
Es curioso cómo escribir cura el dolor…, y viajar. Alejarte para poder mirar con perspectiva, dicen. Cuando uno lee Parece que fuera es primavera, de Concita de Gregorio, se da cuenta de que no es la distancia lo que cura, porque hay cosas que no se curan, porque no hay cosas que hieren, no hay cosas que te matan por dentro. Sencillamente no hay palabras, aun no existen las palabras precisas para que una madre exprese lo que siente cuando desaparecen sus dos hijas y su marido se suicida.
No hay palabras…
Pero la autora ha tenido una delicadeza infinita en la forma de contarnos esta historia que más que triste, que naturalmente lo es, es desgarradora incluso para el lector que está frente a ella años después. Esta es la historia real de Irina Lucidi. Esta terrible historia sucedida hace 7 años y que se nos narra en forma de crónica para que pueda ser soportable.
¡Qué poco afortunadas son a veces las palabras! Y qué escasas cuando no encuentras el ´termino apropiado para definir una situación… Y qué bien nos lo explica la autora. Uno pierde a su pareja y es viudo, pierdes a tus padres y eres huérfano, pero cuando “pierdes” a un hijo, ¿en qué te conviertes? Yo imagino que en un saco de dolor que solo aspira a sobrevivir. … Y digo sobrevivir porque “la vida sigue”, con o sin nosotros, con o sin nuestros seres queridos, la vida sigue…
La palabra perder está ahí, dando vueltas en el libro, perder, porque realmente Irina sí que pierde a sus hijas y con ellas cree perderlo todo, pero la vida nos hace seres completos, ya ves… el tiempo nada cura, eso está claro en estos casos, pero uno no puede no reír eternamente, la vida siempre se abre paso, por lo general lejos, porque cerca es más difícil. Y que difícil de entender esto cuando el dolor va en el interior.
Todo el libro está lleno de sensibilidad y es por eso que lo que más me ha llamado la atención ha sido la falta de ella que al parecer tuvo la policía suiza, el sistema judicial suizo, la burocracia suiza…, ni podía imaginarlo, ni quiero pensarlo, es importante que sepamos que en los exquisitos países europeos, las cosas que no se comparan con dinero no son tan buenas… Sí, ya sé que en esta reseña hay y habrá muchos puntos suspensivos, como en esos poemas en los que las ideas quedan sueltas al final de un verso, probablemente para que tú lo termines, para que lo pienses y reflexiones, o quizá para darte tiempo pasa suspirar, para relajar tu corazón y tu alma.
La autora, de padre toscano y madre española me hace recordar que aun cuando nos quieren hacer creer que en el sur no hay profesionalidad, la hay, y en el Sur está el futuro de los que no tienen futuro, de los desposeídos de palabras. En el Sur hay filosofía de vida, hay sol, hay mar; y muy, muy al Sur, está Granada.
Hay reseñas imposibles, porque hay libros imposibles, libros que solo se escriben una vez, imposible repetirse, aun cuando uno crea que hay dos personas a las que les ha pasado lo mismo. Imposible, porque las vidas son particulares, y las palabras que a cada cual le faltan para expresar el dolor son aun más particulares.
Perder a los hijos, suponer que tu marido antes de suicidarse te los ha arrebatado, quizá para siempre… ¿Qué? El horror vestido de huecos en blanco, leer entre líneas lo que la autora nos cuenta que le ha contado Irina:
“¿Qué has venido a decirme, Irina? ¿Por qué has llamado a esta puerta? <Quisiera que me ayudaras, si puedes, a coger las palabras ponerlas en fila recomponer todos los trozos que siento desmenuzados y dispersos en cada rincón del cuerpo…”
Porque todos sabemos que llega un momento en que las palabras pueden y deben sustituir a los somníferos, calmantes, antidepresivos, sedantes, a los días sin noches y las noches sin días. Horas que pasan sin control. Vida que no se vive. Y entonces llega algo o alguien que te ayuda a buscar y al buscar miras el más humano de los recursos: Las palabras.
¡Qué importante es recordar esas cosas que nos hacen felices! Hay que hacer ese esfuerzo cuando olvidamos que vivir ya es por sí un acto que nos ha de producir alegría. Es imposible ponerse en la piel de nadie, pero un ser humano puede encontrar vida en el amor de otro. Vida, ilusión, alegría, ganas de ver amanecer, y eso no es olvido, eso es llevar dentro de ti sus vidas, hacer que vean por tus ojos, que escuchen tus palabras, que vivan en tu recuerdo, que crezcan dentro de ti, acompañándote en el resto de tu viaje, deseando que sea un largo viaje para poder hacerlo juntas.
Y aquí en el libro está Irina, y porque está Irina están Alessia y Livia… Más puntos suspensivos para decirles que merece la pena leer este libro, menos de doscientas páginas para contar esta historia que no crean que es lo que esperan, es otra cosa, porque la vida siempre es otra cosa.
Releo esta reseña ahora, aquí, casi al mismo tiempo que todos ustedes, ahora que está a punto de publicarse, y pienso que habrá muchos que aun deban esperar para que les parezca que fuera ya es primavera, y se me escapan unas lágrimas… y regresa de nuevo todo el libro a mi mente, pero sobre todo a mi alma, en la que la autora ha dejado alojadas algunas palabras.

Están las novelas buenas, están las novelas entretenidas, y luego está Los cinco y yo, de Antonio Orejudo.
Somos lo que comemos. Eso dicen. Si esto fuera verdad, yo no sé qué sería. Vale, no llevo una dieta ideal ni controlo mucho lo que como, pero lo que sí es verdad es que como de todo y muy variado. Durante la semana tomo verduras, legumbres, pasta, arroz, pescado y carne. Todo sin gluten, claro, porque soy celíaca (pero de las de verdad, no de las de autodiagnóstico lohagopormoda o porqueelglutenesmaloquítameloquítamelo). Pues eso, que intento comer de todo y de la mejor manera posible, aunque a veces es muy difícil. Gracias a mis problemillas con el gluten, tengo que leer todas las etiquetas de los productos para ver si llevan algo que haga que me tire tres días sin poder ir a trabajar. Un día, comiendo por ahí con unos amigos, me puse a inspeccionar la etiqueta de un helado y un chico me dijo que si estaba buscando el ingrediente “aceite de palma”. Él ya me iba a tachar de paranoica y de exquisita, pues como dijo tajantemente, “el aceite de palma se lleva años usando y eso de que da tantos problemas es una chorrada”. Ahí se abrió un debate muy interesante. Que si aceite sí, que si aceite no. Que si cancerígeno por aquí, que si obesidad por allá… Yo, contenta al saber que mi helado era gluten free, quedé ajena a la conversación mientras me lo comía tranquilamente y pensaba en mis cosas.
A veces, la literatura se adelanta al futuro. El género de la 
Es difícil hablar del feminismo en nuestros días sin remontarnos a siglos pasados. Y ya no solo a cosas que leemos en los periódicos o que encontramos en internet, sino también a cosas que nuestras propias abuelas nos han contado o todavía nos cuentan. El papel de las mujeres a principios y a mediados del siglo XX no dista mucho del papel de la mujer que nos relataba, por ejemplo, 
Vale, puede que el título suene un poco presuntuoso, pero sin duda hay libros que nos alegran la vida y dar con uno de ellos es una maravilla. Esa sensación de estar tan completamente metidos en la historia que el tiempo se nos pasa volando mientras leemos, o las ganas de volver a retomar la lectura son las claves de que hemos encontrado un buen libro. En lo que llevamos de verano, haber encontrado
Cuando me recomendaron la lectura de En busca de New Babylon me insistieron en la sorprendente renovación del género western por parte de la jovencísima autora Dominique Scali. ¿Quién es Dominique Scali? Pues una periodista canadiense que con treinta años publicó esta obra premiada en varios festivales de novela en Canadá y nominada en otros cuantos de Francia. Una joven escritora nostálgica de todas las épocas que no vivió, pero que con su narrativa consigue evocarlas como si de allí mismo procediera, tal es el caso de la impecable ambientación que consigue desarrollar del Lejano Oeste. Es, precisamente, en la genialidad de su prosa donde el western se eleva a un nivel superior. La historia que, si se llevara al cine, firmarían con gusto los hermanos Cohen y que, en muchos aspectos, podría equipararse a la obra de Ron Hansen, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, también llevada al cine. Lo dicho, no por nada recibió tantos halagos y reconocimientos en Canadá y en Francia.
La Edad Media es una de las épocas más recreadas en la ficción, sobre todo dentro de la novela histórica o la 
Los errores en los libros, o los errores en general, suelen no pasar desapercibidos. Saltan a la vista. También lo hacen los grandes aciertos, luminosos párrafos de algunas obras, goles magníficos, polvos de otra galaxia que no deberíamos aspirar a repetir. En un punto intermedio de esos dos extremos, entre otras cosas, podemos encontrar dos categorías interesantes: la mediocridad y la virtud. La primera tiene relativo éxito en esconder los errores, al menos en dejarlos fuera de la vista o del foco, pero lleva dentro la inferioridad de los mentirosos. La segunda simplemente los evita, los fallos, aunque no se regodea tampoco en los aciertos. En este último sentido tan modesto de algo cercano a la perfección se halla la tercera novela de Jonathan Lee, primera en español, El gran salto.
Si quieres ser escritor para ser rico y famoso, no te molestes en leer esta reseña, porque Escribe con Rosa Montero no es el libro que buscas. En él no encontrarás la receta mágica para crear una novela superventas, ni siquiera para escribir cómo 
No soy mucho de poesía. Más bien nada. Tal vez debería remediarlo. O tal vez no. Pero sí soy de escuchar a Nacho Vegas. A él le amo porque “es liberal”. Y porque su música, en conjunto con sus letras, (tan poco convencionales, tan realistas y a la vez tan directas) y su peculiar voz (¿qué decir de esa voz? Mejor que lo diga Sidonie: “mucha pose y poca voz”. O no, tal vez tampoco, tal vez solo lo digo por meter la frase) que solo pueden atrapar a quien lo escuche.
El Siglo XIX es un siglo fascinante. Es el siglo de los grandes cambios en Europa: una época en la que la ciencia gana importancia, en el que la gente sale a las calles para pedir el sufragio universal y unas mejores condiciones laborales; es el siglo de la Revolución Industrial y de la razón. Y mientras todo esto se cocía en Europa. España y, especialmente Madrid, la capital, enclaustrada entre el cemento de las murallas que la cercaban; trataba de avanzar y de crecer, de pillar al resto de las grandes capitales europeas. El Madrid decimonónico era una cloaca, un gran pueblo de casas bajas y sucio que recibía gente a la que ya casi no podía albergar. Era un Madrid en el que convivía el inicio de algo nuevo con la tradición de siglos pasados; que se debatía entre la razón de los nuevos tiempos y la fe de los viejos. Este Madrid misterioso, único y complejo es el que nos vamos a encontrar en Caen estrellas fugaces, de José Gil Romero y Goretti Irisarri.