajes, sobre todo los principales, fuertes y carismáticos cuyo principal motor en su vida no es perder la cabeza por un chico o una chica guapa. Ambos demuestran su fortaleza al intentar encontrar quienes desean ser y luchar por sus sueños. Aunque lo que más les importa es no defraudar a su familia y a las personas que más les importan.
Otro de los aspectos que más me han gustado del libro ha sido el elemento de humor que aporta el personaje de Caymen, cuyos comentarios sarcásticos me han sacado más de una sonrisa en cada uno de los capítulos.
La prosa de Kasie West, a pesar de resultar demasiado sencilla y demasiado provista de diálogos, se centra en los pensamientos, reflexiones y sentimientos de los personajes y hace que los lectores empaticen totalmente con ellos en cada momento. En mi caso me he sentido realmente identificada con ellos y algunos de los problemas a los que se tienen que afrontar a lo largo de la historia.
La distancia entre tú y yo es una lectura entretenida, divertida y realista que engancha desde la primera página y cuyo ritmo no te dejará soltar el libro hasta el final. Es una de esas pequeñas historias que no defraudan, tanto a los apasionados de la romántica como a los apasionados de la novela juvenil, pues trata tantos aspectos de la personalidad y de las relaciones humanas que no pasa desapercibida. Además, es de esos libros que, al no tener muchas expectativas puestas en él, me ha sorprendido desde el principio y eso me ha hecho disfrutar de él aún más.
Si estás buscando un libro para despejarte, entretenido, divertido y con la cantidad justa de elementos amorosos esto es, sin duda, lo que estás buscando.

Lo mío con este libro ha sido un flechazo. Desde que me enteré de su publicación estaba deseando tenerlo en mis manos. Y ahora, justo ahora que acabo de terminar de leerlo, todavía estoy bajo el efecto de ese amor platónico y necesito contároslo. Quiero a este libro (¿se puede querer a un libro?) porque adoro a Virginia Woolf y si a Virginia le gustaba Vita, a mí me gusta Virginia. Ahora además también me gusta Vita. Y me gusta Pilar Bellver, la autora, porque en cada línea de esta novela se respira la pasión que siente por Virginia Woolf. Así que, lectores, aquí me tenéis: completamente desarmada.
Parece mentira esto que voy a decir, pero tengo que ser sincera: nunca había leído 
Cuando una amiga supo que me iba a leer este libro, me dijo que para ella había sido una de las lecturas más deliciosas de su vida. Usamos esa palabra normalmente para referirnos a comida, pero si miramos en el diccionario pone lo siguiente: delicioso/sa: muy agradable o ameno, placentero. Hay muchas cosas en la vida que nos resultan agradables, que nos causan placer, que resultan muy amenas y un libro, efectivamente, puede proporcionar todo eso. En ese momento me resultó algo chocante que usase el calificativo “delicioso” para referirse a un libro, pero estoy de acuerdo con ella en que algunas lecturas son auténticas delicias, pequeños bocados de placer, como un bombón, por ejemplo.
¿Os acordáis de que hace poco os hablé de la novela 


¿Recordáis el famoso tema Sk8er Boi de la cantante canadiense Avril Lavigne? Era ese en el que una chica dulce, inocente y aficionada al ballet se enamoraba de un chico malo, un rockero que solo tenía por compañía su guitarra y su skate. La canción contaba una historia un tanto machacada ya por aquel entonces: ambos saben que pertenecen a mundos distintos, son conscientes de que lo suyo es imposible, pero al final —en la canción, varios años después—, se dan cuenta de que lo suyo es amor verdadero y que el destino de ambos es estar juntos. Vamos, una especie de Dirty Dancing, 
Nunca he estado en Nueva Orleans, pero después de leer un montón de novelas y ver varias series y películas que se desarrollan allí, no he podido evitar formarme mi propia imagen de esta ciudad. A mí, Nueva Orleans me evoca un calor sofocante, con el sonido de los grillos y las cigarras de fondo. Olores fuertes, un tanto especiados, acompañados por el jazz incesante. Sus casas me las imagino gigantescas, con grandes porches que crujen cuando te acercas a la puerta principal, toda de cristal de diferentes colores. Me figuro a la gente dispar, rara, con indumentarias particulares, dejando claro que le da igual lo que opinen los demás. Y también pienso en magia. Mucha magia. Nueva Orleans ha sido la cuna de algunas de las mejores historias fantásticas de nuestros tiempos, como 
dialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Lo sepa él o no…”
A ver, queridos lectores, voy a seros muy sincera desde el principio. Cartas a una extraña es un libro que nunca habría escogido para leer. Mi sexto sentido literario me manda señales muy claras de que este no es el tipo de lectura que me atrae, ni el título, ni la portada, ni la sinopsis que aparece en la contraportada. En una librería hubiera pasado completamente de largo, alertada por mi radar para libros. Pero, amigos, a veces una reseñista tiene que hacer lo que tiene que hacer. En este caso, leer esta novela publicada por el sello de Amazon Publishing.
No sé cuántos bolsos tengo. Quizá veinte, quizá treinta. No cuento con ningún vicio reseñable, a excepción de los bolsos y alguna que otra colonia. Los tengo de todo tipo, tamaño y color; cada uno para una ocasión. Antes de salir de casa, escojo el que me apetece usar y lo relleno con las cosas que cada día me acompañan. Hablo de mis bolsos porque así empieza la historia de La mujer de la libreta roja. Exactamente comienza cuando Laure es asaltada en la puerta de su casa por un hombre que tiene la intención de robarle el bolso. Y, por lo que Laurent, nuestro otro protagonista, descubre al día siguiente, llevó su empresa con éxito. Digo esto porque Laurent encuentra el bolso de la chica tirado en la calle. Ese bolso, grande, lila y con muchas cremalleras doradas, hará que Laurent no pueda dejar de pensar en su dueña. A través de los objetos que contiene, intentará descifrar quién es esa misteriosa mujer que recoge piedras al azar por la calle, usa una colonia que es casi imposible de encontrar en una perfumería, tiene un libro dedicado por su autor favorito y rellena una libreta roja con frases carentes de sentido tales como “me dan miedo las hormigas rojas” o “me gusta abrir los ojos cuando nado debajo del agua”.
Os voy a hablar un poco de mí. Me considero una persona bastante concienzuda a la hora de elegir un libro. Suelo recorrer las librerías al menos una vez a la semana, echar un vistazo frecuentemente a todos los boletines de novedades de las editoriales, leer y releer blogs de reseñas y visitar los canales de mis booktubers favoritos. Así, poco a poco, me voy haciendo una idea de lo que quiero leer y cuándo. Normalmente, cuando compro un libro escojo alguno de los que aparece en mi lista de “pendientes” —lista que es como la hydra de mitología griega: por un libro que tacho, aparecen tres nuevos—¸ así voy rellenando meticulosamente mi biblioteca personal.