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La distancia entre tú y yo, de Kasie West

La distancia entre tú y yo

La distancia entre tú y yoNo recuerdo cuándo ni cómo me encontré en la página en Goodreads de este libro y, tras leer su sinopsis y varias reseñas positivas, me decidí a comprarlo en inglés. Pero entonces vi que la editorial Plataforma Neo lo iba a publicar en español y decidí esperarme.

Quizás este no es el tipo de libro que llame la atención por su portada o su título, ya que parece el típico romance adolescente y cursi propio de las historias de Federico Moccia. Ni tampoco por su sinopsis, ya que la historia de chica conoce a chico y uno es pobre y el otro rico (lo de los mundos distintos, ya me entendéis…) es bastante común dentro de la literatura y dentro de todos los formatos culturales, ya que estamos. Véase el ejemplo de la popular serie (en su momento) Gossip girl, basada en la saga de libros con el mismo nombre.

Sin embargo, hubo algo en este libro que sí llamó mi atención y, por eso, me decidí a probar. Y ya os puedo decir que no me arrepiento. Todo comienza cuando el joven, rico y guapo Xander Spence entra en la tienda de muñecas de porcelana en la que trabaja Caymen Meyers, una joven sin recursos cuya vida no era lo que esperaba. Lo que parece un encuentro fortuito y sin importancia se convertirá en algo que cambiará el rumbo de sus vidas…

Y hasta aquí puedo leer. Como veréis, hasta aquí parece la típica historia que os he comentado anteriormente. Pero no lo es en absoluto. A medida que avanzas con la lectura, te das cuenta de que La distancia entre tú y yo va mucho más allá.

Lo que más me ha sorprendido de esta historia es que se aleja de los tópicos dentro de la literatura romántica Young adult. La autora, Kasie West, logra crear una historia de amor realista, que se desarrolla de manera paulatina a lo largo del libro y resulta creíble. Además crea unos personajes, sobre todo los principales, fuertes y carismáticos cuyo principal motor en su vida no es perder la cabeza por un chico o una chica guapa. Ambos demuestran su fortaleza al intentar encontrar quienes desean ser y luchar por sus sueños. Aunque lo que más les importa es no defraudar a su familia y a las personas que más les importan.

Otro de los aspectos que más me han gustado del libro ha sido el elemento de humor que aporta el personaje de Caymen, cuyos comentarios sarcásticos me han sacado más de una sonrisa en cada uno de los capítulos.

La prosa de Kasie West, a pesar de resultar demasiado sencilla y demasiado provista de diálogos, se centra en los pensamientos, reflexiones y sentimientos de los personajes y hace que los lectores empaticen totalmente con ellos en cada momento. En mi caso me he sentido realmente identificada con ellos y algunos de los problemas a los que se tienen que afrontar a lo largo de la historia.

La distancia entre tú y yo es una lectura entretenida, divertida y realista que engancha desde la primera página y cuyo ritmo no te dejará soltar el libro hasta el final. Es una de esas pequeñas historias que no defraudan, tanto a los apasionados de la romántica como a los apasionados de la novela juvenil, pues trata tantos aspectos de la personalidad y de las relaciones humanas que no pasa desapercibida. Además, es de esos libros que, al no tener muchas expectativas puestas en él, me ha sorprendido desde el principio y eso me ha hecho disfrutar de él aún más.

Si estás buscando un libro para despejarte, entretenido, divertido y con la cantidad justa de elementos amorosos esto es, sin duda, lo que estás buscando.

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A Virginia le gustaba Vita, de Pilar Bellver

A Virginia le gustaba Vita

A Virginia le gustaba VitaLo mío con este libro ha sido un flechazo. Desde que me enteré de su publicación estaba deseando tenerlo en mis manos. Y ahora, justo ahora que acabo de terminar de leerlo, todavía estoy bajo el efecto de ese amor platónico y necesito contároslo. Quiero a este libro (¿se puede querer a un libro?) porque adoro a Virginia Woolf y si a Virginia le gustaba Vita, a mí me gusta Virginia. Ahora además también me gusta Vita. Y me gusta Pilar Bellver, la autora, porque en cada línea de esta novela se respira la pasión que siente por Virginia Woolf. Así que, lectores, aquí me tenéis: completamente desarmada.

La Woolf (sí, con su “la” delante, marcando con fuerza su personalidad) me ha gustado desde que leí hace ya unos años Una habitación propia. Si no lo habéis leído estaréis un poquito más vacíos. Es imprescindible su lectura, mujeres. Es indispensable su comprensión, hombres. Es esencial que todos leamos Una habitación propia, lectores. Y aunque no he leído toda su bibliografía (estoy en ello), Virginia Woolf es, y será siempre, una de mis escritoras favoritas. Creo que es una de las mujeres más interesantes e inteligentes de siempre. Lo creo yo y, afortunadamente, mucha gente. ¡Viva la Woolf, carajo!

A Virginia le gustaba Vita, publicada por la editorial Dos Bigotes, no es una novela convencional y ahí reside la magia de este libro. Pilar Bellver ha hecho un trabajo literario excelente. El libro cuenta la historia de amor entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West, una historia que ha llegado hasta nosotros a través de las cartas que ellas se escribían. Con ese material, Pilar ha elaborado una novela que mezcla la ficción con la realidad. Se trata de una suerte de correspondencia entre ambas mujeres ideada a través de las cartas reales, con algunos fragmentos literales de ellas y la imaginación de la autora. Un ejercicio de fantasía maravilloso. ¿El resultado? Esta novela tan real que duele, tan ficticia que desgarra y conmueve.

La historia de amor, la real, esa que asoma entre las líneas de esta novela es extraordinaria. De hecho, todo el grupo de Bloomsbury era tan genial que darían para horas y horas de conversación. Y es que las historias y rencillas de este grupo son alucinantes. Hay mucho material escrito sobre ellos y en las biografías de Virginia y Vita encontramos muchos anécdotas realmente interesantes.  También la autora del libro nos develas muchas de ellas en las notas a pie de página. A Virginia le gustaba Vita tiene muchas anotaciones a pie de página, algo que podría ser pesado si no estuviera bien hecho. Pero las anotaciones de Pilar Bellver son necesarias, inteligentes y están escritas con la misma pasión que la escritora pone en toda la novela. Me han encantado porque ayudan no sólo a esclarecer parte de la realidad y la ficción, sino que también aportan datos curiosos e información que no es tan fácil de encontrar. Además, el libro cuenta al final con una bibliografía y unas notas sobre ésta en la que Pilar Bellver, muy lúcida ella, nos explica cuáles son los libros que a ella le han resultado más interesantes. Ese valioso dato que como lectores esperamos encontrar al leer una bibliografía. Por cierto, ya tengo un par de libros nuevos en mi lista de pendientes.

A pesar de que el grupo de intelectuales de Bloomsbury era un grupo bastante avanzado para su época y que el amor libre era practicado por casi todos ellos, no podemos olvidar que estamos hablando del primer tercio del siglo XX y que, a pesar de la aparente modernidad, la homosexualidad, socialmente, era todavía prácticamente tabú. Por ello, aunque tanto el marido de Virginia como el de Vita (extraños matrimonios de conveniencia) sabían de la relación entre ambas, el suyo era un amor casi prohibido y secreto. De ahí la importancia de la correspondencia entre ellas y sobre todo, de los diarios, pues es en ellos donde realmente se plasma el verdadero y hermoso romance.

La historia que se cuenta en este libro es la real, sin duda. Aunque muchos fragmentos provengan de la imaginación de la autora, en ocasiones podemos sentir que estamos en las mentes de Virginia y Vita. Y sobre todo, en sus corazones. Porque es amor lo que desprende esta novela. Una maravillosa relación de amor y amistad entre dos mujeres extraordinarias que duró durante toda sus vidas. ¿No es precioso? También lo es esta novela, os lo prometo.

 

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Desayuno en Tiffany’s, Truman Capote

Desayuno en Tiffany's

Desayuno en Tiffany'sParece mentira esto que voy a decir, pero tengo que ser sincera: nunca había leído Desayuno en Tiffany’s. Vale, a lo mejor no os parece tan grave. Será por libros, ¿no? Pero si os digo que Truman Capote me parece un maravilloso escritor y que a A sangre fría es una de mis novelas preferidas quizá lo entendáis. Si además os digo que Desayuno con diamantes es también una de mis pelis favoritas, ya podéis entender plenamente el alcance de mi confesión. No sé por qué nunca había encontrado el momento para leerlo. Pero, afortunadamente, ahora que la editorial Libros del zorro rojo ha publicado una edición ilustrada (y a mí me gustan más los libros ilustrados que a un tonto un lápiz) he pensado que este era el momento. Los libros vienen cuando tienen que venir, no es cuestión de forzar la magia.

Leí Desayuno en Tiffany’s anoche. Son apenas cien páginas y, gracias a la prosa de Capote, la lectura es realmente ágil y sencilla. Así que al meterme en la cama comencé a leerlo y ya no pude parar hasta que lo terminé. A todos nos ha pasado, ¿verdad? “Sólo un capítulo más.” Y de repente te das cuenta de que estás en la última página. Eran las dos y pico de la madrugada cuando me ocurrió eso mismo, menos mal que al día siguiente era domingo y no tenía que trabajar porque tendría que haber lucido, una vez más, las famosas ojeras de lector.

El libro me ha requeteencantado, pero eso ya lo sabía yo. Cómo no iba a gustarme si Truman Capote es un genio, si ya he disfrutado anteriormente de su talento como una enana y además, tenía el referente de la película de Blake Edwards. Era obvio, esto no podía salir mal.

Esta edición es especial porque cuenta con las ilustraciones de la canadiense Karen Klassen. Unas ilustraciones muy vintages, muy coloristas y originales. En sus dibujos se nota que también ha trabajado en el mundo de la moda.

Lo primero que me llamó la atención fue la portada, en la que aparece una joven Holly Golightly con su típico vestido negro, sus guantes, sus perlas y su cigarrillo. Pero, esta Holly tiene el pelo corto y rubio. Claro, todos tenemos en la cabeza a la preciosa Audrey Hepburn interpretando este papel y de rubia no tiene nada. Pero sí, según Capote, la Holly original llevaba el pelo cortado como un niño y teñido de varias tonalidades de rubio. De hecho, Truman Capote tenía en mente a Marilyn Monroe mientras escribía este personaje. En un principio iba a ser ella quien diera vida a Holly, pero su profesor de teatro le recomendó que no lo aceptase, pues no le daría buena fama interpretar a una acompañante. Así que, finalmente, el mítico papel se lo llevó la Hepburn. Esto explica las diferencias que he encontrado entre el libro y la película, empezando por el color de pelo de la protagonista. La Holly del libro es más chabacana y menos refinada. Audrey Hepburn, en Desayuno con diamantes, es pura elegancia. No sólo por su forma de vestir, sino por sus modales, su forma de hablar y su saber estar. Lo cual no quita para que el personaje siga siendo el de una jovencita bastante descarada  y en mi opinión brillantemente interpretado. No son solo éstas las diferencias. La historia en sí, difiere entre el libro y la película. También la historia final del gato al que Holly pertenece es diferente. Hay personajes que en la película no aparecen y sucesos que nunca se filmaron. Pero la esencia de Desayuno en Tiffany’s está en la película, ese aura elegante que sólo Capote pudo inventar.

Ahora, además de que la película siga siendo una de mis preferidas, también lo será el libro. Truman Capote escribe como los dioses, si se me permite la comparación divina. Yo de mayor quiero ser como él.

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De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz

De noche, bajo el puente de piedra

De noche, bajo el puente de piedraCuando una amiga supo que me iba a leer este libro, me dijo que para ella había sido una de las lecturas más deliciosas de su vida. Usamos esa palabra normalmente para referirnos a comida, pero si miramos en el diccionario pone lo siguiente: delicioso/sa: muy agradable o ameno, placentero. Hay muchas cosas en la vida que nos resultan agradables, que nos causan placer, que resultan muy amenas y un libro, efectivamente, puede proporcionar todo eso. En ese momento me resultó algo chocante que usase el calificativo “delicioso” para referirse a un libro, pero estoy de acuerdo con ella en que algunas lecturas son auténticas delicias, pequeños bocados de placer, como un bombón, por ejemplo.

De noche, bajo el puente de piedra es una caja llena de exquisiteces. Es un compendio de relatos aparentemente inconexos pero que dan lugar a una novela. Te sumerge en la Praga de finales del siglo XVI y principios del XVII de la mano del emperador Rodolfo II, excéntrico, desconfiado, enamorado de las artes, católico fervoroso pero que subvencionó a cuanto alquimista y charlatán se tropezaba. O te lleva de recorrido por el barrio judío con las indicaciones del gran rabino, que no solo era un religioso, sino que ejercía de mago, vidente y místico. O te sorprende con la increíble historia de las riquezas del judío Mordejai Meisl, sus comienzos, su crecimiento y el destino de sus tesoros. No es una visión panorámica, sino una sucesión de versiones, en algunas avanzas, en otras retrocedes y vas aclarando muchas dudas que surgen durante las diferentes narraciones. Cuando acabas el libro, se resuelve el rompecabezas, se cierra el círculo.

Una lectura deliciosa, efectivamente, pura poesía en muchos pasajes:

“… Mi día son voces y sombras que me circundan. Paso por él como quien atraviesa la niebla, y no me encuentro a gusto en él, no es real, es mentira…”

Otras partes derrochan ironía, sentido del humor y guiños como:

“… No doy crédito a los comentarios de desconocidos. Un sordo escuchó que un mudo contaba que un ciego vio bailar a un cojo en una cuerda…”

Hay declaraciones de principios que creo que tienen mucho que ver con el carácter y pensamientos del autor:

“… Para mí, más importante que cualquier astro es la naturaleza y el carácter de los hombres, su genio y el raciocinio de su alma…”

Tengo el libro lleno de asteriscos y rayitas, cosa que no hago nunca, pero es que da para sacar frases o párrafos para llenar varias hojas. Sentimientos y pensamientos atemporales y extensibles a cualquiera.

De noche, bajo el puente de piedra se puede clasificar de varias maneras: es una novela histórica, pero contada desde lo cotidiano, desde lo pequeño. También es una novela romántica, porque hay una historia de amor preciosamente descrita y materializada en la relación de la flor del romero y la rosa roja. Tiene un punto de misterio e intriga. Podría clasificarse como realismo mágico por la naturalidad con la que nos mezcla lo real y lo fantástico. Lo irreal forma parte del día a día, como suele ocurrir en las leyendas o cuentos de tradición oral. El punto de humor e ironía típicos también en los cuentos antiguos, de esos con retranca y moraleja, podrían ponerla del lado de la comedia. Hay cuentos que se podrían llevar perfectamente al escenario de un teatro. O sea, que puede ser y es, un montón de cosas. He leído que el crítico Fiedrich Torberg definió las novelas de Leo Perutz como “el posible resultado de una unión ilícita de Franz Kafka con Agatha Christie” y me parece que es una acertada definición.

Leo Perutz tiene una biografía muy interesante, nació en Praga, pero su familia era austriaca y con antepasados sefardíes. Vivió en diferentes ciudades europeas y en Palestina durante la primera mitad del siglo XX y a parte de escribir cuentos, novelas fundamentalmente históricas e incluso teatro, su otra profesión eran las matemáticas. Me hubiera gustado conocerle y poder charlar con él durante unas horas. Estoy segura de que no dejaba indiferente a nadie.

No quiero acabar esta reseña sin mencionar el magnífico trabajo de traducción de Cristina García Ohlrich, porque no tiene que ser fácil tener entre manos una obra de arte de este calibre y saber transmitir toda esa magia.

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Mensajes desde el lago, de Mercedes Pinto Maldonado

Mensajes desde el lago

Mensajes desde el lago¿Os acordáis de que hace poco os hablé de la novela Cartas a una extraña? Pues habemus segunda parte. Como os comenté, no suelo leer esta clase de géneros literarios. No es para nada mi estilo, la verdad. Pero, amigos, nunca digáis de esta agua no beberé ni este padre no es mi cura. Todo empezó como un experimento para mí y he de confesar, (¡atención!), que me he enganchado. Si Cartas a una extraña, la primera parte, me pareció algo así como una película de sobremesa de esas que sin tener nada especial te atrapan, la segunda parte no me ha defraudado. Mensajes desde el lago sigue la misma línea que su antecesora. Mercedes Pinto, la autora, sabe lo que sus lectores están esperando y les da lo que quieren leer.

Hay que reconocer el valor de esta escritora, que cuenta con varias novelas publicadas con bastante éxito. No es fácil escribir La metamorfosis pero tampoco es fácil crear una novela tipo best seller que atrape y consiga incluso captar otro tipo de lectores totalmente ajenos a este estilo. No sé, me parece que también tiene su mérito. Entiéndanme, no estoy comparando, sólo digo que no me parece fácil.

En fin, heme aquí confesando antes ustedes que sí, que me he enganchado a este culebrón literario, que no puedo negarlo. ¿Qué le voy a hacer? Soy una persona tremendamente sujeta a las pasiones.

Si no habéis leído la primera parte no tiene mucho sentido que leáis esta reseña. Me temo que la trama es tan enrevesada que necesitáis leer la primera parte para entender qué sucede en Mensajes desde el lago. Afortunadamente, tiene fácil solución. Podéis leer mi anterior reseña para ir abriendo boca. Si con mi reseña os he enganchado (eso significaría que puedo crear mi propio best seller) debéis leer Cartas a una extraña y uniros a esta nuevo vicio mío (será que tengo pocos ya…).

Os resumo muy brevemente la primera parte. Berta, una chica que vive en Londres, debe volver a Madrid tras el fallecimiento de su madre para hacerse cargo de temas legales. Doña Alberta, la madre que en paz descanse, era mala malísima. Yolanda, la hermana de Berta había heredado esa maldad. Así que Berta creció entre dos harpías con la única compañía de Teresa, la tata que cuidaba la casa y a la familia. Al llegar a Madrid, todo se complica y Berta, al descubrir unas cartas en el desván que el exiliado amante de su hermana le escribe durante doce años siente que debe hacer algo. Primero, tratar de probar la inocencia de Saúl, el chico que tuvo que irse del país acusado del asesinato del marido de Yolanda aun siendo inocente. Segundo, descubrir por qué un completo desconocido ha conseguido despertar en ella el amor. Con la ayuda de un detective privado, tratan de solucionar todos estos entresijos. En Cartas a una extraña, Berta consigue finalmente conocer al hombre que le ha robado el corazón, aunque sea brevemente, y consigue, casi por completo, poner punto y final a ese periodo trágico de su vida.

En Mensajes desde el lago, Berta vuelve a Londres a continuar con su rutina en el restaurante, pero ya no es la que era. Algo ha cambiado y no sabe cómo afrontar sus sentimientos. Una llamada, relacionada con temas legales, hace que tenga que volver a Madrid, esta vez en compañía de su amiga Mary. Alfonso, el detective de la primera parte, seguirá presente en esta novela. Hacerse con la custodia de Teresita, la hija olvidada por su hermana será uno de los objetivos principales de Berta. También seguirá leyendo las cartas que Saúl continuó escribiendo, cada vez menos enamorado, cada vez más personales. Y Berta no podrá evitar seguir enamorada de ese extraño al que sólo ha visto durante dos minutos en París.

¿Volverán a encontrarse Berta y Saúl?, ¿conseguirá la custodia de su sobrina Teresita?, ¿podrá poner fin a años de dolor? ¿qué pasará con Alfonso, el detective? Todas las respuestas a estas preguntas están en esta novela. No me digáis que la trama no engancha. He devorado la segunda parte en dos días y no me arrepiento, señor Juez. He caído en las garras de este tipo de novelas dignas de ser llamadas culebrones. ¿Será que me estoy haciendo mayor?

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El tiempo de la luz, de Silvia Tarragó

El tiempo de la luz

El género El tiempo de la luzhistóricoromántico (a falta de un concepto más preciso) vive buenos tiempos. Se trata de un modelo narrativo cuya mayor baza es su facilidad para conseguir la complicidad y la implicación del lector (o televidente, ya que este género se está cultivando en televisión de modo muy fecundo y con éxito, además), ya que cuenta con un argumento particular, centrado de preferencia en un conjunto de personajes a los que se sigue de forma moderadamente igualitaria aunque con protagonismo de uno o dos de ellos, y un argumento general, la historia que verdaderamente se quiere contar y que toca ámbitos más amplios y, quizá, menos atractivos para el lector no especialmente interesado en el género histórico y que busca que le cuenten una historia ficticia con personajes imaginarios y con sentimientos, sucesos y episodios de corte más humano o intimista.

Con frecuencia, aunque no siempre, este género híbrido se apoya, además, en una vertiente marcadamente romántica, interesándose por las relaciones amorosas de los protagonistas, que pueden escorar levemente, además, hacia el subgénero melodramático. Este tipo de narración es la que ha utilizado la autora de El tiempo de la luz, Silvia Tarragó, para contarnos la historia que, es de suponer, verdaderamente la apasionaba: la de la llamada Avenida de la Luz de Barcelona, una galería comercial subterránea -al parecer, la primera de este tipo que se hizo en Europa- que estuvo abierta, con desigual suerte según la época, desde 1940 hasta 1990.

Para contarnos que existió esa edificación y lo que fue de ella, Silvia Tarragó imagina y coloca en ella a unos personajes, adolescentes cuando empieza la historia y, significativamente, se inaugura la galería comercial, y cuya vida pasa por sus episodios más importantes ya sea en la misma galería, ya sea simbólicamente de forma conexa a ella. Así, la protagonista principal, Julia, es una muchacha recién llegada a Barcelona para hacer fortuna y ayudar económicamente a su familia; quien se convertirá en su mejor amiga es Rosita, hija de un repostero establecido precisamente en la Avenida; y otro personaje importante será Coral, cuya familia regenta una perfumería en la misma ubicación. En torno a ellas gravitarán otros personajes, y todos ellos nos contarán, a pinceladas -algo más exhaustivo y detallado no habría casado bien con el género de la novela, haciendo ésta ilegible-, la historia de la Avenida de la Luz y de la España de 1940 a 1990. Hay muchas alusiones al franquismo y sus consecuencias, pero, sobre todo, donde acierta la autora es al pintar un somero retrato impresionista de los usos sociales y de las mentalidades de los españoles de todas esas décadas y de cómo éstos van fluctuando en consonancia con los cambios políticos, los acontecimientos históricos en un contexto más amplio, como por ejemplo la 2ª Guerra Mundial o Mayo del 68, y los avances que se dan en materia de leyes, modas o usanzas. Retrato que, si bien a veces está realizado a brochazos y no deja lugar a los detalles ni a las anécdotas, resulta sin embargo bastante concordante con lo que podemos conocer de la realidad de aquellas décadas por otras fuentes. El testimonio de algunos capítulos de la historia -caso de Mayo del 68, sin ir más lejos- parece algo idealizado y más fiel a la visión de clases sociales acomodadas que a la muchedumbre de hijos de clase trabajadora que vivieron aquellos tiempos, pero aun así, no se puede negar que es también una visión real para parte de la sociedad.

El lenguaje y el estilo de El tiempo de la luz resuenan, en muchos pasajes, con ecos de la novela más decididamente romántica, sin caer ni en lo sórdido y vulgar, ni en lo empalagoso, cosa que hace que los capítulos que describen sentimientos e idilios sean especialmente logrados, y , seguramente, gratos de leer para los aficionados a ese género. Silvia Tarragó maneja especialmente bien, asimismo, la descripción de los sentimientos y la explicación racional que de éstos se puede hacer a veces una persona. Consigue meterse muy bien en el pellejo de su protagonista, Julia, quien debate consigo misma muchas veces sobre lo que siente, y Silvia Tarragó expresa con peculiar elegancia y precisión los recovecos que a veces muestran y ocultan los sentimientos. Así, podemos adivinar exactamente qué siente por cada uno de los personajes con los que se relaciona, especialmente con aquellos a quienes ama, y, lo que es más interesante y original, podemos adivinar por qué siente así. La descripción de los sentimientos amorosos es rica, huyendo de tópicos y prefiriendo describir con dos frases lo que con una sola podría no hallar suficiente explicación y profundidad.

El tiempo de la luz es una novela que combina con tino aliento historiográfico, romanticismo y  el suspense derivado no de una investigación policíaca, sino de los giros y revueltas que a veces da la vida y que depararán sorpresas a los protagonistas de la novela así como al lector.

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Miss zapatos de lujo, de Ana Cantarero

Miss zapatos de lujo

Miss zapatos de lujo¿Recordáis el famoso tema Sk8er Boi de la cantante canadiense Avril Lavigne? Era ese en el que una chica dulce, inocente y aficionada al ballet se enamoraba de un chico malo, un rockero que solo tenía por compañía su guitarra y su skate. La canción contaba una historia un tanto machacada ya por aquel entonces: ambos saben que pertenecen a mundos distintos, son conscientes de que lo suyo es imposible, pero al final —en la canción, varios años después—, se dan cuenta de que lo suyo es amor verdadero y que el destino de ambos es estar juntos. Vamos, una especie de Dirty DancingEl diario de Noa o incluso Romeo y Julieta pero con pelos de punta, mechas, rock y tutús de ballet.

No sé si esta pequeña introducción es  la mejor manera de empezar una reseña, pero, sinceramente, mientras leía Miss zapatos de lujo era la canción que resonaba en mi cabeza incesablemente. De vez en cuando se mezclaba con las canciones que tararea a menudo Nick Mendoza, uno de nuestros protagonistas, como por ejemplo About a girl, de Nirvana. Nick es un poco como Kurt Cobain pero dejando de lado el mundo de las drogas. Igual que el de Seattle, es un famoso rockero atormentado que tiene que batallar con los desencuentros de dedicarse a ese mundo. Bebe más de lo que debería, se acuesta con demasiadas gruopis y hace ya meses que no es capaz de componer ni una sola canción decente. Pero entonces se tropieza literalmente con Marta, una redactora de una revista de moda y cuya escala de admiración empieza en Channel y termina en Louis Vuitton. Ella no tiene ni idea de quién es Kurt Cobain y mucho menos de quién es Nick Mendoza. Solo sabe que es un tipo lleno de tatuajes, que le infunde más miedo que admiración y que sus ojos demuestran un deseo y una pasión que no ha visto nunca en otra mirada. Ni si quiera en la de su novio, con el que está pasando una mala época. Pero esa es otra historia.

Por azares de la vida, que tendréis que descubrir en este libro de Ana Cantarero, Marta acaba siendo la asistente del grupo de Nick Mendoza. Creo que no lo he mencionado, pero el grupo se llama Demonic Souls, lo que a Marta no le inspira ninguna confianza. Tendrá que lidiar con el mundo de la noche y con las idas y venidas de un grupo de rockeros, que más bien parecen adolescentes extra hormonados y que nada más que saben hablar de una cosa: de las tías con las que se acuestan. Y también tendrá que enfrentarse a Nick, que la mira de una manera que hace que tiemble de pies a cabeza y que se olvide de su novio y de sus modales de niña bien. Y es que a ver quién se resiste a esos ojos azules de pupilas dilatadas y a esos músculos bañados por decenas de tatuajes que son la huella del pasado atormentado del cantante.

Con estos ingredientes —chico malo, chica buena, novio petulante y celoso, pasados oscuros y bolsos y stilettos de Channel—, ya tenemos la que promete ser una historia amena y entretenida, que hará que se nos pasen las horas sin darnos ni cuenta. Para mi gusto, hay partes en el libro que se hacen un poco lentas. Pero Ana Cantarero no da puntada sin hilo y nos cuenta toda la historia de principio a fin, sin dejarse ni un solo detalle. A pesar de este pormenor, yo he disfrutado con el libro, que me ha hecho viajar por los baretos más cutres de Madrid y por los polideportivos más grandes de toda España. Y es que, ¿quién no se ha imaginado siendo una estrella del rock y dando conciertos ante miles de personas? Sé de sobra que si esto fuera real, yo me quedaría rezagada entre bambalinas al ver a tanta gente aclamando mi nombre, pero como estamos hablando de mi imaginación, yo sería una chica extrovertida y que no sabe lo que significa la timidez. En mi vida real, lo cierto es que me conformo con pegar saltos en la primera fila de algún concierto en el que haya muchas guitarras y muchas púas volando por los aires.

Y, como hasta la mejor canción tiene su fin, voy a ir terminando esta recomendación, porque si no veo que os acabo contando con todo lujo de detalles cómo Nick es capaz de hacer que Marta se olvide de su novio por unas horas y de cómo esta se convirtió en su musa, capaz de hacer que todos los demonios que lleva dentro se convirtieran en la melodía más perfecta jamás compuesta.

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Cazadora de hadas, de Jennifer L. Armentrout

Cazadora de hadas

Cazadora de hadasNunca he estado en Nueva Orleans, pero después de leer un montón de novelas y ver varias series y películas que se desarrollan allí, no he podido evitar formarme mi propia imagen de esta ciudad. A mí, Nueva Orleans me evoca un calor sofocante, con el sonido de los grillos y las cigarras de fondo. Olores fuertes, un tanto especiados, acompañados por el jazz incesante. Sus casas me las imagino gigantescas, con grandes porches que crujen cuando te acercas a la puerta principal, toda de cristal de diferentes colores. Me figuro a la gente dispar, rara, con indumentarias particulares, dejando claro que le da igual lo que opinen los demás. Y también pienso en magia. Mucha magia. Nueva Orleans ha sido la cuna de algunas de las mejores historias fantásticas de nuestros tiempos, como Entrevista con el vampiro o, recientemente, la serie Los originales. Vampiros, brujos, hechiceros, hombres lobo… en esta ciudad hay cabida para todos ellos.

Ahora, gracias a Jennifer L. Armentrout, también hay lugar para las hadas o los faes. Y así lo demuestra en Cazadora de hadas. La protagonista de esta historia es Ivy, una joven pelirroja que tiene una doble vida: por una parte, es estudiante universitaria de sociología y, por otra, es la encargada de matar a las hadas, seres odiosos —a diferencia de la imagen preestablecida que todos tenemos de ellos— que han venido del Otro Mundo y que quieren acabar con la humanidad. Desde hace años, Ivy pertenece a la Orden, una entidad que ha reunido desde siempre a los mejores cazadores del mundo. Tienen una misión muy sencilla: proteger a los humanos de las hadas. Estas, con un aspecto muy similar al nuestro, se camuflan entre la gente, caminando a su antojo por nuestras calles y seduciendo a los humanos para alimentarse de ellos. Ren también pertenece a la Orden y es la pareja de Ivy en lo que a cazadores se refiere. Pero lo cierto es que Ren oculta muchas cosas que nuestra querida pelirroja ni siquiera imagina. A pesar de ello, las chispas que saltan entre los dos cuando están cerca son más que evidentes y la fuerza de voluntad de Ivy por resistirse a esa atracción es cada vez más invisible.

Cazadora de hadas podría encuadrarse dentro del género “new adult”, que tiene su origen en los libros clasificados como “young adult”, historias protagonizadas por adolescentes dirigidas a un público de esa generación. Pero la verdad es que estos libros, como Harry Potter o Los juegos del hambre, no solo eran leídos por adolescentes, sino que sedujeron a todo aquel que los leía, tuviera la edad que tuviera. Esto llevó a que el género fuera evolucionando hasta llegar al “new adult”. Aquí la cosa cambia un poco: los protagonistas ya son mayores de edad y las historias contienen escenas subiditas de tono, donde el sexo se describe sin tapujos y forma parte de la trama, aunque sin ser el ingrediente principal. Me parecía conveniente advertir de esto, ya que, como vemos, el género ha ido transformándose y lo que podría parecer un libro inocente, de hadas y cazadores, no lo sea tanto.

Aclarado este punto, voy a cambiar de tema. Y es que no puedo evitar mencionar que una de las cosas que más me ha gustado de este libro es que Ivy ya sea cazadora cuando comienza la historia. Me explico: en todos los libros de este estilo que acostumbro a leer, el protagonista es ajeno al mundo en el que se va a ver entrometido. Suele ser un chico normal, que lleva una rutina diaria y que no sabe ni que existen seres fantásticos (llámense brujos, vampiros, demonios o hadas) y que de repente tiene que aprender todo lo que conlleva formar parte de esa historia paralela. Aquí Ivy ya está más que enseñada, lleva varios años cazando hadas, por lo que la parte del “aprendizaje” nos la saltamos, yendo directamente a la lucha. No es que no me guste ser cómplice de la transformación del personaje, de cómo pasa de ser alguien normal a convertirse en un héroe, pero me parece que esa historia ya nos la conocemos de sobra y me gusta ver algo diferente en un libro de este estilo.

Queda poco más que decir sobre esta primera parte de la que promete ser una trilogía muy intensa. Me ha gustado volver a recorrer las calles de Nueva Orleans —aunque sea a través de mi imaginación— y, sobre todo, volver a leer una historia de magia y seres extraordinarios que me deje impaciente por saber cómo continuará.

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Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen

Orgullo y prejuicio

“Es una verdad munOrgullo y prejuiciodialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Lo sepa él o no…”

Todos los que somos fans de Jane Austen guardamos esta frase en el corazón y sabemos todo lo que sigue después. Orgullo y Prejuicio es quizás la obra por excelencia de la autora y una de las más conocidas. En los últimos años la obra ha inspirado numerosos retellings, siendo el más conocido Orgullo, prejuicio y zombies. Y ha sido llevada al cine en varias ocasiones, siendo la más conocida la última adaptación, en la cual Keira Knightley interpretaba a la inigualable Elizabeth Bennet. Una de sus últimas adaptaciones es esta novela gráfica que, en cuanto supe que iba a ser publicada, no me pude resistir a leer.

Esta novela narra las vidas de una familia modesta del siglo XIX que vive en las afueras de Londres y cuya madre se empeña en casar a sus cinco hijas con los solteros más ricos de Inglaterra. Como todas las novelas de Jane Austen trata el tema del matrimonio por conveniencia y el papel de la mujer en el siglo XIX de una forma irónica y con un punto de humor que la convierte en una de las autoras inglesas de referencia. En Orgullo y Prejuicio, en concreto, introduce un personaje femenino con una fuerte personalidad que se erige como contrapunto del prototipo de la mujer de la época: pasiva, renegada al hogar y cuyo principal objetivo en la vida es conseguir un marido por encima de todo lo demás. Elizabeth Bennet es inteligente, ingeniosa y una mujer con carácter que destaca por querer conseguir el amor sin importar la fortuna ni los deseos de su madre. Porque este, sin embargo, también es uno de los temas recurrentes de las novelas de Austen: el amor romántico por encima de las imposiciones de la época y del papel de la mujer.

Como gran fan que me considero de esta autora y, en especial, de esta obra, he leído numerosas ediciones especiales que han publicado en España y en el mundo. Y, esta edición en concreto, me ha parecido una de las mejores. No soy especialmente lectora de mangas pero este me ha parecido magnífico. Las ilustraciones, en blanco y negro, reflejan a la perfección cada una de las emociones de los personajes y captan muy bien el tono irónico que Austen plasma en cada una de sus obras y sus personajes más excéntricos y peculiares. Además, es una edición muy fiel a la novela original, muy distinta a la famosa última adaptación al cine. Pero es cierto que una adaptación al cómic de esta novela es imposible que sea 100% fiel porque quería demasiado extensa y, en este aspecto, me ha gustado mucho. Otra de las cosas que me han encantado de esta edición ha sido la introducción de varias páginas de viñetas de humor sobre algún aspecto de algún personaje en concreto, ya que me ha parecido muy original y divertido.

La relectura de esta obra en este nuevo formato y con estas preciosas ilustraciones me ha recordado todo lo que amo de las novelas de esta autora. Una lectura ágil y amena, perfecta para leer en un fin de semana, para la vuelta de las vacaciones y para pasar un buen rato de lectura en estos últimos días de verano. Para aquellos que no han leído la obra original aún, esta lectura es muy recomendable porque te lleva a querer leer la obra completa y conocer todos y cada uno de los detalles que hacen de ella uno de los clásicos imprescindibles del siglo XIX.

 

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Cartas a una extraña, de Mercedes Pinto Maldonado

Cartas a una extraña

Cartas a una extrañaA ver, queridos lectores, voy a seros muy sincera desde el principio. Cartas a una extraña es un libro que nunca habría escogido para leer. Mi sexto sentido literario me manda señales muy claras de que este no es el tipo de lectura que me atrae, ni el título, ni la portada, ni la sinopsis que aparece en la contraportada. En una librería hubiera pasado completamente de largo, alertada por mi radar para libros. Pero, amigos, a veces una reseñista tiene que hacer lo que tiene que hacer. En este caso, leer esta novela publicada por el sello de Amazon Publishing.

¿Qué tiene de especial esta novela? Pues que resultó finalista del Concurso Indie 2015. Algo tiene que tener cuando ha sido finalista. Vamos bien. Además, Mercedes Pinto Maldonado, ha publicado ya de manera independiente ocho libros que han obtenido bastante éxito. Hasta el punto de que dos de sus novelas se convirtieron en best sellers en varios países y estuvieron más de un año en el Top 100 de Amazon. No todo el mundo puede jactarse de estos logros, así que, pensé, algo tiene que tener esta médico retirada y dedicada completamente a la literatura.

Venga, Victoria, sal de tu maldita zona literaria de confort, me dije. Creo que también puede ser bueno que alguien que no suele leer este tipo de novelas escriba sobre ellas, hable desde un punto de vista totalmente ajeno al género y aporte su visión.

Al leer la contraportada de Cartas a una extraña ya tenía claro que me enfrentaba a una trama de esas de pelis de sobremesa. Y la lectura de la novela no ha hecho más que confirmarlo. No tengo yo nada en contra de ese tipo de películas, entiéndanme. Son, sobre todo, ideales para dormir la siesta. Pero también las hay que enganchan. ¿No os ha pasado? Os tumbáis en el sofá, ponéis la televisión, zapeáis hasta encontrar una película cualquiera y os dejáis llevar en brazos de Morfeo. Pero resulta que la película tiene algo, sin ser una obra maestra, sin ser una peli especial, consigue que no te duermas esa siesta, que sigas pegado al televisor, exclamando “¡Venga ya!, ¡Aléjate!, ¡Oh!” y demás interjecciones. Si Cartas a una extraña fuese una película, sería una de ese tipo. Más claro no os lo puedo decir.

La novela lo tiene todo: una madre mala malísima; dos hijas, Yolanda, la mayor, que desde pequeña ha sabido muy bien imitar a su madre y Berta, la protagonista. Hay una tata, hay un detective, padres y amantes desaparecidos, culpables e inocentes. Lo que yo os diga: lo tiene absolutamente todo.

Berta, tras quince años viviendo en Londres, regresa a Madrid por el fallecimiento de su madre, lo cual, después de tanto tiempo de desconexión y de una infancia atormentada, no le provoca ningún sentimiento. Indiferencia, si acaso. Berta ha logrado hacerse a sí misma, recomponerse en la distancia y cree que volver a Madrid para arreglar los temas de la herencia no supondrá ningún revés en su actual vida. Pero se equivoca. Aquellos años pasado en esa casa, la case de Doña Alberta, la déspota madre, se le vienen de repente encima. Berta encuentra en la buhardilla un fajo de cartas que su madre ha guardado con recelo bajo llave. Ahora que ya no está, esas cartas le pertenecen, igual que la obligación de recomponer su historia.

Es todo tan oscuro, tan misterioso y tan difícil de atar los cabos que recomponen su vida que Berta decide contratar a un detective para que le ayude a unir las piezas de un puzle que forman, no solo la vida de Berta, sino la de toda su familia.

Como ya os he dicho, no es mi género. Pero tampoco podía imaginar que iba a engancharme lo más mínimo y sí, lo ha hecho. Mercedes Pinto Maldonado escribe correctamente y sabe cómo atraer la atención del lector, sin duda. Está bien de vez en cuando salir de nuestras rutinas literarias y leer otra clase de libros. A veces hay que dejarse llevar.

 

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La mujer de la libreta roja, de Antoine Laurain

La mujer de la libreta roja

La mujer de la libreta rojaNo sé cuántos bolsos tengo. Quizá veinte, quizá treinta. No cuento con ningún vicio reseñable, a excepción de los bolsos y alguna que otra colonia. Los tengo de todo tipo, tamaño y color; cada uno para una ocasión. Antes de salir de casa, escojo el que me apetece usar y lo relleno con las cosas que cada día me acompañan. Hablo de mis bolsos porque así empieza la historia de La mujer de la libreta roja. Exactamente comienza cuando Laure es asaltada en la puerta de su casa por un hombre que tiene la intención de robarle el bolso. Y, por lo que Laurent, nuestro otro protagonista, descubre al día siguiente, llevó su empresa con éxito. Digo esto porque Laurent encuentra el bolso de la chica tirado en la calle. Ese bolso, grande, lila y con muchas cremalleras doradas, hará que Laurent no pueda dejar de pensar en su dueña. A través de los objetos que contiene, intentará descifrar quién es esa misteriosa mujer que recoge piedras al azar por la calle, usa una colonia que es casi imposible de encontrar en una perfumería, tiene un libro dedicado por su autor favorito y rellena una libreta roja con frases carentes de sentido tales como “me dan miedo las hormigas rojas” o “me gusta abrir los ojos cuando nado debajo del agua”.

Dicen que a una mujer se la puede llegar a conocer por lo que lleva a diario en su bolso. Yo no suelo llevar siempre lo mismo; depende de adonde vaya y lo que tenga que hacer durante el día. No sé si alguien se podría llegar a enamorar de mí viendo el contenido del mío. Si alguien se lo encontrara por casualidad, sabría que suelo llevar siempre los labios pintados de rojo; por la cantidad industrial de tiritas intuiría que soy muy torpe y que me hago heridas cada dos por tres; gracias al libro que siempre me acompaña, sabría que para mí un libro a veces es la mejor compañía y que no me gusta malgastar el tiempo mientras hago cola en algún lugar. Gracias a los cientos de pinzas y gomas del pelo, sabría que lo tengo largo y que cuando hace calor me lo tengo que recoger porque me agobia. Si rebusca entre las canciones del iPod verá que me gusta el rock; y si encuentra mis llaves, deducirá que me encantan los llaveros gigantes y que los tengo para encontrar las llaves más fácilmente dentro del caos que es el interior de mi bolso. Quizá pensara todo esto o quizá solo viera un puñado de tiritas, demasiadas gomas del pelo y un libro excesivamente grande como para cargar con él todo el día.

Pero Laurent sí que supo entender el significado de todas las cosas que contenía aquel bolso lila. Puede ser que a ratos necesitara la ayuda de su hija, sí, pero poco a poco fue capaz de descifrar quién era esa mujer tan misteriosa.

Antoine Laurain, escritor francés, nos hace cómplices, con su prosa delicada, de una preciosa historia de amor. Pero no se trata de una historia de amor al uso; no puede serlo. Laurent se enamorará de una persona que él mismo formará en su cabeza a través de todos los objetos que contiene el bolso. No ha visto jamás a Laure. No sabe cómo se llama, dónde vive, en qué trabaja. Solo sabe que la tiene que encontrar. Cueste lo que cueste. Aun así se siente un poco violento cada vez que revisa las cosas de esa desconocida. Laurent resume esta situación con una cita de Sacha Guitri: “mirar a alguien que duerme es como leer una carta dirigida a otro”.

En sus pocas páginas se resume la historia de la valentía y de la persistencia de un hombre que es capaz de lo que sea por lograr sus objetivos. Ya lo demostró hace años, cuando dejó su desmesuradamente remunerado trabajo como banquero para trabajar de librero. Él sabe que lo importante de la vida está en las cosas pequeñas. Que si una puerta se cierra, se abre un ventanal; que todo es posible si uno tiene la esperanza suficiente.

No sé si alguien podría llegar a conocerme por el interior de mi bolso. No sé si quiera si me lo devolverían si lo pierdo. Pero sé que si alguien encontrara La mujer de la libreta roja dentro de él, sabría que me encantan las novelas que te roban un trocito de corazón cuando las lees y que de dejan con una sonrisa de oreja a oreja cuando las terminas.

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Un verano en la Provenza, de Olivia Ardey

Un verano en la Provenza

Un verano en la ProvenzaOs voy a hablar un poco de mí. Me considero una persona bastante concienzuda a la hora de elegir un libro. Suelo recorrer las librerías al menos una vez a la semana, echar un vistazo frecuentemente a todos los boletines de novedades de las editoriales, leer y releer blogs de reseñas y visitar los canales de mis booktubers favoritos. Así, poco a poco, me voy haciendo una idea de lo que quiero leer y cuándo. Normalmente, cuando compro un libro escojo alguno de los que aparece en mi lista de “pendientes” —lista que es como la hydra de mitología griega: por un libro que tacho, aparecen tres nuevos—¸ así voy rellenando meticulosamente mi biblioteca personal.

Pero hay veces en las que llega un libro inesperado. Ya sea en una librería, en un rastrillo o a través de una página web. Un libro que hace que te enamores de su portada, del resumen o del epílogo que lees por encima. Y ese libro inesperado hace que te olvides de tu lista, de tus prioridades y del orden preestablecido. Llega y te dice: “añádeme a tu biblioteca”. Y tú no puedes más que hacerle caso y llevártelo a casa. Algo así me pasó con Un verano en la Provenza. Dicen que no hay que juzgar a un libro por su portada, pero… seamos honestos, no me podréis negar que tiene una portada preciosa, con unos colores que invitan a sentarse debajo de la sombra de un gran árbol, en un día soleado de verano, con un gran refresco a nuestro lado y con el piar de los pájaros como única compañía. Yo he tenido suerte y podido leer el libro exactamente como os acabo de describir, disfrutando de cada página que iba pasando y desconectando del trabajo y los exámenes que se acercan peligrosamente; y ya, solo por eso, me alegro de haberme dejado llevar por el impulso, aunque sea por una vez.

Este libro habla de Monique, una periodista parisina cuyo mundo perfecto e ideal se viene abajo cuando un paparazzi le hace unas fotos comprometidas y las publica en todos los medios franceses. Movida por la angustia y la vergüenza, decide irse una temporada a la Provenza, a la casa de su tía, donde pasó todos los veranos de su infancia. Allí se reencontrará con viejos conocidos y con amores a duras penas olvidados, que harán que Monique se replantee su modo de vida y ordene su lista de prioridades. Pero también encontrará una nueva motivación: en un cajón desahuciado hallará un diario escrito por la antigua dueña de la casa. Entre sus páginas, ya roídas y amarillentas por el paso del tiempo, descubrirá una historia de amor sucedida entre bombas y cámaras de gas, cuyo fruto fue una preciosa niña que vivió avergonzada por haber nacido del amor entre una francesa y un alemán. Esta historia, desgarradora a ratos, le servirá a Monique de inspiración para lanzarse a escribir su primera novela.

Un verano en la Provenza es un libro sencillo, que se lee rápido y con avidez. A momentos tierno y a momentos erótico y salvaje, es ideal para dejarse llevar por las campiñas francesas y desconectar del mundo frenético en el que vivimos. Dicho en otras palabras, sirve para echar el freno;  para parar, respirar y olvidarse de todo. Olivia Ardey, de origen germano, ya es experta en esto: lo demostró en Dama de tréboles y Regálame París, donde el amor y el romance eran los ingredientes principales.

No sé si sigo siendo partidaria de que no se debe juzgar un libro por su portada o no, pero está claro que con este he acertado. Y, aunque este verano no me haya podido ir de vacaciones y nunca haya estado en la Provenza, Olivia Ardey ha conseguido transportarme a los campos de lavanda, donde los colores lila y celeste, como en la portada, son los protagonistas.

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