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Yo os salvaré a todos, de Émilie Frèche

Yo os salvaré a todos

Yo os salvaré a todosCuando pedí este libro tenía una idea bastante clara de lo que me iba a encontrar, que es básicamente lo que he encontrado: el proceso de radicalización de una adolescente francesa que acaba viajando a Siria para hacer la hégira, y sin embargo ver cómo se va desarrollando ante mis ojos, pródigos como son en empatía a base de abonarla con muchas lecturas, ha sido extraordinariamente impactante. Yo os salvaré a todos está narrado con tanta fuerza como sensibilidad y es un relato extraordinario que logra despertar innumerables emociones diferentes gracias a la honestidad y al talento de Émilie Frèche, la autora, que despliega diferentes registros en cada una de las partes de que consta la obra de forma que el lector acaba haciéndose una idea amplia y diría que rigurosa del problema que es el alma de la novela.
Cuando hablo de las diferentes partes entrelazadas de Yo os salvaré a todos me refiero a que se trata de tres diarios diferentes, de la adolescente, de su madre y de su padre. No sólo son registros distintos, también los tiempos son dispares, pero la combinación de todos ellos funciona extraordinariamente bien. Y era arriesgado, narrar no sólo la metamorfosis de la hija de Éléa a Um Sumeya sino los sentimientos de los padres desde la sorpresa inicial a su reacción cuando van conociendo la verdad abre la puerta a ciertos trucos literariamente primarios, al sensacionalismo, pero la autora se adentra en ese terreno de por sí pantanoso con gran conocimiento de la actualidad, una tremenda honestidad y una contundencia elegante que son dignos de todo elogio y que impiden a esos trucos cruzar la puerta.
Los métodos que utilizan los reclutadores son todo lo contrario, sibilinos, mezquinos, francamente abyectos, pero inteligentes porque no están dirigidos a adultos, sino a adolescentes con un criterio en formación y cierta fragilidad inherente a su tránsito a la vida adulta. Ver cómo se aprovechan de esa condición y de los buenos sentimientos de esos chavales resulta doloroso. Uno puede sorprenderse de que puedan llegar a creerse teorías de la conspiración como la de que las estelas de los aviones son en realidad fumigaciones masivas de drogas con las que mantener atontada a la población, pero es lo de menos, lo importante es que funcionan en un número elevado de casos y Yo os salvaré a todos es una extraordinaria advertencia contra ellos.
Resulta especialmente miserable que se utilicen asociaciones humanitarias para captar a personas guiadas por una loable voluntad de ayudar, como que se utilicen los sentimientos, el amor, para convencerlas de que arruinen su vida y la de muchos otros. La obra es en ese sentido tan realista y esclarecedora que sólo por eso debiera ser leída.
Los diarios de los padres son diferentes, tanto entre sí como del de Éléa. Las formas de asumir algo así seguramente sean tantas como personas haya que las padezcan, pero me ha gustado especialmente el retrato que hace Émilie Frèche de estos padres porque tal vez representen dos polos opuestos, pero ambos humanizan tanto el texto que resulta difícil no creerlos reales.
Finalmente quisiera destacar la brillantez con la que la autora integra sucesos y personajes reales en su historia, sin duda ayudan a convertirla en lo que es, el reflejo de algo importante en nuestras vidas, una obra con una dimensión que va mucho más allá de la literaria.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas

Cuando sale la reclusa

Cuando sale la reclusaTodos tenemos nuestras debilidades literarias, y la mía, en cuanto a novela negra, es Fred Vargas. Por eso esperaba como agua de mayo la nueva aventura de su personaje más carismático, el inigualable comisario Jean-Baptiste Adamsberg. Cuando sale la reclusa, su última historia, es la novena de la serie protagonizada por este policía de París, la decimosegunda si contamos también dos novelas gráficas y una colección de relatos (Fluye el Sena), también protagonizados por él. Como lector indisciplinado y caótico que soy, he ido leyendo gran parte de su bibliografía de modo salteado. Pese a empezar por el primer libro (El hombre de los círculos azules), luego he ido alternando, y sobre todo disfrutando, sus historias de un modo salteado, siendo para mí Un lugar incierto la mejor novela de la saga, hasta el momento.

Para sus seguidores, primero hay que situar un poco la acción. Esta nueva historia de Fred Vargas empieza con Adamsberg en la pequeña y fría isla islandesa de Grímsey, lugar donde se desarrollaba parte de la última novela, Tiempos de Hielo. El lugar parece venirle como anillo al dedo a Adamsberg, cuyas rarezas encajan a la perfección con un sitio tan gélido y apartado. Pero esa calma se interrumpe y el comisario debe volver a dirigir su unidad. Pese a no ser de su incumbencia, Jean-Baptiste empieza a interesarse por un caso que no parece tal; dos ancianos del sur del país mueren víctimas de la picadura de la araña reclusa (Loxosceles refunscens). Todo hace indicar que son muertes naturales y sin conexión, pero ese sexto sentido tan característico de nuestro protagonista le hace ver que hay gato (o araña) encerrado en esas misteriosas muertes. Por cierto, un sexto sentido que, cada vez más, choca frontalmente contra el resto de la brigada, que empieza a hartarse de las excentricidades de su jefe.

Lo primero que me llama la atención de Cuando sale la reclusa es que, veintiséis años después de su primera novela, Jean-Baptiste Adamsberg sigue en forma. En esta ocasión, y mientras empieza a obsesionarse con la historia de la reclusa, le da tiempo incluso a resolver dos pequeños casos con una sencillez pasmosa, demostrando que, pese a su proceder poco ortodoxo, su valía sigue estando casi intacta. Además, los problemas internos en la brigada empiezan a ser problemáticos. Con poco tino y a su manera, así es él, Adamsberg tiene que conseguir que todos sus acólitos remen en la misma dirección, tensando la cuerda e intentando acallar las voces discordantes que surgen por el camino. Incluso, y para gozo de sus fans más acérrimos, tenemos en esta ocasión un crossover con Mathias Delamarre, otro mítico personaje de la escritora francesa, que forma parte de la trilogía de Los tres evangelistas.

Aunque en esta ocasión, y mira que me cuesta escribir esto, hay que achacarle algún que otro defecto a la novela. La investigación y la trama fluyen adecuadamente. Fred va administrando convenientemente las pistas y misterios para tener al lector enganchado a su historia. De un posible caso de picaduras de arañas, se salta a otros temas mucho más macabros. Sin embargo, la gran cantidad de posibles víctimas, sospechosos potenciales y policías haciendo sus seguimientos oportunos son tantos que uno llega a perderse con tanto nombre y lugar. Quien se conozca al dedillo la geografía francesa disfrutará viajando con Adamsberg y su equipo de norte a sur. Pero quien, como yo, tenga conocimientos no tan extensos de nuestro país vecino, es probable que quede abrumado con tanta información.

Pero todo esto no impide reconocer las bondades literarias que un libro como Cuando sale la reclusa y una autora como Fred Vargas ofrece. Su estilo singular, poco ajustado a los cánones, no suele ser del gusto de todos. Adamsberg, con esa bruma constante en su interior que no le permite centrarse, no entrará nunca en un decálogo policial que explique cómo dirigir una brigada. Incluso los miembros de su equipo (para mí el gran valor de sus historias), todos algo excéntricos a su manera, no sean tan perfectos o efectivos como los de otras series de novelas norteamericanas o inglesas de tanto éxito. Quizá tanta imperfección estribe en que Fred Vargas no escribe buscando la excelencia y la admiración que sí buscan otros compañeros de profesión. Esta autora francesa no busca narraciones efectistas. Sus personajes son raros, sus asesinos son raros y las muertes que en ellas se producen también lo son. Pero dentro de toda esta rareza subyace una autora con mayúsculas y un personaje único con el que no paro de disfrutar.

César Malagón @malagonc

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Mírame, de Antonio Ungar

Mírame

MírameLa obsesión no es mala per se. De hecho, soy un gran admirador de los obsesos (dicho así suena horrible), de esas personas capaces de fijarse un objetivo y poner en él todo su empeño para alcanzarlo. Hablo desde la pura inconstancia y desde la más absoluta falta de voluntad: siempre he pensado que jamás podría hacerme adicto a ningún tipo de vicio, sea cual sea, precisamente porque acabaría abandonándolo por desidia tarde o temprano; de ahí mi admiración por este tipo de seres, entregados y apasionados. No obstante, como todo en la vida, existen grados. Y una cosa es enamorarse perdidamente de una chica y hacer todo lo posible para que ella se fije en ti y otra, como hace el protagonista de Mírame, es llenar de cámaras su casa y perseguir tanto a ella como a sus familiares allá donde van.

El deseo de observar a otros desde muy cerca, de introducirse en vidas ajenas a tiempo completo, ya ha sido explorado en otras muchas ocasiones. De hecho, hay ejemplos recientes tanto en la literatura, con el excelente Desde la sombra, de Juan José Millas, como en el cine, con la impactante Mientras duermes, protagonizada por el siempre impecable Luis Tosar. Sin embargo, lo que hace especial a esta novela es la enfermiza personalidad de su protagonista, no solo de cara a Irina, la joven paraguaya de la que se queda prendado, sino hacia toda la sociedad. Es el claro ejemplo de un misántropo, un personaje completamente asocial que no siente ningún tipo de empatía hacia el resto de seres humanos, que tan solo parece echar en falta a su fallecida hermana y que se mueve por sus instintos más básicos. Y ese rencor hacia el resto de los mortales, que se focaliza especialmente hacia los extranjeros, hace más irónica aún su pasión enloquecida por la chica y su dependencia de otros foráneos.

En su relato a su hermana perdida, a modo de diario, el protagonista da rienda suelta a sus pensamientos, casi siempre políticamente incorrectos, a sus sentimientos, casi siempre impuros y a sus actos, casi siempre incomprensibles. A través de pequeños fragmentos, uno por cada día, va contando como de forma paulatina pasa a inmiscuirse cada vez más en la vida de Irina y de su familia. A medida que avanza el relato su obsesión por ella se vuelve cada vez más patente: el protagonista comienza a vivir en torno a ella y a traspasar todos los límites morales y legales posibles. Por culpa de esta obsesión pasa a convertirse, sin quererlo, en el narrador de su vida, en un espectador privilegiado de una existencia más bien miserable y mundana, pero que a él le fascina.

Con esta breve historia, cuyo final es de los que impactan y obligan a releer unas cuantas páginas para poder aceptarlo, Antonio Ungar chapotea entre dos oscuros lodazales: la locura y la xenofobia. Esta última no deja de ser en sí misma un tipo de trastorno, pero desgraciadamente ha acabado volviéndose tan corriente —e incluso popular— que tan solo las frases más repulsivas del protagonista de Mírame llegan a provocar sorpresa. Y esto sí que es algo en lo que convendría que nos fijásemos cada poco tiempo, para evitar que nos veamos arrastrados a lo que es ya un mal endémico.

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Pólvora mojada, de Isabel Kreitz y Konrad Lorenz

Pólvora mojada

Pólvora mojadaSi nuestros abuelos tuvieron que espabilarse como pudieron para sobrevivir en los años de posguerra, si hubo un éxodo del campo a la gran urbe que cambió para siempre nuestra sociedad, si el extrarradio de nuestras ciudades crió leyendas como el Vaquilla o el Torete, y si los que crecimos en los 80 nos curtimos en barrios de quinquis, conciertos heavies y bares musicales, explíqueme alguien por qué en nuestra lengua no existe un adjetivo con la misma carga semántica que tiene en inglés la palabra streetwise, que viene a querer decir, pues eso, alguien que sabe en qué kiosco te dan más regaliz por un duro o a partir de qué hora no conviene entrar en esos futbolines.

Un niño necesitaba tener sabiduría callejera, por llamarlo de alguna forma, para sobrevivir en el Hamburgo de posguerra, una ciudad devastada por los bombardeos aliados, donde escasea la comida, abundan las ratas y en cualquier esquina se puede ver a mujeres ofreciendo sus servicios. La guerra se ha llevado a los hombres, y los pocos que regresan lo hacen tullidos, desfigurados o con un trastorno psicológico que dificulta su reintegración en la sociedad. Pero los niños, niños son, y que mamá tenga que dedicarse al trapicheo para poder traer dos patatas a casa poco importa mientras tengamos nuestras calles, nuestras peleas, nuestros cromos y nuestra calenturienta imaginación, que para esos somos sabios callejeros.

Con un trazo a un tiempo minucioso y desenfadado, y con un uso magistral del carboncillo, Isabel Kreitz, alemana y de Hamburgo, para más señas, nos ofrece una historia que en su primera parte, como suele suceder con las memorias de infancia, está llena a partes iguales de magia y crudeza, mientras en su segunda parte, como suele suceder con las memorias de adolescencia, la magia se esfuma y nos deja con una sonrisa lela en la cara. Pólvora mojada, adaptación de las memorias del autor alemán Konrad Lorenz, se centra en las andanzas de Kalle, un niño que apenas recuerda a su padre, desaparecido en la guerra, y que vive con su madre y su abuela. La ausencia del padre poco afecta a nuestro héroe, cuyas preocupaciones se centran en lo que traiga el día, que puede ser un tebeo, un espectáculo de lucha o una nueva revelación sobre la anatomía femenina. Y en ésas andamos cuando se presenta el padre, que vuelve a casa sin palabras, derrotado y con una obsesión  por los estantes.

La aparición de un padre al que no conocemos no es fácil para nadie, pero en San Pauli, el barrio revolucionario y vicioso por excelencia de Hamburgo, esa tragedia familiar empequeñece ante el espectáculo de la vida. No cabe duda de que, tanto o más que los recuerdos de infancia y del paso a la adolescencia, con Pólvora mojada Lorenz y Kreitz han querido rendir homenaje a ese barrio fascinante, retratado hasta la última baldosa, por el que, en aquellos años de posguerra, se paseaba Louis Armstrong; donde, un par de décadas más tarde, empezaron a darse a conocer cuatro chicos de Liverpool, y por cuyas calles uno puede elegir entre los escaparates de prostitutas de la Herbertstrasse y ver al Manazas reventar una rata estrellándola contra la pared.

Quizá los momentos que marcan nuestra vida no son los que pensamos que deberían ser, o quizá nuestra memoria es algo torpe al escoger los recuerdos. El retorno del padre ocupa mucho menos en las páginas de esta impresionante novela gráfica que, por ejemplo, el baile que conduce a Kalle a su primer polvo, o que la gran decepción que se lleva tras sus encuentros con el Señor Estrangulador. La infancia es muchas veces así, una decepción tras otra con algún caramelillo por en medio, preparación imprescindible para los desencantos venideros. Pero por muy sórdido o duro que pudiera ser antaño ese tránsito de la infancia a la adolescencia, la pólvora que se moja siempre acaba secándose. Con ella escribió Lorenz estas memorias, tan suyas y tan universales, que el lápiz de Isabel Kreitz ha convertido en una obra extraordinaria.

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Cuatro cuentos, de Liniers

Cuatro cuentos

Cuatro cuentosYa os he confesado alguna que otra vez mi predilección por Liniers. Lleva años acompañándome con sus tiras y sus personajes y sacándome mil sonrisas con sus historias. ¿Cómo no voy a quererle, eh? Eso de que para conquistar a una persona es muy necesario hacerla reír es totalmente cierto en este caso. A mí Liniers ya me tiene ganada, artísticamente hablando, desde hace mucho con su humor.

El último libro suyo que reseñé aquí fue Cosas que te pasan si estás vivo, publicado por Anagrama. En esta ocasión, Anagrama vuelve a contar con el dibujante argentino para su colección Contraseñas ilustradas con este maravilloso libro titulado Cuatro cuentos.

Sí, la pista es muy clara. En este librito Liniers nos ofrece cuatro cuentos inspirados en cuatro musas: Edward Gorey, Shel Silverstein, Tom Waits y Alfonsina Storni. Casi nada, ¿eh? Con semejantes inspiraciones normal que saliese un libro tan redondo como éste. Eso y la propia imaginación de Liniers, que también vale oro.

El primero de estos cuentos es Abajópolis, un cuento con rimas que nos presenta al señor Sombrero, quien, con el nuevo dinero que ha ganado decide emprender un viaje a Abajópolis. Todo será muy diferente allá abajo, como podéis imaginar. Una historia súper divertida y muy surrealista la que vive señor Sombrero por esos pagos. Muy en la línea de Liniers y su humor absurdo.

El secundo cuento, titulado Los peligros de caerse para arriba, Liniers vuelve a hacer gala de ese humor tan hilarante y extraño. ¿Imagináis lo que debe ser caerse para arriba? Pues no tenéis ni idea, ya os lo digo yo. Y mucho menos se os ocurriría pensar en toparos con Willy Fog en un su globo aerostático. Estas cosas solo pueden ocurrírsele a Liniers.

El tercer cuento es El inquilino y trata de un extraño ser que habita con la familia Manutius sin que estos puedan hacer nada. Pero el inquilino, aunque tiene sus cosas, es un ser agradable. A pesar de sus extrañas costumbres como pasarse la tarde entera leyendo etiquetas de mermelada. Sí, es un inquilino de lo más peculiar. Divertido, como todos esos personajes que salen de la imaginación de Liniers.

El último cuento es mi favorito porque me toca especialmente la patata. Dedicado a Alfonsina Storni, El viaje es un precioso homenaje a la maravillosa poeta. Un cuento lleno de poesía, delicado y tan dulce que dan ganas de perderse dentro de él.

Liniers es magia, ¿lo sabíais? Este tipo tiene un maravilloso don y Cuatro cuentos no es más que otra demostración de las maravillas que puede crear. Ojalá que no pare nunca. Queremos tanto a Liniers.

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El corazón de Júpiter, de Ledicia Costas

El corazón de Júpiter

El corazón de JúpiterEste libro de la colección infantil y juvenil de Anaya es uno de esos libros que se quedan dentro de ti durante mucho tiempo. De hecho, hace un par de semanas que lo acabé y de vez en cuando todavía me acuerdo de él. Eso es lo que hacen los buenos libros, ¿no? Quedarse dentro de nosotros, acompañarnos durante días y hacernos pensar. Y es que hay algo en él que me ha trastocado, por así decirlo. Supongo que es porque esperaba otra cosa de él. Ya sabéis, las películas que nos montamos a veces cuando leemos un título y vemos su portada. A mí deberían haberme dado ya varios Oscars. El caso es que El corazón de Júpiter ha resultado ser más de lo que esperaba. O al menos me ha hecho pensar más de lo que yo creía. Y eso está genialmente genial.

Isla es una adolescente que cambia de ciudad con sus padres. En su nuevo lugar, Isla tendrá que empezar de cero: nueva casa, nuevo instituto y nuevos amigos. Un rollo. Y más cuando eres un adolescente y tus padres te obligan a mudarte sin que tú puedas opinar nada al respecto. Seguro que a más de uno os suena esa situación.

Dentro de lo que cabe, Isla no lo lleva tan mal. Y eso que no ha empezado con un buen pie. Conocer desde el primer día a Carballo supondrá un punto de inflexión en su nueva vida. Y es que este problemático adolescente y su grupo de amiguitos se dedicarán a hacerle la vida imposible en su nuevo destino. Menos mal que conoce a Mar en el instituto. Una chica encantadora que será su nueva mejor amiga y que estará siempre a su lado para plantar cara a esos idiotas que pretender hacerle daño.

Pero, sobre todo, lo más maravilloso que tiene Isla es su telescopio y el universo. En él pasará las horas evadiéndose de la realidad y de sus problemas. Gracias a esta pasión Isla conocerá a Júpiter, un chico maravilloso que siente la misma fascinación que ella por el universo. La única pega es que Casiopea (así es como Isla se hace llamar en los foros de astronomía) solo conoce a Júpiter por chat. Nunca se han visto ni se han tocado, pero ella sabe que él es su gran amor y que la conexión que existe entre ellos es auténtica.

Por eso júpiter le sirve de consuelo. A pesar de que los otros se empeñen en amargar su nueva vida, Júpiter siempre estará allí, al otro lado de Internet, dispuesto a escucharla y aconsejarla. Isla llega a obsesionarse con él, pues está convencida de que tienen una auténtica conexión y no parará hasta que Júpiter acceda a encontrarse con ella. Pero eso sólo ocurrirá la madrugada del 24 de junio y hasta entonces aún quedan muchas historias por vivir.

Pensé que El corazón de Júpiter iba a ser un libro más light, que no me haría reflexionar tanto. Pero este es un libro de esos que, como os he dicho, se quedan dentro de nosotros y nos hace volver a él. Y es que, aunque el amor y la amistad sean los dos temas principales, también hay en sus páginas otros temas como el acoso, las ilusiones y las relaciones por Internet que llegan más adentro. Desde luego que es un libro que recomendaría a los adolescentes, pues es una buena forma de tratar todos estos temas a través de la literatura. Un libro duro y emotivo que tiene mucho que ofrecernos.

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J+K, de Jhon Pham

J+K

J+KEste libro es arte, lectores. Se mire por donde se mire todo en él es arte. J+K ha resultado ganador del premio internacional Puchi Award, creado por La casa encendida y Fulgencio Pimentel. El objetivo de este premio es reconocer las “propuestas de libro más libres, brillantes y renovadoras, sin renunciar a ningún género, centrándose únicamente en su osadía y su vinculación con los distintos lenguajes del presente”.

Su autor es John Pham, un artista underground vietnamita que es hoy en día bastante conocido en el mundillo. Él mismo publicaba su  propia revista, llamada Epoxy, y Fantagraphics Books publicó su primera serie de cómics titulada Subflife. J+K es su primer libro y la edición no podría ser más perfecta. Una preciosidad que además incluye un montón de detalles como pegatinas y un disco de vinilo de cinco pulgadas. Sin duda, una edición de lujo la que ha publicado la editorial Fulgencio Pimentel para este cómic.

Pero no todo es fachada, ¿eh? No os vayáis a pensar. Abrir las páginas de este libro es todo un viaje sensorial. Y es que este libro casi se disfruta con los cinco sentidos. Con esos colores tan fosforescentes y esos dibujos con un sello tan propio, J+K es también un libro muy divertido. Las protagonistas son dos amigas huérfanas y todo lo que rodea a esta historia está impregnado de esa cultura popular y teenager que hacen tan atractivo a este cómic. El diseño de los personajes es brillante y es realmente fácil conectar con estas dos chicas en sus divertidas aventuras. Sí, con J+K os lo vais a pasar genial. Todas esas referencias culturales de las que os hablaba (videojuegos, cómics, canciones) os van a sacar más de una sonrisa.

Pero detrás de todo este halo tan teenager y de cultura pop hay mucha verdad también en este libro. En él también se habla de la marginación, la emancipación y, sobre todo, de la amistad. Tratados estos temas con una sensibilidad excepcional, como la que destila el propio libro. Todos hemos pasado por ahí. Aquello de buscar trabajo y no encontrar más que empleos mal remunerados, la resaca tras una fiesta que ha servido como excusa para olvidarnos de todos y de todo. Seguro que os suena, ¿verdad?

Para que os hagáis una idea, en la página de la editorial Fulgencio Pimentel podéis ver un vídeo de cómo es J+K. Os recomiendo que lo veáis porque todo lo que yo haya podido decir de este libro se queda corto. Podéis verlo aquí.

No sé qué más tendría que decir para convenceros de que este libro es una auténtica joya. Un cómic de lujo por dentro y por fuera, una aventura para nuestros sentidos que nos hará pensar. Desde luego que J+K es un digno merecedor  del premio Puchi Award y de todos los premios que le den.

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Carta abierta a los animales, de Frédéric Lenoir

Carta abierta a los animales

Carta abierta a los animalesEste libro es una carta preciosa dirigida a los animales, pero también a los que no se creen superiores a ellos. Afortunadamente, yo me encuentro en ese grupo. Siento un amor incondicional por los animales (sí, todos) y no sé quién coño nos creemos que somos a veces para tratarlos tan mal. Supongo que es eso… la mayoría de la gente se piensa que son superiores y eso les da el derecho de hacer con ellos lo que les da la gana.

A esas personas les obligaría a leer este libro. Me encantaría que todos abriésemos más los ojos y entendiésemos mejor la relación que nos une con el resto de especies que habitan en este planeta. Que por cierto, también nos pensamos que es solo nuestro.

Se trata, como dice el autor, de mostrar humanidad. Y la humanidad no es simplemente respetar a los otros seres humanos, sino también a todos los seres vivos. Tan humanos que somos y lo que nos cuesta entender esto, ¿verdad? Será que al final nuestra superioridad moral no nos vale para tanto si no sabemos usarla.

No me extraña que Carta abierta a los animales haya sido todo un éxito de ventas en países como Francia. Su autor, Frédéreric Lenoir, filósofo, sociólogo e historiador de religiones es fundador de la asociación Ensemble pour les animaux y cofundador de SEVE (Savoir être et vivre ensemble). Como veis, una persona totalmente comprometida con el respeto hacia los animales y el saber compartir este planeta con los demás seres que lo habitan en total armonía. Sí, ya sé que parece difícil, pero ojalá más gente fuese consciente de lo necesario que es vivir de esta manera.

Repleto de citas interesantes, Carta abierta a los animales hace un repaso a la historia de cómo el Homo Sapiens se hizo el dueño del mundo y el paso horrible de la domesticación a la explotación de nuestros compañeros. ¿Realmente somos tan distintos? Os sorprenderá saber que no, que a pesar de todas las maravillosas peculiaridades hay mucho que compartimos.

Es cierto que algunos de los pasajes del libro son duros, no os voy a mentir. Si todo el mundo leyera el capítulo en el que el autor habla de los animales que pasan sus días siendo cebados y maltratados para luego convertirse en alimento estoy segura de que el consumo de carne y de alimentos provenientes de animales que han sido criados en dichas condiciones disminuiría significativamente. Ya sé que es difícil. Casi una utopía. Pero ojalá seamos conscientes de todo el maltrato y el daño que nuestros compañeros de planeta están recibiendo por nuestra parte. Desde luego que el homo sapiens es cada vez menos sapiens y más horrible.

Como os decía, este libro debería ser lectura obligatoria. Todos deberíamos leerlo desde pequeños para concienciarnos de la importancia del respeto que le debemos a los animales, nuestros compañeros. Una carta dura, emotiva y sincera que resulta totalmente necesaria.

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Todo comenzó un martes al atardecer, de Iván Portas

Todo comenzó un martes al atardecer

Todo comenzó un martes al atardecerIntento recordar cuál fue el momento en el que empecé a interesarme por las estrellas, pero me resulta imposible. Cuando vivía en Madrid, rodeada de asfalto y contaminación apenas me fijaba en ellas. Sabía que estaban ahí, pero muy pocas veces conseguía verlas. Por eso, cuando llegaba el verano y me iba al pueblo, lo único que deseaba era que cayera la noche para poder mirar por la ventana todas esas maravillosas estrellas. Y yo no entendía por qué entonces sí podía verlas y cuando estaba en Madrid, no. Por eso empecé a pensar que había algo más, que solo se veían las estrellas cuando el día siguiente iba a ser maravilloso. En Madrid esos días casi no existían porque la monotonía y la rutina ya se encargaban de que así fuera. Pero en cambio, la vida en el pueblo era muy diferente. Ahí sí que había días maravillosos. Y no fallaba: cuando había una noche estrellada, eso significaba que al día siguiente podría ir a la playa, o que podría ir al río sin que la lluvia lo arruinara todo, o que incluso podría montar en bici durante horas y horas.

Por eso, la noche de San Lorenzo era mi noche preferida del año. Esa noche de mediados de agosto ya era tradición poner la tienda de campaña en mitad de un prado bien lejos de cualquier farola. Dentro de esa tienda de campaña, cinco niñas pasaban la noche hablando, riendo, comiendo guarrerías y contando historias de terror. Pero, sobre todo, estaban pendientes de las estrellas, esas que pasaban deprisa ante sus ojos como un relámpago. Algunas decían que daba buena suerte pedir deseos cuando una estrella fugaz pasaba. Otras, como yo, disfrutaban de ese breve brillo y pensaban en el día tan increíble que estaba por llegar.

No sé si Andrea, la protagonista de Todo comenzó un martes al atardecer, pensaba lo mismo que yo cuando miraba el firmamento, pero sí que tenía ganas de ver esa lluvia de estrellas que se llevaba anunciando tiempo atrás en la televisión. Cansada de su trabajo, dejó todo para irse una buena temporada a Europa, aunque sus planes se vieron truncados cuando encontró un símbolo extraño en el despacho de su antiguo jefe. Aunque lo tenía todo planeado y realmente quería seguir con ello, no pudo evitar darle vueltas y vueltas al símbolo que había visto, así que decidió contactar con su primo Jose, que poseía un don innato para la tecnología gráfica, lo que le podría resultar de gran ayuda. Entre eso y unos cuantos contactos, consiguen averiguar que ese símbolo es el acrónimo cifrado de un proyecto muy gordo, de algo que, de llevarse a cabo, supondría un gran desastre para toda la humanidad. Y esa lluvia de estrellas, que Andrea espera con tanta ansia como yo esperaba cada año la de San Lorenzo, tiene que ver mucho más de lo que cualquiera de ellos se imagina.

Iván Portas nos trae una novela de acción, donde la protagonista es una mujer fuerte y valiente que tiene que aprender a la fuerza a valerse por sí misma. Andrea es un personaje que llega, que se entrega al lector. Nos muestra sus dudas, sus miedos, sus reticencias. Es sensible, pero también poderosa, como demuestra a lo largo de las páginas de esta obra. Seguida por su instinto y junto con Jose (su primo) y David (un ex soldado de operaciones especiales), demostrará al mundo que es mucho más que una mera ingeniera. Esto me ha gustado especialmente, ya que, aunque recibe ayuda, ella misma es una heroína. Además, su sensibilidad y su instinto son dos armas que le resultarán imprescindibles, pues habrá momentos en los que esas habilidades serán mucho más útiles que cualquier otra.

Y qué decir de David, un personaje que al principio aparece misterioso y del que no sabemos nada, pero que poco a poco se va dejando descubrir y del que es imposible no encariñarse. Me ha recordado un poco a estos súper hombres de película, así como Tom Cruise, que aparecen de la nada para ayudar a un chica en apuros y que aportan nociones de estrategia militar que son esenciales para resolver la trama. Es un personaje que me ha hecho mucha gracia, porque lo mismo coloca bombas por ahí, como te pilota un helicóptero. Un chico comodín que sabe hacer de todo.

Todo comenzó un martes al atardecer tiene un ritmo muy rápido. Desde el principio empiezan a pasar muchas cosas, sin dar casi tiempo al lector a familiarizarse con la historia o los personajes. Eso me ha gustado, porque me ha hecho darme cuenta de la trama a la vez que la propia Andrea lo hacía. Hay veces en las que me parece que los personajes van mucho más avanzados que yo, como que yo voy por detrás de ellos y me doy cuenta tarde de las cosas. Pero en este caso, al no ser una novela que tenga un principio pausado y descriptivo (como suele pasar), todo va tan acelerado que al lector no le queda más remedio que ponerse al día enseguida. Eso ha sido precisamente lo que hizo que me leyera más de la primera mitad del libro del tirón.

Es verdad que he leído poco de este género, pero lo que leo me gusta. Me ha recordado un tanto a Inferno, de Dan Brown, por el estilo de la trama, aunque los métodos que usan sendos protagonistas para resolver la historia nada tienen que ver. Recordemos que Robert Langdon usa sus conocimientos de historia y arte y Andrea, Jose y David optan por un conocimiento más tecnológico. Pero sí, ese ritmo acelerado, las conspiraciones, el ingenio que tienen que tener los protagonistas, los malos que aparecen de la nada y que son más que insistentes, han hecho que en ocasiones me acordara del estilo de Dan Brown. Me estoy planteando leer más de este género, porque realmente he disfrutado muchísimo con el libro.

Iván Portas demuestra que es un gran apasionado del género. Su profesión, ingeniero industrial y su interés por el emprendimiento tecnológico hacen que la historia esté muy bien atada. Nos da un marco perfectamente definido y desarrolla mucho el aspecto tecnológico que impregna toda la novela. Se nota que no cuenta la historia por contar, sino que hay un gran trabajo de documentación detrás que hace que la historia esté perfectamente hilada y que todo tenga sentido.

Yo sigo con mi teoría de que los días que preceden a una noche estrellada son los mejores días que uno se pueda encontrar. Aunque también es cierto que en las noches en las que no hay estrellas, mi plan suele ser acurrucarme en el sofá con un buen libro, como este, esperando a que caiga una tromba de agua. Y, yo me pregunto, ¿hay algo más maravilloso que eso?

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Castaños en Ipeva, de Pedro Ignacio Jiménez

Castaños en Ipeva

Castaños en IpevaHace unos días conocí a un chico por Wallapop, esa página de venta de segunda mano que está tan de moda ahora. Yo andaba buscando un libro de Murakami que no fuera de bolsillo y que no me costara un dineral. Y él lo tenía. Empezamos a hablar y a intercambiar opiniones sobre nuestros escritores y libros favoritos y de ahí pasamos al cine. Yo le recomendé mis películas favoritas (que, por cierto, ya había visto) y él hizo lo mismo conmigo. Gracias a él he descubierto películas increíbles, pero una de las que más me ha gustado es Hacia rutas salvajes. Ya no solamente por lo bien dirigida que está, ni por la increíble fotografía que tiene. Fue la historia del protagonista, Alexander Supertramp, la que hizo que no pudiera apartar mis ojos de la película. Esa aventura que él solo emprende y que le lleva a conocer a tantas personas peculiares que tienen algo que contar, me fascinó.

Y quizás haya sido eso lo que me ha hecho sonreír mientras leía Castaños en Ipeva, la primera novela de Pedro Ignacio Jiménez, el acordarme casi todo el tiempo de Alexander, al que en un par de horas que duraba la película, cogí un tremendo cariño.

Pero esta novela no va de Alexander Supertramp, para nada. El protagonista es Pablo Lima, que al igual que el chico de la película que os comentaba, es todo un superviviente. Siendo muy jovencito una epidemia invade el pueblo en el que vive. Toda la aldea sucumbe ante esa extraña enfermedad siendo Pablo la única persona que consigue resistir a ella. Se queda solo, cuando todavía no tiene ni idea de qué va la vida. Le suena haber escuchado que un tío suyo se fue de la aldea muchos años atrás, así que él decide emprender la marcha para encontrar al único pariente que, en teoría, sigue vivo.

Pablo Lima entonces comenzará una cruzada a través de muchos escenarios diferentes en los que se enfrentará a algo más temeroso que un monstruo: su capacidad para seguir adelante. Lo más bonito de ese viaje, sin duda, es la gente a la que conoce. En cada capítulo encontraremos a personajes diferentes que tendrán muchas cosas que contar a Pablo. Y desde luego, no son personajes al uso, ya que el excentricismo y las rarezas están servidas. En concreto, el capítulo del hombre desnudo (no contaré más) me hizo reír una barbaridad.

Y es que en este libro encontramos de todo un poco. Encontramos el drama de un niño que ve cómo su familia muere ante sus ojos, la risa de conocer a esos personajes hilarantes y extraños, las aventuras de atravesar él solo lugares tan inhóspitos como un desierto o incluso intriga por saber qué será lo próximo que Pablo se encontrará en el camino.

Se podría decir que Pedro Ignacio Jiménez recupera el realismo mágico para acercarnos a las historias de Márquez o Rulfo. Tiene reminiscencias de esos autores en la medida en que nos plantea un escenario que podría ser cotidiano y en el que empiezan a aparecer elementos fantásticos, pero todo con mucha naturalidad. Por ejemplo, lo del hombre desnudo: Pablo se lo encuentra en mitad de la nada y Pedro Ignacio Jiménez tiene la facilidad de describir esa escena como si fuera lo más habitual del  mundo. De eso se trata, de dar al lector cosas asombrosas pero sin pretender que sea así. Eso es lo que más me ha gustado del libro.

Antes de hacer la reseña, me he metido un poco en Internet para leer sobre la vida del escritor y me he topado con una entrevista suya. En ella, el autor gaditano reconoce que empezó el libro por el final, escribiendo los tres últimos capítulos. Y que después, ya teniendo claro el final, comenzó a desarrollar el resto de la historia. También comenta que hizo un gran trabajo de documentación y eso se nota en cuanto lees un par de capítulos que se desarrollan en escenarios diferentes. Si no hubiera hecho esa labor de documentación (que dice, además, le encantó), los escenarios se hubieran vuelto planos y el lector no llegaría a tener esa sensación de ir acompañando a Pablo Lima a través de su odisea.

También leí que le preocupaba mucho el tema de los diálogos, que no quería que sonaran forzados.  Es curioso, porque eso es algo en lo que yo me fijo mucho. Me gusta que los comentarios sean naturales, que parezca de verdad que esa persona está hablando así y que no suene como un cuento infantil en el que los diálogos parecen estudiados de más llegando a resultar artificiales. Pero en el caso de Castaños en Ipeva, os puedo asegurar que esto no sucede. Los diálogos son fluidos y en ningún momento el lector tiene esa sensación de afectación. Son naturales, como el resto de la historia. Quizás eso es lo que ha llevado a esta novela a ganar el premio del I concurso de novela de tucoahliterario.com, no lo sé. Se me ocurren muchas cosas por las que podría haber quedado en primera posición, pero me da a mí que esta es la acertada. Y para muestra, os dejo aquí un fragmento de un trozo de la narración que resume la esencia del libro y que me encantó cuando lo leí:

“Otra vez el camino, una vez más el desierto, el calor, la polvareda, y otra vez la soledad, el silencio y la utopía. Una vez más las hogueras, las dudas, los recuerdos, y de nuevo, la vida en un alambre. Esta vez, de lo único que Pablo Lima estaba seguro, era de que no le pondría nombre a su caballo”.

El único defecto que le he visto es que la novela necesita un repaso de la corrección. He encontrado alguna falta que otra y eso ha hecho que, en algún momento, mi lectura se viera interrumpida. Pero mejorando eso en las siguientes ediciones, estaremos ante una novela redonda.

Y por último, y ya para terminar de analizar todos los puntos que me parecían importantes, tenemos al propio Pablo Lima, un personaje que va creciendo poco a poco delante de los ojos del lector. Sin apenas darnos cuenta, el niño ya no es tan niño. Y el lector le acompaña en silencio a través de sus andanzas y pensando para sí: “ojalá lo consiga”. Exactamente lo mismo que me pasó mientras veía Hacia rutas salvajes. De verdad quería que lo consiguiera, y más después de todas las cosas que tuvo que afrontar para llegar hasta ahí.

Me gustan los libros en los que se me permite implicarme, en los que estoy leyendo y parece que fuera yo la que está en la piel del protagonista. No me gusta ser una mera espectadora, quiero vivirlo. Para eso leo. Y gracias a Pedro Ignacio Jiménez he conocido lugares fantásticos y he vivido una aventura increíble usando solamente un libro como instrumento.

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Family Office: El mundo de la familia y los negocios al desnudo, de Robert Villesdin

Voy a confesar públicamente un secreto: soy una persona con muchísima curiosidad, me encanta saber lo que ocurre a mi alrededor, lo que hacen mis familiares, amigos, vecinos e incluso desconocidos. Algunos dirán que soy un cotilla o incluso una maruja, y probablemente tengan razón. A mí, si me dieran la posibilidad de ver lo que hace cada uno en sus casas, en sus trabajos, me pasaría el día espiándolos.

Pero tampoco me gusta llevar las cosas al extremo (por suerte, tengo una vida propia y disfruto viviéndola sin necesidad de meterme mucho en la de los demás), aunque eso sí, me lo paso genial cuando me llega un libro que me permite sentir esa sensación de voyeurismo, de estar entrando en casas ajenas y ver lo que piensan, hacen, sienten y dicen un grupo de personas.

En este caso he podido meterme de lleno en Family Office. Una familia adinerada, en la que los padres, ya mayores, han creado una fortuna a base de trabajo y esfuerzo, y los tres hijos han crecido en la abundancia y ahora, en su madurez, participan activamente en los negocios familiares, cada uno con sus características personales.

Me he sentido atraído por la historia desde el principio, ya que el libro nos permite adentrarnos en un estilo de vida lleno de opulencia, riqueza, hoteles y restaurantes caros, prostitutas de lujo y ambientes sórdidos en los que se practican actividades sexuales de lo más variadas. La mayor parte del libro está narrada desde el punto de vista de Modesto, el abogado de la familia, que participa de las actividades empresariales y personales, pero que aporta cierta distancia para retratar la escena con mayor nitidez.

Family Office, de Robert Villesdin es casi un documental sobre los nuevos ricos, sus problemas familiares y laborales, sus preocupaciones, su gestión del dinero y de las emociones. Aunque la diferencia psicosocial que puedo tener con los protagonistas del libro es abismal, entiendo que para ellos sus problemas son igual de graves que para mí los míos, aunque la diferencia en la cuenta de gastos sea de muchos ceros.

El libro también profundiza en la situación del país antes y durante la crisis inmobiliaria, y da pinceladas de teoría económica y política que creo que son importantes recordar. Las múltiples voces que hay en el libro aportan puntos de vista distintos, lo que a mí me ha hecho querer a algunos y odiar a otros, aunque esto también va cambiando según pasan las páginas y pese a que me cuesta mucho identificarme con ninguno de ellos: El padre ricachón pero con pocos modales, la madre que, después de haber actuado toda su vida de una manera se arrepiente, el hijo mayor que es un déspota con sus hermanos, que solo piensa en derrochar y vivir la vida gastando; el hijo mediano que ha sufrido mucho y que solo quiere vengarse de todo y de todos, y la hija menor, amante de la vida tranquila, las compras y los placeres carnales.

Sin embargo sí que me ha interesado especialmente conocer a Modesto, en mi opinión el principal protagonista del libro, y su progresión en la historia se me ha hecho divertida. No haré espoilers, pero creo que el abogado de la familia es el único que aprende de las experiencias que va viviendo, y sus movimientos personales y laborales crean un condimento muy apetecible para este libro.

En definitiva, Robert Villesdin ha creado para nosotros un buen libro en el que se entremezclan negocios, placer, viajes, dinero y familia, pero sobre todo, con una trama de negociaciones, alianzas, pactos y traiciones que te mantendrá en cautividad entre sus páginas.

 

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El harén del Tibidabo, de Andreu Martín

El harén del Tibidabo

El harén del TibidaboEl catálogo de la editorial Alrevés puede presumir de contar con muchos de los mejores escritores de novela negra en español. Y a esta plantilla de “galácticos” se une ahora Andreu Martín, que lleva desde finales de los años 70 cultivando este formato, dentro de su extensa bibliografía. Tantos años de incansable trabajo le han convertido en todo un maestro del noir español, cargo que le otorga tanto la crítica como los propios escritores de dicho género.

El harén del Tibidabo nos traslada a los pies de esta montaña barcelonesa para conocer toda una institución en la Ciudad Condal, un prostíbulo de lujo cuyo origen se remonta a los tiempos del Franquismo. Este templo de lujuria y placer parece tener un ecosistema propio. Sus salas temáticas, sus ritmos de vida entre las trabajadoras y el buen trato hacia el cliente parece formar un engranaje perfecto a los mandos de su peculiar dueño, Mili (Emilio) Santamarta. Mili vive encerrado dentro de su burdel desde el día en que su madre, la anterior dueña, le abandonara a él (y a su empresa) sin razón aparente. Pero diez años después, esa reclusión se rompe tras aparecer muerta su progenitora con dos disparos en la nuca, acto que le valdrá a nuestro protagonista para indagar más en el pasado de su madre, y averiguar el porqué de su terrible muerte.

Cuando uno disfruta o sufre con una de sus lecturas, los motivos pueden ser varios. En este caso, el motivo del disfrute tiene nombre y apellidos: Mili Santamarta. Andreu crea un personaje único, con una personalidad contundente y arrebatadora de la que he quedado fascinado. Cuanto más conoce uno de él, más atrapado se siente. Además, como en las buenas historias, la emoción, la trama, la acción y la intriga van de menos a más. Según se agranda el personaje de Mili, la novela va ganando en calidad, evidenciando el autor una maestría especial en el manejo de este tipo de historias.

Andreu Martín nos lleva dando tumbos junto a Mili por Barcelona buscando restos del pasado de su madre, que se vuelve más turbio cuanto más conocemos del mismo. ¿Ángel o diabla? Es difícil quedarse con uno de los dos perfiles para su hijo, cuya fe inquebrantable en su madre se tambalea. Además, tiene que lidiar también con una banda de proxenetas que quieren comprar el harén, aprovechando los momentos de zozobra de su dueño. Y mientras todo esto pasa, descubrimos una Barcelona oculta, clandestina. Una ciudad plagada de bandas satánicas, de templos de sadomasoquismo y de crueles mafias de explotación sexual. Nada que ver con la tranquila joya mediterránea visitada por millones de turistas.

La figura de Mili no es lo único que reseñar positivamente en la obra. El harén del Tibidabo también destaca por el lenguaje irónico y mordaz utilizado por Andreu. En sus páginas hay mucho humor (negro, como debe ser) y espacio también para la literatura de alto nivel. Y sirva como ejemplo el capítulo 34 de este libro, una obra maestra narrativa digna de admiración.

Satanismo, explotación sexual, sadomasoquismo, sangre, sexo y muertes, muchas muertes. Andreu Martín elige todos los ingredientes necesarios para hacer el noir perfecto. Y el resultado, de la mano de un gran Mili Santamarta, es más que sobresaliente.

César Malagón @malagonc

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