Publicado el

La vida a veces, de Carlos del Amor

La vida a veces

La vida a vecesEn los telediarios de TVE destaca por su particular manera de enfocar la noticia. Apenas tiene un minuto y medio para informar de aquello que tanto le gusta, pero es más que suficiente para que, mientras todos estamos pendientes de nuestro plato de comida y de discutir con algún familiar sobre la noticia anterior de política, o de violencia, o de fútbol, triada que denota prácticamente lo mismo, levantemos la mirada al escuchar su voz. Es una narración cercana, sencilla y poética. Y pausada; deja las palabras levitando como si esperase inspiración para las siguientes, pero en realidad, ya las tiene pensadas, tan solo deja que paseen por nuestra conciencia. Sus reportajes de cultura con su peculiar punto de mira son los que le han hecho distinguirse en los medios de comunicación. También es la voz de las retransmisiones de los Oscar y, según estoy observando, ya ha creado escuela en algún que otro periodista deportivo que, como él en sus orígenes, intenta culturizar y darle un toque más interesante al aburrido reportaje de deportes. Se trata del periodista Carlos del Amor, autor de, hasta ahora, tres novelas, El año sin verano (Espasa, 2015), Confabulación (Espasa, 2017) y su obra debut de la que voy a hablar La vida a veces.

El título lo extrajo de un poema de Gil de Biedma que incluye en la primera página. Propio de su estilo de narrador poético, su primera obra va a ofrecer su faceta más personal en cuanto a lo que mejor sabe hacer, contar historias. Pero no serán historias grandilocuentes, de gigantes figuras artísticas que nos han legado su creación, sino, y por recurrir a otra referencia literaria que tanto le gusta a él, va a abordar la intrahistoria que ya nos enseñó Unamuno, historias de personas invisibles de vidas tradicionales muy visibles. Los decorados, bien conocidos por todos, aeropuertos, cines, un autobús y personas cuyas vidas podrían ser la tuya y podría ser la mía. Y en ocasiones, por el cariño y mimo con el que escribe casi como si hablara de sus recuerdos de niñez, creo que también la suya. Son relatos de situaciones ordinarias de gente que, al pasar al papel y formar parte de un libro, se convierte en extraordinaria.

Destaca, para mi gusto, el relato «El cine». Como no podría ser de otra forma, Carlos del Amor ofrece su visión más romántica sobre el séptimo arte. La semejanza con la película de Guiseppe Tornatore Cinema Paradiso no es gratuita. Tanto en el film italiano como en el relato de Carlos, el amor (valga este calambur para jugar entre el sustantivo y su apellido) por el cine está patente en cada palabra. En Almedina, todos los domingos sus habitantes se visten de gala para ir juntos al cinematógrafo. Están deseando que llegue ese día para poder disfrutar del arte brujo que les hechiza durante la proyección. Clark Gable, Rita Hayworth o James Stewart visitaban Almedina a través de la pantalla que proyectaban los rollos de película que se encargaba de traer Jenaro desde un cine de la capital gracias a un amigo suyo que allí trabajaba y se los conseguía. Domingo a domingo, Jenaro partía con su furgoneta hacia la ciudad de Madrid en busca de nuevas películas. Mientras, todos los habitantes esperaban deseosos para poder disfrutar de otra sesión de cine. Puntual a su cita llegaba para proyectar Rebeca, Historias de Filadelfia o Gilda. Jaime, apenas un niño cuando Jenaro proyectaba esas películas, siempre quedaba petrificado por el embrujo de ese arte. Se preguntaba si realmente los personajes de las películas morían de verdad y si era así, cómo era posible verles después interpretando en otras películas.

Uno de los domingos, Jenaro trajo el semblante serio y la triste noticia a los habitantes de su pueblo: su amigo y distribuidor de películas había muerto y ya no podría conseguir traer más rollos. Los domingos perdieron su esencia, su vitalidad. La sala de cine fue convertida en otro local y dejaron de proyectarse películas en Almedina. Pero, ¿qué fue del pequeño Jaime?

Historias pequeñas de gente pequeña, que se van haciendo grandes a medida que pasan las páginas de este La vida a veces. Diferentes relatos en muy diversas situaciones que se leen casi con el timbre de su autor, como si fuera otro de sus reportajes del telediario. La vida a veces une realidad y ficción. Y a veces sucede eso, que la vida es tan poco y tan intensa. La vida a veces es la mayor de las aventuras.

[product sku= 9788467042139 ]
Publicado el

Mi negro pasado, de Laura Esquivel

Mi negro pasado

Mi negro pasadoComo agua para chocolate quizá sea el libro que más veces he leído y, sin duda, es uno de los que más han marcado mi vida, pues con él descubrí el realismo mágico, el género literario que más me apasiona. Adoro ese libro, su dulzura y sensualidad, sus personajes y esas escenas que se mueven entre los límites de la realidad y la fantasía. Por eso, cuando me enteré de que Laura Esquivel iba a publicar Mi negro pasado, la continuación de Como agua para chocolate, tras El diario de Tita, me emocioné. Y también me temí lo peor, para qué negarlo. Porque ya sabemos todos que las segundas (o terceras) partes no suelen gozar de buena fama y porque leer la continuación de un libro idolatrado tiene todas las papeletas para defraudarte.

Con esas emociones encontradas, comencé la lectura de Mi negro pasado, historia que nos cuenta las vicisitudes de María, tatarasobrina de Tita De la Garza, cuando da a luz a un niño negro y todo el mundo cree que ha sido infiel a su marido. Entre unas cosas y otras, acaba en la casa de su abuela Lucía, donde descubre que tiene antepasados negros y se reencuentra consigo misma y con las tradiciones de su cultura, esas que la vida moderna, poco a poco, ha hecho caer en el olvido.

No es necesario haber leído Como agua para chocolate para leer Mi negro pasado, pues tiene elementos de sobra para funcionar como historia independiente. Si yo la hubiera leído así, habría disfrutado de un libro ameno que se lee en un suspiro. Pero, de ese modo, no hubiese significado nada para mí. Los que han hecho que esta lectura sea especial son los constantes guiños a la historia original, a sus momentos más recordados, a sus entrañables protagonistas. Reconozco que con solo leer las primeras líneas de la novela y reconocer ese inicio que me sabía de memoria —y que de pequeña recitaba como un mantra simplemente porque así comenzaba la película que me hizo descubrir el libro—, se me encogió el corazón. Igual que con el resto de referencias, que me daban ganas de leer por enésima vez mi adorado Como agua para chocolate.

Tanto me he acordado de la primera parte gracias a este libro, que he echado en falta más realismo mágico, esos momentos y metáforas que tanto me fascinaron en aquel. En Mi negro pasado, solo aparecen en contadas ocasiones, de la mano de la abuela Lucía y su difunto marido, principalmente. Quizá haya sido un recurso más de Laura Esquivel para evidenciar el trasfondo de esta novela: cómo, en la actualidad, hemos perdido la conexión con las emociones y con el mundo que nos rodea (aunque no todo es crítica a las nuevas tecnologías, pues el libro tiene su propia playlist en Spotify).

Lo que sí hay en Mi negro pasado, al igual que en Como agua para chocolate, es un homenaje a la cocina mexicana, que se presenta como una forma de dialogar con el universo; a la alquimia del amor, ese sentimiento capaz de iluminar el pensamiento y mantener con vida a los que ya se han ido; y a la fuerza de las mujeres, que cargan con los prejuicios, miedos y culpas de su pasado, pero, aun así, luchan por su libertad y por el cambio.

Mi negro pasado no pasará a la historia de la literatura como su predecesora, ni ocupará los primeros puestos de mi ranking personal, pero ha sido un grato reencuentro con la familia De la Garza, a la que siempre llevaré en mi corazón.

[product sku= 9788491290292 ]
Publicado el

Lento, de Andrés Barrero

Lento

LentoYa sé que alguien vino antes y les habló de él, y como no podía ser de otra manera les habló muy bien, pero me consta que ni a Marta (mi querida compañera y gran reseñista) ni a ustedes, les importará que venga yo (otra vez) a hablarles de Lento, el último libro de Andrés Barrero. Y tenía que hacerlo por dos motivos, porque soy una adicta a sus interesantes reseñas y porque quedé encantada con aquel libro que un día les reseñé, Todo el mundo odia a Yoko Ono.

Me ha gustado muchísimo la edición y la portada es de lo más sugerente, reflejan perfectamente lo que luego vamos a encontrar dentro, entre sus páginas.

Hay un tercer motivo escondido, y es que dicen las malas lenguas, aunque yo diría “las buenas bocas”, que Andrés es un hombre de buen comer, y si en este libro se habla de comida seguro que había que estar al tanto de sus propuestas. Y ya les adelanto que el libro, una vez leído, se lo he pasado a mis familiares más directos para que también ellos se animen a ser creativos los domingos en la cocina.

Y es que verán, estamos ante un libro familiar en el que un padre y un hijo comparten su afición culinaria los domingos, momentos que aprovechan para compartir sus vidas y rutinas. A mí me ha recordado los domingos en casa de mis padres, pero allí es a lo grande, quiero decir que todo el que llega pasa directamente a la cocina, mi madre es la directora de orquesta, y los demás revoloteamos a su alrededor, somos sus pinches, ¡y eso que mi sobrino Sergio es cocinero profesional! Porque en casa de mis padres seguimos acudiendo todos los domingos a comer casi todos los que podemos, hijos, nietos y desde hace muy poquito ¡Biznieta! Nuestra querida Mireia.

Esto es también lo que transmite en su libro Andrés, el cariño por la familia, por su padre, naturalmente, pero en general se le nota el trasfondo de su cariño por y con casi todo. Así pues, también por la comida. Y es que creo que uno es como transmite su forma de cocinar, algo que muchas veces nos recuerda nuestra hija cuando dice eso de “este caldo está hecho con cariño”.

En casa cocinamos unas veces unos y otras veces otros, pero las más de las veces a mí me toca hacer la comida rápida, la de diario, la que se hace con menos cariño porque sus ingredientes principales son las prisas y el cansancio del trabajo. Pero los fines de semana intentamos hacer la comida con otros ingredientes, ya saben, descanso, tiempo, sonrisas o incluso risas y una buena conversación mientras picoteamos alguna cosa y tomamos alguna copa de buen vino, o incluso si es verano una cervecita bien fría.

Y luego están las conversaciones de cocina, que para nada se parecen a las de comedor y mucho menos a las de bar, trabajo, parque o Club de lectura. Son conversaciones familiares en las que no hay que poner en antecedentes porque ya todos conocemos de donde viene cualquiera de sus hilos y además sabemos de qué pie cojea cada cual. En las conversaciones de cocina la genética siempre suele hacerse presente. Porque no hay nada más genético y tradicional que la cocina, la manera de cocinar, lo olores que generamos con nuestros guisos, que aunque hayamos personalizado siguen en ellos los ingredientes y las formas de nuestros antepasados…

Así pues, no es de extrañar que el tema de los niños robados se les cuele a los Barrero en su cocina ¿Dónde si no? Ese espacio en el que las confidencias quedan disueltas entre los sabores como un ingrediente más.

Y sí, el libro gestiona bien los momentos, los temas, pero sobre todo gestiona a la perfección el cariño que necesariamente debe haber en la familia, lo que sostiene el día a día, por encima incluso del amor… ¿? Es un pensamiento que expreso no excesivamente reflexivo, pienso en mi familia, y sé que la quiero, o creo que la quiero, pero sin duda alguna puedo asegurar al cien por cien que nos tenemos cariño, porque eso lo veo en las miradas. Claro que por deformación profesional he de decir que hasta la fecha nunca nos hemos tenido que repartir ninguna herencia.

El tiempo dirá…

[product sku= 9788494751806 ]
Publicado el

Cuba, al otro lado del espejo, de José María Mellado

Cuba, al otro lado del espejo

Cuba, al otro lado del espejoMi pasión por la fotografía ya viene de largo. Desde que tengo memoria puedo verme con una cámara de fotos en las manos. Primero, la de mi padre, que, aunque intocable, alguna vez se convertía en mi juguete. Después, mi primera cámara propia, la que me regalaron por mi comunión. No os imagináis la cantidad de fotos que hice ese día. Muy ridículas todas, por supuesto, pero ahora las veo y se me escapa una sonrisa. Con los años he ido avanzando en este mundo, hasta ganar, a los diecisiete, un premio que se convocaba en Barcelona. Se llamaba “La bici en la ciudad”. Yo presenté una foto que había tomado el verano anterior en Inglaterra, mientras trabajaba como aupair. Fotografié al niño que cuidaba mientras volvíamos a casa en bici. Él en la suya, diminuta y yo unos metros por detrás en la mía. Esa instantánea, en blanco y negro, hizo que llegara a mi poder mi primera cámara de verdad, una Sony DSC H50, que ha sido mi fiel compañera durante muchos de los mejores momentos de mi vida. Sobre todo, el viaje a Kenya, donde me ayudó a tomar unas fotos de las que estoy orgullosísima. Estas Navidades le pedí a Papá Noel una nueva compañera y ahora es una Nikon D3300 la que vivirá junto a mí lo que me depara la vida, al menos en un futuro próximo.

Con esta pequeña biografía, dejando ver una faceta de mí que quizás antes no había mostrado, entenderéis por qué me ha hecho tanta ilusión que Anaya me hiciera llegar un ejemplar de las dos últimas obras de José María Mellado. Por una parte, Fotografías de alta calidad, mis mejores técnicas y consejos y Cuba, al otro lado del espejo, del que vengo a hablar hoy. El primer libro es una obra maestra para todo aquel que ame la fotografía. Es un manual que todos deberíamos tener en nuestra mesilla para poder echarle un vistazo de vez en cuando. En ese libro aprenderemos a utilizar aplicaciones que harán de nuestras fotografías verdaderas obras de arte.

Pero hablemos del otro libro, Cuba, al otro lado del espejo. Cuando llegó a mi casa… puf. Qué difícil es describir todo lo que me hizo sentir. Llegué de trabajar y el repartidor lo había dejado en casa de mi abuela. Me avisó por la ventana nada más verme (ventajas de vivir en un pueblo pequeño) y con las mismas subí para ver qué había llegado. Sin darme tiempo ni siquiera a quitarme el abrigo, ya lo había desempaquetado. Me quedé anonadada con lo que me encontré. Si seguís alguna de mis reseñas ya sabréis que amo viajar. Que podría dedicar todo el dinero que tengo a viajar sin medida y sin fronteras. Así que toparme con este libro, que es un viaje condensado en sus páginas, me teletransportó. Me llevó a un país en el que no he estado, pero que parece que ahora conozco a la perfección gracias a las fotografías tomadas por José María Mellado. Y es que este libro es eso: una recopilación de una serie de fotografías hechas en Cuba que dejan sin aliento. No solo retratan la cara más amable de la isla, los paisajes paradisiacos y los colores que todo lo atrapan. Sino que también nos muestra la cara más dura de la pobreza, de la supervivencia y del abandono que esas personas han tenido que sufrir durante muchísimos años.

Es un libro precioso. Para observar muy detenidamente, bebiendo da cada foto que encontramos. Las páginas son de muchísima calidad, convirtiéndose en un libro que durará toda la vida en nuestra biblioteca personal y al que será bonito acudir de vez en cuando.

Este libro mezcla dos de mis pasiones: la fotografía y los viajes. Será por eso que me ha conmovido tanto. Pero tiene un pequeño problema: desde que lo abrí por primera vez, no he podido evitar imaginarme a mí misma en las coloridas calles de Cuba con mi amiga Nikon intentado seguir todos los consejos que he aprendido de José María Mellado. Ojalá algún día se haga realidad. Mientras tanto, siempre me quedarán sus libros.

[product sku= 9788441538504 ]
Publicado el

Chesil beach, de Ian McEwan

Chesil beach

Chesil beachSon varias ya las generaciones que no viven su primera experiencia sexual con inocencia, sino con decepción. Hoy en día, teniendo un aparato en el bolsillo del pantalón que te provee de las respuestas a todo lo que puedas plantearte, ya pocas cosas las descubrimos de cero; como mucho, las comparamos con lo que ya habíamos visto, leído o escuchado. Por ese motivo, un relato como el de Chesil beach, en el que dos jóvenes se enfrentan a su primera vez en la década de los años sesenta, sin apenas información previa y con todas las dudas del mundo, causa tanta ternura en su planteamiento. Porque lo que Ian McEwan nos propone, al menos esa ha sido mi percepción durante la lectura, es un recordatorio de nuestra inocencia perdida.

Edward y Florence son novios desde hace años, pero jamás han tenido un contacto íntimo entre ellos o con otra persona. Él esperaba con ansia el día que ya ha llegado: su noche de bodas, el momento en el que pueden intimar sin cometer pecado alguno. Pero pese a tener consigo el visto bueno de Dios ella no parece tener interés alguno por la consumación de su amor; es más, le repugna completamente la idea, pero no sabe cómo evitar una situación de la que ya es realmente difícil escapar. Con el pretexto de la tensa espera al inicio de esta primera relación sexual McEwan va relatando la vida de los dos protagonistas, a partir de lo cual nos permite comprender que sus diferencias van bastante más allá de los mayores o menores deseos sexuales.

McEwan, uno de los mejores narradores de la literatura actual (opinión completamente personal, pero refrendada por muchos lectores), no está a su máximo nivel en ese aspecto en esta novela (otra opinión completamente personal, esta no sé si tan refrendada). A diferencia de otras obras, como en la reciente Cáscara de Nuez, en la que trabaja enormemente el desarrollo de la historia, en este caso es mucho más complicado abstraerse con el relato, dado que la narración, sin apenas diálogos, no acaba de funcionar como conjunto, aunque sí como idea y como partes separadas. De hecho, no deja de ser un relato con una gran cantidad de virtudes. La propia construcción de los personajes, con notables diferencias sociales e incluso intelectuales, es fácilmente asimilable por el lector, ya que todos hemos vivido esas diferencias en nuestras propias carnes. Además, algunos de los pequeños relatos que se insertan a modo de recuerdos de los protagonistas, como el de la madre de Florence, afectada de un daño cerebral y a la que toda su familia se esforzaba por hacer creer que ella seguía realizando las labores del hogar, consiguen visibilizar el nivel de McEwan como escritor.

Chesil beach, publicada por primera vez en 2007, es una novela que, como toda buena relación amorosa que se precie, va a rachas. Cuenta con momentos apasionantes y absorbentes y con otros mucho más monótonos y terrenales. Al fin y al cabo, no cuenta nada que no sepa todo el mundo ya, aunque su lectura hace que te plantees si verdaderamente está ahí la raíz, en el saberlo todo, de tantos fracasos y decepciones que uno acaba cargando sobre su espalda a medida que se enfrenta a la realidad.

[product sku= 9788433973368 ]
Publicado el

Moby Dick, de José Ramón Sánchez y Jesús Herrán Ceballos

Moby Dick

Moby DickRecuerdo que la primera vez que leí Moby Dick fue precisamente en un cómic. Eso sí, era un cómic adaptado para niños, pero un cómic al fin y al cabo. Lo leí porque durante la carrera, una profesora nos mandó traducir al portugués una colección de cuentos y cómics que tenía ella por casa. La mayoría de mis compañeras se pidieron las historias de princesas, tipo Cenicienta y La Bella y la Bestia. Yo, que nunca he tenido mucho de princesita, elegí Moby Dick porque me pareció lo menos ñoño. Eso sí, aún hay palabras de la traducción que no he podido olvidar, como ese maldito espiráculo. Si no sabéis qué es, lo buscáis y eso que os lleváis.

Con los años me atreví a leer el Moby Dick de Melville, sin dibujitos ni nada, como una valiente. Y me gustó. Siempre ha tenido algo esta historia del capitán Ahab y el enorme cachalote que me ha atraído. También he visto adaptaciones de cine, pero he de decir que como el libro nada.

Y aquí estoy, de nuevo con un cómic sobre Moby Dick. Para que veáis las vueltas que da la vida, ¿verdad? Eso sí, esta vez no tengo la obligación de traducirlo, solo de disfrutarlo.

José Ramón Sánchez, Premio Nacional de Ilustración 2014, es el encargado de esta maravilla de libro, todo un homenaje a la novela de Melville por la que el ilustrador siente una enorme admiración. Jesús Herrán Ceballos es quien ha adaptado el texto literario a las ilustraciones del artista cántabro. Además, las emotivas palabras de Daniel Sánchez Arévalo que aparecen en el epílogo ponen un broche perfecto a esta obra. Algo que yo no sabía es que José Ramón Sánchez es el padre del director Daniel Sánchez Arévalo y cómo no, del amor de estos dos artistas nacen palabras tan bonitas como estas:

“Aunque si he de ser sincero, a veces tengo ganas de que mi padre pare. Porque cada vez que da un paso, me pone el listón más alto. Nos lo pone a todos los creadores. Qué castigo, qué inspiración. Qué fantasma inasequible al desaliento, qué ejemplo. Qué miedo, qué motivación. Qué imposible, qué real. Qué ayer, hoy y mañana. Qué siempre. Qué maravilla celebrar cada nueva creación de mi padre. No, no quiero que acabe nunca. Sé que nunca acabará. No lo permitiré. No se lo permitirá. Intenté huir de él. Intenté cazarlo. Ahora solo quiero nadar junto a él. Nado junto a él”.

No os voy a contar ahora la historia de Moby Dick, porque seguro que la mayoría de vosotros ya la conocéis. Y si no, este libro es una maravillosa forma de acercarse a la gran obra de Melville. Lo que sí puedo contaros es que si os gusta esta fascinante historia, si os encantan los buenos cómics y las ilustraciones impecables de este artista, esta versión de Moby Dick os encantará. Este es uno de esos libros que es puro arte se mire por donde se mire, donde la pasión emana en cada una de sus páginas, de sus ilustraciones. Una auténtica joya.

[product sku= 9788494344596 ]
Publicado el

Equatoria, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Equatoria

Equatoria“Corto me enseñó a soñar con una existencia febril e incierta”, del prólogo de François Busnel

Siempre vuelvo a Corto Maltés, como a Harry Potter, los libros de Roald Dahl o las películas de Billy Wilder. Perdonadme aquellos no que compartáis mis referencias, son una extraña mezcla generacional, lo sé.

Pero volvamos a Corto. Una o dos veces al año, cojo uno de sus álbumes al azar y empiezo a leer. Normalmente empiezo de pie, delante de la estantería, y acabo sentada en el suelo, en la alfombra, o en el primer sitio que encuentre. He leído los álbumes de Hugo Pratt decenas de veces, pero no me los sé de memoria. Creo que en eso tiene algo que ver el característico caos artístico de Pratt, que empezaba a dibujar sin saber hacia dónde iban sus historias. Y, al menos en su caso, demuestra que a veces saber el final es lo de menos.

Por todo esto que os cuento, me hace tan feliz que Norma haya decidido, ya hace unos años, continuar la obra de Pratt de la mano de unos pesos pesados como son Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Así puedo ir sumando álbumes y tengo la ilusión de poder leer historias nuevas.

Hoy vengo a hablaros del último álbum de Corto Maltés que han creado Díaz Canales y Pellejero: Equatoria.

Esta nueva aventura se sitúa en la África colonial de 1910 y empieza con el marino en Venecia, con intención de regresar a Malta en busca del espejo del Preste Juan, un objeto del que se dice que tiene poderes mágicos. Pero el barco en el que viaja Corto no puede detenerse en la isla debido a una epidemia de cólera y sigue hasta Alejandría, donde la comunidad griega, a través de su amigo Cavafis, el poeta, le dará pistas sobre el lugar en el que se encuentra el espejo.

Por el camino, se cruza con la reportera Aïda (basada en Ida Treat), con la que tiene una escena memorable jugando a las cartas, y con Ferida Schnitzer, hija de un famoso explorador alemán que vuelve a África en busca de su padre desaparecido. Estos personajes femeninos, junto a la monja Lise, una antigua esclava africana de quien no sabemos el nombre hasta las últimas viñetas e incluso la isla de Malta, personificada como una silueta de mujer, llevan las riendas de la historia. Incluso llegan a arrebatarle el protagonismo a Corto, como hicieran, por otro lado, Pandora Groovesnore o Venexiana Stevenson en otros álbumes. La misteriosa africana, a la que encuentran en medio del mar (¿os suena?), es el personaje que me ha parecido más fascinante.

En Equatoria, como en todos los álbumes de Corto Maltés, viajamos. Nos trasladamos a Alejandría, Zanzíbar, el lago Victoria y el sur de Sudán, que perteneció, con el nombre de Equatoria, al Imperio Otomano. De ahí el nombre de álbum.

Antes de irme, querría hablaros del dibujo. En las entrevistas, Pellejero dice que ha creado su propio Corto, que no podía limitarse a imitar el dibujo de Pratt. Y no sabe cuánto me alegro de que haya sido así. Porque con sus lápices ha logrado crear una sensación de continuidad que siempre me sorprende. Cuando pones uno junto a otro La balada del mar salado, y Equatoria, ves que el personaje ha ido cambiando, ha evolucionado mucho a lo largo de sus cuarenta años de historia. Y no podía ser de otro modo. Corto sigue siendo Corto porque el marino ya es un personaje mítico, un amigo. Y, como ya os dije de Bajo el sol de medianoche, la capacidad que tienen Díaz Canales y Pellejero de continuar la línea de Pratt, tanto narrativa como gráficamente, sin renunciar a su estilo personal me parece alucinante.

Cuando, a lo largo de este año, coja alguno de los álbumes de Corto, recordaré con cariño mi lectura de Equatoria e incluso puede que desvíe un poco la mano del azar para acabar leyendo de nuevo esta última aventura del marinero maltés.

[product sku= 9788467928785 ]
Publicado el

Palabra de Lorca, de Rafael Inglada y Víctor Fernández

Palabra de Lorca

Palabra de LorcaNo se me ocurre una mejor manera de empezar esta reseña que recordando el primer libro que leí de este autor: Bodas de sangre. Y cómo, a partir de esta lectura, vinieron muchas otras más. Su particular forma de narrar la pasión, el amor, los celos, la envidia, la amistas, la familia… La España profunda de la Guerra Civil y la Posguerra. Cómo vivían las familias de a pie de aquella época, con sus problemas de dinero, la represión y la falta de libertad que se respiraba en casi todos los hogares españoles.

Siempre me ha parecido muy interesante y muy real todo lo que cuenta Lorca en todo lo que he leído, y que además llega a tu corazón de inmediato. No solo por pensar que eso es lo que seguramente sufrieron la mayoría de nuestros abuelos o bisabuelos, sino también porque esos sentimientos que tan bien refleja este famoso dramaturgo son exactamente los mismos que podemos experimentar nosotros mismos hoy en día.

Por eso, cuando supe que la editorial Malpaso iba a publicar Palabra de Lorca, la primera recopilación completa de sus entrevistas y declaraciones sin la censura que sufrieron años en el siglo pasado, incluso las que se realizaron después de su muerte, supe que tenía que ser mía. No solo por el hecho de profundizar en su obra y los aspectos que se desconocen, sino también por conocer a la persona que hay detrás de tanto talento. Y eso ha sido lo más interesante. Descubrir su talento a partir de los hechos que marcaron su vida, las declaraciones de las personas de su alrededor, que no solo decían que era un escritor brillante, sino también una persona maravillosa.

“Yo denuncio a toda la gente
Que ignora la otra mitad,
La mitad irredimible
Que levanta sus montes de cemento
Donde laten los corazones
De los animalitos que se olvidan
Y donde caeremos todos/en la última fiesta de los taladros.”

Escribe Lorca en uno de sus poemas. Y aquí ya podemos ver algún vestigio de su persona. Un hombre adelantado para su época, que solo ansiaba libertad y felicidad para todos, no solo para los suyos. Y así se demuestra en su obra. Y no todos los escritores son capaces de revelar tanto de sí mismos en aquello que escriben, y es algo que admiro demasiado de él.

Me ha encantado el trabajo que han realizado Rafael Inglada, Víctor Fernández y la editorial Malpaso. Este era un libro necesario para conocer a una de las figuras literarias más importantes del pasado año, y creo que ya se ha convertido en uno de mis imprescindibles. Muchas de las cosas que dice Lorca se han metido en mi interior. Me ha hecho sufrir y amar al mismo tiempo, al ser humano y a sus contradicciones, sus problemas y sus errores. ¡Qué grande habría sido poder conocerle en persona!

Palabra de Lorca no es solo un libro para los que aman a este increíble escritor al que tantos admiramos, sino que creo que también podría ser una bonita forma de que, aquellos que aún no hayan leído alguna de sus obras, empiecen a conocerle y a interesarse por su obra. Porque, que yo recuerde, y no es que sea profesora de Lengua y Literatura, jamás me mandaron ni uno de sus libros como lectura obligatoria cuando estaba en el colegio. Y no sé por qué, pero creo que si nos la hubieran mandado en la ESO (no creo que antes se pueda comprender a Lorca), muchos de los que odiaban leer se habrían interesado más por la Literatura española.

Porque Lorca escribe para vivir y contagia esas ansias de vivir a todos aquellos que leen alguno de sus libros. De conocer todos los aspectos que depara la vida y todo lo que tenemos a nuestro alrededor, la familia, los campos y las ciudades de España, sus gentes… Porque él amaba España, y aunque terminaron asesinándole simplemente por sus ideas y orientación sexual, estoy segura de que España le ama a él. Y como prueba, tenéis que leer este libro.

[product sku= 9788417081195 ]
Publicado el

Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojos

Detrás de sus ojosSecretos, secretos, secretos. La gente está llena a rebosar de secretos si te fijas bien

Hace unos días, la polifacética y todopoderosa, Oprah Winfrey, daba un discurso histórico delante de algunas de las personas más famosas de Hollywood en la la 75 edición de los Globos de Oro al recoger el premio Cecil B. de Mille. El discurso era un poderoso alegato contra el acoso y el racismo que mantuvo a miles de personas pegadas al asiento. En él, también hablaba sobre la fuerza y la importancia de la verdad: “de lo que estoy segura es de que decir la verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos”. La verdad, la mentira y lo que se encuentra entre ellas, los secretos, son armas poderosísimas que mueven nuestras vidas, e incluso, el mundo.

Cuando le confiesas un secreto a alguien, al principio te sientes genial, pero después se convierte en una carga, en un nudo en el estómago, porque sabes que has encerrado algo que no podrás volver a encerrar y que ahora otra persona es dueña de tu futuro. Por eso siempre he odiado los secretos: es imposible guardarlos.

Si digo que a los seres humanos nos atraen los secretos no estoy descubriendo América. Es un hecho. Nos encanta el morbo de lo desconocido, de lo oculto. Todos llevamos un pequeño Sherlock Holmes dentro que no puede resistirse ante un buen misterio. Cuando sabemos que alguien oculta algo, instantáneamente queremos descubrirlo y la realidad es que todos guardamos uno o varios secretos, ya sean más o menos candentes, por lo que el misterio nos rodea miremos a donde miremos. Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, es una buena muestra de ellos. La novela nos presenta a Louise, una madre divorciada que trabaja como secretaria en una clínica dental y que tiene una vida social casi nula. Una noche conoce a David en un bar y ambos se sienten irremediablemente atraídos, sin embargo, la cosa no va demasiado lejos ya que él se echa atrás en el último momento. Al día siguiente, Louise conoce a su nuevo jefe y no es otro que David que va acompañado de su bella mujer, Adele. Hasta aquí podría tratarse de una historia romántica de enredos más, pero una mañana Louise y Adele chocan en plena calle y comienzan una extraña amistad. A partir de ese momento, Louise se ira adentrando en terrenos pantanosos a medida que va intimando con el matrimonio y descubriendo sus más oscuros secretos.

Sarah Pinborough, nos introduce en una historia que atrapa de la primera a la última página y que, como las matrioshkas rusas, encierra un secreto dentro de otro que iremos descubriendo a través de la voz de las dos mujeres, Louise y Adele, y en dos momentos temporales, pasado y presente. Las dos protagonistas están tan logradas y sus voces tan diferenciadas, que llega un momento en el que podríamos saber cuando habla cada una aunque el libro no nos los especificara al empezar cada capítulo. Además, ambas son unos personajes tan complejos, carismáticos e interesantes, con sus luces y sus sombras, que se hace difícil tomar partido por ninguna de las dos.

Desde el momento en el que abrimos el libro nos vemos atrapados en una telarañara tan adictiva que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo acaba todo. Pinborough, lo consigue mediante una prosa ágil y sugerente que hace que el suspense se palpe a lo largo de todo la historia, a la vez que la sensación de inquietud e incomodidad que nos provoca el conocimiento de que algo malo va a pasar, va in crescendo.

Detrás de sus ojos navega entre varios géneros cogiendo características de todos ellos: de las novelas de misterio, las de terror, y las de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer algo complicado y confuso, la autora sale más que airosa de esta mezcla y consigue una obra perfectamente construida en la que cada palabra está milimétricamente pensada para llegar a un final de infarto que difícilmente nadie se espera y en el que absolutamente todo encaja. Así bien, sólo me queda quitarme el sombrero ante Sarah Pinborough por haber conseguido un libro tremendamente placentero, minucioso y redondo. ¡Chapó!

[product sku= 9788491046899 ]
Publicado el

El alma dividida, de Luciano Sívori

El alma dividida

El alma divididaSi dijera que El alma dividida, la segunda novela del escritor argentino Luciano Sívori, es una versión actualizada del famoso libro de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, simplificaría demasiado, aunque no sería del todo incorrecto. Y es que Alberto, de veintitrés años, el protagonista de esta historia, es quien se compara a sí mismo con esos personajes, porque hace ya tiempo que siente que se ha desdoblado en dos seres: por un lado, Alpha, una mezcla de actor y cantante que, por el momento, lleva el mando de su vida, y por otro, Beta, su lado más salvaje y violento, capaz de golpear a su padre hasta sumirlo en el coma.

A lo largo de las ciento setenta y dos páginas de esta novela, Alberto nos habla de los cuatro días que cambiaron su vida, según él: «la desgraciada historia de un muchacho perdido en las tinieblas, combatiendo a sus monstruos en busca de respuestas». Y lo más duro de todo lo que nos cuenta es que «esos monstruos vienen en todas las formas y colores (…). Muchas veces es la gente que se supone que debe protegernos. Un padre, un policía».

Al ritmo del rock de Sui Generis, Red Hot Chili Peppers o Andrés Calamaro, los lectores vemos cómo la trivial vida de este joven se convierte en una sucesión de persecuciones, robos, palizas, secuestros y muertes, donde nadie es lo que parece. Desde esa perspectiva, El alma dividida es una novela de suspense de prosa ágil y lectura adictiva, en la que nos espera un nuevo giro al final de cada capítulo para que no podamos hacer un alto y, así, acabemos leyéndola de una sentada, o dos. Pero también es un retrato del alcoholismo y los malos tratos dentro del hogar y una reflexión filosófica sobre la identidad y la bondad. Y, en especial, sobre la carga de los errores pasados: los propios y los de nuestra familia. ¿Estamos abocados a repetirlos? ¿Estamos destinados a convertirnos en ese monstruo al que tanto odiamos?

Es fácil sentirnos identificados con la lucha interna de Alberto. Aunque la suya esté motivada por los traumas, el sentimiento de culpa y el abuso del alcohol, seguro que cada uno de nosotros reconocerá sus propios monstruos, esos que en determinados momentos de la vida nos hacen cuestionarnos quiénes somos en realidad o hacia dónde vamos. Y también es sencillo conectar con él a través de la música que impregna su día a día. ¿Quién no elige una canción u otra según su estado de ánimo? ¿Quién no ha acudido a ella alguna vez para sacar afuera lo que lo estaba destrozando por dentro? O, quizá, hemos elegido el deporte o la lectura como escapatoria de esa realidad que no éramos capaces de enfrentar. Sea como sea, aun sin mafia y delitos de por medio, todos tenemos nuestros monstruos y nuestras vías de escape. Todos somos Alberto, aunque nos pese. De ahí que recomiende la lectura de El alma dividida: una versión actualizada de El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, y mucho más que eso.

[product sku= 9788493451530 ]
Publicado el

La hija del alfarero, de José Luis Perales

la hija del alfarero

la hija del alfareroNo suelo leer a presentadores o cantantes que se meten a escritores, aunque reconozco que me he llevado alguna grata sorpresa. Por ejemplo, cuando leí, hace ya años, El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta, cantante de Extremoduro. En esa ocasión, iba sobre seguro, porque me lo había recomendado un buen amigo y porque pensaba que si Robe componía grandes canciones, bien podía escribir una historia más larga. Lo mismo imaginé de José Luis Perales.

Ya sé lo que estáis pensando: ¡vaya salto, de Extremoduro a Perales! Sí, es cierto, poco tiene en común la música de uno y otro, pero coinciden en una cosa: saben transmitir con las palabras, provocar emociones. Y, al fin y al cabo, eso es la literatura. Por eso me aventuré a leer La hija del alfarero, la segunda novela de José Luis Perales, para ver si el cantante conquense se manejaba igual de bien sobre la página en blanco que sobre la partitura.

En La hija del alfarero viajamos hasta el pueblo ficticio de El Espejuelo, en la comarca de Vallehondo. En él es fácil reconocer a la tierra manchega que vio nacer al cantante, aunque cualquier otro pueblo de la geografía española podría verse reflejado, sobre todo en los avatares que sufren Justino y Brígida y sus hijos, Carlos y Francisca, la familia protagonista de esta historia. El padre, alfarero al igual que su padre y el padre de su padre, espera que su hijo continúe con el oficio, y el joven se resigna a su suerte. Pero la hija, Francisca, no quiere quedarse en El Espejuelo y, de un día para otro, decide viajar a la ciudad del mar, lo que supondrá mucha tristeza y quebraderos de cabeza para su familia.

La hija del alfarero no cuenta nada nuevo: es la historia que vivieron tantos jóvenes provincianos en la época franquista, cuando dejaban atrás su hogar y viajaban a la ciudad, donde unas veces cumplían sus expectativas de una vida diferente y mejor, y otras, volvían con el rabo entre las piernas, tras ser ninguneados o incluso engañados por personas de más mundo. Pero José Luis Perales retrata, además, la cotidianeidad del pueblo, sus costumbres y sus parajes, y eso es lo que convierte a esta lectura en un dulce viaje al pasado. Demasiado dulce para mi gusto, sabiendo que en aquella sociedad la comprensión no era precisamente la virtud más extendida, y menos todavía en los entornos rurales. Pero es Perales y, como las canciones de Perales, es una historia llena de ternura y esperanza, sin apenas malicia, pese a que la historia podría haberla tenido más que de sobra. Seguramente, no recomendaría este libro a un fan de Extremoduro, mucho más visceral y proclive al lado oscuro de la naturaleza humana, pero sería una lectura que sí regalaría a mi madre, como las canciones de Perales.

En sus primeros pasos literarios, José Luis Perales aún peca de algunos errores de principiante (el tiempo que transcurre entre un hecho y otro, por ejemplo, resulta bastante confuso), pero se le notan las tablas escribiendo canciones en algunos párrafos que son para enmarcar. Parece que esta no será su última novela y eso es una buena noticia. Esa mirada especial que capta la esencia de los pequeños gestos es tan necesaria en la música como en la literatura.

[product sku= 9788401020391 ]
Publicado el

Encuentros cercanos, de Anabel Colazo

Encuentros cercanos

En los años dEncuentros cercanosorados de los fenómenos paranormales, es decir, allá por finales de los 70 y principios de los 80, en casa veíamos con devoción aquel legendario programa presentado por el inolvidable Dr. Jiménez del Oso titulado Más allá. Todavía se me ponen los pelos de punta al recordar la introducción, con unos dibujos escalofriantes y una música propia de una sala de torturas. En una ocasión, recuerdo que hablaron de un experimento que consistía, sencillamente, en grabar el silencio (hay que recordar también que eran los años del boom del casete. Los mileniales no pueden imaginar la absoluta revelación que supuso para nosotros la posibilidad de grabar y escuchar nuestra propia voz). La gracia del experimento radicaba, por supuesto, en que el silencio estaba, decía el señor del Oso, repleto de sonidos y voces de ultratumba, inaudibles para el oído humano, pero , curiosamente, muy fáciles de registrar en una grabadora. Y un día mis padres decidieron salir al campo radiocasete en ristre y realizar el experimento. Como vemos, no fueron Mulder y Scully los que acuñaron aquello de “la verdad está ahí fuera”. Pero, ¿lo está?

Ésa es la cuestión que Anabel Colazo plantea en Encuentros cercanos, una interesantísima y engañosamente simple novela gráfica. Camino de casa de sus padres, Daniel, el protagonista de la historia, tiene una fugaz visión de un extraño ser, y en ese mismo momento se le estropea el coche. Se da cuenta de que se ha quedado tirado en mitad de la nada, y un coche que pasa por allí lo lleva a El Cruce, un pueblo conocido entre ufólogos por ser escenario habitual de encuentros paranormales. Daniel conoce allí a Juan, un joven que ha recibido amenazadoras visitas de los “hombres de negro”, y a Barry el extranjero, que vive en una caravana y que es una enciclopedia viviente sobre ufología. A partir de ese momento, poco a poco un extraño lazo empezará a anudarse alrededor de la hasta entonces anodina vida de Daniel.

En una época como la nuestra, donde no ocurre nada en ningún lugar del mundo que no sea inmediatamente fotografiado, grabado y viralizado, resulta difícil mantener vivas aquellas ideas, hoy casi románticas, acerca de platillos volantes y hombrecillos verdes. Por eso Colazo va mucho más allá, nunca mejor dicho, y, con un dibujo sencillo, casi naïf, y que nos recuerda mucho al de los entrañables libros de Teo, nos propone un acercamiento mucho más sutil y complejo a este mundo de abducciones, hombres de negro y personas a las que su experiencia, defínase ésta como se quiera definir, les destroza la vida.

¿Dónde está todo el mundo?, se preguntó el físico Enrico Fermi en los años 50, en lo que se vino a denominar la paradoja de El Gran Silencio. De manera muy resumida, esta paradoja nos dice que, pese a que la edad y el inconmensurable tamaño del universo nos inclina a pensar que en algún lugar debe de haber otras civilizaciones, no hay pruebas científicas de ningún tipo que sostengan esta idea. Sólo nos queda, pues, o bien dar credibilidad a testimonios de personas que aseguran, aun a riesgo de ser tachados de locos, haber sido abducidas, o bien olvidarnos de los platillos volantes y preguntarnos si “ahí fuera” no es el espacio interestelar, sino un lugar bastante más cercano e inquietante.

Encuentros cercanos nos plantea, pues, una reflexión sobre este fenómeno en términos mucho más interesantes que el de verdad o mentira, y lo hace con una gran madurez narrativa y una compleja estructura de muñeca rusa, donde se cruzan relatos, puntos de vista y teorías forteanas en una historia que me ha entusiasmado. Tanto es así que hasta le he pedido a mi madre que busque aquella cinta en la que, tantos años atrás, y como Daniel buscando hadas, mi familia y yo grabamos los sonidos de ahí fuera.

[product sku= 9788416400799 ]