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La obsesión, de Nora Roberts

La obsesión

La obsesiónDicen que la familia es lo primero. Que es el pilar fundamental de nuestras vidas. Imaginemos que tienes una familia perfecta, de esas de cuento. Envidiable. Pero digamos que, un día, con doce años, descubres que una de las personas a las que más quieres del mundo, tu héroe, tu padre, es un asesino sanguinario que tortura y mata a chicas inocentes, ¿estarías dispuesto a encubrirle? ¿serías capaz de perdonarle? ¿guardarías el secreto? ¿seguiría siendo la familia lo primero?

Naomi Bowes, al vivir una situación como esta, lo tuvo claro. La respuesta para todas esas preguntas era la misma: un rotundo no. Al descubrir cómo su padre intentaba matar a una chica en el cobertizo del bosque, tuvo que hacer lo legalmente correcto. Pero ello trajo consigo una consecuencia inevitable: tuvo que huir junto con su madre y su hermano a un lugar alejado, donde nadie conociera su pasado y donde podían —al menos intentar— empezar de cero. Porque, reconozcámoslo, la gente es muy cruel. Y, aunque ellos no tenían la culpa de convivir con un loco, insano, desquiciado y todos los adjetivos despectivos que os imaginéis, los vecinos del pueblo no tardaron en hablar y en chismorrear, haciendo que las vidas de Naomi y su familia se convirtieran en un verdadero infierno.

Pero por suerte, el destino fue amable con Naomi, ya que con los años se convertiría en una brillante fotógrafa que, tras muchas mudanzas y mundo recorrido, decidiría afincarse en un pueblo costero, donde el proyecto de restaurar una vieja casa para convertirla en un hogar, ocuparía el cien por cien de su tiempo.

Pero, ¿qué es una novela de Nora Roberts si no incluye una buena historia de amor? En La obsesión, el romance hará acto de presencia cuando Xander, un mecánico amante de la literatura —y muy apuesto, todo hay que decirlo—, irrumpe en la vida de Naomi. Pero aunque Nora nos dé unas historias de amor apasionantes, no debe olvidarse que también es una gran pluma de la novela negra, así que la intriga estará servida cuando descubramos que los secretos que Nora guarda no están a tan buen recaudo como ella se pensaba.

Tengo que decir que hace apenas dos años que descubrí a esta escritora. Lo hice con Polos opuestos, novela que devoré en dos días. Nora Roberts ofrece en sus libros historias de amor, de esas que sentimos como verdaderas, que al leerlas te dan la sensación de que podrían ocurrir perfectamente en el mundo real. Pero a la vez, los tintes de misterio y novela negra, hacen que la intriga se apodere de quien se adentra en las historias. Me gusta mucho esta escritora porque es capaz de demostrar que, para escribir una historia de amor, no hace falta recurrir a lugares comunes, en los que chico conoce a chica, todo es de color de rosa y viven felices para siempre. No. Demuestra que puede darnos una historia policíaca, con muertes violentas de por medio, misterio e intriga y, a la vez, hacer que suspiremos por la historia de amor que enreda entre sus páginas.

Qué voy a decir yo… que, aunque a veces me cueste reconocerlo, en el fondo soy una romántica. Por eso cuando Naomi conoció a Xander, no dejaba de decirme para mí misma: “pero vamos Naomi, dale una oportunidad a este pobre chico”. Aunque en el fondo sabía que ello desencadenaría el desastre. Porque ya sabemos que no todo es tan bonito como parece, ni es oro todo lo que reluce. Pero qué se le va a hacer, esa es la chispa de las novelas de Roberts. Y, como no podía ser de otra forma, también de La obsesión.

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Como fuego en el hielo, de Luz Gabás

Como hielo en el fuego

Como hielo en el fuegoMuchas veces me he preguntado a mí misma si creo en el destino. El destino es un tema muy recurrente y sale en infinidad de conversaciones. Y también en películas y libros. En casi todas las películas americanas, hay unos minutos dedicados a dilucidar sobre el destino y los personajes saben a la perfección si creen en él o no. Yo, no lo sé. Por una parte, me gustaría pensar que sí que existe, en tanto que todo lo que hacemos lo hacemos por un motivo. Pensar que estamos predestinados a algo también es ser muy egoísta, ya que todo lo que nos pase en la vida será culpa del destino, por lo que nuestros errores no tendrían nada que ver y podríamos actuar indistintamente y sin remordimientos porque el destino que nos aguarda ya está escrito. Da igual si hacemos las cosas de manera correcta o no, porque vamos a acabar donde tenemos que acabar. Pero, por otra parte, a veces me gusta pensar que no existe, que cada uno elige su propio camino y que con las acciones que uno realiza día a día conseguirá vivir de una manera u otra en el futuro, labrándose su propia historia.

El destino es el tema principal en Como hielo en el fuego. Y al leerlo he tenido claro de qué tipo de destino hablaba: del primero. Luz Gabás, autora aragonesa, nos trae una historia en la que el destino está escrito. El sino de los personajes principales, Attua y Cristela, es estar juntos, pase lo que pase. Pero para que esto tenga un poco de sentido, os voy a contar brevemente la historia de estos dos protagonistas:

Attua vive en Madrid a finales del siglo XIX. Tuvo que mudarse hasta el centro del país para poder estudiar y labrarse un futuro. Desde que vive allí no ha parado de pensar en Cristela, su futura mujer y que le aguarda en la zona de los Pirineos. Pero cuando Attua vuelve a su pueblo natal, Albort, descubre que su padre ha sido brutalmente asesinado y que las termas que regentaba se han quedado sin dueño, por lo que Attua debe coger el mando de las termas para que el negocio familiar no se vaya a pique. Mientras tanto, una guerra carlista estallaba irrefrenablemente, amenazando con romper el futuro y la vida de todo aquel que pille a su paso. Entre ellos, el destino de Attua y Cristela, que verán truncada su idea de vivir juntos para siempre.

Como hielo en el fuego es también una historia sobre fronteras y guerras. Sobre personas que, estando muy cerca, se sienten a millones de kilómetros de distancia. Una lejanía entorpecida por los Montes Malditos que parecen ser un trecho inexpugnable.

Pero al final, el amor es eso. Atravesar obstáculos, pero sentir que el destino los pone ahí por algún motivo. Si todo se supera, al final la relación será fuerte y eso llevará a que el futuro por fin traiga consigo todo aquello que aguardaba.

Luz Gabás vuelve a enamorarnos, como ya lo hizo con Palmeras en la nieve y Regreso a tu piel. Esta escritora tiene la capacidad de darnos historias de amor que nada tienen que ver con las típicas novelas rosa en las que todo parece más que mascado. Luz Gabás escribe delicadamente, con pasión y paciencia, haciendo que el lector quiera avanzar en la trama, pero a la vez no llegar al final. Porque llegar al final de una historia que te atrapa y te deja sin aliento siempre es algo difícil. Pero, queremos o no, el final tiene que llegar. Y eso, ni más ni menos, es el destino.

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Face, de Rosario Villajos

Face

FaceImagina que una mañana despiertas convertido en un monstruoso insecto, como Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis. Bueno, no es necesario que seamos tan extremistas, solo imagínate que no tienes rostro, que de repente el óvalo de tu cara es liso: sin ojos que cerrar, sin boca con la que sonreír, sin nariz que arrugar. Nada de nada. Únicamente unas orejas a los lados y una buena mata de pelo encima. Vaya, eso también suena horroroso, ¿verdad? Pero puede que no sea para tanto si te acostumbras a vivir con ello, como hace la protagonista de Face, la primera novela gráfica de Rosario Villajos.

No sé si yo habría pensado en La metamorfosis al leer esta historia si la autora no hubiera elegido una de sus citas para la primera página. Pese a las diferencias de tono (desasosegante y claustrofóbico en la obra de Kafka, irónico y tierno en la de Villajos) y de época (la burocrática y alienante sociedad del siglo XX en una y la frívola e interdependiente sociedad del siglo XXI en la otra), en ambas historias se reflexiona sobre las mismas cuestiones: la necesidad de adaptación social, la búsqueda de la propia identidad y los sentimientos de soledad e incomprensión. Además, las dos tienen un fuerte componente autobiográfico. Así que sí: aunque a simple vista no lo parezca, La metamorfosis y Face tienen muchísimo en común.

Habrá quien se eche las manos a la cabeza por el hecho de que yo compare esta novela gráfica, que se lee de un tirón, con uno de los clásicos más elogiados del siglo XX. Para muchos, las novelas gráficas no pasan de ser simples entretenimientos y la literatura, la de verdad, no necesita de dibujitos. No negaré que Face es una lectura sencilla y divertida y que resulta muy fácil identificarse con las inseguridades de esta mujer sin rostro. Pero si fuera mero entretenimiento, no se hubiera quedado rondando por mi mente varios días después de haber acabado su lectura. Igual que Franz Kafka se sirvió de una metamorfosis surrealista para plasmar la conflictiva relación con su padre y con la sociedad en la que le había tocado vivir, Rosario Villajos utiliza una mujer sin rostro para hablar de su huida de sí misma y de lo fútil de las relaciones personales en este mundo donde todos acabamos adoptando una apariencia minuciosamente estandarizada. Esa es una de las muchas interpretaciones que yo veo en ese rostro en blanco, en por qué desapareció y en cómo se va transformando y, aun así, sé que se me escapan muchas lecturas más. Y es que cada lector explicará ese vacío con su propia visión de la sociedad actual.

No hace falta que hayáis leído La metamorfosis, de Franz Kafka o Face, de Rosario Villajos, para que coincidáis conmigo en que sufrir la conversión de cualquiera de sus dos protagonistas sería una auténtica pesadilla, y no os haré elegir cuál de las dos situaciones sería peor. Porque, si los leéis, os daréis cuenta de que para la gran mayoría de nosotros ya son una terrible realidad.

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Si todo desapareciera, de Anna Casanovas

Si todo desapareciera

Si todo desaparecieraLos años cuarenta fueron una época de terror. En Europa, las tropas de Hitler avanzaban si piedad y el miedo que producía su holocausto se extendió a todos los rincones del mundo. Estados Unidos vivía con temor la llegada de otra guerra, sabiendo que tendría que posicionarse y tomar partido en una batalla cruel, sangrienta y sin sentido. Mientras tanto, Alessandra vería como su vida daba un giro de ciento ochenta grados cuando tuvo que mudarse a Nueva York para seguir con su carrera como actriz. Ella nació allí tiempo atrás, en la famosa Little Italy, creciendo en un barrio que era de todo menos rico; pero lo cierto es que allí conoció a gente que sería un apoyo fundamental para ella, por lo que al menos tenía un aliciente para volver a su ciudad natal.

Si todo desapareciera es la tercera parte de la saga escrita por Anna Casanovas, Vanderbilt Avenue. En las anteriores entregas, conocimos a Jack y a Nick, los grandes amigos de Alessandra. Pero todavía nos faltaba por conocer la historia de esta misteriosa chica, que dejó su vida en la gran manzana para emprender su camino como actriz.

Si os soy sincera, os diré que no he leído las dos partes anteriores de esta saga. Y si os soy más honesta, si cabe, os confesaré que ni siquiera sabía de su existencia. Pero eso no ha impedido que no me gustara la historia, aunque ahora me he quedado con las ganas de conocer con más profundidad a los protagonistas de las otras entregas, Jack y Nick.

Volver siempre resulta difícil. Y más cuando uno se fue en su día con tantas ganas y con tanta prisa. Volver significa renunciar a aquello por lo que un día luchaste tanto. Significa dar la razón a los que decían que estabas equivocada. Significa enterrar el orgullo en una fosa muy profunda. Y, sobre todo, significa encontrarse con recuerdos del pasado que nadie querría revivir. Además, por si no fuera suficiente, la vida de Alessandra se verá patas arriba cuando se cruce con Sean, un policía recién destinado a Nueva York. La vida de Sean tampoco ha sido fácil. Antes era un policía muy estimado, era realmente bueno en lo que hacía y todos sus compañeros sabían valorarlo. Pero cuando un caso se le fue de las manos, le marcó como un paria, haciéndole perder todo el prestigio que había adquirido con los años.

Nueva York se convertirá así en la ciudad de las nuevas oportunidades. Tanto para Sean como para Alessandra, que tendrán que trabajar muy duro para que sus vidas vuelvan a su cauce.

Si todo desapareciera es una historia de amor profunda, de esas que se quedan muy dentro y que hacen que vueles a otra época en la que, con tanta guerra y tanta miseria, el amor era de las pocas cosas que merecían la pena. Yo no suelo leer novela histórica, no es algo que me llame demasiado la atención. Pero de vez en cuando está bien cambiar de registro y dejarse llevar por épocas pasadas.

Anna Casanovas nos trae una historia de superación que nos enseña el inmenso poder que tiene el amor sobre las personas, a pesar de los fantasmas del pasado que asolan cualquier corazón roto y desolado. Bonito final para una muy bonita historia.

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La casa de los espíritus, de Isabel Allende

La casa de los espíritus

La casa de los espíritusDe tantas razones existentes para invitarte a la lectura, ¿por cuál sueles dejarte seducir? A veces nuestro propio instinto nos hace coger un libro al azar en la librería; otras veces necesitamos que sea la televisión o el cine el que nos indique qué es lo que está de moda o qué libro no deberíamos dejar escapar; un amigo puede ser aún más mejor amigo si su recomendación nos invita a pasar unas tardes de lectura de lo más gratificantes. Todas son válidas y, en el caso de los libros, ninguna deberíamos pasar por alto. Una vez leídas las primeras páginas, o primeros capítulos si fuera necesario, ya nos daremos cuenta de si ha sido o no una buena inversión. Pero, ¿tiempo perdido? Eso nunca. Leer desde la ignorancia a un autor o un género concreto, aunque sean cosas que no nos agraden, no es tiempo perdido. Y cuando la elección de nuestro libro ha sido la correcta, ha sido ese libro que nos ha abierto otra perspectiva y consigue que deseemos penetrar aún más en ese nuevo universo que se nos ofrece, entonces no tendremos más que agradecer enormemente la labor de aquel o aquella que nos abrió ese mágico portal.

La casa de los espíritus, de Isabel Allende fue un auténtico bombazo en su año de publicación allá por 1982. Supuso para su autora un estreno que entró por la puerta grande en la literatura escrita en español. LITERATURA con mayúscula. Eso me parece a mí.

La historia narra los acontecimientos que viven paso a paso la saga familiar de los Trueba desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Toda vivencia quedó nítidamente escrita en unos cuadernos por la madre de familia. Tanto su marido, Esteban Trueba, su hija Clara así como la nieta, Alba, relatarán cada uno de los sucesos que el destino extravagante y trágico les puso en su camino. Romances: ¡cómo narra esta escritora los romances en las distintas generaciones! Impecable. Guerras: ¡qué soberbia y sangre fría para mostrar el horror de las revueltas militares! Violencia: el carácter rudo y cruel de Esteban Trueba a la par que la empatía que se siente hacia él en sus últimos años de vejez es la prueba de la calidad literaria de Isabel Allende a la hora de desarrollar personajes. La vida dura en el campo y el retrato costumbrista de una sociedad mermada por la pobreza y el abandono, los poderes paranormales y apariciones fantasmales, todo, absolutamente todo descrito de una forma magistral con un estilo impecable que muestra una visión oscura de la sociedad de Chile de aquellos años de revueltas políticas en una trama generacional muy bien enlazada.

La casa de los espíritus, siendo una gran novela, yo no caí prendado a ella aun conociendo su existencia; aun paseando por las librerías y verla siempre en los escaparates de los autores más vendidos y reconocidos de nuestra lengua; aun cuando alguna amiga me había comentado tímidamente algo sobre la historia. ¿Quieres saber cuáles fueron los elementos que me hicieron coger este libro y devorarlo cada noche? La película y una inquietante impresión que tenía mi hermano sobre el argumento: es como si fuera una de las historias de no terror de Stephen King.

Dos recomendaciones de lo más dispares y que puede choque mucho con el parecer de algunos de los que hayan leído la novela de Allende. Por un lado surgirá esa confrontación famosa entre si es mejor la peli o el libro. Pues qué quieres que te diga, una película con semejante reparto, música y dirección no se queda en absoluto coja. Además, salvo licencias y variaciones propias del cine, creo que capta con total fidelidad y respeto la trama de la novela. Al igual que muchas veces el cine rompe el ritmo narrativo o el drama que el escritor ha conseguido plasmar en su libro, en este caso no sucede así. A veces puede conseguir mejorar ciertos elementos que funcionan mejor en cine que en la novela. A mí, por ejemplo, me gusta más la idea que tratan en la película de repartir el drama, en lugar de en tres generaciones, Clara, Blanca y Alba (madre, hija y nieta respectivamente), tan solo en dos, siendo la madre y la hija quienes sostienen todo el peso dramático de los sucesos históricos. En la novela, en este aspecto, deja al personaje de Blanca en algo menos relevante para la historia.

Y por otro lado queda el elemento paranormal. Aquello que me gusta considerar la parte más «kingniesca». Y es cierto. Elementos muy comunes de las obras de Stephen King como los poderes de telequinesia y telepatía de Clara se muestran aquí en todo su esplendor. Es más, diría que King estaría dispuesto a vender varias de sus obras por las descripciones tan escalofriantes y detalladas que consigue Isabel Allende. La escena en la que el patrón, Esteban Trueba, llega a la habitación donde su madre yace en su lecho de muerte es de lo más terrorífica y sentida. Y lo de la cabeza… bueno, eso te dejo que lo encuentres en el libro si es que he conseguido motivarte a leerlo.

La editorial DeBolsillo vuelve a traer a los principales escaparates y estantes de las librerías esta belleza. Ha creado una nueva edición que estrena portada un tanto psicodélica y en versión para uso escolar con material educativo para su comprensión y estudio. Muy necesario tratándose de una novela que sitúa a la lengua española en un lugar privilegiado dentro de la literatura universal.

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La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig

La impaciencia del corazón

La impaciencia del corazónLa compasión es un sentimiento muy peligroso. De hecho, sentir compasión por alguien a veces tiene una connotación negativa. Que alguien te dé pena es malo. Es incluso ruin. Porque solo se siente compasión por alguien es inferior a otra persona en alguna circunstancia en concreto. Y eso puede dar lugar a que nos creamos superiores y nos haga mostrarnos vanidosos. Y eso algo que es así. Cuando pensamos en una persona que nos da pena, es porque no tiene la suerte que tenemos nosotros. “Pobrecillo, no viste de marca, no tiene pareja, sus hijos no le quieren, ha tenido un accidente, no tiene trabajo, tiene un trabajo de mierda…”. La compasión, como vemos, se puede aplicar a diferentes ámbitos pero siempre implica una cosa: el que la siente, se cree (voluntaria o involuntariamente) mejor que el otro.

Esta es la idea con la que Stefan Zweig juega cuando narra La impaciencia del corazón, o La piedad peligrosa, título con el que también se conoce a esta obra. Y este último título quizá sea incluso más adecuado que el primero que he nombrado, porque esta obra habla de la piedad que siente el teniente Anton Hofmiller cuando conoce a Edith, hija del gran magnate de origen húngaro Lajos von Kekesfalva. Y siente esa compasión por ella porque esta joven sufre una grave parálisis que le impide andar. Ella se enamora perdidamente de él y con el paso del tiempo el teniente empieza a corresponderla, pero lo que no sabemos es dónde empieza el amor y dónde termina la piedad. No sabemos si está con ella porque es incapaz de decirle que no a una pobre chica paralítica o si realmente la ama con todo su corazón. Toda esta historia, por si fuera poco, está contextualizada casi al comienzo de la Primera Guerra Mundial, por lo que la decadencia del Imperio Austro-Húngaro —que parece inminente— inunda la atmósfera con un tinte trágico. A pesar de ello, contra todo pronóstico, lo importante de este libro no es la Gran Guerra en sí. No es un libro histórico en el que la guerra sea el eje principal. De hecho, cuando estalle la batalla, nosotros apenas nos daremos ni cuenta, pues Zweig la introduce en la narración de una manera muy sutil. Lo importante son los personajes, desarrollados exhaustivamente y que abren su alma al lector.

De este escritor austriaco se ha dicho que “su habilidad para comprender el sufrimiento de las personas era formidable”. Y yo añado: no solo para comprenderlo, sino también para transmitirlo. Porque su narración es desgarradora. Crea una atmósfera perfecta con lo que parece una facilidad innata.

Lo que está claro es que los humanos somos compasivos. No podemos evitar sentir pena por los demás. Incluso muchos la sentimos por los animales. Parece que tiene una connotación negativa, como decía al principio. De hecho, no sé si el teniente Hofmiller se hubiera prometido con Edith si esta no hubiera estado enferma. No lo sé y ¿sabéis qué? Prefiero no pensarlo. Porque la compasión también ha movido montañas. De no existir esta, nadie habría fundado jamás una ONG; las perreras serían cosa de la ficción. Y no hablemos de los orfanatos. Será que yo intento buscarle la cara amable a todo lo que me rodea. Pero Hofmiller tendrá que batallar con estos sentimientos, desgranarlos hasta reducirlos al mínimo, para poder comprender si realmente ama a Edith o si ha sido la presión social y el estado de la joven lo que le ha llevado a ese enamoramiento.

Es una novela para leer sin impaciencia, poco a poco. Es densa a ratos pero llega un momento en el que se convierte en algo que no podemos dejar escapar. La impaciencia del corazón o La piedad peligrosa, si lo preferís, es, en pocas palabras, una obra maestra que debería hacernos reflexionar a todos, compasivos o no, sobre nuestros propios sentimientos.

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Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios, de VV.AA.

microcuentos

microcuentosYa hice en su momento (Todos estaban vivos) una encarnizada defensa del microrrelato. Del arte que exige la capacidad de concretar en pocas, poquísimas palabras, una historia que tenga desarrollo, nudo y desenlace (o al menos dos de ellos) y que en muchos casos parece llevarte por un camino cuando en realidad te está dirigiendo justo al contrario, porque es el lector el que va llenando las lagunas que el texto no deja claro de manera intencionada. Y eso es algo que me encanta y que, aunque lo parezca, no es nada fácil. Una palabra mal empleada o colocada al principio o al final de una frase puede cambiar por completo el sentido del microrrelato. Es una labor de orfebrería. El detalle y la precisión son algo vital para un microrrelatista. Siempre está puliendo y dando brillo a las piezas, asegurándose de querer decir lo que quiere decir y de hacerse entender (o malentender).

¿Había vida en la microliteratura antes de Monterroso (de quien erróneamente se cree que es el autor del microrrelato más breve de la literatura universal)? Por supuesto, pero ahora mismo hay mucha más, posiblemente por los tiempos que nos tocan y las tecnologías con las que vivimos/disfrutamos/sufrimos.

Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios es, precisamente, fruto de una de esas tecnologías modernas, Twitter, y de una cuenta, @microcuentos, que expone, una vez al día, lo mejor de este género literario.

Son cien textos con el límite de los 140 caracteres, escritos tanto por profesionales como por entusiastas de lo micro de todo el mundo, que van desde la anécdota hasta el aforismo pasando por el chiste, la parábola, el terror y las frases lapidarias.

–¿Me olvidarás?

–Todos los días.

Lo bueno, lo buenísimo, es que pueden leerse en cualquier orden, en cualquier momento, a sorbitos y, sobre todo, sin prisas, aunque nos tiente pasar de uno a otro sin freno. Parece una contradicción, pero estas pequeñas obritas, deben paladearse y, como si de una cata de vinos se tratara, sacar no ya el gusto, sino el retrogusto. Leer, pararte a pensar qué has leído, volver a leerlo y entonces ya, una vez entendido el posible doble sentido, pasar al siguiente.

Además, los textos tienen unas ilustraciones preciosas, salidas de la mano de Elizabeth Builes, que completan el significado del relato hiperbreve al que acompañan.

La ignorancia del pueblo hizo que la bruja fuese lanzada a la higuera. No le pasó nada.

Como indica el subtítulo, Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios está dividida en tres partes: historias de amor, nanorrelatos de melancolía y tristeza y, la última de ellas, en claro homenaje a Monterroso, es campo abonado para el terreno de los cuentos y las fantasías pero, en las tres partes nuestra imaginación lectora tendrá trabajo que hacer, creedme. Es esencial en cualquier buen microrrelato, es parte de su ser y, aquí, obviamente, se cumple.

Por otra parte, el libro en sí es precioso; una joyita en tapa dura, cuidadosamente editado y muy atractivo a vista y tacto, y su interior está repleto de cuentos que pueden leerse una y otra vez cada cierto tiempo, con la frecuencia que queramos, porque cada vez será como enfrentarse de cero a ellos.

En serio, si eres de los que te gusta leer microrrelatos o escribirlos, de entre todos los libros que puedas tener del tema, este no puede faltar en tu biblioteca. Y si eres de los que tiene prejuicios contra este género, dale una oportunidad.

Es, como diría Tarantino sobre un buen café, una jodida delicia. Y Tarantino no tiene mal gusto, ¿no?

No lo dudéis. Hacéos con él.

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La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brontë

La inquilina de Wildfell Hall

La inquilina de Wildfell HallEste año se celebra el bicentenario de la muerte de Jane Austen y eso me ha animado a volver a los clásicos. De vez en cuando, es bueno volver la vista -o nuestras lecturas- atrás para coger perspectiva. Os invito a que leáis a esta magnífica escritora. Por mi parte, ya os he hablado de mi predilección por las Brontë, especialmente por Charlotte, que aunque puedan parecer del mismo estilo, no los son. No voy a entrar en un debate porque me encantan tanto la una como las otras, aunque me gusta más la pasión que le ponen las Brontë a sus historias. Con La inquilina de Wildfell Hall he disfrutado muchísimo, como siempre.

Publicado en 1848 bajo pseudónimo, no fue bien recibida en una sociedad tan cerrada y que cuidaba tanto las apariencias. Anne Brontë trata, con una gran calidad descriptiva, temas feos y duros, como los malos tratos o los estragos del alcoholismo en su relato, y esto no gustó a sus contemporáneos. Estos asuntos se tapaban, eran vulgares y propios de un estrato más bajo de la sociedad, no de la clase media-alta de la que hablaba la novela y quedaban dentro del ámbito privado de las casas; no se aireaban por muy mal que se estuviera pasando. Esta novela fue un atrevimiento y un desafío.

El relato está dividido en cincuenta y tres capítulos, pero hay tres partes bastante diferenciadas. La primera, cuando el protagonista, Gilbert Markham, conoce a la misteriosa viuda Helen Graham, que ha venido a vivir con su hijo Arthur a la ruinosa Wildfell Hall. Estos primeros capítulos y los de la tercera parte, están contados de forma epistolar. Gilbert le cuenta a su amigo Halford la historia del acontecimiento más importante de su vida de forma muy pormenorizada, ayudado por viejos papeles y un diario. Estamos en 1847, pero la historia se remonta a 1827. En esta primera parte hay una descripción detallada de la forma de vivir de los caballeros y hacendados rurales y sus familias. Sociedad reducida a unos cuantos vecinos en la misma condición, cotilla e impertinente, de buenas palabras y no siempre bien intencionada. Hay unos puntos irónicos sobre todo en los diálogos, muy divertidos Comienza una relación de amistad con altibajos entre Gilbert y Helen que claramente es algo más por ambas partes, aunque hay algo que impide dar el paso. Él, joven, impulsivo y consentido, como la mayoría de los hombres que se describen, aunque acaba siento bastante sensato y noble e intenta cultivarse. Ella, más madura, profunda e independiente, se gana la vida pintando, hecho este casi inaudito en la época para una mujer de su clase social.

En la segunda parte, lo que leemos es la transcripción del diario de Helen, de su vida antes de llegar a Wildfell Hall, cuando es presentada en sociedad en la primavera de 1821, conoce al que luego será su marido, Arthur Huntingdon, y su vida con él en los siguientes años. Este personaje parece muy atractivo al principio, pero luego se descubrirá que es un cretino de mucho cuidado. Bebedor y excesivo, amante de los placeres de la vida sin ninguna moderación; egoísta y maltratador. En la novela, no hay casi ningún personaje masculino que se salve del todo, aunque alguno es especialmente odioso. Hay un paralelismo con la vida de la autora, ya que su hermano también era dado al exceso en todo, menos en responsabilidad. Tampoco es que todas las mujeres que nos pinta sean una maravilla, no se corta al criticar en muchas de ellas sus chácharas sin sentido o su sumisión, por ejemplo.

En la tercera parte, vuelve Gilbert a contar el resto de la historia de su relación con Helen. De esta no os cuento nada, que no quiero desvelar demasiadas cosas; es mejor que descubráis por vosotros mismos el devenir de la historia y el desenlace.

Yo sé que este tipo de novela no gusta a todo el mundo, puede parecer anticuada, barroca, o dar algo de reparo porque está escrita hace casi dos siglos, pero yo os animo a que la leáis. Es entretenido, engancha y es fácil de leer. Hay que ponerlo en perspectiva, claro, pero es un libro feminista para su época, desafiante y rompedor. Es una historia de amistad y de amor, pero también es un relato exhaustivo de la época, una dura crítica a los convencionalismos, a los matrimonios por conveniencia social o económica, y contiene un trabajo incisivo y profundo de la psicología de los personajes.

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Terapia amorosa, de Daniel Glattauer

Terapia amorosa

Terapia amorosaMi crisis lectora en cuanto a lo que el género romántico se refiere excluye a muy pocos libros en cuanto a lo que el sistema editorial español ofrece actualmente y en estos últimos años. Terapia amorosa ha sido, en este principio de 2017, uno de ellos. Pero, ¿qué tiene de especial que no tengan los demás? Mientras que la mayoría de los libros románticos ofrecen a sus lectores una historia que narra el comienzo o el final de una relación amorosa, este va mucho más allá.

Aunque podemos deducirlo por el título, esta novela se centra en la crisis de una pareja adulta y con dos hijos que decide tratar de resolver sus problemas gracias a la ayuda de un psicólogo. A través de una larga y tormentosa sesión terapéutica descubriremos si ésta es capaz o no de resolver todos sus conflictos y comenzar un nuevo camino que les ayude a mejorar su relación.

A pesar de que ya conocía la pluma de Daniel Glattauer gracias a la lectura de Contra el viento del norte, no me animé (mal hecho por mi parte) a leer más libros suyos hasta este. Y, como en su primer libro, me ha vuelto a sorprender por el realismo, la originalidad y la cercanía de sus historias y de cada uno de sus personajes. En este caso, aunque lo que más me llamó la atención fue el procedimiento terapéutico que se sigue en una crisis de pareja, me enganchó por completo por las situaciones divertidas que se encuentran en el mismo y la facilidad de lectura (no llega a las 200 páginas y está escrito en forma de guión de teatro), entre otras cosas.

La forma que tiene el autor de transmitir los caracteres de los personajes, tan distintos como complementarios, así como la falta de entendimiento de la pareja, formada por Valentin y Joana, hace que la novela te enganche desde el principio, que te sientas identificado con los personajes y que estos y su historia te llegue al corazón. Y no solo ellos, sino también el psicólogo. Su implicación, paciencia y profesionalidad en todo el proceso me han hecho conocer el esfuerzo y trabajo de una profesión que no conozco tanto como me gustaría. Aunque se encuentra en cada uno de los ejercicios que les propone con reproches y discusiones continuas entre la pareja, no deja de intentar crear un acercamiento entre ellos. Esto provoca más de una situación divertida y más de un comentario ingenioso por parte de cada uno de los personajes, sobre todo por parte del psicólogo, que muchas veces debe alzar la voz para que estos le oigan y se fijen en lo que está diciendo por encima de sus discusiones.

Por todo ello, Terapia amorosa me ha resultado una lectura divertida, fresca y rápida que me ha permitido la oportunidad de reflexionar sobre el amor y sus roturas, esos pequeños recovecos que a veces se crean entre dos personas y que les impiden comprenderse mutuamente. Valentin y Joana, los dos protagonistas, me han conquistado por la empatía que generan con el lector y sus personalidades fuertes y el psicólogo me ha impresionado por su entrega, su sinceridad y su capacidad de escucha.

Además, el libro se lee en una sentada y, en tan solo ciento sesenta páginas, el escritor es capaz de hacernos sentir todos estos sentimientos. En definitiva, Terapia amorosa es una gran lectura para todos los públicos, sin importar el sexo o la edad (recomendado a partir de 18 años), con la que he tenido el placer de comenzar el año en lo que a cuestiones literarias nos referimos.

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La Esposa joven, de Alessandro Baricco

la esposa joven

la esposa jovenAlessandro Baricco.

¿He de decir algo más para que desees leer La Esposa joven?

¿¡Sí!?

Eso es porque no has leído antes a Baricco. Quien lee Seda queda fascinado para siempre, leyendo un libro tras otro, a la espera de hallar en otros autores la belleza y la lucidez que irradia Alessandro Baricco en cada frase. Y no es que yo sucumba con tanta facilidad a las artes de un diestro escritor, es que con Tierras de cristal me cautivó más si cabe. La conexión fue total. ¿Has sentido alguna vez que un escritor había escrito exactamente la historia que querías leer? ¿Has sentido alguna vez que esa era la historia que tú hubieras deseado escribir? Pues eso es lo que me pasa con Baricco.

Cuando vi La Esposa joven ni siquiera leí la sinopsis, algo impropio de mí. ¿Qué más me da de qué fuera? ¿Una joven de dieciocho años, la Esposa joven, llega a la casa de sus futuros suegros y se queda a vivir allí, a la espera de que regrese de su viaje el Hijo, con el que se casará? Pues bien, esa es la premisa, la excusa. No importa lo que pase desde ese momento hasta el final, solo quiero disfrutar de Baricco, palabra por palabra, de su humor desbordado de melancolía.

Los mundos de Baricco son inescrutables, con sus propias y extravagantes reglas. Aquí se teme a la noche, la infelicidad no es bienvenida porque es una pérdida de tiempo y tampoco se puede leer, pues es un paliativo de la vida innecesario. Los desayunos son actos ceremoniosos que duran horas, el Tío se pasa el día durmiendo, sin que eso le impida realizar sus labores e intervenir en las conversaciones cuando es necesaria su excepcional lucidez, y Modesto, el mayordomo, ha perfeccionado la tos como sutil código de comunicación y advertencia. Personajes que recuerdan a la literatura sudamericana, otra de mis grandes debilidades, donde los puntuales actos fuera de lo común se convierten en formas de vida.

El Padre, la Madre, la Hija; aquí nadie de la Familia tiene nombre, igual que hiciera Saramago en Ensayo sobre la ceguera. Y esa no es la única similitud que he encontrado con mi otro autor fetiche, pues los diálogos se suceden sin raya que los señalen, ni acotación que aclare quién parlamenta, aunque sin llegar al extremo de unirlos en una línea continua, recurso característico del nobel portugués. Y es que cuando la narración está en manos de genios, como lo son Baricco y Saramago, no se precisan etiquetas que concreten y limiten (los suyos son arquetipos universales) ni de líneas que guíen al lector (sus voces son siempre inconfundibles).

Por si esto fuera poco, Baricco también se permite un juego metaliterario, donde el narrador tiene su propia historia y se entromete en la acción de los protagonistas siempre que quiere, alterando las voces narrativas a su antojo, y reconociéndolo abiertamente, a sabiendas de que provoca quebraderos de cabeza al lector. Y tanto en la trama como en la subtrama: sexo, recurrente y obsesivo. Porque en La Esposa joven todo pasa a través de los cuerpos: conocer o desconocer el mundo y a las personas; amarrarse a la vida o abstraerse de ella.

La Esposa joven ha sido mi regreso a Baricco. En este libro he reconocido sus habituales personajes —extrañamente iguales, totalmente distintos—, esos que viven atados a sus pasiones y habitan un mundo entre lo real y lo onírico. Quizá sea porque todas las historias no son más que una, a fin de cuentas, y este escritor italiano sabe que el único gesto exacto es la repetición.

Seda, Tierras de Cristal o La Esposa joven.

Pero Baricco.

Siempre Alessando Baricco.

¿Hace falta algo más?

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Noches blancas, de Fiodor Dostoievski

Noches blancas

Noches blancasMi sueño desde que escribo reseñas es empezar una tal que así:

“Que quería yo hablarle de Dostoievski”.

Y entonces vosotros decís:

“Ah, pues muy bien. Encantada. Ahora mismo bajo”.

Y así, amigos, es como yo cumplo mi peculiar sueño. Así que seguidme el juego en este momento tan José Luis Cuerda. Si no entendéis mi genial y brillante introducción (ejém) es que no habéis visto la fantástica película Amanece que no es poco, lo cual me entristece mucho. Hay que tener devoción a Dostoievski y a Faulkner y hay que ver Amanece que no es poco. Es una verdad universal, no es que me lo esté inventando yo. Además, está prohibido ir de hipster sin haberla visto. Ya sabéis, la próxima persona que no pille una referencia a esta película tendrá mi más absoluta indiferencia (y estaré siendo muy justa).

Dicho esto, tengo que hablaros de Noches blancas. Recuerdo que la primera vez que leí este libro tendría unos quince años. Era una edición de mi padre bastante antigua y desde entonces, la última frase del libro, que anoté en alguna libreta, me ha ido persiguiendo a lo largo de mi vida. ¿No os ocurre lo mismo? ¿No hay frases que os acompañan, frases que de algún modo, forman parte de vosotros? No sé si os parece muy raro, pero a mí me ocurre con unas pocas. ¿La frase? Luego os la digo.

Dostoievski es una maravilla de escritor y para mí hace mucho que se convirtió en uno de mis escritores preferidos. ¿Habéis leído El jugador? Otra maravilla. Dostoievski es un gran escritor porque conoce a las personas, porque sus personajes son tan fascinantemente verdaderos que pareciera que tuvieran alma. Aparte de los personajes, su manera de escribir es impecable. No sé qué tienen los rusos escribiendo, si es el vodka o el frío, pero la madre patria ha dado una cantidad de escritores imprescindibles para la literatura universal.

Como os decía, leí esta novela cuando aún era joven e inocente y me impresionó mucho. Venga, voy a contaros algo friki: me gustaba tanto Dostoievski por aquel entonces, que utilizaba el nombre de Nietoschka Nezvanova (otra de sus novelas) como seudónimo en Internet. Os estoy hablando de los tiempos del IRC, Fotolog, etc. Yes, I’m a loser baby, so why don’t you kill me. Tras este breve apunte extraño, continúo. ¿Sabéis por qué esta pequeña novela se titula Noches Blancas? Resulta que en el solsticio de verano, en ciudades como San Petersburgo (donde se desarrolla esta novela) ocurre un fenómeno natural que hace que las puestas de sol ocurran más tarde y los amaneceres más temprano. Por lo tanto, nunca llega a haber una oscuridad completa. A este fenómeno se le llama Noches blancas y es en estas extrañas noches cuando se desarrolla la trama de esta novela. La novela se divide en varias partes: primera noche, segunda noche, la historia de Nasténka, tercera noche, cuarta noche y la mañana. Lo que sucede durante este poco tiempo es que el narrador, una persona solitaria, que apenas habla con nadie, pero que es tremendamente romántico, conoce a Nasténka, una joven de diecisiete años que vive casi todo el día literalmente atada a la falda de su abuela ciega. Nasténka, enamorada y prometida con un antiguo inquilino que prometió que volvería a por ella, pasa las noches esperándole. Y es en una de esas noches cuando se conocen nuestro protagonista y la joven Nasténka. Y hasta aquí puedo contaros, amigos. El resto quiero que lo descubráis por vuestra cuenta, porque realmente merece la pena.

Esta edición, publicada por la editorial Nórdica Libros, pertenece a su colección de libros ilustrados y es realmente bonita.

¡Ah! Casi se me olvida. La frase: “¡Dios mío! ¡Todo un minuto de felicidad! ¿Acaso es poco para toda una vida humana?”

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Casarse con él, de Lisa Kleypas

Casarse con él

Casarse con élTras la lectura de Un seductor sin corazón, en el que descubrí la prosa y los sentimientos que despierta una de las autoras de romántica más leídas del mundo, no podía dejar de leer su continuación. El final de la primera entrega de la serie Los Ravenel dejó con demasiadas dudas respecto a una pareja que rivalizó en protagonismo con la principal y que, personalmente, me gustó mucho más por su realismo y por la atracción hacia sus personajes, tan diferentes como interesantes.

Casarse con él comienza tal y cómo terminó el primer libro, con un final feliz de una de las parejas y con incertidumbre ante el posible fin de la otra. Tras el primer encuentro entre Helen y el señor Winterborne, en el que la primera se ve conducida a cuidar del segundo debido a su estado convaleciente, ambos empiezan a sentir una atracción mutua que supera todas sus expectativas sobre el amor. Escépticos y sin conocerse demasiado el uno al otro, se encaminan de un día para otro hacia un matrimonio precipitado y sin el consentimiento de nadie de su entorno. Pero algo sucede que hace que Helen cambie de opinión pese a sus sentimientos… ¿Qué ocurrirá de aquí en adelante?

Tal y como Lisa Kleypas lo hizo en su anterior novela e, imagino, en todos sus libros inspirados en el género romántico histórico, la ambientación que crea es brillante y nos conduce muy bien a una época en la que la caballerosidad, la elegancia y los buenos modales abundaban entre las clases sociales altas. Aunque también, en muchas ocasiones, el machismo y las grandes diferencias entre las personas. Pero no es en este tema en el que se centra este tomo, ni tampoco en el amor, a pesar de que no lo parezca en absoluto. Me ha sorprendido gratamente que la autora le haya dado más importancia a la evolución de los personajes que a la propia relación amorosa, pero así ha sido en este caso.

Y es que, aunque parezca mentira por su título, su portada o su sinopsis, nada es lo que parece en Casarse con él. Empezando por los personajes principales, Helen es la típica dama inglesa de la nobleza de la época: buenos modales, tímida, que siempre sigue las reglas y obedece a su familia. Por el contrario, el señor Winterborne, que no es noble sino un hombre de negocios burgués, es arrogante, engreído, antipático y soberbio. Pero, como he dicho, nada es lo que parece en esta novela y los prejuicios nos llevan a sorprendernos durante el desarrollo de estos dos personajes. No solo en su relación, sino también como personas que deciden vivir según los dictados de su corazón en una sociedad en la que lo único que importa son las apariencias, el dinero y el poder.

Y quizás es eso lo que, por ahora, me ha hecho seguir leyendo a Lisa Kleypas, la introducción de otros elementos que aportan mayor profundidad a la historia de amor por sí sola. Aunque también demuestra que es una gran escritora del género, despertando sentimientos y emociones en el lector en cada uno de sus capítulos por su gran semejanza con la realidad. No crea, a mi parecer, historias inverosímiles, sino historias que podrían parecer reales hasta en nuestra propia época.

A pesar de su ritmo en ocasiones demasiado lento y de su falta de situaciones dramáticas que cambien el desarrollo monótono de la novela, Casarse con él es un libro diferente y original dentro del género romántico histórico, saliéndose de lo típico de ambos géneros con personajes femeninos con carácter y resolución, otorgándole menos importancia al elemento amoroso que en el resto de los libros de este tipo. Además, se puede leer independientemente sin haber leído el primer libro, algo a destacar entre tantas y tantas sagas que dominan actualmente las librerías. Una buena opción para alejarse de los tópicos demasiado romanticones y cursis y disfrutar de una novela en la que no es tan importante su historia de amor, sino la forma y el desarrollo de los personajes que le dan vida en cada una de sus páginas.

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