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Vidas perfectas, de Antonio J. Rodríguez

Vidas perfectas

Vidas perfectasTodos tenemos aspiraciones. Todos soñamos con tener una vida idílica, como de película. Una casa enorme, una familia adorable, unas vacaciones recurrentes que llenen nuestras redes sociales de fotos increíbles. Un trabajo que requiera gran parte de nuestro tiempo y energía, ya que eso es sinónimo de que tenemos un empleo importante y cuyo sueldo es proporcional al esfuerzo que se nos pide… en fin. Y todo eso, ¿para qué? ¿para que nuestro vecino vea que tenemos un salón-cocina equipado a la última y mucho mejor que el suyo? ¿para que nuestros amigos de Facebook vean que podemos permitirnos unas vacaciones a sitios paradisíacos y eso nos hace sonreír en las fotos? ¿para que puedas regodearte ante tus colegas de colegio cuando digas que tienes un puesto de alto directivo y que cobras un pastón? ¿para ver si de esa manera consigues ser feliz?

Nadie, absolutamente nadie, tiene una vida perfecta. Siempre va a haber algún escollo que nos quite el sueño por las noches. Siempre vamos a querer más y más. Ser como el de al lado, ese que tiene una vida idílica. Aunque, en realidad, no es así.

Gael y Vera parecen tenerlo todo. Junto con Mika y el futuro bebé que aguarda dentro del vientre de Vera, forman una familia envidiable. Buenos empleos, buena vida, buenos viajes. Mucho amor en las redes sociales, mucho ajetreo. La típica familia a la que no te imaginas echando la siesta un domingo por la tarde, porque la vida es muy corta como para no aprovecharla. Pero un día, mientras la familia está de vacaciones en Japón, sucede algo terrible: Gael y Vera aparecen asesinados brutalmente dentro de la sauna del hotel donde se hospedan. Mika vuelve a España sin padres, sin nada. Y decide contar con la ayuda de Xavier, su profesor de piano e íntimo amigo de sus padres. Xavier no entiende nada. La vida del matrimonio parecía tan perfecta… ¿quién querría asesinarlos a tantos miles de kilómetros? ¿habrá sido Gael el que, en un arrebato de cólera, acabó con la vida de su mujer? ¿quizás su hija, la adolescente?… muchas preguntas y muy pocas respuestas.

Antonio J. Rodríguez, escritor y periodista asturiano, nos trae Vidas perfectas, una novela que no solo es un thriller. No solo nos regala una historia de intriga y sospechas, sino que va más allá. Antonio nos retrata a un personaje, Xavier, que es como tú y como yo. Una persona normal, con complejos, con una vida en la que no termina de encuadrar y que se cuestiona absolutamente todo. Cada vez que echaba una ojeada a las redes sociales de Vera, no podía evitar sentir una envidia atroz y tampoco podía evitar cuestionarse qué hubiera pasado si Vera, en lugar de acabar con Gael, hubiera acabado con él. Xavier encuentra en Mika un apoyo incondicional y junto con ella decide averiguar quién mató a sus amigos. Y yo pienso —esto es una impresión totalmente personal— que Xavier lo hace con una única intención: lo hace para cerciorarse de que la vida de Vera y Gael, en realidad, era una mierda. Que estaban sumidos en problemas, que la hipoteca no les dejaba dormir por la noche, que la relación con Mika era como la de cualquier hijo de vecino y que sus trayectorias profesionales, tan increíbles, tan magníficas, en realidad eran un pozo sin fondo del que trataban de salir.

Vidas perfectas es una novela que a priori parece ligera, una historia más de asesinatos, pero cuyo trasfondo roza más la filosofía que el thriller en sí. A mí me ha hecho cuestionarme mi propia vida. Analizarla un poco más respecto a lo que acostumbro a hacer. No sé si estoy o no más feliz con ella ahora. Ni sé si me ha dejado de importar la vida y los éxitos de los demás… Pero lo que sí que me ha enseñado es a dejar de comparar tanto mi día a día con el de los demás, ya que no es oro todo lo que reluce.

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El crimen del conde Neville, de Amélie Nothomb

el crimen del conde Neville

el crimen del conde NevilleLas expectativas altas son difíciles de cumplir. Eso me ha pasado a mí con Amélie Nothomb. Había oído decir que era una escritora lúcida y mordaz, y esos adjetivos habían bastado para que me entraran unas ganas tremendas de leer algo suyo. Además, me intrigaba que aparezca fotografiada en sus portadas, algo ya de por sí inusual en el mundo literario. ¿Tendrá que ver con que los elementos autobiográficos están muy presentes en sus obras o será una más de sus excentricidades? Ni idea. Cuando la vi asomando con un enorme sombrero y una regadera roja en la mano en la portada de El crimen del conde Neville, su último libro publicado por Anagrama, leí la sinopsis, a ver si encontraba la relación entre esa imagen y ese título. Y no, no la vi. Pero se mencionaba que la historia hacía un guiño a El crimen de Lord Arthur Saville, de Oscar Wilde, un autor que me encanta, y eso me dio el empuje definitivo para estrenarme por fin con esta escritora belga y comprobar si de verdad es tan peculiar en todos los aspectos de su narrativa.

Al conde Neville, protagonista de esta novela, una vidente le vaticina que matará a uno de sus invitados en su próxima fiesta. Obviamente, al hombre le sienta fatal esta predicción. ¿Cómo va a matar él a alguien? ¿Qué clase de anfitrión sería si hiciera algo así? Con este punto de partida, similar al de la historia que Oscar Wilde escribió en 1891, comienza esta tragicomedia, pero ambos autores no solo coinciden en eso, sino que además se asemejan en el estilo, caracterizado por una prosa ágil, unos diálogos irónicos y una buena colección de frases para la posteridad. Al igual que las obras del dramaturgo británico, El crimen del conde Neville parece una novela frívola a simple vista, puro divertimento, pero en cuanto el lector se fija un poco, se trasluce la profundidad psicológica de los personajes y la sátira permanente a la nobleza y su absurdo juego de las apariencias. Lo que más me ha llamado la atención es que la aristocracia que plasma Amélie Nothomb —y que conoce de primera mano, pues pertenece a ella— apenas dista de la que retrató Oscar Wilde, pese a los dos siglos que los separan, por lo que es aún más evidente que sufre ese anacronismo sobre el que ironiza la novela.

Los continuos giros y su corta extensión me han mantenido pegada a El crimen del conde Neville para descubrir si al final el protagonista lleva a cabo el asesinato que le trae de cabeza. Y me han gustado tanto el ingenio, las reflexiones y la perversidad de esta novela que, precisamente por eso, me han sabido a poco sus ciento trece páginas. Pero no es malo que mis altas expectativas  no se me hayan cumplido; en esta ocasión, solo significa que se han incrementado. Y me alegro de que me haya pasado eso con Amélie Nothomb. Leeré más historias suyas para profundizar en esas rarezas que le hacen destacarse en el panorama literario actual y así colmar las expectativas que me he creado en torno a ella. Sin olvidarme de que tengo que saber cuál es el motivo por el que sale retratada en las portadas de sus libros, que no pienso yo quedarme con esa intriga.

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El guerrero a la sombra del cerezo, de David B. Gil

el guerrero a la sombra del cerezo

el guerrero a la sombra del cerezoJusticia. Valor. Benevolencia. Cortesía. Honestidad. Honor. Lealtad.

Siete virtudes y un único camino: el del guerrero.

El bushido.

Era éste un camino arduo, de origen desconocido, y de principios morales no escritos que moldeaban la vida del guerrero. Máximas grabadas a fuego en el alma, el corazón y la mente de los caballeros del Japón antiguo. Un código moral que albergó y acomodó ideas y conceptos de diferentes fuentes, tanto religiosas como filosóficas. Del budismo tomó la serenidad de afrontar de forma sumisa lo inevitable. La sosegada contemplación por alcanzar la perfección provino del Zen. El compromiso inquebrantable de deberse a una vida de equidad, sencillez y lealtad hacia el soberano además de un amor devoto, no solo para con su patria, sino hacia todos los seres vivos, fue tomado del Sintoísmo. El Confucianismo marcó los preceptos éticos y políticos, además de una profunda veneración por los antepasados.

A estos preceptos comprometían toda su existencia los samuráis; una forma de vida, que además era una seña de identidad de su casta, que acogían con serenidad y complacencia. La lealtad y el honor eran pilares maestros que regían, y sobre los que se apuntalaba, el techado de moralidad del samurái. Si éste cometía deshonra, solo la muerte mediante suicidio ritual podía deshacer el agravio. Pero, ¿y si el agraviado era él? ¿Y si la vileza de un enemigo inhumano aniquilaba una vida de fidelidad? ¿Y si todo lo que amaba le era arrebatado? ¿No sería justo tomar represalias? La venganza en ocasiones también formaba parte del camino.

De ese tipo de venganza, pero también de redención, nos habla David B. Gil en su novela El guerrero a la sombra de cerezo editada por Suma de letras. La novela, de género histórico, pero repleta de aventuras (de las clásicas, de las que dejan marca; cicatriz de por vida), nos traslada a uno de los períodos más convulsos del Japón antiguo. Un Japón que dejaba atrás una guerra civil que lo había desangrado durante cientos de años. El Período Sengoku y sus violentas guerras intestinas parecían ir quedando atrás. Con todo, El Período Edo, con su nuevo gobierno, vivía una calma tensa. No eran pocos los señores feudales que aún movían ficha para conseguir más poder. Aunque ello significara aniquilar un clan.

Seizo Ikeda, hijo pequeño de un señor feudal, es el superviviente de una de esas aniquilaciones, y junto a su vasallo Kenzaburo Arima deberán huir y esconderse. Desterrados, y siempre mirando por encima del hombro a la espera de un nuevo ataque, subvertirán las normas que rigen las clases sociales por el bien común. El servidor se convertirá en maestro. El señor en alumno. Entre ambos gestarán el principio de una dilatada venganza repleta de enseñanzas vitales.

Por otro lado, seguiremos los pasos de Ekei Inafune, un médico algo peculiar y muy abierto de mente que aprendió, de unos jesuitas venidos de occidente, técnicas curativas que levantan no pocas suspicacias entre todos aquellos que solo confían en la medicina tradicional del país. No será este el mayor de sus problemas cuando se vea envuelto en un complot que podría traer de nuevo la guerra entre clanes.

A través de los ojos de estos personajes, y como si pudiéramos no solo desplazarnos en el espacio sino también en el tiempo, exploraremos el Japón de los señores feudales, de los samuráis, de los asesinos que se ocultaban en las sombras y de las concubinas que de amar hacían casi una experiencia extrasensorial. David B. Gil, mediante una prosa sosegada que fluye como la caída de una flor de cerezo, precisa y equilibrada como una katana bien forjada y con la cadencia y profundidad musical de un haiku, nos hace partícipes del rumbo que toma la vida de los diferentes e inolvidables personajes de esta novela. Vidas que son historias, historias que son aventuras que el autor entrelaza, que las hace deambular en paralelo y que solo ata (tras algunos ingeniosos giros argumentales), para gran sorpresa del lector, cuando él cree preciso.

El guerrero a la sombra del cerezo resulta una excelente novela de ficción histórica en la que el autor nos habla de momentos cruciales en las crónicas de un país, de los artesanos de la época, de religión y creencias, de gastronomía, de la medicina que buscaba evolucionar y de las políticas de entonces. Seremos además testigos de ceremonias milenarias como la del té y comprenderemos lo que verdaderamente significaba ser un samurái. Y todo ello explicado con rigor histórico e incluido en la narración de forma precisa, para que nos empapemos de cultura y folclore mientras nos deleitamos con los sucesos que acaecen en la vida del médico, del maestro y del alumno que es instruido. Y a medida que leemos, las aventuras se van sucediendo, las relaciones se van forjando, e inevitablemente, los lectores también quedamos involucrados (gustosamente atrapados, ¡claro que sí!).

Pero El guerrero a la sombra del cerezo también es una historia de marcados contrastes. La venganza que buscan Seizo y Kenzaburo. La redención que Inafune, tipo con muchos secretos, anhela encontrar. La naturaleza indómita de floreada tonalidad y de tersa fragancia. Las ciudades en las que los bajos fondos apestan a sake, sexo y traición. Suntuosos castillos de señores feudales. Pobreza en cada esquina. Muerte mediante katana. Sanación mediante bálsamos. Contrastes que David B. Gil retrata de forma solemne, creando un mundo tangible, tan bucólico y bello como implacable y cruel. Un mundo magnético al que quedaréis enganchados.

El guerrero a la sombra del cerezo es una novela en la que la historia está al servicio de la aventura. Un imprescindible para todo aquel que disfrute con una historia épica. Además goza de unos personajes memorables (como hacía tiempo que no encontraba en un libro), a los cuales veremos envejecer, sufrir, amar, sangrar, llorar… y que tras la última página, una vez alcancemos el final del camino, sentiremos como si nos despidiéramos de nuestros mejores amigos.

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Princesas dragón, el misterio del huevo dorado, de Pedro Mañas

Princesas dragón, el misterio del huevo dorado

Princesas dragón, el misterio del huevo doradoAfortunadamente las princesas han cambiado. O al menos ese estereotipo de princesas aburridas, rosas y cursis y que nos han intentado vender durante toda nuestra vida. Imaginad si han cambiado que ahora las princesas admiran el cine de Kurosawa (guiño, guiño).

Ya lo dijo Raquel Díaz Reguera con su magnífico cuento ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? Definitivamente no (bueno, pocas cosas).

Princesas dragón, el misterio del huevo dorado es un libro antiprincesas, de esos que me gustan a mí. Publicado por SM, este libro es el primero de la colección de las princesas dragón, una saga que tiene una pinta genial y que estoy segura de que encantará a los niños. Aún no he hecho la prueba, pero a ver qué dice mi sobrina la crítica literaria cuando lo lea.

Bamba es la princesa del Reino del Oeste. Una princesa peculiar que está algo aburrida de su vida en palacio. Un día recibe una carta del príncipe Rosko, del Reino del Norte confesándole que está profundamente enamorada de ella. Vaya castaña, ¿verdad? Lo último que quiere Bamba ahora es que el príncipe la pretenda. Además, ni punto de comparación con Gúgol, el mago más famoso del reino, ese sí que es un héroe guapo e interesante y no ese tal príncipe Rosko. Pero a los padres no les parece tan mala idea, así que envían a Bamba en un carruaje hacia el Reino del Norte.

Cuando llega al castillo de Rosko, Bamba pronto se da cuenta de que aquello huele mal. De repente se encuentra en un escenario con otras dos princesas, en lo que parece ser el Gran Concurso de Princesas. Resulta que la vencedora no solo se convertirá en la novia de Rosko, sino que además recibirá como premio un auténtico huevo de dragón. ¿Quién de las tres será la princesa perfecta?, ¿Nuna, Koko o Bamba?

Lo bueno es que, como ya os he dicho, en Princesas dragón, el misterio del huevo dorado no todo es lo que parece ser. ¡Y menos mal! Porque en este cuento hay dragones malos malísimos, hay magos que engañan y princesas que, por mucho que se empeñen en hacernos ver que son simplemente niñas que han de competir, tienen mucha más valentía que mil guerreros juntos.

Porque cuando las cosas se empiecen a torcer, las princesas dragón sacarán toda su fuerza e ingenio para conseguir que todo salga bien.

La verdad es que me han caído fenomenal estas tres atípicas princesas dragón. A ver qué les ocurre en la siguiente aventura, en El pantano de las sirenas. ¿Os animáis?

 

 

 

 

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Flash: Nacido para correr, de Mark Waid

Flash nacido para correr

Flash nacido para correrTodos queremos ser Batman. Playboy por el día, caballero oscuro cuando cae la noche. El superhéroe más sagaz de La Liga de la Justicia de América. Cuando todo quisqui todavía anda atascado en qué ha pasado, él ya tiene respuestas para el quién, el dónde, el cuándo y el porqué. Además, y debido a su fortuna, posee una Batcueva repleta de chismes de alta tecnología y unos vehículos de infarto.

Sí, todos queremos ser Batman. O en su defecto, Superman. Ese kryptoniano súper poderoso que abraza un dogma similar al de los boy scouts. Dechado de virtudes como el de la bondad extrema o la fidelidad perruna por su mundo de acogida. Emblema viviente de América. Como la Coca Cola pero capaz de volar y de otras maravillas que el brebaje chispeante jamás podrá llegar a ofrecer.

Wonder Woman, también queremos ser ella. ¿Y quién no quiere ser una amazona con los poderes de una diosa? ¿Quién no quiere ser un símbolo inmortal del feminismo?

Vale, sí, muy bien. Todos queremos ser Batman, Superman o Wonder Woman, pero entonces el Multiverso empieza a irse a la mierda (véase Crisis en Tierras Infinitas o El Multiverso) y ninguno de esos tres es capaz de solucionar el contratiempo. ¡Suerte que tenemos a Flash! El hombre más rápido del mundo. El superhéroe capaz de dar varias vueltas a la Tierra en lo que tu tardas en realizar un pestañeo (en ocasiones a tal velocidad que es capaz de adelantarse a sí mismo), de hacer vibrar su estructura molecular para atravesar paredes y de otras proezas que ponen patas arriba las leyes físicas conocidas.

Ahora que ya tengo tu atención ya podemos conocer un poco mejor a Jay Garrick, a Barry Allen y en especial a Wally West en el tomo editado por ECC titulado Flash: Nacido para correr.

Aunque el cómic que hoy nos ocupa está casi enteramente protagonizado por Wally West, en la primera de las tramas, un especial publicado en 1990 conmemorando el 50 aniversario del personaje, asistiremos a una aventura de 80 páginas en la que tanto Jay Garrick como Barry Allen asomarán la cabeza. Una historia de viajes en el tiempo y con un enemigo en común, en el que los dibujantes emulan el tipo de dibujo que hizo famoso a cada Flash en su correspondiente época. El colofón llega con unas páginas en las que se nos explican las diferencias y similitudes entre los tres velocistas; no solo en lo que respecta a poderes, sino también en lo que a repertorio de enemigos se refiere o la forma en la que resguardan sus respectivas identidades secretas. Y esto es solo el principio: una apertura por todo lo alto, con fuegos de artificio y confeti en dónde Mark Waid, el guionista que escribe la mayoría de las aventuras de este tomo, comparte tareas con otros como Gerard Jones o con el legendario dibujante Carmine Infantino. ¿Os suena el mítico cómic El Flash de dos mundos? Sí, ese Carmine Infantino. Y esto, como decía, no ha hecho más que empezar.

Pero, como he comentado antes, aquí el protagonista es Wally West, y eso lo descubriremos en Flash Año Uno: Nacido para correr. En esta historieta, que originariamente se publicó en el año 1992, asistiremos al origen del que recogería el testigo de Barry Allen. El poderoso triunvirato Waid-LaRocque-Marzán nos deja un relato que engancha desde la viñeta uno y emociona hasta esa en la que una foto de Iris West y Wally West cierra una aventura redonda. Y es que Mark Waid, hablando a través del protagonista en una íntima primera persona, destapa todos sus sentimientos y los muestra al lector, consiguiendo además desnudar el lado más humano e indefenso del velocista escarlata. Asimismo, logra dotar de una agilidad extrema a una narración tan fresca como cinematográfica, consiguiendo que conjugue a la perfección con esas imágenes que nos brinda LaRocque (atentos al momento bomba explotando a cámara lenta). La guinda la pone el entintador José Marzán Jr. convirtiendo el traje de Flash, (en algunas ocasiones, y dependiendo también del colorista) en una segunda piel que parece mostrar tendones y músculos en diferentes tonalidades carmesí.

El inteligentísimo Gorilla Grodd, el tecno-mago Abra Kadabra o el inestable Doctor Alquimia son algunos de los villanos a los que Wally West deberá hacer frente a lo largo de este tomo. Mientras que con algunos se enfrentará con la única ayuda de su súper velocidad, con otros contará con la colaboración del propio Barry Allen, Aquaman o Green Lantern. Éste último luchará a su lado en una aventura de cuatro números titulada La guerra gorila. Un crossover, tan grato como intenso, que irá alternando los puntos de vista del relámpago humano con los del poseedor del anillo de poder, para mostrarnos diferentes ángulos de un mismo acontecimiento. A ellos se les unirán, poniendo una simpatiquísima nota de humor, algunos de los integrantes de La Oficina de Animales Evolucionados: Rex, el perro maravilla, que os sacará una sonrisa, y Bobo, jefe de todo el tinglado y que resulta ser un chimpancé tan desvergonzado como profesional y que os arrancará más de una carcajada. Una situación delirante que dejará a Green Lantern haciéndose cruces. “¿Tú jefe es un… chimpancé? ¿Y el de quién no, ya puestos?”.

Flash: Nacido para correr no solo resulta un cómic perfecto para iniciarse en los entresijos del hombre más rápido del mundo, sino que además es una sublime muestra de narración dinámica, la cual, en algunos puntos alcanza niveles electrizantes.

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Tom Strong: Libro 01, de Alan Moore y Chris Sprouse

Tom Strong

Tom StrongSiempre he pensado que los cómics son para el verano. Y esto lo dice alguien que lee cómics todo el año. Pero hay algo en la época estival que le otorga un plus de idoneidad a eso de sentarse ante viñetas y viñetas en las largas tardes de julio y agosto. Naves nodrizas colonizando nuevos planetas, mutantes en guerra constante por el derecho de pertenecer o noches alargadas hasta la extenuación en pro de la lucha contra el crimen organizado. Sólo de pensarlo se me ensancha la sonrisa y el viaje atrás en el tiempo está asegurado. Creo que leer cómics me hace contactar directamente con mi yo adolescente, preguntarle qué tal todo, cómo van todas esas expectativas imposibles de cumplir. En verano ese canal de comunicación es más sólido. De algún modo, más auténtico. Debido a ello, haber leído las maravillosas historias que nos presenta Tom Strong: Libro 01 editado por ECC me ha dado más de una alegría. Y es que reinventar a un héroe de mediados del siglo XX con toda la nostalgia y el pulp que requiere dicho acto alquímico sólo podría salirle bien a alguien como Alan Moore.

Pero, ¿quién es Tom Strong? Criado en la isla perdida de Attabar Teru por unos padres cuya fe en la ciencia hace que confundan educación con experimentación, Tom Strong es un niño que desarrolla una serie de habilidades extraordinarias gracias al control férreo de los factores a los que queda expuesto durante sus primeros años de formación. Entre dichas habilidades se encuentra la cuasi inmortalidad otorgada por la raíz de goloka, una droga manufacturada por los nativos de la isla en la que pasa sus primeros años. Pero es tras la pérdida de dichos progenitores y su salida al exterior cuando Tom Strong empieza la verdadera e infinita aventura que protagoniza. Acompañado por Dhalua, su esposa; Tesla, la hija de ambos; Pneuman, un androide cuyo prototipo diseñó su padre; y Solomón, un gorila con una inteligencia sobre humana y la capacidad de hablar propia de un inglés bien educado; Tom tendrá que hacer frente a todas las amenazas del mundo conocido. Estos cinco personajes aterrizarán en Millenium City para encontrarse con un elenco de villanos que hará las maravillas de todo aquel que disfrutara en su momento de viejos cómics americanos de colores chillones y desarrollo ingenuo y genuino.

No quiero dejar pasar la oportunidad de hablar de Millenium City. Superman no sería el héroe que es sin Metrópolis. Del mismo modo no podríamos definir a Batman si quitásemos de la ecuación a la omnipresente Gotham. Algo parecido sucede con Millenium City. Ubicada cerca de Nueva York, esta ciudad representa como en los anteriores casos todas las bondades y defectos del superhéroe al que hospeda. Rascacielos flamantes, medios de transporte que recorren la ciudad por tierra y aire. Y es que la ciencia se ha desarrollado de forma óptima y se ha puesto al servicio de los ciudadanos, entre los que se encuentra Tom Strong. La mayor parte de las victorias que se adjudica nuestro protagonista se debe a inventos científicos y al uso de la razón. Me ha sorprendido cómo en muchas ocasiones, y quiero decir muchas, la forma de vencer al enemigo de turno es dialogando con él y llegando a una especie de acuerdo. Sí, hay instrumentos de todo tipo para amenizar la tarea. Máquinas del tiempo y aerodeslizadores interdimensionales. Pero al final del día todo se reduce a Tom y a un villano llegando a un punto de entendimiento. Un lugar en el que ambas posturas puedan sobrevivir. No recuerdo si en los 14 capítulos que componen este primer tomo, alguno de ellos acaba en la cárcel o muerto. Puede que algún secuaz haya caído en el fuego cruzado de las preliminares. Pero las conclusiones finales, ese punto álgido de desenlace, brillan por carecer de bajas. Y este paroxismo mediático se debe a que la ciudad en la que nos encontramos, Millenium City, se alimenta del avance de la ciencia y de la evolución del hombre del nuevo siglo, dejando de lado cualquier tipo de barbarismo.

El dibujo de Chris Sprouse, que ya pudimos ver en El Multiverso, es asombroso y lleva las ideas de Alan Moore a un plano visual que tiene coherencia con ese flashback nostálgico que representa Tom Strong. Porque aquí hay un homenaje y una sátira, todo junto, todo mezclado. A veces Moore juega con nuestra memoria y con el recuerdo feliz de cómo funcionaba el mundo del cómic hace años. Y como homenaje Tom Strong brilla y conquista al lector con unas aventuras que siempre se solucionan al final de cada capítulo. Unas historias que nos devuelven, como decía al principio, a un estado de gracia casi infantil. Pero no descarto la posibilidad de que Moore también esté criticando justo eso. La falta de tonos grises en unas historias que poco tenían que ver con el mundo real. Historias en las que los buenos no tenían flaquezas y estaban lejos de la corrupción. Y decir esto del hombre que nos trajo Watchmen es otorgarle a esta dualidad un peso mucho mayor. Es como si Alan Moore hubiese retorcido aquellos libros de Elige tu propia aventura a un nuevo nivel, usando la moral del lector para que sea éste quien decida ante que tipo de cómic se encuentra. Elijas la opción que elijas, es innegable que este primer tomo de Tom Strong es una auténtica maravilla y el cuidado extremo que han puesto los chicos de ECC en esta edición hace que se haya convertido en lectura obligada para estos meses de verano.

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Desde las entrañas, de Míchel Súñen

desde las entrañas

desde las entrañas No es la primera vez que les hablo de Míchel Suñén, un autor polifacético ya que combina el ensayo, la literatura infantil y la novela para adultos. En esta ocasión les traigo “Desde las entrañas”, que como casi todas sus obras para adultos es negra, muy negra, y tendiendo cada día más al thriller puro, ya saben tramas adictivas en las que todo ocurre con mucha rapidez haciendo que el lector quiera avanzar más y más de forma casi compulsiva.

En este caso hablamos de una intriga internacional ambientada, como es su costumbre, en España, aunque en esta ocasión haremos una escapadita a EEUU.

Alma Ollés será nuestra protagonista, una mujer con unos poderes especiales, capaz de sentir y tener visiones sobre hechos ocurridos en el pasado o que ocurrirán en un futuro. Ya saben, ese tipo de personas que salen en programas de policías o en programas tipo Cuarto Milenio. En muchas películas vemos como la Policía estadounidense suele utilizar mucho a este tipo de personas, pero no me pregunten si esto es cierto o es solo a nivel de gran pantalla y novela negra.

El caso es que varias jóvenes son secuestradas estando embarazadas y con firme intención de abortar, y liberadas una vez que han tenido a sus hijos. La primera reaparición es la de Judith, que curiosamente lo hace muy cerca del Camping de los Alfaques, donde nuestra protagonista está haciendo un reportaje, será ella, precisamente, quien la encuentre… ¡Supongo que a nadie le hace falta que le explique que hace una “sensitiva”, como Alma Ollés, en los alrededores de los Alfaques! Pues sí, si han pensado que allí están ocurriendo apariciones extrañas, han acertado.

Y a partir de ahí, se mezclan historias de embarazos deseados y no deseados, clínicas abortivas, suculentos negocios económicos, investigación farmacéutica y médica, feminismo, machismo, amor, deseo, desamor, poder… Naturalmente se pueden añadir a estas otras muchas palabras pues el libro está llamado claramente a remover conciencias a favor de la vida.

Ya les decía que Suñén se mueve muy bien en el terreno de la intriga y abre y cierra perfectamente cada trama y subtrama en la que nos adentra, en este caso además con un buen puñado de personajes dispares, no solo en su forma de pensar, sino provenientes de medios sociopolíticos diversos con sus visiones particulares sobre la vida.

La presentación de todos estos personajes se va haciendo paulatinamente de forma que el autor va separando las distintas secuencias, que al principio puede parecer que nada tienen que ver, pero enseguida intuyes que todo finalmente encajará y será un conjunto armonioso que vas comprendiendo, eso sí, sin llegar a descubrir el final hasta que nos vamos acercando a él, motivo por el que me ha enganchado pero sin ansiedades.

Una parte importante de la trama descansa en el grupo Femen, y en Tania, a la que presenta como activista en este grupo organizado que hay ya constituido en España. FEMEN es una organización que tiene su sede central en Kiev y que fue fundada en 2008 por Anna Hutsol con el nombre originario de “Nueva Ética”. Seguro que les sonarán por llevar a cabo actos de protesta contra instituciones religiosas, turismo sexual, agencias matrimoniales, etc…, actos en los que muestran sus pechos descubiertos, y que normalmente les cuenta arrestos policiales y detenciones.

Está bien, me ha gustado esa pluralidad de personajes que el autor nos da en Desde las entrañas; quizá el que más me ha sorprendido ha sido el propio narrador, porque estoy acostumbrada a narradores que cuentan, pero por algún motivo en este caso me veía llevada a su ritmo, naturalmente, pero también, y esto ya no es tan natural, de alguna manera a su posicionamiento moral.

Claro que si era ese el efecto que quería provocar el autor, les aseguro que lo ha conseguido.

La vida a debate una y otra vez…

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La tía Tula, de Miguel de Unamuno

La tía Tula

La tía TulaCuando disfrutas mucho de un libro rara vez consigues trasmitir su calidad por escrito salvo que digas aquello de «Lo mejor que he leído este año», «Una lectura que te atrapa desde la primera página» o lindezas del estilo tan manidas en otras reseñas y críticas. ¿Cómo puedo, entonces, valorar esta lectura? ¿De forma numérica? ¿Un diez sobre diez?, ¿cinco estrellas? También podría emplear un listado de imprescindibles de esta primera mitad de año en la que La tía Tula ocupara un dignísimo puesto de honor. No, todo eso no valdrá para ser franco con esta espléndida obra. Se aproxima, pero no la hace mucho más distinta de otros libros que saldrán publicados este año. Lo intentaré de esta otra forma: Cuando disfrutas mucho de un libro rara vez se convierte en uno más; pasa a otro nivel, uno que solo su lector conoce y adonde llegan unos pocos.

Esto es subjetivo, por supuesto, pero de eso se trata, para eso se escribe, para que la lectura llegue a cada lector de forma distinta y la conserve en su memoria como considere oportuno. Miguel de Unamuno fue un hombre recto y de ideas profundas sobre religión, filosofía y la España de aquella generación del 98. Germen de un pensamiento existencialista que se extendería por Europa a mitad de siglo XX, le preocupaba dar vida a unos personajes repletos de crisis emocionales y religiosas ahondando en la psicología de cada uno de ellos. Lo hacía de una manera tal que en sus cortas y precipitadas narraciones a las que llamó nivolas sus protagonistas se introducen en tu mente de lector con una facilidad pasmosa y una veracidad de la que Hemingway anhelaría. Mi primera lectura de Unamuno fue la magistral San Manuel Bueno, mártir, en la que volcó sus propias dudas sobre la religión y cuyo personaje principal siente la dualidad de creencia y falta de fe. La tía Tula es la segunda narración que leo de este genial autor vasco donde desarrolla un cuadro de costumbres español.

Todo el peso cae sobre la figura femenina de Gertrudis, la tía Tula. Durante la trama se desarrolla su psicología, sus renuncias hacia el hombre, la maternidad e incluso, llegado un punto, la religión. Tiene una hermana la cual destaca por su belleza, pero le falta el carácter y la profundidad de Tula. Es precisamente en sus ideas donde reside su propio pecado, su propia desgracia ya que se niega al amor, a la proximidad o el contacto con los hombres cediendo así ese puesto a su hermana a quien la induce a llevar la vida que considera le pertenece a una mujer: encontrar un buen marido y ser madre. Se vuelca en conseguir en los demás lo que en lo más profundo de su ser anhela para ella. Lo hace de una forma casi autoritaria, ya que su marcada personalidad es difícil de rebatir. La lectura es muy acelerada en cuanto al tiempo de la historia —se suceden varios años en sus pocas páginas— algo que no hace, en ningún momento, que pierdas contacto y cercanía con sus personajes que es donde Unamuno realiza una gran labor.

El discurso empleado por su autor es también una de las bazas importantes de la obra. Unos diálogos muy ricos en un ambiente doméstico de una España religiosa en la que se aprecia el marcado carácter de Tula así como el modo de presentar al resto de personajes, marionetas casi, de los ideales de su protagonista. Hay un paralelismo pronunciado en la lectura sobre el comportamiento de las abejas y la peculiar familia de Tula. En ella se habla de la labor que realizan las abejas reinas y los zánganos, encargados de procrear, de relacionarse entre ellos mientras que las abejas obreras son quienes se preocupan de conseguir alimento, de trabajar para que no le falte de nada a la colmena. Ese es el lugar que Tula considera que le pertenece. Ella es tía, pero también madre de sus sobrinos e incluso de sus nietos, porque ella trabaja y se desvive por cada uno de ellos como una madre debería hacer. Ella renuncia a sus deseos más íntimos por un pensamiento religioso, un desdén que se vuelve incluso en contra del cristianismo por considerarlo una religión de hombres. Ella teme enamorarse porque cree que eso no es para lo que nació, rechaza así el contacto con los hombres y su ilusión de ser madre. «[…] esa fortaleza, hija mía, puede alguna vez ser dureza, ser crueldad» le dirá el párroco a Tula cuando observa cómo ella trata a los hombres.

Es una obra que se lee de una sentada, se disfruta en cada página, con cada diálogo. Libro de necesaria lectura para comprender el ingenio de Unamuno y de una época de la literatura española que brilló gracias a los autores que conformaban la promoción del 98 y que Ediciones B edita en su colección de clásicos, como no podía ser de otra forma. Y es que rara vez un libro pasa automáticamente a la categoría de clásico.

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Boles nutritivos, de Auxy Ordóñez

Boles nutritivos

Boles nutritivosQue a mí no se me da bien la cocina no es ningún secreto. Que tampoco lo he intentado mucho, también es verdad. En cualquier caso, no es algo que me llame demasiado la atención. Claro que me gusta comer bien, ¿a quién no? Desgraciadamente, mi máximo parecido con Ferran Adrià es cuando salteo. Tenéis que verme saltear calabacines, berenjenas, pimientos o cebollas. Qué arte. O hacer un huevo frito. No se me cae nada de la cáscara en la sartén. O las ensaladas que me preparo, en las que cualquier ingrediente tiene cabida porque para mí todo vale. Y hasta aquí, señores, puedo leer.

Cuando vi Boles nutritivos pensé que el libro estaba hecho para mí. Ya que disfruto tanto cogiendo un bol y haciéndome las ensaladas más extrañas del mundo, pensé que quizá este libro me ayudaría a innovar. Además, supuse que tampoco necesitaría cocinar mucho para estos platos, así que me lancé.

Me gustó que el libro fuese un manual para los que quieren cuidar su salud de una forma más consciente y creativa. No es necesario mucho tiempo y tampoco hace falta ser un cocinillas. Y si además, en un solo bol podemos conseguir una comida nutritiva y saludable me parece una idea genial.

En el libro encontramos desayunos tipo smoothies, platos únicos, aperitivos, postres y básicos de la cocina como el hummus y diferentes tipos de salsas.

La autora, Auxy Ordóñez se hizo conocida gracias a su blog Postres saludables y ahora se dedica a compartir sus nuevas creaciones más allá de los postres,  siempre con la conciencia de la cocina como algo saludable y atractivo.

La verdad es que el formato bol es toda una tendencia (no solo en Instagram). Lo bueno que tiene es que en un solo recipiente podemos visualizar todo lo que vamos a comer, siendo más conscientes de las cantidades y de los aromas y variedades de alimentos. Lo cierto es que a mí me llama mucho la atención y pueden quedar bastante bonitos.

La idea clave para hacer un bol nutritivo es que incluya una buena base de verduras, granos integrales (quínoa, pastas integrales, avena, etc.), vegetales, proteínas vegetales y complementos como salsas, brotes o semillas. Se supone que un bol que contenga esos ingredientes, es un bol nutritivo. No parece difícil, ¿no?

En cuanto a las recetas, bueno, he de decir que no me parecen tan sencillas como el libro promete. Sobre todo por los ingredientes que se incluyen en algunas, que no son ingredientes que tengamos todos los días por casa.

Aun no me he animado a hacer ninguna receta de las propuestas en Boles nutritivos, pero ahora con el veranito hay algunos boles que me apetece probar como el helado cremoso de frambuesa, los minidónuts de yogur helados o el smoothie tropical. Todos tienen una pinta estupenda, ahora a ver qué tal me quedan a mí, si de ésta me dan ya mi primera estrella Michelín.

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Paraíso imperfecto, de Juan Laborda Barceló

Paraíso imperfecto

Paraíso imperfectoBenditos sean los escritores para los que escribir bien no es suficiente. Juan Laborda Barceló podría haberse limitado a escribir una crónica de ese momento en que el verano azul de un enclave costero empieza a dejar de ser verano y a dejar de ser azul para convertirse en una existencia gris con demasiada tendencia a teñirse de negro. Es un escenario muy literario y sin duda un hallazgo de este magnífico escritor. Pero, como decía, no es Juan Laborda Barceló un escritor que se conforme con contarnos bien una buena historia y Paraíso imperfecto explica desde la ficción aquello que ni la historia ni el periodismo pueden, o mejor dicho, deben explicar. Y conste que “explicar” no es la mejor de las elecciones por mi parte, porque el lector entiende muchas cosas pero no gracias a una argumentación más o menos brillante sino a su propia experiencia, ya que vive la situación en estas páginas de forma no menos intensa que si lo hubiera presenciado en primera persona.
Gran parte de la situación a la que me refiero en realidad sí que la hemos vivido todos porque Paraíso imperfecto narra el nacimiento de un movimiento social en un pueblo del Levante azotado por la gestión arrogante y corrupta de un alcalde y un equipo cuya ambición de dinero es tan ilimitada que no hay nada en cuyo altar no pueda ser sacrificado. No quiero decir con esto que de alguna manera Juan Laborda explique el 15M o las primaveras árabes, aunque la relación sea evidente esta es una historia inventada, lo que considero un mérito extraordinario es que añade a esa explicación de la que periodistas ahora e historiadores después se encargarán una dimensión que a estos les está vetada: la humana, las circunstancias personales que rodean a cada uno de los protagonistas y que les vinculan en su toma de decisiones, incluso en su capacidad de lucha. Puede que haya gente extraordinariamente comprometida con cualquier causa únicamente por principio, pero también la hay cuya fuerza nace de una experiencia personal, una tradición familiar o un trauma que les proporciona la fuerza necesaria para encarar cualquier tarea aun sin saber que la está afrontando.
Es el caso de esta historia marcada por la corrupción y la violencia. Un asesinato es la línea de salida de la novela y de sus protagonistas, los de ambos lados de la trama. Unos personajes hasta el momento relativamente anónimos que se conocen, cada uno con sus mochilas, sus traumas y sus capacidades, y que inician un movimiento que se enfrenta a un poder establecido que es corrupto y miserable. Capaz de todo. Uno de ellos, un profesor retirado, les aporta un sustrato intelectual, pero cada uno de ellos tiene algo necesario: rebeldía, conocimientos de informática, pasión. El grupo, heterogéneo y heterodoxo, avanza en su lucha mientras ante nosotros se despliegan las experiencias, reflexiones y sentimientos de todo tipo de personajes y con ellas las miserias y grandezas de la pedanía costera y de todos nosotros. Algo muy cinematográfico y muy literario.
No quisiera pasarme de frenada pero diría que incluso la propia estructura de la novela está al servicio de este mismo objetivo: fragmentos cortos que vuelan de un personaje a otro aumentando la impresión de historia coral, participativa, con muchos personajes en pie de igualdad que aportan no sólo su esfuerzo sino su complejidad al desarrollo de la historia. Una historia entendida como consecuencia no sólo de lo colectivo sino como la suma de las experiencias individuales que ejercen como motor de los personajes.
No quiero extenderme mucho en detalles concretos de la trama, si se lo cuento yo perderá fuerza porque la forma en que está narrada Paraíso imperfecto es uno de sus principales valores. Y no es un estilo complaciente, no se privilegian ritmo y fluidez frente a profundidad psicológica, como es tan habitual. Es el disfrute lo que hace que se lea rápido, no ningún truco que acelere artificial y primariamente la experiencia.
Al final de esta inteligente novela recordé una cita de Herzen que nunca soy capaz de rememorar en su literalidad, aunque sí en su contenido final: si hubiera menos gente dispuesta a cambiar el mundo y más dispuesta a comportarse honestamente, sin duda el mundo cambiaría a mejor. Simpatizo mucho más con esa idea de compromiso personal con el cambio que con cualquier movimiento, y sospecho que no es algo que le sea ajeno a estos personajes en el camino que emprenden. Ya que la novela me regaló el recuerdo de Herzen, acabaré regalándole a Julio Malagón, Daniel Torner, Uca y Nico Olmeda, protagonistas de esta Paraíso imperfecto que hicieron camino al andar, otra del mismo autor que me parece pertinente:
Yo he alcanzado por fin, no la meta hacia la que nos dirigíamos, pero sí el lugar donde el camino se hundió en el seno de una montaña, y desde aquí busco tu mano para estrecharla mientras te digo con una sonrisa: «¡Esto ha sido todo!»

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Princesas dragón, Criaturas mágicas, de Pedro Mañas

Princesas dragón, Criaturas mágicas

Princesas dragón, Criaturas mágicas¿Os acordáis de las Princesas dragón? Os hablé de ellas aquí hace poco.

Las princesas dragón es una serie de libros para los peques que ha sacado SM y que como os decía, tiene pintaza. Se trata de una saga de princesas atípicas, nada de niñas cursis y repelentes. Nuestras princesas dragón son chicas guerreras, con valores y dispuestas a hacer lo que esté en sus manos para que todo salga bien.  Así sí que da gusto leer sobre reinos lejanos y princesas, ¿verdad?

Que yo sepa, hasta ahora hay tres libros de la colección: El misterio del huevo dorado, El pantano de las sirenas y Su majestad la bruja. Pero, además de estos libros, SM ha tenido la genial idea hacer dos libros de pegatinas sobre las princesas dragón: Rumbo a Nanabu y el libro que hoy os comento, Princesas dragón, criaturas mágicas.

Ya sabéis que me gusta leer y reseñar esta clase de libros para luego dejárselos a mis sobrinos y que ellos los disfruten. Lo que no saben ellos es que la tía treintañera a veces disfruta incluso más que ellos leyendo literatura infantil y juvenil. Es que el mundo editorial para niños y adolescentes es una gozada hoy en día, yo no recuerdo libros tan atractivos cuando era pequeña, la verdad.

¿A qué niño no le gustan las pegatinas? No conozco a ninguno que no disfrute con ellas. A mí también me encantan, no os voy a engañar. Eso sí, he guardado la compostura y no he despegado ni una de ellas, porque si no mi sobrina se enfadaría conmigo. ¿Para qué iba a querer un libro de pegatinas usado? Así que he sido buena.

En Princesas dragón, criaturas mágicas, Pedro Mañas ha creado un divertido y muy entrentenido cuaderno de pegatinas para exprimir al máximo la fantasía de los niños. Y es que las Princesas dragón, a lo largo de sus aventuras, se topan con muchas criaturas mágicas en lugares de lo más extraños: el Bosque del Este, la Cueva Pestilente, el Desierto del Sur, El Pantano Salado, el Refugio para Cachorros peligrosos, el Mar del Oeste o la Guardería de dragones. Como veis, sitios de lo más interesantes.

Con más de diez páginas repletas de pegatinas, la diversión está garantizada.

Creo que deberíamos cambiar el dicho de “más feliz que un niño con zapatos nuevos” a “más feliz que un niño con un libro repleto de pegatinas”. Eso sí que es felicidad.

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El juego de la luz, de Louise Penny

El juego de la luzEl juego de la luz es la séptima novela de la serie protagonizada por Armand Gamache, el inspector jefe de la Sûreté de Quebec, y por los pintorescos personajes que pueblan el idílico microcosmos de Three Pines, esa pequeña localidad que viene a ser la representación y condensación de todos los prodigios paisajísticos, naturales y antropológicos que la imaginería contemporánea atribuye a Canadá. En realidad, a mí me parece más bien un trasunto literario de Cicely, aquella localidad de los prodigios donde todo era posible, desde lo humano a lo divino, pasando por lo mágico; todo, incluso descubrirse, conocerse y amarse a uno mismo. Las aventuras de Gamache y del pequeño universo de Three Pines no son tan bienhumoradas, desde luego, pero algo de ese misticismo muy humano hay también aquí; en realidad, ¿de qué otra cosa trata una novela, cualquiera que ésta sea, si no de la lucha del hombre por reconciliarse consigo mismo y con la vida? Presidiendo este proceso de transformación interna está una maga de la literatura, Louise Penny, que, al igual que unos pocos escritores más, nos demuestra que un literato de verdad puede permitirse cultivar cualquier género, hasta los más menospreciados y considerados de menor categoría, porque el resultado no será una novela de género, sino una novela a secas.

Louise Penny es una escritora singular. Me recuerda mucho a otra autora que estoy releyendo estos días, P.D. James. Ambas son como las dos caras de una moneda: totalmente opuestas en su visión de la vida y de las personas, pero siamesas en estilo, preocupaciones, cuidado por el detalle, inteligencia y sensibilidad. Donde P.D. James veía motivos para la desesperanza, Louise Penny ve motivos para la compasión y el perdón, para las segundas oportunidades. James no daba tregua a sus personajes y no sólo los retrataba cruelmente, sino que cercenaba poco a poco todas sus posibilidades de triunfar en la vida, contagiándonos gradualmente a los lectores ese sentir tan desilusionado y misantrópico. Penny, por el contrario, quiere ostensiblemente a sus creaciones, incluso a aquellas más carentes de valores y cualidades positivas que las hagan entrañables a ojos de los demás, ni que decir tiene que a los del lector, que no suele ser juez misericorde con aquello que lee. En el caso de El juego de la luz, hay muchos personajes que necesitan esa compasión, pues la historia que en la novela se nos narra es una historia de pecados, de rencores, de odios enconados, de asesinato. Pero también es una historia de perdón, de cómo es posible perdonarse a uno mismo y a aquellos que nos han hecho daño hasta el punto de trastocar el curso de nuestra vida, de decidir nuestro destino o de diezmar nuestra confianza y nuestra capacidad de amar a los demás y a nosotros mismos.

Por estas páginas veremos pasar personajes -muchos de ellos viejos conocidos, si hemos leído anteriores entregas de la saga de Gamache: el matrimonio Morrow, unido y separado por el arte; Olivier y Gabi, regentando el bistrot donde se reúnen los vecinos y amigos de Three Pines; la genial y malhumorada poeta Ruth; Myrna, la psicóloga urbanita reconvertida en librera rural; y también la familia y compañeros de trabajo de Gamache, con especial protagonismo para su segundo y hombre de confianza, Jean-Guy Beauvoir-, una investigación que llevará a Gamache y su tropa desde Three Pines hasta la ciudad, desde el jardín de Clara Morrow hasta galerías de arte y reuniones semisecretas; también veremos y observaremos los estragos que causan los traumas, los sentimientos reprimidos, la impotencia, el no saber; y comprobaremos una vez más, como ya sabíamos, que el perdón no equivale al olvido, ni viceversa, y que el pasado tiene una sombra muy alargada. El crimen que origina el misterio que Gamache habrá de resolver -ha aparecido un cadáver en el jardín de los Morrow justo en el día en que Clara celebra su puesta de largo como pintora, algo que, por otra parte, ya le tiene revuelto el hogar, ya que su marido, también pintor, se sabe secretamente no tan bueno como ella; he ahí otro caso que se desarrolla en la novela, aunque nuestro buen policía no tiene parte en él- saca a la palestra una serie de emociones, recuerdos y verdades que han permanecido relegados a un rincón, pero no olvidados, y que ahora desvelan ser como una telaraña que une a los personajes unos con otros en relaciones que no son complicadas, es más, son muy sencillas, pero han permanecido ocultas durante mucho tiempo, con el resultado de una persona muerta violentamente.

Louise Penny transmite serenidad tanto en sus fotos como en las reflexiones y sucesos cotidianos que comparte con sus seguidores en sus redes sociales; y esa misma serenidad preside su obra, muy especialmente ésta. El juego de la luz nos presenta un misterio de menor vuelo que aquella magnífica obra titulada Una revelación brutal; pero es un misterio con elementos con los que es más fácil que el lector se identifique. Puede decirse que es seguro que se identificará, porque es una materia completamente terrenal. Todo el mundo sabe de primera mano lo que es la enemistad, la traición, la ruptura de la confianza en otro, sentirse víctima cuando se ha sido, en efecto, inequívocamente víctima de otro. El odio que inflama los corazones agraviados en El juego de la luz es tan grande, que se diría que la autora guarda un recelo reverencial a desvelar su verdad. Porque es un odio muy humano, muy comprensible. El odio puede generarnos rechazo, y sin embargo hay un tipo de odio que cualquier persona ha sentido probablemente al menos una vez en toda su vida.

Y hay numerosos conflictos de menor gravedad que se nos describen con una sensibilidad de poeta. El más llamativo de ellos es el shock que sacude el matrimonio, por lo demás modélico, de los Morrow. Y su origen es perfectamente común: los celos de Peter hacia su mujer, Clara, que se ha revelado como una artista sublime. La intriga por saber si esos celos son más fuertes que el amor de la pareja no es nada desdeñable, y ello se debe enteramente a que la pluma de Louise Penny sabe con exactitud cómo dibujar las escenas de los pequeños enfrentamientos, los gestos inhabituales que delatan un sentimiento inconfesable, los desencuentros entre dos personas que han compartido toda una vida y que ahora se ven como extraños. Una materia prima tan común se convierte en oro de la mano de Louise Penny.

Como en el resto de novelas que conforman la serie de Gamache, el lugar adquiere una importancia crucial. El microcosmos de Three Pines es a la vez santuario y pequeño infierno; es ambas cosas de forma no alternativa, sino simultánea; es retiro dorado y es agujero demencial; es paraíso y es averno. Las fuerzas purificadoras de la naturaleza y la energía regeneradora de la amistad verdadera, la buena vecindad y el compañerismo aparecen en pugna una vez más.

El juego de la luz es una novela altamente recomendable tanto para lectores que busquen entretenimiento y suspense veraniegos como para aquellos que estén dispuestos a sumergirse a mayor profundidad.

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