
“Fui tratante de mujeres durante más de veinte años. Las compré y vendí como si fueran ganado, para explotarlas salvajemente en nuestros clubes, sin compasión…”
Así, de forma terriblemente directa, sin enmascarar nada, sin esconder la dureza con la que nos vamos a encontrar en esta historia que nos cuenta la autora, Mabel Lozano, a través de la narración en primera persona que de “El proxeneta”, Miguel, conocido en el mundo de la prostitución y la trata como “El Músico”.
Y es que a través de las páginas de este libro nos encontramos a un hombre que tuvo una infancia durísima, y que parece que inevitablemente estaba predestinado a entrar en este terrible mundo del sexo y de la “vida alegre”, que como todos sabemos siempre resulta la menos alegre de las vidas que una puede tener.
Nuestro protagonista, “El proxeneta”, nació en Barcelona en 1963, en plenas Ramblas, y tal era la miseria familiar que tuvo que ser entregado por su madre, al igual que sus hermanos, a un orfanato, donde fue víctima, como tantos y tantos niños y niñas de terribles privaciones y abusos:
“La primera vez me quedé callado. De mi garganta, seca, no salió sonido alguno. Aunque lo deseaba con todas mis fuerzas, no conseguí articular palabra ni negarme ni pedir ayuda. El miedo y la culpa me cerraron la boca. Sobre todo la culpa. El creer que era yo quien provocaba todo aquello. Yo, que no era más que un chaval de 13 años, solo y asustado…”
El Músico nos irá contando su vida, a modo de documental, desde que era un niño hasta que finalmente, y tras haber esclavizado, casi literalmente, a más de 1.700 mujeres a las que previamente había captado en sus países de origen, fundamentalmente Colombia, fue condenado judicialmente, si bien, una vez ya en la calle, cooperó con la justicia para desarticular otras redes de prostitución.
Yo creo que todos reconocemos en Mabel Lozano, en un principio modelo, actriz y presentadora de televisión, a la mujer que se fue reconvirtiendo en una gran luchadora por los derechos de la mujer, especialmente comprometida en su obra cinematográfica con las víctimas de la prostitución y las de trata de blancas para fines sexuales. La autora debutó en el cine como directora con el largometraje documental “Voces contra la trata de mujeres”, que causó una gran conmoción en la sociedad más comprometida, y más tarde regresó con el titulado “Chicas Nuevas 24 horas”.
Imagino que para la autora de estos documentales tan ligados a las víctimas de la trata y la prostitución, le habrá sido muy difícil y doloroso escribir este libro que nos muestra en este caso la visión desde el otro lado, desde el lado del proxeneta sin escrúpulos, pues como les decía ella siempre, en sus documentales y conferencias impartidas, ha estado al lado de éstas mujeres.
Según ha contado en los medios, conoció a Miguel hace un par de años a través de un amigo en común. Miguel ya había salido de la cárcel, salió con pleno arrepentimiento y con la absoluta convicción de la necesidad de colaborar con la policía para desarticular, en la medida de sus posibilidades, este tipo de mafias que llevan a las mujeres a esas terribles situaciones de esclavitud sexual y personal.
Dice Mabel que: “Para mí fue muy duro después de 12 años escuchando los testimonios de mujeres dolidas, vejadas, coaccionadas, violadas y esclavizadas…”. Y no lo dudo, y por eso les decía que no debía haber sido fácil para ella escribir este libro. Pero por otra parte es comprensible el interés de querer saber y conocer, por fin, todo el entramado sobre un tema en el que llevas tantos años con un compromiso tan grande de trabajo.
Les tengo que decir que me adentré en esta lectura con una postura que mantengo desde hace muchísimo tiempo contraria a la prostitución, algunos artículos en alguna ocasión me han hecho dudar de mi postura tan tajante, pero la lectura de El proxeneta me ha ayudado a posicionarme de una forma aun mucho más radical en contra de cualquier tipo de comercio con el cuerpo de una mujer, incluso el que llaman voluntario ¡¿Voluntario?!
El Proxeneta nos cuenta como desde la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), se pagaba a prostitutas para que dieran una imagen de mujeres que ejercían la prostitución por “voluntad propia”. Se pagaban grandes campañas para mejorar la imagen de estos locales haciendo creer que se cumplía con una “labor social”. Cuando lo cierto es que detrás de esto siempre hay corrupción, esclavitud, degradación y corrupción como mínimo; en numerosas ocasiones al final del triste camino está la muerte a las que les lleva su vida.
Un libro que no obvia datos durísimos, una mujer que costaba 1.200 Euros generaba a los largo de sus dos o tres años de esclavitud más de cien mil limpios, porque estas mujeres tienen fecha de caducidad, y una vez que están acabadas para dar de sí en determinados clubes, son revendidas a otros proxenetas que las obligan a ejercer en las calles. Una actividad, como ya ven, que genera muchos más ingresos, y con muchos menos riesgos, que el narcotráfico. Increíble la manera en la que narra cómo decidió delatar a otros traficantes para hacer creer a la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF), que sus negocios estaban libres de trata y se ejercía la prostitución libre y voluntaria.
La prostitución en España no es ilegal; sí lo es la trata, ¡faltaría más! Pero no nos equivoquemos, nadie llega a la prostitución por gusto, ni tan siquiera para ganar algo de dinero en caso de necesidad imperiosa, se tienen que dar más requisitos, más situaciones, y siempre detrás de ellas hay engaño, falta de cultura y desamparo, falta de políticas sociales, dejación de funciones de la Administración, corrupción… Y luego están los clientes, los que no denuncian que hay menores atrapadas, los que no denuncian que hay mujeres contra su voluntad, los que no denuncian que hay mujeres con evidentes lesiones… Los clientes no están al margen de este submundo, de este drama en el que se encuentran tantas y tantas mujeres, son colaboradores necesarios de la explotación y la pervivencia de la trata y la prostitución.
Y aún habrá quien en pleno Siglo XXI le ría la gracia a esos chavales que van de putas para pasar una tarde original y divertida…
Mi más sincera felicitación a Mabel Lozano por su trabajo, y hoy en especial por este libro que tanto me ha impactado, El proxeneta, y por su trabajo en general, pero por encima de mis felicitaciones quiero que quede aquí mi agradecimiento a su generosa labor para denunciar este oscuro mundo de la compraventa de mujeres.


Si os soy sincera, el primer motivo que tuve para leer este libro fue su autor. Cuando leí que Gonzalo Hidalgo Bayal es de Cáceres como yo, me gustó mucho la casualidad. Bueno, él es nacido en Higuera de Albalat y vive en Plasencia, donde ha sido profesor de literatura durante muchos años, pero sigue siendo de la tierra. Y como a los paisanos, compañeros en la escritura, hay que conocerlos y apoyarlos, aquí estoy.
Comencé Niebla en Tánger con tantas ganas como miedo porque mi experiencia con los libros galardonados con el premio Planeta, hasta ahora, ha sido mala. Cuando he leído las obras con las que algunos de mis autores favoritos han ganado este premio, me he decepcionado muchísimo. Hasta tal punto ha sido así que me había prometido a mí misma que nunca volvería a leer ningún premio Planeta.
Hikikomori es un término japonés que se utiliza para referirse a esas personas, en su mayoría adolescentes, que han decidido abandonar la vida social y vivir recluidos en casa. Nada de quedar para tomar un café con los amigos y charlar. Nada de planear una cena romántica con la pareja. Nada de salir de juerga el sábado por la noche. Los hikikomori, ya sea por timidez extrema, agorafobia, otro tipo de trastorno psicológico o por evitar el bullying, rehúyen de cualquier contacto social. Su vida se reduce a videojuegos, cómics, películas y mucha comida instantánea; todo ubicado en una habitación, una burbuja protectora, que en ocasiones pasa desapercibida para los padres hasta que es demasiado tarde. Aunque la mayoría de los casos de hikikomori ocurren en Japón (una sociedad ya de por sí con ciertos problemas a la hora de relacionarse), se han contabilizado algunos casos fuera del país nipón.


Tengo la suerte de tener una madre que me llevó por el buen camino. Que me dio voz y voto. En mi casa y en mi vida. Me enseñó que tenía que ser una mujer fuerte y valiente y construyó sobre mí una capa de hierro para que fuera inmune a las opiniones de los demás. Me dijo que yo podía ser lo que me propusiera y que debía luchar por ello con todas mis fuerzas. Me dijo que jamás debía depender de un hombre, que tendría que aprender a sacarme yo sola las castañas del fuego. Que tenía que esforzarme por tener pronto el carnet y ahorrar para comprarme un coche, para no tener que depender de nadie si necesitaba escapar. Que estudiara para darme cuenta de que el mundo no es lo que vemos en los telediarios y que me quitara la máscara de los ojos para que todo el mundo me viera tal y como soy.
“Nunca entenderé por qué ciertas cosas que nos suceden pueden hacer mella en nosotros y convertirnos en personas diferentes. Estoy empezando a pensar que todo nos cambia en mayor o menor medida.”
La nieve siempre es muy resultona como escenario de terror. Todavía recuerdo vivamente cómo, de niño, por aquel glorioso 1982, me impresionó aquella copiosamente nevada La cosa, de John Carpenter, una película no del todo apreciada en su momento, pero que ha ganado mucho con el tiempo.


Tener esa enfermedad tan literaria que en otra época se llamó ser un letraherido es una fuente inagotable de sorpresas. Cuando pedí Luz brillante no había leído la sinopsis, no sabía nada de su autora y si quise leerla fue porque se publicitaba como la Murakami femenina y tengo una amiga muy de Murakami a la que tenía ganas de regalar una recomendación. No sabía que era un libro mítico en Japón, no sabía que tenía más de treinta años (que es una de esas cosas que uno sabe si lo lee, porque es absolutamente intemporal salvo porque en un viaje en coche ponen un casete, que ya no se estila demasiado), pero sobre todo no sabía que me iba a resultar un libro tan absolutamente emocionante, todo un impacto. Me dirán que una historia de un matrimonio entre una mujer alcohólica con cierto desequilibrio emocional del ámbito psiquiátrico y un doctor homosexual tampoco es una historia excesivamente original, pensarán que es simplemente la historia de un matrimonio de conveniencia más para mantener las apariencias en una sociedad conservadora. Si yo ahora les digo que en realidad Luz brillante es una de las más emocionantes, sinceras y honestas historias de amor que recuerdo haber leído en mucho tiempo puede que empiece a cambiar su concepción de la novela. Y si les aseguro que Shoko, la protagonista femenina, con sus problemas, que los tiene, y sus virtudes, es una heroína, una gigante de la literatura por su forma de entender su peculiar relación, por su forma de amar incondicionalmente a alguien por cómo es y no por nada más, espero haber logrado captar su atención.
Casa transparente ha sido la obra ganadora de primer Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas. Un premio que organiza la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, la editorial Sexto Piso y el Ayuntamiento de Madrid, además de otros colaboradores. Este premio tiene como objetivo fomentar las expresiones culturales en torno a la ciudad, cómo viven y sueñan los habitantes sus ciudades, cómo se proyectan en ella y como la perciben. No sé, pero a mí me pareció una idea genial en cuanto leí sobre qué trataba el premio. Además, todo lo que sea fomentar la interculturalidad siempre es algo que debemos valorar.
¿Quién no ha fantaseado con viajar a Narnia, jugar al Quidditch en Hogwarts o luchar en la revolución contra el Capitolio de Los Juegos del Hambre? Podría decir mil y un ejemplos de los escenarios más mágicos que he leído y a los que me hubiera gustado y me gustaría poder visitar y revivir en el mundo real.